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Sobre suelo de algodón

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Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Vie Nov 11, 2011 10:41 pm

Lo había visto desde cierta distancia, ahí, justo donde el bosque frena su dominio y en donde en la pradera comienzas ha haber árboles, pegada a la montaña una familiar formación alta y de un color entre el marros y el gris que ya desde una buena distancia se podían contemplar que aquella visión poseía varias grietas importantes, visibles desde una gran distancia, conforme el raptor se acercaba hacia aquel lugar fue comprendiendo a donde se iba dirigiendo, finalmente tras unos cuantos minutos caminando lego a los pies de aquella estructura.

Una vieja muralla, sucia e invadida por la vegetación del bosque cercano, se estaba cayendo a trozos y más de un gran peñasco ya se encontraba disperso a los pies de la edificación.
Muchas de las gritas llegaban al suelo, aunque la mayoría eran solo pequeños agujeros insuficientes para que se colase por ellos nada más grande que una hormiga en algunos lugares los huecos eran mucho mayores, formados ya fuese por un mayor deterioro en aquel lugar o por que las puertas de madera que en otros tiempos debieron vedar la entrada y resultar imponentes a la vista ahora ya no estaban, solo quedaban un par de trozos de hierro débilmente adheridos a una cochambrosas bisagras que habían perdido todo el brillo del que pudiesen haber disfrutado años atrás y ahora amenazaban con caer en la cabeza del raptor que cruzaba el umbral de la muralla hacia el interior de la ya abandonada y muerta ciudad.

Las antiguas construcciones interiores no se conservaban mejor que las murallas exteriores, dentro de ella Kurato apenas podía identificar lo que en otro momento deberían de ser las paredes de los edificios, las piedra estaba toda por los suelos, si había existido alguna clase de estructura de madera ahí debió de pudrirse y descomponerse completamente hacia ya tiempo, ahora más parecía un enorme mar de escombros deformes con escasos restos de las estructuras de las casas y comercios, todo ello invadido con bastante eficacia por los árboles y demás plantas del bosque, también algunos animales pequeños habían aparecido por allí, se oían pajaritos cantar en aquella nubosa tarde que le otorgaba una atmosfera triste y penosa, más si cabía, a aquel lugar, también le pareció ver conejos y liebres, sin embargo como no tenia hambre paso completamente de ellos.

Había sin embargo una pequeña construcción en un lugar de la derruida ciudad una pieza que se conservaba mucho mejor que el resto de la zona, un gran pilar de piedra con una piedra azul incrustada en el, movido más que nada por la curiosidad se acerco a ese pedrusco y se acerco a el, la superficie reflejaba ligeramente su cabeza, miro hacia los lados un par de veces comprobando que estaba solo y deslizo sus dedos para rozar esa cosa.

Los vientos empezaron a envolverle y cuando se quiso dar cuenta habían alzado a ese gran reptil por los aires, el cual se había llevado una de las mayores sorpresas de su vida al verse despegado de la superficie de la tierra, practicante su primera reacción fue agarrar bien entre sus fuertes manos a su serpiente para asegurarse de que no se cállese y conforme subía ese era también el miedo que se iba formando en su mente a que lo que le sostenía y llevaba en el aire se detuviese a tanta distancia del suelo.

Finalmente tras un poco de tiempo que se le pasase la sorpresa de tan repentina subida a las nubes pudo comprobar el lugar al que había caído, estaba en una ciudad, mucho más viva de la que acababa de venir, casi todos los habitantes que se le cruzaban eran diviums y destacaba más de lo habitual entre la población con su traje negro y esa serpiente de cascabel sin embargo de momento no le habían dicho nada.

Se agacho y recogió un puñado de nubes con la mano, se comportaba como si fuese barro húmedo, aunque debajo de este había nubes más duras como si se hubiese distribuido arena, nieve o barro sobre roca, lo apretó y se le escapo de entre las manos, le costo un poco asimilar la idea de estar sobre las nubes que diariamente veía en el cielo, pero aparte de aquella idea no tenia otra idea de donde podría haber acabado, aunque aun dudaba ligeramente que en verdad hubiese acabado allí.


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Sáb Nov 12, 2011 9:05 pm

El piar de unos pájaros que huyen volando a toda velocidad de entre unos árboles resuena, mientras se alejan huyendo de aquello que las ha asustado. Una persona aparece repentinamente en la rama de un árbol, equipada con una armadura parcial y un yelmo que se asemeja al rostro de un dragón, y con una lanza en su diestra, va saltando de rama en rama, avanzando el poco camino de bosque que le queda hasta unas montañas, saltando de rama en rama como si de un simio se tratase.
Pero no, no es un mono, si no un hombre ratón. Un rátido, como se le denomina a su raza.

demostrando una agilidad superior a la de cualquier rátido común que se pudiese ver, aquel ser va danzando entre las ramas, evitándolas con gracilidad mientras salta sin parar, como si sus piernas fuesen muelles y solo se dedicase a estirarlas y replegarlas. Hasta que llega al último árbol, en la linde del bosque. En la última rama, da un salto más potente, bajando todo su cuerpo e impulsándose con todas sus energías, saltando varios metros en el aire, usando sus piernas y la rama como si fuese un trampolín, cayendo gracilmente sobre una roca sobre la cual no se detiene, si no que avanza con otro salto hacia la siguiente. Sin perder el ritmo, se dedica a ir ascendiendo por la montaña con aquellos saltos, de roca a roca. ¿Caminar por la tierra? ¿Quien lo necesita?
Sin embargo, sus intenciones no son en absoluto llegar a la cima de la montaña.

Es contradictorio, pero su destino estaba antes de la cumbre, y a la vez muy por encima de esta. Sus saltos no se ven detenidos por ninguna razón, y aunque una roca se desprenda bajo él, no llega a verse perjudicado por ella, dado que no permanece en ella ni tan siquiera un segundo, solo la usa de apoyo para su siguiente salto. Así se desplazaba comúnmente Cleyro, aquella rata acorazada. Igual que un caballero va todo el día enfundado en su armadura, o un mago continuamente practicando sus conjuros o recordándolo, el oficio que desempeñaba Cleyro se basaba en aquellos saltos. Continuamente, saltar y saltar, fortalecer sus piernas para dar mayores saltos. Y aunque parezca inútil, debéis saber, que para nada es así. La destreza y agilidad de aquellos saltos supera por mucho la humana, combatir saltando tiene una enorme ventaja, y es que aumenta mucho la capacidad evasiva. Al fin y al cabo, es complicado acertar a un objetivo en movimiento.

Pero finalmente, sus impulsos se detienen, y se posa con un leve sonido metálico en el saliente de una roca, ante el, a apenas dos metros hay un pilar de piedra con una esfera azul incrustada, que brilla con los reflejos del sol de la mañana. Bajo aquel yelmo draconiano, el draconarius -Pues así se llamaba el oficio de Clyero- sonría de medio lado, su objetivo... O más bien el transporte hacia este. Da un par de pasos, hasta situarse ante la esfera, y posa delicadamente su mano sobre esta, que emite un ligero brillo justo antes de que una corriente de aire empiece a recorrer el lugar.
El rátido baja la lanza, colocandola mirando al suelo, y sujetándola expertamente como si fuese una prolongación de su brazo, mientras que se lleva la otra mano al corazón y espera.

Aquello no era otra cosa, si no uno de los bucles de aire. Unos pilares antiguos dispersos por todo Noreth que conducían a las Nubes... Extraño ¿No? Y es que en aquel lugar tan inverosímil y fantástico para nosotros, las nubes podían tocarse, unas más duras que otras, pero de suave consistencia, incluso una ciudad se hallaba erguida allí en los cielos. Y ese era el objetivo del Caballero Dragón, ascender a las nubes. Sentía curiosidad por aquella zona, y hacía apenas unas horas, en un pueblo le comunicaron la situación de uno de aquellos bucles de aire.

Lentamente, el aire empezó a arremolinarse a su alrededor, comenzando a sentirse ligero mientras una ráfaga de aire le elevaba hasta los cielos, primero lentamente, y después ganando velocidad.
Suspiró mientras miraba todo aquello que le rodeaba... Cuantos más metros ascendía, mayores eran las vistas. rimero, apreciando la montaña. Después, todo el bosque. Pero finalmente, cuando llegó a más altura de la que jamás había estado, pudo ver las diminutas ciudades, el mar resplandecer a lo lejos con el brillo del astro rey. Podía ver las llanuras, e incluso el pantano Swash, y la niebla que cubría su zona más profunda, bañada siempre por la oscuridad.

Durante unos pocos minutos, disfruto del paisaje, pero pasado ese tiempo, el aire empezó a volverse más débil, reduciendo su velocidad, y al mirar arriba pudo ver las nubes cerca de el, a apenas unos pocos metros de distancia, y apenas unos momentos después, la corriente de gas le dejó suavemente en la superficie de las nubes, o más bien de Nubibus Ferreum, la ciudad de los Diviums. Casas construidas de la misma nube, gente de muchas razas, pero predominantemente, alados... Era una maravillosa vista, tanto blanco. Sonrió, y plegó los dedos de sus pies, sintiendo el suave tacto de las nubes, era como algodón, pero... Deshecho... Como si pisase arena suave, muy suave. Le dieron ganas incluso de tumbarse y de disfrutar el soleado día que hacía allí, y es que... ¿Como podía llover en las nubes? Era raro, pero en realidad pasaba. Todo lo contrario a su ciudad, donde llovía continuamente. Su ciudad... Cuanto tiempo hacía... Su ciudad natal... Tan lejos de ella... Pero no era momento de estar triste.

Movió su cola rosada tranquilamente de un lado a otro como si de un metrónomo se tratase, y finalmente dio un paso, haciendo sonar levemente su armadura, y volvió a mirar todo. ¿Que hacer allí? No lo sabía, la verdad, solo había planeado ir, ni tan siquiera planeó que hacer allí arriba, pero no importaba, improvisar no estaba mal. Inspiró hondo, tenía algunas dificultades, dado que se notaba que allí respirar era más difícil. La razón era la menor cantidad de oxígeno que en el suelo, pero se acostumbraría rápido. Además, no era demasiado molesto, el era un deportista extremo, eso le permitía tolerar mejor la falta de oxigeno.

-Nubibus Ferreum, la ciudad de los Diviums, ciudad de los cielos y las nubes... ¡Que maravilla! No me la había imaginado así... Mm...-Comentó hablando consigo mismo. Miró a su alrededor, había un hombre... O más bien una cosa, un ser reptilico y de color rojo, pero no le prestó mucha atención. Finalmente descubrió lo que buscaba, al lado del enorme agujero por el que había llegado, había un pilar como el que tocó al llegar.-Ajam... Aquí está el bucle para bajar... Mm... Según tengo entendido, te puede llevar a cualquier parte al azar... Para descender lo tendré difícil... No se si arriesgarme a probar suerte. Tentar a la diosa fortuna es peligroso... ¡Bueno! Pues disfrutaré de la estancia aquí

Tras un instante de contemplar el lugar, se acercó al lagarto rojo, que seguramente hubiese escuchado su monólogo, y se colocó ante el, era bastante bajo si se comparaba con aquel ser, pero intentó no rebajarse ni perder orgullo, aunque tampoco respeto, cuando habló con él.

-Perdóneme, sir, pero... ¿Sabe usted donde se haya un lugar para descansar en tan preciosa ciudad? Le estaría muy agradecido si pudiese contestarme. Si no es así, no importa, pero disculpe las molestias que le pueda haber ocasionado en estos segundos.-Le dijo con su habitual forma de hablar.
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Sáb Nov 12, 2011 10:54 pm

-A que sitio más raro acabo de llegar- susurro el reptil que prácticamente no se había movido del lugar de donde había caído cuando lo arrastro aquel remolino de la vieja ciudad derruida hasta aquella ciudad sobre lo que a el le parecían nubes y bien sólidas, dio un breve paseo por las cercanías, sin alejarse demasiado de su lugar de comienzo.

Con una de sus manos no cesaba de acariciar la cabeza de su serpiente ya fuese para tranquilizarla a ella o a el mismo pues jamás se habría esperado que tocar una piedra le llevase hasta aquel lugar que hasta hace solo unos pocos segundos desconocía completamente su existencia y seguramente habría tachado de loco si alguien le hubiese contado que una ciudad como aquella se levantaba en medio del cielo, pero ahí estaba.

Se acerco a una de las casas y acaricio sus paredes lentamente probando el tacto que tenían las nubes con las que por lo visto construían allí, quizás porque estuviesen acostumbradas las gentes del lugar a ver a diversos seres que llegaban desde la tierra situada muy muy por debajo de ellos y que si les pasaban como a este reptiliano y no conocían la existencia de aquella ciudad y seguramente más de uno se extrañaría o por la apariencia de ese reptil que era bastante más alto que el promedio de los diviums lo cual le hacia destacar más aun de lo normal, nadie le dijo ninguna palabra sobre su extraño y curioso comportamiento, más reconocible de un niño que acaba de descubrir algo nuevo que de un raptor que se ha recorrido medio mundo.

Paso un par de minutos más contemplando el lugar y a sus gentes, aunque cada vez más aceptaba donde se había metido y que pudiese existir un lugar así en algún punto del mundo eso no hacia que no dejase de parecerle un lugar soñado bañado ampliamente por el sol.

Para cuando volvió había ya otro ser en aquella nubes también diferente a la mayoría de los pobladores que había visto y que llamo su atención inmediatamente por las palabras con las que estaba hablando consigo mismo especialmente en la breve parte en la que charlo sobre esos pilares, cuando vio e mitad de su charla uno de aquellos la idea de bajar se le formo bien clara en su cabeza y hasta empezó ha acercarse hacia el con intención de toarlo y dejar ya aquella ciudad pues nada tenia que hacer por allí aunque se detuvo en seco incluso retrocedió unos pasos con sus siguientes palabras, “al azar” sus deseos de bajar se deshicieron al momento en otras cosas aquellas palabras no le parecerían tan malas pero cuando eso implicaba que podía acabar a miles de kilómetros de la ciudad inicial desde donde ascendió y quedarse perdido en medio de algún recóndito y extraño lugar no le parecían ideas muy tentativas, dio la espalda al pilar preguntándose a si mismo que hacer, según como lo veía el podría probar suerte y como había dicho ese ratido, tentar a la diosa fortuna y poder acabar a tan solo unos pasos de donde subió o en la otra punta del mundo en algún paraje desconocido o cesar en su incansable persecución por todo el mundo de su enemigo y quedarse allí en aquel lugar que parecía ser uno de los que a el le podrían acabar gustando, sin embargo esa segunda opción tenia una notable falla, si, finalmente acabaría encontrando un lugar en el que vivir tranquilamente el resto de sus días sin embargo para ello era necesario matar o perdonar a aquel raptor plateado, perdonarlo au no podía y matarle menos, ya se encontraba bastante lejos de encontrarlo en tierra más aun en las nubes, así que solo le quedaba la aun temerosa opción de bajar por ahí ya que la de bajar tirándose del borde de las nubes estaba completamente descartada y no conocía tampoco la existencia de las mantarrayas para bajar así pues el pensaba que estaba atrapado con un decisión un tanto difícil que tomar, agacho su cabeza sobre la serpiente y le susurro, -¿tu que crees que deberíamos hacer?...es verdad, quizás sea mejor ir a alguna posada si hay y pensarlo mañana- ya estaba dispuesto ha ir a buscar alguna cuando la voz del ratido resonó a su espalda.

Mientras se giraba hacia el rápidamente sintió un escalofrío, la voz era diferente sin duda pero el tono de caballerosidad y educación le recordaron por un momento a su presa, el único ser que había oído hablar así de educado y que en cierto momento lo había tratado de señor, bueno, sin que lo estuviese cogiendo del cuello y a punto de hundirle una espada en la entrepierna.

-No…- le escruto de arriba abajo antes de continuar, -No, no se donde hay ningún lugar de descanso sin embargo, yo también estoy buscando uno, creo que te voy a acompañar hasta que descubramos donde se puede dormir y de paso me puedes ir contando lo que sepas de este lugar- paro un momento y pensó un poco con quien estaba hablando, no quería meterse en líos tan pronto y aquel parecía un ratido fuerte, por lo que decidió añadir un poco más de cordialidad de lo normal en el a sus palabras, -si no le importa que le acompañe y contarme eso señor-


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Dom Nov 13, 2011 12:01 am

Aquel hombre lagarto no tardó en responder secamente, algo que alarmó a Cleyro, por su tono áspero y seco. Parecía bastante perdido, y más que pedirle que le ayudase, parecía ordenárselo. Pero antes de que el rátido alegase algo en contra de lo que para el fue una pésima educación, se corrigió, haciendo sonreír al draconarius, que inmediatamente se quitó el yelmo, colocándoselo bajo el brazo izquierdo y mostrando sus facciones rátidas. Aunque aun con el yelmo puesto no era difícil adivinar su raza, su larga cola rosada le delataba.
Colocó su lanza en el pecho, e hizo una ligera reverencia, inclinando levemente el cuerpo a modo de saludo, de una forma similar a la de los Mahare.

-No me molesta la compañía, sir, yo ando algo perdido, es mi primer viaje, y por lo que veo, también el suyo, pero se algunas cosas de esta ciudad. Pero antes de precipitarnos, conveniente creo una presentación. Mi nombre es Cleyro.-Dijo con cortesía, para tras la presentación hacer otra reverencia, pero esta vez solo inclinando levemente el cuello.-Veamos... Por lógica, la posada debería estar en esta plaza, para facilitar que los viajeros la encuentren. Además, debe ser vistosa para que no pase desapercibida a su vista... Por lo cual, un servidor piensa que no debe ser difícil de encontrarse...

Tras la breve explicación, miró a su alrededor, y finalmente se percató de un edifico con grandes puertas de madera pintadas de roja. Destacaban mucho, y parecía un gran edificio. Era posible que fuese aquello. Tras hacerle una señal al recién conocido, al que no pudo negarse a ayudar por su código de honor, caminó hacia el ya nombrado edificio, para finalmente detenerse ante un cartel que había delante de la puerta, en la que se indicaba que efectivamente se trataba de la posada. Se dio la vuelta sonriendo al reptiliano, y abrió la puerta, mostrando un hostal de considerable tamaño, todo construido con nubes de la misma dureza que la roca. Todo a excepción del suelo, sobre el cual se extendían tablones de madera que cubrían toda la estancia.

Al fondo de la habitación habían dos escaleras, unas a la derecha y otras a la izquierda, que subían unos pocos escalones hasta la otra mitad de la sala, algo elevada y separada de aquella en la que se encontraban por una barandilla de... ¿Como no? Nubes.
Rápidamente, una mujer les atendió, se paró ante ellos, o ante Kurato, aquel lagarto rojo, más bien, y les dio la bienvenida.

-¡Hola! Bienvenido Forastero ¿Cierto? ¿Desea hospedarse? ¿O tal vez una copa? ¡Esta noche tenemos un maravilloso espectáculo! Es gratis para aquellos que vienen asiduamente a nuestra taberna o para quien reserve una habitación. ¿Que hará?-Preguntó cordialmente.

-Oh, señorita, yo desearía reservar una habitación, para una noche por el momento, tal vez me quede más. ¿Cuanto sería?-Respondió Cleyro haciendo una leve reverencia, similar a la que había hecho a Kurato.

-¡Oh! Perdone señor... Eh... Las normas de higiene en este local son...-Empezó a decir la mujer, que se percató de Cleyro y su raza en aquel momento.

-¿¡ Insinúa que apesto!? ¡Señorita! No me falte al respeto, me he lavado esta misma mañana a conciencia, dormir en el bosque es bastante poco higiénico, y no me gusta estar sucio-Interrumpió rápidamente el rátido, notablemente ofendido, y pronto unas cuantas personas empezaron a mirarles.-... ¿O acaso lo dice por mi raza? Pues debería saber que judgar no se debe a alguien por que es, si no por que hace... ¿Verdaderamente huelo mal? ¡No todos los rátidos son sucios! Algunos preferimos romper con los prejuicios que recaen sobre nuestra raza... ¡Pardiez! ¿Acaso no veo aquí elfos que no parecen precisamente de débil constitución? ¿O insinúa que por norma deben dedicarse a disparar flechas?

-¡Oh! ¡N-No! Perdone, disculpe el atrevimiento, esto... Fue un malentendido, noté un olor extraño, pero debe proceder de la calle, habrán sacado a las rayas a pastar.-Contestó rápidamente la mujer, buscando un escudo, no quería llamar la atención de los clientes.

-Mm... Entiendo pues, no hay disculpas que pedir, los errores son parte de nuestras vidas, sin ellos no aprenderíamos. ¿Hay pues, habitaciones libres?-Respondió Cleyro, en actitud mucho más calmado. Era sorprendente, sabía usar bien las palabras, no había sido su intención alarmar así a la gente, solo reprender un comportamiento típico a su persona, no le gustaba que le comparasen con otros rátidos. sin embargo, el efecto fue ese.

-Por supuesto, por dos monedas de oro podrá tener la habitación numero cuatro, el precio habitual son cuatro, pero en compensación por el malentendido se la dejo en dos.

-¡Oh! Muchas gracias, discúlpeme a mi por mi reacción, admito que me sobrepasé un poco

Sin duda es interesante ver el comportamiento de Cleyro, a pesar de que no había movido ni ún músculo, quedando totalmente en su sitio y solo respondiendo con palabras, se disculpó por haberse propasado con su actitud. Se notaba su caballerosidad a leguas de distancia, y la mujer que les atendía lo agradecía, si hubiese pasado aquello con otras personas, posiblemente su amabilidad no hubiese sido tanta.
Tras unos segundos, el draconarius pagó a la mujer, y esta le entregó una llave que inmediatamente guardó, para luego girarse hacia Kurato.

-Bueno... ¿Y usted que hará? Mm... Cierto, no es asunto mío, disculpe la intromisión. Bien, creo que ya acabó mi papel aquí... Mm... Creo que iré a ver un poco la ciudad ¡Aquí hay muchas cosas interesantes!
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Dom Nov 13, 2011 6:07 pm

-Yo me llamo Kurato- le respondió a Cleyro imitándole y haciéndole el también una especie de reverencia, después de las presentaciones y de que por primera vez en bastante tiempo se hubiese oído algunas palabras de educación de su boca que no saliesen en tono sarcástico o irónico, aunque tampoco tenia suficiente practica con ellas para que le saliesen de esa forma tan educada y caballerosa al menos se entendía su intención y parece que funcionaba bastante bien.

Tras la breve explicación del ratido sobre como encontrar la posada comenzaron a mirar a su alrededor escudriñando toda la plaza buscándola y finalmente, apareció un edifico muy fácil de ver con grandes puertas rojizas que destacaban más que el otro trozo de rojo de la plaza, tras verla ambos se dirigieron hacia el lugar y pudieron comprobar lo preciso que era le método del draconario para encontrar los lugares para dormir cuando vieron el cartel que indicaba que ese edificio era en efecto la posada que buscaban los recién llegados.

No hacia especial frío en el lugar pero aquella sonrisa le hizo estremecerse ligeramente como si le hubiese acabado de golpear un soplo de aire frío, hacia años que no veía un gesto semejante, vaya, parecía que hoy le tocaría al reptiliano experimentar muchas cosas que no habría sufrido desde hacia años, educación, sonrisas, un pequeño vieja rápido e inesperado por los cielos desde una ciudad en ruinas hasta otra enorme y viva situada sobre una nube y un debate interno entre su parte que ansiaba acabar de una vez con aquella venganza y descansar de una vez en algún rincón tranquilo y bonito y la otra que solo deseaba bañarse en la sangre de Veluzi, solo le faltaría ahora un abrazo y ya podría decir que aquel día había sido diferente a los demás en prácticamente todos los aspectos.

Una vez dentro pudo cambiar el recientemente descubierto tacto suave del suelo de nubes por otro ya bastante más conocido, el de las tablas lisas de madera que componían el suelo del lugar aunque el resto de la estancia aun estaba construida únicamente por nubes duras como rocas.
Poco después de entrar y comprobar con la vista el lugar y mirar al fondo desde dos escaleras llevaban hacia la otra parte del recinto una mujer se paro ante ellos y les atendió.

No fue una gran charla, de hecho a el no le dirigió la palabra al menos hasta acabar con el ratido, sin embargo le resulto fácil saber como no debía de tratar a ese caballero con el que se había cruzado, ya que pareció perder los nervios cuando la chica lo juzgo por los tópicos de la raza a la que pertenecía y auque físicamente no hizo nada por sus palabras se podía saber perfectamente como se encontraba, un tanto molesto, quizás ofendido por esa comparación con los peores ejemplares que dieron mala fama a su raza, una vez terminado su discurso y tras el descuento que le hicieron por aquel pequeño malentendido y el pago de la habitación se giro hacia el y comenzó ha hablar.

-Bien señor, que disfrute de su paseo, yo creo que me quedare por aquí un poco más a ver que puedo averiguar de este entorno y si no le es molestia si me precisa para algo o encuentra algo muy interesante por favor, comuníquemelo, no creo moverme de por aquí mucho- un poco más y abría vomitado, tanta educación, ya le hacia sentirse un poco molesto que le tratasen así pero hablar el mismo con tantos por favores y gracias no era su estilo, normalmente no perdería el tiempo en tantas formulas de cortesía e iría directo al grano aunque alguien se pudiese ofender, sin embargo en ese momento y en ese lugar tuvo que hacer una excepción, no quería molestar a nadie en un lugar nuevo y desconocido y menos con alguien que aparentemente no era una persona inofensiva, aunque a pesar de todo no diría palabras educadas ni un segundo más de lo necesario, luego de esto se giro a la chica y saco unas monedas de las que le hizo entrega -yo también quiero una habitación- tres recoger la llave de la que le hicieron entrega se paseo por la habitación buscando a alguien a quien poder exprimirle toda la informaron que desease.


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Mar Nov 15, 2011 12:26 am

Cleyro asintió ante las palabras de Kurato y se giró, saliendo del local y volviendo a las soleadas y blancas calles.
Ya estaba más tranquilo con tener un sueño reparador asegurado en un lugar que parecía tener unas buenas condiciones. Esa posada parecía ser muy buena, por el precio de las habitaciones, por el tamaño, y por la gente que allí había, notándose el tipo de gente que allí re reunía, y que no parecían en absoluto pobres. Aunque de seguro que les sorprendería que una rata durmiese en aquel lugar, dado que no eran muy afamadas por ser terriblemente ricas, como había bien podido demostrar la mujer que les había atendido. Sin embargo, como ya se había visto, Cleyro no era un rátido cualquiera, el si poseía algo de dinero, no era un rico, pero tampoco un pobre. El se alimentaba de su propio trabajo, ayudando a la gente, cazando bestias y cobrando recompensas, así se ganaba la vida, como un paladín al servicio del pueblo. Esto no le daba una cantidad de ingresos precisamente elevada, pero le permitía subsistir muy bien.

Y con todo ya listo para disfrutar, decidió fijarse más en la ciudad. Las casas eran variadas. Estaban construidas de nubes, creando así viviendas con una fachada blanca como la misma nieve que caía de su propio suelo, aunque en su interior se podían apreciar también otros materiales a través de las ventanas de cristal. Otras, hechas de la típica y común madera, y también de una mezcla entre ambos tipos, nubes, reforzadas con maderas. Pero también, las más lujosas estaban hechas de piedra, igual que lo estaban las del suelo. Esto indicaba que tampoco había mucha diferencia entre la superficie y las nubes. Los más pobres usaban los materiales más fáciles de conseguir, que en este caso eran las nubes y madera, y los más ricos, podían aprovecharse de materiales más escasos. Aunque también habría gente que se construiría las casas de nubes simplemente por amor a la naturaleza, o por simple sencillez -Valga la redundancia-

Inspiró hondo, intentando tomar todo el aire posible, e hinchar sus pulmones, llenándolos del oxígeno que tanto escaseaba en aquellas alturas, pero se acostumbraría como dijimos algo. Era un fuerte ratón.
Vio un poco alejado un mercado, y sonrió colgándose a un lado su yelmo para transportarlo cómodamente, y se acercó al gentío con ganas de ver que había allí. Principalmente era la curiosidad por que se vendía en el cielo lo que le llevaba allí, y no el afán por comprar que nunca fue muy dado a comprar muchas cosas. Se conformaba con lo suficiente para sobrevivir. Se podría decir que era minimalista.
Fue fijándose en aquellos objetos expuestos en planchas de madera, atentamente vigiladas por sus dueños. Todo tipo de artículos eran puestos ante sus ojos, desde frutas, que iban de las más comunes a las más exóticas, como una extraña fruta azul y alargada, algo rugosa, que recordaba a una especie de pepino azul, pero con unas protuberancias más evidentes. Uno ya abierto que mostraba su interior, reflejaba que a diferencia de aquel del que hablamos, el azul se asemejaba a una manzana, con su relleno blanco esponjoso de aspecto tierno.

Pero también vendían otro tipo de objetos, como armas, espadas, arcos, dagas, lanzas también, pero no se fijó demasiado en ellas. Por el momento le bastaba bien con la que su maestro le había cedido en su lecho de muerte, y no quería cambiarla, no al menos todavía.
Su paseo duró varios minutos, pero finalmente acabó con una bolsa con varias frutas exóticas como las que ya mencioné, pero de distintos tipos, tenía curiosidad por probar el sabor de las llamadas frutas de las nubes. Era... Extrañas, tenían un cierto dulzor muy suave, pero era casi todo agua, no era de extrañar, teniendo en cuenta la procedencia, pero no estaban en absoluto malas.
Pero finalmente regresó a la plaza, y se sentó en un pilar de piedra, mirando tranquilamente la ciudad mientras mordisqueaba una fruta más, contemplándolo todo, y finalmente deteniendo su mirada en el horizonte... Nubes... Era precioso, aquel campo de nubes, unas llanuras completamente blancas que se extendían hasta donde la mirada alcanzaba. Una vista digna de ser retratada, y que no habría dudado en hacerlo si hubiese dispuesto de los materiales y alguna vez hubiese aprendido a dibujar. Así que decidió quedarse con una imagen mental... Aunque... volvió a dirigir su visual al mercado y sonrió. Había visto un puesto de cuadros, tal vez alguien más hubiese tenido esa idea y hubiese enmarcado aquella preciosidad de paisaje en un lienzo. Sería divertido tener uno, pero no poseía ningún lugar donde ponerlo, así que de todas formas, se quedaba únicamente con su memoria.

Pasó un buen rato con su mirada perdida en las nubes que tenía a sus pies... - Aunque la frase suene realmente extraña - hasta que finalmente decidió que daría una vuelta fuera de la ciudad, quería ver que cosas habían allí fuera. Había escuchado leyendas de que habían multitud de criaturas aladas viviendo allí. Dragones, wyverns, míticos y pájaros y bestias aladas de leyenda... No parecía ser mala idea, y aquel paisaje parecía incitarle a hacerlo, así que finalmente decidió ir a pasear sin pensárselo más... Eso si, antes debería acabar de comerse su fruta.
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Miér Nov 16, 2011 9:09 pm

Miro abajo y negó levemente con la cabeza tras ver al ratido salir de la estancia, [color=red]-miles de personas en el mundo y tenia que tocarme con el, no parece malo, pero joder, es un jodido Veluzi con pelo-[color] se quejo en voz muy leve, casi pensándolo, esa forma de actuar tan caballerosa y digna, no había tenido muchas oportunidades de observar al reptil plateado pero en las que le había observado relacionarse con otros y sin verle a el siempre se había mostrado de una forma muy parecida a la que ahora demostraba el ratido, volvió a negar con la cabeza, no era momento de eso, ahora tenia que interrogar a los diviums de esa sala para averiguar más cosas sorbe el lugar y como bajar sin que existe el riesgo de acabar en una isla desierta en la otra punta del mundo si es que existía aquella forma.

Volvió a pasear su vista por toda la sala de la taberna, la mujer que les había atendido ya se había marchado y le había dejado a solas con un buen puñado de seres alados, tras unos momentos mirando a las diferentes opciones acabo por girarse y dirigirse hacia la barra de la parte de aquel lugar que ejercía de taberna y se sentó a la derecha de uno de aquellos humanoides, dejando que su serpiente se deslizara por sus brazos hasta la barra de madera donde se enrosco mientras su cabecita escamosa era acariciada por su amo, poco después comenzó la conversación con aquel divium.

-Buenos días divium-
-Hola- le respondió con voz dubitativa tras girarse y verlo, evidentemente sin esperarse que aquel engendro siquiera le saludase a pesar de haberse sentado tan cerca de el.
-¿Tienes nombre?¿apellido?¿apoyo? o prefieres que te llame todo el rato por el nombre de tu raza?-
-Este…si, yo me llamo Begir- dijo aun dudando sobre las intenciones que aquel reptiliano podría estar guardando para el.
-Begir, vale vale, bonito nombre, veras tengo un ligero problemilla, hace no se, apenas unos pocos minutos no me abrí siquiera imaginado que existía un lugar semejante oculto entre las nubes, casi el lugar parece un extraño sueño, puedes recuperar el color de la cara, solo busco información listillo y confío en que tu sepas decirme lo que quiero oír- el divium que había palidecido ligeramente al imaginarse las más perturbadoras intenciones que se le podían haber imaginado y cuyos ojos chocaron contra los de la serpiente por un instante haciéndolo sentir solo más nervioso hasta que pudo respirar tranquilo al escuchar lo que quería de el, solo información, esto le devolvió en parte el color en su rostro.

-Vale…¿qué clase de información busca?- le respondió con el deseo interior de acabar rápido con aquella conversación con lo que a su vista era un enorme bicho rojo.
-Bueno, básicamente quiero saber como salir de aquí y no me digas que toque el pilar de la plaza por que según tengo entendido eso te puede dejar en cualquier parte del mundo al azar y tengo un par de buenas razones para querer bajar lo más cerca posible del lugar al que subí y solo se bajar por esas o tirando desde el borde que supongo que tendrán estos terrenos y al no tener alas no es lo más recomendable, así que empieza ha decirme como bajar amigo- en un espacio abierto se había asegurado de que ese pequeño no pudiese salir volando, pues seria ciertamente irritante e improductivo que le dejasen plantado de aquella forma, sin embargo en aquel lugar con el techo sobre sus cabezas esperaba que si sentía la tentación de escaparse no pudiese ir demasiado lejos.

-Bueno, pues podrías bajar con ayuda de algunos diviums, existen algunos porteadores de nuestra raza que podrían dejarlo en el suelo sin mucho riesgo siempre y cuando pueda pagarlos…-
-Bueno, esa seria una opción pero la verdad no me resulta muy atractivo esta idea aunque si es necesaria, pero venga esa ¿es la única manera que existe más allá de los pilares o desarrollar alas? ¿o me estas ocultando alguna forma?-
-No…no, claro que no lo estoy haciendo señor- otra vez ahí la palabra que solo le dirigían cuando le tenían miedo o eran Cleyro o Veluzi que el divium había soltado tras las palabras del reptil que insinuaban que creía que no le estaba contando todo aunque el lo había dicho más bien como una pequeña broma no tuvo para nada ese efecto.
-Bueno, también podría probar a bajar de aquí usando a las manta-rayas…-


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Sáb Nov 19, 2011 6:41 pm

Tras introducirse el ultimo trozo de fruta en su boca y acabarse aquel último bocado, saltó de aquel pequeño pilar y empezó a caminar por el blando suelo de las nubes diriguiendose a las afueras de la ciudad, con la mirada fija en el horizonte. El sol, aún en lo alto parecía marcar que quedaban varias horas de luz, por lo que podría pasear tranquilamente sin mucho problema.
Pronto llegó cerca de los últimos edificios, cuando algo llamó su atención. Un joven elfo estaba sentado con un lienzo y un pincel en sus manos, sobre una lona tendida cual alfombra. Sobre la misma, también habían desperdigados múltiples cuadros, uno de los cuales le dejó impactado.

Una bestia sorprendente y bella alzaba sus fauces al cielo en una majestuosa y orgullosa pose, pareciendo lanzar un rugido a las estrellas que sobre su cabeza habían sido representadas. Bajo sus fuertes patas carmesí se encontraban las nubes, y entre las estrellas las tres lunas brillaban en su cenit. Los ojos rojos de la bestia no infundían miedo, mas si respeto. Un bello cuadro que parecía reflejar el poder y la belleza de una criatura que habitaba en las nubes. Tal vez real o imaginada.

-Perdóneme, sir ¿ Podéis decirme vos que bestia es aquesta que habéis representado con tan magistral arte en el lienzo?-Preguntó Cleyro con una enorme curiosidad, señalando el ya mencionado cuadro.

-Es un... Vaya, ahora no recuerdo el nombre. Bueno, es una criatura arcana que habita las nubes desde antes de que los diviums se instalasen en ella. Magnifica y orgullosa. Un día tuve el honor de encontrarme con una. Su imagen quedó plasmada en mi memoria y nada mas volver a mi casa la dibujé... ¿No le parece hermosa? Es una de mis joyas...

-Preciosa bestia y precioso cuadro... Tienes las manos de un artista, jovencito... Augurote un buen futuro en las artes de la pintura. Pero... ¿Donde visteis aquesta estampa?

-No lo recuerdo, pero dudo que vea una de estas bestias... Cazaron la mayoría hace mucho tiempo... Ahora apenas quedan unos pocos.

-Comprendo... Muchas gracias por todo-Finalmente Cleyro se alejó, no sin antes dejar el joven unas cuantas monedas ante sus pies, como muestra de gratitud por aquellas palabras y por haberle permitido contemplar tan majestuosa bestia, que sin saberlo, acabaría siendo importante en su viaje.

Durante varios minutos caminó hacia la nada, hasta perder de vista la ciudad tras el, y teniendo solo ante el la blancura de las nubes, que parecían no tener fin alguno. El paisaje no era del todo llano, habían montañas de nubes, incluso lagos y depresiones. Parecía que no se vería nada interesante. Y el rátido pensaba ya que aquello había sido una perdida de tiempo, que no encontraría nada de interés... Era todo muy bello, pero tras tanto caminar se había vuelto algo monótono, necesitaba algo interesante, algo que le entretuviese... Tal vez hubiese sido mejor quedarse en la ciudad.
Pero pronto algo alertó sus sentidos, cuando los gritos de unas personas se escucharon a o lejos, a su derecha. Sin esperar un segundo, miró en aquella dirección. A lo lejos podía ver unas siluetas moviéndose y gritando, parecía gente, y en peligro.

Abrió los ojos sorprendido y sin esperar un segundo empezó a correr hacia ellos con intención de ayudarles. Aunque no sabía que al llegar su opinión cambiaría radicalmente.
Poco a poco los gritos se volvían más audibles y las siluetas más definidas, dejando ver a un grupo de seis personas de diferentes razas y armados con varias armas

-¡A LOS PIES! ATDLA...-Gritó un enorme orco con una gran maza.

-¡Ya te oigo! ¿Que crees que hago? ¿Seducir a una prostituta?-Respondió un divium con un arco en las mano, cuya flecha atada tenía una cuerda de aspecto fuerte.

Corría tanto como sus fuertes pies le permitían, acercándose más y mas al lugar de la batalla. No podía distinguir aún contra que peleaban, pero no estaba dispuesto a amedrentarse... Todo por el bien.
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Lun Nov 21, 2011 7:56 pm

-¿Manta rayas? ¿eso que se supone que es- le pregunto el reptiliano ya lleno de curiosidad aunque solo fuese por el nombramiento de una posible forma de bajar de aquella nubes sin necesidad de alas o el riesgo de una aparición en algún lugar lejano y desde luego no deseado.
-Bueno, pues son como su nombre indica, muy parecidas a las de mar pero que en lugar de nadar vuelan, son, bueno, un método normal y ciertamente popular para viajar de las nubes hasta la tierra-
-Suena interesante, ¿Dónde puedo encontrarlas?- le comento ocultando cierto miedo a esos animales, no por el hecho de tener que enfrentarse a ellos cosa que dudaba, más bien por la razón de que nunca en su vida había montado un misero caballo y ahora se encontraba que tenia que montar a una mantarraya voladora, aunque no tenia mucha idea de cómo podían ser esas criaturas, confiaba en que fuesen suficientemente reconocibles para saber que eran ellas cuando las viese.
-No debería de ser muy difícil de encontrar una granja de esas criaturas, es más, ahí afuera en la plaza debería de haber una de ellas que podría ver nada más salir- el chico ya hablaba de una forma ligeramente más confiada que con la que comenzó la conversación aunque aun denotaba cierto rechazo al aspecto y aptitud del reptil, este se levanto inmediatamente recogiendo a su serpiente de la mesa y se marcho dirigió hacia la puerta, sin embargo antes de salir se dio media vuelta mirando de nuevo al muchacho, antes de abrir las puertas y permitir que la luz solar inundase de nuevo su piel.

-A ver imbecil, trata de recordar, ¿hacia donde lo perseguías? será mucho mejor darle un punto concreto que pedirle que simplemente te deje en medio de un bosque o alguna planicie, piensa, piensa…- se espeto a si mismo mirando al cielo, quieto delante de la posada, -empezaba con “t”, a ver, tengo que recordar…- así permaneció unos instantes más hasta que el nombre de la ciudad que debería de elegir como destino volvió a su mente, alegre por haberla recordado, empezó a caminar por la plaza hasta encontrar la supuesta zona donde podría hacer que una mantarraya le bajase a tierra.

Pero no bajaría, no, aun no, creía que su presa tardaría algo más en llegar hasta aquella ciudad que el bajando en esos momentos a lomos de alguna de esas cosas, también es el hecho que ya había reservado cuarto en la posada, cosa que sus ganas de volver a bajar le habían hecho olvidar por algún tiempo y ese espectáculo o lo que fuese que le habían dicho que podrían ver los clientes habituales de la taberna o los que como el habían reservado alguna habitación también le hacían tener cierta curiosidad, todo junto más el simple encanto del lugar, todas esas presiones finalmente le hicieron ceder a su parte más deseosa de descansar de todo aquel tema de la venganza en el que se hallaba plenamente metido, se paro en seco en medio de la plaza y acaricio a su serpiente, -¿tu crees que por un día se nos escapara? ¿no importa que nos quedemos aquí solo una noche no?- le pregunto en un susurro a su pequeña, tratando deshacerse creer a si mismo que no pasaría nada por aquella decisión que había tomado.

Después de aceptar ya aquella decisión continuo un pequeño paseo por aquella hermosa ciudad en la que aunque lo desconocía en cierta zona de la ciudad que seguramente no tardaría en visitar se estaban desarrollando ciertos actos que dentro de un pequeño rato no tardaría en ver.


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Jue Nov 24, 2011 9:56 pm

Cleyro corría en dirección al grupo de personas y aquella mancha que le costaba distinguir aun. Pero la bestia rugió, y el rátido pudo ver ondeando aquel brillante y rojizo pelaje que le cubría casi todo su cuerpo. Aquel pelaje que se movía suavemente, mecido por aquella brisa que corría en los campos de nubes. Franjas negras cruzaban su cuerpo, y en algunas partes, largos cabellos blanquecinos brillaban a la luz del sol. Quedó anonadado ante tal majestuosidad. Con sus fauces abiertas al cielo, aquel rugido cortó el aire hasta sus oídos con gran potencia, tal, que casi pudo notar el aire empujándole. Era aquella bestia, si, aquella que había visto en aquel cuadro del pueblo, y comprendió al momento como quedó aquel pintor. Pues aquella imagen, sin duda, también quedó grabada a fuego en su memoria. Y como si aquel rugido bestial hubiese apartado una cortina de humo de sus ojos, comprendió la situación que tenía ante el.

Aquellos hombres intentaban cazar a la criatura, y a juzgar por sus palabras, no era precisamente una misión de un gremio de caza para dar muerte a una peligrosa bestia.. Sobre todo, por aquella información que el pintor le dio. Y es que apenas quedaban de su especie. La ira, o su ira - Dado que como orgulloso y honrado caballero que era no podía dejarse cegar por la rabia - le invadió.
Con su lanza lista, se lanzó hacia los cazadores, saltando de pronto hacia el enorme orco, y con aquel grácil movimiento, se colocó en sus hombros sorprendiendo al gigantesco piel verde. Que pronto recibió un profundo corte en la frente, haciendo que gritara por el veloz ataque por sorpresa. La oscura sangre del ser empezó a salir de su frente, cubriéndole el rostro de manera casi exagerada y cegándole.
Cualquiera podría pensar que le clavó el arma en la cabeza, pero nada más lejos de la verdad. Solo había hecho un corte algo profundo, nada serio pero molesto, en la frente. Donde se acumulaban multitud de vasos sanguíneos que liberaron su contenido sobre los ojos del gigante, ahora cegado por su propio fluido vital.

Cleyro vio a Kurato llegar corriendo desde la lejanía, y sonrió, saltando de los hombros de su oponente antes de que este se pudiese vengar, ganando una altura de seis metros sobre el suelo, sorprendiendo a todos los presentes, dado que en cada salto parecí a ascender tres metros, algo realmente sobrehumano, pero recordemos que Cleyro no era humano.
La lanza del rátido se desplazó en sus manos, y al llegar al punto más alto, la lanzó contra el divium del grupo, cargado con un arco, que ahora intentaba redirigir al ratón tras el ataque a su compañero. Pero el draconario era más rápido, y el asta surcó la distancia, sesgando el aire con su filo de acero, para impactar en un ala de su oponente, que lanzó un grito de dolor.
Al momento, el cuerpo de Cleyro cayó gracilmente al suelo, como si el ágil salto no hubiese supuesto nada. Y sacando su espada se dirigió a los cazadores.

-¡Dejad a la criatua! Merece vivir tanto como vosotros ¡Y si insistís en quitarle la suya, yo os arrebatare la vuestra!-Les espetó con claridad.

-Es na bestia, un monstruo, no te entrometas, ratón. Solo queremos su cuerpo, y somos más, no dudaremos en tomar el tuyo si nos molestas.-Respondió un humano que portaba una espada en sus manos.

-Insolente... ¿ Creéis que bestia es lo que como vos no es? ¡Aquí solo veo un monstruo! ¡Y sois vos! No me subestiméis. Creedme, el numero no importa cuando a un caballero os enfrentáis.

Pero no parecía que se darían por vencido tan fácilmente. Testarudos como ellos solos podían serlo. Cleyro suspiró y empuñó la espada con fuerza, les daría una lección de humildad, pero no mataría a nadie, su ética se lo impedía. Les daría una oportunidad.
Un humano con espada, un orco con maza, un divium con arco, un segundo humano con un báculo y una túnica, un minotauro con un hacha, y un elfo con otro arco. Sus oponentes... ¿Y Kurato? ¿Que pasaría con él?
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Re: Sobre suelo de algodón

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