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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Dom Mar 25, 2012 7:08 pm

“La crudeza de la muerte es el mejor condimento para la vida”

En alguna parte de la inmensidad del pantano Swash, Sheoldred se deleitaba de una cadáver humano que había estado guardando, por alguna extraña razón tenía una semana que nadie se aventuraba a cruzar el pantano, y ella estaba segura que era la única ruta transitable para los humanos de un pequeño pueblo situado a unos kilómetros de su cueva.

-¡Sheoldred se acerca un grupo de humanos Jajaja!- Una pequeña hada del aire revoloteaba alrededor de la aracnide, un tanto impaciente por su respuesta.

-¡Calla Nahema!...-La voz de Sheoldred sonaba un poco arrastrada y ronca, muy diferente de cómo llegaba a sonar en otras ocaciones. -No me guuuusta que griiiites, ya sabes que haceeeer, llévalos a la Traaampa Nooorte.

-¡Enseguida!- La pequeña hadita se quedo quieta en el aire, hizo una saludo militar y salió disparada al encuentro con los humanos, tenia una sonrisa de lado a lado en la cara y parecia estar contenta con lo que hacía.

Minutos después Sheoldred se encontraba oculta entre la aguas del pantano dejando ver su parte humana desnuda, solo mantenía su rostro cubierto con ese peculiar casco.

Mientras tanto la hadita hacia de las suyas con los humanos.


-Rápido está muy herida, logre detener a esa bestia pero su golpe le destrozo las piernas a mi amiga, y yo solita no puedo llevármela.

Los humanos habían caído redonditos en las mentiras de Nahema, caminaba entre el fango tan aprisa como podían pero apenas avanzaban unos cuantos metros.

-Allí está la ven, es ella recargada en el tronco- grito el hada para darle a entender a Sheoldred que ya estaban a su alcance

Rápidamente los humanos dejaron sus armas en un tronco y se acercaron más a la aracnide.
–Rápido levántenla antes de que sus heridas se infecten mas- Grito uno de los humanos. Los cuatro viajeros intentaron levantar el cuerpo desnudo de Sheoldred.


-Me encanta ver cómo te haces la muerta- Nahema estaba sentada en un tronco viendo como su compañera colocaba una telaraña enorme para sujetar a sus víctimas.

-Tú también lo haces bien, eres tan buena mentirosa como yo, incluso hasta mejor diría yo, es una fortuna que seas hada de lo contrario te habría devorado hace años–La voz de Sheoldred había cambiado radicalmente de tener esa voz rasposa y anciana a una sensual y provocativa.

-Lo que digas anciana solo te ayudo porque eres interesante- le respondió la pequeña hada sin miedo a desafiarla.

-Tenían una carrosa con ellos porque no revisas que transportaban- Añadió la hadita.

En el interior del carromato había un enorme cofre adornado con piedras preciosas y metales brillosos, Nahema hizo un pequeño movimiento de sus manos y el cofre se abrió. Ambas se asomaron y una sonrisa se dibujo en el rostro de ambas. Sheoldred sonreía de malicia y Nahema de diversión.

---------------------------------

Shuwap, Ciudad del pantano.

-¡No podemos seguir sin hacer nada! ¡Asi nos pagan la hospitalidad!- se escucharon gritos entre la multitud

-Tranquilos señores hoy tomaremos una decisión, estos constantes ataques no seguirán siendo tolerados.

Una junta en la ciudad discutía por las matanzas en el pantano, dichas matanzas impedían el comercio con otros pueblos, además de perjudicar la reputación de la ciudad y asustar a los extranjeros.

-Se dará una buena recompensa a aquellos que regresen un cofre muy preciado para el gobernador.

Nadie hablo después de aquel comentario, la ciudad no era famosa por dedicarse a la guerra, y la gente extranjera era la única que blandía espadas y lanzaba hechizos, pero muy rara vez se ofrecían para defender una ciudad que no era suya.

Despues de unos segundos de silencio unos cuantos se atrevieron a alzar la voz.
El representante del gobernador los hizo pasar a una casa muy bien asentada, con numerosos muebles caros y jujos que solo los acaudalados poseen.


-Valientes aventurados, el objetivo es sencillo, salir y recuperar un cofre, lo complicado esta en burlar a una criatura que probable y seguramente ya posee el cofre.

El representante guardo silencio y espero a que los demás hablaran si tenían que hablar.

-Como sabrán, es una misión difícil y si lo logran obtendrán grandes recompensas, se les dará un pago por adelantado, si muere alguno de ustedes los demás tienen todo el derecho de tomar las pertenencias del desgraciado que falleció, no habrá represalias en su contra, pero tengan bien en cuenta que si alguno de ustedes escapa con la paga los cazaremos hasta el fin del mundo. Les asignaremos un armero, ayudante o como lo conozcan, así que ya pueden ir partiendo, el camino es por donde llegaron no existe otro… Sueeerte.

---------------------------------


Bienvenidos a las fauces de una muerte segura.

Como ya se los mencione en el tema de la campaña, usare varios pjs (dos aracnides y un hada) y al final usare a Sheoldred si lo hicieron bien.

Mientras tanto las indicaciones.

Deben explicar porque estaban en ese pueblo, si ya habían estado allí o no es su decisión.

La descripción del pueblo es la misma que la de Shuwap [en el mismo subforo que la partida] asi que revísenla y posteen con lógica.
En la junta del pueblo hay dos momentos de silencio es ahí cuando pueden hablar, en el primero es para postularse, y el segundo es solo si quieren preguntar algo dentro de la partida.

Su ayudante lo pueden usar como quieran, darle la raza que quieran, el sexo, el nombre y edad que quieran, pero nunca podrá atacar. Si no postean una vez me cargo a su ayudante, si vuelven a fallar me los cargo a ustedes.
Suerte y jueguen con miedo.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Dom Mar 25, 2012 10:54 pm

Un rayo de luz se filtró a través del frondoso y oscuro bosque que lo rodeaba. El barro que cedía bajo sus pies emitía un olor pestilente y profundo, impregnando las botas de cuero de Bugnar. Estas estaban ya prácticamente irreconocibles. Necesitaría un buen zapatero, pensó. Al echar un vistazo a su jubón, pensó que más que un zapatero lo que necesitaba en ese momento era un baño; un baño y ropa nueva. Jirones en los codos, descosidos de todas las medidas, manchas de sangre y una fina capa de polvo hacían de Bugnar una auténtica porquería andante. El cabello, largo y recogido en una coleta, parecía una masa uniforme de suciedad. Su orgullosa melena blanca era ahora un conglomerado de barro, pequeñas ramitas y hojas. Una barba incipiente y mal recortada, serrada y cortante cubría un rostro lleno de cicatrices; la más vistosa, la que cruzaba de verticalmente su ojo izquierdo, no hacía más que acrecentar la sensación de estar delante de un monstruo del pantano.
Hacía días que vagaba por esos lares, en busca de de Shuwap, “La Ciudad del Pantano”. Su poca orientación y la escasa población humana por esos senderos le hicieron perder más de tres días de camino. Finalmente, pero, a pesar de su precario sentido de la orientación, consiguió llegar a lo que parecía un sendero. Los víveres escaseaban y los pies estaban llenos de sarpullidos, por lo que el hallazgo fue recibido con gran alegría. Medio día después estaba ya en Shuwap.

La ciudad no era lo que Bugnar esperaba. Las maravillas que se describían en los libros estaban totalmente fuera de lugar. Si bien es cierto que la ingeniería que se requería para la construcción de ese lugar era impresionante, su arquitectura era burda y tosca. Los puentes colgantes de los cuales había leído mil y una historias, no eran más que planchas de madera una detrás de otra, sin ningún tipo de embellecimiento o decorado. Si esa ciudad había tenido algún indicio de belleza, esta se había disipado hacía ya tiempo. Aun así, Bugnar tuvo que reconocer que la ciudad era peculiar y misteriosa. La aparición de engendros no hizo más que corroborar su teoría. Estos seres, tan difíciles de ver en las regiones centrales, parecen haber hecho de Shuwap su capital. De todo tipo, tamaño y forma, estos seres parecían convivir con completa armonía con los humanos y elfos que allí habitaban.

Antes de atrevirse a explorar los recovecos de aquella exótica aunque tosca ciudad, Bugnar decidió buscar cualquier indicio de posada mínimamente en condiciones. A pesar de lo que pensó en un primer momento, Shuwap parecía ser un hervidero de tabernas y tugurios, la mayoría de los cuales no estaban nada mal. Le sorprendió el contraste que ofrecía la ciudad: por una parte, su ambiente cargado y barroco, sucio y austero; por otro, unas casas y locales que por dentro parecían palacios reales. Entró en un local llamado “La sirenita”, de un ambiente tranquilo y distendido. Al traspasar el recibidor, se hizo latente el silencio. Los locales giraron la vista al visitante, para decimas de segundo después, continuar con sus cosas. Bugnar respiró aliviado; parecía que su aspecto no atemorizaba a aquella población pintoresca.

“La sirenita” fue su residencia durante las siguientes dos semanas. Durante ese tiempo, había conocido al gerente del local, un elfo llamado “Bernnon”, de carácter tranquilo y sosegado, al igual que su taberna. Durante los primeros días, Bugnar dedicó su tiempo a buscar alguna librería. Más su búsqueda fue en vano. Parecía que esta vez no podría adquirir ningún espécimen nuevo a su colección de libros. Pasados esos primeros días, Bugnar empezó a indagar sobre el tema que lo había traído hasta ese lugar apartado del mundo. Muy ingenuamente, el joven pactado pensaba que en una ciudad como Shuwap, nombrada siempre en los catálogos de artilugios mágicos, encontraría alguna pista sobre hechizos de invocación. Más al parecer, su viaje había sido en vano. De libros no había ni rastro, y de artilugios mágicos, apenas habían, puesto que últimamente alguna cosa impedía el transporte fuera de la ciudad. De hecho, no se hablaba de otra cosa. “Algo” o alguien estaba realizando emboscadas a los carromatos que pasaban por las sendas principales. El rumor, que en un principio había sido tomada como los desvaríos de un borracho, iba tomando forma y consistencia. La gente estaba asustada, y no era para menos. En los últimos meses habían desparecido ya cuatro diligencias.

El temor desembocó en una reunión urgente en el ayuntamiento a primera hora de la tarde. Bugnar, intrigado por los acontecimientos, decidió asistir. Al principio la reunión abordó temas de menor importancia, pero a medida que pasaba el rato, la tensión iba en augmente, y la gente empezaba a perder los nervios. Finalmente, el que parecía ser el alcalde, abordó el tema que tenía en ascuas a media ciudad. De entrada, Bugnar sólo había ido para informarse de la situación, pero a medida que escuchaba al orador, se dio cuenta de la oportunidad de horo que tenía en frente suyo. Con suerte, el “monstruo” del pantano no sería más que una banda de bandidos o mercenarios, dispuestos a llenarse los bolsillos. Asustar a esa gente y cobrar la recompensa sería un trabajo fácil y bien remunerado para él. Caundo se requirieron aventureros para la labor, Bugnar no dudó en levantar la mano y presentarse con un “Yo!” sonoro.

Más Bugnar no esperaba tener que compartir la recompensa con más gente. Al parecer había otros oportunistas como él esperando a abalanzarse sobre la recompensa. Curiosamente, no supo ver con quien tendría que compartir su dinero. Cuando, después de la sesión, fueron llamados aparte, pudo comprobar el motivo de ese fenómeno. Un enano y lo que parecía ser un mapache peludo eran sus compañeros. Con razón no había podido destinguirlos en la muchedumbre. A pesar de su tamaño, Bugnar confiaba en la fuerza de los enanos, sería un buen recurso en caso de que las cosas se torcieran. El otro sujeto era cosa distinta. Ya se veria en el transcurso de esa pequeña odisea.
La única pregunta que valia la pena questinarse era.

- Y cuanto cobraremos por librarles de sus problemas?


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Dom Mar 25, 2012 10:59 pm

Eddie llevaba una semana viajando en su triste carromato, cantando alegres pero solitarias canciones sobre explosiones, bombas y alucinógenos naturales que se había tomado a lo largo de la semana. No se había dado cuenta de lo largo que había sido el viaje, por que en verdad, hacía exactamente cuatro días, siete horas, cuarenta y dos minutos y trece segundos, se veía corriendo de una multitud enfurecida de unos Hexplosivos defectuosos que Eddie iba a vender por un precio desorbitadamente soberbio.
Y es que este pequeño peludo era un maestro de las fianzas, un genio del mal y el ahorro, ejemplo de los altos elfos, más rácanos y los orcos más avispados en las estafas comerciales. ¡Viva Eddie y viva el Hidromiel!, pensaba una y otra vez en su interior, vanaroglandose de sí mismo con una amplia sonrisa y ladeando la cabeza de un lado a otro tal como una muñeca sin articulación en el cuello.

En muchas ocasiones se había visto con el agua al cuelo cuando una agrupación de paletos enfurecidos querían "Su dinero de vuelta", ¡Valientes garrulos! ¿Por que compraban Hexpetardos si luego no les gustaban? Para algo Eddie hacía las demostraciones, esas cosas enfaban a cualquiera, en fin, con una mueca de asco en su cara, aparcó el carromato en los lindes de la carretera y se adentró en su carromato. Empezó a ingeniar nuevas bombas, hacer garabatos en papeles y dibujar aparatos reproductores masculinos en los bordes de sus estudios, matar el rato mientras el Garrapato descansaba, comiendo las hierbas que había en el camino. Un camino por cierto como un lodazal, mientras se iba adentrando en el pantano la tierra iba empequeñeziendose y el barro ganando terreno, así que tanto Patán como Eddie se sentían como en casa, rodeados de estiercol y esas cosas sucias. Pero eso era desviarse del tema, en eso de que ingeniaba nuevos mecanismos Hexplosivos, iba comiendo un manjar delicioso de Reinos Humanos, las rosquillas... Ahh, era tan perfecto que ni él podría haberlo ingeniado, bueno quizás, ¡Pero eso nunca lo sabremos!

Tras unas cuantas horas de estudio intensivo llegó a averiguar un innovador sistema de fuego griego mejorado, que se alimentase de agua y oxígeno, es decir, cuanto más se esforzase uno en apagarlo ya sea soplando o virtiéndole agua, más fuerte, intenso y extenso se harían las llamas... Era perfecto, y lo denominaría napalm.
El sistema era sencillo, pero necesitaría recursos que no contaba en esos momentos, así que agarró un mapa de "carreteras medievales" que tenía en una de las paredes del carromato y estudió los asentamientos cercanos, Shuwap era un sitio relativamente indiferente a la gente como Eddie, contaban con especias y los recursos que necesitaba el manufacturador Hexplosivo y además, seguro que le comprarían los primeros modelos más básicos de las bombas de napalm.
Así que orientandose como él bien sabía, tomó rumbo hacia Shuwap, donde podría abastecerse tanto de recursos como de dinero, y quién sabe... a lo mejor encontraba el amor de su vida, o a lo mejor no. ¿Eddie tendría alguien con quien pasar el resto de su vida?
No lo creía ni él, y entonces una lagrimita salió de sus ojazos y llegó a parar a su frondosa mejilla. Esbozó una triste mueca y miró al techo de su carromato, mientras gemía un triste aullido muy típicamente Yordle.

En fin, que volvió a coger las riendas del Garrapato y tomó rumbo a Shuwap.

(...)

MEDIO DÍA DESPUÉS, SHUWAP.

Le fue muy difícil llegar a aquella ciudad en su pequeño, pero al fin y al cabo carromato. Una vez llegó a la ciudad de las casas en los árboles, buscó un sitio relativamente sólido donde poder dejar a buen recaudo su carromato. Un sitio denominado extrañamente "Parquínj" brindaba servicios de establos para carromatos, carretas y caballos gordos. Allí dejo a Patán y su carromato, mientras vagó por la ciudad en busca de vendedores de ingredientes alquímicos. Había muchos y muy seguidos, pero ninguno tenía el componente que necesitaba, Napalmonio. Hasta que en la tienda más insólita de aquel insólito pueblo de insólitos habitantes y insólitos perros, llamada "Drogería y perfumería la rata silvestre" encontró una amplia selección de recetas, libros y recursos alquímicos, líquidos y yerbajos, de todo. En total, cien gramos de Napalmonio, suficiente para hacer todo una caja de Bombas de Napalm, le costó bastante barato pues la gente aún no había descubierto un uso relativamente útil al componente.
En fin, que una vez comprado y alegre, dispuesto a volver a su carromato y preparar los Hexplosivos nuevos, vió una especie de reunión en un descampado de la ciudad, y decía descampado por que era un lugar relativamente grande donde cabía un cúmulo de personas sin estar apretadas, había pocos sitios como ese en la ciudad. Y tal, que se quedó embobado escuchando la discusión. Buscaban aventureros para recuperar un botín... ¡Eh, eso sonaba genial!
Corrió y corrió para llegar a aquella reunión de las gentes del pueblo. Entre la gente no destaba mucho, pues aquella ciudad eran comunes los antropomorfos, casi todos gigantescos y monstruosos en comparación con Eddie, que tuvo que escalar por la ropa de un hombre inocente para poder levantar la mano y gritar:

- ¡Yo me presento voluntario! -

Seguidos de otras más personas, todos ellos más grandes y fuertes que Eddie.
Fueron conducidos a una casa de ricos, una mansión en aquel pueblo pantanoso. Era como la casita del árbol del niño más rico de la villa, llena de bonitos y abundantes mueblos decorados en oro y plata, muchos espejos y cristales preciosos... "Todo esto sería mas bonito si estallase por los aires". Dejó que hablasen sus compañeros y corresponsables, y entonces cuando de una habitación salieron los "ayudantes" para cada héroe que participase en esa aventura, a Eddie le toco la más preciosa, joven y bonita del mundo... Era tal su belleza que nada más verla, sus piernas se derritieron y sus ojos se fundieron y casi se desmayó en el suelo. Su cabello era blanco como la nieve, su tez azulada como el cielo y sus ojos clarísimos. Era una Yordle, una Yordle preciosa si no lo había dicho antes. Con una sonrisa se plantó delante de Eddie y le tendió la mano, con acaramelada voz le dijo:

- Mi nombre es Tristana - Y Eddie, ya supo el nombre de su amor platónico, Tristana la Yordle.

OFF:

Sheoldred, deberías abrir un tema de off donde poder expandirme, por que tengo serias dudas que no has sabido explicar en tu post inicial. Más que una sugerencia es una orden -_-


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Thorvak el Lun Mar 26, 2012 1:22 am

Mierdaaa, mierda y mierda de lodo! ahhhh! - se quejaba Thorvak cayendo una vez mas al suelo..ya cansado de quedarse empantanado una y otra vez en la gruesa capa de tierra, musgo y vaya a saber que cosas mas que cubrian el suelo..sus pesadas y cortas piernas le impedian moverse del todo bien en aquel ambiente caluroso y mal oliente..otro problema, que por su tamaño no tiene porque considerarse un problema menor, eran los mosquitos que allí habitaban, incansables criaturas odiosas con el único y molesto objetivo en sus cortas vidas de chupar sangre, mucha sangre..el enano cansando de sus picaduras, una y otra vez se golpeaba el cuerpo a los puñetazos, dejando así marcas moradas en toda su piel..odioso pantano!, odiosos mosquitos!, quien me mando a venir aquii!?..

Thorvak había recibido una carta hace ya varios días, de su primo Kandoor, un enano dueño de una taberna en la ciudad, que se dedicaba a la venta de objetos extraños y valiosos, ademas de llevar la posada claro esta. En la carta mencionaba que estaba cansado de perder mercancías en los caminos por donde mandaba a sus mercaderes y quería una solución. La frase que mas llamo la atención de nuestro héroe en dicha carta fue: "primo, el tipo rico de la ciudad esta pagando una fortuna a quien se anime a limpiar los senderos de la ciudad!, es una buena oportunidad de adquirir algo de dinero extra! y de ayudar a tu querido primo Kandoor, ademas, tendrás cerveza, de la buena..y gratis!", lo que Kandoor decía tenia sentido, limpiar algunos senderos de bandidos o criaturas menores, tomar cerveza, y como consecuencia..ganar dinero!, era un negocio redondo..

Cuando aun pensaba en la carta, y después de rodear el tronco de un árbol gigante, por fin vio el un cartel bastante grande y coglando de dos cadenas en los extremos que decía "Ciudad del Pantano"..ya era hora, penso Thorvak frustado del ambiente pantanoso..

Apenas entro a la ciudad, un niño pequeño se le acerco y agarro de la mano desesperado diciendo:
Thorvak verdad? eres Thorvak, sigueme..sigueme!, que me sigas te eh dicho! - tiraba de la mano del enano - Kandoor te esta esperando, llevo aqui sentado esperandote hace tres dias, donde estabas?? Sigueme!.
- Tranquilo niño, que mis pies no tienen tu juventud ni tampoco tu longitud..pff!

El héroe siguió al muchachito hasta una local en el que se podía leer desde fuera.."Posada el Enano Sonriente", sin duda era la de su primo, solo Kandoor podía poner un nombre así..
Mi buen primo Thorvak!!, como has estado!?, bienvenido al Enano Sonriente!, - Kandoor esbozaba una sonrisa que contagiaría a cualquiera.. excepto a Thorvak. - Rápido!, tomate esta cerveza y vamos a la plaza en el centro de la ciudad, se esta montando un buen lio ahora mismo!.

Cuando llegaron, las quejas de lo que parecían ser los habitantes de la ciudad se estaban haciendo escuchar, cuando de pronto alguien dijo..
-Valientes aventurados, el objetivo es sencillo, salir y recuperar un cofre, lo complicado esta en burlar a una criatura que probable y seguramente ya posee el cofre.

Bueno, para eso estoy aquí, nos vemos en unos días primo, y prepara una buena jarra de Cerveza enana, traeré conmigo un buen botín.. - Thorvak dio un fuerte apretón de mano a su primo, y luego se marcho detrás del tipo que había pronunciado el discurso..

Lo llevaron a una sala donde no habían reparado en gastos, era todo muy lujoso y brillante..cuando por fin detuvieron la marcha se escucho..

-Como sabrán, es una misión difícil y si lo logran obtendrán grandes recompensas, se les dará un pago por adelantado, si muere alguno de ustedes los demás tienen todo el derecho de tomar las pertenencias del desgraciado que falleció, no habrá represalias en su contra, pero tengan bien en cuenta que si alguno de ustedes escapa con la paga los cazaremos hasta el fin del mundo. Les asignaremos un armero, ayudante o como lo conozcan, así que ya pueden ir partiendo, el camino es por donde llegaron no existe otro… Sueeerte.

A lo que un tipo que allí estaba respondió:
-Y cuanto cobraremos por librarles de sus problemas?
Thorvak sin dar tiempo a que el otro respondiese dijo..
-Eso, muy buena pregunta quien quiera que seas..y otra cosa..¿a que nos enfrentamos concretamente?

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Lun Mar 26, 2012 5:27 pm

Un humano, un hörige y un enano, eran los valientes que habían aceptado el reto, por desgracia para ellos desde su perspectiva eran los héroes mientras que desde otra eran los sacrificios.

Antes de partir un par de ellos hizo la clásica pregunta, cuanto.


-La recompensa depende de su resultado, su adelanto ya lo tienen, sus armeros, si los pierden en la misión no es nuestro problema, al que llegue primero con el cofre en buen estado y con el contenido completo se llevara una grata sorpresa, por ende es su decisión si trabajan juntos o por separado- El representante les hizo una invitación muy grosera a que salieran del edifico como si de perros se tratara.

A las afueras de la ciudad, en un pequeño pedazo de tierra firme ya les esperaba una pequeña canoa a cada uno, no eran la gran cosa pero para atravesar el pantano eran la mejor opción. Además de que el único modo de llegar al pueblo era un rio y solo alguno que otro loco o ignorante se atrevería a cortar camino en medio del fango y enredaderas.

-Mis señores, si van ir juntos les recomiendo que usen este bote, pero les causara más problemas para pasar en algunas zonas, pero la canoas pasan prácticamente por donde sea. En fin es su elección- Un muchacho de no más de diez años era el encargado de los botes, miraba a los tres esperando una respuesta a su recomendación.

Desde donde estaban parados se podía ver un camino, firme y seco, cubierto de ramas, hojas y musgo, pero todo eso era solo el rio, el peligro del pantano no solo eran la criaturas que lo habitaban, para aquellos que no lo frecuentaban era como entrar a un laberinto, cualquier paso en falso te podría llevar a una buena tumba de lodo.
-------------------------------

El hedor a sangre mezclada con el agua estancada predominada en todas las ruinas de lo que alguna vez fue un templo, que por alguna extraña razón había sido construido en medio del pantano.

En el interior de las ruinas se hallaba Sheoldred jugando con el cuerpo inerte y desnudo de una linda y enlodada muchachita.


-La juventud se desperdicia con los niños, ojala que la hayas aprovechado bien- dijo la aracnide mientras hundía sus filosas uñas en uno de los suaves pechos de su comida.

-¡Llegaron! ¡Llegaron!- La voz de Nahema se escucho por toda la habitación y a continuación una pequeña, tierna, traviesa y maléfica hada acababa de entrar volando por una puerta.

Detrás del hada un par de aracnides entraron por la misma puerta, ambas tenían un aspecto similar al de Sheoldred, pero con sus diferencias. La primera en entrar portaba un bastón y la piel de su cuerpo humano tenía un color grisáceo y frio, la ultima era la que conservaba mas rasgos humanos, tenía el cuerpo exactamente igual al de una mujer humana común y corriente desde la cabeza hasta la rodillas pero sus pies habían sido remplazados por el cuerpo de una araña.

-Madre, en que podemos servirle- dijo la bestia del baston mientras agachaba la cabeza.

-Mis niñas, su tarea es sencilla solo encárguense de que mis nuevas presas no se desvíen del camino, pueden tomar a uno de ellos por solo uno, si alguna me desobedece le sucederá lo que a esta jovencita- Sheoldred miraba su comida mientras seguía acariciando el esbelto cuerpo de la jovencita. –Ahora lárguense las tres, quiero tener privacidad con mi niña-

Off: revisen este tema cada mastereo La Telaraña







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Lun Mar 26, 2012 8:05 pm

Tristana le tendió la mano. Sus piernas flaquearon y empezó a sudorar como una rata del desierto. Le besó la mano en vez de devolverle el saludo como tuvo que hacerlo, como si de un Lord se tratase para luego arquear una ceja y mirar al horizonte. - Me llamo Ted... Med... Eddie - Le devolvió el saludo como un tartamudo. Tristana esbozó una angelical, dulce y inocente sonrisa que derritió aún más a Eddie. Mientras, el esto del grupo hacía las típicas preguntas de novela aventuresca, ¿Por qué no hacían preguntas como lo que iban a cenar esa noche? Cosas útiles, las recompensas sólo servían para reforzar un sentimiento típicamente mercenario, una buena persona ofrecía tartas a cambio de los servicios. ¡Eddie trabajaría mejor si le diesen tartas! Más exactamente, le apetecía tarta en ese momento.

Cuando veía a Tristana unas hipóteticas mariposas recorrían su estómago. Ella fue quien lo guió por los pasillos de la mansión cuando los echaron, aunque Eddie no se enteró, estaba pensando en su acompañante.
Llegaron a un improvisado puerto de pantano donde había una barcaza grande y un par de canoas más pequeñas. Cuando les sugirieron ir todos en la canoa, aunque esta no pudiese ir por los sitios más pequeños, Eddie se alzó entre el resto del grupo y dando brinquillos de Yordle gruñó para llamar la atención:

- Deberíamos ir todos en la barcaza, con las canoas más pequeñas atadas a ella, cuando no podamos seguir con la barcaza nos mudasemos a las canoas pero nos siguiesemos de manera ordenada. Al fin al cabo unidos tenemos más posibilidades que si vamos separados. Al menos yo no conozco este pantano, es un maldito laberinto para mí, y eso que relativamente soy de la zona.
Si no estaís de acuerdo con esto, al menos deberíamos ir con las canoas. En canoas pero juntos. Seis cerebros piensan más que dos, ¡Lo pillaís, seís son más que tres! -
Sugirió, finalizándolo con una satírica y endemoniada carcajada.

Sin esperar respuesta de los ineptos de sus compañeros, montó en una canoa pequeña y esperó a que Tristana lo siguiera, habiendo ya avisado a sus aliados de lo que tenía en mente, y sin esperar que pensasen lo mismo, agarró uno de los dos remos y ayudó a Tristana a impulsar la canoa por el río... Y en eso, y por empezar a hablar de algo, dijo con una voz tan tartamuda como antes: - Tienes idea de donde está el teta... ¡Botín! - Habló, disimulando su errata con una pequeña risilla por lo bajo, no tan esquizofrénica como antes.
Tristana esbozó una sonrisa mientras remaba, - Este pantano es muy grande, Eddie. Aunque sé más o menos donde puede estar... ¿Has oído hablar de las arañas? Esas malditas están amargando la existencia de Shuwap desde que existen, no hacen más que evitar el contacto con el mundo exterior... Sé donde cae su guarida, pero no es seguro ir nosotros solos. - Comentó muy serena, parecía tranquila y carecía de la hiper-actividad de los Yordles. Eso le gustaba a Eddie. - Eres muy gracioso Eddie - Instó, sonrojandose.

Eddie casi se desmaya de la emoción, sólo sacó la lengua mientras se hacía el muerto. Eso asustó a la Yordle, pero cuando Eddie empezó a reirse sólo, se tranquilizó. - Estamos en un pantano peligroso, tendrás que estar callado Edd, si puedo llamarte así. -


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Lun Mar 26, 2012 11:53 pm

La casa rezumaba un fuerte olor a resina. Las paredes de madera de un color ocre, parecían acabadas de barnizar. Una alfombra color púrpura ocupaba un tercio de la habitación. Fuese de quien fuese aquella casa, era indudablemente rico. No sólo por la alfombra; Cuadros ostentosos, con unos marcos cuyo precio quitaría el hipo, que representaban los antecesores de aquella casa.

Bugnar fue sacado rápidamente de sus pensamientos. El hombre que parecía llevar la voz cantante les estaba dando sus últimas instrucciones. Al parecer, enviarían a gente local para que les guiara por el pantano. Eso, en un principio tranquilizó a Bugnar. Ya se estaba preguntando cómo diablos iban a encontrar un cofre en medio de la nada. La tranquilidad pasó a la incertidumbre. ¿Significaba eso que debían repartirse el botín ahora entre seis?. Las palabras de su nuevo cliente le desorientaron aun más. ¿Qué no nos preocupáramos de lo que les pasara a nuestros guías? Qué clase de persona habla así delante los suyos. Al joven mago tampoco le importaba el destino de todos los presentes, pero tampoco esperaba gritarlo a los cuatro vientos. El clímax de la reunión llegó a su máxima esplendor en cuanto Bugnar descubrió cual sería su guía. Una niña de no más de doce años, estaba plantada delante suyo. Sus miradas se cruzaron, y por un instante, el corazón se le hizo migajas. Le recordaba tanto a su hija perdida. Un escozor empezó a arremeter en la profunda cicatriz del ojo izquierdo. Estuvo a tiempo de reprimirse el instinto de taparse el ojo con la mano. Pasados unos segundos de confusión, la niña que se postraba ante él ya no se parecía tanto a su hija. De hecho, no sabía cómo podía haberlas confundido. Eran totalmente opuestas. La chica guía era alta y estilizada, con una tez pálida una mata salvaje rojiza. A pesar de su estrafalaria figura, parecía una mujer atractiva. Desprendía una aura de confianza y seguridad en sí misma sorprendente para una chica humana.

Los acontecimientos se precipitaron. Sin haberse presentado, fueron arrastrados hacia las afueras de la ciudad, dónde, en uno de los pocos pedazos secos de tierra, les esperaban ya las canoas. Parecía que tenían prisa para que se marcharan de la ciudad. Debían haber perdido ya demasiados carros como para perder el tiempo en formalidades y protocolos. Con unas displicentes palabras, el hombre que hasta ahora había hablado eludió la pregunta del precio y se marchó por dónde había venido, dejando a Bugnar con la palabra en la boca. Empezaba a arrepentirse de su alocada decisión. Aun no había marchado y ya echaba de menos a “la sirenita”, aquella extraña taberna en medio de una ciudad lodazal. Sintiendo un ruido a sus espaldas, Bugnar se giró, contemplando así como el hiperactivo mapache (a falta de más conocimientos, Bugnar no sabía describirlo mejor), junto a lo que parecía ser una fémina de su misma especie. El ritmo de la conversación que llevaban esos dos daba a entender que ya habían hecho migas. Apenas había escuchado lo que el mapache, que aun no sabía su nombre, había dicho. Era verdad que era mejor viajar en grupo. Sin saber a qué o a quien se enfrentaban, Bugnar no se la iba a jugar. Ya habían desaparecido varios hombres armados. Eso no era ningún paseo tétrico por el pantano. Estaban en una cacería. Y debía estar al tanto.

- Ei viejo, no te duermas!- soltó de repente la criaja. Menudo carácter. Ni la cicatriz ni la melena blanca de Bugnar parecían impresionarla en lo más mínimo. Mejor, pensó. Eso le daba más tranquilidad a Bugnar. Si tenía un guía que sabía lo que se hacía, las cosas irían rodadas.

Cómo les habían asegurado que la canoa grande tendría problemas para cruzar ciertos tramos, y Bugnar no soñaba precisamente en zambullirse en aquellas aguas, escogieron una de las canoas pequeñas. Aunque el agua no parecía muy profunda a primera vista, aquel viaje no le hacia ninguna gracia. Si a algo le tenía miedo era al agua. Pero, evidentemente, un mercenario contratado para recuperar un cofre no podía permitirse el lujo de estar tiritando de miedo. Así que hizo lo que pudo para contener el miedo e intentó no prestar mucha atención a la masa de agua que les rodeaba.

Mientras la chica remaba. Bugnar empezó a dibujar un circulo con una tiza en la madera de la canoa. La chica lo observaba en silencio. Cómo tampoco preguntó, Bugnar no le dijo que se trataba de un círculo de invocación… seguramente se arrepentiría, pero esta vez estaba seguro que lo necesitaría a él. Sólo de pensarlo ya le entraba dolor de cabeza.

Entre miedo y exasperación, Bugnar se alejo de la orilla, persiguiendo de muy de cerca al Koala y a su pareja.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Thorvak el Mar Mar 27, 2012 12:27 am

La evasión a la pregunta que Thorvak había echo al tipo de la mansión, había desagradado bastante al enano..que mierda, todos han perdido los pocos modales que quedaban en estas tierras olvidadas por los Dioses, por favor..de pronto, y sin que Thorvak se diese cuenta, tenia parado detrás de si a un hombre, robusto, no muy alto, pero tremendamente grande, no le hacia falta demasiado para ser mas alto que el, pero aun asi, superaba la altura del humano de cabello blanco que alli se encontraba..el enano giro la cabeza, quiza pensado ya en la recompensa cuando lo vio, volvio la vista rapidamente y dijo..Peroo quee mierr!.. hombre de donde has salido?!!
Se llama Bloc, el es tu escudero, es de pocas palabras.. - respondió el hombre que ofrecía la paga, si, el de los objetos lujosos..
Este tal Bloc, tenia un aspecto de hermitaño terrible, y eso que Thorvak se llevaria todos los premios en un concurso de hermitaños, pero aun asi, Bloc, pasaba los limites, tenia todo el torso descubierto y lleno de tatuajes, seguramente caracteristicos de esa region, era calvo y tenia una barba tupida que llegaba hasta el ombligo, trensada hace ya varias decadas, muy enmarañada y bastante sucia..pantalones de cuero solido, pero sin duda, lo mas impactante de este extraño amigo eran las dos cimitarras que atravesaban su espalda, brillantes y con un mango dorado, que haria pensar a cualquiera que se trataba de oro puro..estaban sostenidas por un cinto que cruzaba su barriga y espalda en forma de X..

Pues bien, sigueme entonces.. dijo Thorvak a Bloc.. el gigante salio de la habitación detrás del enano, sin emitir sin quiera una palabra..

Thorvak iba un poco mas atrás que los dos personajes que lo acompañarían en esta aventura, ¿lo acompañarían?, al parecer..No. El bicho peludo subió a una de las canoas pequeñas junto con otra de su especie mientras que el humano, subio a otra de las canoas con una joven mujer...

Pues bien B..te puedo decir así verdad?..El escudero no respondió..quien calla otorga hermano...entonces B, vamos a llevarnos la canoa grande..y amarraremos la pequeña detrás..si estos malnacidos van solos, entonces allá ellos..

B amarro la canoa pequeña detrás de la grande, y aparto a esta hacia dentro de las aguas con un remo bastante largo..y así partieron, un poco mas atrás que "el grupo" de aventureros..

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Amethyss Di´Zirea el Mar Mar 27, 2012 1:07 am

Cuánto tiempo llevaba mirando la empolvada ventana de sucios cristales, pensó el mentón apoyado contra su palma mientras suspiraba con aburrimiento. Parecía que desde hacía años se encontraba en aquel pueblucho rodeado de fango. Quizá no le habría parecido tan insoportablemente aburrido de tener un punto de interés, pero en la modesta posada en la que se hospedaba desde hace tres días no se hablaba de otra cosa que no fuera el chismorreo habitual de los parroquianos:

-¡Todo sube, todo sube! Pronto no alcanzará para comer, ya no digamos calzar a los pequeños. Te juro Mirimar que no me alcanza. Cada día la mercancía está más cara y los malditos comerciantes desalmados no se conduelen de gente como nosotros- dijo una flacucha mujer con los saltones ojos marrones lagrimeando entre queja y queja, a la que se encontraba limpiándose las manos en el grasiento mandil detrás de la barra.

-La cosa esta peor que nunca- comentó la posadera lanzando un largo gemido de resignación- Apenas ayer se pasó por aquí Yahvarii a contarme que otra vez se perdió otro carromato con mercancías. El señor Tutebar ¿lo recuerdas? Ese que tenía una tienda de telas y menesteres en la calle que va hacia el centro de la ciudad- la posadera miro a la otra mujer con semblante interrogativo. No estaba segura de que siquiera conociera al tendero pero no le importaba. Sin esperar un gesto de asentimiento continuo con su relato con voz gangosa y melodramática- ¡Oh que desgraciado hombre! Ha tenido que cerrar y todo por culpa de la maldita inseguridad en la que vivimos ¿Cuándo será el día en que podamos vivir en paz?

¿Vivir en paz?, pensó la chica de la mesa con una media sonrisa desviando la mirada de la ventana. ¿Vivir en paz en una cloaca inmunda como esta?, repitió para sí con desprecio recordando sus arruinadas ropas cubiertas de suciedad cuando por fin encontró el camino.

Ambas mujeres seguían chismorreando indolentes en la barra, ni la flaca ni la gorda se habían percatado de que se conversación era escuchada por una tercera a la que el cotilleo comenzaba a irritarle. Después de todo, las insignificantes vidas de aquella gente le eran indiferentes a la invocadora por lo que volvió a la monótona contemplación de la ventana.

Una criaturilla informe, cornuda y con piernas de cabra, corría despavorida gritando un pregón chillón que no logró entender la primera vez.

¿Una recompensa? ¿No que este pueblucho no tenía ni qué comer?, reflexionó reclinándose sobre el asiento. La corredera en la calle se intensifico, una multitud se desbocaba calle arriba entusiasmada por el anuncio del ayuntamiento.

-Tú eres bruja ¿por qué no vas? Con tus poderes mágicos seguramente podrás matarlos a todos- afirmo una vocecilla traviesa por detrás.

-Porque no es mi problema- respondió la hechicera sin volverse.

-Si es tu problema- insistió el pequeño elfo con una pataleta contra el suelo astillado- ¡Es problema de todos!

Sólo habían pasado tres días desde que su camino se había cruzado con el de Tasell. El travieso elfo se le había pegado como sanguijuela desde que miró la diadema de oro reluciendo a la mortecina luz del mercado. Se había pasado siguiéndola puesto tras puesto embelesado por los relucientes resplandores de las joyas, de las pulcras ropas, de ese aire de extranjera que la hechicera despedía y al principio a la chica le causo gracia la inocente admiración que el niño destilaba. En los días posteriores se deleitaba en la compañía del elfito, con sus travesuras, sus correrías y su incesante charla de todo lo que conocía, todo lo que sabía o le habían contado y aquello que esperaba ver.

-Pronto me iré. No soy una mercenaria ni me interesa la recompensa por capturar bandidos- repuso dando el tema por zanjado.

-¡No es ir por bandidos! Lo he escuchado de Grau. Es que se han robado un cofre muy importante ¡Un cofre que vale mucho! Grau dijo que los del consejo están con los cojones en la garganta porque se ha perdido o se lo han robado ¡Eso, que se lo han robado! Y que debe ser muy pero muy valioso para que ofrezcan esa cantidad de sueldos. Grau dijo que ningún cofre que no fuera muy valioso valdría esa cantidad de sueldos y que sólo pavos sin cerebro regresarían el botín.

Mientras el indignado niño se atragantaba con las palabras que gritaba, algo de lo que dijo despertó el interés de la invocadora. Se volvió hacía el elfo con las manos entrelazadas, meditabunda. Qué tan valioso sería en realidad ese cofre.

-¡Vamos! ¡Vamos! Grau me dijo que yo sería un armero- gritaba jalando con sus deditos la manga blanca de la chica entre brincoteos frenéticos- ¡Nos van a dejar! ¡No van a dejar! Ya me dieron todo, es más ya le he dicho a Grau que vendría por ti y él me dijo que me apresurara a las canoas.

-¿Eh?

Los tirones frenéticos la habían arrastrado casi hasta la puerta empujada por el niño.

-Yo no he aceptado ir- dijo finalmente deteniendo al chico por los hombros.

Por un instante Tasell permaneció allí en silencio con sus descomunales ojos azules clavados en ella sin saber que responder. Entonces introdujo su manita en su mochila de cuero y de allí salto una ardilla marrón que corrió por su brazo hasta colocarse junto a su cuello. Tasell ni siquiera se inmuto, rebuscando en el mar de objetos que contenía el interior de la raída bolsa hasta que por fin, con una sonrisa extrajo un saco lleno de monedas que entrego a la hechicera.

-Ese es tu primer pago y como ya lo cogiste ¡ahora tienes que ir!- sentencio señalándola con el pulgar.

¿Qué más podía hacer? El pequeño embustero le había ganado con aquella treta.

En el embarcadero

Tasell corría a todo lo que sus agiles piernitas daban jalando por la ropa a la hechicera que azuzada por el niño también se veía obligada a trotar con la mayor dignidad que los jalones en su falda le permitían.

-Calma Tasell. No tan rápido.- indicaba una y otra vez al chico pero sus palabras parecían tener el efecto contrario. “Calma” era sinónimo de más rápido y “no tan rápido” lo era de jala más fuerte.

Pronto divisaron el rio y en la orilla a un grupo de individuos junto a algunas canoas. Una peculiar criatura peluda hablaba a los demás y por un instante el chico paro su avance hipnotizado por “la cosa parlante” Sus grandes ojos azules se abrían como platos y seguía boquiabierto el discurso que aquel animalillo dirigía. Lentamente soltó la falda de la hechicera y se encamino a trompicones sin apartar la vista de la enorme chinchilla parlante con anteojos.

-Se parece a ti Chirie Che- le susurro a la ardilla que llevaba al hombro.

Chirie Che le respondió con un par de chillidos cómicos, moviendo la diminuta nariz que olisqueaba el aroma del pantano. Se notaba por el movimiento de los bigotes que había tomado aquella comparación como un insulto contra su identidad ardillil. “La cosa parlante” ingresó a una canoa y Tasell tomó aquello como una oportunidad para asegurarse un lugar junto al animal.

-¡También vamos!- aulló con toda la potencia de sus infantiles pulmones precipitándose a las canoas sin esperar a quién se supone debía servir.

La hechicera dio un visto rápido a los demás; un enano en la barca grande, un hombre de cabellos canos y el bicho parlante en las canoas, preguntándose si acaso ellos sabrían algo más de esta misión en la que desde un comienzo no se habría metido de no ser por el elfo. Aun puedo regresar, pensó. Pero Tasell brinco sin aviso a la pequeña canoa libre sin meditar nada. La canoa tambaleo un momento a punto de volcarse pero por suerte para el elfo pronto se estabilizó.

-¡Lo siento es que nos dejaban! – gritó al enano y su acompañante sin importarle mucho si aceptaban o no sus disculpas mientras agitaba su mano frenéticamente llamando a la hechicera mientras luchaba con uno de los remos con la otra.

Al ritmo pausado del “qué remedio” se acercó a las embarcaciones con la mirada puesta en el rio y un poco más allá. Pantano, todo era un maldito pantanal traicionero.

-¡Apurate! ¡Apurate!- vociferaba Tasell excitado.

-Sí quieres que siga con esto será mejor que te controles- le reprendió – sí acaso crees que en el pantano seguirás con tus griterías Tasell yo misma te arrojaré a la ciénaga.

¿Eran nervios, miedo al agua turbia o un augurio lo que la hechicera tan tensa? De nuevo miro hacía el rio, el agua ocultaba los secretos de la profundidad con ese tono marrón del sedimento usual en los marjales. El elfo guardó silencio ante la amenaza de abandono pero ni la reprimenda ni nada podrían borrar la traviesa sonrisa que poseía en aquel momento.

-No me gusta- susurró para si la invocadora al apartar la vista del agua y volverse a la barca.

No me gusta nada, se repitió esta vez en silencio. Hizo una leve inclinación a modo de disculpa al enano. Tasell se las arregló para acercar lo suficiente la canoa a la orilla para que la chica pudiese entrar sin mojarse demasiado. Aunque los bordes de su largo vestuario chorreaban aquella agua pestilente.
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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Mar Mar 27, 2012 5:51 am

La oscuridad había terminado de caer en Shuwap y las canoas de los valientes se empezaban a perder de vista entre los tuneles formados por arboles y el apestoso pantano.

La pequeña caravana de canoas iba de la siguiente manera, hasta enfrente los Yordle, seguidos del anciano canoso, un poco más atrás en la canoa grande estaba el enano con otro humano bastante serio que seguían remolcando la última canoa con una señorita y su acompañante inquieto.

El camino a la vista de un ojo común y corriente parecía tranquilo, solo se escuchaban los rechinidos de la madera de las canoas y alguno que otro animal escondiéndose de los extraños, y quizá alguno que otro comentario por parte de los aventurados.

Rápidamente empezaron a aparecer enormes telarañas colocadas de árbol a árbol, en un principio parecían ser de arañas del tamaño de una cabeza humana, pero conforme avanzaban se iban engrosando y alargando mas y mas hasta que tenían el grueso y largo de lianas comunes y corrientes.

De pronto un cuerpo cayo justo delante de ellos salpicando de fango y sepan los dioses que mas, cuando el fango se calmo pudieron ver como lo que quedaba de un cadáver de araña de al menos un metro de alto y dos de largo y ancho se terminaba de hundir lentamente.


-Jijijiji- una risa se escucho por todo el pantano, tenía ese tono burlón y pícaro, y la malicia se notaba en el aire. Por más que los aventureros intentaban encontrar el origen de la risa no podían ver a nadie a su alrededor.

-Seeean bienveniiidos a nuestrooo pantaaano…- La misma voz resonó igual de fuerte que antes y cuando todos estaban distraídos con la voz una serie de arañas de diferentes tamaños atacaron las canoas cayendo de los arboles e intentando apresarlos con sus telarañas.

Rápida y ordenadamente tres arañas comenzaron a intentar enredar a cada uno de los ocho presentes, tomándolos totalmente por sorpresa.

En un abrir y cerrar de ojos lo que parecía ser un pantano tranquilo con ramas y hojas estorbando se había convertido en una jungla te telarañas enormes que habían descendido mágicamente de los arboles como si tuvieran vida propia, parecía que de alguna forma sabían donde caer puesto que habían formado una red entre cada canoa impidiendo que los pasajeros se cambiaran a otro transporte.

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En el despacho del señor gobernador se respiraba un agradable aire de alivio, los tres hombres más importantes y ricos de la ciudad disfrutaban del mejor vino que aparentemente llego en una canoa con otros comerciantes, que se salvaron de ser devorados.

-Dígame señor gobernador, cuantos días le da a los infortunados aventureros que mando a sacrificar- dijo un señor gordo y con una papada que le escurría como si de un perro se tratase.

-Siendo optimistas, notario, tres días. Sheoldred suele jugar más tiempo si algo le gusta, y entre ellos va una muchachita- Respondió el gobernador como si fuera un experto en el tema. Era el hombre mas joven de los tres, rondaba por los 50 años y las canas apenas empezaban a invadir la rubia cabellera del hombre

-Sabia observación señor, la ultima vez mandamos una niña y todos los que iban con ella sobrevivieron por dos días, hasta que ese monstruo se aburrió- añadió el ultimo hombre, uno mucho mas anciano que los otros, delgado y demacrado por la edad, era el juez de la ciudad y se podría decir que el padre de sus leyes.

Los tres hombres siguieron su amena conversación por toda la noche, entre ellos tres encubrían una serie de delitos en los que incriminaban a las arañas del pantano, un plan que según ellos era a prueba de idiotas.

Cada semana desde hace 3 meses mandaban un grupo de personas a rescatar un objeto que nunca estuvo en peligro, y siempre terminaban todos muertos.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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