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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

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Mensaje por Desmond Morgan el Mar Dic 27, 2011 5:51 pm

Es verdad todos habían pasado sus problemas como buenamente habían podido, unos mas y otros menos, pero lo cierto es que el enano fue el que más me impresiono. Este con una fuerza descomunal, levantó una mesa y aplastó, literalmente, a un guardia. Ivory había acabado con dos de los guardias Keth, Bast y Lugal también habían hecho lo propio con los suyos, yo, fui el único que no acabó con su enemigo, ¿acaso tu entrenamiento había sido en vano, Quinn? El caso es que vi esfumarse a Ivory en menos que canta un gallo y también vi al niño danzando alegre por el barco, uno de los pocos que había sobrevivido, pero ¿Sus días de vida estarían contados? Puede ser.

Es cierto que el despegar de “la Dama” había sido bastante turbio y que seguramente nos fuéramos al mar, por eso iba a por mis cosas, por que luego sería muy difícil encontrarlas en medio del mar. El niño danzaba y danzaba, es bueno ver la alegría de los niños. Me dirigí hacia la habitación en mis dos espadas reposaban y algo ocurrió. De pronto sentí como su tuviera un gancho en la rabadilla que poco a poco iba tirándome hacia arriba hasta quedar total y absolutamente suspendido durante unos cuantos segundos, después caí bruscamente contra el suelo. Mi suerte, como de costumbre, no fue buena y la espada del guardia que había matado Ivory se clavo en el suelo haciéndome un tajo en la pierna y atrapándola pero mi mala suerte no terminaría ahí.

Desmond, Desmond, Desmond. Por que, por que te tienes que meter en estos embrollos, por que tienes que hacer las cosas tan difíciles. No me retorcía de dolor, sin embargo, si sacaba la pierna de esa espada sin cuidado la herida se abriría y entonces notaria el verdadero dolor. Sin hacer movimientos bruscos intente quitar la espada de mi pierna peor era muy difícil, entonces fue el momento en que levante la mirada y vi al niño, que estaba danzando tan alegremente por el barco inconsciente y el busto de un rey, un innecesario busto, se precipitaba hacia el. Yo intenté quitar la espada deprisa y corriendo.

-Tranquilo, Desmond, el niño puede morir.- dijo Quinn a mi lado.

-Lo se, se que puede morir, por eso quiero sacar la espada para que no quepa esa posibilidad.

-Piensa lo que vas a hacer Desmond.-entonces entre la conversación, sentí un ardor descomunal seguido de dolor, yo grité, como el mismísimo diablo. Quite la pierna de aquella espada con un dolor muy grande pero pude andar cojeando y sangrando.-No Desmond, deja al crío, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.-todo se había vuelto nublo, el código era muy claro, no dejar morir a los niños, así que en mi mente, y en mi vista solo cabía espacio para aquel niño.- No te acerques Desmond.-en mi mente, aparte del niño, era la de darle muerte, al hombre que había hecho esto, al alto cargo que había preparado tal asalto y que no volviera a respirar mas. El busto cada vez estaba mas cerca.- Desmond para.-y en aquel momento cegado con un dolor tan grande solo acerté a decir.

-¡¡CALLATE DE UNA MALDITA VEZ, QUINN!!.-y tras eso le propiné un puñetazo que lo derribo y cayó al suelo. Yo seguí sin reparar en que había tumbado a mi pasajero oscuro y al fin corrí lo que pude y quite al niño de la trayectoria del busto que pasó de largo.

El niño quedo al lado de mi, aun sin consciencia, ambos tumbados, yo con la respiración entrecortada y tras todo lo que había pasado, eche la vista a un lado, hacia el lado en que debería haber estado Quinn y este había desaparecido, yo suspiré. Sin embargo, no se si fue por la furia, el dolor, la confusión, la sed de venganza, u otros términos que podrían haber influido pero una voz nueva había aparecido ante mi, una voz que me resultaba familiar, yo tras oírla dirigí mi vista hacia donde provenía ante mi yacía una figura. Esta dijo.

-Desmond Morgan. ¿Me echabas de menos, amigo mio?.-ante mi aquella figura, tan familiar, era la de nada más y nada menos que Carriot, un pasajero oscuro que no sabia si era o no recomendable para mi.


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Mensaje por Lugal el Mar Dic 27, 2011 9:24 pm

-Hay… sí, casi todos los soldados aceptamos la traición. No sé por qué… sólo… El capitán nos ofreció dinero, mucho… Y si nos negábamos… Nos mataría. Así de fácil…
Aunque algunos votasen por dejarle vivo y otros lo hayan hecho por asesinarle, la verdad era que nadie había aceptado hacer nada al pobre soldado que se retorcía de dolor sentado en el suelo. Y mientras ellos hablaban, tomó la espada por sí mismo y empezó a tirar con fuerza de ella, tratando de sacar su filo de las tablas en las que se había ido a aferrar. Su pierna le dolía, y era cierto que el movimiento que por sí mismo hacía era peor que el que Lugal le había infringido hacía poco tiempo. Sin embargo continuó… hasta sacar del todo la espada, y mientras nadie se decidía a qué hacer, se puso en pie con suavidad y se apoyó contra una pared para poderse mantener en pie. Miró todo el dolor que habían causado los soldados –él incluido- y titubeó un segundo… Hacía años, habría matado a cualquier soldado traicionero que se hubiera ofrecido a realizar ese trabajo… Y ahora él mismo había sido la espada ejecutora, y es más, había asesinado a un compañero por no apoyarles en aquella traición.
-¿Qué… qué hice? Por… Dios… ¡Lo lamento!
Y aprovechó que tenía la espada aún en la mano para acercársela al cuello… Y clavársela ahí para dejar que un largo río de sangre cayera a sus pies, mientras trataba de gesticular entre palabras ahogadas en sangre un simple “perdón”.
Ya nada importaban la votación por dejarle con vida o no, pues él mismo había acabado con su vida.

Lugal agachó la cabeza mientras escupía un poco de bilis… Ver aquello le había dado asco, no por el acto de “valor” que había tenido el soldado, sino por todo el aroma a sangre y la sensación de esta bajo los pies de todos. Allí se mezclaban la sangre de más de diez personas… y eso era una escena que no todos podrían soportar.
-Gra… gracias –murmuró, ahora más callado que antes. No tenía ánimos de cruzar muchas palabras ahora mismo. Estaba… algo aterrado. Nunca creyó verse envuelto en ese tipo de problemas. Lugal alargó la mano hacia Ivory para tomar las llaves que le ofrecía. Todos los demás habían recogido las llaves propias y tenían un llavero extra, de las pertenencias y los cuartos de los demás pasajeros. Se los habían quitado a los soldados que habían ultimado las vidas de otros, y poco importaba que estos tuvieran acceso a sus propios cuartos. Hasta donde Lugal sabía, a los muertos no les hacían falta en ningún otro lugar. Todos… Menos Bast. Este, sin esperar a los demás pasajeros sobrevivientes y sin buscar siquiera sus llaves, se había ido a buscar entre los pasillos una sombra de su memoria.

Frente a ellos quedaba una nueva elección: Ir a ver qué pasaba en el cuarto de máquinas o ir por su equipaje. El segundo era necesario, pero el primero era primordial. Si la maquinaria secundaria fallaba, haría que la maquinaria principal –ubicada en el área destinada a los soldados, al capitán y los demás pasajeros de mantenimiento- se sobrecalentase y… en el mejor de los casos dejara de funcionar. En otro caso… que explotara y todos muriesen antes de tocar el suelo. Pero para facilitarse esta tarea debían portar sus armas, puesto que así se les facilitaría todo si se encontraban a más soldados.

-Esta bien… debemos ser rápidos, no se distraigan mucho. En menos de diez minutos todos debemos estar de vuelta aquí. Iremos juntos hacia la maquinaria y, si hay más soldados, nos la apañaremos con nuestras armas.
Lugal seguía asqueado, pero también era cierto que debían sobrepasar eso o se moriría junto con todos. Y eso, a su corta edad, era mucho peor que el no haber viajado, porque ni siquiera podría tener descendientes que se quejaran de sus elecciones.

***
Lugal se acercó hasta otro soldado y le arrebató un par de llaves extra. En su dorso resplandecían las iniciales P. B., sin darle importancia las guardó en su cinto y caminó rápido hasta los pasillos que dirigían a las alcobas de los pasajeros. Dar con su cuarto fue sencillo, puesto que en aluminio, cada puerta tenía los nombres completos de cada pasajero. El suyo rezaba Lugal Abdubur, y era el segundo del lado derecho. Sin pensar nada tomó sus propias llaves y encajó la más grande de ambas en la puerta, que la aceptó de inmediato y cedió ante el giro de los dientes de la llave.

El cuarto dentro estaba iluminado por una ventana circular que daba a la parte exterior mediante la pared del fondo, así como por un ventanal en el “techo” de la habitación. Ya que aún era de día, la visión que daba era perfecta y dejaba ver todo: A un costado, un mueble tipo escritorio junto a una silla anclada al suelo. Ambos tallados a mano como si hubiesen sido hechos para reyes. Al fondo de la habitación descansaba una cama para una sola persona, con las mejores telas que se pudieran ofrecer para relajarse en ellas. Y demás variados y extraños objetos a modo de adorno, de todos los cuales a ninguno prestó atención puesto que sus ojos se estaban debatiendo por encontrar… ¡Ahí estaba! Un baúl rojo con chapas metálicas y una cerradura en el frente, donde también reposaban sus iniciales: L. A. Se acercó hasta este y se sentó de rodillas para alcanzar la cerradura. Metiendo la otra llave lo abrió como si fuera un tesoro. Escuchó un extraño engranaje dentro del mismo, puesto que estas creaciones estaban diseñadas para las personas con más riquezas y por tanto, debían ser mucho más seguras que lo convencional. Una vez hubo visto sus pertenencias dentro –más bien pocas: Sus boleadoras, su escudo y su mochila con todo lo que esta debía llevar-, tomó todo y volvió a cerrar el baúl. Se colocó rápido las boleadoras a la cintura, la mochila a la espalda, y el escudo en el brazo izquierdo, como acostumbraba. Ahora se sentía mucho mejor, con más confianza y seguridad en sí mismo… Sin embargo, aún tenía entre sus pertenencias las llaves del tal P. B., así que volvió a salir de su cuarto… un nuevo sacudón de La Dama le hizo volver a perder el equilibrio y estrellarse de frente contra el suelo. Para su fortuna, ahora estaba más preparado así que logró meter la mano derecha para evitar la caída, y la izquierda –con el escudo acomodado-, sirvió para suavizar aun más el golpe.

No vio a nadie más en los pasillos o que alguien hubiera regresado al Gran Salón, así que siguió de frente y… justo el cuarto que estaba frente a sí, pero del lado izquierdo, llevaba por nombre Pedro Bertler. Sonrió por su suerte y se apresuró hacia ese cuarto, lo abrió como hubiera hecho con el suyo y, una vez dentro, volvió a buscar el baúl rojo… Ahora mucho más sencillo de encontrar. Lo abrió con la segunda llave y revisó lo que pudiera serle útil. No es que Lugal hubiese sido criado como un ladrón, pues iba contra su código moral. Sin embargo, en las condiciones en que estaban… todo cuanto pudiera serle de ayuda era importante y útil. Entre ropa, monedas y algún retrato familia, encontró al fondo del baúl una armadura envuelta en telas, así como un traje rojo que parecía resplandecer en magia y, en una de las esquinas, una esfera de cristal transparente.** En cuanto a la armadura, no era una armadura propiamente dicha, sino partes sueltas de un equipamiento. Sin pensar mucho en las consecuencias se quitó el escudo-guante y se probó el traje rojo, toda la armadura, incluida la capa… Todo le quedaba prácticamente perfecto, así que se la dejó acomodada y se puso nuevamente el escudo en su mano izquierda, además de echar la bola de cristal a la mochila en su espalda Ahora parecía algo más… diferente. No llevaba el torso desnudo, e incluso parecía más un… guerrero que un hechicero. Pero eso le venía bien.

Salió nuevamente del cuarto y se dirigió hacia el gran salón para esperar a todos los demás que deberían ya estar ahí, o por llegar.
-Lamento la tardanza, encontré… cosas útiles, y mi equipaje ¿Sintieron cómo la Dama volvió a caer? Ahora me golpee la mano… ¡Y cómo duele! Pero no hay tiempo para quejarse, debemos ir hacia el cuarto de máquinas y arreglarlo de una vez por todas, antes de que piquemos con el agua… o peor aún, con el suelo. Además, escuché en alguna parte que esta cosa se alzaba con fuego… así que, si caemos, supongo que haremos un lindo cabúm del que… creo que ninguno de ustedes, ni yo, quiere participar ¿No?


***

La cocina contaba también con una puerta, pero esta estaba abierta sin tener llave. Además, el cielo de la misma también era un cristal que permitía que la luz del sol se filtrara por él. Directo en frente de la puerta se miraba una larga plancha metálica que ocupaba todo el espacio ahí dispuesto, a la derecha del cuarto se podía observar un almacén alargado que ocupaba una tercera parte del largo total del cuarto… Y a la pared izquierda, se podían notar las marcas de unas garras… como si fueran las de un lobo. Medio manchadas en sangre…

___________
**Comprados en La Forja, y la tienda de Las Brujas.
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 4 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Invitado el Miér Dic 28, 2011 4:27 am

— Ha muerto por honor— se oyó a la cazadora sobre el silencio momentáneo del salón principal de la dama. Ivory presenció la muerte del soldado con fría indiferencia. — No creo que los buenos espíritus se apiaden de él por matarse con culpa. Una persona correcta elegiría reparar sus errores.

Eso fue lo único acerca de lo que podía opinar. Desde que se había acercado al grupo, era consciente que había una pregunta en el aire, no obstante no alcanzó a oírla. Los sobrevivientes tenían la llave de sus respectivas habitaciones, así que Ivory supuso que tenía que ser algo relacionado con las pertenencias, las cámaras o los muertos. Guardó silencio para oír las demás opiniones, aunque ya había decidido lo que iba a ser: se iba a cambiar ese vestido tan incómodo. No es que así no pudiese moverse -el corte en el corsé y las mangas le daba la suficiente libertad de movimiento- sino que así no tenía manera de tener los kunai a mano. ¡Y Espíritu! su ballesta estaría esperando en la habitación que le asignaron, junto a las demás pertenencias.

— En diez minutos, espero estar por aquí— comentó girando sobre sus talones descalzos para seguir a Lugal. Caminó sin mirar atrás, sobre la alfombra carmesí. El color ya no se debía solo a la elegante tela con la que fue confeccionada, sino también a la sangre de los pasajeros y tripulantes. Tuvo que sortear algunos obstáculos, tales como cadáveres y trozos de maderas, los restos de la batalla.

Al dar el primer paso sobre el pasillo encontró su puerta. Estaba hecha en madera y en una pequeña placa de aluminio a la altura de los ojos, se exhibía su nombre y apellido. Abrió la puerta por el pomo que también era de aluminio y cerró la puerta a su espalda. Estaba perfectamente preparada para su confort. La cama tipo futón estaba en el centro de la habitación, sobre una refinada base de madera de nogal. Las sábanas eran completamente blancas, y a los pies, en el extremo más cercano a la puerta, había una plataforma más baja ideada para poner el calzado. En el lado del frente de la puerta había una pequeña ventana con forma circular, desde la cual Ivory pudo ver algunas nubes. Era una escena muy hermosa que lamentablemente no se podía dar el lujo de ver.

En el techo también había una ventana. Esta era más larga y más ancha que la de la pared, además su forma era rectangular. La única parte de la habitación que no recibía la luz de esta ventana, quedaba iluminado por la más pequeña. Al lado de la puerta había un escritorio con su silla, tallado en la misma madera con la que estaba hecho todo el mobiliario. Sobre la superficie había un tintero, algunas plumas, hojas y otros objetos de utilidad. Allí no estaba su baúl personal. Un poco asustada por la cada vez menos remota idea de que faltara su baúl, cruzó sobre el futón causando un desastre con la sábana y los colchones. Abrió el ropero, tenía dos puertas y algunos compartimientos más pequeños, pero todos estaban vacíos. Giró dispuesta a salir corriendo, para preguntar a alguno de los otros si también tenían ese problema pero entonces vio un baúl en la esquina, escondido al lado del escritorio. ¿Estaba allí hacía un minuto? Probablemente. La cabeza se estaba cobrando la energía empleada en la batalla.

Era un baúl de madera, revestido en parte por placas y detalles de aluminio. Ivory empleó la llave que todavía no había usado para abrirlo. Adentro encontró la ropa apilada en tres montones, como había pedido al abordar la Dama. La quitó con cuidado empezando por el de la izquierda y luego, cuando solo quedaba su bolsa de monedas y ropa interior, usó un kunai para perforar la base. Si bien a simple vista parecía de madera, ella sabía que no lo era. Una vez hecho el agujero, lo usó para levantar la tapa del compartimiento. Allí abajo estaba Espíritu, con su quíver de ocho virotes cargado, su traje envuelto en la capa, botas y dos dagas a un lado. Eran de Cara, estaba segura. Pero por mucho que le hubiese conmovido aquel gesto de su amiga, no podía llevarlas.

Se sacó el vestido por arriba pasando ambos brazos a la vez, para tirarlo sobre el futón. Si la viese MaryAnn seguramente le daría un largo sermón acerca de la importancia del cuidado de la ropa para las damas. Aquello le hizo sonreír. ¿Cuánto había pasado? ¿dos horas? ¿tres? y ya los extrañaba. Se puso la malla de tela negra sobre las prendas íntimas, ajustó el cinturón sobre el final de la curva de la cadera y un pequeño cinto en el muslo izquierdo. Acto seguido colocó los cinco kunai alrededor de la pierna. Se puso la capa bordó sobre el cuello, en la parte posterior de los hombros tenía agujeros especiales en los que en algunas ocasiones ponía sus kunai, no obstante esta vez no era su intención impresionar a nadie. Al tomar las botas, que hasta ese momento estaban posadas al lado de la ballesta, entrevió sus lentes entre la ropa interior. Dejó los que tenía puestos, apenas tintados, y tomó los que estaban allí. Estas gafas fueron creadas por su padre para los espeleólogos, pues así podrían proteger sus ojos de la arena y la tierra. Además, tenían los vidrios más resistentes que los normales.

Después de terminar los arreglos, volvió a guardar sus pertenencias en el baúl y lo cerró con llave. Cuando estaba cruzando por el costado del futón, la Dama sufrió otra sacudida, pero apenas la movió. Ivory tenía el cuerpo flexible por su vida, constantemente al límite. Cuando salió al pasillo vio que Lugal ya estaba allí. Era el único.

— Este último temblor fue menor que el anterior, pero esto no significa que el siguiente sea imperceptible— concedió parándose frente a Lugal, tenía un brazo en jarra y el otro relajado. — Deberíamos buscar ese tal cuarto de máquinas y ver cuál es el problema— añadió dispuesta a ponerse en práctica— por ese lado están las habitaciones, así que supongo que será por donde entramos. Creo que antes de girar sobre el pasillo, había un corredor menor.

Ivory recorrió el mismo pasillo donde estaba camino a la puerta de entrada. Antes de pasarla, preparó a Espíritu entre sus brazos. Con la espalda en la pared, dio un giro hacia el costado quedando de cara al primer acceso de la nave. No había nadie. Se metió en el corredor que había visto apuntando al frente sin interrupción. Abocada en la tarea de exploración que se había propuesto. Había dos puertas al final del pasillo. La de la derecha no era distinta a cualquier otra de la Dama, estaba hecha de madera y no tenía ninguna inscripción, aunque sí era notable una fina capa de polvo por arriba. La puerta de la izquierda era distinta a la que tenía enfrente. Ivory supo solo con mirarla, que era allí donde tenía que entrar. A simple vista estaba creada de metal macizo, no sabía cual pero se veía impenetrable. Como si su apariencia fuese la primer defensa, ¡era aterradora!. El picaporte, tal como la cazadora sospechó, no cedió. Pero tenían que hallar una manera de entrar.
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Mensaje por Keth-ela el Miér Dic 28, 2011 8:30 pm

Se encontraba ocupada mirando al soldado con la espada en la pierna, con curiosidad. Tal vez podría apiadarse de el… y lo habría hecho, de no ser porque alguien mas grito. El joven que se había presentado como… Michael o algo así, tenia ahora clavada en la pierna la espada de algún soldado incauto que ahora estaba muerto. Keth lo miro con sorpresa y aun ni siquiera alcanzo a reaccionar cuando el hombre ya se había quitado la espada de la pierna y… ¿Gritaba a la nada mientras golpeaba algo invisible? Lo que faltaba. Un loco en una nave sin dueño… no entendía del todo el porque la urgencia de moverse, mas lo comprendí cuando vi como se lanzaba sobre el niño y evitaba que fuera aplastado. –por la diosa…- murmure y justo en ese momento, el guardia cortaba su cuello, dejando un reguero de sangre que se agrego a las manchas oscuras y siniestras en el suelo.

Quizá sea porque ya había pasado la adrenalina de la situación, pero… fue cuando sintió una profunda pena. Miro al guardia en sus últimos alientos que pedía perdón. Ignorando el comentario de Ivory se acerco a el, acariciando su frente. –Alassie oloori (Dulces sueños…)- Tomo las llaves que colgaban de su cuello. Miro las iniciales, B.E. ¿Quién seria ese tal B.E? ni idea. Observo su alrededor, bajando la mirada un segundo, mientras murmuraba en voz baja. –Que sus sueños sean benditos y sus almas guiadas al descanso eterno…- Hechas las ceremonias por los muertos, se puso de pie. Tenia que salir de ese sitio, aunque fuera tan solo un momento, tanta muerte comenzaba a abrumarle. Era como si todas esas almas arrancadas de sus cuerpos con brusquedad se pudieran pegar a su ropa… como si la sangre sobre ella le quisiera absorber. –Entonces en 10 minutos…- y reparo que el chico al que había ayudado no estaba. –Será idiota…- pensó, negando con la cabeza. Esperaba volver a encontrarlo con vida. Se acerque a Michael, algo preocupada. -¿estas bien? – pregunto. Si, era una pregunta entupida pero, tenia que hacerse. -¿Puedes ir por tus cosas? No creo que sea buena idea ir desarmado por ahí…creo que en mi baúl tengo algo para las heridas, si es que no me he acabado todo con el chico del hombro. En todo caso… estaré aquí tan pronto como pueda. – Sonrío, antes de levantarse y dirigirse a su habitación.

Avanzo por el pasillo en silencio. Tal vez no era la única en ir ahí, pero no quiso esperar. Se sentía más confiada teniendo sus cosas, su arco y flecha. Trago saliva mientras avanzaba, temiendo encontrarse con alguien mas… si era así y este resultaba ser amenazante, Keth ya no dudaría en usar su magia. Para su suerte, nada fue mal y su habitación fue la primera. Las siglas K.E. grabadas brillantes. En la puerta de enseguida, otra más, que decía B.E. Suerte, podría revisar su cuarto y el del otro. Si bien, ella no era muy amante de los saqueos, en esta ocasión, lo que fuera seria bueno (como dice el dicho.) Entro a aquella lujosa habitación y la miro con evidente sorpresa. Lastima, tan hermosa y cómoda, habría sido encantador aprovecharla. Los ventanales eran perfectos para la iluminación y quiso imaginarlos a la luz de las lunas. Seguramente algo romántico y hermoso. Romántico... sintió un hueco en el estomago tan solo de pensar en esa palabra. La cama, de telas exóticas y suaves era perfecta para descansar. Keth se permitió acariciarla un poco… ya no había tiempo. Paso de los adornos con flores y joyería, de los armarios. ¿Y su baúl? Finalmente ahí estaba, aun lado del armario. Se acerco al, tenia sus iniciales marcadas. Inserto la llave y la giro, abriéndola casi al instante. Primero que nada, se permitió cambiarse de ropa. Adiós a su vestido de gala…

Se quito las prendas. Dejando su cuerpo completamente desnudo, y sus curvas expuestas, se coloco la prenda de arriba. No usaba sostén, puesto que la blusa incluía uno y le permitía mejor movimiento. Se puso los brazos y la falda. Las botas, pues anteriormente zapato de piso consistía en su calzado. Tomo su arco, sus carcaj. Peino un poco el cabello para que se acomodara y tomo su espada, su bolso con el tintero y su diario y su flauta. Aun tenía tiempo. Salio de su habitación, dejando el cofre vacío y la ropa manchada de sangre en el suelo. Ahora, tenia que ir a mirar el ostro cuarto. Entro y el baúl no fue difícil de encontrar. Lo abrió y… ¡Tesoros del cielo!

Había un estuche con un Laúd y una hoz. Bueno, el laúd… podría servir para golpear a alguien. La hoz. Definitivamente era útil, aunque no estaba acostumbrada a utilizar armas así. LA sostuvo en sus manos un momento, cuando escucho un ruidillo extraño. Fue… como un pavo real cortejando mezclado con alguna clase de animal que ruge. Un dragón podría ser, pero algo distinto. Rebusco, temiendo por su seguridad y sostuvo la hoz entre mis manos. De pronto, aquella creatura se lanzo hacia un lado de la habitación corriendo. -¡Pero que coño!- grito. Ups, Keth no tendía a usar groserías en español, aunque esa cosa le había asustado. -¿Qué eres…? – pregunto, mientras la cosa esa salía de entre las sombras. Con el cuerpo de un pavorreal y la cabeza que parecía mezcla de algún dragón y ave, Keth no se creía lo que miraba. -¿Tu dueño… era el de esta habitación?- suspiro, negando con la cabeza. Saco de su bolso un trocito de comida elfíca, de esa que dura mucho tiempo y no se arruina, ofreciéndola al animal. –Ven conmigo pequeño. No podría dejar a una creatura indefensa sola… ahí – Aunque creyó que el animal seria mas molestia, otra cosa que cuidar pero… bleh. Que más daba. Espero que el pavo…dra…¿Drapavo? Le siguiera, mientras salía al pasillo. De pronto, la dama volvió a temblar y caer un poco mas, con lo que Keth aprovecho para flexionar las piernas y soportar el bajón. El estomago le dio vueltas un segundo, pero se calmo al poco rato. Eso había sido menos violento, pero Temio por la seguridad de todos.

El Drapavo no fue lo único vivo que andaba por ahí. Otro ruido, esta vez, Keth juro que entendió que decía: “¿Mama?” pensando que podría ser un niño, rebusco a su alrededor. –“¿Mama?”- esta vez ella respondió. -¿Hola? ¿Donde estas pequeño?- la criaturita volvió a responder -¡kuribu!- Keth estaba confusa. Avanzo un poco mas en el pasillo… intentando encontrar. LA voz quedo en silencio. ¿Y si lo había imaginado? sintió algo en su bota seguido de un ligero tirón y algo peludo tocándola. Bajo la mirada y dio un grito espantada. -¿Pero que eres?- La cosa, de pelo verde y cuerpo blanco, miro hacia arriba (o eso pareció, porque no podía ver sus ojos) mientras decía. –Soy un ralts. Kuribu. ¿Tú, mama?- Las cosas estaban tan locas que Keth se encogió de hombros, tomando al ser entre sus manos y metiéndolo en su bolso –claro, ¿Por qué no? Únete. Si encuentro a tu dueña, te regreso…- sosteniendo la hoz en sus manos, se dirigió hacia el comedor. No podía creerlo, un… ralts. ¿Qué seria eso? Tendría que indagarlo mas tarde, si sobrevivía a esto. Y la otra cosa… seguro era algo de dragón, por lo que le incumbía e interesaba. También de eso investigaría.

No quería ni ver la cara de los sobrevivientes cuando ella llegara con su arco, flechas, una hoz, una espada y un ralts en la bolsa, junto a un ave que parecía una mezcla de cría de dragón con un ave muy fea. No pensó en ello, rebuscando. Ahí estaban Ivory y Lugal y ambos ya avanzaban hacia el cuarto de maquinas. Escucho el comentario y abrió los ojos como platos. –pues a mi no me apetece volar en pedacitos…- dijo, siguiéndoles en silencio, acariciando de vez en cuando la cabeza de Kuribu, que ronroneaba como un gato.

Ahí estaban. Dos puertas, una era el cuarto de maquinas seguramente y la otra, quizá alguna bodega o algo así. La primera, era fácil de encontrar porque la puerta era distinta a todas. La otra, bueno, un cuarto común que igual y seria como la cocina o algo así. Siendo un poco mas impaciente, fue la primera en intentar empujar la puerta con todas sus fuerzas. Apenas y consiguió quitar un poco de polvo. –¿Cómo abriremos esto? – pregunto en voz alta.- Se ve bastante pesada… si estuviéramos todos, podríamos empujar. –Miro los almacenes –quizá haya algo ahí útil… o podría usar esta hoz como punto de apoyo y todos empujar. (Total, no era suya) -¿Alguna idea?¿Alguien trae consigo una bomba?- pregunto, mirando a todos.
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Mensaje por Bast el Jue Dic 29, 2011 3:30 pm

Entré en la pequeña cocina, que a primera vista no tenia nada especial. Había una larga plancha apagada, donde se cocinan los alimentos. A la pared derecha, había un gran almacén, y en la pared izquierda había muestras de arañazos en la pared.
Tras de un rato mirando aquello, escuché quejidos provenientes del almacén. Me acerqué cautelosamente a la puerta, y la abrí de repente, con fuerza. Atado de brazos y pies, además de amordazado, está el maese que me acompañó mientras subian a La Dama. Junto a el, dos sirvientes fallecidos a causa de heridas graves. Se me revolvieron las tripas: no sabia quien había echo aquello, pero no había tenido la consideración de darles una muerte rápida y no dolorosa. Traté de hablar con el, le pregunté que había pasado, pero fue inútil. Finalmente, con los ojos vidriosos, me miro sin verme y, aun temblando de miedo, dijo:
-Algo golpeó la puerta... se escuchó como garras. Luego nos... me habló... Dijo... "¿Esto es totalmente inesperado, no pequeños? ¡Pero veremos si lo puedo usar!" y después empezó a reirse, mientras se iba.
Sabia que no aconseguería nada mas de él, así que no le presioné. Había pasado mucho miedo, ¿suficiente como para enloquecer?, quien sabe, pero en estos momentos ya no me era útil. Me inquietaban las marcas de la pared: como poco, aquel que había empezado la carnicería tenia un engendro sin armadura ni armas consigo, pero con una garras capaces de cortar la carne como si fuera mantequilla. Esa perceptiva no inquietaba tanto, aunque no dejaba de ser peligrosa, pero aun podían ser mas cosas. Un mago con el arte de la invocación, un grupo de engendros, un monstruo gigante.
Los demás ya habrían recogido sus pertenencias o averiguado que le pasaba a la maquinaria. Personalmente, preferiría que se tratara de lo segundo. No solo estaban a una altura peligrosa, si no que debajo solo había agua, de manera que aunque alguien sobreviviera a la caída, de poco le serviría. De repente, me alcé como por arte de magia, para caer súbitamente después. Caí bien, apoyándome en ambas piernas y en mi brazo derecho, un cuchillo de carnicero cayó cerca de mi mano, y otro peligrosamente cerca de una de mis lobunas orejas. Tragando saliva, me levanté tan rápido como pude. Al parecer habían preferido coger su equipaje, o por alguna razón aun no habían arreglado la maquinaria.
Estaba en el marco de la puerta, cuando volví sobre mis pasos y cogí un trozo de carne cruda. Al fin y al cabo tenia hambre, y no me apetecía luchar con el estomago vacio.


Última edición por Bast el Dom Feb 19, 2012 12:58 pm, editado 2 veces
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 4 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Desmond Morgan el Sáb Dic 31, 2011 7:38 am

Respiraba entrecortadamente aun no me creía la silueta que tenia a mis pies, miré otra vez hacia donde estaba Quinn, o hacia donde debería estar, pero nadie, no había nadie. Carriot esperaba pacientemente a que yo me levantara, sin embargo no moví ningún musculo. Miré al niño que permanecía inconsciente, todo había pasado por ese niño, ese ridículo niño, ese maldito niño. Maldita la vez que aquel crío apareció de la nada y fue tomado por rehén, maldita aquella vez que en mi inocencia pensaba que ningún soldado iba a matar a ningún niño y maldita la vez en que secuestraron “la Dama” pero por esa vez, esa única vez, el que estaba detrás de esto lo iba a pagar, lo iba a pagar muy caro. Entonces reparé en que Carriot aun estaba ahí, con su pelo pelirrojo, su barba de galante, su escudo y espada, y las cicatrices que su padre le dejó como obsequio o como una marca vitalicia, una marca que hacia creer a aquel chaval pelirrojo que su padre aun podría estar en cualquier lugar para pegarle para, inclusive, darle muerte. Aquel padre a quien yo mismo maté con mis propias manos, yo acabé con la familia de Carriot, yo y mi pasajero oscuro acabamos con esa familia, y dejamos a Carriot totalmente solo. Pero todo eso no debería tener importancia, Carriot ya había alimentado a los peces y esta muerto, yo mismo lo maté, pero por que ahora, por que se aparece Carriot ante mi, era algo que me desconcertaba y a la vez... Sonreí ante tal pensamiento y es que a la vez la sustitución de Carriot por la de Quinn me daba libertad, libertad para aplicar mi código, libertad para hacer las cosas a mi manera.

-Levanta, Desmond.-rogó Carriot, tendiéndome la mano. Yo la acepté y me levanté, noté nada mas apoyar mi pierna que la herida no me permitía andar con facilidad, había quedado cojo. ¡COJO! Un asesino, alguien que se alimenta de las muertes de sus enemigos, yo que necesito como el que más matar, toda clase de pensamientos, pensamientos que no había tenido en mucho tiempo, rondaron mi cabeza y lo tenia claro, tenia claro quien era el culpable de aquello.-Aquel niño, Desmond, ese niño es el culpable de todo.- señaló Carriot dándome la razón y me lleve la mano a la pierna en la que tenia mi daga, con dificultades, y saque el frasquito de la bolsa, desperté al niño posándole el frasquito cerca de la nariz. Este inspiro violentamente para expirar con delicadeza.

-Bien, te has despertado.-dije, el niño sonrió al verme, pobre iluso.-¿Ves esto?-dije señalando la herida de mi pierna.- ¿Lo ves?.-repetí cogiéndole la cabeza y acercándola.-Es todo culpa tuya, y has hecho una cosa mala, así que te tengo que castigar, lo siento.-dije.-Requiescat in pace.-mi daga se alzó por encima de mi cabeza impulsada, y agarrada, por mis dos manos y precipité la daga hacia el corazón de aquel niño, aquel inoce...

-¡Desmond!-una voz, la voz de Quinn habló, yo paré la daga inmediatamente y me giré alli solo estaba Carriot sonriendo.

-Vete.-imperé al niño, la cara de Carriot cambió.

-Tienes que dejar ese maldito código tuyo, Desmond, tienes que librarte de esos grilletes que te retienen, tienes que ser un verdadero asesino.-dijo Carriot, con total confianza. ¿Seria cierto? Me tenia que librar del código, tan imperfecto, tan inútil, tan de Quinn. Tendría que dejar de vivir en el pasado para hacer mi presente, eso es lo que quería decir Carriot, y eso es lo que iba a hacer. Y ahora a por mis bellas espadas. Me acerqué cojeando a por el soldado con el que había acabado Ivo, el soldado por el que mi pierna estaba herida. Y le arrebaté unas llaves en las que ponia J.C.S esa serian las de Juan Carlos de Sophia, o lo que es lo mismo, las de mis armas. Me dirigí cojeando de nuevo, la dama descendió un poquito más, algo que era esperado y a pesar de mi pierna pude reaccionar y salvar la caída tan catastrófica que pudiera haber sido. Fui hacia donde estaban mis armas y me crucé con Ivory además de Lugal, les saludé con la mano y vi que iban al cuarto de maquinas, bueno ese sería mi siguiente destino, seguí por aquellos pasillos, y llegue ante la puerta. Me acerqué al baúl con las iniciales igual que la llave y recogí mis dos gemelas con sus respectivas fundas las coloqué en mi cinturón, me atuse los ropajes, coloqué mi capucha y mi pañuelo y fuí al cuarto de maquinas.


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
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Mensaje por Lugal el Sáb Dic 31, 2011 2:42 pm

Gaele Mouran quizás, sí… Ese era un nombre que sonaba a realeza, o al menos, a burgués. Muy posiblemente, fuese el cuarto con más pertenencias y el que tuviera más valor dentro de sí; además, cuando toda la pesadilla acabara, seguro que le darían una buena paga por entregar sano y salvo al mentado Mouran. Seguramente era de una familia rica allá a donde iban, muy seguramente, así que mínimo, podría pedir una buena recompensa que le solucionara la mitad de su vida. Y buena falta que le hacía… Ese simple trabajo… Tan sencillo como había empezado, se había ido al traste. Sólo tenía que enterrarle sus armas en el corazón a un tal Brann, pero a los soldados se les había ocurrido hacer de las suyas y ponerse a matar a diestra y siniestra. Aún así, nadie lo había visto, así que aún podía cobrar toda la paga por aquel trabajo.

Su cuerpo estaba casi todo lleno de sangre, pues como hábil estafadora, asesina y cobarde que era, supo camuflarse entre las personas muertas para evitar que su sangre también tapizara el suelo… Aunque esperaba que hubiera sido un caso aislado para su parte de La Dama, la verdad es que no se sorprendió mucho cuando escuchó los ruidos provenientes de aquel gran salón. Parecía que los soldados iban demasiado en serio.

Como sea, ahora mismo sólo le importaba el cuarto del tal Gaele Mouran. Con ayuda de sus herramientas –escondidas entre su ropa y su cintura- estaba tratando de forzar la cerradura de la puerta de ese marqués. Aparte de todo lo dicho antes, también era Ladrona, y a veces incluso intentaba hacer trabajos de cazarecompenzas y otros… Que involucraban sus atributos. Trataba, mucho, demasiado… Pero la puerta no cedía, la cerradura parecía estar diseñada para evitar ese tipo de robos. Joder, no dejaría que una simple puerta separara su fortuna de ella, eso era obvio. No dejaría que nada le robase el dinero que honradamente había quitado al, muy seguramente, muerto Gaele Mouran.

Sin embargo, el fragor de la batalla había acabado, y escuchó que varias personas hablaron de ir a buscar sus cosas… Seguramente la verían ¡Carajo! Si la encontraban ahí… seguramente la matarían, o incluso cosas peores. Se puso nerviosa, y trató con más apuro de abrir la puerta, pero la cerradura no cedía. Se quejaba y chillaba por ser violada, pero aún así, no se abría ante desconocidos. Una cerradura muy fiel, pensó la ladrona. Sin embargo… Justo cuando escuchó los primeros pasos acercándose, la cerradura finalmente se entregó en cuerpo y la dejó pasar a la alcoba del ricachón. Se adentró en ella y cerró de inmediato, haciendo el menor ruido posible, pero dándole tiempo para ver por el filo de la puerta a un extraño humano con orejas puntiagudas ir hacia… Lo que parecía ser la cocina, cuarto que nunca había visto ella y del que incluso se había alejado.

Por fin cerró la puerta y se adentró en el cuarto… lo primero fue quitarse la sangre del cuerpo… Tomó la ropa de cama y la usó como una toalla, secándose toda la humedad roja que recorría su cuerpo, y al haber acabado arrojó las mantas sobre el colchón de nuevo, y centró su vista en el baúl rojo que descansaba al costado de la cama. Ahí era donde estaban las riquezas. Bingo, el premio caía a sus pies. Se acercó un poco a él… Pero se detuvo y regresó rápidamente hacia la pared que estaba pegada a la puerta… Parecía que el tal Gaele aún estaba vivo… Y había vuelto por sus cosas.


Spoiler:
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Mensaje por Lugal el Vie Ene 06, 2012 5:04 pm

La hoja entró rápidamente por el cuello y no se detuvo hasta verla salir del otro lado… Un enano, era el cuarto de un enano que llevaba una simple espada en su mano. El cuerpo del enano cayó hacia dentro del cuarto, y trató de cargarlo para mitigar el sonido de la caída, sin embargo el peso mayor de Gunrak la obligó a dejarlo caer. Bueno, aunque se lamentaba por esa falta de respeto, pensó que ya no podría dolerle la caída puesto que la pérdida de sangre había sido inmensa. Para su suerte, al revisarlo, encontró las llaves del enano y abrió el cofre sin mucha preocupación… Genial. Armas, armaduras… nada de verdadero valor. Volvió a cerrar el cofre y se sentó al costado del enano.
-Por qué… Moriste por nada, me hubieras dicho que no eras un ricachón… ¡Ahora tendré que ir a otro cuarto!


Eran cuatro contra la puerta: Ivory, Desmond, Keth y Lugal. El enano no aparecía por ningún lado, ni tampoco lo hacía el extraño desnudo –ahora Lugal podía llamarle así, porque él ya iba bien vestido con su armadura y todo. Por suerte para ellos, el pasillo no estaba bloqueado ni resguardado por ningún soldado que tratara de cortarles el paso. Por mala suerte para ellos, algo peor se interponía en su camino: Una enorme puerta metálica, más grande que todas las demás y totalmente enchapada de acero.

Solamente sobresalían el picaporte, que parecía estar cerrado por dentro así que no les dejó la entrada fácil, sobresalían también las bisagras pegadas a la pared que permitían que la puerta girase sobre sí misma para abrirse. Sin el enano, todos parecían enclenques que no podrían mover la puerta con sus propias manos; humanos y elfos frente a una puerta que se negaba a ceder por las buenas, difícil prueba de fortaleza, más difícil quizás que el haber estado en medio de la matanza de La Dama.

Lugal observó la puerta y se acercó a ella para tocarla con su mano enguantada. Eso resultó estúpido, ya que el acero chocó contra la puerta… Su intención era sentir la puerta, pero aún no se acostumbraba a ir completamente cubierto de una capa de acero. Suspiró y se giró hacia los demás.
-Me parece que no podemos tirarla por las buenas, y menos tocar para que alguien nos abra… Al menos, si estuvieran en medio de una matanza y yo estuviese allí dentro, aunque les escuchara y todo, creo que me negaría a abrir para salvar mi propia vida; pero ese es otro cantar. A lo que iba… La puerta parece imposible, pero… Las bisagras, cometieron el error de dejarlas por fuera, quizás porque sea conveniente que abra hacia este lado y no hacia el otro, cosa que tampoco nos importa… Bien, bien, ahora sí a lo importante… ¡Agnus!

Y, exactamente por arte de magia, surgió sobre su mano derecha una bola de fuego que se tragaba con fuerza el aire del ambiente. Brillaba como si fuera un sol e irradiaba calor como pocas veces se podría hacer. Le resultó extraño incluso a Lugal, puesto que su hechizo nunca se realizaba con tal potencia… Quizás era el traje que portaba, quizás… Pero antes de que aquella esfera comenzara a quemar su mano, la arrojó con maestría contra una de las bisagras de la puerta, pues esta contaba con cuatro –dos de cada lado-.

La esfera golpeó con tanta fuerza que incluso se escuchó como si fuera una roca la que hubiese golpeado, y se pegó a la pared tan rápido como había sido creada… Sin embargo, el fuego no alcanzó a mayores, sin provocar un incendio, pero había sido tal su calor que logró fundir en su mayor parte la bisagra alta del lado izquierdo, dejándola a total merced de que se hiciera lo que quisiera con ella.
-¡Funcionó! Por dios… yo creí que… Bueno ¡Funcionó! Ahora… si logramos tirar la otra bisagra podríamos tirar la puerta a palos… Y os aviso de una buena vez, que para eso no soy muy útil.


En la bodega que estaba detrás de ellos, cerrada con una puerta de madera sin candado ni llave, estaban varias cajas acomodadas una sobre otra. La mayoría contenían etiquetas como “Especias, Verduras, Carne –cocinar rápido-, Cubiertos” etc. Todas ellas inútiles, ahora y siempre. Sin embargo, al costado, casi pegado a la pared, había barras de metal cuadradas, de un metro de largo y de 10 centímetros de lado. Pesaban cerca de tres kilos cada una. Además, también había dos mazos con mango de madera y cabeza de fierro negro. Seguramente, además de usar ese cuarto como almacén de comidas, era una segunda bodega de herramienta para el cuarto de máquinas.

Ivory fue la primera en percatarse de ello, y rápidamente tomó uno de los mazos y lo llevó hasta la puerta. Sonrió levemente ante la idea que se le había ocurrido. Sin embargo, sin práctica en esos menesteres, tomó el mazo y golpeó erradamente. Abolló la puerta un par de veces, astilló la madera que hacía de marco de la puerta, y finalmente golpeó un par de veces la bisagra… Sin que pudiera hacer nada más que aportar una buena idea.

Si lograban tumbar la puerta abajo, se verían totalmente metidos en un cuarto gris, metálico, completamente metálico y exageradamente ruidoso… También se darían cuenta de que el grosor de la puerta que trataban de tumbar directamente sobrepasaba los veinte centímetros de ancho.
El cuarto de máquinas se dividía en dos plantas: Donde estaban ellos, y un subsuelo al que se accedía mediante una escalera hasta el fondo de la primera ala que podían ver. Los engranajes, mecanismos y demás utilería de ese cuarto era lo que provocaba tanto ruido… Tanto, que hizo doler los oídos a la elfa Keth, y que provocó en los demás que para poderse comunicar, tuvieran que gritar prácticamente en la oreja del otro, pues si no lo hacían así, el mensaje quedaba ahogado por chirridos metálicos.

Si llegasen a bajar por esa escalera, se encontrarían en un cuarto similar, un espejo de arriba… Sin embargo, encontrarían una cosa interesante y completamente diferente: Un hombre, lleno de grasa y con un uniforme diferente al de los soldados, un uniforme de mecánico, estaría moviendo piezas y palancas por aquí y por allá, y detrás de él, mirándolo directamente, tres soldados lo observaban con espada en mano, y parecían amenazarlo de muerte entre tantos gritos ahogados.

Por su parte, Bast no había encontrado nada más útil que unas extrañas marcas, y unas palabras aterrorizadas de un pobre camarero. Ir hacia su cuarto era imposible, pues las llaves que le correspondían las habían tomado ya, e ir hacia otro cuarto también era imposible porque carecía de las llaves. Tenía dos rutas: Volver sus pasos e ir hacia el cuarto de maquinaria como los demás, o ir hacia el comedor. Todo quedaba en sus manos.
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 4 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Desmond Morgan el Jue Ene 12, 2012 1:30 am

Llegué al cuarto de maquinas y allí ya estaban casi todos, salvo el enano. Carriot negó a mi lado. Haciendo un ruido de desaprobación con la lengua y el paladar.-No pensarás en ir a salvar al enano, el niño pase Desmond, pero un enano a pesar de su altura, no es un niño.-

-No, Carriot, no voy a hacerlo.-tampoco estaba en condiciones de dar pelea a nadie una pierna medio seccionada y una muñeca desencajada hacían de mi un contrincante fácil en el furor y la adrenalina de la batalla no notaba nada pero ahora todo estaba empezando a doler, a doler mucho. Saludé a todos los que allí estaban y me senté en el suelo en una esquina.

La pierna me dolía, la muñeca un poco un menos, yo apoyé la cabeza contra la pared del barco y suspire cerrando los ojos. -Desmond, liberate de el, no es el verdadero.- resonaba en mi cabeza, podría ser que Carriot no fuera el verdadero, pero con el me sentía libre.

Un fogonazo me despertó, era Lugal, el grupo estaba intentando derribar la puerta, seria fácil si alguien supiera algo sobre ganzuás o sobre fuerza bruta... me quedé un rato pensativo, si el enano, el enano podía derribar aquella puerta, había visto como había aplastado a un guardia con una mesa, creía que podría hacer algo parecido con una puerta. Y tras pasar por delante de Ivory y oír dos golpes que parecieron ser en vano, pues no se escucharon vítores ni nada, me volví a meter por aquellos pasillos, cojeando, desaté el pañuelo y me puse la muñeca en cabestrillo, esperaba que alguien supiera colocar muñecas y suturar piernas, maldita sea por que no me hice medico en vez de asesino.

Fui mirando por las habitaciones, nada no había nadie en ninguna hasta que al final oí unos ruidos, demasiado sospechosos me dirigí hacia donde los ruidos con toda la destreza, agilidad y sigilo que puede llevar un asesino con la pierna rajada y el brazo en cabestrillo y me asomé, en el una mujer, y abajo, abajo... el enano era el enano eche un vistazo rápido a la escena, pues era experto en ello, la daga de ella aun estaba sangrando ella le había dado muerte, empece a temer que era gafe primero Kreos, luego Carriot, ahora Gunrak, en todas las misiones que estoy tiene que morir alguien.

-Ella, Desmond, no importa a quien haya matado liberate del código, ella Desmond puede ser tu acompañante.- yo trabajaba solo pero me gustaba la idea de tener una mente femenina a mi lado, así que deje verme.

-No te asustes, no estoy en condición de luchar, como verás.-dije dejando mostrar mi brazo en cabestrillo y mi pierna rajada.-Los supervivientes del ataque nos hemos podido reunir en el cuarto de maquinas, estamos intentando abrir una puerta, parece que ninguno de allí tiene habilidades suficientes y nos vendrían bien un par de manos.-dije, mire al enano y dije.-Oh, no te preocupes no diré nada.-Carriot sonrió desde el otro lado de la sala apoyado en la pared.

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Bueno quien dice mañana dice hoy, sorry por la tardanza, en las condiciones que esta Desmond no puede abrir una puerta cerrada ni dar pelea.


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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 4 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Bast el Jue Ene 12, 2012 6:08 pm

Un crujido extraño me advirtió de que estaba pisando algo mas que madera. Había salido de la cocina y había dado un vistazo al comedor, aunque tal y como imaginaba sus compañeros no se encontraban allí. Al que el cuerpo del soldado se unía al resto de cadáveres frunció el ceño, ya que tenia un pequeña esperanza que hubieran decidido no matarlo. Instintivamente dio un paso hacia el soldado, y fue entonces cuando oyó el crujido. Levantó la bota y advirtió un rastro de arena y pequeños cristales procedente de una bolsa de color naranja. Esta reposaba al lado de la mano se un noble a quien no parecía que le hubiera sido demasiado útil. Conocía esas bolsas, ya que había sido víctima de una parecida hacía ya un tiempo, aunque era de color amarillo. Cogí la bolsa y me quedé mirando al noble. Dos segundos después registraba que el cuerpo no tuviera nada de utilidad. No era una conducta por la cual se sintiera orgulloso, pero al muerto ya no le sería de utilidad nada de lo que llevase encima. Ya que había llevado esa bolsa para su protección personal, confiaba encontrar una daga o algo similar, pero nada mas alejado de la realidad. Además de una bolsa de monedas de oro que me adjudiqué de inmediato, encontré un cuaderno de bolsillo, con unas notas...interesantes. En las paginas que no estaban en blanco se describían conjuros de nigromancia que me podrían ser mas que útiles. Como aún no tenia práctica con ellos apenas le serían útiles, pero al menos ya tenia un par de conjuros más por si lograba salir de ese ataúd volante.
No detallaré mi llegada a la sala de maquinas. Me presenté y les dije lo que había visto en la cocina. Recuperé mi hoz y mas importante aún, mi laúd. La elfa que le había curado, que al parecer se llamaba Keth, refunfuñó un poco antes de dármelo, pero el Dragopavo me reconoció como su amo, lo que probaba que los objetos de la habitación eran míos. El enano y el hombre que hablaba para si mismo habían desaparecido, y la mujer que parecía más de clase alta había cambiado completamente de aspecto. Esta última empezó a discutir con los dos elfos, y de mientras yo comprobé la puerta. Parecía resistente, pero una de las bisagras ya se había derretido. Sin prestar atención a la cháchara a mis espaldas, inicié un conjuro que me conocía mejor que mi propia mano. De los dos cortes que me había hecho antes empezaron a crecer dos alas de sangre, que de repente cambiaron de forma, transformándose en dos gigantes brazos, cada uno arma do con una hacha de un solo filo. Rompí la bisagra con un par o tres de golpes, y luego fue fácil derribar la puerta de un "ligero" empujón. Acabé con el conjuro y la sangre volvió a mis venas. Al girarme vi que la habían interrumpido bruscamente la conversación y que me miraban con sorpresa. Sin saber que decir, pregunté:
-¿Vamos a buscar a los dos que faltan o entramos?


Última edición por Bast el Dom Feb 19, 2012 1:07 pm, editado 2 veces
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