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En Busca de la Bendición

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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Swarm el Vie Dic 09, 2011 2:07 am

“No hay peor dolor
Que el ver a un hijo morir frente a tus ojos,
Los padres no deberían de enterrar a sus hijos,
Ya que las generaciones jóvenes se marchan y
Dejan a las viejas con lagrimas en los ojos”

Christian Chacana 08 de diciembre de 2011

Nadie podría comprender aquel dolor … nadie podría comprender como esos ojos inhumanos podían derramar tan amargas lagrimas … lagrimas que ni siquiera cuando había perdido su cuerpo y se había convertido en aquello, no … no eran lagrimas fáciles de describir, como pudo se arrastro por el suelo, sin importarle que dejaba un rastro de sangre en este, sus garras temblaban, un nudo en su garganta se formaba mientras negaba una y otra vez … negaba aquella visión que tenia, negaba la realidad … su mano apenas roso el cuerpo para que un grito desgarrados brotara de su garganta … un grito inhumano, lleno de miedo, lleno de tristeza, de odio y amargura, era el grito de un padre al perder a su hijo, era el grito de alguien a quien le hubieran arrancado un trozo de su ser … su mirada se elevo al cielo, no buscando una respuesta si no dejando que sus lagrimas bañaran su rostro, y se deslizaran por su piel hasta el suelo, sus brazos estaban sin vida colgando en ambos costados … su corazón apenas latía, no por cansancio si no porque cada latido era como si una daga rebanara su carne, su pecho y sus emociones.

Con un arrebato de ira levanto sus brazos para golpear el suelo, una y otra y otra vez, entre gritos y lagrimas, entre la sangre que ahora brotaba entre sus garras … ante sus s ojos estaba su pequeña, su delicada, su compañera e hija … quien podría entender ese dolor … como entender que te arrebataran algo en tan solo un segundo, que te lo arrancaran y apuñalaran una y otra vez, sus lagrimas mojaban el ardiente piso … que le importaban los malditos que habían muerto ese día … que le importaba si los gritos de mujeres y niños se oían … el había perdido a alguien de su “familia” había perdido a su hija … a su pequeña … la había visto crecer, la había alimentado y visto madurar … quien podría sentir aquello … asesinen a tu hija … asesínenla frente a tus ojos, sin poder hacer nada … sin poder defenderla aun cuando grita, cuando te llama a gritos, mientras apenas puede defenderse.

Su mano se estiro y acaricio el inerte cuerpo de su delicada hija, sus ojos se habían apagado, su aguijón destilaba la última gota que poseía mientras sus alas inertes brillaban con las ultimas brasas del fuego … Swarm se llevo las manos a su rostro, sollozando … sollozando como nunca lo había hecho, lentamente miro sus manos … las vio impotentes, inútiles, no había podido hacer nada … había visto la roja cuchilla brillas con las llamas … el grito de su pequeña cuando su carne fue apuñalada, cuando sus alas no soportaron el peso y cayó al suelo … mientras su cuerpo sangraba, sus mandíbulas daban sus mordiscos, su aguijón apuñalaba a su enemigo … pero no era lo que quería Swarm … no había hecho lo que le había pedido … que se cuidara … tan solo eso le importaba … mas ahora su bella pequeña estaba muerta, arrastrándose llego hasta donde había estado ese demonio, ahora convertido en un simple humano, con furia lo agarro del brazo, aun cuando ya estaba muerto y con ira reprimida comenzó a golpear su cuerpo, una y otra y otra vez, no le importaba su dolor, no le importaba si se quebraba las manos … solo quería sacarse esa desesperación de su pecho.

-¿Por qué? … ¿Por qué? … ¿¡¡¡POR QUE!!!?-

Solo gritaba, mientras sin importarle los gritos desfiguraba a ese hombre, la capucha cayo dejando ver su rostro, su insectoide rostro, mientras gruesas lagrimas recorrían sus “mejillas” pronto no pudo dar un golpe más, el cadáver era eso … un simple cadáver, no le respondería, no le devolvería a su pequeña … ni siquiera se sentiría satisfecho … sin importar lo que hiciera, mientras miraba el cuerpo de su “niña” esta cada vez se hacía mas y mas pequeña, hasta volver a su tamaño natural, el de una simple avispa, con las manos temblando del dolor, de la impotencia y la tristeza Swarm tomo el cuerpo de su pequeña, y como si fuera su tesoro cerro ambas garras como si fuera un cofre, cerrando sus ojos al apoyar su frente en estas.

Avispa regia y soberana,
de acinturada naturaleza
y combativas ansias,
de olores de hierba
y humedad de tempestad suriana.

Abre tus alas de punzantes primaveras
y extiende tu rojizo vuelo
sobre el blando cielo,
mientras siembras estelas
de rubíes y esmeraldas
en las entrañas de la madre sierra
y haces germinar en nuestros pueblos
progresos firmes y esperanzas nuevas.

Susurro mientras lanzaba el pequeño cuerpo a las ultimas llamas, estas abrazaron el diminuto cuerpo, consumiéndolo en unos instantes y elevando sus cenizas hasta el cielo, Swarm cerró sus ojos y dejo de llorar, no derramaría una lagrima más, hasta que no encontrara la razón por la cual su pequeña había muerto, un miedo había nacido ese día en su corazón, mas ahora solo era reemplazado por odio , con algo de dificultad tomo un bastón a medio consumir, y con este se apoyo, apenas pudiendo caminar y con el dolor punzante de su carne, mas no se detenía y siguiendo a los magos , como si fuera una tortura subió los peldaños hasta el templo, no sabía lo que encontraría, o con quien … pero de una u otra forma … apagaría esa ira que en su peco latía, sin detenerse.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por D. Monh el Sáb Dic 10, 2011 11:58 am

Frente a sus ojos, antes de marcharse y mientras aún sostenía a la mujer por el brazo, casi contra su voluntad para poder sacarla de ahí, el cuerpo del demonio que otrora ultimara el enano, se desintegraba en su gran mayoría, dejando únicamente, en lugar de cenizas, el cuerpo desnudo de un hombre de edad avanzada; y al verlo, la mujer arrancó la mano que la tenía presa para poder echar a correr hacia el cuerpo inerte, con una gran cantidad de heridas en todo su cuerpo. Empezó a llorar, pegada a él; y su pequeño profirió lamentos sin saber bien por qué, y tocaba el cuerpo de su padre, diciéndole que se despertara, que había visto algo muy feo antes y que quería que él lo cuidara… Provocando así más llantos de la madre. Esta maldijo al sacerdote y al enano, furiosa e inconsciente… Por más que hubiese sido su marido, hasta hace poco era un demonio, y Dhaere lo podía constatar al haber exorcizado a uno de los pequeños. La voluntad del Creador no dañaría a una ilusión, El Creador era sabio, y si había elegido dañar a esos demonios, es porque realmente eran demonios, no disfraces.
Aunque no buscara su consuelo y no quisiera su perdón, Dhaere se arrodilló cerca del cuerpo y, tomando su jícara de agua, la destapó y metió dentro un dedo, para después lanzar unas gotas de agua sobre la frente del muerto, y dibujarle una cruz sobre su frente.
-Requiem in pax…
No pidió su perdón, y no lo buscaba. Hacerle un siervo del creador era someterse a su voluntad; en su mente no pesaba demasiado el error cometido, pues si era el Origen de todo quien lo había permitido así, debía haber una razón de peso para que las cosas hubieran sido de ese modo.

Se volvió a levantar, con la jícara tapada ahora, y trazó una cruz nuevamente en el aire, pero ahora hacia la mujer y su niño. Pedía a su Señor que les cuidara, y que perdonara los pecados de ellos, y los suyos propios.
Salió de la casa urgiendo consigo al enano. Aunque no sabía cómo reaccionaría este, posó una mano sobre su hombro por un solo segundo, sin ánimo de molestarlo, sino más bien para llamar su atención.
-Que no pese la culpa sobre ti, hermano. No matamos a un hombre hoy, salvaste a un anciano y una familia; yo estuve ahí para verlo, y lo podré jurar hasta el final de los tiempos.

Aunque no tuviera mucha confianza con el enano, surgió su naturaleza de hombre de iglesia, de hombre de bien. No decía esas palabras sin ningún contenido, no estaban huecas. Si las decía era porque realmente creía en ello, y no quería que el enano pensara en ninguna otra cosa.
Respondió a todas sus palabras, si es que había alguna que dijo, de manera positiva. No lo dejaría caer en manos del olvido, ni del odio ni del arrepentimiento. Esos caminos hacían daño al alma, y menguaban la cordura… Ya lo sabría él.

Al salir de la casa, escuchó lamentos, gritos de odio… Todos similares a los que la mujer hacía poco que había proferido. Ahora el sacerdote iba absorto a su mundo… ¿Quién podría hacer un conjuro de tal magnitud? No… pensándolo bien, no era un conjuro. Al menos, a él no le parecía así… Más bien, esas personas habían sido poseídas, los demonios les habían ganado la pelea y se habían encarnado en sus cuerpos… Si lo hubiera sabido, si hubiera pensado en la posibilidad de que no fuesen demonios, sino personas poseídas, habría realizado otro canto… Pero no había ninguna forma de saberlo. Y no quería atormentarse más.

Por todos lados miraba personas correr, hombres enfurecidos golpeando las paredes y llorando; mujeres vencidas por la esperanza, desgarradas en llantos de sufrimiento… Mierda, Dhaere quiso salir de inmediato de la ciudad… En su monasterio rondaba la historia de Shibah’Erucitus, aquel que vivía en su espada, y que fue encerrada ahí hacía más de doscientos años. Según esa historia, el demonio poseyó al Gran Sacerdote, tras minarlo toda su vida de pensamientos negativos, de sufrimiento y de dolor. Así había logrado menguar la fuerza del hombre más puro y más santo de todo el monasterio… Atacando primero sus sentimientos, creando dolor en él; haciéndole sentir odio, haciendo que su voluntad se apagara… hasta entregarse al odio, a la ira… A la oscuridad. Eso le había permitido, al demonio, ganar la posesión sobre el cuerpo del maestro Akuma… Y aquí había de eso en grandes cantidades. La mujer se había enfurecido demasiado rápido, los niños lloraban, todo era sufrimiento, todo penas y todo dolor. Realmente quería largarse de ahí, quería salir pitando… Pero su “profesionalismo” le instaba a conservar su cordura, aunque lo hizo bien presente para su compañero:
-¿Sabes que el odio, el sufrimiento y el rencor… sabes que todo ello lo pueden usar los demonios para entrar a nuestro mundo? Eso me preocupa… Algo enorme va a pasar aquí… Iré a la iglesia –dijo, señalando el templo al que una pequeña guardia de soldados terminaba de entrar. Si había un sacerdote que conociera algo, debía preguntarlo con él- ¿Te vienes?

Caminó rápido, rogando a cada paso al Creador para que perdonara los pecados de todos los presentes, para que les diera voluntad y no los dejara caer en las manos del abismo. Estaba seguro de que algo iba a pasar ahí, y si tenía a la iglesia de su lado, sería mucho mejor… Fuera cual fuera el Dios a quien oraban en esta tierra.
Antes de entrar alcanzó a escuchar unas palabras proferidas por voz extraña, algo de unas piezas y eso. Le restó importancia y, al asomar su cabeza dentro de la iglesia, se sintió mareado de inmediato debido a la concentración del olor a sangre en aquel templo.
-El sacerdote de esta iglesia… ¿Quién es? Necesito hablar con él, o con la persona que esté al frente de esta iglesia… Afuera hay mucho dolor, creo… que lo que acaba de pasar aquí, será nada comparado con lo que los demonios estarán preparando.

Aunque nada le aseguraba que fuese a pasar algo parecido a lo que contaban en su monasterio, prefería no arriesgarse, compartiendo así lo que él sabía y creía que podía pasar...
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Musashi Takenagi el Jue Dic 15, 2011 12:56 am

Los sonidos desgarradores de tristeza y dolor fueron imposibles de pasar desapercibidos. Mi concentración en estos momentos estaba centrada en disparar hacia todo aquel enemigo que osase intentar romper con la concentración que bullía de parte de los magos en aquel círculo guardián, las explosiones y la lluvia de pedazos demoniacos no dejaban de descender y perecer al instante cuando se partían en partes al chocar contra el escudo protector, muchas eran las quejas y los lamentos, muchos eran los que caían, los que se levantaban y los que volvían a caer, si me perdía en admirar la degradación producida por este ataque intempestivo contra todos no podría centrarme en ayudar a nadie. Una tercera flecha surcó el aire buscando su objetivo hasta que un desgarrador grito cercano a mi ubicación fue imposible de ignorar, y aunque el lamento estaba acumulado en todas partes fue imposible pasar por alto el del que estaba a mi lado, me volví hacia atrás para observar como aquel extraño hombrecillo llamado Swarm lloraba desconsoladamente sobre la figura inerte de una gigantesca abeja la cual yacía acompañada por un cadáver demoniaco, pero la tristeza del extraño individuo cuyo rostro me causó gran extrañeza al notar que era como el de un insecto, era a causa de la muerte de aquella abeja la cual después de un rato comenzó a reducirse de tamaño hasta quedar pequeña entre sus manos. La apariencia de aquel sujeto revelaba el por qué se mantenía oculto y también hacía intuir porque tanta tristeza de ver perecer a lo que, para cualquier persona, solo sería una simple abeja pero para él debía ser más que eso.

Sin embargo no era el único que había perdido a un ser querido, todos aquí pasaban por la misma situación.

No dije palabra alguna como ya me era costumbre y volví a concentrarme en lo importante, que era evitar que el círculo se viera interrumpido por mis enemigos, pero sería entonces que el conjuro se habría concretado porque de golpe una intensa luz se desplazó en los cielos mientras la voz de los magos resonaba como eco por sobre mis oídos. Me erguí desde mi posición, bajando el arco para observar atónica lo que sucedía, todos los demonios de pronto se retorcieron de dolor pero su propia apariencia comenzó a menguar hasta difuminarse y volverse seres humanos, pestañeé expectante ante ese hecho avanzando inmediatamente hacia el templo, corría como por inercia para encontrarme con mis compañeros y exigir una explicación, Swarm se había alejado de mí… pero no había tiempo para buscarle, y quizás le encontrase en el templo también. Las placas metálicas de mi armadura chocaban acompasado por mi corazón a medida que veía como los gritos y llantos de los pueblerinos ya no eran por temor a una posible muerte, si no a la pérdida de sus seres queridos. Pero yo no debía dejarme doblegar por mis emociones si quería cumplir con mi cometido de manera eficiente, sin embargo era humana y tampoco podría ser de piedra, por lo demás tampoco evadía la posible sensación de “culpa” porque a quienes había hecho caer no eran demonios, si no humanos que habían sido convertidos quien sabe con qué oscura magia en aquellas criaturas, pero claro, no tenía como saberlo, nadie tenía como haberlo adivinado y siempre se debía velar por el bien mayor… quien había causado todo este mal tendría que pagar.

Alcé la vista, aún protegida por la máscara de cerámica cuando ya me situaba a la entrada del templo y prestaba atención al intercambio de palabras entre Raimstailis y un anciano mago, luego uno de los soldados nos pediría ingresar al templo donde una vez adentro observaríamos varios cadáveres que por sus heridas que resultaban "limpias" en comparación a cualquier machaque a causa de aquellos demonios, me preparé sin embargo por si el causante había dejado algo que podría atacarnos en este sitio.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Bargho el Vie Ene 06, 2012 7:18 am

Maestro Kvadar

Una figura inerte se perfilaba contra la débil luz que llenaba la habitación, parecía apuntar a algo que ocurría en la plaza… sin embargo ya no habían peligros ahí, solo dolor y amargura, un observador algo distante o poco experimentado encontraría tal imagen como la representación de una amenaza inminente, pero la estampa tiesa y rígida del enano era todo menos eso. Aproximándose un poco más o teniendo unos ojos algo más agudos, podría verse en la frente del enano un pequeño cuerno metálico que no era realmente tal… Un fallo en el mecanismo del arma del desgraciado había hecho reventar la recámara y el gatillo salió disparado , con tan mala suerte, directamente al cráneo del desafortunado dejándolo inerte al instante.

Mientras tanto, en la iglesia los distintos aventureros iban llegando, unos pidiendo consuelo para los infortunados que lloraban afuera y otros dos, armados hasta los dientes y siendo como eran, un enano y un orco, la pareja mas dispareja de cuantas habían sido vistas recientemente, se hallaban escuchando en silencio desde uno de los pilares de la iglesia como el Maestro Kvadar comenzaba su relato.

-Las tres piezas de tres son uno de los tesoros más importantes de todo Keybak, no precisamente por el oro o las piedras preciosas de las pensarían que están hechas, si no por que las tres son la llave que encierran al oscuro, al señor de…

Estaba hablando cuando de pronto irrumpió en la sala un extraño ser humanoide, su rostro descubierto dejaba a la vista sus rasgos de artrópodo y un aura de rencor desprendía de todo su ser, en su voz se respiraba ira. Kvadar lo interrumpió, molesto por el odio que sintió bullir descontrolado en el corazón de aquel ser.

-¿Quien osa dar voces llenas de odio inmundo en este templo sagrado que ahora cubre el luto? ¿Cómo un ser maldecido se atreve a entrar en el?- Le dijo al insectoide interpelándolo directamente para luego dirigirse a los monjes custodios del templo- ¡Que rumie su rencor en otra parte! ¡Sáquenlo!-

Luego de un leve forcejeo, que se solucionó con una rápida y certera llave al brazo, dos robustos monjes arrastraron a Swarm hacia la salida, para después arrojarlo por las escaleras hacia la calle tirando detrás de el su improvisado bastón, luego de rodar como un traste quedó un momento tirado sin moverse, luego se levantó dificultosamente y se fue arrastrándose hasta uno de los rincones más destruidos de la ciudad, no se supo que fue de el, pero de todas maneras a nadie le importó ni es relevante para el curso de la historia. El Maestro Kvadar pudo retomar la palabra, una vez pasada la interrupción de aquel insecto odioso.

-No es necesario que permanezcan tan alejados del resto- se dirigió al enano y al orco que ahora escuchaban desde la puerta del templo- Ambos han peleado y sangrado por la causa de defender nuestra ciudad, son bienvenidos.

Bargho intercambió miradas con Takenagi, sin comprender muy bien el por que el rudo trato a aquel hombre insecto al que incluso el samurai había auxiliado, sin embargo permanecieron en silencio, una vez aquellos dos se allegaron el anciano prosiguió.

-Para que comprendan el significado de estas piezas es necesario que conozcan la historia de esta región tiempo atrás, mucho tiempo antes incluso que la fundación del Gran Imperio…-

Los montes Keybak son conocidos principalmente por haber sido el hogar del Gran Imperio del Zar, los cantos y leyendas de esas épocas cuentan con lo más selecto de los héroes del pueblo eslavo y son recordados con cariño por sus descendientes. Sin embargo, no siempre fueron los eslavos los habitantes de estas tierras y sobre ella se encuentran historias ajenas a este pueblo, historias que nunca pasaron de anciano a nieto dado que pertenecieron al lengendarium de otros: Los helenos que también vivieron en las montañas Keybak, que por aquel entonces era llamada Asbethos.

Pero ellos no eran tampoco los pobladores originales, de los cuales sus orígenes se remontan a la noche de los tiempos y cuyo génesis exacto y descripción ya se han perdido, los helenos eran sencillamente colonizadores que crearon factorías y pequeños campamentos dedicados a la extracción de mineral, siempre fieles a su costumbre de establecer redes comerciales de intercambio de mercaderías, de aquí les era enviado el cristalino ámbar, el maleable cobre, el fino oro y el duro hierro, además de otra infinidad de minerales con los que los dioses prodigaron a estas montañas; desde el sur y por mar les llegaban los frutos del olivo, el lino, el papiro, el aceite y el dulce vino. En pocos años la economía prosperó y los que empezaron siendo simples aglomeraciones de ingenios mineros y pequeños puertos comerciales, pronto evolucionaron en polis (ciudades) autónomas y ricas; los primigenios habitantes de estas montañas fueron absorbidos cultural y étnicamente por los helenos y pasaron a nutrir la población de las emergentes polis. Algunas de ellas fueron posteriormente borradas de la faz de la tierra por las fuerzas titánicas de la historia, pero otras permanecieron, sufriendo infinidad de cambios hasta que se transformaron en muchas de las ciudades-estado que ahora llenan estas montañas.

Uno de los cambios que he llamado “titánicos” fueron los producidos poco después de la Guerra de Drakenfag* durante la cual los Ildar (Un antiguo pueblo heleno emparentado con los que poblaban Asbethos) fueron dispersados y prácticamente eliminados a pesar de triunfar en el conflicto.

Con el Señor Oscuro Arahones encerrado y sus huestes acabadas, varios de sus sirvientes mas poderosos que habían sobrevivido buscaron en otros rincones de Noreth un nuevo lugar en el cual asentarse. Baalgur, lugarteniente de Arahones y el mas poderoso de estos seres escogió nuevamente a los helenos como “su pueblo” y encontró refugio entre los varios partidarios de su señor que se hallaban en los puertos de Asbethos, pronto el mal comenzó a nutrirse y a volver a florecer en las montañas, esta vez en las nuestras. Tal parece ser que el oro y las alturas son el principal cebo para los demonios.

Pero esta vez la perniciosa influencia de aquel maldito fue advertida prontamente por miembros de la aún joven organización de los Templarios Luminaris, quienes con el beneplácito de su dios trabaron una fuerte batalla auxiliados por los “sabios” (como se llamaba a los magos en aquel tiempo) contra las huestes de Baalgur, llegando a acorralar al propio demonio en las grutas de las actuales minas de Nos. Pero ni el poder de los líderes Luminari, ni el de los sabios de Asbethos, eran suficientes para destruir a aquel poderoso demonio, de manera que sacrificando sus propias vidas, lo sellaron y lo encerraron en un escudo hoplón de mithrill que inmediatamente después fue dividido en tres partes iguales y puesto bajo custodia de los gobernantes mas poderosos de entoces en Asbethos. Los siglos transcurrieron golpeando duramente con su martillo del tiempo a las ciudades, borrando sus nombres, cambiando la fisonomía y las lenguas de sus habitantes… pero la historia del demonio Baalgur y de su corrupción siguen vivas en la mente de los luminaris, y su custodia permanece inalterable. La primera pieza descansaba en Atinai, la actual Katyna, que por entonces era la ciudad más importante de esta región y en la cual se hallaba (y se halla) hasta la actualidad el viejo templo Luminaris de Keybak; la segunda piza de tres se hallaba hasta hace instantes en su ciudad hermana, Tares, la actual Tarya en la que nos encontramos ahora. Y por último, la tercera pieza de tres fue escondida, se rumorea que no muy lejos de aquí, pero ha pasado tanto tiempo que su ubicación real se ha perdido. Pero a pesar de esto, tememos que la tercera pieza ya haya sido encontrada dada la violencia de los ataques contra nuestra ciudad.

Baalgur no debe despertar, o a la suerte de miles de hombres no le esperará más que las sombras de la muerte y el dolor.



El Maestro Kvadar finalizó su relato, luego de una breve pausa Raimstailis se atrevió a romper el silencio, su voz sonó como una sentencia.

-Arahones está próximo a despertar, nosotros nos encontramos aquí de camino a Katyna para encontrar ayuda en el templo Luminaris de esa ciudad.-

El anciano maestro se sintió desfallecer.

-Entonces los tiempos que vivimos son más aciagos de lo que prevemos, los acólitos que ahora pretenden despertar a Baalgur no son sencillamente fanáticos que aspiran a los favores de una deidad maligna, son leales servidores que están en la búsqueda del lugarteniente de su Señor… si Baalgur y Arahones se reencuentran las consecuencias serían inimaginables.-

-Entonces entenderá nuestra necesidad de salir de la ciudad – intervino Bargho- Tanto para encontrar las piezas como para evitar que Arahones despierte en Drakenfag, el destino de las dos montañas está en juego… necesitamos toda la ayuda posible, la suya por ejemplo.

-Es inútil- le interrumpió Raimstailis- el hechizo de protección que estos señores han activado les impide salir de la ciudad so pena de que este se disuelva, y teniendo en cuenta lo poco que conocemos sobre la verdadera fuerza del enemigo, ni siquiera sabemos si Baalgur ya ha despertado otra vez, no podemos arriesgar a la población descubriéndola.-

-¿Algún guerrero de la ciudad entonces?-

-Tampoco es posible- remató Kavdar- Esta barrera funciona principalmente como una especie de antítesis del odio, para cualquier persona que esté poseída por un odio intenso le es imposible entrar o salir del la misma, lo cual es muy conveniente cuando se lidia con demonios y sus sirvientes… Pero como verás, todos los nativos de este lugar están embargados del odio y del rencor más enconado y doloroso por la pérdida de sus seres queridos. Solo nos queda confiar en extranjeros como ustedes.-

Raimstailis remató la explicación.

-Eso no es todo, el odio concentrado de los pobladores de Tarya en este momento no hace mas que debilitar la barrera, supuestamente esta debe aguantar siete días, pero al ritmo de desgaste que viene sufriendo por la presión interna… no quedan más que tres días con suerte. Ahora quizás entiendes la ira del Maestro Kvadar a la hora de echar a aquel extraño ser, su presencia llena de odio en este lugar es aún más perniciosa que en cualquier otra parte.

El anciano asintió y posteriormente encorvó su vieja espalda delante de los visitantes.

-Por favor se los ruega un anciano que solo quiere ver paz en su hogar en los últimos días que le quedan de vida; detengan a los servidores de Baalgur y de su Señor Oscuro, solo ustedes pueden hacerlo-

Los presentes se miraron unos a otros, era la hora de las determinaciones.



* http://cuentosdenoreth.creacionforo.com/t654p50-el-valle-de-la-amargura#13684



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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Björki Gotriksson el Sáb Ene 14, 2012 11:39 pm

El demonio yacía muerto finalmente, destrozado de forma brutal por mi enorme fuerza física. Me sacudí las manos y recuperé el hacha, sonriendo de medio lado por haber acabado con otro monstruo. Un humano se dirigió entonces a mí. Tenía aspecto de clérigo o algo así, y ante sus palabras, asentí mientras apoyaba el hacha contra mi hombro. Le respondí mientras le acompañaba a fuera junto a la mujer y el crío, con voz tosca pero sin ser dura:

-La taberna la han destrrozado por completo, y según sé, en el centrro de la ciudad también hay combates durros. Segurramente hay centenarres de enemigos. Tal vez miles. A mí me es igual lo que quierran hacer los demonios, si son tan idiotas como parra ponerse frrente a mi hacha o trratar de hacerle daño a alguien desarmado frrente a mí, voy a cortarlo en pedazos. Y no, no me molesta que me acompañes, siemprre que sepas defenderte. Estar junto a un matador enano no suele ser segurro.-

Reí ligeramente ante mi última frase. Estar junto a alguien que busca la muerte desesperadamente no suele ser seguro. En ese momento sucedió el horror. Los demonios empezaron a perder su forma, para convertirse en simples humanos. ¿Los habitantes de la otra ciudad? ¿¡Qué maldita brujería!? La mujer se puso a gritar que nos fuéramos, y maldijo a todo.

El humano me habló entonces, y si bien asentí ante sus palabras, no podía evitar que me sintiera culpable en parte. ¡Por Karzun! ¡Habíamos sido engañados por sucios demonios para que matáramos a los inocentes! ¡El que había hecho aquello no sabía qué había hecho! Gruñí en voz baja, primero miré al humano, y luego a la mujer:

-No sabíamos lo que erran, ciertamente… Algún monstrruo nos ha engañado y nosotros hemos picado… Tal vez lo que harré no significarrá mucho parra ti, mujer, perro jurro por mi barba que no descansarré hasta clavar en una pica la cabeza del engendrro que ha sido capaz de ejercer semejante maldad…-

Sin dudar, cogí el hacha, y poniéndola con el filo mirando hacia arriba, la acerqué a mi barba. Con la mano libre cogí una trenza de la misma y empecé a cortarla, hasta que finalmente la trenza se desprendió del resto de mi barba. Tras eso, la dejé en el suelo, junto al cadáver del humano, y tras eso, saqué algo de dinero de mi bolsa con monedas para dejarlo junto al cuerpo. Tras eso, miré al humano, mientras empezaba a andar:

-Más no podemos hacer. Sólo vengarnos.-

A medida que el sacerdote y yo andábamos por las calles, veíamos más y más escenas de desesperación y de tristeza, mientras la gente reconocía a sus seres queridos de entre los cadáveres. A cada paso que daba, a cada llanto que escuchaba, notaba un calor cada vez más fuerte en mi pecho. De no ser porque no veía a ningún enemigo, posiblemente hubiese entrado en un estadio de furia irreprimible. De todos modos, el humano podía escuchar con claridad que mi respiración cada vez era más fuerte, y si se fijaba en la mano que empujaba el hacha, cada vez tenía los nudillos más blancos por la fuerza que estaba haciendo. En voz baja, iba gruñendo:

-Malditos demonios… Quien haya hecho todo esto va a saber lo que es cabrrear a un enano… Vaya que si lo van a saber… Voy a vengar a todas estas personas…-

Salí de mi ensoñación cuando el humano me habló. En otro momento, posiblemente habría dicho que eso eran idioteces, pero teniendo en cuenta mi cabreo del momento, logró hacerme suspirar y relajarme, aunque eso no quitó que mi rostro estuviera más serio que de costumbre. Le miré y le dije, de forma ronca:

-Todo demonio que intente entrrar a trravés de mis sentimientos de odio va a morrir de una forma espeluznante, humano. Eso puedo jurrártelo. Te acompaño a la iglesia. Si alguien más intenta joder a las gentes de esta ciudad, te asegurro que va a saber lo que es un enano furioso.-

Cuando llegamos a la iglesia, dejé que el humano se pusiera a hablar con los demás, mientras yo me mantenía en la puerta, esperando que él indagara, mientras yo recorría con la mirada todo lo que allí había sucedido. Más muertos. El hijo de puta que hubiera hecho aquello acabaría cayendo bajo mi hacha, podía jurarlo eso. Miré a mi lado y vi que había el orco de la taberna. Sin embargo, en ese momento no estaba de humor como para decirle algo, bueno o malo.

El viejo se puso a hablar acerca de las tres piezas, algo que según parecía encerraba a un tal oscuro, señor de algo, pero el hombre se detuvo cuando un ser con cara de bicho entró en el templo, y ordenó que le sacaran a empujones del lugar. Menos mal que yo me había calmado un poco, o de lo contrario tendría que dejar inconsciente a todos los custodios del templo a base de puñetazos.

Entonces el hombre nos habló al orco y a mí, diciéndonos que podíamos acercarnos. No me fijé en qué hizo el grandullón, pero yo sí me acerqué, con el hacha cargada siempre al hombro, haciendo valer mi imponente presencia a pesar de que fuera el ser más bajo de toda la sala. El anciano prosiguió con sus palabras, explicándonos la historia de la región.

Cuando acabó de hablar, me puse a acariciarme la barba, con aire pensativo. De mientras, un hombre con aspecto de mago por sus ropajes y el báculo se puso a hablar, diciendo algo que para el maestro fue como la estocada final. Yo alcé una ceja, pensando en lo que podría pasar si no se lograba evitar que el tal Arahones o su novio Baalgur volvían a ser capaces de hacer manitas en el mundo real en lugar del plano demoníaco.

Fue entonces que un minotauro hizo su intervención, diciendo que deberíamos salir de la ciudad para encontrar esas piezas y para evitar que el tal Arahones levantara cabeza, para seguidamente pedir ayuda, pero el hombre con aspecto de mago le dijo que no se podía salir de ciudad por si se disolvía el hechizo. El minotauro, sin embargo, prosiguió, y entonces el anciano fue quien le respondió. En pocas palabras, la cosa estaba jodida.

Me avancé, golpeando con el pomo del hacha el suelo, y hablé con voz solemne y con mi único ojo brillando de determinación, fijo en el anciano:

-Yo, Björki Gotriksson, matador errante, jurro por mi honor y mi barba que no descansarré hasta salvar a estas gentes. Podéis contar con mi hacha.-
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Therion Fortín de Acero el Dom Ene 15, 2012 5:11 am

Los ojos ambarinos de Rhames Roth contemplaban a Therion Fortín de Acero desde la muerte… a la deriva en un charco oscuro de sangre. Las astas, las teces rojas, las garras y las fauces voraces, se habían desvanecido, a la vista de todos, para dejar paso a los cuerpos maltrechos, a los rostros familiares. Los demonios no eran demonios, sino que eran amigos, eran hermanos y eran hijos. Y mientras tanto, Therion, sin comprender nada, continuaba contemplando los ojos opacos de su víctima, de cuyo cuello todavía emanaba sangre tibia, sangre humana. A su lado, el soldado Toruth Roth desplomado, aferrándose al cuerpo inerte del hermano muerto, desbordando en alaridos de amargura la disciplina y la marcialidad militar. Como él, la ciudad entera convulsiona en el dolor, y el orco Therion, que se hizo guerrero hace varios lustros en el mar de pasto, siente, por primera vez, vergüenza por la sangre que cubre el filo de sus armas.

Aturdido por la magnitud inconcebible de aquella malevolencia, camina por caminar, tratando de ordenar sus ideas, y de esquivar la mirada impertinente de algún otro muerto. Es imposible: la ciudad entera se ha cubierto de un tapete de muerte. Decide entonces mirar al cielo, donde se dibuja la figura imponente de aquella barrera mágica. Y más allá, el rocío sanguinolento de los cuerpos desintegrados a su impacto, nubes rojas de muerte. Therion siente un escalofrío.

La muerte de inocentes, ciertamente, no era un asunto ausente en la experiencia de Therion Fortín de Acero. Incluso, y desde cierta perspectiva, se podría decir que el orco había sido en varias ocasiones un victimario nefasto de las mismas. Cierto era también, que en busca de la culminación de su “causa mayor”, estaría dispuesto a cometer actos incluso peores. Pero había algo en aquel ataque a la ciudad de Tarya que perturbaba al orco al punto de inundarle con una inusitada sensación de vacío, de zozobra. Porque aunque no contemplaba conscientemente un sistema moral o de honor para regir su vida, tuvo que aceptar que aquello estaba mal, que resultaba inaceptable. No pudo contemplar razón alguna que justificara tamaña perversidad.

En algún momento, Therion se percató de que sus pasos le conducían al templo, y decidió continuar, tal vez con la esperanza de encontrar refugio de aquella marejada de dolor y lágrimas. Fue de esta manera que terminó por escuchar la explicación del Maestro Kvadar, que hubo de derivar en petición conmovedora. No, Therion no era un paladín justiciero, pero en cambio era un guerrero mortífero, que decidió, así sin más, que los responsables de aquel acto de cobardía inconmensurable, no eran dignos de compartir su mismo mundo y menos de apoderarse de las vetas minerales inagotables de aquellas montañas. Que no merecían la satisfacción de salirse con la suya, y que la vida extinta de sus ojos sería un recuerdo harto más grato que aquel del momento en que Rhames Roth se transformó en un humano sin vida.

-Mi nombre es Therion Fortín de Acero, orco de la tribu Burzum-ishi de las estepas del mar de pasto. Extraviado por los caminos y las circunstancias vine a ser testigo de este acto de cobardía. Y tanto porque me repugna, como porque soy un cabrón al que le gusta batirse en combate, ofrezco mi machete y mi escudo para destrozar y detener a los responsables de lo que ha pasado-

Dichas estas palabras, Therion se preguntó si acaso no se estaría convirtiendo en otra persona. Por primera vez contempló la posibilidad de no regresar más a los escozores de esa segunda vida de conspiraciones políticas y militares, y por enésima vez sintió ganas de beber una cerveza.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por D. Monh el Dom Ene 15, 2012 7:01 am

Dhaere Monh se desató la vaina de bambú de la cintura y junto a ella, la Akuma. Le había parecido más que honorable el acto de los enanos, pues aunque no le hubiera dado tiempo a responder, claro que sabía... Sino de las extrañas promesas que hacían, sí sabía del honor que guardaban en sus barbas. Y, aunque él no tuviera barbas ni tampoco nada, nada más que aquella espada demoniaca y su propia fe en el Creador, pensaba que con eso le bastaba para poder acompañar a los ya tres aventureros dispuestos a ir en misión suicida.

Con la espada lejos de su cintura, tomada por completo de la vaina con ambas manos, se arrodilló frente al anciano que parecía tener más jerarquía en esa iglesia y presentó la hoja en horizontal, como si se la ofreciera en tributo.
-La iglesia del Desierto, oradores del dios Creador Akenatón, sólo tiene esta espada como símbolo fiel de nuestra fe. Sin embargo, confieso ante Você, que esta hoja, llamada Akuma, es al mismo tiempo la tumba de un demonio intermedio que arrasó a nuestros propios hermanos.
Se levantó, con la espada aún en vertical, sin atreverse a desenfundarla; y miró a los ojos al hombre que estaba frente a él. No le importaba que la jerarquía obligara a no mirarle al rostro, o que se tuviera que hablar de rodillas ante él. Había sido educado para que, a menos que fuera imposible, se tuviera que mirar al otro a los ojos para demostrar la verdadera confianza que uno mismo quería mostrar.
-Sé que Akenatón dirige esta espada para que sea una hoja bendita, así como sé que dirigió mis pasos hacia esta tierra, para que fuera partícipe de esta Santa Misión. Juro ante el creador Akenatón que ayudaré a cumplir la misión de aniquilar al señor de la oscuridad, y si no completo la misión con vida, moriré luchando.

Nunca había sido un hombre de peleas, un mercenario o un “paladín” –recordando las palabras del orco-. Pero tenía muy seguro que escuchar esas palabras, estar ahí, ver morir a tantos hermanos convertidos en demonios… Estaba seguro de que todo eso no fue por fortuna que sucedió en su corta visita de paso, sino que estaba todo planeado por su señor, por esa fuerza superior que en su iglesia llamaban “ka”; el destino.
Y si su destino era cumplir esa misión con los hombres más variopintos posibles –una santa campaña emprendida por un minotauro, un orco, un enano y a saber qué más se encontraban en el camino-, no reprocharía ante nada. Había escuchado al enano (al que llamaría Jorkin, porque le resultaba imposible decir su nombre) jurar que acabaría con los que empezaron esto, y ya que él mismo había prometido devolverle el favor de salvarle la vida –y Monh era un hombre de palabra-, se sentía aún más comprometido a estar con aquel extraño grupo.

Bajó por fin la espada y se la amarró en diagonal al hombro, teniendo un fácil acceso a ella desde el hombro derecho; y por su cintura izquierda pendía como un reloj, la cantimplora con agua. Aparte de la faca, todo lo demás viajaba metido en su mochila. Hizo una pequeña reverencia con la cabeza hacia todos los presentes –al menos, hacia los que parecía que irían en la aventura- y trató de mirar, al menos por un segundo, a todos ellos a los ojos.
-Mi nombre es Dhaere Monh.
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Re: En Busca de la Bendición

Mensaje por Musashi Takenagi el Lun Ene 16, 2012 6:10 pm

Los motivos para causar tanta malsana devastación, de provocar tanta tristeza, de desgarrar de aquella forma tan visceral el alma de los mortales eran actitudes injustificables e imperdonables. Los demonios desaparecieron para dejar a su paso anchas huellas de desesperación en las calles, el grito constante de sus familiares que reconocieron en sus rostros la pertenencia de la familiaridad, y si bien el templo menguaba en cierto modo los gritos y las injurias desgarradores de los habitantes de Tarya fuera de sus murallas el eco de sus llantos y miserias repercutía en mis oídos como un socorro, una ayuda y una súplica que debía a toda costa cumplir.

Por lo visto no había peligros dentro del templo a excepción del robo de una pieza muy valiosa, y no por su ostentosidad o significado si no porque algo escondía en su interior, explicación que se vio suspendida por la llegada de Swarm, el extraño sujeto de cuerpo de insecto que tuve ocasión de ayudar en el ataque sin tener que juzgarlo por su apariencia porque aquello no era un inconveniente para ayudar a alguien, sin embargo no entendí porque tanto enfado por su entrada en el templo de parte del maestro Kvadar, e igual que Bargho no comprendí el por qué de esa actitud tan brusca para con él.
Mas, no repliqué nada, puesto que no podía juzgar sus acciones sin conocer de ante mano las razones que impedían recibirlo bajo las paredes del templo, razones que prontamente fueron explicadas. Swarm no podía ser bienvenido si continuaba su corazón almacenando tanto odio y rencor, de lo cual estaba segura que duraría un buen tiempo puesto que había sido víctima de la pérdida de un ser querido, aquella abeja que pereció bajo las brazas que lo consumió y derrumbó en una honda tristeza, y no evité hacer memoria hacia Arashi que ahora se encontraba más lejos que nunca y desconocía que final tendría mi honorable corcel, pero no había ninguna recompensa detrás de las lamentaciones.

Y volviendo a calibrar en mis pensamientos la historia narrada no evité pensar que probablemente mi compañero Rothgar tuviera conocimiento sobre aquella batalla librada por su orden devota a Luminaris, mas ahora él mismo se encontraba lejos, muy lejos, junto con mis demás compañeros luchando por detener alguna de las múltiples y constantes injusticia en el mundo, todos ellos, completamente ajenos a lo que estaba aquí por ocurrir, y mientras pensaba en ello enlacé las palabras del maestro Kvadar con la historia de Milä siendo su rescate realmente la clave para detener este mal, todavía me lamentable el haberme dormido esa vez para evitar su secuestro o el no desconfiar de antemano del traidor. Pero el destino parecía confabulado a que todo cuento ocurriese estuviera bajo constantes sorpresas perturbadoras.

Era menester entonces buscar las piezas lo antes posible.

-Tiene mis armas y mi voluntad a vuestro servicio, soy Musashi Takenagi, samurai de la orden de los Aufrag der Kriger, guerreros destinados a prevalecer la justicia y el honor en Noreth y no pienso permitir pasar por alto esta desgarradora muestra de maldad-

Miré a los demás que ya se habían presentado con la misma disposición mía en detener este mal, seríamos un grupo de lo más variopinto, pero un grupo después de todo, cantidad que seguramente haría un poco más sostenible esta empresa.
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Re: En Busca de la Bendición

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