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La Necrópolis Sepultada

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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Nov 18, 2011 12:42 am

La noche transcurrió sin ninguna especie de problema en el campamento, dándoles el último remanso de paz a los valientes aventureros que se habían ofrecido para aquella misión. En las diez tiendas para los aventureros, ya todos dormían. Algunos, como el solitario Egates, decidió dormir alejado del grupo y sentado, lo cual fue una mala elección, pues al día siguiente se levantaría algo cansado, lo cual le haría bostezar durante un buen rato.

Durante su reposo, a todos los miembros de la tienda en la que se hallaban nuestros aventureros les asaltó el mismo sueño. En él podían ver a una figura momificada, con un extraño atuendo hecho con oro y otros materiales pútridos. Ésta recitaba una letanía en un idioma antiguo y maligno mientras les miraba a los ojos con fría crueldad. Su voz era siseante, antigua y aterradora, y parecía taladrar los cerebros de todos los miembros del grupo. Hasta el más valiente del grupo sintió miedo en aquél sueño. De todo el monólogo de la extraña momia, sólo pudieron entender algo:

-Tu destino se halla en la Necrópolis… Y también tu final… Cuando las arenas vuelvan a sepultar la ciudad, tus huesos quedarán confiscados para la eternidad en las profundidades del cruel desierto…-


Aquella pesadilla había sido demasiado real, maldición. Me desperté repentinamente, sudado y respirando agitadamente, y pude ver que mis compañeros se habían levantado justo en el mismo instante que yo y de la misma manera. Tan sólo Brandalf parecía mantener la calma, aunque su cara denotaba preocupación. Recuperando la respiración, dije:

-¿Qué… Qué demonios…? ¿Vosotros también…?-

El enano, la hörige y el mago asintieron al unísono, mirándome, mirándose, y mirando a los demás miembros del grupo. Brandalf empezó a hablar con tono grave y preocupado:

-Sí, yo también he sufrido el mismo sueño que tú, Khaelos. Y creo que he sufrido el mismo sueño que todos vosotros. Es un mal presagio, muchachos… Deberemos prepararnos.-

Asentí. Al cabo de apenas cinco minutos tras nuestro despertar, el olor a comida asaltó repentinamente las narices de todos los que allí estábamos. Un grupo de soldados del califa llegó a la tienda con un caldero lleno de una especie de estofado, ya tibio para no darnos excesivo calor, y una bebida muy dulce e hidratante en una gran jarra. Según podíamos comprobar, los hombres del desierto ingerían gran cantidad de líquidos para no tener problemas de deshidratación, y no querían que nosotros los tuviéramos.

Una vez hubimos desayunado y conversado durante un buen rato, cuando el sol estaba justo en su punto más alto, una trompeta sonó por todo el campamento. Parecía una especie de llamada. Yo me levanté y salí de la tienda junto con Drayara, Rorky y Brandalf, sin fijarme si el resto me seguía. Al cabo de un par de minutos, llegué hasta el lugar donde estaban tocando la trompeta. Cerca de noventa personas estábamos ahí reunidas, nueve por cada tienda, excepto la nuestra, que tenía ocho.

En el lugar había una especie de tarima, en la que estaban subidos el trompetero, los mismos guardias de la taberna y el califa. Finalmente, el instrumento dejó de tocar y el músico se retiró. El califa carraspeó y empezó a hablar con voz clara y enérgica:

-¡Valientes hombres y mujeres de todas las razas de Noreth! ¡Hoy es el día! ¡Al atardecer, la Necrópolis se revelará ante nuestros ojos! ¡No negaré que es una aventura peligrosa, y que muchos de vosotros posiblemente no vayáis a volver, pero todos lo sabíais tras ver la recompensa! ¡No habéis sido elegidos al azar! ¡Sólo habéis sido elegidos los mejores de todo Noreth, la flor y nata de los aventureros de este mundo! Ahora, damas y caballeros, si me permitís, os explicaré en detalle de qué trata la misión. Vuestro objetivo es sencillo. Deberéis explorar la Necrópolis y limpiarla de toda criatura que habite en ella. Podréis saquear todo lo que en ella haya, y os aseguro que no estará precisamente vacía de tesoros. Tan sólo os pido que me traigáis un objeto que se halla en la pirámide central. El Ojo del Escorpión. Os será fácil de reconocer. En breves partiremos. Preparad vuestros equipos. No está muy lejos de aquí, así que iremos andando. Aprovechad la hora que os queda para reaprovisionaros y alimentaros.-

Perfecto… Estábamos en una misión suicida con grandes promesas de tesoros y aún más grandes promesas de perder nuestras vidas en el intento. Sin embargo, reparé en una cosa, igual que todos los demás presentes, y es que… El califa tenía un número mayor de guardaespaldas del que todos creíamos. Y por sus caras, se notaba que nosotros sólo éramos carnaza. Tocaba seguir adelante.

No miré a mis compañeros, sencillamente me dediqué a equiparme, tener la última comida, recoger provisiones y finalmente, hacer tiempo con el grupo hasta que fuera la hora señalada. Durante ese rato, se nos acercó una muchacha. Por su aspecto parecía elfa y bastante joven además, incluso teniendo en cuenta las medidas humanas. Con voz tímida, se presentó:

-Hola… Mi nombre es Elbereth… He llegado hoy, en búsqueda de la misión, y me asignaron vuestro grupo…-

Yo la miré y me encogí de hombros, diciéndole con tono neutro:

-Bien, no tenemos líder definido en el grupo, y nosotros somos ocho. Nos vendrá bien una persona más.-

Al cabo de una hora, estábamos ya todos sobre una duna. Cada grupo estaba separado por un espacio de aproximadamente diez pasos humanos, y a diferencia de la llegada, en esa ocasión no teníamos montura. El califa se puso delante de nosotros, escoltado por sus guardaespaldas, y detrás de nosotros, había al menos dos centenares de los soldados del califa. El hombre nos miró y volvió a hablar:

-¡Bien, ha llegado el momento! Estamos a menos de una hora a pie de la Necrópolis, así que no os preocupéis, no moriréis deshidratados, sobretodo porque en el campamento se os ofreció una bebida de la que tan sólo algunos tenemos conocimiento… Durante 48 horas, no necesitaréis beber en ningún momento, por mucho que sudéis o corráis. Ahora toca avanzar, valientes aventureros. Ya casi es la hora.-

Durante cerca de una hora estuvimos avanzando al paso, pasando duna tras duna, mientras las conversaciones se volvían cada vez más escuetas hasta que finalmente sólo imperó el silencio. El sol empezaba a ponerse en el horizonte, bañando con una luz carmesí el desierto, dando la sensación de que las arenas estaban teñidas de sangre. En ese momento, se nos dio la orden de parar.

Ante nosotros, la luz del sol empezó a revelar un espectáculo impresionante ante nosotros. Grandes figuras de piedra empezaban a definirse, como si las dunas que habían delante nuestro se fueran transformando poco a poco hasta convertirse en una vasta ciudad funeraria. Grandes y siniestras estatuas de guerreros esqueléticos arrodillados cercaban un camino de losas de piedra que surgía de lo que parecía un palacio, y todo el sitio se mostraba abandonado, lúgubre… Y sobretodo maligno. Un aura que ponía los pelos de punta envolvía el lugar, y hacía que más de uno ahogara un grito de terror. Yo por mi parte estaba acostumbrado a aquello, aunque no significaba que estuviera menos nervioso…

Al cabo de unos minutos, ya nos hallábamos en el camino de piedra flanqueado por las estatuas cuando de repente escuchamos un colosal grito, semejante al que harían miles de gargantas espectrales. A nuestros flancos, justo fuera del camino, empezaron a surgir de la arena montones de esqueletos, demasiados para contarlos. Todos nos quedamos quietos, en tensión. Los esqueletos estaban quietos, observándonos en sepulcral silencio. La formación que nosotros manteníamos era estar divididos en grupos de 9. Nosotros, por ser el último grupo, estábamos detrás de todo. Separados por un espacio de 50 metros, tras nosotros estaban el califa y sus hombres.

Elbereth empezó a dar algunos pasos hacia atrás según pude ver, y aquél error le costó la vida. Un fuerte estruendo se escuchó atrás, y para cuando nos dimos la vuelta, pudimos ver, primero de todo como desde el punto medio entre nosotros y los soldados del califa, las arenas empezaban a hundirse, y segundo, como una especie de aguijón surgía de la arena, empalando con una maestría impresionante a la elfa. La punta del aguijón se clavó entre sus piernas, saliéndole rápidamente por la boca. Ni siquiera tuvo tiempo a gritar. Tras eso, fue lanzada al aire, y mientras ella caía, un enorme escorpión salía de la arena. Sin embargo, era un extraño escorpión. Era de bronce, medía al menos 20 metros de largo y 5 de alto, y tenía alrededor de su cuerpo varios sarcófagos repartidos, además de un macabro cráneo tallado justo en la parte frontal. Su cola y su aguijón eran enormes, al igual que sus pinzas, y demostró ser rápido cuando, con un movimiento de las pinzas, atrapó a la elfa justo encima de nosotros con ellas, y de un tirón la desgarró como si se tratara de un pedazo de ropa, produciendo una lluvia de sangre, vísceras y huesos triturados sobre nosotros.

Un grito ultraterrenal surgió entonces de las gargantas de los centenares de esqueletos que se hallaban a nuestros flancos, y con no mucha rapidez pero sí decisión, empezaron a correr hacia nosotros. De mientras, el escorpión nos miraba, y surgió de él un metálico rugido, mientras alzaba las pinzas y cortaba con ellas el aire. La garganta de uno de los mercenarios exteriorizó lo que todos pensábamos hacer:

-¡Corred! ¡Hacia la puerta! ¡Son demasiados!-

Off: Leer post táctico.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Egates el Vie Nov 18, 2011 3:45 am

La calma antes de la tormenta. La noche pasó con total normalidad, o al menos así había aprendido lo que era normal desde que había abandonado mis tierras natales. Claro que la excepción llegó casi con la salida del gran astro. Un sueño, más bien una pesadilla o una ilusión; cómo prefieran llamarle. Bueno, debía admitir que fue demasiado real como para llamarlo sueño o pesadilla, probablemente algún truco de magia o una prueba por el califa para asegurarse de que al día siguiente solo los mercenarios más fuertes siguieran en la misión. Otra cosa que debía admitir, aquel sueño logró ponerme los pelos de punta.

Había presenciado muchas veces esqueletos y cuerpos en descomposición que si me ponían nervioso, aunque no a tal punto de perder la cordura, solo al de actuar sin pensar con claridad las cosas. Y sí, había un esqueleto en aquella ¨visión¨, pero no uno precisamente ordinario. No encontraba palabras para describirlo, en esos momentos la palabra momia estaba fuera de mi diccionario. Era algo así como un muerto viviente. Empero lo que me puso en aquel estado no fue precisamente el solo hecho de estar parado frente a él, sino también el de que esta momia, bueno; ¡hablaba! Y vaya que hablaba, gracias a mi ignorancia en otras lenguas me atrevía a decir que miles de idiomas pero nada con certeza a excepción de que hablaba el nuestro. Una advertencia que claramente no había que ignorar.

Entonces el ¨sueño¨ se desvaneció y volví de golpe a la realidad, como cuando te despiertan echando un vaso de agua fría en tu cara. Mis ojos parecían dos platos enormes, pero a diferencia de varios de los que estaban dentro no me levanté de golpe, simplemente me quede ahí en la misma posición, abrumado y sin saber bien el por qué. Pasados algunos segundos en los que el anciano – Brandalf si mi memoria no me traicionaba – respondía a la pregunta del tal Khaelos, decidí levantarme y salir de aquel ¨trance¨.

Así que eso hice, sacudiendo la cabeza para darme cuenta luego de que los soldados del califa ya habían llegado a por nosotros. Al notar que estos nos habían traído el desayuno-almuerzo decidí interactuar por fin un poco con mis compañeros, al menos haciéndoles compañía en el interior de la tienda mientras desayunábamos.

Como tenía todas mis cosas listas, no tenía que preparar nada, así que aproveché de dormitar un rato más hasta que nos viniesen a buscar de nuevo, tal y como lo había hecho antes de ver por primera vez al tal califa. Y una hora bien dormida fue lo suficiente para llevarme sin bostezo alguno hacía la duna dónde nos estaba esperando el líder de aquella campaña, informándonos que aún nos quedaba una hora más de viaje y que no debía preocuparme por si llegase a vaciar mis cantimploras.

Y mientras el día comenzaba finalmente a reinar sobre la noche, tras haber transcurrido aquella hora de caminata, la dichosa necrópolis comenzó a revelarse ante nosotros en un espectáculo como el que seguramente más de alguno además de mi no había visto jamás en su vida. Y como si aquello no fuese suficiente sorpresa para un solo día, luego de haber llegado al camino de piedra que nos guiaba a la puerta, un montón de esqueletos comenzaron a surgir de la tierra. Esqueletos que si bien personalmente no se veían tan impotentes como el que había visto en sueño, en grupo parecían el desafío más grande que hubiese enfrentado ya fuese en esta vida u otra. Y como el viejo Egates suele decir: ¨¡Mientras más peligroso más tentador!¨

Aquello lejos de asustarme hizo que desenvainase mi espada como esperando lo obvio. ¡Por fin algo de acción! Claro, que antes de aquello, una nueva sorpresa nos tenía planeada aquella aventura. Aquello me lo advirtió cierto movimiento en la tierra que indicaba que alguien moriría pronto.

Una mujer, ella fue quien murió y de una manera que no había visto antes. Casi y siento lástima por la pobre criatura. Al haber retrocedido un solo paso...

Un grito, solo un grito encorado por miles de esqueletos fue suficiente para que ambos ejércitos colisionarán en un combate de vida o muerte y lo mejor era que; ¡yo estaba en uno de ellos! No me di tiempo ni para responder al grito o escuchar la orden de Khaelos. Simplemente corrí hacía el enemigo como un loco desenfrenado, tenía claro mi objetivo y lo que debía buscar. No esperaría a nadie del grupo, si estos llegaban conmigo a la puerta bien, sino era incluso mejor.

Debía admitirlo, estaba asustado y varías voces en mi cabeza decían que mi vida terminaría ahí, pero era demasiado insensato y testarudo como para echarme hacía atrás sin al menos haberme llevado a un esqueleto. Y si se ponen a pensar, claro si me hecho atrás, ¿cuántas posibilidades tenía de no ser tomado como desertor o degollado por algún esqueleto o por el mismo escorpión? Definitivamente prefería luchar contra los esqueletos que contra ese bicho metálico y claro, ¿quién no después de haber visto lo ¨suave¨ que había sido con la elfa?

Con espada al frente seguí corriendo hasta llegar a primera fila del enemigo. Al principio solo esquive, eran rápidos y no me dejaban hacer otra cosa. No encontraba muchos huecos por donde colarme. Sentí entonces que una espada rasgo levemente parte de mi camiseta por sobre el hombro derecho. Entonces tenía a un esqueleto enfrente que me lanzaba un espadazo vertical hacía abajo mientras me atacaban otros dos por el costado. ¡No podía quedarme ahí parado! No se si reaccione por puro miedo, pero mi siguiente acción resultó efectiva. Eché mi cintura hacía atrás con toda mi espalda esquivando dos estocadas por ambos costados, luego levante mi espada para bloquear el que venía por delante y tras eso di una patada frontal para desviar las espadas que no me habían tocado para finalmente dar un golpe horizontal por el costado derecho del esqueleto que tenía enfrente, el golpe impactó en todas sus costillas haciéndolo caer en pedazos. ¡Cómo diablos había llegado ahí! No lo sabía ni quería pensarlo, solo sabía que debía seguir hacía adelante y mientras volvía mi espada a la posición normal después de aquel golpe me lleve la cabeza del segundo esqueleto que se me ponía en frente. No parecían tan rudos entonces.

Tres esqueletos más de manera similar, desesperada y afortunada, fueron de vueltos a su lecho de muerte y tras eso no quise saber más, corrí como nunca lo había hecho. ¡Lo había logrado! ¡Estaba a menos de un metro de la puerta con todo un ejercito de esqueletos vivientes atrás! Apenas podía creerlo y me di varios segundos para tranquilizarme mientras esperaba a que alguien más de mi grupo me alcanzase.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por General Zod el Vie Nov 18, 2011 2:37 pm

Nuestro grupo había partido un día antes para tener listo el campamento, para que llegasen los demás grupos, hasta aquí fuimos en nuestras respectivas monturas, pero al llegar nos advirtieron, se oían rumores que surcaban el campamento, rumores que hablaban y que atormentaban sus corazones, aunque no me gusta relacionarme con muchas personas el escuchar es algo inevitable y tarde o temprano un rumo, acaba llegando, con gran pesar tuve que dejar marchar a Atila, mi caballo, fuerte, rápido y valiente, con un golpe en su muslo lo hice correr para que se alejase de este lugar, el sabia donde encontrar un lugar seguro incluso en esta inhóspita tierra, este lugar era siniestro y devastado, como si el mismísimo Rotham hubiese arrasado estas tierras, convirtiéndolas en un mar de arena y polvo, nuestra tienda estaba preparada y poco a poco el resto de grupos iban llegando al oasis, algunos bastante pintorescos mas no les preste atención, cuanto antes termináramos el trabajo antes nos iríamos.

La noche cayo, sumergiendo el mundo en la oscuridad, las dunas del desierto eran bastante hermosas bañadas bajo una cálida luz tenue de la luna, mire hacia el gran desierto tratando de pensar que Atila estaría bien, conociendo a mi caballo se habría quedado en el primer oasis aparte de este que encontrase, poco más tarde, me dispuse a dormir… mañana seria un día muy largo para todos. Cuando ya estaba profundamente dormido, algo siniestro empezó a hablar en mi mente, una voz fría y muerta, en un dialecto que no lograba entender, era tan extraño… tan real, poco a poco pude ir viendo una figura en la profunda oscuridad de mi sueño, un ser momificado, de aspecto horrible se apareció ante mí, mirándome como si me viera a mí mismo, cruel, frio, no podía sentir nada de lo que pretendía aquel ser ‘’¿una pesadilla?’’, mi corazón se fue agitando, poco a poco, como un tambor, golpe, otro más rápido, entonces empecé a entender algo de lo que decía aquella momia.

-Tu destino se halla en la Necrópolis… Y también tu final… Cuando las arenas vuelvan a sepultar la ciudad, tus huesos quedarán confiscados para la eternidad en las profundidades del cruel desierto…-

Cuando terminaron sus palabras, mi corazón empezó a latir muy deprisa, abrí los ojos inmediatamente y levante mi torso, mi respiración estaba agitada, de mi cara caía sudor provocado por el sobresalto, ¿Qué demonios? Me pregunte al ver que mis compañeros, actuaban de manera casi idéntica a mí, ¿acaso todos hemos tenido ese extraño sueño?
Poco a poco volví a recuperar la compostura calmando mis nervios, esto no era normal en mí, o eso creía, pasaron apenas unos 5 minutos, cuando a mi nariz llego un suculento olor, comida, suspire y salí de mi tienda, quería ver que era esa comida que nos traían, que amables, nos alimentan y todo.
Deje paso a los soldados incluso invitándoles a pasar, mi grupo parecía que no hubiera comido en días, cuando los soldados dejaron la comida, atacaron como chacales, yo simplemente me limite a coger mi parte de comida y bebida, mi grupo más que soldados, parecían lobos hambrientos pues no dejaron ni una gota de estofado en el caldero, tras la comida y tomar algunas provisiones, las mías para ser exactas pues los glotones de mi grupo se habían comido ya lo suyo, yo empecé a prepararme, colocándome con tranquilidad cada pieza de mi armadura, mientras ellos hablaban y hablaban, miraba hacia el horizonte del desierto, esperando tal vez ver algo, pero allí lo único que había era arena y un línea difuminada por el calor.
El sol se alzo al mediodía, era el punto cúspide de calor, de pronto una ensordecedora trompeta sonó, como un reclamo, una llamada, que remedio, habría que atenderla, cogí mi escudo con mi mano izquierda, su forma ovalada me permitía cargarlo en el hombro para que fuera más cómodo su transporte, en mi brazo derecho llevaba mi yelmo, el cual completaría mi armadura, poco a poco nos fuimos reuniendo frente a un escenario, donde se encontraba nuestro anfitrión, la trompeta dejo de sonar y eso dio paso al califa para hablar…

El califa Al-Jawad hablaba y hablaba, no es que me importase demasiado, de hecho no le estaba haciendo caso, aunque lo que si hacía era mirar a mi alrededor, quería saber qué clase de grupos teníamos… palabras y mas palabras, la voz que debería darnos las ordenes tan solo era viento para mi, sus palabras son vacías, carentes de sentido, una voz ahogada por el árido desierto, inconscientemente me quede con las explicaciones más importantes de las instrucciones del califa, 48 horas sin necesidad de líquidos y que nuestro objetivo era conseguir una roca o eso suponía, una joya enorme cuyo valor sería imposible de tasar, para mí los bienes materiales no tenían demasiado significado ‘’riqueza’’ ¿y qué mayor riqueza hay, que la de luchar? ¿Qué mayor gloria existe que luchar? ¿No es sino el destino de un guerrero morir con gloria en el combate?

Honor, palabra que hoy en día para muchos carece de sentido, aunque no tengo intención alguna en la recompensa, me interesaba conseguirla, eso me haría estar más cerca de conseguir mi propio ejército y cumplir con mi deseo. Observe que el califa, estaba fuertemente custodiado, mas guardaespaldas, mas protección, nosotros en cambio… mire a todos los grupos haciendo un cálculo mental de cuantos efectivos éramos, basándome en que en cada grupo éramos entre 8 o 10 hice un cálculo estimado, igual no muy exacto de que nuestros efectivos eran unos 85, o quizás más o menos. Antes de irme tras el discurso del califa vi una pequeña sonrisa en uno de los ‘’guardaespaldas’’ del hombre que nos ha contratado, por su expresión pude deducir que sonreía como sabiendo que íbamos a morir, mi mirada se centro en él durante unos segundos, si salía de esto, ese tipo lo iba a pasar realmente mal.

-Por eso odio trabajar para alguien.- Susurre muy bajo para oírme solo a mí mismo, mis palabras hacían referencia a lo que había visto, mientras que nosotros seriamos el plato principal, nuestro querido anfitrión no movería un dedo. Al poco tiempo de esto nos pusimos en marcha, antes de partir me había tomado un último tentempié y un poco de agua la cual tire un poco de ella sobre mi cabeza refrescándome así, algún que otro estúpido de mi grupo me recriminaba, pero mi agua, mis normas.
Tras un largo paseo por el desierto, nos detuvimos en una duna, yo miraba hacia el frente, sin importarme que había detrás de mí, pues ya sabía que me encontraría al volver la mirada, una panda de desgraciados cuchicheando y apostando cuánto va a durar cada uno de nosotros, o eso es lo que yo creía al menos, nuestro anfitrión se dispuso a abrir de nuevo su boca para dirigirse a nosotros, pero como antes no prestaba atención, miraba hacia el frente esperando ver algo. Deje el yelmo un momento en la arena, asegurándome de que no se deslizaría cuando lo soltase del todo, cogí un poco de arena con la mano y la examine, moviéndola en la palma de mi mano gracias a los dedos, suspire y la deje caer dejando que se la llevara el viento, no me servía para utilizarla como secante y hacer menos resbaladiza la empuñadura de mi arma al sudar.
Recogí mi cabello haciendo una especie de moño sin atar, pues no podría ponerme el yelmo con el cabello suelo, una vez recogido me coloque el yelmo y los grupos volvieron a moverse, cada cual con sus temas de conversación, de los cuales en ninguno me inmiscuí lo más mínimo.
En el horizonte poco a poco el sol, se iba ocultando cambiando la tonalidad de su luz, el color naranja que emitía el sol, hacia que la arena tomase un fuerte color rojizo, ahora estábamos en un océano de sangre… que bello tapiz bajo mis pies, mientras esto sucedía frente a nosotros algo empezaba a emerger de la arena, hice un pequeño silbido irónico, insinuando la poca impresión que me causaba, aunque debía reconocer, que no todos los días se ven edificaciones que emergen del suelo, como los muertos.
Un camino se presento ante nosotros, en cada lado de este había unas imponentes figuras, ¿guardianes quizás? En mi grupo por desgracia también habían tocado un par de supersticiosos y daban por hecho de que esto que sucedía era un mal augurio, mis ojos se pasearon de un lado al otro junto con un suspiro de decepción, sin lugar a duda esto era impresionante, algunos estaban aterrados, otros asustados y algunos lográbamos mantener la compostura, a nuestro alrededor se podía sentir un cierto aire ‘’frio’’ como el que uno siente, mientras la vida se aleja de su cuerpo poco a poco, como si este lugar hubiera sido el último aliento de muchos, la imagen era realmente siniestra, no, nos detuvimos seguimos caminando, la única entrada visible era aquel extraño palacio, ergo no había otra entrada, entonces pudimos escuchar un ensordecedor grito, algunos taparon sus oídos por el sonido producido por aquel espectral grito, como por arte de magia mientras el grito se disipaba perdiéndose en el desierto, de la arena de nuestro alrededor, aunque lejos de la calle, empezaron a emerger guerreros esqueléticos, no me hice esperar, nada mas observar como aquellos seres se levantaba, mi corazón empezó a palpitar agitado, haciendo que la adrenalina fluyera, rápidamente cogí mi lanza con la mano que tenia libre y con la otra me ponía en posición con el escudo, miraba hacia alrededor, observando que harían aquellos seres, mi respiración estaba algo agitada, mis manos apretaban con fuerza sosteniendo mis armas y mi ceño hacia que mis ojos se entrecerraran mostrando una cruel mirada de desprecio y rabia, pero… aquellos guerreros no se movían, mire hacia un lado y al otro pero no se movieron siquiera un centímetro.

-‘’¿Qué demonios ocurre?’’- Pensé, son más que nosotros, así que no podía comprender por qué no se movían, antes de que nada sucediese, pillándonos a todos de sorpresa, escuche un pequeño grito, más bien un quejido que fue acallado prácticamente al instante, mire hacia atrás para ver de qué se trataba, vi como una mujer estaba colgada en el aire, con su cuerpo siendo atravesado, mis ojos se abrieron sorprendidos pues no esperaba que ocurriese esto, algo la arrojo aunque por el aspecto del arma que la tenia incrustada, me podía hacer una idea de lo que se podía tratar y no me gustaba, un gigantesco escorpión emergió de la tierra destripando así el cuerpo de la muchacha.

-Idiota.- Susurre, cuando entonces otro grito ensordecedor nos llamaba la atención, los esqueletos se habían puesto en marcha, se abalanzaban sobre nosotros, seguidos de un rugido metálico, rápido me di la vuelta y vi al escorpión alzar sus pinzas, maldita sea, pensé mientras guardaba mi lanza en la espalda, ya que ahora habría que correr y cargar con ella y el escudo seria mas difícil, total, mi escudo me servía también como arma, no me preocupe de mi grupo, escuche a alguien que dejo lo que más de uno deseaba, no suelo ser partidario de correr, pero en esta situación hacer frente a todo este ejercito era suicidarse y tengo en demasiado aprecio mi vida, aunque parecían lentos, los guerreros esqueléticos nos alcanzaron antes de lo que nos podríamos esperar de unos sacos de huesos, uno llego casi hasta mi, nada más verlo le sacudí un golpe con el escudo que lo desmonto haciendo que sus huesos saltaran en todas direcciones.

Como si de un ariete se tratase, empecé a correr todo lo que me permitía mi equipo, utilizando el escudo como arma de choque contra lo que hubiese en frente de mí, no importaba esqueleto o persona, si tenía que quitarme a alguien del medio para que no me entorpeciera por Rotham, que yo no sería el que muriese, un segundo esqueleto impacto contra mí este venia hacia mi ‘’corriendo’’ mi carrera se detuvo un instante, agache mi cuerpo entero, las piernas del esqueleto justo impactaron con el escudo y en aquel momento, me levante rápido para hacerlo volar cayendo tras de mí, sin preocuparme del resultado de aquel encuentro seguí corriendo, delante de mí se había formado un pequeño muro de cadáveres vivientes, apreté los dientes y en mi rostro se esbozo una mueca de rabia, de mi garganta deje salir un grito cargado de furia, acelere el ritmo de mi carrera tanto como pude y sin pensarlo dos veces embestí a aquel pequeño muro de esqueletos que se interponía entre mi y la entrada, una espada paso muy cerca de mi ojo derecho, rayando el metal de mi yelmo, mientras que al mismo tiempo los cuerpos con los que impacte se deshacían en pedazos ante el impacto que si bien no me freno del todo, conseguí pasar y seguir, no obstante eran demasiados esqueletos incluso para mi, me detuvieron, al suceder esto quede en frente de otro muro mas grueso de esqueletos, no me había dado cuenta y al mirar hacia ambos lados pude ver a otros 2 mercenarios que parece ser, habían decidido seguirme, acto seguido un esqueleto se abalanzo sobre mi, casi por instinto y pura inercia, lance una patada justo al pecho del esqueleto, haciendo que este se desestabilizara y cayese hacia atrás como un plomo, entorpeciendo a sus compañeros de ultratumba, aprovechándome de ello desenvaine mi espada y adquirí posición de combate, escudo y espada al frente, mi cuerpo un tanto encorvado y mirando hacia el frente, aunque no soy de esas personas que trabajan en equipo, el que algunos me hubieran seguido, me aliviaba pues eran muy superiores en numero, apreté fuerte la empuñadura de mi espada, resople apretando mis dientes.

-Vosotros 2.- Dije llamando la atención de los mercenarios que me habían seguido. - Si alguno de vosotros se atreve a entorpecerme, os aseguro que los esqueletos serán el menor de vuestros problemas.- Advertí con un tono malévolo en mi voz, yo no tenia problema alguno en librarme del peso extra y soltar lastre, es mas incluso podría disfrutar de su dolor, pero ahora me preocupa mas mi vida, que prestarles atención a ellos.


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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Nov 22, 2011 2:14 am

“La idiotez es la segunda causa de muerte
La primera es vivir”
Christian Chacana 21 de noviembre de 2011
Arena y mas arena … viento que traía gemidos antiguos y perdidos en el tiempo, el inventor seguía en su máquina, apacible, mientras encendía una lámpara de aceite y comenzaba a trabajar, cristales y pólvora, el detonador y el contenedor, extrañas maquinas que darían muerte como obsequio a cualquiera que pensara en cruzarse por su camino, sus dedos acariciaban las piezas como si fueran sus hijos, mientras una sonrisa de oreja a oreja surgía bajo sus bigotes, los cuales se levantaban por su labio, la arena era un factor en contra, ya que algo de esta entro al cilindro ... el inventor estuvo tentado de extraerla … pero recapacito, sería útil probar aquella pequeña bomba, un prototipo como casi todo lo que creaba por primera vez, si tenía razón, aquella pequeña creación fácilmente podría arreglar el problema de los ejércitos en formaciones de tortuga o erizo … la noche se levantaba, la luna carmesí coronaba el firmamento, mientras las lunas que como una corte de súbditos se inclinaban ante la reina de la noche, la emperatriz del firmamento y la regente de las criaturas de las sombras … el inventor sobo su cuello, había trabajado durante cuatro horas, cosa a la que estaba acostumbrado, aun así debía de descansar algo, no le gustaría que el cansancio o el sueño le causaran más de un problema, sonrió ampliamente mientras que bajaba por la pequeña escalera de la mole grotesca, dando un pargo sus piro le dio una palmada, mientras la cabeza llena de colmillos se giraba hacia él, con aquellos ojos cubiertos por la tela roída.

-Ve al taller… hasta aquí llegamos juntos, espérame que tenemos que hacer muchos cambios mi pequeño… pronto podrás usar tus brazos, cuando el metal fluya como sangre por las venas de este mundo… mi preciosa mascota… pronto te alimentaras hasta quedar saciada y vigorosa como el metal del que estas hecho-

Un rugido metálico salió desde las fauces de aquella monstruosidad, un rugido que de seguro despertó a más de uno aquella noche, mas el inventor solo sonreía cuando su “mascota” caminaba sobre la arena rumbo a la ciudad, sus pesadas patas dejaban profundos surcos en la arena, mientras que se tambaleaba al apoyar el peso, el humo que brotaba de su espalda contrastaba con la oscuridad de la noche, formando largas columnas que como si fueran sal, se diluían en el aire hasta desaparecer.

Tal como llego la noche el día lo reemplazo, el inventor se había acostado en una de las tiendas con tranquilidad, con su bolso al lado, protegiendo su rostro por si entraba algún grano de arena por las aberturas de la tienda, mas no fue el movimiento de los demás lo despertó, si no aquel sueño, un cadáver, un muerto, aquel que recitaba conjuros perdidos en el tiempo y en la razón, con voz grave le sentenciaba … le sentenciaba a morir por lo mismo que buscaba, rápidamente abrió sus ojos, un sudor frio recorría su cien, no sonreía …. ¿Qué demonios había sido aquello? … mas el inventor tomo todo como el cansancio … y el trabajo nocturno, con algo de pereza como cada mañana se levanto, dando un amplio bostezo y estirando sus brazos cuan largos eran haciéndolos crujir ligeramente, con todo esto tenía intenciones de salir de la tienda, pero el aroma a comida llamo su atención, mientras servían comida y bebida el inventor miro con detención aquel liquido y con tranquilidad vacio una de sus cantimploras, con dos litros sería suficiente y con tranquilidad lleno esta con aquel dulce néctar, después de comer un poco se dispuso a salir.

En el exterior los demás grupos de aventureros se habían reunido, mientras el sol golpeaba sus rostros, algunos humanos y otros no tanto, el califa se había vuelto a presentar y con más de una veintena de guardias a su alrededor comenzó a hablar, el inventor estaba tranquilo, tenía suficientes explosivos como para volar por los aires a aquella ciudad de la que hablaban, después de un par de palabras entre líneas el califa dejo mucho sin decir, pero había una hora antes de partir, el inventor volvió a su tienda y a la sombra de esta comenzó a trabajar en sus armas, las revisaba, el gatillo estaba correcto, la pólvora también y la bala correcta, jamás estaba de mas revisar aquellas armas de fuego, mas estuvo con especial cuidado preparando aquellas dos pistolas, triple cañón, de acabados finos y mortales, una obra maestra si se podía decir, la hora paso y con ella la larga caminata, el inventor guardo todo, no sin olvidar llevar su arma cerca de él y sus bombas … cosas que le daban algo más de seguridad, una hora después de caminata el grupo paro, todos divididos en otros más pequeños, al parecer pronto comenzaría todo y no estuvo errado, las palabras del califa fueron como un conjuro ya que instantes después las arenas se removían y dejaban a relucir la ciudad devorada por la arena … lamentablemente con esto no fue lo único que surgió, de la arena los cráneos blancos de los esqueletos se levantaron, uno tras otro cientos o miles … suficientes como un ejército y tan horrendos como pesadillas andantes …

Aquella visión era como un mal sueño, pero todo era más real de lo que uno deseara, un grito desgarrador se escucho, con este el aroma a sangre, una mujer había sido empalada por un enorme escorpión, el cual sin perder tiempo la desmembró con sus poderosas pinzas, con el ruido de la muerte los esqueletos se lanzaron al ataque, varios gritos de los aventureros daban a entender que sus vidas habían acabado, el inventor lo entendió … la única solución era buscar refugio … y el único era aquel templo que tenía sus puertas abiertas, su mente pronto maquino un plan y sin mucho trabajo y con su gran destreza se acero a quien parecía mas prescindible, aquel hombre silencioso de la taberna, sin que se diera cuenta guardo la nueva bomba en el bolso que llevaba … quizás tendría la oportunidad de verla funcionar antes de lo que pensaba.

Como si fuera viento el hombre se lanzo contra los esqueletos y fue suficiente como para que el inventor ya no se preocupara mas, mientras tomo ambas armas y lentamente avanzo, las balas volaban mientras usaba las mismas armas para defenderse, mas no estaba solo y a su lado contra toda predicción no estaba el enano con el que había conversado, si no con la hörige que como guerrera de virtud aplastaba los cráneos de los esqueletos con su masa, varios guerreros fornidos usaban pesadas hachas para defenderse, pero aun así sus cuerpos mostraban signos de heridas, de sangre que comenzaba a manchar la arena sedienta, el grito de otros fue notorio cuando como pirañas se lanzaban con los más débiles y comenzaban a despedazarlos, el inventor miro a la hörige y le sonrió tranquilamente, mientras levantaba su arma y apuntaba hacia su cabeza.

-¡¡¡ABAJO!!!-


La hörige se agacho mientras el inventor apretaba el gatillo y la bala impactaba directamente al cráneo del esqueleto a su espaldas, era un caos toda esa situación y con dificultad ahora estaban en mitad de aquella carnicería, los gritos no paraban, mientras lo mas fuertes luchaban por sus vidas con acero y hierro, el inventor no vio con buenos ojos la situación y mirando a la mujer dio un largo suspiro, guardando una de sus armas completamente descargada.

-Señorita… es mejor que se quede atrás de mi y tape sus oídos… esto sera interesante Jojojo-

Sin esperar nada tomo dos de sus bombas y las arrojo hacia los esqueletos de adelante, apenas aquella esfera había tocado el suelo una gran explosión se hizo presente, mientras los esqueletos volaban en pedazos y regados por todos lados, un gran agujero en aquella pared ósea se había formado y lanzando otra bomba repitió la acción, avanzaban lento mientras los esqueletos salían hechos trizas, pero las bombas no eran infinitas y ya había hecho uso de cuatro, mas habían llegado donde otros aventureros, uno que por sus palabras no tenía mucho aprecio por la vida, en total reunidos ahí habían cinco vivos, la paladín estaba cansada y varias heridas en su cuerpo postraban que aun cuando era buena luchadora no era invencible, quizás el mejor del grupo era el inventor, que haciendo gala de sus artilugios había logrado mantenerse intacto … ¿mas hasta cuanto tiempo más? era la gran duda … viendo que los esqueletos le rodeaban, lanzo dos bombas mas … esperando que estas estallaran e hicieran algún camino para los demás, a lo lejos podía verse como luchaban los del grupo … incluso el conde que sin piedad destrozaba cualquier ser no muerto que se cruzara en su camino.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Drake el Miér Nov 23, 2011 6:38 pm

''Corre Drake, corre''. Un hombre de cabellos rubios avanzaba rápidamente por lo que parecía un largo pasillo, con una espada de acero a la espalda. Avanzaba por un pasillo de oro, sobre una alfombra roja. Jadeaba, estaba muy cansando, pero una voz en su cabeza, tierna y afable, le animaba a seguir cuando el mercenario parecía que iba a rendirse.''Vamos, ya veo la puerta''. El hombre, sudando, tragó saliva al ver la puerta maciza de oro ante él, y sin pararse la abrió de golpe. Entonces un gran destello le obligó a frenarse en secó, tapándose la cara con ambas manos para no cegarse por la enorme cantidad de luz que salía despedida de un pedestal.
Poco a poco la luz disminuyó y los ojos del humano se acostumbraron a la enorme sala, llena de preciosas joyas, oro, telas...Todas las reliquias del mundo deberían de estar allí, pero lo que deslumbraba no era el oro, la plata y el diamante, si no una figura envuelta en vendas, en el centro de la habitación. Drake se dirigió a ella, no sabía lo que hacía, tampoco que pensaba, solamente escuchaba una y otra vez en su cabeza la misma voz que le decía: ''Vé, ve hacia la momia, no temas'' El humano no se movía, sus piernas se movían sin que el lo quisiese, y a su paso todo lo que dejaba atrás se convertía en oscuridad...

Cuando llegó a la altura del pedestal la momia se giró, profiriendo un agudo chillido, que dobló al humano, que se tapaba los oídos. Una voz aguda, que parecía venida del inframundo, le habló:

-Tu destino se halla en la Necrópolis… Y también tu final… Cuando las arenas vuelvan a sepultar la ciudad, tus huesos quedarán confiscados para la eternidad en las profundidades del cruel desierto…-

Ante tal voz perfotando sus tímpanos el humano se derrumbo, viendo como todo lo que antes brillaba se oscurecía, y él, quedaba en las más infinita oscuridad...


Sobresaltado, Drake pegó un bote en la cama; sudaba y jadeaba, fruto de una pesadilla y al parecer... no era el único: Todos sus compañeros de tienda estaban despiertos, con la misma cara del mercenario. Todos, con miradas complices, asentían...Todos habían tenído el mismo sueño y al parecer, a todos les dijeron las mismas palabras que a Drake: ''-Tu destino se halla en la Necrópolis… Y también tu final… Cuando las arenas vuelvan a sepultar la ciudad, tus huesos quedarán confiscados para la eternidad en las profundidades del cruel desierto…-''

Tras la cierta intranquilidad de los miembros en la tienda, Brandlaf, el mago, advirtió a todos de lo que significaba aquella visión...

El olor a comida pareció disipar toda tensión, ya que cuando un caldero lleno de estofado pasó por la puerta, todos los compañeros de la tienda fueron hacía él, tomando los platos que ofrecían los dos portadores de la olla.

-Un desayuno tremendo- Expresó Drake tras tragarse el último trozo de carne y de beber los últimos sorbos de la bebida tan rica.

Después de recobar fuerzas y de pasar el mal tragó del sueño el humano siguió al tipo de la armadura, Khaelos, instantes después de que este saliese por la puerta.

(…)


-¡Por fin salimos!-

Drake, alzando los brazos para desperezarse formo un fila con sus nueve compañeros, y tras el discurso del califa se encontraba con ganas de un combate, y uno de los de verdad. Ya estaban andando, y el humano de la espada en la espalda esbozada una sonrisa, estaba deseoso por saber a que monstruos de una Necrópolis derrotaría. Anduvieron el tiempo que el califa había dicho, escoltados por los más de doscientos soldados de este. El grupo andaba cerrando los demás grupos de nueve miembros, y, por fin, alcanzaron a ver aquella ciudad de la cual el califa decía. Drake admiró las bellezas de una ciudad muerta, las ruinas que se lazaban, tratando de mantener el orgullo de hace milenios...

Una vista maravillosa, ¿no?

Bueno, tras marchar por el camino de piedra que daba lugar a las puertas de la ciudad todos se vieron sorprendidos por un ejercitó viviente: centenares de momias se estaban alzando desde las arenas, la vista sin duda era aterradora: Los hombres del califa y los mercenarios contratados rozaban los trescientos, quizá los doscientos cincuenta, mientras que las momias duplicaban el número. Para colmo un escorpión surgió justo a unos metros del grupo, atrapando a una elfa callada, la cual, ahora que el mercenario se acordaba, no había notado su presencia. Pero, de todas maneras, ya nadie la notaría: Aquellla bestia que se asemejaba a un escorpión la destrozó y Drake, que iba tres puestos por delante de ella, notó como la sangre de la joven le salpicaba en el rostro...

Minutos después, solo los mejores vivirían después de que aquellos esqueletos se abalanzasen desde los flancos a por ellos. Drake sabía que la muerta era una de las cosas más abundantes en las batallas, como también sabía que el podía morir en una, aún así, la adrenalina que siempre recorría su cuerpo al encarar a un rival era...no sé como decirlo... su adicción.

Todos corrían a las puertas, y el humano, con la espada de acero en la mano, también los hacía: El mero echo de que la batalla le gustase, no significaba que iba ponerse a dar espadazos sabiendo que iba a morir; eso sí, cada momia que se encontraba, la vencía, no sin ciertas dificultades, ya que al llegar a las puertas jadeando poseía varios cortes en los brazos, y uno en la cara, en el moflete derecho, fruto del despiste que le había causado las explosiones provocadas por el Doctor Ivo.

Se tomó unos segundos y luego le gritó a Khaelos

-¿¡Cuántos quedamos!?-

Drake solo espero que la respuesta no fuese pocos...
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Vie Nov 25, 2011 11:15 am

El minotauro durmió profunda y plácidamente durante toda la noche, el problema fue el no tan grato despertar que le había dado aquel sueño, o mejor dicho, aquella pesadilla del averno ¿Qué podía significar el hecho de que todos y cada uno de los que estaban en la expedición hubieran tenido aquella aparente premonición de muerte? El miedo se veía reflejado en todas y en cada una de las miradas, y no dudaba que en la suya también a pesar de que no podía verse. Las palabras de aquel ser de ultratumba habían sido claras y concisas: La muerte se les avecinaba a todos aquellos que estuvieran implicados en la expedición. Estos sombríos pensamientos mantuvieron ocupado a Bargho durante todo el transcurso del desayuno (al cual no le encontró demasiado sabor por estar ocupado pensando en otras cosas) y apenas intercambió palabras con el resto. En su cultura era sumamente importante el papel de los sueños… y las costumbres atávicas no se pierden tan fácilmente.

Pero en fin, cierta o no, aquella premonición le había dicho dos cosas sumamente interesantes implícitas en su mensaje: Primero, que alguien está sumamente interesado en que aquellos expedicionarios desaparezcan y segundo, que sea lo que sea aquello que se esconda en el interior de aquel lugar sin duda merece la pena de las molestias de esconderlo bajo tierra durante cientos de años y de disponer de recuerdos fantasmagóricos para alejar a los interesados.

De todas maneras, estas cavilaciones pasajeras tuvo que interrumpirse por la intervención del califa, quien tras un breve discurso volvió a sus asuntos, genial, nada como una charla sobre la gloria y riquezas en boca de un líder para darle a uno o dos ilusas mentes de su peonada alguna idea bonita que justifique su próxima aniquilación.

A poco de esto una graciosa y joven humana se aproximó para unirse al grupo. Bargho por su parte se aproximó a la orilla del ojo de agua del oasis que no estaba saturada de gente y se encontró con Eánnathir, quien disfrutaba gratamente del agua. Al verlo refunfuñó un poco.

-¿Nuevamente vas a pedirme que te lleve?-

-Más bien pensaba en un sobrevuelo de reconociendo, noble dama-


Tras una breve y aún tensa discusión, el minotauro quedó en que la sierpe le ayudaría sobrevolando en círculos alrededor de la expedición. La gran vista del minotauro combinada la extraordinaria capacidad de vuelo de ella daban a esta combinación un tremendo potencial.

El sobrevuelo fue suave, y Bargho permaneció en extremo atento a cualquier irregularidad del terreno que pudiese significar, bien unos asaltantes que nunca faltan o bien la dichosa entrada a la cueva en cuestión.

Sin embargo el hallazgo de esta última vino al breve tiempo, acompañado de la espectacular manifestación de la ciudad emergiendo, desde su punto de vista la visión del templo chorreando arena y surgiendo desde las dunas del desierto… pero con las maravillas estaban los horrores y un gigantesco ejército surgió de la nada casi al tiempo que un enorme escorpión.

El minotauro sobrevoló la zona un par de veces, al parecer todos se dirigían hacia las puertas del templo, y en fin ¿Qué vamos a hacer? Bien el minotauro podría haberse ido, podría haber dejado a todos aquellos insaensatos entrar a una muerte segura por mendigar un poco de oro… pero no, estaba resuelto a formar parte de esta hasta las últimas consecuencias. No por el oro ni por la gloria, si no por los increíbles instrumentos que podrían encontrarse en aquel lugar y que le ayudarían enormemente en su cruzada particular.

De manera que el rápido y verde vuelo de Eánnathir descendió, estrechando cada vez mas la distancia con la tierra. Hasta que Bargho le dijo suavemente:

-Aquí está bien, gracias dama, por todo-

A unos pocos metros del suelo la sierpe alada se desvaneció refugiándose en el interior del alma de Bargho, fue una breve caída y aterrizó de golpejusto en el umbral de las puertas del templo. El resto de los aventureros parecían cansados… y bueno, debe ser complicado correr por tu vida entre no-muertos.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Nov 25, 2011 11:20 pm

Desde el principio, el combate se convirtió en una masacre. El número de no-muertos que nos rodeaba era inmenso por los flancos, y detrás teníamos a la mole que representaba el escorpión metálico, el cual despedazaba a más de uno con sus garras y su aguijón. Delante nuestro empezó a formarse una muralla de muertos que nos impediría el paso si no lográbamos romperla a tiempo. El primero en tratar de hacerlo fue el extraño hombre que iba en nuestro grupo, el cual se arrojó desbocado contra el muro de no-muertos que había delante nuestro. No supe si había pasado o no, aunque pude observar desde mi posición que, antes de marcharse, Ivo le colocaba una esfera en el morral, convirtiéndolo en un hombre bomba involuntario, para luego combatir en equipo con la hörige.

Bargho, el minotauro, se hallaba sobrevolando la zona, lo cual me hizo maldecirle por dentro, aunque no con ganas de matarle, si no envidiando que él poseyera ese medio para evitar el grueso del combate. Drake, por su parte, se defendía bien, aunque más de un corte, afortunadamente para él superficial, se marcaba sobre su piel. Brandalf y Rorky, por su parte, se hallaban a mi lado, y entre los tres nos íbamos defendiendo y avanzando.

Pronto llegamos a un muro de esqueletos que se formaba para evitar nuestro paso, aunque pude ver al minotauro descendiendo con su montura alada y al hombre solitario también allí. En la barrera de esqueletos ya habían llegado tres hombres, de los cuales uno iba ataviado con un escudo y una lanza y parecía un baluarte, aunque si nadie le ayudaba, perecería probablemente, pues ya poseía varios cortes que, aunque no eran letales ni mucho menos, pues salía sangre sólo de unas pocas heridas, y apenas eran unas perlas de la misma, si que mostraban lo cerca que había estado de la muerte. Ivo y Drayara llegaron poco antes que nosotros, y el inventor demostró su utilidad al abrirse paso a bombazos. Miré detrás de mí y el panorama era desolador. El escorpión seguía avanzando, y en aquél momento sólo quedábamos veinte personas con vida. Dieciocho. Los dos mercenarios que acompañaban al hombre del escudo acababan de caer, y yo ocupé uno de los flancos para protegerle antes de que le rodearan. Mirando a mi alrededor, grité:

-¡Maldición, hay que romper esta masa o moriremos aquí!-

Drayara me miró entonces y luego miró hacia delante, entonando unos cánticos extraños, mientras el enano, el mago y algunos mercenarios cubrían nuestras espaldas. De repente, todos vimos como de la mujer, que se descubrió como paladina, invocó un destello de luz. La mayoría de los esqueletos que nos separaban de la puerta se desintegraron, quedando sólo unos pocos que cayeron ante nuestro avance. Finalmente llegamos a las puertas, y se nos presentaba un panorama funesto. Nueve. Sólo quedábamos nueve personas. Detrás nuestro podía verse como la marea de muertos seguía avanzando, y Rorky, Brandalf, Drayara y yo nos pusimos a defender la retaguardia unos instantes más. Drake me hizo una pregunta, ante la que respondí:

-¡Sólo nosotros, por lo que veo! ¡Hay que seguir hasta el interior!-

Sin embargo, parecía que la fortuna no nos sonreía, pues delante del grupo surgieron cinco grandes seres armados con enormes espadones.

Tres de ellos lanzaron un devastador ataque según pude ver. Uno de ellos alzó su espada por encima de su cabeza, y pude ver al solitario alzar el brazo izquierdo, temblando, como si le fuera a proteger. No lo hizo. De un movimiento descendente, el enorme ser no-muerto con cráneo de chacal le arrancó de un tajo el brazo al hombre a la altura del codo. Su grito de dolor fue más que audible, mientras su sangre manchaba la arena. Si no le atendían pronto, probablemente moriría desangrado. Drake, por su parte, no salió mucho mejor parado, pues un golpe lateral de otra criatura con cráneo de cocodrilo le amputó la mano derecha, la cual salió despedida, aunque afortunadamente para él soltando el arma que empuñaba a su lado. No pude evitar poner un gesto de dolor mientras él lo exteriorizaba, aunque no podía hacer mucho más, pues los esqueletos me estaban empezando a sobrepasar. Bargho, por su parte, tampoco fue muy afortunado, pues el tajo del monstruo que tenía delante le hizo un gran corte en la cara, llevándose por delante su ojo izquierdo, la mitad de su cuerno, y la oreja. Eso le hizo arrodillarse unos pasos, aunque supuso la salvación de el resto de su cuerpo.

El escorpión, que ya estaba totalmente por la labor con el grupo que quedaba dio un par de golpes de pinza. El primero barrió todos los muertos que teníamos en la retaguardia, permitiéndonos avanzar ligeramente más hacia las puertas. El segundo, que iba dirigido al minotauro, pasó apenas unos centímetros por encima de su cabeza, haciendo que el guerrero astado escuchara a la perfección el sonido de la pinza cortando el viento a apenas unos centímetros encima de él, y haciéndonos escuchar a todos el sonido de los cinco monstruos cayendo partidos por la mitad y desvaneciéndose como arena. Aquella era la oportunidad:

-¡Todos dentro!-

Nadie hizo caso omiso de mi grito, pues a paso más o menos rápido, los supervivientes entramos. En ese momento sentí miedo. Yo, al ir el último junto con Brandalf, pude ver al escorpión lanzando un nuevo ataque, pero este con la cola. Teniendo en cuenta la longitud de la misma, si acertaba nos empalaría a todos. Sin embargo, el viejo demostró cuáles eran sus aptitudes, pues de su báculo surgió un relámpago que hizo impacto contra lo que serían los ojos de la criatura, la cual falló el golpe y lo dio contra una columna. Tuvimos el tiempo justo.

Una nube de polvo nos envolvía a todos y el sonido de los pesados bloques de piedra cayendo era notorio. Unos instantes después, al mirar a nuestras espaldas, todos veríamos la puerta totalmente bloqueada. El escorpión había fallado en su intención de matarnos, pero nos había encerrado. Miré al grupo con cara lúgubre y les dije, suspirando:

-Al parecer, deberemos atravesar todo el camino por la Necrópolis. No tenemos método de huir.-

Brandalf y Drayara miraron al grupo, ambos bastante preocupados. El enano, de mientras, miraba su carcaj y se lamentaba, pues había gastado al menos una tercera parte de sus virotes de ballesta. Ivo, por su parte, sólo tenía algunos rasguños en los brazos, los cuales apenas le molestarían. El imponente guerrero tenía varios cortes menores, y no parecía darle importancia a los mismos. Yo, por mi parte, pude ver varios cortes en mi armadura completa, y algunas escamas habían sido atravesadas, y bajo ellas se hallaban algunas heridas leves. Los que más me preocuparon personalmente fueron el minotauro y los dos hombres. Drayara se acercó y les dijo, con voz suave:

-Voy a intentar curaros lo mejor que pueda…-

Sus manos se pusieron en forma de cuenco, y rápidamente surgió un destello seguido de varios rayos de luz. El primero impactó en la cara del minotauro, y éste notó como sus heridas se cerraban y el dolor cesaba. Sin embargo, la magia no era suficiente para devolverle ni el ojo, ni el cuerno, ni la oreja. La oreja no le resultaría gran problema, pues para su suerte sólo fue la parte externa, de modo que su audición no estaba perjudicada, pero su cuerno le evitaría una buena ayuda en combate, y por culpa de perder el ojo, su visión quedaría drásticamente reducida. Al menos podía agradecer que ya no le doliera y que las heridas se cerraran, mostrando sólo la cicatriz.

El siguiente rayo impactó en Drake, quien vio como su mano amputada dejaba de dolerle y su muñón cicatrizaba, aunque por desgracia seguía sin recuperar la mano. Otro cayó sobre el hombre solitario, el cual vio como dejaba de perder sangre y se cerraba la herida también, aunque estaba algo pálido por la pérdida de sangre e imaginaba que también la impresión. Los demás también vimos las heridas que teníamos, leves en nuestro caso afortunadamente, cerrarse, cuando más rayos cayeron sobre nosotros. Todos nos sentíamos fuertes de nuevo.

Brandalf se había adelantado unos pasos al grupo, mientras una serie de antorchas se prendían por el pasillo, iluminando así la exquisita arquitectura del lugar. El mago se dio la vuelta y nos miró, sin enfundar su espada. Con su voz, grave y potente, nos susurró, visiblemente preocupado:

-La magia en este lugar es poderosa… Estad preparados. Nadie sabe qué podemos encontrarnos aquí.-

Yo asentí, y miré a los demás del grupo, mientras me situaba al lado del hechicero:

-Debemos mantenernos unidos en todo momento. Teniendo en cuenta lo que nos ha recibido ahí fuera… No quiero imaginar qué nos espera aquí dentro…-

Todos podíamos percibir la magia maligna del lugar, pues era muy intensa y parecía dibujarse en algunos de los jeroglíficos del lugar. El pasadizo se extendía ante nosotros, y se podía ver como se torcía en otros dos, aunque cuando nos acercáramos comprobaríamos que el izquierdo no era más que un callejón sin salida. ¿Qué demonios nos esperaría ahí dentro?

Off: Explicaciones y demás en el post táctico.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Jue Dic 01, 2011 4:32 pm

La aparición de aquellos guerreros no-muertos fue totalmente imprevista, y no le permitió a Bargho reaccionar a tiempo, sencillamente vio el rastro brillante y borroso de la espada dando un tajo… fue lo último que vio con ese ojo, inmediatamente después un dolor sordo, profundo y agudo le hizo dar un fuerte grito al tiempo que caía de rodillas y descargaba su puño sobre el no muerto desbaratándolo en una nube de polvo y huesos deshechos. Caído de bruces en el suelo, un escalofrío recorrió su espalda cuando sintió el viento siendo removido por el violento pinzazo del escorpión, apenas unos centímetros sobre su cabeza.

El minotauro no entendió muy bien lo que pasó después, el dolor era intenso y había entumecido en parte su cerebro que entró en cierta forma en un modo de Stand-By y su cuerpo reaccionó de forma inmediata, cogió su escudo con su brazo izquierdo que se hallaba bien sujeto a su espalda y echó a correr cuando oyó como el techo de la cámara se derrumbaba. Una vez el ruido cesó y el polvo se hubo asentado, se puso a calcular fríamente los daños.

Había perdido el ojo y un tercio de su oreja izquierda, justo al lado del pendiente que aún conservaba, además de un gran trozo del cuerno del mismo flanco; el cuerno y la oreja poco importaban, el cuerno volvería a crecer y la oreja ya se la habían cortado (aunque no cercenado) antes; pero el ojo era un asunto serio que debía solucionar al instante.

El minotauro dio unos suaves golpes a la alforja.

-Mughi, sal- dijo con la voz seca.

El pequeño hurón asomó de entre los pliegues de piel bostezando.

-¿Que quieres Bar…? ¡Carajo! Que feo estás…-

El rostro de Bargho se hallaba desfigurado por la cuenca vacía que había quedado en el lugar donde antes había estado su ojo y todo el lado izquierdo de su rostro estaba bañado en sangre a medio coagular que aún manaba profusamente por la herida.

-Sube a mi cabeza y quédate ahí bien agachado, tu serás el ojo que me falta y me advertirás rápidamente de todo cuanto pase a mi siniestra ¿Entendiste?-

El hurón agachó la cabeza en señal de afirmación, y considerando que el minotauro seguramente no estuviera de demasiado humor para escucharlo, decidió permanecer callado, sencillamente trepó por la enorme mole del Uro hasta llegar a su cabeza y una vez allí entre los cuernos se quedó agazapado, plano y quieto sobre su cabeza, bien agarrado con sus cuatro patas a la crin de la coronilla de Bargho, bastante sabedor de que si por un segundo se desprendía de aquella cabeza su suerte podría estar echada. La extraña fémina que los acompañaba se dirigió a el y a los otros heridos, solo entonces Bargho los consideró:

Dos de los humanos habían sido horriblemente mutilados, el que permaneció silencioso y antipático durante toda la jornada anterior tenía ahora un horrible muñón en lo que antes había sido su brazo derecho, el cual seguramente le estaría atormentando de dolor, el otro tenía igual una fea herida que consistía en una mano cercenada… comparado con ellos si que había tenido suerte.

-Voy a intentar curaros lo mejor que pueda…- Les dijo la mujer.

Un extraño rayo de luz dorada surgió de las palmas de la mujer, los cuales le transmitieron una cálida y analgésica sensación, sintió como sus heridas cicatrizaban y el dolor paulatinamente se desvaneció. A pesar de que no era la primera vez que era curado mediante magia curativa, esta nunca dejaba de sorprenderle por sus inmediatos efectos, que bien harían los magos al resto de los seres vivos si se ocuparan sencillamente de utilizar sus poderes para algo útil en vez de usarlos para perturbar a los muertos de su sueño eterno.

-Muchas gracias dama, se le agradece profundamente-

Bargho entonces, tras improvisar una venda y ponersela a modo de parche sobre el ojo herido, se levantó del suelo sobre el cual se hallaba sentado y poniéndose el escudo al hombro y cogiendo su lanza en una mano dio una breve órden:

-¡Udvider!-

La lanza de acero de sangre se extendió inmediatamente con un sonido metálico, al tiempo que el hechizo del mago iluminaba el recinto en el cual se encontraban, delante de ellos tres hileras de extrañas baldosas aparecieron, cada una de ellas con una extraña particularidad; Bargho posó la vista sobre la que llevaba los extraños agujeros en ella.

-Seguramente una trampa- Pensó- ¡Que los infiernos me lleven si soy tan estúpido para pasar encima de una baldosa debajo de la cual puede salir cualquier cosa!-

Posteriormente siguió viendo y advirtió que la siguiente tenía sendos manchones de sangre que se extendían ampliamente por la superficie de las baldosas.

-Veo demasiada sangre- se dijo- dudo mucho que alguien pudiera sobrevivir al perder tanto volumen-

Y finalmente vio la hilera de baldosas en las que solo se encontraban unos cuantos cadáveres, aparentemente era la más peligrosa de ellas, sin embargo el hecho de que no hayan cadáveres en las baldosas que tenían demasiada sangre para no ser heridas mortales le pareció demasiado sospechoso y por nada del mundo avanzaría por las baldosas llenas de perforaciones, de manera que decidió aventurarse por las baldosas de los cadáveres.

Ensartó con la punta de la lanza el torso de uno de los Ushabati que habían sido despedazados por la tenaza del escorpión y con el escudo presto y el torso adelante a modo de señuelo…

-¡Voy el primero!- Dijo con una voz fuerte y llena de determinación y después corrigió con una sonrisa- O el segundo... primero va este pedazo de basura.

Y el Uro avanzó por la línea de baldosas de los cadáveres.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Vie Dic 02, 2011 3:24 pm

“Con cada paso la moneda es echada
Ya que cada paso puede significar
La vida o la muerte para uno”
Christian Chacana 02 de diciembre de 2011

El aroma a sangre, el aroma a pólvora recién detonada, e incluso del metal al ser chocado, eran cosas que le inventor conocía, y de cierta forma admiraba, mas no por la valentía de los hombres que morían luchando, que morían y dejaban sus cuerpos a la arena, que insaciable terminaría devorándolos, bañándolos con el sol y secando sus huesos ante él, no … el inventor lo admiraba por la danza, la danza del acero y pólvora que se creaba con cada movimiento, el no amaba la carne, el no admiraba el honor, el solo consideraba el metal superior, ¿acaso su propio corazón no era un trozo de metal … ¿acaso esa sonrisa era tan falsa como sus acciones? Realmente no importaba, pronto las cosas se verían realmente, cuando el metal fluyera como sangre por las venas de la tierra.

El grupo comenzó a juntarse en un solo punto, el hombre de rojizos cabellos ordenaba, cosa que el inventor solamente respondía con un suspiro, la gente no sabía pedir las cosas y muchos se creían lideres tan solo por la situación, de cualquier manera las bombas del inventor hacían estragos entre las filas de cadáveres, podía verse como sus cuerpos volaban por el cielo con cada explosión, como sus cuerpos eran despedazados y regados sobre el campo de batalla, lamentablemente el inventor no tenía una dotación infinita de sus creaciones y aquello, intuía, que era solo al recepción, la bienvenida que tendrían, no dudo en guardar seis de sus bombas, aun tenía el fuego griego y mil y un artilugios escondidos en su dura mochila, esta al ser de metal el había defendido e cualquier ataque por la espalda, lo que le daba cierta ventaja en la situación, de cualquier manera no era tiempo de confiarse, no en aquella situación, ya había usado tres tiros, cosa que para cualquiera seria la nada misma, pero si nos ponemos a pensar, uno demoraba bastante en recargar, el inventor debía de buscar otras formas, y en esos momentos era cuando el hacha modificada le era de utilidad, de cualquier manera no fue necesaria, ya que lentamente el grupo comenzó a abrirse paso entre los muertos de la última fila, pudiendo por fin tocar las puertas de la necrópolis, el espectáculo que se podía ver era decepcionante y a la vez aterrador, de casi los cien o mas guerreros y mercenarios que se habían presentado, solo un puñado sobrevivía, la mayoría en peores condiciones de las que la vida puede mantenerse, de todas formas nada se podía hacer por ellos.

Pero algo se escucho … cuando los pasos de algo se acercaron por atrás, el inventor vio de reojo que tres enormes figuras aparecían desde el umbral, con sus armas levantadas, inmediatamente el inventor desenfundo una de sus armas, mas era muy tarde, las enormes espadas o quizás eran hachas, era difícil de describir con tan solo una fracción de segundos en el aire, mas aun así bajaron en golpe, el grito de dolor no se hizo de esperar, mas no era de sus labios, si no de tres infortunados que se habían adelantado, el hombre que portaba su bomba inconscientemente aulló de dolor, como si fuera un lobo mientras la sangre brotaba de su brazo cercenado, el segundo fue un muchacho o por lo menos lo parecía, a veces las apariencias engañaban, el tubo mejor suerte que su compañero, ya que se pudo ver su mano volar en el aire, dejando una estela de sangre en este, al final el ultimo que había caído de rodillas, fue el minotauro, que en la lucha había sido cobarde para los de su raza, evitando la lucha y dejándose caer momentos antes en la entrada de la necrópolis, el tubo quizás suerte o tal vez no, ya que su herida le causaría muchos problemas, su cuerno y parte de su oreja salieron volando, aquello no era realmente horrible … si no fue aquel órgano que termino por reventarse contra el suelo, uno de sus ojos.

En aquel momento apareció el escorpión, presto a destrozar a cualquiera que se pusiera en frente de él, por inclinación de la balanza nuestro futuro fue afortunado en aquellos momentos, ya que sus pinzas rozaron la cabeza del minotauro para partir en dos a las tres figuras y terminar por dar en uno de los pilares, Khaelos que parecía haberse convertido en un nuevo líder dio una orden, el inventor ni tonto ni perezoso acato y el grupo avanzo al interior de aquella ciudad de muertos, mientras a sus espaldas la entrada se derrumbaba por la acción del escorpión, el avance se detuvo, mientras cada uno intentaba recuperar aliento y los heridas eran curados por la bella Hörige la cual demostraba sus dotes de curación, el inventor se sentó unos instantes en una de las rocas que se habían desprendido, mientras el mago creaba una luz con su bastón, lo suficiente como para que como si fuera arte de magia las antorchas se prendieran, la magia jamás le había agradado al inventor, ya que no se puede pesar, ni tampoco demostrar con la ciencia, de cualquier manera, sabía que estaría agradecido al llevar a aquel anciano en algún momento, por ahora otra tarea le era de importancia, sin mediar palabra rápidamente se quito su pesada mochila y comenzó a cargar sus armas, aquel era el único inconveniente que tenían aquellas bellas creaciones, la pólvora fue prensada, la bala envuelta en papel y todo asegurado, era asombroso como el inventor podía cargar sus armas con tanta facilidad, quizás los años manipulándolas y usándolas terminaría n por obligarlo o mejor dicho, convirtiéndolo en el creador de algún arma de fuego mucho mas cómoda y fácil de cargar.

Las armas ocuparon el lugar donde correspondían, en la pierna del inventor y colgando del lado de la gran mochila que ahora estaba en la espalda del inventor, el camino se bifurcaba, pero pronto se noto que uno de ellos tan solo era un callejón sin salida, el otro se extendía cierta distancia, mas el inventor se detuvo como todo el grupo cuando tres enormes planchas de roca partían en dos aquel pasillo, una de ellas poseía manchas de sangre, mientras que la otra agujeros en su superficie y la ultima esqueletos tan viejos que se podría dudar si eran humanos, no era necesaria demasiada inteligencia para darse cuenta de que eran trampas, el inventor dejo su pesada mochila y avanzo hasta quedar a poco más de un metro de los cuadrados, la sangre no daba buen presagio, si no había cuerpos podía significar que algo caería desde arriba … mientras que la con agujeros era demasiado obvia, quizás trampas para incautos, la tercera, con los cadáveres o esqueletos mejor dicho era la opción más viable, ya que a simple vista no se veían heridas en los huesos, mas antes de que pudiera decir algo el minotauro hizo gala de un arma muy interesante, una lanza expandible, con esta tomo el torso de un cadáver y con voz potente hablo, aunque se dudaba cuanto podría hacer ahora perdiendo el sentido de profundidad al igual que su ojo.

-Maese Bargho, le aconsejaría ir lento, no sabemos si las trampas son accionadas por el movimiento o por el peso, quizás su estrategia no sea la mejor, de cualquier manera iré detrás de usted, las demás lozas son demasiado obvias-



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Drake el Vie Dic 02, 2011 10:19 pm

''Entonces chaval,¿juras defender con tu vida a la princesa?''
''¡Sí señor!''

Un joven Drake hacia unos años, cuando aún era pequeño, y no sabía lo que acarreaba una vida...


La mano cercenada de un tajo...La hoja de acero cayendo con un ruido sordo en la arena...Un colosal ser enfrente del muchacho...Drake arrodillado,sujetando el antebrazo diestro...Sangre... Desesperación...El próximo golpe le cortaría la vida para siempre, pero el mercenario ya había aceptado eso desde hacía muchos años...¿Será está mi hora? Se preguntaba mirando atónito a la criatura de hueso y vendas...Parpadeó, su respiración costosa junto con el cansancio le hacía ver una escena oscura, en la cual unas puertas doradas a lo lejos se mantenían cerradas y una momia gigante avanzaba con arma en mano...dispuesta a matarlo...El humano, arrodillado, apretó las mandíbulas y suspiró...Dejo la mente en blanco...Lo que había sido...Lo que fue...Lo que sería...Ya no era cosa de Drake, si no de aquel ser que se lazaba imponente...Por primera vez el mercenario vio el peligro de aventurarse a la batalla a lo loco...Lo comprendió...Sus actos le llevarían a su muerte...Y lo aceptó. Cerró los ojos. Allí, en las tierras muertas, al servicio de un califa que no conocía de nada, perecería...

Pero parecía que el destino le tenía algo diferente para su final: Escuchó un zumbido en su cabeza, y como algo se rompía. Sorprendido alzó la vista y se encontró con aquel ser desmontado, sus huesos adornaban ahora la arena, y una nube de polvo se esparcía por el aire. Drake notó un pinchazo que lo devolvió a la realidad, en la cual estaba perdiendo mucha sangre. Desató el pañuelo de su brazo para atarlo cerca del muñón, y negando por la cabeza ante la incredibilidad de haber perdido una mano, pero el tiempo apremiaba, y con el improvisado torniquete para no perder tanta sangre, Drake se levantó y con mucha sangre fría recogió el mandoble de acero.

''¡Todos dentro!''-

La voz de Khaelos lo hizo reaccionar y salió corriendo hacía la puerta, solo los separaban unos metros y el brazo le dolía...Al final, dentro.

(...)

-Te debo una-

Dijo Drake mirando serio el ahora muñón perfectamente cicatrizado. La Hörgie era un paladín y tanto como al mercenario como a Bargho y al solitario hombre los había curado.

Y..ahora, el dilema: ¿Derecha, centro o izquierda?¿Agujeros, sangre o cadáveres?

Drake coincidía con el minotauro, las baldosas de la izquierda perfectamente podían resultar mortales, y respecto a los otros lados, bueno, lo único que sabía Drake es que era mejor ir todos juntos, así que no se opuso al camino escogido por Bargho y camino detrás del Doc. Ivo, con la espada de cobre en la zurda. Haber que tal la manejaba a mano cambiada...

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Re: La Necrópolis Sepultada

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