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El origen de la Magia [Solitaria]

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Re: El origen de la Magia [Solitaria]

Mensaje por Xhadesh el Miér Nov 30, 2011 12:36 am

Dos días después Hidgih anunció lo que veían sus ojos: Tierra, tierra a la vista. Además de tierra, alcanzaba ver enormes estatuas de minerales dorados que asimilaban la figura de serpientes con cuatro patas, enormes y parecidas a leones. Parecían llevar una armadura y montura para ser usados como bestias de movilidad. Pero eran estatuas, y grandísimas estatuas por cierto. Debido a sus conocimientos con el telescopio, podía asegurar que medirían cuando menos cuatro metros de alto y unos diez desde su cabeza hasta las rígidas y perfectas colas que tenían esculpidas.
Escucharon graznidos de gaviotas, sonido característico que anunciaba la tierra nueva para los marineros, y alzaron las vistas hacia el cielo, encontrándose allí enormes gaviotas de casi tres veces su tamaño convencional. Hidgih bajó de inmediato, anunciando las buenas nuevas para todos los hombres a pulmón abierto:



-¡Tierra a la vista! ¡Tierra a la vista!
-Ya la vemos Hid ¡Que alguien avise al señor Hummbert! –pregonó con fuerza Edwirck, que se alegraba tanto o más que su hombre por picar tierra nuevamente.
En menos de dos minutos el hijo del conde salió de su camarote, con su maneaereómetro en la mano, que brillaba de un tono mucho más rojo que anteriormente.
-¿Es esto lo que buscamos, Hummbert?
-Sin duda Edwirck ¡Encontramos la isla de las fuentes! ¿Bajaremos en las balsas nuevament…?
-Hidgih –anunció el capitán interrumpiendo la voz del hombre que estaba bajo su protección-, dame ese telescopio y mientras, busquen las espadas y denle una al señor Hummbert y su maese.

El hombre asintió de inmediato, dejando sobre las manos del capitán el telescopio, al mismo tiempo que entre tres hombres tiraban las dos anclas, una a una, y el resto de la tripulación amarraba las velas al palo. El hecho de haber picado tierra subía la moral de todos los hombres; y también la desconfianza de Edwirck, que ya no se iba a fiar del mismo modo que había hecho antes. Las playas de la inmaculada playa parecían tranquilas, pues no se miraba en ellas ningún rastro visible de movimientos pesados, nada que le recordara a los lagartos de hacía más de medio año. Tenía también enormes picos de rocas que podrían calificarse como montañas, pero ninguno de ellos sobrepasaba los dos metros de diámetro desde su base, y con seguridad superaban los cuatro de alto. En todos sitios crecía musgo y bellas flores de tonalidades brillantes y vivas. Eran flores como jamás nunca había visto en su vida, y más adentro de la isla, se aparecían dos montañas enormes, que parecían ser de cristal puro, pues reflejaban el mismo color que tenía el cielo. Mientras rebuscaba entre todo, no encontró nada que le pareciera en demasía extraño, más que aquellas estatuas que parecían una montura, pero que estaban completamente inmóviles, revelando su inexistente vida.

Para cuando se retiró el telescopio del ojo y volvió a ver a su tripulación, ya todos portaban su sable, incluidos Gaele y Hummbert. Y sólo esperaban por la orden de bajar las balsas a agua. Había también cuatro barriles para veinte litros de agua cada uno, a repartir dos por bote. Miró a los ojos de cada hombre y se relamió sus labios antes de alzar la voz, empuñando ya su propia espada, que era de mejor manofactura que la de sus subordinados.
-Esta vez no nos dividiremos, avanzaremos todos juntos, protegiéndonos entre nosotros y también protegiendo a nuestro señor Hummbert. Todos estén atentos, pues nadie sabe lo que se encuentra en estas tierras. Esas enormes estatuas me dan desconfianza… Pero debemos ir, igualmente si no es lo que estamos buscando, nos abasteceremos de agua y trataremos de cazar algún alimento… Los pescados me tienen podrido ¡Bajen los botes!
-¡¡Vamos!!
Gritaron todos, casi a modo de coro mientras chocaban sus espadas contra las de los otros, provocando un chirrido metálico que podría ser doloroso para los oídos de más de uno, pero que ellos disfrutaban como si fuera el mismísimo licor.

Eran ya solamente dieciocho hombres, así que nueve se fueron en una balsa y el restante en la otra. Era una alegría que al menos los botes hubieran permanecido en perfecto estado. Aunque todos los hombres se mostrasen excitados, el más nervioso de entre todos era el joven Hummbert, quien no dejaba de mirar su extraño instrumento ante la atenta mirada de los navegantes. Para ellos esa luz poco significaba, pero igualmente se mostraban felices porque parecía que su travesía había dado frutos y podían volver a sus tierras, con su familia, en menos tiempo de lo que esperaban. Por su parte, el anciano Gaele parecía haber quedado completamente loco, pues no mostraba ningún signo de felicidad, y parecía abstraído aún a otro mundo, distante y sin mediar palabra con nadie desde hacía más de tres meses.

Cuando estuvieron cerca de la playa hicieron lo mismo que en su última oportunidad: encallaron los botes amarrándolos a alguna palmera o roca enorme, y los hicieron entrar lo más posible en la arena, alejándolo todo lo que podían de las olas del mar. No querían quedarse sin modo de regresar. En cuanto acabaron su tarea, Edwirck fue capaz de escuchar un sonido entre la maleza que se alzaba más allá de la playa; hizo retroceder a sus hombres sin mirarlos siquiera, y alzó la espada pendiente de cualquier ataque que se presentase. El movimiento entre los pastizales le avisó que aquello, lo que fuera, estaba cerca de sí. Y pasó menos de un segundo para que la bestia que los amenazaba surgiera ante su vista:



-¡Crrrrieek! –chillaron, en un sonido melódico que nunca habían escuchado. Eran aves de suelo, que no sobrepasaban los veinte centímetros de altura, y que los miraban con curiosidad.





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Re: El origen de la Magia [Solitaria]

Mensaje por Xhadesh el Miér Nov 30, 2011 1:50 am

Antes de avanzar, los estómagos de los hombres fueron capaces de degustar las carnes de aquellas aves, y al adentrarse un poco, también pudieron cocinar una docena de huevos que encontraron en un nido que estaba en un hueco en el suelo, intentando camuflajearlos como si fueran setas… Seguramente venenosas, debido a ese sistema natural de protección. Recolectaron también cocos y los partieron de inmediato, para beber cuanto pudieran de esa agua dulce. En menos de un par de horas se encontraron con los estómagos llenos y más alegres y vivos que antes de bajar del barco. Cuatro hombres se ataron los barriles vacíos a la espalda, por medio de cuerdas de cuero; y los transportaron allí hasta que encontrasen alguna fuente de agua.

Deambularon por horas por un camino que parecía haber sido usado en antaño, pero que ahora no era más que una callejuela que volvía a ser del dominio de la naturaleza, desgastado y lleno de pasto y flores bellas por doquier. Aunque la mayoría de los hombres instó al capitán a ir hacia las enormes estatuas, este les detuvo y ordenó que ni siquiera se les fuese a ocurrir repetir esa petición; aun se guardaba sus miedos para con esas cosas, y no dejaría que nadie se les acercara, no al menos hasta estar completamente seguro de que no los mataría en un descuido, aunque fuera una patética hipótesis. Pero Hummbert le apoyaba, no quería andar de la misma manera que antes, y menos que quedara bajo su conciencia la muerte de más compañeros.

Avanzaban como una formación militar, formando un círculo lo más perfecto posible, llevando en su parte central a Hummbert y Gaele, además de a los cuatro hombres que llevaban los barriles, y al frente de todo, iba Edwirck con la espada presta para cualquier percance que llegase a suceder. Los hombres, aunque curiosos de aquellas extrañas estatuas gigantes y de la isla en sí mismo, querían explorarla por su cuenta, con sus compañeros como siempre; pero también tenían en cuenta que estar en una isla de la que nadie conocía siquiera su nombre, sería de lo más estúpido, incluso más que suicidarse.

Entre tanto camino, se adentraron más y más a la isla; gracias a ese pequeño camino, permanecían alejados de lo que parecía ser una jungla que guardaba quien sabe qué clase de extrañas criaturas. Pero cada tanto daban una mirada ahí dentro, seguros de que ir por ese camino no les haría encontrar ni agua, ni animales de caza. Bajo ese concepto Edwirck aceptó a que toda la avanzada se adentrara en la jungla, pero bajo la orden de que permanecieran en formación y atentos a todo momento. Todos aceptaron la orden y entraron dejando atrás el rústico camino. Llevaban los ojos abiertos de par en par, más que por cumplir la orden, por asegurarse seguir con vida, tanto con su vida, como con la de sus compañeros. Caminaron por horas y horas, desde el amanecer hasta que el sol amenazó con quererse ocultar. Miraron más aves exóticas, ardillas con varias colas y pelaje extraño y demás animales que parecían ser imposibles de que existieran. La mayoría de ellos parecían inofensivos, y también parecían ser deliciosos a las brasas. Pasaron por entre las raíces de enormes árboles que tendrían cuando menos tres mil años de vida, o más. Vieron parajes que jamás en su vida creyeron imaginar, y respiraron un aire tan puro, que los hacía caminar con más calma y tranquilidad. Hummbert, pese a todos aquellos hallazgos –bueno, tampoco era tan apasionado: Sí, disfrutaba las vistas- llevaba los ojos cada tanto a su extraño instrumento, para cerciorarse de que el líquido que aparentaba estar en ebullición, continuara siendo rojo. Y era tal su color que parecía producto de la magia y no de la alquimia, algo imposible de haber sido creado por un hombre tan joven e inexperto.

Fue cuando se acercaron a un arroyo, bordeado por una playa interior que le daba una belleza sin igual, cuando descansaron por un segundo. Se sentaron en esa arena fina y tranquila, y probaron del agua de ese arroyo, pues vieron que también los animales bebían de ella. Aprovecharon para llenar los barriles con agua y admirar por unos minutos el paisaje. Aun no se acostumbraban a esos colores tan vivos, a los animales tan extraños y amigables, de tonalidades también vívidas y curiosas. Con formas conocidas pero a la vez extrañas para ellos. Todo era nuevo, todo era bello y todo era virgen. Ellos eran los primeros ojos que podían ver ese paraíso.
-Paradise –murmuró por fin uno, luego de lavarse la cara- ¿A alguien le molesta que llamemos así a la isla? Isla Paradise. Es un nombre extraño ¡extravagante!
Todos se cayeron de espaldas rompiendo en carcajadas. Estaban tan alegres que se permitían el lujo de actuar como niños por unos momentos. Sin embargo, nadie se decidió por otro nombre, y a ellos les parecía uno muy bueno. Realmente, representaba la isla como la habían conocido hasta ahora.

Según los cálculos de Hidgih, las montañas extrañas, casi cristalinas, que habían visto estando en el barco, serían fácilmente posibles de alcanzar en menos de quinientos metros. Lo comunicó a todos los hombres, y el que más importancia le dio fue Hummbert, que pensaba que aquellas extrañas montañas guardaban las fuentes de la vida. Estaba tan excitado que les pidió reanudar la marcha cuanto antes… Y cuanto antes, fue de inmediato. La playa bajo sus pies empezó a temblar, tan fuerte y de improviso, que hizo que varios quedaran tumbados en la arena. Los que pudieron se alejaron de allí, quedando sólo Smenson, uno de los que había cargado los barriles, parado en la arena, quieto, pues el suelo se había vuelto a poner quieto bajo sus pies. Se alegró y comenzó a caminar con ligereza hacia sus compañeros… Pero una enorme criatura surgió del suelo y lo devoró de un solo bocado, y al acabar de tragarlo, soltó un enorme rugido gutural, salvaje y demasiado peligroso para continuar de pie frente a él.






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Re: El origen de la Magia [Solitaria]

Mensaje por Xhadesh el Miér Nov 30, 2011 2:24 am

Dejaron los barriles con agua y cuanto sobre la arena había, y lanzaron a correr como si fueran vacas aterrorizadas. Y es que lo eran, aquella criatura medía más de tres metros y ya se había presentado de una manera que no daba pie a malentendidos. Era una bestia carnívora y, o estaba enojada porque ellos entraron en su territorio, o estaba hambrienta y no pararía hasta tragarlos a todos. Bajo sus pies, el suelo temblaba aún más con cada paso que la criatura daba, pero para su suerte, parecía ser bastante torpe andando a dos patas, lo que les daba una ventaja ligera. Hidgih se puso por delante de todos, gritándoles sin girarlos a ver:
-¡Vamos al noreste, para allá deben estar las montañas! ¡Con suerte, podremos resguardarnos allá!

Todos asintieron y cambiaron el rumbo para seguir a su compañero, que aunque más viejo, era el que más calmado de todos iba. Aunque era cruel, por la mente de Hummberth pasó la insignificante idea de que, debido a la nueva muerte de su compañero, tendría que cambiar nuevamente el nombre de la campaña: Tendría que ser ahora Xhades [Kades], recordando la inicial de cada uno de sus compañeros caídos en pos de esa victoria. Poco tardó para que la criatura les diera alcance y se posara justo detrás de ellos, tirando árboles, rompiendo hierbas y haciendo chillar a las aves de Paradise. Era una criatura aterradora, que los perseguía con las fauces abiertas, dando mordidas al aire para tratar de pescarlos de la cabeza.

Antes de que los devorara uno a uno, se encontraron de frente con las faldas de la montaña cristalina, y para su endemoniada suerte, justo delante de ellos se abría una gruta de apenas medio metro de ancho y cuando mucho dos de alto. Sin mediar tiempo se arrojaron a ella uno a uno, pasando lo más rápido posible no sólo para salvarse a sí mismos, sino para no entorpecer la salvación de sus compañeros. Para suerte de todos, nadie más hizo compañía a Smenson en la barriga de esa bestia. El interior se mostraba como una caverna extensa, pero que no se ensanchaba por más que avanzaran. Las paredes empezaron a temblar, pues la bestia estaba dando cabezazos a la grieta, incapaz de creer que su comida se le había largado de las patas. Eso provocaba que cayera una fina capa de polvo sobre ellos, que aspiraron sin tener más remedio. Su única luz era el extraño artefacto de Hummbert, que brillaba aún más intenso que antes y que burbujeaba dejándolo sentir en sus manos. El hijo del conde estaba excitado tanto por la huida victoriosa que tuvieron del monstruo, y en la otra mano, por encontrarse ahí, en el centro de la isla, en el corazón… Seguramente en las fuentes de la vida. Pudieron ver hasta entonces que la montaña realmente era una estructura cristalina, tan compactada que era más dura que cualquier metal que otrora hubieran visto. Todos respiraban con fuerza y sudaban tirando agua salada al suelo, pero se mantenían en movimiento, desconfiando de que el monstruo pudiera romper la grieta y entrar por ellos, para devorarlos y juntarlos con Smenson.

En su seguir avanzando, Hidgih cayó por una pendiente en diagonal, del mismo cristal que los techos que tenían sobre sí. Hacía recordar a aquellos juegos de los niños. Detrás de él, todos resbalaron por el mismo canal, llegando hasta el fondo de la montaña golpeándose cada tanto y algunas veces cortándose con una extremidad que salía de la misma “roca”.

El instrumento que Hummbert llevaba cerca de su pecho no resistió mucho más, empezó a cambiarse a un color más y más apagado, hasta volver a ser transparente, pero que se llenó tanto y tanto de burbujas, que terminó explotando; y antes de que el líquido cayera sobre la pendiente de cristal, se evaporó y desapareció ante los ojos de los navegantes, que no terminaban de caer en picada hasta la muerte o los mismos infiernos.
Pero realmente fue poco el tiempo que se encontraron en esa caída, pues para antes de que lo pensaran, unas luces violetas, azules y rojas se dejaban ver detrás de los cristales que fundaban los pies de la montaña.
Inmediatamente después, Hidgih fue el primero en tocar piso y salió rodando contra el suelo que aparentaba ser líquido, como si caminaran sobre agua transparente. Uno a uno chocaron contra el mismo líquido, que les hacía de colchón como si fuese una membrana natural que los separaba del agua. Pero antes de poderse alegrar, miraron que cientos de esas mismas luces de colores descendieron sobre ellos… Las primeras se reunieron alrededor de Hidgih, danzando a su alrededor, y antes de que nadie pudiera hacer nada, se abalanzaron sobre él, incendiándolo hasta los huesos, quemando su carne y haciendo irreconocible su figura de hombre bonachón.




Aunque eso mismo le pasó a todos los navegantes, Hummbert sólo vio a Hidgih, pues el segundo en sufrir ese fuego fue él mismo. Sintió cada parte de su cuerpo retorcerse, y aunque trató de gritar, el fuego había poseído sus pulmones y quemaba el oxigeno que guardaba dentro. Cada bocanada que intentaba dar, era más y más sufrimiento. Y sintió entonces, como si le hubieran golpeado su cabeza, justo arriba de las orejas. Lo sintió una y otra y otra vez, tan fuerte que terminó por desmayarse, perdiendo el conocimiento sin sufrir mucho más. Todos los hombres experimentaron lo mismo, unos abrasados por llamas verdes, otros por violetas o rojas o de cualquier color, el sufrimiento era el mismo, y a todos les hacía crujir los huesos hasta romperlos y reacomodarlos a su gusto. Si alguien hubiera estado presenciando ese momento, hubiera preferido arrancarse las orejas antes que continuar escuchando sus llantos histéricos de sufrimiento que ni el hombre más valiente era capaz de resistir.





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Re: El origen de la Magia [Solitaria]

Mensaje por Xhadesh el Miér Nov 30, 2011 3:10 am

Aunque se creía ya más muerto que vivo, el otrora Hummbert recobró poco a poco el conocimiento. No se encontraba más en medio de aquella extrañísima montaña. Y aunque quería creer que todo ello había sido un sueño, la cabeza le parecía explotar cada tanto. Además, los recuerdos eran exactos, no había ni una imagen que hubiera olvidado, todo quedó grabado con fuego –mala palabra- en su mente. Se llevó una mano a la cabeza y se sobó su cráneo, despacio y en círculos. Era un truco que le había enseñado su madre, y aunque no funcionaba realmente, le ayudaba a creer que volvería a ver a su madre.

Se sentía completamente desorientado y no tenía ni la mínima idea de en dónde se encontraba. Reconoció el sonido del agua corriendo a sus espaldas, y se giró suavemente para encontrarse con esa imagen. El agua tan cristalina le devolvió un poco de paz a su existencia. Bebió con los ojos cerrados, pues el sol le estaba molestando… Se percató entonces: Hacía sol. Así que… al menos medio día, desde el anochecer hasta ahora con pleno sol, había permanecido tirado en las orillas de ese arroyo. Resignado trató de ponerse en pie, pero sus piernas parecían incómodas y no le respondían del todo. Sin embargo, para salvar su vida, sus brazos sí que reaccionaron: Escuchó un sonido pesado justo a sus espaldas, un sonido hueco y vacío… Al verlo de frente, se encontró nada más y nada menos que con un gigante formado de rocas y con un árbol enraizado en lo que podría ser llamado su hombro… Y en su cuello, y en la mitad de su cuerpo. Tenía una cabeza prácticamente implantada, pues carecía de ojos y en gran medida, de forma también. Con sus brazos, alzados y las raíces del árbol en terminación de dedos, hizo un gesto de saludo hacia la criatura que el también miraba extrañado. Chocó una y otra vez las piedras que aparentaban hacer de boca, y al final, pudo soltar palabras:
-Eres… el primero… que encuentro… Hummbert… -decía suavemente, mientras se acercaba al joven.


-B… bestia ¡aléjate! –le urgió, aterrorizado y, sin guardias, sabedor de su próxima muerte.
-So… y… Gaele…
-Eso… eso es imposible, monstruo ¡Aléjate ahora mismo! –se arrastró de espaldas hasta estar completamente empapado en el arroyo, y sus manos sintieron una extraña textura pegajosa y húmeda. Se giró para verlo y encontró a sus espaldas a una extraña criatura de grandes dimensiones, que en cierto modo le hacía acuerdo a Edwirck, le hacía demasiado parecido al capitán.


-Debes… creerme joven amo… Sólo… sólo mírese en el arroyo ¿Ve lo que es usted ahora?
Aunque temeroso de las palabras que pronunciaba la roca, estaba contemplando las posibilidades de que sus palabras fueran verdades, más por el pánico que cruzaba su mente, que por verdadera convicción. Se arrastró boca abajo para mirarse contra el agua cristalina del arroyo… y no encontró el rostro que hacía tiempo se había acostumbrado a mirar, sino un rostro pálido, con cabello igual de blanco y con dos cuernos a cada lado de la cabeza. Era un demonio… se había transformado en un demonio, eso era lo que había obtenido por querer tanta sabiduría, ese era su castigo… Y por su mal karma, había arrastrado también a Gaele, a quien ahora creía y a quien ahora sí consideraba cono aquel ser extrañísimo.


Se puso en pie con dificultad y se acercó al ser que reposaba dentro del río, le pasó la mano cerca de lo que aparentaba ser su hocico y le acarició con la mano una y otra vez.
-Nunca creí que esto llegase a pasar, yo no quería esto Gaele, usted lo sabe. Yo pretendía encontrar una utopía, no… no esto.
-Tu… no has… muerto, alumno… Tienes que seguir… tu camino… Encontrar tus metas… y volver por todos…


No hace falta contar mucho más, pues ya es de dominio público, si bien es cierto que hay que mencionar que Gaele decidió permanecer en aquella isla por lo que le quedara de vida, y Hummbert se fue lejos de ella, montando en Ridens –como decidió llamarle, en un intento de homenaje al capitán y su segundo al mando-. Volvió a su casa, y fue expulsado de ella. Viajó sin fondos y sin más motivos, sólo acompañado de su montura, que en el fondo de su corazón sabía que era el capitán. Y se cambió el nombre, abandonó el nombre de Hummbert que compartía con su padre, pues le causaba asco y rencor hacia su pasado. En cambio, decidió adoptar el nombre de la compaía: Xhadesh [Kadesh], con la última H en honor al último que vio caer: Hidgih.

***

F~~I~~N






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Re: El origen de la Magia [Solitaria]

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