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La dama del espejo

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La dama del espejo

Mensaje por Naessé el Lun Feb 20, 2012 6:30 pm

Hoy era el día en que un bardo local, el conocido y afanado Astor Lacont, había citado a todo aventurero que quisiera ayudarle a desentrañar la ubicación real donde Saoní Kabyek, la apodada “dama del espejo”, se encontraba. Había llegado pronto a la creciente ciudad de Mirrizbak y admirado las casas de piedra que por doquier se elevaban, al igual que los tenderetes del mercado donde se dirigía, pues allí tenía que recoger un encargo que meses atrás había pactado con uno de los comerciantes más próspero de minerales.

Fue una transacción rápida, recogió la bolsa que el artesano le tendía y a la par le tendió otra con un contenido bastante similar, oro por oro, aunque la de Astor era mucho más abultada y dejarla en el mostrador le hizo, literalmente, quitarse un peso de encima. Hubo un intercambio de palabras, miradas de complicidad y alguna que otra sonrisa torcida, y es que en los mercados cualquier petición tenía un precio y, curiosamente, siempre alguien dispuesto a pagarlo.

Con seguridad en sí mismo y el camino perfectamente estudiado Astor fue a la taberna para hacer tiempo, Noreth se veía de otro color frente a una buena jarra de cerveza, pero esta vez no tomaría ni una sola gota, debía ser cauto, su cargamento era valioso, importante, así como los acontecimientos que desencadenaría su proceder. Sí, debía mantener la cabeza despejada y nada mejor para eso que una zarzaparrilla del sur, un jugo de lo más liviano.

Tras llegar a su destino el bardo decidió ocupar la mesa más central de la estancia, nada de esquinas o zonas en penumbra, como solía hacer cuando otros menesteres le ocupaban; mantuvo la bolsa de interesante contenido en su regazo para no perderla de vista y situó su laúd justo a su lado, aun no era momento de cantares, eso llegaría con el trascurrir del día y cuando su público fueran las personas que buscaba, los héroes y heroínas que le ayudarían a componer su historia final, la que le daría éxito, fama y quizás incluso poder. Esperaría tomando la zarzaparrilla y contemplando los pechos de la tabernera, los cuales eran tan péndulos y oscilantes como las ubres de los bóvidos tras haber parido el ternero. Una manera interesante de pasar el día.

Naessé, la pequeña hada de 10 centímetros de tamaño, había salido hacía semanas del magnífico bosque de Physis tras su encuentro con un cazador que, de manera fortuita, iba a eliminar de la faz de la tierra un ser tan hermoso y tierno como era un ciervo. La pequeña mujercita alada no podía permitir tan infamia hacia la naturaleza, no al menos delante de su presencia y, con arrojo, valentía y determinación, agredió al humano lanzándole polvos de pimienta a los ojos, perdiendo así su preciada especia, pero salvando la vida de un ser magnífico que tenía todo el derecho a vivir en paz.

Tras huir vilmente de aquella criatura con dos brazos y piernas, siempre seguida de su fiel luciérnaga, Shadow, el hada buscó en el bosque un pimentero, un árbol que le otorgaría unas bolitas de pequeño tamaño que posteriormente puliría con una piedra, era un procedimiento un tanto rústico pero eficaz, y no tardó en volver a tener llena su bolsita de pimienta, un arma particular pero adecuada para no matar a ningún ser vivo.

La salida del bosque de Physis fue un tanto traumática, no había fuera del mismo demasiados árboles, animales o plantas y las criaturas que encontraba por los parajes no tenían empatía natural hacia ella, de hecho, en alguna ocasión la miraban de particular manera, como si fuera una piedra en el zapato o un bicho digno de ser aplastado Naessé no conocía las especies que paseaban por Noreth y para ella todo era nuevo, fascinante e incluso algo triste. No tenía problemas para alimentarse y descansar, la naturaleza le daba cobijo y cubría todas sus necesidades, pero entonces… ¿Cómo supo el hada que debía acudir a Mirrizbak?

Sencillo. Naessé tenía una misión encomendada para salvar su poblado de una magia que hacía desaparecer a las hadas y asustar los animales del bosque. De hecho, incluso la vegetación de la zona vedada estaba más mustia de lo habitual. El hada debía encontrar algún héroe que pudiese ayudarla en aquellos malos momentos y así ganar no sólo la calma de su poblado, sino poder convertirse en el hada matriarca, la sucesora de Anaxa. Aprendió entonces a seguir a los humanos, aquellas criaturas parecidas al cazador, y comprendió que no todos atentaban contra la naturaleza, ya que algunos cultivaban en el suelo, cuidaban a los animales e incluso bailaban en las fiestas al igual que las mismas hadas. Empezó a confiar en ellos, algo no muy difícil teniendo en cuenta que la inocencia de Naessé era su peor compañera.

Fue así como la pequeña criatura entró en una taberna por primera vez. Había seguido a un humano que llevaba un precioso anillo en el dedo con una piedra de color rojo, y de tal belleza era aquel objeto que embobada quedaba mirándolo, o al menos el tiempo suficiente para comprender que aquel hombre buscaba, al igual que ella, héroes, y en este particular caso para salvar a una dama que estaba dentro de un espejo. ¿Un espejo?... ¿y cómo se había metido allí?..., que raros eran estas criaturas….

Naessé adoraba las historias que el varón narraba en las tabernas y decidió seguirle en sus viajes con la distancia suficiente como para no ser vista, oída u olida, y es que en cierto modo sentía cierta aprensión a darse a conocer, aunque sabía que debía dar ese paso cuanto antes, solo que no llegaba el momento.

Tras haber seguido a Astor casi por todo Efrinder, acabó llegando a la ciudad de Mirrizbak, paseando por el mercado y mirando por el cristal de la taberna donde comenzaba a congregarse bastante gente, algunos pocos alrededor del bardo, así que decidió hacer acopio de toda su valentía y entrar en la estancia cuando algún alma caritativa abriese el portalón que la separaba del interior. Y así el hada entró en la taberna y se encontró frente a Astor.

- Entonces sois vosotros quienes habéis decidido acompañarme a través de las minas Nos…, supongo… - dijo observando a los aventureros allí situados con determinación en el rostro – me gustaría saber con quién me relaciono antes de aventurarme a laberintos subterráneos llenos de saben los dioses qué….

- Mi nombre es Naessé… -se adelantó el hada sin incluir mucha más información, quería que los demás se presentaran para así poder indagar algo más en los posibles “héroes” que buscaba.

El rostro del bardo mostraba una leve sonrisa de complacencia mientras le hacía una señal al tabernero.

- He encargado un vino de excelente calidad para mis futuros acompañantes…, espero que disfrutéis de su sabor… - comentó investigando con sus ojos a los humanos, el elfo y la “mosquita” que habían viajado a su encuentro -… por cierto, ¿qué sabéis hacer?, ¿qué domináis?, ¿la lucha?, ¿la magia?..., ¿disparáis acaso con arco?....

El vino fue servido en varios vasos que se dispusieron en la mesa, era cuestión de los congregados el beberlo o no. Naessé se asomó al suyo con curiosidad, nunca había tomado un brebaje como aquel y obviamente no sabía los efectos que podrían provocarle, y más teniendo en cuenta que medía casi lo mismo que el propio recipiente.

- Por cierto…, ¿por qué habéis decidido acompañarme?, ¿buscáis riqueza?, ¿poder?, ¿ayudar al prójimo?.... - su voz denotaba intriga - … uhmmm…., olvidaba que lo prometido es deuda…. – dicho esto puso sobre la mesa la bolsa que había recogido del mercado y la abrió delante de los aventureros mostrando su contenido.

Aparecieron delante de ellos unos colgantes de oro con el símbolo de la ciudad, la espada y el dragón, con la particularidad que los ojos del dragón brillaban emitiendo destellos cuando incidía en éstos la luz, típico de superficies pulidas.

- Este es el previo pago para los que decidan venir conmigo y no huir en medio de esta…, misión…, llamémosla así…., podéis coger el que os corresponde…. – miró al hada -…. Lamento decir que el tamaño quizás te sobrepasa para portarlo al cuello…, no contaba con alguien como tu, aunque bienvenida seas….

La alada criatura se encogió de hombros y cogió su colgante, el cual pudo levantar con cierto esfuerzo, lo dejó caer en la mesa y se quedó contemplándolo, le parecía realmente precioso y como no podía llevarlo al cuello, a no ser que quisiera partírselo, iba a esconderlo en la oquedad de un árbol hasta su regreso, era la única posibilidad para conservarlo.

- ¿Tenéis alguna duda que plantearme?.... – el bardo miraba de reojo al hada mientras ésta observaba el colgante y mostraba una actitud pensativa. Era el mejor momento para dejar claras las posiciones de cada uno de los presentes, así que por fin, prestó atención a todos los demás.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Invitado el Jue Feb 23, 2012 4:12 am

Veronika Majere se irguió, suspiró y estiró los brazos para relajar sus entumecidos músculos. Quitó la sabana que tenía encima y contempló la habitación vacía. Bostezando se sentó en la cama para desperezarse.
Después de tanta espera, el momento había llegado. Con una gran sonrisa picaresca saltó de la cama dispuesta a vestirse. Si bien dormía con escasa ropa, después de quitarse los pantalones volvía a atarse un lazo de cuero en la pierna, donde finalmente agregaba tres cuchillas. Esta vez no fue una excepción, y por lo tanto tuvo que sacarse el lazo antes de volver a ponerse los pantalones. Hasta el momento esta metodología la había salvado dos veces: una en su propio hogar y otra en Tirian-Le-Rain.

Lo que había ocurrido en la mansión de su padre, había sido una traición. Uno de los guardias que tenía que vigilar los pasillos, aquella noche del atentado se metió en la habitación de Veronika. Lo que él no sabía es que la hija del General Majere, no confiaba su propia vida a ninguna persona pagada por su padre. Cuando era más joven, siempre le pedía al general que fuese más cuidadoso con sus hombres de confianza. En esas ocasiones él la miraba con una extraña condescendencia, no obstante nunca la había oído realmente. En Tirian-Le-Rain, en cambio, era mucho más factible esperar un ataque por la noche. La ciudad siempre fue hostil con Malik-Thalish, incluso después del pacto de paz que ambas habían firmado. Este detalle quizá no hubiese sido un factor tan determinante si Veronika no fuese la hija de uno de los hombres más allegados al Rey.

Por muy irónico que lo siguiente pueda leerse, fue gracias a la última incursión en Tirian, que ahora Veronika estuviese alojada en una posada de otro continente. Fue en la posada más conocida de la Aguja de Rian donde una noche hacía unos meses, había oído por primera y única vez a Astor Lacont. La muchacha, acobijada en una capa que ocultaba una buena parte de su rostro, esperaba a una buena amiga suya cuando escuchó a Astor. El juglar ponía tanta emoción en aquello que contaba que hasta el más tosco y borracho guerrero entre los que estaban allí reunidos hizo silencio para oírlo.

Sara, corsaria de origen Talishiano famosa en las calles de Tirian debido a los múltiples papeles que exhibían su rostro con la leyenda de “se busca viva o muerta”, se sentó junto a Veronika agradecida de que nadie se hubiese fijado en su intensa cabellera, pues a diferencia de su amiga, ella no llevaba capa. Las jóvenes se dispusieron a tomar un hidromiel mientras escuchaban la historia que el bardo, con tono triste, se disponía a contar. Astor Lacont contó la historia de una joven llamada Saoní, dada por su padre a un hombre para desposarla. La joven, triste por la vida que le había tocado vivir, conoció un aventurero que le prometió llevársela, para viajar juntos con amor como única garantía. El esposo de Saoní , un cruel brujo que la amaba, quebró la mente del amante y encerró a la joven en una habitación rodeada de las mejores joyas de Efrinder.

Cuando Astor terminó de narrar los dramáticos incidentes en los que se había visto envuelta Saoní, pasaron varios minutos hasta que el primer valiente se atrevió a romper el silencio. Hasta ese momento Veronika se había quedado con la mirada fija en el juglar, imaginándose junto a un grupo de aventureros frente a la insólita prisión donde había estado retenida la joven. Cuando volvió en sí, miró a su amiga buscando apoyo. Sara tenía tantas ganas de participar del viaje como Veronika, pero no pudo prometer llegar a hacer la travesía debido a lo lejos que estaban de Efrinder. De hecho el juglar había aclarado que esa sería la única taberna de Geanostrum donde contaría la historia. Desde allí Astor comenzaría su viaje de vuelta a Mirrizbak, invitando a todos aquellos que quisiesen, a buscarlo en esa ciudad desde donde saldrían a buscar el tesoro de las Saoní.

Ahora Veronika estaba en la posada de Mirrizbak. Había llegado hacía seis días y desde entonces se lo pasaba contando las horas. En el pasado no eran muchas las veces que se había involucrado en una aventura no relacionada con el ejército de Malik-Thalish, en el cual ocupaba un rango importante. Lo único que impedía que fuese completamente feliz, era saber que Sara no había podido asistir. Las jóvenes habían viajado juntas hasta la mitad del camino, donde fueron interceptadas por los hombres de Sara, quienes la necesitaban de vuelta. Una vez vestida con su top de cuero y sus pantalones negros, volvió a colocar los lazos y cintos en los que exhibía las cuchillas. Después mochila en mano, abandonó la habitación, seguramente para siempre. Mirrizbak no le había resultado divertida, no era una ciudad donde se pudiese correr por los tejados, como Ciudad Esmeralda, o donde se pudiese trepar por los árboles como en Uzumi. Aun así, extrañaría el mobiliario de aquella posada, pues si bien no era nada a comparación del empleado en la mansión de su padre, durante la estadía en la ciudad le sirvieron para guardar su equipo.

En la sala principal, la joven no tardó en encontrar a Astor. Era el hombre sentado en la mesa central, y estaba rodeado de gente que no parecía encajar en la descripción de los demás clientes. Veronika se aceró lo suficiente para oír con detalle, agradecida al enterarse que el juglar apenas iba comenzando.

— Mi nombre es Veronika— se presentó después de Naessé, de quien no podía despegar la vista. Si bien había oído acerca de los feéricos, nunca había tenido contacto directo con ningún miembro de esa especie. La feérica parecía la miniatura de una hermosa doncella humana, un detalle que Veronika no pudo pasar por alto.

Una vez presentada, Veronika se sentó en la mesa, dejando la mochila sobre sus piernas para no olvidarla. Dio un sorbo al vino más por cortesía que por ganas, pues evitaba tomar ese tipo de bebidas desde que era niña. La muchacha se sorprendió por el sabor dulzón, pues no la empalagó como usualmente lo hacían los vinos. Ahora que conocía el sabor le dio un buen trago a su taza, y viendo que nadie contestaba, fue la primera en responder las preguntas de Astor

— El vino es exquisito, señor— comentó sonriendo amablemente. — Es dulce como el néctar, pero a diferencia de otros que he probado, no me ha repugnado. Por cierto, he venido desde la Aguja de Tirian en busca de vivir una buena aventura. Al oírlo aquella vez hace algunos meses me he sentido irrefrenablemente atraída por una buena oportunidad de viajar, conocer nuevos lugares y saber si es cierto todo acerca de Saoní. Venía con una amiga que por cuestiones personales tuvo que volver antes de llegar a esta ciudad— no le pareció propicio decir que su amiga era una famosa pirata de Malik-Thalish, y que ella misma era la hija del temerario General Majere. En vez de eso continuó explicando qué la llevó a Mirrizbak: — me llevo bien con estas, y estas, y con este también— explicó desenvainando primero sus dagas colmillo, después algunas cuchillas de su pierna y finalmente el gladius.

Cuando terminó de exhibir las armas con el orgullo de quien presenta a sus hijos, Astor ya había vaciado una bolsa sobre la mesa, dejando cinco colgantes. Eran uno para cada aventurero. Naessé fue la primera en tomar el suyo, y aunque le costaba, lo tomó sin quejarse. Veronika la observaba atraída por la peculiar belleza de la feérica, sonriendo con picardía como se le sonríe a un niño. Acto seguido, tomó su propio colgante, a pesar de que tenía el emblema de la ciudad, era precioso. Sin dudas había sido creado por uno de los mejores joyeros del continente.

— Gracias Astor— dijo sinceramente, contemplando el colgante, que apenas llegaba un poco más bajo que el cuello. — Por mi parte no hay preguntas, cuando quiera partimos— agregó antes de tomar otro sorbo del vino, dispuesta a oír a sus compañeros.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Leksirel el Jue Feb 23, 2012 8:29 pm

Leksirel descansaba tranquilamente en su cama cuando de pronto un sonido lo despertó, abrió los ojos para ver de que se trataba pero al hacerlo descubrió que era solo un pequeño pájaro, al verlo decidió darse la vuelta y volverse a dormir un rato más (como hacía siempre debido a que era un poco dormilón), pero al cerrar los párpados se acordó de que hoy era el día que había estado esperando durante tanto tiempo y que al fin había llegado, se vistió como un rayo y cuando acabó decidió comprobar sus pertenencias para comprobar si estaban en buen estado como por ejemplo su arco, las flechas y el bastón al hacer esto se los equipó y salió de la habitación.

Decidió ir a observar donde estaba la tal taberna donde habían quedado, estuvo caminando un buen rato pero al descubrir que estaba caminando en círculos decidió preguntar a un comerciante ,que pasaba por allí, donde se encontraba dicha taberna el comerciante le señaló una ciudad que se veía a lo lejos Leksirel le dio las gracias y siguió su camino, mientras estaba llegando a la ciudad se preguntaba que compañeros le acompañarían en esta aventura, ya que tendríamos que luchar codo con codo con ellos.


Al llegar a la ciudad Leksirel una taberna justo enfrente de él, cansado por el camino recorrido decidió entrar a descansar y beber algo, al abrir la puerta de la taberna algo llamó su atención pero no le hizo caso, le preguntó al camarero que había en la barra que donde se encontraba la taberna de la carta y este le contestó que era esta señalando la con el dedo.

Leksirel se acercó a la mesa con timidez observando que había dos chicas además de que no conocía a nadie solo a una persona llamada Astor y dijo:

-Me llamo Leksirel- se presentó después de Naessé y Veronika, de las cuales quedó asombrado sobre todo de Naessé debido a que era un hada y nunca había visto ninguna solo en cuentos.

Después de haberse presentado Leksirel se sentó y decidió tomar un trago de aquel vino que había encargado, al probarlo descubrió que tenía un sabor suave y dulce, siguió pegando sorbos hasta que se bebió todo el vino de la jarra y al acabar dijo:

-Un vino sublime tiene usted un buen gusto para esto-dijo Leksirel, después de oír las cosas que dijo Veronika, decidió ser el siguiente en seguir contando que hacía allí, diciendo empezar contando que él estaba allí porque buscaba riquezas y poder, además les contó que él era un mago nigromante, que tenía un bastón señalándolo con el dedo y además tenía un arco con su carcaj de 20 flechas el cual enseñó tensándolo y dejándoselo ver a los demás.

Al acabar de enseñar su armamento, al observar que Naessé y Veronika cogían los colgantes (los cuales dejó Astor mientras estábamos contando nuestras historias)
decidió hacer lo mismo y coger otro.

Al ponérselo le dio las gracias a Astor por el regalo, y después siguió
-Yo estoy listo cuando digáis podemos partir-
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Re: La dama del espejo

Mensaje por B el Vie Feb 24, 2012 7:21 pm

De nuevo, como si de una cíclica y repetitiva leyenda se tratase, la visita de B a la neblinosa Malik-Thalish había acaecido una cadena de asesinatos y torturas en la ciudad. Algunas calles habían pasado a convertirse en una piscina de sangre, en la que las ratas y cucarachas más curiosas habían decidido hacer una visita. Desde que se separó de su maestro, aquél había sido el viaje con mayor importancia. Desde la desconcertante penúltima visita a la Ciudad Negra, en la que terminó huyendo de una banda de licántropos furiosos; incluso más que las Colinas de Cristal, donde obtuve a su amada Filo de Sangre, una hoja que cauterizaba al instante cualquier corte que hacía, permitiéndole torturar a sus víctimas sin que mueran por desangrarse en tan poco tiempo.

Este último viaje le había aportado sobre todo conocimientos. Por fin sabía muchas cosas que había ansiado averiguar durante los últimos meses. Ahora conocía el misterio del asesinato de su amigo Elexis, conocía más el contexto de Knhel Minteror y, además, tenía un guardia que a partir de ahora lucharía junto a él en la búsqueda y asesinato del poderoso mago que un día le robó la magia. También sabía ahora lo importante que es que siguiera vivo. Algo muy importante para acabar con Knhel Mninteror, según la Asociación de Magos Intelectuales de Thonomer, consistía en que las personas a las que éste les había absorbido la magia pudieran reclamar su poder, quitándosela y haciéndole más débil. El problema era que, por lo que se sabía, la única víctima de Knhel que seguía viva era B.

Pero no había sido sólo eso. El ya pasado viaje le había enseñado a confiar en su habilidad en combate de nuevo. Desde que no puede manipular el fuego, siempre ha tenido cierto miedo de no ser lo suficientemente poderoso, a pesar de ser un diestro espadachín. Cuando la enseñanza de su maestro acabó y B tuvo que hacer frente a complejos problemas sin su ayuda, la seguridad no creció en él. Sin embargo, tras su visita a las Colinas de Cristal y, sobre todo, después de dejar más de una veintena de cadáveres tras espectaculares peleas en su actual visita a la Ciudad Negra, se había consolidado como uno luchador digno de reconocimiento y temor. Por fin, la total seguridad que en su tiempo le daba el tremendo poder de controlar el fuego, había vuelto; aunque no en su totalidad, pues por muy diestro que sea con la katana, nunca podrá superar al poder infinito de las llamas.

Ya estaba preparado. Se acabaron las investigaciones, las vacilaciones y el dar vueltas por el país sin saber qué hacer. Shiksa, su nueva mascota, le había informado que el maestro Fuuten había conseguido algunos aliados en la lucha contra Knhel. Las últimas noticias de ellos los situaban en una extraña expedición que, según las palabras de Shiksa, provocaría un cambio importante en esta batalla. En adición, la Asociación de Intelectuales Mágicos de Thonomer se encargaba del estudio de Knhel, del funcionamiento de su poderosa habilidad de absorber magia, sus aliados, sus fines, y todo lo que rodeaba al hechizero. Todos estaban volcados; y no sólo por venganza, como B, si no que ponían todo su empeño para evitar que el malévolo mago pudiera dominar el mundo algún día.

Ahora, el torturador se encontraba durmiendo. Su cuerpo yacía en un rincón de unas de las habitaciones de una vieja casa, situada en el Barrio en Ruinas de Malik-Thalish. El suelo y la pared no eran el mejor sitio para un plácido sueño, pero eso no impedía a B dormir como un niño pequeño. Una mezcla de olores entre sudor y sangre dominaba la estancia. A su alrededor, la habitación estaba llena de manchas carmesí, provocadas por los incontables maleantes que habían sido torturados y asesinados en la casa, que había servido al enmascarado de local de tortura durante el último par de días.

Acompañado de los primeros rayos de sol matutinos, un atípico sonidillo comenzó a resonar en el tímpano del enmascarado. Paulatinamente, sus ojos se abrieron tras su pálida máscara. Shiksa, una araña de metro y medio cuya piel granate contaba con decenas de afilados pinchos como sistema de defensa, estaba masticando algo. Cuando el atontamiento somnoliento del torturador se fue despejando, contempló con mayor claridad cómo su nueva mascota y guardián estaba comiéndose el brazo de un cadáver.

¿Qué haces? –preguntó mientas se quitaba la máscara para quitarse algunas legañas.
¿Qué pasa? Estoy desayunando –respondió la araña.
¿Te encanta los humanos, no? –se puso la máscara de nuevo.
Ni me gustan ni me disgustan, como cualquier otro animal, y tampoco es que haya mucho que elegir por aquí…
¿Y ese es el que traías para qué interrogáramos? –la noche anterior, habían estado hablando sobre su próximo objetivo: encontrar a un mago poderoso malévolo para matarlo e ir entrenando en lo de matar magos sin magia. Por ello, la araña le prometió traer algunos maleantes que encontrase durante la noche. B los torturaría, averiguaría si conocen algún mago de estas características, y después los mataría.
Uno de ellos, los demás están ahí. –con su cabeza llena de ojos señaló a la derecha, donde había dos personas envueltas en telaraña pegadas a la pared–Tenía mucha hambre y no quería despertante tan pronto, así que empecé a comerme uno. Lo siento
Tú los has conseguido, no tienes por qué disculparte –dijo el enmascarado mientras se levantaba y estiraba tanto brazos como piernas –A ver qué saben estos cabrones –se sacó su cuchillo de sierra de la túnica –Por cierto, merecen morir ¿no?
Si, estaban escondiendo el cadáver de un chaval en una de las casas
Quizás ese chaval merecía morir, y no ellos –respondió con tono grave, como hablaba de costumbre.
Tenía unos 7 años. Más bien era un niño. Venga B, sabes que Ishina me envió a mí porque tenemos una ética parecida, no tienes por qué cuestionarme
Te conozco pero no lo suficiente como para fiarme de tus métodos. Quizás simplemente tenían una pinta sucia, pero no por eso significa que sean asesinos que deban morir. Pero tranquilo, poco a poco comenzaré a confiar en ti.

Hora de trabajar. El torturador acercó su cuchillo y recorto la telaraña que cubría las cabezas de los malhechores. Uno se había dormido, pero el otro empezó a gritar hasta que el puñetazo que B le propinó le calló. Le dio un par de golpes en la cara al otro para que se despertase y comenzó a hablar a sus víctimas, pegadas a la pared gracias a la pegajosa telararaña.

Así que matando niños indefensos…
Nosotros no somos los culpables –comentó el que segundos antes había estallado a chillar –¡Era un trabajo como otro cualquiera! ¡Si no los hubiésemos matado nosotros, lo habrían hecho otros mercenarios!
¿Acaso te he dado permiso para hablar? –ordenó el enmascarado, poco antes de darle otro puñetazo directo a la mandíbula. –Y tu qué ¿no hablas? –preguntó dirigiéndose al otro.
¿Eres su padre? –contestó de forma chulesca con los otros entreabiertos y cara de sueño.
¡Calla Gustan! Mientras tú dormías yo los estaba oyendo. ¡Están locos! ¡Van a matarnos!
Vas a tener un cálido despertar

Manteniendo una calma envidiable en todo momento, B se guardó su cuchillo de hoja aserrada, sacó otros de sus cuchillos y comenzó a rebanarle un ojo al conocido como Gustan. Éste empezó a gritar como un loco. Poco a poco, con la punta, el enmascarado iba sacando el ya destrozando órgano de su cuenca, acompañado de un río de sangre que terminaba goteando en el suelo y creando una macabra melodía.

¡Mierda B! ¡Ponles mordazas, nos van a oír! –sugirió Shiksa.
Hoy me apetece oír sus gritos de dolor para despertarme. No vamos a estar aquí mucho tiempo. Saquemos información o no de éstos, hoy deberíamos salir de la ciudad, por prudencia ¿Te importa salir a vigilar si viene alguien?
Que se me haya encargado protegerte no significa que seas tú el que da las órdenes
Las decisiones las tomaremos entre los dos. Por favor ¿te importa coger tu comida e ir a la puerta?
Está bien… –dijo la araña. Cogió con la boca el cadáver que se estaba comiendo y se dirigió hacia la entrada de la casa
¡Joder! ¡Es Miglin! ¡Ni siquiera me había dado cuenta! ¡Gustan, mira como han dejado a Mig! –tras gritar alteradamente, giró la cabeza hacia su compañero, cuyo ojo estaba colgando totalmente deformado, para comprobar que había perdido la conciencia –¿Gust? ¡¿Gust?! ¡Mierda ¿está muerto?! –cada vez gritaba más y hablaba más rápido, algo que pondría en duda la parsimonia de cualquiera, excepto B, que nunca se alteraba.
Si vuelves a hablar y no es respondiendo a una pregunta mía, te arrancaré los dos ojos –amenazó –Mira, es simple. Quiero que tú o tu amigo me digáis si conocéis algún mago malévolo con un mínimo de poder respetable.
¿Qué…? ¿Por qué iba a saber yo eso?
Esa no era la pregunta –acercó su cuchillo a modo de amenaza.
Vale, vale. Pues… –miraba hacia todos los lados, nervioso, a la par que gotas de sudor comenzaban a deslizarse por su mejilla, compitiendo entre sí para ver cuál llega más rápido al suelo. –¡Ya sé! Hace unas semanas estuve en Mirrizbak. Había un bardo que contaba cosas acerca de una dama encerrada por un poderoso hechizero
¿Me estás vacilando?
¡No! Te prometo que la historia es cierta. No sé si será verdad o no, pero el bardo decía que quería encontrar a la mujer, que tenía pistas acerca de dónde estaba
B. Viene un guardia, pero no por los gritos. Se acerca desde lo lejos, patrullando –anunció la araña, que acababa de aparecer en escena con la boca chorreante de sangre.
Está bien. ¿Dónde está Mirrizbak? –preguntó dirigiéndose de nuevo hacia su víctima.
¿Me dejarás vivir?
Te he dicho que me digas donde está Mirrizbak
Está en Efrinder, el continente que está junto a Geanostrum. Está cerca si vas en barco
Gracias por tu colaboración. Shiksa, tápales la boca –a la orden, la araña lanzó uno de sus tejidos pegajosos, que se adhirió a las bocas de las víctimas pegadas a la pared, impidiéndoles hablar.–Ahora vas a morir por tus crímenes, y tienes suerte de que no tenga todo el tiempo que quiero –tras limpiarlo, guardó el cuchillo pequeño y volvió a sujetar el aserrado. La telaraña que les cubría el cuerpo era algo aparatosa. Se tuvo que conformar con cortarle la cabellera, sacarle los ojos y arrancarle la lengua y las orejas. Para terminar, le cortó la cabeza, dejando la extraña imagen de un cuerpo decapitado cubierto por una telaraña. Después, hizo lo mismo con su compañero, que se despertó cuando le arranco el otro ojo para volver a la inconsciencia cuando el enmascarado le cortaba la segunda oreja.

Rápidamente, B y Shiksa se marcharon del lugar. Aprovechando el puerto de Malik-Thalish, se acercaron para embarcarse en un navío que les transportó hasta Efrinder. Allí, alquilaron un carruaje y, por fin, tras semanas de viaje por mar y tierra, llegaron a Mirrizbak. Era importante que B siguiera vivo, pero estaba seguro de sí mismo, por lo que no dudó en fijar su objetivo en un mago. Entrenar era importante. Además, viajar y conocer algo de mundo no le vendría más. Tal vez averiguasen cosas sobre Knhel Mninteror.

Realmente, ni siquiera sabía si la historia era cierta, pero al menos estaba seguro de que aquél malhechor que se la había contado no mintió, tenía demasiado miedo como para mentir en algo así. Lo único que faltaba era que el bardo también contase la verdad. Si al final resultaba ser todo mentira, debería atenerse a las consecuencias.

¿Quieres quedarte aquí? –le pregunto el enmascarado a su araña en la mismísima puerta de la taberna donde teóricamente estaría el bardo.
Si, te esperaré aquí, no vaya a ser que ese bardo se asuste
Vuelvo enseguida –y entró.

El torturador se quedó quieto en la puerta, impasible, explorando a su alrededor con la mirada. Especial atención le llamó una mesa situada en el centro de la taberna. Alguien con pintas extrañas, junto a dos mujeres, un elfo y un féerico estaban en torno a ella. Unas personas de apariencias muy dispersas, quizás era a ellos a quién buscaba. Se acercó a ellos y preguntó si era ahí donde un bardo pretendía rescatar a una doncella en apuros de un mago. El hombre, que parecía ser el bardo, le contestó en afirmativo. Triunfante, el enmascarado se sentó y comenzó a escuchar sus palabras.

Mi nombre es B, mi arma es una katana y mis virtud es mi rapidez –contestó a la pregunta del bardo, mientras bebía su copa de vino. Con eso, esos desconocidos ya sabían suficiente, así que cuando el bardo les preguntó sobre sus motivaciones, el enmascarado se limitó a callarse y darlo un trago a su copa. No se fiaba de los desconocidos, y menos en una situación tan inhóspita como aquella. Cuando el bardo les ofreció un bello colgante como anticipo de su pago, B se lo guardó en el bolsillo sin apenas observalo. Otra muestra de su desconfianza, ¿o es que esperaba que se lo pusiera en el cuello? Si tenía alguna habilidad mágica que podía afectarle a traición, no iba a caer en la trampa.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Vaas el Vie Feb 24, 2012 8:31 pm

Otra vez en una de esas odiadas tabernas pérdidas de la mano de los dioses. Había cogido cierto desprecio a estos lugares por varios motivos: uno, solían estar abarrotados de hombres borrachos e impertinentes que no la dejaban descansar de sus menesteres y segundo, siempre que iba algo malo la sucedía. En realidad no era algo malo, más bien era que siempre que llegaba a una, se topaba con un hombre que buscaba acompañantes para una aventura o similares. No las aceptaría, a no ser por la gran recompensa que solían ofrecer o los conocimientos a los cuales aspiraba su contratante. Situaciones por las cuales solía correr peligro su vida. Por estas razones, esos lugares poca seguridad la inspiraran. Así que si había acabado en una, era solo para poder descansar unas horas y volver a sus andanzas en busca de conocimientos por toda Noreth.

Se levantó de la cama con gran parsimonia, mientras con los pies intentaba alcanzar las botas y comenzaba a vestirse aún con los ojos medio cerrados. Era la primera vez que dormía tan bien y en una cama decente y con un buen desayuno sobre la mesa. Había merecido la pena ganar los pocos skulls que le quedaban. Y ahora, como siempre, se había quedado sin dinero. No era algo que la molestase mucho, ya que en cualquier momento podría sacar a sus demonios contra un mercader ambulantes y conseguir sus posesiones. No obstante, hacía ya dos días que había hecho eso y suponía que los guardias estarían más vigilantes. Eso era un verdadero contratiempo. Sin dinero no podría volver a descansar en una taberna como aquella y tendría que dormir en el suelo de un bosque. Aunque poco le importase aquello, debido a que había crecido en los bosques, una vez acostumbrada a la comodidad no quería volver a tener que dejarse la espalda o limpiarse la ropa y el pelo de tierra.

No, definitivamente aquello no era para ella. Una vez acabado su desayuno (una manzana con una copa llena de agua y unas cuantas galletas) bajó a la sala de estar. Debía de buscar un nuevo trabajo que le pagase su estadía en posadas o tabernas durante unas semanas, hasta encontrar otro trabajo. Soltó un sonoro suspiro de desagrado y pesadez, a la vez que se encaminaba a la puerta. Pero en esos instantes, escuchó como unos hombres hablaban sobre un bardo que iba a contar una famosa leyenda en ese lugar y buscaba participantes para la aventura que estaba relacionada con esa leyenda. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la bruja, parecía que sus plegarias habían sido escuchadas. Se giro lentamente mientras buscaba con la mirada al hombre que buscaba acompañantes. Enseguida lo encontró sin mucha dificultad, ya que se encontraba rodeado de desconocidos.

Llegó en el momento justo para escuchar la historia. Se sentó al lado derecho del bardo, mientras con las manos jugaba con la copa de vino que les habían servido a todos los presentes a la vez que escuchaban su historia. No pudo evitar extrañarse en ver un feérico entre ellos. Velanna sentía cierto respeto por ellos, debido a su gran poder mágico y su unión con la naturaleza pese a lo frágiles que podían parecer. Siguió recorriendo con la mirada a los presentes, pudo ver otra mujer de aspecto exuberante junto con un hombre vestido con colores llamativos y con un gorro acabado en punta de color amarillo. Y por último, un hombre enmascarado de aspecto frío y distante.

Una vez acabada la historia, comenzaron las presentaciones. Rodó los ojos mientras soltaba otro suspiro. Cuando le tocó dejó la copa sobre la mesa y recostándose sobre la silla, empezó a hablar:

- Me llamo Velanna y se me da bien la magia. Ya sabes, hacer saltar cosas y hacerlas aparecer. Viene bien para entretener niños en fiestas de hombres ricos o para sacar dinero en las fiestas. –No les iba a contar a que rama se especializaba, no en ese lugar. Sabía que podrían haber guardias buscándola o templarios y lo último que quería en estos momentos era combatir contra alguien sin haber hecho la digestión antes. – Y mi propósito en esta vida es tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro de recetas –en su voz se podía notar la burla y la ironía; no iba a contar a unos desconocidos su vida.

El bardo la pillo desprevenida al sacar los colgantes. Con un pequeño gesto de asombro, cogió el suyo y comenzó a juguetear con él y observar sus detalles. Pese a lo poco que sabía de objetos valiosos como aquel, conocía su alto valor y lo mucho que tendrían que haberse gastado en él. Su contratante era un hombre rico y si eso solo era un adelanto, ya se podía ir preparando para dejar de trabajar durante unos meses e incluso unos años. Una vez acabada la inspección, dejó el colgante en su bandolera y se levantó de la silla mientras cogía su bastón del suelo y se lo ataba a su espalda para que no la molestase.

- ¿Cómo sabéis que es tan cierta la leyenda? Sería muy arriesgado ir a las tantas. Por lo que supongo que ya tendréis que saber su paradero.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Naessé el Vie Feb 24, 2012 11:41 pm

Astor permaneció un tiempo prudencial estudiando a los aventureros que, de manera impulsiva, se habían apuntado a la misiva que entre manos se fraguaba. Por un lado había una majestuosa mujer de cabellos rojizos, una preciosidad que respondía al nombre de Veronika. Sus ojos verdes brillaban con la luz de los candiles y si no estuviera allí por “negocios” no habría dudado en cantarle un soneto especial para damas, aunque sus “amigas”, entiéndase la daga, cuchillas y gladius no eran precisamente de su devoción, y tomó buena nota mental de no disgustarla, o al menos, hacerlo a distancia.

- Celebro que gustéis el vino, lo considero un brebaje revitalizante, incluso tanto o más que un buen caldo caliente en un día de invierno… - respondió a la muchacha dedicándole su mejor sonrisa, sin saber que aquella mujer era amiga e hija de personajes en extremo conocidos por las tabernas que frecuentaba, de lo contrario varias propuestas podría llegar a plantearle en un futuro algo más lejano -… ¡¡¡Oh la Aguja de Tyrian!!!..., un lugar magistral, intento ir siempre por allí una vez al año, ni te imaginas la de historias que corren por aquellos lares…, bueno seguro que te lo imaginas, pero son todas tan fascinantes… - se le notaba al bardo que disfrutaba de su profesión

Naessé por su parte quedó prendida de la humana que le sonreía de aquella manera tan simpática y, descaradamente, le correspondió con una amplia sonrisa mientras la escuchaba hablar y una de sus palabras se le quedó grabada en la mente: “Néctar”. Por lo visto la bebida que estaba dentro del vaso era como el néctar y, en su desconocimiento, decidió que era muy buena idea paladear aquel manjar, casi lamentaba que su luciérnaga Shadow estuviera fuera y no pudiera probarla.

Leksirel era otro de los aventureros dispuesto a acompañarlos. A Astor le resultó interesante que su raza fuera élfica, ya que cuantos más personajes distintos se unieran más posibilidades de éxito podrían tener. Lo realmente sorprendente fue ver cómo un elfo engullía el vino como si de un enano se tratara, no en formas por supuesto, pero sí en cantidades, una jarra entera no era poca cosa. Así que probablemente la criatura de puntiagudas orejas sentiría un cierto calor y achispamiento dignos de mencionar, aunque lo realmente divertido sería que se arrancara a contar chistes o bailar a ritmo de laúd sobre la mesa de la taberna. Un acto así no tendría desperdicio.

- Vaya, riquezas y poder no han de faltar en esta aventura, amigo… - le dijo el bardo a Leksirel, haciéndole una leve inclinación de cabeza cuando el elfo le agradeció el colgante regalado - … es vuestro por el peligro que pueda conllevar la misiva, que estimo será elevada, aunque para un mago nigromante quizás mis temores sean sólo nimiedades… - le dijo con cierto grado de admiración.

El hada se encontraba en el borde de su vaso con un único pensamiento en la cabeza. “Es dulce como el néctar”, “es dulce como el néctar”, “es dulce como el néctar”…. Pero por más que se estiraba para meter la mano y probar el rojo brebaje, no era capaz de llegar hasta tan preciado líquido, pero al menos interés no le faltaba. “Quien la sigue la consigue” se dijo a sí misma.

¿Y qué decir sobre B? Ese personaje sin duda dejaba a Astor con un montón de ideas en la cabeza y ninguna de impasibilidad precisamente. Si tuviera confianza con él, o si al menos diera gestos de buen humor le haría alguna broma como “¿Mataron a tu madre durante tu bautismo?, es porque quizás quiso llamarte Bruno y se quedó en la B” Menos mal que el bardo había aprendido en las tabernas a ser prudente, pues por mucho menos habían amanecido algunos conocidos suyos en el fondo de algún profundo y caudaloso río, así que no hizo comentario sobre su escueto nombre, más que nada para asegurar su preciada salud.

Le resultaba particularmente interesante que su rostro permaneciera oculto, le gustaba mucho aquel gesto, ya que cuando narrase su leyenda, en un futuro quizás no muy lejano, tendría un éxito arrollador, ya que las historias de enmascarados estaban tan solicitadas como catres en los burdeles.

Astor era un hombre particularmente observador, ya que para un bardo esa habilidad era base importante para la supervivencia, y se percató que B no se puso el colgante como hicieron los demás, con excepción del hada si no quería romperse el pescuezo. Podría pensar que era desconfiado aquel enmascarado, pero sin embargo bebió de su vino sin rechistar, sin saber qué tipo de hierbas podría haber añadido, además existían hechizos que afectaban a los individuos tras la ingesta de bebidas. No parecía desconfiado, quizás algo ingrato en todo caso, siquiera le dio las gracias por el colgante, no eran necesarias pero habría sido un gesto tan elegante...

- Siempre es bienvenido un buen guerrero en el grupo ….- le dijo a B de buenas maneras, aunque en su fuero interno se repetía a sí mismo que aquel humano no le gustaba, quizás su voz grave, quizás la máscara, quizás el que fuese tan parco en palabras… Y tantos quizás no podían estar equivocados.

¡¡Y por fin Naessé consiguió meter la mano dentro del vino!! Estaba con la mano y el pie derecho enganchada en el borde del vaso, la mano izquierda metida en el líquido, el pie izquierdo colgando y resbalando por la superficie interior del recipiente y las alas moviéndose graciosamente para guardar el equilibrio. El culito del hada quedaba totalmente expuesto y descubierto de ropa, pero ella no tenía sentido del pudor, así que se movía balanceándose de un lado a otro mientras mojaba la mano en el vino y chupaba los dedos.

Astor creía estar en el paraíso, la última aventurera que se presentaba era otra preciosidad, pero ésta tenía cabellos morenos y ojos felinos. Iba a tener serios problemas de concentración cuando comenzara su viaje e incluso llegó a plantearse cómo reaccionaría su entrepierna en el despertar de la mañana con la pelirroja y la morena cerca, toda una tentación. Una lástima que el hada fuera tan pequeñita, si no su satisfacción sería triplemente recompensada.

Lo mejor de Velanna dejó de ser su físico cuando de manera ingeniosa explicó sus habilidades y propósitos. Astor adoraba los juegos de palabras y la dama sin duda tenía morbo desde todos los puntos de vista posibles. Entendió rápidamente que la muchacha era hábil con las manos y por tanto debía ser buena observadora, ya que “hacer desaparecer cosas” eran habilidades que requerían delicadeza y pericia, de lo contrario terminabas enjaulado, por experiencia lo sabía.

- Sobre tus propósitos en la vida puedo ayudarte con dos de ellos…., el tercero es algo más complicado, no sé cocinar… - dijo sonriendo, no pudo evitarlo, quería haberse callado el comentario pero era demasiado tentador como para dejarlo pasar.

Todos parecían interesados en saber si la leyenda era o no cierta, así que decidió soltar algo más de información.

- Todas las leyendas tienen buena parte de realidad y normalmente, algunos adornos de ficción…. – comentó bebiendo de su copa, la cual contenía una zarzaparrilla suave -… hace unos años llegó a mis oídos la historia de Saoní Kabyek, de alguien que la conoció precisamente… - dijo sin entrar en detalles - … por tanto la muchacha existe y tal como me dijeron, fue hechizada y castigada a vivir dentro de una habitación sin puertas, comunicándose con el exterior tan solo a través de un espejo. Por lo visto Saoní tenía amigos dentro de la servidumbre de su hogar, y fue una criada precisamente, quien escuchó una conversación por parte de su marido, ese hechicero pendenciero, y donde se decía que jamás podría salir por el espejo que la retenía sin las tres llaves de Eón.

Miró a los aventureros y al comprender que esa historia no era muy sonada, decidió explicarla.

- Se dice que habían tres dioses al inicio de los tiempos, uno de ellos lo era del fuego, otro del viento y otro de tierra, cada uno de ellos era llamado Eón pues pertenecen a un período de tiempo anterior a los otros muchos dioses de los que hoy día se habla. Eón de Tierra fue el creador de la naturaleza, los lugares que habitamos. Eón de Fuego era el señor de los abismos infernales, dirigente del fuego eterno y Eón de viento era el dios del fluir de la esencia que dota de vida a las criaturas. Los tres eones se congregaron para crear una compañera, una diosa que recibió el nombre de Eón de Agua y la amaron profundamente, tanto que ninguno podía estar con ella a solas sin que los otros la acompañaran. Los tres querían velarla y sin los tres, Eón de Agua no tendría sentido.

Se percató que el hada le prestaba poca atención, pero decidió seguir con su historia en versión reducida.

- Mirad…, se dice que las llaves de Eón se obtienen en los distintos mundos de cada uno de los dioses…, es decir…, la llave de Eón de Tierra está en el lugar donde el dios decidió morar, y en este caso, esa llave está en el interior de las minas Nos, según me informaron hace no demasiado tiempo… Si queremos liberar a la dama Saoní tendremos que conseguir las tres llaves, tierra, fuego y viento y sólo así llegar hasta el agua o el espejo…, o…. puffff…., bueno digamos que existen algunos hilos sueltos todavía y tengo pajaritos recabando para mí algunas informaciones extra… Ahora me diréis… ¿Cómo de fiable es esta leyenda?..., pues como todas…, una parte de verdad y quizás otra de ficción…, yo aún no he conocido a ningún dios… - bromeó.

Finalmente sucedió lo inevitable. Naessé tras haber bebido buena parte del vino dijo unas breves palabras justo antes de caer en el interior del vaso.

-No has probado… hip…, el…hip…, néctar en tu vida…. - comentó a la pelirroja sin parar de reír e hipar, una combinación común en las tabernas.

El bardo volcó el vaso de vino en la mesa para evitar que el hada pereciera de manera tan poco estoica, derramando todo el contenido por doquier y con cara de circunstancias se planteó para qué podía servir un ser tan minúsculo y en este caso, torpe.

- Bueno…., viendo lo alegre que está el personal…. – miró al hada directamente - … creo que lo mejor es pasar la noche aquí y salir por la mañana temprano hacia las montañas, debemos encaminarnos hacia los raíles de extracción de mineral, me han dicho que hay vagones en la entrada…. No cabe decir que harán falta linternas de aceite, candiles o antorchas… – decidió comunicar por si alguien olvidaba lo “obvio” y tras esto tomó su laúd y entonó suaves acordes para ambientar la estancia, por él el día estaba finalizado.

Naessé por su parte quedó tendida sobre la mesa, totalmente mojada y durmiendo la mona a pierna suelta, cualquiera que deseara su colgante podría quitárselo sin problemas.

El día siguiente estaría lleno de aventuras, el grupo si se animaba a seguir adelante comenzaría su pasear por un sendero que le llevaría a la falda de una montaña, el camino estaría completamente despejado, al menos hasta la entrada del interior de las minas donde un cartel escrito en idioma enano les daría la bienvenida. Los raíles y vagones estaban abandonados y un ruido muy reconocible llama la atención de los viajeros, el de arcos tensándose.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Leksirel el Lun Feb 27, 2012 7:03 pm

Leksirel estaba asombrado por la belleza de las damas y se quedó unos segundos observándolas y al acabar se quedó mirando a B debido a que al pasar este por la puerta Leksirel había sentido como un aura oscura alrededor de este, además se comportaba de un modo extraño, como por ejemplo no se quitaba la máscara o también que no había mirado el collar ni se lo había puesto, Leksirel pensó que podía hacerlo porque no conocía a nadie y era comprensible.

Leksirel al pensar esto decidió que alo mejor B tenía razón ya que no conocíamos a nadie solo a Astor que era el que les había encargado la misión, pero como sabía Leksirel que ese Astor era de fiar ya que no sabíamos nada de él solo que era un bardo, podría ser un asesino y estar llevándonos a una trampa o aún peor a una muerte segura, al pensar esto Leksirel se quedó mirando a Astor intentando averiguar alguna característica o algo distintivo en él que dijese como es pero nada, al estar un rato mirándolo pensó que no podía ser malo ya que nos estaba acompañando, nos había invitado a vino y nos había regalado unos collares estaba pensando eso cuando de pronto el bardo empezó a contar la historia la cual era la causa por la que íbamos a hacer esa misión y al escuchar hablar al bardo decidió prestarle toda su atención.

Durante la historia Leksirel desvió la mirada unos segundos de Astor para observar como la pequeña hada intentaba beber de vaso y después siguió prestándole toda su atención a Astor hasta que acabó de contar la historia.

Leksirel cuando acabó de contar la historia dijo:

-Yo estoy con Astor mejor esperar a mañana para ir a la mina-

Dicho esto Leksirel cansado y con dolor de cabeza debido al vino decidió irse a dormir, pero primero cogió su arco y su carcaj de 20 flechas seguido del bastón y se alejó dándole la espalda a la mesa en dirección a la barra., pero cuando estaba de camino se paró en seco y dijo:

-Buenas noches a todos me voy a acostar mañana nos vemos-

Cuando llegó a la barra le preguntó al camarero si tenía alguna habitación gratuita y libre y respondió que en la buhardilla podía dormir, Leksirel aceptó siguió al dueño hasta la puerta de la buhardilla y cuando éste cerró la puerta Leksirel se dejó caer sobre un motón de paja que había en el suelo y sobre el cuál se quedó dormido en pocos segundos.

A la mañana siguiente decidió salir de la taberna y encaminarse por el sendero hasta llegar a una falda de la montaña, después entró en las minas cuando de pronto se encontró con un cartel delante de sus narices seguido por el sonido de unos arcos tensándosen.

Leksirel al creer que los sonidos de los arcos venían de todos lados decidió tirarse al suelo.


Última edición por Leksirel el Mar Feb 28, 2012 12:56 pm, editado 1 vez
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Re: La dama del espejo

Mensaje por B el Lun Feb 27, 2012 9:50 pm

Spoiler:
Puede que este post sea un poco desagradable. Contiene alguna desmembración algo...hostil

Curioso, de todos sus aliados, B y el elfo llamado Leksirel eran los únicos hombres. Dato irrelevante en realidad, pues el torturador había visto mujeres increíblemente poderosas. Especial atención le llamaron Velanna y Veronika, dos mujeres de curvas muy bellas. Aunque su vida se centraba en equilibrar la balanza de la justicia y la defensa de los inocentes, de vez en cuando podía permitirse pasar una agradable noche con una mujer, pero lo cierto es que hacía ya un tiempo que no lo hacía. Cortejar nunca se le había dado demasiado bien y últimamente tenía demasiados problemas en la cabeza como para plantearse ir a un burdel a desahogarse. Una cálida compañía femenina siempre es necesaria para aliviar heridas de batalla, incluso para B, el cual en ocasiones puede aparentar carecer sentimientos. Sin embargo, seguramente tenga más sentimientos que cualquier de los allí presentes.

B se sentía más seguro sabiendo que iba a enfrentarse junto a un hada. Había visto a muchas razas dominar la magia, pero siempre había de todo. Sin embargo, nunca había visto a ningún feérico al que se le diera mal. Seguro que alguno debería haber, pero eso no significaba que los pequeños halados no tuvieran una conexión con la magia digna de reconocimiento. Por eso mismo, el enmascarado los respetaba y agradaba tener uno a su lado en el momento de entablar combate. Leksirel, el elfo, sin embargo, no le agradaba tanto. Era un nigromante, y el enmascarado no había tenido buenas experiencias con ellos. Un alma que controla los muertos, normalmente es un alma corrompida, ese tipo de almas que deben ser torturadas hasta que sus gritos de dolor angustiado anuncien que ya es momento de asesinarlos. Había muchos magos en el grupo. Bien, los magos son útiles cubriendo las espaldas a los guerreros. Seguro que formarían un buen grupo.

El bardo se permitió el detalle de explicar más cosas sobre todo aquél asunto. Algo que era de agradecer, pues B hasta ahora sabía bien poco. Lo único que conocía era de la existencia de una dama encerrada por un hechizero. Gracias a las palabras del bardo, pudo averiguar cómo era la historia en su versión extendida. Seguidamente, el enmascarado recibió una grata sorpresa cuando Astor habló de un antiguo Dios de fuego. Un Dios cuya llave debían de adjudicarse si querían cumplir misión que estaban dispuestos a comenzar. Hasta ahora, liberar a una dama inocente, poder acabar con un mago tenebroso y además recibir una recompensa por ello, le había parecido una gran opción. No obstante, la posibilidad de ir a un templo donde un gran Dios de fuego decidió morar…era excitante. Algo así podía devolverle la capacidad de crear el fuego. Quizás aquél Dios le volvría a convertir en un mago. No tenía ninguna comprobación a la que atenerse, pero aunque mínima, la simple posibilidad de que ocurriera le atraía enormemente. Fuera como fuese, lo que debía hacer era ir al templo y averiguarlo. Ahora, junto a sus otros objetivos, se sumaba el visitar al Eón de fuego.

Mañana nos vemos –dijo B cuando el bardo anunció su idea de antes y partir mañana –Voy a dar una vuelta por la ciudad –se levantó de la silla –si veis una araña grande y granate no os preocupéis, vine conmigo. No os hará nada. Gracias por el vino y el adelanto –agradeció inclinándole la cabeza brevemente al bardo. Ante todo, B era un chico educado.

Se encaminó hacia la barra, pidió unas patatas para cenar, se las guardó en una bolsa de tela y salió del establecimento.
¿Cómo ha ido? –le preguntó Shiksa a su reencuentro en la puerta.
Lo he encontrado. Parece decir la verdad, pero eso no es lo mejor de todo. Ha hablado acerca de ir al lugar donde mora un antiguo Dios de fuego
Interesante…¿Crees que allí averiguarás como recuperar tu priomancia?
Tendremos que averiguarlo ¿no? –respondió, a la par que comenzaba a pasear mientras charlaba con su mascota, alejándose cada vez más de la taberna.
¿Y el mago?
Según he entendido, antes debemos visitar dos templos más aparte del de fuego. Tenemos que conseguir tres llaves para liberar a la doncella. Supongo que en ese momento podremos acabar con el mago
Cuánto trabajo…¿iremos acompañados?
Hay un elfo, un hada y dos mujeres, a parte del bardo. Hay bastantes magos entre ellos
La magia es un buen aliado, y ya que tú no puedes utilizarla...¡por cierto! ¿A dónde vamos? –preguntó la araña, visto que estaban andando mientras hablaban si ningún destino aparante.
El bardo ha dicho que saldremos mañana. Esta noche dormiremos aquí
¿Y ahora qué haremos?
Esta noche saldré de caza. ¿Me acompañas? Aún no he empezado mi cena para esperarte a que consigamos algo para ti
¡Muy amable por tu parte! Claro que te acompañaré. Recuerda, Ishina me ordenó no separarme de ti
Nunca he estado en esta ciudad ¿habrá muchos delincuentes? –preguntó mirando a los alrededores
Yo tampoco, pero delincuentes hay en todos los sitios, no te preocupes
Preferiría que no hubiera –sentenció el enmascarado.
Entonces yo no podría comer –bromeó.
No bromees con estas cosas Shiksa. Cada día miles de personas inocentes son asesinados por algún delincuente barato. No hay nada que les proteja excepto unos guardias negligentes. No hay justicia.

Sendos aventureros siguieron charlando mientras daban una pequeña vuelta a los alrededores, a modo de reconocimiento. Pasadas un par de horas y entrada ya la plena oscuridad de la noche, se subieron al tejado de una casa vacía. Desde allí, fueron caminando por los tejados contiguos, observando el suelo en silencio a la espera de la hora de actuar. Pasado un rato sin signos de violencia por las calles, bajaron nuevamente al nivel del suelo. Paseando entre la oscuridad estuvieron otra hora, pero seguían sin encontrar nada. En la calle únicamente había borrachos, humildes civiles practicando un paseo nocturno o algún adolescente aprovechando su potencia sexual. Aparentemente, ni rastro de algún delincuente. Sin duda esa ciudad no era como Malik-Thalish, pero en algún momento de la noche algo debía de pasar. En todas las ciudades hay chusma.

Unos gritos se oyeron cerca. B y Shiksa miraron en la dirección donde parecían provenir, pero no podían ver nada. Había sólo una pared. Más gritos se oyeron, y esta vez no pararon. Eran agudos, de una mujer que clamaba socorro desesperadamente. La inesperada petición de ayuda se oía con cierto aislamiento, lo que quería decir que estaba en una de las casas que tenían allí enfrente. Únicamente de una de ellas salía luz por uno de sus ventanales. Desde abajo no conseguían ver nada, así que echaron la puerta abajo con un efectivo empujón y entraron apresuradamente.

Los gritos crecían. Sin lugar a dudas, provenían de allí. A pocos metros de la entrada, una escalera conducía al piso superior, donde los gritos de pánico se oían con más virulencia. Bajo éstas, había un niño rubio de poco más de seis años, que lloraba a moco tendido. Sus pequeñas manitas intentaban secarse las lágrimas, a pesar de que él mismo sabía que volverían a salir más. Sus dientes diminutos se quedaron congelados, junto a su semblante, al ver a los extraños que acababan de allanar en su casa. Presa del miedo, echó correr hacia otra habitación, pero su huida quedó detenida por una telaraña que le pegó los pies, impidiéndoles moverlos con naturalidad y haciéndole caer de boca.
Bien visto. Quédate con él, que no le pasa nada –dijo el torturador antes de atravesar apresuradamente las escaleras.
El sonido de los gritos le condujo hasta una de las habitaciones, suspendida en la oscuridad. La poca visibilidad que había le permitió ver a dos personas. Uno de ellos, un hombre, estaba violando a la mujer que producía los gritos, penetrándola duramente mientras la sujetaba con sus dos brazos. Una patada del enmascarado en toda la boca le separó de la hembra.
Baja abajo con tu hijo. Yo me encargo de él –ordenó con gravedad. La mujer, sorprendida, no conseguía entender si la aparición del enmascarado era buena o mala para ella. Al lado de la frialdad del torturador, el violador parecía un niño pequeño. La madre se fue y ambos se quedaron solos.

El hombre intentó reincorporarse, pero sus pantalones bajados hicieron que tropezara y volviera a caer torpemente. El enmascarado se encaminó a él andando, con total tranquilidad. Con un fugaz movimiento, desenvainó el cuchillo de su antebrazo izquierdo y le cortó la parte noble al violador de un sólo tajo, haciéndole gritar de dolor mucho más de lo que la hembra había hecho. Mientras el maleante miraba su pene sangrando en el suelo, entrando aún más en pánico, B atravesó su brazo con su cuchillo, haciendo que quedara incrustado en la pared y le inmovilizase. En ese instante, la araña entró en la habitación.
¿Y la mujer?
Está abajo, con su hijo. Los he atado a la pared, iban a huir y no parecían estar dispuestos a que les contase porqué una araña y un enmascarado habían entrado en su casa con intención de salvarles
Buen trabajo. Átame a éste, lo haré aquí. –le dio la vuelta al violador, dejándole arrodillado de cara a la pared.
¡Uggh! –exclamó la araña al ver que al violador le faltaba una parte importante de su cuerpo. Lanzó su pegajosa telaraña y el hombre quedo pegado a la pared, con el culo apuntándoles. Shiksa se alejó a un rincón de la habitación y se quedó mirando, como si fuera el público expectante de la actuación de B.

Ahora vas a ser torturado y asesinado por ser un violador –el enmascarado guardó su cuchillo en el antebrazo y desenvainó su katana, con la que le cortó ambas piernas a su víctima por la altura de las rodillas. El olor a carme quemada junto a un pequeño chirrido característico de la cauterización, tuvieron lugar al producirse contacto entre la katana de B y las piernas del violador –Se me ha ocurrido una tortura muy dolorsa. Es especial para ti –le anunció, a pesar de que probablemente lo único que él podía oír eran sus propios gritos, ahogados por la telaraña que actuaba como mordaza. Entonces envainó su katana y sacó su cuchillo de hoja aserrada. Muy poco a poco, lo introdujo en su trasero. El cuchillo desgarraba los órganos con los que se topaba. Al enmascarado le costó mucho introducir completamente el cuchillo en el cuerpo de su víctima, incluso tuvo que ayudarse de ambas manos. Cuando terminó, ya había muerto. Con rapidez, bajaron a soltar al niño y a su madre antes de desaparecer de la escena del crimen. Si la madre era sensata y ataba hilos, no les diría a los guardias quién entró a matar a su violador.

Al no tener ningún cadáver del que alimentarse, la araña tuvo que conformarse con compartir las patatas de su compañero, a pesar de que no le gustaban demasiado. Al llegar a la taberna, no había casi ningún alma despierta. El enmascarado pidió una habitación, entró junto a su araña (que había encogido hasta su forma pequeña, en la que medía 50 cm) y ambos durmieron plácidamente hasta el día siguiente.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Invitado el Mar Feb 28, 2012 6:12 pm

Cuando llegaron todos los participantes, la compañía resultó, por lo menos extravagante. La joven comandante, obligada a guardar silencio por respeto a sus compañeros, exploraba los surcos de la mesa con dedos hábiles y raudos. El primero en llegar fue un mago, y esto Veronika lo supo en primer momento. Pero, estimados lectores, debo advertirles que la muchacha nada tenía que ver con la clarividencia, y que incluso un niño podría haberse dado cuenta. Esto se debe a que no todas las personas en Noreth usaban largas túnicas, y si bien no todos los magos lo hacían, esta era su ropa tradicional.
Leksirel –ese era el nombre del mago- parecía joven, incluso para ser un elfo. No tenía la apariencia flacucha y débil que Veronika había encontrado en otros magos de su raza. Más bien todo lo contrario, le recordaba aquellos taumaturgos del ejército pacificador del pueblo de Malik Thalish, que caminaban junto a los soldados en la primera fila, usando sus peculiares facultades junto a las armas que cualquier otro podía empuñar. Cuando el mago tomó asiento, Veronika dejó de tamborilear la mesa con sus uñas, atenta a lo que tenía que decir. Cabe destacar que la atención que le prestó a Leriksel, fue ínfima a comparación que la que procuró al siguiente miembro del grupo.

Cuando B hizo acto de presencia en la posada, el silencio que creó su sola presencia impresionó a la joven comandante. Esto será interesante, se encontró pensando mientras el hombre se acercaba a la mesa. Katana a la vista, túnica negra, una máscara a través de la cual solo se podían ver unos ojos rasgados. ¿Serían los de un mhare, o los de un asesino? Haciendo un empeño considerable, Veronika se obligó a no mirarlo más tiempo que el que dedicaría a cualquier persona normal. Ese hombre no lo era, su semblante era mejor presentación que aquellas pocas palabras que pronunció a la compañía. Velanna, la última persona en llegar, era diferente a sus dos antecesores pero por extraño que parezca, tenía un poco de cada uno. Velanna tenía unos ojos muy particulares, que a Veronika se le antojaron muy parecidos a los de un felino. Estaba rodeada de misterio, sin embargo no provocaba el miedo de la misma manera que lo hacía B, tan abiertamente. Su mueca también era diferente a la del guerrero de la katana, esto se advertía a pesar de la máscara de este último. Lo que había en los ojos de Velanna era indiferencia a su entorno.

Cuando el grupo se hubo preparado, Astor pasó a esclarecer un poco más la historia de Saoní. Veronika, completamente interesada en la muchacha que, por desgracia del destino y crueldad de su esposo había quedado atrapada, se acomodó más cerca de la mesa hasta que pudo sustentarse sobre la mesa. ¡Si hasta había dioses involucrados! Mientras el bardo cumplía con su tarea, la joven tomó los últimos tragos de su vino. Por lo que pudo ver cuando espió de soslayo a Naessé, la bebida le había caído mejor que a la feérica. Al verla tan invulnerable tendida sobre la mesa, algunas preguntas vinieron a su mente curiosa. ¿De qué se alimentarían los feéricos? ¿dónde vivirían? ¿serían tan longevos como los elfos, o vivirían menos años que los humanos? Moría por hacer todas esas preguntas juntas, pero no se animó. Además, ese no era el momento, dudaba que la pequeña lograse entender cualquier palabra que pudiera decirle.

Ante la decisión del grupo de partir al día siguiente, la comandante no pudo reprimir su decepción: — Oh, ¿de veras?— preguntó desilusionada— esperaba partir ahora mismo, la noche está hermosa— explicó poniéndose en pie, apoyada en la mesa por precaución. No había mentido cuando dijo que había probado muchos vinos, sin embargo nunca había pasado más de unos sorbos. — Yo también me voy, hasta mañana Astor, adiós Velanna.

Desperezándose con la misma serenidad que lo haría en el silencio de su habitación, se encaminó afuera de la taberna. Allí encontró a Dana, su yegua adorada, un robusto animal de color blanco y crines plateados con quién había creado un vínculo único. Dana había sido elegida en el establo de la academia militar de Malik Thalish por Veronika, y desde entonces eran inseparables. Allí donde iba la comandante, estaba su yegua, ambas disfrutaban de la compañía de la otra y Dana además ganaba alguna que otra zanahoria. Esa noche la joven no pasó mucho tiempo junto al animal, pues tenía sueño, sin embargo le dio algunas de sus hortalizas favoritas antes de volver adentro. Esquivando las miradas de los beodos congregados en la posada, recordó el frágil estado en que había quedado Naessé, y tomando un poco de valor volvió a la mesa para tomar tiernamente a Naessé con una mano. Con la otra, guardó el colgante de la feérica en su mochila.

— Temo que alguien intente hacerle daño— explicó brevemente, antes de despedirse otra vez.

Al entrar en la habitación donde se había hospedado los días anteriores, se sacó de la mochila una chaquetilla que guardaba cierto parecido a la que llevaba puesta. La moldeó un poco sobre la mesa de noche antes de depositar a la pequeña feérica. Acto seguido, buscó el colgante que había tomado abajo y lo dejó cerca de su nueva dueña. Veronika podía tener algunos errores, pero nunca se quedaría con algo ajeno. Una vez se hubo dedicado a su compañera, abrió la cama. A pesar de lo que había dicho al grupo, comenzaba a sospechar que de haber salido por la noche, hubiera llegado dormida a las minas. Presa de un repentino sueño, volvió a desvestirse. Como siempre, insistió en ponerse una de sus cintas en la pierna antes de acostarse. Cuando estuvo a punto de dormir, pensando en la historia que Astor había contado acerca de los Eones, y de sus respectivas llaves, un pensamiento cruzó su mente: B. Sin pensarlo dos veces, volvió a ponerse de pie. Cerró la puerta con llave, movió el picaporte para saber si había quedado asegurada y luego dejó la llave cerca de Naessé.

Con la conciencia tranquila, una enorme sonrisa de satisfacción, y los miembros adormecidos, se arrojó a los brazos de los dioses hasta que su alma por la mañana volviese por su cuerpo una vez más.
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Re: La dama del espejo

Mensaje por Vaas el Mar Feb 28, 2012 7:59 pm

Pudo notar las miradas lujuriosas del bardo Astor a la mujer que se hacía llamar Veronika. No sabía si ella se estaba dando también cuenta, pero decidió no decir nada al respecto. Era su contratante y si tenía más amuletos como esos, lo mejor sería no crear discusiones hasta el final. Volvió a coger el vaso de vino y dio otro pequeño sorbo. Pocas veces había tomado vino, debido a que los licores u otras bebidas espirituosas no eran de su agrado. No obstante, aquella sí que era de su agrado. De sabor dulzón y tacto suave, al igual que su aroma. Seguramente era uno de los mejores vinos de la taberna, puesto que de ese tipo de bebidas pocas veces eran servidos a los clientes normales. Astor tenía que tener dinero, mucho dinero. Pero si era cierta la leyenda, ganaría mucho dinero y tal vez poder de ese viejo hechicero de la historia.

Entonces se dio cuenta de que había accedido a ir a otra aventura, en una taberna. Sí, ya no podía negarlo aquellos lugares atraían aventuras o peligros. ¿Pero qué podía hacer ella, sí necesitaba dinero y su cuerpo le pedía algo de marcha para animarse? Suponía que eso era inevitable para poder conseguir más poder y riquezas. En su mente podía escuchar como la lilim Moira se reía de ella y de la ironía de la situación.

- Parece que vuelves a llevarnos a una aventura con pocas posibilidades de vuelta. Espero que me des algo a cambio por tantos peligros, ya sabes, una orgía o algo por ese estilo.

- No te voy a dar nada y da gracias de que te haya dejado a solas con el mercader del camino, antes de llegar aquí. Aunque gracias a eso, supongo que varios guardias andarán detrás nuestra o incluso, algunos templarios. Hemos llamado demasiado la atención.

- Vamos, no te preocupes tanto Velanna. Jamás nos encontrarán y si llega el caso, bueno, pues ahora tenemos a más acompañantes con nosotros y que se entretengan con ellos mientras nosotros salimos por patas.

La bruja no respondió, pero sí que siguió mirando a sus acompañantes de aventura. El que más la llamaba la atención era el enmascarado que se hacía llamar B. Por su frialdad y los pocos datos que daba sobre sí mismo, apenas podía imaginarse algo de él. Y eso era lo que más intriga le producía, no poder ver que se escondía detrás de esa máscara y las expresiones que hacía. Muchas veces con los gestos podía ver las verdaderas intenciones de los que la rodeaban. Volvió la mirada a la jarra de vino, que enseguida se vació por el elfo que en esos momentos parecía más un enano por su forma de beber. No pudo evitar expresar una muestra de desprecio al ver a la velocidad en que lo bebía. Un vino como aquel era mejor saborearlo lentamente y sin prisas.

- Alguien dormirá de un tirón hoy –volvió a escuchar la voz de Moira en su cabeza, pero esta vez no pudo evitar soltar una pequeña risa ante el comentario. Cualquiera que la viese en esos momentos asintiendo con la cabeza, pensaría que estaba manteniendo una conversación sola a causa de del vino. Algo bastante lejos de la realidad.

En ese momento, pudo notar como Astor acababa de hablar con el desconocido B y ponía sus ojos en ella. Notó como su mirada la recorría de arriba abajo, rodó los ojos con cierta pesadez e intentando evitar averiguar lo que estaba pensando el bardo sobre ella. Por experiencia, sabía que aquellas miradas no eran precisamente inocentes. Si el bardo quería desahogarse con alguien, le dejaría la próxima noche con Moira a solas pero con la condición de que ella lo dejara vivo. No quería perderse una aventura como esa. De nuevo en su cabeza, pudo escuchar como la lilim decía que sí y lo mucho que la amaría si la dejaba salir. Pero Velanna le dijo que no, al menos ese día, quería salir de aquella taberna llena de ojos y rostros desconocidos. Demasiada gente había allí y poco se fiaba de su compañera como para dejarla salir en esos momentos.

La pilló desprevenida la contestación de Astor a sus propósitos en la vida pero fue lo que la confirmó de sus pensamientos. Con una pequeña sonrisa algo maliciosa, se acercó lentamente con pasos provocadores y sin quitar la mirada de él hasta llegar enfrente de ella. Giró su silla para que pudiera mirarla fijamente y agachó un poco la cabeza hasta llegar a la altura de su oído.

- Como he dicho, puedo hacer aparecer y desaparecer cosas y una de ellas podrían ser tus posesiones más valiosas –volvió a ponerse normal a la vez que volvía a su sitio –pero gracias por ofrecerte para plantar el árbol, lo tendré en cuenta en un futuro.

De nuevo se sentó en su silla con un gesto triunfante en su cara, odiaba que los hombres la consideren un objeto sexual y quería que vieran que con una bruja era mejor no meterse. Astor al las dudas que tenía sobre esa leyenda, comenzó explicando su conocimiento personal con alguien relacionado a ella y una pequeña historia sobre cuatro dioses. ¿Entonces tendrían que hacer frente a dioses? Un escalofrío recorrió su espalda, jamás había oído nada parecido. ¿Estaba loco? ¿Cómo iban a derrotar a unos dioses? Esperaba que sus compañeros fueran buenos en lo que se dedicasen, ya que eso iba a ser una aventura con poco riesgo de volver a casa. Tomó el último trago de la copa con gesto de seriedad, mientras se levantaba de su silla.

- Es la primera vez que me toca enfrentarme contra unos dioses. Supongo que estaremos juntos mucho tiempo y recorreremos muchas partes de Noreth. Solo espero poder llegar a plantar un árbol –comentó con una sonrisa, a la vez que volvía a subir las escaleras para ir a su habitación. Hasta mañana no iban a salir de aquella taberna, por lo que aprovecharía para leer los cuadernos de su madre y ver si había algo sobre dioses y esas leyendas.

Sus acompañantes fueron desapareciendo poco a poco de la sala hasta quedar solo ella, la feérica y el bardo. Se despidió con la cabeza de Astor y se marchó de nuevo a su habitación a hacer tiempo hasta que el sueño la invadiese. Se volvió a sentar en la silla y siguió leyendo, siendo de vez en cuando interrumpida por Moira. En esos momentos, apreciaba mucho que Astaroth permaneciera callado y solo se quejase cuando hubiese alguna pelea. El problema de Moira era que siempre estaba hablando y quejándose. Esta vez se trataban sobre trivialidades de sus compañeros de aventuras:

- No me importaría pasar una noche con cualquiera de nuestros amigos. Sobre todo con ese enmascarado. ¡Adoro los hombres misteriosos! Seguro que tiene una gran arma. ¿Y qué hay del elfo? Tantos tiempos vividos, seguro que conocerá algún truco. ¿Y esa mujer de genial busto y cabellos rojizos? Tampoco podría olvidarme de nuestro fabuloso contratante... ¡Por todos los demonios, déjame salir y divertirme un poco!


Pasaron varias horas entre refunfuños y quejidos, hasta que decidió irse a dormir. Mañana la esperaba un día duro y no quería ir sin descansar. Para Velanna fueron unos cortos instantes, hasta que los rayos del Astro Rey comenzaron a bañar su cara. Como si lo hubiese estado esperando toda la vida, se vistió rápidamente y bajó enseguida a la sala donde ya se encontraban todos preparados. Sin mediar más palabra, salieron hacia las minas de Nos en busca de la primera llave. No podía evitar sentirse excitada ante la idea de encontrarse cara a cara con un dios.

El camino fue rápido y sin muchas complicaciones. Velanna se limitó a caminar y de vez en cuando observar el amuleto que les habían dado. Seguramente esa recompensa se quedaría corta en comparación con la que encontrarían cuando liberasen a la princesa. Pero, en el suelo encontró una tela rasgada entre unos arbustos. Separándose un poco del grupo, empezó a inspeccionarla. Para su desgracia se trataba de una tela que solían llevar los templarios colgadas de sus armaduras. Eso significaba que habían algunos cerca y seguramente sería por el incidente del día anterior con el comerciante. No dijo nada a sus compañeros cuando volvió a su marcha, pensaba que en las minas ya no la encontrarían o que la tela se les habría caído el otro día.

Al poco tiempo llegaron a las entradas de la mina, señaladas por un cartel escrito en una lengua que desconocía. Velanna solo sabía humano, élfico y un poco de demonio; nunca antes había visto nada parecido. Antes de que pudiese preguntar su siguiente paso, pudo escuchar como algo se estaba tensando. En un acto reflejo, empuñó su bastón y comenzó a buscar con la mirada la procedencia del ruido.

- Tenemos compañía.
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Re: La dama del espejo

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