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Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

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Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Sáb Nov 12, 2011 7:58 pm


-Los montes Keybak, una región bastante inexplorada. A pesar de estar en una zona poblada, las galerías que recorren el interior de sus montañas están en su enorme mayoría inexploradas, no se sabe que puede haber en ellas. Igualmente, sus montes son altos y muy abundantes, no es difícil que allí se escondan muchas cosas que aún ni han sido vistas... Y menos aún cosas que se perdieron y ocultaron... Oh Condesa... Al fín volveremos a vernos... Pero juro por Zomala, que o te llevo al Void, o me hundo yo en él... Y aseguro que lo segundo es improbable... Jajaja... Me he enfrentado a cosas peores que una vampiresa con aires de grandeza...-Dijo la mujer de cabellos azules, mirando al horizonte, de pie, en la proa del barco en el que navegaba, bautizado con el nombre de "Ultimo Suspiro" escrito en doradas letras en uno de los costados de aquel navío. Ante ella se alzaba una gran cadena montañosa, los Montes Keybak, una gran región en la que se disponía a reencontrarse con su "amiga" La Condesa, por tercera y ultima vez... Cuando acabase todo aquello, o la cronomante de cabellos azules la mataría, o moriría... Y como había dicho, su intención distaba mucho de aquella ultima opción. Había vivido demasiado para perecer allí. Acarició su libro, contemplando la magnificencia de aquellos montes que amenazaban con sesgar la cúpula celeste. Y mientras ella se perdía en sus pensamientos, en sus crueles planes e ideas para acabar con la vida de aquella mujer a la que despreciaba tanto, el barco fue acercándose a la costa, para finamente desembarcar.

Sin permitirse ni un solo segundo que desperdiciar, Illua saltó del barco, para posar sus piernas en la dura tierra que rodeaba los montes que tenía ya a una distancia ridícula. Una voz se escuchó detrás de ella, haciendo que se detuviese a esperar a aquel que era dueño de esa voz, y pronto se descubrió ante sus ojos. Ziggo, una de las "mascotas" de la mujer, un ser cuya cabeza había sido sustituida por una calabaza que parecía el centro de una podredumbre que se extendía por su esquelético cuerpo, tapado solo por una túnica, o al menos eso parecía, dado que no era más que la simple piel de la bestia, que flotaba rodeada con sus cadenas con un farol entre sus manos, aun apagado dado que la luz del sol iluminaba el cielo en su atardecer. Aún quedaban varias horas de luz, lo que significaba que tanto la condesa como las otras criaturas de Illua, que también eran nocturnas se demorarían aún en aparecer.

-Jeje... Al fin veré a esa mujer... Aunque me parece patético que te dejases engañar, no solo una, si no dos veces por una misma persona... Y la última acabases herida, en cuerpo y en orgullo... Jé... Bueno, a ver si cumples tu juramento y no vuelves a huir con el rabo entre las piernas... Demuéstrame cuan buena eres, y no te limites a solo decirlo.-Dijo el ser, flotando ante Illua con su sardónica sonrisa y humor maligno... Se deleitaba haciendo sufrir a las personas con sus palabras. Pero la cronomante, ya habituada al humor dañino y mordaz, simplemente continuó andando, pasando de largo, pero no por alto sus palabras.

-Yo no debo demostrarte a ti nada, Ziggo, si no que tú debes demostrarme tu utilidad si no quieres que te lance a los lobos, pero me encuentro de buen humor... Voy a cumplir mi venganza, así que no dudes de mi valor, o yo dudaré sobre tu utilidad e importancia ¿Entendido?-Comentó con tono severo, a pesar de su buen humor y su leve sonrisa de medio lado.

Sin malgastar un segundo más con aquel ser, decidió continuar andando, ante lo cual su espectro solo rió maliciosamente y la siguió flotando, a un lado de ella y un poco retrasado.
El encuentro sería al anochecer, en el pueblo de Hidgranden, a apenas unos minutos de allí, saldrían al anochecer, pero supuso que la mujer ya estaría allí, pues no podía viajar de día y debería hallarse ya en el punto de reunión... Perfecto, así podría estar un poco con ella antes de partir.
Y seguramente os preguntéis... ¿Y por que no matarla nada más verla? La razón era simple, quería que se confiase, que pensase que tenía la situación en sus manos, para luego acabar con ella. Y por una segunda razón. Si la había llamado, era por que quería algo importante, algo valioso... Solo debía acabar con ella una vez hubiesen llegado al tesoro, y así de paso, también se haría con él. Su mente era retorcida.

Y mucho más desde los últimos acontecimientos, los surgidos apenas unas semanas en la isla de Thalis, en su mano, aún podía ver una marca, un sello al cual había intentado encontrar sentido, pero no había descubierto información alguna sobre su significado, ni que era... Era todo un misterio. Aunque de lo que si había encontrado información era sobre Zordiark... Escasa, si, pero había sido un comienzo. Pero los sucesos con ese ser, es otra historia que posiblemente ya conozcais, al menos, el comienzo... Dado que sus encuentros con aquel poderoso ser no habían hecho si no empezar, pero no es momento de relatar esas historias como dije, aún quedaba mucho para que Illua se reencontrase con él. Por ahora, su reunion era con otra vieja amiga, y desde luego, la última.
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Sáb Nov 12, 2011 10:43 pm

Finalmente, llegó al pueblo, y la figura de la mujer se movió silenciosamente, sin llamar la atención por entre las casas. aún llevaba la carta encima. Según lo que en ella había escrito, deberían encontrarse en el sótano de la posada "Cadena de Bronce". El posadero era conocido por la mujer al parecer, para que le permitiese hospedarse en ese lugar.
No tardó en localizarla, como era lógico, era la única posada del lugar, y como no, estaba dentro de la taberna. La mujer entró silenciosamente en el el lugar, abriendo la puerta del local y encaminándose directamente a la barra, para llamar la atención del tabernero, y dejar la carta ante él, tal y como le habían dicho en la carta que hiciese. En cuanto el hombre reconoció el sello, dejó de limpiar el vaso que tenía entre sus manos y señaló una puerta a su derecha.

Sin perder un segundo más, dado que el tiempo era oro para la cronomante... Se acercó a la puerta y descendió por las oscuras escaleras que allí habían. En las paredes habían antorchas que permitían ver medianamente bien los escalones, que iba conduciéndola al piso de abajo. Tenía algo, en la bolsa que colgaba de uno de sus laterales había una pelota. La Blitz que le regalaron por acabar aquel partido, pero prefería seguir manteniendola en secreto, había comprobado ya que esa luz que emitía resultaba dañina para los vampiros, así que prefería seguir guardándose esa baza para cuando verdaderamente la necesitase. Se bastaba con la luz de las antorchas y la que Ziggo lanzaba con su candil.
Al llegar al final, la visión no era mejor, oscuridad simplemente, aunque comenzaba a ver las siluetas de las cajas y demases que había allí almacenados debido a que sus ojos se acostumbraban lentamente a la oscuridad del lugar.

-Hola... Illua-Se escuchó una voz tras la duelista, que inmediatamente se giró para sonreír a la condesa. Oculta tras unas cajas de madera. Con cuidado, la vampiresa cogió una vela y fue iluminando la sala, prendiendo varias de las mechas repartidas por la habitación.-Que alegría volver a verte... Y esta vez pronto... Parece que dejaste tu impuntualidad...

-Buenas, Condesa... ¿Y esta vez...? ¿Por que me llamó? ¿Que puede desear más de mi persona?-Preguntó la duelista, ignorando por completo el comentario que hacía referencia a su puntualidad... Solo llegaba arde para irritar a la mujer, pero esa ocasión era diferente... Cuanto antes acabase con todo, antes la mataría.

-Como siempre, al grano... En fin, si tan poco disfrutas de la charla, te lo contaré... seguramente ya conozcas la leyenda de los Ancestros, referente a mi padre... Recordarás, la caja, y la llave. La cuestión es... Que quiero algo más de ti... Quiero que me lleves al templo de los ancestros, a su corazón más bien, quiero hacerme con el poder que hay en él. Por eso esta vez no te mando a trabajar, si no que me acompañarás. Ya tengo bastante con lo que me has dado hasta ahora... Pero ese templo, creo que allí hay algo que me vendrá muy bien.

-Vaya... Parece que todas las misiones que me encarga hacen referencia a su padre y los Ancestros...

-Efectivamente... Todo gira alrededor de ellos... He pedido que te reunieses conmigo aquí, pues el templo se haya nada más y nada menos que en Keybak, y en sus galerías... Una parte secundaria a las Minas de Nos, tu trabajo, llevarme al templo, adentrarte junto a mi en su interior, y volver sanos y salvos... Muy simple, creo que podrás entenderlo

-Así que una misión de protección... ¿Ser tu guardaespaldas? ¿Y tu criado? ¿No puede hacerlo él? Mis... Encargos... No suelen ser protecciones. Para eso se suele contratar a un paladín-Respondió Illua, llevándose una mano al mentón extrañada, no es que le molestase, si no que era curioso aquello. Nunca había hecho una misión de protección.

-Si, es protegerme simplemente, y si, suele encargarse esa tarea a paladines y caballeros, o a mi fiel compañero. Pero aunque estemos ambos juntos... Hace mucho que no combatimos, y podríamos aguantar bastante, sin duda... Pero no conocemos las bestias y los templos como tú. Además... Has demostrado tu eficacia en las dos misiones anteriores, misiones que hasta el momento nadie había conseguido superar... Pero si no quieres, márchate de aquí, buscaré un caballero más competente que tú.


Illua miró la habitación... Así que su títere estaba en esa habitación... Seguramente oculto, como siempre, pero sonrió interiormente. Si aún lo usaba, y aún requería de sus servicios de protección, significaba que aún tenía la oportunidad de matarla...

-No hará falta, condesa, cumpliré gustosa la misión, era solamente curiosidad... Por cierto, le presento a Ziggo... Es mi... Mascota... Digamosle así

-Me percaté de él... Curioso ser, parece un Calabaceus Demoniac... Buen espécimen... Debo admitir que tienes buen gusto pala elegir a tus lacayos...

-Yo lamento dudar del suyo, condesa... Jejeje...

La vampiresa miró severamente al espectro, y de la oscuridad de las cajas apareció su vampiro sirviente, que se arrodilló ante ella y le besó la mano, para después fulminar con la mirada al demonio.

-Como un perro... Jeje...

-¿Acaso tu aspiras a considerarte algo más, Ziggo?-Espetó Illua mirando al demonio. Ambos no se llevaban muy bien precisamente, no eran los mejores amigos ni mucho menos, sin embargo... Aquello era puro teatro, y ambos lo sabían... Solo actuaban, y sus espectadores vampirescos, se lo creyeron a la perfección.

-No... Ama...
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Dom Nov 13, 2011 12:55 am


Mientras hablaban un poco más, la noche se cernió sobre el pueblo, y pronto todo quedó suficientemente oscuro como para que la vampiresa y sus escoltas pudiesen salir... Pero había un problema... En cuanto salieron por la puerta de la taberna, apareció una muchedumbre furiosa, portando antorchas, que se dirigía justamente hacia ellos, y nada más ver a la vampiresa empezaron a gritarle y corrieron hacia ella, llamándola asesina. Illua la miró severamente, pero ella se limitó a encogerse de hombros.

-¿Que? Llevo tres días aquí, en este agujero, yo también como ¿Sabes?-Respondió la mujer como si no tuviese importancia.

Illua suspiró y empezó a correr seguida de los vampiros por las calles del pueblo, intentando huir del grupo. Al parecer, el tabernero había vendido a la Condesa, revelando su ubicación para que le dieran caza... Illua sonreía interiormente. "Ya no se encuentra gente de confianza..." Pensó Illua con ironía, dado que ni ella misma era ni mucho menos fiel a la mujer.
Pero tras avanzar por varias calles, vio que sería imposible huir de los aldeanos, pero también sería una mala elección intentar matarlos, así que tomó una decisión... Los inutilizaría. Repentinamente se paró, y unió sus manos ante su pecho, y fue separandolas poco a poco. Entre ellas, se fue formando una bola de energía azulada, que iba creciendo lentamente... Pasados unos segundos, la tomó con su zurda y la lanzó al grupo de personas... En cuanto impactó, la esfera explotó, alcanzando a las primeras lineas de aldeanos, pero sin dañares. Sin embargo, inmediatamente cayeron al suelo como si toda la energía del cuerpo les hubiese sido extraída. Aquello produjo una reacción en cadena, que hizo que los que iban detrás se cayesen, por lo que se creó un obstáculo que retrasó a sus perseguidores el tiempo necesario para que reanudasen la carrera y desapareciesen entre los árboles y las rocas de la montaña.

-Buen truco Illua....-Comentó la vampiresa mientras huían.-La magia siempre me ha fascinado...

-Gracias... Pero la próxima vez procura no causar tantos problemas...

Y en la oscuridad se esfumaron. Los aldeanos desistieron de su persecución y se dieron la vuelta, satisfechos con haberla expulsado de sus tierras.
Mientras, Illua y los vampiros llegaron ante la cara de la montaña, ante ellos se alzaba la enorme formación de roca iluminada por la luz de las tres lunas que brillaban en el firmamento, y por la linterna siempre prendida de Ziggo... En el interior de la duelista, también se encontraban Fatuin, Fauest y Fatuor, pero permanecían ocultos hasta la orden de la cronomante, igual que hacía Sashmuern. No le convenía que La Condesa supiese de esas mascotas por ahora.
Ziggo fue el primero en entrar, seguido de Illua, la condesa, y cerrando la fila, su siervo, que se mantenía callado por el momento.

-¿Y dices que es por aquí? ¿Que tiene este sitio de especial?-Preguntó Illua mientras avanzaban por aquel angosto pasaje abierto por fuerzas naturales en la misma roca de la montaña.

-Conduce a un valle entre las montañas, una vez lo atravesemos, llegaremos al templo, que está labrado en la misma roca de la montaña. en el valle es donde vivían los Ancestros. Y el templo era en conmemoración a un dios, por eso guardaban cosas valiosas en él...

Illua asintió comprendiendo, y no hizo más preguntas por el momento, se limitaba a continuar avanzando tras la espectral figura de Ziggo, con su zurda sobre la empuñadura de su arma, lista para desenvainar si la situación lo requería. La condesa, por su parte, simplemente caminaba con sus aires de superioridad, y tras ella, el otro vampiro, que parecía estar mudo, imitando a la duelista, posaba su diestra sobre la empuñadura de su espada. Pero no sucedió ningún imprevisto, y tras varios minutos de paseo, llegaron ante el gran valle... La vista era realmente impresionante, y no pudo evitar detenerse para contemplar la majestuosidad del lugar...
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Dom Nov 13, 2011 8:28 pm

Ante ella, o más bien bajo ella, puesto que parecía hallarse en una especie de saliente o elevación del terreno, se extendía una arboleda, y a lo lejos se podía distinguir un lago y una formación rocosa que supuso, sería su objetivo. Un pequeño río cruzaba el valle, pasando por debajo de las montañas por sus conductos aquiferos subterráneos.
La luz de las lunas sobre aquel lugar creaban una visión magnífica del lugar, los árboles parecían brillar con los tres colores de los astros y el silencio y la calma del lugar lo hacían parecer místico.
Durante un momento quedó maravillada por el lugar, pero al poco se recompuso y miró a la Condesa, la cual le devolvía la murada junto a una sonrisa divertida.

-Impresiona... Lo se...

Pero en esta ocasión Illua no respondió, se limitó a girarse, y empezar a descender con cuidado la pendiente que bajaba al bosque, con Ziggo, esta vez a su lado. Y fue tan solo unos pocos minutos después de internarse entre los árboles y la densa vegetación del lugar, cuando apareció el primer problema. No se trataba de nada demasiado molesto... Solo un pequeño enfrentamiento. Os preguntareis que bestia era, si. Pero no es difícil de adivinar... Un ser bípedo, cuyas carnes parecían desmoronarse a cada paso, arrastrando sus pies con lentitud, y su mirada perdida en el horizonte... Era...

-¿¡Un zombie!? ¿OTRO? Zombies zombies y... ¡Zombies! ¡Siempre que trabajo para ti me encuentro zombies! ¡Son irritantes!-Dijo Illua bastante alterada al ver a su viejo y repetido enemigo, pero sin molestarse en él... Había combatido ya con demasiados como para temerlos.-¡Es odioso! Vaya donde vaya... Ahí están... ¡Por los dioses!

-Jeje... El olor a muerto te persigue, Illua-Dijo Ziggo bromeando.

-Si, y ese hedor se llama Ziggo.

Tras aquella contestación, hundió la katana en la frente del ser y la extrajo, haciendo que cayese al suelo, y un momento después, el zapato de la mujer aplastase su cráneo y esparciese aquella carne podrida que lo componía por todo el suelo. Un momento después, arrastró asqueada su calzado por la hierba para limpiarlo.

-Siempre son zombies...

-¿A que te refieres?

-A que siempre que hago una tarea que me encarga, aparecen estos molestos seres... Ya ni me dan combate... He mutilado a tantos que a parte de perder la cuenta, también gané habilidad... Son como hormigas... Débiles, pero molestos...-Dijo colocándose a la defensiva, para sorpresa de la condesa.

Los vampiros no comprendieron por que hacía eso, pero pronto aparecieron de entre los árboles más de aquellos seres, arrastrando sus pies por el suelo como si fuesen caracoles, e intentando darles caza. Ya conocía bastante bien a los zombies, nunca estaban solos, siempre venían con amigos, por eso nada más acabar con el primero, se colocó a la defensiva esperando a todos los demás.
Una terrible a la vez que temible sonrisa apareció en el rostro de la peliazul que en cuanto el primero de aquellos seres atravesó el perímetro imaginario que había trazado en su mente, lanzó un rápido corte a su cuello, haciendo rodar su cabeza por el suelo, para inmediatamente girar sobre sí misma, usando su pierna izquierda como eje y partir en dos a otro con un tajo diagonal ascendente que separó su cráneo en dos partes.

Uno de aquellos seres se le acercó por la espalda, pero recibió una coz en el estómago, que quebró su columna. Algo que a un mortal habría dejado retorciéndose de dolor en el suelo, pero que para un no muerto solo era una leve dificultad en su objetivo. Devorar a la cronomante.
Obviamente, esta no esperó, y en cuanto el cadáver tocó el suelo su sable oriental se dirigió al rostro de aquella aberración, seccionandolo inmediatamente y enviando un fragmento de hueso directo a un grupo de cadáveres andantes, que pronto fueron abatidos por un veloz ataque, un doble corte que los remató.

Y mientras Illua se lucía con su muy practicado estilo de combate anti cadáveres andantes, Ziggo, La Condesa, y su criado la miraban con una mezcla de asombro y admiración. Ninguno le diría nada, pero era asombrosa la habilidad que haba cogido y que ninguno había visto hasta ese momento. Ziggo conoció a Illua después del segundo encuentro de la duelista con la condesa, y la vampiresa y su siervo no habían visto pelear a la conomante. Por ello, ninguno conocía aquella... "habilidad" que había adquirido, y que simplemente era sorprendente. Parecía saber de antemano que iban a hacer los cadáveres... Y es que si combates continuamente contra un mismo ser, acabas por predecir sus movimientos.

-¡Vamos! ¿Es lo mejor que sabéis hacer? Bua... He visto árboles defenderse mejor.-Comentó mientras segaba el alma de otro cadáver. Sabía perfectamente que no la entendían, pero no pudo reprimirse. Le gustaba luchar, pero contra enemigos a su altura, y esos ya no lo eran.
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Sáb Nov 19, 2011 7:08 pm

Un tajo de izquierda a derecha, girando sobre su pie siniestro para darse la vuelta a gran velocidad y seccionar el brazo de uno de aquellos no muertos, e instantáneamente girar la muñeca para invertir la dirección y decapitarlo de un rápido movimiento. Otro de aquellos seres se le volvía a acercar por detrás. Como siempre, como cobardes que eran, pero sin tener la mínima oportunidad contra la más que acostumbrada duelista, que rápidamente trazó con su sable oriental un tajo diagonal mientras giraba, destrozando los cuerpos de tres zombies que se acercaban a la vez. Sonrió sádicamente, y tras hacer un brusco movimiento para salpicar los trozos de carne podrida que se habían incrustado en la plateada hoja del sable, lo envainó, llevándose una mano a la espalda y sacando la guadaña. Contra esos cadáveres era muy útil.

-Hora de segar almas...

Tomó con ambas manos el asta del arma, y lanzó un corte de siega, diagonal hacia el primero que por su izquierda se acercaba.Como si cortase trigo, el cuerpo volvió a caer inerte bajo el filo del arma. Pero aprovechando el ataque descendente, la mujer giró sobre su cuerpo de nuevo, usando aquel movimiento y su inercia para trazar un segundo tajo, esta vez ascendente, que cortó parte del rostro de un cadáver. Este fue rematado cuando usó la parte sin filo del arma y la incrustó en su horrible cráneo, haciendo que se desplomase como muchos antes.
Con su zurda, alzó el arma, que había ascendido sola tras aquel encadenamiento, y sonrió de medio lado mientras la luna roja hacía brillar la hoja de la guadaña, tiñendo su acero de un rojo vivo, atenuado por las pocas manchas de sangre que los esqueletos dejaban.

Finalmente, su acero descendió con fuerza, como si de un hacha se tratase, para partir en dos un cráneo. Y con aquel movimiento giró de nuevo, y por tercera vez, teniendo el arma cogida por el extremo sin filo, y decapitando a media docena de cadáveres andantes que cayeron al suelo sin oponer resistencia ante el ataque. Ahora había un montón de obstáculos que dificultaban el avance ya pobre de los muertos andantes, los cuerpos de sus hermanos caídos, que ahora servían a la cronomante de una ligera ayuda. Illua sonrió de nuevo. No por la emoción del combate, si no por la facilidad con la que aquellos seres caían. ¿Que eran los muertos para ella? Demasiados había enfrentado ya, quería algo nuevo, y no sabía que cerca tenía ya aqeullo. No sería su ultimo encuentro con zombies. No penseis mal, pero... A partir de aquella aventura no supondrían demasiado problema para ella, si no que debería preocuparse más por otras bestias... Como si solo hubiese atravesado una puerta. Los enemigos dejaban de ser débiles allí. A partir de ese momento pelearía solo contra seres que si le opondrían resistencia. Se habían acabado las facilidades para la cronomante. Era hora de subir el nivel de dificultad... Pero antes, debería devolver aquellas almas a las profundidades del Void.
Illua empezó a girar su guadaña entre sus manos, cada vez a más velocidad, mientras el filo del arma se iba volviendo azulado...

-Recomendaría que os agachaseis, Condesa... Según tengo entendido, los vampiros no sois muy resistentes a la magia...-Dijo Illua mientras alzaba sus manos, colocando el arma aún girando sobre su cabeza, como si una una hélice girase sobre ella, cada vez más azulada, y despidiendo un ligero aura de energía que salía del cuerpo de la mujer, subiendo a sus manos e impregnando aquella arma del bello azul cían.

Y repentinamente, Illua se agachó con el arma, que emitió un pulso... Como si hubiese explotado, pero lanzando una honda azul en horizontal, que recorrió todo el lugar. Extendiéndose impasible como si fuese una onda expansiva... Su bomba temporal, canalizada a través de aquella arma... Creando así una honda horizontal que golpeó a todos los zombies al momento.
Casi al instante estos empezaron a tambalearse.
Illua empezó a correr por el lugar, con la katana desenvainada en la zurda y la guadaña en la diestra, decapitando a los aturdidos cadáveres. De dos en dos, de tres en tres, o de cuatro en cuatro. Como un rayo iba acabando con los ahora indefensos, hasta que el último cayó con la frente atravesada pro la hoja del sable.
La jadeante duelista apareció de detrás del cadáver, jadeando por el cansancio y sonriente como solo ella podía estarlo tras hacer una masacre de cadáveres, por muy extraño que suene.

-... Vaya... Sabía que eras buena, pero no imaginé que fueses capaz de acabar con los cadáveres con esa soltura, Illua.-Comentó la Condesa, pisando sin cuidado el pecho de uno de los muertos para alcanzar a la mujer.-Pero nos estamos retrasando, continuemos...

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Off: Nota para lectores y quien revise. No penséis mal, no es powergaming ni nada así. Illua ha luchado contra zombies en dos partidas anteriores de la condesa, y no contra pocos. Por eso tiene ya un habituamiento a luchar contra estos, conociendo como atacan y como acabar con ellos. Y al final, lo que hace es imbuir la guadaña con el conjuro bomba temporal para lanzar una anillo de ese conjuro en horizontal, por encima de su cabeza (dado que surge de la guadaña y se extiende hasta perder la potencia) este conjuro debilita a los zombies en gran cantidad (dado que no son muy resistentes a los conjuros, e Illua tiene un poder mágico considerable) por eso, mientras se encuentran aturdido los va decapitando mientras corre. No os preocupéis, esos zombies están pensados para dar combate a personajes de nivel 1 y serles complicados, pero Illua con su practica y su poder de nivel considerable los mantiene como enemigos básicos. Pero no continua así como dice mi post, es la ultima vez que se enfrenta a enemigos tan débiles... Es su ultimo encuentro con zombies "morralla". Pero debía ponerlo... Cuestiones de trama que si se siguen las partidas se podrían comprender poco a poco. Gracias por leer.
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Dom Nov 20, 2011 12:54 am


-El tiempo es oro...-Respondió Illua a la condesa con tranquilidad, mientras se abría paso entre los cadáveres, avanzando de nuevo hacia el espesor del bosque.

Pero apenas avanzaron un poco, y apenas la mujer pudo recuperarse del esfuerzo, cuando repentinamente los árboles temblaron... Los pájaros huyeron despavoridos de sus nidos mientras el suelo temblaba como si de un flan mismo se tratase.
La duelista desenvainó su sable, mirando en todas direcciones, buscando la fuente de aquellas ondas sísmicas. Cuando de pronto, derribando un árbol apareció. Una enorme criatura de roca, surcada por unas marcas rojas en su piel, que parecían brillar como si tuviesen vida misma. Unas enormes manos y unos gigantescos pies, causantes de los terremotos. La mujer abrió los ojos desorbitadamente, colocándose ante la condesa... Golems...

-Esto no pinta bien, Condesa-Comentó Illua, pendiente de aquel enorme ser que se acercaba lentamente al grupo, con sus brazos estirados, listos para aplastarlos.

-¿Que sucede, Illua? ¿Temes a una simple estatua?-Preguntó atónita la vampiresa, sin conocer la cualidad que aquellas bestias solían poseer.

-Ya veo que no estais acostumbrada a pelear... Son Golems... Y el problema no radica en que les tema...-Respondió la algo ofendida mujer...-Si no en que son invulnerables a la magia...

La Condesa abrió los ojos, y retrocedió mirando al golem de arcilla que ante ella se alzaba... La mayor baza de Illua radicaba en su magia. Cierto era que la duelista poseía un conjuro capaz de sellar los canales de la magia. Pero eso estaba pensado para acabar con enclenques magos o guerreros magos a los que no sería difícil atravesar el cerebro con la hoja plana de su sable. No obstante, la dura piel del golem, y la carencia de órganos vitales dificultaban esa tarea... A pesar de ser una poderosa hechicera, habían criaturas en el mundo que superaban su poder. Una de ellas, eran los golems. Aquella potencia bruta, combinada con su resistencia física y mágica... Necesitaba ayuda. No poseía arma que pudiese rivalizar con la cascara rocosa... Aunque... Había una posibilidad... Si Fatuin Fatuest y Fatuor se introducían en el golem, podrían sacar el pergamino que controlaba al golem, convirtiéndolo en una simple estatuilla. Pero no estaba dispuesta a revelar ese as en la manga tan pronto. Debía... Haber otra forma... De pronto lo recordó... ¡El silbato! Aquel curioso artefacto que obtuvo poco después del primer encuentro con la condesa, poco usado hasta el momento. Era hora de demostrar su utilidad...
Estiró de la cuerda de la que colgaba en su cuello, y se llevó aquel instrumento a los labios, soplándolo con fuerza. En principio, no pareció suceder absolutamente nada...

-¡Illua! ¿Que haces? ¡Deja eso y enfrentalo!-Dijo la Condesa, frustrada por aquello, temiendo la muerte...

Pero repentinamente, un oso salió de entre los árboles, cargando directamente contra el golem y arrancándole un brazo de un zarpazo. La mujer sonrió al ver a aquella adquisición temporal, pues sabía que el efecto del silbato tenía un tiempo limitado... Mas, lo usaría mientras pudiese. El oso recibió un tremendo puñetazo en el rostro de parte del muñeco de arcilla, pero este se lanzó contra su pecho, intentando atravesarlo con sus zarpas. Mientras su dueña y los vampiros contemplaban aquel extraño espectáculo de lucha de bestias.
Pero finalmente, tras multitud de golpes, el oso salió victorioso, al destrozar el pergamino que controlaba al golem, oculto en el estómago del muñeco. Como se sabe ya, los golems son controlados por un papiro que se mete en su boca, y la masa cumpliría la orden escrita en el pergamino, hasta que este fuese extraído. O la orden finalizada.

Illua se acercó al oso, que rebufaba sobre el cuerpo de piedra de su ya derrotado enemigo. Su hocico sangraba tras aquel brutal golpe. Pero la mujer, sin miedo alguno, se sentó en una pierna de barro y acarició el cuello del animal, para limpiar su rostro con un pañuelo de tela, y finalmente darle unas palmaditas de animo y comprensión. Un acto que sorprendió a la condesa terriblemente.

-¿Que haces Illua? ¡Es un oso salvaje! Acabó con el golem... Te matará...

-Te equivocas, Condesa... Yo lo llame... Este silbato es muy útil, es capaz de controlar a los animales, haciendo que te obedezcan durante un tiempo, y este oso me ha servido bien... Muy bien, merece un poco de cuidado y atención. Sin el posiblemente hubiésemos muerto... No desprecies nunca a las bestias. Pueden serte de mucha ayuda ¿Sabes?

-Vaya... Pareces guardar muchos secretos, Illua...

-No guardo secretos, Condesa... En ningún momento preguntó por el silbato, lo llevo conmigo desde poco después de nuestro primer encuentro... No me había visto en la situación de deber usarlo ante voz antes.

Con tranquilidad, acarició la cabeza del animal, con su rostro inexpresivo por un lado, mientras mentalmente sonreía de medio lado. Adoraba sus obtenciones... Por separado eran útiles... Juntas...
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Sáb Dic 03, 2011 8:45 pm

Los tres continuaron caminando en dirección al templo que aún parecía verse muy lejano, pero con una ayuda, y muy buena, el gran oso que les acompañaba, siguiendo al grupo al lado de Illua, caminando sin quejas ni nada. Ziggo flotaba al otro lado de la duelista, formando así una escolta aterradora. La verdad es que cualquier humano que hubiese visto a la espadachina acercarsele, con ambas criaturas a sus lados a modo de protección, se lo habría pensado dos veces antes de osar atacarla. Sobre todo porque eso no era todo lo que tenía... La cronomante era un arsenal... Aunque pareciese que no, estaba armada hasta los dientes. El silbato que invocó al oso, Ziggo, Shashmuern oculto bajo el suelo, Fatuin, Fatuest y Fatuor ocultos en su interior, la katana con la propiedad de volverla invisible, un pergamino con un conjuro protector escrito, dentro de su libro, su guadaña y sus hilos de hierro... Una rival a temer... La condesa había cavado su propia tumba, y se había metido en ella al engañar a Illua no una, si no dos veces. La vampiresa solo conocía la mitad de los recursos que la duelista era capaz de usar.

Pero el lugar mantenía sorpresas para todos. Mientras caminaban, repentinamente el suelo se abrió a sus pies. Illua logró evitarlo, su forma física era muy buena, igual que la del oso, y Ziggo no debía preocuparse... El flotaba. Pero la condesa y su acompañante, carecían de reflejos y agilidad, y se vieron sorprendidos por el derrumbamiento. Con un grito cayeron en el interior de una gruta, aterrizando varios metros por debajo en un suelo arenoso que amortiguó su caída.
La cronomane alzó una ceja mirando el agujero por el cual habían desaparecido ambos, pensando que eran unos inútiles, no había sido una tarea complicada la de saltar a un lado en cuanto escuchó el suelo crujir y hundirse bajo sus pies, dando un toque aún más patético a la Condesa ¿Se supone que debía temerla?

-¡ILLUA! ¡SÁCAME DE AQUÍ!-Gritó la Condesa sin ningún rastro de modales, más bien parecía una arpía chillando desesperada y frustrada.

-¿Y como se supone que debo hacerlo? ¿Espero a que me crezcan alas? Está muy profundo, y si desciendo, lo más posible es que quede también atrapado. Le diría a Ziggo que os subiese, pero dudo que pudiese levantar vuestro peso...-Dijo Illua asomándose un poco y conteniendo su risa, que camuflaba a la perfección con un rostro frío y sin sentimiento, que parecía ser indiferente a todo.

-¡¿Y como salgo de aquí?!-Gritó de nuevo.

-Primero dejando de chillar como una ardilla a la que le pisan el rabo... De segundo ¿Ves algún túnel ahí abajo?-Respondió Illua, perdiendo todo su respeto a la condesa.

-Mm... Si, aquí continúa el camino, sigue hacia delante.

-Ajam... Tal y como pensaba. Te encuentras en uno de los túneles subterráneos del templo. Parece que encontraste un... "Atajo"... En fin. Continúe hacia delante, yo haré lo mismo, nos encontraremos en el tiempo. Supongo que su sirviente será capaz de hacer algo útil, y ya que no habla, le protegerá, porque no puedo hacer nada más.

-Grr... De acuerdo... Vamos, continuemos.

Illua se dio la vuelta satisfecha, y finalmente pudo sonreír abiertamente. Era curiosa y divertida la situación en la que se encontraban... La condesa teniendo que defenderse sola... Seguro que sería algo interesante. Solo esperaba que no muriese. No la malinterpretéis, la quería muerta, pero quería ser ella quien la matase. Dio un suspiro de resignación y se subió a la espalda del oso, indicándole al momento que continuase hacia delante. El camino que le quedaba lo iba a hacer a lomos de la bestia, no lo había echo antes para que la vampiresa no empezase a incordiar y le ordenase que fuese ella quien fuese subida. Si alguien disfrutaría de un descanso para sus pies sería ella misma.
Ziggo permaneció unos instantes mirando el cráter, y después con una maléfica sonrisa se alejó flotando, siguiendo a su dueña.

El templo fue haciéndose más y más grande, con forme se acercaban dejaba ver que su tamaño no era precisamente pequeño. Tenía varias plantas de altura, y por el cráter por donde cayó la vampiresa, también detenía subterráneos. Sin duda sería un larguísimo paseo hasta su objetivo. Esperaba que valiese la pena tantas molestias, pero sabía que así era. La Condesa no sería capaz de cansarse por nada, y menos aún, viajar con la propia Illua para conseguirlo. Posiblemente fuese algo de lo que no se fiaba que transportase la cronomante. La curiosidad le comía en su interior, pero no podía hacer más que esperar a verlo.
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Sáb Dic 03, 2011 10:43 pm

Y mientras Illua avanzaba subida en su peculiar montura...
Bajo la tierra, la condesa maldecía una y mil veces aquel agujero. Caminaba por un pasillo cuadrado hecho de piedra, no había mucha luz, pero su visión en la oscuridad era sumamente buena, por lo que eso no era un inconveniente por el momento.
Además, tampoco había mucho que ver en la opinión de la vampiresa, era solo un largo pasillo sin nada interesante. Ni siquiera daba posibilidad de variar el rumbo. No, simplemente continuaba hacia delante, impasible. Parecía tratarse de un túnel de escape del templo, una forma de salir adicional. Algo como una puerta trasera. Sin embargo, el derrumbe del suelo, y por tanto, del techo de aquel pasillo, lo habían taponado, y ahora solo se podía ir hacia el templo. Por suerte, pronto se encontraron ante una puerta de madera que parecía dar un poco más de juego a la situación.

Al abrirla, vieron al otro lado una sala repleta de estatuas con forma de hombres lagarto. La puerta de salida estaba al otro lado, y no parecía haber nada especial en esa sala, por lo que ambos vampiros continuaron andando hacia la salida, pero en cuanto pisaron el centro de la habitación, hubo un pequeño movimiento, un temblor, y al momento todas las estatuas parecieron cobrar vida... Saltando de sus pedestales al suelo, y acercándose a los vampiros con claras intenciones. El sirviente de la condesa sacó dos espadas de sus vainas, y se colocó ante su señora, la cual se limitó a cruzarse de brazos mientras contemplaba una bella llave de oro con gemas esmeraldas, rubíes y zafiros.

-Queeeee original... Estatuas guardianas. Me esperaba algo más del templo de los Ancestros. Como si no se viese a la legua... Una sala, una puerta en cada extremo, un montón de estatuas rodeándola y todas mirando al centro. Desde luego eran unos genios...-Comentó sarcásticamente la Condesa, que parecía no estar dispuesta a mover un solo dedo.


Y mientras, volviendo de nuevo con Illua. La duelista consiguió llegar finalmente ante las puertas del templo sin muchos problemas. Se bajó de su peculiar mascota, y acarició su rostro y su pelaje. Seguramente la pelea con los golems le dejaría una buena marca. Ese animal le servía bien, si no fuese porque sabía que ella lo controlaba, seguramente se hubiese pensado en incorporarlo a sus filas, pero era un animal salvaje, y en cuanto el efecto del objeto se agotase, se marcharía sin más. Era una pena, parecía una buena adquisición, pero no le importaba, se encargaría de conseguir uno ella misma... Aunque entonces recordó a todas sus mascotas... Acabaría pudiendo formar un zoológico... Pero por suerte, el único que ocupaba espacio era Ziggo, los demás simplemente se ocultaban bajo el suelo o en su interior y no molestaban, así seguía manteniendo parte de sus armas ocultas a la vista. Lo cual significaba siempre una buena baza.

Pero finalmente abrió las hojas del enorme portón, dejando ver la aún más grande sala principal. dos estatuas custodiaban el lugar y daban la bienvenida a una gran habitación cuadrada con una única puerta al final, como suele ocurrir con las salas principales. Sintió un calambre recorrer todo su cuerpo. Aquel lugar estaba cargado de magia, lo podía notar... Su poder había aumentado mucho, y con su talento para la hechicería, no le costo notar como allí fluía una gran corriente de poder. Entró junto con el oso, contemplando las paredes llenas de moho y plantas que habían crecido hacia el techo buscando la luz, con ayuda de la humedad, entre las piedras.
Mas, repentinamente, de entre aquellas plantas empezaron a emerger unos extraños tentáculos verdosos, y un hedor horrible inundó la sala, haciendo que el oso lanzase un quejido. Pronto una enorme boca llena de afilados dientes se mostró, saliendo con el resto de un muy extraño cuerpo. Una especie de planta, una gran boca en su centro, y de esta salían multitud de tentáculos. En su parte superior, poseía unos apéndices más cortos, acabados en unas amarillentas esferas verdes que parecían ser sus ojos.

-¿¡Pero que demonios es eso!?-Exclamó Illua desenvainando su katana mientras veía como aquella cosa se dirigía a ella. No parecía nada fácil. Era algo terrorífico, y si eso se encontraba al principio, no se imaginaba que podía haber mas adelante. Todo el mundo sabe que las peores cosas tienden a estar en lo más profundo de los templos.

Bestia:

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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Lun Dic 26, 2011 12:30 am

La bestia nada más ver a Illua. la bestia abrió sus horribles fauces, y de esta escapó un extraño humo verdoso de terrible hedor. Parecía ser esa la procedencia de la terrible peste que inundaba el lugar. Esa era una criatura que jamás había visto ni tampoco había oído nada sobre ella. Desconocía toda información sobre esta, y eso no le gustaba. Era una gran desventaja. Aquel tentacular ser avanzó con lentitud hasta su posición agitando aquellos verdosos apéndices amenazadoramente, pero la cronomante permaneció en su lugar impasible.

El primer movimiento lo realizó la bestia, que abrió su boca mostrando aquellos afilados dientes triangulares. Su cuerpo se infló rápidamente, y al momento lo expulsó, liberando así una enorme bola de gas verde directa a Illua. La duelista se lanzó a un lado nada más ver aquella masa de aire de color malsano consiguiendo evitar que esta impactase contra su cuerpo. Pronto, como simple niebla esta se deshizo en el aire, pero una pestilencia, un horrible hedor a muerte permaneció flotando en aquella sala. Estaba claro que ese gas no debía ser precisamente sano. Debería tener alguna toxicidad, y por la muerte que se podía notar solo con su olor, desde luego no era leve. Con agilidad abrió su bolsa y se colocó un pañuelo en la cara para evitar vomitar a causa del olor. Dudaba que un simple pañuelo consiguiese ser una barrera eficaz contra ese gas, pero era algo.
Empuñó su katana con fuerza y dio un paso, mas, nada más avanzar, uno de los tentáculos del ser se adelantó y dio un latigazo en el aire que obligó a la señora del tiempo a volver a ir hacia atrás.

Pero aquello no hizo más que satisfacerla, y con una sádica sonrisa de maldad en su rostro volvió a dar el paso, pero esta vez esperando el ataque tentacular del ser, que no se hizo esperar demasiado. Pero esta vez, en el momento en el que el apéndice entró en su visual, el filo plateado de la espada oriental brilló en el aire, y un instante después, el miembro cayó seccionado al suelo, aun retorciéndose como si siguiese conectado al cuerpo que ahora empezaba a perder una espesa sangre verdosa por aquella herida abierta recientemente.
Un grito de dolor escapó por sus terroríficas fauces mientras agitaba el resto de sus miembros claramente enfurecida por haberla herido. Pero ¿Qué esperaba? Era ella o la planta, e Illua jamás daría su vida por lo que ella denominó más adelante como “Una lechuga con mal aliento”.

Y aunque el ataque inicial de Illua hubiese sido tremendamente efectivo, no sería tan sencillo acabar con aquella cosa. Los tentáculos la rodearon velozmente, y sus fauces abiertas empezaron a acercarse a su cuerpo intentando devorarla viva. Sin embargo, la cronomante hizo uso de sus habilidades nuevamente, y con la frialdad que la caracterizaba abrió la palma de su mano, en la cual se formó una esfera de color azul celeste con trazas moradas que se arremolinaban, como si en el interior de la esfera un huracán se estuviese desatando en su máximo esplendor. Emitía un leve resplandor azulado que confería al rostro de la duelista una apariencia más terrible, y que pronto iluminó el interior de la bestia, al ser arrojada a su interior, donde explotó.

Posiblemente el ser hubiese emitido un grito de dolor, pero al ser introducida aquella bomba forjada del mismo tiempo en su boca, la explosión cortó el chillido, haciendo que únicamente lanzase un sonido similar a un burbujeo mientras todo su cuerpo se agitaba debilitado. El filo de la espada mahre volvió a destellar con la luz de las lunas que entraba por los pequeños agujeros de las muy dañadas paredes, pero esta vez en dirección a los supuestos ojos que poseía sobre la cabeza, cortando así de un solo tajo una cantidad considerable.
La muy herida bestia decidió revelar de una vez por todas su ira, y volvió a escupir su aliento, esta vez de forma más veloz. La cercanía de los cuerpos y la prisión tentacular formada, impidieron a la pobre duelista escapar de ese nuevo viento toxico, que entró por sus fosas nasales en sorpresa, sin poder ser retenido muy eficazmente por el pañuelo.

Illua cayó al suelo tosiendo, aquel hedor no solo era terrible en el ambiente, si no que se hacía casi insoportable al respirarse. Su visión empezaba a volverse nebulosa, y sus ojos lloraban. Era difícil contener la coz, pero tras unos momentos consiguió incorporarse, aunque algo debilitada.
Aquel gas había atacado varias partes de su cuerpo. Su visión había sido reducida por la irritación en los ojos, y su respiración era algo más dificultosa, además de que había perdido cierta coordinación de movimientos por el efecto nocivo del gas.
Pero para desgracia de la bestia, eso no iba a conseguir que se retirase. La determinación de la cronomante era demasiada, al igual que su orgullo como para quedarse allí mientras un simple vegetal con ganas de pelea le devoraba o golpeaba. Si no podía con aquella cosa ¿Cómo iba a convertirse en diosa? Desde luego no poseía gana alguna de quedarse allí de brazos cruzados.


A diferencia de la condesa, la cual no se dignaba a más que a mirarse las uñas mientras su siervo despachaba a las estatuas que habían empezado a avanzar hacia ellos como un ejército. El hombre con sus espadas se dedicaba a cortar tanto cabezas como brazos a aquellos seres que se les iban encima. El primero de todos recibió tres cuartas de acero en su pecho, mientras el segundo moría rápidamente al quedarle incrustada el arma en plena frente. Con un movimiento rápido de muñeca extrajo las armas a la vez que las giraba, derribando los cadáveres sobre el suelo y creando con ellos así un obstáculo para los compañeros que aún avanzaban hacia ellos. Un corte, una estocada, un nuevo corte y un ataque circular, estocada, corte, doble corte…

Una combinación casi eterna de movimientos se producía, encadenando uno tras otro en un orden casi errático y seguramente, enteramente improvisado según se le acercaban las bestias. Hasta que finalmente no quedó ni una sola a su alrededor, y el hombre lanzó un doble corte al aire con sus armas, haciendo que la sangre que se había quedado pegada a la hoja durante el combate salpicase a todos lados y dejando medianamente limpias las armas. Pero en vez de guardarlas, las mantuvo en sus manos, preparado para cuando apareciese otra criatura.

-¿Ya te has divertido bastante? Pues continuemos, no me apetece quedarme aquí mucho tiempo, no vaya a ser que cuando lo tangamos sea de día y tenga que pasarme otras cuantas horas en este asqueroso lugar.-Dijo la condesa sin tan siquiera agradecer a su siervo la ayuda o protección, pero no fue algo que le sorprendiese al vampiro, es más, era lo que esperaba, estaba acostumbrado a servirla sin rechistar y sin esperar nada de ella.
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

Mensaje por Illua el Lun Dic 26, 2011 12:32 am

-Te… Voy a… Matar…-Dijo Illua volviendo a colocarse a la defensiva, mientras la bestia se removía intensamente, pasando su repugnante lengua por aquellos terroríficos dientes de tiburón.

Alzó su diestra al cielo, revelando un brazalete plateado con un reloj incrustado en él. Su sonrisa se volvió siniestra cuando pasó delicadamente las yemas de sus dedos por la superficie metálica del objeto, y este empezó a brillar con un tono azulado, justo antes de que una esfera traslucida de color purpúreo rodease a la cronomante, la cual avanzaba arrastrando sus pues por el suelo de piedra del templo. El ser se lanzó contra la cronomante, intentando golpearla con los tentáculos, pero en cuanto estos se introdujeron en la esfera, vieron reducida notablemente su velocidad, avanzando despacio como si el aire se hubiese solidificado esa zona.

La venganza de Illua no se hizo esperar, y rápidamente sesgó el apéndice de la planta que cayó al suelo como antes había hecho el anterior. La frente de Illua era surcada por grandes gotas de sudor, y su vista estaba nublada, pero aun así no se rendiría. Empezó a toser de nuevo, pero tras unos momentos de recuperarse volvió a dirigir su furiosa mirada al cuerpo de la bestia, la cual ahora, tras los varios daños sufridos empezó a retroceder hacia las paredes, intentando huir. Pero era tarde, ya había desatado la rabia de la duelista, y esta lanzó un implacable tajo a su cuerpo, cortando de raíz varios tentáculos más. La esfera se movía junto a ella, y, en cuanto estuvo al lado de la criatura, esta quedó atrapada. La explicación era que en el interior de ese perímetro el tiempo iba bastante más despacio que en el exterior, a excepción de para la cronomante. Y al haber introducido parte de su cuerpo en el radio de acción, la bestia había quedado anclada al conjuro, costándole considerablemente retroceder.
Pero pronto su agonía sería interceptada, cuando la espada oriental de la duelista se introdujo en su piel, y con un movimiento de brazo hizo y corte brutal, desparramando su sangre y varios órganos por el suelo mientras la criatura moría.

Illua miró el cuerpo de aquella cosa, y se desplomó sobre el suelo. Aquel gas toxico que había inhalado le había debilitado bastante, pero poco a poco iba disipándose su efecto. Pero hasta que se hubo recuperado pasaron un par de minutos. Pero en cuanto estuvo recuperada se levantó, llevándose la zurda a su frente, aun estaba algo mareada, pero podía ver y respirar bien. Con tranquilidad se levantó y miró a su oso. No le había ordenado atacar pues conocía que el efecto de su silbato se agotaba más rápido si le pedía ayuda para combatir, y eso era solo el principio, quería reservarse aquel as por si lo necesitaba más adelante. Ziggo y Shashmuern podrían haberla ayudado, pero no creyó que pudiesen haber hecho demasiado. El miasma de Ziggo no creyó que fuese muy útil contra una planta que también se valía de gases. Y Shashmuern y su fantasmal cuerpo no era del todo útil. Pero no importaba, estaba bien, había salido de esa ella sola. No había sido el combate más difícil que había tenido que enfrentar.

Cruzó la sala hasta la puerta, y la atravesó, llegando a una inmensa sala principal. Habían varias puertas, pero se encontraban a gran altura… Era la planta baja, en lo alto, sobre un enorme balcón estaban las puertas. Parecía que no tenía salida, pero la inteligencia no era saber sumar o restar, si no ver salidas donde otros solo veían un callejón cerrado.
La duelista llamó a su espectro, y este emergió del suelo donde se proyectaba su sombra, pareciendo así que esta había tomado vida propia. Con un gesto de servidumbre hizo saber a su dueña que estaba listo para acatar las órdenes.

-Shashmuern… Préstame tu cuerpo…-Dijo fríamente la mujer, alargando su mano hacia su mascota, que le respondió con el mismo gesto, y en cuanto sus manos se tocaron un resplandor blanco los envolvió a ambos. Solo duró un segundo, pero en cuanto se hubo retirado, Illua ya no estaba, solo quedaba el espectro. Este empezó a ascender, aprovechando su capacidad de flotación para subir al balcón.-Una pared hacerme frente a mi…

Sin esperar un momento más, miraron los caminos que se abrían ante ellos ¿Qué opción tomar? Habían cuatro caminos, y todos parecían exactamente iguales. Decidió continuar por el camino que estaba más a la izquierda. Pero antes de hacerlo, se separaron de nuevo. Shashmuern volvió a envolverse en la blanquecina luz, tras la cual apareció de nuevo la duelista, y el espectro se hundió en el suelo para continuar acompañando a su señora desde el subsuelo.


Mientras, la condesa continuaba avanzando por el pasillo que habían encontrado al atravesar la puerta de la habitación en la que habían luchado contra las estatuas guardianas.
No parecía haber nada en aquel lugar, solo un largo pasillo poblado de antorchas que permitían ver en la oscuridad del templo. Pero la descuidada vampiresa no se percataba de algo muy evidente… Si el templo estaba abandonado desde hacía tanto tiempo… ¿Cómo era que el pasillo estaba lleno de ardientes teas?

Sin percatarse ni darle importancia a ese relevante detalle continuó su avance por el corredor. No había nadie en ese lugar, estaba abandonado. Pero la magia cubría cada parte de esa zona, había detectado que habían intrusos en el lugar, y se habían activado las trampas. Ese lugar era una prisión. Encerraba un gran poder, y aquel que desease obtenerlo debería superar las pruebas. Se suponía que el templo estaba preparado para tener un nivel de dificultad creciente, que con forme se fuese avanzando fuese más difícil, pero por desgracia, los constructores de aquel lugar no pensaron en que alguien pudiese caer directamente a las plantas bajas.

Tras un rato de caminar por el lugar, la condesa y su siervo llegaron ante una puerta, y al abrirla se encontraron en una enorme habitación. Estaba en mucho mejor estado que todo el resto del templo. Sus paredes estaban decoradas con múltiples grabados y pinturas. Al fondo había un altar fabricado de oro mismo. Era el centro del templo…
La condesa sonrió de una manera demente, avanzando hacia el altar a toda velocidad, sin preocuparse de lo que podía suceder por hacer aquello. Pero de pronto, pisó algo. Una piedra se deslizó bajo su pie, y repentinamente, el altar se sumergió en las rocas del suelo del templo, desapareciendo y haciendo que la vampiresa se parase en seco… Un rugido cortó el aire, y el suelo retumbó… La pared que estaba detrás del altar se vino abajo, y unos ojos rojos aparecieron en la oscuridad que se veía tras ella…
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Re: Tratos Con La Condesa (Tercera Parte)

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