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La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Dom Mayo 06, 2012 3:35 pm

Habían pasado ya varias horas desde que los viajeros habían salido del pueblo, tantas que la noche oscura comenzaba a adoptar ese color azulado de los amaneceres en el bosque.

El campo de batalla que hasta hacia unos minutos le pertenecía a las arañas acababa de ser conquistado por un enorme contingente de soldados humanos, que en menos de una hora ya habían exterminado a casi todas las arañas.

Lothar había dado la orden de matar a las arañas con las siguientes palabras, “Sigan a las arañas, extermínenlas a todas, que no quede ni un solo huevo de ellas en el pantano”. Era obvio que sabía que las arañas serian fáciles de derrotar, pues ningún general veterano de guerra daría esas órdenes sin pensar.

Las últimas arañas que mantuvieron la pelea eran las que custodiaban el cofre, guiadas por su líder, la aracnide de piel grisácea de nombre Lucia, habían resistido hasta la muerte, pero una vez que la punta de rubí del báculo de Lucia fue quebrada, todas las arañas que quedaban recuperaron su voluntad y salieron despavoridas perdiéndose en el laberinto de raíces charcos y arbustos del pantano.

Después de aquella vergonzosa derrota para las arañas, entre diez hombres obligaron a la moribunda Lucia a presentarse ante Lothar y sus tres invitados que tenia por la fuerza.

Una débil y ensangrentada Aracne se postro frente a su audiencia, con las manos encadenadas y sujeta por sogas atadas a sus múltiples patas se acerco al general que fácilmente le sacaba dos o tres cabezas, levanto su orgullosa mirada y le dedico un buen escupitajo en la cara al gigante líder de los humanos.
–Jajajaja, el veneno de mis compañeras no conoce armaduras, tengo arañas tan pequeñas que podrían entrar fácilmente por entre tus protecciones, te juro por todas las arañas que has matado hoy, que si no me matas no saldrás vivo de este pantano, engendro…- El general simplemente se limpio la saliva de su cara mientras Lucia daba decía sus últimas palabras y con la misma mano que uso para limpiarse le asesto un puñetazo en la cara a la hechicera.

Los tres presentes fueron salpicados de la sangre que la cabeza de la aracnide había arrojado, el puñetazo del general había desecho la mitad del cráneo, y solo no le arranco la cabeza con la pura fuerza porque no pudo acomodar bien su golpe, miro a sus invitados y les dirigió una mirada altanera, presumida y muy amenazante.


-Perdonen esta interrupción- Tomo un trapo sucio que guardaba entre sus armaduras y se limpio la sangre. –Capitán, mándeme al brujo del pueblo- El capitán salió rápidamente en busca del brujo.

-¿Así que hay un ritual he?… Te molestaría decirme en qué consiste mientras llega mi brujo- dijo Lothar mientras veía con desprecio al par de yordles.

-Puede alguien darle de tragar a esta aberración de la naturaleza, o al menos háganla callar- Un par de soldados tomaron un pedazo de carne muy pasada con hongos en algunas partes y se la aventaron en la cara al molesto Yordle.

El humano albino dio una breve explicación de su ficticio ritual, tratando de engañar al general, pero antes de que terminara, el capitán llego escoltando a un humano con ropas muy ostentosas y que debajo llevaba puesta una cota de malla hecha de oro y que llevaba consigo un collar muy grande y joyas por todos lados.


-Este invocador dice que el cofre solo puede ser abierto por antropomorfos, porque no me dijiste eso antes…- Lothar volvió a mirar a Bugnar y le dijo –Miénteme y tu destino será el mismo que el de él- El general asintió con la mirada a su capitán y este último le enterró su espada por la espalda al brujo, después los demás soldados que estaban cerca se apresuraron a terminar el trabajo, todos enterraban y enterraban sus espadas en el pobre humano que había sido asesinado por una mentira de Bugnar y que lo más seguro era que el que decía la verdad era la víctima.

-Aunque ahora que lo pienso… Esas arañas también son antropomorfos, creo que me estas mintiendo… El trato no ha cambiado, mata al yordle y te perdonare la vida.- Volvió a ordenar el general y les señalo a ambos las espadas.

Para fortuna de Eddie y Bugnar la cantidad de humanos se había reducido drásticamente pues todo el contingente humano se había adentrado en el pantano para exterminar arañas y solo habían quedado menos de veinte efectivos, de los cuales una cuarta parte cuidaban el cofre la mitad sujetaban el demonio zakar y los demas empezaban a arrastar el cuerpo de Lucia al fango junto con el del brujo recien asesinado.

El cofre se encontraba en el mismo lugar que donde lo habían visto desde el principio, era muy pesado, tanto que ni entre todos los humanos restantes pudieron moverlo, en vez de eso instalaron una pequeña tienda que cubría el cofre y pusieron vigilancia en la única entrada.

Nyema que se había estado escondiendo, logro colarse por debajo de la tienda donde resguardaban el cofre, lo miro como una madre a un hijo, paso sus pequeñas manos por todo el relieve, le causaba mucha nostalgia pensar lo que tendría que hacer.
–Esa maldita araña me ha engañado por completo.-







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Lun Mayo 07, 2012 5:18 pm

La situación se ponía complicada, a lo mejor fue por Eddie, cuando empezó a "insultar" con poca sutileza al general, el caso es que no les creyeron. Hicieron de llamar a un mago local, que poco después, unos instantes de total incomodidad, llegó.
Les obligaban a luchar por sobrevivir. Después de que sardónicamente el general ordenase la venida de un mago local, para darle ejecucción, puso en jaque a Bugnar y por ello también a Eddie.
Ambos o al menos Eddie sabían que aunque ganase uno u otro el duelo, después les sacrificarían como cerdos, era demasiado obvio.

No sabía si Bugnar era un buen hombre, hasta el momento lo había demostrado pero quién que secretos pueden esconder esa albina cabeza. No esperaba otro de sus absurdos planes, ahora, aprovechando que se habían ido algunos guardias era el momento de actuar. Tenían que matarlos a todos, ¡A todos! y debían hacerlo rápido, Eddie iba a matar a tantos como pudiese, pero el humano también debía hacer algo.
La tecnología era buena, pero no tanto por el momento.

- ¡Banzai! - Gritó férreo el Yordle, alertando a los guardias de la sala.

Su arsenal actual consistía en: Una bomba básica, una con temporizador y otra pegajosa, o sea que se pegaba en las carnes de sus víctimas.

Bien, con un movimiento más rápido que el rayo, agarró la única bomba básica que le quedaba, la desabrochó y la lanzó con fuerza contra ambos guardias que estaban detrás de ellos. Luego agarró la pegajosa y la lanzó también contra el capitán que hacía de asistente del general.

No sabía el resultado de lo que acababa de hacer, se había arriesgado, para bien o para mal ya había actuado, ahora sólo quedaba esperar, sólo le quedaba una bomba y necesitaba volver urgentemente a Shuwap, su garrapato, su carromato y sus bombas le estaban esperando para que le echasen el guante.
Además su primo Fizz le debía unas gordas, cosa que bien aceptaría y invitaría también a su colega Buggy Mc'Bugnar.

Por el amor de todos los Yordles, deseaba que acabase eso ya. No era ningún héroe o aventurero, y tantas cosas por un día estaban siendo demasiado exhaustivas, agobiantes. Un par de horas más y se caería rendido al suelo.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Lun Mayo 07, 2012 5:49 pm

Su plan se desvaneció tan rápido cómo había venido. Aunque la suerte estuvo de su parte.

La sangre se le heló al invocador cuando el comandante hizo llamar a uno de sus magos. Estaba seguro que esta vez le iban a cortar la cabeza. En vez de eso pero, la cosa tomó otro camino.

En cuanto el otro mago hizo acto de presencia, el soldado que lo acompañaba empaló su espada en el ahora confuso taumaturgo. Como una señal, otros soldados desenfundaron las espadas y también acuchillaron al pobre diablo.
Bugnar giró la vista. Ese pobre hombre había muerto sin tan siquiera saber quién o que lo había travesado de lado a lado con la espada. Ese sentimiento se vio reflejado en su rostro ahora sin vida: los ojos parecían salirse de las cuencas, y el rostro estaba contraído en una mueca. No había podido ni gritar. El cuerpo cayó al suelo con un estrepitoso ruido, mientras los verdugos se limpiaban la sangre en sus pantalones y volvían a enfundar las espadas, como si nada de todo aquello hubiera pasado.

Ahora estaban acorralados. Tenían pocas alternativas. ¿Cómo diantres iban a salir de aquel lio? Y es que estaban en la boca del lobo. Las arañas parecían haberse retirado. Sus últimos vestigios, aquella tejemuerte, tenían los segundos contados. A la antropomorfa la llevaron a rastras, ensangrentada y mal herida, ante la presencia del comandante. El intercambio de palabras fue breve, y en apenas unos instantes, aquel ogro que se hacía pasar por humano le asestó un golpe tal con el puño a la araña, que esta murió en el acto, con medio rostro arrancado del golpe.

Aquella escena fue realmente impactante. Nadie tenía tanta fuerza como para realizar tal hazaña… al menos, nadie humano.

Todo indicaba que aquel pantano sería su tumba. Evidentemente Bugnar no pensaba rendirse tan fácilmente, pero con tales adversarios, las posibilidades de salir vivo de allí eran realmente ridículas. Eso, pero, no fue ningún problema para el mapache que tenía a su lado.

Una vez más, este demostró que tenía la determinación para salir delante de los problemas más rocambolescos. Y como de costumbre, sus soluciones eran de lo más drásticas. En un momento, el pequeño armó tal caos, que los soldados pensaron momentáneamente que las arañas habían realizado un nuevo contraataque.
Por los aires volaron los extraños artefactos que el mapache llevaba consigo. Uno de estos impactó cerca de los guardias que tenían en la retaguardia. El artilugio hizo una gran explosión, que retumbó en los oídos de todos los presentes.

Era la oportunidad de Bugnar. Echó a correr hacia los guardias que tenían amarrado a Zakar. Este se removía entre las telarañas, intentando hincar el diente en algún despistado. Los dos primeros guardias habían sido abatidos por el mapache, por lo que Bugnar sólo tuvo que empujarlos al suelo si estos intentaban cogerlo. No podía perder el tiempo con los guardias que no custodiaban a su demonio.

Al llegar junto a su demonio, Bugnar intentó por todos los medios liberarle, cortando con la daga las telarañas que lo mantenían sujeto.
Si algún guardia se le acercaba, Bugnar le lanzaría con la mano libre todo el barro que esta pudiera sostener a los ojos.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Sheoldred el Jue Mayo 10, 2012 4:55 pm

La negrura del pantano empezaba a convertirse en un azul oscuro, las horas ya habian pasado desde que habian salido del pequeño pueblo y la luz del amanecer ya casi los alcanzaba.

Nyema acababa de tocar una serie de joyas incrustadas en el cofre a modo de clave, estas se iban encendiendo de un blanco intenso conforme el hada las tocaba, cuando los 5 diamantes estuvieron encendidos un az de lus blanco e igual de intenso salio desdepedido hacia el cielo, en el interior de la tienda se produjo un enorme remolino proveniente del cofre, su fuerza era tanta que jalo consigo toda la tienda y a los guardias que la custodiaban, en menos de un minuto el remolino habia pasado a ser un pequeño remolino de 2 metros a uno grande y potente de 10.

Al mismo tiempo un par de explociones le arrebataban la vida a un par de soldados, Lothar que se encontraba cerca de las explociones no se inmuto ni siquiera por el ruido, simplemente pego la carrera en direccion al cofre ignorando al Horige y al humano albino.

Zakar el demonio otravez estaba suelto, y gracias a las bombas de Eddie lo pocos humanos que quedaban no quisieron siquiera hacerles frente, simplemento dejaron lo que estaban haciendo y salieron coerriendo a esconderse en el bosque.

Nyema se percato de que el general corria en direccion al cofre, era muy impresionante ver como una mole de mas de 300kg se movia tan rapidamente como si fuera a embestir aquella luz, Nyema que se encontraba volando a un lado de la torre de luz no dudo ni unsegundo en meterse dentro de ella, la torre empezo a desaparecer y se concentro en el cuerpo de la pequeña hada, Lothar que ya se encontraba cerca se avento a sujetar al hada con su mano…

… Un resplandor sego por unos segundos a todos los presentes, mientras un gran estruendo los ensrodecio por breve tiempo, mientras todos recuperaban la vista poco a poco y la auidicion se mantenia un un molesto sumbido una criatura del tamaño del general habia sirgido de la implosion.


-Donde estamos…- hablo el demonio que tenia un pequeño remolino como piernas y pies, su voz, era las voces de Nyema y el general hablando al unisono, el demonio miro a todos y clavo su mirada en los humanos que intentaban escapar, levanto una mano y apunto con su puño hacia ellos, un latigo arremolinado salio de su puño y atrapo a un par de los que intentaban escapar.

-Huelen muy bien…- dijo el demino mientras respiraba ondamente el aroma de los soldados, tomo a los dos al mismo timpo por los pies y la cabeza y los separo como si se tratara de queso fundido y se comio las entrañas de los soldados.

-Yo los conosco- dijo el demonio mientras miraba a Eddie y a Bugnar. –Antes no parecian tan apetitosos- dijo mientras preparaba otro latigo en ambas manos.

-Nyema… deeejalos empaaaaaas- Sheoldred estaba detrás del demonio, estiro sus patas para que su cabeza quedara a la altura de la cabeza del demonio.

-Vayanse, no pierdan tiempo- Dijo sheoldred dirijiendose al yordle. –Mis niñas los cuidaran hasta que salgan del pantano, despues no prometo nada- Sheoldred miro al demonio y le lanzo una telaraña a los ojos.







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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Eddie Garrapato el Jue Mayo 10, 2012 8:19 pm

En un fastuoso instante, su bomba había estallado y ambos guardias habían sido volatilizados de una forma eficaz, rápida y violenta. Sus gritos ahogados fueron callados por el estruendo de la bomba, luego, un brazo salió volando y una masa sanguinolenta carmesí encharcó el suelo de barro de la tienda.
Incluso Eddie fue mojado por la sangre de ambos guardias, su pelaje se manchó con este pegajoso líquido de la muerte, pero con una agitación perruna se deshació de él.
Ventajas de ser un maldito mapache humanoide, en fin. Qué bien se vivía como un peludo Yordle.

En fin, antes de poder abrir y cerrar los ojos, aquel cabrón gigantón que se hacía ver como general salió corriendo como alma que llevaba el diablo, Eddie agarró su llave inglesa y salió corriendo en su búsqueda, pero sus patas cortas no le permitieron seguirle mucho más allá de fuera de la tienda, él se dirigía al puesto donde estaba colocado el cofre. Bien, ¡Corre y no vuelvas nenaza! Por qué si lo haces el tío Eddie te dará unos cuantos mamporros con la llave, y eso deja marca.
En esas, volvió adentro, donde los que no estaban muertos habían huido, pero aún estaba Bugnar, su chucho demonio y Tristana, intacta e inmaculada. Lo miraba sonriente, como aquella que miraba a su salvador, su héroe, su amado.
Sus mofletes se enrojecieron, al igual que los de Eddie, Bugnar seguramente miraría extrañado y sin saber que decir la escena, pero qué iba a decir, estaba junto a su chucho sacado del averno, en la misma tienda en la que dos enamorados, corrían con sus pequeñas patas cortas para darse al encuentro el uno con el otro a cámara lenta, una vez lo hicieron se agarraron en un dulce abrazo, en el cual suspendidos en el aire, mágicamente empezaron a dar vueltas sobre sí mismos al son de una balada de trompeta. Obviamente esto era lo que ellos veían, en realidad Bugnar lo que seguramente vería sería a dos homoncúlos y peludos morreandose con lengua de una forma grotesca, violenta y muy bizarra.
Demasiado, en verdad.

Instantes después, una eternidad para ambos enamorados, se cogieron de la mano y miraron al albino. Eddie quería agradecerle cómo había actuado aquella noche, al fin y al cabo aquellos tres eran los únicos supervivientes de aquella triste aventura de la que el 75% de los héroes habían muerto, ¿Se consideraban férreos guerreros entonces? No, sólo eran tres cabrones con mucha suerte.
Pero algo era algo.

- Mi buen amigo Bugnar, ahora que tenemos un breve instante de calma quería agradecerte todo lo que ha pasado esta noche. Tú y yo hemos forjado una buena relación de colegas de guerra, la próxima vez que nos veamos, te concedo el derecho que muy pocos poseen, el llamarme Eduardo. Sólo mi madre que en paz descanse lo hacía, así que... Qué la fuerza te acompañe, yo me piro de este cenagal de mala muerte, ¡Hahaha! ¿Lo pillas? De mala muerte - Decía Eddie, agarrando a Tristana del brazo y saliendo de la tienda, viendo como una figura monstruosa, con aspecto de golem de aire negro, despedazaba y asesinaba a los soldados que corrían en huída. Eddie abrió la boca de par en par y se dispuso a huir por el bosque, dejando a Tristana de cebo para sobrevivir, cuando una figura arácnida apareció y habló con aquel elemental psicópata.
Le tiró una red a la cara, sin saber como les dijo que marcharan, que huyeran... que sus arañas les protegerían.... demasiado extraño, pero no estaba por pensar.
Agarrando a Tristana por el brazo, salieron corriendo de allí, aventurandose por la oscuridad de la ciénaga de Shuwap, en busca de paz y tranquilidad...

(...)

Un par de horas después.

Antes de llegar a un devastado Shuwap, habían cruzado la inmensidad del pantano, algunas zonas estaban llenas de barro, otras secas, tuvieron que usar de ingenio, astucia y de visión de mapache nocturno para llegar, en lo que en realidad hubiese costado media hora en barcaza al pueblecillo de la ciénaga. Cuando llegaron, estaba derruido, lleno de cadáveres y sangre de antropomorfo.
Si echaban la vista atrás se podía ver como las arañas los vigilaban, los protegían desde la lejanía, siempre atentas.

Ahora sólo quería llegar a donde su carromato y el garrapato (Rimaba y todo). Andó unos minutos, buscó las cuadras donde lo había dejado, y efectivamente ahí estaba, intacto y paciente, su garrapato y su carromato reforzado, parecía que ni siquiera habían hecho el amago de subirse. Era curioso, pues parecía que había pasado un ejército por toda la ciénaga.
No le dio mucha importancia, así que se montó en el carromato y cuando Tristana le pidió ayuda para subir ella también, Eddie la empujó y tiró fuera de este.

- ¿A donde te crees que vas, guapa? Este es mi carromato, esta cosa de aquí se llama garrapato, y tú no pintas nada en mi vida. Así que ale, vete tirando para tu derruida casa, que yo me voy de aquí. - Espetó el Yordle, entrecerrando los ojos. Tristana se llevo las manos a los ojos y rompió a llorar. Eddie no lo hacía con malicia, simplemente pasaba de cargar con el peso innecesario que era una Yordle. ¿Para qué la quería?
¿Sexo? Los Yordles no tenían apetito de eso, estaba feliz, había conocido a un Yordle, pero Eddie nunca criaría eso que se llama amor, afecto, o apetito sexual. Era buena persona y la había salvado de la muerte.

Agarró la fusta y emprendió la marcha con su carromato, dejando atrás a Tristana, que con las rodillas clavadas en el barro empezó a llorar. Eddie esbozó una ácida sonrisa y pensó: "Jé, esa se quería aprovechar de mí", luego, meciéndo la cabeza de un lado para otro empezó a silbar una alegre canción que desentonaba con la desolación que se vivía alrededor:



En verdad, debía mirar el lado bueno del día: Había aceptado una misión suicida, sin recompensa y en la que muchos habían muerto. Pero... ¡Seguía vivo, y por qué no decirlo... tenía nuevas bombas con IA integrada, el futuro estaba en sus manos!





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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

Mensaje por Bugnar el Jue Mayo 10, 2012 10:26 pm

Hubo un primer forcejeo con un guardia que le quería barrar el paso. El guardia, que no debía pasar de los veinte años, se le abalanzó, espada en mano. Su brillante armadura de acero chapado resplandeció ante la luz que les rodeaba. Una estocada vertical lanzada con una rapidez sobrecogedora se dirigía derecha a la cabeza del mago. Este pero, hizo gala de sus años y experiencia en situaciones como aquella. No era el más noble guerrero, ni el más diestro y hábil: era un superviviente. Lanzó el barro que tenía preparado en la mano directo a los ojos de aquel aun verde guardia. El chico detuvo el ataque para llevarse las manos a la cara, momento que aprovechó Bugnar para hendirle en la comisura de la axila, dónde la armadura no podía cubrir la rosada piel, aquella daga de extraña manufactura. El acero penetró profundo, y el joven gritó de dolor.

El mago lo tiró al suelo de una patada y continuó su trayecto. La verdad sea dicha, de no ser por el escándalo que estaba montando el mapache con sus artilugios, Bugnar no hubiera podido llegar hasta su demonio. Los guardias estaban atemorizados y desmoralizados. Por una parte, el ruido de aquellas armas era ensordecedor; por otra, su general había salido corriendo y no había dejado ninguna orden. Reinaba el más absoluto caos.

La cosa fue a peor cuando Zakar fue liberado. El demonio destilaba odio por todo su ser. Su primera víctima fue el joven malherido que ahora estaba intentando arrastrarse a través el fango. Zakar se le aproximó con fría paciencia, sin prisa, y deleitándose de aquel momento.

El demonio se plantó delante del desgraciado, que alzó la vista para contemplar la muerte que le aguardaba. No chillo: no hubo tiempo. Un mordisco y aquel joven e inexperto guardia ya estaba cruzando las puertas hacia el más allá. Pero no fue la única presa de Zakar aquella noche. Mataba indiscriminadamente a quien se le cruzaba por delante.

Los guardias ya no mantenían aquella perfecta y alineada formación. Todo era un desastre para ellos. Las arañas habían vuelto. Un demente los acribillaba con armas que nunca habían visto: sus compañeros volaban en pedazos, sin poder apenas tener tiempo a reaccionar. Si aquello no era suficiente, un demonio con forma de can perseguía a los desdichados que intentaban huir.

Bugnar pensó que era mejor dejar a solas a Zakar. No convenía acercársele mientras estuviera en ese estado. El mago ya había cumplido su cometido. Retirarse de aquel campo de batallas, dónde amigos y enemigos se mezclaban era la opción más sensata.

Se resguardó en la tienda dónde segundos atrás había visto entrar al mapache. Había comprobado que allí dónde esa criatura estrambótica estuviera, el mago estaría a salvo. Era un ser con recursos ilimitados al parecer, y eso era terriblemente conveniente a la hora de salir vivo de una batalla como aquella.

A pesar de sus credenciales con respecto al mapache, la escena que presenció a continuación desbarataron toda su imagen, si es que alguna vez había tenido alguna. Dentro aquella tienda estaban los dos mapaches, que parecían disfrutar de un intenso momento de adrenalina.

- … - El mago no dijo nada. Bien mirado, nadie les prohibía hacer lo que fuese que estuvieran haciendo.
Bugnar prefirió desviar la mirada y centrar su atención al exterior, dónde parecía librarse una confusa y caótica refriega.
Cuando por fin aquellas dos criaturas parecían satisfechas, el mapache se dirigió hacia él. El mago no sabía que pensar de todas aquellas palabras soltadas una detrás de otra, sin pausa, sin espacios, sin aire. No sabía si Eddie (ahora sabia su nombre) le daba miedo o le caía bien. Quizás una mezcla de ambas. En todo caso, ellos dos y Tristana habían sido los únicos en sobrevivir a aquella alocada aventura.

Aventura que por muy arriesgada que hubiera sido, no iba a ser recompensada del mismo modo. No habían podido recuperar el cofre. La gente que los había contratado ahora se habían vuelto en su contra y en poco tiempo morirían de una forma u otra. Así que, muy a su pesar, Bugnar se había quedado sin paga.

- Me alegra haberte conocido Eddie- el mago sabia que ahora podía llamarlo Eduardo, pero teniendo en cuenta la fina línea que separaba la cordura de la locura a su compañero, prefería no arriesgarse- Lástima habernos conocido en tan desastrosas circunstancias. La próxima vez que nos veamos te invitaré a hidromiel… o a lo que sea que bebáis los vuestros.

Encajaron la mano efusivamente, se miraron y allí mismo se separaron. Mientras Eddie se dirigió a la ciudad, Bugnar prefirió tomar la dirección contraria. No lo esperaba nada ni nadie en aquel vertedero, de arquitectura extraña y burda, aunque práctica.

En medio de la trifulca que estaban teniendo las arañas y los humanos, Bugnar registró los cadáveres, en busca de suministros para el viaje. Recogió todo lo que sus manos consiguieron transportar. Se llevó también una antorcha para iluminar el oscuro camino de vuelta y robó uno de los caballos que restaba sin jinete. Y a todo galope se lanzó hacia la oscuridad, dónde curiosamente se topó con Zakar, su demonio y una veintena de arañas que parecían guiarlo a través de aquel tortuoso y angosto pantano.
Esperaba no volver a pisar jamás aquel deprimente lugar. No miró ni una sola vez atrás.


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Re: La Reina de la Arañas y el Cofre de Nyema

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