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Mensaje por Pestilence el Dom Nov 06, 2011 11:43 pm

Los bosques de Zheroker eran un bello lugar, rebosante de vida y misterios, de grandes árboles centenarios y caudalosos ríos recorriendo la verde tierra, lamiéndola con sus aguas cargadas de peces y cangrejos. La luz del día se filtraba a través del verde manto que conformaban las hojas de los árboles, algo menos según uno se adentraba en el bosque, pues en esa zona los árboles crecían más altos y unidos. Los ciervos pastaban despreocupadamente, luciendo su piel moteada los más jóvenes y sus grandes e impresionantes astas los adultos; las ardillas correteaban y saltaban con agilidad entre las ramas; los pájaros silbaban sus melodías… sí, era un día perfecto. Al menos hasta que aquella figura envuelta en una capa escarlata llegó.

Los ciervos corrieron al interior del bosque, los conejos y otros roedores se ocultaron en sus madrigueras de inmediato, los pájaros alzaron el vuelo piando alarmados… ¿Por qué? Ni siquiera había hecho nada…

Pestilence simplemente caminaba por aquél bosque, con su capucha cubriendo su rostro cadavérico. Mentiría si dijera que por su mente no pasó el destruirlo hasta que nada verde quedase en él, pero eso no le apetecía en aquél momento. No tenía ninguna razón de peso para no hacerlo, ni tampoco para hacerlo. Simplemente así era su voluntad. Tal vez fue porque había contemplado cómo ese bosque crecía y crecía a lo largo de los siglos. Sí, tal vez era que se había encariñado algo con él. Solo un poco. O tal vez era que quería ver cuánto era capaz de crecer antes de que decidiera destruirlo. Quién sabe…

Caminó apoyándose en su guadaña, con sus cascos de cabra pisando aquella suave hierba. Las cuencas de sus ojos otearon entre la maleza, intentando discernir de dónde provenía aquél sonido de corrientes de agua furiosa. Una vez divisado el punto, cambió su rumbo hacia el lugar. ¿Por qué? Nuevamente no había ninguna razón para ello. No tenía ninguna prisa, tenía todo el tiempo del mundo. La pregunta más bien era ¿por qué no?

Cómo… ¿cómo era aquella vieja canción? Ah, sí…

Desde el umbral
el Camino va
el Camino sigue y seguirá
el Camino ha ido ya
muy lejos en verdad
mas debo seguirlo
si es posible
hasta el final.

Recorriéndolo voy
con pie decidido
hasta llegar
a un mayor Camino
un mayor Camino donde encontrar
senderos y cursos
que se cruzarán.

¿Y de ahí por fin
hacia dónde ir?
Pues bien, no podría
algo así decir
es por eso que
temerario es
cruzar el umbral
cruzar el umbral.


Cantó suavemente aquella canción popular con su profunda e imponente voz, haciéndola sonar bastante macabra, mientras avanzaban sus pasos, lentos e inmutables, hasta que llegó al pie de la cascada. Las aguas del río estaban embravecidas, tal vez por alguna lluvia torrencial reciente, y una cascada de por lo menos 6 metros vomitaba el torrente y lo hacía chocar contra las rocas de más abajo, salpicando mil y una gotas perladas y creando un pequeño y débil arcoíris. Pestilence se limitó a observar durante largo rato, pues ya hemos dicho que tenía todo el tiempo del mundo. Fue una voz la que le interrumpió. Una voz angustiada, gritos más bien, de alguien que era arrastrado por las furiosas aguas del río. Sí, allí estaba. Al girar su mirada pudo verla. Se trataba de una joven, aunque no podía discernir mucho más. En ese momento podía hacer dos cosas: dejar que cayera, con lo que jamás sabría qué hacía en ese lugar y por consiguiente podría echar a perder la oportunidad de conocer una buena historia, o salvarla y conocer dicha historia. Sí, la segunda le parecía una opción mucho más entretenida que simplemente dejarla morir aplastada contra las rocas.

Sin más dilación, pues ahora sí que había que apresurarse, Pestilence alargó su guadaña por el mango, acercándose lo máximo posible a la orilla, para permitir así que la chica se agarrase y arrastrarla fuera de las aguas.

-¡Agárrate!



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I send a pestilence and plague
Into your house, into your bed
Into your streams, into your streets
Into your drink, into your bread
Upon your cattle, on your sheep
Upon your oxen in your field
Into your dreams, into your sleep
Until you break, until you yield


Pestilence
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Cucú-Trás: ¡te vi! [privada] Empty Re: Cucú-Trás: ¡te vi! [privada]

Mensaje por Varyamë el Vie Nov 25, 2011 10:40 pm

Había pasado una mala noche, una tan mala como tantas otras, así que aquella tarde, justo tras la hora del almuerzo, decidí dar un paseo para despejar mi mente y relajar mi cuerpo. Quizá sin me cansaba durmiese mejor por la noche, como se hace con los niños cuando son pequeños. Los cansas jugando, paseando o haciendo cualquier otra cosa para que después, al caer la noche y apagarse las luces les venza el sueño. Pues eso mismo quería yo, quería que el sueño me venciese, quería dormir tan plácida y profundamente que me despertase con la luz del alba sin recordar que había soñado, para bien o para mal, sólo quería dormir, dormir y dormir, descansar de una vez por todas.

Así pues, comencé mi paseo internándome en aquel bosque que tantas otras veces había recorrido de cabo a rabo, o al menos eso me parecía, realmente no sabía la amplitud de éste, pero sí sabía que había recorrido gran parte de él. Conocía muchos de sus secretos y lugares, sabía perfectamente dónde se hallaba cada claro y cómo regresar a casa sin perderme. Mi destino aquel día era el río, un río ancho y caudaloso tras una época de lluvias que ya había pasado, pero cuyo rastro aún quedaba en el cauce. No tuve que caminar mucho para comenzar a oír el rumor del agua, bajando a toda velocidad en dirección a una catarata que se hallaba a quizá menos de un kilómetro de distancia. Ya había estado por allí antes, incluso me había bañado más de una vez bajo aquella cascada en los días más calurosos del año. Pronto dejé atrás lo altos y robustos árboles para llegar a la orilla del río, en la cual me acuclillé para beber un poco de agua, tenía un poco de sed y aquella agua bajaba directamente de las montañas, siendo pura y rica en minerales, perfecta, simplemente perfecta.

El agua fresca bajó por mi garganta, saciando mi sed, al menos por algún tiempo. Me incorporé tras beber tanta agua como necesité, con tan mala suerte que al ponerme en pie pisé una piedra resbaladiza que había en la orilla y caí al río emitiendo, en un principio, un grito de sorpresa, para después ser gritos de angustia al ver que no había donde agarrarme. Dejé que la corriente, que bajaba con violencia, me arrastrase un poco, con la esperanza de encontrar alguna rama de un árbol o alguna piedra a la que agarrarme, maldita fuese mi suerte que ninguna había en aquel tramo del río. La corriente me arrastró río abajo, cada dos por tres me hundía para salir a flote buscando aire que llenase mis pulmones, tragando agua en el proceso, lo que hacía la situación más angustiosa aún. Y por si eso fuese poco, oía el sonido de la cascada no muy lejano, más bien a pocos metros de mí, si no encontraba algo a lo que agarrarme pronto, caería por ella, y estaba segura que lo que menos había bajo la cascada era un lecho de rosas. Como ya dije antes, no era la primera vez que había estado por allí, así que sabía perfectamente con qué me encontraría si caía catarata abajo.

En una de las veces que las bravas aguas me permitieron salir a flote, pude ver por unos segundos a alguien cerca de la orilla, mi impulso fue el de gritar que me ayudase, oyendo cada vez más cerca las aguas romper contra las rocas bajo la cascada. Asustada y angustiada como estaba, ni siquiera sabía si el, ella, fuese quien fuese me entendía, o si al menos me había oído. Al parecer sí lo hizo, pues en un visto y no visto, me tendió algo para que me agarrase, cosa que hice sin pensarlo, sin duda. Me agarré fuerte oyéndole gritar que me agarrase a lo que quiera que fuese que me había tendido para sacarme del agua, simplemente me agarré y esperé a que tirase de mí.


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