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I'm Alone...

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I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:27 am

Ah… La soledad…
¿Cuántas veces has estado triste por alguna cosa, o enfadado con el mismo mundo o con los propios dioses, y has deseado estar solo? Tan solo queriendo algo de paz, tranquilidad, un poco de espacio, estar aislado, alejado de todos y de todo, y únicamente acompañado de tus propios pensamientos… Pero no todas las personas lo han sufrido al revés… Estar triste, enfadado con el mismo mundo, con los dioses, con todo y todos… Por estar solo… Por no poseer ninguna compañía, alguien que te demuestre su cariño, que te haga ver cómo eres importante, para él y para los demás. Yo sin embargo sí que lo he sentido, y no como un suceso aislado, sino como una realidad, una forma de vida que no se prolongó solo unos días de berrinche, si no durante años…

Yo… Estoy Solo…

Todo comenzó cuando era tan solo un niño, bueno, más bien debo decir que todo comenzó cuando nací. Mis padres jamás quisieron tenerme, ni tampoco me querían en sí mismo, no fue como algunos podría pensar, un regalo de los dioses, para ellos más bien fui una maldición, aunque lograron encontrarme utilidad. No sé a qué edad dejé de ser un niño para pasar a convertirme en un esclavo. No, no os penséis que me vendieron, puede que eso hubiese sido mejor, fueron mis propios padres los que me esclavizaron. Desde que tengo memoria he servido a mi madre y a mi padre, complaciendo sus caprichos sin rechistar.
Mi madre me usaba en mis primeros años para limpiar la casa, bueno, o mejor dicho, donde vivíamos, puesto que ahora mismo dudo que a esas cuatro paredes mugrientas se las pudiese llamar casa, pero en aquella época no conocía nada más. Me dedicaba a recoger la porquería que ella tiraba al suelo como si fuese un perro – Irónico – y si me dejaba alguna mancha en algún lado recibía algún golpe. Lo único que tenía para limpiarlo todo era un trozo que arranqué de mi propia ropa, y no, no os penséis que tenía otra para sustituir el pedazo que le quité. Y si tenía ropa era porque mi madre decía que le daba asco verme, y que con ropa al menos estaba algo tapado.

Mi padre no me utilizaba, al menos en esos primeros años, la razón era simple, no lo veía más que por las noches. El no pasaba el día en casa, si no que trabajaba y al acabar iba al bar donde se emborrachaba, y llegaba muy tarde a casa, momento en el cual empezaba a descargar su ira sobre mi madre. La golpeaba hasta que se cansaba, y ella a él, mientras yo lo veía escondido en una oscura esquina de casa, intentando que no me viesen por temor a llevarme yo también golpes, pues ya tenía bastantes con los que ella me daba por el día. Ante aquella violenta visión, lo único que podía hacer era permanecer quieto, conteniendo mis lágrimas para no hacer ruido. No os equivoquéis, no tenía ganas de llorar por que se pegasen en sí, no me importaba que se dañasen. Si, eran mis padres, pero no les tenía mucho aprecio en aquel momento, es más. A aquella edad ni siquiera sabía lo que eran los padres, simplemente para mi eran los señores a los que servía para que no me pegasen, y por comer lo que a ellos se les caía para poder sobrevivir. Por eso no les tenía aprecio, para mí, ellos no habían hecho nada por mí, y por eso no me importaba que se golpeasen. Lo que me hacía llorar era el miedo, el temor a que en algún momento la pagasen conmigo.

Y no tardó más que unos pocos años en llegar. Cuando ya tenía una cierta edad, suficiente para abultar y que se notase mi cuerpo escondido en la esquina.
Un día, cuando mi padre entró en casa y se dispuso a golpear a mi madre, esta le detuvo, y le gritó que no la golpease, después me señaló a mí, y dijo que si quería desquitarse que lo hiciese conmigo. Esa fue la peor noche de mi vida…
Mi rostro palideció como nunca antes mientras veía el grueso cuerpo de mi progenitor acercarse a mi abriendo y cerrando sus dedos como si se preparase para golpearme. Yo lancé un débil grito y me arrastré por el suelo cual gusano intentando escapar de él, intentar huir de aquel lugar. Pero solo pude toparme con una pared, y antes de poder rectificar el rumbo la fuerte mano de mi padre agarró el cuello de mi cabeza, y tras alzarme para que estuviese a su altura me atizó un puñetazo en la cara, en un lado de mi rostro. Aquel golpe me derribó sobre el suelo, sintiendo como me ardía aquella mejilla. Había podido sentir el pestazo a alcohol que su ropa desprendía, había podido ver su puño acercarse lentamente a m cara para golpearme, y había podido escuchar su voz…
“¡No escapes, Mocoso!”
Aún, desgraciadamente, soy capaz de escuchar su voz, taladrando mis tímpanos, gravada a fuego en mi memoria…


Permanecí en el suelo hecho una bola, tapándome el rostro para que no me golpease más. Pero pronto una patada en el estómago hizo frenar en seco mis sollozos y cambiarlos por un grito de dolor. El hombre me volvió a agarrar del cuello de mi camisa y a alzarme para abofetearme mientras me gritaba todo tipo de insultos y crueldades… Y permanecí siendo golpeado hasta que caí en un desmayo por los golpes.
A la mañana siguiente me desperté, tenía el rostro dolorido y me dolía terriblemente el estómago. Me arrastré hasta un charco que se había formado con la lluvia que se filtró la noche anterior, y contemplé mi sucio rostro en el reflejo del agua. Mis cabellos estaban revueltos como siempre, y mi rostro enrojecido y con moratones en algunas partes. Pero pronto sentí un golpe en mi cabeza que me la hundió en las aguas sucias y estancadas, manchándome más y sumando un penetrante dolor en la nariz a mis daños. Alcé mi rostro y miré atrás, era mi madre, y me reñía por el charco del suelo, diciendo que debí haberlo limpiado desde hacía tres días – A pesar de que se había formado la noche anterior – y diciendo que ese día tampoco me daría de comer.
Más que un castigo, era un excusa, jamás me daba de comer, yo cogía como dije antes lo que se le caía.
Pero no podía hacer más que resignarme y continuar sirviéndole.





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:29 am

Y no penséis que esa fue la peor noche de mi vida porque me dieron una paliza, no, eso sería un error. Fue la peor, porque fue la primera. Aquella noche también me usaron como saco anti estrés, y a la siguiente, y a la siguiente… Todas y cada una de las noches desde ese momento me usaron para tener algo que golpear. Las primeras veces no me pasaba “demasiado” pero a partir de cierta edad, mis huesos dejaron de ser tan blanditos y flexibles, y mi dañado cuerpo empezó a resentirse. Allí fue cuando empezaron a surgir las heridas a mi espalda, de las cuales algunas aún poseo como cicatrices. Y allí fue cuando empezaron a romperme los huesos… Para haceros una idea, me rompieron la nariz… Creo que tres veces, y algunas costillas también las fracturaron. En más de una ocasión lucí cortes en brazos y piernas cuando el sol salió, y todos y cada uno de los días portaba moratones repartidos por mi cuerpo.
No sabéis que es la soledad. Estoy casi seguro de que ninguno de vosotros sabéis que es la soledad… No tener amigo alguno, pues en aquella época no conocía a nadie, tan solo a mi madre y a mi padre, y que ni tu familia te quisiese… No, que tu familia te odiase profundamente, que te tratase solo como un esclavo al que golpear y encargar todo. No habéis pasado lo que yo, de eso estoy casi seguro. ¿Por qué casi? Bueno, no os conozco, no sé cómo han cambiado las cosas, y si este escrito perdurará y alguien lo leerá, alguien que haya pasado lo que yo. Algo que sinceramente, espero que no ocurra.

Pero volviendo… Eso es estar solo. Estar alejado durante unos días, meses, o tal vez un par de años de tus amigos, eso no es soledad, ser huérfano y no poseer padres, eso no es soledad… Pocas personan saben que es estar realmente solo, y desgraciadamente, yo soy uno de esos.
Pero aun no adelantéis nada. No creáis que eso fue lo único de mi vida, no creáis que esa es la auténtica soledad, pues a pesar de solo ser un esclavo, tenía alguien que me prestaba atención, aunque fuese para mal.
Esta historia comienza realmente después de mi vida con mis padres, cuando estos murieron. Allí empieza la verdadera soledad.
Todo empezó el día en el que no recibí paliza… O la noche mejor dicho. Me encontraba en la esquina de siempre, intentando inútilmente ocultar mi cuerpo en las sombreas que me proporcionaba aquel costado de la casa. Me encontraba esperando la llegada de mi padre, esperando que en cualquier momento apareciese por la puerta. Que la abriese con la típica patada y entrase para discutir un poco con mi madre y después dirigirse contra mí para golpearme.

Mi corazón latía con fuerza en el interior de mi pecho, me parecía una tortura mayor la espera en sí, que la paliza. El saber que sería golpeado en cualquier momento y que no podría evitarlo. Esa espera, ese silencio incómodo, y en esa espera me quedé durmiendo… A la mañana siguiente desperté agitadamente. Miré a todos lados… Era de día… Sentía que algo pasaba, que faltaba algo, pero no sabía que era. Hasta que lo recordé. No me habían despertado… Miré a todos lados buscando la figura de mi padre. ¿Por qué no me había despertado para golpearme? Era la primera vez que sucedía eso. Me acerqué con cuidado a la puerta que comunicaba con la habitación donde dormía mi madre. Ella seguía allí durmiendo, pero no mi padre. Extraño, muy extraño ¿Acaso no había aparecido en toda la noche?
Apenas unos minutos después mi madre salió y se me quedó mirando, con el típico deje de asco en sus ojos. Se acercó a mí y de un tirón de pelos me levantó del suelo y estiró de mi hasta la puerta de casa. Parecía algo enfurecida, seguramente porque mi padre no hubiese aparecido. Estaba acostumbrado a que me arrastrase a los mercados de la ciudad desde hacía unos años.

Había empezado a usarme como mula de carga, para que yo llevase todo lo que había que traer a casa, pero su mirada estaba siempre fija en mi, vigilando que no me comiese nada.
Fuimos al mercado, y empezó a preguntar. La respuesta le llegó rápidamente de parte del panadero. La noche anterior había habido una pelea en la taberna. Al parecer mi padre en su borrachera había empezado a meterse con un hombre, y había acabado peleando contra él. La consecuencia de esa pelea había sido peor para él que para el otro, y había acabado muerto, apuñalado y desangrado en las puertas del local. Mi madre se enfureció, y su mirada furiosa se posó en mi para darme el mayor bofetón que me había dado en su vida. El golpe resonó por el mercado y me dejó su mano marcada en rojo en la mejilla. Ni siquiera grité, ni me quejé, estaba más que acostumbrado a los golpes de mi padre.





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:30 am

Al ver que permanecía impasible ante su golpe, sin soltar ni una sola lágrima por el dolor, sin quejarme ni nada, me agarró de la mano y tiró de ella con fuerza, arrastrándome por el mercado hecha una furia, llena de rabia y odio. Tanta, que su cólera la cegó, y no vio el caballo que tiraba del carro que venía por la calle hasta que fue demasiado tarde.
El equino se alzó sobre sus dos patas al ver a la mujer casi corriendo directamente hacia él, y ella diño un grito al ver como las patas del animal caían sobre su cuerpo tirándola al suelo y aplastando su pecho. Varios gritos se escucharon en el mercado como consecuencia de la terrible escena.
Yo permanecí en el sitio, la mano de mi madre aún agarraba la mía, pero carecía de fuerza, y no podía sentir su corazón latiendo en ella. La escena me dejó perplejo. Ante mi tenía al animal, me miraba tranquilo, podía ver mi reflejo en sus ojos marrones, su bondadosa mirada que parecía indicar que era imposible que hubiese hecho algo malo, pero bajo sus patas tenía el cadáver de mi madre.
Miré mi mano, y la abrí, dejando caer su brazo al suelo. De pronto una sensación de libertad me invadió. Me recorrió como si pudiese fluir por mi cuerpo como un río. El animal me… ¿Me había liberado?

En aquel momento no sabía que pasaba, no tenía ni idea de que hacer o que había ocurrido, estaba en algo similar a un shock.
La gente empezó a rodearnos e intentar rescatar el cuerpo sin vida de mi madre, mientras el caballo y su dueño se marchaban con lentitud. Me sentí arropado por la cantidad de gente que me rodeó, y a la vez sentí un frio incomparable. No era frio normal, no ese que se soluciona con una simple manta o una fogata. Era un frio interior, como si me hubiese quedado vacío, y a la vez, una extraña sensación me llenaba… Libertad…
Cerré los ojos que brillaban humedecidos y empecé a correr. Corrí y corrí de aquel lugar como nunca antes lo había hecho, mientras por el camino dejaba un rastro de lágrimas.
No, no derramaba lagrimas por la muerte de mis padres, jamás los quise. No, no derramaba lágrimas por el miedo, por haber visto la muerte tan de cerca. No, no derramaba lágrimas por ser libre… Las derramaba por la frustración. Estaba libre, por primera vez en mi vida me sentía verdaderamente libre. Por primera vez en mi vida sentía que nadie me recluía, que podía hacer lo que yo quisiese, pero había algo más, algo peor… Y es que también, por primera vez en mi vida estaba solo, realmente solo. No tenía amigos, no tenía familia. No tenía ni siquiera un lugar al que volver.

¿O de verdad creéis que podría regresar a un lugar donde había sido víctima de torturas desde mi mismo nacimiento? Lo que me pasaba era que no sabía qué hacer. Estaba solo. Realmente solo…
Continué corriendo hasta que mis piernas dejaron de responderme y tropecé por el cansancio, cayendo al suelo y rasgando aun más mi ropa por el roce contra el suelo. Me levanté lentamente y miré mis manos. Estaban algo despellejadas por la caída, y en algunos lugares se podía apreciar la sangre escapando un poco. Mi ropa, además de mas rota estaba también más sucia, igual que mi rostro, pero me sorbí los mocos y me levanté del todo, usando una pared como apoyo y continuando, pero esta vez andando en vez de corriendo. Mi cara estaría seguramente espantosa por la mezcla de lágrimas, suciedad, y mi expresión facial. Pero no me importaba, simplemente me introduje en el primer callejón que encontré y me quedé tirado allí en el suelo, contemplando el suelo que había entre mis pies con la cabeza entre las piernas. Mi mirada perdida en la nada.
No sé cuánto tiempo pasé en ese lugar en esa posición, Solo que cuando el hambre me hizo poner una mueca de dolor me levanté y empecé a caminar hacia el mercado.

Fue aquel el momento en el que conseguí mi primera arma. Cuando intenté robar un poco de comida para mantenerme con vida y me descubrieron, cuando me vi obligado a pelear por mi vida por primera vez en esta… Cuando conseguí aquella daga de empuñadura dorada y joyas decorándola.
Y ahí es donde esta historia comienza realmente…





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:32 am

Pasaban los días, yo era solo un niño pequeño, bueno, no tan pequeño, ya tenía mi edad. Había sobrevivido durante meses como un pequeño ladrón. Bueno, no robaba más bien por necesidad. Solo tomaba comida, la que necesitaba para sobrevivir, y no demasiada, no abusaba, únicamente lo necesario para aplacar mi hambre. Y tuve esa vida… ¿Cuánto? Básicamente toda mi vida, aunque no voy a narraros toda mi vida. Esto es solo un relato de mis primeros años de mi vida. Lo que supuso el inicio de mi verdadera historia. Mi aventura.
Los días eran repetitivos, me despertaba en algún callejón y me dirigía al mercado para tomar algo de desayuno. Después, volvía al mismo lugar para comerlo y esperar a la noche, dormir, y volver a empezar. Aburrido ¿No crees? Pero era mi vida, no tenía padres, no tenía amigos, ni casa. Completamente solo…

Ya era un milagro que siguiese vivo, no era demasiado, pero era algo. La gente se dedicaba a orar a los dioses, darle las gracias por sus vidas, por haber permitido que fuesen posibles. Yo no. Todo lo contrario. Los maldecía por haberme dado semejante… ¿Vida? No, no creía que fuese posible considerar a aquello vida.
Solo, solo, solo, seguramente ya estéis hartos de leer esa palabra ¿Me equivoco?
Pero no era porque yo no quisiese, en varias ocasiones me había acercado a otros niños, intentando jugar con ellos como otro más. Pero eran estos los que no me aceptaba, al verme se escondían, corrían lejos de mí, o directamente empezaban a tirarme piedras para que me fuese. Pero bueno, a pesar de que ningún niño me aceptase, tenía una ventaja grande, ya no estaba ninguno de mis padres para pegarme, y después de esos meses sin golpes, mis moratones habían desaparecido y mis huesos se habían reparado.

Pero tal y como podéis pensar, toda la vida no puede ir siempre para mal, por un instante, en algún momento, siempre tiene que haber un punto de alegría, de felicidad, aunque después se desvanezca como la niebla cuando sale el sol…
Un día me levanté y miré al cielo, era azul celeste, y casi no habían nubes recorriéndolo. Suspiré viendo aquella franja azulada sintiéndome tan… Triste… Suspiré y me llevé la diestra al pelo, notando como estaba algo sucio, se volvía algo molesto tener el cabello tan manchado. Y entonces un extraño sonido llegó a mis oídos. Mi mirada se dirigió hacia la entrada del callejón, mis ojos se encontraron con los de un perro, era de color marrón y sus ojos eran azules como los míos. El animal se me quedó mirando como yo lo miraba a él, y tras unos segundos se me acercó, tocándome con su húmedo hocico en las manos. Me quedé mirándolo y le sonreí para acariciar su cabeza.
El can se sentó a mi lado y se pegó a mí, haciéndome sentir su calor. Por primera vez en mucho tiempo sonreía. Aquel perro me alegraba, nunca supe la razón, pero su cálida mirada me hacía sentir bien. Se veía que también estaba solo, como yo, y por su estado, parecía también tener hambre. Tras unos momentos me levanté, y le hice una seña al animal para que se quedase quieto en el sitio mientras yo iba al mercado, que estaba al otro lado del callejón.

Lo primero que hice fue quedarme mirando desde las sombras a la gente que pasaba, intentando localizar a alguien, una mujer que llevase comida. No tardé demasiado, una se acercaba a donde estaba, y parecía no ser una mala persona. Cuando estuvo cerca salió del callejón y caminó cerca de su ruta de movimiento, y aprovechando la cantidad de gente que había le puso la zancadilla, haciendo que el cuerpo de la inocente mujer cayese al suelo y toda su comida se desparramase. En el choque, una de las manzanas que la mujer tenía en la cesta había desaparecido entre mis ropas, y una vez estaba en el suelo me giré rápidamente y empecé a recoger las cosas y echarlas en la cesta que había llevado. Pedí perdón a la mujer y bajé la cabeza fingiendo tristeza. La mujer me dijo que no pasaba nada, y me dio una manzana como recompensa por su ayuda al haberle ayudado a recoger las cosas.
Una vez con la fruta, regresé al callejón, donde aún esperaba el animal, y tras sentarme a su lado dejé una de las manzanas frente a él, sacando la otra y dándole un mordisco mientras le sonreía.

El animal pareció dudar un poco sobre si comer o no, pero finalmente se aventuró y empezó a mordisquear la pieza de fruta, comiéndola con avidez. Me reconfortó y a la vez me entristeció la velocidad con la que se lo había comido. Parecía que él tenía más hambre que yo, por lo que no lo estaba pasando tan mal, pero él si… Me conmovió aquello, y tras comerme la mitad, le dejé la otra al animal, seguramente el lo necesitase más que yo.
Aquello dio una luz de alegría a mi vida, me sentía por una vez feliz… Era una sensación extraña… La mirada del animal era como un soplo de aire fresco en una cálida tarde de verano. Me hizo sentir querido por primera vez en tantos años… Y eso me dio fuerzas para continuar.
Estaba en un oscuro callejón en una ciudad en la que, a pesar de haber nacido en ella, desconocía a la gente que en ella vivía, sus calles, su ubicación, incluso su nombre. La verdad es que casi desconocía mi voz. ¿Con quién iba a hablar?

No tenía a nadie con quien compartir palabras. Estaba vestido con unos harapos, y me encontraba algo sucio… Bueno, bastante sucio… Pero entre la oscuridad, entre la penumbra que proyectaban sobre mí los edificios que me rodeaban, una pequeña luz invisible me cubría, procedente del animal que, a pesar de acabar de conocer, me había enseñado que era ser querido.





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:33 am

Ni padres, ni familia, ni amigos… No, solo un perro, un animal, un simple “chucho” callejero me había mostrado el amor. Mientras él comía le acaricié su columna, sintiendo como sus pelos se deslizaban entre mis manos de forma algo áspera debido a la suciedad que los impregnaba. No me daba asco si es lo que pensáis. Sería extraño que sintiese repugnancia por el tacto de un perro callejero, cuando yo era un niño abandonado, tan sucio o puede que más que el animal.
En cuanto hubo comido, él solo se subió a mis piernas y se acurrucó entre ellas, posando su cabeza sobre mi pecho y haciendo que compartiésemos el calor. No pude evitar sonreír ante aquello, tenía el estómago vacío, apenas calmando mi hambre con media manzana. Pero sin embargo me sentía mejor que en los anteriores años de mi vida. Mucho mejor.
Con alegría y tranquilidad lo rodeé con mis brazos. Y así me quedé con él, hasta que el hambre volvió a acosarme y perturbar mi tranquilidad. Separé mis manos, y el animal alzó su rostro para contemplarme, y después se bajó. Me levanté y me di la vuelta, dispuesto a volver al mercado a comer algo.

Había permanecido abrazado a él por un motivo principal, y es que quería disfrutar de aquella sensación nueva en mí, la alegría, quería mantenerla tanto como pudiese, pues sabía que no podía durar demasiado. No era lo normal. Y caminé hacia las tiendas con mi mirada de tristeza habitual. Al volver no estaría, se habría ido, y volvería a estar solo, pero lo tenía asumido, y no me importaba. Solo con su presencia ya había sido suficiente…
Más tarde regresé al callejón con algo de pan y carne, y mis ojos se abrieron como platos, sorprendido de forma que nunca antes había estado… Él… Seguía allí, sentado me parecía esperar, posando sus ojos azules sobre mi cuerpo, como si me estuviese dando la bienvenida… Avancé hacia él y me dejé caer a su lado, llorando y abrazándolo. Pero no de tristeza como tantas veces antes había derramado mis lágrimas, no, esa vez, por primera y exclusiva vez, lloraba de alegría. De ver que no se había ido, que tenía a alguien con quien compartir el tiempo, con quien hablar, con quien disfrutar los días. No era una persona, pero no importaba.

“Gracias… Gracias por quedarte…”-Le dije al animal, sorprendiéndome incluso yo de mi propia voz, hacía… Hacía mucho que no la escuchaba, tanto que creo, que incluso la había olvidado.-[i]“Te… Te llamaré… Mm… Jeje… No lo sé… ¿Lupo? ¿Te gusta Lupo? He oído a otros niños llamar así a sus mascotas…”
El perro dio un ladrido, como si aceptase su nombre, como si me dijese “Si. Me gusta”. O al menos yo me lo tomé así.
Y con una sonrisa de alegría, y aún restos de sus lágrimas de ese mismo sentimiento le coloqué de nuevo en mi regazo, y me puse a comer junto a él. Si, todavía compartía comida con él, pero me daba igual, aunque tuviese que volver cien veces al mercado a robar más comida. Me daba igual, mientras se mantuviese a mi lado, mientras me hiciese sentir bien. Mientras mantuviese mis ganas de vivir con su sola presencia, me era más que suficiente.
Ese perro se convirtió en mi vida, mi razón para vivir. Bueno, mejor dicho, mi razón para empezar a vivir. Porque ahora comprendía sin duda, que lo que había pasado antes no había sido vivir.

Puede parecer un poco extraño o estúpido el hecho de que viviese por un perro. De que él significase tanto para mí. Pero pensad que antes de él, no había sentido cariño por nadie. Que nadie me había dado una razón para quererle, para desear que el significase algo importante para mí. No, el había sido el primero, y por ello merecía ocupar una importante parte de mi corazón.
Durante días estuvimos juntos, íbamos al mercado y conseguíamos alimentos, y luego con ellos regresábamos al callejón. A “casa” a nuestro hogar. No era una casa, pero si un hogar. A diferencia del lugar donde viví con mis padres, era una casa, pero no un hogar. No para mí.
Y junto a él pasaba los días, hablaba con él, le contaba mi vida, lo mismo que os cuento ahora yo a vosotros, pero de forma más detallada. Le narraba cada uno de los días de mi vida. Hablaba más que nunca. No porque fuese callado, y ese perro me convirtiese en hablador, era porque nunca antes había tenido la oportunidad de compartir mis palabras con alguien, y el animal me escuchaba atentamente. Me permitía relatarle tanto como quisiese. Mirándome con aquellos profundos ojos azules como si me comprendiese…

En aquella época apenas conocía nada sobre el mundo en el que vivía, para mí, el mundo era la ciudad en la que habitaba. Y la única raza que había eran los humanos, aquellos que poblaban el lugar. Desconocía la existencia de elfos, de vampiros, enanos, orcos, o licántropos. Ahora miro al pasado y me pongo a pensar… ¿Es posible que aquel animal fuese un licántropo? ¿Qué verdaderamente me entendiese?
No lo sé, pero pienso mucho en ello. La verdad es que sea cual sea la respuesta, el resultado sigue siendo el mismo, si era licántropo me había entendido, había escuchado mis historias y las había entendido. Si no, era lo mismo, pero como un perro. Pues realmente pienso que me entendía. No como lo hace un humano, no, pero sé que me comprendía, que notaba mis sentimientos y los interpretaba. Y eso me basta. No me hace falta saber si era un hombre bestia o era una bestia. Pero me demostró que no hace falta ser humano para tener humanidad. No, no eso, me demostró que algunos animales tienen más humanidad que los propios humanos.





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:35 am

Pasaban los días, y yo iba alegrándome más y más, sintiéndome mejor cada día, como si hubiese estado enfermo y Lupo hubiese sido la cura que había necesitado todo este tiempo. Por desgracia, esos que todos adoran. Esos que tan buenos y justos dicen que son tenían preparado para mí otro giro a mi vida. Pero de nuevo para peor.
Si tan justos son los dioses, si tan buenos y poderosos son, que trascienden las fronteras del espacio y del tiempo y son capaces de manipular nuestras vidas, de decidir que nos sucederá en función a nuestros actos, en castigo o recompensa de actos sucedidos incluso en otras vidas… Creo que yo debí ser alguien horrible en otra vida. Que debí ser un tirano malvado y ruin para merecer lo que me hicieron pasar en mi infancia. Hacerme sufrir tanto cuando era tan solo un niño.
Un día, uno de nuestros robos salió algo mal, puesto que nos pillaron cogiendo una manzana… Era un día nublado, el cielo se encontraba encapotado y parecía que llovería en cualquier momento. Corrimos al callejón intentando despistar a los guardias que nos seguían, pero de pronto una fuerte mano agarró el cuello de mi camisa por detrás y tiró de ella, haciendo que el tirón me dejase sin respiración unos segundos.

Aquel alguacil me levantó en el aire, gritándome y anunciándome que me cortarían las manos por ladrón. Pero justo entonces, un ladrido se escuchó ante mí, y vi a Lupo saltando hacia el guardia.
El hombre me soltó al ver al can saltar hacia él para poder defenderse. Caí al suelo y me escondí tras unas cajas, esperando que Lupo me siguiese y pudiésemos escapar juntos, pero en lugar de aquello, se quedó allí, enganchado en el brazo del hombre, aferrado con sus dientes. El guardia le maldijo y de un brusco movimiento lo lanzó al suelo, haciendo que el animal lanzase un débil aullido como quejido por el golpe… Y la siguiente escena me destrozó… Con un rápido movimiento el guardia sacó su espada y lanzó una estocada al vientre del animal, haciendo que aullase de nuevo…
No sé que me pasó en aquel momento. Saqué un valor que jamás había tenido. Mi rostro se volvió pálido, y mis ojos se abrieron, llenándose de rabia… Mi boca se abrió, y un chillido salió de ella.

“¡NOOOOOO!”-Grité al hombre, y empecé a lanzarle las piedras y escombros que habían por el suelo. El hombre recibió varios impactos en todo el cuerpo, sobre todo en la cabeza, y cuando salí de entre las cajas empuñando la daga que había robado en mi primer día de pícaro el hombre decidió marcharse. Creo que pensó que no merecía la pena recibir más golpes por una simple manzana. Me arrodillé ante el animal, sangraba mucho por la herida, y movía sus patas levemente mientras posaba su mirada azul en mi rostro. Acaricié su lomo, estaba al borde de las lágrimas, intenté contener con mis manos la hemorragia, pero era inútil, la sangre seguía escapando, y seguramente el acero hubiese cortado algún órgano importante. “No te vayas… Por favor… No me vuelvas a dejar solo… Quédate conmigo… No… Te… vayas…”

Mi voz de iba quebrando con forme avanzaban mis palabras. Y lentamente la luz de la vida que brillaba tras sus ojos se fue apagando… Una gota de lluvia cayó en mis manos, luego otra, y poco a poco la lluvia fue tomando más fuerza, mientras de mis ojos salía su propia lluvia. Ya no podía contener mi tristeza, y comencé a llorar mientras el cielo mismo parecía llorar. Los rayos que pronto empezaron a caer me recordaban a mis propios sollozos, a mis quejidos. Las gotas que me bañaban me recordaban a mis propias lágrimas. Y sin importarme el frio o estar mojándome, permanecí allí llorando, abrazando a Lupo, al único ser que había querido en mi vida.
Mis lagrimas acabaron por confundirse con los charcos del suelo, se mezclaron con ellos. De nuevo perlas de amargura emergían de mis ojos, y no de alegría como habían sido antes. Volvía a estar solo como antes…





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Lun Dic 26, 2011 1:38 am

Pasé llorando hasta que se me acabaron las lágrimas, y permanecí abrazado a él… No sé cuánto tiempo, intentando que volviese a mirarme. Deseando que volviese a alzarse. Cuando murió mi padre no lloré por él, cuando murió mi madre no lloré por ella. Pero Lupo… A la mañana siguiente me alcé. Lo dejé en el húmedo suelo, y lo contemplé. Mi rostro había perdido toda expresión. Ya no se podía apreciar alegría en él, y casi tampoco tristeza. Había superado todo punto anterior. Era como si hubiese perdido todo motivo por vivir… Como si se me hubiese arrancado parte del alma.
¿Recordáis cuando os dije que Lupo había pasado a formar gran parte de mi corazón? Pues aquello fue como si todo eso se hubiese hecho añicos. Como si se me hubiese partido el corazón, se hubiese destrozado el alma, si se hubiese desintegrado parte de mi ser.

Miré mi mano derecha, me dolía bastante, y al fijarme me percaté de que seguía portando en ella la daga con la que había ahuyentado al alguacil. Había estado en mi mano todo ese tiempo, incluso se podía notar en la palma de mi mano los relieves de su mango. Tanto tiempo entre ellas había provocado aquello. Pero no me importaba, ni siquiera me dolía. Iba a guardarla cuando me percaté de algo. En su hoja plateada pude ver mi rostro. Cubierto de suciedad, mi pelo sucio, y mis ojos rojos por el llanto continuo, y mi ropa y cara estaba cubierta de trazos de sangre del pobre animal.
La guardé y me marché de allí. De nuevo, todos me habían abandonado. De nuevo la tristeza atenazaba mi cuerpo. Pero él estaría siempre en mi corazón. Lupo… Siempre estarás en mi corazón.

Durante semanas estuve quieto, solo iba al mercado para conseguir comida. Solo esperaba que en cualquier momento Lupo apareciese caminando y me lanzase un ladrido para llamar mi atención desde el otro lado de la calle. Y cada vez que oía a un perro de alguien que paseaba con él, alzaba el rostro esperanzado, intentando encontrarle.
Pero a pesar de todo aquello, en mi interior sabía que él no volvería. Sabía que no iba a volver. Sabía que no me lo devolverían, que permanecería así para siempre…
¿Sabes lo que se siente al perder todo lo que te importa? Bueno, es extraño como dije antes, pero ese perro era lo único que me importaba en ese momento, perderlo fue el golpe más duro que había sentido en mi vida.
Pero uno no puede lamentarse eternamente. Tras mucho tiempo… Años creo, pues no contabilicé muy bien el tiempo en mi infancia.

Todo me parecía repetitivo… La cuestión es que tras mucho tiempo después, decidí que era el momento de dejar mi soledad. De abandonar esa ciudad. Solo me había traído desgracias, y lo único que quería era apartarse de todos esos horribles recuerdos, pues aquel perro permanecería eternamente en mi corazón, pasase lo que pasase. Estuviese donde estuviese.
Y allí empezó la historia de mi viaje. Pero no, aún no acaba esta historia. Durante varios años viajé de un lado a otro del mundo. Conociendo nuevos lugares, conociendo a otras personas. Durante ese tiempo me dediqué a seguir sobreviviendo en todos los lugares a los que iba. Conseguí una espada con la que me pude defender. Aprendí a leer y a escribir de manos de una buena mujer. Una chica llamada Roxanne. Ella fue la primera persona con la que me encontré tras muchos años que me devolvió la confianza en mí mismo. La que me volvió a hacer que quisiese vivir. Como a ella le gustaba decir, era “Mi hermana mayor” a pesar de que nunca me gustó el término. Me recordaba demasiado a mis padres, y no me habría gustado que una persona tan buena hubiese tenido que pasar lo que yo pasé. Pero hubo alguien aun más importante en mi vida. Alguien que lo significó todo para mí… Adesa…

Era un día bastante cálido, era otoño, y se acercaba el invierno, por lo que era bastante raro un día así. ¿Cómo pasó? … Pues la verdad es que fue algo muy casual. Estaba a orillas de un lago refrescándome un poco, cuando de pronto me echaron al agua de un empujón. Resultó ser una chica de cabellos dorados que me había confundido con unos niños que se habían metido con ella apenas unos minutos antes.





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Jue Dic 29, 2011 12:40 pm

Esa niña resultaría ser muy importante para mi.
Al percatarse de su error comenzó a llorar, pidiéndome disculpas y diciendo que no era capaz de hacer nada bien. Pero yo la abracé. Aquello me conmovió. No pude soportar ver como lloraba e intenté calmarla.
Ella pareció sorprenderse de mi acto, al parecer, no la habían tratado bien en su vida... Me recordaba a mi. No sabía que penurias había pasado, pero empaticé rápidamente con ella.
Pero la paz que habíamos formado a nuestro alrededor no pareció durar mucho. Como siempre, una tempestad de malos sucesos fueron ocurriendo para arrebatarme la felicidad que tanto ansiaba... ¿Por que? ¿Por que siempre que tenía algo tenía que perderlo de forma desastrosa?
Es una horrible maldición, que todo lo bueno que toquen tus manos se empiece a desintegrar como una piedra de arena... Como las dunas del desierto con un fuerte viento.

Unos niños empezaron a meterse con ella, parecían ser los que anteriormente le habían hecho daño, y no fui capaz de resistirme. Conseguí llevarlos a la ciudad tras enfurecerlos golpeándoles, y allí logré que destrozasen una tienda de frutas. Pronto, su ira se aplacó cuando la del tendero cayó sobre ellos, y yo me marché de allí con una risa, regresando a donde Adesa había estado esperándome. Le dije que ya no tendría que preocuparse de ellos.
Me abrazó... Fue un momento feliz, sentir como sus brazos rodeaban mi cuerpo con calidez, repeliendo el frío que comenzaba a llegar por esas épocas.
... Una paz que solo duró unos minutos... La noche empezó a caer sobre nosotros, y la luna apareció de entre las nubes, bañándola con su bello resplandor blanco.
Por los dioses... ¿Como pueden aparecer tantas penurias ta seguido? Solo a mi puede sucederme...

Adesa era una mujer lobo, y pronto me pidió entre lágrimas y gritos de dolor que me marchase, mientras su cuerpo se deformaba de maneras horribles. Pero el miedo me impidió reaccionar a tiempo, cuando quise correr ya era muy tarde. Se había transformado y no tardó demasiado en alcanzarme. Quedé bajo sus garras, sintiendo el aliento de muerte que exhalaba por sus fauces, las cuales dejaban caer gruesas gotas de espesa saliva que reposaban en mi ropa. Sus garras me presionaban contra el suelo, haciéndome un daño sorprendente e hiriéndome un poco, pero nada grave.
Pero cuando todo parecía perdido, cuando casi podía sentir sus afilados colmillos atravesar mi delicada carne, una flecha surcó el aire, impactando contra el hombro de la chica, que aulló con potencia a causa del sorpresivo ataque.
Aquel sonido pareció desgarrarme los tímpanos, era lo más horrible que había escuchado jamás, y lo tenía sobre mi propio cuerpo.

Adesa, en su forma salvaje, escapó escondiéndose en el bosque cercano, y ante mi apareció un hombre de tez pálida. Sus ojos eran rojos como la misma sangre, y sus cabellos negros como la noche. Poseía afilados colmillos, y un arco en las manos. Parecía ser un vampiro, y pronto él mismo lo confirmó, añadiendo que era también un cazador de licántropos. Me comentó de que tenía suerte de no haber sido mordido, o su siguiente flecha habría parado en mi corazón. Me repugnaba su forma de hablar. Era realmente odioso.
Pero no podía permitir que dañase a la chica. Si. Ella me había hecho daño a mi, pero había sido sin querer, ella no tenía la culpa ¡No controlaba su poder en ese momento! Y... Yo... La quería. En ese momento no sabía que era el amor, solo sabía que ella era una amiga, una como ninguna antes. No podía dejar que ese tipo le hiciese daño. Y por eso le mentí, le dije que le acompañaría y le ayudaría a acabar con ella.

La perseguimos por el bosque durante toda la noche, y finalmente la encontramos en un claro en el interior. El cazador ya había perdido su arco, y en su mano empuñaba una espada con un brillo plateado, seguramente la había bañado en plata. Una daga, con la misma cobertura que su compañera, surcó el aire, clavándose en el otro hombro de la joven. Esta volvió a aullar, pero mucho peor que antes. Casi me era imposible soportarlo. Ni siquiera podía moverse, estaba demasiado herida. Había estado teniendo pequeños enfrentamientos por el bosque, y ya estaba debilitada y muy cansada.
Sin poder reprimirme, me lancé a por el hombre por su espalda. Mi rostro poseía una expresión de rabia cubierta por la suciedad que se había pegado a mi durante la persecución.
Mi daga se internó en su muñeca, haciendo que soltase la espada y la acompañase de un grito de dolor.

El forcejeo no duró demasiado, pues pronto, el sol salió de entre los árboles, y sus rayos de luz empezaron a bañarnos dulcemente, a mi pareció darme la vida. Y al chupasangres, se la arrebató. Que con un grito agudo empezó a deshacerse, bañándose en ligeras lenguas de fuego que emanaban de su cuerpo, hasta que de él solo quedaron sus cenizas.
Cuando la luz tocó a Adesa, el espectáculo fue distinto. Su cuerpo fue perdiendo lentamente su forma bestial, y sus heridas se cerraron con velocidad, quedando solo la sangre que había perdido recorriendo su, ahora desnudo, cuerpo.
Sonrojado, me acerqué a ella y le devolví sus ropas, intentando animarla con una sonrisa infantil, aunque con un gran cambio. Mi rostro sucio de tierra y sangre, intentaba tranquilizarla, pero esas manchas reflejaban que había pasado una noche bastante compleja. Algo que la hizo volver a llorar en mis brazos. Triste por haberme hecho sufrir. Pero no me importaba, oculté las heridas que ella misma me había hecho y le dije una frase, la recuerdo a la perfección...
“No te preocupes… Estoy bien, mientras estés a mi lado, lo estaré.”





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Jue Dic 29, 2011 1:14 pm

En aquella ocasión, volví a mirar aquella daga con la que había atacado al hombre. Su filo plateado ahora me devolvía mi reflejo en tonos rojizos. La sangre cubría parte de la daga, había matado a un vampiro... Por ella... Era la primera vez que hacía aquello. Siempre había luchado por mi, por mi, y solo y únicamente, por mi.
Pero Adesa había significado tanto para... mi...
La ayudé a levantarse, y decidimos marcharnos del lugar, no era un sitio con buenos recuerdos, y queríamos alejarnos de él, encontrar un lugar donde ser felices el uno con el otro. Queríamos solo eso, un poco de paz...
Pero, después de haber leído toda mi historia ¿Crees que la tuvimos? No... Nada de eso...
Emprendimos un viaje hasta la siguiente ciudad. Ella no quería reconocerlo, pero se le notaba, estaba enferma.

La fiebre asolaba su cuerpo y tenía frío. Cada vez le costaba más respirar y apenas podía caminar, hasta que llegó un punto en el que tuve que cargarla yo mismo en brazos. Pasando las frías noches caminando con ella. Sin rendirme, sin sucumbir al cansancio, sacando una determinación que no era propia de mi por llevarla a una ciudad. Si no lo conseguía, moriría, y no podía permitirme eso. No.
Pero finalmente lo conseguí. Llegamos a un pueblo, donde los aldeanos se dedicaron a colmarnos de regalos. Al parecer, no habían visto niños en mucho tiempo por alguna razón.
Pero no podía entretenerme con ellos. Pedí un médico, un hombre alto y delgado nos llevó a su casa y comenzó a examinar a la chica. Dijo que tenía una reacción similar a una alergia, pero yo estaba demasiado preocupado para pensar con claridad. Examinó la herida que Adesa tenía en el hombro, la única que no se había curado...

Y extrajo una diminuta punta de metal plateado... La punta de la daga se había partido al parecer, y había quedado allí.
Dijo que se recuperaría, pero que necesitaba descanso. Me alegré de una forma sorprendente. Fue como si hubiese cargado con todo e peso del mundo, y de pronto, este se hubiese disipado... Una sensación fantástica...
Me encontraba cansado, y algo mareado, así que me tumbé al lado de la chica y ambos nos pusimos a dormir.
Me sentía seguro... O al menos al principio, estaba junto a Adesa, y ella estaba bien.
Pero no lo estaba en absoluto. Estaba enfermo, un resfriado. No os parezca poco, sin un médico mágico en el pueblo, solo con aquel hombre, si no cuidaba aquella enfermedad fácilmente desembocaría en una peligrosa neumonía...

Me costaba respirar, y mi fiebre subía como lo había hecho la de Adesa. Me había expuesto al frío por cuidarla durante esos días, y mi cuerpo me pasaba factura... ¿Por que en ese momento? Mientras yo me encontraba inmóvil en cama, aquel médico encerró a la chica en su laboratorio. Según averigüe más tarde, experimentaba con niños, y Adesa había supuesto una novedad para él. Una niña loba...
Su mujer resultó ser una elemental, la había atrapado hacía tiempo para tenerla a su servicio, y cuando descubrió lo que hacía con los niños, los echó del pueblo y volvió infértiles a las mujeres, así aquel hombre no podría experimentar más con ellos. Pero llegamos nosotros... Se sentía incapaz de permitir que otra pequeña fuese torturada por aquel hombre, y usó todo su poder, el poco que le quedaba, para curar mi enfermedad. Y así yo descendí al sótano para liberar a Adesa, que convertida en un pequeño perro se había refugiado en una esquina del interior de la jaula donde aquel hombre la había encerrado.

De nuevo, manché mis manos de sangre por la joven... Era su guardián, su protector, y me sentía orgulloso de ello.
El cadáver de aquel médico yacía en el suelo, y yo jadeando miraba mi acto... Matar a una persona no era lo que más me había gustado. Pero si era por protejerla, lo haría otra vez, y otra. Tantas como fuese necesario. Si los dioses no nos entregaban nuestra felicidad, debería conseguirla por mi propia cuenta.
Y juntos, nos volvimos a marchar.
Fuimos felices en nuestro viaje, recorrimos grandes distancias. Viajamos de un lado a otros alegres y contentos. Hasta que de nuevo, los vientos cambiaron para traernos más desdicha a nuestras vidas.
¿Que hice?
¡Por favor! ¡Decidmelo! ¿Que hice para que me arrebataseis a los seres que más quería? Adesa...





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Re: I'm Alone...

Mensaje por Scart el Jue Dic 29, 2011 1:40 pm

Un mes. Justo un mes desde el día que nos conocimos. ¿ Sabéis que es lo que ocurre una vez al mes? Si, exacto. La luna blanca...
Ella y yo en ese momento no habíamos pensado en el tiempo, no habíamos visto que ese día volvería a ocurrir...
Salimos del castillo de un pueblo, se había estado celebrando en él una fiesta a la que estaban todos invitados y habíamos decidido divertirnos allí durante un tiempo. Pero la luna brillaba en el exterior. Adesa volvía a sufrir ese horror, advirtiéndome de que huyese. Esa vez no dudé. No quería que se volviese a repetir la situación. Corrí y corrí. Me alejé del castillo internándome en la espesura del bosque. Sentía mi corazón latir en mi pecho con fuerza, y escuchaba las garras de Adesa a mi espalda, chocando contra el suelo, partiendo las ramas del suelo con el peso de su cuerpo. Creo que mi corazón latía con tanta fuerza que era capaz de oírlo...

Corrí y corrí, mi vida dependía de ello, pero estaba desfalleciendo, y me oculté tras un árbol, esperando que no me encontrase, subestimando su capacidad olfativa. Algo que jamás volveré a hacer...
Pronto su rostro canino asomó por el tronco del árbol donde me encontraba. Sus ojos resplandecían reflejando la luz de luna que iluminaba todo desde el cielo como un enorme foco. Su expresión era horrible.
Lancé un grito cuando vi su zarpa dirigirse a mi cuerpo, la evité por poco, aunque de mi ropa no pude decir lo mismo.
Pero no importaba. Pronto, la bestia saltó contra mi, con sus fauces abiertas intentando devorar mi rostro. Como acto instintivo, un puro reflejo, coloqué mi brazo en la trayectoria del mordisco, y pronto sentí como sus caninos atravesaban mi carne sin piedad, como estos impactaban contra el hueso que había bajo esta, y como este crujía, resintiéndose de la fuerza de la mordida.

Mi grito sesgó el aire. Un grito de puro dolor que casi pude oír que fue respondido por los lobos. La sangre emanaba de mi extremidad, bañando las fauces de la chica bestia, y podía sentir como con su lengua buscaba ese liquido como un manjar. Me dolió posiblemente más a mi que a ella lo siguiente.
Una patada dirigida a su rostro hizo que me soltase, y empecé a correr, aunque inútilmente. Perdía sangre, y la podría seguir, y yo no podría correr mucho más.
La herida e escocía. Sentía como si me introdujesen hierros candentes en los orificios que habían abierto sus dientes. Como si fuego mismo corriese por mis venas, repartiéndose por mi cuerpo con cada latido de mi corazón.
Caí al suelo ya por puro dolor. Retorciéndome como una simple anguila mientas exclamaba y apretaba mi herida, intentando que aquella tortura parase.
Mi vista comenzó a nublarse... Era el fin... lo último que vi esa noche fue la figura de Adesa saltando sobre mi, y un hombre blanco a lo lejos. No... No era un hombre... Era un esqueleto... O eso me pareció ver.

En mi sueño, parecía repetirse esa ultima escena una y otra vez... Un esqueleto... ¿Un esqueleto? ¿Jack?
Si, conocía al rey del mal, poco antes de encontrarme con Adesa había tenido un desgraciado encuentro con el esqueleto. Me había atrapado en su trampa junto con varias personas más. Parecía divertirse torturándonos... Recuerdo sus nombres a la perfección. Chandra, Connor, Akasha e Irime.
Jack nos había sometido a nuestros peores temores, matándonos lentamente... Connor fue el primero en morir, y después Chandra y Akasha. Irime... Consiguió escapar. Pareció distraerse conmigo, y en ese momento logró evadirse de su poder. No se como lo hizo, pero lo consiguió. Cuando el esqueleto lo descubrió, su furia fue inmensa. Y con ayuda de alguien escapé... No... No recuerdo quien era. Solo se que desperté en el suelo de la plaza de la ciudad, el sol acababa de salir y todo parecía como la noche anterior, salvo que no estaban los tres que antes mencioné, y vi como Irime salía corriendo por una de las calles... Habíamos escapado nosotros dos... ¿O había sido un sueño? No lo averigüe, pero cuando vi al esqueleto esa noche... Empecé a pensar que había sido realidad...

Pero entonces desperté. Como en aquella tortura de Jack... Era de día, el sol empezaba a bañarlo todo. Ante mi, veía el gris claro de la hierba, y sentía su aroma golpearme la nariz con fuerza...
¿No veis algo raro? Yo tardé un poco en percatarme... La hierba... ¿Gris?
Me levanté pesadamente. La cabeza me dolía una barbaridad, así que me llevé la mano a esta, y descubrí que también era grisácea. Abrí los ojos como platos. La herida en mi brazo... Estaba cerrada, y solo quedaba la cicatriz en esta.
Entonces lo recordé todo... ¡Estaba vivo! Pero... ¿Como?
Miré a mi alrededor... La visión no me gustó en absoluto... Otro nuevo grito salió de mi garganta, idéntico al que solté al ver morir a Lupo...





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