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En Busca de la Bendición

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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Musashi Takenagi el Lun Nov 21, 2011 8:02 pm

Era todo un misterio lo que realmente ocurría en Katyana pero la tensión producto de la incertidumbre y el miedo de lo que posiblemente había ocurrido estaba latente en Tarya, el nerviosismo de sus habitantes era evidente, los refuerzos de la vigilancia reflejaban el recelo de que posiblemente lo que hubiese pasado en Katyana también fuera a repercutir en esta ciudad. No había dudas que era algo muy poderoso recordando lo ocurrido anteriormente en el valle considerando además que el viaje de transportación mágica se vio cancelado en vista de una magia mayor que hacía de barrera. No iba a bajar la guardia y tampoco descartaba la posibilidad que este lugar fuera de todo menos seguro, no obstante debo admitir que no esperaba que los acontecimientos surgieran tan rápido y abruptamente como fue que pasó.

De pronto los bullicios propiamente mundanos de toda ciudad se exasperaron hasta el grado de que el sitio se convirtiera en un campo de candente desesperación y desdicha. Del cielo y sin previo aviso había descendido una uniforme bola de fuego que se estrelló de lleno en la torre del reloj, aquella se estremeció hasta derrumbarse mientras era consumido por la intensidad de las llamas, entonces instintivamente me vi motivada de ir en tal dirección tanto para saber que ocurría como salvar la vida de alguno que pudiese estar en problemas producto del fuego y los escombros proferidos por aquella torre completamente arruinada, sin embargo el llamamiento de destrucción no sería uno solo, de pronto más bolas de fuego descendieron del firmamento como si los astros decidieran visitar la tierra y fueron impactando diversos puntos de la ciudad. No negaré que en un principio consideré que pudiera repetirse la historia ocurrida en el fuerte donde aquel dragón asoló de destrucción sin dejar más que un rastro de ruinas y desesperanza, y por lo mismo ahora estando presente no permitiría que ocurriera dos veces tal nefasto suceso.

Varias bolas de fuego sucedían del firmamento para impactarse sobre la tierra, los soldados desvainaron sus armas para enfrentarse con determinadas criaturas que habían surgido de improviso para causar mal aprovechándose del caos y la destrucción proferida por el fuego. Aquellas criaturas armadas de tono carmín me recordaron un poco a las “criaturas del mal” como solía nombrar Rotghar aunque no estaba dentro de mis materias conocer sus raíces, pero bastaba con ver lo que hacían para saber sus intenciones teniendo así razón suficiente de acabar con ellos. Asentí a las palabras de Bargho, y es que en efecto, los problemas nos perseguían como una sombra bajo nuestros pies, era desolador el camino que se nos presentaba pero éramos los únicos que podíamos hacer algo para enmendar el mal que asolaba esta zona. Sostuve en mis manos entonces mi lanza y avancé por la plaza viendo como dos soldados perecían de inmediato al recibir cortes de una enorme espada de mano sobre sus cabezas como un barrido efectuada por una de las criaturas, este era enorme y de musculatura fibrosa, de su cabeza sucedían dos cuernos enormes y sus ojos brillaban de un rojo maligno demasiado intenso, vi como uno de los soldados trató de levantarse pero la criatura falta de honor acabó con él deformando su rostro y cráneo descubierto de un casco con su arma e incluso uso también sus propias garras de manera salvaje. No falto que viera más para avanzar hacia él a paso rápido mientras mis compañeros se dispersaban para enfrentarse con contrincantes azarosos, vi entonces a través de mi mascara como ahora la criatura alzaba su espada contra una mujer que desesperada había tropezado cuando intentaba escapar de un local cercano a la plaza que ahora ardía en llamas y la criatura carmín cegada por la ira y las ganas de destrucción no dudó en ir en su dirección, empujarla de una patada una vez que la mujer cayó al suelo para alzar su arma y acabarla por simple diversión.

Aquello no lo podía permitir. Dejé mi lanza de lado al mirar de soslayo mi muñeca y recordar el regalo que Mila me había entregado, lo usaría con honor y valentía, aquella fue mi promesa. Llamé entonces a la kusarigama que acudió a mis manos sintiendo como las cadenas que rodeaban mi brazo sobre la muñeca se aflojaban y aumentaban de tamaño, raudamente entonces alcé el arma e hice girar sobre mi cabeza la cadena que cargaba con la bola metálica mientras que con la otra mano sostenía la hoz de la kusarigama, y luego de lanzarla con precisión vi que rodeó entonces las muñecas del demonio donde sostenía su espada cortando así sus movimientos que iban en pos de acabar con la vida de aquella desafortunada mujer, no obstante la criatura de fuerza impresionante tironeó de las cadenas sacudiéndose y logrando que yo diera pasos al frente por el tirón, la criatura se volteó y clavó su mirada irascible en mi dirección, y sin vacilar mis pasos próximos y seguros dieron que atacara con la parte de la hoz cercano al rostro, lanzandola en su contra, logrando que se quedara clavada en uno de sus ojos mas aprovechando esa oportunidad para sacar mi lanza empujarla de frente e impactarla de lleno en el estómago de la criatura, logrando que se encogiera sobre sí misma, y volviendo a sacar la naginata de un tirón de su cuerpo hice un corte rápido e intenso en la parte del cuello logrando así acabar con su vida, la criatura cayó pesadamente contra el suelo, y luego de tomar nuevamente mi kusarigama que en esta oportunidad me había sido de gran utilidad ayudé a la mujer a levantarse que se quejaba y lloraba por el golpe que había recibido. Noté como alrededor más de esos demonios recorrían las calles y noté ciertas distinciones físicas entre ellos, siendo el cual yo había enfrentado bastante fuerte pero demasiado salvaje como para cavilar respuestas estructuradas de ataque. Bajé la mirada hacia el cuerpo ya inerte de mi contrincante, aún con el corazón agitado y el calor del choque de mi respiración contra la máscara de cerámica, y no evité preguntarme, ¿qué clases de criaturas eran aquellas?


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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Mar Nov 22, 2011 4:15 am

La desgana había retenido durante tanto tiempo la apremiante micción del orco, que cuando por fin se levantó y brindó a su organismo el desahogo que apremiaba, la sonoridad del pródigo manantial que desalojaba por su falo ecuestre vino acompañada de un sentimiento placentero, perturbadoramente similar al placer sexual. Perdido aún entre la marejada de recuerdos difusos, Therion miraba sin mirar al torrente diáfano de sus orines, y debió interrumpir la su proceso evocativo para señalar una de las inquietudes mundanas que siempre le asaltaban durante sus resacas “Mierda si es curioso, cuando tomo cerveza meo agua transparente, cuando tomo agua transparente meo un brebaje ambarino… justo como la cerveza”. Los hechos que se sucedieron a continuación le impidieron reflexionar sobre aquella intriga, que sólo habría de retomar muchos días después, cuando hiciera frente a los vestigios de una nueva borrachera.

Era usual que Therion relatara a sus compinches de juerga y trabajo algunas de sus batallas en el remoto mar de pasto, y alguna vez se había referido a una memorable emboscada de la que había sido víctima con su avanzadilla de exploración por parte de un grupo de barbaros humanos diciendo que “los bastardos me agarraron con los pantalones abajo”. Pero nunca esas palabras hubieran podido ser tan literales como lo fueron aquella ocasión en Tarya, al momento en que el estruendo súbito se llevó consigo la pared de su habitación y una ráfaga de calor incandescente alcanzó a herir a la bestia motivo de sus orgullos. Y tanto le hubiera importado que le cortaran la mano de la espada o que asesinaran a su madre, pero meterse con Therion el Segundo era una ofensa que elevaba el conflicto a un plano inusitadamente personal, y algún cabrón desdichado tendría que pagar por ella.

Con imprevisto estoicismo, Therion enfundó a su soldado herido, y sin premura pero con decisión, caminó hasta el caos de sus pertenencias y con movimientos asertivos se fue armando del peso de su armadura y el filo de sus armas, casi como si la inestabilidad del edificio a medio demoler y el sonido incipiente de la masacre le fueran ajenos. Y entonces, cuando dejó de ser el resacoso patético que se había levantado ese día, para volver a ser el tanque imponente que se batía con arrojo en los combates, se permitió exteriorizar la ira que sentía hacía los causantes de su ardor y de aquella masacre sangrienta, y echó a correr descendiendo por los despojos aún en pie de las escaleras, bajo el grito de:

-¡ESTA ME LA VAN A PAGAR HIJOS DE PUTA!-

Los adversarios, cuando menos, resultaban inusuales. Criaturas demoniacas más grandes que un humano común, de musculatura marcada y con la ferocidad impresa en sus rostros repulsivos. Pero bien podría haber sido una tropa de dragones negros, que no habría habido vacilación en la carga del orco, pues si antes había embestido por dinero, ideales o por el peso de la tradición, ahora lo hacía impulsado por un motivo harto más importante, el ardor de su entrepierna.

A tropezones entre el caos de mobiliario y cuerpos, Therion se abrió paso, empuñando con decisión el mango colosal de su “bfank” cuya hoja de más de 1 metro resplandecía con el fuego que se irradiaba de los múltiples incendios. Sus pupilas dilatadas observaban en todas direcciones en busca de alguno de aquellos cornudos, hasta que se fijó por fin en uno, que se deshacía en pérfidos alaridos mientras destrozaba el cráneo desparramado de un campesino que había muerto luchando. Era la oportunidad que el orco esperaba, alzando el bfank por sobre su hombro derecho se aproximó hasta el demonio y con la potencia de sus músculos descomunales insuflados de energía por la ira, soltó un tajo que descendió raudo en diagonal y que tendría que ser detenido por la carne del adversario o bien por el cuerpo inerte del campesino.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Swarm el Mar Nov 22, 2011 11:56 pm

“Temedle mas a la avispa que a serpiente venenosa
Ya que solo ella puede seguirte hasta lo más alto del mundo”
Christian Chacana 22 de noviembre de 2011

Aquel insecto había entrado a la ciudad y con toda tranquilidad recorría sus calles, claro … siempre oculto ante miradas indiscretas o cualquier signo de multitud, ya que era mejor el conocimiento anterior de visitar pueblos e incluso algunas ciudades, las garras del monstruo sujetaban bien la capucha, mientras podía oír algunos rumores, la mayor parte de la gente hablaba de la otra ciudad, y de aquellos que se habían internado en ella por sus familiares y no habían vuelto … siempre era así, algún monstruo llegaba destrozaba todo y se marchaba o en las peores ocasiones se quedaba a vivir entre los escombros esperando a algún incauto para darle de comer, pero bueno … aquello no era precisamente su problema y entre más pronto consiguiera algo para él y sus pequeños, mas rápido podría marcharse de ese lugar … lamentablemente como siempre pasaba en su existencia desde que la maldita quimera le había maldecido, su estadía no seria precisamente apacible en esa ciudad, antes de que pudiera internarse en aquel húmedo callejón el sonido de algo cayendo hizo que se girara hacia el campanario… con horror vio como una bola de fuego … algo a lo que más le temía, se estrellaba contra el campanario, haciendo que este se derrumbara aun con la campana retumbando agónica entre las llamas, Swarm simplemente retrocedió, retrocedió con temor a las llamas, ya que siendo lo que era ahora, el fuego simplemente le quitaría la vida tan rápido como lo hace con un panal de avispas.

“Maldición… ¿por qué aquí? … ¿Por qué ahora? …. Tenía que ser fuego… hubiera aceptado el veneno, el hielo incluso el agua,… pero el fuego no… ahora necesito salir… si salir y alejarme de este lugar, mejor con frio que asado en mi jugo, quien sabe lo que sucederá después… ¿un dragón quizás?”

Con rapidez se giro, pensaba salir de ese lugar y que los habitantes se encargaran del incendio que rápidamente se propagaba, mas su cuerpo se congelo cuando comenzó a escuchar los gritos … no eran gritos de miedo … eran gritos de muerte, rápidamente se giro hacia el fuego y entre sus llamas podría haber jurado que habían ojos … y no precisamente pocos, si no docenas que miraban con tinte rojo y dorado desde su infernal morada, las piernas de Swarm temblaron y sus garras se incrustaron en la tierra, mientras veía con terror como aquellos ojos si eran de algo y ese algo salía de las llamas, criaturas extrañas, provenientes de llamas mortales, como si fueran depredadores se lanzaron contra los primeros que veían y sin piedad los destrozaban … la sangre comenzó a manchar paredes y ventanas, piedras y arboles, mientras la multitud que se había reunido alrededor de la plaza comenzaba a huir con terror … Swarm se lanzo contra una pared, mientras la oleada de personas era rota por otras de esas mismas criaturas … aunque esta parecía diferente porque andaba en dos piernas y en su mano llevaba un arma tosca … más efectiva para la carnicería que pronto comenzaría, aquella arma comenzó a golpear a quien tenía por frente, cercenando miembros sin detenerse, muchas de esas criaturas surgían del fuego, como si de este nacieran … mas Swarm tenía un problema … él no era un guerrero ni tampoco un asesino … era un simple insecto cobarde … o por lo menos en aquel momento pensó así … con temor miro hacia todos lados y en aquel momento vio un guerrero que intentaba mantener alejados a las criaturas, lo más rápido que podía corrió hacia el guerrero … pero un par de criaturas cornudas le bloquearon el camino … Swarm retrocedió un paso con algo de temor … pero el zumbido de sus pequeñas le dio una idea, rápidamente abrió su bolso y de ahí surgieron tres avispas …

“Mis pequeñas … por favor sobrevivan a esta petición que les hare … sobrevivan para poder volver a ver un nuevo día mañana … por que nos enfrentaremos a algo que tememos … y que de seguro ustedes si los vieran con mis ojos temerían también … ahora vuelen mis pequeñas … y hagan lo mejor que saben hacer”

Las tres avispas salieron disparadas hacia una de las criaturas, mas este estaba más pendiente de atacar a Swarm, rápidamente saco aquella guadaña de mantis y la sujeto con sus garras, no deseaba morir en aquel lugar y no lo haría … con atención miraba los cuernos de la criatura y las pudo ver, a sus tres adoradas volando alrededor de esas osamentas, con un movimiento de su mano las avispas se dispusieron a atacar, y el mejor lugar para hacerlo eran aquellos dos ojos, sin piedad clavaron sus aguijones en ese dos orbes, un grito desgarrados se escucho, cuando sin detenerse entraban y salían aquellos pequeños aguijones en los ojos y nariz de la bestia, y con cada picadura el veneno fluía por su cuerpo, las avispas habían atacado alrededor de diez veces los sensibles ojos, ahora el rostro del monstruo estaba hinchado y no podía ver, junto con el dolor punzante de sus orbes, la otra criatura a diferencia de su compañero estaba bien y se lanzo contra Swarm, con un puñal que brillaba con el fuego, Swarm intento evitar el puñal pero la mano que lo sostenía era más rápido y termino por rasgar la tela dejando un gran corte en este, Swarm había tenido suerte en aquella ocasión pero quien sabia cuanto tiempo más podría … no podía el sobrevivir entre las llamas que se propagarían ni tampoco sus pequeñas, debía de terminar todo y pronto, como con la criatura anterior las avispas se lanzaron a las partes más blandas y desprotegidas, la cara y al entrepierna, entre el pelo y los movimientos comenzaron a picar, mas Swarm viendo el peligro que corrían hizo un gesto con sus garras y las avispas dejaron de picar para volver con su amo, rápidamente entraron a su bolso, donde su fresco panal esperaba … pero ahora tenía el problema de ese ser que con la cara adolorida se le lanzaría, por gracia u obra del destino la primera criatura se le lanzo encima … el sonido la había atraído y de seguro pensaba que era Swarm, ya que el puñal lo enterraba una y otra vez en el cuerpo de su compañero que intentaba defenderse, Swarm aprovecho para correr hacia el guerrero de armadura, pasando por el lado de la criatura que comenzaba a crear un baño de sangre con su compañero.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Bargho el Miér Nov 23, 2011 7:38 am

La lluvia de fuego seguía cayendo sobre Tarya, al menos dos docenas de las enormes bolas de fuego además de las iniciales se habían estrellado y al parecer venían mas en camino, todas provenían del noreste y parecían surgir detrás de unas colinas para luego de dar un gran arco en parábola y estrellarse contra las estructuras de la ciudad. Un grupo de cinco sacerdotes-magos de túnicas azules salió del templo cuyas puertas daban la plaza y se pararon en medio de esta, ignorando el fuego, las ruinas, los gritos desesperados de la gente siendo asesinada y el propio peligro que ellos corrían desarmados como estaban, se dispusieron en un cuadrángulo y con el más viejo de ellos parado en el medio, empezaron a entonar un salmo en una lengua arcana que ninguno allí podía entender salvo tal vez Raimstailis; alrededor del anciano y al lado del resto de los sacerdotes que miraban hacia el, surgió un cuadrángulo de luz brillante como la plata.

-El círculo defensor de Ulthar- dijo sorprendido y agitado Raimstalis mientras ultimaba con su afilada espada a uno de los demonios- No sabía que se manejara magia de ese nivel aquí…-

En el cielo, todos aquellos proyectiles flamígeros infestados de demonios que aún hendían el aire fueron explotando uno a uno como si se estrellaran con una sólida muralla invisible mientras los restos despedazados de los demonios caían como si fueran una lluvia sanguinolenta sobre la ciudad, tan macabra como inofensiva.

-Rápido- dijo Raimstalis mientras saltaba brevemente en el espacio-tiempo para ponerse detrás de dos de aquellas inmundas criaturas y acabar con sus vidas en breves y diestros golpes- Debemos proteger a esos hombres, están protegiendo a la ciudad a costa de permanecer indefensos ellos-

Ante la voz del mago, los hombres en armas y varios otros magos se iban concentrando en el centro de la plaza para proteger a los sacerdotes, Takenagi acababa de ultimar a su primera víctima con un violento golpe de su naginata y estaba presta a obedecer y reunirse con el resto en el centro de la plaza… cuando algo distrajo su atención, una extraña y lastimera figura encapuchada fue corriendo hacia ella en silencio pasando al lado de un guerrero demonio que, inexplicablemente, (las avispas eran casi invisibles en la noche a pesar del fulgor de las llamas) atacaba y destrozaba a su compañero… sin embargo este había perdido los ojos pero no el oído, en medio del ruido de la batalla pudo escuchar los débiles y ásperos pasos de las puntiagudas patas del humano deformado pasar junto a él, solo atinó a dar un rápido golpe al aire como un navajazo, causando casualmente un corte profundo en la pierna del hombre-mantis que chilló de dolor y cayó al suelo ante la vista de Takenagi. El grupo central alrededor de los sacerdotes se encontraba a apenas 20 metros de ellos y un grupo de ocho demonios se acercaba velozmente en dirección al par dispar de humanos, el hombre mantis solo podía arrastrarse: a menos de metro y medio el demonio ciego blandía violentamente su espada ensangrentada cortando el aire sobre él sin poder verlo… aquel desdichado ser no sobreviviría sin ayuda inmediata.

Al otro lado de la plaza, el minotauro blandía su escudo dando golpes con el y elevava la voz en gritos de mando para agrupar a los espantados hombres de una patrulla que acababa de perder prematuramente a su sargento, el indiscutible tono de autoridad de aquel enorme guerrero y su talla los convencieron (con ese convencimiento que tienen los débiles de cuerpo y mente ante el fuerte) que era mejor apegarse a él que andar erráticos, fieles a la incondicional mente de rebaño que tienen los militares. Poco a poco y lentamente el Uro fue formando una línea y retrocediendo hacia el centro donde ya estaban reunidos alrededor de una docena de guerreros y cuatro magos que utilizaban sus conjuros elementales lo más prontamente que podían, con los ocho que él traía se formó un anillo de espadas que comenzó a repeler eficazmente los ataques desordenados que caían como un goteo continuo sobre ellos; pero el número de atacantes no cejaba y pronto desde la esquina sureste (a medio camino de la cual estaba Takenagi) se aproximaban ocho guerreros en tropa y desde el noreste y este aún más de ellos, si no recibían refuerzos pronto se verían ahogados en un mar de enemigos. En eso, el minotauro vio a un pequeño soldado que estaba encogido de terror al lado de las piernas de uno de los sacerdotes, el infeliz tenía entre sus manos un enorme cuerno al que protegía como a su propia vida-

-¡Infeliz!- le espetó con un rugido - ¿Por qué no estás combatiendo?-

-E… el finado sargento me dijo que me quedara esperando órdenes para pedir refuerzos si eran necesarios… yo solo soy un cornista maese Minotauro ¡No me mate!-

A Bargho casi le da un ataque.

- ¡Ya te mataré! ¿¿¿Es que eres tan idiota que no puedes ver eso por ti mismo??? ¡¡¡Toca el puto cuerno!!!

El nimio cornista empezó a tocar con toda la fuerza que podían sus pulmones y el eco de su instrumento resonó entre el fuego, los gritos y el humo que llenaban la ciudad.


En la taberna el curso de los hechos podía plasmarse fácilmente en una sola palabra: Brutalidad. El matador sencillamente se arrojó como una especie de carnicero instantáneo sobre los demonios, matándolos con unas exhibiciones de sangre, mutilaciones y evisceraciones que ponían su granito de arena para convertir a aquella (hace minutos) pacífica taberna en literalmente una sucursal de los avernos. El enano concluyó el primer acto de su pequeña operetta macabra levantando sobre su cabeza una silla y arrojándola con su monstruosa fuerza contra uno demonio que se atrevió a abalanzarse en solitario contra el, tirándolo en el suelo al parecer inconciente.

En ese momento por las gradas bajó con un pesado trote el orco Therion, con la dignidad herida y ardiéndole entre las piernas, con la voz en cuello maldiciendo y con su espadón en alto, presto para dar un potente golpe en diagonal sobre el primer demonio que se le cruzó en frente, lamentablemente para el orco en medio de la ira producida por su honor ardido, no consideró demasiado bien el hecho de que era un orco de poco más de tres metros de alto levantando un espadón que entre su largo brazo y la propia distancia del arma, excedían en bastante más de un metro y medio su coronilla: el golpe se vio truncado a medio camino en una de las vigas del techo y en un forcejeo del enfurecido orco la espada cedió... junto con la viga y la integridad estructural de lo que quedaba del cielo raso, un “crack” sonó y el orco apenas y pudo esquivar la enorme viga que cayó a pocos centímetros de él rozándole el hombro izquierdo y causándole una dolorosa contusión. Fue una suerte, bien pudo ser su cabeza y ahí acababa su historia.

Y al otro lado del salón se encontraba el león solitario, el bravo Amaranth que impelido por tres demonios con los que se batía en feroz batalla fue llevado cada vez más al interior de la taberna. El hombre-felino se hallaba cada vez mas y más rebasado por la inferioridad numérica en la que se encontraba, cuando tras una vacilación de su rival, descargó un poderoso golpe con su hacha en el cráneo del demontre, penetrando profundamente en el y quedando atascada. Los forcejeos del guerrero por liberar su arma fueron un error capital: Las dos inmundos se abalanzaron sobre el y lo dominaron rápidamente poniéndolo contra la mesa mientras uno de ellos lo sujetaba de los brazos imposibilitando todo movimiento, el otro diestra y rápidamente le cortó los tendones de los talones, inutilizando sus piernas y dejándolo como un peso muerto sobre la mesa. El íncubo se arrancó el taparrabos que llevaba y de una especie de orificio situado entre sus piernas surgió un enorme y horroroso apéndice similar a un hueso de aproximadamente treinta y cinco centímetros de longitud, su superficie estaba plagada de pinchos e irregularidades y un enorme gancho asomaba justo a la mitad.


Acariciando su horroroso falo, el sátrapa se colocó en posición apoyando la punta de este entre las nalgas del desesperado guerrero que pugnaba inutilmente por liberarse de sus captores, un solo y limpio golpe de cadera del demonio penetró desgarrando las entrañas del Amaranth y arrancándole un espantoso grito que se sobrepuso por unos segundos a todos los demás ruidos de la taberna. El diantre no esperó mucho después de de aquella pausa dramática y con unos cuantos golpes de cadera más el gancho de su falo terminó de desgarrar las entrañas del hombre-leon quien daba gritos y pataletas desesperadas en medio de aquella horrible ejecución. Finalmente y sin perder mas tiempo, el demonio arrancó su miembro del interior del denostado guerrero llevándose con el parte de sus intestinos que asomaron por la abertura sanguinolenta de lo que había sido su ano. Y eso fue todo, Amaranth cayó en el suelo desmayado por el dolor y convulsionando un poco mientras se desangraba en medio de un charco de sangre negra y venosa mezclada con excrementos, fue en ese momento cuando el techo empezó a venirse abajo y muy pocos minutos mas tarde despertaría con el olor de su propia carne siendo quemada mientras era consumido en vida por las llamas.

Therion, Björki y unos pocos sobrevivientes de la taberna lograron escapar de esta antes de que se derrumbara a medias y comenzara a consumirse rápidamente en llamas. Sin embargo la paz y la tranquilidad eran algo todavía muy distante al parecer pues fueron a parar directamente al medio de una batalla entre los patrulleros de la ciudad y los demonios; no obstante no hubo demasiado que hacer, un cabo armado con una alabarda dirigía a sus hombres con destreza y el mismo empalaba contra el suelo a un demonio que se retorcía en su agonía, era un muchacho alto y ancho como un armario, de cabellos rubios, mentón cuadrado, gesto duro y una innegable y más que evidente vocación para la vida armada a pesar de que no parecía pasar de los veintipocos años. Para cuando reparó en la inusual pareja que salió de la taberna (un orco guerrero parado al lado de un matador enano) su tropa ya había liquidado con eficiencia el saldo de aquellos demonios, eran una veintena de soldados profesionales y bien armados y entrenados.


-¡Vamos! ¡Hacia el este! Todos estos granujas se dirigen a la plaza por alguna razón ¡Hola! ¡Ustedes dos! Si quieren vengan a ayudarnos, si no, no estorben-

El pesado mugido de un cuerno le interrumpió, era una tocada de auxilio, de auxilio máximo.

-Tal y como lo pensé… ¡Vamos mierda muevan el culo! –Gritó a sus hombres y todos comenzaron a marchar sin esperar respuesta alguna del par con el que se acababa de encontrar. Björki y Therion les siguieron ajustando el paso.

Estaban en plena marcha el orco y el enano cuando desde una casa medio en llamas oyeron el aterrorizado grito de una mujer… Desviar el camino para ayudar a quien se hallaba en peligro o no fue una vacilación de segundos, vacilación que les impidió darse cuenta de que una extraña sombra penetraba por las ventanas traseras del templo…


Dentro de la casa la situación era crítica, el Padre Monh se enfrentaba cara a cara con dos escurridizos demonios, y si bien estos no eran precisamente de lo mas selecto de los principados celestiales, eran criaturas sórdidas y veloces que bien podían ponerlo en aprieto en la situación de desventaja numérica y táctica que se encontraba al tratar de proteger a ese niño. El padre le gritó a la mujer que se fuera a buscar ayuda ¿Pero que madre podría dejar la habitación en la que se hallaba su hijo cuando un par de demonios carniceros estaban en ella? Hizo exactamente lo contrario y se abalanzó corriendo hacia su hijo para tratar de protegerlo, uno de los demonios, mucho mas rápido, se arrojó contra ella haciéndole dar un grito de terror, fue un valiente y hermoso acto de estupidez que habría terminado en tragedia de no ser por el poderoso exorcismo que invocó el Padre Monh justo a tiempo, cuya luz plateada hirió de muerte al demonio que se dirigía directamente contra el y dejó bastante malherido al que estuvo a punto de acabar con la madre, que ahora estrechaba fuertemente a su pequeño.

Pero no era tiempo de celebrar aún, el demonio pequeño se levantaba temblorosamente, muy maltrecho pero aún vivo. Y por aquella abertura llena de llamas de la que ya casi se habían olvidado asomaba su horrible cabeza un horrible íncubo guerrero.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Björki Gotriksson el Jue Nov 24, 2011 3:46 am

La sangre empezaba a bañarlo todo como en una buena batalla, salpicando a vivos y cadáveres sin discriminar a ninguno, mientras el fuego usaba la taberna como horno de leña y si los demás no salíamos del edificio, nos convertiríamos en las vituallas de aquella panda de cornudos inútiles.

Una vez acabé con aquél par de bichos tocapelotas, decidí aplicar una técnica ancestral aprendida a lo largo de los años como borracho de taberna, y de una forma magistral, lancé una silla contra un demonio que intentó tirarse contra mí a solas. El error de ir a por el gordo con cresta le costó caro, pues la silla trazó una línea casi perfecta en el aire, estampándose contra su cabeza y dejándolo subnormal para los restos, además de inconsciente. No dudé en rematarlo. Acercándome a él, levanté el hacha y la clavé en su columna vertebral, abriéndome paso como si su cuerpo fuera mantequilla hasta que finalmente noté el impacto contra el suelo.

Alcé el hacha de un tirón brusco, levantando al cadáver por encima de mi cabeza, el cual fue a estamparse contra el suelo detrás de mí, con una abertura que dejaba a la vista sus órganos destrozados. Miré mi cuerpo, y vi que estaba lleno de salpicaduras de sangre. Meh, como si no estuviera acostumbrado…

Me fijé en el resto de la taberna mientras escuchaba el amistoso grito de guerra de nada más y nada menos que un moco humanoide, la clase de ser a la que los enanos adoramos destrozar a hachazos. Un orco. Lástima que en ese momento tuviéramos que “cooperar”. Al fin y al cabo, al verle lanzarse contra un demonio, pude deducir que al menos por un rato estaría de lado de la gente de la ciudad. Le tendría vigilado. Uno nunca sabe qué esperar de un orco. Bueno, sí. Alguna cosa estúpida.

El orco demostró el nivel de inteligencia de su especie cuando levantó su gran espada, y no pude evitar llevarme una mano al rostro cuando vi que enganchaba el arma contra el techo, logrando producir así un pequeño derrumbe. Le fue de milagro que no le cayera el techo en la cabeza.

Yo estaba disponiéndome a buscar a más demonios cuando escuché un grito bastante bestia en la taberna, y pude ver que se trataba del hombre león al que le dije que se juntara conmigo. Al parecer, el muy imbécil no me había hecho caso, y ahora mismo se hallaba con el culo como una diana, o más bien, como una fuente, a juzgar por la cantidad de sangre y tripas que le salieron por el recto. No pude evitar soltar unas palabras:

-Menos mal que los enanos no necesitamos revisiones de prróstata…-

Quise ir a vengarle y de paso así matar a más demonios, cuando el techo siguió con su labor de derrumbarse y me bloqueó el camino para ir a él. Algunos logramos escapar, entre ellos el orco, para poder ver entonces como un humano y sus soldados destrozaban de una forma ejemplar a un grupo de demonios. No lo hacían nada mal para ser humanos, la verdad. Sería un honor morir a su lado. No me fijé en el resto de las personas que habían escapado de la taberna, las cuales huían como ratas en lugar de armarse e intentar defender su ciudad.

El humano nos dio a elegir entre ayudarles o no estorbarles, y sonreí ferozmente, acercándome a ellos, al igual que el orco, para apoyarles. Aquella batalla prometía ser épica, y no me la quería perder por nada del mundo. Repentinamente, se escuchó un cuerno que resonó por toda la ciudad. Al parecer, ese sector no era el único en problemas. ¡Una muerte heroica contra un ejército de demonios! Aquello prometía.

Mientras les seguíamos, en un momento escuché súbitamente el grito de una mujer aterrorizada. Fruncí el ceño y frené en seco. Le espeté al orco, fulminándole con mi ojo sano:

-¡Ve a ayudar a los humanos, yo me encargo de ver qué coño está pasando ahí dentrro! ¡Y que sepas que te estoy vigilando!-

Sin más palabras, empecé a correr hacia la casa medio en llamas de la que había provenido el grito. No sé porqué, pero estaba seguro de que ahí había más demonios. Teniendo en cuenta que el fuego estaba expandiéndose por la ciudad, y la llamada desesperada del cuerno, aquello debía ser un ataque en masa.

La velocidad que cogí en la carrera fue suficiente para poder abalanzarme contra la puerta cargando todo el peso y derribarla de un golpe de hombro, al grito de:

-¡Llegan los refuerzos!-

Quedé estirado en el suelo, encontrándome una escena curiosa cuanto menos. Había un humano en el lugar, el cual parecía tener algún tipo de conocimiento de combate, una mujer con un niño en brazos, y un demonio que no parecía estar en buen estado. No me fue muy difícil intuir que el humano protegía a la humana y la humana protegía a su hijo, obviamente del demonio.

En ese momento me fijé en una figura que ya estaba entrando en la sala. Se trataba de un demonio guerrero como los que me había topado antes, el cual llevaba un hacha a dos manos, pero a diferencia de la mía, la suya tenía el mango de madera. Rápidamente me incorporé y le dije al demonio:

-¿Por qué no te metes con alguien que tu tamaño, demonio de mierda?-

El demonio soltó un rugido y se abalanzó a por mí. Bloqueé su ataque con la cabeza del hacha, para seguidamente darle un fuerte golpe en el vientre. El ser retrocedió, momento que aproveché para intentar darle un ataque descendente. Sin embargo, logró apartarse a tiempo, mientras el hacha se clavaba en el suelo de madera. No cometí el error de la tigresa del culo abierto que ya debía estar muerto, si no que di un paso hacia atrás cuando vi que el hacha del ser iba a por mí. Cuando ésta hizo impacto contra el suelo, inmediatamente agarré el arma y tironeé para quitársela de las manos, lográndolo gracias a mi fuerza.

El ser dio unos pasos hacia atrás, mirándome con rabia, para entonces tirarse a por mí e intentar darme un puñetazo. Me dio un golpe en la barriga, y sonreí al ver que el demonio se había hecho daño mientras que yo, si bien noté el suficiente daño para soltar algo de aire, no era algo para morirse ni mucho menos quejarse. Lo miré con rabia y le agarré el puño con una mano, empezando a apretar hasta romperle los dedos, con su consiguiente grito de dolor. Gruñendo, le dije a aquél ser:

-Había venido aquí a descansar un día antes de ir a Katyna a cumplir las últimas voluntades de un amigo, pedazo de mierda con cuernos, y ahorra me topo con que estáis intentando masacrrar a toda esta gente tú y tus colegas…-

Le agarré el mismo brazo con la otra mano, y usando ambos, lo usé para levantarlo por encima de mi cabeza y arrojarlo contra la pared. El monstruo soltó un aullido de dolor, pero ni siquiera eso parecía arredrarle, pues se levantó costosamente para intentar atacarme de nuevo. Me intentó dar una patada, y aproveché eso para agarrarle la pierna con una mano, y usando la otra como un mazo, la descargué contra su rodilla, rompiéndosela con un sonoro crujido.

El monstruo dio una media vuelta, cayendo de cara contra el suelo, sin dejar de jadear de dolor por la paliza que le estaba dando. Decidí rematar rápido el combate, y poniéndome encima del ser, le agarré de los cuernos con una mano y situé la otra en su barbilla, levantando su cabeza del suelo, para seguidamente hacer un brusco movimiento en el que apliqué mucha fuerza, y que le partió el cuello, mientras gritaba:

-¡Esto va por lo de la taberna!-

Finalmente, me levanté, recuperando, no sin esfuerzo, mi hacha que se hallaba clavada en el suelo para entonces darme la vuelta y observar la situación de los humanos de la casa.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por D. Monh el Sáb Nov 26, 2011 6:27 pm

Un ligero calor le invadió todo el cuerpo, haciéndolo enfurecer por momentos y dándole las suficientes ganas de gritar todo cuanto en su pecho hacía falta expulsar; principalmente porque la mujer se había puesto en peligro desobedeciendo lo que él le había ordenado; una acción tan simple que habría salvado la vida de los tres de tan solo haberse cumplido: Irse de ahí. Quiso gritarle en cuanto la vio ahí, dejar que los demonios la hirieran para demostrarle que lo que le había mandado no era un capricho, sino una necesidad… Pero la comprendía. De cierto modo, era lo mismo que él: Se quedaba con la Akuma aunque eso presentase más peligro de lo que aportaba soluciones.

Mientras repasaba rápidamente las palabras que el creador había dicho a Shintharo el profeta, para exorcizar a esas criaturas del abismo, se sintió algo adolorido también. Supuso de inmediato que aquello era el efecto de haber usado los poderes de la hoja-demonio, y esa punzada de dolor que le recorrió todo el cuerpo fue porque el demonio estaba empezando a ganarle su cuerpo.
Una vez que uno de los demonios se desintegró como si fuera polvo, dejando sólo su memoria en el aire, y el otro se quedó tumbado, mostrando visibles signos de dolor al retorcerse sobre el piso, sin poder volverse a poner en pie, suspiró tranquilamente aunque aún alcanzando al niño y su madre. Seguramente ese deseo de reprochar a la madre había sido impulsada por Shibah’Erucitus, el demonio durmiente de su hoja.
Quería matar a aquel demonio, pero no lo haría con otro demonio; no mientras pudiera evitarlo. Envainó la katana en su funda de bambú y, sin demorar mucho para aprovechar la debilidad del demonio, empuñó su faca a dos manos y atravesó con ella la cabeza del infame demonio, luego la sacó y cortó de lado a lado su cuello, para separarlo de la cabeza y evitar volverlo a ver de pie.

-Confitebimur tibi, Deus.*
Pronunciaron sus labios, suavemente, mientras limpiaba la sangre arenosa de aquella criatura, pero se puso en pie casi de un salto, parándose delante de la mujer y su niño, haciendo la función de pared humana. No confiaba en que pudiera salvarla de este nuevo demonio que estaba entrando por el agujero que había dado a luz a los otros dos. Este era un guerrero, mucho más fuerte que los anteriores, y dudaba mucho de poder exorcizarlo con tanta facilidad; y también dudaba poder proteger a la madre y al niño. Lo miró de pies a cabeza y, sin perderle de vista, le habló con firmeza a la mujer:
-Tienes que irte mujer, salva a tu hijo y vayan con quien pueda protegerlos. Esta vez sí tienes que…
-¡Llegan los refuerzos!
Resonó como grito de ayuda, mientras la puerta de madera caía como una roca, impulsada por un la fuerza de un enano que aparecía como un guerrero feroz dispuesto a matar al demonio. Con un primer momento de desconfianza, Dhaere extendió las manos sin armas para hacerle entender que ni él ni la mujer eran enemigos, señal que fue entendida de inmediato mientras se encarnaba en una lucha épica en medio de una sala-comedor-cocina, donde un niño bañaba el brazo de su madre en mocos, y donde la mujer sollozaba temiendo que su vida había alcanzado el final.

Aún actuando como muro, pero ahora para proteger al niño y a la madre de ver aquella paliza que le brindaba el enano al demonio, no quiso dejar de mirar al valiente guerrero, y daba gracias al Creador por la suerte que tenía.
Se quedó casi quieto, esperando a ver el resultado de la contienda hasta el final; evitando con suerte los pedazos de rocas y el polvo que salía volando hacia todas las direcciones. Aunque hubiera salvado al niño, el verdadero héroe ahora mismo era el enano, que además de al niño, había salvado la vida de los tres.

Cuando acabó por fin, se acercó hasta el enano y le hizo una reverencia en señal de agradecimiento, brindándole también su mano como un saludo de presentación.
-Te agradezco mucho… Supongo que no eran los únicos demonios que llegaron ¿te habías encontrado ya con mas? –sin esperar una respuesta continuó hablando, pero se acercó ahora a la mujer para tomarla del brazo y ayudarla a levantarse- Esos demonios son guerreros de nivel mediano, y venían acompañados de exploradores… Parece que vinimos a meternos en medio de una guerra que los abismos quieren ganar.
Se dirigió ante la mujer y le preguntó en voz baja si se encontraba bien, igualmente al niño. Sin esperar mucho tiempo la tomó del brazo y entre tirones, le hizo ir detrás de él hacia fuera de la casa, con cuidado.
Llevarla a su lado nuevamente ponía a los tres en peligro, pero no quería dejarla en esa casa derrumbada, con posibilidades de que un nuevo demonio los atacase. Pensaba dejarla en algún lugar seguro, si esas cosas estaban atacando la ciudad, seguramente los pobladores habrían organizado una pronta defensa.
-Enano, te debo la vida. Te pido disculpas si te molesta, pero permaneceré a tu lado hasta que te pague el favor.

__________

* Gracias te damos, Creador
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Musashi Takenagi el Dom Nov 27, 2011 4:51 am

La mujer con el rostro alicaído temblaba levemente mientras le tendía la mano y le ayudaba a levantarse –“Estás bien, tranquila, ya pasó…”-Estuve a punto de decir, pero me contuve, y no por cómo podría sonar mi voz, sino más bien porque…

¿Pasó?... ¿Realmente?

La destrucción incandescente y aquella ola de demonios seguían arrasando con todo aquel que se les cruzara por delante, con el deseo palpitante en sus cabezas de destruir todo a su paso injustificadamente… No. Nada había pasado aún, el peligro seguía consumiendo a todos los habitantes de esta ciudad, todos trataban de buscar la forma de hallar una escapatoria que les permitiera preservar sus vidas, y yo por el momento solo había logrado conservar a una, ¿pero hasta qué punto? Mis ojos se volvieron hacia la señora como si confirmara con inseguridad de que realmente estuviera bien, esta se tocaba la parte del estómago donde había llegado el golpe de aquel demonio y con la mirada alzada buscaba incansablemente algo o alguien, fue entonces que lo vio y no sin antes darme las gracias avanzó a tumbos hacia un hombre que corría hacia ella, ambos se abrazaron y trataron de buscar la forma de encontrar algún escondite. Y nuevamente el estrepitoso ruido de las bolas de fuego que caían desde el firmamento creaban un escenario de infierno permanente, mi vista se alzó hacia arriba viendo el funesto escenario que se nos presentaba, eso, hasta que una de de las bolas de fuego se destruyó antes de impactar contra la superficie creando una gigantesca estela luminosa en el firmamento acompañado de un salpicadero de miembros de demonios que cayó desde el cielo, parecía como si un escudo invisible nos protegiera, y antes de preguntarme qué era lo que sucedía vería el círculo de magos de túnicas azules aglomerados en el centro de la plaza y junto con eso escucharía las indicaciones de Raimstailis dejándome con claridad la idea de lo que estaba sucediendo y no tardaría en ir hacia ellos para ayudar en la defensa hasta que un quejido de dolor proveniente de una extraña figura encapuchada cayendo contra el suelo al ser herido por un demonio me alertaría para prestarle socorro y posponer mis pasos en ayuda al grupo de magos que protegían con un escudo a la ciudad.

Lo vi caer y arrastrarse puesto que sus heridas en la pierna le impedían ponerse de pie, no titubeé en sostener mi naginata aún tintada por la sangre del demonio anterior y avanzar en dirección al enemigo aquel viéndome obligada a ignorar las instrucciones de Raimstailis en vista de que no podía permitir que una vida inocente se extinguiera frente a mis ojos teniendo yo la oportunidad de poder impedirlo.

El demonio bajo la ceguera y la ira contenida por su actual situación aprovechó sus hábiles sentidos para marchar en pos del individuo que tumbado estaba ya que el demonio después de haber acabado equívocamente con su propio compañero se volvió contra este. La criatura estaba agitando su espada con fiereza pero no mucha destreza lo cual en esta oportunidad me entregó una ventaja. Cuando avancé en su dirección noté que alzó su cabeza buscando sin mirar y es que el sonido de mi armadura le había alertado, al menos había dejado de prestarle atención al individuo tumbado y se dispuso a sacudir su arma para darme con ella en la parte de la cabeza, me agaché rápidamente evitando el corte horizontal para moverme a la izquierda y enterrar la naginata en la parte de su costilla, la criatura gritó de dolor y se movió bruscamente para enfrentarme mas no esperó que yo hubiera desvainado mi katana y le hubiera cercenado la yugular con la misma acabando así con su ya desdichada existencia.

Envainé mi katana en su funda para luego inclinarme levemente y ver como se encontraba aquel peculiar sujeto, pude quizás por su apariencia en una primera instancia juzgarle como un enemigo más pero si estos mismos le atacaron era porque no estaba inmiscuido de mala manera en este altercado y solo era una víctima como todos. Traté de no mirarlo demasiado por curiosidad para que no se lo tomara ofensivamente, su pierna herida evidentemente le impedía levantarse por si mismo, debía tomarle para ayudarle a caminar pero el peso de mis armas resultaba un impedimento para aquello.

Recordé que mi maestro me enseñó a respetar nuestras propias armas como si tuviesen su propia alma e incluso las del enemigo, no hacer un mal uso de ellas, no ignorar sus cuidados ni mucho menos pisar la del oponente, pero si quería ayudar a levantar a este individuo para sacarlo de este sitio tan peligroso no tenía otra opción que abandonar dos de mis armas que a lo largo de todo este tiempo me habían sido de gran utilidad y lealtad, pero que en esta ocasión me resultaban de un peso extra que no podría cargar, de todos modos bien podría devolverme y dejar al singular hombre ahí, sin embargo si cometía esa acción, ¿cómo podría después tomar mis armas y empuñarlas en la lucha si estaba completamente falta de honor y justicia?, no habría honor en el empleo de estas si abandonaba en esta instancia a esta persona. Por lo tanto con cierta delicadeza deposité mi naginata y mi yari en el suelo, les agradecí por la ayuda que todo este tiempo me confirieron y luego me volví hacia el extraño sujeto tendiéndole la mano, posando su brazo en mis hombros para así poder cargarlo.

-Soy Musashi Takenagi para serviros, me encargaré de manteneros a salvo hasta que logre encontrar un lugar seguro para que pueda escapar u ocultarse, pero ahora debemos ayudar a proteger a aquellos hombres que impiden que las estas extrañas bolas de fuego impacten en esta ciudad-Comenté raspando la voz para que sonara ronca mientras mis pasos iban en esa dirección.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Swarm el Dom Nov 27, 2011 8:44 pm

“La sangre derramada alimenta a la tierra
Mas también la contamina con la esencia mortal”
Christian Chacana 27 de noviembre de 2011

“Perfecto, todo ha salido bien, ahora por fin podre tener algo de seguridad fuera de este maldito fuego, no me gusta y a mis pequeñas tampoco, no quiero que terminen lastimadas…”

Por lo menos aquellos eran los pensamientos de Swarm mientras avanzaba entre el piso en llamas y con rocas desperdigadas, lamentablemente no pudo avanzar demasiado cuando un agudo dolor lo hizo caer al suelo, encorvado por el dolor, sus ojos rápidamente vieron su pierna, una profunda herida de la cual brotaba aquella verde sangre se había hecho y no era una herida espontanea, si no que con más atención pudo ver la daga del demonio o la criatura gotear su propia sangre, al parecer no había hecho los cálculos correctos o el destino había jugado en su contra en esa oportunidad … la cual deseaba no ser la última, con miedo en su rostro, claro si es posible que el rostro de un insecto pudiera deformarse tanto hasta lograr una mueca de dolor, miro como el demonio o cosa aquella lanzaba tajos al aire, intentando acabar con su vida, claro que Swarm tenía miedo … el no era un guerrero, ni siquiera era un gran mago, no había terminado de aprender todo en la academia y la había abandonado por sus ansias de conocimiento … aquello había sido el origen de casi todos sus males, desde el tener que ser convertido en insecto a ser perseguido como monstruo .. Ahora estaba ahí, sin poder mover la pierna por el dolor y con una daga que podía arrancarle la vida con un solo movimiento, no quería morir… no deseaba morir… era un cobarde quizás… pero no moriría en ese lugar… no con esa apariencia.

Con fuerza cerró los ojos intentándose mover, mas le era imposible, en aquel minuto escucho entre el sonido de los gritos, de los derrumbes por el fuego y las lamas otras pisadas, ¿acaso terminarían rematándolo entre dos? Mas no hubo arma que diera en él, no había frio toque de la muerte que su cuerpo sintiera, solo estaba el calor de las llamas y aquel sofocante ambiente, mas si pudo escuchar como la carne se abría, como el aroma a sangre se mesclaba con el del humo y un grito de dolor y agonía se entremezclaba con el de la muerte, después algo cayó al suelo, algo pesado, lentamente los ojos de Swarm se abrieron y vieron a un ser imponente, un hombre en armadura, ¿acaso era el dios de la guerra? Su armadura era como la sangre, se podían ver los reflejos de la sangre en ellos y como su larga espada goteaba esta, el tiempo para Swarm se detuvo en aquellos instantes, por su mente surgían cientos o miles de ideas, si ¿era un dios acaso había muerto ya? ¿Era la propia muerte violenta la que venía por su alma? Casi como si el tiempo se ralentizara vio como aquel hombre se giraba hacia él, la máscara en muestra aterradora, el casco espeluznante y las armas ensangrentadas.

Swarm esperaba su muerte, mas algo contrario sucedió, lentamente el hombre dejo sus armas de lado y extendió su mano hacia Swarm, este sin dudarlo la tomo y gracias a su impulso se pudo colocar de pie, mas su pierna estaba inútil, no podía moverla y tan solo apoyarla en el suelo hacia que un dolor recorriera su espalda hasta su cerebro, mas con el cuerpo del hombre ayudándolo pudo caminar algo, con cada paso sentía que su pierna se desgarrara, apretaba los dientes para no gritar o quejarse, mientras un rastro de sangre quedaba en la tierra, siendo devorada por el fuego, el hombre hablo, tras su máscara sus palabras se distorsionaban, mas entendió varias cosas el insectoide ser, especialmente su nombre, este tomando algo de aire le hablo, tratando de no quejarse por el punzante dolor ni por la sangre que recorría su pierna.

-Mi nombre es Swarm… gracias por ayudarme aun con mi apariencia-

Casi gritando cuando choco su pierna contra una roca y esta se movió violentamente, sus dientes crujieron cuando los apretó, mas pronto pudo llegar a un lugar que parecía a salvo, varios ancianos estaban cerca o mejor dicho casi a su lado, con dificultad se sentó en una roca, mientras veía al guerrero nuevamente ponerse en guardia, Swarm no era un guerrero ni anda, simplemente vivía, con lentitud vio su herida, aun sangraba y su carne había sido abierta, esperaba que no fuera demasiado profunda…. Más aun sabía que no estaba a salvo, con algo de trabajo abrió su bolso y de este salió una única avispa, aun las controlaba, con voz suave le hablo.

-Mi pequeña… solo puedo llamarte a ti, tu hermana no me obedecerá por ahora, por eso te pido, cuídate… y no dejes que te lastimen-

Su mano se levanto y suavemente formo un símbolo con este, no sabía si resultaría su conjuro, mas si funcionaba, su pequeña crecería hasta un metro, y con ello podría defenderse, quizás no fuera muy fuerte, más si era ágil y tanto su aguijón como sus mandíbulas podían desgarrar o apuñalar, mas no sabía si le quedaban fuerzas o magia para ello … era débil, lo admitía, pero aun así había podido sobrevivir hasta aquel momento gracias a sus pequeños, los cuales eran casi como sus hijos …
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Mar Nov 29, 2011 12:19 am

El sonido seco de la estructura de madera golpeando de refilón el acero de la hombrera retumbó en los tímpanos del orco, al momento en que perdía el equilibrio para caer de rodillas sobre el cuerpo deforme de quien fuera Ulwin el Ágil, un célebre ladrón que habría podido esquivar los hachazos que le destrozaron el cráneo de haber tenido menos aguamiel en la sangre. Therion Fortín de Acero ya estaba manchado de sangre y sin embargo todavía no había sido capaz de propinar ningún corte. Había descendido hasta la zona del colapso apretando el mango de su espadón, pero cegado como estaba por la furia y la sed de venganza, una vez se fijo en su objetivo, no se percató a tiempo de que sus pasos le condujeron hasta una zona donde el techo y sus vigas se mantenía en su posición, lo suficientemente consistentes para obstaculizar su tajo, lo suficientemente endebles para venirse abajo con el impacto.

Tosió expulsando de sus pulmones el denso polvo de la muerte y se reincorporó por fin, apenas para comprobar que los profundos bramidos del metal retorciéndose y la madera resquebrajándose se acrecentaban con el anuncio de un derrumbe inminente, a la par que el fuego ávido devoraba todo cuanto se interponía en su camino, con llamaradas enormes que se extendían como tentáculos etéreos y que consumían los cuerpos de vivos o muertos convirtiendo a sus organismos en un raudal de humo negro que se empecinaba por introducirse en los pulmones de aquellos que todavía estaban en condiciones de respirar. Habría quien diría que era aquella una sucursal del averno, y probablemente esa fuese la mejor manera de describir aquella bacanal de fuego, sangre y muerte. Therion supo al instante que tenía que salir de aquel lugar cuanto antes, allá hasta donde se respirase aire limpio y donde fuese el cielo su único techo, tan alto que no podría embarazar ninguno de sus golpes, tan alto para abarcar la magnitud de sus gritos de guerra… de sus sueños de guerra.

Corriendo a través de pasillos que se desplomaban a sus espaldas y de suelos calientes que transpiraban humo y llamas, el orco por fin se abrió paso hasta la calle justo antes de que la estructura se desplomara, hasta donde podían ver sus ojos, por completo, dejando como único sobreviviente al marco de la entrada, que por alguna extraña razón se mantenía en pie, sosteniendo como único testimonio de que aquel cúmulo de escombros había sido una taberna al letrero que rezaba “El Wargo Borracho”. Entonces pudo comprobar que, al igual que él, había otros que lograron salir con fortuna de aquel infierno, entre ellos el enano Björki Gotriksson, que aunque no lo sabía, daría con ser su compañero de aventura. Siendo Therion un orco extrañamente curioso, le habría preguntado con su franqueza de indagador “¿Qué carajo es un examen de próstata?” toda vez que había escuchado el extraño comentario del enano referente a uno de los tantos alaridos que inundaban la taberna, pero si había alguien merecedor de la animadversión del orco, ese era un enano, y entre los enanos, los más proclives a ganarse su repulsión eran los matadores, que no se conformaban con ser enanos, sino que además tenían la desfachatez de buscar la muerte en combate, que honorable o no, rayaba con la concepción hedonista que tenía el orco referente a disfrutar lo que se ganase con las armas, y que él supiera, ningún muerto podía disfrutar nada.

En todo caso una escena más interesante se desencadenaba en las calles y todo lo que le interesaba a Therion en aquellos momentos era bañar el filo de sus armas con la sangre de alguno de esos demonios. Sin embargo contemplaría con frustración como una tropa organizada de soldados al mando de un cabo que combinaba la rigidez de un general con el brío de un escudero soñador, exterminaban con excepcional eficacia a cualquier reminiscencia de los demonios que pudiera quedar en la zona. El cabo extendió la invitación de unirse al grupo en pos de los demonios a todos aquellos capaces de alzar las armas, que en la práctica parecían ser únicamente el orco y el enano, y Therion no dudó en empezar a moverse, aún antes de que el sonido profundo del cuerno que señalaba un pedido de auxilio exaltara su vocación de guerrero recordándole los cuernos distantes que habían sonado en batallas remotas. –Soy un refuerzo, carajo si soy un refuerzo-

Poco después, a través del sonido rítmico de las botas chocando al suelo con el unísono de la disciplina, se pudo percibir la desesperación de un grito femenino. En realidad Therion se encontraba más preocupado por revisar una leve punzada de dolor sobre su hombro izquierdo que por acudir en la defensa de alguna doncella en peligro, no era él un paladín justiciero y estando en medio de aquel grupo organizado de soldados se sentía en un hábitat natural que no remplazaría por otro edificio de mierda en llamas.

-Si bueno- empezó a replicar a la advertencia del enano, levantando la voz conforme ambos se distanciaban- No soy el diario de una doncella para que me cuentes lo que has o no de hacer, por mi te puedes largar a Anemos-

Y fue así que continuó la marcha, que resultó breve dada la cercanía hasta la plazoleta central, donde se dibujaba el panorama intrincado de una batalla sobrenatural. Pero apenas tuvo tiempo para reparar en la formación de magos que conjuraban una barrera invisible, ni en la formación de guerreros y magos de combate que se empecinaban en protegerlos. Todo lo que importaba era que su bloque marchaba directo a un encuentro con un grupo de aquellos demonios que avanzaban perpendicularmente, en pos de la formación defensiva al interior de la plaza. Era todo lo que Therion Fortín de Acero ansiaba ver, quien sin aminorar la marcha colgó de nuevo el espadón a su espalda y se armó de su machete a una mano y de su escudo, para ponerse al frente de los soldados, a quienes lanzó una mirada de furor antes de emprender carrera en silencio, con la certeza de que ellos y su cabo seguirían el mismo rumbo, pues comprendía que siendo el objetivo auxiliar a la formación no muy numerosa que se arrebujaba en el centro, era su obligación asumir una postura ofensiva, cuando a todas luces los demonios parecían mantener por objetivo a aquel circulo de magos.

Fue el cuerpo nervudo de un demonio de 2 metros el que dio en recibir la carga del orco, que por la poca resistencia que encontró, dada la diferencia notable de sus pesos, casi perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer de bruces, de no ser porque encontró la estabilidad luego de girar sobre sus pies, momento en el que aprovechó el impulso redireccionado de su movimiento para extender el machete, que al final del giro fue a clavarse sobre el muslo de un nuevo demonio, que surgía de la nada para propinar al orco un tajo de espada que impactó a la altura de su hombro derecho, partiendo uno de los huesos ornamentales, pero rebotando infructuosamente sobre el metal. Sería su último ataque, pues si bien el orco no se esforzó por liberar el machete profundamente incrustado en la carne del demonio, su brazo derecho ya hendía el aire con la prominente cuchilla del borde de su escudo, que seccionó la oreja y parte del cuello de aquella bestia cuya vida se extinguiría cuando instantes después se ahogaría con su propia sangre. Dando un salto hacia atrás el orco liberó sus armas, tratando de localizar a su primera víctima, y entonces comprendió que de seguir inconsciente sobre el suelo, moriría aplastada a pisotones en medio del fragor de la batalla.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Bargho el Jue Dic 08, 2011 11:05 pm


Poco a poco, lo que había estallado como una violenta y repentina orgía de sangre, fuego y gritos sobre la ciudad humana de Tarya se iba apagando y sofocando por todas las calles y callejones. Los demonios, a pesar de su prestancia aterradora, eran bastante inferiores en número y en fuerzas respecto a los pobladores de la ciudad, los sacerdotes magos del templo de Akualtá, una deidad del agua y dios tutelar de la ciudad, iban por las calles sofocando los incendios, la que antes había sido una humareda negra con reflejos naranjas por las llamas se iba haciendo una densa neblina de vapor que humedecía todo. Solo en la plaza de armas de la ciudad, donde las dispersas pandillas de demonios se habían concentrado, el fragor de la batalla permanecía imperturbable.

La patrulla en la cual se encontraba el orco Therion irrumpió de lleno en la plaza casi al mismo tiempo que las huestes de demonios, fue como si hubieran arrojado aceite sobre una fogata; la violencia recrudeció y los demonios se batían en una última refriega con singular ira y desesperación, los magos que se hallaban en medio de aquel círculo empezaron a elevar la voz y sus cánticos resonaban con fuerza en medio del pandemónium con gran fuerza.

¡ANUNK ATHARA KARAMATH, KANTA REA LAGARASH, LAMTA SARAMEREI!

El fulgor del círculo incrementó y entonces este se elevó por los aires a centenares de metros de altura, empezando a crecer paulatinamente.

En tierra y debajo del brillo cada vez más intenso de la magia de aquellos sacerdotes, la batalla culminaba ya, Therion cargaba con ira contra uno de los demonios y seccionaba su yugular con un corte de las cuchillas de su escudo, Takenagi había renunciado a sus armas de asta para rescatar al infortunado hechicero insectoide que se hallaba malherido y ahora disparaba diestramente con su Yuri a los demonios que penetrando en la batalla trataban de acercarse al grupo de magos mientras el que había salvado, Swarm, pronunció unos hechizos y una de sus avispas creció hasta tener un tamaño descomunal similar al de una oveja… sin embargo el penetrante humo mezclado con vapor que hacía cada vez mas y mas denso el ambiente a medida que los incendios iban siendo sofocados, unido a la natural dificultad de los insectos demasiado grandes para respirar, hicieron estragos en la pobre avispa, que empezó a zarandearse y a revolotear errante por el suelo, llamando la atención de uno de los demonios exploradores, que tomando velocidad en carrera se abalanzó sobre ella y empezó a acuchillarla al tiempo que el insecto desesperado daba aguijonazos sin ton ni son que penetraban en la roja carne del demonio haciendo estragos con su veneno, finalmente ambos murieron tendidos en un abrazo mortal sobre la plaza. En otro extremo del campo de batalla, un enano que se había visto atrapado en medio del conflicto, descargaba los tiros de su arcabuz sucesivamente desde una ventana que daba a la plaza.

La batalla se inclinaba ya inexorablemente a favor de los defensores de la ciudad.

De entre las ventanas del templo de la ciudad, la misma enigmática figura volvió a emerger, dio una mirada a la batalla ya decidida que se desarrollaba en la plaza y una enigmática sonrisa apareció en su rostro, desapareciendo junto con el en el resplandor de una explosión como si hubiera sido una visión.

Bolas de fuego seguían impactando inútilmente contra la barrera invisible que protegía la ciudad ante la incomprensión de Raimstailis, quien continuaba eliminando con facilidad a aquellos demonios y veía como los restos de aquellos cadáveres despedazados caían sobre la ciudad ¿Por qué sus enemigos eran tan débiles? ¿Y por qué razón seguían desperdiciando soldados así? Más aún cuando la fuerza que habían logrado introducir era tan pequeña… De repente un pensamiento espantoso atravesó su mente como un rayo, se dirigió horrorizado hacia los magos, tratando de hacerse escuchar sobre el potente sonido de sus versos:

-¡No! ¡Deténganse! ¡No completen el hechizo! ¡No…!-

No lo escuchaban, los cantos continuaron y los versos finales resonaron por todas las calles de la ciudad, entre el humo, los ríos de sangre y las cenizas que se apagaban

¡¡¡AZABATH KARAN PARCA REA MAMBARIANAN!!!

¡¡¡QUE EL MAL SE ALEJE DE NOSOTROS!!!


El círculo de luz del hechizo que hasta entonces se expandía lentamente incrementó súbitamente su tamaño y abarcó todo el cielo sobre la ciudad iluminándola como si fuera pleno día.

Sobre el suelo los demonios que quedaban dieron horribles gritos y empezaron a sucumbir en medio de atroces dolores, no quedaban muchos pues la mayoría habían sido ultimados por las armas de los defensores de la ciudad, pero aún eran suficientes como para que sus lamentos se extendieran como un eco por todas partes. Grandes exclamaciones de júbilo empezaron a oírse celebrando la victoria.

Entonces sucedió.

Spoiler:

Los cuernos cayeron y la piel roja se disolvió y desapareció como ceniza de la noche anterior que es barrida por el viento de la mañana, sobre las calles y plazas de Tarya se extendía un mar de cadáveres humanos… únicamente humanos.

Entonces lo que anteriormente habían sido exclamaciones de júbilo se transformaron en un desesperado y amargo llanto.

Los cadáveres pertenecían a los pobladores de Katyna.

-¡Maldito! ¡Mil veces maldito!- Lloraba apretando los dientes la mujer de rodillas al lado del cadáver de su marido, a su lado el niño lloraba también pero sin entender muy bien por que, sencillamente veía a su madre abrazar a su padre que yacía en el suelo desnudo- ¡Vayanse! ¡Vaaaayansee!-

El demonio de dos metros que había ultimado el enano era el marido de la mujer, de quien esta rogaba al sacerdote minutos atrás que le trajera noticias. No había nada en el mundo que el enano pudiera hacer para borrar aquel dolor, no en este al menos.

Ya no había nada que se pudiera hacer en esa casa.

En las calles exclamaciones de odio y juramentos resonaban sin cesar, el ambiente de la ciudad estaba caldeado por un odio extremo, todos se lamentaban, todos se sentían culpables, la sangre de hermanos había corrido a manos de hermanos ¿Pero como saberlo? ¿Cómo podrían haberlo sabido? ¡Malditos!.

Todas las voces clamaban venganza y una terrible oscuridad ensombreció los corazones de las gentes de Tarya mientras recogían los cadáveres que habían quedado por toda la ciudad.

-Estos sujetos…- Se dijo estupefacto Bargho mientras permanecía en medio de la plaza y del luto y de los lamentos[color:d2ab=LightSlateGray
]-- Esta malignidad… supera todo lo que he podido concebir.


-Malleficus Inter Vivos-

La voz de Raimstailis hizo eco entre los magos que habían levantado el hechizo sobre la ciudad, quienes asintieron en silencio, se hallaban sumamente agotados. El mago prosiguió.

-Hechizo que transforma a los vivos en demonios y cuyo efecto solo puede ser revertido sin consecuencias para la víctima con un cántico especial… o con una cancelación mágica masiva como la del Círculo defensor de Ulthar; pero jamás he sabido de alguien que pudiera utilizar el Malleficus Inter Vivos en esta magnitud, ningún mortal al menos.

El mago mas anciano que había estado en medio del círculo invocador del hechizo veía al cielo a su reciente creación, como se veía las consecuencias de un terrible error.

-De haber sabido… ¿Pero como saberlo? Ese hechizo es prácticamente indetectable…-

-No hay caso de culparse -replicó Raimstailis- Lo hizo lo mejor que pudo y en condiciones que harían las cosas imposibles para muchos otros, pero ¿Por qué este ataque? No creo que se hayan tomado tanta molestia solo para hacer sufrir a los pobladores de Tarya.

-¡Maestro Kvadar!- Gritó uno de los soldados que acababa de entrar al templo- ¡Venga rápido!-

El mencionado acompañado de Raimstailis, Bargho, Takenagi y algunos soldados entraron el templo, desde el vestíbulo al altar que se hallaba en el centro había cadáveres regados por aquí y por allá.

-Esto no es obra de los demonios- dijo Bargho-Ellos no llegaron a entrar al templo y las heridas son de alguna manera menos brutales…

-No- la voz de Kvdar sonó repentinamente desolada mientras este miraba un hueco en el altar- Y quien haya hecho esto cumplió su misión a la perfección, la Segunda Pieza de Tres ha desaparecido.


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Bargho

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