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Mensaje por Keth-ela el Lun Ene 16, 2012 7:43 pm

Lugal había creado una bola de fuego lo suficientemente potente como para quemar una parte de la bisagra del lado izquierdo, aminorando el trabajo. Keth sonrió, casi salta de emoción sabiendo que pronto podrían arreglar ese detalle de la caída libre. Como que no le gustaba la idea de venirse en picada en un gran globo lleno de gente muerta.

De pronto llego el chico al que había ayudado. Le miro con algo de reproche y desconfianza al tomar las cosas que ella había encontrado, pero el drago pavo ese lo reconoció. Se encogió de hombros, después de todo no era una ladrona. –Al menos me alegra haber tomado tus cosas chico- dijo con una suave sonrisa, antes de observar como dos alas de sangre tomaban la forma de brazos con hachas y cortaban la bisagra. -¿Qué todo tienes que hacerlo hiriéndote?- pregunto algo mosqueada, no le gustaba ver a la gente herida. Ble, que más da, si esos eran sus poderes, Keth no tenía ninguna responsabilidad por él. La puerta cedió ante su empujón (y claro, ella ayudo también) cayendo de peso. El ruido no fue muy discreto que digamos, aunque el ruido de las maquinas lo cubrió. Ante su pregunta, Keth suspiro, tomando su arco y preparando una flecha con somníferos. –Los otros dos tendrán que alcanzarnos pronto… de momento, es importante arreglar lo que sea que provoca que esta cosa caiga…no deseo darme un chapuzón por hoy…-

Fue la primera en adentrarse. La urgencia de salvarse a sí misma era grande. La criatura que ahora era su acompañante se ocultaba en su mochila. Observo el grosor de aquella puerta… sí que estaba hecha para proteger. Keth se dio cuenta de algo entonces… no oía nada. Incluso si los demás pronunciaban palabras ningún sonido cruzaba sus oídos… luego, un silbido que comenzó como un ligero zumbido, hasta aumentar a una punzada dolorosa… cerró los ojos con fuerza, dejando de apuntar con el arco para llevarse las manos a los oídos. Tanto era el ruido en esa zona, que en primera instancia su cerebro ni siquiera lo había recibido bien, aunque ahora, en lugar de ser aquel ruido grueso de la maquinaria, se transformaba en un agudo dolor. Perdiendo un tanto el equilibrio, termino tambaleándose sobre Bast, del que se sujeto con fuerza. Tenía que cubrirse los oídos con algo… término por agacharse, buscando torpemente en su mochila, lo que fuera, mientras sostenía con una sola mano el arco y la flecha. Finalmente encontró un trozo de algodón de lo que quedaba de su kit de curación. Lo dividió en dos y los coloco en sus oídos… no sabría si esto le ocasionaría un daño permanente, pero si estaba segura que, a partir de ahora, su oído no sería el mismo. “Bendita tecnología”. Miro a Bast, ahora no estaba tan segura de entrar primero… pero no había marcha atrás. Sobándose las sienes un momento, sacudió la cabeza, como si tratara de recuperar bien el equilibrio. Finalmente, volvió a tomar su arco y flecha, decidiéndose a andar.

Deicidio bajar por las escaleras… era muy parecido, aunque ahí, había un hombre lleno de grasa que comandaba aquella nave. Keth apunto con la flecha a uno de los soldados que lo observaban por detrás. Bueno… aquí comenzaba la fiesta. Estuvo a punto de disparar al primer soldado… pero luego, mirando a los demás y al mazo que llevaba Ivory en la mano, sonrió. Cuatro contra tres… podría ser la situación más sencilla. Apunto con la flecha intentando que diera en el blanco, aunque, con la falta de oído, el equilibrio no era precisamente el mejor y la puntería… rezo a las diosas por que diera en el cuello del soldado. Uno… dos… ¡tres! Y la flecha salió disparada, zumbando hacia uno de ellos… ¿Funcionaria? Solamente el destino lo diría
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Mensaje por Lugal el Lun Ene 16, 2012 10:10 pm

La flecha disparada por la elfa salió volando, cortando el aire y provocando un silbido agudo, reconfortante en otra situación para sus oídos; sin embargo, ahora ni siquiera pudo oírla, un tanto por el ruido de los engranes mordiéndose unos a otros, la máquina extrayendo la esencia de la piedra mágica, y los líquidos –presumiblemente magia en estado puro- que chocaban entre sí dentro de los tubos metálicos que tapizaban las paredes.

Aunque el objetivo era el cuello –la nuca, quizás- de alguno de los tres soldados, la flecha erró su camino. No cortó un cuello, ni arrebató la vida a nadie… Pero sí fue de ayuda: La flecha perforó un tubo y de inmediato propició que una “explosión” de vapor, repentina y más sorpresiva que peligrosa, empezara a inundar la pequeña sala; provocando el pánico entre los tres soldados que casi al unísono gritaron “¡Joder, esta mierda va a explotar!”, pero antes de que pudieran largarse corriendo como perros asustados, el mecánico, tomando una enorme llave inglesa, le acomodó un buen mandoble justo en la cabeza de uno de ellos, aboyando el yelmo de su armadura y reventando con seguridad algún hueso dentro de su cabeza. Quedó tendido sobre el suelo como si se tratase de un saco de piedras, y de debajo de su yelmo poco a poco salió un riachuelo carmín, que le caía por los oídos.

El mecánico se escondió entre los tubos, que ya conocía muy bien y sabía cuáles eran calientes y cuáles eran simples soportes; y aunque los soldados trataron de seguirlo, tocaban tubos hirviendo y otros congelados, sólo provocándose quemaduras en las manos y los dedos, y maldiciendo al mecánico, no se percataron de los otros cuatro pasajeros sino hasta que fue demasiado tarde.


Pero no todos los pasajeros habían ido a ver al mecánico. En las alcobas de los personajes ricos y los pobres afortunados, en una en especial, había tres cuerpos escondidos. Dos con vida, y uno más, tendido en el suelo, manchando las tablas con su sangre enana. Los otros dos, de una podemos hablar con certeza: Miraba al invitado con desconfianza, y era muy entendible esa reacción: Ella era la asesina, y si el otro había ido a buscar ahí, era porque conocía al dichoso enano. Además, el “aceptar” esa muerte tan fácil, y sin siquiera demostrar algo de “sorpresa”, la hizo tener las navajas a punto. En cualquier momento cierro los ojos para parpadear… ¡y thán! En ese segundo, lo tengo pegado al cuello… Aunque no sé si aún tendré la cabeza pegada también. Pensaba la chica, nerviosa y sin quedarse quieta. Si alguno de los dos se movía, si siquiera hacían un movimiento, por más simple que fueran, ella ya estaba en guardia. No se fiaba mucho de las palabras del otro… El reaccionar con tanta frialdad sólo era admitido entre los de su misma calaña, y entre ellos era bien sabido que no se podía confiar en el otro.

-Acepto.
Murmuró luego de sopesarlo. Quizás el otro fingía que estaba herido para hacerla creer que ella no corría peligro en caso de enfrentarse ambos, pero si fingía… Ella también podía sacar ases de debajo de la manga, pues no sólo era una hábil asesina.


El mecánico salió de entre los tubos cuando todo estuvo más calmado. No tenía muchas ganas de seguir haciendo caso a esos soldados, y la verdad era que se sentía mucho más relajado… Aunque hubiera tres cuerpos muertos en el suelo, y él mismo se hubiera cargado a uno de ellos. Sin dudar un segundo más, tomó placas metálicas que tenía repartidas por doquier y las colocó sobre el tubo que había sido perforado por la flecha de la elfa. Probó uno, luego otro… hasta dar con el indicado; era aluminio en aleación con acero enano, eso hacía que fuera un buen material… Ligero, barato, y duradero.
-No se preocupen por eso –dijo, mientras con otra extraña herramienta que escupía fuego, pegaba ambos metales para hacer desaparecer la fuga, como si nada hubiera pasado nunca- ¡ya está! Y este es sólo un tubo de escape, da igual si el vapor salía aquí o al final del tubo, sólo hacía falta que fuera expulsado. Si se hubiera tapado… sí estaríamos en gravísimos problemas…

Se relamió los dedos y se intentó peinar un poco, para ofrecer la mano llena de grasa a todos los presentes. Se presentó como “Xarvie”.
-Sí… Estaba aquí a la fuerza para detener la caída. Los soldados no la provocaron, estaban asustados y pensaron que había alguna falla, así que me obligaron a venir y repararla… Pero aquí estaba todo bien… Aunque, si no entran, seguramente habría tapado ese tubo… Para acabar con los soldados traidores. No creí que hubieran muchas más personas con vida… Bueno… No hay tiempo que perder. Si los soldados no hicieron el problema, debe haber alguna falla… o es el mismo capitán quien hace descender a La Dama. Vayan a la sala del capitán, si ahí no hay errores, vayan al motor principal; ambos están en la nave principal, la de mantenimiento. El capitán hasta el frente, y las máquinas hasta atrás –dijo, mientras les mostraba un mapa grasiento, oxidado y sucio, que había sido pintado sobre una placa de fierro-. Yo trataré de estabilizarlo aquí… Pero deben darse prisa. Por cierto, la puerta sur que conecta con la nave principal está trabada desde fuera, no podrán abrirla ni tirarla… Pero hay otra entrada desde el comedor, después de los cuartos.
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Mensaje por Desmond Morgan el Sáb Ene 21, 2012 1:36 am

Todo se quedó en punto muerto, ambos sabíamos que no podíamos confiar uno en el otro, pues ella era como yo, por eso Carriot había posado su mirada en ella. Pues era la compañera perfecta, pero ¿Seguro que necesitaba alguna compañera? El caso es que necesitaba saber que buscaba en aquel enano, quien era.

-Hmm...-contemplé acercándome al enano para examinarlo.-¿Y que buscabas en el?- dije sin apartar la vista del cuello del enano.

-Solo llevame a donde los demás.- ella no se fiaba de mi, yo no me fiaba de ella, eso seria malo para el grupo, pero debía ganarme su confianza, aunque sería difícil.

-De todas formas, ese enano, apenas lo conocía.-dije saliendo al pasillo, y mirando de reojo dije:-Solo quiero saber con que tipo de persona estoy tratando.-

-Desmond, no lo heches todo a perder vas muy bien.-dijo Carriot a mi oreja.-Esta mujer es tu compañera.-

Recorrimos los pasillos, y la guié hacia donde estaban los demás, cual fue mi sorpresa que la puerta estaba abierta.

-Parece que ya han abierto la puerta, parecía que no iban a conseguirlo.-dije e hice un gesto con la mano de “Tu primero” miró recelosa pero pero al final lo hizo. La ladrona entró delante y nos guiamos por las voces cuando llegamos al grupo saludé con la mano, con la cabeza. Y dije.

-He encontrado, a otra superviviente. Aunque...-dije considerándome seguro. Carriot me miró y negó con la cabeza.

-No lo hagas Desmond, es tu compañera.-

-Quinn es el verdadero, tu simplemente eres una ilusión.-dije delante de todos, y desenvainé la espada, del lado de mi mano buena.-Ha matado al enano, solo quiero una explicación de por que lo ha hecho, quiero saber con que personas estamos tratando antes de ir a por el responsable de esto.-y así se quedó la escena.

Spoiler:
Sorry por el post tan corto, mis musas estan desaparecidas esta semana >.<


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Mensaje por Bast el Sáb Ene 21, 2012 3:21 pm

Tras ver como el mecánico huía y como los soldados le perseguían eché mano a mi hoz, dispuesto a enfrentarme a ellos. Estaba a punto de entrar en esa jungla de tubos cuando un alarido me advirtió. Al parecer algunos de los tubos quemaban, y un soldado había tocado uno de ellos. Tan distraído estaba soplándose la mano y agitándola para acabar con los últimos resquicios de dolor, que no advirtió que había otro tubo en su camino. Este parecía aún más caliente, porque tras tocarlo llego incluso a dar un bote hacia atrás acompañado de un grito de dolor, con tan mala suerte que se dio en la cabeza con un tornillo que sobresalía de otro tubo. Bast quedo pasmado tanto de la estupidez del soldado como de la ridícula muerte.
El mecánico nos informó de las posibilidades que teníamos, pero pronto apareció el hombre que hablaba solo junto con una acompañante. El primero nos habló:
-He encontrado, a otra superviviente. Aunque…-pareció que se dirigía a alguien que no podíamos ver-Quinn es el verdadero, tu simplemente eres una ilusión.-Volvió ha hablarnos-. Ha matado al enano, solo quiero una explicación de por que lo ha hecho, quiero saber con que personas estamos tratando antes de ir a por el responsable de esto.
Vaya, de manera que teníamos un aliado menos. Una lástima, porque no era que nos sobraran. Por otra banda parecía que el hombre que hablaba solo era esquizofrénico, pero al menos sabía que podía confiar en él. Además se incluía el dilema de si se podía confiar en esa desconocida, porque debía tener como mínimo una ligera idea acerca la lucha para haber acabado con el enano. Tomé la palabra para ver si el resto compartía mi punto de vista:
-Yo opinó lo mismo que él, hemos de saber si se puede confiar en ella y si se puede que se una al grupo, de lo contrario ya decidiremos qué hacer con ella. Por otro lado-me dirigí al mecánico- has demostrado tener agallas, eres lo suficientemente fuerte como para partir la cabeza a un soldado con yelmo y nadie entiende más que tú de maquinas. Nos iría bien que te unieses a nosotros; si quieres armas hay espadas de sobra en el comedor que pertenecían a soldados muertos y aquí no estás más seguro que con nosotros, ya que si no solucionamos el problema, sea cual sea, estas destinado a morir. Así pues, ¿Qué dices?
-------------------------------------------------------------------
Cara de Bast al ver como murió el soldado: poker face


Última edición por Bast el Dom Feb 19, 2012 1:01 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Keth-ela el Dom Ene 22, 2012 1:51 am

La flecha no dio donde debería de dar, pero si en uno de los tubos llenos de vapor que no solo impidió la visión a aquellos hombres, sino que también los asustó, haciéndoles pensar que la nave había explotado. Los tres soldados a punto estuvieron de huir, sin embargo, antes de que hicieran real sus intenciones, el maquinista dio un fiero golpe a la cabeza de un incauto, hiriéndole de muerte. Keth observo al hombre apagarse en el suelo… y por si fuera poco, el otro ahora con el miedo de la explosión de vapor se golpeaba y estrellaba contra un gran tornillo matándose. Solo quedaba uno y Keth volvió a cargar otra flecha, apuntando hacia el… no fue la única dispuesta a matar al soldado pues también Lugal preparó su ataque y ambos, dieron en el blanco. La flecha de la elfa atino en el pecho y Lugal le remato. Dos fueron los que se hicieron cargo de un soldado… dos los que le dieron fin a su vida. Se acercó a tomar las dos flechas disparadas a fin de no perder municiones y volvió a poner una en el carcaj, mientras la otra la preparaba a disparar. No por preocupación con el maquinista, sino por precaución.

No es que no fuera un sitio interesante, pero a Keth le urgía salir de ahí. El ruido era tan fuerte que sus oídos sangrarían pronto, aun y con los dichosos algodones que evitaban la contaminación sonora. El mecánico finalmente arreglo el tubo roto, cosa que le dio gran alivio porque al igual que los muertos hombres en el suelo, le pareció que podrían explotar. Se tensó al escuchar al mecánico decir que casi provocaba que la dama cayera a tierra.-Soluciones drásticas a problemas mayores…- (Pensó para si). Xarvie era su nombre y dijo que los soldados le querían obligar a detener la caída de aquel gran navío. Luego dijo que probablemente el capitán podría querer hacer descender a la dama. La otra posibilidad era que el desperfecto estuviera ahí. Y se hizo la pregunta del millón. ¿El capitán seguiría vivo?

Observo el mapa intentando memorizar cada ubicación, especialmente los caminos que había de la zona de máquinas a la sala del capitán, luego al motor principal. Bueno, ese era el camino que tenían que recorrer… y reparo en aquellos que estaban ahí. Bast, Lugal, Ivory… ¿y el enano? ¿Y el tal Michael? Frunció el seño cuando le vio llegar junto a la chica a la que ahora acusaba de haber matado al enano. Le llamó la atención en gran manera el que el chico hablo con alguien que parecía no estar ahí. ¡Genial! Solo faltaba un loco para darle un toque de rareza a esta extraña aventura. Keth se sintió molesta. –Necesitamos apoyo para que esta loca y estupida maquina no caiga y tu matas a quien más fuerza tiene entre todos? ¿Por qué lo hiciste? – y Sosteniendo el arco y la flecha hacia la joven, espero su respuesta.

Ante el comentario de Bast de invitar al mecánico en su ayuda, Keth asintió con la cabeza. –mmm yo opino igual. Si el va con nosotros, podemos despejar el camino. No sabemos si hay más soldados, quizá uno amenace la vida del capitán… si es así, no podemos arriesgarnos a que el único hombre que sabe como manejar esta cosa se quede aquí y alguien más le ataque y muera. Señor, por mi parte, me gustaría que viniera con nosotros. De igual modo… si sabe como arreglar lo que sea que el motor pudiera tener, seria de mucha ayuda…-

Independientemente de la respuesta que la chica daría, Keth se dirigió a la puerta, avanzando con calma y recelo, cualquier movimiento en falso de la extraña tendría como respuesta una de sus flechas. Sin dejar de fruncir el seño, hablo en voz alta. –Tal vez ella no sea confiable, pero tenemos que ir hacia el capitán. Tú… chica… ¿Puedes estar un rato sin atacar a alguno de los que sobrevivimos? Supongo que te interesara vivir… ya bajando de esta cosa, entonces si podemos darnos el lujo de atacarnos y golpearnos unos a otros…- espero a que la joven caminara primero. De loca le daría la espalda. Y, el camino que tomaría Keth sería directamente hacia la sala del capitán. Si el estaba vivo, sabría como pilotear esta nave. Quizá el estaba en peligro y si le ayudaban, podrían evitar que el barco volador se fuera de cabeza. Esa era su decisión. Y tan pronto como la chica se pusiera delante suyo… bajaría sus armas un poco, aunque seguiría aquel camino engañoso. Estaría demás decir que justo ahora, Keth tenía los nervios de punta y deseaba llegar a arreglar el desperfecto, aterrizar esa cosa y ponerle fin a la tortuosa aventura. –Es la última vez que acepto una cosa gratis. La próxima vez… viajare aunque sea en burro…-
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 23, 2012 1:42 am

Ivory Malinov observaba al antropomorfo con curiosidad. Hasta el momento, casualmente, era el único miembro del grupo al que no le había prestado atención. No porque no la llamara, es que había actuado muy extraño desde un comienzo cuando, en la mesa, ni se había presentado. Keth, sin embargo, parecía poder comunicarse con él. El muchacho tenía ojos más oscuros que la miel, pero no más opaco, y unas orejas caninas sobresaltaban sobre una cabellera que, bien cuidada, sería sedosa. Estos eran detalles de los que Ivory ya era consciente antes de que el antropomorfo apareciera y, usando magia prohibida, terminara de derribar la puerta. Eso era lo que no había intuido antes, y es que era imposible saberlo. El muchacho era por lo menos peligroso, y a partir de ese momento la cazadora lo vigilaría en todo momento. La puerta cayó bajo su propio peso, y de repente el ambiente se llenó del sonido ensordecedor de las máquinas. Ivory entró con el martillo en mano como si le sirviera para defenderse, seamos sinceros, no podía pegarle ni a una bisagra que, como toda bisagra no se destacaba en agilidad. Caminó unos cuantos pasos hacia dentro sin contestar a la pregunta del antropomorfo. Después de todo, tampoco pudo oírla. Los engranajes, las palancas, las cintas de cuero sobre un completo esquema plasmado en tubos sobre las tres paredes pronto fueron todo lo que la cazadora pudo ver.

Solamente en la pared del fondo había más pieza metálicas que en todo el resto de la nave. A simple vista las maquinarias empleadas en la Dama eran aún más complejas que lo que Ivory había imaginado, y según tenía entendido, también había magia involucrada. Mientras los otros miembros del grupo continuaban su exploración bajando por unas escaleras cercanas a la puerta, ella se quedó observando anonadada el circuito de tubos y engranajes, buscando algún patrón que se repitiera. No había ninguno. Cada parte era única y cumplía una función diferente a las otras, era simplemente fascinante pero lamentablemente no había tiempo para inspeccionarlas de cerca.

El piso de abajo era muy parecido al otro, pero a diferencia de ese, este tenía alguna pérdida de humo entre sus tuberías. Ivory pudo ver a sus compañeros allí, matando a algunos soldados, y si bien había alguien que no había visto antes, parecía una persona inofensiva. El hombre, entrado en
edad, se movía con facilidad entre el humo y los tubos, y a juzgar por su ropa manchada era un operador de las máquinas que lo rodeaban. Cuando reparó el escape de gas, el hombre intercambió algunas palabras con Keth-Ela y Lugal. Ante la propuesta de Bast, la cazadora sonrió.

— Creo que alguien debe operar la nave, ¿no?— preguntó dejando en claro su punto de vista— y por otro lado, los soldados que amenazaban su vida han muerto. Es importante juntar a todos los supervivientes, si es que hay más y eso espero— aclaró. — Pero no sé si es necesario hacer algo aquí.

Inmediatamente llegó Desmond Morgan, y para sorpresa de la cazadora no traía a Gunrak con él, sino que estaba acompañado de una joven. Esta tenía el cabello recogido en dos trenzas idénticas, y caían hasta la cintura. El rostro solo se veía parcialmente por la capucha de su capa, tan blanca como las vendas con las que cubría las manos. Su ropa consistía en dos prendas que no dejaban mucho a la imaginación, pues aún con estas puestas se veía más piel que tela. Desmond estaba ofuscado, Ivory lo vio desde el primer momento, sin embargo no supo por qué hasta que el hombre habló. Habló solo, por cierto. Anteriormente, en el comedor, había echo lo mismo no una, sino dos veces.

— Señor Hall, esta no es la primera vez que lo veo hablar solo. Tenemos muchos problemas en esta nave como para lidiar con asuntos paranormales— comenzó tomando su ballesta. — Por eso os ruego que en caso de tener vínculo con demonios lo expongáis ahora, y si estoy equivocada y os estáis comunicando con alguien que no podemos ver también lo digáis. Me parece peligroso veros llegar junto a una asesina en esta condición, así que os aviso, a partir de este momento voy a vigilaros de cerca a vos.

Ivory no le apuntó con Espíritu en ningún momento, pero tampoco volvió a guardarla sino que la sostenía con ambos brazos sobre su pecho. Después de un solo segundo observándolo detrás de sus lentes rojizos dio un paso hacia la derecha para enfrentar a la supuesta asesina. Inmediatamente suavizo el gesto serio, ella misma era una asesina, se había subido a la Dama con la intención de matar. No iba a juzgar a la chica sin conocerla, Cara o MaryAnn se enojarían si algún día lo averiguaran. Con una sonrisa apenas dibujada, como una pincelada suave de lienzo, le tendió una mano antes de presentarse.

— Ivory Malinov— era su nombre lo único que diría, y después esperaría a que ella, a diferencia de Desmond, respondiera con la verdad.
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Mensaje por Lugal el Miér Ene 25, 2012 2:20 am

La chica, sudando un poco y tras dar un saltito de nerviosismo, pues no esperaba que Desmond revelara lo que ella hizo… Aunque tampoco tenía nada por lo que guardar el secreto. Supuso que les debía más a ellos, que a ella misma. Y suspiró, pues aunque habían preguntado los motivos, no parecían ahondar en ellos. Extendió la mano hacia la otra fémina, que igual que ella, lucía un cuerpo único, aunque más oculto a la vista.
-Me llamo Eliesbeth Ixhero… Un ricachón me pagó el boleto, y algo de oro, para subirme a esta… cosa, y matar a un tal Alexander… Me contó que el sujeto se acostaba con su esposa. Y… luego de todo lo que pasó, necesitaba más dinero… Y su amigo parecía tenerlo.
Susurró lo último agachando la mirada, como si realmente estuviera apenada, cuando lo que pasaba era que sentía vergüenza por no haber entrado al cuarto correcto, por no haber visto que a quien realmente trataba de robar, no era un ricachón, sino un simple enano con nada de plata, y mucho menos oro.

No hizo muchas más cosas, no contó más de su vida, y sólo aceptó los comentarios que hacían sobre ella. Asintió, fingiendo arrepentimiento, a las palabras de Keth, y caminó delante de ella, al costado de Desmond, como si fuese su mujer.

Antes de que salieran de allí, el mecánico los interrumpió para arrancar el mapa, o lo que pudo de él, y dárselo a Keth en sus manos.
-Si abandono este cuarto, los tubos podrían fallar en cualquier momento y, sin nadie aquí, lo más seguro es que empiece un incendio que le cueste la vida a todos los que aún la tenemos… Pero lleve el mapa, le será más útil que yo. Debería haber más mecánicos en el Motor Principal… Pero, si no los hay, pueden volver aquí, y os acompañaré… Si logro estabilizar el flujo de la magia aquí…
Sus palabras llevaban un tono muy claro de nerviosismo, y aunque lo trataba de ocultar limpiándose las manos grasientas en los pantalones, ese gesto solo hacía más notorio el problema.
Una vez que ellos se fueron, respiró hondamente y se secó el sudor de su frente. Necesitaba algo más que suerte para reparar lo que allí pasaba. Y le oraba a todos los dioses para que sólo fuese en ese cuarto de máquinas donde hubieran problemas.

Nuevamente el grupo, formado ahora por una fémina más y un enano menos, atravesó el Gran Salón –que bien podía llamarse ahora “Carmesí”, o “Fúnebre”-. La visión de tanta muerte, de no haber nadie con vida allí, del olor de la destrucción, hizo que Lugal casi desmayase… Aunque fuera hombre, no era un hombre de guerra, y escenas como aquellas sólo las había escuchado de los labios de uno de tantos viajeros que pasaban por Loc-Lac. Aunque sobra decir que nunca dio fe de esas historias. Nunca les creyó, hasta ahora. Ni su más duro deseo de alegrar el momento lograba alejar las arcadas que se apoderaban de su ahora víctima cuello. Atravesó el Gran Salón como todos, en un profundo silencio exigido por sus subconscientes. Ni una sola palabra, no tuvo ánimos de dar ni una sola palabra.

Luego de pasar por los pasillos que daban hasta los cuartos, frente a ellos se mostraba un lujoso comedor, con mesas de caras maderas, decoradas con pinturas de oro y con el borde detallado con piedras preciosas. A diferencia de las otras, estas eran redondas y tenían espacio para cinco comensales. Había cinco de ellas repartidas a la misma altura que todo lo demás, y dos escaleras dirigían hacia cuatro mesas más, colocadas a una altura de un metro superior a lo demás. Seguramente, esas mesas eran para aquellos con más poder o dinero, pues también los lujos eran superiores. Aunque ahora, todo estaba desierto, y los imaginarios comensales que debían devorar jugosos cortes de carne de conejo, yacían sobre las tablas de madera cara que habían manchado con su sangre.

A la derecha, cerca de las escaleras que llevaban hacia el “nivel superior”, estaba una puerta con finos detalles y con un simple cristal redondo a mitad de ella. Por él, se podían ver las nubes, el cielo, y un pasillo metálico que comunicaba con la Nave Principal, donde iba el capitán y el Motor.

Pero antes de que pudieran hacer nada, la puerta se abrió, dejando ver a seis soldados más. Tres de ellos armados con ballestas, y los otros dos con las mismas espadas que los anteriores. A la voz del primero que pasó, algo nervioso y asustado, todos los demás entraron en acción:
-¡Mátenlos!
Y los tres ballesteros dispararon al mismo tiempo, cada uno a distintos objetivos:
Uno atinó en la pierna, cerca de la entrepierna, de Bast. La flecha, por suerte, atravesó la piel por ambos lados, dejando la punta fuera de la carne. La segunda flecha fue dirigida hacia Lugal, y le atinó a atravesar el costado del vientre, igualmente, debido a la cercanía con el tirador, la flecha se había quedado en mitad de su cuerpo, pero la punta de la flecha se podía ver del otro lado.
Y la tercera flecha había ido a atravesar el hombro izquierdo de Ivory, saliendo por el otro lado la punta también, pero quedándose la madera de la flecha en su cuerpo.

El soldado que había dado la orden, junto a los otros dos que llevaban espadas, atacaron respectivamente a Keth, Desmond y a Ixhero, sin darles mucho tiempo a contra-atacar. Los soldados poco tenían que perder ya, así que sus ataques eran a matar, todos ellos.
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 5 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Desmond Morgan el Miér Ene 25, 2012 1:46 pm

Todos reaccionaron ante mi acusación y ante mi delirio. Así era, habían descubierto al verdadero Desmond Morgan, había transgredido el código, y sobre todo había decepcionado a Quinn ¿Y todo para que? ¿Sentirme libre? ¿Por cuanto tiempo? ¿Acaso no me pillaría la guardia nada más bajar del “zerepin”? ¿Y todo por que? ¿Juan Carlos? ¿Acaso el tenia algo que ver? No, no lo creo. No me creo nada, Juan Carlos no tenia nada que ver en esto, no tenia tanto poder, estaba rondando de ciudad en ciudad para escapar de mi. Y yo, Desmond, maldito Desmond, me maldigo a mi mismo, por no confiar en Quinn, por no aplicar su código a rajatabla, por que, si Quinn me lo impuso era por algo. Y ahora Carriot sonreía, sonreía por que había mostrado mi cara a la gente, como era, cuan cruel, vil y traicionero podía ser. Y que en vez de matar, podía hacer que otros lo hicieran por mi, no podía disfrutar ese placer, y no podía impartir justicia con Carriot, no podía hacer nada con el, por que si lo hacia iba a acabar mal muy mal. Mientras todo esto rondaba mi cabeza escuchaba las palabras de Ivory como un eco mientras apretaba fuertemente los ojos y movía la cabeza, algo estaba pasando en ella, un choque de dos personalidades, un big bang interno que debía explotar y dejar simplemente una personalidad la de verdad, la que me podía proteger. Entonces la ilusion se produjo, en mi cabeza se desencadeno el big bang Carriot, en mi mente, explotó como una granada dejando sangre por toda la sala yo retrocedí.

Entonces una voz, muy familiar, demasiado familiar, y eso me tranquilizo, dijo a mi oido.

-Todo a pasado Desmond, ya no hay de que preocuparse.- miré de reojo y ante mi volvia a estar una figura, la figura que estaba deseando que sustituyera a la de Carriot, mi padre adoptivo yacía de nuevo ante mi con la mirada de severidad, y con aquel porte elegante a la par que imponente.

-Pero Quinn.-dije sin hacer caso a Ivory. Este me, ¿Sonrió? Era la primera vez que Quinn me veía con orgullo, y era por que había superado, lo había superado, mi locura estaba resuelta. Entonces suspire levantando los hombros y dejándolos caer y miré a Ivory.-Señorita Malinov. ¿De veras piensas que tengo pinta de un invocador de demonios, o de alguien que contacta con ellos? ¿Que me dices de Lugal? ¿O de Bast? Si empezamos a acusar de manera gratuita a cada uno del grupo.-dije en tono burlón y reparé en que habia acusado a Lugal y Bast, como había dicho gratuitamente y reaccioné.-Sin animo de ofender, solo os pongo como ejemplos.-dije volviéndome y pidiendo perdón levantando la mano.- Quinn es mi padre, Ivory, el me protege, es lo único que debes saber.-envainé la espada y creía que a otra persona le debía unas disculpas.- Bien.-dije escudriñando mi cerebro intentando rebuscar el nombre, pues no había hecho mucho caso a ello.-Señorita Eliesbeth, siento todo esto, pero en los tiempos que corren no hay que fiarse de la gente, ¿Verdad Ivory?.-dije volviendo mi cara a la improvisada ballestera.- Todos tenemos que buscarnos la vida como se pueda, que el enano descanse en paz.- asentí a la ladrona. Entonces nos fuimos siguiendo la estela que dejaba Keth que habia tomado la iniciativa. Volvimos hacia el Gran Salón ahora todo estaba en silencio, ni rastro del niño que me había costado una raja en la pierna y una muñeca dislocada, entonces llegamos a la sala del capitán después de atravesar el salón lleno de muerte, lleno de... paz.

Cuando llegamos la puerta se abrió y dejo paso a seis soldados, tres con espadas y tres con ballestas, quedamos todos perplejos, incluido yo que me bloqueé pero esta vez ninguna de las flechas llevaba mi nombre, pues sin pensarlo dos veces los ballesteros dispararon y atravesaron la carne de Lugal, Bast e Ivory. Yo me volví hacia Eliesbeth y Keth y asentí con la cabeza. Estaba dispuesto a defender a mis compañeros, no me gustaba trabajar en grupo, pero todos ellos eran inocentes, atrapados en una traición. Me agaché y cogí la daga y comencé a correr, la herida empezó a quemar y a escocer y fue cuando estaba apunto de llegar hacia el ballestero mas apartado cuando mi pierna dijo basta y flaqueó, el ballestero sonrió y dijo. -Chicos de este me encargo yo- y desenvainó la espada que todo ballestero tiene que tener para el cuerpo a cuerpo si urgiera la ocasión. Y es por ello que dio estocadas en el suelo a lo que rodé y la tercera pilló mi capa, sacó una daga de otra funda y la precipitó a clavarla en mi pecho, ¿así que así era?, es cierto era una sensación desagradable.

Estaba atrapado por la espada, mi daga había sido desplazada un metro a mi lado lo que era fácilmente alcanzable en cierta manera, alargué el brazo todo lo que pude, tiré de la capa que atada a mi cuello, hacia de soga, pero tire y le capa se soltó y quedo ensartada por al espada, rodé cogiendo la daga, y me levanté con dificultades, y mi su cuello desprovisto de todo tipo de protección esta era mi oportunidad, sin pensármelo dos veces, le clave la daga en el cuello seccionado la yugular y haciendo una bonita fuente de sangre salida a presión, el guardia tembló un poco y cayó a peso de plomo al suelo. Ahora tenia aquel dilema si correr o no hacerlo.


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 5 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Bast el Miér Ene 25, 2012 5:31 pm

Hay una traición en “La Dama”. Mueren casi todos los comensales, incluido Pedro. Me hacen una grave herida en el brazo. Un fallo en el motor provoca un fuerte golpe contra el suelo. En la cocina descubro que hay una especie de monstruo loco cerca. Otro error en el motor. Unos cuchillos de poco me cortan la oreja y una mano. Entro en una sala con un ruido muy molesto. Veo morir a un soldado por una estupidez no propia de alguien con su experiencia.

¿Cuántas muertes, pruebas y heridas más tendría que sufrir? ¿Cuántas veces habría de burlar el destino? ¿De veras hacia apenas unas horas mi mayor preocupación era que la elfa a la que amaba se había acostado con otro?

El rostro de mi amada apareció en mis pensamientos y sufrí una punzada en el corazón seguida de un nudo en el estomago. Con aire distraído, escuché la explicación de la ladrona. En otro momento me habría puesto en guardia el hecho de que pudiera matar por unas pocas monedas, pero en ese momento me bastó con saber que no me clavaria una daga por la espalda. Con aire cansado musité:

-Supongo que podremos confiar en que no nos ataques por detrás, así que bienvenida al grupo.

No tenía ganas de decir nada más. No tenía ganas de hacer nada, más que de despertar en la cama de una posada con mi amada rodeándome con los brazos. Pero me obligué a continuar, me obligué a seguirles.

Era una lástima que el mecánico no nos ayudara, porque parecía un buen tipo, pero por sus gestos y palabras quedó más que claro que lo mejor era que se quedara allí, si no queríamos acabar como comida para los peces.

Al salir de la sala de maquinas la cosa mejoró un poco. Sin que me diera cuenta, ese ruido claustrofóbico me impedía pensar o reaccionar con claridad. Tuve un pequeño respiro, pero la cosa pronto empeoró. Pasamos por el gran salón, adornado por los cuerpos que habían muerto y tapizado por su sangre.

Eso último era lo peor. La sangre. Ese olor a heridas, a desgracia, a muerte. Noté arcadas, y temí que mi vómito cayera sobre alguno de los cadáveres de aquellos que habían sido asesinados.

Cuando salimos del gran salón y pude pensar con claridad me di cuenta de que había puesto muy deprimido de repente. ¿A qué se debía eso? “A saber que uno de nuestros aliados a asesinado a otro”. Fruncí el ceño. “No. Eso solo ha sido lo que ha encendido la mecha. Creo que el desencadenante de todo ha sido saber que han decidido matar al soldado herido cuando me he ido a la cocina”. Miré a mis aliados. Sabía seguro que tanto Ivory como Keth habían votado muerte del soldado, y o Desmond o el enano también lo habían hecho. No sentí rencor ni odio; simplemente algo de decepción y desesperanza.

Entonces aparecieron los soldados, y uno de ellos me disparó en la pierna. La rabia empezó a surgir de mí. ¿Acaso no podían dejarme en paz? ¿No podían dejar de causar muerte ni siquiera sabiendo que el dirigible tenía muchas posibilidades de ser comida para los peces? ¿No podían dejar de MATAR?

Aquel que sea licántropo o hörige entenderá mi furia animal e irracional. Los odiaba. Odiaba a todos aquellos soldados, que me habían herido, habían matado inocentes, habían matado a Pedro. ¡Pedro! Acordarme de él solo hizo que me rabia creciera. Sin ser apenas consciente, conjuré el hechizo que creó dos grandes brazos con cuchillas en lugar de manos. Me lancé sobre aquellos que armados con ballestas, y mientras destrozaba a uno de ellos gritaba:

-¡Asesinos!


Última edición por Bast el Dom Feb 19, 2012 1:02 pm, editado 1 vez
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Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama. - Página 5 Empty Re: Una sombra en los sueños I. El Viaje de la Dama.

Mensaje por Invitado el Miér Ene 25, 2012 8:45 pm

La muchacha parecía muy vulnerable y poco preparada para la situación en la que estaba involucrada, y eso en una asesina, era muy normal. A Ivory le pareció que tenía al menos cinco años menos que ella, pero su cuerpo hablaba de experiencia. Tenía el abdomen plano bajo un estrecho tórax que la cazadora dudaba, fuera producto de la gimnasia. La chica estaba preparada para el escape, tenía la estatura perfecta y la ropa necesaria. También podía luchar, pues tenía los brazos ligeramente firmes por el uso de algún arma, probablemente era ambidextra a juzgar por sus armas, y su punto fuerte era la rapidez al momento de ejecutar los movimientos. La asesina se mostraba apenada por lo que había echo, su voz era apenas perceptible, sin embargo Ivory, que estaba cerca, pudo oírla.

— Ya veo, Eliesbeth Ixhero— contestó secamente antes de agregar: — veo que has elegido qué papel ocupar. Te aconsejo acompañar al señor Hall— aún no sabía si el psicópata había revelado su identidad al grupo— son muy parecidos ustedes dos.

La cazadora estaba cansada. Se había subido a la Dama para ajusticiar a un esclavista, no para ser sobreviviente de una matanza, ni para hacer sociales con dos asesinos. Eliesbeth ocultaba algo muy secreto. Como no tenía lentes para ocultar su mirada, como Ivory, la asesina tenía que agachar la mirada. Sin embargo no era la chica quien inquietaba a Ivory, sino el hombre que estaba a su lado, Desmond Morgan. Había un peligro latente dentro de él, algo que pugnaba por salir. Ahora ya no intentaba ocultar que hablaba solo, sino que ponía nombre a la locura, afirmando que hablaba con su padre muerto. Pero nada de lo que decía logró algún efecto de ningún tipo.

— Deberíamos saber mucho más, señor Hall. Somos menos de diez personas dentro de esta nave que vuela sin tripulación, y ya ha muerto uno de nosotros y usted no inspira confianza. No podemos permitirnos otra pérdida si queremos volver a pisar Noreth.

Sin articular otra palabra, Ivory salió de la habitación por el mismo camino que había hecho para llegar hasta allí. A medida que se alejaba de los estrepitosos procesos de la sala de máquinas el silencio se hacía más fuerte, a tal punto de cobrar vida. El silencio podía helar la sangre de los vivos, y hacía más fácil oler la de los muertos, incluso desde el pasillo anterior al gran comedor. La sala principal resultaba deprimente. Hacía una hora, Ivory era una más de los pasajeros que ahora estaban muertos. Todo era fiesta entre esas cuatro paredes, y pensar en la manera en que fue sesgada provocaba unas ganas tremendas de salir corriendo de allí y esconderse en su cuarto, en Ciudad Esmeralda, durante años. La vida puede cambiar en cuestión de segundos. Y un par de minutos es suficiente para cambiar la vida de una multitud.

Los zapatos de Ivory retumbaban como tambores de guerra. El eco que acompañaba al vacío cuando este es improvisado, le resultaba amenazante, incluso sabiendo que eran sus propios pasos los que los provocaban. Ivory caminó entre los cadáveres con parsimonia. Le pareció distinguir a algunos hombres distinguidos de la política. Se preguntaba cómo influiría esta masacre en la economía y la sociedad cuando recorriera las calles de todas las ciudades. Posiblemente mucha gente dependía de estos cadáveres y tendría que pasar muchos días de hambre antes de conseguir otro trabajo.

El grupo apareció en la sala principal en silencio. Se veían conmovidos por tanta muerte, como ella misma lo estaba. Se unió a ellos con la intención de cruzar lo que restaba camino a la sala del capitán. El grupo se metió por los pasillos de las habitaciones, así que Ivory los siguió, aprovechando el momento para comprobar la seguridad de su puerta. Estaba cerrada como ella la había dejado, y eso le resultó un bálsamo para los temores. Nadie se había metido allí, a menos que supiesen falsear las cerraduras. Ivory soltó el pomo de la puerta y continuó caminando detrás del grupo. Atravesó un pequeño corredor antes de entrar en una sala a la que todavía no había llegado antes. La cazadora pensó que no encontraría más comodidades que en la sala principal o las habitaciones, y había estado muy equivocada. Este cuarto era más pequeño que la sala principal pero la madera del suelo, los diamantes incrustados en los bordes de las mesas o la lujosas escaleras eran más de lo que había en otros lugares de la Dama.

Antes de decidir si seguir al grupo por una puerta que había del lado derecho de la sala, o si subir las escaleras para inspeccionar las mesas, un grupo de soldados apareció en la sala. Ivory no supo por donde entraron, pues apenas vio al primero, si es que alcanzó a hacerlo, sintió un enorme virote atravesando mi hombro y lanzando llamaradas de dolor por todo el brazo. El daño fue tal que la cazadora soltó la ballesta. Si no lograba entrar en zanshin, sabía que no podría ayudar al grupo. Cerró los ojos intentando ignorar el dolor al menos durante unos segundos, y los abrió al mismo tiempo que tomaba uno de los kunai de su muslo derecho. Sin pensárselo más, le lanzó el arma a la nariz del soldado. Si los espasmos del dolor eran demasiados, el proyectil podía atravesar la frente, alguna mejilla o el cuello del soldado.
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