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La Necrópolis Sepultada

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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Dic 03, 2011 11:05 pm

Tras unos escasos minutos de camino, finalmente llegamos a una amplia sala, lo suficientemente iluminada por la magia de Brandalf como para poder ver qué aspecto presentaba. En apariencia estaba vacía y compuesta de baldosas. La paladina había acabado de curar a todo el mundo, y ante las palabras de Bargho y Drake les dedicó una ligera sonrisa amable, como diciendo que no le debían nada. Todos nos hallábamos mirando las baldosas, y ninguno parecía especialmente ansioso para cruzar, pues sabíamos que las baldosas tendrían trampa, o al menos, la tendrían dos de ellas.

Bargho empezó a razonar ante las trampas, y ciertamente, hizo una deducción bastante convincente y bien explicada. Yo asentí, mirándole y viéndole actuar, y escuché entonces las palabras de Ivo. Cuando Bargho puso el primer pie sobre la baldosa, se hizo el silencio. El aire era tenso… El silencio era tan fuerte que podía escucharse… Podíamos escuchar el latido de nuestros corazones como si estuvieran bombeando en nuestra cabeza… Y de repente vimos como el hombre silencioso empezó a correr como un suicida. El sentido común le habría impulsado hacia la baldosa que el minotauro había elegido… Pero parecía que eso era algo que le faltaba a aquél hombre.

Todos pudimos ver como pisó la baldosa que estaba llena de manchas de sangre, y de repente, la baldosa se elevó con un extraño mecanismo, y en cuestión de segundos vimos como la baldosa resultaba ser un pilar que había llegado ya al techo. Aquél hombre sin embargo fue rápido, pero no lo suficiente. Ambos pudimos ver como poco antes de que encajara con el techo, logró saltar hacia el lado, justamente hacia la baldosa que Bargho iba a pisar. Sin embargo, el hombre se golpeó con el borde del pilar en la espinilla. Empezó a girar en el aire de forma descontrolada, hasta que finalmente cayó contra la baldosa, junto a los otros esqueletos, y se escuchó un fuerte crujido, seguido de un grito de dolor. Aunque aquello no fue lo peor.

Aquél hombre empezó a gritar de dolor, y parecía no poderse mover. ¿Se habría roto las extremidades? No lo parecía… Estaban en “buen” estado. Sin embargo, él seguía gritando, así que algo se había roto. Fue entonces que él habló, con terror en la voz:

-¡Joder! ¡No siento las piernas! ¡Ni los brazos! ¡No… No puedo moverme!-

En ese momento, vimos como empezaba a caer la bolsa de aquél hombre que había quedado inútil para siempre, pues al parecer se había quedado atrapada entre el techo y la baldosa cuando el hombre había saltado. Yo no le di importancia, hasta que vi que, nada más impactar contra el torso del hombre, ésta estalló. Un gran boquete se abrió en su barriga, abriéndole en canal, mientras muchos cristales volaban en todas direcciones. Bargho, al ir el primero, fue quien los recibió, sin embargo y para su suerte, su piel era demasiado dura, con lo cual sencillamente notó como si le hubieran arrojado algo de arena y ésta rebotara para finalmente caer al suelo. Por lo demás, un buen salpicón de sangre surgió de la tripa del solitario, el cual gritó durante unos instantes más hasta que finalmente murió, desangrado y eviscerado por la explosión.

En ese momento yo me hallaba al lado de Bargho, pues mientras él avanzaba, Drayara y yo nos situamos a su lado, y fuimos los que quedamos manchados de sangre en gran parte. Rorky no pudo evitar soltar una genialidad:

-Eso sí que es ser prrecipitado…-

Yo no pude evitar reír ligeramente ante sus palabras y decir una deducción que pude hacer en ese mismo momento:

-Ahora sabemos porqué en la baldosa de la derecha hay cadáveres…-

Tras un rato de andar, finalmente llegamos a la otra banda de la sala. Habíamos elegido la buena baldosa, a diferencia de aquél hombre, el cual había fallecido de una forma nada agradable. Tras eso, seguimos andando por el lugar. Las antorchas se encendían solas, más no por acción de nuestros magos, si no por la propia magia de la necrópolis. Nos hallábamos de nuevo en un pasadizo idéntico al anterior, y no podía evitar preguntarme qué demonios nos cruzaríamos en aquella ocasión.

Finalmente llegamos a una nueva sala. Ésta estaba en penumbras, y no se podía ver mucho, aunque se entreveían varias columnas derrumbadas, formando un terreno que bien podría definirse como campo de batalla ideal para emboscadas. Tan sólo una luz azulada iluminaba media sala, justo por el sitio en el que nosotros nos hallábamos. Todos pudimos ver a una figura, inmóvil en el centro de la sala. Parecía humano, así que Rorky, Brandalf, Drayara y yo avanzamos hasta situarnos al pie de la escalera. Aquél ser levantó la cabeza y nos miró. Un esqueleto. Pero ese esqueleto destilaba un poder muy raro... Parecía estar sólo. Vi como el enano intentaba forzar la vista para ver más allá de la penumbra de la sala, pero esa oscuridad era demasiado intensa… Y mágica. Retrocedimos un par de pasos, sin mirar a los demás, y yo dije:

-Tened cuidado, noto magia maligna en la zona…-

Brandalf y Drayara asintieron, notándolo también. El único que no parecía muy afectado era Rorky, el cual sin mediar palabra apuntó con la ballesta al no-muerto y le disparó. La flecha se dirigía hacia el esqueleto, pero entonces sucedió algo raro. Éste sencillamente alzó la mano, y pudimos ver como el virote se detenía en el aire y caía al suelo. Maldición… Su aspecto denotaba que se trataba de un liche. Aquello ponía complicadas las cosas. Y por si eso no fuera poco, su rostro me sonaba… ¡Era el no-muerto del sueño! El ser soltó una risa demoníaca y nos miró, sonriendo con superioridad:

-Vaya, veo que no escuchasteis las palabras que os dije en vuestros sueños… Mirad cuantos han muerto ya… ¿De veras creéis que saldréis de la Necrópolis?-

Brandalf miró al mago oscuro con odio y le dijo, con una voz potente como el trueno:

-Criatura de la sombra, ¡no vas a detenernos! ¡Saldremos con vida de la Necrópolis, y tú no podrás evitarlo!-

El no-muerto se rió de manera seca y carrasposa, y entonces dijo, mientras se perdía en las sombras:

-Ya lo veremos, mago… Ya lo veremos…-

De repente, escuchamos un rugido de ultratumba. De varios sitios empezaron a surgir esqueletos, cuyo número no pude contar. Antes de que nos diéramos cuenta, ya nos habían separado a todos del grupo. Yo tenía la espalda contra una columna derribada, defendiéndome de cuatro esqueletos que me atacaban, así que no me pude fijar en los demás, empezando así la tanda de golpes y contragolpes que siguieron al combate. Sólo esperaba que no atacaran en más número…

Off: Mirar post táctico
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Drake el Mar Dic 06, 2011 7:22 pm

El hombre, ahora manco, apretó las mandíbulas cuando acabo la escena que presenció el tipo silencioso del grupo, quizá no hubiese sido de ayuda, quizá no había sido un buen compañero, quizá no lo sería, pero murió de una forma bastante agonizante...Eso lo hizo ver a Drake los peligros de la Necrópolis, y su error garrafal al querer ser el primero en llegar a las puertas...Había perdido una mano, sí, pero era afortunado en comparación a aquel tipo que ahora se desangraba. Para colmo, la bolsa que portaba cayó, pero no cayó y ya, no. El contenido de aquella bolsa parecía ser bastante peligroso, ya que estalló al tomar contacto con el hombre, ocasionando, ahora sí, la muerte definitiva. Algunos cristales que debía de tener en la bolsa salieron precipitados en el momento de la explosión. El mercenario se cubrió con el brazo derecho, pero por suerte, nada le llegó, ya que Bargho, Khaleos y Drayara estaban en primera linea y el minotauro recibió los impactos del cristal, que no lo ocasionaron mal alguno, eso sí, ambos tres quedaron recién salidos de una matanza.

El camino elegido por el grupo era el correcto, ya que en lo pudieron cruzar sin más percances. Fue un alivio para Drake, ya que cada paso podía suponer la muerte, como le había pasado a aquel hombre. La nueva sala estaba a oscuras, no se podían distinguir más de unas columnas caídas. Seguramente serían las ruinas de alguna parte de esa cuidad, la cuál había ocasionado muchos problemas.

El mercenario y todo el grupo, solo podía ver una luz azulada, suficiente para iluminar un parte de la sala. En el centro, había una especie de figura humana. Rorky, Brandalf, Drayara y Khaelos se movieron, a donde la figura, pero algo no iba bien: Khaelos retrocedió, informando de la situación. Ante lo que dijo el hombre, Drake sacó la espada de cobre, ya que la otra le era imposible de manejar con una mano y salir ileso. El enano disparó una flecha mientras el mercenario, unos pasos por detrás, observaba atento, espada en mano. La flecha se paró con un movimiento del esqueleto, y cayó. Drake se tensó...No era bueno pelear contra un liche con una mano, pero lo que fue peor para el mercenario fue recordar aquella calavera...La misma que la de su sueño.

El humano dió un paso hacía atrás con los ojos bien abiertos, no se creía que aquel ser fuese el del sueño...Entonces, todo era verdad, la Necrópolis sería su perdición...Drake negó con la cabeza, eso no le iba a pasar. Saldría de esta como de muchas otras y luego bebería y se reiría de ello.

Un gritó de ultratumba lo sacó de sus planes futuros. Empezaron a salir esqueletos...

(...)

Ahora, cada uno del grupo se hallaba dividido, peleando contra esos sacos de huesos. Drake se encaraba ante un esqueleto. ''Tarea fácil'' pensó, pero ahora que solo poseía su mano mala, la cosa era más difícil: Los golpes que daba eran más flojos, le costaba más manejar la espada, y sobre todo, notaba la ausencia de la diestra.

Aquel esqueleto tenía un buen juego de pies, y Drake aguantaba bien los ataques, claramente, tenía más músculo que el esqueleto, y lazó laguna estocada, pero se perdió entre las costillas de su oponente.

-¡Necesito algo más potente!-

Se dijo, tras esquivar con un salto hacia atrás un tajo al abdomen. El esqueleto ganaba confianza y cada vez era más difícil hacer algo útil...El mercenario apretó las mandíbulas, solo conocía una combinación útil con la espada corta: Los golpes relámpago, pero si fallaba, se acababa lo que se daba...Drake apretó las mandíbulas, era todo o nada, no podía seguir siendo una carga para los demás ni para él, así que lo mejor sería decirlo todo ahora mismo.

¿Sería capaz de acabar con su oponente?¿O moriría en el acto? La cosa es que Drake respiró profundamente, se preparó, solo necesitaba el hueco...¿Un amago quizá? Si, ¿Por qué no?

El esqueleto atacaba sobre el abdomen casi siempre, así que Drake esperó ese ataque, y viéndolo venir saltó hacía atrás, lo justo, ya que la espada araño la armadura de cuero del pecho del hombre, ahora solo quedaba esperar que saliese bien. Era la zurda, no se podía pedir mucho más: Drake avanzó la pierna derecha para meterse en al guardia del esquelto y luego avanzó la otra pierna, lanzando un zurdazo con la espada hacia el cráneo de su oponente...

Habilidad:
Golpes relampago: Esta tecnica solo puede ser usada con armas pequeñas como dagas o espadas cortas, consiste en una rapida serie de hasta 7 golpes usando el arma o el cuerpo, al realizar esta tecnica se queda completamente exhausto y se debe descansar un momento, ademas si el primer golpe es bloqueado, el resto de ataques no podran ser ejecutados.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Dic 06, 2011 11:56 pm

“En este mundo se necesitan solo dos cosas
La primera son personas que puedan soportar
En sus hombros, el peso del mundo
Lo segundo, son personas con látigos para
Que las primeras personas se muevan y
Hacer girar el mundo.”

Libro del empresario 06 de diciembre de 2011

Muerte y mas muerte, ese es el destino de todo orgánico, de todo hombre y animal, de cualquier ser vivo e incluso de aquellos que intentan trascender los siglos buscando una inmortalidad falsa y vulnerable, tras aquella roca, esas piedras que durante siglos se habían levantado y vuelto a hundir en un océano de roca, los esqueletos esperaban, habidos de sangre, de carne mortal, habían esperado tanto para que sus dientes pudieran masticar algo, que no sería una sorpresa que estos fueran los enemigos más comunes, de cualquier manera ahí estaban, todos los que sobrevivían a tal aventura hasta ese punto, unos más enteros que otros

De cualquier manera ahí estaban, frente a tres lozas de roca, dos tramas de seguro y un paso seguro, lamentablemente en aquel lugar, debía de mantenerse la paciencia y a la vez el trabajo en grupo, dos cosas que el guerrero silencioso y manco no tenia, con inusual idiotez y estupidez se lanzo ante la primera loza que tenia, lamentablemente no había sido la correcta y como si fuera un resorte un enorme pilar surgió del suelo, listo para aplastarlo contra el techo, por suerte salto, para condena llego al suelo, donde por la altura se lastimo y de una forma muy terrible, no podía mover sus miembros, por lo que el golpe en su espalda había terminado con su utilidad, mas antes de que el inventor dijera algo, vio ante sus ojos como un objeto caía desde el bolso atrapado en el pilar, casi podía verlo en cámara lenta, como giraba aquel objeto esférico, lo reconocía muy bien y como no hacerlo si el mismo lo había creado, la bomba impacto al hombre el cual podía verse su rostro pálido y temeroso, lo siguiente fue algo digna de mencionar, la bomba impacto el cuerpo, haciendo explosión y partiendo su cuerpo en dos, la sangre ancho tanto personas como paredes, mas los cristales no tuvieron el efecto esperado, ya que impactaron contra el minotauro y este apenas se inmuto, debería de cambiar la combinación de cristales y explosivos para la próxima vez, mientras el grupo avanzaba y la paladina le daba una oración el inventor se detuvo ante el cadáver del hombre, pensativo.

-Fuiste un buen conejillo de indias… lamentablemente pensé que serias de mucha más utilidad… viendo que ahora no te serán útiles, simplemente me llevare algunas cosas si no te incomoda *mirándolo* me los obsequias… o muchas gracias joven que buenos modales Jojojo-

Con tranquilidad el inventor tomo la espada del hombre y varias dagas que tenía en su chaqueta, quizás podría hacer algo con ellos, ya que los cadáveres no necesitan tales objetos, no demoro mucho en volver con el grupo, caminando tranquilamente mientras tomaba la espada y la revisaba, acero común, sin ninguna propiedad, más útil para lo que deseaba hacer, sacando su hacha/arcabuz de su mochila comenzó a modificarla, menos de cinco minutos, unos trozos y laminas de metal, tornillos y tuercas habían convertido esa hacha en algo muy semejante a una alabarda de menor tamaño, aunque ni tanto, el tamaño era similar a el metro y medio y había tenido que hacer una modificación a la espada, de cualquier manera ahora era tres armas, tanto una lanza, como un hacha y un arcabuz de un tiro, mas el grupo se detuvo frente a una habitación en penumbras, lo único que se veía eran pilares caídos y antiguos, de seguro por la edad de ese lugar y por el material, mas mientras unos pocos se internaban, la vista se acostumbro al acercarse también el inventor, parecía un esqueleto, mas este levanto su cabeza …. Le reconocía, el inventor frunció el sueño, era el maldito esqueleto de su sueño, con voz tétrica dio su advertencia, su juicio y su sentencia, pronto los esqueletos diseminados por la habitación se levantaron y comenzó el ataque, el inventor no pudo ver sus compañeros por que las cuencas vacías de tres esqueletos armados se le lanzaron, una espada, una lanza y una daga.

La lanza cortaba el aire con maestría, mientras dos manos esqueléticas la sostenían, el inventor aun tenía su extraña arma, por suerte su robustez pudo evitar un golpe que fácilmente le hubiera atravesado, la espada silenciosa intento atacarle por la espalda, pero si había algo que el inventor no era … era ser idiota , con gran agilidad esquivo la espada y escucho el sonido de la daga chocar contra el metal de su compañero, muchos tomarían al inventor como un buen vividor, afín a la carne y al gozo, nada más lejos que la realidad, aun con su cuerpo era bastante ágil y a la vez diestro, sin mucho problema el inventor aprovecho aquel instante para utilizar su nueva creación, la punta se incrusto entre las costillas de uno de los esqueletos, atrapando también a otro y presionándolos contra uno de los muros, tras de sí podía escuchar el ruido de los movimientos de la lucha y también el paso de dos pies descalzos y carentes de carne, rápidamente saco la punta e esa “lanza” y apuntando a la cabeza de el esqueleto disparo, sin siquiera de fijarse si estos un estaban se giro con el hacha girando hacia el esqueleto, la punta le rozo su chaqueta, escuchándose el ruido metálico de estos, mientras la hoja del hacha iba directamente hacia el cuello del esqueleto, esperaba que todo saliera bien, si no tendría que seguir luchando …. Y de cualquier manera si se ponía demasiado complicado debería de hacer uso de una de sus bombas… aunque dudaba que una explosión de ese calibre no terminara por hacer que todos fueran sepultados por la roca.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por General Zod el Jue Dic 08, 2011 1:36 am

Habíamos alcanzado la puerta de la Necrópolis, alguien exclamo la acción que todos deseábamos cumplir en ese momento, era o entrar o morir a manos de un escorpión y de los esqueletos, no me había fijado demasiado en la batalla exceptuando a mi mismo para mantenerme con vida.
Cuando ya estuvimos dentro suspire descansado, ya estábamos dentro de la necrópolis ahora ya no había marcha atrás, mire a mi alrededor para ver cuántos supervivientes habían quedado del ataque, conté un total de 9 personas, me había llamado bastante la atención la mujer que iba con este grupo de personas ya que al parecer ella fue quien rompió el muro de esqueletos abriendo una brecha en este que nos permitió llegar hasta aquí. Mire mi brazo derecho, justo en el hombro tenía un pequeño pero molesto rasguño el cual sangraba, al parecer, el estar acorazado no era garantía de vida, aunque debía agradecer mi estado, pues cuando me fije en mis ahora compañeros en comparación a algunos yo había salido muy bien parado el minotauro un ojo, el tipo de la chaqueta un brazo y otro una mano, agradecía que yo hubiese salido prácticamente indemne pues si me paro a pensarlo un momento, tal vez fue un poco insensato al lanzarme contra todos aquellos esqueletos, pero la mente humana reacciona así, los animales acorralados son aun más peligrosos. La paladina o eso deduje hizo un hechizo, al parecer sanador, mis heridas se cerraron y el dolor leve que producían estas se desvaneció como un lejano recuerdo, note como mis fuerzas volvían de nuevo, me sentí bastante aliviado la verdad, aunque la idea de ser tan pocas personas en esta situación no me reconfortaba ni lo más mínimo, ese asqueroso califa… ahora entendía las risas burlonas de sus hombres, tan solo espero que esa joya merezca la pena.

Un anciano hablo, yo no soy mago ni tengo intención alguna de serlo, pero de alguna manera podía percibir cierta ‘’magia’’ en el lugar, pero fuera lo que fuera aquella sensación no me gustaba demasiado, otro hombre hablo tras el anciano, era alguien con aspecto imponente, una armadura completa, sin otra opción acate y seguí a aquel hombre, cargue mi escudo y mi lanza en mi espalda para poder caminar mas cómodo, no me gusta demasiado ser seguidor, prefiero ser líder no obstante tendría que esperar, pocos minutos después llegamos a una sala, el mago la iluminaba lo suficiente como para poder ver lo que había frente a nosotros, las 3 baldosas centrales, una tenía varios agujeros, otra tenía sangre y la ultima tenía armas oxidadas y algún esqueleto, me cruce de brazos y mire dichas baldosas, tratando de escudriñar cada una pensando cual sería la mejor opción, aunque tenía una ‘’corazonada’’ instinto, deducción, lo que sea pero sentía que tenía que ir por la hilera con esqueletos y la verdad es que era más esperanzador ese camino, el minotauro dijo de ir el primero, yo lo mire un instante.

-‘’Perfecto, si es una trampa él, la activara’’- Pensé mientras otro hombre de extrañas proporciones hablaba con el minotauro advirtiéndole, cuando el hombre toro piso la baldosa me puse algo tenso, pero no pareció ocurrir nada, así que aliviado sus pire con tranquilidad, sin siquiera darme cuenta algo paso por mi lado, el hombre quien había perdido el brazo, se puso a correr como si no hubiera mañana, extrañado lo mire sin querer evitar su acción, cada cual tiene que cuidar de sí mismo, un mal paso, mala suerte, algo le paso a aquel tipo, piso la baldosa con la mancha de sangre. No aparte la mirada de lo que sucedía, me limite a sonreír, eso tenía que doler, o al menos su grito así lo expresaba, cuando empezó a gritar que no podía moverse no pude evitar decir:

-Quedamos ocho.- Al terminar decidí empezar a avanzar, me detuve al observar como caía la bosa que llevaba aquel tipo, no me era muy llamativo excepto porque al tocarle estallo, puse mis brazos para protegerme por si acaso, pero la explosión no fue tan potente como para dañarme, la sangre de aquel tipo salpico, empapando a los que estaban cerca, yo no estaba tanto como para quedar bañado en ella, pero sí que algo me salpico, no le di importancia y seguí al resto de mis compañeros a través de aquel camino, miraba las paredes distrayéndome con las ‘’escrituras’’, aunque era tontería pues no las entendía en absoluto, pero así me abstenía de confraternizar con mis compañeros.

Ahora caminábamos por otro pasillo, las antorchas se encendían solas, una imagen bastante lúgubre, pero para mí solo era otro maldito lugar, de pronto oscuridad… una negra y profunda oscuridad que nos limitaba la vista, se podía ver algunas columnas, no en muy buen estado pero columnas al fin y al cabo, empecé a mirar a nuestro alrededor, mientras yo observaba el lugar, no me di cuenta de que el tipo de armadura, el mago y la antropomorfa se avanzaban, cuando me volví de nuevo para verlos, vi una figura, se movía, nada que estuviese aquí dentro podría no ser considerado una amenaza, inmediatamente y al mismo tiempo que el tipo de armadura hablaba yo tome mi escudo y mi lanza para ponerme en posición de defensa.

-No me digas genio.- Dije respondiendo a las palabras de este improvisado líder, mientras el mago y el no-muerto mantenían unas palabras no muy amistosas, un rugido resonó por la sala, aunque yo estaba mirando aun al no-muerto, su aspecto me sonaba ¡era el! El esqueleto de mi sueño, iba a dar un paso con intención de interrogarlo pero, aparecieron unos esqueletos y nos separaron, yo les seguí el juego apartándome caminando hacia atrás, un total de cuatro esqueletos serian mis oponentes, no se hicieron esperar, uno de ellos me ataco, con mi escudo lo bloquee rápidamente, aunque trate de contraatacar, otro de ellos me ataco impidiendo mi ataque, con mi escudo lo volví a bloquear, sirviéndome de esta defensa ahora si pude contraatacar y golpee a uno de ellos con el escudo, eso me hizo ganar una posición más ventajosa contra ellos, rápidamente lance una estocada con la lanza contra uno de ellos que se dirigía a su cabeza, pero lo esquivo no obstante, la punta de la lanza le golpeo en la mandíbula inferior y esta se rompió, pero no fue lo suficiente para abatirle, inmediatamente se me lanzaron otra vez encima, puse el escudo en medio nuevamente, quise dar un paso hacia atrás pero algo me lo impedía, una de las columnas derruidas, una mueca de rabia se esbozo en mi cara y trate de empujarlos para ganar espacio, parecía que lo había conseguido, hice un paso hacia la derecha y justo esquive un ataque, esto era un tira y afloja, defender y atacar, así hasta que la fortuna me diera la oportunidad de destruir a estos seres.


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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Vie Dic 09, 2011 5:35 pm

El silencio se hizo muy denso en la galería al tiempo que Bargho ponía la primera pezuña sobre el camino de las baldosas amarillas “Esto se siente como traído de otra historia” pensó el minotauro sin saber muy bien por que, el impacto de la pezuña sobre el suelo resonó en toda la galería como el martillo de un juez… pero al parecer la sentencia había sido favorable al uro, quien adelantando una pierna a la otra comenzó a avanzar con cautela, siempre la lanza y el escudo en mano y prestos.

Sin embargo otro de sus compañeros de aventura no tenía la misma afición por la precaución y el más elemental sentido común, largó a correr y se precipitó al camino de las baldosas manchadas de sangre “Ahí va uno menos” pensó el minotauro al tiempo que vio como el mecanismo de la baldosa se activaba y el hombre se elevaba raudo por los aires antes de estrellarse como un pesado saco de papas contra el suelo, agonizando y pidiendo por ayuda, el minotauro se detuvo un momento, dubitativo entre socorrerlo o no; era cierto que ya era peso muerto, pero el hecho de que todos allí, o al menos dos de los humanos siguieran avanzando tan impasiblemente e incluso sonriendo, le hizo darse cuenta de la clase de escoria sin honor que eran. Trató de retroceder un paso para alcanzarle, pero una extraña bola se precipitó de la bolsa que había quedado atascada y cayó justo sobre el torso de la víctima, estallando y salpicándole de sangre y esquirlas que no le hicieron mella alguna mas allá de un ligero escozor, al poco rato la paladina estaba dándo unas oraciones por el difunto y el hombre con forma de huevo se acercaba a saquear un poco de las misérrimas posesiones del caído.

-No te apresures tanto a robar a los muertos, cuidado actives otra trampa- Le dijo el minotauro con sarcasmo.

A medida que avanzábamos las antorchas se iban encendiendo y la presencia de magia maligna, que Bargho percibía con facilidad, se hacía cada vez más y más evidente. Finalmente llegaron a un nuevo salón lleno de columnas derruidas y ruinas por doquiere “Probablemente, y por el camino regado de cadáveres que acabamos de recorrer, no somos los primeros en llegar aquí ni los más fuertes, estas columnas caídas pueden ser fácilmente el resultado de una batalla terrible” O al menos así parecía confirmarlo la densa presencia mágica que ahora era casi insportable.

De repente se hizo una densa oscuridad y en medio de la sala apareció la figura de un esqueleto que los observaba desde la penumbra, el enano no gastó demasiado tiempo en contemplaciones, alzó la ballesta, apuntó a la criatura y disparó un sendo virote que salió disparado directamente contra el no-muerto quien ante el asombro de muchos, sencillamente lo detuvo con un gesto de mano: un liche, y no solo eso, era el mismo liche que les había hablado a todos en sueños, una ligera corriente eléctrica sacudió la espalda de Bargho recordando la fuerte sensación de terror que les había transmitido en ese momento. El mago maldito dio una carcajada y se dirigió altaneramente al resto del grupo, siendo el mago el único que le respondió, el liche se escondió entre las sombras al tiempo que lanzaba su última amenaza.

Instantes después un pequeño ejército de no-muertos surgió de entre las sombras y comenzó a avanzar desde todas direcciones aislando y fragmentando al grupo, Bargho quien aún llevaba medio ushabati clavado en su lanza dirigió una mirada a su alrededor buscando a quien necesitara mas ayuda, pronto vio al joven humano de armadura quien se batía contra una pared rodeado de cuatro esqueletos. El minotauro levantó su lanza en el aire inclinándola un poco hacia atrás.

-¡Ahí te van unos refuerzos!- Gritó

Con un movimiento de su potente brazo y utilizando el asta de su lanza como el brazo de una catapulta, arrojó el torso de Ushabati como un misil contra uno de los esqueletos con los que se enfrentaba aquel humano. No se detendría a ver si el impacto había sido certero o no, pues en aquel momento su propio problema se dirigía amenazadoramente hacia el.

Un ushabati avanzaba directamente hacia el atraído por el grito del minotauro, este se replegó rápidamente hacia atrás siempre tratando de permanecer en la zona mas iluminada de la sala por una razón fundamental: la pérdida de su ojo le había quitado la percepción de la profundidad y un combate mano a mano podía resultar bastante peligroso; tratando de pensar rápidamente dirigió su mirada al borde de las baldosas los cuales se distinguían nítidamente en medio de la luz rala que penetraba desde ángulos desiguales a la sala y que formaba sombras entre ellos. Entonces una idea atravesó rápidamente el cerebro del minotauro: A grosso modo las baldosas medían alrededor de 50 cm cada una, el alcance efectivo de mayor impacto de su lanza era de dos metros, que sumados a la longitud de su brazo extendido hacían poco menos de tres metros y medio, espacio de sobra para maniobrar. Por lo que había visto antes aquellos ushabati si bien eran condenadamente diestros y fuertes en combate cuerpo a cuerpo (lo había experimentado en carne propia) no eran demasiado ágiles y fueron sorprendidos con inusitada facilidad por la pinza del escorpión.

Bargho puso su pezuña izquierda con la punta de la misma justo sobre el borde de una de las baldosas y mientras el ushabati avanzaba las contó desde el borde de su pezuña en línea recta hasta que se detuvo: siete baldosas, tres metros y medio. Aunque el minotauro no conocía los términos apropiados para explicar lo que estaba haciendo (que intuía por puro sentido práctico) estaba reemplazando la trigonometría natural de sus ojos por la geometría racional de su cerebro: Tenía calculada la distancia más o menos exacta a la cual se encontraría el ushabati al pisar esa baldosa.

La idea y el cálculo se habían llevado a cabo en instantes, como un relampagueo, el uro se afianzó sobre su escudo y tenía la lanza presta a un costado, tensó todos los músculos del cuerpo y miraba atentamente la baldosa que había quedado grabada en su mente, cuando el esqueleto la pisó fue como si hubiera activado alguna especie de trampa tal y como con las que habían intentado matarlos antes, el ojo de Bargho se elevó inmediatamente y adelantando su pezuña derecha dio el medio paso clásico de los luchadores hoplitas, un medio paso que permitía dar mayor potencia y alcance a un golpe al mismo tiempo que permitía al guerrero replegarse inmediatamente, la mecánica letal de sus músculos estaba en movimiento imparable, la lanza se extendió a gran velocidad y su punta se dirigía rauda y con todas sus fuerzas directamente al cráneo del ushabati. Si impactaba de lleno lo más seguro es que lo haría estallar.

Una vez dado el golpe, independientemente de su resultado, el medio paso se replegaría y el minotauro pondría su escudo delante de si. El alcance de su arma era mayor al igual que su velocidad, pero no había que confiarse demasiado.

De cualquier manera ya había resuelto al menos momentáneamente el problema más engorroso de la pérdida de su ojo. A partir de entonces sería contar y golpear.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Feb 12, 2012 4:07 am

La batalla pareció decidirse a nuestro favor en la mayoría de los casos. Si bien nuestras fuerzas habían sido mermadas desde el principio, parecía que nuestra veteranía compensaba la inferioridad numérica. El inventor, Ivo, se movía con una agilidad impropia de alguien de sus dimensiones, y con su arma, modificada apenas unos instantes antes, logró despachar de forma espectacular a sus enemigos. Sin duda, una gran demostración.

El hombre de armadura de bronce, por su parte, hizo gala de un estilo de combate que pocas veces había tenido el placer de ver, y con ataques que eran a la vez ágiles y brutales, fue abatiendo uno por uno a sus enemigos, hasta alzarse victorioso con tan sólo algún que otro arañazo en el escudo.

Bargho, el minotauro, hizo gala de una capacidad de adaptación y una precisión impresionantes para tratarse de un ser tan grande, y con un lanzamiento, logró librarme de la presión de, no uno, si no de dos de los esqueletos, que se desmoronaron al recibir el impacto, desparramando por el suelo sus huesos. No pude evitar soltar un grito de batalla, animado, mientras contraatacaba a los esqueletos, a los cuales desparramé de un barrido con la espada:

-¡Gracias Bargho! ¡Te debo una!-

Aunque no tuve que debérsela en aquella ocasión. Ante el leve respiro que tuve, pude ver cómo el minotauro se posicionaba para enfrentar a aquella mole de hueso que se acercaba a él. La criatura en cuestión ya estaba alzando su enorme arma a dos manos, lo cual hizo que la punta de la lanza del minotauro, si bien no impactara en la cabeza, hiciera algo mucho más espectacular. El arma del uro se estrelló contra el esternón de la criatura no-muerta, y el torso del ser se rompió en pedazos, haciendo que varios huesos salieran proyectados, mientras su gran espada caía encima de sus tambaleantes piernas, quedando totalmente desmontado. Bargho podía enorgullecerse. Había destrozado de un solo golpe a una criatura tremendamente peligrosa y él a cambio había salido totalmente ileso. Se podría decir que se cobró la venganza por su ojo.

Rorky y Drayara por su parte estaban luchando en equipo, y tras unos instantes de pelea lograron hacer caer a la vez a los dos monstruos que enfrentaban, haciendo saltar fragmentos de hueso por todas partes. Por último, Brandalf, haciendo gala de su inmenso poder mágico, lanzó una serie de rayos desde el báculo que destrozaron a aquellos seres de hueso.

Un grito, sin embargo, nos advirtió de que no todos habíamos salido bien parados. Drake, al parecer, había intentado usar una técnica de asesino con una espada… Demasiado larga para ello. Al hacer girar la espada sin querer se amputó el brazo, y del muñón empezó a salir abundante sangre. Sin embargo, antes de que nadie pudiera hacer algo por él, el esqueleto al que se enfrentaba lo atravesó con su khopesh, matándolo en pocos instantes. Rorky usó su ballesta para acabar con el no-muerto, y yo suspiré, al ver que había caído otro:

-Maldición… Si seguimos a este ritmo de un muerto por sala, no vamos a salir de aquí con vida…-

-Debemos avanzar. Noto un gran mal detrás de nosotros…-

Fue Brandalf quien habló entonces, y todos pudimos notar la misma influencia maléfica. Era el momento de avanzar. Miré a los flancos y la retaguardia, y pude ver que empezaban a rodearnos por esos sitios un buen número de esqueletos y esa especie de grandes seres esqueléticos. Sólo podíamos avanzar, y eso no me gustaba. Parecía que nos condujeran precisamente hacia donde ellos querían, y lo peor es que no nos quedaba otra opción. O bien nos quedábamos, luchábamos y moríamos, o bien avanzábamos y tratábamos de sobrevivir. Miré al grupo y les grité, mientras el mago se situaba a mi lado:

-¡Seguidme! ¡No podemos plantarles batalla aquí!-

Corrimos durante varios metros en aquella gran estancia, hasta que llegamos a un sitio donde el camino se dividía en tres sitios. Delante de nosotros se alzaba una gran arcada con multitud de símbolos grabados en ella. Una especie de sensación a maldad inconmensurable surgía de ella… Me daba mala espina. A la derecha, había una especie de túnel, más pequeño que la arcada. No se veía nada a más de dos metros de la entrada, no se escuchaba ningún ruido y ningún olor surgía de ahí. Por último, a la izquierda, había otro túnel. No se escuchaba ningún sonido proveniente de ahí, pero el hedor a descomposición que de ahí surgía era tremendo.

Me moví unos cuantos pasos hacia delante, quedando entre los tres caminos, y me puse a mirar cada sitio apresuradamente para ver cuál era la mejor opción. Justo en el momento en el que di el primer paso noté que pisaba algo a la vez que escuchaba un chillido, y al mirar vi una rata que había quedado aplastada bajo mi bota. Correteando entre los pies de todos los ahí presentes había más ratas. ¿Cómo demonios sobrevivirían en ese sitio? Ni idea, pero aquél no era momento de hacerse preguntas de biología. Era el momento de encontrar una solución rápido, pues entre nosotros y los no-muertos habría como mucho cien metros de distancia, y se iban acortando rápidamente.

Off: Info en el post táctico.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Dom Feb 19, 2012 8:34 pm

La realidad no es solo más que lo que nuestros ojos ven
Pero hasta ellos son limitados, y la realidad que podemos ver puede no ser lo que parece
Los espejos pueden mostrar muchas caras… ¿pero cuál es la verdadera?
Sin importar lo que el mundo muestre, ni tampoco lo que uno desee
La realidad no será más que la suma de los actos y deseos que se pierdan en la nada

Christian Chacana 19 de febrero de 2012

El aroma a pólvora puede ser desagradables para muchos, ya que como el del acero fundido traen recuerdo de guerra y destrucción, pero para aquel hombre, acero y pólvora eran martillo y cincel, eran sus herramientas de trabajo, de sueños y esperanzas … podría decirse que incluso el más bajo de los hombres anhela la riqueza, el poder, la fortuna y fama … convertir sus deseos en realidad, poder darse el lujo que desean y ser sus propios amos y señores, pero aquel hombre era diferente … esos huesos a los que se enfrentaba, aquellos golpes … únicamente eran por su propio deseo, no de dinero y riquezas, no de fama y poder, ya que aquello podría desaparecer con tan solo parpadear … lo que él quería era algo muy diferente … él quería vida, y no cualquier vida, él quería crearla, crear vida del metal, poder hacer que esta pensara, racionalizara, deseara y soñara, que gobernara … por que la carne era débil, el mismo era débil … moriría algún día, pero no antes de hacer realidad su sueño y con cada día estaba más cerca de lograrlo … por mucho esfuerzo que se pusiera en ello y muy poco avance se lograra … aun así …. ¿Que seria de la ciencia si no costara obtener algo? ¿Acaso no es más valioso algo que ha costado obtener que algo simple?...

Huesos y polvo, muerte y torturas, eso era lo que había entre esas paredes antiguas, paredes que aun mantenían sus colores entre la oscuridad y el polvo, los huesos astillados, el sonido de estos al quebrarse, la pólvora humeando cuando era disparada el arma, muertos de vuelta al suelo, entre huesos carcomidos por el tiempo, aquello era su lugar y su destino, pero al parecer no todo era tan sencillo … una risa … un quejido y el sonido del metal, sin importar lo que sucediera era un campo de batalla, en la mente del inventor mil y un pensamientos surgieron, no solo de cómo salir de ahí, sino de cómo crear nuevas armas para enfrentarse a aquellos que no aguardaban su descanso perpetuo, como una marejada, como las olas que rompían contra las rojas inmóviles, los cadáveres comenzaron a levantarse, uno tras otros, como un ejército eterno, un ejército infinito, armas antiguas, huesos resecos, armaduras de oro y plata que brillaban y danzaban con la luz de las antorchas … en el trono una risa se escuchaba, una risa malsana y vieja como las propias rocas, pero el enemigo estaba no muy lejos, los metros se volverían centímetros pronto y con ello … una muerte dolorosa … una bomba en su mano … pero de que serviría ante ellos … los recuerdos golpearon su memoria y viendo los muros lo comprendió … quizás una explosión terminaría por sepultarlos simplemente … y con ello morirían igualmente, pero el inventor debía de obtener alguna solución, mientras el grupo corría el inventor cargaba su arma, cargaba en sus hombros su mochila, lleno de artilugios, de explosivos y esperanzas .

Un largo pasillo, lleno de jeroglíficos, imágenes de muerte y tesoros, dioses labrados en roca viva por manos mortales, pero entre todo ello, tres opciones, cada una más curiosa que la anterior … tres pasillos, tres opciones, quizás con trampas o quizás con una muerte segura, mas las ratas traían mas preguntas, el inventor acicalo un instante su bigote, sonriendo ampliamente, aun con la situación … ¿acaso había perdido la compostura ya ¿ … o quizás su mente había visto mas allá de lo que se podía ver.

-Curioso… que en una pirámide enterrada por las arenas puedan vivir ratas… ¿de qué se alimentaran, que beberán? … *mirando las tres opciones que tenia para escoger*… el olor a cadáver es aun más curioso… ¿de que será? En este lugar quizás somos los primeros que lo pisan después de cien años y aun así el aroma a cadáver es fuerte… aquí no hay solución aparente… cada pasadizo puede ser una trampa, no hay señales de que haya más de lo que se puede ver… pero si dependiera de mi… escogería aquel pasillo *indicando el derecho* mas quedara a decisión del líder de esta… expedición creo yo-



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Dom Feb 19, 2012 10:06 pm

La lanza iba dirigida a la cabeza del desagradable no muerto que se erguía ante el pero el Ushubati al parecer tardaba mucho más en reaccionar de lo que esperaba… ¿No sería mejor…? en una fracción de segundo Bargho dirigió su lanza justo al centro del esternón de su rival. El choque del metal con la placa de hueso reseca produjo un chasquido polvoriento que precedió a un espectacular desparramamiento de los tristes huesos del no-muerto sobre las losas de piedra; mas que complacido, Bargho se sintió un poco avergonzado por haber sido dejado tuerto por una criatura que podía derrotar de un solo golpe, pero de nada servía lamentarse ya.

Dio una vista en derredor, solo para ver como aquel humano se amputaba el brazo a el mismo ¿Acaso era broma? ¿Tal era la incompetencia de aquellos insensatos que no solo morían como moscas si no que ellos mismos se masacraban sin necesidad de ayuda? La ambición por el oro de los humanos es increíble, haciéndolos arrojarse estúpidamente a carnicerías para las que no están preparados.

Por otra parte, el guerrero de armas similares a la suya había hecho un buen trabajo despachándose a sus esqueletos, al igual que el de las bombas ¿Es que acaso a ese sujeto nunca se le acababan?

Bargho hizo un asentimiento de cabeza al encontrar su mirada con la del joven Khaelos, era una cosa realmente útil contar con la deuda de gratitud de un noble, suelen ser bastante estrictos con el honor y eso es cierta garantía… al menos en gran parte de los casos.

Los últimos no-muertos fueron barridos, el fragor de las armas dejó de escucharse por un momento… pero no fue demasiado.

De entre las sombras de la sala nuevos enemigos surgían y caminaban directamente contra los aventureros, rodeándolos, cercándolos, amenazando su existencia como una tenaza que se va cerrando lentamente sobre el cuello de una víctima que solo puede patalear y pugnar por liberarse. Había caído un miembro más de la expedición… morían como moscas, dejando la desmoralización y la debilidad detrás de ellos. El liche estaba cada vez más próximo a cumplir su amenaza.

Brandalf habló y todos lo escucharon, “Un gran mal aproximándose… ya lo creo” se dijo Bargho a sus adentros, su percepción de las perturbaciones espirituales también era clara y en esta situación más que nunca sentía sobre sus hombros la sombra de una gran maldad. El grito de Khaelos lo saco de su ensimismamiento y aceleró el paso cubriendo la retaguardia del cada vez más pequeño grupo. Al poco tiempo se toparon con un obstáculo insalvable y tres pórticos; un pestilente aroma a cadáver golpeó las narices del Uro como un puñetazo y el fácilmente reconocible olor dulzón de la muerte inundó sus fosas nasales, la procedencia de aquel hedor era clara y provenía de la puerta de la izquierda, al centro podía observarse un gran pórtico del cual emanaba una presencia maligna muy similar a la que los seguía y a la derecha algo como una cavidad oscura y fría permanecía abierta… como las fauces de un pez abisal listas para cerrarse sobre una presa.

Bargho no estaba seguro de que camino tomar, el del centro era claramente descartable, pero el de la derecha con su silencio le perturbaba claramente. Miró al humano que señaló ingenuamente hacia el primer camino que le pareció con el dedo, bien pudo haber cantado “detín marín de do pingüe” antes, habría sido lo mismo.

Un chillido le saco de sus meditaciones y al dirigir la vista al suelo vio que estaba plagado de roedores “Si quieres salvarte de un naufragio debes seguir a las ratas” había oído decir hace años a un viejo mahre que se retiró a los montes Drakenfang para morir amando al mar a la distancia, “las condenadas siempre saben que camino tomar para salvar el pellejo”.

Bargho se llevó la mano al cuello y extrajo de entre su jubón de cuero una pequeña ocarina que encontrara años atrás y que siempre llevaba encima… la ocarina del manso. La llevó a sus labios y tocó rápidamente las notas específicas que el hada que le obsequió aquel instrumento le había enseñado, dichas notas le darían el control sobre cualquier animal no mágico.

Una rata se detuvo intempestivamente en su correteo y miró fijamente al minotauro, este se inclinó un poco y mirando directamente a sus ojos le dio una orden específica:

-Llévanos a un lugar seguro-

Inmediatamente después se puso a perseguir a la rata que reinició su carrera rauda sin quitarle el ojo de encima ¿Qué mejor guía para este viaje que un nativo? Era cierto que lo que era un lugar seguro para una rata no necesariamente podría serlo para un minotauro, pero una cosa si es segura: la entrada que no fuera segura ni siquiera para una rata lo sería menos para él y quedarse donde estaban era el mayor y mas cierto de todos los riesgos.

-¡Krymper!- Resonó la voz del minotauro e inmediatamente después su lanza se encogió, enganchándola en su espalda y guardando la ocarina entre su jubón, al tiempo que blandía su hacha de doble filo mientras caminaba, en espacios tan reducidos como aquel túnel las armas largas son un estorbo.

Seguía, confiando en que el resto de los integrantes del grupo estuvieran de acuerdo con él viendo lo que hizo, no había tiempo para explicar o discutir y menos para iniciar un debate.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Feb 26, 2012 9:33 pm

Solté un suspiro mientras seguía mirando las tres puertas. Demonios, ¿es que nunca puedo meterme en una situación medianamente normal? La gran arcada cubierta de jeroglíficos quedaba, desde luego, descartada. No hacía falta ser un mago poderoso para darse cuenta de que aquello era una trampa. Brandalf y Drayara parecían pensativos, debatiéndose entre los dos túneles, mientras que Rorky cubría la retaguardia. Me fijé en Ivo y en Bargho, los cuales también reflexionaban.

El primero en actuar fue el prodigioso inventor, el cual tras una serie de reflexiones señaló el túnel derecho. Yo recelaba de él, pues fuera lo que fuera lo que había, era demasiado oscuro y silencioso... Podía ser la trampa perfecta. Si en el de la izquierda había olor a descomposición, significaba que al menos algo había vivido ahí, o se supone que lo había hecho. Sin embargo el humano que llevaba lanza y escudo no se paró a pensar antes de hacer caso a Ivo. Alcé una ceja y vi como se adentraba con su broncínea armadura en aquél túnel silencioso y oscuro.

Clonc. Se escuchó el ruido de algo abriéndose y el hombre soltó el grito que yo suponía que soltaría cualquier humano al caer por una superficie, pues rápidamente iba disminuyendo su intensidad y aumentando el eco, hasta que se escuchó un amortiguado sonido de cuchillas. Otro menos. Suspiré con hastío, e iba a soltar algún improperio hasta que el minotauro hizo algo que me sorprendió. Tras tocar unas notas con una ocarina, le dio una orden a una rata para instantáneamente ponerse a seguirla… ¡Claro! ¡Las ratas siempre saben encontrar el camino seguro!

Resultó ser el camino izquierdo, en el cual Bargho se adentró. Decidí seguirle, y detrás de mí iban el enano, el mago y la hörige, aunque no me fijé si el inventor también venía. La caminata no duró mucho, sólo cinco minutos por un pasadizo estrecho. De mientras, el olor a muerto se iba intensificando, hasta que finalmente llegamos a la siguiente sala. Ahí quedó explicado el olor a muerto.

La sala parecía una especie de depósito, y reunidos en cuatro montañas había gran cantidad de cadáveres, un grupo en cada esquina. A simple vista no tenían nada de especial, pero una vez uno se fijaba mejor, podían reconocerse rostros entre los cuerpos… ¿Habían reunido los cuerpos de los mercenarios que habían muerto en la puerta de la necrópolis? Y no sólo ellos… También había cadáveres de guardias del califa. Eran fácilmente reconocibles por sus atuendos. Sin embargo... ¿Cómo es que se habían empezado a descomponer tan rápidamente? Ciertamente el sol pudre a los cadáveres, pero… ¿Tanto? ¿Acaso llevábamos más de lo que creíamos? No pude evitar hacer reflexiones en voz alta:

-Así que de esta forma la necrópolis aumenta su ejército… Cada vez que se abre, los incautos que deciden aventurarse en ella acaban convertidos en los guardianes de la misma… Pero esta descomposición… No me cuadra…-

Fue entonces que una voz de ultratumba se escuchó del medio de la sala. Ahí pudimos observar un pequeño altar, detrás del cual había un ser decrépito con vaga forma humana, el cual empuñaba una especie de daga ritual. ¡Otra vez el sacerdote funerario de los sueños! El ser empezó a hablar con voz burlona, taladrándonos con la mirada:

-Vaya vaya… Así que habéis sido capaces de encontrar el camino correcto… Siempre supe que no debería haber dejado que esas ratas vivieran aquí y se alimentaran de la carroña de los incautos… Animalillos traicioneros… Perdonadme, la inmortalidad acaba haciendo que uno divague más de la cuenta... Y más si no está acostumbrado a visitas tan ruidosas… Vuestras almas no pueden pasar de aquí, no puedo permitirlo. El castigo de Setra sería terrible, y no estoy dispuesto a que por vuestra insolencia a la hora de no dejaros matar sea yo quien lo pague… ¡Preparaos para morir!-

Se escuchó el sonido de algo de piedra levantarse repentinamente, y al mirar a cada uno de los montes podía verse una especie de pedestal que sobresalía apenas a un metro de la parte más alta del monte. Encima de cada pedestal había una pirámide negra que refulgía con luz sepulcral. Algo malo iba a pasar. El liche alzó entonces la mano con la daga, y de ahí surgieron cuatro estelas negras que se dirigieron hacia cada pirámide negra. Durante unos instantes, no pasó nada. Y entonces, se hizo la magia.

Las cuatro pequeñas pirámides refulgieron con una luz espectral, y en cada monte se levantaron tres cadáveres de la base, los cuales aún podían considerarse zombis por su aspecto medio corrupto. Sin embargo, aquello no acabó ahí, pues el liche lanzó un grito gutural, y pocos instantes después de aquél grito se escuchó un golpe que hizo caer polvo del techo. Las cosas se complicaban. Miré al grupo y les dije, nervioso:

-¡Debemos destruir los cuatro pedestales! ¡Bastará con darle un golpe a cada pirámide! ¡Ahora mismo están aún cargándose, así que debemos destruirlas antes de que estén totalmente activadas, o de lo contrario podrá levantar a los cadáveres de toda la sala!-

Brandalf, a su vez, habló y arrojó algo de luz acerca del tema del grito gutural del liche:

-El grito del sacerdote tenebroso era una llamada a algo muy poderoso… Puedo sentir una presencia que se acerca… ¡Debemos darnos prisa antes de que llegue!-
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Dom Mar 04, 2012 11:53 pm

Y como si fueran piezas de ajedrez
Una tras otra cayo sin poderlo evitar
Dejando solo una hilera de piezas inertes
Sin vida ni tampoco futuro
Más una se levanto, dejando de lado a sus iguales
Para estar sola y seguir sin contemplación.

Christian Chacana 04 de marzo de 2012

Quizás las cavilaciones de algunos dejan más dudas que resolver, entre ellas aquellas que el mismo inventor había hecho, su decisión no había sido la más acertada, pero que importaba ello, “prueba y error” como había dicho hace mucho, los grandes descubrimientos no se lograban con un solo movimiento, si no que había que lograr llegar hasta el centro del todo, el corazón de la propia idea, aunque en aquella oportunidad solo había raspado al superficie, el pobre guerrero, pobre por lo de ignorante y acelerado, antes de que pudiera decir algo más el inventor, el guerrero se adelanto, internándose en aquel oscuro pasadizo, no demoro mucho en activarse una trampa y con ello sin esfuerzo su fin, la caída, el grito que desaparecía y por fin el impacto de un cuerpo contra la roca, quizás el guerrero había terminado por aumentar el decorado de huesos y armaduras de aquella trampa, de cualquier manera la vida seguía, uno más para el saco como dirían.

Después de unas palabras de desaliento para el pobre infeliz la pequeña expedición debió de apresurarse, y aquello era debido a las hordas de no muertos que les perseguían, el trayecto por aquel inmundo pasillo no fue un paseo entre pastizales, aunque para el inventor hubiera significado lo mismo en realidad, cuando por fin salieron de aquel nauseabundo corredor pudieron saber la razón de esa fragancia tan peculiar y que con el tiempo es la cual todo ser desprende, frente a ellos seis altas pilas de cadáveres se amontonaban y pudrían lentamente, seis pilas hechas de los aventureros muertos en el desierto, junto con los guardias del califa, mas en el centro de la habitación, sobre un trono dorado y adornado con gemas preciosas, se encontraba aquel esqueleto que en sueños había advertido su llegada y que con sus advertencias los condenaban, las respuestas de el aroma fácilmente comprendieron, aquel continuo ciclo de la necrópolis era para atraer a incautos, los cuales eran asesinados por los guerreros esqueléticos y convertidos con el tiempo en alimento y más soldados, las palabras del esqueleto se confundieron con el eco, mas el inventor volvió a tomar su pose tranquila, suspirando y negando suavemente.

-Es conocido el dicho “Cría cuervos y te sacaran los ojos”, aunque lamentamos decirle que en este lugar no pereceremos… tenemos suficientes razones como para mantenernos con vida e intuyo que cada uno tiene un destino muy diferente al de engrosar sus filas de soldados, además… creo que Setra deberá de tomarse un descanso… un descanso del cual no despertara nuevamente-

Cada uno tomo posiciones, mientras que el esqueleto comenzaba a gritar y algo pesado comenzaba a moverse sobre sus cabezas, como si estuviera en el nivel superior, aunque en aquellos momentos no tenía mucho sentido preocuparse por ello, de las pilas los cadáveres comenzaron a levantarse y con ello los problemas, uno tras otro se levanto, cosa realmente preocupante, ya que podrían perder pronto la ventaja numérica… aunque esa ya se había perdido, debían de mantener la táctica, rápidamente el inventor miro las pirámides que había nombrado el joven conde, mientras el inventor llevaba su mano hacia su bolso, ahí en su interior, cinco bombas estaban listas para ser utilizadas, el inventor miro al enano y rápidamente al conde.

-Me encargare de las pirámides, espero que la maldita ciudad no se nos venga encima *mientras dejaba en el piso su bolso y sacaba de su interior tres bombas dejándolas en su cinto* puedo intentar destruir dos… pero necesitare que me cubran la espalda mientras disparo-

El enano fue el primero en reaccionar mientras el inventor sin asco comenzaba a subir aquel montículo de cadáveres, claro que era difícil ya que la sangre coagulada hacia que sus manos se deslizaran al igual que sus pies, de cualquier manera lentamente el inventor comenzó a subir, con su ballesta en su espalda, listo para utilizarla, claro que mientras lo hacía estaría indefenso, el enano miro hacia uno de los cadáveres que parecía seguir al inventor entre los demás, rápidamente cargo su ballesta y apunto hacia la cabeza, disparando, no se fijo si había dado en el blanco, ya que sintió que algo se le venía encima, el aliento a cadáver casi nubla su vista cuando frente a él los dientes de un zombie se abrían y cerraban con fuerza de músculos muertos, su robusto cuerpo era únicamente musculo, por lo que el enano era un tonel de carne con semejanza a un caballero blindado, sin mucho esfuerzo aparto al muerto hacia un lado y saco el hacha de su espalda, de reojo pudo ver un segundo cadáver que se aproximaba, por lo que en vez de dejar caer simplemente el hacha hacia el muerto ene l piso, el cual se comenzaba a levantar, hizo un corte transversal ascendente, si tenía éxito le daría a ambos cadáveres, si no … por lo menos a uno de ellos en la cabeza.

Por su parte el inventor había logrado llegar a la punta de la pila, y sin prestar atención a lo que sucedía abajo, saco una de sus bombas y colocándola en posición, apunto hacia una de las pirámides cercanas, simplemente en su mente pensó “Que se a lo que las maquinas deseen” apretando el gatillo y sin demorar dejando una bombas mas bajo la pirámide, después de ello simplemente bajo lo más rápido posible, en pocos segundos habrían dos detonaciones y con ello, si sus cálculos estaban en lo correcto, habría terminado con dos pirámides, faltando cuatro más.



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