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Crywolf: el cantar de la tierra sangrienta

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Crywolf: el cantar de la tierra sangrienta

Mensaje por Gerard Sieglein el Lun Ene 02, 2012 10:22 pm

Era una noche tormentosa, la lluvia empezaba a caer en medio de esta desierta ciudad –buen día- saludaba el capitán de la milicia y único militante, un hombre musculoso, de cabello corto y de cara muy destruida, tal vez por sus batallas o su excesiva musculatura en los brazos y hombros, que hacían verlo así, después de todo, el tipo parecía un gorila midiendo 1.70 y que sus brazos sobrepasaran la cadera; este protector de la ciudad saludó al alcalde, un hombre de cabello blanco que iba a caballo con un ave en su hombro, una especie de cuervo, pero con detalles azules en sus plumas que lo hacían ver majestuoso y a la vez, de miedo. Avanzaba en su negro caballo en la seca tierra que recibía las gotas de lluvia con miedo, casi rechazándola de lo infértil que era, pasando por los restos de ladrillos destruidos en la tierra, el caballo hacia el típico sonido de su herradura contra los caminos elegantes de las ciudades, claro, alguna vez Crywolf fue una ciudad mercante, pero eso fue antes de que las guerras la destruyera, y convirtiera esos hermosos caminos de piedra en restos enterrados, tierra infértil que sufría con cada gota de agua, acostumbrada a la sangre- épocas de tormenta- dijo el alcalde retirándose a su despacho tras pasar la entrada de Crywolf. El acalde parecía un ex noble, de esos que no tocan el campo de batalla ni por qué los obliguen, pero él era diferente. El había peleado en el frente, se notaba por su marcada musculatura y su cicatriz en la mejilla, la cual casi abarcaba toda la misma, con forma de arañón de criatura desbocada de furia. Su melena blanca, denotaba bajo la lluvia mientras avanzaba a su establo personal junto a su despacho, un simple sentón de cabeza basto para saludar a la joven elfa que miraba la lluvia por la ventana, casi con nostalgia y con suspiros de tristeza.

El cielo bramaba con furia, haciéndose notar su presencia, gritando “soy la lluvia, escuchen mis truenos, son mis sonetos, los acordes de mi llamado, los relámpagos son las espadas de mi furia, y mis gotas son las lagrimas de mi alma”, así pensaba la elfa que gritaba la lluvia mientras la miraba, sin notar que su compañera de trabajo ya estaba algo tomada y haciendo arrumacos con un tipo en el bar, ella se giro y le sirvió un trago a los clientes regulares, un par de compañeros inseparables, increíblemente vagos y bromistas. Ah si la joven elfa los pensaba insoportables a veces, ella sirvió los tragos de ambos sacándose su rubia cabellera del rostro –que es eso?-pregunto el pelirrojo, de cuerpo formado y buena altura, con un aro en la oreja izquierda y una sonrisa a la elfa –pues que va a ser, orina de caballo? Es cerveza ya no molestes- dijo la elfa de mal humor, provocando una risa en su emborrachada compañera de cabello al parecer castaño oscuro y en el amigo del pelirrojo- oh vamos y ese humor?... es casi como si no recordabas la otra noche, mish- dijo con una sonrisa el de cabello castaño, sentado a un lado del pelirrojo, casi del mismo físico el compañero reía mientras avergonzaban ala elfa que en una noche de alcohol había cometido el error de saciarse las ganas en un trió con ambos –cállense o me los cargo- dijo la voz masculina de junto. La compañera de la elfa reía sobre la falda de un joven de cabello plateado, semilargo, el cual corría de manera seductora y riendo ante el comentario que dijo, intentando salvar la integridad de la amiga elfa de su pareja, una joven pelinegra, o de un color similar con tonalidades entre azul y violeta, incluso bordo si se quería, de buen cuerpo y sonriente- jajá primero sácate la correa luego hablamos-respondieron bromeando ambos amigos y rieron los 4, mientras la elfa se soplaba el flequillo furiosa y le pasaba una poción para eliminar los efectos de alcohol a la camarera del lugar y amiga personal de ella. Así la conversación siguió esa tormentosa noche, en ese rustico bar de madera, y con el sonido de los lobos aullando a todo volumen desde el extremo del valle, el cual el capitán de la milicia vigilaba como cada noche, y con el cual el alcalde soñaba cada vez que cerraba los ojos para dormir, ese valle seco, marchito y lleno de restos hundidos en la tierra, ¿quienes serán los forasteros que podrían llegar a este inhóspito pueblo?


Gracias por las firmas---->Ficha<----inuwel y arwen owo


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Gerard Sieglein

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