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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Amethyss Di´Zirea el Lun Abr 09, 2012 5:40 pm

El acertijo. La mujer apenas y dio una rápida mirada a la runas que se dibujaron en el aire pero su mente estaba concentrada en un asunto mucho más urgente. La balsa grande a la que estaban amarrados filtraba la cienegosa agua al interior y lentamente iba hundiendo la enorme lancha. Si no se daba prisa su pequeña canoa sería arrastrada con total seguridad.

Le lanzo una rápida mirada al elfo, quien seguía tirado en el suelo de la canoa con los brazos por sobre la cabeza completamente aterrorizado. La hechicera se mordió el labio inferior en un arranque de ira. Si se movía quizá llamaría la atención de la criatura que controlaba a las araña y por otro lado estaba el maldito acertijo. Un lugar frío de Noreth: Sin duda los laberintos de hielo y lo de arriba era un nombre formado con las letras de la segunda línea. Con cuidado paso sobre el niño agazapado procurando no mover demasiado el agua, sosteniéndose de los bordes de la lanchaza inestable hasta llegar a la proa. La madera crujió e incluso la antorcha crepito de forma que las llamas danzaron proyectando un velo rojizo sobre su rostro. Con suma lentitud se acuclillo mientras sacaba de su bolso de cuero un cuchillo de monte y su mano jaló la gruesa soga.

Entonces escuchó que gritaban la respuesta a todo pulmón.

Bien, pensó, al menos uno de los de adelante se había concentrado en salvar aquel imprevisto. Las dos primeras palabras eran las mismas que ella había pensado… pero la tercera. Esa simplemente no había intentado traducirla.

La balsa de enfrente se veía más sumida en el agua turbia y su pequeña canoa comenzaba a ser arrastrada hacia el frente a medida que la otra se hundía, lo sabía por las diminutas ondas que provocaban los tirones y por la cuerda.

La soga estaba tensa, amarrada por un complicado nudo que, por efecto de los tirones de la balsa grande, quedaba fuertemente azocado. Intentar desanudarlo sería inútil y una perdida de tiempo que se le escapaba.

Por suerte alguien descifró con el acertijo y la exótica mujer del pantano los libero de las molestas telarañas. La hechicera comenzó a serruchar con el cuchillo las hebras de la gruesa soga, pero por más fuerza que invertía en hacerlo diligentemente, el cuchillo no era lo suficientemente filoso por lo que el cortar de tajó era poco menos que un anhelo. Después de todo era un modesto chuchillo de monte.

Un dejó de cólera destelló en sus ojos al escuchar las nuevas palabras de la mujer. Desde su posición acuchillada esbozó una sonrisa significativa que parecía querer decir “No, no me he molestado en contestar” continuando con el constante serruchar de cuchillo en las pocas hebras que aun se resistían.

A su espalda Tasell soltó un agudo chillido cuando las pegajosas telarañas lo arrancaron de la canoa y sus manos se extendieron en voladas hacía la mujer pidiendo auxilio. Aquel ataque había sido rápido e inesperado por lo que Amethyss no pudo hacer nada en ayuda del miserable elfo prisionero.

Con frialdad sostuvo la retadora mirada de la bruja del pantano.
Te equivocas si crees que me importa, parecía querer decir con su inexpresividad, gracias a ti me he liberado de un estorbo.

Acto seguido volvió a su tarea de cortar las últimas hebras que quedaban de lo que fue la soga liberándose del peligro. En silencio guardo el cuchillo en el bolso, se acomodó en la canoa, tomó los remos y comenzó a remar tratando de enfocarse en la situación actual. Pesar en el elfo era doloroso y la culpa amenazaba con desbordar sus ojos en lágrimas por lo que bloqueo por completo la existencia de aquel niño revoltoso que la había metido en aquel lio.

Las otras dos canoas avanzaban sin preocuparse en absoluto del enano.
Vaya grupo más unido, pensó mientras se acercaba a la balsa grande.

-Si quieres continuar puedes subir pero hazlo pronto- indicó.

No le gustaba la idea de dejar a alguien abandonado a su suerte si es que podía evitarse, aunque tampoco era de la clase de personas que esperaría por siempre. Si el enano no tomaba una decisión oportuna lo dejaría deseándole que se salvara y continuaría a sabiendas que los otros dos sujetos no eran “compañeros” confiables.

En la encrucijada de los dos caminos, la tercera canoa alcanzo a las dos anteriores junto cuando la de los engendros comenzó a moverse por el sendero que la mujer había indicado. A todas luces ambos caminos eran una trampa. La diferencia radicaba seguramente en el tiempo. Cuánto tardarían en morir.

La hechicera decidió que lo mejor era permanecer con el grupo -o lo que quedaba de él- al menos por ahora.
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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Jue Abr 12, 2012 4:39 am

-Madre le tengo regalos- La aracnide de tes gris acababa de entrar por un enorme hoyo en una de las paredes de alas ruinas en las que se encontraban. Dejo caer uno a uno a los rehenes que llevaba consigo, primero fue un hombre grande y robusto, después un elfo demasiado pequeño y para terminar una joven pelirroja que dejo en el piso con suavidad, los tres desgraciados estaban estaban enredados de telaraña desde el cuello hasta la planta de los pies, lo único que escapaba al capullo de telaraña era su cabeza.

-Bien hecho hija mía, toma al que desees menos a la chica...- Si Sheoldred saboreaba algo cada vez que comía definitivamente eran las humanas jóvenes y esbeltas, ninguna otra aracnide que convivía con ella sabia la razón de este comportamiento. La araña de 4 patas se acerco rápidamente a la muchacha y la tomo con sus grandes fauces, no la comió simplemente la tenia colgando del capullo.

-Entregaste esos artículos- Pregunto Sheoldred mientras empezaba a soltar a la chica de la telaraña.

-Uno a cada uno que lo merecía, como usted lo ordeno, Madre- respondió la otra araña mientras tomaba al elfo y le hacia una reverencia en señal de respeto y gratitud a Sheoldred.

-Mi niña ve en busca de tu hermana y esa hada molesta, esta noche tomaremos ese pueblo opresor y les devolveremos el dolor causado aumentado mil veces- Sheoldred simplemente le hizo un ademan de desprecio y aburrimiento a la araña y se oculto entre la penumbra de la habitación.

Unos minutos mas tarde

Las dos aracnides entraron en la habitación, ambas hicieron una reverencia hacia Sheoldred.

-Chicas... Hoy es el dia... Alicia y Lucia, ustedes guiaran a las arañas a la batalla si me fallan mejor no regresen- Sheoldred les dirigió una mirada de orgullo y seriedad a las aracnides y estas salieron de la habitación de inmediato.

Justo después de la partida de las arañas entro un hada blanca del tamaño de dos puños humanos.

-Tu ya sabes que hacer, vigila que lleguen y úsalos a nuestro favor, si de verdad solo buscas diversión hoy tendrás tanta como tu quieras-

-Esta bien, te ayudare, pero no prometo nada anciana... por cierto, ¿Tu que haras?-

-A matar un a un pobre diablo…



-------------------------------------

En ese mismo instante en el pueblo anterior


-¡¡Señor!! los exploradores han divisado un enorme contingente de arañas en el pantano, parece que se están reuniendo, hay unas cuantas aracnides entre ellas- Dijo en tono de alarma uno de los varios soldados que regresaban del pantano.

-Esas malditas... No tendrán estas tierras tan fácilmente. ¡¡¡¡Capitán prepárese para una batalla, hay que defender este pueblo!!!!- El gobernador había dado la orden, y a su vez el poco ejercito del pueblo habían gritado en modo de festejo, las espadas, escudos, y demás armas le levantaban con gran valor en las manos de sus portadores, el pequeño pueblo estaba listo para la batalla.

-Señor, creo que seria muy conveniente que arrestáramos a los antropomorfos que están sueltos por la ciudad, si esas arañas llegan aquí antes que los refuerzos es muy probable que se les unan y si eso llegara a pasar estaríamos perdidos- Dijo el obeso y anciano notario del pueblo, a lo que el gobernador asitnio sin dudarlo.

-Su primera tarea Capitan... Cazen y encierren a todos los antropomorfos del pueblo y el que se resista matenlo.

Rápidamente el ejercito de reserva tomo la ciudad, los gritos de la gente rompían el silencio del oscuro pantano, unos en favor de la matanza y otros que intentaban defender a sus amigos y esclavos, en poco tiempo el hedor del pantano en el pueblo fue sustituido por el de la sangre y el oscuro color por un rojo escarlata.

-------------------------------------


En el interior del Pantano

Todos los viajeros continuaron su camino, todos excepto el enano, su canoa se había hundido por completo y su escasa altura le daba problemas para mantenerse al ras del fango, su pesada armadura y armas hacían que empezara a dar tragos del espeso fango.

-Enano tonto, no lograste siquiera pasar de la primera- La voz de Sheoldred resonó en todo el pantano. A continuación las mismas arañas que habían atacado antes volvieron a aparecer, esta vez en el pantano y muchas más que antes, todas empezaron a morder la gruesa piel del pobre enano que a pesar de sus esfuerzos por defenderse no lograba alejarse de todas esas arañas.

-Mis niñas, es suficiente… tráiganmelo con vida- todas la arañas empezaron a caminar por encima del fango mientras arrastraban el pesado cuerpo debilitado del enano. Sheoldred apareció de entre la oscuridad sin intentar esconder su apariencia como o había hecho la aracnide anterior, miro de reojo a los tres que seguían en sus canoas y simplemente dijo. –No se entrometan si no quieren morir como el…

Sheoldred tomo un látigo que estaba enrollado en su pecho y de un golpe amarro al enano de su cuello y lo arrastro por donde vino. –No intenten seguirme…-

Debido a que las demás canoas ya estaban adentrándose en una de las bifurcaciones no pudieron hacer nada por salvar al enano.

Todos habían empezado a remar en la dirección que se les había indicado anteriormente, y así siguieron durante casi media hora, el camino había sido difícil, el fango se hacía más espeso y difícilmente podían remar, la oscuridad era total y lo único que podían ver eran pequeñas luces de luciérnagas, las antorchas que traían en sus canoas se habían apagado desde el ataque de las arañas y al intentar encenderlas de nuevo se dieron cuenta de que estaban húmedas por el clima del pantano.

De pronto en medio de toda la oscuridad una pequeña luz blanca diferente de las luciérnagas empezó a acercarse a gran velocidad, los tres viajeros no tardaron mucho en darse cuenta de que la luz provenía de una hadita.

-¡¡Holaa!! ¿Ustedes vienen de parte del pueblo que esta adelante? Obvio que si, rápido deben seguirme, yo venía con el grupo que fue atacado, no estamos muy lejos, hay humanos heridos que sobrevivieron y si no se apuran el fango infectara mas las heridas, yo los ayudaría pero no soy tan poderosa para curarlos y moverlos, rápido no pierdan tiempo.

La hadita parecía muy alterada y a la vez hiperactiva, no paraba de hablar y revoloteaba de un lado a otro, molestando primero al horigue y a su acompañante, después al humano y por último a la humana.

-Si no quieren dejar su canoa deberían bajarse y cargarla que de lo contrario no van a pasar, el fango aquí es muy espeso y los remos simplemente no sirven, a si mi nombre es Nyema jijiji, ¿Quienes son ustedes?- la hiperactiva hada guardo silencio de golpe mientras esperaba las respuestas de los demás.

Justo cuando el primero de ellos empezaba a hablar Nyema se acerco al Horigue y empezó a jugar con sus cosas.
-¿Que bonitas cosas, que son, se comen? Dijo robando una de las bombas recién adquiridas, aunque rápidamente la dejo caer al fango, esta empezó a hundirse muy lentamente. Asi el hada siguió inspeccionando a los tres uno a uno intentando tomar sus cosas personales.








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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Sáb Abr 14, 2012 7:11 pm

Las barcazas se pusieron en marcha de nuevo, a través del ahora más angosto pantano. Esta vez era Bugnar quien remaba, pues la niña pelirroja ya no estaba. La barca parecía haber sufrido algunos daños, a causa de la invocación precipitada que había realizado minutos antes, pero a pesar de ello se mantenía a flote. El mago dio una patada al cadáver de una araña que había quedado inerte en el interior de la braca, lanzándola a la espesa agua. El cuerpo se hundió lentamente, entre el fango.

Dio un rápido vistazo atrás para comprobar quien les seguía. Parecía que una mujer, a la cual no recordaba haber visto le seguía de cerca. Iba sola, sin acompañante. El enano se había quedado muy atrasado, mientras su barca se hundía en el lodazal. DE seguro alguien de los presentes podría haberlo ayudado y ofrecerle un lugar en su barcaza, pero eso habría reducido las ganancias. Repartirse la recompensa entre tres era mucho más lucrativo que entre cuatro. ¿Para qué iba a ayudarlo entonces? Al final, con cierta ironía, el mapache parlanchín había resultado ser el miembro más útil del grupo. Este, sin que la situación le turbara el ánimo, seguía coqueteando con su guía, que tampoco parecía incómoda con la situación. Sus gritos se oían por lo menos desde cien metros.
Bugnar no se quedó a mirar cómo el enano sucumbía ante las arañas que volvieron a caer de las copas de los árboles, por lo qué tampoco vio aquel ser híbrido, mezcla de araña y humana. Tampoco escuchó sus advertencias, pues estaba intentando establecer contacto con su demonio, que parecía haberse perdido en medio del bosque. La única imagen mental que recibía de ella era un bosque, con la misma vegetación que habitaba en el pantano. Bugnar tendría que haber sabido que ordenarle tareas tan complicadas a un ser que se guiaba sólo por instintos asesinos no había sido una brillante idea. Con un rápido sortilegio, deshizo los lazos que unían a la bestia con el plano mortal, y esta se esfumó. Había vuelto al plano de los demonios, con sus congéneres.

La más que segura muerte del enano no había afectado al grupo. A excepción de la mujer, que Bugnar había visto cómo había intentado ofrecerle ayuda, ni el mapache ni la guía de este parecían afectados en lo más mínimo. Eso contentó a Bugnar. Las cartas estaban sobre la mesa. Si alguien se quedaba atrás, atrás se quedaría. No eran hermanitas de la caridad, y el mago necesitaba la recompensa para seguir con su viaje, pues de lo contrario, no tendría dinero para pagarse otro saco de dormir, ni raciones de carne en salazón, ni un abrigo para el invierno que en unos meses llegaría. Si quería salir victorioso de aquella odisea, debería apañárselas solo.
El grupo se desplazaba cada vez más despacio. El fango se volvía a medida que avanzaban, más denso y ofrecía más resistencia. La luz de las antorchas se había apagado, y ahora remaban en una oscuridad profunda. De repente, una luz mortecina se avistó al frente. La luz iba haciéndose más grande a medida que se acercaba a su posición. Al final tenía el tamaño de un puño humano. La luz flotaba en el aire como por arte de magia y sólo si uno se fijaba con atención descubría con asombro que aquella luz mágica no era ni más ni menos que un hada. Bugnar arrugó el morro. Eran seres mágicos caprichosos e impredecibles, y eso las hacía peligrosas. Fuera lo que fuera lo que la había atraído hacia ellos, no podía ser nada bueno.

Efectivamente. Nada más llegar a su distancia, el hada empezó a revolotear sobre sus cabezas y a través de una voz aguda y en tono urgente les advertía de un grupo de humanos heridos más adelante. ¿Qué debían ayudarlos? Por menos habían dejado al enano pudriéndose en el pantano con aquellas desagradables arañas. ¿Por qué unos humanos que ni conocían debían recibir mejor trato? Además, a Bugnar lo habían contratado para que recuperase un cofre perdido, no salvar a unos humanos heridos. No, definitivamente no haría caso del hada. Aquello sólo lo hubiera demorado más.

Cuando pasaba por su lado, la apartó de un manotazo, que la rápida hada esquivó con facilidad. Esta empezó a juguetear con los trastos del mapache.

- Deberíamos continuar el camino sin pararnos, ya hemos perdido mucho tiempo. Sí hay heridos cerca de aquí significa que vamos por buen camino y no andamos lejos.

Bugnar prefirió no decir palabra alguna que pudiera comprometerlos. No le agradaba para nada las hadas. No eran de fiar. Sí decían en alto sus planes, el hada se enteraría. Y Bugnar evitaría esa situación a toda costa.
Decidió esperar a ver cuál era la decisión del grupo…


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Dom Abr 15, 2012 6:52 pm

Eddie ordenó a Tristana que remara por el pantanoso camino díficil. Eddie hizo el amago de remar también, pero se limitó a estudiar sus nuevas bombas. Parecían moverse aleatoriamente.
Eddie cogió uno de estos regalitos nuevos y lo examinó más atentamente. Justamente en el punto epicentral más inferir, en su culo, podría decirse, había una especie de agujero con unas letras que ponían: "METER AQUÍ SANGRE", Eddie metió el dedo en este agujero y luego esperó unos instantes. La bomba se abrió y una fuerte seda atrapó a Eddie en una postura bastante incómoda, el caso es que esta red también atrapó a Tristana y la barcaza.

Unos minutos después, Eddie consiguió acabar con la red que los atrapaba y ahora, en lugar de la bomba que se movía, había un huevo de araña sólido, de aspecto metálico.
Interesante, parecía que estos cacharros se reproducían. Muy interesante, en la tranquilidad de su carromato podría estudiarlo y usar esta tecnología para nuevas bombas. Al parecer en los pantanos también había tecnología, no todo eran palurdos, guerreros y arañas.

La travesía siguió sin más contratiempos, hasta que en un momento, cuando el fango era más espeso que antes y las barcas les costaba moverse en el fango, un hada apareció de la nada y empezó a hablar con una chillona voz. Agarró una bomba araña de Eddie y la tiró al fango, muy despreocupadamente siguió a lo suyo.

- ¡Maldita rata voladora de los cojones! - Gritó Eddie, muy cabreado por lo que había hecho el hada. - Ven aquí que te arregle esos modales de palurda que tienes, mecagüen, por eso odio a las ratas, las ardillas y las hadas como tú, soís más impertinentes que un vendedor ambulante - Gritaba y gritaba el Yordle, histérico, apoyandose al filo de la barcaza mientras que golpeaba al aire con su llave inglesa, con objetivo de darle al hada y con suerte, matarla.
Al final, renegó y escupió al fango.

- Tristana, salta al fango y ves a por mi bomba - Ordenó a la otra Yordle. Que tras renegar un poco, saltó sutilmente de pies al fango y estiró el brazo para coger la bomba-araña.
Mientras, Eddie pensaba en aquella entrometida hada.

- Quien nos dice que no seas una espía de los peligros de este pantano, que todo eso sea una mentira y nos lleves a una trampa segura. Yo voto por matarla y comernosla. - Habló Eddie, muy serio y sin ninguna sonrisa en su cara.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Amethyss Di´Zirea el Lun Abr 16, 2012 11:30 am

¿Qué significaba todo aquello?
Una misión al pantano para recuperar un cofre no debería ser tan condenadamente complicada, pensaba mientras remaba en la viscosa agua. El pestilente líquido se hacía más espeso conforme avanzaban y remar por el canal requería de mayor esfuerzo.

La mujer odiaba el lodazal que aquella ciénaga, nunca le habían atraído los lugares sucios y este en particular estaba infestado de monstruos informes con intenciones retorcidas. Si bien, la captura del pequeño elfo parlanchín no consiguió descolocarla, lo acontecido al enano le dejo un regusto amargo en la boca que se esforzaba por ignorar.

Comenzaba a sentir una vulnerabilidad que la atenazaba como si la oscuridad reinante en el pantano se introdujera en lo profundo de su pecho enraizando el miedo. Ninguna recompensa en oro valía la muerte de Tasell o del enano y lo que más las desquiciaba era no haber podido hacer nada por ninguno de los dos. Estaba siendo injusta, lo hacía sonar como incapacidad de rescatarlos aunque ella sabía que ni siquiera lo intento. Miro con dureza al hombre de la canoa de enfrente juzgándolo un desalmado ¿tan poco le importaba el destino de otros que ignoró por completo el episodio del enano? Tampoco el animalillo peludo que encabezaba el grupo parecía haberse dado cuenta de lo que pasaba tras él. La chica se mordió el labio inferior en un gesto meditabundo. Estaba ocupando su mente en demasiados asuntos sin importancia y esa dispersión podría costarle caro.

Enfócate en el presente, se decía pero había algunas preguntas que no desaparecieron: Qué era la monstruosa aracnide y qué pretendía era la cuestión que no lograba apartar de su mente. Eran demasiados encuentros con eso bichos como para aun creerlos casuales. De alguna forma tenía que existir una relación, de ello estaba segura.

El estrecho canal espesaba tanto que prácticamente se movían a un ritmo agónico, una canoa detrás de otra, con bastante dificultad. Muy de vez en cuando alguna minúscula lucecilla destellaba a intermitentes entre la espesura. La hechicera hubiera podido utilizar un conjuro de iluminación que sustituyera la inservible antorcha pero aquello era una completa insensatez. Se volvería un blanco visible a varios metros, lo más inteligente era remar pegada a la popa del hombre y así lo hacía cuando un feérico irrumpió revoloteando. Primero sobre la cabeza de hombre mayor después hizo algo que saco al animalillo peludo de sus casillas.

-Por favor, no seamos tan rudos con ella. Nada nos asegura que nos esté mintiendo. Además ella puede sernos de gran utilidad, piensen que probablemente conozca el tramo de adelante del cual nosotros no sabemos nada y si hay quienes necesitan nuestra ayuda, el desviarnos un poco del trayecto es un contratiempo menor. Quizá puedan decirnos algo o advertirnos de los peligros que nos esperan más adelante.

Tener un feérico del pantano de enemigo era algo que no les convenía bajo ninguna circunstancia. Sabía que las hadas eran criaturas que no diferencian entre el bien y el mal por lo que solo sirven a sus caprichos y en ocasiones esos caprichos pueden ser desastrosos para aquellos que las enfurecen. Lo mejor era usar palabras dulces envueltas en cordialidad. No confiaba en la zumbante hadita pero eso no impedía que quizá pudieran servicie de ella.

-Nyema ¿Exactamente qué le ocurrió al grupo que acompañabas? ¿Quién los envió? ¿Para qué? ¿Cuántos son? ¿Qué raza son? Y sobre todo… ¿Cómo es que saliste bien librada? Si todos los demás están heridos ¿Por qué tu estas intacta?
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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Miér Abr 18, 2012 5:09 am

-¡¡Jodido humano, donde me vuelvas querer pegar te clavo una nuez por donde defecas!!- grito la hadita muy enojada pues si algo odiaba era que la trataran como una mosca.

Y justo cuando acababa de gritarle aquello al humano la criatura a la que Nyema identifico como duende se le ocurrió soltar golpes al aire intentado pegarle. Nyema simplemente abrió los brazos en forma de cruz y una ráfaga de viento le golpeo en la cara al Yordle dejándolo rasurado y sin ninguna marca de corte en la cara, a lo que la hadita empezó a reír, pues si para ella la criatura ya era graciosa sin pelo en la cara era más graciosa aun.


-El siguiente que me quiera golpear se gana una buena tunda de mi parte y esas navajas que vieron solo son una insignificancia- dijo el hada mientras les espetaba una mirada retadora al humano y al duende principalmente, después solo miro a la humana para no descuidarse de ella.

Nyema estaba a punto de seguir hablando como de costumbre cuando la humana la interrumpió muy audazmente, se sorprendió bastante por las preguntas que había hecho la muchacha, rápidas y concretas cosa que acomplejo a Nyema, y no es que no supiera las respuestas a ellas sino que pensaba jugar con ellos otro poco.


-Que humana tan preguntona eres no te parece- dijo el hada y se sentó en el hombro de la chica.

Mientras tanto la yordle que acompañaba al ahora rasurado Eddie había saltado sin ningún reparo en como saldría del fango, su salto había provocado que se clavara de golpe hasta la mitad de su cuerpo, lo que le estaba dificultando la movilidad.


-Que simpática criatura es esa duende, pero no es muy lista, en esa posición cualquiera es un blanco fácil, jijijij- añadió el hada ahora que el duende había hablado para referirse al hada, Nyema dejo el hombro de la humana antes de que la corrieran y voló hasta donde estaba la yordle intentando moverse en el fango.

-Si alguien, como un hada, diera este tipo de saltos en su cabeza la hunde rápido y créanme que salir no es fácil- dijo Nyema mientras les enseñaba los saltos de los que ella hablaba, la yordle intentaba quitársela de la cabeza pero sus pequeños brazos no lograban defenderse del todo bien y cada vez que el hada veía venir una mano daba otro salto de modo que cada vez hundía mas a la criaturita que aun estaba muy alejada de su objetivo.

-A si pero querían saber que había pasado verdad, se me olvida con tanta distracción- Dijo mientras estaba parada sobre la cabeza que sobresalía del pantano de la yordle, la pobrecita Tristana solo tenía la cabeza fuera del fango y de sus ojos se lograban ver unas lagrimas que escurrían sin llegar a llanto, era obvio que lloraba por su actual condición. –En fin, por donde empiezo… A sí, nos atacaron otro grupo de humanos, no se quienes eran ni siquiera sabía con quien venía, creo que querían mi cofre, y si estoy bien es porque no se me da eso de ayudar a los demás, además de que no sabía a quién atacar, todos eran humanos, lo demás no tengo ni idea de lo que preguntas, lo que yo en verdad quiero es que me ayuden con mi cofre, el humano que se muera no me importa, mi cofre es lo importante jijijiji-

Nyema volvió a volar y esta vez se quedo quieta en medio de las tres canoas. –Mi cofre esta en esa dirección, ¿Me van a ayudar?- el hada levanto su brazo derecho y una ligera corriente de aire se abrió paso entre las hojas de los arboles mostrándoles una vereda de tierra firme. Nyema pego el vuelo dejando una tenue estela de luz blacna en el camino y se adentro entre las hojas de los arboles en la dirección que les había mostrado sin importarle si le seguían o no.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Miér Abr 18, 2012 10:50 am

Aquella hada pálida y parlanchina parecía ser más de lo que aparentaba. Lanzó lo que parecía sin duda un hechizo de aire al mapache que le dejó rasurada la cabeza. Los resultados no pudieron apreciarse con claridad debido a la escasa luz en el lugar, pero de seguro debían ser bastante vergonzosos para una criatura tan peluda cómo el mapache. A Bugnar le picó la curiosidad el color que la criatura debía tener bajo ese tupido pelaje.
El mago estaba dispuesto a ignorar al hada, puesto que aquella no les ofrecía nada a cambio de su ayuda, hasta que mencionó el cofre. ¿Sería el mismo cofre que buscaban los aldeanos? No podía estar seguro de ello, pero si no lo investigaba nunca lo sabría. Aunque no las tenía todas con el hada, de momento la seguiría. Tampoco tenían más luz a su alcance y no poseían ningún material para hacer fuego. De seguro toda la madera de alrededor estaría húmeda por el clima del pantano y no prendería con facilidad. En definitiva, sin la luz del hada estaban perdidos. Y además esta les guiaba supuestamente hasta un tesoro. Les había mentido con lo de ayudar a los hombres heridos, puesto que lo único que quería era el cofre. Eso la convertía en un ser de poco fiar. Bugnar estaría más atento que nunca.

Pero había cosas más importantes que hacer. Las canoas ya no avanzaban más, y eso era un serio problema. Habían quedado embarrancados, y la única manera de seguir adelante era a pié a través de aquel lodazal. Sus problemas se confirmaron cuando la mapache hembra saltó de la barcaza. Esta se hundió como el acero en el agua. Su tamaño era en aquel terreno pantanoso un serio problema. Para más desdicha suya, la hada la había tomado con ella y ahora se dedicaba a hundir a la pobre criatura, que se debatía con aquel demonio en miniatura. Al final, sólo consiguió hundirse más en el fango, teniendo apenas la cabeza sobre la superficie. Podía respirar, pero si nadie la ayudaba, se perdería en la oscuridad para siempre.

Cuando Bugnar llegó a la altura de la barcaza de los mapaches, sacó el remo de su lugar y lo alargó hasta la mapache. Hundió el remo en el fango hasta encontrar las manos de la criatura.

- Cógete al remo, te sacaré de aquí- dijo Bugnar con una voz profunda y calmada.

Levantar al remo y la criatura a la vez hubiera sido imposible, pesaban demasiado. Pero sí podía arrastrarlos hasta su embarcación, dónde después le tendería la mano para subirla a la barca.

No lo había hecho exactamente por bondad. No sabía a qué enemigos se tendría que enfrontar en aquel pantano. Las arañas ya se habían cobrado cuatro víctimas… no quería imaginarse que otros seres podían aguardarlos a cada esquina. El mago prefería mantener un grupo cohesionado a partir de entonces. A banda de eso, los mapaches le habían caído en gracia. No es que los encontrara adorables. Más bien habían demostrado ser los compañeros más bien preparados para aquella “aventura”.

Aquel fango era mucho más profundo de lo que se imaginaba. Eran como las peligrosas arenas movedizas de su tierra natal. Aquello sería complicado… aunque no imposible.
Se cercioró con el remo de la profundidad del pantano. Sí saltaba, el fango le llegaría hasta la cintura. Con aquello no podría andar con facilidad. Quizás quedaría atrapado cómo la mapache. No estaba seguro y por lo tanto prefirió no probarlo.

Al fijarse en el remo, otra idea le rondó la cabeza. ¿Podría usarlo cómo pértiga para salvar la distancia que les separaba de tierra firme? Otra respuesta que no sabía contestar. Pero aquel plan era mejor que el de lanzarse sin más.

Se plantó en la proa de la barcaza, comprobó que todas sus cosas estuviesen bien sujetas: se reajustó el cinturón y el faltriquete que le colgaba del hombro; hundió el remo hasta el fondo del fango y cuando comprobó que había tocado suelo firme, Bugnar dio un salto hacia adelante, recostándose en el remo.
Si la operación salía bien, Bugnar lanzaría el remo hacia la mapache, para que ella pudiera seguir el mismo procedimiento. Esperaría al resto del grupo… algo le daba mala espina y no estaba dispuesto a averiguarlo solo.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Miér Abr 18, 2012 4:07 pm

...

Eddie prefirió escupir al suelo, pasarse la mano por su recién afeitada cabeza y luego soltar un grito de ira. ¡Ningún hada tocaba a Eddie y vivía para contarlo!
Encima, para colmo cuando la buen ayudante saltó al fango y agarró la bomba, la muy estúpida empezó a hundir a Tristana en el fango, no podía matarla tan fácilmente, era un Yordle, y los Yordles eran pequeños.
La cosa que más preocupaba a Eddie era que Tristana se estaba hundiendo en el fango hasta el cuello, y tenía sus bombas. En un zurrón atado a ella y cerrado a cal y canto, pero lo llevaba ella.

Eddie estaba muy, muy, muy cabreado con el Hada y con toda la situación que provocaba. Mentirosa, psicópata y ladrona, además le había cortado el pelo de su cabeza. Pero ese no era el mayor de sus problemas, todo el mundo sabía que los Yordles eran peludos de naturaleza. ¿Donde se había visto un Yordle calvo? Poca gente sabía la verdadera naturaleza de los Yordles, todos tenían un máximo de pelo en su cuerpo, ni más ni menos. Cuando por algún motivo este desaparecía, como ahora Eddie por la maldita Hada de cuyo nombre no le importaba, tenía la cabeza rasurada poco le duraría así, en un periodo de 5 minutos o así volvería a tener su espesa melena de vuelta a la vida. Hasta entonces el Yordle se acarició su piel, afeitada por una maquinilla mágica, una lágrima salió de sus ojitos llorosos y luego esbozó una mueca de pena.

Tenía que vengarse del hada. La volatilizaría, era una mentirosa, les había mentido y por dios, era más que obvio que estaba compinchada con las arañas. No debían seguirla, ni por su maldita luz. Eddie podía producir bengalas y esas cosas, mucho más útiles que las antorchas.
Pero, la multitud nunca tenía razón y siempre era seguida. Aún así, Eddie tenía mejores cosas que hacer que seguir a los humanos.

El Humano, que no le caía mal a Eddie, optó por ayudar a Tristana. Gracias a Matre ella se agarró al remo y el humano estiró, poco después Tristana estaba pegada a la canoa del Humano, pero no conseguiría subir a este sin ayuda. Tenía que ingeniarselas para salvarla a ella y sus tres malditas bombas-araña.
Agarró el remo, se puso en el extremo más alejado a la canoa del humano, empezó a correr y dio un salto. Un salto normal y corriente, típico para un Yordle, no más de medio metro de largo, y las barcas casi se rozaban entre sí, así que, aterrizó de lleno en la barca del Humano, que estaba saltando el fango para llegar a la costa. Allá él, Eddie tenía que salvar a su amiga. Eddie le tendió ambas manos a Tristana, que las agarró tan penosamente como pudo, pues le costó sacar sus brazos del pegadizo fango.
Eddie contó hasta tres en voz alta y cuando llego el momento; "¡TRES!" y ambos Yordles hicieron fuerza, Eddie para sacarla y Tristana para impulsarse.

Antes de sacarla y procuparse de que el hada estaba alejada de ellos dos, Eddie se acercó al oído de Tristana y la susurró:

- Debemos deshacernos de esa rata voladora... -

Volvieron una y otra vez a usar esta técnica, cada vez más fuerte e intensamente. Poco tardarían en sacar a Tristana del fango, luego, sólo tenían que lanzar una bomba cercana a la barcaza, provocarían una ola inmensa y esa ola, los impulsaría hasta la orilla. ¿Donde estaban las complicaciones en la vida de Eddie?


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Mar Abr 24, 2012 6:15 am

El sonido de las mordidas era tétrico al oído de cualquiera, las fauces de la araña apestaban a muerte, a putrefacción, a sangre, al olor que desprende el último aliento de una vida. Sheoldred tenía entre sus brazos el cuerpo de una jovencita, jugaba con el cuerpo como si de una muñeca se tratara, la arrastraba por todas las ruinas dejando que el cuerpo se raspara, era una escena muy sádica para el ojo de muchos pero para Sheoldred era como ver una obra cómica, de esas en las que critican a los reyes y héroes por igual.

Sheoldred acariciaba el pecho casi desnudo de la muchacha, toda su ropa estaba desgarrada, tenía sangre por todos lados.
–Como es que no se me ocurrió antes, esto será más que entretenido- Sheoldred empezó a sacar telaraña por sus glándulas, eran telarañas largas y resistentes, pero a la vez delgadas y transparentes, las pego a las extremidades de la chica y empezó a mover las telarañas.

-Jajajaja Jajajaja, Lindo, lindo, esto es perfecto…- Sheoldred controlaba el cuerpo de la chica por medio de sus telarañas, la hacía bailar, caminar con elegancia, incluso sujetar cosas con las manos.

-Hola señor, no quiere acariciar mis pechos…- La voz de Sheoldred había sonado exactamente igual a la de la muchacha, solo que era obvio que no parecía salir de la muchacha.

La aracnide tomo el cuerpo inconsciente de la jovencita, lo cargo delicadamente para no desnucarla en el camino y se marcho en dirección al cofre.

----------------------------------------

Pantano

El rescate de la pequeña yordle había salido perfecto, con mucha dificultad tanto el enano con su vello facial completamente restaurado y el humano de blanca cabellera habían logrado subir a la simpática fémina a la canoa salvándola de esta manera, para mala suerte de Eddie, la bomba araña que había caído al fango había terminado por hundirse pues su ayudante no había logrado conseguirla en su valiente intento y para terminar, de las tres bombas que el horige le había dado a guardar solo dos habían sobrevivido al fango, pues la otra por su relación en peso y tamaño se había hundido antes de que se dieran cuenta.

Cuando los dos valientes rescatistas se reincorporaron a su misión se percataron de que su compañera ya no estaba, la única mujer del grupo había desaparecido de la vista de sus compañeros, ninguno de los otros dos notaron el momento de su desaparición, pero era obvio que había salido antes que ellos en busca del cofre pues sus huellas seguían el camino por el cual se había desaparecido la hadita.

Pasaron unos pocos minutos hasta los tres supervivientes que quedaban estuvieron en el pequeño sendero listos para caminar.

A lo lejos de la posición de los viajeros se empezaron a escuchar una gran cantidad de tajos de espada, los gritos de humanos en una guerra, la cual estaba alcanzando a los viajeros. Claramente se podía oír que los humanos estaban perdiendo, eran más los gritos de desesperación por sobrevivir que los de disfrutar de una guerrilla casi ganada, de pronto una serie de vibraciones leves empezaron a sacudir el piso del pantano, algo muy inusual pues era difícil hacer vibrar la tierra de un lugar tan inestable como un pantano, las vibraciones de la tierra eran producto de lo que parecía una pequeña estampida, de una carrera por escapar de los humanos mezclada con los fuertes azotes de los cascos de los caballos.


-¡¡Ayuda, tengo el cofre!!- la voz de la muchacha rubia que había desaparecido se hizo sonar por todo el pantano, parecía emocionada y a la vez desesperada. -¡¡Rápido antes de que lo pierda!!

Justo después de oír la voz de la chica el hada hizo acto de presencia casi por medio de la aparición, la blanca luz del hada dejo ver como las ramas de los arboles de su retaguardia empezaban a caer por la estampida y que al frente se podía distinguir la oscura silueta de una chica que se debatía contra la aracnide que habían visto antes, aquella que tenia la piel gris, y un báculo con punta de rubí.

-¡¡Rápido deben ayudarla, si no lo hacen la araña matara a su amiga, yo debo abrir el cofre para poderlos ayudar, además mi magia no surte mucho efecto contra estas arañas, rápido, dense prisa!!- La hadita empujaba a los tres con sus pequeñas descargas de viento en sus espaldas que eran lo suficientemente fuertes para hacerlos dar un paso aun con resistencia.

-¡¡Apresúrense!!- La voz de la chica rubia volvió a sonar esta vez más apurada y preocupada que antes. -¡¡Quiere llevarse el cofre!!-







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Mar Abr 24, 2012 10:32 pm

Una vez Tristana estaba de nuevo en la canoa, excepto dos bombas que ahora, se hundían con su último brillo en el fango, ya totalmente imposibles de alcanzar.
No era una pena, Eddie tenía la tecnología necesaria para elaborar más bombas araña, por una no pasaba nada. Pero si esa maldita hada volvía a tocarle, le arrancaría sus alas una por una.
En fin, ayudado de remos y de Tristana, navegó la barcaza hacia la orilla, tardó unos minutos, en los que el humano tuvo que esperarles, pues algo le decía que era alguien que necesitaba mucho de su equipo.

Y eso le recordaba que, aquí faltaba alguien. Ah, sí. La humana había desaparecido, como el hada y el enano. Pero no le importaba lo más mínimo, los únicos que le caían bien eran Tristana y el humano, cuyo nombre era desconocido.
Así que antes de proseguir la marcha, Eddie carraspeó su chillona voz y le preguntó al humano: - Colega, ¿Cuál es tu nombre? - pero entonces, una voz femenina sonó en el interior del pantano. - Tú eres alguien poderoso, listo, inteligente. Dime que no te crees esa patraña, esa mujer no se habría adentrado sola en el pantano, y si lo hubiese hecho... mucho menos nos pediría ayuda... - Masculló Eddie, agarrando de la muñeca, allá donde su brazo extendido llegaba, personalmente no lo hubiese cogido desde la muñeca, pero lo hizo de una manera muy heterosexual, al menos en la medida de lo posible.

Pero, giró su cabeza. Había detras de ellos una estampida. ¿UNA ESTAMPIDA? Sí, una estampida de algo. Y no se quedaría a averiguar de qué se trataba, así que corrió como alma que llevaba el diablo, pues, ¡Sí! Tenía una extraña fobia a las estampidas de cosas que no conocía.

Llegó hasta donde estaba la humana, que misteriosamente estaba luchando contra una araña grisácea, la de antes. Sólo que la humana, tenía una capa de telaraña por todo su cuerpo.
Eddie no llegó ni a pronunciar un ¿Pero qué?
No sabía que hacer, francamente, así que, no podía volver atrás por una misteriosa estampida y tampoco tenía ganas de combatir contra una gigante araña gris.

Así que desabrochó una bomba básica y la aguantó en su mano, esperando el momento para lanzarla.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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