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Promesa del nuevo año

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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Kurato el Sáb Jun 09, 2012 11:01 pm

Sonrió y la apretó aun más contra él, más que evidentemente feliz, -me alegro mucho Sofia, también ha sido mi mejor noche desde que nací…- unos minutos que fueron enteros pero que parecieron al vez meros instases diminutos, mientras ninguno de los dos se levantaba de aquella mullida cama, el continuo allí, feliz y tranquilo durante un tiempo, sin separarse, sintiendo su cuerpo moverse al lado del suyo, nunca tuvo tanta paz en su vida, mientras el sol débil de la mañana los empezaba a acariciar lentamente, con un calor despreciable en comparación con lo que él sentía en aquel abrazo, solo se perturbo su paz cuando las mascotas empezaron despertarse y a moverse, pidiendo su trocito de atención.

Luego se levantaron, desayunaron la carne que quedaba aun de la cena de ayer, después del desayuno, tareas de mantenimiento de la casa que trato de asumir el reptil completamente con al escusa de que ella aun se encontraba herida, luego un día tranquilo, incluso trato de enseñarle un poco el manejo de la espada que le había traído de aquellos cazadores.
Ya, más tarde, cuando la luz del día empezaba a amenazar a extinguirse, salió de caza, desoyendo sus criticas de quedarse y buscar algo de comida en las despensa y alacenas de la casa, sin hacer caso a la advertencia de que el también estaba herido, desenfundo sus ramas y salió de casa, dispuesto a traerle una buena cena a Sofia, las horas pasaron, la noche ya llenaba el cielo cuando volvió entrar había logrado cazar, pero a un alto precio, una extraña criatura de enormes dientes le ataco al percibir el olor de la sangre corriendo dese el cuerpo de la presa del reptil que se vio obligado a defenderse, al final consiguió ahuyentarla, pero pago un precio.

El día siguiente no fue a cazar, ese día no pudo resistirse a comprobar lo buena enfermera que era ella y tuvieron que depender de la caza del otro día.
Pronto, se empezó una deliciosa rutina, al despertar se ocupaban entre ambos, aunque de una forma no carente de pequeñas peleas por quien debía hacer más, luego, cuidar y jugar con las mascotas y por la tarde, antes de que Kurato saliese de caza, disponían de mucho tiempo libre que dedicaban a hablar entre ellos, a coser alguna cosa o a entrenar, después de la cena, subían así cuarto donde dormían plácidamente hasta el amanecer, olvidándose del dolor que ocultaban sus vendas.
Pero eso no podría durar, aunque la sombra de Veluzi fuese más débil y difusa cada día en la mente del reptil, la de la antigua ama de la raptora no hacía sino más que crecer cada vez que observaba una pequeña cicatriz en su piel, escuchaba la pena de su voz temblar en algunos momentos os e imaginaba las cosas que tuvo que hacer.

Una de aquellas tardes libres poco después de haberse librado completamente de vendajes y dolores, mientras su amiga dormitaba tranquilamente en el sofá de la casa, el se entrenaba afuera.
El objetivo, el tronco de un árbol muerto, sacaba su garras y arañaba cortaba trozos de la corteza, movido por la ira, abría la boca y mordía con ferocidad la madera, haciéndola humear al contacto con su veneno, luego para terminar después de usar su cuerpo sacaba las espadas y atacaba con ferocidad increíble, finalmente, casi sudando ya tonificado y despierto, envaino, fue entonces cuando unas voces y unos aplausos sonaron entre la nieve, pensó por un segundo que podría ser Sofia, pues a veces venia a verle entrenar, pero no era ella.

-¡Quien es!- grito al advertir una silueta no familiar, mientras desenfundaba sus armas.
-Tranquilo, no hace falta que te pongas a la defensiva…- dijo un hombre pequeño y pálido que apareció de pronto en escena, aparentemente desarmado y sonriente.
-¿Quién eres?¿que quieres?-
-¿Quién soy?¿que quiero? Soy un amigo y lo que quiero es ayudarte-
-Si claro, ¿ayudarme a que? Ya estoy bien como estoy-
-Ahí te equivocas, ven conmigo, te ofrezco la oportunidad de vengarte, pero no, de Veluzi no, de los dueños de tu raptora, aquellas personas que te hacen hervir tanto la sangre, ve, arregla las cosas y vuelve con ella, te prometo que te ayudare de tal manera que será prácticamente como si hubiésemos borrado todo el mal de su pasado.-
Evidentemente, esto, no tardo en convencer a Kurato, que dejando a un amigo, que se aseguro que fuese parecido a un eunuco, a cargo de informarla y protegerla, partió hacia la casa de sus amos, con una sonrisa siniestra en la mirada.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Sofi el Dom Jun 10, 2012 1:30 am

Sin duda, ambos estaban bastante felices. Ambos tuvieron su primera noche tranquila, donde nada les interrumpió, molesto o lastimo. Sofía casi no podía creerlo y el hecho de estar abrazada de Kurato era la prueba más grande de que seguramente todos merecían de vez en cuando algo lindo. Los rayos del sol surgían lentamente, perezosos y Sofía parecía no inmutarse con aquello, disfrutaba de esa escena y lo único que provoco que se levantaran fue que las mascotas despertaran también.
Aquel día continuo con la misma calma. Desayunar y limpiar un poco la casa, aunque el se empeñaba en hacerla descansar. Practicaron un poco con la espada, aprendiendo algo sobre sostenerla.

Así continuo aquel día. Pese a sus intentos de que el no saliera a cazar, Kurato era tan testarudo como ella y no hizo cazo. Claro que, al regresar, Sofía realmente se preocupo, incluso molestándose un poco... sin embargo, se dedico a curarle con esmero. Al menos así pasaron el resto de ese día y el siguiente, donde ella se dedico a cuidar de el. No quería que nada malo le pasara a Kurato, jamás se lo perdonaría.

Poco a poco, fueron acostumbrándose a una bella rutina donde a veces uno peleaba por hacer más que el otro, pero a fin de cuentas buscaban el mutuo beneficio. Kurato se había ganado la confianza, lealtad y amor de Sofía cuyas heridas iban sanando poco a poco. Hubo un momento en que aquellas experiencias del pasado parecían sueños distantes, aunque aun estaban muy presentes en pesadillas que llegaba a tener o en pláticas. Durante aquel tiempo, aprovecharon para conocerse más, ella aprendía sobre la espada y sus movimientos, practicaba con la hoz que traía de casa de su ama y conocía más de Kurato, de su historia, sus gustos y vivencias. Ella estaba realmente sorprendida de todas esas veces en las que podían dormir a gusto en una cama tibia, abrazados, o de cuando podían comer en paz, sin ninguna interrupción. Apreciaba y atesoraba los momentos en que jugaban con la mascota, aquella criaturita peluda que con el tiempo tomo confianza con Sofía y correteaba por la casa alegre. Pasaron los días hasta que sus cuerpos no tenían herida alguna y podían darse el lujo de salir a caminar de vez en cuando, o tirarse fuera, entre la hierba y mirar al cielo comentando sobre lo que deseaban a futuro. Si, Sofía amaba aquella vida... pero nada es para siempre.

La tarde en que todo comenzó a cambiar, Sofía tuvo un mal presentimiento. Kurato entrenaba fuera, como le gustaba, en ocasiones arañaba un árbol bastante viejo (y resistente). Muchas veces ella iba a observarlo, pero en esta ocasión el sueño le venció en el sofá, quedándose dormida al poco tiempo. Sentía que caía en una espiral, y que llegaba a un sitio donde perdía todo. Desde su mascota, la casa que habían tomado como suya y especialmente a Kurato. Su corazón dio un vuelco, palpitando con fuerza, mientras se quejaba y pedía con una voz débil que Kurato estuviera bien. Deseo tenerlo cercas y abrazarle, el miedo se apodero de ella como no lo había hecho en un tiempo, desde que conoció a Kurato. Abrió los ojos de golpe, levantándose en aquel asiento asustada. Miro a su alrededor, el silencio era tan fuerte que su propia voz le intimidaba. –Kurato- llamo preocupada, temiendo cada vez más. -¡¿Kurato?!- grito esta vez, poniéndose de pie. En ese momento, un hombre bajito y algo regordete salio apareció detrás de ella, tal parecía que había estado en la cocina todo el tiempo. –Despertaste...- Dijo el hombre. Sofía, con una rapidez impresionante tomo la espada que Kurato le había dado y apunto hacia el, mientras decía con una voz amenazante –Tres segundos para explicar donde esta Kurato, o tomare tus entrañas y te Hare comerlas....-

El eunuco le explico que estaba pasando. Sofía escucho con aparente calma como Kurato se había ido a vengarla, a destruir a todo aquel que le había hecho daño. Estuvo sentada en el sofá todos aquellos minutos. Una vez que el hombre acabo, ella se puso de pie, tomo su espada y su hoz y dijo con una voz seria –seria tan amable de salir y esperar fuera... ¿por favor?- El hombre asintió y salio, Sofía tomo a la criaturita que era su mascota y la puso en un sitio seguro, en una esquina. Tomo la espada, la alzo y dejo caer sobre el sofá con furia. -¡Eres un tonto!- grito... y dejo que la ira y el miedo surgieran del mejor modo que sabia; destruyéndolo todo.

Arranco cojines, rompió jarrones, mesas, sillas, mientras gritaba desesperada con lágrimas en los ojos y aquellas imágenes de quienes en su momento fueron sus verdugos regresaban a su mente, solo que esta vez, lastimando a Kurato. Golpeo la pared con fuerza, utilizando solo su puño de forma que sus nudillos se lastimaron, sangraban. Pasaron varios minutos en los que dejaba que la ira y el pánico fluyeran... hasta que estuvo más calmada. Una vez se relajo, tomo un par de vendas, rodeo sus manos para evitar el sangrado, tomo a la criaturita y la puso entre sus pechos... y salio de la casa.

El camino fue bastante rápido. Con la ayuda del eunuco, una yegua le permitió llegar. Aquel hombre había resultado ser un antiguo esclavo de su ama y les había buscado por un tiempo, a fin de que lograran tomar su venganza. Sofía estaba enojada con ese hombre y con Kurato... ¡arriesgarse así!.

Ahí estaba, la casa construida impecable se alzaba delante de ella. Sofía sintió una opresión en el pecho, un miedo que le invadió al punto en que sus piernas temblaron... los recuerdos le atormentaban, le golpeaban con fuerza y el pánico de pensar que Kurato sufría lo mismo fue mas perturbador. Bajo de la yegua, con la espada en mano y la hoz en la espalda... y avanzo. Tragaba saliva, hasta llegar a aquellos terrenos. Mujeres y hombres corriendo por doquier, tomando cosas y huyendo. Algunos los identifico, otros no, pero todos tenían vestimenta de esclavos. Esclavos... libres y corriendo por doquier. Pregunto a una chica que sucedía, y ella sonriendo grito que un salvador les había ayudado. Sofía intento sacarle más, pero estaba tan emocionada y sorprendida que la joven solo salia corriendo a su gusto y antojo. Corrió por los pasillos, sangre, cadáveres y partes desmembradas adornaban las paredes de aquella mansión... ¿Kurato? Se pregunto a si misma, sintiendo que su corazón daba un vuelco hasta llegar a aquellas puertas. Las identifico. Sus rodillas temblaban... recordó tantas veces que había ido ahí, solo a cumplir deseos y caprichos molestos. La chica observo... abrió la puerta con lentitud, miedo temeroso que se abría paso... encontrándose con una escena que jamás se habría imaginado.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Kurato el Dom Jun 10, 2012 3:56 am

-Solo, deja que te inunde la furia, deja que te posea, que corra por tus venas en lugar de la sangre, que piense por ti y serás capaz de destruirlos a todos- le incitaba aquel hombre ante la puerta de aquella mansión que tan malos recuerdos le traía.
-No te preocupes, me encargare de todos, pero los que son esclavos como lo fue mi Sofia…-
-No te preocupes por ellos, diles que son libres y ya me encargare yo de ayudarles con su nueva vida, tu solo encuentra a los que le hicieron daño y devuélveselo y si tienes problemas, quizás podrías usar esto…- le dijo amablemente tendiéndole un par de fundas más para espadas, con sus correspondientes amas en el interior, a pesar del rechazo inicial del reptil, al final se las colgó del cinto.
-Entra, tu solo encárgate de ellos y yo me encargare de cualquier otra cosa que puedo surgir- le dijo el pequeño antes de entrar a la casa mientras el joven, desaparecía en las sombras.

El primero fue un conocido, uno de aquellos guardas que trataron en bano de apartarlo de la raptora para poder divertirse con ella, estaba tranquilamente montando guardia en su esquina, Kurato no tardo demasiado con él, se acercó por detrás, le toco el hombro, el hombre se giro, grito, maldijo, dio la alarma y su cráneo fue destrozado en muchos pedacitos por la fuerte mordida del reptil.
Aun no habían llegado los verdaderos refuerzos cuando unos minutos después de aquella primera muerte, se encontró una habitación con un extraño símbolo, no se pudo resistir a abrirla, descubriendo en su interior diversos esclavos y esclavas en su mayoría de todas las razas, sintió pena por ellos, recordó a su raptora y finalmente, desde aquel mismo marco de la puerta les dijo, -vamos, largaos de aquí, a partir de este momento todos y todas sois libres, aprovechaos de ello y no permanezcáis aquí ni un segundo más, y por cierto, no olvidemos que los demás tienen sobre vosotros el poder que vosotros les deis- y con esa última frase, se dio media vuelta, solo para avanzar un par de pasos y encontrarse ahora si, a un buen grupo de guardias, algunos los conocía, pues pertenecían al miso grupo que l primero, pero otros no, uno, se adelanto y grito, -¿¡que derecho crees que tienes sobre la propiedad de los señores!?-.
-¿Propiedad? Yo solo veo unos cuantos hombres y mujeres lib….- no pudo acabar la frase, una flecha de uno de los guardas demasiado impaciente e impulsivo voló por el aire y se le clavo en el brazo, llenándoselo de dolor.
-Estúpido bastardo, te recuerdo, ¿Dónde está esa putilla que te llevaste? En cuando acabe con tigo me encargare de ella…- dijo riendo y cabreando de una forma brutal al reptil, el cual se arranco la flecha y al momento empezó a contorsionarse y rodearse el torso con los brazos mientras rugía amenazadoramente, sin saber muy bien que le pasaba, pero poseyendo unos inmensos deseos de matarlos a todos.

Finalmente, unos momentos después de aquello, otros dos brazos idénticos a los superiores surgieron del torso, propiciando miedo y asombro entre los soldados, Kurato los miro sonrientes y se lanzo a por el idiota que se había adelantado.
Lo alzo en el aire con sus cuatro brazos y estiro, aunque tardo un poco y tubo que clavar las uñas, logro separar el cuerpo en cuatro partes que emanaron en pocos instantes toda la sangre del cuerpo sorbe el suelo, para luego caer sobre esos mismos charcos, tras el, algunos gritos ahogados de los esclavos que escapaban se dejaron oír, peor a él no le importaban.
Instintivamente, llevo sus manos a las espadas, encontrándose la sorpresa de que llevaba cuatro espadas, tantas como manos, ¿aquel hombre había previsto eso? No le importaba, agarro sus dos de acero normales y las otras dos que destellaron en llamas al salir de sus fundas, una mirada de odio y venganza sulfuro en sus ojos al tiempo que su cuerpos se estremecía de ganas de matar sádicamente, no tardo en abalanzarse sobre los temerosos guardias gritándoles la advertencia que ya les dijo en su día -¡hoy voy en serio!-.

Avanzo por los pasillos, matando, torturando, desmembrando a los guardias y rivales y dándole la libertad a los esclavos y esclavas sin importar edad, sexo o raza, hasta que al final, cubierto de sangre y oliendo a sangre y a quemado, tras dejar un reguero de destrucción su paso, se encontró a solas en un cuarto cerrado con los antiguos amos de Sofia, sonrió, rio y rugió.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Sofi el Dom Jun 10, 2012 4:15 am

Sofía miro aquella habitación. La sangre se desparramaba por todos lados, manchando de forma grotesca las paredes, muebles, suelo... Tanta sangre. Jamás había visto tanta que no fuera suya. Trago saliva, entrando en aquel sitio, pensando que Kurato podría estar ahí... y, al verlo, sus ojos se llenaron de lágrimas, obligándola dando un paso atrás. Era el, con dos brazos extras, ensangrentado. Por un momento pensó que la sangre era de el, pero al ver los dos cuerpos colgando de cabeza a un lado de Kurato, supo que no era así.

Era su antigua ama y amo, que yacían cabeza abajo, colgando de vigas del techo. Los dos tenían múltiples heridas, como rasguños que habían arrancado la piel y goteaban sangre. Podía ver claramente el hueso del brazo izquierdo expuesto de su amo, los dos parecían ya no reaccionar, el dolor les había dejado en Shock. Sin ojos la mujer se bamboleaba a un ritmo fantasmagórico, goteando sangre. El, en cambio, tenía el pecho abierto en dos, con las manos despellejadas. Toda aquella escena era brutal. En el momento en que ella llego y vio, Kurato arrancaba los brazos de los dos cuerpos, arrojándolos a un lado, mientras sujetaba con fuerza la cabeza de la mujer. Ella miro a otro lado, escuchando el asqueroso y horrendo chasquido de la extremidad que se desprende con una lentitud realmente perturbadora. Se había movido hasta pegarse a la pared... respiraba pesadamente, poco a poco fue agachándose hasta sentarse, abrazándose a si misma mientras dejaba la espada a un lado, sin saber que decir o hacer, se hecho a llorar.

Ocultando la cabeza entre las piernas, las lágrimas no se contenían, inundando su rostro y parte de sus rodillas, humedeciendo las escamas. Su sollozo pronto aumento, temblaba. Aquella escena solo le había traído los recuerdos más horrendos de su vida. Se recordó a si misma en aquella posición mientras varias barras de metal ardiente se pegaban a su cuerpo. La escena rápidamente cambio, mirándose a si misma en la cama de aquel sujeto. Las manos que recorrían su cuerpo contra su voluntad, aparatos utilizados en su contra, torturas horribles de recordar... Fue entonces cuando sus ojos se tornaron de un púrpura brillante, enfundando la espada se lanzo sobre aquellos cadáveres colgantes, sacando las garras... comenzó a desgarrar la piel con fuerza, arrancando trozos de carne, con lágrimas en los ojos mientras gritaba con tristeza y desesperación – ¡esto es lo que merecían por las quemaduras! Los odio... ¡jamás debieron utilizar las navajas! ¡No había hecho nada malo! ¡No merecía un castigo! ¡Jamás quise dormir con ninguno! Nunca... ¡nunca fue placentero para mi....!- rasgando la piel, carne, huesos incluso hasta que aquellos dos cuerpos se convirtieron en una masa amorfa y Sofía no podía ver nada mas debido a las lagrimas que le empañaban la vista. Sus rodillas flaquearon, cayendo al suelo, con las manos llenas de viseras y sangre... aun se las observaba, y aunque sabia que era la sangre de sus antiguos amos, no pudo evitar exclamar –Mi sangre... mi sangre no era un juego...- cerrando los puños, sollozando.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Kurato el Sáb Jun 16, 2012 12:44 am

-Ahora es cuando lo puedes arreglar todo- dijo aquel enigmático hombre que pareció por la puerta de la sangrienta habitación.
-He matado y torturado a todos los que la osaron tocar, he liberado a los demás esclavos y nunca me separare de ella, por desgracia creo que ya he hecho todo lo posible- gruño el reptil mientras abrazaba a la raptora con fuerza en el suelo, ya solo con dos brazos.
-Todo lo posible sin mi ayuda- rio el sujeto -pero dime, si pudieses volver al pasado y cambiarlo, si pudieses proteger a tu amorcito de las locuras y torturas de sus amos y los demás y consolarla en sus peores momentos desde que fue capturada aunque tuvieses que pasar años sin apenas hablar con ella, dime, ¿lo aceptarías?-
-Por supuesto que sí, pero no puedo volver al pasado, pero si pudiese quitárselo todo….no lo rechazaría-
-Bien, pues nos e hable más- el individuo busco en sus bolsillos y le tiro al reptil rojo un pequeño colgante anaranjado muy cercano a la transparencia total y un antifaz negro y rojo con puntas en los extremos -Con el antifaz podrás pasar desapercibido, a si no presionaremos mucho los acontecimientos mientras la proteges, y el colgante te hará que puedas llevarlo a acabo, pero te quitara todo descanso, ni dormir, ni comer, nada de nada mientras la estés cuidando aunque también te podrás hacer invisible a voluntad, para ayudarte en su tarea-
-No se… que decir….- dijo sonriente mientras sopesaba los artículos
-No es nada, más allá de dejarme casi si poder por este asunto durante mucho tiempo- gruño por lo bajo el hombre -en fin, cógelo y póntelo y acompañadme al cuarto principal mientras os explico unas pocas cosas.-
Y así le siguieron mientras el muchacho le explicaba a Kurato que hacer y que no hacer, una vez hubo terminado confirmo que estaba listo, ese tipo, empezó a concentrarse.
-Tranquila pequeña, lo volverlas ver pronto, para ti y para mí no habrá pasado más de un segundo, sin embargo, desde su punto de vista pasaran muchos años, en fin, hora de irse, es posible que os duela un poco la cabeza, anda grave-

El reptil apareció siendo transportado en una jaula tirada por caballos, rumbo desconocido, donde se acerco y consoló junto con numerosas palabras y juramentos de protección a la pequeña Sofia que nunca la dejaría sola, y así los cumplió.
Su mano protectora nunca se alejo, actuando, a veces a plena vista, otras desde las sombras como cuando fue vendida, siempre trato de hacerle el mayor bien y consolarla en cada pena, pero siempre dentro de los estrictos limites que le habían impuesto para el buen cumplimiento de la misión.

Sin embargo, había que admitir que algunas de esas prohibiciones como la de no matar a los antiguos amos de la raptora, en ciertas ocasiones era bastante difícil de resistir.
Llevaba ya unos años protegiéndola disfrazado, a pesar de lo tediosos y horrible de no tener descanso alguno, lo conseguía aguantar y recuperaba las fuerzas al ver cada destello en aquellos ojos inocentes, incluso alguna vez se sintió mal porque estaba mirando a la pequeña que se convertiría en la mujer que tanto apreciaría y que tantos deseos le despertaría, por desgracia, no solo despertaba los suyos.
Un día aparentemente como otro cualquiera, trabajos, broncas por una parte y ayuda, consuelo e incluso juegos, a los que acostumbraba a jugar con ella para que no perdiese la infancia siempre que podía salvo el escondite, no quería perderla de vista jamás, en cierto momento, fue llamada a la dependencia de su amo, cubriéndose en su capa de tinieblas, avanzó con ella siempre en guardia y con las firmes espadas colgando de su cinto, siguiendo a la pequeña hasta el cuarto donde esperaba el hombre tumbado en la cama con la sabana subiéndole de cintura para abajo.

En cuando ambos entraron en el cuarto, aunque él solo percibió a la raptora, y cerraron la puerta no tardo en lanzarse completamente desnudo y con intenciones más que evidentes de un salto a por la pequeña, pero esta vez, había algo que se aseguraría de cambiar el futuro y que no al dejaría que la tocasen, Kurato se quito su invisibilidad y salto con fuerza y e ira resaltando al fuego vivo en cada escama a por el bastardo que quería hacerle eso a su amor, el resultado fue rotundo y de no ser por la prohibición, lo había matado allí mismo, el sujeto fue interceptado y de un fuerte puñetazo en la barriga fue mandado a la pared del fondo, donde pronto un hilo de sangre empezó aparecer en sus carnes mientras el reptil lo alzaba cogiéndolo del cuello y su presa se recuperaba -adivina adivinanza, ¿que es rojo, deforme, extravagante y esta siempre con su escasa piel completamente te empapada? Muy fácil, tu dentro de dos segundos como no vuelvas a la cama, cojas la comida que te ha traído esa joven y si quieres hacerle algo a alguien se lo haces a tu esposa o sentirás como tu cosita se mete por sus agujeros de la nariz y te la incrusto ene se patético cerebro que tienes- dicho eso se volvió invisible y saco de allí a la pequeña.

El amo era un ser simple que siempre se sabía que se podía esperar de él, pero su dueña, esa zorra sádica era mucho peor, sin embargo, eso no significaba que sus torturas diesen resultado, lo mucho que había logrado conseguir de herir a Sofi, eran solo unas levísimos arañazos y golpes que no tardaron en curarse y olvidarse, incluso el episodio de las flores rosas y las ratas, termino mucho mejor, aunque con más sangre que antes, la sangre de las ratas que sucumbían entre los colmillos y garras del reptil mientras sus compañeras huían de compartir su destino, la de que peor salió ella parada fue una en la que su ama planeaba marcarla al rojo vivo con navajas ardientes, situación que ese saldo rápidamente con las propias espadas de fuego de Kurato, anquen con resultados un poco detestables.

Mientras, en otro tiempo, el artífice de todo aquellos e acercó a los cadáveres chorreantes y amorfos de los antiguos amos de Sofia, si es que después de la visita de Kurato podían decirse que lo fueron y mientras bajo la piel de su mano parecía moverse algo sinuosamente hasta romper la piel, salir al exterior y atrapar los cuerpos del hombre y la mujer, aparentemente como si ni siquiera sintiera eso hablo, -estúpidos, casi habéis chafado bastardos un plan magnifico que se ha ido labrando vidas enteras, como comprenderéis no solo no lo permitiré si no que os castigare por ello, ahora el infierno, el dolor, sufrimiento, vergüenza, humillación, hare que añoréis cosas tan placenteras como estas-
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Sofi el Jue Jun 21, 2012 7:17 pm

Sofía se mantuvo en silencio, observando las masas de carne que eran sus amos. Como si estuviera en un trance… en un shock. No escucho todo lo que hablaron, de hecho, apenas se dio cuenta de que alguien más estaba con ellos. De pronto Kurato se puso de pie, siguiendo al desconocido, Sofía avanzo junto con el, en silencio, sin comprender el asunto hasta que estuvieron en la otra habitación. El le dijo que lo volvería a ver pronto, que para ella no pasaría ni un minuto. Entonces reacciono -¿Qué? ¿Qué pasa?- dijo mientras veía a Kurato -¿Qué harás? ¿Kura…-

Kurato no estaba en un segundo, Sofía lo busco al principio asustada, sin embargo, un dolor punzante y agudo ataco su cabeza obligándola caer de rodillas con las manos en las cienes. Sofía grito, algo no estaba bien, algo cambiaba… aferro sus manos al suelo para no dar de bruces, gritando -¡¿Qué esta pasando?!- se sintió temblando, abrió los ojos y algo cambio en ella. Sofía miro a su alrededor… se puso de pie, fue hacia una esquina y ahí se sentó, abrazándose a si misma, mientras su alrededor parecía cambiar lentamente, como si las paredes se despegaran y todo fuera reescrito… su pasado y futuro, no serian los mismos.

La pequeña Sofía conoció a aquel sujeto que le prometía cuidarla siempre. La chica ni entendía el porque, pero pronto lo llamo “Rojo guardián”. No supo como era su rostro y eventualmente dejo de querer conocerlo. Para ella esa era una cosa del destino y así estaba bien. Durante sus primeros años en cautiverio muchas veces pregunto el porque no la ayudaba a salir, pero el siempre evadía la pregunta. Incluso un par de veces ella se molesto… y así siguió. Hubo momentos en que Sofía sabia que el estaba ahí, aunque no podía verle. Una sensación extraña de seguridad que definitivamente cambio todo para ella. Sentía que le interesaba a alguien y eso logro que fuera una reptiliano más amable con los demás, con los de su propia especie, con sus compañeros esclavos. A los 14 años, Sofía pensaba que era algún amigo imaginario que de pronto le ayudaba. A gusto con la idea… comenzó a idealizarlo. Seguro seria un fuerte macho que en su momento, la sacaría de aquel sitio, la llevaría sobre alguna Yegua o caballo negro como la noche y cabalgarían hasta el ocaso mientras se besaban… Era apenas una adolescente y el cautiverio no la exentaba de imaginarse a su príncipe… su príncipe sin rostro.

Hubo 3 momentos especiales en su vida que la habían marcado. 3 momentos que tenían que cambiar para siempre. El primero fue cuando la capturaron y el segundo… ella era aun joven, tendría casi 14 años, cuando su amo le llamo. La chica avanzo a paso lento al sitio… sentía como el hombre la veía y el terror le invadía cada vez que tenia que hacer algo para el. La chica tímidamente abrió la puerta y de un momento a otro, el se lanzo completamente desnudo a una Sofía que dio un grito de terror y callo hacia atrás. Cerró los ojos con fuerza, temblando con miedo, tensa… pensando que algo malo le haría ese sujeto. Sin embargo, de nuevo su protector apareció, golpeando a su amo. Sofía se levanto trastabillando, chocando contra la puerta… mirando como su amigo imaginario golpeaba al hombre y le amenazaba. Tanto ella como su amo quedaron en silencio, sorprendidos… y el la miro a ella. Sofía supo que el sujeto no se quedaría tranquilo, algo malo pasaría.

El siguiente momento en el que Sofía pudo haber tenido un horrendo desenlace fue cuando su ama, harta de que siempre se salvaba por los pelos de las torturas que ella le preparaba, la llamo a una habitación. Al entrar, la chica se encontró en un cuarto muy pequeño, donde cabrían bien dos personas. La mujer la miro desde una barrera de cristal grueso, llevaba esta un traje de color rosa brillante. Chasqueo los dedos y se dio la vuelta… yéndose. Sofía expectante levanto la vista y muchas ratas cayeron de una compuerta en el techo, mordisqueándola. De nuevo, aquel ser le salvo la vida…

El último momento fue aquel en el que la mujer quería castigar a la chica. Atada, Sofía gritaba mientras veía como la mujer calentaba al fuego vivo ciertas barras de metal. Sabia que iban a su piel… para marcarla para siempre. Ella grito y, justo cuando el metal se acercaba a su piel, de nuevo su salvador irrumpió. Una pelea entre el y su ama logro que ella tuviera una herida en el muslo izquierdo, marcado con la espada del príncipe rojo caliente al rojo vivo. Fue un intento de el por darle a probar de su propia medicina a su ama, pero la cosa salió mal y la chica dio un grito. Aun así, agradeció que solo fuera una quemadura larga en su muslo y no en todo el cuerpo.

Esa noche, Sofía agradeció enormemente a aquel desconocido… no compendia el porque lo hacia.
Habían pasado ya varios días y la herida en su pierna estaba medianamente sana. Su ama le llamo a su habitación a traerle agua. Sofía fue con el jarrón y abrió la puerta… primer intento departe de ellos por librarse de el. En cuanto ella entro y dio cuatro pasos, una portezuela se abrió en el piso, haciéndola caer por una especie de Túnel hasta el fondo. La chica grito, algo le detenía… aunque todo estaba oscuro. Antes de que nada mas pasara, la mujer hablo –Sabemos que estas aquí… tu… quien quiera que seas. ¿Crees que tienes poder sobre nuestra criatura? No tienes idea. Tenemos un trato que hacer y antes de que te lances a buscarla por aquel hueco en el suelo, piénsalo bien. Una fina red elfica apenas evita que caiga al fondo donde el suelo no es precisamente lizo. De hecho, dispusimos para ella especialmente lanzas, de manera que si caes sobre ella no solo provocaras que las redes se incrusten en su piel… también terminaras clavándola en el suelo. –La mujer se cruzo de brazos, negando con la cabeza –y no pienses que por que no podemos verte podrás hacer algo, porque a una orden mía, y ella estará tan clavada al suelo que no podrás siquiera tomar su cuerpo. Un trato… que me parece justo para los dos bandos. –La mujer sonrió, confiada-

Sofía había caído por aquel túnel, hasta llegar a una red plateada. Sus manos se aferraban a aquella red tan delicada…un calor muy fuerte inicio en las zonas que tocaban la red. ¿Por qué? Quemaba… ardía… las escamas se ampollaban y ella comenzó a gritar. Sofía no lo entendía pero, era alérgica a la plata elfica. Entre mas gritaba y se movía, mas piel entraba en contacto con más piel. -¡Basta!- grito, chillando y gimoteando… La mujer sonrío con los gritos de Sofía, mientras se cruzaba de brazos –El trato es simple. Tú te largas y ella conserva su vida… y evidentemente como te importa tanto, su virginidad. Puedes estar con ella, no me importa, en tanto no interfieras mas y te mantengas alejado….- Sonrió, ella tenia creía tener ya la ventaja…

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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Kurato el Jue Jun 21, 2012 8:20 pm

¿Tratos?¿con esa mujer odiosa que le hacía arder el alma con deseos infinitos de muerte y dolor? Jamás, quizás, si hubiese sido en verdad la única posibilidad de la joven de salvarse lo hubiese aceptado, pero incluso en aquellos momentos habría estado atento a la más mínima posibilidad de salvarla, de darle la vuelta a lo pactado y seguir como hasta entonces, pero sin embargo en esta ocasión ni se paró a escuchar l que la mujer tenía que decirle, se lanzo de cabeza por la trampilla con las extremidades bien extendidas, con las garras arañando ligeramente la madera de las paredes de aquel hueco, mirando como la pequeña caía sin parar hacia abajo, con el corazón latiéndole con fuerza, deseando que aquel o fuese un día que arruinaría los años de cuidado que le había dado.

Pero, en un segundo, la vio pararse con brusquedad y gritar, finos destellos de plata llegaron a sus ojos, ¿por qué hacían eso? Se preguntaba, inmediatamente para evitar caer sobre ella, clavo su garras con fuerza en la pared, parándose a tiempo de evitar el choque, con cierta lentitud, tratando de asegurarse bien sus anclajes en una sola de las paredes, creyéndola a salvo de momento, más cuando escucho su grito, se apresuro, la agarro rápidamente y le pidió que se agarrase a él, colgando por delante de su cuerpo, sujeta a el por sus propias extremidades y la cola del sujeto que actuaba a modo de cinturón de seguridad, el reptil rojo subió lo más rápido que pudo, pero atento sobre todo a la seguridad de ambos.

Al final, aparecieron arriba, sobre todo aquel montaje, dejando a la pequeña en el suelo, aprovechándose de su transparencia, se pudo detrás de la mujer, y al tiempo que se dejaba percibir por ojos ajenos, puso su mano sobre el hombro de la mujer, -perdona, ¿decías algo?- le dijo sarcásticamente antes de empujarla al mismo foso al que acababa de sacar a la pequeña.
Después de esto, recogió a la pequeña en brazos y la saco de allí, llevándola a su cuarto, si es que se podía considerar así al lugar donde ella dormía y el velaba eternamente su sueño.
Aun quedaban unos pocos años de aquella tarea de guardián, y al contrario de lo que podía parecer, cada segundo no se hacia una eternidad ni una pesadilla, al contrario, lo hacía con sumo placer, pensando en lo diferente, para bien, que sería su Sofia cuando el regresase tras su misión.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Sofi el Jue Jun 21, 2012 10:18 pm

Sofía pensó que moriría a causa de aquellas ronchas que salían en su piel cada vez que tocaba aquella red, sin embargo, algo la saco de ahí y para sorpresa suya, la tomo en brazos y saco de aquel sitio. La mujer cayo en la red, pero al no ser alérgica a ella, no sufrió daño alguno, más que una rabia incontenible. Castigaría a la chica y a esa bestia a como diera lugar, así tuviera que matar a cada esclavo… y sus ojos brillaron con una sonrisa macabra.

Toda acción tiene una reacción. Causa-efecto es el fenómeno.

Sofía se abrazo de el, temblando con la sensación abrazadora de aquella red que se marcaba en su piel. Cerro los ojos y respiro pesado al ser depositada en su cama (paja y unas mantas viejas) la chica abrió los ojos pesadamente, frunciendo el seño –no entiendo… porque lo haces- dijo ella, mordiendo su labio inferior, sentándose. Las marcas se quitarían, pero no olvidaría la sensación de su piel ardiendo y ampollándose. Aun sentía su garganta cerrándose, probablemente a la reacción alérgica. La chica se hizo ovillo, abrazándose a si misma mientras cerraba los ojos, deseando que el efecto pasara. No quiso pensar en lo que pasaría si hubiere estado más tiempo en contacto con aquella cosa letal.

Había pasado ya cercas de una semana. Sofía no recibía órdenes de sus amos y eso le inquietaba. El que no le quisieran torturar como era costumbre… hasta esa tarde en que recibió la llamada. La chica fue a la habitación de sus amos, preguntando por su motivo cuando se quedo inmóvil. –Clarisa- murmuro, al ver un cuerpo a un lado de la mujer, muy marcado y ensangrentado. Clarisa era una de las esclavas más jóvenes que de inmediato había tomado a Sofía como tutora. La reptiliana dio un paso adelante, sin creer lo que veía –Esta muerta…- dijo la mujer –me pase “sin querer”.- sus ojos se llenaron de lagrimas. –Ella no había hecho nada malo…- su ama sonrió mientras Sofía se acercaba al cuerpo de la chica, inmóvil y sin vida –lo se… pero, en vista de que eres intocable…- y Sofía supo que era lo que ella quería. La miro, mientras ella señalaba una cortina que su marido sostenía -¿Qué tenemos bajo la cortina numero uno?- su tono de broma simplemente hizo que la reptiliana se sintiera enferma. El hombre arranco la cortina, era otra esclava de tez morena que colgaba de un gancho a través de unas cadenas que le sujetaban en el aire. Varias marcas de metal caliente se marcaban en el cuerpo de la mujer –Tendré que desquitarme con todas tus compañeras… es una lastima porque, son bonitas… lárgate. Trae sal y alcohol- dijo con una sonrisa macabra.

Sofía salió de la habitación, pero en lugar de ir a la cocina fue hacia su habitación. Entro en ella y se encerró, miro a su alrededor y dijo –no quiero que interfieras mas- su voz fue determinante, aunque quebrada al ver a una de las chicas que había confiado en ella muerta y a otra, que no tenia culpa ahí, por ella –Le diré a mi ama que aceptaste lo de…- se sonrojo- nada de “eso”… y que no meterás mas tus garras…- no sabia si el estaba ahí realmente, pero ella estaba definida –si no lo haces... no te hablare mas, te ignorare… - sintió que su pecho dolía y palpitaba fuerte con la simple idea. El pensar tenerle lejos… de alguna forma, pensó que se había enamorado de el. No entendía porque le cuidaba y, tampoco porque se interesaba en ella, ni siquiera lograba comprender porque si se preocupaba tanto no la sacaba de ahí, pero estaba decidida. –Tienes que… desaparecer. Al menos delante de mis amos no puedes intervenir mas… -No supo si lloraba por su compañera… o por la idea de correrle y alejarle de ella.
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Kurato el Jue Jun 21, 2012 11:57 pm

El placer del trabajo bien hecho, especialmente cuando se mezcla con la satisfacción personal, ya había cavado su etapa de guardián, aunque en los últimos años hubiesen sido algo más delicados y se había propuesto tratar de compensarla en un futuro.
Finalmente, asistía a una escena ya conocida, pronto, Sofia se encontraría con él, Veluzi y Zatki y se escaparían e allí, el tenia ahora que desaparecer y volver a su tiempo, con su Sofia, la vio desaparecer de camino a las celdas, de forma tranquila, sintió algo extraño en su interior, una mezcla de alegría y pena, tantos años de guardián le habían dejado mella, pero al menos podía consolarse pensando en que podría seguir siendo su guardián todo el tiempo del mundo una vez que volviese.

Lentamente se hizo el entorno más borroso, hasta que la habitación desapareció ante él, estaba preparado para irse a su tiempo y disfrutar de todas las semillas que había puesto.
Se encontró en una habitación grande y bien iluminada, con una joven e cabello rosado claro encadenada a una pequeña cama, con gesto de asco y un sujeto extraño y sonriente a los pies de la cama.
No sabía que había salido mal, no debería estar allí, confuso miro hacia odas partes tratando de averiguar algo.

Y así paso muchos, muchos años más, no sabía porque, pero no había vuelto con su raptora, ni siquiera estaba seguro de estar en el mismo tiempo, se paso años y años de guardia, de jóvenes hombres y mujeres, a los que protegía de todo mal, tratando de hacerles lo mismo que le hizo a su raptora, la idea de dejar que alguien pasara por esas torturas alguna vez, siempre, cuando acababa todo, tenía la esperanza de volver con ella, pero nunca fue así, a pesar de todo no perdía la esperanza, en sus largas noches de vela, las visiones de su raptora le poseían y deseaba correr a buscarla, pero el mundo era demasiado grande y el demasiado pequeño.

Pero, al final, todo tendría sur recompensa, después de innumerables años de guardián, cuando volvía aquella sensación de hormigueo en su cuerpo, ya se preguntaba quién sería la siguiente a la que debería de proteger, pero para su sorpresa, la siguiente persona al que debía proteger, le era mucho más familiar de lo que esperaba, allí estaba, después de tanto tiempo su raptora acurrucada en un rincón, cuando al vio no cavia en sí de gozo.
-¡Sofia!- grito, llorando de alegría hacia ella, abrazándola con fuerza, apretándola contra su pecho, acariciándola y disfrutando de su tacto, -te he echado de menos pequeña…-
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Re: Promesa del nuevo año

Mensaje por Sofi el Vie Jun 22, 2012 12:43 am

No supo en que momento quedo inconsciente, sentía que todo daba vueltas, caía en un espiral sin control, confusa, su vida daba giros que de pronto recordaba y olvidaba cosas que en momentos estaba segura de haber vivido. Vio el fondo de aquel hueco que le recibía como boca de lobo, risas, gritos, personas que lloraban, gente que gritaba su nombre, de pronto vio a aquel reptil rojo encapuchado, luego a Kurato… si, hubo un cambio en el momento en que lo había encontrado en las jaulas de su ama; lo había reconocido casi de inmediato… y finalmente, con la cabeza dando vueltas, golpeo el suelo con su rostro. Y abrió los ojos.

Ahí estaba el. Aquel reptil de ojos rojos le abrazaba, diciéndole que la extrañaba. Sofía lo miro un segundo y con los recuerdos aun acomodándose en su mente no logro reconocerle hasta pasados unos minutos. Cuando supo quien era, salto sobre el, abrazándole con todas sus fuerzas, cerrando los ojos. –Kurato….- murmuro la chica, con la voz quebrada. Lo reconocía, sabia que el le había salvado en incontables ocasiones y que gracias a el su integridad se había conservado casi intacta por el. Respiro pesadamente en su cuello, temblando hasta que su mente se estabilizo de forma adecuada. Fue entonces cuando se separo de el y planto un duce beso en sus labios.

-Te amo- dijo ella, mordiéndose el labio inferior –siempre lo he hecho. Creo que desde joven, desde que supe que estabas ahí… ahora lo entiendo todo. Ahora comprendo aquellas cosas…-miro a su alrededor y Sofía sonrió juguetonamente –-y es hora de que recibas tu recompensa. No olvido lo que me prometiste en la celda… se acerco a el, besando su cuello, acariciando su mejilla y su rostro –Kurato… quiero irme de aquí, no volver… no quiero saber nada mas de esta gente. Quiero estar contigo y ser feliz, vivir en una ciudad donde haya paz y tranquilidad…- la chica lo pensó un momento, tomando las manos del reptil entre las suyas –Kurato… ¿de verdad tienes que ir tras Veluzi?- ella le miro profundamente, comprendía si tenia que ir a buscarlo, pero quería tanto estar con el en un sitio tranquilo. Sonrió amablemente abrazándole –si necesitas ir tras el, te acompañare. No me alejare de ti nunca mas…- murmuro –pero… ¿Por qué buscar la venganza si podemos tener amor?- y ella le abrazo, sus pechos rozaron contra el torso del raptor, aun por debajo de la ropa. Le beso –a donde vayas, yo iré también. -
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