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En Busca de la Bendición

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En Busca de la Bendición

Mensaje por Bargho el Lun Nov 07, 2011 4:50 pm



Salía el sol nuevamente por sobre los montes Keybak y los tibios rayos de aquella mañana no alcanzarían nunca a entibiar nunca el frío y pétreo corazón de las rocas de las orgullosas montañas, cien mil amaneceres se habían sucedido y cien mil volverían a sucederse sin que jamás aquellas piedras se calentasen; así como se habían sucedido todos los sucesos de la historia de los hijos de los dioses, desde la subida y caída de los Antiguos hasta el colapso del Imperio del Zar, sin que nunca se perturbara la colosal impasibilidad de aquellos titanes. Así fue siempre, así sería y así era en esta mañana tibia de verano, en la que el horror y la muerte se desatarían una vez más a los pies de aquellos hijos primeros de los dioses.

Pero la historia empieza el amanecer previo a este amanecer…

El viaje por el valle largo y por las estribaciones de la montaña que conducían al pequeño valle oculto donde los minotauros de Grok’ Taur habitaban fueron atravesados con presteza por la partida en la que Bargho y Musashi Takenagi viajaban, cabizbajos y con la honra herida. En sus mentes aún resonaba el estruendo de los rugidos del dragón y el lento lamento de las torres del castillo enano derrumbándose; nubes de veneno, hierro, roca, polvo, sudor y sangre mezclándose en una orgía de destrucción que en un breve tiempo terminó con la vida de todos los enanos defensores de la fortaleza… sin que ninguno de los dos pudiera hacer nada.

El viaje había transcurrido sin ningún sobresalto aparente, a pesar de que Bargho vivió durante un instante un largo viaje del cual no regresó solo… de todas maneras, el verde y fértil valle de Grok’ Taur se abría ahora ante sus ojos a pesar de que la única luz eran los destellos azulados de la mañana, el camino que conducía a la antigua ciudad-fortaleza antaño enana, luego ocupada por goblins y finalmente retomada por los minotauros, se hacía cada vez mas y mas corto.

-Se que no es su costumbre maese Takenagi –dijo Bargho rompiendo el largo silencio bruscamente- Pero trate de no hablar demasiado en presencia del Gran Manothir-

Quizás la advertencia sobrara teniendo en cuenta el mutismo manifiesto que aquel guerrero había demostrado en todo el tiempo que había compartido con el, pero de todas maneras quiso dejarlo en claro, a los lados del camino podían observarse partidas de minotauros-campesinos dirigiéndose a sus faenas diarias azadón al hombro, este era el único lugar en el mundo donde tal estampa, si bien común a muchas de las otras razas, era posible de ver. El sol finalmente se superpuso a las montañas que rodeaban al valle y sus rayos calentaron las espaldas de aquellos viajeros, el estruendo de los cascos de los sesenta minotauros que los acompañaban marchando a trote uniforme, unidos a la atmósfera fresca de la mañana y a las largas sombras que se proyectaban hacia la ciudad que se encontraba en el extremo opuesto del valle daban al momento un aire único.

Las enormes puertas de Grok’ Taur estuvieron delante de ellos en breve tiempo, a pesar de su antigüedad y de algunas evidentes muestras de deterioro, conservaban mucho de aquella majestad sobrecogedora que los enanos suelen imprimirle a su arquitectura, sobre la sólida muralla un vigía los vio llegar y les pidió el santo y seña por asunto de rigor, Argos, hijo de Bargho, lo dio y las puertas se abrieron dejándolos pasar al interior.



Grok’ Taur era una ciudad de construcción mixta, dos terceras partes de sus edificaciones se hallaban al aire libre como en la gran mayoría de las ciudades del mundo, sin embargo un tercio de la misma se encontraba en el interior de la montaña, era en este tercio donde se hallaban las estructuras mas importantes, entre ellas el salón del trono donde el Gran y Poderoso Manothir el Primero, gobernaba desde hacia centurias y al que los viajeros se dirigieron con premura.

Atravesaron rápidamente la ciudad exterior luego de que una buena parte de los minos que formaban la partida que había viajado al valle se dispersara, poblada en su mayoría de espaciosas y altas casas de una sola planta, evidenciando que si bien los minotauros no tienen la gran destreza en el arte de la construcción que tienen otras razas, si poseen un gran sentido práctico, las pocas casas de dos plantas que habían y que destacaban entre las demás eran de los pocos habitantes de otras razas que habían decidido vivir en la capital minotáurica; pasaron el barrio de los telares, el mercado y finalmente accedieron a la ciudad interior.


A pesar de algunas muestras de deterioro causadas por la ausencia de los constructores originales, las galerías se encontraban en perfecto estado y monumentalidad de las obras de los enanos se hacía más que manifiesta en aquellas colosales columnas que bordeaban todo el salón y que transmitían una sensación sobrecogedora incluso a los gigantes astados que vivían en ella. Dentro de la ciudad interior es donde vivían los guerreros mas destacados, la casta de soldados profesionales que se habían curtido a través de los años en el arte de la guerra y que veían desde una postura firme y arrogante a los forasteros pasar acompañados de una docena de los miembros de la partida inicial hasta que llegaron a la enorme puerta de oro del salón del trono donde el Gran Manothir, el Primero, el Eterno, habitaba.


Un enorme trono de hierro y la figura del descomunal mino que había sobrevivido a la catástrofe de Thezeroth fue lo primero que vieron y de lo que a partir de entonces no pudieron apartar la vista, a pesar de estar sentado era mas alto que la mayoría de los que se encontraban en la sala y de pie su estatura sería definitivamente colosal, medía aproximadamente cuatro metros de alto y lo recubría una densa y poblada pelambre color del bronce, sus enormes ojos marrones observaron a los viajeros que inmediatamente se colocaron de rodillas tras abrirse las puertas, y luego de un gesto se pusieron de pie avanzando los treinta pasos que los separaban desde la puerta hasta la mitad del camino hacia el trono, allí se detuvieron. Como indicaba el protocolo, Manothir habló el primero, su voz era densa y cavernosa.

-Saludos hijos míos, y extranjero, me han llegado noticias tristes del valle largo-

El saludo era propicio, el jefe de la expedición, un uro llamado Ilthas, tomó la palabra.

-Son ciertas señor, el ejército goblin ayudado por un dragón negro asoló la fotaleza de los enanos, nos encontrábamos lejos y fuera del castillo cuando apareció y no pudimos hacer nada. Nuestra honra está herida.-

-No tenían la fuerza, ni los medios ni era la situación indicada para batirse con un enemigo de esa talla, no tiene sentido morir inútilmente… sin embargo tienes razón, el honor ha sido herido, pero afortunadamente es una falta que se puede saldar… en la próxima batalla en la que tu partida participe, les daré el honor de la primera línea-

Ilthas se inclinó en una profunda reverencia, honda y sinceramente agradecido por el honor que se les hacía se retiró lentamente. Manothir vio ahora a los forasteros.

-Veo a un humano y a un hijo mío al que nunca había visto ¿Quiénes sois?-

-Señor, soy Bargho, hijo de Baraghorn, de la tribu errante de los Tarkhan de la que soy el último miembro en este mundo; mi compañero es Musashi Takenagi, un honorable y valiente guerrero itinerante, estábamos en la fortaleza de paso cuando apareció el dragón.

-¿Y como es que siguen vivos?-
Preguntó Manothir frunciendo el entrecejo-

-Una vida mas preciosa que las nuestras o de cualquiera de los que estaban en el castillo en ese momento fue raptada por un traidor, nosotros salimos en su rescate pero la llegada del dragón nos lo impidió, se de buenas fuentes que ahora mismo se encuentra viva pero prisionera en la Montaña Negra… Es la promesa de los Ildar, Señor.-

Manothir se sumió en una profunda meditación durante unos instantes y todos permanecieron en silencio. Luego dijo repentinamente.

-Parece que tenías razón Raimstailis-

Entre las sombras de uno de los pilares de la sala surgió la figura de un humano apoyado en un báculo, llevaba una capa parda que cubría casi toda su figura aunque entre las sombras de la capucha podían adivinarse unos ojos azules y un cabello blanco como la nieve, a pesar de que la contextura del hombre aparentaba ser bastante fuerte y joven.

-Eso me temo Gran Manothir, parece que la sombra de este antiguo Señor Oscuro está próxima a levantarse en todo su esplendor-

Bargho intervino en la conversación dirigiéndose al rey mino.

-Señor, vinimos aquí para colectar aliados y partir a la Montaña Negra de inmediato.-

El Hombre encapuchado lo miró directamente a los ojos.

-Eso es imposible noble guerrero, en la montaña no solo se encuentra el dragón, si no que esta está bajo la vigilancia de un poderoso nigromante, no pasaríais de la entrada a las cavernas, están esperando un ataque.-

Bargho apretó los puños lleno de amarga impotencia.

-No importa, me abriré paso solo si es necesario, la vida de la promesa es…-

-¡No pretendas enseñarme que tan valiosa es la vida de la promesa de los Ildar Bargho, hijo de Baraghorn! –Interrumpió Manothir levantando la voz- La vida de muchos de mis hijos dependerá de que ese maldito demonio permanezca dormido.

El minotauro negro se limitó a inclinar la cabeza, el rey se limitó a suavizar un poco la voz.

-Admiro tu valor, pero ir en las condiciones actuales es literalmente imposible, necesitamos de la ayuda de los dioses… y no precisamente con rezos la conseguiremos ¿Raimstailis? Explicales.-

-Es necesario ir a los montes Keybak, cerca de la ciudad humana de Tarik donde se halla uno de los más antiguos templos de Luminaris, cuentan las leyendas que en el se encuentra un antiguo pozo que contiene unas aguas sagradas con la propiedad de hacer arder el alma de los impuros… es necesario obtenerla para tener alguna chance contra el dragón y el nigromante.-

-Mi hijo Galthair el Cazador ya ha sido avisado y se dirige hacia aquí-
dijo Manothir- llegará en una semana-

Galthair el Cazador, hijo directo de Manothir, era una leyenda incluso entre todos los clanes errantes de los minotauros y aún entre otras razas.

-Pero Señor -dijo Bargho- nos queda menos de un mes antes de que el rito se complete y los montes Keybak se hallan cruzando el océano.

El mago terció.

-Galthair nos esperará aquí para ir directamente a la montaña y en cuanto a las distancias… no es algo de lo que debas preocuparte, de eso me encargaré yo ¿Están dispuestos a acompañarme en el viaje al templo de Katyna.-

El minotauro y el mudo samurai respondieron únicamente con solemnes gestos de cabeza que eran más que suficientes para demostrar su determinación.

-Pues bien, acérquense –les dijo- Iremos de una vez por todas.

Raimstalis Flinningam dio un golpe de su báculo al suelo y un círculo de 4 metros de diámetro surgió alrededor de el, con dos círculos mas pequeños dentro.

-Párense sobre los círculos más pequeños –

Les dijo, al tiempo que empezaba a entonar unos salmos ininteligibles que se detuvo de repente… y dijo mirando a Manothir.

-Algo sucede… hay un gran poder maligno que me impide viajar a Katyna…-

La expresión de Manothir se tornó sombría,

-¿Conoces alguna ciudad cercana?-

-Tarya, quince kilómetros al sur… iremos allá, que tenga buena salud mi señor-

Bargho y Takenagi hicieron una reverencia al Gran Jefe de todos los minotauros, mientras el mago entonaba nuevamente los versos, súbitamente sintieron como si fueran arrancados de su sitio y se vieron sumidos en una espiral de luces y sombras que duró apenas un instante, cuando se dieron cuenta se hallaban en un páramo frío y estepario, a un par de kilómetros se podían ver las luces de una ciudad, lentamente y en silencio, los tres aventureros empezaron a andar en dirección hacia ella.



Las estrechas e intrincadas calles de la ciudad de Tarya se hallaban agitadas a pesar de que ya casi cerraba la noche, la gente se arremolinaba en pequeños tumultos, por todas partes se hablaba de la Katyna… todos buscaban noticias pero nadie las obtenía, mas que rumores. Desde hacia tres días que no había noticia cierta de Katyna ni de sus habitantes, los mensajeros que habían sido enviados a ella no habían regresado y los ánimos empezaban a exaltarse. Tarya y Katyna eran dos ciudades hermanadas desde hace cientos de años y aún durante la época de la guerras civil que dio lugar al hundimiento del Imperio de los Montes Keyback, ambas pelearon en el mismo bando. El establecimiento de lazos matrimoniales entre los habitantes de ambas ciudades era muy común y todos tenían familiares en ella. La taberna estaba llena a reventar, tanto de unos pocos viajeros ocasionales, como de pobladores ansiosos por recibir cualquier noticia y que pasaban las horas bebiendo para tratar de tranquilizarse.

Lentamente y como un goteo paulatino, los guerreros empezaron a llegar, el desencadenamiento de los hechos que darían pie a esta historia lenta e inexorablemente iba tomando lugar…
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Musashi Takenagi el Miér Nov 09, 2011 7:07 pm

¿Qué mortal puede juzgar el designio de los Dioses?, ¿aunque se manifieste ominoso para nosotros? pocos son los mortales que terminan bien librados luego del debate con los grandes, generalmente sus motivos tienen una justificación tan amplia, tan incomprensible para una mente como la nuestra que no hay replica posible para ellos, o quizás, nosotros resultamos para ellos un escombro tan nimio que no vale la pena ni siquiera ser tomado en cuenta. Muchas son las posibilidades que pueden marcar el rumbo de nuestros pasos, pero aunque el destino tenga una marca imborrable en nosotros tenemos que aceptar lo que como personas tomamos como responsabilidad y deber.

Carta:

Hermanos míos, mi trayecto se ha visto cambiado, mi regreso se verá ralentizado o quizás inconcluso aunque mi determinación es volver a toda costa, mas no será cumplido si mi deber nuevo en estas tierras no es resuelto como corresponde, les pido que no vengan tras mi búsqueda, que aunque el trabajo sea en equipo el honor corresponde ser limpiado de forma individual, mi deber en estas tierras no ha sido suficiente para conservar mi responsabilidad la cual se ha escapado de mis manos, debo encontrarla tanto para conservar mi honor como para poder impedir un nuevo acontecimiento que puede ser muy perjudicial para todos nosotros. No entraré en detalles, quizás la noticia se expanda a lo largo de Noreth y tengan de todos modos conocimiento sobre la misma.

Sé que comprenderán mis razones, y aprovecho además de pedirles algo, una petición meramente personal. Aquí en esta carta he adjuntado otra que va en dirección a mi maestro, la ubicación sobre su morada se encuentra expuesta en el reverso de la carta junto con su nombre, les comento que él en un estado alto de enfermedad me ha pedido verme por última vez, mas por mi deber en estas circunstancias me será imposible cumplirle tal propósito aunque seguramente a estas alturas ya sea demasiado tarde. Quiero pedirles que le hagan llegar esta carta y en caso de que los Dioses hayan abrazado ya su alma la depositen frente a su tumba.

Por el honor y la justicia. Musashi Takenagi, Autrag der Krieger.


***

No se produjo contratiempo alguno mientras avanzábamos por el valle, quizás no nos sorprendió un contratiempo tangible pero los recuerdos gravados a fuego vivo y el concierto del desastre ocurrido en la fortaleza enana resonando paulatinamente en nuestros odios, provocaban un contratiempo mental que se mantendría perpetuo si no lográbamos revertir de alguna forma nuestras fallas, y es que en nuestras manos donde en tan solo unos instantes teníamos en nuestro poder a un ser tan importante como lo era la promesa de los Ildar, Milä, y ahora íbamos con las manos vacías como quién sin más dejó correr el agua entre sus dedos, aquel traidor deshonroso se la había llevado al tiempo en que yo me encontraba en la inconsciencia de la ignorancia de los hechos. No quería interponer subjetividades en mi búsqueda, el motivo de encontrarla era por lo que su significado implicaba en esta batalla, aunque la propia mente humana a veces te juega trucos.

Mi voto de silencio se volvió de piedra, incluso a mi mente quise apagarla de todo pensamiento que me alejara de la meditación hacia la calma, había que tener una mente tranquila para lograr resolver un dilema como aquel, no obstante tampoco implicaba hacer oídos sordos a derredor, las indicaciones de Bargho no me fueron indiferentes aunque difícilmente me viera abriendo la boca innecesariamente cuando en pocas oportunidades lo hacía e incluso lo evitaba cuando si era una necesidad.

El viaje se tornaba monótono y nuestro silencio acompañado de miradas cabizbajas lo hacía un trayecto lúgubre. El sonido seco de los metales retumbaron en la marcha matutina de los minotauros, observé tras mi máscara de cerámica el despertar tenue del día, y frente a nosotros se nos interpuso la imponente entrada de Grok’ Taur. No había tiempo que perder, nuestra obligación era llegar hacia el gran Manothir así que mi observancia hacia la fortaleza desconocida para mí resultó ser panorámica y vaga, aunque las miradas de muchos, como un peso perpetuo a nuestras espaldas no resultó indiferente, ni mucho menos la entrada dorada donde nos esperaba nuestro objetivo principal. Aquel minotauro sentado sobre aquel trono era gigantesco y espetaba un profundo respeto que no dude en dar a conocer inclinándome junto con todos, apoyando una rodilla contra el suelo, bajando levemente la cabeza hasta que nos dieran la señal de avanzar para luego tal y como me aconsejó mi compañero mantener los labios firmes impuestos a no interrumpir nada aunque la conversación que se generaba imponía en mí un profundo interés, hubo momentos de resignación e incluso frustración de ser tan insignificantes frente a un rival tan grande aunque había una oportunidad que era buscar un agua sagrada que nos serviría para ejecutar tales males, asentí frente a la propuesta, ansiosa ya de comenzar aunque el viaje no resultaría tan sencillo como esperábamos, empezando con el cómo llegar.

Raimstailis, el mago, nos había pedido situarnos en dos círculos pequeños sobre uno mayor, si bien la magia que no provenía de los dioses me causaba cierta desconfianza todos aquí seguíamos un camino en común así que no había nada que discutir, no obstante cuando ya estaba presta a la partida algo salió mal, escuché el intercambio de conversaciones y torcí una mueca, una energía maligna nos impedía el trayecto, pero al menos podríamos viajar a la ciudad más cercana. Impuse una reverencia de despedida para luego sumergirme en aquel portal, viendo el espiral de tonalidades claras que rápidamente se esfumó al igual que la sala del trono.

Mi mirada recorrió alrededor, el gélido ambiente nos recibió junto con varias luces indicando la ciudad de Tarya más adelante, avanzamos, aún en silencio aunque no iba a negar el desconcierto que me generó el viaje por el portal, el calor humano de la ciudad prontamente nocturna nos atajó con insistencia en su interior, donde el bullicio propio de las tabernas se hacía manifiesto, por lo demás deseé que mi carta llegara a su destino y sopesé nuestras actuales oportunidades. Y es que no iba a negar que sin mi fiel córcel muchas cosas cambiaban, pero era un nuevo comienzo.

Que curioso como los hilares del destino pueden cambiar rotundamente nuestras decisiones al imponernos frente a situaciones diversas que nos imponen un nuevo objetivo, y un nuevo deber.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Björki Gotriksson el Vie Nov 11, 2011 7:11 pm

-Llévale éste anillo a mi esposa, en Katyna... Y ésta hacha a mi hijo, en Tarya... Júramelo, Björki...-

-Te lo jurro, viejo amigo. Tus reliquias le llegarrán a tu familia. Que la roca te acoja en su seno, camarrada. Viviste con honor y moriste con gloria.-

Snorri falleció, agarrándome el hombro con sus últimas fuerzas y sonriéndome. Yo observé su cuerpo en silencio y agaché la cabeza, arrodillado en señal de respeto por el venerable enano que acabábamos de perder. Habíamos estado luchando en una mina, despejándola de rátidos. Éramos en total unos cincuenta enanos, contra Karzun sabe cuántos rátidos. Para cuando llegamos al centro de la mina, base de los rátidos, ya sólo quedábamos treinta.

La batalla había sido encarnizada, y la sangre de aquellas criaturas había salpicado toda la cueva, creando incluso un pequeño riachuelo que hacía más resbaladizo el suelo, pero eso para un enano es una minucia. Éramos todos veteranos en la lucha de los túneles, e íbamos bien pertrechados. O iban. Yo con mi fiel hacha me basto. El combate había sido bastante cansado, pero finalmente habíamos logrado triunfar, aunque no muchos íbamos a volver a la ciudad de Tarya, que era la más cercana.

Snorri había sido herido de muerte cuando combatía contra un hechicero rátido y su rata ogro, pero no sin antes lograr destruir a ambos. Le conocía desde hacía un siglo, cuando él había sido mi comandante en los túneles, y aquella muerte sin duda era la que él merecía. Un combate heroico en inferioridad numérica y de capacidades, y aún así llevarse por delante a sus rivales antes de morir. Sin duda, la gloria le acompañaría a la tumba.

Suspiré, pensando que él, sin haber tenido que hacer el juramento de matador, hubiera logrado una muerte heroica, y yo, quien lo juré hace tiempo ya, siguiera con vida. Desde luego, la mala suerte se ceba conmigo. ¿Porqué demonios nada ha logrado matarme? ¿Tan débiles son mis rivales? ¿O es la ley de la mala suerte, que hace que cuanto más se busca algo, menos posibilidades se tiene de hallarlo? No lo sé, y tampoco soy filósofo. Soy un matador. Me toca seguir intentándolo hasta lograrlo.

Al cabo de unos días, nos hallábamos ya en la ciudad de Tarya. Yo llevaba el hacha de mi amigo a la espalda, y la mía cargada sobre el hombro, como siempre. Su anillo reposaba en uno de mis bolsillos, y su cuerpo se hallaba sobre una carreta, como el de los otros enanos que habían fallecido en aquella exploración. Merecían ser enterrados en las salas de su ciudad natal.

Entre la multitud, surgió un rostro conocido. Braghi, el hijo de Snorri, había salido a recibirnos. Si bien no lloró, agachó la cabeza con tristeza al ver a su padre muerto. Me acerqué al muchacho y le puse una mano en el hombro. Si bien era un joven bastante fornido, el peso de mi mano le hizo flexionar por unos instantes las piernas. Mirándole con el ojo sano, le dije, asintiendo:

-Tu padrre murrió como un hérroe. Llórrale ahorra. Prronto escrribirrán su saga. Estoy segurro que los músicos cantarrán su última batalla. Logrró abatir a una rata ogrro y a un hechicero rátido antes de morrir. Su última voluntad fue que te trrajerra esto, muchacho.-

Descolgué el hacha de Snorri, que pendía en mi espalda, y se la tendí por el mango. El joven la empuñó y me miró, con el brillo que se esperaba de todo buen enano. Si bien se sentía triste por la muerte de su padre, sabía que murió con honor, y el hecho de que su padre le legara el hacha no era simple tradición, si no que había depositado su confianza en él. Empuñando el arma, recitó unas palabras:

-Padre, juro que no te defraudaré. Con Karzun y Delia como testigos, acepto tus armas para continuar el legado de honor que has dejado.-

Asentí ante sus palabras, orgulloso de ver que mi viejo amigo había hecho de su hijo un enano modélico. Con mi hacha apoyada en el hombro, usé la mano libre para sacar el anillo de su padre y se lo enseñé, diciéndole:

-Oye muchacho, tengo que entrregarle esto a tu madrre. Tu padrre me lo pidió. ¿Está en la ciudad o sigue en Katyna?-

Entonces la mirada del enano se ensombreció de nuevo y empezó a hablarme tras tragar saliva, con un tono preocupado:

-No lo sé... Nadie sabe nada de Katyna desde hace tres días... Y estamos bastante preocupados, la verdad. Fíjate en las caras de la gente. Todos tenemos familia ahí, o casi todos.-

Fruncí el ceño, pensando en si podría haber pasado algo. Suspiré y me froté el parche con la mano, para seguidamente chuparme los dientes y decir, mirando al joven con una sonrisa de medio lado:

-No te prreocupes, chico. Ahorra ya es de noche, así que aprrovecharré parra descansar un poco. De momento, toma el anillo y guárdalo. Mañana partirré hacia Katyna. Si ha pasado algo grrave ahí, volverré parra informarte. No te prreocupes.-

El muchacho asintió, y tras coger el anillo y guardárselo, nos despedimos. Yo me dirigí hacia la taberna de la ciudad. Tuve suerte, pues aún les quedaban mesas y habitaciones libres, aunque muy pocas debido a que muchos de los habitantes de la ciudad necesitaban relajarse con una cerveza, y los viajeros estaban atentos también a cualquier noticia. Yo decidí sentarme en una esquina del lugar, pidiendo una cerveza y un estofado para recuperar energías tras el día tan largo que había tenido. Afortunadamente, ya había hallado sitio y hecho la reserva de habitación, por lo que no tenía que preocuparme por nada en ese momento. Sólo de tragar cerveza y comer.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Amaranth el Dom Nov 13, 2011 8:06 pm

-¿Eso es todo lo que tienes que decir?.- Pregunté con una voz un tanto estruendosa, en la que solo se escuchaba el crujir de mis dedos (si es que se podían llamarle así) Producto de aquel aprisionamiento en su cráneo, que lentamente llegaba a su fin.
Aquel hombre de cabellera blanca y lacia pataleaba desde su posición, mientras intentaba responder desesperadamente, pero claro mi mano, pata, extremidad o lo que fuera que fuese se lo impedía.

La misma apretó con la fuerza de cien orcos sobre la condenada cabeza, la cual en pocos segundos colapsó, dejando sin vida al famoso asesino.
Y es que sí, Ildamar era un asesino conocido por la forma en la cual mataba sus objetivos, como ayuda solo diré que "El aplasta craneos" era su ápodo que más le quedaba, pero en fin, ya había recibido su castigo con la misma moneda, y hablando de monedas, ya podría partir tranquilamente por mi recompensa, hacia Tarya.

Solté el cuerpo sin vida del canoso de pelo largo, este cayó en el suelo junto a otros cadáveres que lamentablemente no deberían de haber muerto, pero para cuando yo había llegado Ildamar había saciado su retorcida mente con aquellos sacrificios.
Con mis garras arranqué un tumultuoso medallon que descansaba sobre su pecho, y que me serviría más adelante para comprobar la veracidad del caso, pues seguramente debería de hacerlo si quería mi pago.

Unas cuantas horas fueron necesarias para llegar a Tarya, la noche aún tomaba forma y si uno ponía atención podía divisar los rayos del sol esconderse para darle paso a sus lunas.
El sol se iba, las luces se encendían y la ciudad seguía iluminada, aunque ya no había la misma cantidad de personas que hacía unas horas.
Entré a la taberna donde habíamos quedado con mi contratante, me dirigí hacia el mostrador, donde un joven de aspecto enflaquecido y una barba fina y larga esperaban por la petición de algún cliente.

-Espero que esta sea suficiente evidencia.- Dije mientras ponía el medallón sobre la mesada. Por alguna razón sentía cientos de miradas detrás de mí, pero asi era, nadie veía una especie de león humanoide de dos metros caminando tranquilamente por la ciudad, y menos en una taberna, pero las cosas eran así y no tenía porqué ocultarlas.
-Bien Amaranth, ya lo creo que has cumplido, pero veras: Krall se fue hace unos días a Katyna, según me había informado debería de haber regresado hoy, por la mañana temprano, pero nada ha pasado.- Tragó saliba unos segundos para continuar. -Tampoco puedo ir allí y dejar la taberna sola.. ¿Querrías un extra en tu paga? ya sabes que hacer.- Agregó.

-Agrega la mitad de lo que ibas a pagarme ahora, si no puede que encuentre el cuerpo de Krall por allí.- Comente sarcasticamente, mientras me dirigía a unas escaleras a un lado del mostrador.
-Mañana temprano salgo en su busqueda, si es que para ese entonces no ha aparecido.-
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por D. Monh el Lun Nov 14, 2011 1:56 am

El mundo, como un ser viviente, tiene sus propias formas de actuar. Si se lo ve como a un ser humanoide, podríamos decir que uno de sus brazos no se manda por su voluntad, sino por algo que otrora se conocía como Alea y que ahora recibe el nombre de Azar.
El azar tuerce caminos imposibles, empuja a desocupados jóvenes en aventuras sinsentido, e incluso dirige el futuro de todo un imperio.
Aquí y ahora mismo, no estaba dictando la guerra de un imperio ni las revueltas en Noreth, ahora mismo la suerte se ocupaba de mandar el destino de un sacerdote destinado al exilio, a perecer siendo repudiado por los de su misma creencia.

Sin tener comida, ni agua, ni siquiera nada de plata, caminaba Dhaere, tampoco teniendo un rumbo que seguir. Su último intento de adentrarse en una aventura había resultado un tanto… incompleto, con decir que ni siquiera se había llevado a cabo, pues se habían cambiado los planes.
Desde ese día, anduvo de pueblo en pueblo, enterándose de noticias que nada tenían que ver con su vida, y deambulando por campos de donde era echado como si fuera un animal, repudiado por tan solo pisar el pasto que los animales comían.

Anduvo días a pie, robó alguna vez algún pequeño cordero y preparó charque con él, para irlo comiendo y no fallecer en su intento; sería estúpido que aquel que está maldito e intenta evitar el mal, muera de hambre. En los pueblos pedía agua como si fuera un vagabundo, y ocasionalmente algún niño era el único que le ofrecía un tanto de agua y alguna galleta para saciar el hambre, a cambio, Dhaere le contaba historias de otros pueblos, cuentos para niños que se iba inventando sobre la marcha.

Un día la suerte por fin hizo su entrada pues, entre hambre y sed, había llevado al sacerdote a un pueblo apenas entrado entre las montañas, un pueblo demasiado movido, donde todos los habitantes, desde los ancianos hasta los pequeños, hablaban sobre una tal Katyna. Parecía una feria, con voces murmurando cosas, hablando de maldiciones y otros preocupándose, preguntando por familiares que vivían allá.

Dhaere se acercó a un niño que jugueteaba en medio de un camino empedrado, y lo tomó del hombro para que le prestara atención.
-¿Me puedes ofrecer un poco de agua, pequeño?
-Mi mami dice que…
-¿Y me puedes decir quién es tu…?
-¡Ikhh! ¿Qué haces, con quién estás?
-¡Maaami…!
-Señora, sólo quiero un poco de agua. No quiero hacerle daño a nadie, le pido disculpas si asusté a su pequeño.
-Es usted un…
Se miró de pies a cabeza, para ver si no llevaba algo extraño, que le hiciera confundir con un maleante.
-Soy…
-Un sacerd…
-Sacerdote, sí. Siervo del Creador.
-Sí, si… venga, le ofreceré agua y un poco de comida ¿Usted no es de por acá, verdad? ¿Puedo pedirle un favor…?

Llevóle a su hogar y contóle que el padre de aquel niño -al que mandó a un pequeño rincón a jugar con un desecho muñeco de felpa- trabajaba en la ciudad de Katyna, y que volvía a ver a su familia cada cinco días, pero hacían ya ocho que no había vuelto y no tenía ni siquiera una carta de su parte.
Le contó también que las personas se empezaban a extrañar, porque tenía amigos que estaban en una situación similar: Tenian tíos, hermanos o sobrinos que vivían en aquella ciudad, de la que ahora nada sabían.

Le pidió el favor por fin: En una carta escrita con su propia mano, firmada y sellada con un beso, tenía palabras para Ighe'mus, marido fiel y trabajador arduo. A cambio de la comida que le había dado ya, y del agua que había puesto en su boca y cantimplora, Dhaere juró ir a Katyna y darle aquella carta al dichoso hombre.


Última edición por D. Monh el Lun Nov 14, 2011 2:04 pm, editado 1 vez
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Lun Nov 14, 2011 4:17 am

La cortina, desvanecida por el desgaste de los años, apenas si tamizaba la luz inusualmente fulgurante de aquel medio día, cuando Therion Fortín de Hierro dio por fin en despertarse entre un revoltijo de sábanas amarillentas y vómito. Fue entonces que, en un arrebato espontáneo de sensatez, e impulsado por ese sentimiento de culpa al que sólo podía inducir una resaca de aquella magnitud; cuestionó a sus adentros y materializó la repentina incertidumbre que le asaltaba, preguntándose, tanto a sí mismo como al mundo entero, con la voz ronca de una garganta por la que habían entrado y salido varios litros del ron especiado de las Islas del Verano:

-¡¿Dónde mierda estoy?!-

De pronto, la intranquilidad repentina lo llevó a reincorporarse de un salto sobre el catre, evidentemente pequeño para su envergadura, pero al cabo de un rato de escrutinio negligente se dejó caer de nuevo, una vez se hubo convencido de que sus pertenencias estaban completas. La cabeza le palpitaba con la cadencia incansable del ritmo de su corazón, y la luz penetraba a través de sus párpados como una ráfaga de martirio premeditado. Entonces empezaron a acudir a su mente las imágenes aleatorias de varias noches de locura, y lentamente, como se recuerda a un sueño, empezó a reconstruir la historia de la peor borrachera de su vida.

Todo tuvo inicio una tarde de hacía 5 días en el poblado minero de Nocide Sur, ubicado en la ladera sur desde donde inician su ascenso descomunal los Montes Keybak. Therion había llegado buscando al mar, pero comprobó al entrar a la taberna del Ojo del Buey que en realidad iba encaminado en dirección contraria, cosa que ya había comenzado a temer conforme comprobaba que el sendero inagotable que estaba siguiendo cada vez ascendía más. Sumamente apenado le contó al tabernero, un rátido de aliento fétido que respondía al nombre de Skrybum, la manera en que, 3 días atrás, un elfo bribón le había indicado que siguiera el dicho camino, y la manera en que sodomizaría y desollaría “al muy hijo de puta” una vez diera con él, pues aunque sabía lo muy improbable que resultaría encontrarlo entre las desmesuradas extensiones de Noreth, al menos la evocación de aquellas grotescas torturas consolaban de alguna manera la frustración de su impotencia.

Un par de horas después, una vez la montaña se vio devorada por la penumbra de una noche sin lunas, irrumpieron en la taberna los hermanos Durham, Ghutark y Roghar, 3 orcos impetuosos ebrios de juventud, éxito y licor, que venían desde el mercado de las alhajas después de vender el mayor hallazgo de su corta vida como mineros, un diamante del tamaño de una manzana. Incluso Farrum, el mercader humano que los estafó, se sorprendió de que los orcos hubieran aceptado tan de inmediato cuando, tanteando el terreno, les ofreció un cuarto del valor del diamante, pero no podía comprender que incluso aquella oferta era más oro del que los hermanos habían contemplado en todas sus vidas. Un par de horas después estaban en el Ojo del Buey, invitando cerveza a todo aquel que quisiera recibirla.

Al principio Therion se mostró distante del jolgorio que se estaban montando los hermanos con su esplendidez exuberante. Aún malhumorado por el impase de su desorientación, se había dedicado a devorar en silencio la mitad de un jabalí, acompañado con la cerveza negra del Ojo del Buey, grandiosa bebida de la que Skrybum de jactaba de tener bajo custodia la fórmula secreta, pero que en realidad era cerveza enana del Fuerte Kazum rendida con un poco de agua. En todo caso resultó tan bien recibida por Therion, que continuó bebiendo jarra tras jarra, aun mucho después de que se había acabado el jabalí, y así sin darse cuenta, se fue contagiando del entusiasmo de los mineros, hasta que se vio brindando con ellos en un momento, jugando pulsos que destrozaron 3 mesas después, y finalmente contándoles con efusión sus historias de guerra, hasta que, entrada la madrugada, los jóvenes casi le consideraban el cuarto hermano.

A la noche siguiente los 4 orcos todavía seguían bebiendo. Skrybum había mandado llamar a los 3 músicos que antaño llenaban con sus melodías alegres las recamaras de la taberna, pero que ante la falta de audiencia se habían tenido que resignar a su vida de pastores, y una vez se reconciliaron con sus flautas y violines animaron de tal manera el júbilo de los borrachos, que cuando Roghar propuso llevar el festejo a otro lugar, todos convinieron en que sólo se marcharían si los músicos venían con ellos. Cuando volvió a amanecer, todos estaban bebiendo en un carruaje colosal tirado por bueyes, los músicos seguían tocando y el licor continuaba su flujo constante, que se mantenía así porque en cada uno de los poblados interconectados por los que iba pasando el carruaje, los hermanos se cercioraban de reabastecer de cerveza y aguardiente. Al cuarto día nadie sabía en qué asentamiento estaban, apenas si habían dormido y ya los músicos exhaustos habían encontrado ocasión para escapar. Durham que fue en busca de licor, regresó con un magnifico ron traído de tierras remotas y una docena de unos cigarros que, como pudieron comprobar, no estaban rellenos de tabaco, sino de una sustancia psicotrópica conocida como la Dautama y que hasta entonces había sido desconocida para Therion, quien finalmente, en la combinación de excesos y de agotamiento, perdió la consciencia de sus actos, pero ganó la certidumbre de que tenía ganas de montar a una humana, de manera que dejó inconsciente a la primera que encontró, y pese a que la encontró inusitadamente fea, se marcho cargándola a ella y a su equipaje hasta la posada cercana donde habían conseguido el licor, sin dar tiempo para que sus compañeros de juerga le explicasen que esa no era una humana, sino el conductor del carruaje, y que en todo caso para montar a una hembra no era necesario pagar por una habitación.

Por fortuna para el conductor, una vez entró a la habitación, Therion cayó desmayado casi al tiempo que él recuperaba la consciencia para escapar. Al día siguiente se marcharía con su esposa e hijos a buscar fortuna en la ciudad de los elfos, porque según se le escuchó decir estaba "cansado de los abusos de esa tierra de gigantes cabrones”. Sin embargo, en la decadencia de su resaca sin precedentes, y aún por el resto de su vida, Therion estaría convencido de que estuvo a punto de tirarse a la humana más barbuda de la faz de Noreth. Ahora, postrado como estaba en el catre, Therion sentía martillar en su cabeza el rumor incipiente de la agitación de la primera planta, y se levantó, no porque sintiera curiosidad sobre qué era lo que pasaba, sino porque sencillamente, tenía muchas ganas de mear.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Swarm el Lun Nov 14, 2011 11:40 pm

Bajo los ojos de los hombres y mujeres, se esconde un monstruo, bajo las dulces palabras de los amantes, el filo de la daga brilla ante el sol, caricias vacias que intentan calentar un cuerpo frio, caricias que no son mas que meras fanasias, meros sueños y anhelos, que no se cumplirán, que no se realizaran ni tampoco perduraran, aun los muertos sueñan, mientras su carne se desprende de sus huesos, aun sueñan con ver nuevamente el día, sentir el calor en su piel, respirar el aroma de la hierba húmeda … mas quienes vuelven de la muerte no sienten el calor, ni pueden ver el mundo, ni tampoco respirar aquel ahora que se corrompe con su esencia, agujeros vacios en sus rostros, huesos desnudos de carne, anhelos rotos y perdidos en la bruma del tiempo que los consume lentamente sin detenerse.

Las tierras se extendían mas allá de su vista, estas se perdían en la bruma, donde se unían al océano con lujuria y daban la espalda a las montañas que la vieron nacer, la tierra dejaba su estela, esperando que los brotes de hierba surgieran de su superficie, que dejaran ver el verde que desprendía aquel dulce aroma a juventud, a vida continua … mas el destino de aquellas hierbas era el de desaparecer y tarde o temprano se volverían polvo, para reunirse con las anteriores … y así seguiría hasta que el tiempo dejara de existir.

El camino polvoriento era solitario, no había rumbo fijo, mientras el cien pies recorría el cuerpo de su dueño con tranquilidad, escurriéndose en algún pliegue cálido para acurrucarse como si fuera un bebe … un bebe capaz de matar y de ser monstruoso, aun así para su amo era una criatura hermosa, quizás por su propia apariencia, o por su inclinación a su magia, para la criatura maldita aquellos insectos y arácnidos eran tan hermosos como el mejor de los corceles o el más fino de los galgos, la belleza estaba en sus caparazones, en sus patas y mandíbulas, con suavidad, paso a paso el “maldito” estiro su brazo, suavemente, tres garras reemplazaban sus dedos que alguna vez fueron humanas, la piel dura como la de los insectos cubría cada sección de su piel, sus ojos miraban las placas, que como si fueran una armadura se sobreponían unas a las otras, más un cien pies de su trió se deslizo con sus patas alrededor de su brazo, para jugar entre sus dedos, con tranquilidad la otra mano se introdujo en su bolso y saco un pequeño grillo que había atrapado horas antes, como si fuera su mascota acerco el grillo a las fauces de su ciempiés y este vorazmente se le lanzo, para comenzarlo a devorar lentamente en su mano.

Mas el camino era largo, y la caminata ya llevaba mucho tiempo, sus ropas estaban comenzando a roerse por el polvo y la lluvia, y aun así trataba de mantenerse lo más oculto posible, ya que había aprendido que aun con palabras los campesinos podían llegar a ser unos barbaros, sin cerebro, llenos de prejuicios y fantasías, quizás la diosa fortuna le sonreía por primera vez en mucho tiempo, una carreta venia por el mismo camino y haciendo una seña Swarm le llamo la atención, el caballo se detuvo a un par de metros, mientras un anciano le veía bajo un viejo sombrero de paja.

-¿A dónde va?*pregunto el anciano*-

-Buen hombre, me dirijo a la primera ciudad o pueblo que encuentre, llevo días caminando y el agotamiento lentamente consume mis fuerzas, quisiera pedirle si fuera tan amable de llevarme hasta donde pueda, con gusto pagare por el transporte *el anciano dudo unos momentos, y ante aquella duda Swarm saco una moneda de oro de su bolso, siempre oculto bajo la tela de sus ropas, para ocultar incluso su mano* quizás esta moneda libre de las nieblas de la duda a su mente *depositando la moneda a su lado en la carreta* -

-Está bien sube… mas la próxima ciudad es Tarya… pero no le aconsejo quedarse, dicen que últimamente pasan cosas en su ciudad hermana Katyna…-

Agradeció el consejo y con tranquilidad Swarm subió a la parte trasera de la carreta, el camino fue mucho más a gusto de esa forma, incluso entre la paja que había encontró algunas chinches, las cuales fueron devoradas por sus escorpiones y avispas gustosamente, una larga hora paso hasta que la carreta se detuvo en una bifurcación.

-Hasta aquí lo puedo llevar… si sigue aquel camino *indicando un camino con hierba* llegara en poco a la ciudad… mas como dije es mejor que no vaya-

-No se preocupe buen hombre, estaré bien, aquí esta su pago por su transporte *dejando otra moneda en la madera* que los dioses le sonrían y que viva largo tiempo-

El camino no fue largo, hasta que traspaso las puertas de la ciudad, esta aprecia hervir de inquietud y no eran pocas las personas que habían en la calle, debía de tener cuidado si quería tan solo comer y descansar en ese lugar y no terminar quemado en una hoguera por alguna brutalidad de los hombres… con tranquilidad y tratando de no tropezar con nadie iba rumbo hacia la taberna más cercana.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Bargho el Mar Nov 15, 2011 6:22 am


La caminata por el frío y vacío campo transcurrió tranquila hasta llegar a los lindes de la ciudad, durante el trayecto que no duró mas de quince minutos Raimstailis conversó con Bargho quien le contó los pormenores del viaje por el valle el cual acababan de concluir y del que pasaron sin el menor descanso a unas montañas lejanas en el otro lado del mundo.

-En fin- le dijo- No es mi intención entrometerme en sus asuntos maese Bargho pero no creo que su honor haya sido mancillado con esa triste aventura, ha hecho lo que debía y no ha parado ni descansado por cumplir con deberes que en principio no le atañen, es más, debería aprovechar de esta noche para descansar como se debe en Tarya.-

El minotauro no estaba del todo de acuerdo con el humano pero no deseaba contradecirlo, de todas maneras le agradaba aquel mago, tan ajeno al tono altanero de muchos de los de su clase.

-Eso es lo de menos- respondió- de todas maneras ¿Por qué no pudimos llegar directamente a Katyna? ¿Qué crees que pueda suceder allá?-

-No tengo una idea clara de lo que pueda estar pasando dijo con tono sombrío- pero debe de ser un poder muy grande para poder bloquear mi magia de esa manera… -

Llegaron a las puertas de las murallas de Tarya y se detuvo la conversación, las puertas se hallaban cerradas y desde la portezuela un centinela les hizo un largo interrogatorio, luego les contó de la situación en Katyna y los dejó pasar.-

-Esto tiene una pinta cada vez peor por momentos –dijo el una vez entraron en la ciudad- será mejor no hablar por el momento mientras nos hallemos en la calle, la ciudad puede estar saturada de espías, es claro que todos tienen miedo.-

Varias patrullas circulaban por la ciudad, tanto de soldados regulares como de milicianos a la vez que se habían redoblado las guardias en las murallas, ante la ausencia de noticias las autoridades habían dispuesto que era mejor permanecer alertas ante cualquier eventualidad. Raimstalis se guiaba a paso firme por la ciudad, aparentemente ya había estado allí antes.

Llegaron a la plaza de armas cuando una gigantesca bola de fuego atravesó el cielo e impacto directamente en la torre del reloj del Ayuntamiento, la cual estalló en llamas con gran estruendo al tiempo que se derrumbaba desparramando escombros por todas partes, inmediatamente después otras esferas candentes cayeron en distintos puntos de la ciudad causando gran ruido, Raimstailis vio algunas sombras deslizarse por las ruinas de lo que quedaba de la torre…

La mujer había invitado a aquel sacerdote extraño confiando en que los hábitos de aquel hombre le obligaran a un acto de caridad, no tenía noticias de su marido desde hace días y la angustia de la incertidumbre la consumía, el viejo sacerdote acababa de aceptar su encargo cuando dentro de la casa se oyó el retumbar de un par de explosiones lejanas, ambos quedaron en silencio por unos segundos y antes de poder articular palabra la pared frente a ellos estalló llenando la habitación de cascotes y abriendo un enorme agujero por el cual entraba deslumbrante la luz de unas grandes lenguas de fuego anaranjadas, el sacerdote y la mujer que se encontraban sentados terminaron tirados en el suelo, al otro extremo de la habitación el niño que había roto en llanto enmudeció lleno de horror… Por el agujero y saliendo de entre las llamas un par de criaturas aberrantes entraron lentamente, siseando y maldiciendo en lenguas arcanas mientras el perfil de su desnuda piel roja se oscurecía con el trasfondo del fuego, sus bocas se abrían enormes mostrando hileras de afilados dientes y un par de agudos cuernos terminaban de evidenciar el origen demoniaco de sus portadores, los ojos ardientes como brasas de uno de ellos se dirigieron sucesivamente hacia la madre y al sacerdote y tras evaluar que el padre era la principal amenaza en la habitación empezó a avanzar amenazadoramente con un puñal en mano, mientras el otro husmeaba el aire… no tardaría en encontrar al niño cuya suave y sonrosada carne hacía las delicias de los caídos.


La taberna estaba llena, y eso es lo que hizo aún más dramática la explosión de fuego y trozos de madera quemada que voló una buena parte del piso de arriba donde se encontraban varias habitaciones y que derrumbó el cielo raso del gran salón donde bebían y compartían varios de los parroquianos, las ruinas del piso de arriba encendidas en llamas aplastaron cuatro mesas con sus respectivos comensales aparte de la mitad del mostrador y con los trozos de madera que caían aterrizaron alrededor de una docena de corpulentos guerreros demoniacos armados con hachas, espadas y otros objetos cortantes quienes inmediatamente se pusieron a descuartizar y a degollar a los supervivientes los cuales se hallaban en su mayor parte desarmados. El local se llenó de humo y las llamas rápidamente empezaban a avanzar y a consumir todo en medio de la orgía de sangre que los demonios desataron sorpresivamente. Al parecer alguna desconocida entidad decidió servirle el postre al viejo Björki Gotriksson, quien acababa de terminar de devorar su media res en estofado y estaba dándole el último sorbo a su cerveza cuando todo el pandemónium se desató en el salón de la taberna justo frente a sus narices; el antropomorfo Amaranth por su parte, apenas se vio alcanzado por algunas astillas de fuego que no le ocasionaron daño alguno, tuvo una increíble buena suerte aquella noche ya que por unos segundos habría muerto aplastado junto con la mitad del mostrador… bajo las ruinas humeantes estaba el cadáver del tabernero con quien acababa de conversar, uno de los demonios guerreros se volteó y lo miró a los ojos.


En el piso de arriba, el orco Therion se hallaba medio desnudo y a media micción de los vestigios de la borrachera monumental que acababa de vivir, ya iba llenando el cubo metálico que había en su habitación con tal fin cuando un estruendo colosal que martilló su cráneo hasta lo más profundo del cuerpo calloso de su cerebro vino acompañado de un desastre infernal que se llevó por delante toda la pared que estaba a un metro frente a el y de una ola de calor ardiente que chamuscó parcialmente el venerable chorizo verde del orco haciéndole dar un aullido de dolor, abajo, los responsables del siniestro caían junto con los escombros e iniciaban una orgía de destrucción claramente visible por el enorme boquete que se había abierto, las llamas se extendían, el “honor” había sido herido ¿Qué haría aquel brutal orco?

Y por último, por la calle principal andaba medio escondido aquel extraño ser insectoide que se escurría entre los lugares menos iluminados para evitar las miradas inquisitorias de los peatones, el también acababa de llegar a la plaza de armas cuando vio a aquella primera bola de fuego impactar contra el campanario, también vio las sombras que bajaban por él, también vio a los… ¿Demonios? Más bolas de fuego atravesaron el cielo nocturno aparte de las once que habían caído inicialmente y se estrellaban con estruendo por toda la ciudad, pero principalmente en las proximidades a la plaza de armas, por una de las esquinas una turba de alrededor de veinte demonios se abalanzó en el centro de la plaza, matando a gente por doquier, rebanando cuellos, arrancando brazos, devorando rostros… El fuego de la batalla se alzaba por todas las calles de la ciudad mientras las patrullas de soldados y milicianos se enzarzaban en combate con los demonios en una cruenta carnicería. En la plaza los demonios avanzaban… Bargho miró a Takenagi mientras Raimstailis desenvainaba su brillante espada de adamantio y empuñaba su báculo y se dirigió al samurai con un tono casi triste.

-Parece que la sangre y el dolor nos persiguen ¿No es así mi viejo amigo?-

El grito de udvider sucedió a esta frase, lanza al frente, escudo firme, un minotauro se batiría en las calles de Tarya.

Spoiler:
Ficha de Raimstailis Flinnigan:



Nombre: Raimstailis Flinnigan

Edad: Desconocida, aparenta una edad que ronda los 30 años.

Raza: Humano

Lugar de origen: Desconocido

Sexo: Masculino

Nivel: VI

Pertenencias:

Báculo Flinnigan: (En imagen) Herencia transmitida de generación en generación entre los hijos segundos de su familia, este báculo canalizador es una antigua obra de arte finamente trabajada en mithrill de alta calidad. Su rasgo más distinguible (Aparte de las sendas runas que dan a su portador un gran poder mágico) es un orbe azul-celeste que brilla en un extremo del mismo, los poderes de aquella gema son un misterio para todos excepto para Raimstailis, sin embargo el más evidente es la energía azulada que emana de el y que impregna incluso a su dueño, si bien a el no le causa ningún daño aparente, esta causa unas feas quemaduras a todo aquello que toque.

Otorga:

+10 Espíritu
+10 Esencia

-Harix: (En imagen) Largo sable de Adamantium con vaina y empuñadura doradas, su temple y resistencia son legendarias debido a la naturaleza del metal con el que está forjado; se dice que un rey otorgó dicha espada a Raimstailis en pago por un gran favor.

-Botas del Eterno Caminante: Largas botas de cuero de wyvern gris, llevan un armazón rúnico de mithrill por dentro las cuales le otorgan unas grandiosas cualidades mágicas gracias a las tres runas altas que le adornan, estas botas fueron el botín del mago al derrotar a un hechicero maligno.

+10 Resistencia
+10 Agilidad
+10 Destreza

-Sortija del Campeón: Anillo de acero enano con inscripciones rúnicas medias, es el recuerdo de un guerrero y gran amigo de Raimstailis que murió años atrás. Lo lleva en la mano derecha.

+4 Fuerza
+4 Destreza

Rasgos especiales:

Dominio Básico de Magia Espacial

Especialización en Magia Espacial (+8 Espíritu +8 Esencia)

Habilidades:

-Esgrima de Combate: Raimstailis domina un estilo de combate fundamentado en el uso combinado de báculos y espadas, su nivel en el combate a cuerpo ha llegado a nivel de maestría.

- Conjuro presto: Un mago que conjure de esta forma reduce en uno los turnos para lanzar hechizos (es decir, los hechizos de nivel básico podrán ser lanzados cada turno, los medios cada tres turnos, y los avanzados cada cuatro)

-Canalizador Nato: Raimstalis es un canalizador nato, es decir, tiene un talento natural para manipular la magia que le ha acompañado desde su más tierna infancia.

+5 Esencia
+5 Espíritu

-Disrupción espacio-temporal corta (II): (Hechizo de nivel básico) Sin mediar palabra ni conjuro alguno, Raimstailis puede teletransportarse a una distancia equivalente en metros al número de sus puntos de esencia. (Gracias a potenciación mágica esta distancia se incrementa en un 50%)

Radio de alcance actual: 67,5 metros.

-Fisura del tejido espacial (III): (Hechizo de nivel medio) Con un golpe de esencia, Raimstailis provoca una fisura en el tejido espacial provocando que espacio extradimensional penetre, el resultado es una fuerte explosión cuyos efectos varían dependiendo del ángulo de irradiación, mientras mas ámplio es tiene menor potencia pero mayor rango y mientras mas cerrado sea el ángulo, mas se concentrará el poder del impacto en un punto específico. Una de las cualidades de este hechizo es que puede disolver gran parte de los ataques directos de magia elemental.

Voz: Varakeh

- Potenciación mágica (IV): Un mago que haya dedicado su estudio a la potenciación mágica verá como sus hechizos son potenciados notablemente

-Refracción Espacial (V): (Hechizo de nivel medio) Raimnstalis puede alterar las proporciones espaciales para hacer que un objeto que estaba en un lugar esté en otro durante un breve periodo de tiempo manteniendo una unidad estructural. Este hechizo cobra su nombre del hecho de que es prácticamente identico al fenómeno provocado por la refracción de la luz que hace que un lápiz introducido en un vaso con agua parezca “quebrarse” en dos partes. Generalmente el mago utiliza este hechizo en la hoja de su espada, haciendo que el corte de esta se transporte a otro lugar salvando cualquier defensa. Mientras mayor sea la distancia, mas difícil será este hechizo.
Voz: Fracta.

-Disrupción Temporal-Espacial Larga (VI): (Hechizo de nivel Avanzado) Previa invocación de unos anillos canalizadores de esencia (uno por viajero), Raimstalis canta unos versos en lengua ininteligible, pudiendo transportarse a el y a aquellos que elija a cualquier sitio del mundo en el cual se haya encontrado antes. El hechizo consume 5 puntos de esencia por cada viajero que se transporte (incluyendo al propio Raimstalis).

Habilidades menores:

-Inteligencia Pavorosa.
-Políglota.
-Alfabeta en varios idiomas y sistemas de escritura.
-Artesano habilidoso.
-Don de gentes.
-Educación en distintas normas de etiqueta.

Estadísticas:

Resistencia:20
Fortaleza: 10 + 4 + 1 = 15
Agilidad: 10 + 10 + 5 = 25
Destreza: 10 + 10 + 4 = 24
Espíritu: 10 + 10 + 5 + 8 + 12 = 45
Esencia: 10 + 10 + 5 + 8 + 12 = 45

Descripción física:


    -Cabello: Blanco
    - Ojos: Azules
    - Contextura: Atlética
    - Altura: 1,80
    - Peso: 78 kg
    - Ropa: En la imagen, capa marrón con símbolos azules, ropa holgada de lino fino.
    - Otros: Sus ojos brillan de un azul similar al del orbe su báculo al canalizar magia.
    - Imagen:




Descripción Psicológica: Un sujeto bastante animado, de una inteligencia amplia y un temperamento fresco y calmado que no duda en incluso gastar algunas bromas cuando se da la ocasión; es sin embargo, infatigable en su determinación y lleva los asuntos de su misión a una seriedad impresionante. Leal, es un buen compañero de viaje por el cual es fácil sentir una gran empatía.

-Fobias: A las arañas gigantes, las detesta.
-Aspiraciones Mantener el equilibrio en los poderes mágicos de Noreth
-Otros rasgos: Su pasado es relativamente desconocido para casi todo el mundo.

Historia: Amigo de reyes y enemigo de Reyes, el número de sus relatos y experiencias es tan grande que probablemente los años que ha vivido son muchos más de los que señala su rostro aún joven.

La vida pasada de Raimstalis es un misterio para muchos y un secreto celosamente guardado por muy pocos, lo que se sabe de ella es por referencias a sus hazañas mas sonadas que lograron trascender a su momento y se cuentan por tabernas de todo Noreth, desde Geanostrum hasta la jungla de Uzuri, pocos son los lugares donde el Errante Pardiazul, como le llaman algunos, no haya pasado y dejado su marca.

Heroe para muchos, enemigo mortal para otros tantos, de las pocas cosas certeras que se saben de él son su gran sabiduría y su amistad con la orden de Luminaris, cuyos ideales comparte cuando menos parcialmente y en compañía de los cuales se lo ha visto con frecuencia.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por D. Monh el Vie Nov 18, 2011 3:54 pm

-Mi marido es aprendiz de herrero en Katyna, está siendo instruido desde hace diez años para que supla al anciano que aún hace ese trabajo. Dicen que al viejo le queda poco tiempo de vida, así que mi marido está aprendiendo todo lo posible de él antes de que…
-Eso queda entendido, no es necesario que hagas hincapié en el fallecimiento de nadie. Se habrá extendido su trabajo, eso y nada más. No es necesario que pienses cosas extrañas, pues las más de las veces no son más que pensamientos que dejamos ceder a los pecados.
-Pero… Se hubiera comunicado, me habría mandado una carta. Es difícil que no vuelva a su casa, si bien ya no por mi… Por su hijo, él adora a Majhil, es como su viva imagen.

La conversación continuó por minutos, mientras el niño –en un cuarto aparte- jugaba con diversos juguetes de madera y algunos de acero, que su padre le hacía ocasionalmente y le llevaba para que no se olvidara de él, y supiera qué es lo que su padre hacía en los días que no se veían. Mientras tanto, su madre –que a los efectos habíase presentado como Laila- conversaba sobre el sujeto en un comedor pobre, adornado con flores y una única mesa de madera, más roída por las termitas y el tiempo que un anciano por la vida. La mujer desistió en la charla por unos segundos, alzándose de la mesa para ir hacia una precaria cocina a traer vegetales y apenas un corte de carne para ofrecer al padre. Era tan obvia su situación de pobreza que ni siquiera hacía falta pedir disculpas por la comida.
-Gracias por el detalle, pero no es necesario que haga esto.
-Usted es la primera persona a quien le puedo pedir que lleve esta carta a mi marido, por favor, acéptelo. Me haría muy feliz…

Comió un par de papas y una zanahoria, todo simplemente hervido, acompañándolo de un fino corte de carne, sin color y apenas con aroma. Empezaba a tener un sabor rancio, pero no hizo ningún gesto negativo ante la posible ofensa hacia Laila.
Estaba mordiendo una papa cuando escucharon un fuertísimo golpe que desde luego fue acompañado de gritos y demás sonidos. Quiso levantarse para saber qué pasaba fuera de la casa, pero un nuevo golpe volvió a sonar, y ahora prácticamente en sus rostros:
La pared derecha, que era la que tenía la puerta de madera, cayó como si fuera papel, disparando piedras pequeñas y levantando una gran nube de polvo. Del punto de impacto se sintió una fugaz honda de calor que desapareció para dar a luz a un par de demonios, que entraban trepando como arañas por las paredes.

La comida quedó tirada por el suelo, junto al sacerdote y la mujer –y la mesa y las flores-. Dhae giró la vista hacia la mujer, para ver un rostro de pavor; y de inmediato escuchó también el llanto del pequeño. Mierda. Se puso en pie lo más rápido que pudo, tomando la Akuma –enfundada- con la mano diestra.
Se puso nervioso mirando las reacciones de ambos demonios, que aunque eran menores, eran siempre un problema grave. Aquellos, aunque nunca se los había cruzado en el pasado, estaban detallados en los antiguos compendios del templo del desierto: Eran bestias destinadas a investigar, pero no dejaban de ser demonios. O sea, no dejaban de ser peligrosos. Uno de ellos se estaba dirigiendo hacia él, escupiendo palabras ininteligibles para él; más antiguas quizás que el mismo Noherense antiguo. Y el otro se quedó olfateando, sabedor seguramente de la existencia del pequeño.

Ése segundo le preocupaba más: Podría eliminar a uno de ellos seguramente, pero con ambos, y teniendo ellos objetivos distintos, sería mucho más difícil. Por un segundo quiso maldecir los juguetes del niño, que lo llevaron lejos de su madre; pero era inútil querer justificar acciones azarosas.
Separar a los demonios haciendo que uno fuera hacia él, sólo haría que la muerte del niño fuera segura. Si quería salvarse tanto a sí mismo como al niño, tendría que pelear con ambos demonios al mismo tiempo. Sanctum Patrum… lamento lo que haré. Shibah… demonio maldito, esto no significa tu victoria, y nunca lo será. Desenfundó la Akuma por vez primera desde que la tenía, y dejó la funda colgada a su cadera, donde solía portar el arma.
-¡Mujer, huye y busca refugio! ¡Fuera debe haber guardias, ve con ellos!
Sin esperar respuesta ni mirarla, corrió en dirección al cuarto del niño, evitando enfrentarse con el demonio y tratando de llamar la atención del otro, quien se estaba movilizando ya hacia el cuarto del pequeño.

Si lograba llegar al cuarto del niño antes que ambos demonios, todo sería mucho más sencillo: Apenas estar en la puerta conjugaría el poder divino para Exorcizarlos, y mientras permanecían dañados por la gracia del Creador acabaría con su existencia con la Akuma, un solo corte para separarles la cabeza del cuerpo bastaría.
En caso contrario, en caso de que no pudiera adelantar a ambos demonios… No, se negó mientras evitaba aún cruzarse con el demonio y si era atacado, trataba de evadir los ataques con el filo de la hoja-demonio. Debía salvar al niño, tenía que hacerlo, aunque él resultara herido.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Björki Gotriksson el Dom Nov 20, 2011 2:19 am

Desde luego, ¡los enanos sí sabemos cocinar! Según había podido ver, algunas de las personas que se encargaban del local eran enanos, y la cerveza era directamente importada desde Drunk’Thrond. El estofado de res estaba delicioso, y en poco rato la devoré, demostrando que los matadores enanos somos los enanos que más disfrutamos de cada comida. Siempre puede ser la última. De mientras, iba tragando cada pedazo de estofado con la cerveza, la cual no era el meado de cabra que servían en la mayoría de tabernas, si no que era verdadera cerveza enana. Ya podía espicharla, porque con semejante comida en la barriga, paladearía mejor la muerte. Y el destino pareció bendecirme con la posibilidad de la muerte en ese momento.

Una intensa deflagración destruyó el piso de arriba en gran parte, y no contenta con eso, la explosión además derrumbó el techo del salón donde todos estábamos. Los fragmentos de piedra y la madera ardiente destrozaron algunas mesas, además de aplastar a las personas que ahí se hallaban de tertulia como si fueran insectos bajo la bota de alguien.

Reaccionando inmediatamente, agarré el hacha, levantándome de la silla con una sonrisa de medio lado. Observé la escena que empezaba a desarrollarse en aquél lugar, y pude ver a una docena de seres demoníacos que se lanzaban a por la gente de la taberna, asesinándola de forma despiadada.

Agarré una mesa, tirándosela a un par de demonios que iban a asesinar a una pareja que se hallaba ahí. El impacto fue directo, y el mueble se partió en sus espaldas. Ambos monstruos cayeron arrodillados al suelo, soltando seguidamente un rugido de furia. ¡Eso era lo que quería!

Rápidamente cogí con ambas manos el hacha, esperando a que se acercaran más. Ambos seres iban apartando el mobiliario que hallaban en su camino para evitar que lo usara como arma arrojadiza contra ellos, y finalmente llegaron a mi altura. Uno llevaba una espada, y el otro llevaba un mazo. Armas típicas, en otras palabras.

Primero se abalanzó a por mí el de la espada, al cual le bloqueé el ataque con el mango de acero del hacha, para seguidamente darle un empujón. Salió rebotado, cayendo al suelo, aunque no pareció afectarle mucho la caída, sí me dio tiempo para poder ocuparme de su colega. Un ser más flojo que aquél habría volado algunos metros tras semejante impacto. Los demonios no parecían tan fuertes como yo, por el simple hecho de que si tuvieran mi fuerza, apenas se habrían movido del sitio, pero sin duda poseían bastante fuerza en comparación a la media norethiana, pues cuando agarraron a un humano pude ver como lo partían por la mitad entre dos.

Mientras uno retrocedía, el otro se lanzó a por mí entonces, haciendo que nuestras armas chocaran. ¡Vaya, parece que los demonios tienen tendencias suicidas, porque el muy idiota acercó demasiado el arma a la hendidura del hacha! De un rápido movimiento, hice un movimiento lateral, colando el mango de su mazo en la hendidura, para seguidamente dar un tirón, arrancándole de las manos el arma, que chocó contra la pared. El monstruo tardó en reaccionar. Lo suficiente como para que le mandara de vuelta con su puta madre.

Haciendo un movimiento ascendente, mi hacha se clavó justo en su entrepierna, y no contenta con eso, empezó a subir hasta el ombligo. De un rápido movimiento, la desclavé, haciendo que el demonio soltara un grito agónico y finalmente cayera al suelo, desparramando algunas de sus vísceras contra el suelo. No eran muy resistentes comparados conmigo, la verdad, aunque comparados con la mayoría de personas, sí se les veía duros.

El segundo demonio se acercó corriendo a mí con furia redoblada al haber sido yo el asesino de su compañero. Sin más dilación, cuando vi que iba a descargar su espada contra mí, le di un golpe justo en el “saco de las aceitunas” con la empuñadura del hacha. El monstruo cayó arrodillado mientras soltaba la espada, al notar como su demoníaca descendencia quedaba seriamente disminuida tras semejante golpe. Aprovechando aquél momento, solté de una mano el hacha y le agarré la cabeza, para seguidamente darle un cabezazo. El impacto fue tal que le rompí el hocico y le hizo soltar un gruñido mezcla de dolor y rabia. Entonces llegó el toque final.

Solté el hacha y agarré con la mano derecha la espada que había soltado, mientras con la mano izquierda le agarraba de uno de los cuernos, tirándole hacia atrás la cabeza, dejando así su cuello a la vista. De un rápido movimiento, le clavé la espada en diagonal por la yugular, dejándola encajada a la altura de la segunda costilla. Tras eso, volví a coger el hacha y le corté la cabeza de un barrido. El demonio se convirtió en una fuente gracias a haber perdido la cabeza, dejándome bien bañado de su sangre. Reí fuertemente y grité:

-¿¡Esto es todo lo que sabéis hacer, panda de mierdas cornudas!?-

En aquél instante reparé en un hombre con cara de león que había en la taberna, y que parecía ser de los pocos capaces de sobrevivir sin tener que huir a lo cobarde. Mirándole, le grité, mientras me ponía en posición de combate para esperar a que vinieran más demonios:

-¡Tú, león, ven aquí! ¡Si quierres salir con vida de esta taberna, serrá mejor que hagas equipo conmigo!-

Tras eso, cogí la primera pieza de mobiliario que tuviera cerca con la mano izquierda y se la tiraría al primer demonio que viera. Así atraería la atención de alguno más, y podría seguir matando alegremente, o morir felizmente contra ellos.
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Björki Gotriksson

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