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La Necrópolis Sepultada

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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Lun Mar 05, 2012 10:24 pm

Apenas Bargho dio unos pasos hacia la abertura pestilente el eco de un grito resonó a sus espaldas, seguido por el inconfundible chasquido de los huesos precipitándose en la dura roca del ciego de una trampa mortal. El minotauro solamente meneo la cabeza, a veces una sola cosa dicha con imprudencia puede desencadenar en sucesos trágicos… es mejor cerrar la boca cuando no se está seguro de las propias palabras.

Pero nuevamente no había tiempo para cavilaciones trágicas, los guardianes no-muertos reptaban por los pasillos, arrastrando sus cadavéricos y polvorientos cuerpos, rumiando venganza, cuerpos sin alma o almas en pena… No lo sabía y no importaba, lo único cierto era el destino terrible que les esperaba si eran atrapados.

El hedor que inundaba el pasillo por el que se escurrían apresurados era cada vez más y más penetrante, realmente una ofensa para los sentidos, pero pronto la causa de aquel se revelaría y uno más de los misterios de aquella catacumba quedarían al descubierto ¿Cuál sería el precio final que tendrían que pagar por aquella profanación?

Pronto una nueva cámara apareció ante ellos, pero aquello más que nada parecía un deleznable osario, una fosa común profana que servía como depósito de “recambios” para el ejército de no muertos que custodiaba aquellas catacumbas, carne fresca para el molino. El rostro de Bargho se contrajo en un rictus feroz… aquella indignidad con la que fueron tratados los cuerpos, convertidos en carne corrupta por la magia infame de aquel hechicero, no podía ser perdonada. Ya nada se podía hacer por ellos ni por sus restos, habían sido entregados a la condenación.

El liche inició su aburrido monólogo desde el altar, sus divagaciones y jactancias estúpidas no provocaron esta vez mayor reacción en Bargho que alimentar el rencor sordo y enconado que tenía contra el, quería verlo definitivamente muerto, acabado o encerrado en algún lugar donde jamás podría volver a disfrutar del retorcido placer de su crueldad.

Una especie de ritual se desencadenó, y potente magia oscura llenó el lugar, de la energía canalizada a las cuatro pirámides poco sabía en realidad, pero atendiendo a la interpretación del noble al parecer era esta la que reanimaba aquellos cadáveres convirtiéndolos en nefastos seguidores del liche.

Acabar con las pirámides era la consigna, pero no podían estar en un lugar más incómodo, las pilas de cadáveres no eran demasiado altas, pero a Bargho no le convencía demasiado la idea de encaramarse o acercarse demasiado a una pila de cuerpos que en cualquier instante podían empezar a moverse. Los cadáveres animados empezaban a avanzar contra ellos y Bargho vio como Ivo peleaba junto al enano por alcanzar la cima de aquellos montículos y plantaba en el una bomba mientras arrojaba a otro la otra.

Bargho observó entonces atentamente a las pirámides, al parecer no estaban demasiado bien sujetas a sus bases… tal vez si eran removidas dejarían de funcionar correctamente, o al menos sería mucho más fácil destruirlas en el suelo que encima de una pila de cadáveres reanimándose.

-¡Brandalf! ¡Por favor cúbrame!- Gritó el minotauro mientras se volvía a poner el hacha en el cinto y cogía por los tobillos a uno de los cadáveres de la pila mas cercana.

El poderoso mago se dirigió a seis de los no muertos más cercanos y luego de un conjuro casi inaudible, el chasquido violento de los rayos surgió de sus manos en una oleada violenta de energía dirigida hacia ellos. Era un conjuro pensado más para causar daño de área que la destrucción inmediata de los enemigos, lo más importante ahora era aturdirlos, ya se podría re-matarlos más tarde.

Aprovechando la distracción creada por el mago aunque sin tiempo para constatar su impacto, Bargho empezó a hacer girar violentamente al cadáver que tenía sujeto por el tobillo.

-Perdóname camarada, pero más honra será a tu carne servirnos a nosotros que a estos perros inmundos- Le dijo al muerto a descargo de su conciencia.

Inmediatamente después de decir esto el cuerpo salió disparado como un proyectil contra la pirámide más cercana, si la operación tenía éxito aquel artilugio maldito saldría de su pedestal y quedaría en una posición más frágil.

Inmediatamente después y sin ver los resultados Bargho repitió la operación con otro de los cadáveres contra la siguiente pirámide que no fue atacada por Ivo.

Aquel ataque conjunto contra el nervio mismo de la ofensiva enemiga, si salía bien, podría poner en serios problemas la estrategia del maldito liche.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Mar 10, 2012 1:20 am

Todos empezamos a ponernos en posición de combate, las armas ya desenvainadas y ganas de acabar con aquél abominable ser y salir de una maldita vez de la piràmide. Parecía que nos dividiéramos en tres grupos, pues mientras Drayara se quedaba a mi lado, nuestros escudos cercanos, Ivo se juntó con Rorky y Bargho fue con Brandalf. El inventor me dijo que le cubriéramos las espaldas y le respondí:

-Tenemos que hacer esto muy rápido, así que lo mejor será que Rorky te cubra mientras Drayara y yo vamos a por otro monte.-

Brandalf descargó un ataque eléctrico devastador contra los esqueletos de dos de los montículos, abriéndole paso al minotauro de forma eficaz para que él pudiera proseguir su idea. Realmente demostró ser ingenioso, ya que empezó a catapultar muertos contra dos de las piràmides. En ese mismo momento, una nueva oleada de no-muertos se levantaba, surgiendo de entre las montañas de cadáveres grupos de esta vez seis zombis en cada una. Sin embargo, el lanzamiento de Bargho fue exitoso, y en el momento en el que el pesado cuerpo impactó de forma brutal contra la pirámide y la rompió, los seis no-muertos que empezaban a levantarse de aquella cayeron instantáneamente, escuchándose seguidamente un grito de... ¿Dolor?, proveniente del liche… ¡Sí, eso surtía efecto!

Pude observar en ese momento que un zombi se abalanzó sobre el minotauro, mordiéndole en el costado. Rápidamente me acerqué, dándole un rápido tajo al no-muerto que lo derribó al instante. Desde aquella distancia, pude comprobar que, afortunadamente, la herida que le había infligido al uro era superficial. Le escocería tal vez, sangraría un poco, pero no le entorpecería ni le mataría. Miré a Bargho y le dije:

-Creo que estamos en paz, camarada.-

Fue entonces que pudo hacer el segundo lanzamiento, pues al haber desaparecido la amenaza más cercana contra el minotauro, ya no debía centrarse en los muertos de la pirámide que él estaba usando como munición. Ese lanzamiento no fue tan exitoso, pues sólo logró tirar del pedestal la pirámide, aunque aquello, lejos de ser inconveniente, era bastante de agradecer, pues así quien se acercara lo suficiente podría romper la pirámide sin tener que usar armas largas. Miré a Drayara, y con un asentimiento de cabeza fuimos rápidamente a por aquella pirámide, mientras Brandalf se reagrupaba con el minotauro. En ese momento, un penetrante grito de dolor nos alertó a la hörige y a mí de que Ivo había sido atacado. Miré a la paladina y le dije, con voz apremiante:

-¡Tú encárgate de esa pirámide, yo trataré de salvar a Ivo!-

-¡De acuerdo!-

Mientras iba cubriendo los metros que me separaban de la pirámide donde se hallaba el inventor, el cual por lo que había visto antes de que fuera atacado había colocado una bomba en aquél pedestal, podía observar como en cada mano el inventor tenía aferrados fuertemente a un par de zombis. El enano de mientras se veía rodeado de no-muertos, pero su constitución y su habilidad con el hacha le estaba abriendo paso entre los cadáveres y los estaba entreteniendo, excepto a los dos que estaban atacando a Ivo, los cuales se habían levantado a su lado sorpresivamente.

Con la espada desenvainada, traté de acercarme, pero un grupo de cuatro zombis, dos terceras partes de los que se acababan de levantar en esa pirámide, me barraron el paso, mientras los provenientes de la otra pirámide que aún estaba intacta se acercaban a paso rápido, aunque gracias a una bomba que Ivo había intentado tirar contra la otra pirámide y que había fallado fueron diezmados, quedando cinco de nueve zombis que se habían levantado en aquél lugar. Mientras cruzaba aceros contra los zombis que me bloqueaban el paso, pude escuchar detrás de mí una buena dosis de magia, seguida de otro grito de dolor del liche. Al parecer, Drayara había logrado su objetivo.

Quedaban dos pirámides por destruir, y en una de ellas Ivo había colocado una bomba, sin embargo, aquél acercamiento tan despreocupado le había costado las manos, pues fue fácilmente apreciable como ambos zombis, tras dar un fuerte tirón, le arrancaron de cuajo ambas manos al inventor. Irónica es la vida que le arrebata a todos lo que más falta les hace. Ahora el ancho hombre debía tratar de huir de aquél lugar antes de que la bomba que había puesto estallara o de que le rodearan de nuevo los zombis, pues de lo contrario podría perder mucho más que sus manos. Drayara corrió a ayudarme, mientras Rorky trataba de abrirse un poco de paso tras hacer frente a la nueva oleada de zombis. El combate, a pesar de lo desesperado que estaba resultando, parecía que se decantaba a nuestro favor. Sin embargo, una presencia maligna parecía acercarse cada vez más, y a juzgar por la sensación que provocaba, podía afirmar sin temor a equivocarme que se tardaba del escorpión de la puerta. Debíamos ganar cuanto antes.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Vie Mar 16, 2012 9:59 pm

Perder algo puede ser el inicio de algo mas…
Pero nada en el mundo puede compararse con perder aquello
¿Qué es el artista sin sus manos?
¿Qué es el bardo sin su voz?
¿Qué es el bailarín sin sus piernas?
Una cosa es perder… la otra que te arrebaten todo.

Christian Chacana 16 de marzo de 2012


Desde un inicio aquello había sido una mala idea, entrar a una pirámide infestada de muertos vivientes, con trampas mortales, sellada con conjuros inmemoriales, únicamente por la promesa de fortuna y riqueza, la codicia a veces superaba a la propia razón y lógica, ahora lo comprendía el inventor, embarcarse en aquella misión seria quizás, lo peor de su vida, perdería mucho más de lo que alguna vez hubiera imaginado perder, podría ver como sus sueños se desmoronaban ante sus ojos, como sus anhelos se hacían trizas y polvo, había sito tan solo un instante, en que todo se había perdido … años de su vida trabajando, años de su vida tratando de cumplir la meta propuesta a su existencia … pero … todo ahora se desvanecía como si fuera un mal sueño … como si todo aquello solo fuera una ilusión y despertara en su laboratorio, con sus maquinas, con aquel aroma a metal y carbón … pero aquello era la ilusión … y la pérdida era la realidad.

El plan del inventor era muy sencillo, lanzar una bomba hasta una de las pirámides y dejar otra bajo la más cercana, claro que era un plan de lo más curioso y fácil de entender, el enano estaba haciendo bien su trabajo e incluso el mino tauro estaba ayudando, cosa interesante para la mente del inventor, lamentablemente las cosas no siempre tan fáciles, y aun en el simple hecho de llenar un vaso con agua puede haber desafíos, el hecho de esto fue después de colocar las bombas, ya que mientras acomodaba esta última, de entre la pila de cadáveres surgieron dos zombis, anteriormente grandes guerreros, ahora tan solo simples muertos hambrientos, sin poderlo evitar estos abrieron la boca y como si se tratara de un delicioso manjar, incrustaron sus dientes en las muñecas un alarido de dolor salió de los labios del rechoncho mostachón, mientras los dientes se movían intentando arrancar carne suculenta de su cuerpo, con fuerza el inventor intento tirar para liberarse, pateando una de las cabezas para obtener su liberación, pero de pronto aquel dolor se hizo aun más agudo y este comenzó a subir por sus brazos hasta que aquello sucedió … su cuerpo salió disparado, resbalo con allá sangre negra de uno de los cuerpos y rodo por el montículo hasta llegar a la tierra, el dolor era demasiado agudo, mientras el inventor intentaba abrir sus ojos, lentamente la visión estaba nublosa, pero cuando pudo distinguir la roja sangre de sus muñecas abrió sus ojos de golpe, sus manos …

Lentamente en su mente hubo recuerdos, el laboratorio de su abuelo, mientras trabajaban en un pequeño experimentos, el pequeño Ivo descuidadamente utilizaba las herramientas, mientras intentaba apretar una tuerca con fuerza, en aquel momento la herramienta se había deslizado y él había terminado en el piso, sin darse cuenta una pequeña pieza de metal se había incrustado en su mano, produciéndole una herida algo profunda, su abuelo rápidamente lo tomo y le quito la pieza de su piel, limpiando la herida y comenzándola a vendar para que dejara de sangrar.

"-Ivo recuerda… las manos de los inventores son su más grande posesión, son las herramientas que utilizamos para poder crear, poder inventar, sin ellas no seriamos nada… sin nuestras manos no podríamos crear las maravillas u horrores que verán este mundo… siempre debes de cuidarlas, siempre debes de protegerlas, ya que sin ellas todo lo que podrías hacer en un futuro lo perderías *terminando de vendar su mano* ahora terminemos de trabajar, ya se está haciendo de noche y debemos de descansar-"

El inventor miro sus muñecas y aquellas dos manos que ahora faltaban en esta, no había un grito, no había lagrimas, solamente el silencio, podía escuchar como los demás luchaban, pero para el todo había terminado, había perdido sus herramientas, había perdido todo… sin ellas le sería imposible terminar su misión… su razón de vivir… ¿acaso no había firmado su sentencia? , la sangre brotaba de las heridas con fuerza, era verdad… moriría… moriría en ese asqueroso agujero,… sus sueños se despedazaban como cristales rotos, sus esperanzas se las llevaba el viento como simple polvo… pero ¿Por qué? … sus manos eran importantes, pero aun tenía su inteligencia… si sobrevivía a esto… si sobrevivía a ese infernal lugar, cobraría venganza, no solamente con el responsable de ello… si no contra todos aquellos mugrosos muertos.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Bargho el Sáb Mar 17, 2012 5:08 pm

El lanzamiento había sido completamente exitoso, aquellos cadáveres eran realmente útiles como proyectiles, Bargho estaba a punto de repetir el procedimiento con el siguiente montículo cuando la explosión de la bomba del inventor lo distrajo por un instante y un agudo dolor laceró su costado mientras uno de los no-muertos le clavaba los dientes, antes de que pudiera reaccionar un rápido ataque del joven humano lo liberó de los dientes de aquel maldito.

-Creo que estamos en paz, camarada.-

-Ya lo creó- Contestó el Uro con un resoplido- Esas malditas cosas muerden fuerte, ojalá no se infecte.

El brazo volvió a tensarse y nuevamente otro cadáver salió volando pero esta vez la pirámide solo cayó rodando por entre los cuerpos hasta el suelo.

-Tsk, si que son voluminosos estos cadáveres… pero no lo suficientemente duros- Se dijo el minotauro mientras acariciaba el filo de una de las franciscas de su cesta, el joven y la paladina se dirigieron entonces hacia la pirámide caída cuando el desagradable sonido de la carne siendo desgarrada, el crujir de los huesos y el grito del infortunado fue percibido por los oídos del minotauro… un vistazo fugaz le mostró la desgracia de aquel hombre rechoncho mientras los no-muertos se hacían de sus manos. “Que frágiles son los cuerpos de los hombres” pensó, el shock de la pérdida aparentemente había sido terrible pues aquel hombre no se movía, solamente permaneció tieso sobre los cadáveres.

-¡Eh tu Ivo! ¡Muévete de ahí!- Alcanzó a gritar el minotauro mientras sacaba una de sus franciscas… dudó un instante ¿Dirigía esta hacia los dos zombies que atacaban al inventor sin manos o hacia la pirámide restante? Eran dos los no muertos que lo habían atacado y el disparo con suerte solo acabaría con uno de ellos, se estaba desangrando, no atinaba a moverse y… ¿Qué es un inventor sin sus manos? Por otra parte los cinco muertos que aún quedaban de la pirámide en la que falló su bomba podían en cualquier momento dirigirse hacia el y esta estaba fuera del alcance de Drayara o de cualquiera de los otros, salvar al resto era prioritario.

-¡Brandalf cúbreme de esas piltrafas!- Dijo el minotauro señalando a los cinco no muertos mientras sostenía firmemente por la empuñadura su francisca- Me encargaré de una vez por todas de esa pirámide.

Los músculos del brazo del minotauro se tensaron como los cables de acero de una arbalesta gigante y su único ojo estaba fijo sobre el blanco, con la fuerza que le estaba imprimiendo al hacha y la velocidad que esta tendría la trayectoria sería casi completamente recta, de manera que no era necesario saber la distancia exacta ni calcular el arco de la caída. El disparó del hacha de acero se desencadenó y esta salió volando a increíble velocidad contra la pirámide.

Era la mejor elección por el momento, ahora debía ver como ayudaba al resto a sacar a aquel humano del embrollo en el que se había metido.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Abr 03, 2012 3:31 am

Pude observar el gran cuerpo del inventor caer rodando por la pirámide, mientras el enano se abría paso entre los no-muertos que trataban de atacarlos. Una fuerte explosión sacudió la sala a la vez que la tercera pirámide estallaba gracias al ingenio del inventor, haciendo que los no-muertos que nos atacaban a la paladina y a mí se derrumbaran instantáneamente, a la vez que el liche gritaba por tercera vez. Me giré un instante para observar al liche, ya arrodillado, el cual se retorcía de dolor, mientras murmuraba una y otra vez:

-Esto no es posible, esto no es posible, esto no es posible...-

Gruñí ligeramente en señal de burla, mientras me dirigía de nuevo a por los no-muertos que estaban trabados en combate con Rorky. Miré entonces al minotauro y al mago. El primero lanzó con una enorme fuerza un hacha, mientras el segundo, uniéndose a la refriega del enano, ayudó al hijo de la roca a acabar con el grupo de no-muertos. De mientras, Drayara y yo nos acercamos al inventor, ambos preocupados. Miré al inventor y le dije, agachándome para comprobar su estado:

-No te pregunto si estás bien porque es evidente que no... Dioses... Drayara, ¿puedes hacer algo por él?-

La paladina se mordió el labio, preocupada y agachándose a mi lado. Nos miró a Ivo y a mí y entonces respondió:

-Puedo curar los muñones y rezar porque encontremos algo que pueda suplir su falta de manos... Más no puedo hacer.-

Solté un gruñido mientras miraba alrededor. Más no-muertos se estaban a punto de levantar de la pirámide que quedaba, pero la francisca que había lanzado Bargho chocó contra el objeto negro, reventándolo en pedazos. Los zombis que quedaban de pie empezaron a caer, muertos al fin todos. El liche, por su parte, estaba ya agonizando, recostado contra el altar y mirándonos con odio. Drayara, por su parte, invocó su hechizo de curación, el cual empezó a desprender haces de luz que se dirigieron hacia todos los miembros del grupo. Instantáneamente nos empezamos a sentir más reconfortados. Los muñones de Ivo cicatrizaron, evitando así que se desangrara, y hasta pudo ver como ya no sentía el mareo que se siente tras una pérdida excesiva de sangre. Desde luego, ese poder era envidiable. Bargho, por su parte, pudo comprobar como el mordisco en su brazo desaparecía, dejando sólo los rastros de sangre que había soltado la herida, no muy grandes para su fortuna.

Una tos seca resonaba por la sala, proveniente, cómo no, del líder de los no-muertos de aquél lugar. Con voz agonizante y cascada empezó a hablarnos, escupiendo con rabia las palabras:

-Estúpidos mortales... Ahora sí que os habéis ganado la ira de mi maestro, Setra... ¡Vais a morir todos aquí dentro! ¡Lo juro!-

Reí ligeramente y le miré, acercándome lentamente con la espada, acompañado de Brandalf, mientras Drayara ayudaba a Ivo a levantarse y Rorky se situaba junto a Bargho, sonriéndole al uro en reconocimiento al buen combate que habían dado:

-¿Sabes que jurar en vano es malo? Nosotros aquí no sé si vamos a morir... Pero está claro que tú sí vas a hacerlo, estúpida alimaña...-

No dio tiempo a decir nada más. En ese instante, parte del techo se derrumbó, aplastando al liche. Brandalf y yo dimos unos pasos atrás, reuniéndonos con el resto del grupo, aunque una de las piedras que caían al suelo se hizo pedazos. Un fragmento considerable golpeó en el brazo a Bargho, aunque gracias a su resistencia no se le rompió el hueso. De todos modos, estaba claro que eso tenía que doler. Por su parte, a mí me impactó uno de los fragmentos, aún algo grandes, en la cabeza. Caí al suelo, aturdido y con las orejas pitándome. De no haber sido por el casco de mithril, en ese momento habría muerto sin siquiera darme cuenta. Yo era el que más adelantado estaba, y en ese momento pude ver como frente a mí, caía desde el techo el gran escorpión. Era el fin para mí... O eso creí.

El gran constructo de bronce alzó una de sus pinzas en dirección hacia mi, pero en ese momento Brandalf se interpuso entre él y yo. Un rayo cegador salió de la punta del bastón del mago, estrellándose contra uno de los sarcófagos que tenía el escorpión repartidos a lo largo de su cuerpo. El ataúd inmediatamente estalló, y la pinza del constructo no llegó a mí. Me levanté como pude, y temblando un poco enfundé la espada, mientras retrocedía unos pasos. El mago, por su parte, gritó con voz imperiosa:

-¡Corred insensatos! ¡Este mal es demasiado fuerte para nosotros! ¡Salvaros, yo me encargaré de que no os atrape! ¡Rápido!-

No pude hacer otra cosa que asentir. No era momento para que muriera más de un héroe, pero el hecho de que se sacrificara el más poderoso de todos nosotros no era algo que me agradara. Lentamente me di media vuelta y empecé a correr hacia la puerta que tenía la habitación, que tras la muerte del liche se había revelado ante nosotros. Rorky se acercó a Ivo, cargando la mochila del inventor y ayudándole a irse, mientras Drayara venía a socorrerme a mí, ayudando a que se me pasara un poco el aturdimiento al cogerme del brazo y arrastrarme con ella. Más piedras empezaron a caer del techo hasta que finalmente llegamos a la puerta. Lo último que escuchamos fue una fuerte tormenta eléctrica, y lo último que vimos fue la arcada de la puerta derrumbarse.

Delante de nosotros no había mucha distancia hasta la siguiente sala. Rorky tenía el rostro inexpresivo, aunque sus ojos mostraban que no estaba precisamente feliz. Drayara por su parte, elevó una plegaria y suspiró de pena. Yo, por mi parte, estaba demasiado aturdido como para poder mostrar o expresar alguna emoción. Trastabillando, empecé a avanzar. Había algo que me llamaba desde aquella sala, igual que a los demás miembros del grupo, pero no era algo... Maligno... Más bien parecía como si hubiéramos llegado a la única zona sagrada de la pirámide. Tras unos pasos, llegamos a una sala de tamaño mediano, llena de riquezas intocadas por el tiempo. Un rayo de luz bañaba el centro de la estancia a través de un agujero en el techo, y en aquél momento, el rayo incidía de forma perfectamente vertical sobre la efigie de una mujer. Me acerqué junto a la paladina, y entonces la estatua pareció moverse. Instintivamente desenvainamos nuestras armas, pero desde los labios de piedra de la estatua, surgió una voz:

-No tengáis miedo, mortales. Estáis en el único lugar que no ha sido mancillado por el mil veces maldito Setra, heraldo del dios Set. Mi nombre es Isis, esposa del dios Osiris... Os estaréis preguntando quiénes somos... Cómo salir de aquí... Quién es Setra... No tengo tiempo para explicároslo todo con claridad, pues sólo durante cierto rato el sol incide de esta forma sobre mí, concediéndome Ra su protección para poder manifestarme sin que Set se dé cuenta. Nosotros somos dioses pertenecientes a una antigua civilización humana. Nos veneraban y nos ofrecían tributos, y a cambio, nosotros les brindamos nuestra protección y nuestra bendición. Todos menos Set, el dios maligno. Él envidiaba los puestos de Ra y Osiris, y mediante mentiras, logró engañar al rey Setra, el rey de Khemri, lugar sobre el que nosotros gobernábamos. Sin que nos diéramos cuenta, entre Set y Setra nos tendieron una trampa. Osiris fue encarcelado, al igual que los demás dioses. Mi hijo, Horus, fue el único que se enfrentó a Set antes de que fuera tarde. Habría ganado, pero la diosa Sekhmet, aliada con Set, le sedujo y logró asesinarlo. Uno por uno, los dioses fuimos subyugados. Los que no le éramos útiles a Setra, acabamos encerrados en esta sala, y hasta hace poco, Anubis estaba bajo control del liche que acaba de morir. Por favor, mortales, os lo suplico. Aceptad los regalos que os ofreceremos y acabad con Setra. Matad al rey maldito, despertad a Osiris y desterrad a Set. Sois la única esperanza para que la antigua Necrópolis de Nehekara deje de estar maldita, y nosotros, los dioses del antiguo Khemri, podamos descansar en paz. ¡Es la única forma de que tanto vosotros como nosotros podamos escapar de aquí!-

Tras esas palabras, el rayo de sol dejó de incidir sobre la estatua de Isis y ésta enmudeció. Ni siquiera nos dio tiempo a preguntar. Miré a mis compañeros y me encogí de hombros, aunque al cabo de apenas unos instantes, empecé a sentir que algo de esa sala empezaba a llamarme. Tras mirar unos instantes, vi una estatua que llamó mi curiosidad. Estaba representada por un hombre con cabeza de chacal, y en su pecho pendía un colgante de extraña forma. Me acerqué y, cautelosamente, tomé el objeto. Repentinamente, la estatua empezó a hablarme, aunque por lo que supe, sólo yo pude escucharla:

-Mortal, éste es mi Ankh. El Ankh de Anubis. Te he escogido a ti para llevarlo, pues puedo notar en ti que posees cierta afinidad con la muerte, y te será muy útil para superar los peligros que os acechan más adelante. Además de potenciar tu magia, te permitirá mejorar tu control sobre los no-muertos. Demuéstrale a Set que con la muerte no se juega.-
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Mar Abr 03, 2012 8:18 am

¿Que darías por recuperar lo perdido?
¿Qué sacrificarías para volver en el tiempo?
¿Cuánto estarías dispuesto a sufrir por aquello que anhelas?
¿Lo darías todo? … ¿Darías tu vida y esencia? … ¿o quizás la de los demás?

Christian Chacana 02 de abril de 2012

EL inventor estaba en el piso, el dolor subía desde sus mutiladas muñecas hasta el hombro, llegando a su cerebro en milésimas de segundo, la sangre brotaba de sus venas cercenadas, mientras lentamente la visión era perdida y en breve caería la inconsciencia por la pérdida de aquel elixir carmesí que recorría sus venas, en su mente una y otra vez la voz de su abuelo resonaba como un eco extraño, como si intentara que aquellas palabras se le grabaran por el crimen que había cometido … crimen … crimen … lo único que había buscado era cumplir sus sueños, sus anhelos y para ello no había dado un paso atrás, no se había negado a arriesgar su vida por dejar al carne atrás y que el metal saliera triunfante sobre los demás … ¿acaso eso había sido su crimen? … no lo era, jamás lo aceptaría, el inventor vio los muñones, lugar donde antes deberían de estar sus manos, cubiertas por inmaculados guantes blancos, ahora simples muñones de carne sanguinolenta, por suerte, quizás la fortuna le deparaba muchas más cosas de la que podía vislumbrar en aquellos instantes.

La paladina comenzó un canto ya conocido por el inventor, un canto que pronto hizo que sus heridas dejaran de sangrar copiosamente y que su carne cerrara, mas no podía lograr que recuperara sus manos, un gran defecto de la magia, aun así, el dolor había disminuido en gran medida al igual que el pareo, pero debió de necesitar la ayuda de otros para poderse movilizar por la habitación, el antropomorfo, al parecer había hecho gala de su fuerza y brutalidad, destruyendo las pirámides restantes, ante los ojos del inventor , los cadáveres volvieron a quedar inmóviles, algo efímero, un recuerdo pasado de los guerreros que habían sido y que en aquellos momentos, tan solo eran polvo que se llevaría el viento, lentamente el inventor avanzo cerca del grupo, costaba movilizarse, especialmente porque su propio cuerpo no le respondía como él deseaba, el hombre agradecía la ayuda de la mujer, mientras escuchaba las palabras de aquel esquelético ser, un nigromante transmutado por su propia magia de seguro, pero antes de que el conde pudiera efectuar el corte con el cual terminaría todo, el techo cedió y como si fuera una montaña de piedra, cayó sobre el moribundo esqueleto, de seguro acabando con su existencia, pero en aquel lugar, poco se podía dar por sentado, lo que surgió desde el polvo y la oscuridad no era menos que una visión ya conocida, aquel escorpión de acero y bronce, con los sarcófago mortuorios en su lomo, antes de poder defenderse, el escorpión intento atacar al joven conde, pero para su fortuna, el anciano mago intervino en ello, alejando las mortíferas armas del “líder” si se le podría llamar así, después de un par de palabras y lago semejante a una despedida, el grupo avanzo lo más rápido que podía, claro que el inventor tenía dificultades, pero ello no fue impedimento para salvar su existencia, cuando el arco de la puerta caía sobre el camino.

El pasillo no era demasiado ancho, aun así el inventor parecía ensimismado en sus propios pensamientos, el enano un instante lo escucho y sus palabras quizás para muchos no parecían de importancia, pero en la amplia mente del doctor, cientos de modelos eran formados por sus ideas “ Cada mano posee 27 huesos, 23 articulaciones, 11 músculos, puede dar un agarre de fracciones de libra hasta un máximo de 44” y así siguió hablando, como si con ello pudiera crear algo, el grupo siguió avanzando por el pasillo hasta llegar a lo que aprecia una habitación pero a diferencia de las anteriores en las que habían estado, ese lugar daba la impresión de estar limpio de el aroma de los cadáveres, parecía ser el salón de los tesoros de aquella necrópolis, pilas de oro y objetos se apilaban en la mayoría de las esquinas, una estatua femenina se encontraba en el centro, la luz solar entraba por un agujero, por lo que la pirámide aun se encontraba en la superficie y no había vuelto a ser tragada por la arena, el inventor de pronto se pregunto si realmente había perdido demasiada sangre, ya que comenzó a ver como la estatua hablaba, aunque el resto del grupo al parecer lo había escuchado y los temores de locura o alucinaciones desaparecieron parcialmente de la mente del hombre, aun así vio como el conde se acercaba a una de las mesas, la estatua de un chacal era más que notoria y del cuello de esta tomo el collar, un ankh antiguo, de reojo el inventor vio la habitación, y de cierta forma se sintió atraído hacia cierta estatua, mirándola con más atención, parecía un hombre con un largo sudario, en su barbilla llevaba una recta barba, un extraño tocado terminaba el conjunto, tenía sus manos cruzadas en su pecho, casi apoyadas en sus hombres, el inventor se acerco algo mas, ya que aquellas manos le parecían curiosas, ajenas a el propio material de la estatua, antes de que pudiera decir algo, la estatua abrió sus ojos, clavando la mirada en las gafas del robusto hombre.

-Mortal... Puedo ver que posees el don de la invención, pero los seres de esta pirámide te han arrebatado la posibilidad de ejercer tu arte. No te preocupes, pues no será para siempre, ya que yo te daré mis manos. Ellas te ayudarán a seguir con tu oficio, y de paso te permitirán seguir peleando. No dejes que vuelvan a arrancártelas, mortal. Suerte.-


El inventor podría ser muy sabio, pero la magia era algo completamente ajeno a sí mismo, y era algo que prefería no tratar, su mundo era el metal y la ciencia, pero antes de que pudiera actuar, vio como el polvo caía de las manos y están, como si fueran arañas se abalanzaron contra el inventor, recorriendo su cuerpo hasta sus muñecas, un agudo dolor sintió cuando las manos se incrustaron en su propia carne, algo de sangre broto de su piel cuando tendones y metal se unieron como si siempre hubieran estado juntos, el hueso se unió a los engranajes, la piel al acero, debió de soportar unos instantes de dolor para volver a ver manos en sus muñecas … el inventor las examino unos instantes y directamente encontró que las palabras de la estatua tenían razón, esta ya no poseía manos y el que tenia carencia de estas las había recuperado de cierta manera. Probo su funcionamiento, cada dedo actuaba como se le indicaba, cada dedo era accionado por un tendón y este hacia funcionar el mecanismo en su interior, lamentablemente noto dos cosas … sus manos, aquellas nuevas adhesiones no poseían tacto, por lo cual, aun cuando tocara algo, no podía sentir realmente si lo tocaba o no … sería un gran problema, un enorme problema, y lo segundo fue la regulación de fuerza, ya que estirando su mano, tomo una moneda de una pila cercana, en un inicio tan solo había querido tomarla, pero su mano la había apretado con la suficiente fuerza como para doblarla … debería de adecuarse a estos nuevos aditamentos, de cualquier manera, le dio las gracias a maese enano, y abriendo su extraño bolso, saco dos guantes blandos, aun cuando sus manos habían sido reemplazadas, estas tenían las marcas del metal, algo innecesario por esos momentos, los guantes fueron colocados y después de ajustarlos, todo parecía normal, o eso parecía, ya que la mente del inventor trabajaba a una velocidad asombrosa, no únicamente para cierta retribución que estaba exigiendo al responsable de la perdida y dolor que había sufrido, sino también del hecho de que esos nuevos miembros, le serian muy útil, si podía dominarlos, por lo cual debería de practicar su uso.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Abr 29, 2012 3:40 am

Por lo que pude ver, todos fuimos llamados por una u otra divinidad, y a todos se nos concedieron distintos regalos que nos ayudaron a fortalecernos. En mi caso... El collar del Dios de los Muertos de aquella civilización... Sin duda, aquello era un regalo que me venía como anillo al dedo. Sonreí ligeramente, mientras me sacaba el casco, me colocaba el colgante alrededor del cuello y volvía a cubrirme la cabeza con mi armadura, dejando oculta aquella joya, que ahora reposaba sobre mi pecho. Por lo que pude ver, Bargho e Ivo habían recuperado sus extremidades mutiladas, lo cual me hizo sonreír bajo mi casco. Aquello nos daba una mínima oportunidad de sobrevivir...

En aquél momento me di cuenta de que tanto la hörige como el enano me miraban de forma algo deprimida, lo cual atribuí a que el mago se había sacrificado para derrotar al escorpión gigante. Decidí acercarme a ellos y poner las manos en sus hombros. Suspirando, les dije, con voz determinada:

-Vengaremos a Brandalf, camaradas.-

El enano asintió, acariciando su hacha, y la paladina me miró con los ojos llenos de deseos de venganza. Al parecer, ambos conocían al viejo mago de hacía más tiempo. Tras eso, me acerqué a Ivo, ya que Bargho parecía sumido en sus pensamientos. Una vez estuve al lado del inventor, el cual tenía nuevas manos, le miré y le dije, sonriendo ligeramente:

-Parece que hoy los dioses nos son benévolos a pesar de todo, maese Ivo. Nos tocará seguir avanzando hasta la siguiente sala, por lo que se ve... Espero que no nos aguarde algo demasiado fuerte. Empiezo a estar algo agotado, pero no podemos tomarnos más tiempo del que ya hemos gastado. ¿Te ves con fuerzas para seguir adelante?-

Tras aquél breve descanso, empezamos a andar de nuevo, guiando yo la marcha junto al enano. En las caras de todos se reflejaban dos sentimientos bastante evidentes. Las ganas de salir de una maldita vez de la necrópolis, y el ferviente deseo de matar de una forma lo más dolorosamente posible al ser que trataba de matarnos por todos los medios posibles. Caminando por un pasillo ancho e iluminado tenuemente por antorchas, llegamos a una nueva sala. La sala era espaciosa, y estava vacía excepto por una estatua que bloqueaba el acceso al siguiente pasillo. Una vez llegamos hasta la mitad de la sala, susurré, más para mí que para los demás:

-Genial, una estatua que nos tapa el camino... ¿Tendrá truco o habrá que romperla...?-

Afortunadamente, pronto nos llegó la respuesta. Como si mis palabras la hubieran despertado, aquella estatua con alas, cuerpo de león y cabeza de mujer empezó a moverse, y estirándose felinamente, nos dedicó una mirada inexpresiva a través de las gemas que poseía como ojos. Finalmente habló, respondiendo a mi pregunta retórica:

-No hay que romperme, mortal. Bastará con responder al acertijo que durante siglos he planteado y muy pocos han resuelto hasta la fecha. Cada uno de vosotros tiene un intento. El que responda y falle, morirá. El acertijo es el siguiente... Vence al tigre y al león, vence al toro más bravío, vence a señores y reyes, y a todos deja vencidos... Una oportunidad cada uno...-

Me quedé pensativo, tratando de hallar una solución a aquél enigma. Drayara y Rorky parecieron ponerse a pensar profundamente, igual que yo, mientras el minotauro parecía estar tratando de recordar algo o de pensar en una buena respuesta. Me giré hacia Ivo para ver si él estaba como yo, o si él había logrado hallar una solución.
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Lun Mayo 07, 2012 2:32 am

El valor de la carne es diferente cuando es de uno
Sin importar las riquezas que a uno le ofrezcan
¿Estarías dispuesto a desprenderte de un brazo?
¿De una pierna o tus ojos?
Realmente… ¿Qué valor le darías a tu propio cuerpo?

Christian Chacana 06 de mayo de 2012

El inventor contemplaba sus manos, arrancadas y reemplazadas por otras de metal … quizás cualquiera saltaría de alegría, pero el inventor tenía una y mil ideas en su mente, el hecho de no tener sensibilidad, de no tener el tacto correcto le serian realmente de dificultad, quizás demoraría un poco de tiempo en acostumbrarse, aun así … perder sensibilidad significaba también perder destreza y meticulosidad, de cualquier manera debía de solucionar eso, tener un objeto claramente mágico no le era en lo absoluto de su gusto, especialmente porque el repudiaba lo mágico y prefería claramente lo mecánico, de cualquier manera, después de colocarse sus blancos guantes intento seguir como siempre, aunque el hecho de abrir su pesado bolso ya había sido un reto, ni que decir el tratar de manejar un arma o una bomba, lo más probable es que durante meses no podía utilizarlas adecuadamente, a menos que se adecuara a una nueva forma de pensar, mas sus pensamientos fueron interrumpidos por el conde, el cual le dirigió algunas palabras, el inventor sonrió, ya que esa sonrisa era más mecánica que real, mirándolo mientras intentaba acomodarse sus gafas.

-Aunque por ahora reemplaza lo que he perdido, no son bendiciones en lo absoluto, por lo menos no para mi joven Khaelos, ya que como sabe de mi desagrado por la magia, tener que depender de un objeto como tal no es de mi entero agrado, de cualquier manera en estos momentos es lo mejor que existe, quizás en un futuro no muy distante pueda tener a la “mano” algo más acorde a mi modo de pensar y de actuar, de cualquier manera, al parecer cada uno de nosotros es portador de algún objeto en particular, aun me pregunto qué planes tienen esas “deidades” para nosotros, ya que sabe *mientras intentaba cerrar lentamente su mano y no de golpe* ninguna deidad da algo gratis y siempre tienen un alto precio *mirando un pasillo no muy lejano, oscuro como boca de lobo* y respondiendo a su inquietud joven … me encuentro en perfectas condiciones gracias a la señorita aquí presente, debemos seguir, aunque el futuro puede ser una incógnita en estos instantes-

Nuevamente se colocaron en marcha, aunque hasta ese momento el grupo había sido drásticamente reducido, habían perdido ya a la mitad de ellos y realmente desconocían si se encontraban en el inicio o final de ese lugar, de cualquier manera le inventor aun tenía dudas sobre los planes de esas deidades, el destino que le tenían reservado o incluso el hecho de manejar sus propias manos, mientras avanzaban, el inventor saco algunas piezas de metal, mejor dicho algunas tuercas y tornillos, debía de practicar y cualquier instante de paz era bueno hacerlo, la oscuridad no era muy agradable, menos aun cuando el tintineo de las piezas de metal resonaban contra el piso al caer, el inventor debió de afrontar realmente serias dificultades siquiera para poder colocar la tuerca correctamente, mas extrañamente, mientras la siguiente habitación se encontraba más cercana, una curiosa sensación se origino en el dorso de esas manos, el inventor lo atribuyo a una respuesta de su propia mente, ya que era imposible que el metal pudiera sentir, era una de sus ventajas, ya cuando cruzaron el arco de esa habitación, únicamente encontraron una estatua, subida a un diminuto pedestal, como si quisieran que se notara una división entre ambos, la habitación estaba adornada de antorchas y simples ilustraciones de leones devorando a hombres como si fueran sus alimentos comunes.

El joven Khaelos se acerco a la estatua, preguntándose qué hacer con ella, realmente no debió de efectuar ninguna acción más que hablar, ya que la estatua, siguiendo la naturaleza de las bestias llamadas gárgolas, abrió sus ojos y con una voz humana comenzó a hablar, al parecer era un acertijo, uno elaborado al parecer, el inventor comenzó a pensar en cuál era su respuesta, al parecer el conde lo desconocía ya que se giro hacia el inventor, el cual colocando su mano en su mentón comenzó a caminar de un lado a otro, una respuesta es lo que buscaba y de seguro no era algo demasiado difícil de encontrar, en un momento el inventor se detuvo y miro hacia la esfinge, sonriéndole al conde, ya que sería el mismo su conejillo de indias, ya frente a la esfinge aclaro su garganta.

-Quien Vence al tigre y al león, vence al toro más bravío, vence a señores y reyes, y a todos deja vencidos... a todos ellos el sueño vence, por lo que mi respuesta es “El sueño”-

En aquel instante el minotauro se acerco desde atrás del inventor y como tal, empujándolo levemente se coloco frente a la esfinge, el inventor solamente se mantuvo quieto, esperando el dictamen de la esfinge, aunque claro, el hecho de que le minotauro se mostrara tan falto de modales no era propio de él o eso esperaba el hombre del gran mostacho.

-Difiero con el hombre, ya una vez murió alguien por su mala decisión, por lo que esta vez yo tengo una respuesta diferente para este enigma, quien Vence al tigre y al león, vence al toro más bravío, vence a señores y reyes, y a todos deja vencidos... es la muerte, ya que de ella nadie puede escapar.-

El minotauro no alcanzo a escuchar que el inventor negaba con su cabeza suavemente, ya había pensado en ello y la respuesta que el mismo se había formulado no era la adecuada… ya que… ¿Qué sucede si el tigre o el león se vuelven inmortales? … o si señores y reyes son recordados durante la eternidad por sus actos… esperaba que su respuesta fuera la adecuada, si no… tendría que arreglárselas en el otro mundo.



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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jun 08, 2012 1:24 am

Ante las palabras del inventor le puse la mano en el hombro y asentí ligeramente, sabiendo que razón no le faltaba ante aquello de las deidades, y ante su forma de pensar no podía evitar ponerme en su lugar. Le respondí con ánimo:

-Si salimos vivos de aquí, podré explicarle con detalle cómo funciona la magia, maese Ivo. Créame que no se diferencia tanto de la tecnología. Sólo cambian las normas que sigue cada cosa, pero en realidad basta con una buena explicación para aclarar las dudas y verlo todo más fácil. Acerca de las deidades... Bueno, nos han pedido que matemos al tal Setra, y tiene pinta de ser alguien poderoso, así que creo que el favor ya nos lo han exigido a cambio de los regalos...-

Siguiendo con nuestra marcha silenciosa y determinada, finalmente llegamos a una sala espaciosa, cuya puerta estaba bloqueada por una enorme esfinge. Si bien al principio parecía que no era más que una estatua, ante mis palabras aquél ser habló, y tras proponernos aquél enigma, todos nos pusimos a pensar. Transcurrieron unos minutos mientras nuestras mentes trabajaban para encontrar la respuesta. El primero en hablar fue Ivo, y ante sus palabras no pude evitar sonreír y decir:

-Yo también estoy de acuerdo, es el sueño por que...-

Sin embargo, no pude acabar la frase, que Bargho se situó frente a la esfinge con una falta de modales impropia tanto de él como de su raza, y dijo que la respuesta era la muerte. Ante eso, la esfinge empezó a reír macabramente, y mientras seguía en su diabólica carcajada, yo miré a Bargho y le respondí:

-La historia siempre mantiene vivos a los personajes notables, y los nigromantes nos encargamos de que la muerte no sea un problema para muchas criaturas...-

La esfinge por su parte reía tanto, que empezó a llorar incluso de la risa, aunque para mi sorpresa era arena lo que caía de sus lacrimales. Tras esa intensa carcajada, finalmente habló, cambiando su rostro a uno mucho más terrorífico y dijo:

-Los dos humanos han respondido correctamente, y por ende, tanto ellos como los que no han hablado pasarán... Pero tú... Tu no sólo has hablado si no que has dicho la respuesta incorrecta cuando los demás habían dado la correcta... Ahora... Debes... ¡¡¡MORIR!!!-

En apenas una fracción de segundo, y sin darnos tiempo a reaccionar, la esfinge fue volando contra Bargho, y alzándolo con sus garras sin darle tiempo a defenderse, la criatura lo alzó hasta estar casi en el techo, y entonces pudimos ver una explosión de color azulado que desprendió un olor a azufre y a algo más muy fuerte. Olor a magia. Lo siguiente que vimos fue una lluvia de arenilla y sangre, habiendo quedado desintegrado el minotauro. A mi lado cayó uno de sus cuernos, y contra la pared en la que se hallaba la puerta por la que debíamos salir se estrellaron sus pertenencias, o al menos, las que no se habían destruido. Suspiré pesadamente y dije:

-Dioses... Y luego hay gente que dice acerca de la estupidez humana... Sigamos avanzando...-

Tras ponernos otra vez en marcha, deseando llegar ya al final de la pirámide, nos metimos por un pasadizo angosto, nada distinto a los que habíamos dejado atrás. Tras un rato de andar, que si bien mi mente de militar me indicó que no habían sido más de dos o tres minutos, debido al cansancio y a la monotonía del viaje bien podría haber parecido que llevábamos media hora andando. Finalmente llegamos a una sala más espaciosa. Al fondo de todo había una especie de altar con una joya encima que brillaba con un malsano color entre negro y verde oscuro. Justo delante de la joya, se hallaba nada más y nada menos que el califa, y protegiéndole, un grupo de cerca de diez soldados. Verle allí me hizo atar cabos rápidamente. Sin embargo, fue primero él quien habló:

-Malditos entrometidos... ¡Habéis destruido gran parte del trabajo que llevábamos haciendo desde hace siglos! Deberíais haber muerto en las puertas de la pirámide para así haberos sumado al ejército de no-muertos... Parece que ahora deberé ser yo quien se encargue de pararos ahora mismo... Aún no es del todo tarde... Y en parte me viene bien que tú hayas sobrevivido, Khaelos... Puedes unirte a mí y ayudarme a levantar de nuevo el ejército. ¡Puedo prometerte la inmortalidad! ¡Convertirte en un liche, como así yo haré en un futuro! Sólo debes traicionar a tus compañeros...-

Drayara y Rorky se alarmaron, mirándome como si de veras fuera a traicionarles. Me giré hacia mis compañeros y, aprovechando que desde ahí no podían verme los ojos ni el califa ni sus hombres, les guiñé el ojo, demostrándoles que tenía un plan:

-Bien... Parece que por fin puedo deshacerme de estas simples marionetas y unirme a algo realmente importante...-

Drayara y Rorky fingieron enfurecerse e indignarse, soltando el enano una retahíla de insultos y la hörige apretando los dientes. Me giré hacia el califa y fui andando hacia él con paso seguro. Cuando llegué a su lado, el califa me miró con satisfacción y me dijo:

-Bien... Ahora debes arrodillarte y jurarme lealtad...-

En ese momento me arrodillé ante él y empecé:

-Yo, Khaelos Kohlheim, nigromante de Zhakhesh, juro que...-

No dije nada más en ese momento. Me alcé, golpeando con el escudo en la barbilla al califa para seguidamente desenvainar mi espada y atravesarle el vientre. Reí ligeramente y le dije:

-Juro que no traicionaré a mis amigos. ¿Acaso te crees que con tus patéticas ofertas podrías convencerme? Soy un nigromante, un noble zhakheshiano, y un miembro del ejército. ¡No subestimes mi inteligencia ni mi lealtad hacia mis camaradas! Dioses... ¿De veras tus antecesores eran tan idiotas como tú?-

Me giré hacia mis compañeros, mientras los guardias del califa se miraban estupefactos, como despertando de un sueño. Sin embargo, ahí no acababan nuestros problemas... Un retumbar cada vez más cercano se escuchaba. El califa empezó a hablar, riendo dificultosamente mientras escupía flemas sangrientas:

-S... Setra... No va a dejar esto así... Ya viene... Y os... Os matará a todos...-

Hice girar mi espada para acabar de rematarlo y me apresté para la batalla, gritando:

-¡Acercaros todos! ¡Hay que hacer frente a lo que sea que viene!-
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Re: La Necrópolis Sepultada

Mensaje por Doctor Ivo Robotnik el Miér Jul 04, 2012 5:03 am

Todo tiene un costo, incluso la estupidez
Y muchas veces el costo de esta… es la muerte

Christian Chacana 03 de julio de 2012

Las palabras de inventor solo fueron un eco, cuando la mano dura del minotauro lo aparto hacia un lado y hablo sin respeto a quien tenía sus vidas en sus manos, el inventor solo negó con su cabeza, como si aquello fuera un cuadro que ya hubiera visto, una escena de un libro ya leído y escuchado, ante sus ojos se desarrollaron los actos, el conde hablo, y una sonrisa surco los labios bajo aquel frondoso mostacho, acompañado de un ligero suspiro.

-La magia puede ser un gran arte, pero como todo puede volverse contra el creador, prefiero confiar en aquello que mis … o bueno, mi mano puede tocar y sentir, en aquello que puedo moldear con esfuerzo y dedicación, antes de dejar todo en fuerzas que no se conocen su proceder ni origen … joven Khaelos, no dudo que sea un gran nigromante, un gran conocedor de las artes oscuras y antiguas, pero no confié únicamente en su magia, algún día esta le abandonara y si no está preparado, el mundo le devorara con fauces de hierro y fuego-

Con una sonrisa observo el siguiente acto, la imagen que quedaría grabada en su memoria, no por la sangre, si no por el hecho de que el ingenio se había sobrepuesto a la fuerza bruta, como si fuera un truco de magia barata, el cuerpo del minotauro se elevo del suelo, aun a pesar de sus gritos y claros signos de pedir ayuda, mas ni el inventor, ni el conde, ni siquiera aquellos que les acompañaban movían un musculo, y en un tris todo acabo, un estallido multicolor, el aroma a sangre y magia, y después … nada, restos de sangre por varios rincones de aquella sala, el sonido de varios objetos sonar contra los muros fue más que suficiente para negar, uno más había caído y lo que en un principio se había convertido en claramente una expedición, se había vuelto una carnicería, de todas maneras el grupo debía de avanzar, y mientras el inventor caminaba hacia la salida de aquella sala, algo le llamo la atención, bajo lo que parecía la mitad de un hurón mutilado, un brazalete brillaba con extraño fulgor, si había obtenido la espada de aquel cazador estúpido, porque no tomar algo de aquel antropomorfo, de todas maneras terminaría sepultado bajo las arenas si no lo hacía, apartando el trozo de hurón muerto atrapo con su mano aquel brazalete y lo guardo en su bolso, mas adelante lo examinaría, pero como era normal … el metal ya lo había reconocido, mithril oro enano, de cualquier manera , lo analizaría con tranquilidad … si es que salían de ahí.

El camino fue básicamente tranquilo mientras caminaban por aquel largo pasillo, mientras la oscuridad era iluminada, el inventor hacia simples ejercicios con aquella mano mágica… tocarse uno a uno los dedos con el pulgar o contar hacia adelante y hacia atrás, como cuando los niños pequeños aprendían sus primeros pasos, de la misma forma el debería de aplicar los conocimientos que tenia para utilizar aquel objeto tan curioso y a la vez que parecía fundirse con su carne y huesos.

Lo que paso más adelante en si es una serie de hechos con causa y efecto, el descubrimiento de mentiras y la clara intención de otros, lo primero que sucedió fue la presencia e imagen del sultán, claro que sus palabras no fueron de alivio, sino más bien un reclamo ante el trabajo que se había llevado durante siglos sin fallos, el ofrecimiento de poder, cosa que el inventor casi dio una carcajada, mas sin dejar de prestar atención a la situación y a los acontecimientos, disimuladamente saco un par de sus bombas y las guardo tras de sí, a la vez que tomaba su extraña arma , la cual después de quitarle una simple pieza, dejo caer la espada como si fuera desecho, necesitaba un arma algo mas practica para aquel combate, ya que aun cuando al parecer la muerte del califa estaba próxima, habían diez sujetos a su alrededor, fuertemente armados y porque no decirlo, era la elite, los guardianes del sultán o califa o lo que fuera aquello realmente, unas palabras más, unos gestos que denotaban engaño y traición, y de dos movimientos el califa dejaba escapar su aliento de un cuerpo frio, los soldados se colocaron en posición, realmente su amo y señor estaba muerto, mas el inventor simplemente sonrió, mientras sacaba una de las bombas y la lanzaba al aire como si fuera un simple juguete para atraparla nuevamente.

-Creo que lo que viene… será mucho peor a lo que hasta ahora hemos afrontado… Joven Khaelos, le aconsejo que tome esto *mientras la bomba era depositada en su mano* es mejor que evite que se golpee fuerte… a menos que quiera asemejarse a nuestro querido antropomorfo explotado-



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Re: La Necrópolis Sepultada

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