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La Estrella Gemela [Privada]

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La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Mar Ene 03, 2012 6:40 pm

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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Thorin Filoardiente el Miér Ene 04, 2012 3:58 pm

El enano caminaba por aquellas tierras con ligereza, con un artilugio que él mismo se había preparado. Había cogido unas ramas de albor y se las había colocado en los pies, entrecruzando sus ramas para hacer una especie de raqueta que le hacía andar con más facilidad con la nieve.
No tenía ni idea de qué le había llevado a aquellos parajes nevados en los que el viento le mesaba las barbas con delicadeza, haciéndole sentir extrañamente bien. Cogió una buena bocanada de aire, respirando el gélido oxígeno que se respiraba en el ambiente y su tosco rostro pareció reflejar una sonrisa, no tenía problema con las travesías por la nieve excepto porque le daba hambre y había poca caza por aquellos lares.

Andaba cerca de una explanada de nieve, conocía aquellas tierras y sabía que justo a unos pocos metros se localizaban unos bandidos dispuestos a arremeter contra todo. El enano quiso dejar a los pobres diablos que pensó solo se ganaban el pan de cada día e hizo círculos por la zona hasta llegar a unos pocos metros de ellos, lo justo para ver entre la oscuridad a uno de los ladrones que vigilaban la zona hacia el frente, por lo que el enano se encontraba oculto entre las ramas de los árboles.

Con bastante dificultad, decidió subirse a las ramas de un árbol fuerte, de la última fila de abetos, a solo un paso de la inmensa nieve. El suelo del bosque parecía carecer de esta ya que los abetos estaban muy juntos y no dejaban a los copos caer en el suelo. Quería observar desde cerca a los hombres y quizá comprenderlos mejor, algo extraño en un enano. Decidió aquella extraña estratagema debido a que el vigilante hizo unos gestos, seguramente había localizado a una presa. El enano tenía ese punto de visión tapado, por lo que no pudo ver a qué le acechaban, seguramente pedirían unas monedas de peaje y le dejarían pasar... supuso. Pero un golpe le hizo despertar de aquella extraña ilusión y mirar con odio a los hombres. Había un cuerpo en el suelo, que parecía inconsciente, y el enano supuso que era de una mujer por la forma en la que todos le miraban. Eran cinco bandidos no muy entrenados por la forma en la que habían golpeado a la mujer. El enano se precipitó al extremo de una de las ramas más fuertes del árbol y miró hacia abajo, con una mezcla de odio y desprecio, se abalanzó del árbol, con las piernas atrasadas, al igual que los brazos, y el pecho por delante. Lanzó un alarido de rabia y descendió con rapidez.

El enano dio con el martillo en la cabeza a uno de los bandidos que se retiró a observar de dónde provenía tal estruendo. Cayó con tal fuerza que la cabeza del hombre crujió de forma desagradable para el enano y sus compinches, que decidieron enfrentarse al enfurecido enano. Este, sin cesar en su intento de ataque lanzó un martillazo al más próximo, que quedó tumbado, con los pulmones medio reventados y sin aire, que jadeaba en el suelo inconsciente. los otros tres que quedaron, asombrados, intentaron correr tanto como sus piernas le permitían. El enano miraba enfurecido en dirección a la que se marchaban los pícaros y gritó.
- ¡La próxima vez que queráis aprovecharos de un ser indefenso venid a mi! ¡Malditos y asquerosos pataslargas! - Con furia, lanzó el martillo con mucha fuerza en dirección a los bandidos, derribando a uno de ellos, que se retorcía en su agonía en el suelo. Dando alaridos de dolor.

El enano se acercó al bandido con intención de recuperar su martillo, y el bandido, aterrorizado, pareció coger nuevas energías. Por el gesto del enano, parecía que este iba a acabar con él en ese mismo instante, pero solo cogió su martillo y se lo guardó en una bolsa, a su espalda.

- Yo no pienso hacerlo, no soy quién, que los dioses te juzguen. - Dijo, con voz grabe, mientras se mesaba la barba y volvía hacia la mujer, con intención de brindarle ayuda.

El bandido se alejó con rapidez en cuanto el enano le dio la espalda, sin mirar atrás ni un instante.

El enano observaba los bellos rasgos de la mujer con pena, entonces, se descolgó la capa y se la echó encima, entonces, miró su rostro y el de el enano fue de extrema sorpresa.

- ¡VENGA HOMBRE! - Dijo sin ocultar su sorpresa. - ¡Una orejas picudas! Brbrbr... tendré que cargar con ella hasta una ciudad... - Resopló con resignación y decidió descansar en un lugar más cálido, mientras le mujer se recuperaba.

Aun tapándola con la capa de tela gruesa, la levantó en peso y pasó uno de los brazos de la elfa por encima del cuello del enano, la agarró por el costado y cargó con ella unos cuantos metros, hasta llegar a una zona en la que las ramas de los árboles parecían cobijar y el frío no era tan inmenso. Dejó una cantimplora junto a la mujer y se sentó en el suelo, observando un hueco por donde entraba luz, ya que los árboles estaban menos concentrados en aquella dirección y se quedó un rato embobado. Sin pensar en nada en concreto. En qué iba a hacer ahora ¿Por qué había salido de su tranquilo hogar? Y más y más preguntas y posibles respuestas.
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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Vie Ene 06, 2012 2:02 pm

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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Thorin Filoardiente el Vie Ene 06, 2012 5:11 pm

Thorin Filoardiente seguía obsrevando la nieve en silencio y con cautela, pensando cómo demonios había llegado a esa situación. Su intención era la de llevar a la elfa a una ciudad dónde no corriera peligro, quizá se lo agradeciera... quizá le diera algo de oro que cogería encantado por haber salvado su vida y...

En ese mismo momento, se giró, pues creyó haber oído algo cerca de la mujer, por lo que, completamente relajado, se volvió, absorto en sus pensamientos y a la misma vez, cortándose de forma seca, haciendo así que le enano tuviera el momento de confusión necesario para no poder esquivar el plato que le iba directamente a la cabeza.
Lanzó una maldición por lo bajo y le devolvió el plato con el pié, sin mucha puntería, enfurecido.
- ¿No te parece que si quisiera matarte ya lo habría hecho, orejaspicudas? - Levantó el puño, apretándolo. - ¡ENCIMA DE QUE LE SALVO! - Refunfuña más. - Brbrbr... eso me pasa por entrometerme en los asuntos de los orejaspicudas. - Conlcuyó, después de que la mujer hablara.

Se cruzó de brazos dirigiéndole una mirada amenazante, pero ante su confusión, y al ver que le apuntaba con la cantimplora abierta, que ahora emanaba agua sobre su brazo, se llevó una mano a la frente intentando relajarse, estos sucesos seguramente no cambiarían su ferviente opinión acerca de los orejaspicudas. De todas formas, parecía más hablar para sí mismo que para la elfa, que seguía tendida en el suelo. Se mesó la barba, aun pensativo y comprendió, que los actos de la mujer estaban justificados en cierta forma. La elfa, cuyo nombre no conocía, estaba inconsciente desde el primer momento, por lo que no podía saber si le había salvado o si aun la retenía bajo mis malvadas garras, cosa poco probable viniendo de un enano. Entonces escuchó un sonido, parecía ser el resoplido de un animal... pero no sabría concretar de cuál. Le hizo un gesto a la elfa para que guardara silencio, y se acercó al árbol que esta tenía justo al lado en un forzado silencio, paso a paso. Agarró las ramas y las apartó de su punto de visión una vez hubo llegado y observó lo que se escondía tras la arboleda. Eran cinco caballos, que estaban en una especie de claro, dentro del bosque, donde también se aposentaban una pequeña cantidad de víveres y monedas, sin señalas las dos tiendas de campaña visiblemente improvisadas. Seguramente ese sería el pequeño campamento de los bandoleros. Este se ordenaba de forma muy simple. En un árbol central, especialmente alto, permanecían atados los caballos. Justo enfrente, las tiendas de campaña y a los lados, cajas con seguramente bebidas. Entre las tiendas también se encontraba un cofre que seguramente no tendría más que un par de monedas de oro y dos o tres espadas rudimentarias. También se dio cuenta el enano, de que parecía que la arboleda era menos espesa por una especie de camino, seguramente hecho a golpe de machete, que supuso se dirigía justo donde habían atracado a la mujer y el enano se había merendado a los bandidos.
"Vaya, vaya... Ahora tenemos montura." Sonrío el enano, pensando en lo propicio de aquella situación. El enano, levantó la mano e hizo señales a la mujer de que podía acercarse, aunque por la forma en la que lo hacía, con esa determinación y disciplina, parecía más bien una orden.

- Fuera de peligro. - Dijo este, mientras se cruzaba los brazos estudiando a los jamelgos, buscando al más pequeño, porque de ser demasiado grande, el enano quedaría pequeño y no podría dirigir bien al caballo. Se acercó lentamente y le puso una mano en el cuello al caballo que más próximo se encontraba, le dio una palmaditas para tranquilizarlo y lo observó con detenimiento, seguramente los caballos estarían muertos de hambres y sus antiguos tiranos dueños ni si quiera los alimentaban. Sin embargo, el enano necesitaba que estuviera en plena forma para ir al sitio al que quiera que se dirijan. Se acercó a las cajas, sin fijarse mucho en la mujer y abrió una de estas, encontrando aguamiel en grandes cantidades, cogió una botella y echó un largo trago, y buscó en otras más.

- Bah, aguachirri... - Dijo tirando la botella a la caja, haciéndola explotar, llenando el recipiente del susodicho líquido.

Continuó buscando hasta que encontró manzanas en una de las cajas, repleta. Se acercó al caballo con dos de ellas y con la mano estirada y la manzana bien sujetada, la acercó al caballo, que le miraba desconfiado. Hasta que olisqueó la manzana e hizo una gran incisión con sus grandes dientes, rumiando la manzanas mientras resoplaba agradecido y sacudía la cabeza.
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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Miér Ene 18, 2012 5:12 pm

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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Thorin Filoardiente el Dom Ene 29, 2012 6:36 pm

Thorin, con destreza inusual en relación con los cánones de su raza, agarró la cantimplora al vuelo, en cuanto estuvo a su alcance, la observó, casi vacía, pensando en rellenarla de nieve y la guardó en su costado, junto a gran parte de su escaso inventario, compuesto en mayor parte por útiles de supervivencia y algo de comida.

El enano suavizó el rostro tanto como le fue posible hasta el punto de parecer relajado, como antes. Observaba la delicadeza y la belleza de la mujer sin demasiado interés, con un gesto neutral hasta que de nuevo resonaron unos golpes por todo el bosque. Era un hombre, que cabalgaba a galope tan rápido como su montura le permitía. El enano, que cuya experiencia en combate era mayor a cualquiera social, sacó el mazo de su funda y lo agarró con las dos manos, olvidándose completamente del escudo.

- ¿OTRO PATASLARGAS CON GANAS DE PELE...? - Pero sus palabras se quedaron en suspensión cuando vio las vestimentas del hombre. "Este no necesita robar, no." Pensó, suavizando de nuevo el rostro y contemplando la estupidez producida por el embobamiento de la belleza de la elfa. El enano, parecía ser el único no atraído por la delicada mujer. Él quería a una enana de pelo en pecho.

También se fijó que el shock del hombre parecía demasiado intenso. Tanto, que el enano tuvo que toser y hacerse escuchar para que el hombre dejara tal sorprendida postura. Entrecerró un poco los ojos, no lo suficiente para parecer amenazante y abrió su enorme bocaza.

-¿Vas a seguir así todo el día? - Gruñe, agitando el puño. - ¿Y qué buscas tú ahora? Pataslargas. - La llegada de tal noble le había pillado completamente de improvisto, nunca había tratado con un noble de otra raza, y tampoco les tenía demasiado aprecio. No sabía cómo reaccionar ante aquella situación. Solamente se subió al caballo con dificultad y un gemido, esperando una inminente respuesta, o de nuevo, lanzaría una queja. El animal no parecía tener queja, aunque tampoco se compenetraba mucho con el enano.

El humano parecía un bárbaro, aunque bastante refinado. Tenía un larga melena del color del oro, acompañada de unos ojos azules que le hacían indudablemente bello ante cualquier mujer. Aunque eso al enano no le importaba lo más mínimo. El humano también vestía unos ropajes caros y cuidados, acompañadas de unas pequeñas piezas de armadura de excelente calidad. Seguramente estaría en algún tipo de misión militar o cualquier cosa por el estilo. El enano no entendía demasiado bien las ambiciones de los nobles, si bien conocía que la mayoría de ellos no eran más que unos pobres desamparados que solo se movían por codicia. Aquel decidido hombre no parecía ser así. Sus ropas, parecían manchadas y descuidadas, seguramente por el trayecto, aunque no parecía importarle. Eso al enano le daba buena impresión... aunque las impresiones son solo eso, impresiones.
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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Dom Feb 05, 2012 7:05 pm

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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Thorin Filoardiente el Dom Feb 05, 2012 8:27 pm

El enano estaba echando cuentas a sus provisiones, la calidad del armamento, y demás útiles que iba a necesitar para lo que quiera que fuera a hacer. Cuando hubieron terminado de hablar los dos, el pataslargas y la orejaspicudas, levantó el rostró, en parte ofendido porque no se había tomado en cuenta el punto de visa de un enano, cuando de siempre se ha sabido que en cuanto a asuntos políticos, pocas razas podían igualarlos. En la sociedad enana cualquier peldaño era bien recompensado y se sabía que necesario. Desde el más humilde herrero hasta el más alto rey del Mithril Hall era reconocido. Mientras que en la sociedad humana, todos se mataban por conseguir más, con una ambición sobrenatural.

El enano, cuyos ojos verdes estaban clavados con indiferencia, amenaza y curiosidad, en la elfa, se tornaba de vez en cuando al humano y volvía a su mochila.

- Cuántas tonterías hay que oír. - Dijo este, ensimismado, en un volumen bastante bajo.

Entonces, la elfa, pronunció la palabra "Salvador" Y eso sí que le pareció raro al enano, que alzo la vista de su mochila y entrecerró un ojo a la par que abría el otro, con un gesto más extrañado que sorprendido. Se descolgó el martillo para observar las imperfecciones y se dio cuenta de lo bien que le vendría algo de acero y una forja. Se echó el martillo a la espalda, atado con una cinta de cuero y se interpuso entre los dos, cruzando los brazos por encima del barrigón. Aunque bien es cierto que tampoco estaba excesivamente gordo para ser un enano.

- ¿Y qué piensas hacer, pataslargas? Porque los asuntos políticos no se ganan matando a nadie, aunque quizá se arregle si le secciono la cabeza a ese lenguasernosequé... - Dijo el enano, y no parecía estar bromeando. - Lo que hace, es ¡Ilegal! ¡Y lo ilegal se ha de castigar! - Añade, golpeándose la palma de la mano derecha con el puño izquierdo, dándole énfasis a la frase.
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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Erenimir Lunielëren el Lun Feb 20, 2012 5:58 pm

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Re: La Estrella Gemela [Privada]

Mensaje por Thorin Filoardiente el Mar Feb 28, 2012 5:19 pm

El enano ya estaba preparando sus cosas, sin fijarse ne lo que respondía la mujer, sabiendo que sí o sí acabarían ayudando a aquel hombre. Da lo mismo que se nieguen al principio, los dos son gente de honor y eso les obliga por así decirlo a responder a este tipo de llamadas. El enano, sin embargo, no paraba de quejarse por tener que ofrecer su ayuda. Que no quiere decir que no lo haga, si no que no se muestra a gusto - Pero bien luego se regocija cuando se lo agradecen-.
- ¡Me pregunto por qué los debiluchos pataslargas no solucionan sus problemas de niños mimados por sí mismos. - Sin mostrar ningún aparente respeto. - O al menos no mayor que al de cualquier otro humano-. - El reinado de los enanos es vitalicio, aunque si se acaba loco, se convoca a una asamblea de sabios para tomar las decisiones. Y es hereditario y eso no se puede cambiar.
El enano sacó de su mochila un yelmo de carácter más o menos uniforme y se lo encajó en el cráneo, se pegó un par de golpecitos para terminar de encajarlo - Y un par de golpecitos para un enano son un buen par de hostias bien dadas-.
- Escondeos, pataslargas y orejaspicudas, y más vale que bien, porque apestáis a miedo e impaciencia. - Dijo, muy serio, señalando a ambos con un dedo. - Y aguardad, que tengo el plan perfecto para sorprender a ese malnacido y hacer que se quede con nosotros ¡Os aseguro que ni rechistará! - Continuó, y parecía muy serio.
- ¿Y estáis seguros de que funcionará? ¿Estar aquí parados? Ni si quiera sabemos si puede encontrar nuestro rastro. - Reprochó William, poniendo los brazos en jarra.
- Más vale que te calles y hagas lo que te digo, hijo, ya hemos perdido bastante tiempo. Cualquier rastreador medianamente bueno podría haberte seguido sin ningún problema... ¡Por todos los dioses! ¡Mira que huellas vas dejando! - Y lo más sabío parecía ser confiar en el enano, aunque aun así, para ojo inexperto, no había más que un montón de hojas.

Ambos decidieron esconderse entre ramas y hojas de árboles, dejando a los caballos un poco más delante, para que el rastro continuara y no frenaran al verlo parado.
Y transcurrió una hora, quizá dos, pero no más. Un caballo negro apareció, y a lomos de este, el susodicho sujeto que andaba siguiendo al principito. El enano parecía tener un plan... pero solo lo parecía. Esperó a que pasara por su lado y... ¡Zasca! Le sacudió un martillazo, dejándolo completamente fuera de combate, y así seguiría durante un par de horas.

Por suerte para los aventureros, ningún guardia le acompañaba, lo que hizo que nadie se lanzara como loco a acabar con la vida de los tres.

El elfo y el nórdico, yacían escondidos con la boca abierta, mientras el enano no paraba de reír, mirando a ambos, sabiendo de sobra sendos escondites.

- Los que más de duros van... ¡Son los más flojos! - Y esa parte, no era cierta, pues, de no pillarle por completo desprevenido, lenguadeserpiente le habría brindado un combate del que puede que no saliera victorioso.

El enano sacó un par de cuerdas de su morral y con cuidado, que no quiere decir dureza, ató fuertemente al hombre, para que en caso de que despertara, no diera mucho el follón. También cogió uno de los pañuelos que guardaba por diosabequé parte del cuerpo y le tapó con el la boca al hombre.

- Bueno pataslargas... ¿Y ahora qué? - Dijo el enano, apoyándose en el mazo.
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