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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Thorvak el Mar Mar 27, 2012 8:22 pm

El único sonido que se escuchaba era el del remo chocando con el agua calma, un agua profundamente oscura, como el corazón del mas despiadado orco y espesa como la sangre de un paladín..

Apenas partimos del muelle en la ciudad, un alocado y diminuto ser hacia señas intentando parar la barcaza mas grande en la que Thorvak viajaba, que ya estaba en movimiento..a duras penas logro subir el pequeño junto con lo que parecia ser su acompañante o su ama..quien sabe..esta hizo una señal que el enano no entendio demasiado, simplemente veia desde la barca mas grande como la chica y el pequeño hacian malabares para intentar subirse a la canoa pequeña..Thorvak despues del mini espectaculo..simplemente escupio hacia un costado y se limpio con su ya muy sucia manga izquierda..

Los conoces Bloc?.. - le dijo al gigante, y ya sabia que no existiria una respuesta..B solo seguia remando, sin prestar mucha atencion a los nuevos "acompañantes" del barco..

Me lo imaginaba.. se respondio asi mismo Thorvak..

Ehhh! y tuu..quien eres?, calma a tu compañero, por mis barbas que se quede quietoo mujer!.

Thorvak no habia terminado la frase aun cuando de pronto una extraña risa se escucho..seguido de una frase..
-Seeean bienveniiidos a nuestrooo pantaaano…-

Parecia la voz de una mujer, sonaba un tanto extraña pero lo era al fin..

Y tu se bienvenida a la cita que están preparando el filo de mi hacha y tu cuello perra!. Respondió Thorvak exaltado, y creyendo que simplemente eran cuentos y brujería barata que atemorizaba a los viajantes del pantano..

Cuando de pronto, algo cayo al agua en frente de la barca..

Mierrrrr!, Arañass! Bloc, espalda con espalda viejoo!, al centro de la canoa ahoraa! muévete!. - El hombre grande, sin pensarlo dos veces se coloco como había dicho el enano, este le sacaba fácilmente dos o tres cabezas..Thorvak también hizo lo suyo, desenfundo rápidamente el hacha que lo portaba a dos manos, agacho un poco sus rodillas y se coloco en posición de combate..

Veremos que tan buena anfitriona eres malnacida..Bloc coje mi hacha cabrón, arremeteré contra estas alimañas a los golpes si así lo quieren! Thorvak soltó el hacha que majestuoso voló por el aire y brillo con la luna.. un segundo después se encontraba en las manos de su escudero, acto seguido, Thorvak saco su casco y como si se tratara del mejor de los martillos enanos, encaro a las criaturas que subían a la canoa a los golpes, mientras que su robusto compañero, usaba el hacha..

Ahhhhh!! Malnacidass mall..naaacii..dasss!! Ahhh!! como si se encontraria en la guerra de enanos contra orcos, Thorvak estaba fuera de si, le encantaba la adrenalina de la batalla..

Demuestren lo que tienen!, Demuestrenlo maldita sea!. era una escena un tanto cómica, un enano de casi 100 Kg corriendo sobre una canoa tambaleante a golpes con su propio casco..quien lo diria..



Última edición por Thorvak el Miér Mar 28, 2012 12:35 am, editado 2 veces
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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Mar Mar 27, 2012 11:25 pm

El juego de sombras que se creaban con el fuego de las antorchas tenía ensimismado al mago. Parecían interpretar una danza ancestral que sólo ellas conocían… bailando al son del fuego.

La niña que acompañaba a Bugnar no se había ni molestado en preguntarle su nombre. Por otra parte, él tampoco. De esa forma habían sellado una especie de tácito acuerdo en el que ninguna de las partes molestaba al otro con preguntas absurdas. Los moquitos lanzaban incesantes ataques a los viajeros. De vez en cuando, Bugnar conseguía aplastar alguno de un golpe, pero inmediatamente después, había otro que remplazaba al caído. Y así sucesivamente.

La noche empezaba a caer sobre ellos, y el ambiente era cada vez más frío, si bien aun hacia un calor insoportable. Tras aquel frondoso y espeso manglar se alzaban las estrellas, diminutos puntos en el inmenso cielo. Esa noche pero, la luna no los acompañaba con su presencia. De no ser por las antorchas que llevaban, hubieran estado sumidos en la más absoluta oscuridad. Esa sensación; de estar rodeado por la naturaleza salvaje y peligrosa, era una de las cosas más tranquilizadoras y relajantes para Bugnar. El viajar solo durante años le había hecho apreciar esos pequeños detalles, que de otra forma, pasarían desapercibido. Los sonidos del pantano, que de día era un lodazal pestilente, conferían a la noche un toque majestuoso. De vez en cuando se oía algún pez coletear fuera del agua, para acto seguido, volver a sumergirse. De seguro estaban a la caza de insectos flotantes en la superficie.
La noche se hubiera presentado cómo una terapia para Bugnar, que le hubiera hecho olvidar esas dos semanas encerrado en aquella ciudad, de no ser por un incidente imprevisto. Los acontecimientos se desenvolvieron a una velocidad demasiado rápida para que diera tiempo a Bugnar para hacerse cargo de la situación. De repente, una enorme massa de algo que el pactado no pudo identificar, pues estaba demasiado lejos, impacto en el agua, cerca de dónde estaba el mapache y su compañera. No dio tiempo a intercambiar gritos de alerta. De repente, del frondoso techo del bosque, empezaron a descender unas criaturas negras de forma esférica, que momentos después se desvelaban cómo arañas negras de un tamaño considerable. El ruido de las patas de esos seres al desplazarse por la madera de las canoas era realmente inquietante.

Bugnar apenas escuchó la seseante advertencia proveniente de algún rincón de aquel pantano. Él sabía que estaban bajo una emboscada y eso era lo poco que importaba en ese momento. Lo que sí pudo oír claramente fueron los insultos que propagó el colérico enano. Este, como todo buen enano que se precie, estaba ya dispuesto para presentar batalla. Bugnar vio como el pequeño pero fornido ser se replegaba junto a su compañero para acabar con todo aquel que entrase dentro del radio de alcance de su hacha. Bien, pensó Bugnar, siempre es bueno contar con la barba y el hacha de un enano. El grito de guerra que evocó infundió de convicción a Bugnar, que hasta entonces aun no se había despertado del todo de su encandilamiento.

Instintivamente y sin perder el tiempo, Bugnar golpeó el círculo de invocación que horas antes había grabado en la madera de la canoa, para a continuación pronunciar las palabras que tanto odiaba articular. Las pronunció en un susurro, de manera rápida y automática. Había dicho esa misma frase tantas veces, que ahora, en una situación de eminente peligro, emanaban solas de su boca, sin rastro de titubeos ni errores.

“Por el contrato que me ha marcado… Zakar, demonio y esclavo de Balestra la súcubo, hijo de Cherma, te invoco aquí y ahora. Tus servicios son requeridos”


Un destello de luz rojiza hizo aparecer en medio de la canoa a una fiera abominable. No era más grande que un perro, pero aun así su aspecto era diez veces más terrorífico. El demonio no poseía piel, por lo que podían apreciarse sus músculos y huesos. Supuraba sangre por todos lados y desprendía un hedor a muerte que hizo retroceder a Bugnar. Unos colmillos ensangrentados se postraban en la mandíbula de aquel grotesco ser. Fue la primera vez que vió a la niña, su guía, asustarse. Pero no tenían tiempo para discutir sobre el asunto. Antes de que aquella chiquilla de melena ardiente y mirada firme y segura pudiera vociferar algo coherente, Bugnar le arrojó su daga, que la había desenvainado del cinturón que le colgaba del pecho.

- Ensarta a esas cosas!- gritó el mago a la niña.

En otras circunstancias no habría recurrido a ella, pero teniendo en cuenta que la canoa era un medio inestable, además de que ahora Zakar, su demonio también estaba subida a ella, prefería no tener que ir en la ayuda de la niña si algo salía mal. Debería apañárselas sola. Tan rápido cómo se lo permitieron sus aun adormecidas articulaciones agarró el ahora inerte remo que flotaba a un lado de la barca y arremetió contra la primera araña que se le cruzó en su camino. La canoa se tambaleó peligrosamente.

Zakar, por su parte, emitió un rugido de gloria y gozo que atemorizó a Bugnar. No debería haberlo invocado… siempre acababa dando problemas. Sólo rezó para que esta vez sirviera para algo más que producir dolores de cabeza a su invocador.


________________
Spoiler:
Off:

Creo que he gastado una acción completa y dos estandar (invocación, pasar la daga a la niña y atacar con el remo). El circulo de invocación lo habia creado en el post anterior.

Y aquí la ficha de la invocación



Resistencia: 16
Fortaleza: 16
Agilidad: 13
Destreza: 13
Resistencia a los elementos:
Agua: 5
Fuego: 5
Tierra: 5
Aire: 5
Nivel de magia: 0

Habilidades innatas:

Gran fuerza y agilidad.
Sus propias partes corporales les sirven como armas, por ejemplo sus garras afiladas o tener colas con cuchillas.

Habilidad del diablillo bestia (invocación):
Bersérker: El PJ pierde el control, la ira se apodera de él y se vuelve completamente loco durante un momento. Durante el tiempo en el que el personaje esté afectado por la furia bersérker, deberá atacar a toda persona que entre dentro de su campo de visión. Puede intentar controlarse lo suficiente para no atacar a sus propios compañeros y amigos, pero nada le asegura tener éxito. A cambio de este enloquecimiento, la fuerza y velocidad del PJ aumentan en 7, además de que se vuelve completamente inmune al dolor durante todo el rato en que esté afectado, sólo pudiendo ser matado hiriéndole el corazón o cortándole la cabeza. Sin embargo, una vez el PJ se recupere de este estallido, se verá obligado a descansar debido al esfuerzo extremo que el cuerpo lleva a cabo en este modo, pudiendo llegar a morir si ha sufrido heridas muy graves, pues mientras esté en este modo de furia, desechará todo tipo de defensa personal, haciéndole blanco fácil para los ataques.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Miér Mar 28, 2012 7:41 pm

La travesía en canoa estaba resultando una experiencia interesante para disfrutar de un paseo en barca por un precioso pantano, ¡Además con mujer como extra!
Eddie disfrutaba de las vistas y de Tristana, mientras ella remababa como podía la canoa por las espesas aguas fangosas del pantano. El Yordle ni siquiera se le había ocurrido ayudar a la dama a remar, estaba más preocupado en estar ensismado en sus cosas.
Cuando se iba a dignar a coger un remo y ayudar a Tristana, incluso empezar una amena conversación, ya habiendose olvidado completamente de lo que le dijo ella hace unos minutos...

Una antorcha agarrada a la parte delantera de la canoa iluminaba el frente y otra en la trasera, el culo de la canoa. Brindando así una serie de colores ámbarinos bastante afables para una sesión amorosa entre Yordles, muy acostumbrados a pantanos como ese, al fin y al cabo Bandle estaba situado en un pantano. Pero ese no era el caso, Eddie sentía Hexplosiones en su interior y sólo tenía una respuesta coherente con ello, y no era una indigestión por zumo de caracoles, era el amor. Esa cosa que decían que existían pero nunca habían demostrado, pero la demostración no siempre aseguraba los hechos... Bueno, eso se lo acababa de inventar para defender una creencia poco creíble, irónico todo veniendo de un inventor.

- Me llamo Eddie - Habló el Yordle, con un tartamudeo grabado en sus cuerdas vocales. Ella esbozó una sonrisa y se tapó la boca con su dulce manita de cuatro dedos. - Ya... lo sé, me lo has dicho - Respondió ella sonrojada... Se vió interrumpida por algo totalmente inesperado.

Algo cayó del techo del pantano, algo negro y peludo (No tanto como Eddie, pero peludo), le salpicó bastante fango en la cara, por lo que soltó un grito bastante repulsivo, agitó su cabeza y brazos para remover todo aquel pegajoso barro de su peludo cuerpo, al más estilo perruno. Luego se frotó los ojos con las limpias manos y escupió repetidas veces en la canoa, antes de darse cuenta de que era lo que había caído... ¡Una araña! No le gustaban las arañas, le parecían repulsivas con tantas patitas moviéndose a la par, eran demasiado violentas... ¡Le daban asco!
Se alejó un par de pasos de la parte frontal de la canoa, donde había caído la araña y luego, oyó una misteriosa voz.
No sé molestó en buscar de donde venía esa voz, estaba más preocupado mirando en todas direcciones de donde había caído esa maldita araña, tenía una extraña manía: Cuando perdía de vista a un aracno-bicho, buscaba por todos lados donde se había metido, y en ese caso la araña en cuestión se había sumergido en el agua, y quería saber si de donde venía había más...

Y entonces, seis arañas empezaron a acosar a Eddie y Tristana, Eddie bien precabido que era, ya tenía la llave inglesa en mano. ( Qué siempre guardaba en su cinturón utilitario ), a todas aquellas que estuviesen dispuestas a tocar a Tristana, Eddie les arreaba un Llaveinglesazo, y las que le tocaban a él más ración de lo mismo, dando así una velada de "Toma y da gracias", obviando su repulsión a las arañas y transformándola de una forma muy violenta en una sucesión de golpes y arremetidas con su llave inglesa.

CRASH, PUM, CHISSCT, PRASH PUM CHAS!!!!

- ¡Toma un poco, y tú también! ¡Malditas arañas, malditas! - Gritó Eddie con su histérica voz que ahora, derrochaba adrenalina y fiereza de un Yordle cabrado.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Amethyss Di´Zirea el Miér Mar 28, 2012 8:24 pm

El oleaje partía el agua contra la proa dejando una estela de fango que intensificó la tántrica penumbra del pantano. La hechicera aguzó el oído alarmada por el silencio que la embotaba. Se suponía que debería escuchar el zumbido de los insectos o el croar der algún sapo de ciénaga. Dónde estaban los ruidos propios de las criaturas que habitaban aquel infierno húmedo, se preguntaba forzando al límite los sentidos sin lograr captar más que el tenue crujido de la madera golpeando contra el agua y el chapoteo irregular de los remos con los que el elfo jugueteaba. Le hizo una seña al chico para que mirará hacía los árboles donde esperaba ver brillando el par de ojillos de algún pájaro. Nada se movía entre las en el pantano, solo Tasell que se mecía inquieto dentro de la canoa jugueteando con total despreocupación del entorno.

Después de que lo reprimieran por enésima ocasión y le ordenará silencio, se conformó con clavar su resentida mirada en el viejo barbas de chivo. La bruja estaba cabreada, seguro que era porque se había mojado y por eso se desquitaba amenazándolo con transformarlo en ardilla. Si de cualquier forma acabaría transformado tarde o temprano ¿Por qué no en un mapache volador al menos? Así que Tasell se entretenía salpicando agua con los remos ya que no tenía la necesidad de remar, remolcados como iban.

-¿Crees que encontremos peligro? Ywën dice que en el rio vive un cocodrilo gigante que devora embarcaciones y que si tienes suerte y no te pilla, más adelante, cuando llegas a los árboles con garras, un Glup de los pantanos te arrastra de los pies al barro donde te ahoga para después comerse tus ojos. Mika me contó que eso de los Glup es mentira pero que si existe un monstruo en el pantano que se roba a los bebés recién nacidos para engullir su sangre en una gruta y que si pones atención puedes escuchar su canto. Aquellos que escuchan su canto están condenados porque el monstruo…

-¡Basta Tasell!- lo cortó harta del cotilleó del chico. Y por los gritos del enano, no era la única que deseaba arrojarlo al sucio rio. El niño se atraganto con la continuación de su historia, hizo un mojín arrugando la nariz mientras se cruzaba de brazos y con los ojos a punto de derramar lagrimas guardo silencio.

Amethyss se aferró al borde de la canoa con la mano crispada, desde hace un tramo atrás había visto las viscosas telarañas que enredaban la copa de los árboles y aunque la sola contemplación le provoco un escalofrió, era el denso silencio que guardaba el pantano lo que en verdad la tenía en ese estado de irascibilidad. Cada poro del cuerpo intuía el peligro y aquella afonía era un presagio de muerte difícil de ignorar. De dónde vendría, eso lo desconocía. Sus dedos se refugiaron en el frío metálico del bastón mientras centraba su atención en el rio… esperando.

¡PLAZ!

Una larga pared de telaraña se desgarró frente a las canoas delanteras rompiendo sus viscosos hilos mientras un bulto informe se hundía en el negro sedimento del pantano. Tasell saltó tan bruscamente hacia a la hechicera que la canoa se ladeó peligrosamente y solo los salvo de volcarse el contra peso del cuerpo la mujer quien consiguió estabilizar el bote a duras penas. Una risa macabra proveniente de la oscuridad desconcertó al aterrado elfo quien se abrazaba desesperado a la mujer.

-Toma los remos- ordenó la hechicera apartando el niño de sí con cierta brusquedad, pero Tasell se aferraba a las ropas de la mujer como si la vida se le fuera en ello -¡Coge los remos de una buena vez!- le gritó asiendo con determinación el bastón de oro con las palabras de invocación bailando en los labios.

Entre gimoteos el niño alcanzó los remos un instante antes de que cayeran al agua turbia. Una mole negra y peluda se descolgó de un brinco de una telaraña cerca del elfo. La enorme araña aferraba sus tarsales a la madera crujiente mientras Tasell chillaba presa del terror, cuando otras dos se descolgaron sobre la meciente embarcación —una de ellas en la popa, mostraba sus filosos colmillos, levantó los hinchados quelíceros a punto de saltar sobre la hechicera. La otra se aferraba con sus punzantes ocho patas al borde de la canoa, mirando con sus ojillos a la presa más pequeña. Seguramente habría más que esa en los árboles pero contarla sería inútil.

-¡NO TE MUEVAS NI UN MILIMETRO Y TIRATE AL SUELO! –Ordenó con voz de trueno la mujer. Sí el niño comenzaba a brincar y querer escapar de la araña, ambos se volcarían en aquellas aguas traicioneras.

Tasell obedeció por primera vez sin siquiera pensarlo. Cegado por las lágrimas, se agachó lentamente sobre el suelo de la canoa donde se tendió despacio, muy lentamente entre temblores, con los ojos fuertemente cerrados y Chirrie Che aplastada protectoramente contra sus brazos. La hechicera esgrimió el Bastón de Zull como un arma, su alcance lo hacía perfecto para golpear a los insectos.

El bastón zumbó al descargar el primer golpe contra la araña de la borda. Con el mismo impulso formo un arco en torno a ella para golpear al insecto de la popa. Un cuarto aracnido se desprendió de la viscosa pared entre las ramas cólocandose justo frente a la invocadora. La mujer la bateó con la parte filosa del bastón de invocación en medio de un rapto de asco tan intenso que la canoa tambaleo agitando el agua. Una quinta araña saltó de sabrá dios dónde y apenas tuvo tiempo de verla por el rabillo del ojo. El grotesco insecto ya caminaba por la desnuda piernita de Tasell emitiendo un chillido agudo que, hasta ese momento, la hechicera ignoraba que los insectos pudieran hacer. Una nueva araña brincó sobre ella aferrando sus torcidas garrillas a los pliegues de su falda, por donde comenzaba a escalar. Contra está no uso el golpe de la zumbante vara. Le propino una patada tan violenta, que el bichajo salió volando y se estrelló en la proa, cerca de la antorcha. Mientras tanto, el elfo arrastrandose como gusano apenas un palmo por la cubierta, gimoteaba temeroso de que la araña lo devorara. Presa del terror volvió medio cuerpo y de un bolsazo limpio se desembarazó del infame monstruillo.

-Quedate abajo- dijó la mujer.

Tenía que defenderse a sí misma, debía proteger al niño y todo ello teniendo el cuidado de no volcar la maldita lancha en la que iban.

Sin apartar la vista de las otras arañas cercanas, rebusco a tientas en su bolso un frasquito hasta que sus dedos encontraron el frío cristal que contenía el fino polvo de ají. Sabía que era un potente repelente contra los insectos en estado natural pues irritaba y desorientaba las antenas y pedipalpos ¿serviría contra estás arañas? Empujando con el pulgar logró arrancar el corcho, entonces arrojó el polvillo sobre Tasell. Ahora el bastón a dos manos era doblemente peligroso para los insectos y ella estaba lista a desembarazarse de ellas dando golpes y mandobles con ambos extremos de la vara a diestra y siniestra, tanto como la maldita balsa le permitía. El zumbido furioso del bastón se había vuelto constante y giraba en arcos largos que la protegían a ella y al pequeño elfo agazapado del alcance de los arácnidos.
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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Jue Mar 29, 2012 5:06 am

En pocos segundos la calma se convirtió en tormenta, las arañas habían causado problemas a todos y a unos los tenían entre la espada y la pared.

El humano albino había descuidado a la niña pelirroja, por más que la chica se defendía con la daga de Bugnar, un par de telarañas levantaron a la niña pelirroja, las pequeñas arañas habían hecho lo suyo, no por completo pero una parte, habían enredado de los tobillos a la niña y empezaban a taparle la cara. La niña que ahora colgaba de las ramas de los arboles había dejado caer la daga que portaba en medio de todo el pantano, y para terminar de sufrir la telarañas que la tenían colgando se empezaban a alejar de donde estaban las canoas. La invocación de Bugnar (portal) había dañado un poco la canoa en la que se encontraba y su aberración de demonio había terminado con todas las arañas que sobraban en su canoa, desafortunadamente lo había hecho tarde pues la niña ya estaba en posesión de las arañas y las telarañas se le habían pegado al cuerpo lleno de sangre.

Por otra parte, en la canoa grande se habían metido en un problema ellos solos, el enano que daba golpes con el casco a las arañas que se le cruzaban por enfrente había olvidado la presencia de las telarañas y esto empezó a entorpecer sus movimientos cuando varias de ellas se enredaron en sus brazos y piernas. El otro tipo había dejado un enorme hoyo en la canoa, su falta de experiencia usando el arma estaba a punto de provocarles una muerte segura y el hundimiento de su canoa era irreversible.

En la canoa del frente se las estaban viendo negras con las arañas, pero debido al pequeño tamaño de sus pasajeros no tuvieron problemas con voltearse, Eddie de la misma forma que Thorvak, soltaba golpes con sus herramientas a cualquier araña que se le acercara a su linda compañera, para su desgracia la llave no las dañaba lo suficiente como para matarlas de un golpe pero las mantenía a raya y lejos de Tristana.

Hasta atrás, la ultima que se unió al grupo, había actuado de forma inteligente, pues el polvo que había rociado en el elfo estaba surtiendo efecto, las arañas que se le acercaban al elfo terminaban confundidas. Amethyss tenía mucho en juego, la barca del enano estaba a punto de hundirse, y si no se soltaban, su canoa compartiría el mismo destino que la del enano, las arañas que sobraban no la dejaban acercarse a la soga atada y las telarañas que colgaban de los arboles empezaban a pegarse el cuerpo de la muchacha.


-No dan tanta lucha como los otros que han mandado- dijo una voz sensual y provocativa que resonó en todo el pantano como la anterior.

-Lo sé hermana, pero es lo que hay, no te quejes- Respondió la voz anterior esta vez con un tono burlón y conformista. –Al menos tenemos una niña, nuestra madre estará contenta con su regalo.

Justo donde había caído el cuerpo inerte de la araña gigante empezó a salir el cuerpo de una muchacha, tenía la piel grisácea y seis ojos rojos, de los cuales cuatro eran más pequeños y estaban en su frente, en sus manos llevaba un largo báculo con la punta de rubí el cual iluminaba el pantano.

-Yo no me voy sin verlos sufrir- añadió la segunda voz. –Si descifran este problema les regresare a la niña, si no lo hacen… se pueden despedir de ella- La muchacha que parecía flotar en el pantano empezó a dibujar una serie de símbolos en el aire con la punta de su báculo, los símbolos brillaban de color rojo como el rubí y se mantenían flotando en el aire.

-Cada quien tiene una oportunidad, así que no la desaprovechen, y ni se inmuten en atacarme esas redes que cuelgan cerca de ustedes obedecen este báculo y podría ser lo último que hagan–La muchacha hizo un movimiento con el báculo y las redes que tenían encima los viajeros se ajustaron un poco. -Yo estaré allá esperando al valiente que quiera darme sus respuestas.

La muchacha miro los símbolos por última vez, miro las arañas que todavía molestaban a los demás y las desapareció con el báculo.

-Les explico en qué consiste, cada símbolo es una letra, y cada renglón una palabra, varios simbolos se repiten y en las tres palabras el símbolo es la misma letra.

Les doy dos pistas, el tercer renglón es el nombre de una criatura antropomorfa, y el segundo un lugar frio de noreth. Apresúrense, que el tiempo apremia-
La muchacha se alejo de las canoas y se paro cerca de un árbol a no mas de 10 metros.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Lun Abr 02, 2012 10:42 pm

Aquellas malditas arañas parecían no cesar, por más que Eddie les propinase inglesazos, volvían y volvían con ganas de más plomo. Poco a poco sus músculos de Yordle se iban agarrotando por el incesante movimiento de toma y daca, aquellas malditas arañas no acaban de morir, eran más pesadas que un garrapato en brazos. En serio, ¿Alguna vez habíais cogido uno? Pesaba mucho...

Mientras Eddie libraba su guerra personal con su problema arácnido, más voces resonaron en el pantano, voces metálicas pero femeninas, para nada sensuales. Al menos para Eddie, que se hayaba embriagado por los encantos de Tristana. Estas voces tan presuntuosas, no hacían más que presumir de una manera poco sútil sobre la muerte, destrucción y a lo mejor hasta la violación de aquellos presentes que ahora, más relajados después de combatir a las arañas, estaban totalmente en Shock.
Y por ello, Eddie levantó la cabeza y miró a su alrededor, aunque le fue díficil ver nada con las espesas telarañas que había alrededor de las canoas.

Y entonces una niña salió del fango y empezó a levitar en el aire, con un báculo dibujó una serie de símbolos de similar apariencia arábiga, Eddie no conocía ese idioma pero le sobraba cultura general y sobre todo, habilidad paro los acertijos.
Una vez les propuso todo lo que tenía que decir, hizo un truco de magia con su báculo y las arañas desaparecieron. Les dió las pistas y reglas y luego, volando se fue a un árbol lejano a las canoas.

Eddie estudió aquellos signos con toda la concentración que pudo sacar de sus adentros. El tercer renglón tenía un símbolo menos, y entonces pensó... Lugar frío; Dromether... Y luego antropomorfo, relacionó las arañas y las telarañas con toda la cultura y recuerdos que tenía sobre ellos, Sylethia era algo así como su líder, si mal no recordaba. Y además encajaba perfectamente.
Con un sencillo método de sustitución, relacionó la primera palabra con las otras dos y ¡Voilá!, Sheoldred. Era una palabra extraña que no le sonaba de nada, entonces se puso en pie, se rascó la barbilla y echó una fugaz mirada de conquistador a Tristana.
Levantó la mano como un colegial y carraspeó su voz un poco.

- ¡Yo lo sé, yo lo sé! - Alzó la voz como un impertinente niño, que era lo que imitaba en esos momentos. - Las palabras son, en orden cómo las has puesto: ¡Sheoldred, Dromether y Sylethia! - Concluyó con una sonrisa celestial muy típica de los Yordles.

Sin esperar respuesta se recostó en la triste canoa y forzó una picarona sonrisa para hacerse el tío duro a la Yordle


Última edición por Eddie Garrapato el Mar Abr 03, 2012 1:30 pm, editado 1 vez


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Mar Abr 03, 2012 1:26 pm

La situación se ponía cada vez peor en el bote. Apenas había espacio para maniobrar, y el vaivén de aquella embarcación no facilitaba las cosas. Con un golpe seco y rápido de remo, Bugnar envió a volar una araña de un tamaño considerable. Sólo pensar en el aguijón que arrastraban aquellos arácnidos, un escalofrío recorrió su cuerpo. Por su parte, Zakar, su demonio, estaba disfrutando con la situación. Con la lengua afuera, jadeando, despedazaba a cualquier cosa que se le pusiera al frente. Por suerte, Bugnar tenia suficiente control sobre aquel demonio; de no ser así, tanto la niña cómo él hubieran estado en grave peligro. La invocación apresurada había producido un destrozo considerable en un lateral de la embarcación; debía haber tenido más precaución: había sido un hechizo descontrolado y burdo; pero la situación lo había requerido.

Cuando la situación parecía que empezaba a estar bajo control, las cosas se vinieron abajo. La niña había conseguido ensartar a una araña que se le había acercado más de la cuenta, pero su baja experiencia en el manejo de estas la hizo confiarse. Tras abatir a un enemigo, siempre hay otro al que continuar vigilando. Eso, la pobre chiquilla, no podría haberlo sabido. Quien debería haberlo calculado era Bugnar, que ante su impotente mirada vio como el último reducto de arañas se cebaban con ella. Tras un fugaz ataque, los arácnidos la alejaron del bote, impidiendo a Bugnar socorrerla. Las telarañas que cubrían el bote impedían cualquier movimiento. Ya era demasiado tarde. Tras aquel instante, Bugnar dejó de sentirse culpable. Ya no podía hacer nada. Le había brindado a la chica la oportunidad de defenderse y la había desaprovechado. Si estaba en sus manos, la salvará, pero ahora debía centrarse en cosas más importantes.

De un puntapié se zafó de la última araña, dejándolos a él y a su invocación como únicos tripulantes de la minúscula y dañada embarcación.

En los demás botes parecía que la cosa tomaba un rumbo similar. El pequeño mapache parecía haber sido bastante competente; mientras que el enano también parecía haber cumplido su cometido. Descubrió con asombro que llevaba junto consigo otra embarcación con más pasajeros. No se había dado cuenta hasta ese momento; de todos modos, también en esa embarcación parecían tener las cosas bajo control.

Fue en ese instante cuando pudo divisar a alguien que se aproximaba desde la otra orilla del pantano. Al principio no podía distinguir bien la figura, la oscuridad era absoluta más allá de unos pocos metros de las embarcaciones, pero poco a poco, cuando esta se acercó lo suficiente como para que las antorchas iluminaran su cuerpo, la borrosa figura fue dando paso a una hermosa muchacha. Esta parecía flotar en las pantanosas aguas, pues avanzaba sin mover ningún músculo. Sólo se le veía de cintura para arriba. Estaba desnuda, y su piel emitía una luz pálida, artificial. Parecía un espectro… o algo peor.

La cintura, en vez de atacarlos, como se pensaba Bugnar, empezó a hablar. Tras su breve y conciso monólogo, quedaron claras sus intenciones. Les estaba proponiendo un acertijo. Parecía que el espectro se divertía a su costa; y a pesar de saberlo, Bugnar decidió seguirle la corriente. Él no se sentía responsable de que hubieran capturado a la niña pelirroja que lo acompañaba, pero si había alguna manera de salvarla, el mago lo intentaría. No había ninguna garantía de que les devolvieran la niña, pero probar suerte no haría daño a nadie.

El mago, a pesar de la situación en la que se encontraban, empezó a hacer uso de su poca imaginación y su gran memoria para resolver aquel enigmático acertijo. Tras un fugaz repaso sobre la literatura engéndrica y la geografía, Bugnar fue capaz de encontrar la respuesta a la segunda y tercera palabra. Descubrir la primera fue una combinación de las anteriores.

Ya estaba dispuesto a dar la respuesta cuando de repente, el mapache parlanchin gritó a pleno pulmón la respuesta. El mago lo había juzgado mal. No sólo había conseguido mantener las arañas a raya, además había descubierto el acertijo… que ser más curioso. A partir de aquel momento se lo miraría con otros ojos. Era más de lo que aparentaba.

La situación, pero, no había cambiado. No había que relajarse sólo porque el mapache hubiera acertado ( o al menos, había dicho en voz alta lo que Bugnar hubiera contestado). Las arañas podían volver a aparecer en cualquier momento. Nadie les garantizaba que aquel ser salido de la nada les concediera lo prometido. Fue en ese instante cuando Bugnar se dio cuenta de que había perdido la daga. El último instante en que la había visto era cuando se la prestó a la niña. Debía tenerla ella o durante la refriega había caido al pantano. Era lo mismo; de todos modos ya no estaba en poder de Bugnar. Dejó ir un soplido de resignación. Las cosas, pero, no acabarian así. Antes de que aquel ser desapareciera de entre las sombras, dio claras nstrucciones a su invocación.

“Zakar… sigue a aquella cosa, quiero saber dónde va… si te descubren, indicame dónde lo han hecho y desaparece” le ordenó.

“Huhafddaaguha”. Los pensamientos del demonio llegaban distorsionados por su locura. Contactar con el demonio era complicado y tedioso en ocasiones.

“¡Zakar!¡Obedece!” . Aquella orden si llegó a su destino.

De un salto, el demonio con forma de perro saltó de la canoa, y se hundió en aquellas aguas pantanosas. Tras unos segundos, apareció a escasos metros de la otra orilla, a unos cuarenta metros de la muchacha, asomando apenas el hocico por el agua. Bugnar podía verlo porque mantenía un vínculo telepático con el demonio, pero a simple vista y con una total oscuridad, era imposible de localizarlo. Zakar era bastante estúpido, pero un buen rastreador. Esperaba que sirviera de algo…

- Estáis todos bien?- gritó Bugnar a los demás tripulantes. Esperaba no tener que cargar con algún herido…


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Vie Abr 06, 2012 9:46 pm

-Bien bien… criatura- La muchacha de rubias coletas aplaudía de la felicidad y soltaba una que otra risita, miraba fijamente la canoa del yordle.

-Pero no me ha gustado que gritéis la respuesta, así que solo los dejare pasar, la niña se queda conmigo-
La chica de piel grisácea tomo su báculo y lo paso por enfrente de las telarañas que sujetaban a los viajeros y estas desaparecieron. Acto seguido señalo con su mano derecha hacia enfrente apuntando a un pequeño brazo del rio pantanoso en el que se encontraban.


-Que interesante- Añadió la chica. –Al parecer esos dos no tenían ni la menor idea de la respuesta.

Movió nuevamente su báculo y las mismas telarañas que habían desaparecido volvieron a tomar rehenes, esta vez a un pequeño elfo y un curtido humano que acompañaba al enano.

-Mi señora estará más que contenta, tres víctimas en un solo día, tengo demasiada suerte jijiji, seguro que me deja al elfo para mi solita- Dijo la chica mientras le dirigía una mirada retadora a la humana.

-Bien ya no pierdan mas el tiempo, la verdad está cerca…- antes de que terminara la frase la chica ya se había sumergido en el pantano y los tres desafortunados rehenes la habían seguido con ella.

Segundos después de que desaparecieran, se materializaron dos objetos, una daga del mismo tamaño que el humano había perdido resplandecía tirada en la canoa del mago albino y tres pequeñas bombas con patas de araña caminaban ciegamente por toda la canoa del yordle, chocando con los pies de la fémina que lo acompañaba y las paredes de la canoa.

-Tómenlo como una recompensa por su sabiduría…- Una voz diferente a las anteriores volvió a resonar en todo el pantano, claramente era femenina y sonaba demasiado dulce e inocente.

La calma había regresado, y claramente había dejado estragos en los viajeros, la canoa grande estaba hundiéndose rápidamente y parecía que se llevaría consigo la canoa de la humana.

Cuando los viajeros siguieron su camino se dieron cuenta de que habia dos caminos. Uno era el que la chica gris había señalado, tenía la pinta de engañoso y traicionero, y parecía que se el lodo se volvía mas denso conforme avanzaban. El otro claramente estaba más despejado de ramas y telarañas, pero con un hedor a putrefacción.
Los 4 tenían una nueva decisión que tomar, el camino que l chica señalo que seguía por la derecha, o el de la izquierda que no habían señalado.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Vie Abr 06, 2012 11:14 pm

Por un momento Bugnar había mantenido la esperanza de que la chica cumpliera con su promesa, mas, como era de esperar, no lo hizo. Bajo el pretexto de una absurda excusa, se llevó a la niña pelirroja consigo. Con unos rápidos movimientos y algún hechizo que escapaba al entendimiento del mago, la espectro se llevó también a un joven elfo y al acompañante del enano. Se ve que tenían predilección por sus guías. ¿Querían acaso que se perdieran? Pero esa teoría era absurda… cómo iba a saber el espectro quien era quien. Demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Al ver desaparecer a aquella niña pelirroja en el lodazal… Bugnar tuvo el instinto de saltar para socorrerla pero se detuvo al instante. Ya nada podía hacer por ella… resignado aunque ya más calmado, Bugnar desistió en su idea. Habría sido una locura, no hubiera tenido luz alguna si se hubiera alejado de las barcas y tampoco sabía a qué clase de monstruo se enfrentaban. Más valía que la muerte de la niña sirviera para precaver a aquella ya más reducida compañía.

Más confusa fue la situación cuando de la nada, y de un destello, apareció en el bote del invocador una daga idéntica a la que había perdido segundos antes. En un primer momento Bugnar se alejó del objeto, sin poder identificarlo. Al cabo de unos instantes se acercó lentamente. Primero tocó la daga con el pié por si las moscas. Nada que saliera de una luz misteriosa blanquecina podía ser corriente. Debía tener propiedades mágicas, o al menos, quien hubiera conjurado el hechizo de tele transportación era mago. En consecuencia, no podía tomar aquella daga con total tranquilidad. Después de cercionarse que el instrumento no estaba dotado de algún hechizo defensivo, se arriesgó a coger la daga con los guantes. El contacto con el arma no produjo ninguna reacción.
De repente, una voz serena y tranquila resonó por la zona… aquel pequeño y fugaz discurso aun intranquilizó más a Bugnar. Desenfundó la daga y la contempló a la luz del fuego. A simple vista era idéntica a la suya, pero si uno se fijaba con más atención descubría que del acero supuraba constantemente un líquido viscoso. Era sin duda un objeto mágico… de que potencial… el mago aun no lo sabía, pero tampoco tenía tiempo de averiguarlo. Volvió a enfundar el arma en su vaina de cuero y la enrolló en un trapo, para guardarla finalmente su faltriquera. Sería un asunto que resolvería más tarde. Aunque quizás se arrepentiría de haberla cogido más adelante… los objetos mágicos eran siempre peligrosos… y de los que no se sabía su origen, más aun.

Una vez el grupo se recuperó de los sucesos siguió su camino. Los ánimos parecían más apagados, aunque ya de entrada no habían sido muy enérgicos. Se debía quizás a aquel pantano. Ejercía sobre las personas un imperceptible pero constante mal estar.

Y como los problemas nunca vienen solos, uno nuevo apareció en su camino apenas unos minutos más tarde. Una bifurcación… el espectro había señalado en una dirección en concreto, pero el sendero indicado parecía una mala opción… la otra alternativa tampoco era un rosal. Un hedor nauseabundo flotaba en aquella dirección. Fuese lo que fuese lo que producía aquella peste, no era nada bueno.

El grupo se había detenido ante la disyuntiva. Parecía la primera decisión en grupo que tomaban desde que habían partido… aunque bien mirado nadie les obligaba a seguir juntos. Eran competidores en aquel trabajo a fin de cuentas. Pero Bugnar era receloso a abandonar la seguridad que ofrecía el grupo. Sus enemigos eran mucho más que simples bandidos y no se lo iban a poner fácil. Además, el mapache contaba con el único local con vida: la otra mapache. Si dejaba que ella muriera o se fuera por otro lado, Bugnar nunca encontraría el camino de regreso a la ciudad… Bugnar admitió que estaba entre la espada y la pared. Aunque siempre podía ser peor.

En ese momento quiso hablar. Particularmente con la mapache, pero al intentar hacerlo se dio cuenta de que no sabía cómo dirigirse a ella. Mapache estaba descartado; eso la definía pero no era su nombre. Si tan solo se hubiesen presentado todos antes de partir, ahora el mago no se hubiera visto en esta situación.

- Creo que ahora es cuando la única persona que es habitante de aquí nos dice el camino a seguir…- dijo el mago con su habitual voz ronca y apagada.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Dom Abr 08, 2012 5:09 am

Paz y tranquilidad. Por algún extraño motivo, ahora sólo reinaba eso, el silencio después de la tormenta. Las arañas habían desaparecido, ahora una mística voz resonaba en el pantano, una voz dulce y afeminada, que les felicitaba (A todo el grupo, y eso de que Eddie era el verdadero pensante del grupo, el único que había respondido bien y el que necesitaba el mérito para sí mismo, y como no lo tenía, le indignaba.) Mágicamente, tres bombas con forma de araña aparecieron en la canoa. Eran negras y parecía que tuviesen ojos. Se movían aleatoriamente y se daban tumbos entre sí.

Eddie se llevo las manos a la boca, abrió los ojos como platos y un reguero de baba salió de la comisura de los labios. Un brillo especial salió de sus ojos, y personalmente, se había olvidado por completo del mundo exterior, ¿Qué estaban en medio de una peligrosa aventura? ¿A quién le importaba? Había conseguido hexplosivos con IA, inteligencia artificial. Y eso, señoras, señores y pequeños Yordles con desvaríos dominatorios de Noreth, era la cosa más preciosa y más genial que podría ver en toda su vida. Pero había tres bombas araña, y no tenía hueco para ellas.

Alzó la vista y la clavó en Tristana, con una psicópata sonrisa le giñó un ojo. - Hazme el favor de guardarme esto - Dijo mientras le daba tres bombas básicas que guardaba en su bandolera, eran tres de las seis que tenía en total, sin esas tres aún le quedaban una básica, otra con temporizador y una bomba lapa.
Cuando Tristana agarró las tres bombas, las metió con sumo cuidado en un gran zurrón que tenía, para nada seguro teniendo en cuenta de que eran tres bombas y ese zurrón recibiría muchos golpes. Pero Eddie ya estaba enamorado de otra cosa, esas tres preciosas cositas negras que ahora estarían a buen recaudo en su bandolera.
Y así, las encajó perfectamente y las acarició unos instantes, mientras daba órdenes a su compañera de barcaza para que remase y seguir el camino.

A Eddie no le importaba, pero detras de su barcaza, la barca grande se estaba hundiendo y otra que estaba amarrada a ella también lo haría, más poco le importaba su equipo, él sólo completaría la misión si hiciese falta.
En cambio ese humano albino, también sabía la respuesta del acertijo pero era más callado, no era tampoco gracioso, y se le veía cara de asesino de niños. No le interesaba a Eddie, ya se sabe, no tenía una forma de ser "Hexplosiva" como decía el inventor, era el típico aventurero misterioso con ansias de poder.

Y en sus desvaríos mentales, llegaron a una difurcación de caminos, dos únicos caminos. Uno malo pero otro peor. Eddie no tenía el ojo aventurero necesario para tomar decisiones, tenía un alma de genio loco que muchas veces, se guiaba por un instinto que solía errar, pero hasta ahora seguía vivo y no contaba con heridas de guerra como "muchos aventureros con experiencia" si tenían, era virgen de cuerpo y en todos sus sentidos.
El albino preguntó descaradamente a Tristana que camino debían tomar, pero antes de que ella se dignase a hablar, Eddie la acalló con una chista seguida de una carcajada.

- ¡Si tú dices que es por aquí, es por aquí! - Mintió Eddie sonriente, remando hacia el camino "traicionero" que parecía ser, el otro parecía más fácil. Era la típica trampa de las apariencias, Eddie sabía de eso, era como desactivar una bomba, nunca te podías fiar de lo que seguramente sería, si estaba hecho así es para engañar a los aventureros de seso fácil, seguramente todos habrían muerto si hubiesen elegido aquel camino fácil, su instinto decía el camino díficil, y el Yordle lo tenía claro, el camino díficil.
- ¡Rema, rema! - Instó Eddie a Tristana para ir más rápido.


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