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Visita Nocturna

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Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Miér Nov 16, 2011 12:32 pm

“Busco guardaespaldas para mi hija Mehenii, quien pasará la noche en el antiguo cementerio de la familia Zscur. Aquellos que se muestren interesados, acudan a la mansión del Conde Inhu’us.
Firmado y sellado: Inhu’us Zscur.”

Ese papel, impreso en decenas y repartido por Amm’onh –pequeño pueblo en Efrinder, cercano al bosque maldito- estaba en cada paso que dabas. Pegado en las paredes, volando por el aire y tirado y mojado en el suelo pedregoso. Nadie prestaba atención a aquel papel, algunos curiosos lo leían y lo dejaban pasar, o lo regresaban al suelo con la indiferencia más exacta. El papel estaba impreso en una rudimentaria máquina -lo que explicaba su reducido número- y firmado a mano, cada uno, por el puño y letra del mismísimo Conde de Amm'onh.

Hay que dar las razones por las que nadie prestaba atención a estos papeles: Y estas son que la familia Zscur no era muy bien vista entre los habitantes más jovenes de Amm’onh, pues el Conde –aunque buen gobernador y elocuente persona- se había ganado una fama muy mal vista. Algunos decían que se había dedicado a las artes oscuras e investigaba con transmutaciones humanas –hechos enteramente nacidos de los rumores sobre la extraña muerte de su esposa, y su hija supuestamente fallecida-, otros decían que dedicaba su vida no sólo a las artes oscuras, sino que la había encomendado a los demonios y a los diablos, y que de ahí venían sus riquezas inacabables.

Todos estos rumores comunmente nacían en las tabernas con conversaciones de ebrios, que empezaban como una broma estando sobrios y terminaban siendo verdades absolutas, un vez que todos estaban completamente ebrios y con falta de sesos. Pero siempre se ocupaban de que alguien medio cuerdo las creyera y pudiera recordarlas al dia siguiente, con preguntas como "¿Y de lo de ayer... de veras crees qué...?" E infinitos rumores más que nacían por simples historias inventadas.

Fueran mentira o verdad, la historia es que la familia Zscur fue por generaciones la dirigente de Amm’onh y Rodh’onh, pueblos cercanos y hermanos. A ambos, hacía siglos, el primero de los Zscurs los había fundado para una pequeña caravana de personas sin hogar y con el tiempo se habían ido sumando más sinhogar y las familias fueron creciendo hasta poblar por completo ambos pueblos. Aunque eran pequeños, Amm’onh era un nombre conocido entre los habitantes de Efrinder, pues la historia de su fundación era una muestra de valores humanos que pocos estaban dispuestos a demostrar. Además, las noticias siempre las hacían circular los mismos pobladores: Los habitantes de Amm'onh eran dedicados a la pesca, y tenían una fama bien ganada por esta, pues en su parte del arroyo habían bancos estacionarios de pequeños Yuiines, pequeños peces plaga que encantaban como comida. Y por su parte, Rodh'onh era famosa por sus artistas ambulantes y sus famosos artesanos, que trabajaban la madera y la dura calabaza curada.

Otra de las causas de los malos rumores, era el cementerio familiar: Era extrañísimo que un cementerio estuviese cerca del Bosque –como le decían en esos pueblos- “Muerto”. Había muchas historias de niños que entraban a jugar al bosque, y que nunca más salían, o bien encontraban el cuerpo del pequeño ya sin vida, flotando y siendo traído por el pequeño arroyo Ymjhan. Pero los más ancianos sabían –por historias de sus abuelos- que el viejo Alesth Zscur, el fundador de los pueblos, había elegido ese lugar para su profundo descanso cuando muriese, ya que en aquellos tiempos aún no se sabía de la maldición del bosque, y en aquellos años, era un sitio hermoso y coronado por bellísimas plantas. Los más viejos, ignorados en los días presentes, trataban de inculcar a sus nietos el respeto hacia la familia Zscur, como ellos habían aprendido de sus padres, pero la verdad es que era difícil que los niños creyeran todas esas historias del pasado, pues para empezar, poco creían en la cordura de los ancianos.

La mansión de los Zscur quedaba nada más y nada menos que en los límites exteriores de Amm’ohn, cerca del arroyo Ymjhan, que conecta a su vez, del otro lado de este y a varios kilómetros, con el pueblo hermano. Así pues, la mansión de esta familia es como un conector situado entre el medio de ambos pueblos, así las noticias del uno hacia el otro, siempre pasan por oídos de los Zscurs; y así también el Conde se mantiene bien informado de lo que pasa en ambos pueblos y los mantiene tratando de solucionar los problemas que surgan en el menor tiempo posible.

Aquella tarde –pues hay que decir que el reloj de sol en la plaza central aún no marcaría más de las cinco de la tarde-, Giovanni había llegado al pueblo sin un rumbo y sin más dinero en los bolsillos. Las noches anteriores había hecho luna llena, y, sin poder controlar a la bestia dentro de él, perdió todo rastro de inteligencia y se dio al instinto de la cacería.
Desorientado y aún con un cierto gusto a carne cruda en la boca, recogió uno de los papeles que recién había sido pisado por un hombre gordo de cincuentaytantos años, y lo leyó profundamente.
El trabajo significaba plata segura. Y eso era lo único que le importaba.


Última edición por Giovanni Da Vie el Jue Nov 17, 2011 2:29 am, editado 1 vez


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Haseo el Miér Nov 16, 2011 4:26 pm

Tiempo ya había pasado desde que salió de aquel desierto, en las afueras del mismo yacían muchos arboles, que poco a poco se acercaban, dando a conocer un bosque gigantesco, el joven ya no sabia hacia donde ir, había sido guiado por Aida, no sentía los mismo sentimientos de antes, ya era algo que le favorecía en muchas maneras, si tan solo la escuchaba, siempre estaba allí, guiándolo, aunque algunas veces no le escuchaba, ella sabia todas las respuestas, aunque le era difícil de admitir, casi le agradaba estar con ella.

Ya había permanecido un par de días en el bosque, deambulando como una sombra, atacando a cualquier enemigo visible que intentase detener su paso, quizás tomando un poco de carne y cocinándola para satisfacer ciertas necesidades que cualquiera debería sentir, el chico tomo su sus armas en todo momento, ya que era observado por miles de ojos invisibles, quizás nativos, o tal vez criaturas mucho mas obscuras que un abismo, ocultas entre sombras inherentes y poco reconocibles. El chico no tenia mas remedio que tomar esa situación de vivir en e bosque un poco mas enserio, ya la comida era escasa, puesto que la mayoría de los monstruos que allí habitan tienen su sangre envenenada por protección, casi todos morían por comerse los cuerpos descompuestos de las mismas.

Ya, el destino le había jugado jugarretas, como despertar en un desierto extraño y buscas una salida, con una voz en su cabeza, casi pasar de hambre en un bosque, era una de ellas ciertamente, al tercer día en el bosque, llegó hacia un claro donde habían algunos esqueletos pequeños, -pigmeos nativos- pensó sin dudar, pero al acercarse pudo notar un pequeño niño ya casi descompuesto, sin remordimiento reviso al chico en busca de algo útil - El quizás ya no lo necesite donde esta ahora- encontrando algunas monedas de poco valor y ciertas piedras brillantes que los chicos curiosos siempre les gusta tomar, Haseo tomo aquella pertenencia y no se molesto en enterrar al chico, ya que no le importaba que pasara con su cuerpo, pensó vagamente - Donde hay cuerpos, hay una ciudad cerca, ¿crees lo mismo Aida?- a lo que la voz desde su interior responde con fuerza - Sigue unos 5 kilómetros al frente y quizás encuentres algo, pero eso si chico, encontraras peligro, una profecía, que requiriera sacrificios, quizás hasta tu muerte- el chico riendo maliciosamente -Mi vida no importa, simplemente que haré con ella antes de morir-

Dispuesto a todo el chico siguió su camino, encontrándose con mas cuerpos de animales sea lo que sea que los estaba matando sin piedad, no se detenía aunque sea por un segundo, cosa que en realidad no era de su incumbencia, el solo quería dormir en una cama y seguir vagando por el mundo, buscando su propósito; Una hora después ya un poco cansado de tanta caminada que había durado al menos 4 días, el chico decidió detenerse algo impresionado por lo que vio, una ciudad en medio del bosque, lugar perfecto, para una posada con buena comida, pero antes, necesitaba algo de dinero para su cometido, en su travesia del desierto ya había visto algo similar a lo que le acababa de pasar por su mente -¿robar?- pensó, a lo que su voz le replica - Robar es de cobardes, el dinero que se gana es mas limpio - el chico saco una pequeña carcajada sarcástica, para luego responderle entre pausas - ¿Cobardía? Si hasta el niño mas pequeño roba para sobrevivir… ¿lo recuerdas?, la miserable existencia de sus padres que le dieron la vida, el duro castigo que pasaron, para… ¿convertirse en viles ladrones cobardes? Deberías definir esa palabra mejor- cortando toda frase que posible saldría, el chico cerro la boca, ya no soportaba hablar de la miserable humanidad que había conocido después de despertar, la voz se quedo callada puesto que el tenia la razón dándosela con un silencio que apaciguaba la mente del joven, ya decidido entro a la ciudad pasando a los vagos guardias que no parecían estar atentos de no mas que monstruos y no de los visitantes de la misma, la cual estaba llena de papeles de extraña procedencia, sabia leer, eso era seguro, ya que reconoció cada palabra que allí decía, el folleto tenia escrito.

“Busco guardaespaldas para mi hija Mehenii, quien pasará la noche en el antiguo cementerio de la familia Zscur. Aquellos que se muestren interesados, acudan a la mansión del Conde Inhu’us.
Firmado y sellado: Inhu’us Zscur.”

El chico sonrió diciendo en voz baja - Al parecer ya no tengo que robar- a lo que arrugo el papel, debía ir al cementerio ya que no tenia dinero, quizás pagarían bien y si no se largaría dejando atrás cualquier tipo de contacto con esa maldita ciudad de una vez por todas, eran como las 3 o 5, el no tenia noción del tiempo, para el la mañana era igual a la tarde, por eso pregunto ciertas direcciones para ver si alguien le indicaba donde quedaba, pero temerosos los aldeanos se rehusaban responderle, esto le frustro a tal punto que se escondió entre sombras en un pequeño pasillo y tomo desde la calle a un joven de no mas de 20 años, azotándolo contra la pared le dijo agresivamente mirándole a los ojos furioso - Mira chico, si gritas te mato, si intentas escapar te mato, solo quiero información Dime donde esta la mansión del Conde Inhu’us o no querrás verme molesto- a lo que el chico casi muerto del miedo le contesta - Po.. Po… Por allí señor…- Haseo bajo al chico y como si no hubiese hecho nada siguió su camino dándole la espalda, a lo lejos quizás se pudo escuchar un gracias, pero el joven asustado vagamente la escucho.









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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Jue Nov 17, 2011 1:40 am

Su ideal de trabajo era siempre lo oculto, la matanza y los asesinatos con estilo y sigilo, como todo un profesional bien entrenado en el arte de la sorpresa nocturna. Sin embargo, uno de sus peores pecados era la avaricia, y haría prácticamente cualquier cosa por ganar más dinero; y entre más grande fuera la paga más entretenido solía ser el trabajo.
Recordó su último contrato: Dos mil coronas repartidas entre cuatro, al final no había sido una paga jugosa, pero el trabajo había sido divertido, sí, así que no podía quejarse de muchas cosas. Ese era su modo de vida, y eso le llevaba la diversión; cada contrato era como si le regalaran un juguete nuevo a un niño, le hacía feliz.

Se dirigió a una taberna local, sitio fácil de encontrar por el ruido que emitían los borrachos tratando de cantar, o bien insultándose entre sí e incluso contando sus malas vidas. Entró para sentir la reacción común: Se hizo el silencio, viendo a tal enmascarado totalmente de negro, y con una extraña máscara con forma de ave… De un cuervo. Incluso los más ebrios guardaron silencio, sintiendo un escalofrío en su espalda.
Giovanni se levantó la máscara, dejándola sobre su cabello y al mismo tiempo dejando libre su rostro para que fuera visible. Se acercó hasta la barra, entre los nuevos murmullos de curiosidad de hombres con pocas pelotas como para poder levantarse.
-La mansión Zscur ¿Dónde está? –preguntó sin simpatía, golpeando en la barra cuatro monedas de oro puro, victoria de sus últimas hazañas.
-E…Está… Cerca del arroyo… Hacia el norte. Es… es grande, la encontrarás de inmediato.

Da Vie regresó la máscara a su lugar, calándose los cintos de cuero por detrás de la nuca para que quedara bien acomodada a su rostro, y se dio vuelta para quedar mirando a la puerta… Aunque un ebrio, que examinaba a detalle la máscara, se le puso delante y golpeó una jarra llena de cerveza contra una mesa cercana.
-¡Marica! Quítate esa máscara, sólo demuestras lo marica que er…
La frase quedó en el aire; en un solo movimiento Giovanni había tomado el mango de su machete y lo blandía frente de sí con ambas manos; le amenazó con una mirada a los ojos, que el borracho sólo reconoció como cristalinas fosas transparentes, que dejaban ver apenas un pequeño punto rojo brillante.
-¿Te ofreces a que te quite la cara con esto?
El borracho refunfuñó y se volvió a sentar en su lugar con la cabeza cabizbaja. Y entre dientes y dándole la espalda, sólo acertó a murmurar “Si trabajarás para los Zscur, eres escoria y basura…”


Haseo había conseguido de buena manera una información que se le negaba por todos lados; no por odio al recién llegado, sino por un recelo entre los habitantes más jóvenes de la ciudad, de aquellos que no conocían la historia de su mismo pueblo y que creían que los Zscur habían llegado hace dos días, se habían hecho los importantes, y no eran más que personas malditas.
Siguió el camino que le habían marcado, hasta encontrar un arroyo con la corriente hacia el sur; tan transparente que podían mirarse las piedras que estaban bajo el agua.
Lo siguió hacia el norte, tal cual las indicaciones del asustado muchacho, y en menos de diez minutos de viaje encontró de frente una mansión casi completamente entrada en el bosque, cubierta por doquier de enormes árboles que hacía años no se habían podado.

Aunque la arquitectura de la edificación revelara un estilo rústico y viejo, se mostraban notorias mejoras a la fachada, pues estaba detallada con madera y nuevos materiales y técnicas que traían de Loc-Lac, donde todos hablaban de todos. Aparentaba bien más de doscientos años de estar en pie, y nunca se le habían hecho mejores a su tamaño, sólo se había retocado la fachada cuando era necesario, pues había situaciones en que el mal tiempo o algunos problemas habían hecho que las tablas se pudrieran o rompieran.


Si tocase la puerta sería invitado a entrar por un mayordomo joven, ataviado en trajes de corte novíssimo, revelando el gusto del dueño de la mansión. El mismo preguntaría su nombre y el motivo de su visita, pero no le llevaría con el Conde. Lo dejaría entrar hasta una enorme sala de estar, coronada en su sitio principal por un harpa con detalles oscuros, y un piano que como contrapeso presumía tintes blancos y puros.




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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Haseo el Jue Nov 17, 2011 3:04 am

Haseo se dirigió hacia la dirección que el chico le había señalado, aunque, no le pregunto a que distancia llegaba, tan solo la dirección, supuso que no muy lejos, ya que quizás se lo hubiese advertido, paso un paisaje a lo que la gente común llamaría hermoso, cosa que ni le importo, solo siguió su camino, en su mente Aida le recordaba cada vez que se desviaba un poco, esta chica tenia un sentido de la orientación impecable y conocimientos acerca de las personas que pocos conocen; al cabo de unos 5 o 6 minutos caminando, Haseo, encontró tan anhelado lugar, una mansión grande, grotesca, mal arreglada, eso fue lo que pensó, a él no le gustaban aquellos sitios, por lo cual siempre criticaba sus estructuras, ya había visto muchos en su travesía por el desierto, se preguntaba a si mismo para que Aida le respondiera sin vacilar - ¿Por qué la gente con bienes debe exhibir sus riquezas con tan estúpidas mansiones?- Aida contestándole rápidamente con un tono algo fuerte - Para expresar que son mejores que los demás, son mejores personas, o quizás para auto compensación de lo que no tuvieron de niños, hay muchas razones, espero que tú no caigas en las mismas- Haseo asintió con una sonrisa muy orgullosa caminando lentamente hacia la puerta. Al golpearla un par de veces, una voz suave contesto - Allí voy- mientras se escuchaban pasos por todo el lugar, el piso era de madera, su olor era muy parecido al cedro u otra madera hallada en extraños lugares, curiosamente Haseo pudo reconocer su olor. Un joven de pelo negro con buena presencia y un traje elegante abrió la puerta, el chico le preguntó con un tono amable y conservador - ¿Qué desea caballero?- Haseo tomó de su bolsillo aquel singular papel, - Por esto- sin dar mas información de lo que debería darle a alguien que no fuese el que solicito el empleo, el mayordomo le miro, para luego invitarle a pasar, el vestíbulo como se le llamaba a la parte principal de la mansión contaba con un gran candelabro de cristal, alfombras costosas de piel de monstruos extraños, dos escaleras que se conectaban entre si hacia los dados 2 habitaciones que no se molesto en observar, continuando la conversación - ¿desea algo? ¿Comida, un baño, ropa limpia?- Haseo solo le contestó - Comida y un baño - el mayordomo le escolto hacia un cuarto de huéspedes que yacía hacia el ala izquierda de el vestíbulo.

Al llegar, el mayordomo abrió una habitación, quizás una de huéspedes o algo similar a ella, ya que era algo elegante para serlo, tenia una cama muy cómoda de seda recubriendo cada parte de la misma, una pequeña mesa-escritorio donde unos libros estaban colocados, además de una pequeña habitación que era el baño, toda la habitación iluminada por unas ventanillas que dejaban que la luz pasara tranquilamente, el mayordomo le dijo al chico - Espere unos minutos y le traeré un plato de comida-, Haseo asintiendo con la cabeza y decidió esperar.

Ya unos minutos después había llegado la comida, una pierna gigante de pollo, acompañada de algunos granos y otra jugosa pieza de carne de un animal extraño, el mayordomo se retiro para dejar al chico otra vez, pero esta vez definitivo, su ultimo comentario fue, - En un par de horas mi amo estará listo para recibirlo, tome su tiempo y lo vendré a buscar pronto- Haseo lo primero que hizo fue tomar aquellas grandes porciones de alimentos, desesperado, ya que no había comido en un día completo y el hambre ya le atormentaba desde que llego a esa ciudad, al cabo de unos minutos devoro cada pieza de aquel suculento plato, casi chupándose todo lo que allí veía, tomo un poco de agua y decidió darse un baño, ya que había pasado alrededor de 1 semana sin bañarse y ya su olor no le agradaba, su baño duro unos 10 minutos, ya limpio decidió vestirse nuevamente, para luego tomar una pequeña siesta, en ella pudo observar como un recuerdo le llegaba, un pequeño niño llorando, sentado en el suelo indignado con el cuerpo de un pequeño gato entre sus manos, mientras un extraño señor se acercaba hacia él, pudo sentir furia, ese sueño perturbo su calma y despertó bruscamente con lagrimas en los ojos también, ¿Acaso ese chico era él? O era una simple visión de alguien más, de un pasado lejano o de un futuro que pronto sucedería, al escuchar los pequeños llantos que ocultaba Haseo, Aida apareció en su mente - ¿Qué te pasa?, Primera vez que lloras mi Haseo, no te dejare sufrir mas- en un momento sus lagrimas dejaron de brotar y el mayordomo empezó a tocar la puerta - Señor, por favor el Amo esta listo para recibirlo, alístese y salga cuando pueda, que yo, lo escoltare-
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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Vie Nov 18, 2011 3:06 am

Avanzó por el riachuelo sin mucha preocupación, fijando la vista en el correr del agua que se dirigía en la dirección contraria en la que él estaba caminando, como si pretendiera huir de las fuentes que le daban su nacimiento.
Aquel arroyo había recibido su nombre por la señorita Imhee Ymjhan, esposa de Alesth Zscur. Cuando fundó el pueblo “regaló” –de forma metafórica- el riachuelo –que en aquellos años era mucho más profundo y grande- el arroyo a su mujer, y el pueblo, sabedor de esa historia, vio bien la idea del señor Alesth, así que empezó a llamarle “El arroyo Ymjhan”, para recordar siempre a la señorita. Sin embargo, este hecho se había hecho mucho más conocido y quedó grabado en la memoria de todos a fuego, cuando Imhee falleció ahogada entre las aguas del río, en un día que la lluvia hizo ensanchar su cauce hasta doblar su tamaño y fiereza.

Aunque ahora pocos supieran esa historia, el nombre del arroyo se recordaba con pavorosa exactitud y no había un solo habitante –ya fuera niño o anciano- que no conociera su nombre ni tampoco supiera pronunciarlo.
Giovanni andaba por el costado del arroyo, entre raíces de pasto que crecían como adorno al agua cristalina. En aquella hora, ya más cerca del atardecer –serían para entonces ya las seis de la tarde- el agua reflejaba con fiel belleza del alba, con sus aguas ahora anaranjadas producto del espejismo del sol.
Alzó la vista del agua cuando sus dimensiones ensancharon, y encontró árboles que empezaban a alzarse por aquí y por allá, creando así también un clima más fresco, y ahí, guardada entre las sombras de los árboles y teniendo hojas secas a modo de tapete, la mansión de los Zscur se alzaba soberbiamente.

La miró una y otra vez antes de siquiera seguir avanzando; los ricos tenían estilo, y ese era el tipo de estilo que le gustaba, donde adoraba pasar ratos de tranquilidad y relajación. Prefería mil veces estar en una mansión deleitando un suave vino tinto, que estar en la sucia taberna del pueblo, con un banco de madera medio roto que te mordía el culo y una cerveza de extraña y secreta fabricación.
Pero ese era un deseo que no podría permitirse hasta acabar con todo, incluida con la bestia que le estaba dominando en su interior. Aún no podía recordar mucho de lo que le había pasado, ni tampoco se podía terminar de quitar el gusto a la sangre que rondaba entre sus dientes y le recordaba sus pecados.
Se retiró la máscara para sujetarla con sólo la mano izquierda, mientras se acercaba al arroyo para recoger un poco de agua y llevársela a los labios; se limpió la boca de manera precaria y escupió hacia la tierra; el agua habíase tornado carmesí. Volvió a dar un gran trago y, limpiándose, se acercó al portal de la mansión y tocó la puerta, aún sin la máscara cubriendo su identidad; dejando que le presentasen su peculiar tatuaje y sus ojos rojos que hacían recordar sus pecados.

Esperó por menos de un minuto, pues en seguida estuvo frente a él un mayordomo joven que abrió las puertas de par en par y le miró al rostro sin temor, fijando la vista en él, aguantando su mirada desafiante.
-¿Desea algo el señor?
-Leí que ofrecen trabajo ¿Alguien ya lo ha tomado? En caso contrario, ofrezco mis servicios al señor.
-Debo responderle que sí, alguien ha sido invitado por el señor. Sin embargo, solo mi Amo decidirá a quien elegir, y aún no ha dado ninguna palabra. Si así lo desea, es bienvenido en la mansión hasta que El señor Zscur les pueda atender.

Su voz era como un templo: Inmóvil, suave y puro. No fingía una sola palabra, y todas ellas parecían verdades absolutas salidas de su elocuente boca.
Giovanni aceptó entrar y fue escoltado hasta un vestíbulo, donde se fijó de inmediato en un trío de instrumentos musicales que eran extraños y de los que solo había escuchado de juglares o ladrones que visitaban casas de personas ricas.
El primero era un arpa blanca y plateada, con hilos dorados y finísimos, como divinos cabellos de ángel. Tenía tallados diversos motivos, y como firma característica –lo dedujo de inmediato al verlo prácticamente en todos los lugares de la mansión- tenía una marca central: IZ.
El segundo instrumento era un enorme piano de cola, recubierto de una elegante pintura guinda que le hacía a veces ser similar al tono de las uvas. Y el tercero era un violín, pequeño y no por eso reducido en el trío. Era el que más destacaba de ellos, teniendo el mástil en madera revestida con detalles de baño de oro.
Imaginó por un segundo la sinfonía que se podría producir de aquel trío y quedó seducido por las melodías imaginarias de instrumentos que jamás en su vida había escuchado, pero de los que había sabido que sonaban dignos de historias de guerra épicas.

El mayordomo le dejó a solas por un segundo, para volver a estar a sus espaldas, con una bandeja de madera y una copa de cristal, acompañada de una botella de licor transparente y finos cortes de cordero, en un platillo que jamás creyó probar –tampoco era un apasionado de la cocina, pero es que el aroma del cordero era fácilmente reconocible para su nariz-.
Mediaron palabras, entre otras cosas, por indicaciones básicas y para informarle sobre el primer visitante, que hacía un par de horas se encontraba en la mansión y estaba esperando también por la llegada del señor. Giovanni comió y probó, para luego permanecer sentado frente al piano, admirando las purísimamente blancas teclas que lo componían, como ínfimos huesos que invitaban a ser acariciados.

En instantes, el mayordomo fue hasta un cuarto contiguo y esperó a que saliera un joven, ataviado en ropas extrañas –aunque nadie era Giovanni para juzgar eso-. Logró que un aire frio pisara la frente de Da Vie, pero no se dejaría vencer.
De las dos escaleras que daban al vestíbulo, por la izquierda, bajó un hombre de rasgos finos, con ropa tan cara como la vida de Da Vie y otros tantos juntos, y por la izquierda, una pantera negra que lo seguía con la mirada, hipnotizado en los movimientos de su amo. Ambos se detuvieron por completo al pie del último escalón y la pantera ronroneó suavemente, pasando la vista de Da Vie hacia Haseo.


-Ellos son los hombres que se presentan para el trabajo, mi señor.
-Muchas gracias Jhlem, puedes retirarte.
El mayordomo hizo una reverencia y caminó de espaldas hasta entrar en un cuarto aparte, sin volver a mostrarse.
-Ambos saben lo que hacen aquí ¿o me equivoco? Me alegra que alguien se haya interesado en el empleo, hay muchas personas que desconfían de nuestra familia, aunque yo únicamente esté velando por la seguridad de mi pequeña hija. Como sabrán, el trabajo consiste en protegerla por toda esta noche, ya que irá a visitar la tumba de su difunta madre, y no quiero que nada le pasase ¿Tienen alguna pregunta? Si no es así… Partirán en cuanto mi niña esté preparada. Ella viajará en un carro tirado por un caballo, deberán escoltarla. Por desgracia no tengo caballos para vosotros, pero confío en que eso no sea un impedimento pra vocês –pronunció la última parte con un tono extraño-. Os pagaré en cuanto la traigan de vuelta, mañana al amanecer. Si no hay más… Pueden esperar afuera, ella saldrá en cualquier momento; si hay algo que haga falta decirme, háganlo ahora por favor.


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Haseo el Sáb Nov 19, 2011 3:05 am

El mayordomo escolto al joven de nuevo al vestíbulo, donde otro sujeto yacía, con ropajes extraños, este no le importo, puesto que aun no sabia que clase de mundo era este, desde que despertó ya se había imaginado lo demás, miseria, desesperación, impotencia, tristeza, la amabilidad era algo que solo pocos podrían tener, un don otorgado desde lo mas alto, ¿un dios?, ¿varios dioses? O un simple juego del azar, ciertamente, era algo que aun tenia que averiguar, en cada lugar, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada rincón, debía buscar, para que, algún día pudiese encontrar sus memorias o al menos una razón para vivir sin ellas en ese maldito mundo; otra cosa que no lo dejaba pensar, era ese chico sentado en sus piernas y aquel gato que sostenía, el hombre que con ropajes elegante lo tomaba, ¿Qué destino habrá tenido aquel animal, pronto lo tenia que averiguar. Ya afuera de su habitación temporal, aseado y listo para empezar, pudo notar que un elegante hombre de piel blanca, ropajes elegantes y cabellos largos los recibió en aquella habitación, junto con una pantera a su lado, como si de un pequeño gatito se tratase, este con voz seguro les dijo que escoltaran a su hija hacia el cementerio, quería que llegara en una pieza mañana en la mañana y que de allí les pagarían buen dinero, era algo que no podía rechazar, otra cosa que el joven había aprendido es que no se podía desperdiciar oportunidades, deduciendo cada acción que había tomado hasta hora, quizás el destino le interponía situaciones de dia a día, ocupándose de él otorgándole poco a poco un propósito , una razón por la cual vivir la mísera vida que había llevado hasta ahora; Luego el caballero algo distante, dijo que si tenían preguntas, el chico sin muchas palabra sin dudas le dijo con voz atenuante y segura - Preparen todo y empecemos- mirando al elegante caballero a los ojos, buscando alguna debilidad, alguna mentira entre comentarios, algo que lo llevase a deducir el porque de su trabajo y comportamiento tan sublime, el chico hizo una reverencia con su cabeza, hipócritamente dándosela es seguro, pero a él no le importaba, solo quería irse y seguir con su camino, el joven miro al otro sujeto que había llegado, sin ninguna razón aparente, ya que no la necesitaba, para luego retirarse.

Ya fuera, espero a que la misteriosa chica, cuyas características no habían sido descritas apareciera, espero un poco y ya impaciente se coloco cerca de un árbol, descansando un poco, pero aun atento de su alrededor, era seguro que habría algo peligroso, pero ¿Qué es de esta vida sin peligros ni aventuras? Cerro los ojos lentamente, impulsándose hacia un sueño de nuevo, la misma imagen surgió, dando a conocer los rostros de las personas que estaban en la misma, un pequeño niño que tenia la apariencia de él tomando un poco de leche en sus manos alimentando a aquel gato desnutrido, vio una sonrisa en su mismo rostro, -¿risa?- pensó extrañado, y no faltaba aquel sujeto de nuevo, arrebatándole de las manos su felicidad, como si de un chiste se tratase, Haseo grito con fuerza pero no fue escuchado por nadie, solo las lagrimas de un niño se podía ver en aquel paisaje, el sujeto abrió una puerta y lanzo el pequeño gato hacia un arroyo cercano, el pequeño niño aun lloraba, pero se levanto fuerte y dispuesto a asesinar a cualquiera, pero, no lo hizo, corrió, como si nada hacia afuera, quizás escapando o tal vez en busca de algo que pudiese llenar ese vacío en su corazón, o un alguien que le ayudara a encontrarlo; pronto el chico despertó ya había conseguido parte de sus memorias, poco a poco se iban revelando por ocasiones, dando a conocer el porque de un extraño sufrimiento que le carcomia su interior, si él mismo nació en ese extraño lugar, quizás el alma de aquel pequeño gato tenia que encontrarlo, debía encontrarlo, no sabia como, ni donde, peor estaba seguro que él destino conspiraría para que así fuera. Ya descansado el chico se acerco a los caballos que estaban alistando, esperando que la joven apareciera y asi escoltarla, pero antes decidio como mania afilar sus dagas , busco un lugar donde pudiese afilarlas cosa que no tardo ya que como cualquier mansión detrás se encontraban los establos y una pequeña forja para las herraduras de los caballos, vio un herrero ya avanzado de edad , sin camisa, de color mestizo y barba muy larga y muy difícilmente converso con él - ¿Tiene algo para afilar? - a lo que el herrero contesto refunfuñante y malhumorado - Allí, no toques nada o te clavare este martillo en tu cabeza mocoso - Haseo sin hacer caso omiso fue a la rueda giratoria que usualmente usaban en casi todas partes, ya lo había visto en algunas colonias del desierto, Afilo rápidamente las cuchillas mayores y dejo las pequeñas desgarradoras como estaban , sin agradecer al herrero regreso hacia el puesto de caballos, aun observando la falta de la presencia de la chica, cosa que le molesto, pero, seguía esperando algo fiel al trabajo para el cual s ele había contratado.
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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Sáb Nov 19, 2011 12:50 pm

Gio observaba y atendía a las instrucciones que se les estaban dando; maldecía por la existencia de un compañero para el trabajo… Y más aún al saber que este parecía un niño, aunque le agradó que fuera tan reservado como él, sin embargo, no todo se medía en el silencio. Era importante no decir idioteces, sí, pero también era inteligente saber qué exactamente tenían que hacer.
-¿De qué tenemos que protegerla?
El Conde agachó la vista por un segundo, aún caminando y acompañando a los hombres hacia fuera de la mansión. Al abrir la puerta, frente a las escaleras, se encontraba ya un carromato tirado por dos caballos, sin ningún conductor en él, y con las puertas abiertas mostrando un exquisito adorno de reyes, con telas rojizas y bordadas en dorado oro. Su gato también refunfuñó.
-Desde hace poco tiempo… Bueno, desde los tiempos de mi padre y mi abuelo, se cuenta que este bosque está maldito; dicen que allí moran las peores criaturas que alguien pueda imaginarse en pesadillas. Por suerte, el área donde está nuestro cementerio es de las más “puras”; así que no deberían tener mayores complicaciones. Sin embargo, comprenderán que teniendo estas historias, no dejaría a Mehenii pasar sola la noche.

Gio asintió y terminó de salir, revisó el carromato y se decidió por depositar dentro de este su arco y carcaj, pidiendo permiso para aquello. Según les informó, en el pueblo no había nadie que quisiera hacer ese trabajo, y conductores para el carro era igual de imposible conseguir. Así que deberían desempeñar ese papel también, aunque sería más sencillo, los caballos de la mansión eran domados por uno de los hombres mejor capacitados para ello, y en especial los dos que llevaban eran absolutamente dóciles, así que no les presentaría problemas el trabajo. Viendo que el otro sujeto desaparecía, Giovanni supo de inmediato que aquel puesto de conductor le pertenecería a él.
Se acercó a los caballos y los acarició con recelo; no era fácil para él mostrar carió, y aquel acto era únicamente para que los caballos se acostumbrasen a su aroma y no les pareciera extraño, a fin de cuentas, no sólo despedía aroma de humano, sino que también apestaba a lobo, aunque los humanos no lo percibieran.

Esperó junto a los caballos, seguido por la mirada del Conde que no paraba de mirarlo. Ni siquiera les había pedido los nombres, y no les había preguntado más nada sobre ellos. Para Gio, eso era o un exceso de confianza que se paga con la vida, o un intento malo de meterlo en problemas. Sin embargo, dejar a sus manos la vida de su hija, era como su boleto de salida. Si algo pasaba, se podía cargar a la niña y joderle el plan al Conde.
Da Vie se había percatado –hasta entonces- la desaparición del otro contratado pero no le dio mayor importancia. Por ahora solamente esperaba a la chica… Que justamente salió, mientras el otro aparecía por la parte trasera de la mansión:


Besó en la mejilla a su padre al pasar a su costado, y acarició la cabeza de la pantera, que parecía un gatito indefenso entre sus caricias. Inmediatamente miró hacia el carro, y dirigió una mirada de extrañeza hacia los guardaespaldas.
-¿Som vocês aquelos que me protegem? –preguntó en un idioma que no era el noherense, pero era muy apegado a este. Giovanni asintió casi de inmediato.
-Soy Giovanni Da Vie, contratado por su padre, el Conde, para traerla de vuelta sana y salva.
La niña asintió y sonrió levemente, subiendo al carro y cerrando consigo la puerta de madera.
El Conde hizo un amago de despedida hacia una ventana de cristal que le permitía ver a su hija dentro del carro, y miró a ambos guardaespaldas:
-Os dejo su vida en vuestras manos. Confío en ustedes.

Giovanni subió al asiento del conductor, un asiento amplio para al menos dos personas; y único lugar donde podía entrar alguna más, a menos que quisiera ir a pie o subirse en el techo del carro.
Tomó las riendas suavemente y volteó a buscar a su compañero.
-¿Subirás?

***

El camino era difícil en tanto que el terreno era muy desigual, y para andar en un carro, eso era increíblemente incómodo. Daba saltos cada dos por tres, y aunque las primeras veces pedía perdón a la niña, las últimas solo se escuchaban un intento de exhalación para pedir perdón, y otro más corto como respuesta.
Era ya de noche, y prácticamente no se atinaba a ver nada de no ser por las dos antorchas de fuego griego que portaba el mismo carromato, sorteaban el camino entre una vereda marcada en el pasto, que seguramente llegaría en su otra punta al cementerio. No medió palabra con la chica, y algunas veces respondió a lo que el otro le preguntaba, aunque esto fuera prácticamente menos que con la otra mujer.
No sabían a cuánto tiempo quedaba el cementerio, y no tenía intención siquiera de preguntarle a la mujer.
-¿Cómo llegaste a…? –empezó a preguntarle a su compañero, pero se calló a sí mismo y sugirió lo mismo a él. Los caballos habían parado de improviso y, aunque ya habían vuelto sobre la marcha, se les notaba inquieto y nervioso. Aunque el olfato de Gio captase el aroma de los pétalos de rosa, un ligero aroma a sangre le podía llegar hasta las venas.
-Estate preparado… Parece que algo nos sigue.

Fue pasar menos de un minuto para que al costado de ellos, uno de cada lado, surgiesen criaturas con la piel pálida y con una silueta parecida a la de un humano. Los diferenciaban algunas cosas particulares:
Iban desnudos, completamente. Tenían cuatro brillantes ojos blancuzcos y su rasgo más distintivo: Tenían una bolsa de membrana en la espalda, que dejaba ver un pútrido color carmesí, que se conectaba con una tripa que le subía hacia la nuca, se la atravesaba hasta la frente y allí daba nacimiento a un extraño “aguijón”.


No mostraban ningún signo de humanidad ni civilización, y Gio ni siquiera intentó buscarlo. Suavemente amarró las riendas al asiento y llevó su mano hacia el machete que aún reposaba en su espalda, buscando un camino para saltar fuera del carro. Las bestias parecían examinarlos con sus ojos, y se quedaban largo rato mirando las luces del fuego. Por un segundo creyó haberse equivocado, y empezó a pensar que aquellas criaturas eran dóciles, al menos con los humanos. Pero la voz de la damisela los hizo reaccionar:
-¿Qué ocurre allá fuera…?

Eso fue como una alarma para ellos, una invitación a atacarlos; pues se intentaron abalanzar sobre el carromato, mostrando unas largas pezuñas a modo de uñas, dispuestas a desgarrar a aquel que les impidiera llegar a su presa.


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Haseo el Sáb Nov 19, 2011 6:53 pm

Casi inmediatamente, la chica apareció, era hermosa, quizás aun mas que las chicas del desierto, pero otra semilla podrida que opacaba la felicidad del mundo podría ser también, los hijos de ricos, siempre nacen con mucha avaricia, no solo de dinero, sino de sentimientos, emociones, lo quieren todo, soltó unas palabras en un idioma extraño, aunque Haseo conocía gran parte de los mismo, no tenia conocimiento de aquel, solo cerro los ojos y bajo un tanto la cabeza, para luego mirar a la chica -Soy Haseo, haré todo lo posible para protegerla, señorita - pudo observar como la chica mirando a ambos sonrió, como si sintiera la confianza de esas palabras, en ese momento de nuevo la voz de su interior salió hacia la luz, el tiempo se detuvo un poco, o quizás el chico lo miraba como si así, fuese, la mujer hablo nuevamente diciéndole -Veo que has descubierto una parte de tus memorias, yo también pude verlas, pero, ten cuidado, que no te opaque esta de tu deber, siento peligro en esta aventura, creo que tu también, protege a la chica, te servirá en algún momento, ya veras- desvaneciéndose, se pudo escuchar como la voz inocentemente reía entre sombras; el tiempo se había normalizado y toda esas palabra son habían ocupado ningún tiempo entre su misión, aun estaba mirando al conde y este no había dicho nada. Luego de que el conde regresara a su casa, viendo un por la ventana, algo inseguro quizás de sus protectores, pero confiado de que harían su trabajo.

El joven pensó, como iría hasta su destino, ¿a píe?, se quejo un momento pero todo ese tiempo en la selva le habían dado algo de experiencia en caminatas por asi decirlo, justo antes de avanzar el otro sujeto sin ninguna importancia, ni siquiera expresión tal vez sin motivo alguno, de no mas de terminar el trabajo, le otorgo un lugar a su lado en el carruaje, al chico no le importaba mucho por lo cual decidió aceptar su oferta, ayudado por una pequeña escalera subió esperando que no hubiese conversación y si así fuera que fuese acerca del trabajo o peligro latente, ya que a él no le gustaba conversar, pero eso sí, lo haría alguna vez, ya que por si, este era un tanto elocuente con sus palabras.


Ya habían pasado unos tantos minutos y el chico estaba ya cansado de tanto movimiento en aquella vereda, esta, no era mas que rocas molestas, impacientando e incomodándolo mucho mas de lo que ya estaba, la noche muy obscura quitaban la visión del terreno, haciendo difícil la percepción de posibles enemigos, en ese momento el silencio fue molestado por su compañero, dando a conocer palabras cortadas, este le miro, observándole con curiosidad, sin embargo le respondió ya que como había dicho antes, cada conocido haría que su destino se completara y ¿Quién sabe? Hasta podrían ser algo que asquerosamente él llamaba “Amigos”, -No tengo memorias, simplemente las busco, vine del desierto, ese siempre será mi lugar de origen hasta que lo encuentre.-¿era posible? El chico había revelado información, no le incomodo en lo absoluto, pero antes de preguntarse el porque lo había dicho, los caballos se detuvieron, y Aida rápidamente dando a conocer su presencia dijo -Peligro, mira a tu derecha- su compañero, también lo había dicho después, Haseo tomo sus dagas que jamas dejaba en un lugar incomodo, siempre las tenia en manos o en su espalda, y bajo del carruaje rápidamente , para interceptar a su enemigo y que no atacase el carruaje , Haseo pudo ver una criatura muy deforme, dando a conocer rastros humanos quizás desechos de magia obscura pensó, el chico acerco las dagas a los costados esperando la oportunidad perfecta para atacarle , pero, la estúpida chica hablo, ¿Por qué había hablado?, casi podía eliminar a la bestia sin que ella diera su posicion exacta, porque tan solo eran estúpidas cosas deformes, que rápidamente cambio la dirección de su ataque para ir tras la chica, al parecer ese era su objetivo, no se preocupo por su compañero, puesto que parecía algo fuerte y no creía que lo eliminaran tan rápido, el chico tomo posición de ataque y cuando la cosa se le acerco mas y mas hacia el carruaje giro a la derecha desgarrando parte del brazo de la criatura, esta molesta lanzo un chirrido violento, que fue opacado por Haseo que sin esperar otro movimiento de la misma ya que con una especie de tentáculo o aguijon que tenia en la frente, podría fácilmente penetrar sus ropajes, tomó su cuello y lo despojó de su cuerpo, también rompiendo con la extraña bolsa de lo que quizás era sangre en su espalda, este un tanto curioso por la situación de su compañero dijo -¿Todo en orden?- a lo que también respondió a la chica -Continuaremos en un segundo no se preocupe- ya que no quería alarmarla con lo acontecido.
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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Sáb Nov 19, 2011 8:05 pm

Las bestias habían mirado de frente al carromato a la vez, y lo trataron de golpear con su cuerpo como peso; el que estaba del lado izquierdo, aquel al que estaba mirando Haseo, estuvo lejos de golpear el carromato, pues el humano había empezado un ataque violento y rápido sobre su rival, primero atinando a rasgar la piel del brazo y luego cercenando su cuello. Había actuado de manera fría e instintiva, tanto que apenas tiempo después se percató del ardor en su brazo izquierdo. Ahí, justo a la altura del hombro, tenía un agujero de cuando menos un centímetro de diámetro y dos de profundidad; no caía sangre, pues parecía que la herida había hecho que esta se coagulara e impidiera que el huésped se desangrara.
Había pasado que la bestia, también victima de sus instintos, al saber que moriría, buscó infligir un poco de daño a su rival; así pues, cuando Haseo le abrió el brazo, la criatura inyectó su aguijón rápida e inmediatamente en el humano; aunque fue por menos de un segundo, así que no logró succionarle sangre ni tampoco terminar de perforar el brazo; pero había empezado a inyectar un veneno débil.

Giovanni por su parte, tuvo más problemas de los que el veinteañero.
Intentó hacerle frente al demonio desde el frente, bloqueando su golpe con el machete a modo de escudo, resistiendo el embiste con la hoja plana; pero la fuerza de la criatura era superior a lo que Da Vie imaginó y logró lanzarlo hacia atrás, jugándole una mala pasada al torcerse su tobillo del pie izquierdo. La criatura entonces cambió el objetivo del carromato hacia Giovanni. Lo examinó de pies a cabeza, mientras el lobo se volvía a poner en pie y miraba a aquella criatura a través de sus “lentillas”.
Se abalanzó sobre él, ahora mostrando unas enormes garras afiladas dispuestas a ensartarse en el cuero de asesino, pero este trató de desviar su ataque golpeándolo con la parte sin filo del machete, y volvió a atacar, ahora con la parte afilada hacia el rostro de la bestia.
No pretendió partirle la cara ni cortarle el cuello, pero con el vaivén de los mismos ataques, había logrado hacer un corte en el “pico” de esa cosa, que pronto se retorció de dolor y fue posible ver cómo la bolsa en su espalda se achicaba, dejando escapar por la herida primero aire y después riachuelos de sangre que emitieron un olor fuertemente apestoso. La criatura se retorció en el suelo, lanzando zarpazos al aire mientras arrastraba su cabeza con fuerza contra el suelo, tratando de mitigar así el dolor.
-Ahora sí, todo en orden –respondió Da Vie mientras, con un fuerte tajo hacia el suelo, le partía las manos a la bestia.

Regresó hasta la posición de Haseo, colgándose su machete a la espalda y agarrándose fuertemente del carromato para sostener su peso y no joderse el pie por completo.
De ese costado –del izquierdo- se encontraba la pequeña puerta que comunicaba al carromato con el mundo exterior, y Giovanni lo abrió suavemente tras tocar dos veces seguidas.
Dentro, la “princesa” estaba hecha un ovillo, murmurando por su padre y empezando a soltar lagrimas de horror. Ellos no eran los únicos que lo habían visto, y era obvio ahora que la pequeña nunca antes había estado en algo parecido.
El asesino, sin retirarse la máscara, ofreció su mano dentro del carromato para consolarla torpemente.
-Vuelva a su lugar, volveremos a emprender el camino en el menor tiempo posible.

Cerró la portezuela y le dio la espalda, sin prestar por ahora mucha atención a su compañero, ni al cuerpo que yacía en el suelo. Regresó al asiento del conductor y, ahora aferrándose a cuanto pudo, logró subir con algunos problemas. Volvió a tomar las riendas del carro y hasta entonces se percató de su compañero.
-Lo hiciste parecer muy sencillo. Sin tomarte tu tiempo.
No era bueno entablando conversaciones, y no empezaría con un niño al que recién conocía y veía en batalla una vez.
Tth tth vociferó bajo la máscara, para hacer andar a los caballos que en principio se negaban a volver al camino, pero que tras amenazarles con un rebenque se pusieron en marcha sin más problemas.

Dentro, la niña seguía llorando, ahora sentada en un asiento forrado de telas exóticas. Pero de sus ojos no caían lágrimas de agua salada, sino de sangre vieja; que tenía un importante parecido con la de las bestias que habían enfrentado hacía poco. Se limpiaba seguidamente con un pañuelo blanco que tenía el aroma de su padre, y aunque hacía esa tarea una y otra vez, las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. De vez en vez gemía de dolor, y otras más lo hacía por sufrimiento.

Estaban adentrándose más y más en el bosque, se sentía una extraña presencia por todos lados, y una presión azotaba a ambos en el pecho; los hacía marearse a ratos, y otras veces perdían la ilusión de la realidad, quedándose por minutos en mundos inexistentes, con la cabeza completamente en blanco. Los caballos cada vez se negaban a avanzar más y más dentro del bosque, dentro de aquel cementerio de árboles que, aún muertos, lloraban sus penas y gritaban los dolores de sus pecados, invitando a los vivos para saciar sus penas con sangre nueva que los liberara.


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Haseo el Sáb Nov 19, 2011 9:05 pm


Su compañero respondió a su pregunta, Haseo estaba algo aliviado, ya que el no había prestado atención a su misión, que él se ocupara de los detalles y Haseo de proteger a la joven que estaba en el carruaje, en el costado del cual el chico estaba, el de la puertecilla del carruaje llego su compañero, un tanto cojo quizás por magulladuras de la bestia, él, abrió la puerta del carruaje un tanto descaradamente, mostrando la figura de la joven llorando de horror, mientras Da vie, intercambiaba ciertos diálogos, Haseo noto una herida en su hombro, un poco profunda pero no mortal, recordó que en su bolso tenia hierbas muy difíciles de hacer, que alguien le había confiado, junto con sus respectivas recetas, en el desierto no tuvo tiempo de buscar mas materiales y solo tenia dos frascos restantes, si usaba uno el otro quizás serviría para su acompañante, pero, lo guardo para después ya que podrían mostrarse en una situación de mucho mas riesgo muy pronto, sin embargo tenia otra algo menos potente la tomo en mano y esperó el momento indicado para darle un poco , y así , no retrasara una futura batalla a muerte, -si mas de esas cosas estaban sueltas, mas vale estar atentos- dijo entre pensamientos, preocupado un poco por su situación y cuanto tiempo debían estar allí.

Ya el chico había terminado de hablar con la joven del carruaje, ambos se montaron de nuevo en el carruaje, su compañero que recordó su segundo nombre o apellido que era Da vie conduciendo, amenazo a los caballos para que se movieron, se podía sentir la inmensa aura de muerte en los alrededores, criaturas asechando y quizás esperando el momento justo para atacar entre sombras, con una sedienta sed de sangre saboreando la vil carne de las presas que era aquella escolta, Da vie le había platicado de como no se tomaba su tiempo para matar a la criatura de antes, este le respondió frunciendo el ceño- Si ella hubiese hecho el primer movimiento yo hubiese muerto- Haseo tomo de entre manos su hierba X como decía el pequeño envase para luego dialogar un poco con el joven , dándole a conocer sus verdaderas intensiones “interés” mostro el pequeño frasco al joven - Seria muy desventajoso tenerte herido, puesto que percibo mucho mas peligro, tome- sin que él se pudiera negar ese ofrecimiento le dio el frasco, claro esta; aun aquella chica lloraba, aquellos llantos secretos que ella pensaba que solo los escuchaba, Haseo no era nadie para juzgarla, puesto que ya se había visto a él mismo en la misma situación, la impotencia de no poder hacer nada, la furia contenida en cada lagrima que brotaba, la desesperación de querer hacerlo también, la impaciencia de que termine todo de una vez, a esa chica tan solo le faltaba gritar a los dioses esperando respuesta, gritar sin miedo, gritar como Haseo había gritado y descubierto porque estaba en su situación actual, como un tipo de entidad obscura.

En la obscuridad se podían escuchar susurros, malditos susurros que entre arboles, rocas, césped se escuchaban, de pronto de nuevo Aida se mostro, dándolo a conocer haciendo que él tiempo se detenía poco a poco o al menos era eso lo que él creía, con tono protector dijo - Mi Haseo, te han herido, juega bien tus cartas o terminaras muerto como otras criaturas sin poder hacer nada y vagando en un mundo sin fin del otro lado, este no es tu destino y lo sabes, calcula tus movimientos, siempre un paso delante de tu enemigo, no corras pensando en matarle, la impulsividad no es buena- el chico estaba harto de oírla sus consejos solo criticaban su forma de ser y no le atribuían en nada este le contesto un tanto furioso - ¿¡Y porque me has hecho tan débil si sabes que es mi destino!?- la voz le contestó -¿Débil?, ¿Acaso te crees débil?- mientras se desvanecía, poco a poco se escuchaba el eco de esa pregunta en su cabeza mientras el tiempo regresaba a su estado actual y el chico reflexionaba de su tal debilidad ¿acaso era cierto? Él tenia una debilidad -¿Sentimientos?- Tal vez si se deshacía de ellos seria un alma al fin libre, pero, tampoco se quería convertir en algo sin alma que matara hasta el mas inocente sin darle un futuro ni siquiera algo, una experiencia, un motivo al cual reflexionar, sumido entre pensamientos cerro los ojos mientras atento aun escuchaba a sus alrededores, esperando cualquier mínimo movimiento de las malditas cosas que le asechaban, no eran humanos eso era seguro, pero tal vez lo fueron alguna vez, monstruos creados por magia negra, o magia de cualquier tipo para dar caos a esta mísera ciudad o mundo y así gobernar hasta los mismo dioses, pero llevarían su castigos, lo llevarían…
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Re: Visita Nocturna

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