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Hermanas de Fuego

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Hermanas de Fuego

Mensaje por Invitado el Mar Abr 12, 2011 2:18 pm

Aun recuerdo la colonia de hadas donde viví... aunque más que colonia se trataba de todo un reino, y ese reino estaba acomodado en el interior de un volcán incandescente pero poco violento. La lava en constante ebullición mantenía la roca agradablemente caliente y a la colonia oculta de ojos humanos gracias al terror que la humareda causaba en ellos. Pero el hecho de estar totalmente protejidos, e incomunicados, del exterior no hacía que la vida en la colonia fuera calmada... de echo, el no tener que preocuparse por amenazas externas dejaba mucho márgen a las intrigas políticas internas.

En mitad de esas intrigas, normalmente por encima, pisoteando a alguien, pero siempre presente, se encontraba mi madre, Ériu de Danaán... excelente exponente de lo que una noble Tuatha de Danaán debería ser... al menos desde fuera. A mis dos años de edad ya había visto la crueldad y desdén con los que trataba a los varones, en especial a mi padre, Jarag.

Spoiler:
Ériu

Spoiler:
Jarag

Mi padre.... en el poco tiempo de vida había llegado a adorarlo más que a nada en el mundo. Aun recuerdo la triste melancolía de sus ojos y la ternura con la que me trataba. Me mostró más amor del que el resto de mis 34 hermanas mayores y mi madre pudieran haberme dado. De el heredé mi piel oscura y mi curiosidad por el mundo exterior. Su tenacidad, su valentía de levantarse una y otra vez sin importar los golpes que recibiera.... y ser capaz de sonreirme luego.... fueron algo en lo que me quise inspirar.

Mi amado padre era algo parecido a una mascota, una propiedad de mi madre quien, si bien pudo estar enamorada en algun momento de el, el amor se fue corrompiendo en celosa posesión. No pasó ni un año antes de que mi madre sustituyera a mi padre por otro amante.. ¿y que podía hacer Jarag, un silfo extranjero y sin familia ni posición, sino quedarse cerca de su "dueña" para poder seguir cuidandome.

Meses después nació ella... y todo comenzó a cambiar en mi vida.



---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------




Un zarandeo me despertó del lecho de esponjosa piedra volcánica y suaves sábanas que era mi cama, y la voz chillona y energica de mi única hermana menor atrajo mi consciencia de regreso de las tierras de morfeo. Debía de haber amanecido ya, pero la calidez de la roca era muy cómoda y la luz no había podido despertarme.

Me incorporé con un gruñido y el pelo desordenado por el sueño, frotándome los ojos. Bostecé estirando los brazos y las largas alas, que al agitarse destellaron incandescentes a punto de incendiarse.

Spoiler:
Detalle ^^ Las alas de Aineh son transparentes como las de su padre, pero se incendian y rodean de llamas al agitarlas para volar, como las del resto de las hadas de fuego de la colonia. Serían más o menos así al volar.

-¿Qué pasa, Grece? ¿Ya es de día?- pregunté mirándola mientras me trataba de arreglar el cabello. Demasiado largo...tenía que recortarlo- Estaba teniendo un sueño tan hermoso.... una lombriz de fuego le acababa de robar la corona de oro a madre y ella estaba rabiando tanto que parecía un trozo de lava a punto de derretirse.

Meneé ligeramente la cabeza para terminar de despejarme y me acerqué al dorado armario donde me esperaba mi ropa limpia. Seleccioné el brillante y negro vestido que tanto me gustaba llevar y corrí tras el biombo a cambiarme, sabiendo que sería inutil intentar convencer a Grece de que me esperara fuera mientras me cambiaba.

-¡Pesada!- la reñí sonriendo desde detrás del biombo.- Esta vez no lograrás sonsacarmelo. Si quieres saber cual es tu regalo de cumpleaños tendrás que esperar a despues del desfile, el banquete- empecé a enumerar las aburridas y altaneras actividades que nuestra madre había preparado para ese día- la función de los bufones y los 35 regalos que te den nuestras hermanas y madre antes de que yo te de el mio.

Salí de detrás del biombo ya cambiada y cojí dos cepillos de plata de mi mesita de noche. Puse uno de ellos en las manos de Grece mientras tomaba asiendo de nuevo en mi cama y atrapaba su cabello para cepillarlo y trenzarlo. Allí estábamos una vez más, la luz y la sombra del fuego, tan distintas que no era dificil ver como nos complementábamos. Adoré a mi hermanita casi desde el mismo instante en que nació... aunque reconozco que de vez en cuando sentía una punzada de envidia por el hermoso color de sus ojos y el atractivo que su aspecto felino le daba, heredado de su padre, el nuevo y actual compañero/amante de madre. ¿Cuanto pasaría antes de que Ériu se cansara de el y lo reemplazara por otro más joven? Tras el tercer intento quedé satisfecha con la trenza de su hermoso pelo claro y dejé a un lado el cepillo.

La miré sonriendo.

-¿Preparada para ir al encuentro de tus 18 años?

Spoiler:
Empezamos Grece ^^ Por fin, creo que me ha salido algo decente. Tras el primer prologo empezamos la aventura ...si! en tu cumple! Razz Cumples 18 y Aineh tiene actualmente 20 (dos mas que tu). Disfruta de tu día ^^, que yo te sigo.
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Re: Hermanas de Fuego

Mensaje por Aiara Danaán el Mar Mayo 31, 2011 3:07 pm

Cálido ambiente entre mis alas, podía notar el calor que irradiaban y que se transmitía a mi cuerpo a través de aquel lugar rocoso,era un lugar acogedor aunque,eso dependía de como se mirase teniendo en cuenta que mi hogar, un lugar peculiar un lugar volcanico.
Un volcán. donde vivía con mis hermanastras,mi padre y mi estúpida madre egocéntrica a la que odiaba junto a mi hermana Taranta, la hada mas lameculos que había conocido, pero dejando de lado eso,estaba Aineh con la que tenía un lazo especial a la que apreciaba mucho y con la que teníamos cosas en común aunque, otras no tanto.Pero me bastaba y me sobraba con tenerla a ella eran mucho mejor que mi otras y numerosas hermanas, que por una cosa o por otra no acaba de entenderlas ,no acababa de encajar pero pasaba de ese tipo de cosas.Ningun lazo era tan fuerte como el que tenía con Aineh.


Mi hermana mayor por unos años y a la que envidiaba por sus años, pero también me gustaba ser la pequeña, eso tenía sus ventajas, como hacer cosas sin querer o tal vez no tan sin querer y saliese ella en mi defensa u si se lo hacía a ella pues me las pasaba,aunque tengo que reconocer que alguna de estas bromas eran pesadas, pero era divertido picarla.Además ¡Ella me dejaba!jejejejeje.


Llevaba horas despierta, hiperactiva, alzando el vuelo en varias ocasiones, pues no era capaz de reconciliar el sueño. Y debía hacer algo para gastar esa energía que me sobraba y que no podía permitirme el descansar.


Veía a como mi hermana mayor tan tranquila durmiendo, y yo aún sin poder dormir.¡¡¡No era justo!!! Debía estar relajada para el día especial que aún conservado el puesto de la hermana menor ,cumplía mis dieciocho.


Me acerqué a Aineh, coloque que mis manos una encima del hombro derecho con mi mano correspondiente, y el mismo movimiento con mi mano izquierda,la zarandeé fuerte-¡Despierta, despiertaaaaa!- sonreía al ver como abría sus ojos y estos casi desorbitados.


Contó sobre su sueño y reí, sería una anécdota y además de divertido aún, si cabe si se diese a la realidad, incluso ayudaría a la lombriz y todo.Pero claro solo podía hacerse en mi imaginación por que acabaría mal muy mal si esa lombriz me pillaba.


La observé como acaba de peinarse y se e dirigía al armario dorado donde guardaba sus vestidos, donde en cambio yo,solo tenia como tres trajecillos pero todos simples y ninguno que estuviese acorde con el festejo donde recibiría unos cuantos regalos, u quien sabe si se acordarían, después e todas mis hermanas.Mi idiota madre, no se acordaría ni del nombre exacto de cada una de nosotras, a acepción de la doncella particular de ella,Taranta.Me acerqué lo mas posible dejando que mi silueta se viese al otro lado del biombo intentando cotillear si por algún lado sacaba mi regalo.Pero nada.Es mas me regaño, y dí unos pasos hacia atrás.Mientras que con el rostro bajo me ajustaba, con la ayuda de mis manos el vestido, aquel vestido blanco.



Más regalos y una fiesta a la que acudir, pero tenía la rara sensación que todo eso era un parche de algo realmente fuerte y que ni yo sabía,pero que me hacía sentir extraña.



Aineh,salió de detrás del biombo con un vestido hermosa, de color negro y con algo de brillo que le destacaba su silueta y que hacia contraste con su piel y sus ojos.Se colocó tras de mi, yo quieta como un árbol ,¿mi regalo?, pensaba.Pero no tampoco era eso.Me cogío mi cabello y comenzó a peinármelo haciendo diversos intentos de algún peinado.


Miraba al frente, en mis pupilas moradas se reflejaba el armario que aún observaba, mientras acababa de hacer algo en mi cabellos que esperaba que fuese bonito.Se le daba peinar y sus inventos en mi pelo quedaban como una obra de arte.


En mis labios una sonrisa,parecía haber acabado, no llegué a tocarme el cabello para ver lo que me había echo, cuando me hizo la pregunta.Sonreía mas si se puede y asentí como una niña tonta, lo que era.


Me acerque a la salida,suspiré...
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Re: Hermanas de Fuego

Mensaje por Invitado el Mar Jul 12, 2011 10:57 am

Al ver la cara de mártir que ponía Aiara al salir de la habitación no pude evitar reirme. Deslicé mi brazo por el suyo, agarrándola para caminar al mismo ritmo.

-Eres la única persona que conozco que se pone así cuando va a recibir tantos regalos.-comenté sonriendo- Mmm....bueno....contando con lo que te han regalado hasta ahora... no es de extrañar...pero esta vez será distinto, ya lo verás.

Avanzamos por el pasillo de roca oscura, iluminado por el brillo rojizo de unas frágiles florecillas que crecían en el techo del mismo, agarrándose a la roca con sus fuertes raíces. Pasamos por delante de las puertas de las habitaciones de algunas de nuestras hermanas hasta llegar al mirador.

El mirador era, simplemente, una oscura varandilla de metal fundido incrustada en la roca justo donde el pasillo desaparecía. Frente a nosotras se extendía un profundo abismo, cuyo centro estaba iluminado por la lava candente del volcan, que burbujeaba y manaba gases tóxicos. Muchas hadas enfermaban por culpa de estos gases, solo las que vivían demasiado cerca de la lava, las castas más baja....los pobres, por decirlo de otra manera.

Solté a Aiara y me apoyé en la varandilla, mirando hacia abajo. Miré de nuevo a Aiara y a punto estuve de hacer algun cínico comentario sobre la jerarquía social de la comunidad...pero ella parecía tan impaciente por saber cual era mi regalo que deseché la idea y decidí darle una pista.

-Espero que hayas cogido zapatos cómodos, despues de la fiesta....tendremos que escabullirnos y......llegar hasta mi regalo.

Vale, no era una gran pista pero tampoco le daría más. ¡Aiara siempre me adivinaba los regalos! Y esta vez sería diferente.

Me subí a la varandilla de metal y extendí mis alas, que se inflamaron, echando a volar. La llamé con un gesto y nos dirigimos hasta la sala de celebraciones de la familia. La enorme habitación estaba decorada e iluminada como solía estarlo en los eventos especiales. Suaves telas de color rojo claro cubrían las paredes y esponjosas alfombras de roca volcanica suavizaban el suelo. Del techo colgaban dos enormes lamparas de araña cargadas de velas perfumadas y en medio de la sala habían colocado una larga mesa llena de manjares caros y exóticos.

En cuanto entramos nuestras hermanas mayores salieron a nuestro encuentro, separándonos y colmando de atenciones y halagos a Aiara. Madre estaba sentada en la enorme silla que presidía la mesa y miraba la escena con una sonrisa tranquila, a su derecha en una silla visiblemente más pequeña se encontraba el padre de Aiara.

Fruncí el ceño cuando una de mis hermanas chasqueaba la lengua con desaprovación y deshacía el trenzado que le acababa de hacer a Aiara, sustituyendolo por otro peinado muy similar al que ella llevaba en esos momentos. Vi los ojos sulicantes de Aiara y supe como se sentía... ¿cómo escapar de un mar de manos y un montón de hermanas superficiales y cotillas? Cuando se cansaron de adecentar a su "muñeca" para la fiesta, se retiraron y Madre se puso en pie, al igual que su compañero.

-Este - comenzó a decir con solemnidad, con una voz que producía eco en la sala- es un día para recordar. Hoy es el día en el que la menor de mis hijas alcanza por fin la mayoría de edad. Aiara, querida mía, acércate.

Ériu hizo un gesto a Aiara para que se acercara, con una sonrisa. Mis hermanas se apartaron y cada una fue a tomar el asiento que le correspondía. Lo mismo hice yo, sentandome en el extremo de la mesa. Una vez todas estuvimos sentadas y Aiara estuvo frente a ella, Madre volvió a hablar.

-Mi pequeña.... te has convertido en toda una mujer, bella y valiente.- dijo Madre, repitiendo la charla que daba en todos los cumpleaños numero dieciocho- Nuestra familia encontrará el honor en tus actos y tu vida a partir de ahora la honrará. Comamos y bebamos, festejemos este día tan dichoso.

Madre brindó alzando su copa y todas le acompañamos. Esperamos a que Aiara tomara asiento a la izquierda de Madre y comenzamos la celebración comiendo. Después de tres platos y dos postres, mis hermanas comenzaron a rebolotear por la sala, emocionadas de una forma tan infantil que me dio vergüenza ajena, e hicieron cola frente a la cumpleañera para entregarle cada una sus regalos. Joyas, vestidos, espejos, una bonita cría de animal exótico.... incluso Taranta le entregó un regalo con una sonrisa....aunque seguro que el regalo tenía algun mensaje oculto o segundas intenciones.

Por fin terminó la entrega de regalos y mis hermanas se retiraron. Sabía por lo que tenía que pasar ahora Aiara. Madre se levantó de forma solemnte y dio un par de palmadas. La puerta principal de la sala se abrió y entró un silfo. Me sonaba....era el hijo mayor de una familia noble jerarquicamente superior a la nuestra, un tipo egocentrico y narcisista.

Spoiler:

Al avanzó con una sonrisa de autosuficiencia y pasos firmes.

-Aiara, querida, te presento a Anadam. Es el primogénito de una buena amiga... y tiene un corazón tan triste y solitario como el tuyo.

Anadam avanzó hasta el asiento que ocupada Aiara, tomó su mano de forma delicada y con una reverencia, la besó.

-Un corazón triste y solitario...que se agita con vuestra sola visión, mi lady.

Solté un resoplido de desdén y me llevé la instantanea riña de tres de mis hermanas, que miraban el suceso como si fuera la mayor exposición del romanticismo.
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Re: Hermanas de Fuego

Mensaje por Aiara Danaán el Dom Sep 04, 2011 1:05 am

Seguí quieta, sin mover ni un ápice, dejando que sus manos tratasen mi cabello con delicadeza y diese el toque final, si precisaba.
No podía borrar la sonrisa de mis labios, mis manos y brazos, aún paralelos a mi cuerpo, temblaban, pero, no por miedo, si no más bien por la impaciencia que recorría cada extremidad de mi ser, por saber que es lo que me regalaría, mis nervios crispaban se podía ver a leguas, o simplemente el mas observador podría notarlo. Quería su regalo, más que ningún otro. Dejando de lado lo que pudiera o pudiese recibir como regalo del resto de mis hermanas. No me importaban.

Encogí mis manos, en el momento que escuchaba aquellas palabras, moví mis pupilas , para observarla, como su brazo junto a su mano se deslizaban por mi brazo, dando fin al recorrido en mi hombro, donde posa su mano, con la palma abierta. Suspiro.

Camino junto a ella, mirando al frente, un paso, otro, bajo mis pies, pisando aquella roca negruzca y dura del volcán, sin perder la atención que prestaba en mi hermana, mientras seguíamos , por el sencillo camino que el propio volcán había creado, antaño. Escuchando sin perder detalle, buscando entre tan fluida conversación, pistas de lo que podía ser mi regalo, aunque fuese una pincelada, pero no hubo éxito alguno en ello, pero aún así no dejaba de escucharla, y de andar junto a su lado.

Pase la punta de mi lengua, por mis labios , para humedecerlos y evitar que se agrietasen y estropeasen el liso tacto de los mismos, al pasar mi dedo. Cosa, cual hice, después de pasarme la lengua un par de veces, cuando creía que era suficiente, y así lo era.

Mis pupilas, moradas moviéndose a un lado y a otro , pudiendo así observa mi alrededor, todo lo que permitía , más bien, puesto que seguía con la mirada al frente y no hice gesto alguno de mover mi cabeza, al mismo tiempo que mis pupilas. Estaba concentrada en la conversación que manteníamos que ni me percaté de que incluso habíamos pasado las habitaciones de las otras hermanas, cuyo padre no sabía identificar. Hice una mueca, cuando por mi mente pasó esa reflexión ,pues madre era tan indecisiva en quedarse con alguien como pareja fija.

¡Dios, santo!, esperaba no acabar como ella, con cien mil hijas, cuyos padres ni pudiera recordar su nombre, ni mucho menos su aspecto y carácter.

Agité mi cabeza a un lado y a otro, dejándola de mover, fijando mirada a un lado, viendo de perfil el rostro de Aineh, y justo a su lado aquellas florcillas, de extraña forma que lograban sobrevivir a pesar de tan afixiable temperatura como la que emitía este volcán.

Nos quedamos quietas, el camino había terminado, una gruesa lamina de piedra negruzca y dura cortaba el camino dando fin, a ese paseo, estaba ensimismada, tanto que por un momento deje de prestar atención en las palabras de Aineh, las escuchaba como en un eco lejano, miraba su labios y gesticulaban, frases, palabras que formaban frases. Aún me imaginaba la situación en la que yo acabaría con madre, dejando en segundo plano lo que ocurría a mi alrededor, sin darme cuenta como Aineh tiraba de mi brazo, para sacarme de esa situación ,y que consiguió. De nuevo me repitió, lo que mi estado de imaginación, por llamarlo de alguna manera, no me dejó escuchar, por unos minutos.

Nos quedamos frente a una verja, cuyo material era un metal, fundido con la roca siendo así, una sola pieza, como si el metal hubiera crecido allí, algo imposible, pero quería deciros como lo veían mis ojos. Soltó mi mano y se acercó a aquella verja metálica, yo no, reaccione al instante, más bien me quedé tras ella, viendo como esta observaba entre las ellas, como lo haría, cualquier ser humano, que llegase a la mirilla de una puerta, para ver quien llamaba a su puerta.

Seguía de espalda hasta que dejó de hacerlo, haciendo coincidir nuestras pupilas, una sonrisa tonta se dibujó en mis labios, involuntario movimiento, pues en ese momento quería estar seria, pero por alguna razón no lo hice, no pude evitarlo.

La escuché y muy bien, amplié la sonrisa, esta vez con total voluntad, dejando ver mi blancos dientes, perfecta sonrisa. Se lo agradecía, no sabía cuanto, pero en ese instante no supe hacérselo notar.Pero aquella pista, despertaba aún mas si cabe, esos nervios, que se apoderaban de mi, a cada instante.

Tragué saliva y puse serio mis labios, borrando el gesto de aquella sonrisa, en los mismos. Observando el gesto que me hacia con su mano, copiando el gesto, mis alas se estiran del mismo modo que ella, manteniéndome en el suelo hasta que la vi volar hasta donde sería la sala Común de Celebraciones, se quedó quieta y me hizo una seña para seguirla así lo hice. Estiré mis alas, con amplitud, al mismo tiempo que estas eran poseídas por mi propio elemento, el fuego. Batí mis alas y una vez la hube alcanzado, le agarré la mano para ir junto a ella y no perderme en el camino.

(...)

Le solté la mano, una vez llegamos, mis ojos se abrieron como platos al ver como todo el salón estaba decorado, con sus mejores galas, tanto como en las anteriores fiestas, en la cual yo, no era a la que festejaban.

Bajé de las alturas para caminar, en la alfombra rojiza que había en el suelo , que no haría notar, el tacto duro de las piedras, siendo ahora suave, y agradable ,el andar, pudiendo evitar, que al caer, por mi torpeza, me llevase algún arañazo en la caída. Reí, mientras miraba a ambos lados, lujosas comidas, subí la mirada para ver el techo, el cual estaba decorado por unas lámparas de araña, cuyas luz, tenue las emitía unas velas, con aroma a jazmín, el cual invadía el lugar. Cerré mis ojos para olor, estiré mis brazos y gire sobre si misma. Paré en la misma posición en la que estaba, donde vi a madre sentada en su majestuoso sillón, al lado mi padre, con hermosas ropas, lo veía hermoso, mas de lo que era.

(…)

En un abrir y cerrar de ojos la perdí de vista, todas de golpe un murmullo se acercaban a mi, todo ellas con falsos halagos, y que yo como una idiota, solo supe decir gracias, por no mandarlas a cierto lugar, y perecieran en el olvido. Pero ese distanciamiento y tensión que había entre el resto de mis hermanas hacia mi, no lo dejaría ver y fingiría hasta el fin de fiesta.

Agobiada, era casi asfixiante, tantos manoseos, tantos toques en el hombro, a mi vestido, mejilla.No sabía que hacer en eso momentos,¡Tierra trágame!, pensaba para sí. Mientras alzaba mis cejas, y continué agradeciendo dichos halagos, buscando con la mirada a Aineh, incluso alzo el cuello, lo que pude, a ver si la veía.
En ese instante veía como mis cabellos eran tocados, deshaciendo el peinado de Aineh, tirándome hacia atrás, perdiendo por unos segundo el equilibrio, no caí. Apreté mi mano con fuerza, formando en un puño, ¿quien pudo ser?, había tantos pares de manos que no sabría quien fue, pues aún estaba de espaldas. Relajé mi mano y me la llevé a mis cabellos, girándome, buscando con la mirada a quien había estropeado mi peinado. Un peinado extraño, pude palpar con mis dedos, mientras seguía buscando con la mirada, pero nuevamente sin éxito, por esta vez lo dejaría pasar, no quería aguar mi propia fiesta.

Afín terminaron y me dejarón tranquilla, quedando ellas de lado, formando un pasillo, distribuidas demanera que fueran filas perefctas a ambos lados. Bajo la cabeza y me miro,estiro mis ropas, veo como un lazo azúl adorna mi simple vestido blanco, bajo él mi tridente-tenedor, del acual no me separaba, ni aún sabiendo que por aquella noche no tenía nada que temer, por el momento.

Alcé mi rostro, parpadeé un par de veces.Frente a mi,madre, a la que aborrecía, iyendo en aumento. Contuve la respiración por unos instantes hasta que abrió esa raices gruesas que tenía como labios, y comenzó el discurso....


La miraba interesada, deslice mis manos, para colocar ambasfrente a mi regazo, juntando una con otra, enlazandolas.Repetí el gesto de tragar saliva, en el intante en la que madre, pedía queme acercará.Miré de reojo a mi padre y le snreí disimuladamente, ,aprovechando ese sutil saludo un guiño de ojos.

Antes de poder apartar la mirada, mi padre me hizo un gesto, a la vez que respondía con una sonrisa mi gesto, y no dudé en acercarme, aligerando el paso, lo mas que pude. Mientras escuchaba el arrastrar de las sillas, donde parecían colocarse, para iniciar el festejo ,por mi parte, me quedé de pié, junto a mi padre, quedándome, a su vez delante de madre, la cual continuaba con su discurso.

Estuve en tensión podía notarse en el gesto de mis manos, las cuales había desenlazado, estirando mis dedos. Suspiré, por el alivio que me provocaban sus palabras, el único asiento, junto a mi madre, la izquierda, ¡me había cedido el sitio de la lameculos de Taranta!, me quedé callada, no quería estar a su lado, prefería estar al lado de mi padre o bien con mi hermana Aineh, o bien, con las otras de mis hermanas.

De igual modo, comencé comer, primer plato... segundo... y los postres correspondientes a esos platos, todo ello una exquisitez. Comenzaban a murmurar, risas entre medias. Una de mis hermanas, la cual estaba a mi derecha, me retiro de la mesa, mientras en su rostro lucía una sonrisa, esta incluso llegó a darme un beso en mi mejilla derecha. Me llevé las manos a mi mejilla, la mirada al frente, la hora de los regalos había llegado, y todas ellas parecían tener algo para mi, evité como pude sonrojarme, en el fondo sentía alegría de que todas ellas se acordasen.Una a una me dierón hermosos accesorios, como espejos joyas, de mano, otras
Que podían lucir en mi cuello, algunos vestidos, mas adecuados para fiestas o quien sabe para si el día , pero eran hermosos, eran en tonos verdes, azules, y narajas, todo ellos en tonos claros, alguno de ellos con volantes, y mangas com farolillos de tela, todo ellos hermosos, incluso una pequeña cria de un animal exótico ,era peludito, no se movía, pero lo mantuve en mis manos.

Una voz, me quitó de mi entretenimiento, alguien carraspeaba su voz, no se la oía bien. Alzo la mirada, viendo a Taranta frente a mi, una pequeña caja, la cual abro, una Ocarina pequeña. La saqué de la caja y comencé a tocar, ya tenía uno de estos, pero por una vez, no diría no, y menos de quien no esperaba nada.

-Aún quedaba el de Aineh...-pensé

Todo en silencio, hasta que un par de palmadas ensordercedoras, para quienes estaba a su lado. La puerta principal se abrió de par en par, mire a madre, parecía que me guardaba algo,¿un regalo?.No podía ser cierto...y... no lo era.

"Aiara, querida, te presento a Anadam. Es el primogénito de una buena amiga... y tiene un corazón tan triste y solitario como el tuyo"

Un chasqueo, con mi lengua, a la cual añadí una mueca, dejé de tocar la ocarina.Madre me miró y dejé de hacerlo, pero la miré de mala gana. Mantuve mi postura hasta que aquél silfo se acercó a mi, quedando enfrente, dándome la posibilidad de verle de cerca.

Se presentó como Anadam, no sabía quién demonios eran. Me estaba cabreando y mucho,- Disculpad mí lord -dije retirando mi mano, despacio, mirando a mi padre, el no hacía nada, ¿se dejó influenciar por aquella bruja?.

Miré al muchacho de cabellos rojizos, cuyas ropas eran de lo más elegante, parte superior decorado con una capa roja sujetada con una evilla de oro y zafiro en medio, bajo ella una túnica azul, un cinto marrón, decorado con una de su armas, botas del mismo tono que su cinturón.

El chico de nuevo me cogió la mano, poniéndome siín mas un anillo, que solo llegó a rozar la punta del dedo corazón de mi mano derecha, pues encogí mi mano, haciendo caer, rodar el dicho anillo.

-Disculpad pero... -dije mirándole a los ojos, quedándome callada, mientras este miraba de reojo donde pudo haber caído el anillo.
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Aiara Danaán

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Re: Hermanas de Fuego

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