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Sobre suelo de algodón

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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Vie Nov 25, 2011 7:50 pm

Solo paro su carrera hacia aquel combate que debería de quitarle de encima lo monótono de aquel bello paisaje y ese día en el que lo tendría que pasar sin buscar a su presa y ese parón fue solo un momento en el que se agacho y se quito a su serpiente del cuello y la dejo en la tierra tapándola con algunos trocitos de nubes poco pesadas que pudo recoger de cerda de donde la había depositado -Quédate aquí pequeña no quiero que te hieran solo por disfrutar un poco de un pequeño combate- le dijo antes de volver a levantarse dirigiéndole una ultima mirada antes de acercarse hacia donde aquel grupo de personas que conversaban con el ratido.

Se acercó disminuyendo su velocidad hasta casi pasear tranquilamente, cuando los intercambios de palabras entre ambos hubieron acabado el ya estaba prácticamente al lado de aquel grupo de personas y aquel ser enorme y majestuoso, con cierto parecido a un perro o un lobo pero mucho más grande que cualquiera de ambos y con un magnifico pelaje anaranjado surcado por rayas negras.

-Bonita criatura- les dijo a los captores cuando estuvo lo bastante cerca, momento en que se giro hasta darles la espalda a estos y mirar cara a cara al draconario, un tanto cerca de los cazadores, confiando en que no se precipitasen al atacarle a el ya que entonces podría salir de allí de una forma un tanto diferente a como había pensado.

-no he podido evitar oíros mientras daba mi paseo… ratido, ¿Por qué insistes en quitarle su presa a unos cazadores?- le dijo al ratido esperando ganarse aunque fuese solo por unos momentos el favor de no ser atacado por esos cazadores, aunque como no quería luchar contra el ratido por eso le dirigió a el intentando hacerle comprender un guiño de ojo más que fácil que identificar que los cazadores no deberían de haber podido ver por donde estaban, luego de estos dio unos pasos -esta bestia es bastante hermosa, habrá tenido que ser una buena cazería…- un segundo después de esta ultima frase decidió que ya era hora de que abandonase ese pequeño engaño que trataba de tramar y pasase ha hacer algo más divertido, sin mediar palabra tan rápido como pudo tratando de pillar al grupo de improviso se giro, agarro al que más cerca le quedo, el humano guerrero y lo empujo lejos de sus compañeros, solo para después embestirle, tirarle al suelo y levantarse mientras mordía rabiosamente su brazo izquierdo rasgando su piel conforme se levantaba y una vez un poco más en pie saco sus dobles y hundió cada una en las rodillas de ese hombre por la parte de atrás, girándolas antes de sacarlas otra vez, no moriría, se quedaría quizás aturdido, seguramente dolorido y lo más posible es que apenas pudiese moverse por el rápido movimiento del raptor que se había esforzado por hacerlo todo rápido para que los demás no tuviesen tiempo de reaccionar y atacarle antes de volver a estar listo para tratar de rechazar alguna clase de ataque.

Tras el placer que le otorgaba sentir como aquellos huesos y cartílagos eran rotos y desplazados de lugar con su consecuente dolor se levanto aun con las espadas desenvainadas ya manchadas de sangre mientras aquel humano se retorcía de dolor en el cuelo y trataba, seguramente con no muy buenos resultados, de levantarse y sonrío al grupo mirando especialmente a los arqueros por si se les ocurrían soltar flechas tratar de esquivarlas y al mago por si se empeñaba en llamar a algún bichito raro o lanzarles alguna cosita con potencial poder carbonizador, congelador u desmembrado entre otros.

-¿Por qué siempre que me topo con alguna clase de paladín me toca combate?- se pregunto a si mismo en un susurro mientras se colocaba cerca del draconario -después de deshacernos de ellos me cuentas como has podido meterte tan rápido en una pelea de seis contra uno- después de un momento de pausa recordó con quien hablaba y dijo unas ultimas palabras -si a usted señor no le importa claro- y allí se quedo plantado junto al ratido esperando el verdadero comienzo de un combate que debería de romper el aburrimiento de aquel lugar.


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Sáb Nov 26, 2011 7:57 pm

Cleyro suspiró cuando Kurato habló por primera vez, no parecía que iba a tener ayuda, pero le daba igual, aunque tuviese que enfrentarse a un ejército. Un caballero jamás se acobardaría. Pero entonces, el antropomorfo le hizo un gesto de complicidad, mostrándole que estaba de su parte, y sonrió internamente.
Le siguió el juego, no podía permitir que los cazadores se diesen cuenta o pondría en apuros a Kurato. Y hacer que la vida de un inocente peligrase iba completamente en contra de su ética y código de honor.

-Por que según tengo entendido, estas bestias están casi extintas. Y no permitiré que se masacre más a su especie de lo que ya lo está. Aunque deba enfrentaros a todos yo en solitario-Dijo el rátido con total sinceridad.

Pero pronto, Kurato se lanzó contra el humano de la espada, y empezó a mutilarlo. Cleyro aprovechó aquella distracción y cortó una de las cuerdas que ataban a la bestia al suelo. Esta, había permanecido allí anclada tras que la amarrasen a las nubes que pisaba bajo ella, gruñendo y mirando desafiante a todos, pero cuando Cleyro sesgó una de sus ataduras, sus ojos se abrieron en sorpresa, mirando fijamente al rátido, que inmediatamente se impulsó hacia delante, recuperando su lanza, y mirando a todos, preparado para defenderse de los ataques. Pero les había pillado a todos por sorpresa, que habían prestado atención al hombre lagarto, que ahora se colocaba al lado de Cleyro y le dedicaba unas palabras en aquella pequeña pausa.

-No me importa, pero si me importan sus vidas... Agradecería que les dejes suficientes piernas para que puedan escapar, Kurato. No me interesa causar la muerte a unos insensatos... La estupidez es un defecto, no un pecado a ser sancionado con la muerte.-Respondió el draconario, para clavar su espada en las nubes, donde antes lo estuvo la lanza, y la giró entre sus manos demostrando un dominio asombroso con el arma, para quedar al momento en posición de guardia, con una pierna flexionada y la otra adelantada, tomando la lanza con una mano por la mitad de su asta, ante su cuerpo a modo de defensa.

Ante el, tenía al casi cegado orco, a su izquierda, el elfo arquero, y a su izquierda, al humano mago... Se mantuvo sin fijar la mirada en nada, para así poder ver a los tres y no perder su atención en ninguno... El mago conjuraba una bola de fueg, mientras el elfo cargaba una flecha en su arco, y lo tensaba, dispuesto a disparar contra él... Pero justo en el último momento, el draconario saltó tres metros, como de costumbre, superando por mucho la altura de la flecha, que volaba directa al mago, el cual había lanzado también su bola de fuego, que surcaba el aire en dirección al elfo. Ambos cayeron al suelo cuando sus ataques golpearon al otro, mientras el rátido volvía a posarse en las nubes con total ligereza. El elfo quedó en el suelo, intentando apagar el fuego que había surgido en sus ropas, mientras el mago se quejaba de la flecha que tenía clavada en el hombro.

Sin esperar un momento, corrió hacia el orco, que alzaba su mazo para golpearle, pero demostrando una agilidad muy superior, saltó hacia atrás, evitando el golpe de la cabeza del mazo, y en cuanto sus pies se posaron de nuevo en el suelo se lanzó con más potencia hacia delante, pasando entre las piernas del gigante de piel verde, y acuclillándose justo tras el, para alzar rápidamente su lanza, y clavar profundamente la punta de su arma en una de sus nalgas bastante profundamente. Haciendo que su sangre saliese de la herida, como un grito de su garganta. El rátido se levantó casi inmediatamente, aprovechando para dar un gran salto, pasando por encima del orco, y cayendo ante él, para correr de nuevo hacia la bestia, y cortar dos cuerdas más de las que la sujetaban al suelo.

El majestuoso ser rugió, alzándose sobre sus patas, dado que el corte de tres de sus ataduras había debilitado su presión. Y destronado con su fuerza el resto. Inmediatamente, con un rugido, hizo palidecer a los cazadores, y el poco, hacerlos huir como podían. En cuanto se hubieron alejado unos metros. Cleyro se dio la vuelta... Ante el tenía a un enorme can de pelaje rojo, blanco y negro, cuyos ojos carmín le brillaban fijamente. Casi pudo notar un "gracias" en su mirada. Y el draconario asintió humildemente. Pero cuando intentó rozar su hocico para tranquilizarlo, su mirada se volvió furiosa, y sacó sus dientes, lanzandole un rugido que casi lo derriba, para después salir corriendo hacia la dirección contraria a la que se iban los cazadores y la que estaba Cleyro, y tras unos metros, se hundió en las nubes a través de un agujero, dejando al rátido sin palabras.

-Que potencia, que belleza...-Musito tras unos segundos, para darse cuenta finalmente de que estaba solo. Bueno, menos por Kurato, que de nuevo se acercaba a él.-Que alegría veros, Kurato. Muchas gracias por su ayuda, ha sido de gran utilidad. ¿Que hace por aquí si puedo conocer esos datos?

Preguntó, mirándole mientras hablaba, pero volviendo a mirar el agujero por el que el ser entró al escapar. Contemplándolo pensativo. Curioso... Era extraño... Y aquel rugido... Fue como si un león le hubiese echado el aliento a la cara... Un enorme leon con fuerza descomunal...
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Lun Nov 28, 2011 8:35 pm

-“Valla, si que somos diferentes”- pensó con cierta impresión, estaba más que claro para cualquiera que conociera solo un ápice a aquel reptil que contenerse, dejar escapar o perdonar estupideces que le afecten directamente en algo que le importa no eran los rasgos que caracterizaban más su carácter más bien, todo los sentimientos y sensaciones que podrían hacerle a el también alguna clase de caballero respetuoso y cordial se hallaban escondidos, envueltos en una densa corteza de ira y oído hacia su antigua vida y el engendro que hace que día tras día no la pueda olvidar y esa capa apenas cedía unas escasas veces como el muy cercano momento en el que ignoro completamente ese odio que le alberga el corazón como un veneno eterno al que no se puede resistir y no pose antídoto y abandono la mejor oportunidad en años para cazar a Veluzi y si se lograba derrumbar no seria el día de hoy.

Sin embargo no tenia especial deseo de buscarse una enemistad con otro paladín así que el por una vez se comporto siguiendo, más o menos, algo parecido a lo que podía ser el código de aquel draconario, el dejar suficientes extremidades sanas al rival para que pudiese largarse y arrepentirse de su error en los días vendieras.

El ratido se encaro con el mago, el elfo arquero y el orco y mientras el combatía con ellos y liberaba al enorme y majestuoso ser el se tenia que encargar de los otros cazadores que quedaban en pie, y dado que el humano fue la primera victima y no se encontraba en situación de huir tenia que apañarse con un minotauro y un divium arquero.

Esa enorme bestia hibrida entre humano y ser bovino intento golpearle con su arma al reptiliano que esquivaba o paraba sus golpes con sus propias armas como podía mientras el buen numero de movimientos impedían al arquero disparar de momento, finalmente un golpe del reptil fue parado por el gran mango del armamento del minotauro, empezando un duelo puramente de fuerzas en el cual aunque lentamente por la gran fuerza de su adversario el reptil iba ganando terreno sin embargo la mayor quietud de esos momentos permitió al divium apuntar y finalmente soltar la cuerda de su arco y permitir que el proyectil saliese disparado.

Sin embargo para beneficio del reptil unos momentos antes se había percatado con que no acabaría de ganar a aquel ser por lo que deslizo sus armas hacia un lado rápidamente haciendo que la bestia se echase hacia delante por la enorme fuerza que hacia pero que ahora no encontraba oposición y realizándole a la vez un doble tajo en el costado que seguía las indicaciones del ratido, dolía, sangraba pero dejaba vivo y las piernas útiles a la vez por el otro lado el hombre la flecha impactaba contra el clavándose en su carne y haciendo que este soltase un fuerte grito de dolor que fue rematado con un fuerte empujón que le propino en la espalda haciéndole caer al suelo dolorido del que se levantaría lenta y doloridamente solo para largarse de allí con sus compañeros recogiendo al humano que fue la primera victima de Kurato del suelo.

Mientras el antropomorfo se resentía de su herida le toco el turno al divium sin embargo de momento solo estaban girando uno con el otro esperando a que su rival hiciese algún movimiento o algún despiste para poder atacarle y finalmente esa oportunidad llego para el reptiliano, desde su lado de las nubes pudo ver sin desviar mucho la vista del arquero como Cleyro cortaba las cuerdas de aquella criatura pudo aprovecharse del despiste de aquel cazador para mirar de donde había venido ese enorme rugido y aprovechando la oportunidad se lanzo hacia el, embistiéndole con su cuerpo y finalmente quitándoselo se encima de un movimiento de brazos que le dejo una bonita herida en el pecho, con la bestia suelta en clara desventaja frente a aquellos luchadores y con una herida que seria mejor revisar antes de que se transformase en algo preocupante el también corrió.

Se fue acercando al ratido después de librarse de aquellos pesados con sus espadas aun desenvainadas y manchadas de sangre mientras contemplaba aquella escena que tenia lugar entre esos dos mamíferos llegando poco después de que terminase de decir esas palabras de elogio a ese gran ser .
-La posada se me hacia un tanto aburrida así que salí de paseo y ha sido una agradable fortuna encontrarte…aquí- no fue muy difícil de percatarse que aunque le pudiese oír su mirada se desviaba hacia donde había desaparecido -¿es que quieres seguir a esa criatura? no soy ciego, estas mirando por donde se escabullo y la verdad no te culpo, las cosas en el pueblo están aburridas eso si, si vas a descender a algún lugar desconocido para buscar a ese ser yo también bajo, no me pienso quedar aquí arriba solo y aburrido, si no le molesta señor - le dijo añadiendo como era costumbre esas ultimas palabras de educación que sacaría siempre mientras tratase con aquel ser.


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Jue Dic 01, 2011 10:08 pm

Cleyro asintió ante las palabras de Kurato, y lanzó una pequeña risa, volviéndose hacia el y mirándole con tranquilidad.

-Parece pues, que me es imposible ocultaros mis sentimientos Kurato. Y es que soy tan fácil de interpretar como lo es un libro abierto... En efecto, aquesa criatura curiosa me es, y me gustaría verla más de cerca, con simple objetivo de aplacar mi curiosidad, no dañarla... La curiosidad mató al gato dice el refrán... En ese caso la curiosidad es mi amiga jaja...-Respondió cerrando con un pequeño comentario gracioso, para después comentarle algo a Kurato.-No os esforcéis, se nota a la legua que aquesa no es vuestra forma natural de parlar. Mezcláis los tiempos, pasando de pasiva a activa. E intercaláis la respuesta formal con la informal, revelando vuestra poca costumbre a este diálogo. No os preocupéis, no me ofenderé por que me respondáis con vuestra parla habitual. Me hallo acostumbrado ya a aquesa situación. Solo espero que no sea mi parla la que le moleste a vos

Tras aquel pequeño discurso, empezó a caminar, no sin antes dar un rápido corte al aire con su lanza para limpiar la sangre que en su hoja se había quedado adherida.
Al llegar al agujero, miró a través de el. Parecía descender en pendiente, por lo que no era caída directa, y por la dureza de las nubes en aquella zona, parecía tratarse de une cueva. Su interior, era exactamente igual que sería el de una cueva normal, solo que de color blanco. Las nubes allí eran compactas, dando sensación de estar en una cueva de roca blanca.
Con una pequeña sonrisa, saltó al interior, y rápidamente, su cuerpo se deslizó por la abertura como si se tratase de un tobogán. Entrar parecía fácil, pero posiblemente para subir necesitaría escalar. No sería difícil con su habilidad innata para trepar y su lanza para usar de pico.

Pronto llegaron al fondo. Una gran sala, con un gran lago de aguas cristalinas en el centro. Al fondo podía distinguirse el cuerpo rojizo del animal, bebiendo agua tranquilamente a orillas del lago, donde parecía estar tumbado descansando. Cleyro permaneció un momento quieto. Recordaba haberle visto herido. Esos malandrines le habían dañado... Tal vez necesitase ayuda, e ese caso sería bueno prestársela. Se puso a un lado, y esperó a que Kurato descendiese con el, mientras contemplaba el lugar. Era hermoso... toda una cueva de un blanco puro, con un lago de un agua tan limpia... La luz pasaba a través de las nubes, permitiendo ver a pesar de estar rodeado de paredes.
El lugar era algo grande, pero no demasiado. Y al fondo, donde estaba esa criatura, había una abertura que pacerá llevar a unas galerías. Al parecer, esa cueva se extendía mucho bajo las nubes.

Una vez ambos estuvieron listos, comenzaron a caminar, bordeando aquel lago. El animal parecía no haberse percatado aún de la presencia de ambos individuos. Por lo que permaneció en la misma postura que el rátido lo había encontrado, hallándose tumbado bebiendo apaciblemente. El corazón del rátido palpitaba con fuerza pro el entusiasmo. Esa bestia era tan bella que no podía dejar pasar la ocasión de observarla más de cerca. Y sobre todo comprobar que sus heridas no eran graves. Si estaba en peligro de extinción, quería que aquel animal sobreviviese. No le hacía ninguna gracia la muerte de una especie solo por la codicia de los humanos.

-¿ Conocéis el nombre de aquesa criatura? Me intriga su forma, su cuerpo, su pelaje, su ser, y su nombre ¿Cual será? Es todo un misterio cuya respuesta desearía conocer... Todo su ser es intrigante...-Le comentó el rátido a Kurato, buscando entablar algo de conversación para hacer algo ameno el trayecto. Le quedaban un par de minutos hasta llegar a ella si seguían andando. Y ese era el plan, no quería asustarla corriendo. Prefería ir con calma.-Es curioso que tras ver un dibujo de esta criatura en el mercado de la ciudad, un servidor haya podido ver en carne y hueso al majestuoso ser en el retratado... ¿Será acaso una de las casualidades que el destino nos prepara a los mortales?
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Dom Ene 08, 2012 7:06 pm

Seguramente se le pudo notar el alivio en la cara cuando le dijo eso y es que nos e encontraba de ninguna manera a gusto hablando en aquel tono tan poco propio de el que solo utilizaba por no parecerle desagradable a aquel mamífero que tan fuerte le estaba pareciendo especialmente después de que se las apañase para hacer huir a tres bandidos sin mataros y liberar tamaña magnifica bestia.

-Más allá de recordarla como antes me hablaba un conocido no me molesta y me alegro de que no te moleste porque hablar educadamente solo lo suelo hacer en ciertas ocasiones en las que no es posible hablar como lo hago normalmente - a su mente se vinieron un par de recuerdos después de aquellas ultimas palabras de los momentos en los que solo había hablado de su extraña forma educada, momentos que pocas veces acabaron bien.

Pidió, hablando ya con normalidad pero sin abandonar el tono respetuoso porque, después de todo, no ganaba nada enemistándose con el, le pidió unos segundos antes de partir en la búsqueda de aquel hermoso animal para recoger el suyo propio que había esperado bajo el montoncito de nubeshasta que volvió suamo a recogerla, y colocarla una vez más al lado de su cabeza, apoyada en su hombro. Aunque seguramente se moviese un poco con el tiempo. Y volver donde estaba el rátido, esperando que la relacion que tuviesen con aquel draconario, su mascota, y su amiga, fuesen muy diferentes a las que tenía con las ratas normales, aunque seguramente por la mera diferencia de tamaños no fuese nada de lo que preocuparse.

Una vez juntos los dos llegaba el momento de descender por el agujero en las nubes por el que había desaparecido aquel ser anteriormente, bajaron por el hueco deslizándose hasta el interior de una enorme cueva como podría ser cualquiera de las que pudiesen haber visitado en la superficie con la principal diferencia de que aquel lugar estaba hecho de nubes, una enorme cueva de nubes que dejaban pasar la luz por lo que estaba bastante bien iluminada a pesar de estar bajo…bueno, bajo la superficie de las nubes, en una parte de la cueva se podía ver un hermoso lago en el que destacaba la figura grande y fuerte de aquella especie de lobo gigante de las nubes al que empezaron ha acercarse.

-Si, se ve majestuoso, nunca había visto nada semejante a esta criatura, lo más cercano quizás un perro o algún lobo pero aun así son bastante diferentes- le respondió a su primera pregunta mientras continuaban avanzando hacia aquella criatura despistada de la presencia de ambos seres y seguía tranquilamente reposando en su lecho de nubes -si te soy sincero nunca he creído mucho en las casualidades pero que no crea alguien en algo no significa que no exista…quien sabe, puede que alguien hubiese hecho todo esto y nos hubiese traído aquí a propósito…no, la verdad, prefiero creer que ha sido una casualidad de las que tan poco creo, así al menos no tendré la sensación de que estoy siendo la marioneta de alguien que esta viendo todo lo que hago…- un ligero sonido sonó al lado de su cabeza, quizás por que le apeteció o por algún movimiento que hicieron alguno el cascabel de su pequeña sonó ligeramente y en ese momento otra pregunta se le formo en la cabeza al tiempo que dirigía una mirada las paredes del lugar -¿tu crees, intuyes o sabes si ese ser tendrá algo contra las serpientes?, podría esconderla por aquí…-


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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Cleyro Aeneas el Dom Ene 08, 2012 7:23 pm

-Pues sinceramente lo desconozco, señor Kurato, como le dije antes desconozco todo dato sobre aquesa maravillosa criatura.-Respondió Cleyro en contestación a la pregunta de Kurato en relación a la amistad que podría tener la bestia con las serpientes.-Pero si se siente más cómoda déjela en el suelo, aunque podría ser que la encontrase otra criatura y la dañase. No descartaría que aquí vivan más animales. Mm… No creí que en las nubes pudiese existir una criatura así, siempre pensé que solo vivían aquí criaturas voladoras… Mm… ¿Cree que podrá volar? ¡Por los dioses! La curiosidad me está matando.

Se veía a la legua el entusiasmo que tenía el draconario por conocer a la criatura. No había más razón que la simple curiosidad de un aventurero al ver a una criatura curiosa y extraña.
Describiendo más afondo el lugar. La luz que atravesaba las nubes se reflejaba en las cristalinas aguas iluminando toda la cueva, y en ella se podía distinguir la figura de pequeños peces que nadaban tranquilamente en sus trasparentes aguas, algunos en grupos, y otros algo más apartados del conjunto, seguramente en busca de algún alimento que habrían percibido.
El suelo era blando, pero de textura arenosa, como si estuviesen pisando “nube en polvo”, y bajo ellas se podía notar firmeza, por lo que debía haber una capa de dura nube – Por extraño que suene – que permitía que no se hundiesen hasta caer al suelo que se encontraba a muchos metros más abajo… Y eso era un ligero alivio. La respiración del ratido ya se había adaptado, y conseguía desenvolverse como si estuviese en el suelo, aunque se notaba distinto.
Pronto acabaron llegando sumamente cerca de la criatura, apenas unos metros les separaban, y esta seguía encontrándose tumbada sobre el níveo suelo, contemplando su propio reflejo en las espejadas aguas que tenía delante. De vez en cuando sumergía levemente el hocico, rompiendo el reflejo de las aguas y espantando a los pobres peces que nadaban cerca, haciendo que estos saliesen despavoridos en todas direcciones. Era una divertida imagen de paz y armonía. Pero no tardó mucho, hasta que apenas unos pasos les separaban, cuando el animal alzó su cabeza y dirigió su mirada hacia los dos viajeros, los cuales se detuvieron en seco ante la mirada fría y desafiante del ser.
Tras un segundo, Cleyro se arrodilló en el suelo y dio un paso lento a cuatro patas, demostrando a la criatura su sumisión y que no poseía intención de dañarla. El animal, como era de esperar, no apartó su mirada, pero no lanzó ninguna advertencia al rápido para que se retirase, ni visual ni auditiva.
Apenas unos segundos más tarde llegó hasta ella, justo delante de la criatura, sus ojos se miraban directamente, y casi era capaz de ver su reflejo, su propio rostro en los ojos del animal, que con su iris rojo fuego posados en los suyos parecía capaz casi de poder hablarle directamente a su mente. Su boca estaba cerrada, para alivio del ratido, que por su cercanía, si estuviesen abiertas estaría contemplando los afilados y blancos dientes del animal, lo cual no era la mejor visión del mundo. El pelaje del animal ondeaba con suavidad movido por la pequeña corriente que corría por el lugar. Y casi podía sentir su aliento moviendo sus bigotes. Su mano se acercó lentamente a su rostro por debajo, sabía que hacerlo desde arriba era considerado un ataque por los animales, pero por debajo indicaba más bien sumisión. Sus delicadas manos tocaron la parte baja del hocico del animal y lo acarició, sintiendo como el suave pelo acariciaba su piel con cada movimiento. Su tacto era cálido, como el que emite una fogata en una noche de invierno, aquel cálido sentimiento de calma y confort.
Fue trazando círculos con su mano en el pelaje del animal, empezando desde abajo y acercándose lentamente a su rostro y cuello, hasta que finalmente sintió como la tensión de su cuello se relajaba, y poco a poco iba descansando su cabeza sobre el suelo, y con una sonrisa de satisfacción el caballero dragón acarició su cabeza, entre las orejas, y pagó su cuerpo al del animal, sintiendo como todo el calor de este le inundaba.

-Calma mi amigo… Calma… No venimos a hacerte daño… Eso es… ¿Estás herido? Si… Ya lo veo, en la pata trasera derecha tienes un buen corte… Bueno, no te preocupes, te curaré, pero debes dejarme… No te enfades ¿Eh?-Dijo con suavidad Cleyro.

Como si se tratase de un perro, el animal se tumbó en el suelo de lado, mostrando su pecho al caballero y quedando relajado a su lado. Con una sonrisa ante aquella actitud, Cleyro acarició su enorme tripa y se aproximó a su herida. Se camuflaba un poco entre el pelaje anaranjado del animal, pero se podía percibir por los restos de sangre que quedaban sobre la franja negra de su pelaje. Miró la herida y frunció el ceño, no era especialmente profunda, pero seguramente si fuese molesta, y bastante, y lo que le preocupaba era hacerle algo de daño mientras la curaba y que se revolviese contra él, sería muy difícil ganarse su amistad así, pero era la única manera de curarlo.
Con cuidado pasó su mano por la pata, acercándola a la herida como una caricia, pero rodeándola al llegar a esta, intentando ver su reacción al notar un contacto cercano al corte. Un espasmo recorrió su pata, haciendo que se estirase y después se reencogiese, sin duda si, debía dolerle bastante, y eso le preocupaba más que nada, pues aumentaba la posibilidad de que se quejase de la curación.

-Mm… Esto no está bien chico… Hay que curarte o se pondrá peor… No me vas a hacer daño ¿Verdad?
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Re: Sobre suelo de algodón

Mensaje por Kurato el Dom Ene 22, 2012 11:40 pm

El entusiasmo del ratido por encontrarse con tan magnífico can era más que palpable, más fuerte y puro incluso se podría decir, al menos por como sonaban las palabras que de su boca salían, que la preocupación que iba surgiendo en el reptiliano carmesí a cada paso por si aquel ser tenía algo en contra de las serpientes como la que a él le acompañaba desde hacia tanto tiempo.
-Tranquilízate…ese ser seguro que ha vivido siempre en estas nubes, no parece muy apto para el vuelo, es posible que nunca bajara a tierra firme y no creo que aquí existieran muchas serpientes la verdad así que no debería tener nada contra ellas, sería la primera vez que viese una…- se repetía a sí mismo sin parar para tratar de tranquilizarse y darse ánimos pues no conocía de aquella criatura casi nada y lo único que tenía claro, incluso eso basándose más en apariencias que en escritos o experiencia, es que más valía no tenerlo como enemigo, no se preocupaba por él, podía defenderse con mayor o menor eficacia, temía más que nada por su amiga.

Siguió el camino que le separaba repitiéndose mentalmente o a veces en voz baja palabras como aquellas con el único propósito de calmarse, cuando aquella criatura levanto el hocico de las cristalinas aguas, para mayor alivio de los peces que nadaban en ellas, causando que se detuvieran en el acto ambos caminantes bajo la atenta mirada de la criatura, la mirada de Kurato se desvió por unos instantes hacia la serpiente que descansaba enroscándose sobre si misma perezosa por el relativo fresquito de las nubes frotando sus escamas unas contra otras y sin agitar su cascabel, su preocupación no hizo sino aumentar mientras se agachaba como si se arrodillase ante un rey reconociendo su autoridad y el respeto que tenia hacia él y en cierto sentido así era, no había visto u oído de criatura que aunque fuese en majestuosidad fuese capaz de ganar a los vivos colores del pelaje de esa criatura, no seria difícil imaginarlo como rey de las nubes.

Sus músculos se tensaron, en aquella extraña cueva entre las nubes del cielo no osaba acercarse a ese ser, se quedo mirando cómo se acercaba el dragonario con cuidado hasta que logro acariciarle y hablarle, parecía fuera de peligro y los pensamientos que hace poco le acosaron sobre como saltaría repentinamente de su sitio a por la criatura para que no se comiese a su amigo.

Así pasaron un poco más mientras el dragonario examinaba a aquella criatura y el rapto indeciso no sabía si acercarse, quedarse allí o irse y dejar a esa pareja de mamíferos sola, finalmente con el tono de voz más neutras que pudo pronunciar -¿me puedo acercar?-


Kurato, oscuro caballero carmesí



Entrometete en mis asuntos y moriras, preguntame y mueres, no me respondas y dejaras de respirar, atacame y te desangraras, ni me retrases ni me des falsas pistas ni me traiciones porque entonces te reducire a una amorfa y sanguinolienta masa de carne y huesos pero sobretodo, ni se te ocurra mirar a Sofia por que entonces saborearas los nueve círculos del infierno en cada cacho de tu piel.

Sentimientos, palabras y personas que te hacen cambiar una vida entera y que tus viejas metas se combiertan en polvo bajo el deseo de estar con ellos.

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Re: Sobre suelo de algodón

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