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La noche de los lobos (Privada)

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La noche de los lobos (Privada)

Mensaje por Inuwel el Dom Mar 18, 2012 2:43 am

Todo comenzó una noche de luna blanca, donde aquella luna dueña completa del firmamento palpitaba con todo su esplendor y malicia atemorizando a sus hermanas estrellas y descargando la sed de sangre sobre la tierra con odio visceral a todo lo que sea mortal.

Era una noche como todas las de luna blanca. Lo que significaba una gran desesperación en los animales y un miedo perceptible en la piel mortal. Los humanos se entraron temprano a sus casas para refugiarse de cualquier peligro que pudieran presenciar bajo el halo siniestro del firmamento, los padres hicieron dormir a sus pequeños niños antes que el cántico de los aullidos les perturbara y les impidiera conciliar el sueño. Y frente a los que estaban fuera, de viaje o lejanos a sus destinos, lo prudente les era buscar refugio o quedarse guarecido en casa, mas no faltaron algunos osados cazadores que salieron a probar suerte bajo las frías arenas del desierto nocturno, y es que el pelaje de los licantropos en cuantiosamente recompensado.

Sin embargo no hubo alguno que a la mañana siguiente volviese con vida.

Y es que esta noche resultó ser diferente a todas.

Los chamanes de las tribus de Qushu-Nu del desierto y algunas sectas paganas de los errantes sabían que esta era una noche de cambios. Hicieron rituales especiales en adoración a la luna benigna cuales fanáticos, dieron gracias a la caza aunque no fuera esta su naturaleza y ni se inmutaron ante los aullidos lejanos y salvajes de los hombres que ahora se hallaban convertidos en bestias.

Pero esta fecha también daría paso a la codicia.

Era también la noche del Dugranntar.


***

Luego de una noche de cacería, de tormentos ofuscados, de orientación instintiva, cuando las luces del alba tocaron la superficie mi cuerpo mutó y mi consciencia volvió acompañada de mi forma humana. Cansada por la masacre y la agitación lunar me sumí en un sopor que me haría despertar tiempo después sin saber que todo a mi alrededor se volvería diferente...


Esa mañana me dolía mucho la cabeza y los oídos me pitaban al principio pero luego menguaron dejándome algo desorientada y media aturdida. Bostecé ladeando el rostro de un lado a otro y me llevé una mano contra la frente para darme unas palmaditas sin saber si ponerme a bostezar o soltar un quejido de molestia, y es que tenía esa jaqueca similar a los que tienen los humanos después de una intensa borrachera, pero no había olor etílico alguno impregnado en mi boca, solo sangre y el recuerdo de la tibia carne humana entre mis dientes.

Tan solo ayer había sido luna blanca lo cual significaba que me encontraba alejada de mi cachorro debido a la carencia de consciencia a la que nos sume la conversión obligada, aquella ofuscación en los sentidos nos hizo alejarnos para seguir los destinos siniestros de la caza. Sin embargo sentía que esta noche había sido diferente a todas las demás pero no lograba entender por qué.

Y ahora que miraba a mi alrededor con más calma caí en la cuenta de algo… Hacía calor y había mucho silencio.

-¿Dónde... mierda... estoy?-Susurré cobijada en la incertidumbre.

Sentía que me había alejado demasiado, pero demasiado de donde estaba antes… el suelo fértil de hierba húmeda fue reemplazada por una vasta planicie de arena, los frondosos robles fueron reemplazados por… nada. Parecía que no había nada a kilómetros y kilómetros de distancia a mí alrededor, solo me encontraba bajo la arena y el sol.

No entendía como podía haber viajado tan lejos en solo una noche, era ilógico.

El calor comenzó a invadir mi cuerpo ya consciente y tuve que levantarme de la arena que comenzó a quemar mi cuerpo desnudo por lo cual, incómoda, decidí convertirme, sintiendo ese acostumbrado tirón muscular, aquel vello espeso que me cubrió de arriba abajo mientras mi rostro era reemplazado por un hocico alargado y de siniestros colmillos para rugir y sentir el deseo innato de aullar y realizar así la búsqueda de mi localización.

Avancé rauda sintiendo el peso del sol sobre mi espalda y el sudor pegarse incómodamente sobre mi negro pelaje, no sabía a dónde iba, solo que algo, un presentimiento o una corazonada me impulsaba a seguir adelante, hacia aquel sendero forjado por mi imaginación.

Pero pasaron las horas y no lograba encontrar nada que me diera indicios de algún paso, pareciera que me encontraba sola en medio del desierto, o que quizás trascurrí absurdamente en círculos durante todo este trecho. No quería desesperanzarme ni mucho menos enloquecer por culpa del calor y la sed que ya empezaba a reclamar en mi garganta, mas no evité cabrearme y gruñir perdiendo la paciencia hasta que un punto difuso apareció de pronto a lo lejos, y me resultó raro no haberlo visto antes, seguí adelante hasta encontrarlo y cual fue mi sorpresa al llegar a un bosque de palmeras, probablemente un oásis, pero era enorme, escuché el ruido del agua y sin pensarlo dos veces corrí hacia él y me zambullí mojando mi pelaje para luego salir y sacudirme frenéticamente salpicando agua en todas direcciónes y luego comenzar a beber con avidez aquella agua que me pareció pura y refrescante. Y de pronto, una figura blanca, como la de un pequeño animalillo, parecía un perro pero no estaba segura de ello, se veía impecable y sin temerme se asomó frente a mis ojos lo que me hizo recordar que estaba hambrienta y como calag meg que era no me importaría cometer una masacre, pero era tan orgulloso y magnifico que no sentía ganas de darle muerte.

Al principio dudé y me quedé donde estaba, sin embargo como toda calag meg deseché esos pensamientos absurdos de inmediato, pensando más con el estómago que con la cabeza y me avalancé en su dirección, pero el animal era rápido, tanto que no evité sorprenderme y dudar nuevamente si acabar o no con él , mas, vi que de pronto se detenía y retenía la mirada en mi dirección, como si me incitara a atraparlo.

Y no, no iba a permitir que un vulgar bicho se burlara de mí, así que volví mis patas en su dirección y comencé la persecución hasta que lo vi cercano y desprotegido, en ese momento simplemente salté dispuesta a darle fin a la criatura y ganarme con ello el desayuno.

El problema es que desconocía que no era la única que lo había visto.




http://www.cuentosdenoreth.net/t159-inuwel-y-la-luna-orgullosa-es-aplaudida-por-aullidos

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Re: La noche de los lobos (Privada)

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 07, 2012 12:39 am

Joder... Uno nunca se acaba de acostumbrar a esta sensación cuando hay luna llena. Me llevé una mano al rostro, notando algo peludo y filoso que tocaba mi cara... Un momento... Rostro alargado... Zarpas... Miré a mi alrededor, sonriendo toscamente al ver como había una serie de cadáveres. Habían varios hombres con turbantes y armas de mano yaciendo alrededor de una caravana, cuyos camellos estaban muertos. Entre los restos de madera de la misma, habían otros varios cuerpos, estos más adornados y mejor armados. Mi mente empezó a recordar qué había pasado la noche anterior, y no pude evitar sentirme algo entristecido...

Éramos diez, todos jóvenes con poco dinero, pocos escrúpulos y muchos antecedentes penales. Compartíamos pasados comunes, al haber estado todos en algún grupo militar o ser hijos de gente noble caída en desgracia, y eso fue lo que nos hizo pensar que sería buena idea hacer una banda de asaltacaravanas. Al principio todo salía a pedir de boca, atacábamos pequeñas caravanas y lográbamos botines que, si bien no eran gran cosa, al menos nos permetían ir tirando. Sin embargo, Hassan, que había acabado siendo el líder al ser el que más experiencia tenía, no estaba contento con aquellas ganancias, y la verdad sea dicha, nosotros tampoco estábamos contentos. Queríamos más. Aunque la avaricia rompe el saco, dicen. Y resultó ser cierto el refrán.

Nos acercamos aquella tarde a las dunas cercanas a un oasis en el cual teníamos una especie de "base", sabedores de que los comerciantes tenían que pasar por ahí. "Estarán cansados y sedientos, así que serán presa fácil", dijo Hassan, y todos creímos que sería verdad, porque vamos, es lógico que si estás sediento y hambriento, tengas menos fuerzas para combatir. Con lo que no contábamos es que al ser un comerciante mucho más adinerado, aquél hombre tendría mejor equipada su caravana. Así pues, emboscados y desconocedores de lo que iba a pasar, aguardamos. Al cabo de un rato, apareció la caravana. Sin darles tiempo a dialogar, nos lanzamos a por ellos. Sin embargo, pobres de nosotros, resultó que la caravana... Era una caravana de mercenarios. El cabrón del comerciante nos la había dado con queso. El ataque ya empezó mal, pues estábamos en inferioridad numérica. Eran... ¿Doce? Sí, doce, contra diez. En apenas unos minutos, ya habían muerto mis compañeros y tres cuartas partes de los enemigos. Sólo quedaba yo... Contra tres de esos cabrones. Sin embargo, justo en ese momento cayó la noche... Y era luna llena.

Eso explicaba el por qué habían tres cadáveres destripados y destrozados. Solté una risa lobuna y me dediqué a rebuscar entre los cuerpos, reuniendo una pequeña fortuna, hasta que la curiosidad me asaltó y me decidí a mirar en el interior de la caravana. Ahí no pude evitar abrir la mandíbula de sorpresa. ¡Todo un jodido cofre lleno de monedas! ¡Así que por eso estaba tan fuertemente custodiada la caravana! ¡Día de paga! Me carcajeé, feliz de mi dicha, y sin mucho esfuerzo, cargué el cofre en mi espalda, atándomelo con las capas de un par de guardias. Tras eso, recuperé mi equipo y algo de ropa que me iba a equipar para cuando volviera a ser humano, y tras olfatear el ambiente y orientarme, supe que el oasis me quedaba a poco rato. Tenía sed y calor, pero el hecho de haber nacido en aquellas tierras me permitió aguantar bien durante los diez minutos que habían hasta el oasis. Afortunadamente, la posición del sol me indicaba que había salido no hace mucho, por lo cual aún no corría riesgo de deshidratarme.

Finalmente llegué al oasis, dirigiéndome primero hacia el escondrijo, una especie de agujero en un pequeño montecito en el cual cabían diez personas con sus correspondientes tesoros... Que ahora que me fijaba... ¡Me pertenecerían a mí! Si es que a veces la vida le regala bonitas oportunidades a uno... Una vez llegué y descargué el tesoro, decidí ir a tomar un baño y a refrescarme en el lago, y seguidamente decidí ir a echarme en la guarida. Me desperté al cabo de no mucho rato, dándome cuenta de que no había vuelto a la forma humana aún, aunque poco me importaba aquello, ya que... ¿Quién me iba a ver en ese momento? No tenía que ocultarme. Y si me veían, pues me los desayunaba y ale. Un problema menos.

Cuando salí de la cueva, me fijé que ya habían pasado unas cuantas horas, y decidí que aquél día no estaba yo de ánimos para alimentarme con la comida de la cueva... Qué obsesión tenían los tíos con la fruta. Yo quería carne, que para algo en el oasis hay caza. Así pues, me dediqué a vagar sigilosamente por el lugar, hasta que finalmente pude ver a una criatura de color blanco que parecía desprotegida. Salté sobre ella, despreocupado, aunque justo en el momento en el que mis piernas dieron impulso al resto de mi cuerpo, un olor llegó hasta mi nariz. Al parecer, no estaba solo... Maldición, no me gusta competir por la comida.
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Re: La noche de los lobos (Privada)

Mensaje por Inuwel el Sáb Ago 04, 2012 4:18 am

Aquella criatura se manifestaba exquisitamente indefensa y mis zarzas estaban prontas a enterrarse en su carne. En desgarrar aquel pelaje blanco y enigmáticamente encantador. Pero… había algo extraño en la criatura, y era el hecho de que daba la impresión que emanaba desde su interior una pureza irreal, como un brillo y una luz propia, tan intenso que parecía pecado manchar aquella impureza con mis zarzas… ¡Pero, bah!, el mundo estaba repleto de criaturas extrañas y bonitas, y si nos pusiéramos a considerar todas esas nimiedades a la hora de almorzar nos moriríamos de hambre.
No obstante ese no resultaba ser el mayor problema, sino el hecho de que como yo ya me había empecinado en hacerme de esa criatura no permitiría que nadie, absolutamente nadie se entrometiera en mis planes, pero parecía que no estaba sola en aquella persecución, un ruido entre el ramaje y un aroma propio a depredador me alertó de que no era la única presencia en aquel bosque… ¿pero vendría aquel cazador hacia mí propio objetivo? Eso debía de averiguarlo luego.
El calor parecía menguar mediante las sombras bajo las gigantes y espesas palmeras del oasis mientras que el sonido de la corriente de un riachuelo no muy lejano hacía un concurso melódico junto con el ruido de los animales y aves en torno a la arena caliente del oasis. Todo estaba profundamente apacible… excepto mi ánimo claro.
Solté un gruñido amenazante y al ver que mi víctima hacía un salto veloz para desviarse de mi camino, por lo visto otro ruido le alertó, entonces mi vista se sitúo en dirección al otro depredador que tal como lo presentí acechaba a mi misma presa.
-¡Atrás criatura insolente!-Dije lobunamente al darme cuenta que no se trataba de un lobo cualquiera, puesto que si lo fuera había huido ante mi presencia en el momento en que me viera en plan de ataque. Por lo demás, me fije que era un macho licantropo de un tamaño considerable y que tenía todas sus garras en pos de cazar. Lo olfateé sin disimulo y me llamó la atención no sentir más olores de lobo aparte del suyo, ¿acaso no tenía manada?, bueno... también estaba la posibilidad que al igual que yo se hallara separado de su grupo debido a la luna blanca de la noche anterior. Aunque el hecho de que si estaba solo o acompañado tampoco era algo que me importase demasiado, era tan obstinada que moriría luchando contra una jauría con tal de cumplir mi capricho. Y esta presa era mi capricho, pero…
Sucedió algo que ninguno de los dos advertimos. De un momento a otro el aroma de aquella criaturita se esfumó junto con su presencia, y no fue una desaparición paulatina, si no, abrupta.
Podría ser que el encuentro indeseable con aquel otro cazador hubiese dado al enemigo tiempo de escapar o esconderte, ¿o realmente era un ser irreal nacido por la incidencia del hambre? Pero fuese cual fuese el motivo, me había cabreado en serio contra mi desconocido hermano de raza que tenía delante.
-¡Se ha ido! ¡Se ha ido!, tu presencia ruidosa ha hecho que desapareciera tal y como surgió -Gruñí mostrando mis dientes y alzando mi pata en son de proponer una contienda.
-Pero no me pienso quedar sin comer... -Y una media sonrisa salvaje se asomó en mi hocico-Carne, la que sea... siempre será carne-
No es que fuese caníbal, pero quería infundir algún temor. Le daría su merecido a esa sabandija entrometida.





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Re: La noche de los lobos (Privada)

Mensaje por Invitado el Dom Ago 05, 2012 3:55 am

La criatura en sí era como poco, extraña. Su pelaje era blanco totalmente, y parecía irradiar una sensación de pureza, un brillo o algo así. ¡Parecía estar pidiendo a gritos que me lo zampara y vendiera su piel! ¡Tendría cuidado de no dañársela! Nada más me abalancé sobre la criatura para hincarle los dientes, percibí un aroma que me hizo ponerme en estado de alerta.

Fue precisamente aquella presencia que me hizo aminorar la fuerza del salto, cayendo pesadamente en el suelo, cuando sabía que de haber continuado habría atrapado a la criatura. Empecé a gruñir, mirando hacia el sitio de donde provenía el olor, y entonces lo percibí perfectamente... ¡Era de los míos! ¡Y una hembra además! Sin embargo, sus palabras me hicieron gruñir más fuertemente, y tras soltar un aullido le respondí, con visible enfado:

-¡Atrás tú! ¡De no haberme puesto en alerta habría alcanzado a esa cosa!-

Empezó a olfatearme, y yo hice lo mismo que ella, percibiendo que sólo tenía su olor. Al parecer, ella no era la única cazadora solitaria. En ese momento pensé que a lo mejor podría doblegarla para convertirla en mi hembra. ¡Incluso podría iniciar una nueva manada! Sin embargo, pude notar que, a pesar de su apariencia más delicada, no tenía pinta de ser una debilucha. ¡De todos modos es una hembra! ¡No podría superarme! Y si lo hacía... Me sorprendería considerablemente.

En ese momento ambos parecimos captar algo, y alcé el rostro, olfateando en dirección hacia donde la criaturita blanca se había marchado. Empecé a gruñir de nuevo, pues la desaparición había sido repentina, instantánea. Sin embargo, antes de ponerme a pensar más detenidamente, la hembra empezó a hablar, y yo solté un suspiro. Vaya, una hembra pesada... Le respondí, primero molesto:

-¿Mi presencia ruidosa? ¡Le habría atrapado si no hubiera sido por ti! ¡A lo mejor habría sido bueno y te habría dado una parte, hembra!-

Cuando ella empezó a gruñir mostrando los dientes y alzando la pata a la vez que sonreía, solté una carcajada lobuna, y alzándome sobre las patas traseras, me llevé una mano a la entrepierna en un gesto totalmente soez, dándole a entender qué carne le ofrecía:

-¡En ese caso puedes probar esta carne, aunque esta solo se chupa!-

Tras eso volví a ponerme a cuatro patas, gruñendo divertido y sonriendo lobunamente de medio lado, esperando a ver qué reacción adoptaba.
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Re: La noche de los lobos (Privada)

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