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Visita Nocturna

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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Jue Dic 01, 2011 2:35 am

Haseo se quiso hacer el héroe, saltando hacia uno de los esqueletos que habían revivido gracias a la magia oscura que, efectivamente, surgía del Conde. El esqueleto que escogió era el de Sir Bhendam Restmendar; un hombre que en vida había sido el más fiel de los caballeros del Conde, un hombre de honor, de fuerza inigualable y sentido de la justicia perfecto para su trabajo y para aumentar su fama. La parte mala de esto era que ahora simplemente eran cuerpos de huesos animados con magia; no poseían recuerdo alguno de su vida pasada, y sólo estaban dedicados a moverse como si fueran animales que por instinto atacaban a los dos hombres que veían frente a sí. Así pues, aunque el asesino se enfrentó en una batalla mano a mano contra el esqueleto ya presentado, la verdad es que poco fue así:
Sí, es cierto que ambos se atacaban uno a otro por instantes, pero era sólo debido a que sólo uno le estaba mirando, y los otros dos se habían arrojado contra Giovanni.
Y sí, es cierto que los ataques de uno y otro eran temibles; tanto que en cada choque de espadas surgían chispas que por momentos iluminaban el cementerio y se volvían a apagar, dando cuenta de la fugacidad de la vida. También es muy cierto que logró derribarlo en un embiste, pues la fortaleza del vivo superaba a la del muerto, además de que este último tenía un mal punto de equilibrio. Sin embargo, también era cierto que entre esos ataques, la mayoría de los navajazos del humano rebotaron en la armadura oxidada, y por otra parte, al menos dos veces el muerto pudo rebanar la piel del humano. Cuando lo tuvo en el suelo, Bhendam le atravesó con la espada y el chico escupió sangre, tumbándose de rodillas en la tierra. Reaccionó de manera temeraria: Tragó las hierbas que llevaba entre sus ropajes… Pero aquellas no eran de efecto instantáneo, y tampoco le alcanzaban para sanar heridas tan graves. Además, la espada oxidada del esqueleto funcionaba como si estuviera envenenada, y contra eso poco sus hierbas podían hacer. Pocos segundos después, un frío le recorría por el costado izquierdo del estómago, por donde había cruzado el tajo del inmortal. Además, sus ropas se habían entintado en un rojo carmesí que hacía ver su inminente derrota. Se quiso levantar, tembloroso y adolorido; con el frío del tajo y un dolor punzante que amenazaba con recorrerle por todo el cuerpo.
-¡Haseo, a tu izquierda… Mierda!
Pero antes de terminar de ponerse en pie fue tumbado hacia su derecha, prácticamente volando hasta caer a un metro de su antigua posición. Ahora también el brazo izquierdo le dolía… Había sido fracturado por un golpe de lleno que le había propinado Sir Khembe con su mazo de hierro.
La parte buena de todo ello, es que cuando derribó al primer muerto, el golpe dentro de su armadura fue tal que su cadera había sido fracturada casi por completo, haciendo que sus piernas fueran totalmente inmóviles, no así desde la cadera para arriba, de modo que aún se podía mover arrastrándose sobre las manos.

Por su parte, Giovanni no se había quedado de pie mirando el espectáculo que habían demostrado los combatientes. Había desenfundado su machete justo a tiempo para el embate de una rustica hacha con hasta corta, que era manejada con aparente maestría por un muerto de armadura negra, lleno de tierra hasta los ojos y con algún insecto saliendo por las grietas de su cráneo. No contaba con yelmo, y la mitad inferior del peto no le cubría lo que pertenecería a un estómago. Se alegró por ello, ya que decidió que le partiría por el medio. Tiró del machete para liberarlo de la presión que aún ejercía el hacha, pero justo cuando estaba por lograr liberarlo, una patada en sus piernas le hizo caer tumbado hacia la izquierda. El otro esqueleto, que portaba una armadura igual o más desgastada, pero que esta llevaba como trofeo el cráneo de un extraño animal, le había pateado de lleno con sus botas metálicas en la pierna derecha, tratando de rompérsela y así acabar con él de la manera más fácil posible.
Sin embargo la fuerza que ejerció no había sido suficiente para fracturarla, pero sí para tumbarlo sobre el suelo y dejarle un enorme moretón que le quedaría por semanas. Girando se incorporó de inmediato, a tiempo para evitar un corte horizontal que el primer guerrero le había lanzado con su hacha. Vio entonces a Haseo siendo atravesado de lado a lado, viendo también la punta de la espada, sólo la punta, surgiendo de su espalda. Eso le hizo aferrarse más a su machete. Saber que aquellos esqueletos eran más fuertes de lo que aparentaban, y que posiblemente, muy posiblemente, acabarían con sus vidas si no se les ocurría algo mejor.
Advirtió al humano sobre un próximo ataque, pero este, al estar urgido devorando unas hierbas que llevaba consigo, no pudo detener y sólo terminó cediendo ante el gran impacto que le había sido propinado. Giovanni no se desgastó demasiado en atacar a los muertos, se alejaba cuanto podía de sus ataques, y trataba de evitarlos a todo lugar. Cuando alguno iba demasiado cerca de sí, lo bloqueaba como bien podía con el dorso de sus guantes si era la espada, en caso de ser el hacha, reaccionaba por instinto usando su machete a modo de escudo.

Por un segundo, no escuchó nada más que la sangre bombeando en su cabeza y el latido de su corazón. Escuchaba también los rechinidos duros de la guerra, y se enfurecía por estar en un combate a muerte contra la mismísima muerte. No le agradaba nada aquello, no quería caer en un cementerio donde, con posibilidad, lo reanimarían desde la otra vida para convertirlo en un lacayo sin cerebro y sin posibilidades de caer. Se negaba a aceptar ese destino. Por fin, se decidió a contra atacar con el machete, pero no usando la parte afilada, sino la hoja plana. Aunque el impacto así era más débil, también era más contundente y podría romper algún hueso dentro de la armadura que impactó: La del guerrero con hacha. Este detuvo el imprevisto ataque como pudo con su hacha, pero la misma, al tener el asta de madera medio podrida, se partió en dos, saliendo volando su parte afilada hasta chocar contra una lápida a honor del Conde VII Hegel Strem-Vess.

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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Jue Dic 01, 2011 10:42 pm

Haseo se levantó lentamente, dejando ambas dagas en el suelo y sosteniéndose el brazo roto como bien podía. Sus movimientos poco pensados le habían llevado a su situación actual. Giovanni lo miró de reojo, mientras se defendía con su machete usándolo como si fuese un escudo.
-¡Lárgate, escóndete! –le urgió. Sin embargo, el humano se agachó de vuelta para recoger al menos una de sus navajas; era un hombre duro y perseverante, eso era cierto; sin embargo, estaba en una pésima situación, y sus ojos y su intento de moverse le delató: Pretendía dejar al que se arrastraba para después, pues ahora mismo no representaba peligro alguno; y sin embargo, se lanzó contra el otro, contra el que llevaba la maza; justo cuando le chilló que le asesinaría y trató de darle un tajo con la navaja, la maza potente e inmensa cayó sobre el hombro derecho de Haseo, haciendo sonar un fortísimo crujido acompañado de un grito de dolor espeluznante. Le había roto el hombro y de paso lo había descuartizado prácticamente; le colgaba por dentro de la armadura que le hacía no tener que tirarlo, pero sus huesos estaban destruidos, y sólo se mantenía unido a su cuerpo mediante un trozo de carne y algo de piel. Estaba bañado en sangre, y prontamente cayó al suelo sin consciencia, sin tener más sangre en las venas… Sería asqueroso y molesto narrar las veces que la maza oxidada le cayó sobre la cabeza y el cuerpo en general, y aún más aterrador sería decir como acabó su cuerpo, completamente desfigurado y teñido de sangre.

Giovanni supo entonces que la siguiente sería la suya. No podía enfrentarse contra tres esqueletos, pues como acto de honor antes de morir, Haseo había dejado a uno inútil para moverse. Suspiró y pensó en dejarse herir; en escuchar la imaginaria voz en su cabeza que le instaba a dejarse llevar por sus instintos, a dejar salir su parte maldita, a dejar que el lobo, la bestia, acabara con los esqueletos, y posiblemente, con la chica que se encontraba dentro del mausoleo, y todo lo que también ahí se encontrase. La frágil voz le instaba una y otra vez a dejarse llevar, a ser un cazador… Pero era imposible; si hacía eso, seguiría siendo posible que le matasen, y en ese caso, ni siquiera podría recordar a sus asesinos. Quiso detener un mandoble que el esqueleto con la espada le dirigió, y apenas le fue posible hacerlo con el machete, pero el soportar tantos ataques le pasó cuenta: Su muñeca crujió y un dolor inmediato le hizo soltar la gran espada… Tantos golpes habían ocasionado la fractura de su muñeca. Se creía muerto ahora sí. No, no sólo se creía muerto… Lo sabía, ya era segura e inminente su muerte ¡Joder! ¡Iba a caer entre esqueletos roñosos! Eso era peor, era lo peor que le podría ocurrir…

-¡Ilumínales con tu luz, señora mía! –gritó una voz femenina surgida desde las puertas del cementerio. Era una voz desconocida y extraña, que pese a todo, transmitía paz y alegría. Una fortísima luz iluminó gran parte del cementerio, como si fuera una estrella caída del cielo, e inmediatamente empezó a carcomer las armaduras y a los esqueletos que dentro de ellas se encontraban; tratando de gritar, fracturándose la quijada en un intento desesperado de emitir su dolor con gritos.
La luz también molestó los ojos de Giovanni, que tuvo que refugiarse detrás de su brazo para evitar quedarse ciego, pero a él la luz divina no le hirió ni lo hizo desintegrarse. Incluso, dentro de todo, sintió paz y celeridad por una vez desde que había entrado a ese maldito cementerio. Luego de varios segundos, escuchó a su costado una voz. Una voz que parecía lejana, pero que sin embargo se encontraba a pocos pasos de sí. Era ella, la misma mujer que había gritado aquella frase sin mucho sentido.


-¿Estás bien? Lamiere… Dime ¿Ella donde está? ¿Estabas sólo?
Sin poder entender muy bien la lluvia de preguntas, entre sometido por el dolor y aturdido por la luz y el ataque de los esqueletos, negó fuertemente con la cabeza.
-Creo… creo que se cargaron al humano –trató de señalar con una mano, pero su muñeca se lo impidió, así que terminó por señalar con un movimiento de cabeza.
-¿Y Lamiere? Dime ¡dónde está ella!
Giovanni se agarró la muñeca con dolor, y la apretó para tratar de acomodar cuanto hubiese quedado fuera de su lugar, levantándose y soltando de nuevo la muñeca para recoger su machete.
-La mujer… Está dentro, en el mausoleo. Busca a mi hombre… trata de hacerle algo ¡Cúralo!
Le instó, soportando el dolor y tratando de disimularlo; al menos no tenía que disimular las caras, pues quedaban ocultas bajo su máscara de cuervo.
Ella asintió rápido y se dirigió al lugar que le señaló el lobo; buscó bajo los restos de acero oxidado y polvo de huesos y encontró, efectivamente, el cuerpo sin vida de Haseo. Sin mostrar respiración, y apenas adivinándose su forma humana con suerte.
-Está… No puedo hacer nada por él ¿Tú estás herido? ¿Lamiere pudo darle santo entierro a Mehenii?
Giovanni negó prontamente con la cabeza.
-No… la detuve… ¡El maldito conde me la jugó! No… ¡No tenía ni la más mínima idea de qué pasaría!

Sin importarle que estuviese peleando contra esqueletos, sin importarle que se viera decaído por la guerra y sin importarle que también se sintiera dolido consigo mismo por haber caído en una mentira tan patética; la mujer le dio una bofetada que lo tiró de espaldas contra el suelo y le quitó la máscara, todo por el golpe de una mujer enfadada.


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Jue Dic 01, 2011 11:29 pm

La mujer, que se presentó rápido como Bellèpoquè, posó ambas manos al rededor de la muñeca de Giovanni y pronunció una nueva plegaria, un pedido más bien:
-Te pido mi señora, cures las heridas de este tu guerrero.
A sus palabras, luces espeluznantemente blancas surgieron de sus manos y rodearon toda la muñeca de Giovanni, recorriendo todo su cuerpo como si fueran por entre las venas del lobo. Aunque no sintió nada más que extrañeza por requerir de otros, se dejó curar por aquellas luces. Y cuando se apagaron, la mujer le dijo que tratase de no mover la mano. Le había reacomodado los huesos y sanado las heridas internas, pero que su magia curativa era muy débil como para sanarlo por completo, así que si se le ocurría hacer un movimiento más, con seguridad la mano se le rompería de peor forma y sería imposible que ella pudiera curarlo.
Giovanni asintió ante sus palabras y empuñó el machete con la mano zurda. No era muy bueno con ella, pero prefería ser malo y tener un arma, que ser malo y no tener nada que lo protegiera. Pensó en que ahora que la misión había fracasado, su compañero había terminado muerto y su protegida había pasado por la misma suerte, era el tiempo de que se largase; así que se había empezado a acomodar el machete a la espalda, para poder caminar sin muchos contratiempos. Pero la mano de la muchacha se aferró a su mano zurda, y le señaló el mausoleo. Aunque fuera una sacerdotisa exorcista, hija de Luminare, sentía un terror profundo por los lugares cerrados.

-No… puedo ir sola… Tenemos que ir por Lamie… ¿Me acompañarás, verdad? Ella… es mi mejor amiga… ella y Mehenii.
Mierda. Pudo resistir que le tomase del brazo y que le hablara de la asesina que hace poco se había mostrado como una enemiga, pero que nombrara a la muerta Mehenii, a la hija del conde de la que se había encariñado –imposible que admitiera un enamoramiento, no gustaba de las doncellas fallecidas-, le hizo tener que agarrarse el corazón en la mano y asentir.
-Que sepas que mi muerte pesará en tu consciencia.
Amenazó, y creyó que para una persona como ella, eso era mucho más duro que amenazarla de muerte, y de asesinar a los hijos y familiares. Y justo de ese modo funcionó; Bellè tragó saliva y soltó por un segundo la mano de Giovanni, pero volvió a sujetarlo mientras asentía.
-Nuestra señora cuidará de tu alma, y yo te aseguro que cada día alzaré una plegaria por tu perdón.
Aunque esperaba una respuesta diferente, aquello le pareció suficientemente divertido para asentir con orgullo.

Las escaleras eran pocas, pero dentro la luz era prácticamente inexistente y pero aún para los ojos de vista de grises escalados de Giovanni, que dentro del mausoleo sólo distinguía el fondo del cuarto, y dos manchas grises de distintos tamaños. También le sorprendió que, al tocar el piso, hubiera líquido bajo sus botas… Y en ese instante el aroma de la sangre penetró por sobre los pétalos de rosas y las hojas de cedrón. Era sangre fresca, y demasiada como para que cualquiera que fuera el herido, siguiera caminando y moviéndose en esas condiciones.
-¡Lamie! –gritó mientras se adentraba a la sala aún más, teniendo fuertemente apresado el brazo sano de Giovanni.
-Bellè… -murmuró la otra como respuesta, con voz cansada y sin muchos ánimos. Aunque ninguno de los recién llegados pudiera verlo, estaba herida, con tres grandes raíces de árbol atravesándole una la pierna, otra una mano y la última el costado del estómago; sujetándola con fuerza para impedirle una gran cantidad de movimientos.
-Mi señora Luminare, te pido que permitas a los que confiamos en ti que nos dejes ver en esta terrible oscuridad.
Cada pedido que ella hacía era concedido por la Diosa, y ante este, el libro que llevaba en un cinto a modo de funda, empezó a brillar, liberando desde sí una luz blanca que permitió ver toda la escena:
Sobre la lápida aún visible, estaba el cuerpo bañado en sangre de Mehenii, sin vida y sin nada que quedase de ella más que su sufrimiento. En la pared izquierda del mausoleo Lamie, la asesina, estaba prácticamente pegada a la pared, con tres raíces de cinco centímetros de diámetro atravesándole por diversos puntos de su cuerpo, permitiéndole hacer sólo contados movimientos y provocándole sufrimiento sin medida.
En la pared derecha, la pantera del conde llevaba un shuriken penetrándole el cráneo, y estaba tumbada ya sin vida, con una fuente de sangre en la cabeza. Pero la sangre que emergía del animal era más negra y, si se pudiera diferenciar olores ahí, apestaba a podredumbre, a diferencia de la sangre de la mujer, que pese a conservar el aroma del líquido carmesí, soltaba un aroma dulzón.
El Conde Zscur estaba con la cabeza caída, con una espada atravesándole el hombro derecho y atándolo a la pared, y con dos cadenas que le amarraban sus pies también a la pared. Nada más se movía ahí dentro; la una mantenía mediante magia las gruesas cadenas casi hirvientes en los pies del Conde, el otro mantenía su mano zurda alzada, invocando los poderes oscuros que convertían las lianas en fuertes armas de tortura.

-¡Giovanni! ¡Haz… haz algo! –rugió la sacerdotisa, que no podía atacar a los seres vivos por la fe que guardaba en su diosa, y que tampoco podía ayudar a su amiga, pues al estar sometida a magia oscura más poderosa que la de ella, no podía vencer.
El lobo asintió, quitándose la máscara y corriendo de inmediato hasta estar frente al Conde. Le alzó la cabeza con el codo, para que le mirase a los ojos y le pidiera la vida por haberlo engañado y haber condenado a Mehenii; pero los ojos de este se encontraban idos, completamente concentrado en la magia de sus dioses apocalípticos.
-Hijo de perra…
Sin mediar más palabras, alzó el machete y trató de rebanarle el cuello de un solo movimiento, pero un escudo oscuro repelió el ataque, como si fuera un cristal fortísimo que evita una piedra. Extrañado, escuchó gemidos desde la garganta del Conde, y continuó con su ataque, cada vez más fuerte y con más ira. Podía detener su machete por cuantos ataques pudiera, pero al final, incluso su magia tenía límites, como la que profesaba Bellè había demostrado. Pese a que la muñeca le volvió a punzar, continuó frenético atacando a tajos la invisible barrera de oscuridad pura… Hasta que crujió. La había roto, había logrado derrotar la barrera del Conde, y antes de que se regenerara o hiciera cualquier otra mierda, asestó un golpe final a Zscur, partiendo su cuerpo en dos; separándolo en Cuerpo y Cabeza. Y al apartar su gran machete, la cabeza rodó por el suelo, y al mismo tiempo las lianas que aferraban a Lamie a la pared se marchitaron, liberándola y dejándola caer contra el suelo de sangre.


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Re: Visita Nocturna

Mensaje por Giovanni Da Vie el Jue Dic 01, 2011 11:55 pm

Al menos tres horas después, tres cuerpos reposaban fuera del mausoleo de la esposa del Conde Zscur. Los tres sin vida y tumbados en el suelo. Frente a uno de ellos, el que pertenecía a Mehenii, se encontraba su tumba abierta y esperándola para regresarla al reino de los muertos. A su costado izquierdo se encontraba el cuerpo casi deshecho de Haseo, que pese a haber tenido una muerte dolorosa y una compañía ínfima con Giovanni, este prefirió darle entierro digno, demostrando el honor que había tomado por su figura. Y al costado, frente a una tumba también abierta, se encontraba el cuerpo del Conde Szcur, con su cabeza sobre el pecho. Delante de ellos, estaba Giovanni arrodillado, Lamie parada de pie, mirando el pobre cuerpo de su amiga Mehenii, y casi pegado a todos ellos, con el libro entre las manos, se encontraba Bellè; rezando por la salvación de sus almas.
-Ante ti dejamos a nuestros fallecidos, para que seas tú jueza de sus vidas y les otorgues lo que consideres que han merecido, pues nosotros tus siervos poco podemos hacer, más que ayudarles a seguir tu camino y pedir porque sus pecados y errores de esta vida, sean perdonados y evitados en las siguientes vidas. Te pedimos que acojas en tu sagrado seno a nuestra amiga Mehenii, compañera de risas y de la vida. También te encomendamos a Haseo, quien dio su vida por protegerla; perdónale los pecados te pido, pues se arrepintió de ellos antes de morir. Y también te encomendamos al Conde Zscur, quien torció el andar de sus pasos y se alejó de tu camino. Sea así tu gloria, mi señora.
-Sea así –corearon Lamie y Giovanni al mismo tiempo; mientras entre ambos bajaban a las tumbas los cuerpos. Primero el de la hija, después el de Haseo, y al final el del Conde. Los cubrieron con tierra que Bellè se dedicó a bendecir y dejaron sobre ellas un ramo de flores marchitas.

Giovanni pidió perdón ante las dos mujeres, sin querer justificar sus acciones les contó el modo en que terminó involucrado y engañado por el Conde; y les contó también del cariño que había cogido hacia aquella a quien tenía que proteger.
Por su parte, ellas le contaron la historia detrás de todo:
El Conde se había tornado extraño después de que la enfermedad se llevara a su hija, y había salido en un viaje por casi un año. Cuando regresó, llevaba consigo un aura de odio y venganza que se podía sentir por todo el pueblo. Había entonces, ordenado leyes estúpidas que consideraban un delito orar a los dioses de buenas voluntades, y había ordenado también que se cerrase la iglesia del pueblo. Más de medio año después, comenzó a haber entre todos un mito que decía que varias personas habían visto a Mehenii deambular como dormida por los pasillos de la mansión Zscur, mito que cobró auge gracias a la misión que el mismo Conde había propuesto luego de dos meses: Cuidarla para llevarla al cementerio.

Gracias al conocimiento en las artes de la luz por parte de Bellè, ellas dos, amigas de la difunta Mehenii, habían conocido parte del plan del Conde: Había reanimado a su hija mediante las oscuras y prohibidas artes de los Dioses malditos, y el llevarla al cementerio constituía parte de un ritual antiguo. A sabiendas de que cualquiera atacaría la carrosa donde ella viajase, contrató a dos guardaespaldas: Giovanni y Haseo. La razón por la que él mismo no la llevó, es que necesitaba preparar el ritual en el mausoleo, mientras el cuerpo de su fallecida hija realizaba un camino que simbolizaba su aceptación de la muerte. Pero lo que el Conde pretendía iba más allá de eso: Haciendo que un muerto aceptase el abrazo de la otra vida, este recordaba su última existencia; y con eso era suficiente para que el Conde pudiera reanimar el cuerpo de su esposa fallecida por la misma enfermedad, y de sus ascendientes, y de los ascendientes de estos… Mediante los recuerdos de su hija, el Conde pretendía reanimar un ejército de muertos que sirvieran a sus propósitos.
Para evitarlo, tenían que darle sagrada sepultura al cuerpo de Mehenii, así que Lamie se ocupó de conseguir el cuerpo de la fallecida doncella y llevarla al cementerio, de donde había sido robado. Y Bellè le daría la sepultura que hacía falta, mas al no saber los cánticos, no pudo acompañar a Lamie sino hasta después, cuando encontró a Giovanni peleando contra el pequeño ejército de no muertos.

Giovanni depositó ambas dagas del asesino sobre su tumba y rindió homenaje agachándose en una reverencia ante la tumba de los tres, mostrando su rostro como ofrenda. Se despidió de ambas mujeres y volvió a pedir su perdón. Con sus pertenencias colgando del hombro se largó de ese maldito cementerio, y tomando las riendas del caballo del Conde, desapareció de esas tierras con esperanzas de no volver nunca jamás mientras estuviera cuerdo.




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Re: Visita Nocturna

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