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Cuentos de Noreth
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El valor del valor.

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El valor del valor.

Mensaje por Wrath Alexei el Miér Abr 13, 2011 7:56 am

El sol quema a plomo en la fantástica ciudad de Phonterek, en esta época del año todo es caluroso, pero es agradable observar por lo mismo a las personas refugiadas en las tabernas y los cafes, pendientes de la siguiente noticia de la ciudad, resolviendo sus disputas comerciales al amparo de los bajos techos de los bares y con una pinta de cerveza en la mano; podría decirse que no hay mejor momento para realizar negocios, pues los comerciantes se encuentran embotados por el calor y los precios pueden subir y bajar a manos de los que con habilidad aprovechan la momentánea debilidad de sus congéneres.

Lo único que obtendrás gratuitamente en la ciudad, serán algunos sorbos de agua de la fuente local, pues una sola uva no puede escapar de los vendedores que promocionan sus frutas con avidez; si eres atento viajero, podrás observar una moneda que recorre el suelo al caer de las manos de un pequeño muchacho, observaras a un hombre recogiéndola y al niño como un sabueso al que le quitan su presa, abalanzándose presuroso contra el infractor de su pequeño patrimonio.

La belleza de la ciudad es una fachada bien establecida, limpias y ordenas calles, guardias apostados a intervalos regulares soportando el castigo del astro rey, pero debajo de todo ello, en los corazones de la gente, que son en ocasiones tan difíciles de ver, se encuentra la avaricia personificada, el poder del dinero controla la ciudad y pocos son los que están dispuestos a abandonar su poder.

Pero mira ahí viajero, doblando aquella esquina, casi desnudo, con apenas ropa que cubra su intimidad y algunos adornos; corriendo sin cesar de un lado para otro, colocando carteles por doquier, con un pequeño bolso lleno de ellos, puedes observar un ser extraño pero reconocible, una enorme rata que recorre las calles y callejuelas, clavando en cualquier madera desprevenida algunos letreros, corriendo entonces a otro sitio y repitiendo la acción, es una visión extraña y peculiar, la prontitud y esmero que pone en su trabajo, deteniéndose en ocasiones para rascar un poco sus orejas u olfatear el ambiente a su alrededor antes de seguir corriendo, es obviamente un rátido el que se pasea por las limpias calles, rompiendo con la hegemónica belleza del lugar.

Si acaso el individuo te ha intrigado, tal vez observes uno de los letreros que cuelga por todos lados:

“A todos los aventureros y guerreros, a los artistas y artesanos, religiosos y no tanto, valientes y engreídos, en fin, a todo Phonterek, es un honor y placer para mi, invitarlos a formar parte de un suceso que no se repetirá por otros seis años, de un viaje de lo más peculiar y especial, en búsqueda de ser parte de algo más grande que nosotros mismo, la ciudad de Remint Dur da Lack abre sus puertas nuevamente para todos, “El festival de la vida” y el Torneo de Combate se realizaran nuevamente en conjunto y en honor de tal evento, el Señor Suspiro partirá en caravana, todo aquel interesado en formar parte de la misma, favor de presentarse a la mansión del señor.

Aviso Urgente: se requieren guardias para custodiar la comitiva, el pago será convenido solo en persona, por lo que los interesados deberán tomar habitación en la mansión mientras duren las negociaciones.”

Ahora observa a tu alrededor, podrás ver el desdén con que las personas de la ciudad toman aquella invitación y como sus ojos se desvían de aquel roedor, el cual sin importarle mucho su alrededor, va de un lado para el otro colocando sus carteles, de hecho obsérvalo, aquí viene de nuevo, tal vez sería oportuno que le preguntaras más detalles si es que estas interesado, aunque con lo abstraído que se encuentra en su labor, es posible que no te escuche, procura, si es tu deseo interrogarlo, asegurarte de llamar su atención.

Por supuesto que tú has escuchado sobre el Torneo y el Festival, un evento donde los mejores guerreros se reúnen para poner a prueba sus destrezas, donde el ganador no solo se lleva consigo fama y reconocimiento, sino un premio equivalente al peso de un Divium en oro, pero tal vez estas más familiarizado con el Festival de la Vida, pues artistas y comerciantes de todo Noreth encaminan sus pasos a la ciudad, ya que el tiempo de festejar el don de la vida se presenta de nuevo y los Divium lo celebran dando rienda suelta a su natural hedonismo, la ciudad se atavía de luces y flores, en cada rincón, en cada calle, plaza, azotea y en general cualquier lugar que no se encuentre ocupado por alguien más, los artistas presentan sus mejores espectáculos, es incluso el mejor lugar para observar las más variadas bestias, pues los domadores y comerciantes llevan especímenes de casi cualquier especie, solo un comercio está prohibido y es el de esclavos, pues en la semana que duran las festividades, cualquier esclavo que pise la ciudad ganara su libertad, a menos claro, que su dueño decida pelear a muerte para reclamar su derecho, en cuyo caso siempre habrá un guerrero Divium dispuesto a hacerle frente.

Pero regresando a la pintoresca escena que nos ocupa, tal vez también notes o hayas notado ya si es que llevas tiempo en la ciudad, que los precios de las posadas oficiales pronto te dejaran en la ruina, si bien también puedes encontrar ciudadanos que humildemente rentan habitaciones en sus domicilios a un precio mucho más accesible.

Sin embargo, poco a poco los carteles van desapareciendo, pues varios son los que toman alguno y se lo llevan mientras lo leen y si bien algunos los tiran, otros tantos guardan el documento entre sus ropas y comienzan lo que parece la investigación del domicilio del ¿Señor Suspiro?, interesante nombre y extraña costumbre la de ser conocido por un pseudónimo, oh, aquí viene de nuevo la rata, ¿estás interesado o no?, si lo estas rápido, ponle un pie enfrente, derríbala, amárrala, grítale, espántala, pero por los dioses, has algo antes de que vuelva a escaparse de ti, si alguien puede darte informes sobre el cartel, es seguramente este extraño vocero.
_______________________________________________
Spoiler:
off: Muy bien señores, comenzamos, en su primer post narren por favor cómo llegan a la ciudad, lo que les interesa del trabajo y obviamente sus intenciones y percepciones en cuanto a lo que está ocurriendo, por cierto, por favor no maten a la rata.
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Abr 16, 2011 6:44 pm

No escogí la mejor época del año para viajar a Phonterek, sin duda. El calor del lugar era sofocante, pues el sol caía sobre la ciudad sin ninguna nube que lo cubriera. Torcí el gesto al mirar ligeramente hacia arriba. En Zhakhesh no hace tanto maldito sol... Al menos la capucha proyectaba una agradable sombra sobre mis ojos, mientras mi cabeza estaba resguardada bajo el casco. De no ser por la capucha, estaría notando un infierno mayor...

Me paseaba por las calles, observando a las gentes que se resguardaban del sol mientras bebían cerveza en las terrazas, ya fuera cerrando tratos comerciales o contándose los diversos chismes que rondaban la ciudad. Chismes que por el momento a mí no me importaban. De hecho, si estaba allí, sin mi familia, era porque había ido en cuestiones personales. Necesitaba que alguien me ayudara a descifrar del todo la nota críptica que me había legado mi padre. Les dije a mis hermanas, a mi hija y a Dalahak que sería mejor que fuera yo solo, pues de ir en grupo levantaríamos sospechas. Y no podíamos arriesgarnos.

Cuando llegué a la fuente del lugar, decidí beber algo de agua. Tras quitarme el casco y guardarlo en una mochilita que llevaba, eché hacia atrás la capucha de la cota de mallas y me empecé a tirar agua por encima, y remojar la cabeza en la fuente. Hidratado y más aliviado por el agua, me dispuse a seguir mi camino. Mientras me retiraba de la fuente, vi un par de mujeres que me miraban con una mezcla de deseo y miedo. El deseo, supongo que porque dicen que soy apuesto, cosa que nunca he tenido muy clara ni me importa. El miedo, eso ya es más obvio, por mis cabellos blancos, mi piel pálida y mis ojos carmesíes. Les dediqué un gentil saludo para seguir andando por allí, buscando siempre sombra para no calentarme mucho la cabeza.

Mientras paseaba por las calles de la gran ciudad, observaba con curiosidad las casas y a los guardias. Se veía que el lugar tenía dinero. Mucho. Los guardias me miraban con desconfianza, pero lo hacían más por costumbre y trabajo que realmente por mi aspecto. Seguramente habrían visto cosas peores por la ciudad. Una de ellas pasó por mi lado. Un minotauro que era casi el doble que yo, concretamente. Iba con un hacha cargada sobre el hombro, y de ropa sólo un taparrabos.

Sin embargo, me sucedió algo, cuanto menos, curioso en aquella ciudad. Cuando doblé una esquina me encontré a un pequeño ser, un antropomorfo, correteando de aquí para allá para colgar carteles por doquier. Con curiosidad, me acerqué a uno de los carteles y empecé a leerlo sin decir nada.

Me llevé una mano a la barbilla, a medida que mi interés por la misión crecía. Mmm... Un festival, un torneo de combate... Y se necesitaban guardias... Pago convenido en persona... A lo mejor podría aprovechar aquello para encontrar a un arcanista o a alguien que entendiera de lenguajes antiguos y símbolos crípticos... De ser así, encontraría la forma de acabar de entender aquella nota. O si no, al menos recibiría el suficiente dinero para pagar a alguien que me ayudara a hallarlo.

Cuando acabé de leer el cartel, decidí que lo mejor sería empezar a buscar la mansión del tal Suspiro, nombre extraño he de añadir. Me fijé que la mayoría de la gente se tomaba la invitación con desdén, y miraban al rátido con desprecio. Yo por mi parte, decidí que lo mejor sería parar al rátido para preguntarle, aunque para ello debería hacer algo que le llamara la atención. Me interesaban dos cosas. La recompensa, y los festivales, y aquella era una oportunidad perfecta para asistir a los festivales gratis y encima obteniendo algo a cambio. Además, también era una perfecta oportunidad para ganarme un alojamiento gratuito, cosa que era de agradecer, siendo tan caras las posadas, a pesar de no ser yo precisamente pobre.

Cuando el rátido pasó cerca de mí, me agaché ligeramente para ponerle el brazo por delante y pararlo sin mucha delicadeza. El hombre rata se quedó parado, y me miró con miedo. Yo, sin inmutarme, le pregunté sobre la residencia de Suspiro. El pequeño ser pareció aliviarse considerablemente, y me indicó la dirección de la mansión. Dándole las gracias, me incorporé y le dejé ir.

Tras un buen rato andando, finalmente llegué a la residencia del misterioso contratante, con un cartel de los que habían colgados en la mano derecha. Cuando, finalmente, llegué a la puerta de la mansión, donde habían unos guardias apostados, me acerqué a ellos y les dije, mostrándoles el cartel:

-Buenos días señores. Vengo por la oferta de su señor, estoy interesado en ella. ¿Qué debo hacer para conseguir una entrevista con lord Suspiro?-
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Demian el Lun Abr 18, 2011 6:10 pm

Podrás llamarme frívolo, superficial, incluso infantil, sí, todo lo anterior es correcto para explicar mis razones para estar en esa ciudad, en ese momento. Si has seguido mi historia de seguro te habré contado que cuando mi viaje por Noreth comenzó no tenía objetivo claro, ni mucho en qué ocupar mi tiempo, vamos, que no tenía sentido aquello de recorrer el mundo, pero tampoco tenía sentido quedarse en una casa hecha cenizas un año atrás, donde ya nada me pertenecía. El motivo de mi visita allí, sin embargo, no era sólo azar. Cuando yo era un niño pequeño, y por ello me refiero a cuando era realmente pequeño, había tenido lugar aquella fiesta, todos los Divium hablaban de ello, muchos de mis amigos fueron, creo que todos ellos, pero yo no pude ir, Franz, por supuesto, era la razón, para él nada que no fuera entrenar en la magia o los estudios era relevante, mucho menos una fiesta dedicada al hedonismo. En aquello ocasión no iba a perdérmela, no estaba dispuesto a esperar otros seis años para conocerla. Llámenlo capricho, sí, era un capricho.

En ese momento esperaba ansioso que toda la fiesta diera comienzo luego, veía a las personas pasar preparándose, algunos puliendo sus armaduras, para lucir como valientes guerreros, otros afinando los últimos detalles de sus disfraces o ropas de gala. Algunos preparaban sus malabares y, si en ese momento hubiera sido mayor, me habría dado cuenta que todo el lugar estaba cargado con un aire de erotismo amplificado. Yo sólo quería ver las atracciones y me maldije a mí mismo por haber llegado tan luego, cuando aún no comenzaba la fiesta propiamente tal, pues debía quedarme mientras esperaba en un lugar que seguramente era el más caro de todo Noreth por aquellas fechas.

Fue de hecho al recorrer los incipientes puestos de los más apresurados que caí en cuenta de una cosa, para disfrutar de aquella fiesta había que tener dinero. Revisé mis bolsillos, no era mucho lo que allí había, podía sobrevivir quizás algunos días, pero era muy poco probable que pudiera disfrutar de las atracciones. Maldije mi suerte, o mi descuido.

Me puse a caminar algo cabizbajo por el lugar, poniendo poca atención a lo que ocurría a mi alrededor. Me parece que en un momento pasé por el lado de una pareja apasionada que había hecho de las calles su lecho, pero iba tan ensimismado que no presté atención, ni siquiera por los entusiastas que los animaban a continuar entre vítores.

Sin embargo una figura traviesa captó mi atención, no podría explicar exactamente por qué, pero creo que encontré que su suerte era parecida a la mía, siendo ignorado por una masa que se ocupada de otras cosas, una masa hedonista y perfeccionista que poca atención podía dar a una rata que pegaba carteles o al niño que caminaba con las manos en los bolsillos, muy aburrido para siquiera usar las alas.

La curiosa ratita pegaba sus carteles como si de algo serio se tratase, presurosa, sin descansar ni un momento. Me acerqué a uno de los carteles. Se hablaba de una misión para un tal Suspiro. No di mayor importancia a eso sino hasta llegar al punto más importante, se ofrecía una buena paga. Sonreí, después de todo podía tener una oportunidad de disfrutar la fiesta con dinero en los bolsillos. Me froté las manos, imaginando las cosas deliciosas que probaría de tener el dinero para ello, de los juegos que disfrutaría.

Pero antes debía hablar con la ratita, pero ella, muy chistosa y energética, seguía pegando carteles como si la vida se le fuese en ello. Reí un momento por lo entretenida que se me hacía la escena. Luego corría a su encuentro.

Tomé el hombro de la rata para pedirle que se detuviera, ella se giró un tanto asombrada, ladeando su cabeza ante el hecho de que alguien quisiera hablar con ella. Luego pareció querer irse. Al parecer pensó que yo era sólo un chiquillo que quería jugar, lo que en la experiencia de aquel ser muchas veces significaba crueldades hacia su ser o humillaciones, así que trató de continuar su marcha, pero insistí.

- No no, no me malentiendas ratita, no quiero hacerte nada, pero he leído tus carteles y tengo interés en conocer más sobre el trabajo - la criatura me miró algo extrañada, para luego intentar nuevamente seguir su camino. Claro, me dije a mí mismo, de seguro me ha visto como un niño que no sabe en qué se está metiendo. Qué curioso como incluso un ser que es comúnmente prejuzgado y discriminado puede hacer también juicios rápidos y lapidarios sobre otros, sin conocerlos, mostrándoles simplemente la cara del desprecio. Avancé y le tomé el hombro nuevamente.

- No, no, me expresé mal, no soy yo quien hará el trabajo, pero uhmmm.... mi.... - traté de pensar rápido - mi señora está interesada en conocer más detalles, ella desea participar en aquella misión, es una divium muy valiente, con alas negras y experiencia en combates - le dije algo nervioso a la ratita. Accedió entonces a explicarme dónde debía presentarme, o más dónde debía presentarse Lilith.

Al terminar de hablar con la criatura me pasé una mano por el rostro y me di yo mismo una fuerte palmada. ¿Cómo había sido tan tonto de decir que era sirviente de Lilith?, me recriminé, pero lo hecho, hecho estaba y sabía que podía ser mi única oportunidad para tener dinero para las festividades.

Invoqué a Lilith en un lugar poco concurrido y le conté a rasgos muy generales la situación, tratando de dejarle claro que no iba a ser su esclavo, sino sólo un criado, que no tenía derecho a abusar de la escena ni a golpearme. Ella sonrió maliciosamente, claro, como siempre lo hacía. ¿En qué momento escogí como aliada a una súcubo?, me pregunté suspirando.

Nos pusimos en marcha a la mentada mansión, mientras a cada paso observaba con cierta amargura el andar engreído de la demonio, quien parecía ya hacer gala de su papel dándome órdenes por todo el camino. Con mirada sombría le dije que el juego no empezaba hasta llegar la mansión. Poco le importó. Sin duda aquellos días eran muy agradables para Lilith, por fin podía darme órdenes, aunque fuera sólo un juego, estando además en una festividad donde el hedonismo se respiraba por todos lados. Durante el camino tomó tantos traseros de hombres que perdí la cuenta, pero a nadie parecía importarle, era como si aquello fuera natural, incluso le dio un beso apasionado a un completo desconocido, quien sin mucho pudor le sujetó el busto. Yo seguía caminando con cara de malhumorado.

Finalmente llegamos a la mansión, golpeé la puerta y me atendió una especie de mayordomo entre unos guardias.

- Esteee... Lilith... agh, digo... mi... se... señora - me sentí estúpido por mi repentina falta de personalidad, pero Lilith salió al paso, salvándome, aunque no de una manera que me hubiese gustado.

- Criado inútil - dijo dándome un zape en la nuca. Tuve que contenerme la rabia - Te he dicho que te golpearé si no corriges esa tartamudez - en mi interior la maldije por hacerme tener que hacer el papel de tartamudo. Luego se dirigió al mayordomo - Disculpe a este inútil que tengo por criado, no sabe hablar muy bien, aún no se para qué lo mantengo, quizás sólo porque es una hermosura, pero bueno, al grano, vengo por la misión que ofrece tu señor, el tal Suspiro -

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Re: El valor del valor.

Mensaje por Invitado el Miér Abr 20, 2011 12:41 pm

-Por los Dioses, Cama! La próxima vez eligo yo la ciudad.....¡que calor!

Me comencé a dar aire con uno de los enormes abanicos de plumas rosas que guardaba en mi maleta, resoplando. El sol era enorme y estaba en lo más alto...me sorprendía que los pájaros no calleran del cielo envueltos en llamas. Junto a mi, tumbada y resoplando tambien, Cama movía la mandíbula masticando su propia saliva.

-Si...- suspiré- yo también tengo hambre....calor y hambre.... este sitio parecía más agradable desde fuera...

Miré alrededor y vi como un niño corria tras una brillante moneda dorada....moneda que era atrapada por un regordete adulto con cara de tacaño. ¡Todos en esa ciudad tenían cara de tacaños! El niño saltó sobre el hombre en un intento desesperado de recuperar su tesoro, pero se encontraba en desventaja y acabó de culo en el suelo, con lágrimas en los ojos, mientras el recordete avaro se alejaba carcajeando.

Pasó por mi lado y decidí abandonar la pequeña sombra que había encontrado para hacer justicia. Le seguí con pasos sigilosos, ignorando las miradas que los presentes me echaban. ¡Como si yo fuera lo más raro que se veía en esa ciudad!

Si bien el hombre se tensó al percivir que le seguían, un pequeño descuido fue suficiente para que yo pudiera agujerear la bolsa tintineante que colgaba de su cintura. Retrocedí de un brinco, riendo, cuando el se giró para darme un manotazo.

Las palabras malsonantes que me dedicó quedaron ahogadas por las exclamaciones de júbilo de los presentes. Las monedas caían desde la bolsa del avaro y rodaban por el suelo, provocando que un masa de gente se lanzara a por ellas, entre ellos aquel niño que había perdido su moneda.

Pronto el avaro se olvidó de mi y se arrodilló, persiguiendo a gatas las monedas y recuperando todas las que podía antes de que desaparecieran en bolsillos ajenos. Yo agarré las riendas de Cama y me alejé del lugar a toda prisa. No era la primera vez que me acercaba a una bolsa ajena estando en esa ciudad... y no tenía intención de pasar otra noche en la carcel.

Aunque pensandolo mejor.... allí se estaba algo más fresquito....

Mi mirada se centró en un hombre de aspecto extraño y muy llamativo. ¡Un tipo blanco como la leche! ¡Incluso su pelo era blanco! Le seguí con la mirada hasta que llegó caminando hasta una fuente......¡Una fuente!

Corrí olvidandome de todo lo demas y sin muchos más miramientos metí la cabeza entera dentro de la fuente. Sonreí, sintiendo el frescor del agua en mi cara. Cuando la saqué de golpe, mi cabello arrastró con sigo salpicones de agua que mojaron a unos niños cercanos que empezaron a reir.

Me lancé a la carrera con ellos, jugando a un improvisado pilla pilla hasta que sus padres, recelosos, los llamaron a su lado. Fue entonces cuando vi la cosa más rara e interesante de toda mi vida.... y cuando la vi me paré en seco, boquiabierta.

Una rata, una rata enorme que caminaba a dos patas. Parecía estar hablando con un niño alado.... ¡Una rata que habla!

-¡Una rata que habla!- exclamé sin poder evitarlo una vez estuve frente a ella. La miré de arriba a abajo, boquiabierta, y cuando la rata quiso alejarse de mi, después de lanzarme una mirada un tanto malhumorada, me lancé a por ella.

La agarré de la cola y solté una risita, encantada ante el tacto extraño de su piel. Cuando se giró hacia mi, seguramente para morderme o para plantear una queja, solté su rabo y agarré sus orejas, sobándolas ligeramente. Volví a reir.

-Pero que monada de ratita!!!!- exclamé apartando por fin las manos de sus orejas. Le miré sonriendo, encantada de haber encontrado una criatura así- ¡Hola! Me llamo Molly, Molly Maggot-el-Gusano. ¡Encantada!

Dicho esto estreché su mano como presentación y fue cuando me fijé en los carteles que llevaba bajo el brazo. Tomé uno de ellos con curiosidad y de un brinquito, con los ojos brillantes.

-¡Un torneo! ¡Fiestas! ¡¡Me apunto!!- estreché los ojos y seguí leyendo con esfuerzo por culpa de mi poca practica- "Enseñar".....no....."preguntar"....por Su......so.......no, Su. Su.....suspiro....¿Suspiro? ¿Es un nombre? ¡Que nombre más raro! ¡Me gusta!-miré a la rata sonriendo y señalé los carteles- ¿Sabes donde puedo encontrarle? ...¿quieres que te ayude con los carteles? ¡Así terminarás antes, hace demasiado calor para tanto trajín!
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Wrath Alexei el Sáb Abr 23, 2011 6:54 am

Una ¿sonrisa?, si, tal vez podría decirse que aquel ser sonreía ante el ofrecimiento de la mujer, pero no por ello lo aceptaría, era su trabajo y por alguna extraña razón, no estaba dispuesto a que nadie más lo realizara, sin embargo, sí señalo el lugar donde podía encontrar aquella mansión.

- Le agradezco mucho gentil dama, pero lamentablemente no puedo aceptar vuestra oferta, no es que desprecie su ayuda, pero tengo la firme creencia de que existen trabajos para los que todos somos aptos y es nuestro deber hacerlos con la mayor diligencia posible, por lo que os ruego que me permita terminar la encomienda que me corresponde, en cuanto al lugar donde puede preguntar todos los detalles de la aventura, puede dirigirse por esta misma calle hasta que vea una mansión con enrejado negro y dos guardias apostados en la entrada, ahí mismo es posible que encuentre una Divium con su sirviente y un Humano, que ya han tomado aquel camino, ahora, si me disculpa, es apremiante que continúe con mi labor, encantado señorita Maggot, yo soy Su… sabe, dejare que sea una sorpresa, suficientemente pronto sabrá mi nombre, os ruego disculpe si en este primer encuentro lo guardo para mí.


Aquel extraño ser no dijo nada más, si bien salió disparado hacia las calles a terminar su encomienda, inútil sería tratar de atajarlo, tres veces ya se habían encargado de cortarle el paso, una cuarta ocasión sería imperdonable, pero dejemos a este curioso personaje y sus carteles, pues los verdaderos protagonistas de la historia, ya tienen un destino e incluso la señorita Maggot lo ha alcanzado antes de que las puertas se abrieran para todos.

Nos encontramos pues, como ya les había informado, justo frente a una mansión imponente, con verja negra, un par de guardias apostados delante de la puerta principal que es ostensiblemente visible gracias a él par de edificaciones que la rodean, las cuales son torres de aproximadamente cuatro metros de altura con arqueros oteando el horizonte de manera despreocupada; amplios jardines finamente cuidados, a los costados del jardín delantero, se observan un par de fuentes de mármol; un amplio camino de piedras adoquinadas lleva hasta una glorieta central que se encuentra justo frente a la gran puerta de madera labrada, existen flores de todos los colores, así como aves que cantan alegres melodías en los arboles que rodean la propiedad como si fuera un segundo cerco.

Pues bien viajeros, si alguna vez han visto una cara de repulsión, seguramente la podrán reconocer en el rostro de los guardias, no solamente repulsión, rabia, desprecio, descontento, desasosiego y todo aquello contenido en aquellos cuerpos que parecen a punto de estallar.

- Nuestro “Señor” ha salido un momento, sin embargo ha ordenado que todos aquellos que se presenten para el viaje, sean recibidos y lo esperen un momento en la sala de estar, así que les ruego a sus señorías que por favor pasen, un mozo los estará esperando en la puerta de la casa.

Las palabras del guardia que respondiera ni siquiera trataron de esconder su rabia, o el sarcasmo utilizado en la palabra “Señor”, que era pronunciada con un acento extremadamente marcado, destinado a probar que la persona a la que se refería, no era en ningún caso, un señor, no obstante, en el momento en que los viajeros estaban a punto de entrar, las alabardas que portaban aquellos guardias les cerraron el paso.

- Olvidaba decirles que no pueden entrar con armas a la casa, por lo que les ruego las dejen en la armería de este lugar, las mismas les serán devueltas apenas hagan un trato o salgan de la casa.

Era sin duda una curiosa escena aquella, pues el desprecio que los guardias sentían por su Señor, no les impedía cumplir con sus labores de manera eficiente y por la mirada en sus ojos y la forma en la que sostenían aquellas armas, era evidente que hablaban en serio con lo de no dejar pasar a nadie con armas; el calor continuaba siendo infernal, pero la proximidad de las fuentes y de los arboles, permitía que el ambiente se refrescara un poco; además el olor de las flores hacia que se respirara a gusto, pero la tensión del momento que se había generado hacia difícil disfrutar la belleza del lugar.

- Está bien, déjenlos pasar así, no parece que sean demasiado peligrosos, pero aun así avisare a los guardias para que estén atentos.

Aquella voz les pareció familiar a todos y en efecto lo era, pues no hacía mucho que la habían escuchado, se trataba de la misma rata que ahora hablaba desde lo alto de la verja y sin más ceremonia saltaba al otro lado y corría por entre los jardines perdiéndose de la vista de todos.

Los guardias, obedeciendo las instrucciones, abrieron las puertas para permitir el acceso a los viajeros. Por su parte la rata, ya se había perdido de vista y no era posible observarla en ninguna parte, bueno, probablemente para los Divium, no sería difícil observarla entrando por una pequeña puerta de la mansión, un tanto escondida, por donde solo podría entrar aquel roedor.

Pero lo que si podían observar todos, era que en la puerta de la mansión, un mozo ya los esperaba; el mismo, una vez llegaran los haría pasar a una estancia amplia, donde las cortinas serian abiertas para permitir el paso a la luz, mientras que otros cuatro sirvientes, se encargarían de traer charolas con alimentos y bebidas para los invitados, permaneciendo de pie cerca de las puertas en caso de que se les solicitara algo en particular, diferente a lo que hubieran pedido.

Aquel salón, contaba también con mullidos cojines y un ambiente mucho más fresco que el externo, aun así, no pasó demasiado tiempo para que otros cuatro sirvientes acudieran con grandes abanicos de plumas y se colocaran, al igual que los demás, en espera de que los presentes solicitaran sus servicios.

Mientras todo este ajetreo sucedía, para aquellos que fueran realmente observadores, podrían darse cuenta que entre la servidumbre, además de los ya mencionados, se encontraba de nuevo aquel rátido, esta vez vestido con elegantes ropas y cargando una charola con algunas frutas, para ofrecerla a los invitados, pronto, aquel lugar empezó a recibir más y más invitados, con lo que el número de sirvientes aumentaba y el ruido producido por las conversaciones y el ir y venir de los viajeros, siendo mucho más notorio el de aquellos que habían acudido en busca del puesto de guardia de la comitiva que se estaba formando.

Debido a la inesperada y repentina aceptación de realizar aquel viaje, pronto la sala de estar no fue suficiente y los presentes fueron invitados a pasar al gran salón, donde una banda ya tocaba música de fondo, aquello se había convertido en una reunión social de lo más particular, pues ricos comerciantes y varios nobles, habían acudido para poder formar parte de la expedición, por su parte, mercenarios y caballeros errantes, se daban cita en espera de una buena paga.

- Señores, bienvenidos y gracias por acudir con tan poca anticipación, les informo que mi señor está muy complacido con las expectativas de este viaje y les desea que estén a gusto en este lugar, así mismo, hace una atenta invitación para que la inesperada reunión, pueda convertirse en la velada inaugural de este viaje, lamenta no poder atender a cada uno de ustedes como se merece, pero pone a su servicio todo cuanto posee. Por último, le pide a todos los presentes divertirse, pero a su vez, le pide a aquellos que se han presentado para el puesto de guardias, me sigan al salón del Ala norte, donde espera poder ultimar los detalles de su participación en este viaje.

Con aquellas palabras, salieron de las diversas puertas del gran salón, un tropel de sirvientes con copas de vino y algunos entremeses; si te has quedado el tiempo suficiente, una vez que las pláticas comerciales y políticas han terminado, también acudieron malabaristas y lanzafuegos, prestidigitadores y bailarinas; pero no solo eso, pues la voz se ha regado de alguna manera y todo Phonterek ha empezado a llegar en sus carrozas.

Ha llegado el momento viajero, ahora sabes dónde se encuentra el señor de aquella casa, pero también te encuentras entre lo más selecto de la sociedad de la ciudad y por lo tanto, la mejor fuente de información para investigar un poco a cerca del tal Suspiro.

De hecho, apenas habías llegado y todo ha sucedido tan rápido, que no te ha dado tiempo de ocuparte de tu objetivo, pero has escuchado los rumores de la ciudad, mientras te encuentras rodeado de hombres y mujeres que se preguntan sobre tu identidad y procedencia, te has dado cuenta de que aquel viaje, promete ser una gran caravana con fines comerciales y recreativos, por lo que, si es tu deseo participar, es momento de pulir los detalles de tu viaje.
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Demian el Mar Abr 26, 2011 5:08 pm

En mi interior sonreí cuando se me indicó que debía dejar mis armas afuera, después de todo mi arco rara vez era de real utilidad, yo no era un arquero, era una simple herramienta para casos especiales, mientras que mi real arma, o al menos una de ellas, estaba justo parada frente a los guardias, sin que nadie hiciera nada por detenerle el paso, antes bien, ella ya a esas alturas coqueteaba con aquellos personajes, aunque ellos parecían bastante comprometidos con su labor. Uno de ellos, sin embargo, se veía sudar ligeramente, pero era entendible, pues Lilith acababa de hacer pasar uno de sus dedos por sus senos sin un motivo real para ello más que fastidiar a los guardias. Fue entonces que la escena fue interrumpida por una figura que se me hizo familiar.

- ¿La ratita? - murmuré despacio, para mí mismo. ¿Qué hacía allí?. La respuesta llegaría pronto, pues se hizo evidente que el mismo señor de la casa era aquella curiosa ratita. Este curioso especímen ordenó a los guardias que se nos permitiese pasar con armas, de modo que conservé mi arco y mi daga. Pude observarle luego entrando por una pequeña puerta a su mansión. ¿Qué acaso no tiene unas enormes puertas?, ¿por qué decide entrar de esa manera?, pensé por un momento, aunque pronto imaginé que no pretendía mostrarse luciendo tan sólo como un humilde rátido frente a sus invitados.

Entré a aquella vivienda y miré hacia todos lados con algo de asombro. El lugar era enorme, decorado y muy elegante. No recordaba haber estado en alguna casa así en toda mi vida. Tuve que hacer mucho esfuerzo para no lucir asombrado y mantener mi papel ade humilde sirviente, mientras Lilith lucía muy contenta su figura frente a las personas que abundaban en el lugar. Y es que efectivamente no esperaba encontrarme con tantas personas, tantas que incluso nos llevaron a un salón más amplio.

Pude reconocer que dos tipos de personas se agrupaban allí, los que parecían ricos cortesanos, mercaderes o gente de importancia y los que lucían peligrosos, guerreros. Era evidente que allí se congregaban tanto los que servirían de guardaespaldas como los que constituirían la caravana.

Tanta gente, debo confesar, me agobiaba, de modo que no fue difícil mantener mi papel de sirviente humilde, quedándome recluído a un rincón. Aquello no evitó, sin embargo, que aprovechara la oportunidad para comer abundantemente, en especial habiendo cosas tan sabrosas, aunque para ello ayudó el hecho de que entre tanto sirviente de la casa, la gente simplemente parecia haber olvidado mi supuesta relación para con Lilith. Ella, por su lado, coqueteaba con gente de importancia, de hecho parecía haber seleccionado con pinzas a quienes parecían más adinerados.

- Infórmate Lilith - le dije a la sucubi telepáticamente - en este momento es importante conocer detalles sobre el sujeto al que protegeremos y que acapara tanta atención, además de las características de la misión... para algo tu especialidad es el engaño -

Mi mirada era apagada en ese momento, simplemente de pie comiendo un trozo de pastel, en un rincón, ignorado e invisible para la mayoría de los presentes, quizás fuera de lugar para la vista de otros, sin embargo en mi mente recibía la información procedente de Lilith, quien podía ser un dolor de cabeza muchas veces, mas si algo era destacable era su enorme capacidad de hacer el trabajo cuando era necesario
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Invitado el Miér Abr 27, 2011 9:28 am

La ratita hablaba. ¡Y como hablaba! La miré con ojitos brillantes mientas me soltaba un monton de palabras educadas con una sonrisa de bigotes temblorosos y dientes grandes. Me dijo donde encontrar la mansion- una mansion!!!- donde esperaba el señor Suspiro....prometiéndome además una sorpresa.

Cuando volvió a echar a correr tuve que hacer un gran esfuerzo para no correr detras, riendo de puro gozo, como hicieron los chiquillos con los que me encontré en la fuente. La miré alejarse y solo cuando se perdió entre la gente me encaminé a la dirección que me había dado, acompañada de Cama que ya había terminado de beber en la fuente.

No fue dificil de encontrar, pero más que por el enrejado negro y los guardias... fue por la llamativa Divium que al parecer había ido también a conocer a Suspiro. En cuando la vi, mi boca se desencajó. ¡Era preciosa!...aunque no se hubiera acordado de ponerse toda la ropa... A su lado un niño que parecía extrañamene triste, apagado, y el tipo enorme y blanco como la leche que había visto en la fuente.

Un tipo extraño bien podía tener un nombre raro como Suspiro. Me acerqué a el- no me di cuenta de lo grande que era hasta que lo tuve al lado- y le di tironcitos de la manga para atraer su atención. Me miró y sus ojos eran rojos rojos. Carraspeé y traté de imitar el tono educado que la ratita había tenido conmigo.

-Perdone, ¿es usté el señor Suspiro?

- Nuestro “Señor” ha salido un momento, sin embargo ha ordenado que todos aquellos que se presenten para el viaje, sean recibidos y lo esperen un momento en la sala de estar, así que les ruego a sus señorías que por favor pasen, un mozo los estará esperando en la puerta de la casa.

Me giré hacia los guardias. Al parecer el hombre-blanco-de-ojos-rojos no era Suspiro. Cuando vi a los enlatados ladeé la cabeza. Tenían cara de estar muy enfadados.... o de estar olisqueando una mierda cercana. Cama eructó... y no pude más que estar de acuerdo con ella.

- Olvidaba decirles que no pueden entrar con armas a la casa, por lo que les ruego las dejen en la armería de este lugar, las mismas les serán devueltas apenas hagan un trato o salgan de la casa.

-Armas?- suspiré. No me gustaba deshacerme de ellas. De mala gana me llevé las manos a la cabeza y agarré mi sombrero oscuro, tendiéndoselo a uno de ellos. El guardia me miró entre confuso y enfadado y me repitió la palabra "armas"- Si, si, armas, ahora te doy las demás....¿Qué pasa?.... ¡Un sombrero puede ser un arma mortal si se sabe usar!

- Está bien, déjenlos pasar así, no parece que sean demasiado peligrosos, pero aun así avisare a los guardias para que estén atentos.

Reconocí la voz y una sonrisa se dibujó en mi cara. Miré arriba justo a tiempo de ver desaparecer la cola que antes había atrapado para sobar, y señalé sonriendo a los guardias.

-¡La ratita es amiga mia!

Dos de ellos se miraron ante mis palabras y suspiraron, negando con la cabeza. Finalmente se apartaron y nos dejaron pasar... cuando me giré vi que Cama se había acercado a unas jardineras de las que había empezado a comer flores de colores. ¡Flores preciosas! Me acerqué a donde ella comía y cogí unas cuantas de esas flores, las que aun no estaban babeadas, y me las coloqué en el cabello hasta que oí la reprimenda de uno de los guardias. ¿Porque vivian todos los enlatados tan amargados?

-Vamos, Cama, aqui nadie tiene sentido del humor.- le dije a mi mejor amiga tirando de nuevo de sus riendas para meterle prisa.

Entramos a la mansión junto al albino y la divium exhibicionista, y nos guiaron hasta una sala fresquita y muy limpia, llena de cojines suaves, gente distinguida... y ¡comida! Un par de guardias se acercaron a mi con la intención de que Cama saliera del lugar pero una mirada de advertencia, un "la ratita es amiga mia" y una amenaza con mi sombrero bastaron para hacerles cambiar de idea. Y así, con Cama siguiendome, margaritas blancas enredadas en mi pelo y sombrero en mano, me lancé a por los tentenpies y las frutas que servían. ¡Estaba hambrienta! Claro, no había comido nada desde que saliera el día anterior de la dichosa carcel.

En un momento dado vi una colita familiar entre la gente y la seguí, dejando mi sombrero en la cabeza de Cama para que me lo guardara. Tras unos minutos de corre-que-te-pillo logré alcanzarla y di un par de tironcitos, atrayendo la atención de la ratita.

-¡Hola!- saludé contenta de volverla a ver- ¿Ves? Vine donde me dijiste. La casa es muy bonita y ...¡oye! ¡Estas muy elegante vestida asi!- me paré pensativa al encontrar una incognita sobre la ratita- Una ratita..... eres chico, ¿verdad? ¿A una rata chico se le habla de "el" o de "ella"?- me terminé encojiendo de hombros- No importa, estas muy guapo...o guapa, como prefieras.

Sin más me despedí con un gesto de la ratita y regresé a los platos de comida, que asalté sin piedad ninguna. Cuando Cama y yo ya estabamos hasta las cejas de comida, y habíamos horrorizado a más de una dama noble, alguien salió para hacer un llamamiento a aquellos que habían venido por el trabajo.

¡Claro! ¡El trabajo! Ya decia yo que había ido allí por algo.

Nos acercamos de inmediato Cama, aun con mi sombrero en su cabeza, y yo. ¡Por fin conocería al tal Suspiro! Un nombre tan extraño debía de pertenecer a alguien increible.
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Natharion el Jue Abr 28, 2011 1:46 pm

Phonterek, una hermosa ciudad de la que Natharion conservaba buenos recuerdos, al fin y al cabo es la ciudad que le vio nacer y en la que pasó los primeros años de su vida. Conforme avanzaba caminando por sus cuidadas y limpias avenidas al joven le venían a la cabeza imágenes de cuando no era más que un crio y correteaba por esas mismas calles, espada de madera en mano, jugando a las batallas con sus amigos. Parte de la ciudad podría haber cambiado en los últimos años pero a ojos de Nathan todo parecía exactamente igual a como lo recordaba. Si se esforzaba un poco era capaz de recordar incluso los nombres de los inquilinos de algunas de las casas. Cada poco se cruzaba con algún guardia que, con la disciplina innata en los hombres de esas tierras, aguantaba firme bajo un sol de justicia. Alguno de esos guardias incluso saludaba al joven, seguramente reconociendo el emblema del escudo que se hallaba a un costado de Yorsuek. Nathan respondía a los saludos sonriendo. Solo unos años atrás él mismo había tenido que soportar ese sol abrasador…y con una armadura pesada, mientras servía a uno de los Lores de la ciudad, pero rápidamente dejo de pensar en sus años de guardia…le traían malos recuerdos.

Mientras continuaba caminando despacio y tranquilamente camino a la casa familiar, no pudo si no darse cuenta de que por doquier había colgados unos carteles o más bien muchas copias del mismo, incluso por el suelo veía por todas partes, algo extraño en una ciudad tan ordenada y que disponía de paneles donde esta clase de panfletos se colocaban ya ofreciesen un trabajo, anunciaran un acontecimiento o informaran de alguna desaparición de mascota. Nathan se acercó a una pared para recoger uno con cierta curiosidad. El cartel pedía básicamente de todo de cara a realizar una peregrinación rumbo a un festival, incluso guardias para una persona que debía ser importante. También mencionaba de pasada un torneo. Guardias…caravanas…no estaría mal volver a realizar el trabajo que tanto le gustaba y que tanto le costó dejar…sin dejar de ser un aventurero…Pero había un problema. El cartel remitía a los interesados a la mansión de un tal Suspiro. Nathan no recordaba ese nombre…y no indicaba ninguna dirección. Por suerte pronto supo hacia donde encaminarse tras preguntar al siguiente guardia con el que se topó.

La mansión era espectacular, rivalizaba incluso con aquella en la que sirvió tiempo atrás. El joven recordaba la zona pero por más que se esforzaba no era capaz de ubicar tanto lujo allí. Puede que se tratase de una remodelación relativamente reciente…o quizá que no recordaba Phonterek tan bien como pensaba. Se dispuso a entrar y los guardias se lo permitieron asintiendo levemente con la cabeza. Tardó un poco en recorrer el camino hasta la mansión propiamente dicha ya que dedicó unos minutos a disfrutar del sonido del agua al correr en las fuentes y el canto de las aves y por lo que se veía no era el único en hacerlo pues más gente charlaba animadamente en los jardines.

Dentro de la Mansión el lujo era aún más patente, hermosas y elegantes columnas, estatuas y cuadros de gran valor y buen gusto, sirvientes con viandas y bebidas, otros que abanicaban a los invitados, que eran muchísimos…Nathan Intentaba ubicarse entre el gentío, saber en qué lugar de aquella mansión sería el lugar donde poder ofrecer sus servicios. En ese momento los invitados comenzaron a pasar desde aquella sala que no era pequeña hasta un gran salón, a Nath se le escapó un silbido al ver lo que la nueva sala era, no solo mayor espacio si no que ofrecía para todos aquellos dispuestos a disfrutarla una decoración tan magnífica que hacía que el joven se olvidara incluso de que había ido allí a por un trabajo. Incluso había música, una que suavemente amenizaba sin molestar para nada en las conversaciones. Sin duda escogida por alguien que sabía qué clase de música es la idónea para un evento como aquel.

Ya con más espacio por el que moverse Nath reconoció a algunos miembros de la alta sociedad de la ciudad y entre ellos gente con aspecto aguerrido, comerciantes claramente distinguibles por las plumas de sus sombreros, incluso había una rata enorme vestida elegantemente entre los invitados, alguna especie de mascota excéntrica pensó el joven que, a pesar de su carácter pudo sentir una corriente de excitación pensando en lo grande que era lo que se estaba gestando en aquella mansión.

En ese momento uno de los sirvientes habló con una impresionante voz de barítono.

- Señores, bienvenidos y gracias por acudir con tan poca anticipación, les informo que mi señor está muy complacido con las expectativas de este viaje y les desea que estén a gusto en este lugar, así mismo, hace una atenta invitación para que la inesperada reunión, pueda convertirse en la velada inaugural de este viaje, lamenta no poder atender a cada uno de ustedes como se merece, pero pone a su servicio todo cuanto posee. Por último, le pide a todos los presentes divertirse, pero a su vez, le pide a aquellos que se han presentado para el puesto de guardias, me sigan al salón del Ala norte, donde espera poder ultimar los detalles de su participación en este viaje.

Nathan ya sabía hacia donde debía dirigirse pues ese era el puesto al que aspiraba. Aunque podría conseguir algo de información de la gente allí reunida, especialmente de nobles y comerciantes sabía que no era buena idea hacer esperar a un Lord de modo que rápidamente se dispuso a seguir al sirviente. Ya habría tiempo para preguntas más adelante. De ese modo llegó hasta aquel mayordomo de los primeros. ¿Cómo debía de ser ese tal Suspiro?...tantas riquezas…esta capacidad para organizar… Nathan giró la cabeza para observar con atención a una joven de pelo naranja chillón acompañada por…bueno por algo parecido a un camello. Entre los cada vez más números candidatos comienzan a producirse saludos y se entablaban conversaciones.

Incluso Nathan que no es muy dado a hablar acaba participando de una informativa conversación con algunos hombres que como él portan armadura pesada pero la verdad es que salvo el destino, lo que allí acontecerá y algunos nombres de posibles participantes de dicho viaje de gran notoriedad…poca información útil obtiene y sobre ese Suspiro, nada de nada. De nuevo mira a la chica peli-naranja y sonríe levemente.
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Re: El valor del valor.

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Jue Abr 28, 2011 10:03 pm

Solté un silbido de impresión al ver la mansión del tal Suspiro. Era grande, sin duda, muy grande. Cargada de guardias, con un par de torres de vigilancia en las cuales estaban apostados varios arqueros, la edificación se erguía majestuosa e impresionante, y los jardines y demás decoración del lugar hacían que se viera considerablemente hermoso.

Antes de que los guardias empezaran a hablar, una muchacha me tironeó el brazo y me preguntó si yo era Suspiro. La miré, sonriendo ligeramente y negué con la cabeza, mientras le contestaba, con voz amable y cortés:

-Os equivocáis, señorita, no soy lord Suspiro.-

Luego fijé mi mirada en una hermosa dama alada que se había dirigido a su vez hacia la mansión, la cual aguardaba junto a nosotros, acompañada del que parecía su criado, un jovencito, también alado, diviums ambos probablemente, los cuales parecían igualmente interesados en la misión, aunque la mujer más bien parecía interesada en poner a prueba la líbido de los soldados, los cuales resistían admirablemente bien.

Cuando los guardias empezaron a hablar, me fijé que sus rostros se volvían en una máscara de sentimientos negativos hacia su señor. Su simple gesto era bastante elocuente. ¿Su señor era un tirano, o sus propios soldados no le tenían respeto? En cualquiera de los casos, no es aconsejable tener descontentos a los guardias. La lealtad de los soldados de bajo rango suele ser muy cambiante, sobretodo con oro de por medio.

Sin embargo, me sorprendieron al demostrarme que si bien su señor no les cayera en gracia, al menos sabían cumplir con su deber. Tras barrarnos el paso con las alabardas, nos pidieron las armas. Hice una mueca de inconveniente mientras suspiraba, algo incómodo. Si hay algo que no soporte, es separarme de mis armas. Miré a los guardias, y luego a mis armas, sin querer separarme de ellas, aunque pronto intercedió alguien en nuestro favor.

La rata a la que antes había interceptado para preguntarle por la misión parecía tener poder sobre aquellos hombres, los cuales nos dejaron pasar tras sus palabras. Antes de que se fuera, incliné ligeramente la cabeza en señal de gratitud. Luego les dediqué una mirada a ambos guardias, alzando la ceja, y poco después pasé al interior, detrás de las dos mujeres y el criado de la exhibicionista.

Una vez en el interior alcé una ceja, sorprendido de ver semejante reunión social. Guerreros, nobles, mercenarios, comerciantes, todos se unían en una curiosa amalgama que hacía aún más interesante el viaje. Sin embargo, no era mi intención charlar con toda esa gente. Siempre había odiado las reuniones multitudinarias. Tantos latidos, tantas respiraciones, tantas vidas... Me daban ganas de desenvainar la espada y acallar sus voces de una vez por todas. Pero no podía hacerlo. Para empezar, no podía por lo poco prudente que sería esa acción, y luego también estaba el hecho de que difícilmente saldría con vida de allí si empezaba a matar gente.

Me dediqué a vagar por las mesas, buscando siempre bebidas frescas e hidratantes, principalmente zumos, para recuperar el agua que el calor me había quitado del cuerpo. Mi garganta lo agradeció, mientras mi cuerpo iba enfriándose un poco y mi mente volvía a pensar con mayor claredad. Tras rehidratarme, pude ponerme a buscar algo más sólido, para lo que cogí algo de marisco ya pelado y algo de carne poco hecha, con la sangre aún retenida.

En uno de los momentos en los que me paseaba por la estancia, estudiando con la mirada a la gente, saludando por cortesía con la cabeza a algún que otro guerrero que se cruzaba conmigo y sonriendo de medio lado a las damiselas, pude ver al rátido moverse con ropas elegantes entre la multitud. Cada vez sospechaba más que se trataba de nuestro anfitrión. ¿Qué criado si no tendría suficiente autoridad para hablar con los soldados de la forma con la que les había hablado antes? Si de veras fuera un criado, ¿cómo es que su ropa era de lejos la más lujosa de toda la servidumbre? Buenas preguntas. Pronto vería si mis pensamientos eran correctos o no.

Al cabo de poco, abrieron las puertas a un salón mucho más grande, pues el primer salón se había quedado pequeño para la acumulación sin precedentes de gente. Durante mi trayecto por la sala, me crucé con la divium que había visto antes en la entrada, y la saludé con una ligera inclinación de cabeza y una sonrisa de medio lado, mientras entrecerraba los ojos. Si bien no era más que un saludo cortés a alguien a quien había visto anteriormente, bien podría malinterpretarse de cualquier otra manera menos inocente.

Fue entonces cuando un mayordomo habló de parte de lord Suspiro, en una forma bastante cortés. Alcé una ceja, mientras posaba mi mano en el pomo de la espada de forma reposada. Aquello me brindaba algo de paz en aquellos momentos en los que estaba tan rodeado de seres vivos. Cuando el mayordomo acabó su discurso, me rasqué la barbilla con la otra mano. ¿Quedarme en el salón para unirme a la caravana como noble, o unirme a la guardia de la misma? Difícil elección para mucha gente de mi clase... Aunque no para mí. No quería hacerme aún renombre como noble, y tampoco tenía ganas de hacer la parte fácil y aburrida del recorrido...

Obedeciendo a mi sed de aventura, decidí seguir al mayordomo al ala norte para unirme a la guardia, y decidí juntarme con un grupo de guerreros con armaduras pesadas, llegando de los primeros al lugar. Decidí saludarles a la manera Zhakheshiana, que consiste en llevarse la mano derecha encima de donde estaría el corazón y hacer una inclinación de 45 grados con el cuerpo. Tarde poco en socializar con ellos, y así maté el tiempo para esperar a que nos guiaran al ala norte.
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Khaelos Kohlheim
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