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La drow y el rio [privado]

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La drow y el rio [privado]

Mensaje por Bugnar el Jue Mar 29, 2012 12:07 am

Un descosido era ahora todo lo que preocupaba a Bugnar. La suela de su bota se había separado irremediablemente de la base. No había nada que hacer. Horas antes había decidido descender de la montaña por la tartera, creiendo así que se ahorraría tiempo. Poco esperaba Bugnar que nada más empezar a bajar por aquel pedregoso y resbaladizo camino, su bota izquierda decidiría traicionarlo de esa manera. Descalzo de un pié y en medio de un camino lleno de guijarros afilados, no había tenido más remedio que ir con el culo a ras de suelo, y deslizándose por la empinada pendiente poco a poco. Al final, pero, las ampollas se habían adueñado de su pié.

Indignado por los acontecimientos y en un ataque de ira, lanzó la desastrosa y polvorienta bota al rio. El agua bajaba a toda prisa y antes de que pudiera cambiar de opinión y rescatar los restos de su calzado, este ya había emprendido el viaje hacia el mar. Bugnar no pudo más que maldecir sus chispazos de insensatez.

Le tomó unos segundos recomponer la compostura. Respiró hondo y se tranquilizó. Ya no podía hacer nada. Cerró los ojos. Al abrirlos de nuevo, contempló por primera vez el paisaje que se postraba ante él. Estaba en la falda de una pequeña montaña. Los pinos gobernaban aquella región. De sus recias ramas, unas piñas ya maduras oscilaban al viento. El suelo era un manto de las agujas que se desprendían de aquellos arboles perennes; una razón más para llevar calzado. El río no era profundo ni ancho; su agua circulaba con tranquilidad por un camino tortuoso, siguiendo el descenso de la montaña. El sonido de los petirrojos inundaba aquel lugar. Su canto se extendía hasta más allá del valle que se divisaba en el horizonte. Aquel ambiente, junto con la brisa de verano consiguió tranquilizar los nervios del mago. Ahora estaba de más buen humor, aunque se le auguraba unos días tediosos.

Con su moral un poco más alta, Bugnar vió el rio con otros ojos. Hacía tres días que no se tomaba un baño. Sus ropas apestaban a la mierda de vaca que impregnaba todo el valle, junto con su olor corporal. Su cabello, recogido en una coleta, más que blanco, parecía una mancha marrón. El polvo, las agujas de los pinos y la lluvia hbian hecho de su cuidada melena un estropajo andante. Definitivamente necesitaba un baño. Se desabrochó el cinturón y se lo quitó de la espalda. Uno a uno, los infernales cordones del jubón fueron desatados por unas manos hábiles, aunque callosas. Cuando este cayó al suelo, un fuerte hedor surgió de la nada. BUgnar miró disgustado como, una herida de la longitud de una pequeña serpiente cruzaba sus costillas. El pus había hecho acto de presencia. ¿Cuándo demonios había podido hacerse eso? ¿Ni siquiera la había notado durante todos esos días?. Lo peor fue que ahora que sabía de su existencia, la herida, como venganza por haber pasado inadvertida todos esos días, empezó a arder intensamente. Bugnar acabó de desnudarse y empezó a caminar de cabeza al agua. El alivio fue instantáneo. Todos los picores y escozores fueron borrados del mapa al contacto con esa agua helada. Empezó a frotarse el cuerpo desesperadamente. A saber cuando volvería a tomar un baño. Debía esmerarse a conciencia. Se desató el cabello y se sumergió en aquellas aguas cristalinas. La naturaleza envolvía al mago con toda su intensidad, y Bugnar, desnudo, sentía su abrazo con total armonía. Esos eran los momentos que más disfrutaba…
Con tanta alegría, Bugnar había olvidado algo que siempre tenia en cuenta. Su cinturón con la daga, así como las tizas que le servían para realizar los círculos de invocación estaban fuera de su alcance, y a mano de cualquier persona que pasase por esos lares. Pero de todos modos… quien andaría justamente por aquel rio, cuando estaba apunto de entrar la noche?


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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 29, 2012 10:55 am

Aun tenía su sangre en mis manos y su olor metálico me producía arcadas. Debía de estar acercándome a algún afluente subterráneo, el ambiente se había vuelto pesado y húmedo y las rocas eran cada vez más resbaladizas.

Si caía todo habría terminado.

A mi espalda, eran casi imperceptibles pero ahí estaban, las pisadas de mis perseguidores se acercaban más y más. No abandonarían la cacería, no cuando la matrona de una casa noble tan bien situada era quien había dado la orden.

El túnel oscuro por el que corría pronto desembocó en una amplia caverna llena de vapor. Mis pies derraparon en el suelo pedregoso cuando giré la esquina, apostándome junto a la entrada a la caverna y esperando a mis perseguidores con las armas desenfundadas.

Traté de calmarme y serenar tanto mi respiración como mi corazón. ¡Estaba furiosa! No solo por lo que acababa de suceder... era la ira del cazador que se transforma en presa por una jugarreta del destino.

En cuanto el primero de ellos apareció, lancé un rápido sesgo a la altura de los hombros, seccionándole la garganta. Uno menos, aunque con mi ataque había quedado al descubierto. Los mercenarios habían sacrificado al novato idiota de turno para hacerme salir. Una flecha se clavó profundamente en mi costado, arrancándome un quejido.

Me tambaleé hacia atrás y apenas tuve tiempo de levantar mis armas y parar el ataque del tercero de ellos. Poco a poco fue arrinconándome hacia la pared. Apreté los dientes exhalando un gruñido de frustración. Finalmente me hizo caer de rodillas y colocó la punta de su espada en mi cuello. Estábamos junto al torrente de aguas subterráneas y no podía verle la cara, pero estaba segura de que sonreía satisfecho, tal vez pensando en la recompensa que la matrona podría darle.

Seguro de su victoria, el mercenario giró la cabeza para indicarle algo a su compañero arquero. En ese mismo segundo, arranqué de un tirón la flecha que aun estaba clavada en mi carne y con un grito de furia la usé para atravesar su garganta de parte a parte.

Lo dejé caer al suelo, muerto, y antes de que el arquero pudiera volver a dispararme me lancé a las turbulentas aguas oscuras.

***************


Ignoro cuanto tiempo estuve atrapada en la corriente, luchando por resistir al ahogamiento, golpeándome contra las rocas. El agua cada vez se volvió más y más fría y finalmente desembocó en un lugar extraño, demasiado brillante como para poder abrir los ojos. Incluso manteniéndolos cerrados, la claridad me dolía. Al menos volvía a poder respirar y cuando ese maldito resplandor desapareció, volví a mover mi cuerpo aterido y dolorido.

Por fin pude agarrarme a algo. Saqué fuerzas de flaqueza y me arrastré fuera del agua, clavando los dedos en la tierra húmeda. Grité, de haber estado en mis cabales no lo habría hecho, pero ese alarido estaba cargado tanto de mi rabia como de mi dolor y surgió imparable desde mis entrañas.

Mis últimas fuerzas me abandonaron y quedé con medio cuerpo aun dentro del agua y la mejilla apoyada contra la tierra. Jadeé, tratando de mantenerme consciente. Algo, o alguien, se acercaba. Aun tenía las dagas fuertemente aferradas con mis dedos... pero no podía siquiera alzar los brazos.
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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Bugnar el Jue Mar 29, 2012 12:00 pm

El agua fría golpeaba con la fuerza de una espada. La respiración de Bugnar estaba agitada. Los pulmones se llenaban de aire precipitadamente. La fuerte sensación que producía aquella agua gélida produjo en el mago una sensación placentera. Se sentía limpio y renovado. Había sido muy buena idea tomarse aquel baño. No sólo porque ahora su pié le parecía un problema menor, sino porque ahora se había librado de todos los problemas acumulados durante las últimas dos semanas. Aquel rio había sido un regalo inesperado, concluyó Bugnar. Aunque las sorpresas iban de dos en dos…

Su preocupación por su cinturón había estado en vano. Nadie le había tocado nada. Era demasiado paranoico. A pesar de ello, esa tensión que siempre profesaba hacia el exterior le había salvado el cuello en más de una ocasión. Su desconfianza hacia lo que él no pudiera controlar le era una cosa innata, que, quisiera o no, le había servido para mantenerse con vida hasta ahora. Le das demasiadas vueltas a todo, masculló para sus adentros. Hablar solo era otra de las cosas que lo había mantenido vivo hasta ahora. A pesar de su adhesión a la soledad, Bugnar era humano. Eso lo hacía irremediablemente vulnerable a la soledad. Por eso debía recurrir a esos trucos que tanto extrañaban a la gente. Hablar consigo mismo era la única manera de cubrir ese vacío existencial. A veces incluso llegaba a debatir cuestiones morales, con argumentos en contra y a favor de su disputa. Eso ya preocupaba más al mago. Empezaba a perder la chaveta, se dijo. Aun así, no parecía muy preocupado por ello. Al fin y al cabo, era lo que se esperaba de los magos, que estuviesen como auténticas chotas.
Desenvainando la daga de su funda, se disponía a afeitarse con la ayuda del turbio reflejo en el agua. No veía un pimiento, pero era mejor que nada. Esa barba serrada que tanto lo definía no era más que falta de tiempo cuidado en uno mismo. Ahora que estaba relajado y tenía todo lo que quedaba de día para hacer sus cosas debía aprovechar la ocasión y hacerse un buen afeitado. Por suerte o por desgracia, las cosas nunca salen como uno tiene previsto. Cuando apenas había empezado a presionar la daga contra la piel seca y agrietada por el sol de verano, un alarido resonó a lo largo de aquel, hasta entonces tranquilo rio. El gritó asustó a Bugnar, que en un descuido se hizo un corte en la barbilla.

- Pero qué…- llegó a refunfuñar el mago, sin creerse su mala suerte.

La sangre llegó hasta el rio, dónde se diluyó al instante con la corriente. Se tapo la herida con la mano, mientras, tenso y alerta, miraba a todos lados. En un valle como aquel, distinguir de dónde provenía el sonido era difícil. Daga en mano, se retiró lentamente del río. No quería ser un blanco fácil para lo que fuera que había gritado. Recogió del suelo su jubón y los pantalones y se retiró poco a poco hasta la espesura del bosque. Antes de llegar, pero, se detuvo en seco.

No más allá de un centenar de pasos, un cuerpo flotaba a la deriva. Estaba demasiado lejos para distinguir de que o de quien se trataba. Con cautela pero apremio, Bugnar fue acercándose hacia aquel cuerpo. Lo que en un principio había podido parecer una bestia malherida, se transformó en el cuerpo de una joven elfa. Una herida profunda en el costado estaba dejando una extensa mancha en el agua, que se iba acrecentando por momentos. Bugnar miró a lado y lado del rio, pero no vio a nadie más. Dispuesto a cometer una estupidez más, Bugnar soltó el jobón, así como el pantalón y la daga y se precipitó hacia el agua. Su avance fue más bien penoso, ya que la orilla del rio era pedregosa y él andaba descalzo. Su andar se parecía más al de un pato que al de un humano. A pesar de ello consiguió llegar hasta la elfa. Se percató de que estaba delirando y en muy mal estado. Si la dejaba allí de seguro moriría. Aun sin saber si se trataba de alguien peligroso, Bugnar, con su incansable talento para cometer imprudencias, la saco del agua en brazos. La chica se retorció levemente, pero no opuso gran resistencia. Tan rápido como se lo permitieron sus pasos, la depositó bruscamente en la orilla. La herida era profunda pero limpia. Con suerte no le quedaría más que una buena cicatriz. Temía que se hubiera ahogado, por lo que se dispuso a realizarle la respiración asistida. Antes de que pudiera, pero, la chica escupió un reguero de agua. Bugnar respiró aliviado.

Iba a desabrocharle el jubón cuando de repente algo le impidió moverse. Hasta ahora no se había percatado de la situación… Él estaba desnudo, frente una elfa de bellas y jóvenes facciones. No había estado con una mujer desde hacía por lo menos una década. Un escenario cómo aquel había sido lo más inesperado para el mago… Se ruborizó por sus pensamientos. Tosió exageradamente para quitarse de la cabeza aquellas ideas. La chica necesitaba ayuda y sin vacilaciones. Le desató el jubón, dejando entrever lo que Bugnar hubiera preferido no mirar. Aun así, la belleza exótica de aquella criatura atraía su mirada con un fuerte magnetismo. De nuevo, Bugnar suspiró. Tenía la sensación de que querría estar en cualquier otro lugar, haciendo cualquier otra cosa… Cuando al fin la chica estuvo desnuda, Bugnar la tapo con su propio jubón. A pesar de estar en verano, las noches eran frías, y la vestimenta de aquella misteriosa elfa no se secaría en pocas horas. Bugnar se decía a sí mismo de que aquello había sido necesario, aunque no estaba muy seguro de su razonamiento.

Una vez vestida, Bugnar alzó a la joven como un saco de patatas y la llevó hasta el bosque. La dejó apoyada contra un árbol. Debía encender una hoguera… y pronto. La noche se les había echado encima con gran rapidez. Si no iba en busca de leña ahora, más tarde no vería el camino de regreso…

Tardó una madia hora en recoger lo que necesitaba. Encender el fuego fue relativamente sencillo y al final, tras un largo día de “grandes aventuras” Bugnor pudo sentarse y relajarse al fin. Iluminada con la luz del fuego, la elfa cobraba un aspecto más magnético y atrayente. Una espesa yblanca melena le cubría parte de un rostro que parecía esculpido en mármol. Parecía una cascada que caía grácilmente desde su cabeza hasta los hombros. Unos ojos rasgados y unos labios carnosos completaban la armonía de aquella joven elfa. Lo más impresionante y atrayente, su oscura piel, que lisa y tersa, se difuminaba en la oscuridad de la noche, que al mismo tiempo, contrastaba con su brillante y blanco cabello. A pesar de su joven y bello rostro pero, destilaba una peligrosa aura. Parecía una rosa de espinas. Un manjar envenenado… sus dagas, las cuales había recogido Bugnar minutos después de sacarla del rio, no hacía más que confirmar su teoría. Estas descansaban en poder de Bugnar. Quizás había sido un idiota al rescatarla, pero tampoco era un hombre con tendencias suicidas. Le esperaba una noche larga de insomnio. Mañana a primera hora debería tratar la herida de la chica… ahora sólo llevaba un trapo que le rodeaba la cintura, a modo de venda. Pero aquello necesitaba un tratamiento más avanzado…. Quizás con alguna planta con propiedades antinfectantes….


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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 02, 2012 12:17 pm

El vértigo me asaltó cuando alguien me alzó del suelo. ¿Me habían atrapado? Gimoteé pero mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro. Tampoco era capaz de centrar la mirada, todo el mundo a mi alrededor era un baile de luces y sombras borrosas, aunque sí que pude notar el cabello blanco de aquel que cargaba conmigo.

De pronto volví a sentirme estrellada contra el suelo y sentí nauseas. Vomité a un lado, aunque creo que debía de ser el agua que había tragado ya que hacía días que no comía nada, y traté de volver a respirar. Sentía la garganta escaldada y el costado dolorido y entumecido. Centrada en esas sensaciones y casi inconsciente, no fui consciente de mi desnudez hasta que mi piel se erizó por el repentino frío.

El instinto me hizo reaccionar, aunque aun estaba demasiado débil. El costado me ardía y sentía frío en el resto del cuerpo. Debía de estar desangrándome y alguien me había quitado la armadura. Eso era mala señal... aunque pronto me cubrieron con una tela seca y cálida, y me sentí confusa.

Si se trataba de uno de mis perseguidores o de un carroñero que deseaba hacerse con mi equipo... ¿por qué iba a abrigarme? ¿Quién era entonces y que quería de mi?

Quien quiera que fuera de nuevo me alzó del suelo, provocándome de nuevo la sensación de vértigo, y cargó conmigo durante lo que me pareció una eternidad. Pasada la alarma inicial y abrigada como estaba, el agotamiento me fue venciendo y acabé perdiendo el sentido. En mi delirio, dormía junto a mi madre, abrigada entre sus sábanas mientras ella pasaba sus dedos por mi pelo.

Un extraño chisporroteo me sobresaltó, despertándome. Había una fuente de calor cerca de mí y giré la cabeza hacia ella al sentirla. ¿Dónde estaba? En cuanto abrí los ojos volví a cerrarlos con un quejido.

-Xsa ol!! Ussta solen!- siseé, cubriéndome los ojos del doloroso brillo.

Le di la espalda al foco de luz, estaba apoyada contra algo, algo duro y extraño que no pude reconocer por el tacto. Me aferré a ello para ponerme en pie a pesar del temblor de mis piernas y de lo débil que aun me sentía. Llevé una de mis manos a mi cintura. No encontré ni mis ropas ni mis armas, pero estaba abrigada y tenía la herida del costado vendada y sujeta.

Parpadeé y di otro quejido. Apenas podía soportar el resplandor. Me giré con ojos llorosos y llegué a vislumbrar a alguien, un hombre por su altura y contextura. A pesar del resplandor pude apreciar su pelo blanquecino.

-Vel'uss ph'dos?- le espeté- Vel'bol xun dos ssinssrin dal uns'aa?

Spoiler:
Como detalle... Nelia está hablando drow. Si quieres saber (como user) lo que dice, te paso el traductor que estoy usando ^^ Es este
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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Bugnar el Lun Abr 02, 2012 5:08 pm

Bugnar estaba en un duerme vela, dónde no quitaba el ojo de encima a la jóven elfa, mientras esta se debatía en sueños. Mientras pasaban las horas, tubo tiempo para reflexionar sobre los acontecimientos. Algo o alguien había atacado a la chica, y a juzgar por cómo había encontrado a esta, recientemente. La herida no parecía ser ningún tipo de mordida… eso sólo dejaba margen a una cosa: un arma. No sabía que tipo, pero se imaginaba que una flecha.

Esa reflexión dejó intranquilo a Bugnar… ¿estarían sus atacantes rondando la zona?¿Quién era ella?. Pasados los primeros minutos de nerviosismo, Bugnar entendió claramente que la chica era lo que la gente denominaba “drow”. El mago poco sabía de esa peculiar raza, salvo de su exótico color de piel y su animadversión por la luz.
De vez en cuando le tocaba la frente para ver si le estaba subiendo la fiebre. La chica estaba amarada de sudor, pero parecía que su malstar no empeoraba. Buena señal. A pesar de ello, el mago le iba colocando un trapo humedo en la sien de vez en cuando. Al final, cuando la noche estaba en su apogeo, la chica se tranquilizó. Debía estar soñando con algo menos perturbador. Parecía que no iba a despertarse hasta la mañana siguiente, pensó Bugnar. Pero se equivocó. Cuando este estaba ya a punto de rendirse ante el sueño y sus encandiladoras promesas de confort, la elfa se movió. Al principio parecían imaginaciones suyas, pero pasados unos segundos, el brazo de la drow hizo un leve movimiento, acompañado de un casi imperceptible quejido. Bugnar se incorporó de golpe. Como no queria alterarla, se mantuvo en su sitio, esperando que ella misma se orientara.

Corroborando lo que había leído sobre los drows, la chica esbozó una terrible mueca de desagrado alrecibir la luz del fuego. Apartó rápidamente la vista y se tapó los ojos con las manos. Bugnar había hecho bien en encender la fogata. Aun no sabía que intenciones tenía la drow para con él; y peor aun, no sabía cuantos más podian rondar aquel fatídico rio.

Al fin, la drow habló. Al principio Bugnar pensó que se trataba de otro irreconocible gemido, pero prestando más atención se dio cuenta de que realmente estaba diciendo algo. En una lengua que él no conocía.

- No puedo entenderte… lo siento… ¿hablas mi idioma?.- dijo Bugnar con lentitud y exagerando la vocalización levemente.

Al ver la cara de incomprensión de la mujer, Bugnar se dio por vencido. Parecía que las palabras no funcionarían. Estaban totalmente incomunicados el uno del otro. La única cosa que podía salvar esa distancia eran los gestos y los signos. Decidido a superar su miedo escénico y reuniendo fuerzas para sobreponerse a su vergüenza, Bugnar intentó comunicarse con la chica.

Con una serie de signos que a él le parecían más que obvios, intentó explicar la situación en la que se encontraban. Cuanto más se esforzaba él en hacerse entender, más veía que estaba haciendo el ridículo. La cara de la drow parecía aun más confundida. Debía estar pensando que la había rescatado un lunático, a juzgar por la penosa interpretación de Bugnar. Al final este, resignado, abandonó su labor. Abatido y avergonzado por su fracaso y sus dotes teatrales, se acercó hacia la drow muy despacio, con las manos en alto y extendiendo los dedos, enseñando que no llevaba nada encima que pudiera hacerle daño.

- Sólo voy a comprobar como tienes la fiebre- dijo más para sí que para ella.

Colocó la mano en su sudada frente y le sorprendió comprobar que la fiebre estaba bajando. Aun así, con esa herida, n sería capaz de moverse mucho.

Al estar tan cerca el uno del otro, Bugnar pudo comprobar, con el resplandor del fuego, el color de aquellos magnéticos ojos. Un rojo intenso carmesí que traspasaban la mirada de Bugnar con intensidad. ¿Qué debía estar pensando aquella hermosa criatura? Le sostuvo la mirada por unos instantes que parecieron eternos, y luego, deshaciendo el hechizo que aquellos ojos le habían creado, apartó la mano y se alejó hasta su sitio.

- ¿Cómo te llamas elfa?- dijo Bugnar. Y por primera vez en aquellos minutos hizo algo verdaderamente útil. Se señaló el pecho desnudo y se lo golpeó varias veces. – Bugnar- dijó- Bugnar- repitió de nuevo.

A continuación su dedo señaló a la drow. Repitió la operación varias veces, hasta que su sentido de la dignidad le dijo que ya había hecho suficiente el imbécil.


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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 03, 2012 11:58 am

El hombre respondió con algo incomprensible. Alcé una mano para cubrir mi cara del resplandor del fuego y le miré fijamente. Cuando se cansó de emitir sonidos incongruentes comenzó a gesticular. Durante unos segundos creí que me hablaría a través del lenguaje de signos, tal vez hubiera alguien cerca y no quisiera ser escuchado... pero ninguno de los gestos que hacia tenía sentido... aun más, cuando se movió y se acercó a mi pude ver lo que era en realidad.

No era un varón de mi raza, era un humano con un pelo engañosamente blanco. Apreté los dientes cuando se acercó.

-Rivvil...-musité con desdén.

El humano volvió a decir algo en su lengua de bárbaros y puso su mano en mi frente. Se atrevió a tocarme sin mi permiso, cualquier varón merecería morir por menos que eso, e incluso se atrevió a sostenerme la mirada.

Si hubiera tenido mi daga a mano le habría arrancado el corazón. Pero sin ellas y con mi herida ni siquiera me atrevía a soltarme de aquella extraña vegetación a la que me agarraba. Y él lo sabía... mis dagas de seguro estarían en su poder. Durante nuestra pequeña batalla de miradas pude examinarlo mejor gracias a la cercanía. Era alto, mucho más de lo que llegaban a serlo los varones drows. Su complexión era también más ancha y sus rasgos más rudos. Y tenía cicatrices, lo cual me hizo pensar que se trataba de un guerrero. Deberé tener precauciones con él cuando tratara de matarlo, no solo por su tamaño y sus cicatrices..... sus ojos, su forma de mirar tan directa, era lo que más me preocupaba. No había muchos machos que se atrevieran a sostenerle la mirada a una mujer.

Cuando pareció satisfecho se alejó de mi y volvió a colocarse tras la hoguera.

-Bugnar.- dijo al tiempo que se golpeaba el pecho.

Me pareció levemente divertida esa manera tan primitiva de presentarse, típica de un humano. Repitió el proceso y me señaló. ¿Esperaba que le diera mi nombre? Apoyé la espalda en la corteza dura y me crucé de brazos. Volvió a repetirlo y fruncí el ceño. Finalmente se rindió ante mi clara negativa y con un suspiro volvió a darme la espalda.

Golpeé el suelo con uno de mis pies, lanzando tierra a las llamas para apagarlas. Una vez ese maldito resplandor hubo desaparecido me moví con rapidez hacia un costado, dando un rodeo para dirigirme hacia él y acercarme por su espalda. Cerca de los restos aun calientes de la hoguera encontré mis ropas a medio secar y no muy lejos una daga enfundada.

La tomé y salté sobre la alta espalda del humano, aferrándome a sus hombros y colocando la daga contra su cuello.

-L'Barra...-susurré contra su oído, presentándome por fin.

En ese momento y aun encaramada a su espalda, segura de que no se movería mientras apretara la daga contra su cuello, me di unos segundos para poner en orden lo sucedido.

Me perseguían por las cavernas, me lancé a un río subterráneo.... ese río debió de llevarme hasta ese extraño lugar, la horrible superficie, y el humano me había encontrado moribunda. Pero en lugar de darme muerte, robarme o torturarme... ¿me había curado? El costado aun me daba punzadas de dolor, seguramente la herida estaba a medio curar, pero no podía ignorar la venda que rodeaba mi cintura. ¿Por qué me había curado?

Recordé sus ojos cuando me había mirado fijamente con su mano en mi frente. No pude evitar sonreír al recordar esa osadía a la que muy pocos se atrevían. Podía imaginar por qué me había curado, podía suponer cual era el pago que esperaba conseguir. Colgada de su espalda de nuevo fui consciente de su tamaño, el cual me evocó ideas distintas a las que había tenido en un primer momento.

Volví a acercar mis labios a su oído.

-¿Bugnar?- susurré.

Y mordí con suavidad el contorno de su oreja.
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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Bugnar el Miér Abr 04, 2012 12:43 am

La mirada de aquella elfa inquietaba a Bugnar. Aunque intentaba no mostrarse perturbado por aquellos ojos carmesí, la verdad es sacudían su interior con intensidad. Los intentos fallidos de comunicarse con la drow habían hecho mella en el mago. Se sentía absurdo y entupido por haber intentado realizar algo que sabía de entrada que no funcionaría. Definitivamente, comunicarse con otras personas no era lo suyo. Tanto tiempo solo lo había oxidado por completo.

La brisa de verano había dejado de soplar. Gracias a que se mantenian cerca del rio, el ambiente era templado, pero Bugnar sabía que mañana por la mañana les esperaban los mosquitos y el calor insoportable. Cuanto camino les quedaba para llegar al siguiente poblado. No quería ni imaginárselo. El mapa que había comprado a un local había resultado ser falso. A las dos horas, la tinta de aquel papiro había empezado a escorrerse, y en poco más de veinte minutos, Bugnar se había quedado con un trozo de pergamino en blanco. No debería de haberse fiado de aquella sonrisa encandiladora y ese carácter tan sumiso. El mago no estaba hecho para las embusteras y retorcidas mentes humanas. Su ineptitud para con los negocios lo había llevado a su situación actual: sin tener la más remota idea de a dónde dirigirse y con una bota de menos. Las cosas, se dijo, no le podían haber ido peor.

Se percató, en ese momento, de que durante sus reflexiones había incluido en sus planes sin darse cuenta a la elfa. ¿Quería decir aquello que mañana a primera hora, se la llevaría consigo? Estaba claro que sin ayuda aquella drow moriría. Si no la mataba la herida, moriría de hambre o acabaría cómo aperitivo de la fauna local. Eso implicaba cazar para dos y pensar las cosas para dos. Nunca antes Bugnar había tenido ese problema. Ahora las cosas se le planteaban como un reto. ¿Sería capaz de llevar a cabo aquel cometido? No estaba seguro, y prefería no saber la respuesta.

Miró de nuevo aquella elfa… Un cuerpo, que a pesar de la oscuridad y el jubón de cuero, presentaba unas curvas sinuosas y nada despreciables. Los senos si quedaban cubiertos por el jubón, haciendo reprocharse a si mismo de haberle puesto su vestimenta. Aquel cabello blanco cómo el azucar, de un resplandor etereo, casi artificial. En nada podía compararse el cabello del mago con el de la drow. El color de cabello de Bugnar no había sido más que un error de cálculos en un hechizo, lanzado con demasiada ansiedad, cuando aun era muy joven para comprender los peligros que entrañaba la magia. Y aquellos ojos… de una profundidad y intensidad apabullantes. Bugnar no podía más que fascinarse por la belleza de los elfos en general, y por la de aquella joven, que sin decir palabra, lo había encandilado. Achacó su atracción por los meses de soledad que había pasado… pero no estaba seguro de que en el fondo fuera una respuesta verdadera. Aun así, Bugnar se refugió en aquel pensamiento, intentando poner freno a aquella angustiante sensación.

Los acontecimientos se sucedieron demasiado deprisa para que Bugnar pudiera comprender que sucedía. Quizás si no hubiera estado mirando las esbeltas piernas de aquella joven, se hubiera percatado de lo que la misma tramaba. El mago se había confiado. Pensaba que con esas heridas no sería capaz de moverse; pero se equivocó.

Con unos movimientos felinos, la mujer apagó momentáneamente la llama que crepitaba en la hoguera. Por suerte, segundos después, volvió a encenderse. La arena que la elfa había lanzado, no fue suficiente para sofocar el fuego. Aun así, eso le dió tiempo para sorprender al incauto mago, que no se esperaba aquel ataque.
Con unos hábiles dedos, la drow consiguió desenfundar la daga que tenía Bugnar, y se la colocó en el cuello, justo a la altura de la garganta. Al principio el mago se sobresaltó. Pasado el primer segundo, este pudo serenarse. Si lo hubiera querido muerto, la daga ya estaría dentro de su traquea. Bugnar pensó que debía estar asustada y confundida. No podían comunicarse y eso la había debido confundir más aun. Sus intentos de comunicación, pensó Bugnar, no habían hecho más que acrecentar aquella situación. Se abstuvo de hacer ningún movimiento brusco. Se estaba jugando el cuello… literalmente.

La elfa susurró su nombre. “Bugnar”. Lo había pronunciado en un tono interrogativo. Sabría la elfa el significado de sus palabras. Había entendido entonces los gestos burdos del mago, o sólo se limitaba a repetir lo que había oido… No tubo tiempo responder a aquellas preguntas, algo realmente inquietante estaba sucediendo con su oreja. Al principió no supo que era aquella sensación húmeda. Cuando empezó a notar el inconfundible tacto de una lengua, Bugnar se percató de lo que pasaba. Sí bien sabía el Qué, no llegaba a comprender el Por qué. Otra respuesta que no pudo llegar a responderse. Su instinto fue más rápido. El primer momento de sorpresa había pasado. Era momento de reaccionar. De un rápido movimiento, y aprovechando que la elfa estaba distraída con su oreja, Bugnar alcanzó la mano que sostenía la daga, mientras que con el otro brazo libre, empujaba a la elfa hacia atrás. Al mismo tiempo, colocaba un pié tras el de la drow, de modo que al ser empujada, esta tropezaría con su pié. Con lo que no contó Bugnar fue con la fuerza de aquella criatura. La drow cayo de espaldas al suelo, mientras Bugnar caía encima suyo. El mago forcejeó con las manos de la elfa, hasta poder extender sus brazos. Bugnar utilizó todo su peso para inmovilizarla.

Sus rostros estaban realmente cerca el uno del otro. De hecho, con sólo hacer un leve gesto, Bugnar hubiera podido rozar sus hermosos labios. Desde esa distancia, y a la luz de una tenue fogata, la piel de aquella mujer parecía aun más hermosa. Atraído por su mirada, Bugnar se quedó en aquella posición durante unos instantes. Cuando estaba a punto de rendirse a la belleza de aquella criatura, tentando así a su suerte, Bugnar se dio cuenta del inminente desastre.

Un fuego intermitente y apenas vivo luchaba por sobrevivir. La arena que había lanzado la elfa a la fogata había consumido más de la mitad de las llamas, y ahora las restantes estaban entablando un combate a muerte. Bugnar soltó a la elfa y se precipitó hacia la fogata, soplando desesperadamente. Tras varios e intensivos intentos de reanimación, la llama recobró su fuerza. Bugnar, aliviado y orgulloso, dejó ir un soplido de descanso. Se dio cuenta demasiado tarde de que había dejado a la drow a sus espaldas. Se giró de golpe, esperando ver aquellos ojos rojos observándole… Bugnar, con el forcejeo, había conseguido quitarle la daga, que ahora rpoaba en su mano. Aun así, no sabía cuantas formas tenían de matar las drow. Seguro que más de las que podía imaginar y ninguna agradable. No sabía cómo podía haber estado a punto de besarla. Si lo hubiera hecho, su cabeza ahora reposaría en el suelo, separada de sus hombros. Esta vez el fuego le había salvado la vida. Esperaba no cometer semejante estupidez en lo que quedaba de noche. Aunque sus ojos, que ahora miraban de nuevo aquellas perfectas piernas, no opinaban lo mismo.

Hablar en aquel momento no hubiera servido de nada. La situación ya era bastante estrambótica de por sí. Lo mejor en aquel momento era volver a su sitio y esperar a que la elfa hiciera lo mismo. Y eso es lo que Bugnar hizo. Con un poco más de sudor en la frente, el mago se sentó de nuevo en su sitio. Esta vez de cara a la drow, y con sus dagas a buen recaudo.


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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 04, 2012 11:56 am

El contraataque fue rápido, más de lo que me esperaba y en cuestión de segundos caí dolorosamente al suelo y el humano se lanzó sobre mí. Mi propio instinto fue el que me hico reaccionar y forcejear, pero el humano era demasiado grande. Finalmente sus manos sujetaron las mías contra la tierra y su cuerpo aplastaba el mío.

De nuevo me miraba con ojos "hambrientos" y me pregunté si esa necesidad de dominación era particular de ese humano... o general en toda la raza. Sea como fuera, la pelea solo podría hacer el acto aun más divertido. Una leve sonrisa curvó mis labios mientras nos sosteníamos la mirada.

Y repentinamente todo terminó allí. Se apartó de mi y empezó a avivar las malditas llamas del fuego. Con un gesto de desagrado aparté la mirada, cubriéndome el rostro con una mano para proteger mis ojos del resplandor.

-Waele rivvil-espeté molesta.

Mi invitación había sido más que clara y aun así, en lugar de acercarse de nuevo a mí se sentó a una distancia prudencial, armas en mano y sin quitarme ojo de encima. ¿Me rechazaba? No entendía por qué. Allá él.

Musitando maldiciones sobre aquel humano y su fuego me dirigí de nuevo al sitio donde me había encontrado al despertar. Volví a recostarme contra aquella cosa de corteza dura y me coloqué de medio lado. Aun me sentía agotada, por la herida, la pérdida de sangre y la huída, y si el humano hubiera querido matarme había tenido tiempo de sobra para hacerlo, así que me acomodé para dormir. Incluso con los ojos cerrados, el resplandor del fuego me molestaba, así que cojí la prenda que me vestía y la estiré por el cuello hacia arriba, cubriéndome la cabeza sin importarme si dejaba algo mas a la vista. No tardé en dormirme.

Ignoro cuanto tiempo pasó, pero un sonido extraño me hizo despertar. Era un animal, tenía que serlo. Moví la cabeza tratando de ubicarlo pero parecían ser muchos y estar por todas partes, por las copas de aquellas extrañas plantas altas y con corteza, revoloteando. Me sentí inquieta, pero no tanto como cuando me percaté de que el cielo estaba cada vez más y más claro.

Con el corazón encogido de miedo recordé algunas de las historias que los maestros nos contaban sobre la superficie. Una de ellas hablaba de la gran bola de fuego con la que la Diosa castigaba a las razas de la superficie. La Soberana Divina enviaba esa bola de fuego cada día para abrasar a esas pérfidas razas... y por la claridad que ahora me hacía llorar los ojos, esa bola de fuego no debía andar lejos. ¡Debíamos buscar refugio!

El humano había quedado dormido, el muy estúpido. ¿Cómo demonios había logrado sobrevivir todo ese tiempo a la bola de fuego si no era capaz de quedarse despierto vigilando su llegada? Me acerqué rápidamente a él y lo golpeé con mi pie para hacerlo despertar, alejándome de inmediato consciente de que las dagas.

-Guuan phor, rivvil. L'Chath But'laeb zhah au!- le dije con desasosiego- Udos z'klaen huertar!

El humano me miró con cara de estúpido y solté un gruñido de frustración. No había tiempo y no podía irme sin él. Por muy idiota que fuera, el conocía el mundo de la superficie. Lo necesitaba.

-Bugnar, Bugnar.- empecé a llamarle al tiempo que tomaba su brazo y tiraba de él. Tenía que hacerlo reaccionar y correr, teníamos que encontrar una cueva donde ocultarnos- ¡Bugnar!

Demasiado tarde. La bola de fuego apareció en lo alto, entre la vegetación. Chillé al notar arder mis ojos y caí al suelo cubriéndomelos con las manos. El dolor era insoportable, como si me hubieran echado ácido en los ojos. Exhalé un quejido, temblando por el dolor. Pronto ardería toda entera, moriría por culpa de ese maldito humano. Al menos antes de morir había podido cumplir la promesa que le hice a mi madre. Era Libre.
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Mensaje por Bugnar el Jue Abr 05, 2012 9:11 pm

Conejo. Su estómago le pedía un conejo. Poco hecho y a las finas hiervas. Con ajos y una buena salsa. Espesa y jugosa. ¿Cuánto hacía que no comía un buen plato?. Su concepción de lujo se había convertido en ardillas asadas. Definitivamente cazaría un conejo… Ya podía saborear su carne blanca y tierna cuando algo empezó a desmoronarse. Una sacudida lo sacó de su sueño… instintivamente cerró el puño en torno al pomo de la daga que permanecía a su lado desde la noche anterior. Alzó el brazo y se paró justo a tiempo para distinguir el rostro de sus problemas. Aquella elfa. Con una dura jaqueca, cómo si hubiera estado bebiendo hidromiel toda la noche anterior, los recuerdos se amontonaron en su cabeza, sin remordimientos y a trompicones. La bota, el rio, la drow, una hoguera, una pelea, unas piernas preciosas… todos los acontecimientos desembocaban en aquel dolor terrible de cabeza. Para adobar la situación, un hambre voraz atormentaba el estómago de Bugnar. Su boca estaba pastosa, seguramente debido a la saliva que le había producido el sueño y sus delirantes fantasías sobre conejos. Intentó enfocar la vista en esos ojos que suplicaban alguna cosa. ¿Cuándo se había quedado dormido? No lo recordaba… ¿Tan poco valoraba su propia vida que se dormía con una mujer tan peligrosa a su lado?. De todas formas llevaba una semana agotadora. Hacía dos noches que no dormía por culpa de una manada de lobos. Lo habían estado persiguiendo día y noche, impasibles e implacables; esperando a que Bugnar bajara el ritmo para echársele encima. El mago tuvo suerte de haber encontrado una pequeña montaña. A pesar de la agilidad de los canes, no habían sido capaces de seguir a su presa por el acantilado. De esa forma finalizaron esas interminables horas de persecución. Pero aquella aventura le había hecho pasar factura, y ahora se cobraba con un terrible cansancio y agotamiento. Esa debía ser la explicación más probable a porqué Bugnar se había quedado dormido aquella noche. Y era el porqué de sentir las piernas como auténticas losas. Y ahora, una vez más, y sin que a nadie le importara un pimiento, Bugnar debía levantarse a toda prisa.

Al comprobar que era la elfa quien había interrumpido tan amablemente su sueño, bajó la daga en seguida. Si lo quisiera muerto ya lo habría matado hacia horas.
- ¿Qué?¿Qué te pasa?- dijo Bugnar alarmado. Empezó a enfocar la vista.

Giró la cabeza a lado y lado. No había nada ni nadie… tampoco había ningún ruido fuera de lo usual. El sol parecía empezar a desperezarse. Los primeros rayos de luz estaban empezando a bañar el cielo estrellado, que le conferían a este un color púrpura, casi rosado. Al cerciorarse de que no había un peligro inminente: ningún ogro parecía cargar sobre ellos, ni tampoco dragón alguno escupía llamas sobre sus cabezas; Bugnar se desperezó con parsimonia. Se quitó las legañas y esperó a que su vista acabara de acostumbrarse a la escasa luz que empezaba a emerger de detrás las montañas de aquel frondoso y espeso valle.

La fogata, anoche fuerte y vigorosa, estaba ya en sus últimas. Apenas quedaban las brasas, que quemaban lentamente.

La elfa, que no paraba de sacudirlo, empezó a hablarle en su lengua. Ya parecía una costumbre entre ellos dos hablar en una lengua que ninguna de las dos partes entendía. La escuchó atentamente, intentando captar alguna palabra o idea, pero a pesar de ello no entendía nada. Y es que la lengua élfica, y más la de los drow, parecía un bosque frondoso infranqueable, lleno de raíces con las que uno tropezaba. Sabía que dominar esas lenguas costaba años y años de práctica y estudio, y no todos lo conseguían.

A pesar de que no había peligro, la elfa persistía en su preocupación. Bugnar confió en lo que le decía y se puso derecho. Sabía que su raza tenía una vista y oído más allá del humano. Quizás ella captaba algo que el no percibía. Al pasar los segundos y al ver la cara de enfado y desesperación de la drow, Bugnar confirmó que no era ese el problema. ¿Entonces qué?¿Qué podía estar pasando?. Una luz se iluminó en la aun dormida cabeza del mago.
Pero al mirar las ingles de la drow y comprobar que no estaban sangrando Bugnar se quedó perplejo.

- ¿Sí no tienes la regla, entonces qué te pasa?- Dijo Bugnar en el tono calmado que acostumbraba a exasperar a la gente.

Apenas había acabado de pronunciar esas palabras que al fin el mago dio con la respuesta. Respiró aliviado y miró a la drow con una chispa de ternura.

- Maldita sea… me habías preocupado de verdad.- concluyó.

Antes de que la pobre elfa siguiera con su sufrimiento, Bugnar la cogió por los hombros, la puso de espaldas a él y empezó a desabrochar una capucha que colgaba doblada del cuello del jubón. Era normal que la drow no la hubiera visto, y de ser así, tampoco habría podido abrirla. El diseñador de aquel jubón, un antiguo amigo de Bugnar, no era precisamente el mejor sastre de la ciudad. Para desplegar la capucha, uno tenía que quitarse el jubón primero, pues de otra forma uno no era capaz de desatarse aquellos endiablados nudos. Cuando al fin la capucha del jubón hubo sido desatada, Bugnar cubrió de un tirón la cabeza de la elfa con esta. Volvió a girar a la drow hacia delante, sin contemplaciones, como si de un objeto se tratara, pudiéndole ver ahora sus carnosos labios y su oscura piel, que con la luz del sol, ahora se percibía más claramente. Sus ojos rojos quedaban ahora cubiertos por la tela de la gruesa capucha azul marino. Para acabar de completar su obra, Bugnar estiró de los dos cordones que colgaban ahora de las hombreras del jubón, apretando aun más la capucha, de modo que la luz que entrara fuera mínima. Satisfecho, Bugnar contempló su gesta.

Se sorprendió de la reacción que había tenido la drow. ¿Significaba eso que nunca había salido a la superficie? En ese caso, que acontecimientos la habían obligado a salir al exterior. Preguntas que probablemente quedarían sin respuesta.

A sabiendas de que la elfa no entendería nada, Bugnar empezó a hablarle. Era una costumbre que había tomado la noche anterior. Aunque ella no le entendiese, él hablaba igualmente, como para estar más tranquilo. Aquello era mejor que estar en un silencio permanente.

- Cuando se sequen tus ropas- dijo Bugnar señalando unas ramas, de las cuales colgaban las ligeras prendas de la elfa- Intentaré coser mi capucha en ellas. De mientras puedes usar mi jubón. Aunque…- no siguió.

Bugnar se dio cuenta que la elfa estaba desnuda de cintura para abajo. El Jubón le cubría hasta las ingles, un poco más abajo. Durante la noche no se había dado cuenta, pero ahora, de día, se hacía evidente. El mago no le dijo nada más. Ya le gustaba como estaba… contemplar aquel cuerpo escultural no se podía hacer todos los días. Ya se daría cuenta ella por sí misma; y si pasaba vergüenza, ya se cubriría con lo que fuera.

- Voy a salir un momento a buscar alguna planta que nos ayude a curar esas heridas tuyas. Al menos que no se infecten. Y si puede ser que no quede cicatriz… - como la mujer no entendía lo que decía, Bugnar se permitió ciertas licencias que de otra forma, no hubiera dicho- Tienes un cuerpo demasiado bonito para mostrar cicatrices. Tú quédate aquí y descansa… volveré en una hora…

Bugnar acompañó su diálogo con algunos gestos. Una palma abierta indicando que esperase. Señalarse la parte del cuerpo dónde la elfa estaba herida… A pesar de que la elfa no hubiera entendido todo, debería comprender a grandes rasgos lo que le había dicho. Esperaba volver a encontrársela cuando regresase… no llegaría muy lejos sin su ayuda.

Antes de marcharse y perderse en la frondosidad del bosque, Bugnar se paró delante de un árbol. De detrás de este sacó las dos dagas de la joven elfa. Se las quedó mirando por unos instantes. Acto seguido las clavó en el suelo húmedo, a la vista de la elfa. No lo había degollado la noche anterior, no había motivo para dejarla desarmada ante el peligro.

Una hora después, Bugnar volvía con un contingente de plantas. Poco sabía el mago sobre estas y sus propiedades. Por suerte, había traído consigo un libro sobre el tema. Había recogido las que más se parecían a las ilustraciones del libro y las había traído todas, para luego, descartar las que no encajasen con la descripción más detallada que ofrecía el texto.

Luego debería molerlas y preparar un ungüento con el poco alcohol que tenía de reserva para esos casos. Y con el sol que empezaba a despuntar, parecía una ardua y sudorosa tarea…
Bugnar sólo esperaba encontrarse a la elfa tal como la había dejado. No quería haber ido en busca de plantas, sin camisa, mientras las ortigas y los rosales se enzarzaban con su pecho para luego encontrarse que no había nadie esperándole…


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Re: La drow y el rio [privado]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 10, 2012 12:23 pm

El humano interrumpió mis oraciones fúnebres, rezaba por mí misma, y me vapuleó de un lado a otro dando tirones de la camisa que cubría mi piel de sol. La agarré con fuerza pensando en que pretendía quitármela y dejarme expuesta a la bola de fuego para cubrirse el. Volví a sentirme confusa cuando cubrió mi cabeza con una capucha, cubriendo mis ojos y apretándola en torno a ellos.

Volvió a hacerme girar, supuse que hacia él, porque ahora me encontraba totalmente cegada, y comenzó a hablarme de nuevo en su lengua de bárbaros. Me llevé las manos a la cara y pasé mis dedos por la tela que cubría mis ojos. Poco a poco me dejaban de doler... y ni mi piel ni mis manos parecían empezar a arder... de hecho... el calor que notaba era agradable. Después del río y de haber dormido empapada, la piel se me erizó.

Ya no podía ver al humano, pero seguía hablando, así que ladeé la cabeza hacia él. Se movía, tal vez cargando con cosas o gesticulando, tal como sonaba su voz, y enseguida escuché sus pasos alejándose... aunque antes hizo una breve parada en la que escuché un leve “chop” metálico. Enseguida pensé en mis armas, y mientras sus pasos se hacían más y más tenues, avancé a tientas hacia donde había escuchando el sonido, tropezándome con algunas cosas por el camino.

Encontré una de esas extrañas plantas altas y duras, a juzgar por el tacto rugoso de la corteza y por fin di con lo que buscaba. En efecto eran mis dagas, reconocería esos mangos en cualquier sitio. Menudo humano extraño me había encontrado... no solo me curaba y compartía su guarida... sino que además me devolvía mis dagas antes de seguir su camino. Nadie me habría creído jamás, mucho menos los maestros, si volviera y les contara todo aquello.

Si volviera. Pero no iba a volver.

Pasé bastante tiempo reconociendo el terreno a ciegas. No pensaba quitarme esa capucha hasta que dejara de sentir ese calor en la piel... que por cierto cada vez era más y más intenso. Aun me preocupaba que la bola de fuego se acercara demasiado y me quemara... pero antes de buscar otro refugio necesitaba ciertas cosas. Encontré los restos de la hoguera y tomé uno de los palos más gruesos y enteros que quedaban, aunque estaba totalmente carbonizado y no era más largo que mi antebrazo. Tomé una de mis dagas y traté de afilarlo... pero el material estaba corroído y débil y se rompía con facilidad. Finalmente desistí de fabricarme un arma más grande, contaría solo con mis dagas para defenderme, y tomé asiento en el suelo.

¿Cuánto tardaría aquella bola de fuego en irse? No podía echar a caminar a ciegas sin más y tampoco podía descubrirse los ojos mientras ella siguiera cerca. Suspiré... no quedaba más remedio que esperar.

Fue entonces, cuando me quedé quieta, que empecé a escuchar y ser consciente en cierta medida de lo que me rodeaba. Aquellos animales cantarines que me habían despertado antes de la llegada de la bola de fuego seguían por ahí, revoloteando sobre mi cabeza y en cualquier parte... no parecían peligrosos... y desde luego eran animales estúpidos si hacían tanto ruido. Cualquier depredador podría oírlos. Detrás del sonido de esos animales había más, ruidos que no podía identificar y que supuse que pertenecían a otros tantos animales. ¿Tan ruidoso era el mundo de la superficie? Había también un sonido de fondo, suave, el viento que movía los gruesos tallos de las enormes plantas.

Pasos. Giré la cabeza hacia el sonido en cuanto escuché el crujir de ramas. Algo se acercaba, algo grande. Me incorporé de inmediato y busqué una de las plantas de corteza dura. Apreté los dientes ignorando el dolor de mi costado y trepé por su tallo clavando las dagas y alzándome a pulso, con rapidez. Una vez encaramada en lo alto, traté de cubrirme entre sus ramas.

Los pasos llegaron al campamento, dos pies, era algo humanoide. Detuvo su avance cerca de la fogata y dijo algo. .....Espera.... ¿esa no era la voz del humano? Suspiré y me descolgué de mi escondite, saltando desde el tallo de regreso al suelo. La herida de nuevo me dio un latigazo de dolor, tal vez se hubiera abierto, pero no dejé que eso cambiara la nula expresión de mi rostro.

- Xunus dos thir'ku dosst shar, rivvil?

Pregunté, hablando hacia donde lo escuchaba. Había regresado y solo se me ocurría una razón por la que podía haberlo hecho. Tal vez a los humanos solo les “funcionaba” cuando la bola de fuego andaba cerca... después de todo, a él no parecía haberle dolido nada. Él se acercó a mi hablando de nuevo. Definitivamente era su voz.

-Zu'tour phor, waele, lu'vith uns'aa.- dije de forma autoritaria, tal como solía hacer en las orgías celebradas en mi ciudad.

Cuando estuvo cerca de mí, tomé la tela de la camisa que me cubría y la levanté, casi como una burla, como un “ven si te atreves”, mostrando sin pudor mis atributos, mi piel desnuda, mi herida del costado y las numerosas cicatrices que lucía por todo el cuerpo, algunas de ellas recuerdos de batallas, otras muchas de castigos, de látigo... y de algunos encuentros sexuales.
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Re: La drow y el rio [privado]

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