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Cuentos de Noreth
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Hora de jugar...

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Hora de jugar...

Mensaje por Anomalocaris el Sáb Nov 19, 2011 9:53 pm

Un pequeño y adorable conejito blanco saltaba por un verde suelo a la sombra de los grandes árboles del bosque tras los que apenas se lograban colar rastros del sol, varios seres semejantes de su especie le acompañaban por el lugar distribuidos por toda la espesura comiendo toda clase de vallas y hierbas que se encontrasen y que sus cuerpecillos pudieran digerir.

Este pequeño, rodeo uno de los infinitos árboles que se hundían en aquella tierra y encontró algo nuevo, que jamás en su vida había visto antes, era una cosa enorme y de un color amarillo oscuro, de superficie lisa y que se apoyaba aparentemente inerte sobre el suelo del bosque, el dueño de aquello no tardo en hacer acto de presencia, apoyado en el árbol se encontraba una gigantesca y extraña criatura tan grande que hacia a aquellos conejos parecer míseras motas de polvo, miro al conejito con sus dos ojos compuestos por innumerables y pequeñas formas geométricas, levanto esa enorme mano mucho más grande que todo el cuerpo de aquel animal, y acaricio su cabecita y de paso todo el cuerpo ante esa caricia el animal se mantuvo bastante tranquilo.

Sin embargo no era esa una buena a decisión pues aunque esa cría normalmente se mostraba tan calma y amigable como en ese momento una enfermedad le inundaba las entrañas, el hambre, antes de que el animal blanco pudiese reaccionar la mano bajo aplastándole, quebrándole huesos y aplastando sus órganos que inmediatamente empezaron a manchar de sangre la tierra musgosa del bosque, luego su mano se levanto, el instinto del conejo le indicaba correr pero sus patitas no le respondían, sus enromes dedos acabados en aquellas garras de mismo color y textura que su mano arañaron la tierra que rodeaba el cuerpo recogiéndolo, lo alzo lentamente, abrió sus extrañas fauces y soltó al animal que callo irremediablemente a ese agujero mortal, donde fue triturado y cortado por numerosos dientes extraños que rebanaron hasta el ultimo trozo de aquella comida hasta que los restos irreconocibles de aquel animal se dirigiera al interior de la bestia para su digestión.

No estaba satisfecho con aquel aperitivo, una cantidad cercana aun kilo de carne no saciaría a casi media tonelada de músculo, se levantó, mostrando su enorme tamaño, más alto incluso que algunos árboles pequeños y más grueso también, se lanzo contra todo trozo de carne que encontró en su camino, sin embargo los conejos aprovecharon la mayor debilidad del engendro, su falta de agilidad y velocidad, no fue difícil para esos pequeños mamíferos huir rápidamente de su depredador, y cualquier venado, jabalí o cazador con el que se topo logro darle esquinazo corriendo a más no poder y poniéndole cada vez más furioso por los constantes evites.

Toda era ira y furia ciega fue notada por una persona que estaba buscando exactamente eso, ante Anomalocaris se abrió un extraño circulo negro y morado de apariencia gaseosa se abrió ante el y desde su interior se podía oler un aroma extraño que le embauco y le hizo entrar en el, al instante siguiente encontró que ya no estaba en Noreth.

Una enorme sala de la que no parecía apreciarse final, un morado suelo, al fondo en un extravagante trono rojo sangre se hallaba una figura sentada, cubierta por un manto de oscuridad que no permitía ver más que su pose, con las manos entrelazadas bajo la boca que aun oculta podía verse una mueva de felicidad sádica como ninguna otra, a los lados de su trono, dos altas antorchas despedían luz desde el fuego de sus alturas, el engendro, ajeno al sentimiento de terror que podría haber atado a muchos otros seres al entrar allí y el empezó a avanzar hacia aquella figura humanoide, de momento oculta en la oscuridad con solo el pensamiento de su estomago vacío en la cabeza, la sonrisa del ser solo se amplifico al ver que se acercaba y poco después un enorme cadáver de alguna clase de mamífero peludo que inmediatamente llamo la atención del engendro que se lanzo a devorar el cadáver.

-Eso pequeñín, come, come que aun tenemos que esperar a que lleguen los demás para empezar el juego- dijo aquella siniestra voz mientras en su cabeza repasaba los nombres de los invitados que aun no habían parecido.

Spoiler:
-Bueno, podéis hacer lo que deseéis antes de que nuestro amigo se fije en nosotros y nos lleve a su guarida, no le veis el cuerpo, solo se percibe su pose y su sonrisa, podéis pillar a mi engendro comiendo o cuando ya acaba y se sienta en el suelo quietecito, dudas, preguntas y demases por mp por favor n.n-
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por haki el Dom Nov 20, 2011 12:43 pm

¿Salvación o perdición? Eso se preguntaba Haki en aquel lugar tan oscuro, solo veía un ser tapado, una sádica sonrisa, pero… ¿Por qué? Recuerdo como llegue hasta aquí.Pensó. Era un soleado día, le entro hambre y fue a un bosque a buscar comida. Fue buena caza, pero su hambre no estaba saciada, cuando lo vio.

Iluminado por el sol junto a un río rodeado, de árboles, vio un extraño monstruo, era como un jabalí demoniaco, 2 metros de largo, patas rojas, muy gordo, dientes ensangrentados, era el diablo en jabalí. Era una bestia que Haki debía catar, fue muy furioso a por el y cuando le intento degollar se transformo en llama y le esquivo, Haki enfadado fue a por él y le empezó a dar estocadas, una tras otra, una tras otra pero el jabalí lo esquivaba todo y e jabalí salió huyendo. Haki fue persiguiéndolo y se encontró una gran nube gris, que esquivo, pero fueron apareciendo más y más, cosa que evitaba el que Haki alcanzase al jabalí.
Haki vio que era difícil alcanzarle pero aun así le persiguió y cuando Haki se lanzó a por el jabalí, solo un mordisco y acabaría con el pero sintió un fuerte golpe en la nuca y sus fuerzas le desaparecieron, se sentía tan cansado que se cayó desplomado al suelo.


Cuando despertó se encontró en un desierto ¿Cómo habría llegado allí? Se preguntaba, bueno, sin agua terminaría muriendo así que fue en busca de agua, pero, esa visión, un engendro de más de 2 metros, caminando por el desierto, la arena naranja brillando y volando finamente por su piel, y Haki asándose andando casi sin sentido, como una vaina que mueve las piernas, cuando de repente tocó notó un suelo diferente, helado, blando, había tocado agua. Se lanzó al agua sumergiéndose en ella y lo que vio fue… Nada especial solo agua, de la que bebió, pero al salir se encontró en una grande capa de hielo, Haki arto de tanto cambio rompió la capa de hielo con sus puños y espadas, y cuando se rompió debajo no había nada y se cayo en la nada

Cuando la oscuridad le sumergió se se despertó con un dolor de cabeza increíble, parecía que había estado durmiendo horas, en un lugar oscuro, Haki se dio cuenta de que había estado durmiendo desde la persecución del jabalí, al parecer había entrado en una de las nubes de neblina. Haki ligeramente asustado vio un bicho gigante alargado comiendo, pero lo que de verdad le demoraba la mente era ese ser, tapado por algo y con una sádica mueca en su cara y sus dedos entrelazados.
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Grom Grito Infernal el Dom Nov 20, 2011 8:59 pm

- Gracias por tu ayuda Grom Grito Infernal pero ya no eres de utilidad - menciono lentamente el encapuchado, levantando como si nada la enorme maza que duplicaba su estatura, girándola velozmente a medida que la acercaba a mi encuentro.

El ardor de las quemaduras era evidente pese al grosor de piel, dejándome entrever que había sido una total imprudencia el confrontar directamente un ataque tan letal como las llamaradas del corrompido can que yacía inerte a pocos metros de donde me hallaba. Pasando por alto tan inclemente molestia sentí como una pequeña sonrisa se formaba de manera inusual en mi agreste rostro, producto de la adrenalina que corría por mis venas ante la emoción de lo que prometía ser estupenda batalla, mas aún al encontrarme en una aparente desventaja que en lugar de significarme un problema irremediable, era un nuevo reto a superar permitiéndome comprobar mi verdadero potencial como guerrero. Analizando velozmente las alternativas más factibles ante la enorme trozo de metal y roca que auguraba romperme algunos huesos de lograr darme, rodé por el chamuscado suelo de lo que antes había sido un manto de absoluta vida verde, dirigiéndome hacia el cadáver del chucho donde yacía mi hacha incrustada en su cráneo. Sintiendo el fuerte olor de descomposición de lo que era carne podrida, libere mi arma de su peculiar vaina improvisada en el preciso instante que un sonoro eco del chocar de roca y hierro llegaba a mis oídos.

- Eres un orco escurridizo pero no creas que eso te sobreviviras- gritó, elevando nuevamente el mazo sobre su cabeza, corriendo esta vez a mi encuentro, con una mirada que expresaba su innegable intención de el ataque era a matar - esta vez no te salvara el rodar a un lado u otro.

Sabiendo que las palabras del encapuchado tenía en parte razón, mas aún ante la posición incomodaba en que me encontraba y la que suponía ser un blanco fácil a cualquier ataque que viniera del aire, ya que por más que me moviera para un lado u otro bastaría con un leve giro de las muñecas para aplastarme, permanecí contra todo pronóstico a lo que era la naturaleza fiera de un orco totalmente inmóvil esperando lo que parecía ser mi irremediable y aplastante fin. Mi respiración poco a poco empezó a tornarse más agitada ante lo que era esperar el preciso momento para poner en práctica mi plan, llegando casi en segundos ante el inminente descenso de la pesada arma hacia mi cabeza. Sin dudarlo pese a lo angustioso de la situación, levante ambas piernas, propinando fuertes patadas en el estomago del encapuchado que a la vez me sirvieron de impulso para escapar del peligroso ataque, deslizándome nuevamente logrando salir ileso o eso pensaba. Un intenso dolor recorrió por completo mi brazo izquierdo ante la macabra risa del encapuchado, puesto al último minuto había logrado redirecciones su arma pese al golpe en el vientre, logrando ocasionarme un daño que si bien no era comparable al ver aplastado mi cráneo podría traerme más de un problema.

- Si mal no recuerdo te mencione que no te serviría el rodar – vociferó, sonriendo ampliamente recogiendo el arma, llevándola a sus hombros dejándome entrever la confianza que tenía en ganarme – Ahora ponte de ti, para terminar esto de una forma que valga la pena y que te haga ver el grave error de haber venido a estas tierras.

Levantándome del suelo apoyando el brazo derecho mientras con el izquierdo cogía mi hacha, sentí el característico dolor de tener algunos huesos rotos, sin embargo, sabiendo que cualquier muestra de dolor era indigna para un guerrero, empecé a reír estruendosamente. Quizás producto del dolor empecé a creer que imaginaba cosas, puesto pude notar como una nube gris surgía a las espaldas del encapuchado, ocultando por completo todo el quimerico paisaje del tupido bosque bajo la luz de la luna llena. Una extraña sensación que me era imposible de explicar empezó a alterar por mis sentidos, perturbando todo rasgo de serenidad con la que usualmente pelea. Una ira irrefutable se hizo evidente en todo mí ser, olvidando por completo el dolor de las múltiples heridas en la batalla, esbozando en mi mente solo la idea de acabar con la vida del encapuchado. Casi sin pensarlo me abalancé a su encuentro, ocultando mi hacha a mis espaldas, notando como el mazo nuevamente volvía a ser agitado en el aire, trazando enormes círculos que dificultaban saber el destino exacto del golpe. Saltando en el preciso instante en que la pesada arma sesgaba el carbonizado suelo, levantando una humareda de polvo negro y rocas, dirige mi hacha al cuello del que había sido mi más poderoso rival hasta el momento, percibiendo la irremediable tensión del acero desgarrando carne y huesos.

Cayendo de lleno en la nube gris advertí como el ambiente del bosque había cambiado, tornándose en una irremediable calma cargada de una cierta tensión que no explicar. Aun cargado de ira por el combate recién desatado, gire a mi alrededor buscando con la mirada al encapuchado, siendo grande mi sorpresa al observar el lugar donde me encontraba. Los arboles y el suelo carbonizado había sido reemplazado por una extensa sala de mármol morado en el pavimento, rebelándome dos peculiares figuras próximas a donde me hallaba. Una enorme bestia de un tamaño similar a la del dragón que casi me había arrebatado la vida años atrás, aparentemente igual de despiadada puesto devoraba de forma salvaje lo que parecía ser un cadáver de un irreconocible animal debido a las despiadadas dentelladas que arrebataban la carne del inerte cuerpo. El otro ser no era menos peligroso, puesto se trata de un reptil humanoide gigantesco de cuatro brazos, que dirigiendo su atención hacia un determinado punto, no parecía haber detectado o poco le importaba mi presencia. Girando mi rostro para ver era lo que tanto llamaba su atención, vislumbre lo que parecía ser un sujeto sentando en trono rodeado de dos antorchas que crepitan sin cesar, emitiendo una tenue luz que nada podía hacer para desterrar aquel manto de oscuridad alrededor del desconocido.

- ¿Con qué autoridad privas a Grom de un combate sin igual? - grité a todo pulmón, importándome poco revelar mi ubicación a las dos bestias y al desconocido sujeto - habla ahora sino deseas ser tu el que pruebe el filo de mi hacha - gruñí, sintiendo como la ira producto de la lucha se acrecentaba en mi interior.



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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Anomalocaris el Miér Nov 23, 2011 9:03 pm

Su sonrisa solo parecía hacerse más y más grande conforme llegaban también los otros dos invitados, cuando el ultimo de estos, un orco imponente tomo la palabra, sus dedos se desentrelazaron, se apoyaron en su asiento y se levanto, saliendo lentamente de su cubierta de sombras y una vez de pie descendió lentamente resonando cada paso suyo con fuerza por el enorme lugar produciendo incluso un ligero eco, más o menos por estos momentos Anomalocaris se termino de llenar y aparto la mirada hacia los nuevos seres de la sala esencialmente el individuo que pronto se pudo ver no alcanza el tamaño ni aparentemente la fuerza ni el grado de intimidación de ninguno de los demás presentes en esa sala, aunque si bien hay que decirlo, su rostro pintado de blanco, sus extrañas ropas y escalofriante sonrisa parecía un ser verdaderamente extraño y hasta cierto punto de pesadilla.

-¿Y con que derecho me pides tu a mi explicaciones Grom? va, no hace falta que respondas no te he traído aquí para mantener una discusión sobre las autoridades, no, ni a los otros dos pequeños-se giro tras aquello caminando haciendo el mismo ruido con sus zapatos de siempre y finalmente de pronto y sin aviso previos e giro con la palma de la mano abierta y despidiendo de ella una tenue luz púrpura, -os he traído en post del caos…- susurro pero lo suficientemente alto para que todos le pudiesen oír.

Al fondo, por donde antes se abrieron las zonas donde todos entraron se volvía a ver esa extraña niebla que prontamente se disipo dejando ver una bonita imagen de un pequeño pueblecito granjero, con casitas de madera, varios cultivos y varios y aparentemente felices gentes que disfrutaban del trabajo o los juegos en el caso de los niños y las charlas con los compañeros, también había un reducido grupo de soldados, un total de ocho con las lanzas listas, en la cintura una espada ligera y una daga y sus armaduras metálicas algunos las tenían completas aunque a otros le faltaba alguna parte por haberse confiado en que aquel lugar era demasiado pacifico para preocuparse de que les atacasen y preferían evitar el calor del sol en aquel día despejado, esos soldados se pudieron ver mientras las imágenes se desplazaban lentamente hasta haber cubierto todo el pueblo momento en que se detuvo o al menos se movió mucho más lentamente en el hueco que existía entre dos casas, momento en que el señor volvió a tomar la palabra.

-Se ve que eres un orco al que le gusta el combate pequeño, te diré una cosa, llevo aquí atrapado mucho tiempo, aburrido, solo he podido entretenerme haciendo cositas, juguetes varios…- dicho esto saco de sus ropas lo que los demás podían reconocer como un trabuco pero que era bastante más pequeño de lo normal y ligeramente diferente, apunto al engendro de cuatro brazos y el sonido del gatillo al ser pulsado resonó por el lugar, pero en lugar de una bala salio una banderita que poseía en colores vivos y llamativos la palabra que indicaba el sonido de un disparo y después de un momento tirándola por el suelo -me aburro mucho, hasta que encontré este poder que os he mostrado, no estoy encerrado, puedo ver e ir a donde quería pero yo solo no me basto- se detuvo al decir esto, abrió los brazos y miro al cielo, empezando a girar sobre si mismo, disfrutado cada palabra que decía para luego detenerse en seco, girarse y apuntar con sus manos a los tres colosos ahí reunidos -y ahí es donde entráis vosotros, sois la pandilla de criaturas con mayor poder destructor que he podido encontrar, por eso os voy a mandar a diversos lugares que ya he decidido para que juguemos todos juntos y al volver solo queden cenizas y nuestros nombres en sus bocas, por supuesto no espero que lo hagáis a cambio de nada, ¿queréis combates? os puedo asegurar que combatiréis contra seres y en lugares que superaran con creces cualquier cosa que os halláis podido imaginar, ¿comida? tengo de sobra y si no os gusta nada pues saqueamos alguna parte, ¿queréis alguna recompensa por vuestros esfuerzos? os dejare mis diversos juguetitos para que los probéis, incluso podréis incluso cuando acabemos la destrucción os podréis quedar con alguno ¿a que soy un buen anfitrión? y bien ¿Qué decís?- tras aquel discurso en el que había acabado otra vez apenas dio tiempo para responder, -bueno, ¿qué hacéis, ahí parados? venga, demostradme que valéis la pena antes de pasar a cosas mayores, ¡arrasad la aldea!- y sin intercambiar más palabras alzo de nuevo la mano enviando casi volando a los dos engendros y al orco a la aldea en la que aparecieron inmediatamente sobresaltando a todos.

Spoiler:
-Bien, algo fácil para empezar, aunque quizás ya os lo habríais imaginado aquí tenéis a nuestro amigo: http://batman.precriticas.com/imagenes/imagenesJoker/clip_image047_0000.jpg
http://www.youtube.com/watch?v=_Pf9ox0S_RU
En cuando a la aldea, podéis arrasarla como prefiráis, solo os pido que por favor no nos ataquemos entre nosotros n.n próximo mastereo en una semana máximo)-
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por haki el Vie Nov 25, 2011 10:49 pm

Haki asombrado de lo que tenía que hacer empezó a reír, al fin un poco de diversión.
-Grom. Anomalocaris, no os quedéis atrás o os dejo sin pueblo, jeje, espero que seamos amigos-Dijo Haki.
Y ahí se dirigió una aldea bonita llena de gente, pues normal y feliz. Haki se adentro para destruirla desde dentro, fue caminando por unas bonitas calles hasta el centro de la aldea.
-Mama mama, mira que señor tan grande. –Dijo una niñita. –Haki, sin ternura, esto no es real, creo. -Pensó Haki. Y ahí se encontraba un lindo centro del pueblo con una campanario y una grandísima iglesia, Haki, al verlo supo por donde empezar. Se subió al campanario y empezó a golpear una campana con sus espadas.
-El juicio final se acerca jijijijijiji. -Dijo Haki con voz de loco.
Inmediatamente empezó a romper las columnas e la iglesia, la cual se empezaba a desplomar, después fue a por la gente, el suelo del pueblo se tiñó de rojo al completo, la gente había huido y solo quedaba una persona en ese lugar, la niñita de antes.
-¡Sin piedad! –Pensó Haki. Cogió a la niña y la aplasto por completo con sus espadas, todas sus tripas saltaron sobre Haki y el relamiéndose y pensó que solo era una ilusión.


Una vez muerta la gente que no había huido, se dedicó a destruir el campanario y la iglesia rompiendo las columnas. Una vez termino, se limpió con agua, copio las ropas de la gente y se hizo una capa que tapara todo su cuerpo excepto los ojos y fue a una casa que escogió al azar. Llamó a la puerta y al abrirle no le reconocieron, dijo que era un hombre que se había perdido y le dejaron entrar. Cuando entró, clavo sus uñas impregnadas con veneno (causa mareos y dolores de cabeza), el hombre que le dejo entrar estaba fatal y marcos cogió su cabeza, la giro, le saco el cráneo, y uso el cráneo para poner sangre y beberla, después gritó y dijo
-¡Yo soy Haki! ¡Y destruiré el pueblo!-Acto tonto ya que todo el pueblo le oyó fue a por él.


Increíble panorama, el mayor monstruo del pueblo asediado por cientos de pueblerinos, la puerto empezó a ser golpeada, y después fue destruida. La gente con antorchas empezó a intentar quemarle por suerte el cuero no arde, así que Haki no se dañó, pero le clavaron unas horcas, puñalada tras puñalada, se le iban clavando de 3 en 3 y continuaba sangrando. Hasta que no pudo mas, copio sus espadas y se puso a girar sobre si mismo creando un aro de defensa cortante. Tras crearse una salida matando gente salió de esa casa y huyo a recuperarse.

Haki cogió y fue volviendo al lugar de donde había salido, volvió lleno de sangre y de gloria.
-Grom, anomalocaris, os he dejado a unos cuantos.
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Anomalocaris el Miér Nov 30, 2011 9:56 pm

Aquel ser se paseaba los dedos por el mentón lentamente, pensativo y con una sonrisa mucho más disminuida y macabra en su rostro, estaba pensando.
-Bien…bien…no ha estado mal el espectáculo con esos aldeanos, valdréis para lo que planeo sin embargo….- se levanto de su oscuro trono y avanzó con paso decidido manteniendo aquella expresión de duda en su rostro hasta colocarse ante Anomalocaris -alguien el doble de grande que vosotros debería de haberlo hecho también bien, ¿por qué te mostraste tan pacifico? uf, esto será un problema…- empezó un lento paseo por la sala pensando la solución a aquel problemilla, mientras tanto la imagen del portal cambiaba, de aquel pueblo ya completamente arrasado y con la sola vida de una pandilla de carroñeros recogiendo su festín a otro verdaderamente diferente.

Ahora se les presentaba un campamento, un enorme lugar amurallado lleno de soldados, del tamaño de varios campos de fútbol, con innumerables tiendas de telas rojas y azuladas distribuidas con un pequeño desorden y unas pocas mucho mayores de colores rojos más intensos y pequeñas decoraciones coradas y blancas que señalaban que alguien mucho más importante en aquel ejercito que la media habitaba allí, toda la estancia estaba rodeada de un muro de tres metros de alto levantado con madera, una empalizada no muy resistente por la que se distribuyan unas pocas torres vigías de hasta cinco metros de altura, varias puertas dejaban salir o entrar del campamento.

Por todas zonas se dejaban ver una cantidad enorme de soldados, muchos no estaba armados, más de uno ni siquiera llevaba uniforme y dado que no estaban en un periodo especialmente activo de combates podían dedicarse con tranquilidad a otras acciones, lavar, cultivar los pequeños huertos del campamento, hacer reparaciones incluso algunos círculos que animaban algunas peleas entre esclavos a muerte o los propios soldados pero ya sin peligro mortal, en total había aproximadamente mil hombres entre soldados, esclavos y algunos mercaderes que habían pasado por el campamento con sus carros llenos de productos para que se gastasen la soldada.

Los esclavos solo llevaban meros harapos, no serian peligro alguno, los pocos mercaderes mucho menos curtidos en batalla que los propios esclavos serian incluso más fáciles solo quedaban los soldados, aunque había centenares sin equipar completamente llevando solo algunas armas o parte de sus armaduras o de paisano uno equipado completamente dejaba ver como eran sus uniformes, armaduras integrales de hierro o acero que brillaban bajo el calido sol que les hostigaba, solo dejaba hueco para los ojos, como armas llevaban todos una espada larga de más de un metro y medio, algunos lagas picas, otros arcos incluso algunos con mazas, manguales o trabucos, casi todos llevaban un escudo circular de setenta centímetros de diámetro de cuero y madera, solo algunos los lucían metálicos.

-Ahí tenéis el siguiente objetivo, Haki, Grom…¡destruidlo! ya mandare a nuestro amigo ahora después pero antes…- de su bolsillo saco un pequeño colgante de color verdoso con una cuerda lo suficientemente grande para que se lo pudiesen colocar y se los lanzo añadiendo una breve explicación poco concreta, -ponéoslos, son el primero de mis juguetes que probareis, ahí ya no son solo aldeanos, podríais salir heridos y os necesito sanos, ahora si, ¡arrasad con todo!- más tarde cuando el engendro y el orco desaparecieron por el portal hacia el nuevo objetivo a destruir se dirigió al engendro restante con una sonrisa en la cara.

-Ya se que hacer con tigo…- con un ágil gesto de la manga saco un pequeño frasquito de contenido rojizo y se lo dio destapado a esa cría de engendro que bebió, aunque ingirió de paso también el cristal del frasco, y sus efectos poco se hicieron esperar, sus ojos se pusieron rojos, lanzo un rugido desgarrador se hizo una bola y salio rodando destrozándolo todo a su paso al campamento ante una sonrisa de aquel ser, lo había drogado.

Spoiler:
-Bien, podéis matar y destruir pero no mucho que esto nos tiene que durar, por otro lado al vernos entrar tocaran alarma general así que todos estarán al tanto y estos no son pueblerinos, atacaran, se pondrán en formaciones, están mejor equipados, de ahí esos colgantes, sanaran las heridas leves-medias de los tres, así que no temáis que por ser lógicos y enfrentaros a tanto soldado os de alguna cosa, al final acabareis frescos y sanos n.n y yo no recomendaría acercarme a Anomalocaris hasta que la droga se estabilice un poco, dudad y demás por mp porfa (incluso si requeris de mas jugetes para realziar el trabajo) n.n-

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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Grom Grito Infernal el Mar Dic 06, 2011 7:54 am

Aun sintiendo la sangre arder en mi cabeza por haber sido privado de una magnífica batalla, percibía como lentamente el eco de mi voz iba perdiéndose en la extensa habitación, sin encontrar respuesta alguna a mi interrogante sobre mi reciente traslado. De un momento a otro, el manto de oscuridad que cubría el trono oculto entre las sombras empezó a disiparse ante el crepitar de las antorchas intermitentes, revelando la figura de un peculiar sujeto de piel blanca como la nieve misma, cuyo labios pintados de un rojo intenso y vestimentas violetas que no recordaba haber visto en ninguno de mis viajes, me daban a entender que no era un tipo común y corriente. Hecho que verifique al escuchar como desafiante el pequeño desconocido me recriminaba con qué autoridad cuestionaba lo sucedido, avanzando hacia donde estaba esbozando una demencial sonrisa como si poco le importara que pudiera atacarlo, rebelando el motivo de haberme traído a tal lugar, desatar el caos.

Gruñendo ante una idea tan descabellada y sobre todo por la tonalidad chillante en su voz junto al molesto sonido que hacia al arrastrar los pies en el suelo, empezó a desesperarme, entendiendo en parte los motivos de mis hermanos de matar a cuanto incordio surgiese de imprevisto. Tentado a partir a la mitad a tan molesto ser, sujete el mango de acero de hacha dispuesto a si bien no matarlo a por lo menos asustarlo, sin embargo, el repentino surgimiento de nubes violetas me hicieron desistir de mi intento. El recuerdo de la pelea en lo bosque con el encapuchado y la posterior caída en medio de la masa gaseosa violeta volvió a mi mente, haciendo resurgir el latente dolor en mi brazo producto de los huesos, el cual me esforcé por ignorar al contemplar como las nubes que bien conocía se agrupaban en una de las tantas paredes, formando lo que parecía ser un portal. Rebelando una aldea humano en una extensa llanura bajo los sofocantes rayos del sol, donde mujeres sonreían complacidas al ver como jugaban sus pequeños hijos en la plazuela central, interrumpiendo de cuando en cuando el andar de diversos hombres que iban y venían de un lugar a otro cargando enormes canastas llenas de verduras, bajo la disipada mirada de rechonchos guardias que despojado en gran parte de su armadura, bostezando abiertamente a cada momento.

-¿Qué demonios? - gruñí, levantando mi hacha al notar como el pálido sujeto sacaba lo que parecía ser un trabuco salvo por su pequeño tamaño, dirigiéndolo hacia el reptil humanoide que hasta el momento permanecía callado al igual que la enorme bestia que reposaba en el suelo - pretendes matarnos de una manera tan cobarde

Siempre había detestado el empleo de armas de distancia, puesto a diferencia de hachas o espadas que requerían un gran manejo para no resultar dañado por la proximidad de los usuales combates, armas con aquel trabuco o los arcos tan usados por elfos eran simples escusas para atacar cobardemente a distancia, sin mediar en el verdadero honor solo concebible en un combate frontal, donde la vida siempre era puesta en juego. Escuchando el estruendo al dispararse el trabuco, estuve a punto de atacar de atacar a su portador, deteniendo al contemplar consternado como el reptil permanecía ileso ante lo que era una especia de macabra broma, puesto en el lugar donde se suponía debía salir los casquillos del arma disparados solo figuraba un diminuta bandera. Situación aparentemente graciosa para el enigmático personaje de labios pintados, que volviendo a sonreír de una forma que helaría la sangre de cachorros e inclusive adultos de cualquier raza, tiro el arma al suelo, argumentado que pese al gran poder que tenia siempre terminaba aburrido, por lo cual nos había convocado para servirle de entretenimiento en brutales matanzas sin sentido frente a poderosos rivales en la situaciones menos pensadas.

Debía admitir que la propuesta me resultaba tentadora pese a quien la ofrecía, ya que el hecho de enfrentar a poderosos rivales era algo que desea con todas mis fuerzas, mas aun al aun mantener parte de la ira con la que había arriba y que no encontraría mejor forma de ser liberada, que a través del éxtasis de jugarse la vida en memorables enfrentamientos. Dispuesto por tanto a aceptar la propuesta, escuchaba atento las palabras del extraño sujeto, quedando de un momento a otro perturbado ante lo último que mencionaba, puesto consistía en que debíamos atacar el pueblo. Probablemente adivinando lo que estaría a punto de decirle al querer que ataquemos una aldea indefensa, sentí una fuerte corriente de aire terminaba por lanzarme hacia al portal, observando cómo había bastado tan solo con un simple movimiento de mano para cambiar la imagen de la habitación por la del rural pueblo, en la que debíamos cometer la matanza.

- ¡Auxilio! algo ha derrumbado el campanario y asesinado a la pequeña Marie - grito una mujer, tratando de buscar ayuda en la inmensa marea de aldeanos y niños que se alejaban llenos de pánico, ignorándola por completo.

Consternado ante la actitud del reptil que ni bien llegando al pueblo, tomando a pecho las palabras que indicaban lo que deberíamos hacer, había empezado a hacer destrozos en medios de los aldeanos, derrumbando el campanario y asesinando a una pequeña niña que había evitado perecer bajo los escombros. Sintiendo hervir nuevamente mi sangre al haber sido testigo de tan deshonroso hecho al atacar a inocentes, avance velozmente hacia el reptil dispuesto a hacerlo pagar lo sucedido o ese pretendía, puesto el grupo de guardias que había visto a través del portal surgió a mi encuentro. Sus rostros expresaban un miedo descomunal ante la devastación desata en sus narices, evidente al vislumbrar como las lanzas que llevaban temblaban al igual que todo el resto de sus cuerpos.

- Salga de mi camino, ya que debe encargarme de ese maldito bicho - gruñí a modo de advertencia para que se apartaran, encontrando como respuesta el roce de una de las lanzas disparadas hacia mi brazo herido - ¡imbéciles! es él y no yo del que deben encargarse - grité, pretendiendo que entendieran a quien realmente debían detener.

Enfurecido al constatar otra vez la estupidez humana, al ver como tan torpemente impedían mi paso e inclusive llegando atacarme pese a que pretendía poner fin al origen de todo el caos desatado. Observé al que era el verdadero peligro, surgiendo de una de las casas de los aldeanos, mostrando una risa de satisfacción en medio de manchas de sangre en todo su traje y partes de su cuerpo que discurrían abruptamente hacia sus espadas. Intentando alcanzarlo esquive por unos breves segundos la lanza que iba directamente a mi encuentro, evitándola al moverme un lado, cogiendo con ambas manos la delgada asta de madera ante la mirada incrédula de los robustos soldados.

- No tengo tiempo para perder con basuras como ustedes - dije, partiendo a la mitad el arma con un fuerte golpe, sintiendo como mi brazo izquierdo se resentía levemente - lárguense de aquí si no quieren que corte sus cabezas - argumente, sacando a relucir el filo de hacha que lleve a la altura de mi rostro.

Tirando las armas huyendo sin más, observé como las figuras de los guardias se perdían entre las casas, cambiando mi atención hacia el reptil, al cual no pude encontrar al notar como una nueva nube violeta empezaba a rodear, cambiando la escena de destrucción por doquier por la extensa habitación donde con una sonrisa en el rostro, el pálido sujeto espera nuestro llegada.

- Que honor puede haber en asesinar a seres que no pueden defenderse.

Enojado aun por la actitud del reptil de matar como si nada a inocentes, estuve a punto de recriminarle y de paso hacerle experimentar con el filo de mi arma su actuar. Avanzando a su encuentro, me detuve ante las palabras de nuestro extraño anfitrión que dirigiéndole unas palabras a la enorme bestia que según recordaba no había visto en el pueblo, procedió a cambiar la visión del pueblo arrasado del portal por un extenso campamento de soldados. A diferencia de la tranquilidad que emana del pueblo rebosante de vida ante de nuestra llegada, el campamento lleno de humanos era un fuerte prácticamente, pues viese por donde se viese diversas armas reposaban en las manos de los soldados, que si bien no portaban la totalidad de sus armaduras quizás para evitar el sofocante calor, permanecían atento a cualquier extraño movimientos. Si todo seguía según el plan trazado para evitarle el aburrimiento al demencial tipo, deberíamos atacar aquel lugar desatando el caos y miedo. Idea que me agrada ya que suponía un reto al confrontar a tan numerosos batallones de soldados que llegaban a mas de cientos, cuyas habilidades militares era evidentes en la forma en que estaban organizados donde algunos cuantos ubicados en enormes atalayas, permanecían atentos para dar aviso a posibles ataques imprevistos.

- Esto sí es un verdadero reto digno para Grom y no el matar cachorros o hembras inocentes demostrando cobardía - dije, lanzando una furiosa mirada al reptil aun no olvidando como había asesina a la niña - te daré un espectáculo digno de recordar por años - mencioné, tomando el colgante verde que se mecía con las leves corrientes de aire, percibiendo como al simple contacto el dolor de mi brazo empezaba a disiparse demostrando las cualidades curativas de la pequeña artilugio que servirían bien para lo que es estaría a punto de hacer - siempre y cuando sea encuentros con seres más fuertes que yo.

Entrando sin perder tiempo a través del portal, sentí de inmediato el cambio de ambiente mientras un portentoso ruido me ensordecía instantáneamente, haciendo imposible evitar el disparo del trabuco que roso peligrosamente mi rostro. Más que nada por instinto aun aturdido por el sonido, salté hacia el encuentro del vigía con hacha en mano, propinando un potente corte que fue a dar de lleno en su pecho sin protección alguna, haciendo que cayera al suelo en medio de marea de sangre.

- Maldita bestia ¿Cómo has llegado hasta aquí? - escuché gritar al percibir como el portentoso sonido se disipaba, revelando a un sujeto con espada en mano y un cuerno de batalla en otro - pagaras tu osadía por haber matado a mi hermano

Embistiendo hacia donde estaba con la espada a la altura de mí estomago, logre interrumpir la trayectoria de la filosa arma con mi hacha, propiciando un fuerte forcejeo al ver como ambas armas se habían entrelazado. Aprovechando que a diferencia del humano tenia una de mis manos libre, cerré el puño propinándole un potente golpe a la boca del estomago, quitándole el aire, haciendo que se tambaleara por breves segundos. Los necesarios para imponer mi fuerza sobre la suya, pudiendo girar librando mi arma del enfrascamiento, para quedar detrás del humano finiquitando su vida a través de un sordo corte en la cabeza. Jadeando por lo que había sido el pequeño despliegue de habilidades, note como la herida en mi rostro producto de la bala empezaba a cicatrizarse, sin darle mucha importancia a esto apartando la mirada de los cuerpos inertes de ambos humanos, mire por primera vez donde me hallaba quedando atónito. Me encontraba en una de pequeña habitación hecha de madera con una inmensa abertura que daba de lleno hacia el cielo, acercándome con recelo para saber exactamente donde me hallaba vislumbre todo el campo humano donde debíamos causar destrozos, llegando sin mucho esfuerzo a la conclusión que había ido a parar a una de las torres vigías que se alzaba en medio de una extensa empalizada de madera que rodeaba unas cuantas carpas de variopintos colores.

- ¿Como demonios he ido a parar aquí? Maldito payaso de cara blanco, te tomaste muy a pecho lo que deseaba enfrentar un verdadero reto - vociferé, escuchando los gritos de humanos que subían hacia donde me encontraban, aparentemente con armaduras puestas ya que el chirrido del metal al tocar los escalones lo revelaba - esto será interesante - dije, al notar lo que parecía ser un barril lleno de aceite para las antorchas que usaban noche, siendo que solo una permanecía con una flama débil en una de las esquinas, probablemente al haberse olvidado alguien de apagarla.

Si bien me agradaban los combates en desventaja sabía diferenciar la delgada línea del honor y la estupidez, siendo que el quedarme en un lugar cerrado como en el que estaba sería un suicidio al verme superado ante soldados con diversos tipos de armas. Ocurriéndose una idea de por ya si descabellada, patee el barril de aceite en el suelo propagando su desagradable olor a través del aire, guardando hacha no sin antes tomar la antorcha con cuidado para que no cayera al suelo. Encaramándome al filo que daba de lleno con el campamento, saque la cuenta que la altura donde me hallaba no parecía superior a los 4 metros, lo cual si bien podría suponer unas lesiones menores no me mataría de lanzarme. Esperando el momento preciso, vi como los guardias entraban a paso marchal resbalándose en el suelo producto del aceite derramado, mientras otros con arcos en manos y desde el umbral de la entrada se preparaban a lanzarme una gran cantidad de flechas, sin esperar a que esto pasara, lancé la antorcha hacia el suelo de la habitación sintiendo de la combustión propiciada incendiando todo a su paso, quemando vivos a varios de los soldados enfundados en sus metálicas armaduras al igual que gran parte de mi espalda al lanzarme hacia las carpas.

Los gritos de los humanos indicando que se apagara cuanto antes el fuego no se hicieron esperar mientras que cayendo abruptamente, terminado destruyen varias carpas vacías en su totalidad. Experimentando el dolor de tanto mis piernas y brazos por el peligroso salto, resople algo agotado levantándome lentamente, fijando mi mirada en la inmensa pira que había propiciado y que amenazaba con expandirse hacia la empalizada.

- Eso es todo lo que tienen para ofrecer humanos, manden sus mejores guerreros para demostrar si pueden vencer a un orco como Grom - grité a todo pulmón, a la espera de un nuevo batallón humano que fuera mi encuentro - me pregunto... ¿Dónde diablos se suponen que esta el reptil y el enorme pez? - inquirí, al percatarme como desde mi llegada no había visto el menor rastro de los que se suponían eran mis compañeros pese a que no eran de mi agrado.
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Anomalocaris el Sáb Dic 10, 2011 12:19 am

Uno tras otro iban cayendo en las garras de aquellos seres enormes y fuerte que ellos solo consideraron monstruos que les atacaban sin motivo ni razón alguna…y en parte tenían razón aunque claro, para su anfitrión todo aquello era muy necesario.

Entro como una enorme bestia en el campamento, rodando sobre si mismo formando una gran bola acorazada en la que las espadas y lanzas de los soldados poco servían pues solo encontraban una gruesa muralla que apenas podían arañar con sus armas, especialmente teniendo en cuenta que no tenían mucho tiempo de reacción hasta que fuesen aplastados por la masa de cientos de kilogramos de músculo, coraza e inocencia afectada profundamente con las drogas, solo unos pocos golpes acertaron medianamente bien en su gruesa coraza y a pesar de todo no fueron nada que no se pudiesen encargar la gema curativa que como a sus compañeros de masacres le había proporcionado, las heridas cerraron al poco sin mayor recuerdo que unas gotas des sangre de la hazaña de algún anónimo hombro que habría logrado herir a ese niño.

Finalmente salio de aquella forma acorazada volviendo a ser más que una enorme pelota de la que aparte de su exoesqueleto solo se veían un par de aletas de sus laterales y esos dos largos filamentos al final de su cuerpo.
Ahora se mostraba como realmente era, una enorme criatura de más de cuatro metros de altura que se erguía por encima de todos aquellos humanos, más allá su cabeza de las espadas, quedando bien segura de casi todo salvo lanzas largas y arcos.

Agarro a un infeliz por las piernas, un soldado como los demás solo que este había tenido peor suerte y se había atrevido ha acercarse a ese ser enorme.
Con este pequeño literalmente barrio con grandes movimientos a los que se acercaban, matando ya de paso al que usaba de arma al que rompió los huesos con los muertes movimientos y golpes que hacia el engendro especialmente cuando chocaba contra el metal de las armaduras de aquellos guerreros hasta que su arma quedo irreconocible y bastante deteriorada momento en que la desecho lanzándola lo más lejos que pudo retornando su combate a puñetazo limpio mientras sus compañeros también eliminaban numerosos enemigos, pero aquello ya resultaba casi monótono para su visor, que se aburría rápido.

Los volvió a colocar otra vez a su guarida, siendo absorbidos con rapidez y casi cayendo de espaldas al suelo de aquella guarida, el hombre paseo por delate de sus guerreros tarareando una cancioncilla en débil voz mientras los examinaba y les daba más jegüititos.
Al orco le agarro y extraño su hacha de entre las manos sustituyéndola inmediatamente por otra muy parecida pero que poseía un brillo rojizo y un par de marcar marrones a ambos lados del mango.
A Haki le agarro la mandíbula y ya fuese por el efecto sorpresa o por una fuerza muy poco acorde con su tamaño y pude sentir un extraño ardor en la garganta que no tardaría en ceder hasta volver a sentir lo que fuese que sentiría normal en aquella parte de su anatomía donde ahora lucia un extraño adorno plateado con unas rayas horizontales carmesíes que emitían un cierto calor.
Y en cuanto a Anomalocaris le miro a esos enormes ojos compuestos como de libélula y aprovechando que por alguna razón, quizás alguna clase de control que efectuase ese bufón sobre la droga o que se encofraba algo más calmo tras rodearse de caras medianamente conocidas y que el efecto de la droga ya paso y solo era para asegurarse que cuando volviese en si viese un entorno que solo le dejase ser agresivo.
Se llevo las manos a su espalda y cuando las volvió ha echar hacia delante se le podía ver entre sus dedos una extraña forma esférica que brillaban ligeramente bajo la luz de las antorchas que luego volaron con sus manos hacia los ojos de la criatura para luego exclamar nada más dejarles ya con los regalitos, -venga…¡probadlos, disfrutad y matad!- dijo, casi gritando antes de mandarlos de vuelta al campamento de aquellos soldados que tras ese breve descanso en el cual no habían terminado de sorprenderse por la repentina desaparición de sus ejecutores y ahora ellos habían vuelto para terminar de exterminarlos a todos.

Spoiler:
-Una semana de posteo…dudas y demases por mp y ahora solo queda el tema de los nuevos juguetitos:

Para Grom:
Resistencia: 21
Fortaleza: 26
Agilidad: 5
Destreza: 5
Espíritu: 10
Esencia: 10

¿Estos son tus estad normales no? bien, tu hacha nueva tiene una marcar a los lados del mango que se iran “llenando” por así decirlo de un fuerte color rojo cuando más enemigos elimines, cuando elimines suficientes automáticamente tus stads pasaran a ser estos:

Resistencia: 55
Fortaleza: 60
Agilidad: 44
Destreza: 30
Espíritu: 66
Esencia: 41

Espero que te guste esta arma, en este turno puedes encargarte de que se llene y probar tu nuevo estado, pero de aquí en adelante me encargare yo según los enemigos y la cantidad eliminadas de decirte cuando puedes activar el bonus del arma que durara de uno a dos turnos.

Haki, ahora con esa chapita de metal que brilla en parte puedes lanzar fuego como si fuesen un dragón o un pokemon, lo que prefieras, un chorro de fuego de 6 a 9 metros de largo y de buena potencia, aunque eso también dependerá del entorno te avisare previamente si en algún lugar se ve afectada esta habilidad en demasía, lo único, seria como el de Grom un aparato que da una habilidad activa no se si me explico el solo la puede usar cada x turnos y tu como si te hubieses puesto lanzallamas solo una cada tres, eso si, como a el en este turno no cuenta, es de prueba para ver como te parece y los tres turnos comenzaria a contar a partir del siguiente.

En cuanto a mi, me ha dado unas fundas a los ojos para que no me los exploten de un golpe si algún arquero acierta >,< cualquier cosa por mp, gracias n.n-
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Grom Grito Infernal el Vie Dic 16, 2011 8:01 am

La adrenalina incrementaba mis deseos por luchar pese a la gran desventaja que me encontraba, situación perfecta para un guerrero orco como yo, que lo que más ansiaba era probar todas sus destrezas adquirida con el paso de los años. Las intensas quemaduras producto del avezado movimiento, que casi me había costado la vida, desaparecieron en minutos ante el continuo resplandor esmeralda de la gema que yacía en mi cuello, curando todas mis heridas tal como había prometido el pálido sujeto. Sintiendo renovada mis fuerzas, espera ansioso con hacha en mano el ataque de los batallones de soldados, que advertidos por mi intenso rugido y la pira que ahora era la atalaya incendiada, agitaban todo tipos de armas blancas a la vez que cubrían sus pechos por medio de circulares escudos metálicos, esbozando miradas llenas de ira y odio ante las vidas arrebatadas de sus hermanos. Listo para empezar a rodar cabezas, estuve a punto de abalanzarme sobre los humanos cuando un fulminante estruendo resonó por todos lados, deteniendo mi andar al comprobar asombrado la inmensa esfera azulina que surgiendo prácticamente de la nada, empezó una siniestra cadena de destrucción a su paso.

Edificaciones y humanos por igual terminaban pulverizados ante el imparable avance de la esfera pese a todo los intentos por detener su indescifrable trayecto, haciendo inútil cualquier tipo de ataque frontal de cualquier índole, resultando solo en una dolorosa y irremediable muerte sin sentido, haciendo que llegue a la conclusión que por nada del mundo debería interponerme en tal trayecto. Tan sorpresivo como fue su inicio la esfera se detuvo sin previo aviso, dando fin a su festín de devastación o eso parecía en un principio, puesto una increíble transformación dio como resultado el surgimiento de la inmensa bestia que conocía de vista al haber estado en la habitación del estrafalario tipo que nos había convocado, sin embargo, lejos de ser la pacifica criatura que recordaba, su aspecto totalmente fiero y desquiciado rebelaban una insania en todo lo que hacía, propio de una mente desquiciada que me hizo pensar si en ese cambio no tenía algo que ver nuestro estrambótico anfitrión. Era evidente que algo malo pasaba en la mente de la bestia, siendo poco lo que podía hacer puesto aun era rodeado por un batallón de soldados, confundidos en optar por atacarme o ir contra la bestia que sin reparo alguno seguía propiciando muertes entre los suyos, paradójicamente valiéndose de uno de sus hermanos como instrumento o mejor dicho del cuerpo inerte y ensangrentado que como mazo improvisado, quebraba huesos a su paso.

- Decídanse muchachos, prefieren morir sin temer la menor posibilidad de salvarse o probar suerte bajo el filo de mi hacha - dije con un evidente tono sarcástico, viendo la reacción contrariada de los soldados que sin pensarlo dieron la espalda a la bestia, abalanzándose hacia mi encuentro con sus centellantes armas en manos - buena elección para mo...

Lejos de poder terminar mis palabras y sin oportunidad alguna de oponer resistencia, sentí como mi cuerpo empezaba a zarandearse como si se tratara de un simple trapo ante las miradas atentas de los soldados, los cuales lejos de atacar permanecían atónitos al observar como de mi cuerpo empezaba a impulsarse hacia el azulino cielo. Tan solo basta un breve parpadeo en medito de tanta confusión para entender lo que sucedía, al visualizar una vez más la extensa habitación violácea y a su indescifrable anfitrión, que si bien mantenía una extensa sonrisa sus ojos expresaban un cierta aburrimiento, situación paradójica puesto de uno u otro modo habíamos desatado el caos que tenía en mente o por la menos la enorme criatura y yo, ya que no había visto rastro alguno del reptiloide desde la segunda apertura del portal hacia el campamento.

- No te entiendo payaso ¿no me prometiste grandes batallas? - gruñí, recobrando la estabilidad que en parte había perdido al descender tan violentamente, observando con algo de asombro como el reptiloide y la enorme bestia estaban próximos a donde me hallaban, siendo que esta última permanecía totalmente calmada, como si toda la bravura expresada en las tierras humanas hubiera desaparecido sin más - ¿por que me detienes? si eso justamente estaba a punto de hacer.

El rencor en mis palabras al haber sido privado de seguir luchando poco le importaba al pálido sujeto, que tarareando un inusual y desconocida melodía avanzo hacia donde encontraba, tomando mi hacha en un raudo movimiento de manos que me tomo por sorpresa pues no creía posible tal agilidad en un cuerpo tan débil. Sin reparar en el hecho de que nunca a un guerrero se le debía privar de su arma, puesto era similar como si fuese amputado una parte del cuerpo, controle aquel instinto que me impulsaba a matar ante tal ofensa, mas aun al notar con desagrado en un inicio pero luego con una extraña sensación de curiosidad como mi arma había sido reemplazada. Para cualquier desconocido en el arte bélico, sobre todo en lo que a costumbres orcas consistía, el arma sostenía en aquellas manos cubiertas de látex violeta era exactamente la misma, sin embargo, para alguien que prácticamente había crecido con el arma desde su más tierna infancia esta era totalmente distinta, evidenciándose en las extrañas marcas muy diferentes a las runas con que había sido forjada y el desconocido halo rojizo que de uno u otra forma me invitaba a portarla. Casi sin pensarlo extendi ambas manos, experimentando una increíble ola de energía al entrar en contacto con el frío metal, sintiendo como mis fuerzas habían incrementado al igual que cada una de mis destrezas de alguna manera no podía explicar. Situación que se repitió tanto en el reptil como en la bestia, que si bien no podía asegurar en qué consistía la naturaleza de los cambios de uno u otro modo los percibía, quizás como producto del incremento de cada uno de mis sentidos al contacto con mi nueva hacha.

-No te confundas cara pálida, mi goce no es provocar la muerte sino el enfrascarme en batallas que incrementen mis habilidades – dije, dando un vistazo al enigmático que minutos antes nuevamente nos invocaba a desatar el caos – cuantas con suerte que nuestros objetivos se relacionen o de otro modo ya hubiera acabado con tu existencia – gruñí, esta vez preparado al cambio de escenario tan típico de aquel rostro empalidecido, demostrando una vez más el enorme poder que tenía en lo relativo a las artes arcanas.

Nuevamente las corrientes gélidas de la habitación fueron reemplazadas por un intenso calor, cambiando la monótona visión de las mayólicas por un campo lleno de cadáveres en medio de lamentos y maldiciones a diversos dioses por lo acontecido, rebelando que una vez más me hallaba en el campamento humano. Era la oportunidad perfecta para comprobar cuales eran los efectos de mi nueva arma ante los batallones de humanos, que gritando con una furia inusitada al comprobar mi presencia ante los cadáveres aun frescos de sus hermanos, no dudaron en abalanzarse agitando todo tipo de armas dispuestos a cobrar venganza por la carnicería desatada en un lugar que tan solo horas atrás había sido el lugar más seguro para ellos.

-Llorando por aquellos que ya no tienen salvación siendo que ellos lucharon a morir – dije avanzando directamente hacia los humanos con el hacha en una mano y las cadenas que usualmente llevaba en mi cintura en otra – demuéstrenles honor imitando su acciones y acabando con mi vida si creen poder hacerlo.

Sin perder tiempo y viendo la proximidad de mis atacantes atine a lanzar mi cadena hacia uno de los soldados, enroscándola en parte de su cuello para luego terminar jalándolo hacia donde me hallaba pese a los esfuerzos que ponía para impedirlo. Casi sin desearlo como si la mano que portaba el hacha tuviera vida propia, la eleve hacia la altura de mi pecho atravesando por completo la espalda del soldado, que poco pudo hacer para impedir ver arrebatada su vida en medio de un incesante flujo de sangre. Los gritos de sus compañeros no se hicieron esperar, siendo que los dos más cercanos de donde me hallaba levantaron sus espadas, agitándolas hacia mí para darme muerte. Prácticamente por auto reflejo, empuje el cuerpo inerte en mi arma como escudo dándome el tiempo necesario para protegerme de los letales golpes, brindándome la oportunidad de sorprender a mis atacantes saltando a su encuentro, atravesando el rostro de certero tajazo mientras que al otro impactaba con un fuerte puñetazo en el cuello, notando como sus huesos se quebraban ante mis nudillos en lo que reconocí como una mirada de asombro del pobre desdichado. Casi tan rápido como descendí al suelo dos frías punzadas expandieron un repentino dolor en mi pecho, comprobando ante las sonrisas burlonas de dos soldados que aferraban con todas sus fuerzas las varas de madera, como dos lanzas habían logrado impactarme dando como resultado diversos hilos de sangre pero a diferencia de ocasiones anteriores, esta vez era la mía. Confiando en que el dije esmeralda hiciera su trabajo, giré con todas mis fuerzas en un ángulo de 360 grados, escuchando en segundos el crujir de la madera al ser quebrada, con lo cual atine a suponer y luego comprobar que las varas habían cedido ante mi fuerza, permitiendo una vez más propinar un fuerte corte en los estómagos de ambos humanos, que carente de protección alguna y sin arma de por medio poco pudieron hacer para evitar el funesto corte.

-Eres bueno matando muchachos – escuché decir en un tono grave, levantando la mirada para dar con la sorpresa que se trataba de un humano portando un armadura de pies a cabeza al igual que una docena, que peligrosamente mecían las esferas de hierro puntiagudas de los manguales que mantenían en manos – veamos que puedes hacer con un grupo de guerreros de verdad

Lejos de sentirme abrumado por el hecho de perder la vida en una situación tan complicada, percibí como una irremediable furia invadía por completo cada parte de mi cuerpo, sensación sofocante que emanaba desde mi hacha, que pese a estar completamente bañada en sangre desprendía un inusual brillo dorado. Recordando las palabras del bufonesco artífice de todo lo que estábamos haciendo, corrí en dirección al grupo que portaba los manguales con una velocidad que nunca antes había experimentado, tomándolos desprevenidos al haber estado en un momento delante de sus ojos y luego en medio de ellos con una grata sonrisa en parte en burla y en parte sorprendido por lo que estaba experimentando. No paso mucho tiempo para que advirtiendo mi presencia dirigieran las pesadas esferas de hierro hacia mi cuerpo, logrando evitarlas una por una mediante ágiles movimientos en medio de secos sonidos del suelo siendo resquebrajado ante los potentes golpes. Situación que no desaproveche, pues aferrando al mango de mi hacha con las dos manos, empecé a girarla a mi alrededor recurriendo una vez más a la velocidad sorprendente adquirida sin proponérmelo, cortando todo a mi paso como si se tratara de simples cerdos carente de protección pese a llevar las armaduras, que terminaban cercenadas al igual que la carne viva de cada uno de los presentes, recreando un grotesco espectáculo de sangre y cuerpos mutilados desparramando intestinos y demás órganos en el suelo entre los que se encontraban los de humano que minutos antes me había amenazado.
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Re: Hora de jugar...

Mensaje por Anomalocaris el Dom Ene 15, 2012 5:28 pm

Los músculos se acercaron hacia los órganos que rodeaban, estos empezaron a romperse y desparramar por todo el organismo diversos fluidos que se entremezclaron entre si y con su sangre que ahora abandonaba sus conductos naturales y saturaba los demás órganos del cuerpo, cuando la fuerza cesaba los músculos volvían a intentar colocarse en su lugar sin embargo los destrozados huesos se clavaban en estos cuando se movían del lugar al que habían sido empujados e incluso si se movían lo suficiente para, sin importarle si eran atravesados por los huesos no siempre conseguían recuperar los músculos y los órganos sus posiciones habituales pues sus armaduras que se supone que deberían de protegerlos ahora aboyadas de la fuerza del impacto apretaban en la carne.

Escenas como esas se veían sin cesar a medida del joven antropomorfo drogado para aumentar enormemente su agresividad, aunque la droga ya no tenía mucho necesidad de estar, después de todo ahora se encontraba rodeado por una numerosa cantidad de soldados que no paraban de rayar o atravesar parcialmente su exoesqueleto todo lo que le permitían los bruscos movimientos del artrópodo que se revolvía y golpeaba como una mala bestia acorralada contra la pared.

La inmensa superioridad numérica de aquellos hombre no era suficiente para detener a los agentes del caos de aquel hombre maquillado el cual se encontraba ahora mismo admirando todo aquella destrucción en aquel lugar al que les había enviado, retorciéndose en su oscuro asiento envuelto por los gritos de agonía de algunos pobres soldados que se arrastraban lentamente por el suelo con una mano intentando contener sus propias tripas que ansiaban escapar y salir afuera de la piel de sus dueños hasta que la pérdida de sangre , los innumerables microorganismos que entraban a borbotones en su cuerpo por el fango, algún momento en que alguno de sus compañeros creían que hundir su espada en su cabeza sería un acto de piedad o los propios hombres enviados para la destrucción del lugar los eliminaban intencionadamente o por accidente como cuando Anomalocaris los pisaba sin querer y sus cientos de kilogramos se encargaban de aplastarlos completamente, todas esas cosas, cada gota de sangre derramada hacia que le recorriese un estremecimiento de placer en cada trocito de piel y en cuando las únicas formas de vida de aquel lugar fueron sus propios enviados y todos los demás se habían convertido en cadáveres manchados de sangre y barro muchos aun con sus armas en muchas ocasiones retorcidas y rotas en las manos, pronto buitres y demás carroñeros vendrían a limpiar aquel campo de batalla donde nunca se sabara que solo unos pocos seres convocados por aquel enigmático hombre habían acabado por eliminar a la infantería de todo un ejército, cuando los hombres a caballo volviesen al campamento después de un duro día de escaramuzas , reconocimiento y combate se encontraran desolados si bien no estarán los causantes de esto pues segundos después de que se acabase la vida del último soldado dejando apenas tiempo para respirar y contemplar el paisaje desolado muerto donde antes estuvo lleno de vida, poco después se encontraron sumidos un instante en el vacio total antes de aparecer donde les esperaba ansioso aquel hombre.

Un escalofriante sonido rítmico los recibió, ese ruido lo estaba provocando ese estrambótico humano que aplaudía a los recién llegado con sus piernas cruzadas en su asiento -¡Magnifico! simplemente un magnífico trabajo, sabía que podía encargaros mi entretenimiento, les habéis dado una enorme paliza a esos humanos, pero ¿si no hubiesen sido humanos habríais logrado eliminarlos? Que curiosidad… - de la oscuridad aparecieron flotando seis diferentes artefactos que se mantuvieron flotando ante los ojos del orco y el engendro -no seáis tímidos elegid que queréis llevar al siguiente exterminio-

Una bola anaranjada y brillante, de esos artefactos él fue el que llamo la atención, se acercó hasta ella y la cogió en sus manos que inmediatamente después se prendieron sus manos, inmediatamente movió los brazos bruscamente y los restregó contra el suelo mientras gritaba en un burdo común intercalado con gruñidos y gemidos naturales de él -¡quitádmelo, quitádmelo!- pero no se le apagaron pero tampoco dolían ni le consumían en aquel baile ígneo, cuando se dio cuenta ya estaba desapareciendo por un portal hacia su próximo desino.

-No te preocupes por el solo es un niño grande y se sobresalto por el fuego, ya se despertara en la siguiente batalla, ahora coge tu siguiente juguete y síguelo por aquel portal-

Spoiler:
-¡Lo siento! y.y me quede sin ordenador y no pude postearte a tiempo ni avisar a nadie, perdona Grom no me gusta retrasar nuestra partida perdona T.T

En fin, los objetos en parte por compensación por el retraso puedes escoger el objeto que desees y su propiedad mágica para usar en esta partida, eso sí, no te pases, todavía no hemos llegado a la parte complicada y cosas con fuertes propiedades mágicas aun no serian necesarias o.o -

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