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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Miér Abr 25, 2012 11:11 am

Los mapaches tardaron aun unos minutos más en acercarse a la orilla. La embarcación avanzaba muy lentamente, debido a la densidad del lodazal sobre el que se encontraban. Al final pero, las dos criaturas llegaron a tierra. Parecían haber tenido un problema con el armamento del mapache, que se había hundido en las turbias aguas del pantano. La cosa estaba empezando a mal humor al mago. ¿Es que nada les salía bien en aquella expedición? Desde que habían salido, las cosas habían ido de mal en peor. El enano muerto y tres de sus cuatro guías desaparecidos, atrapados por las arañas y lo más probable, también muertos. No tenían apenas luz. Sólo la tenue y artificial que desprendía el hada. Aquel ser escurridizo y peligroso, que ahora la había tomado con el grupo. Todo aquello le empezaba a parecer al mago una obra de teatro de mal gusto. ¿Es que alguien del grupo con el que viajaba estaba maldito? Tanta mala suerte era infame.

Los mapaches tocaron suelo al fin, y con ello el grupo podía empezar a moverse de nuevo.

- Mi nombre es Bugnar- dijo el mago, respondiendo a la pregunta.

No le dio tiempo a preguntar los suyos. De repente todo se había quedado demasiado oscuro. ¿Y el hada?¿Y la mujer que había desembarcado con ellos? ¿Dónde diantres se habían metido? Ahora restaban en la más absoluta oscuridad. Las antorchas hacía rato que se habían consumido. Tampoco se escuchaba ningún sonido… nada. No había pájaros por los alrededores, ni uno solo. Restaban en el más absoluto silencio.

De repente, un temblor empezó a percibirse a través del suelo. Al principio tenue e casi imperceptible, luego más seguido y fuerte. Alguna rama se desprendió de su árbol, cayendo al suelo. Aquello no tenía buena pinta. ¿Qué diantres estaba ocurriendo?

De nuevo, el hada hizo acto de presencia. Revoloteaba con rapidez, entre la maleza, y se aproximaba a su posición. Empezaron a escucharse ruidos tras los matorrales por los que había aparecido el hada. De repente, Bugnar pudo entrever a la mujer que los había acompañado, forcejeando desesperadamente con lo que parecía ser una auténtica tejemuerte. Aquel ser era mitad humana mitad araña, y de un tamaño considerable. Ostentaba en su mano derecha un báculo, con un rubí brillante incrustado en la punta. Bugnar había visto esa criatura antes, en el lago; pero antes sólo había podido ver su mitad superior… por eso la había confundido con un espectro. Imaginar que tan horripilante criatura se escondía tras esos pantanos. ¿Realmente eran unos bandidos los causantes de las muertes locales? Bugnar ya lo dudaba bastante. ¿Serían aquellas criaturas las responsables de las matanzas? Con bastante seguridad… Aquello ya no era un trabajo normal y corriente. De repente, la misión, de por sí ya peliaguda, se había vuelto más peligrosa, si cabe.

Un fuerte viento hizo dar a Bugnar un paso hacia adelante. El hada los empujaba hacia los matorrales, dónde mujer y tejemuerte se debatían por un cofre. De nuevo, otra andanada de aire le hizo dar un paso… y otro.
El mapache le agarró el brazo por la manga, para llamar su atención. La criatura no las tenía todas. ¿Y quién no¿ Pensó Bugnar. La situación era de locos.

Los temblores tras sus espaldas no cesaban, aunque lo que lo provocaba era un misterio. En frente suyo, una pelea entre una humana y una tejemuerte, mientras una hada los arrastraba con su magia hacia esa dirección. El mago tenía la sensación de estar en un sueño del que despertaría nada más ser pellizcado.

El mapache tenía toda la razón. La mujer se había adentrado sola en la oscuridad… para que necesitaba ahora la ayuda del reducido grupo. Y el hada… porqué tanto interés en que fueran allí. ¿Empujarlos con magia?
El mago descubrió el trapo que guardaba su nueva adquisición: una daga que supuraba un líquido extraño. No tenía tiempo de conjurar una invocación. Debía conformarse con defenderse con la daga. El taumaturgo esperó, sin mover ni un músculo, a que los acontecimientos se desarrollasen, pues en ese instante no tenía idea de qué diantres hacer…


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Jue Abr 26, 2012 12:23 am

Después de unos minutos de sentir el pequeño temblor los tres sobrevivientes pudieron observar más de cerca que era lo que estaba a punto de arrollarlos, una estampida de al menos 15 caballos y el doble de humanos, venían a una velocidad considerable, lo suficiente como para no poder detenerse en tan poco espacio.

Cuando los jinetes que encabezaban la carga divisaron al pequeño grupo que estaba enfrente dieron la orden de apresurar el paso de los caballos, claramente apuntaban a los Horiges que tenían enfrente, el humano para ellos era lo de menos, tenían la clara misión de aniquilar cualquier aberración de la naturaleza que se encontraran en el pantano.

Rápidamente alcanzaron a los Horiges haciendo que Tristana se perdiera entre las patas de los caballos, y correteando al Yordle que llevaba en su mano una bomba encendida.
–Acaben con aquella rata- Grito el que parecía ser el capitán, mientras apuntaba con su fina espada a la cabeza de Eddie.

Por otro lado la Araña que seguía fingiendo pelear con el cuerpo de la humana diviso a Bugnar, simplemente lo reconoció por que había desenfundado la daga que ella misma le había dado y si el humano tenía intenciones de pelear se la vería muy difícil.

El cuerpo de la chica fingió salir corriendo en dirección a sus compañeros, mientras la arácnide de ojos rojos que respondía al nombre de Lucia, levantaba su báculo para iluminar el terreno en el que se encontraban todos, de un color carmesí como la sangre, inmediatamente un centenar de arañas de distintos tamaños, colores y razas salieron de entre la oscuridad y empezaron a correr en dirección a los humanos y en busca de Bugnar.

Para los ojos de los demás las telarañas que controlaban a Amethyss eran prácticamente invisibles a no ser que la vieran muy detenidamente y de cerca, sin mencionar que necesitaban una luz más fuerte para poder distinguirlas. El cuerpo inconsciente de la chica se detuvo en poco a poco debilitando mas su movimiento conforme avanzaba, solo iba a medio camino, dio unos pasos muy pequeños y débiles, levanto su mano y la estiro como si fuese a tomar a alguien de la mano, levanto la cara en dirección a Bugnar, la mano le tembló un poco, colgó la cabeza viendo en dirección al piso y cayó bruscamente en medio del camino, justo por donde pasaría en menos de un minuto la estampida de caballos y humanos, y que gracias a la luz roja se podía ver que detrás de estos venia otro grupo grande de arañas persiguiéndolos.

Las flechas de los humanos empezaron a caer sobre Eddie, que seguía corriendo para no ser arrollado, y las arañas empezaban a atacar a Bugnar en todas las direcciones, montándose en sus pies y pernas, subiendo por su espalda queriendo morderlo en el cuello, la guerrilla entre humanos y antropomorfos los había alcanzado.

A unos cuantos metros de distancia se podía ver como un grupo de arañas grandes protegían el cofre, estaban bien organizadas, cada vez que una moría otra que estuviera cerca la remplazaba. Los humanos intentaban muy inútilmente y superados en número, llevarse con ellos a la muerte a la mayor cantidad de arañas posibles, tenían bien en mente que les sería imposible matas a la líder de las arañas con el número de soldados en sus filas, eran soldados destinados a morir y que habían sido educados de tal manera que dejaran la vida en el campo de batalla.

La hadita blanca lanzaba hechizos débiles e inútiles en contra de las arañas, algunos llegaban a impactar en ellas mientras que otros y quizá por pura casualidad impactaban en uno que otro humano y que también por pura casualidad parecían ser los más fuertes. Asi estuvo Nyema durante unos minutos, hasta que vio como salía de entre los cuerpos inertes de las arañas muertas la Yordle que acompañaba e los viajeros.


-¡Rápido tienes que ayudarme a abrir el cofre!- le dijo Nyema en su oído ya que el ruido de la batalla apagaba fácilmente cualquier conversación, la pequeña y simpática ayudante simplemente asintió con la cabeza y trato de pasar a rastras entre las piernas de los humanos y cubriéndose de las arañas que extrañamente no la atacaban, mientras el hada le habría paso para que llegara a su objetivo.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Vie Abr 27, 2012 6:17 pm

Eddie poco después de todo lo que estaba pasando, se percató de que aquello que tenían a sus espaldas era ni más ni menos, que la caballeria humana. Por fin los refuerzos para matar a todas las arañas, empezaban a ser molestas. Eddie dió un par de pasos adelante, dispuesto a dar la bienvenida a aquellos hombres, esforzados y bien curtidos en mil batallas.
Sonriente, alegre, iluso al creer que no querían matarle a él.

Levantó ambos brazos y alzó la voz con un curioso "Hola", pero sólo consiguió ver como levantaban sus espadas, buscando sangre... sangre de Yordle.
Cuando se percató de la realidad, alzó ambos brazos aún más y salió corriendo en círculos, intentando evitar que lo atropellaran los corceles, su poco avispada técnica, funcionó bastante bien.
Aunque la bomba que tenía entre manos, se había caído y había llegado a parar debajo de un caballo, que por desgracia se vió afectado por la explosión, haciendo que todas sus tripas saliesen volando, ergo el jinete también salió volando y cayó directo al suelo.
Algunos jinetes cayeron de sus monturas al intentar matar al pequeñín con sus espadas, por muy poco, decenas de caballos atropellan al Yordle, que con una suerte tremenda, salvó todas sus posibles muertes, atropellos y demás cosas violentas que le hubiesen podido pasar.
Afortunadamente, salió sano y salvo.

Pero eso sólo era la embestida de los jinetes, luego, llegaron los soldados de a pie, con sus escudos y espadas, dieron caza al pequeño Yordle, muchos de ellos le persiguieron, pero Eddie era mucho más rápido, ágil y... pequeño, regateó a muchos y hizo que se cayeran.
Pero la suerte del pequeño Yordle acabó cuando, tropezó con una raíz troll y cayó de morros al fango.
Un soldado lo vió y con una sádica sonrisa alzó su espada, dispuesto a acabar con Eddie, pero entonces, apunto de morir y en vísperas de su fallecimiento, algo se oyó detrás de él, en verdad estaba en medio del campo de batalla, así que no le dedicó atención alguna.
Entonces una pequeña araña saltó un par de metros, aterrizó en la cara del soldado y este soltó un grito ahogado cuando se cayó al suelo.
Eddie se levantó y le propinó un par de patadas mientras, la araña succionaba su vida.

-¡Te metiste con el Yordle equivocado!- Gritó Eddie, sonriente. Pensando el por qué le había ayudado la araña, aunque parecía, ahora que lo pensaba detenidamente, que ninguna araña le prestaba atención.
Era una guerra entre ellas y los humanos, y el Yordle no había sido malo con ellas, excepto cuando propinó cientos de martillazos en sus cabezas, pero no mató a ninguna, por fortuna.

Andó con toda la pasividad del mundo entre los gritos, choques de metal y carne, muerte y destrucción. Mientras silbaba una sinuntuosa canción alegre y efusiva, y entonces alcanzó a ver como el hada se llevaba, tras unos juegos de palabras a Tristana junto a ella.

¡No, no, no! No podía permitir que esa psicópata raptara o matara a Tristana, entre Yordles había que defenderse.
Así que salió corriendo tras Tristana y el hada, para cuando estuvieron más alejados de todo el tugurio, Eddie se plantó ahí, agarró una de las bombas que le quedaban, esta era una bomba araña.
Sabía que tenía que hacer y cómo debía hacerlo.

El hada estaba de espaldas, confiada, no se esperaba que una bomba impactase detrás de ella y la capturase, así que sería un blanco fácil para la buena puntería de Eddie. Así que agarró una de las dos que le quedaban y la lanzó contra la hada que volaba sin percatarse de como una bomba viajaba hacia ella.

- ¡Pequeña zorra estúpida! - Gritó Eddie, percatandose de que la bomba había dejado un huevo, o algo así, nada más lanzarla. Así que lo agarró y dedicó su más ácida sonrisa al hada, que seguramente se giraría y se vería atrapada por la red.

Agarró una bomba básica, la única que le quedaba, sin contar la pegajosa y la que tenía con temporizador, y se preparó para lanzarla a la posiblemente atrapada hada.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Vie Abr 27, 2012 10:23 pm

Lo que hacía apenas unos minutos era una ciénaga tranquila y silenciosa, se había vuelto de repente en un campo de batalla. Al principio, todo fue confuso. A sus espaldas, y con un ruido ensordecedor del repicar del acero y el relinchar de los caballos, la caballería humana cargaba en su dirección. El mago no tenía claro si cargaban contra ellos, pues Bugnar no los había visto en la vida…

En ese instante, un alo de luz rojizo surcó la oscuridad, trayendo una tenue iluminación al pantanoso terreno. Fue entonces cuando Bugnar se dio cuenta contra qué cargaban aquellos hombres furibundos. En frente del reducido grupo, un sinfín de arañas se arrastraban por el suelo. Con la poca luz y la multitud, no se sabía dónde empezaba una y dónde acababa otra. Un escalofrío recorrió el espinazo del mago. Tras ellas, la gigantesca tejemuerte del báculo parecía controlarlas. Se alzaba en aquella marea de arácnidos, produciendo un espectáculo realmente horripilante. Sólo de pensar en ser engullido por aquellas arañas a Bugnar se le erizó la piel.

La situación era confusa. Estaban atrapados en mitad del combate, pero Bugnar no sabía si los humanos iban a por ellos o a por las arañas, y si estas a su vez, iban a por los humanos o a por ellos.

En esa situación, Bugnar hizo lo que consideró lo más sensato: desaparecer. Se apartó hacia un lado, para que la caballería no lo arrollase. Haberse quedado en medio de la carga habría sido un suicidio. Y Bugnar valoraba enormemente su vida. El impacto era inminente.

En medio de aquel espectáculo, apareció de repente la mujer rubia que los había acompañado con la otra barcaza. Parecía agotada, pues andaba a trompicones. Al ver a Bugnar, la mujer alzó la mano, como suplicando ayuda. Pero tanto las arañas como los humanos estaban demasiado cerca. Si intentaba salvarla, Bugnar moriría aplastado por los cascos de un caballo, o por la picadura de decenas de arañas.

Si en un principio hizo un ademán de ir a ayudarla, se retractó en seguida. No podía hacer nada por ella.
Lo más sensato sería esperar a que las dos facciones se mataran entre ellas y recuperar el cofre, que entre aquella confusión el mago había perdido de vista. Forzando los ojos, llegó a entrever la figura del mapache, del cual aun no sabía su nombre. Estaba realmente conmocionado por algo. Quiso saber que era lo que miraba con tanta intensidad, pero de repente, una araña descarriada se le echó encima. No se había apartado lo suficiente del combate, al parecer. Por suerte, era una araña de un tamaño asequible para el mago. Además no eran muy listas. El insecto cayó en una burda finta del mago, y este hizo descender su daga hacia la cabeza del bicho, que la travesó de lado a lado. La criatura aun se removió unos segundos, pero finalmente sucumbió, abatida.
Al parecer, otras arañas se habían fijado en su presencia. El mago empezó a bordear la refriega, mientras huía de las arañas, en dirección al mapache y lo que al fin pudo distinguir, el cofre.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Sáb Abr 28, 2012 2:01 am

El pantano silencioso había quedado en el olvido y se había convertido en una ciénaga llena de sangre y entrañas que estaba iluminada por la luz rojiza del báculo de Lucia.

En el campo de batalla no paraban de llegar arañas, salían de todos lados, de los arboles, por debajo de la tierra, emergiendo del pantano, la escena era por mas aterradora para un humano cualquiera. Pr otra parte, el pequeño grupo de humanos que hacia frente a las oleadas de arañas empezaba a reducirse aun mas, y las arañas poco a poco ganaban más efectivos en sus filas.

De entre todos los combatientes se destacaban unos pocos, el primero era un humano de pelo blanco, llamaba demasiado la atención por el simple hecho de ser el único que no seguía el estilo de pelea de los demás, aparte de que estaba alejado de la formación humana. El otro simplemente no se veía, era muy pequeño y los humanos lo tapaba a la vista por completo, era fácil saber que pasaba pues un pequeño grupo de humanos perseguía a una criatura muy pequeña apuntando sus espadas al piso.

De pronto una voz se alzo por entre todo el ruido.
–¡¡Tu!!- grito lucia mientras señalaba a una de las arañas más grandes que resguardaban el cofre. –¡¡Ve a por él!!- añadió mientras seguía sosteniendo el báculo luminosos y cambiaba de dirección su mano para apuntar, esta vez, hacia el albino que se debatía con las arañas.

Sin pensarlo dos veces, la araña salió corriendo en dirección a Bugnar sin importarle el atropellar a sus compañeras más pequeñas, justo cuando el humano se percato de las intenciones de la araña, esta arrojo una telaraña que lo apreso de la mano donde sujetaba su daga y empezó a jalarlo hacia ella, las demás arañas se alejaron del humano pues le tenían más miedo a su superior que a Bugnar.

El pequeño Yordle también tenía sus propios problemas, la caballería que había cargado contra él le había perseguido durante unos segundos, para su suerte había salido ileso, solo unos pequeños golpes y empujones que seguramente le dejarían unos hematomas muy marcados. Eddie que no se conformó solo con recibir el golpe había dejado caer su bomba encendida sobre el terreno, y por mera fortuna había explotado justo cuando la caballería caminaba sobre ella, el cuerpo del inocente caballo quedo esparcido por todos lados, embarrando con sus entrañas al resto de la caballería, el jinete simplemente salió volando para morir devorado.

Eddie aun seguía siendo perseguido por flechas y tajos de espadas, corría como loco por todo el campo, incluso llego a pasar cerca del cofre pero estaba tan concentrado en escapar que ni siquiera lo noto y siguió derecho, entre toda su carrera alcanzo a ver a Tristana, que era escoltada a base en engaños por la hadita blanca que lo había dejado lampiño.


-¡Toma maldita patona, sufre la ira de Nyema!- Gritaba muy alegre la hada mientras soltaba ráfagas de viento pequeñas que espantaban a las arañas, el hada escoltaba a Tristana hacia el cofre pues tenía que abrirlo algún ser vivo inocente y de alma pura.

-¡Corre corre!- apresuro Nyema a Tristana. -No te detengas que yo te cu…- dijo el hada pero antes de terminar añadió. –Condenada araña no la toques- una pequeña araña que le llegaba a la cintura a Tristana se había abalanzado contra ella, algo muy raro pues las arañas solo estaban atacando humanos y nada mas.

-Que caraj…- Nyema había sido enredada con una telaraña, sus pequeñas alas se quedaron pegadas a su cuerpo y cayó al piso casi al instante, como pudo se puso de pie con la telaraña aun sobre ella y empezó a mirar en todas la direcciones para encontrar a la culpable, para su sorpresa no había sido una araña como ella esperaba, el Yordle había atrapado a Nyema con una bomba.

-¡¡Otra vez tu!!-le grito el hada al Yordle. –¿Que carajos no aprendiste?- Nyema acerco una de sus manos por entre los hoyos de la telaraña, a simple vista no parecía haber hecho algo, pero tenía una sorpresa preparada.

-¡Abre el cofre, abre el cofre!-grito la enérgica hada a Tristana que ya se encontraba cerca del cofre, Nyema volteo a ver a Eddie y le regreso la misma sonrisa que el Horige le había dedicado hace unos segundos.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Lun Abr 30, 2012 3:48 am

Eddie vió como la telaraña enredó al hada de una manera bastante efectiva, como una bala blancucha que se revolvía en el suelo, impotente. ¡Un buen trabajo por parte de Eddie!, que sonriendo se había colocado de forma triunfal ante los hechos, colocando ambas manos sobre su cintura.
Luego, ignorando a la inutilizada hada, salió corriendo con sus patitas de Yordle a por tristana, mientras con la mano levantada alzó la voz una y otra vez.

- No, Tristana, no abras el cofre - Alzó la voz el pequeñín, llamando la atención de la Yordle, que lo miró extrañada y perpleja. Eddie sabía que ese cofre no podía albergar nada bueno, pues se había llevado la vida de muchas personas, de conocidos y quién sabía que podía tener en su interior, la llave del inframundo, ¿Más muerte? No estaría dispuesto a abrirlo y de alguna manera, el hada necesitaba mucho de la ayuda de ella, así que pensó en varias hipotetis: Sólo una Yordle fémina podía abrirlo o, simplemente algo de corazón benevolente.
Seguramente fuese la segunda, aunque Eddie clavó todas sus expectativas en la primera.

Agarró a la Yordle del costado y dejó que se recostara en sus brazos, inclinada y ambos mirándose de una manera romántica, Eddie clavó sus pupilas en las de ella, en fin una bonita escena si no fuera por que a su alrededor se estaba librando una batalla campal, una en la que Eddie ya había seleccionado bando: Las arañas, pues ellas no le atacaban y eran antroporfas, como Eddie, ambas razas eran poco queridas por los egoístas y vengativos humanos.

Su selección estaba clara, sólo quedaba asegurarla al resto:

- ¡Vamos, patudas, darles duro! - Alzó la voz repetidas veces Eddie, dando ánimos a sus colegas aracnudas.

Esbozó media sonrisa a Tristana y fundieron sus peludos labios en uno sólo, un precioso beso Yordle.
Ignoraba todo lo que el hada pudiese estar planeando, así era Eddie, despreocupado por naturaleza, aunque seamos claros, ¿Qué podía hacer una mosca palomera? ¿Ganar una guerra? No, eso no era seguro. Cómo mucho podía rasurarle el bigotillo.
¡Já! Cómo mucho eso...


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Lun Abr 30, 2012 7:54 pm

Un caballo pasó a su lado, golpeándolo en el hombro. Tras unos pasos, una gran araña se abalanzó sobre el jinete, que cayó de bruces al suelo. La caída fue dolorosa, puesto que llevaba una armadura que debía pesar por lo menos una veintena de kilos. Aunque no tuvo tiempo para quejarse, pues un aguijón del tamaño de una espada corta atravesó al hombre por el vientre. Al sacar el aguijón, las tripas se desparramaron por el suelo… y el hombre seguía vivo.

Bugnar tragó saliva. La araña, que tenía el tamaño de un caballo, se fijó en él. Por unos segundos el mago tuvo la vana esperanza de que no lo estuviera mirando a él, pero la idea se desvaneció en un instante. Del abdomen del arácnido surgió una espesa telaraña, que con suma rapidez atrapó el brazo del mago que portaba la daga. No contenta con eso, la araña empezó a tirar del viscoso material que lo tenía sujeto, arrastrando al taumaturgo hacía ella. Aquello era espantoso. El humano podía apreciar la hilera de repugnantes pinzas que ostentaba la mandíbula de aquella criatura. Una saliva nada reconfortante salía de aquellas fauces y un pútrido aliento llegó hasta su nariz. Estaba atrapado y poco a poco, y en contra de su voluntad, iba acercándose a aquella monstruosa criatura.
Bien poca cosa podía hacer, puesto que la daga la sostenía la mano inmovilizada por la telaraña. Aunque de poco habría servido ya que no se veía capaz de luchar contra un ser de ese tamaño cara a cara.

Aun así, no podía dejarse matar por aquel bicho. Apreciaba su vida lo suficiente como para no dejarse dominar por el pánico y encontrar una salida a aquella solución. Primero miró a lado y a lado, cerciorándose de que no tuviera nada a lo que sujetarse. El cadáver de un hombre cercano le sirvió. Al pasar junto a él mientras estaba siendo arrastrado, lo agarró por la cintura con el brazo libre.

A continuación lo sujetó con los pies. El resultado fue el previsto. La araña no podía cargar con el peso de dos personas y la armadura. Eso daba tiempo al mago.

Con unos movimientos tan rápidos como se lo permitió la tensión de la situación, Bugnar dibujó en el fangoso suelo un círculo de invocación. Cuando lo hubo terminado y estaba a punto de colocar la mano en el círculo y pronunciar las palabras del ritual, un tirón por sorpresa lo apartó del cadáver. La araña se había cansado de juegos. Estaban a escasos dos metros. En ese instante, la araña consideró que ya estaba lo suficientemente cerca como para abalanzarse sobre su presa. Dejó de tirar del mago y dio un salto para arrancarle la cabeza con sus mandíbulas.
Por suerte, Bugnar tropezó con otro cadáver, y las tenazas de la araña se cerraron en el vacío donde un segundo antes había estado su cabeza. El mago corrió como alma que persigue el diablo hacia el círculo de invocación. Llegó a tiempo para pronunciar las palabras, mientras la araña se le abalanzaba encima de nuevo.

Zakar, su demonio, salió al rescate. La verdad sea dicha, Bugnar se alegró de tenerlo a su lado. El can gruñía con emoción al insecto que tenía delante, que lo triplicaba en tamaño. A pesar de ello, el demonio era perfectamente capaz de enfrentársele.

Para aquel combate, Bugnar dejó libre la furia del demonio. El control que gobernaba a la bestia fue liberado. Por esta vez, el mago dejaría que su invocación luchara con todas sus fuerzas.

Zakar lanzó un aullido de triunfo cuando se abalanzó sobre la parte más vulnerable de una araña, su abdomen. La ventaja en ese sentido podía ser del demonio, que era lo suficientemente pequeño como para colarse entre las patas de la araña y atacar desde abajo a su desprotegido vientre.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Jue Mayo 03, 2012 8:16 pm

De todo el grupo de humanos que habían atacado a las arañas solo sobrevivían seis, seis míseros y pobres soldados del mas bajo rango que podía haber, a ellos se le sumaba otro humano más peculiar, que estaba un poco cerca de ellos, Bugnar, una humano albino que se debatía con una araña, el cual había conseguido invocar un horrendo monstruo que lo salvo de una muerte segura.

El monstruo que a pesar de darles una buena batalla a las arañas no duraría para siempre se había estado debatiendo contra varios arácnidos que pasaban cerca de él y había matado un par de humanos que se le habían cruzado por enfrente. Mientras tanto las demás arañas pequeñas comenzaban a morder los pies, piernas y lo que podían del mago.

De pronto el piso se volvió a sacudir de la misma manera que antes, los humanos que seguían peleando sabían exactamente porque, los refuerzos prometidos desde la ciudad habían llegado, un regimiento de mil soldados, una cantidad suficiente para aplastar la insignificante resistencia arácnida y regresar con la mayoría de sus efectivos, en el frente se podía ver al general de estos, un soldado con una armadura que irradiaba luz propia, tan grande que usaba un caballo percherón de montura y que su espada pareciera espadón al lado de un humano común, muchos decían que era mitad humano mitad gigante pero él nunca lo había confirmado, nadie se atrevía a preguntarle pues tenía fama de indignado y racista.

El regimiento que avanzaba muy despacio entre el fango estaba compuesto en su mayoría por caballos, solo unos cuantos arqueros acompañaban a la caballería desde atrás.

Cuando Lothar el general de aquel regimiento estuvo frente a las arañas no hizo otra cosa más que observar el campo de batalla, primero vio a los 6 hombres que sobrevivieron, después clavo su mirada en el par de acaramelados Yordles, después en el humano albino que trataba de controlar a su bestia y para terminar miro fijamente al Hada que estaba cerca del cofre. Lothar hizo un ademan con su mano izquierda y su capitán dio la orden de que los arqueros exterminaran a los sobrevivientes, rápidamente seis arqueros tomaron posición frente a la batalla y asesinaron a sus compañeros de un solo disparo. Muchos se abran preguntado… ¿Por qué las arañas no los atacaron? Quizá era porque Lothar infundía tanto miedo que las mismas arañas le temían pero eso no estaba del todo claro. Lo siguiente que hizo fue asentir con la cabeza a su capitán y todo su regimiento se abalanzo sobre las demás arañas que había.


-Capitán, traigan a ese par de criaturas peludas y al anciano.

-Si mi general

-El anciano invítenlo a hablar conmigo, le tengo una propuesta.

-Como usted ordene

Dos soldados que estaban peleando en pareja dejaron de exterminar a las arañas y salieron en busca de los yordles, Eddie que defendía a Tristana a capa y espada de Nyema no había notado que los humanos se acercaban a su posición.

El hada le lanzaba pequeñas ráfagas de hielo cortante a Eddie, parecía muy enojada pero a pesar de eso no parecía tener intenciones de matar a Eddie pues sus ataques eran muy débiles como para exterminarlo y tan fuertes como para no dejarlo bajar la guardia
–No seas tonto, deja que abramos el cofre, ayudas a las arañas pero impides que logren su objetivo, esta criatura solo será un sacrificio, después podrás tener a la fémina que desees- Dijo Nyema refiriéndose a la yordle que se escudaba detrás de su valiente defensor.

-Ayúdame y tendrás poder sobre estas tierras, tendrás lo que desees, fieles sirvientes humanos, hermosas pretendientes como tú, ejércitos de antropomorfos bajo tus ordenes, a cambio de que aquella señorita absorba lo que hay dentro de él, eso es lo único que quiero, que sacrifiques su vida en pos de un mundo mejor jijiji.-

Pero justo antes de que Eddie pudiera dar su respuesta el par de humanos lo ataco por la retaguardia, un firme y certero espadazo dirigió horizontalmente hacia ellos a la altura de sus espaldas, mientras que el otro humano ya estaba del otro lado esperando para capturar a la indefensa Tristana, cosa que sucedió pues al momento de esquivar el primer ataque retrocedió cayendo en la trampa de aquél par, dejando solo a Eddie.

-Ven con nosotros y ella estará a salvo- dijo el humano que no tenía a su amada mientras le apuntaba con la espada hacia su diminuta cabeza, justo en ese momento el hada voló tan rápido hacia el cofre olvidando a los yodles y Eddie se vio forzado a seguir a los humanos.

Mientras tanto el humano albino había sido alcanzado y ayudado por un soldado, que le defendía de las arañas.


-Señor, mi general quiere hablar con usted, le sugiero que no se oponga al llamado pues en ese caso mandara cualquier cantidad de soldados a matarlo.- añadió el jinete que le tendía la mano para que subiera al caballo.

Bugnar que no era tonto tomo la mano del jinete y subió dejando a la suerte el destino de su demonio que se las arreglaba para poder pelear lleno de telarañas.


-Saludos, debo decir que de cerca es mucho mas joven de lo que aparenta, pero eso no es lo que tengo que ofrecerle. Vera, mi objetivo es hacerme con ese cofre, dentro tiene un viejo espíritu mágico que hace muchos años vago en vida por estas tierras, fue un humano como cualquiera de nosotros pero con el tiempo fue asesinado mas magos de muchas razas y absorbiendo sus espíritus y esencias, mi propuesta es sencilla- Lothar tomo su espada de manera rápida que sorprendió a todos pues su tamaño no parecía permitirle tal agilidad, miro a Bugnar a la cara y le apunto con la espada al cuello descubierto de Bugnar –Ayúdeme a hacerme con ese cofre, jure silencio y le perdonare la vida.

En el mismo instante que en Lothar termino de amenazar al mago, el par de humanos llego con el par Yordles como prisioneros.

-Veras, yo soy muy desconfiado, y sé que los invocadores no son tontos, al principio no podre creer en que me ayudaras, pero después de que mates a este Yordle te ganaras mi confianza- acto seguido Lothar le propino un buen golpe a Bugnar en el estomago.

-A ti aberración de la naturaleza, si salieras victorioso de tu batalla salvaras a tu compañera de las garras de aquel demonio- dijo Lothar señalando a Zakar que ahora estaba sometido por telarañas sujetadas por ocho humanos que forcejeaban para no dejarlo escapar.

-Bien… que empiece la batalla- Lothar tomo su espada, miro a los dos captores del Yordle y estos arrojaron sus espadas al piso.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Sáb Mayo 05, 2012 12:46 am

La confusión iba en aumento. Zakar mantuvo a raya a las arañas en un principio, pero la ilusión duró bien poco. Estas parecían no sentir el miedo, y no retrocedían ante los incesantes ataques del demonio. Bugnar intentaba centrarse en matar a las más pequeñas, pero eran demasiadas. Estaban rodeados. Zakar sucumbió ante las telarañas que poco a poco se iban enredando en su lomo. La situación se parecía bastante al fin de sus vidas. Hasta que un nuevo ruido surcó el campo de batalla. De entre la maleza, aparecieron nuevos soldados, que a su vez, cargaron contra las arañas. Las flechas silbaron al viento, cortándolo con rapidez y clavándose en la tierna piel de las arañas.

Estas, que no se esperaban un contraataque de esa magnitud, se vieron sobrepasadas rápidamente por su enemigo. Los humanos parecían bien entrenados, y en todo momento sabían lo que hacían. Una formación bien alineada, buenas armas y armaduras… aquello ya no eran los soldados de antes. A su cabeza, un hombre tan alto como una montaña parecía dar órdenes aquí y allá.

Pero el mago no podía distraerse, pues aun quedaban arañas por matar. Especialmente aquel arácnido enorme que segundos atrás había atrapado su mano con una telaraña. La criatura parecía fuera de sí. Una flecha se le había incrustado en el ojo izquierdo, que supuraba una sangre tan negra como la brea. Un chillido irritante salía de su garganta.

Su demonio, Zakar, no desaprovechó la oportunidad. Estaba fuera de sí, puesto que había entrado en una espiral de muerte y caos. Pero a pesar de ello, el chillido de la criatura atrajo su atención. Dejó de destripar la garganta de un soldado que había pasado demasiado cerca del demonio y se precipitó hacia la enorme araña. De dos dentelladas le arrancó la yugular. Esta cayó al suelo entre convulsiones, mientras Zakar le desgarraba el abdomen.
Fue entonces cuando Bugnar se dio cuenta de que un soldado se dirigía hacia él, en medio de aquella batalla. Se detuvo a escasos metros del mago. Este imaginó que aspecto debía ofrecer al soldado. Manchado de sangre negra de pies a cabeza, con el cabello blanco alborotado y con una daga de extraña confección en la mano que goteaba más sangre. Definitivamente no había sido uno de sus mejores días.

Bugnar se retiró la larga y desgreñada melena del rostro y contempló con ojos severos al joven que se postraba ante él. Este habló directo, y aunque las palabras eran educadas, su tono mostraba una autoridad incuestionable: no admitía discusión. Estaba claro que estaba adiestrado para recibir y dar órdenes con total exactitud. Así eran los soldados: como si les hubieran introducido el palo de una lanza por el culo.

El mago cogió la mano que le ofrecía el soldado, y con impulso, consiguió subir a la grupa del caballo que montaba aquel hombre. Había que decir que era un corcel magnífico, aunque no fuera el momento oportuno para apreciarlo. Bugnar miró atrás, contemplando al demonio, que aun estaba entretenido con la araña muerta. Ya se apañará, pensó el invocador. Jinete y mago marcharon al trote, en medio de una batalla que estaba por finalizar hacia el grosor del ejército que había irrumpido en medio de aquel pantano.

Al llegar dónde sus tropas, Bugnar pudo comprobar que de cerca, el que parecía ser su comandante infundía auténtico pavor. Casi prefería el mago dar media vuelta y enfrentarse a las arañas que a un ser tan monstruosamente alto y macabro. Su aspecto era el de un auténtico ogro. Aquellos brazos debían tener el grosor de una cabeza humana. Fuera lo que fuera que había atraído a esa montaña y a su ejército por aquellos laeres, Bugnar no quería entrometerse en absoluto.

Pero el destino era malvado para con el mago. Esa semana parecía haberla tomado con él y seguramente, con el mapache y su única guía que les quedaba con vida, puesto que otros dos soldados los traían de malas formas hasta su presencia.

Sus sospechas sobre su infortunio fueron confirmadas en cuanto aquel hombre salido del abismo despegó los labios. ¿Un espíritu dentro del cofre? ¿Y maligno encima? Aquello no podía ir peor… aunque tampoco se apostaría nada por ello. El lado bueno es que habían sido advertidos del contenido del cofre antes de que lo abrieran y se produjese una auténtica catástrofe.

Pero los problemas parecían llegar de dos en dos, al parecer. Querían la ayuda del invocador, pero tampoco se fiaban de él. Si no mataba al mapache, despegarían su cabeza de sus hombros. Y el mago realmente esperaba que su cabeza se mantuviera en su sitio por unos años más. Por otro lado, nadie le garantizaba nada. Y Bugnar no se fiaba de unos hombres cuyo objetivo era abrir un cofre maldito. La única persona en quien podía confiar mínimamente en aquel lugar era el mapache, y pedían su cabeza a cambio de salvar la vida…

Su cabeza iba a cien por hora. Buscaba una manera de salir de esta con un mínimo de garantías. El tiempo pasaba y se esperaba que una respuesta saliera de su boca. Cuando los soldados arrojaron las espadas al suelo, esperando que el mapache y él las cogieran para empezar a matarse el uno al otro una idea descabellada se le pasó por la cabeza. Fue un impulso, un instinto; y cuando quiso darse cuenta, las palabras salieron de su boca.

- Mi señor- dijo el mago, hincando la rodilla en el fango- Si sabéis que soy un invocador, también sabéis cuales son mis conocimientos- se tomó un segundo para que sus palabras llegaran a sus oyentes, se aclaró la garganta- El cofre que decís… el del espíritu maligno, me temo que sólo puede abrirse mediante un… un antropomorfo… mi señor- mintió Bugnar. Esperaba fervientemente que no hubiera ningún mago entre sus filas, pues de lo contrario su mentida quedaría al descubierto. Escuchó ciertos murmullos entre los soldados- Un antropomorfo, un engendro o como prefiráis llamarlo- entonces señaló a Eddie- Él y su acompañante son la clave para abrir el cofre. Si lo matásemos ahora mi señor, me temo que nos quedaríamos sin desvelar lo que en él se oculta. Permitidme demostraros mi lealtad de otra forma… dejadme abrir el cofre para vos. Pero dejad con vida a esas dos criaturas… son parte de…- miró al mapache a los ojos- del ritual. No temáis, de una forma u otra morirán pues abrir el cofre requiere un sacrificio.

Y Bugnar esperó la respuesta del comandante. Al final de su improvisado e imaginario ritual, el invocador no dejó que su voz temblara. Si no era creíble y se percibía su duda, tanto él como el mapache estarían sentenciados.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Sáb Mayo 05, 2012 2:19 pm

Eddie se percató de como aquella rata voladora había salido de su trampa y ahora, le lanzaba escupitajos aéreos voladores. Cosas mágicas estúpidas y sin sentido, se disponía a lanzarle una bomba, una de verdad, para matarla del todo y por fin acabar con toda esa mierda de las hadas escurridizas, que ahora además pedía la ayuda de Eddie. Y qué más...
Con una mano, apartó a Tristana y la puso detrás de él.
Entonces se disponía a desabrochar una bomba pegadiza cuando, ¡Zascatapum!, Tristana cayó al suelo, Eddie se giró y antes de poder actuar u abrir la boca, un guardia le habló y acto seguido lo agarró del pescuezo y un metro o así elevado del suelo, fue obligado a acompañar de una manera muy "sútil" a aquel par de garrulos.

Atravesaron el campo de batalla al paso apresurado de aquel par de soldados militares, sin credenciales ni insignias, soldados rasos. Ni siquiera un héroe habían mandado contra Eddie, que intentando ignorar su situación, volteó su cabeza en busca del hada, pero no encontró más que humanos atravesando con sus espadas a arañas, o en su viceversa, arañas arrancando cabezas de humanos.
En fin, si las arañas le ayudaban, esperaba de que una viniese y se cargase a ambos guardias, que "escoltaban" a Eddie y Tristana, por supuestísimo, Tristana ni se revolvía ni nada, Eddie en cambio intentaba lanzar puñetazos y escupitajos a ambos, en vano pues sus manos eran más bien, cortitas.

Tardaron bastante en llegar a una especie de dantesca tienda de campaña, donde el albino Bugnar, Buggy el invocador se encontraba, enfrente de un gigantísimo general, ancho de hombros y de espalda, con aspecto poco afable y bastante aventuresco. Ah sí, no había que olvidarse de los otros muchos guardias que vigilaban a Buggy y a los recién llegados Eddie, al menos Eddie fue lanzado al lado de Bugnar, con la saña que se lanza un saco de patatas.
Sin dolor alguno se puso en pie, muy molesto y alzó el brazo en pos del general, y dispuesto a abrir la boca y maldicir de las mil formas que podía Eddie, Bug se le adelantó cuando les tiraron un par de espadas y les obligaron a matarse entre sí, obviamente empezó a hablar como si le pagasen por cada palabra, a lo mejor quería alargar su esperanza de vida por que ese plan era demasiado crédulo para ser cierto.
En fin, no tenían nada mejor que hacer, así que Eddie le siguió el juego:

- Es cierto, mi feo general. Necesitas de dos yordles, uno femenino y otro masculino para abrir ese cofre. ¿Y sabes qué pasa? Que si de verdad quieres abrirlo, no puedes ni tocarme ni matarme, por que si lo haces entonces, no podrás abrir el cofre. Así que, te jodes y bailas, por que soy intocable. ¡Ahora quiero comida! ¿Me oyes? ¡Bollos de canela! Y me pensaré abrir el cofre por tí y tu regimiento de hombres faltos de compañía femenina, en fin, a saber que haceís por las noches. - Hablaba Eddie, tan inrrespetuoso, sagaz, alocado, estúpido y atrevido como él bien sabía hacer.
Si iba a morir, al menos quería hacerlo con dignidad, algo de acción antes de morir.

Si esos guardias se atrevían a poner las manos en sus espadas y dar un paso al frente, Eddie agarraría sus hexplosivos y oh, seguro que sí, se liaría una muy buena en esa tienda. Lanzaría una bomba pegadiza al general.
Confiaba que eso no pasase.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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