Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El Club [priv.] [Celeste Shaw ; Shirei/Baku]
por Celeste Shaw Sáb Jun 15, 2019 8:59 pm

» ¡Ha llegado la cruzada!
por Strindgaard Jue Jun 13, 2019 4:33 pm

» Reglas de Noreth
por Sigmar Freud Miér Jun 12, 2019 7:01 pm

» Urna
por Amelie Winter Miér Jun 12, 2019 1:39 am

» El alma del bosque [Solitaria]
por Skam Mar Jun 04, 2019 3:08 pm

» [Reclutamiento y OFF] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Lamb Jue Mayo 30, 2019 11:11 am

» [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Lamb Jue Mayo 30, 2019 11:00 am

» Un Zarpazo en la Tormenta.
por Ayanne Sáb Mayo 25, 2019 1:51 am

» Un Dios entre Nosotros.
por Azura Jue Mayo 23, 2019 8:01 pm

» Las desventuras de los bienaventurados (con Kasumi) [En construcción]
por Skam Miér Mayo 22, 2019 11:25 pm



Fallen Kingdom Capitulo Uno. H8SDUFN
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones
Fallen Kingdom Capitulo Uno. SiUh6o7
Fallen Kingdom Capitulo Uno. KRfbrcG
Fallen Kingdom Capitulo Uno. 9fBXn98

Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Página 1 de 6. 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente

Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Zyrxog el Vie Abr 06, 2012 3:27 am

CAPITULO UNO

“Miserables mortales, durmiendo en sus cómodas camas, descansando, soñando con futuros mágicos y llenos de ilusiones, no importa quienes son, lo que hacen o cuanto desean vivir, tan solo son inferiores, alimañas que recorren un mundo que está condenado desde un inicio, pero ahora …. Y aquí las cosas cambiaran, esta tierra desaparecerá, y de sus entrañas únicamente los gritos de sus almas se escucharan por toda la eternidad.”


Las tierras de Dullahan son fértiles y prosperas, gozan de un clima excelente para los cultivos y el océano es generoso con la pesca que los marineros traen al puerto, los arboles podría decirse que son incluso más verdes que los del continente, y como si fuera un paraíso, los prados se llenan de flores multicolores en primavera, jamás hace calor extremo y los inviernos son agradables cuando se pasan en casa al lado de la chimenea, estas tierras tan bellas son gobernadas por un rey, la gente es tan amable y a la vez hay tanta paz en ese lugar que el rey sin escolta puede pasear por las calles sin temor, saludando y contemplando el magnífico reino que posee, realmente las tierras de Dullahan son un paraíso en la tierra de Noreth, un pequeño baluarte aun de tranquilidad y ayuda mutua … pero como todo en este mundo debe llegar el momento en que todo acaba radicalmente.

Aquel año las tierras habían sido extremadamente fértiles, los graneros apenas podían contener todo el grano que la cosecha había traído y los molinos funcionaban sin parar produciendo la harina tan necesaria para el pan, mientras los niños jugaban en el mercado, los hombres sacaban los peces de sus redes para dirigirse al mercado a vender, mas algo les trajo la atención, no muy lejos, un barco con las velas semi-izadas seguía el rumbo hacia el puerto, uno de los hombres usando un catalejo intento ver a sus tripulantes, pero por el cristal no se veía ni un alma, lentamente aquel barco se acerco, cada vez más, hasta que extrañamente giro hacia babor y encallo en un pequeño islote de arena, los marineros y pescadores de inmediato llamaron a la guardia, ya que aquel acontecimiento era extremadamente raro en aquel lugar, mientras otros pescadores subían a sus botes para saber por qué sus tripulantes no aparecían, cuando el primer pescador subió por una cuerda, se soltó de esta, cayendo al agua para volver a nado al bote, su rostro estaba pálido, y sus labios temblaban.

-Muertos… todos muertos….-

Los pescadores no se atrevieron a subir y con grandes esfuerzos y con ayuda de otros botes, remolcaron el pesado barco hasta el muelle, ahí la guardia esperaba y después de algunas horas subieron estos a la cubierta, lo primero que hicieron fue taparse la nariz, el aroma a descomposición era demasiado marcado, los cuerpos estaban cruelmente mutilados, algunos parecían que habían intentado luchar, pero sus miembros estaban retorcidos, otros tenían partes de sus cuerpos reventadas, mientras que otros tenían la apariencia de haber devorado a sus compañeros, mientras examinaban aquella escena y trataban de buscar si habían sobrevivientes, uno de los pescadores vio a una sombra en la oscuridad y después de un parpadeo como algo se arrojaba al agua, el marinero palideció, haciendo una plegaria sus dioses, el barco era una tumba, ya que no había nadie con vida, después de retirar los cuerpos y de darle sepultura, aquel hecho lentamente con el paso de los meses se fue olvidando, hasta que solo los más viejos lo recordaban, ya que los jóvenes no deseaban cambiar su forma de vivir, en cambio, en el palacio había algo de agitación, el rey, poderoso guerrero del pasado, ordenaba a sus guardias que buscaran la razón de que un barco llegara a sus costas en aquellas condiciones, claro que se enviaron algunos mensajeros a el continente, mas precisamente a las ciudades portuarias, pero nadie sabía del barco ni menos de sus tripulantes, así pasaron un par de meses más, hasta que el hecho fue olvidado, por el bien de la comunidad … craso error.

Desde el incidente, habían pasado seis meses, los cuales habían sido tranquilos, si no fuera por los pequeños casos extraños que habían comenzado a suceder, el primero fue el de un pastor, el cual mientras cuidaba a su rebaño, vio una extraña figura cerca de los bosques, acompañado por lo que parecía un perro muy delgado, cuando el pastor saludo la figura desapareció en el bosque, seguido por el perro, esto simplemente quedo como una anécdota para las noches con la familia, el siguiente incidente sucedió a una familia de las más cercanas a la zona occidental de la isla, aquella noche hacia frio, por lo que los habitantes de ese lugar decidieron dormir juntos, cerca de media noche escucharon chillidos agudos provenientes de la cocina, como si algo fuera atacado, el padre de familia utilizando una lámpara de aceite y un garrote fue a ver que sucedía, lo que vio aun traería dudas hasta tiempo después, sobre la mesa estaba el fato de la familia, con el vientre abierto y algo devorándolo, sin esperar nada el hombre golpeo el bulto dentro del gato con el garrote, no fue hasta que amaneció cuando vieron lo que había dentro del gato, extrañamente solo se encontraron los huesos de una rata, quizás el ultimo alimento del gato, así sucedieron uno tras otro de estos incidentes, algunas veces se veía una figura oscura a lo lejano acompañado por lo que siempre parecía un perro, otras veces animales aparecían muertos o simplemente desaparecían, no fue hasta hace cerca de un mes atrás cuando desapareció una familia completa, los habitantes ya comenzaban a tener miedo de la caída de la noche, por lo que los guardias comenzaron a patrullar más seguido los límites de la ciudad, poco después apareció lo que fue el primer caso de muerto viviente en la historia del reino, un zombi vagaba por un camino bastante transitado y por azares del destino un pequeño grupo de guardias lo encontró y destruyo, aunque claro, este hecho fue reportado a el rey, el cual bastante preocupado ordeno una búsqueda del origen de aquellos incidentes, un esqueleto que al igual que el zombi vagaba solo fue capturado y entregado a los magos del reino, estos utilizando todas sus artes no pudieron encontrar el origen y al poco tiempo el esqueleto volvió a quedar inmóvil.

Desde esos incidentes los casos de muertos vivientes han aumentado hasta el punto de que pequeñas comunidades han desaparecido, el propio “ejercito” del reino, ha sido diezmado por estos seres, a los cuales extrañas criaturas se le han sumado, seres a los cuales han llamado “Creeper”, y arañas, e incluso se han visto a los esqueletos montar las arañas de mayor tamaño, como si no fuera suficiente, pareciera ser que una zona del reino ha sido totalmente conquistadas por estas criaturas, siendo imposible siquiera intentar llegar por mar, ya que los barcos caen presas de la densa niebla de la zona y encallan en los arrecifes, el rey se a desesperado, ya que los últimos indicios han demostrado que una gran cantidad de estos no muerto se han alzado desde los antiguos cementerios y parecieran formar batallones adiestrados, los habitantes de los pueblos cercanos y que aun no caen presas de estos seres de ultratumba se han refugiado en la capital, donde sus gruesos muros les protegerán … pero ¿hasta cuánto tiempo más? El rey ha visto como sus soldados han caído bajo las garras de esos seres, incluso uno de sus generales a tomado cartas en el asunto y a ordenado cerrar firmemente las puertas, colocando guardias en cada torre, listos por si ven algún enemigo, el rey a decidido enviar un mensaje al continente, sus tropas no soportaran mucho si asedian la ciudad y cerca de tres mil habitantes podrían perecer si los muros o las puertas caen, solo queda esperar … ya que con cada día que pasa, pareciera ser que sus posibilidades de sobrevivir disminuyen drásticamente.

Uno de los últimos barcos del reino a zarpado desde el puerto interior de la ciudad, con rumbo a la ciudad portera de Phonterek, lamentablemente el camino no sería nada fácil, y después de casi una semana de viaje, por fin el navío con el escudo real de Dullahan pudo atracar en el puerto, aunque la primera visión que pudieron ver los marineros, fue que la nave estaba demasiado dañada, “algo” le había atacado, y aquello había dejado unos daños considerables tanto en la popa del barco, casi arrancada, los compartimientos interiores estaban casi llenos de agua y había sido un milagro que nos e hundiera, mas antes de que se pudiera hacer algo, el mensajero casi al borde de la locura bajo del maltrecho barco y corriendo se dirigió hasta donde pudieran escucharlo, gritaba con desesperación que Dullahan estaba en peligro, que los muertos vivientes atacaban y que si no hacían algo pronto todo caería, los nobles de Phonterek se miraron unos a otros, mientras discutían que hacer, pero su respuesta fue lapidaria.

-El reino de Dullahan no está en el tratado de mutua ayuda de la ciudad de Phonterek, por lo que no enviaremos tropas a morir contra aquellas abominaciones, esta es nuestra palabra y nuestra decisión-


El propio enviado cayó de rodillas, Noreth le daba la espalda, Phonterek negaba la ayuda que era tan urgente, aun así, mientras el enviado salía del salón, un hombre se le acerco, un hombre que aun cuando parecía anciano, mantenía su vigor, casi en un susurro le hablo sobre la cofradía, un pequeño grupo de mercaderes que trabajaban bajo las sombras de los nobles, ocupándose de lo que a ellos no les interesaba, claro que por una pequeña suma, el enviado miro al anciano y con un nudo en la garganta le dijo que su rey estaría dispuesto a pagar lo que fuera por salvar a su reino, el anciano sonrió y llevo al hombre hasta la cofradía, en menos de un día en la ciudad de Phonterek y los pueblos cercanos, muchachos gritaban a toda voz en tabernas y posadas, en coliseos y cruces de camino.

“SE BUSCAN FUERTES GUERREROS, HABILES ARQUEROS, MAGOS SIN IGUAL, PARA LIMPIAR LAS TIERRAS DE DULLAHAN DE LOS MUERTOS VIVIENTES, SE OFRECE UNA GRAN RECOMPENSA, HONORES INIGUALABLES, UN NOMBRE EN LA HISTORIA DE ESAS TIERRAS Y FAMA SIN IGUAL, QUIENES DESEEN EMBARCARSE EN ESTA AVENTURA, DIRIJASE AL MUELLE DE PHONTEREK ANTES DE QUE LAS TRES LUNAS ESTEN LLENAS, EL BARCO “EPADA DE DEMOCLES” LES ESTARA ESPERANDO”


Mientras el emisarios e encontraba en Phonterek, esperando la ayuda de quienes se atrevieran a ir a la batalla, los muertos vivientes habían comenzado su asedio, el rey casi cae de espaldas cuando ve aquello, al amanecer los muertos vivientes habían salido de los bosques, de las casas e incluso del océano, formando columnas y bloques como si fueran un ejército, cientos o miles de estos, armados con garras y arcos, seres que emanaban muerte de sus cuerpos, ahí estaban, mientras en el centro, un esqueleto fuertemente armado y con una corona les guiaba, no fue difícil reconocer a aquel esqueleto, uno de los antiguos gobernantes, un rey del pasado, aquella enorme masa lo hacía reconocible, el Rey Leoric, El Sabio.


OFF


Última edición por Zyrxog el Jue Jun 21, 2012 4:00 am, editado 2 veces


Fallen Kingdom Capitulo Uno. Mgj2

Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Illithid
I Eat Your Brain Muajaja

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Glare_by_HomicidalManda

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Index

Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
Zyrxog
Zyrxog
Señor de la Muerte y Putrefacción

Mensajes : 523
Edad : 32
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Aleria el Vie Abr 06, 2012 4:59 am

Los nomadas, en su condición nunca tienen un destino o caminos fijos por cuenta propia, siempre viven dependiendo del destino y de los caprichos de este, terminando en lugares recónditos, demasiado tranquilos y también demasiado peligrosos. Por estas jugadas que encierran a la suerte ya sea buena o mala, ahora Aleria se encontraba en una ciudad portuaria conocida como Phonterek, un punto de movilización importante en el continente, con una buena economía y muchas ofertas de trabajo, para quienes como ella solo podían cumplir una labor: arriesgar su vida por unas cuantas piezas de oro.

Dentro de un par de semanas, casi se cumplirían tres años desde su exilio de su tierra natal y así mismo del asesinato de su madre, era una realidad que llego tan abruptamente como cuando una flecha impactaba a su objetivo, no le permitió pensar, refutar o actuar de alguna manera para defenderse de cargos desconocidos y juicios sentenciados. Tres años donde su vida sufrió un cambio abrupto y ninguna pista aclaraba sobre lo que le ocurrió a su madre y donde ella misma era la clave. Sentada, a la orilla de un árbol y sintiendo la cálida brisa del mar que dulcemente acariciaba su rostro y jugaba con sus largos cabellos, Aleria observaba con nostalgia aquel collar que su madre le obsequio tiempo antes de morir, el particular brillo de la gema azulada se veía reflejada en sus orbes blancos y con una ilusa esperanza, esperaba que en algún momento aquel regalo le otorgase una respuesta, pero después de pasar noches enteras observándole y detallándole el resultado volvía a ser el mismo, nada… absolutamente nada.

Guardó nuevamente el collar debajo de sus ropas de malla, para mantenerlo a salvo de ladrones que se viesen atraídos por el brillo de la gema o por algún movimiento brusco en batalla, aunque llevaba tiempo sin resolver el enigma de aquel objeto y llegaba a considerarlo nada más que basura por la nula información que daba, Aleria no queria perderle así como así, de una forma estúpida. Suspiro profundamente y levanto la mirada al cielo, un par de gaviotas volaban por lo alto de este, emitiendo sus particulares sonidos y haciendo que el ambiente en ese lugar se sintiera mas como un puerto. La elfa observo a su costado, allí, bajo la sombra una hermosa pantera de piel negra, bien cuidada y brillante dormitaba bajo el calor del medio día reposando después de haber comido un buen pedazo de carne. Pasó suavemente su mano sobre el lomo del animal, su pelaje era muy suave y daba una agradable sensación al tacto, la relación entre ama y mascota podía considerarse como la de una madre y una hija un poco rebelde. Aleria recordaba los momentos pasados donde tuvo que ganarse ese derecho a que tal majestuosa criatura fuese su acompañante, pasando días en vela y sin comer, por tan solo seguir el juego de orgullo que el propio animal le había impuesto, terminando en una feroz lucha, donde las fuerzas tanto humanoides como animales se vieron equilibradas hasta el último segundo, y donde la astucia de la elfa fue capaz de imponerse, doblegando al animal y haciendo que este aceptase su derrota.

El animal ronroneo ante las caricias de su ama, para luego levantar la mirada hacia esta, en sus amarillentos y felinos ojos, podía sentirse que el animal comprendía o más bien sentía lo que justo pasaba por la mente de su ama. Lamio la mano de su dueña tratando de reconfortarle, Aleria le sonrió dulcemente y se levanto del suelo, se coloco su capa y emprendio camino hacia al puerto, para ver que acontecía. Hace un par de semanas que acepto su último trabajo y el dinero escasearía tarde o temprano, por lo que la elfa quien era siempre cuidadosa en tales aspectos, y también para mantener su mente ocupada buscaba trabajos a menudo para su subsistir, como muchos aventureros hacían en los reinos de Noreth.

Al volver a la ciudad un llamado capto su atención, se trataba de un pequeño niño quien se encontraba dando a conocer la noticia de un reclutamiento en un lugar conocido como Dullahan. Al parecer se necesitaban toda clase de aventureros dispuestos a enfrentarse a una plaga de muertos vivientes que asediaban el lugar. Para Aleria aquella palabra significaba que el peligro iba a un nivel mas allá del que se enfrento en un pasado, los que caminan en la muerte no eran criaturas fáciles de derrotar, ya que era fácil herir a algo vivo. ¿Pero algo muerto? Intentar acabar con algo que ya está muerto sin lugar a dudas es algo mas difícil y peligroso. Observó al animal que le acompañaba, este giro el rostro levemente manteniendo la vista sobre su compañera. – Bueno, parece que tendremos un viaje en barco… - suspiró profundamente y tomaron dirección hacia el puerto.

Ya en el embarcadero, justo al frente de aquel barco conocido como “La espada de Democles” Aleria y su felino acompañante observaron que existía un buen número de personas que respondieron ante aquel llamado, la elfa, decidió colocarse la capucha de su capa para evitar caer en innecesarias charlas sociales con los demás interesados en aquella expedición y se alejó un poco de ellos. Sabía que alguien daría todos los detalles de lo que necesitaba, aunque no tuviese mayor conocimiento sobre Dullaham, por el momento no tenia deseos de conseguir información por parte de sus compañeros de viaje. Unos cuantos barriles y cajas se encontraban apiñados y ubicados en una parte del muelle. La mujer camino hacia ese lugar y se sentó sobre una caja vacía, su animal acompañante se acostó a su lado mientras esperaba que aquel viaje empezara.

Aleria
Aleria

Mensajes : 29
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Franz Krieger el Sáb Abr 07, 2012 1:55 am

Hace tres semanas. Algún lugar de Erenmios.

Jack yacía medio muerto en el suelo de aquella fría montaña, era de noche y no se oía más que el entrecortado respirar del a duras penas vivo, cazador. Sin poder pensar en nada, gastaba sus últimas fuerzas en intentar arrastrarse por la ladera, en un desesperado intento por encontrar la ayuda que le faltaba para sobrevivir. Obviamente él no había perdido las esperanzas en un inútil intento, la muerte estaba más cerca que cualquier remota posiblidad de que el moribundo encontrara fuerzas para vivir.
Y sin esperanzas algunas, gastó sus últimos momentos en pensar que había vivido todo lo que había que vivir, simplemente había aceptado que su vida había llegado a su fin, muerto por aquello que le daba la vida. Un vampiro le había dejado medio muerto, no sin antes morir a manos del cazador, en un último disparo certero al corazón.
Y el cadáver del vampiro seguía ahí, inmóvil y silencioso, más muerto de lo que nunca estuvo, y eso de que era un no-muerto. Jack Cross bromeaba incluso en el umbral de la vida y la muerte, era sencillamente el mejor tío de toda la historia, era el maldito Jack Cross, y ahora, iba a morir.

Pero antes de eso, un graznido metálico se oyó en todo el valle helado. Por la noche no se podía ver a ningún ave surcar el cielo, pero aquel graznido fue tan peculiar y sonoro, que Jack rapidamente supo de qué se trataba. Era algún tipo de águila, básicamente Jack no era conocedor de todos los tipos de ave en Noreth, el águila era el único ave que conocía, a parte de la paloma y el cuervo, y eso no sonó a cuervo y tan fácil como que una paloma no volaba de noche.
Y se volvió a oír otro graznido, este más cercano. Jack no tenía fuerzas ni de abrir los ojos para inspeccionar los cielos. Y se volvió a oir, esta vez más cerca que nunca, casi en sus morros. El ave aterrizó en el pecho de Jack, haciendo que este se arqueara del golpe y tosiera. El cazador abrió los ojos y vio ante sus ojos una majestuosa mezcla de búho, murcielago, águila y abeja.
Se hubiese cagado en los pantalones si no fuese por algo mágico que hizo que le perdiese el miedo al animal, mantuvieron contacto visual unos minutos, pudo contemplar a través de los rojos ojos del animal toda su alma pura, un precioso animal que...

Notó un agudo pinchazo en el vientre, y luego se desmayó, viendo por último a aquel animal. Lo último que se le vino a la mente en aquel momento, y que no se le olvidaría fue: Horus.

Hace tres días. Phonterek.

Despertó en la posada del Halcón Negro, recordaba esa habitación. Lo primero que su vista reconoció a pleno detalle fue aquella tremenda mezcla de animales voladores de aquella vez que se desmayó. Hizo memoria, no sin antes arquear una ceja, lo primero que le vino a la mente fue Horus. Un nombre tanto peculiar, no sabía de donde venía o que significaba. No sabía tampoco por que estaba en esa cama de aquella posada, lo último que recordaba era a él, reptando por un frío valle helado de Erenmios, medio muerto y sin esperanzas. Lo último que vió fue lo primero que acababa de ver, aquel desconocido animal que tenía ante sus ojos.

Y entonces, la puerta se abrió y por ella entró un hombre ancho de hombros, con aspecto desaliñado y espesa barba. Lo primero que pensó al verlo fue que era un montaraz, un cazador de bestias o algo así, pues en poco se diferenciaba de una, y una que se lavaba bien poco.
Aquel misterioso tipo cerró la puerta detrás de él y puso su brazo en forma de gancho para que el ave se posara en él. Pero no lo hizo. El hombre esbozó en su cara una mezcla de falsa sonrisa y fracaso, alicentada por su cara de pocos amigos, no era una buena situación para Jack, aunque no había motivo para asustarse, lo estaba. Y echó de mucha falta sus pistolas, sus botas con pinchos y todas sus dagas y cuchillos arrojadizos.

El hombre no hizo amago de matarlo, ni nada agresivo. Se acerco al camastro en el que estaba Jack y arqueó sus rodillas para ponerse más a la altura del caza vampiros.

- ¿Sabes lo que es ese animal? - Empezó preguntando el hombre. - Es un híbrido, una bestia deforme. ¿Sabes lo que significa eso? Que una bestia te salvó la vida, y ahora ese ave que tienes ahí - Continuó diciendo, señalando al ave, a Horus. - Si no fuera por ella ahora estarías pudriendote bajo tres metros de nieve, y además de salvarte el culo sucio que tienes, te ha adoptado como su dueño. Tú no la escoges, ella te escoge a tí. ¡Bravo has sido el seleccionado! - El tono que tenía aquel hombre rozaba la ofensa, pero mantenía una linea bastante peculiar de respeto y indignación. Muy seguramente aquel animal había sido su compañero pero ahora, había escogido a otro.

- Pero bueno... qué osadez es esa de empezar a hablarle a otro que ni siquiera sabe tu nombre. Mi nombre es Will, cazo por la noche. Mi amigo el híbrido y yo te salvamos hace unas semanas. Estabas a punto de morir y mira tú por donde, Renekton te encontró y fuí a por tí. En fin, es un placer y todo eso - Se presentó, tendiendo su gigante mano peluda. Jack se la agarró, devolviendole el saludo de una manera amistosa.

- Debería darte las gracias, en cambio te daré mi dine... - Empezó a hablar Jack, pero fue rápidamente zanjado por Will. - Ahh, sí. Tranquilo, ya he tomado la recompensa por mi parte, he cogido todo el dinero que llevabas a mano. Consíderate afortunado si no te robé y te dejé muerto ahí. Ah, y ahueca rápido la cama, me cuestas dinero. - Will había tornado su afable tono a uno despectivo, y empujando a Jack, echándolo de la cama.
Jack se hubiese defendido, pero no tenía motivo para golpearle. Will le señaló una silla, donde su ropa y armas se encontraban.
Rápidamente se vistió y enfundó todas sus armas, y sin quererlo Horus le siguió y se posó en su hombro.
Will ofendido por que el ave se iba con Jack, empezó a perseguirle por la posada, pero Jack empezó a correr y salió de allí pitando, cruzó una plaza y se escondió en unos callejones, con Horus detrás de él, volando.

Con el brazo en forma de gancho, dejó que el animal se posara delante de sus morros, para investigarlo de una manera sosegada, sin temor a que un antiguo dueño le siguiera con trabuco en mano.

- ¿Qué habrás visto en mí? - Preguntó en voz alta y a la vez retoricamente el cazador de vampiros, estudiando al animal de arriba a abajo. Se suponía que si salvabas a un animal este te debía la vida, no al revés, ni cuando un animal te salvaba. En este caso parecía que Jack le debiese la vida al águila, que parecía no tener una raza como tal. La llamaría Réptaculoide, no. No era nombre épico ni majestuoso, se quedaría con Horus, y a partir de ahora no la llamaría de otro modo. - Te debo la vida y quieres cobrarla, ¿Eh, Horus? - Dijo para sí mismo. - No te menosprecies, eres feo, pero no inútil - Horus habló.
Jack se quedó boquiabierto, incrédulo apartó el animal de sus brazos, obligándolo a agitar sus alas para mantenerse a la misma altura.

- ¿Nunca has visto a un animal que habla? Si hablamos todos, y a todas horas. Eres un chalado tío, vuelve a poner el brazo que me canso que no veas colega.- Volvió a hablar, tenía un tono de voz parecido al de un adolescente, y las formas de hablar parecidas también. Jack puso el brazo para que pudiese sostenerse el animal, que lo recibió con un gracias.
- ¿Vas a pillar algo de papeo o qué? Tengo hambre tronco -

(…)

Hoy. Puerto de Phonterek.

- En el cartel ponía que había que estar allí antes del tercer día. Así que vas llegando ya tarde. Ya te lo dije yo, aunque no te guste, tendrás que levantarte pronto. Pero tú: “No, que llegaré, no te preocupes” Es la última vez que me preocupo por tí, eres insolente y me pones de los nervios. - Horus hablaba mientras volaba alrededor de Jack, que iba corriendo hacía el puerto, esperando no llegar tarde a aquel trabajo que esperaba, lo librase de todas sus deudas economicas. Decidió volver a leerlo mientras corría, o hacer que Horus lo hiciera, todo esto en movimiento.
Y así, extendió el papel y se propuso a leerlo con un ojo mientras que con el otro procuraba no chocarse con alguien o contra algo.

Y así decía: “SE BUSCAN FUERTES GUERREROS, HABILES ARQUEROS, MAGOS SIN IGUAL, PARA LIMPIAR LAS TIERRAS DE DULLAHAN DE LOS MUERTOS VIVIENTES, SE OFRECE UNA GRAN RECOMPENSA, HONORES INIGUALABLES, UN NOMBRE EN LA HISTORIA DE ESAS TIERRAS Y FAMA SIN IGUAL, QUIENES DESEEN EMBARCARSE EN ESTA AVENTURA, DIRIJASE AL MUELLE DE PHONTEREK ANTES DE QUE LAS TRES LUNAS ESTEN LLENAS, EL BARCO “EPADA DE DEMOCLES” LES ESTARA ESPERANDO”


- Estos carteles son muy confusos, ¿Antes de tres días? ¿Desde hace cuanto? - Iba graznando Horus, pero Jack, con una sonrisa en su cara paró en seco. Al final de la calle, después de una subida de nivel y bajando una cuesta... ahí estaba el muelle de Phonterek, y en él un pequeño barco pero bien equipado y adornado. Mucha gente se había reunido a su alrededor. - ¿Lo ves? Hemos llegado, ahí está - Dijo Jack, sonriente y satisfecho. - ¿No me digas? Denoto cierto racismo en tí, seré un ave, pero también tengo ojos ¿LO SABÍAS? - Inquirió Horus. Llevaba sólo tres días con Jack y la confianzas entre ambos eran dignas de admirar, ni siquiera los mejores amigos se trataban así.
- Eres una rata con alas, si no estuvieses molestandome todo el rato... - Respondió Jack, acariciando a su híbrido amigo. Por mucho que pareciese, todo eso que decían denotaba buen rollo en sus pronunciaciones.

Y sin esperar más, volvió a la carrera para llegar a la Espada de Damocles. Subió al navío y allí, con Horus apoyado en su hombro, se sentó en un banco que estaba amarrado al mástil y esperó a que partieran en dirección a "Nosedondelandia" donde miles de aventuras y recompensas le deparaban. Le esperaba un futuro brillante con su nuevo amigo Horus. Que era más impertinente que una rata de cloaca, pero fiel.
Franz Krieger
Franz Krieger

Mensajes : 421
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Björki Gotriksson el Sáb Abr 07, 2012 2:18 am

-¡Otrra!-

-¡Marchando!-

El tabernero me trajo otra jarra de cerveza llena hasta arriba, y en apenas unos segundos me la bebí. ¡Por Karzûn, que aquella taberna sí vendía buena cerveza y no el meado de cabra que suelen vender la mayoría de posaduchas de mala muerte de los humanos! Llevaba bebiendo desde las... ¿Siete de la mañana? Aproximadamente, sí. Estaba trabajando como guarda de taberna para mi compatriota, pues el posadero, al parecer, también venía de los reinos enanos, y al ver a un congénere en apuros económicos, decidió ofrecerme algo de ayuda. Comida y bebida gratis si a cambio evitaba que los borrachos del lugar tuvieran broncas en su local. No era la primera vez que ejercía ese trabajo, no sería la última. No era gran cosa, pero hasta que surgiera algo mejor, ¡joder, al menos tendría cerveza gratis!

El día no había sido muy movido, pues al parecer mi aspecto intimidaba a la mayoría. A las cinco de la tarde un par de borrachos habían empezado a pelearse, pero gracias a la diplomacia y la persuasión, o lo que vendría a ser lo mismo, gracias al puño derecho y al puño izquierdo, logré convencerles de que pelearse en aquél lugar no era buena idea. ¡Y encima les hice un servicio, porque gracias a mí nunca más deberían preocuparse de visitar a un dentista!

A medida que transcurrían las horas y el alcohol iba circulando por mi estómago, empecé a deprimirme... ¿Por qué? Desde aquél par de borrachos, que no me supusieron ningún reto, nadie más había intentado iniciar una pelea en la taberna. Sin embargo, aquella noche parecía que las cosas iban a ser más movidas, pues apenas cayó el sol, entró un grupo de hombres, todos musculosos y con cara de pocos amigos. Nada más llegar, ya lo hicieron metiendo ruido, pero como no intentaron pegar a nadie y no quisieron meterse conmigo, no pude darles de hostias. A pesar de todo, al cabo de un rato, en su mesa montaron un pequeño espectáculo. El más grandote y fuerte de ellos se proclamó como el señor de los pulsos, diciendo que no existía ser lo suficientemente fuerte en Noreth como para derrotarle en un pulso. Me di la vuelta desde mi taburete, observando como, uno tras otro, los incautos borrachos que se creían más fuertes que ese tío iban siendo vencidos y, obviamente, perdían su dinero.

Al cabo de un rato, ya nadie intentaba ganar a aquél hombre, y los matones, supongo que ya algo alcoholizados, empezaron a reírse de los parroquianos, y el mismo "señor de los pulsos", empezó a gritar, entre risotada y risotada:

-¡Todos los de esta taberna sois unos debiluchos! ¡No podríais vencer ni a un goblin raquítico! ¡Vamos, ¿es que no hay nadie con los cojones bien puestos aquí o qué?!-

Un golpe resonó por todo el local, proveniente de mi jarra de cerveza al ser depositada algo bruscamente sobre el mostrador. Con mi característica voz rasposa y grave, le respondí a aquél humano con aspecto de gorila:

-Yo me ofrrezco a hacerte trragar tus palabrras, gorrila. No te prreocupes que tendrré cuidado. No me harría grracia que tu madrre se prreocuparra al ver como te tiras a sus faldas llorriqueando. ¿Cuál es la apuesta, carra de simio? Yo me juego mi hacha.-

El hombre enrojeció de rabia mientras sus compañeros, cuatro hombres, empezaron a reírse a carcajadas, con un rostro que mezclaba estupefacción con una inmensa risa. No se acababan de creer que yo hubiera sido capaz de insultar de aquella manera a su compañero, y ahora querían ver como él intentaba ponerme en mi lugar. Cómo me iba a reír. El hombre me miró y me dijo, escupiendo las palabras:

-Te haré tragar tus palabras, paticorto apestoso... ¡Me apuesto todo lo que he ganado esta noche! Vas a quedarte sin tu preciosa arma, tapón...-

Solté una carcajada y me senté frente a él, poniendo el brazo en posición. El hombre hizo lo mismo y nuestras manos se tomaron. Tras eso, uno de sus compañeros puso su mano sobre las nuestras para dar el pistoletazo de salida. En ese momento, yo le dije al humano, riendo ligeramente:

-Te doy permiso parra usar las dos manos. A lo mejor así tu derrota no serrá tan humillante.-

El hombre apretó sus dientes, y en el momento en el que su compañero retiró la mano, empezó a hacer fuerza. Había que reconocerlo, no era débil, pero... Jé, su fuerza no era como la de un orco, eso estaba claro. He llegado a echar pulsos con orcos que han durado media hora por lo menos. Aquél humano no sería un reto, eso me quedó claro desde el primer momento. Le dejé hacer fuerza durante un minuto aproximadamente, en el cual yo ni siquiera enrojecí de esfuerzo, y alzando la ceja del ojo sano, le dije al cara de simio, tras bostezar fuertemente:

-Me estoy empezando a aburrir, debilucho... Crreo que es horra de acabar esto.-

Lentamente, empecé a mover la mano, haciendo que la suya retrocediera poco a poco, pues tampoco iba a partirle el brazo. Prefería que se cabreara ahora, así a lo mejor sus compañeros luego cometerían el error de querer atacarme. Un golpe seco sonó finalmente, al tocar el dorso de su mano contra la madera de la mesa. Cogí mis ganancias por la apuesta, y tras darle unas palmadas en el hombro, le dije al humano:

-Buen intento, carraculo, perro hasta mi abuela podrría haberte derrotado. ¡Ah, y grracias por el dinerro!-

Estaba dirigéndome de nuevo a la barra cuando una jarra de cerveza impactó contra mi espalda. He de reconocer que dolió un poco, pero cosas peores había recibido, así que sencillamente, me di la vuelta, empezando a gruñir. Nada más dar la vuelta, vi que el hombre al que acababa de ganar trataba de patearme la cara. Craso error. Rápidamente le agarré de la pierna, y de un rápido movimiento lo levanté por encima de mi cabeza, estampándolo de cara contra el suelo. Un espantoso sonido recorrió toda la taberna mientras sus dientes pasaban a formar parte de la decoración del enlosado. Sus compañeros vinieron a por mí rápidamente. El primero de todos llevaba un taburete e intentó estamparlo contra mi cabeza, pero levanté los brazos, cubriéndome así del golpe. El taburete se hizo pedazos, y el matón tardó unos instantes en darse cuenta de que se lo había cargado. Rápidamente le hice la combinación estrella de mi repertorio de lucha de taberna: Puño, codo, patada. Mi puño derecho se estampó contra su diafragma, haciendo que se doblara sobre sí mismo, vomitando todo lo que había bebido. Rápidamente, con el codo, le golpeé en la espalda, haciéndole crujir la columna vertebral, lo cual lo dejó estirado en el suelo, aunque aún consciente, y rematé la jugada dándole una patada en la cabeza con las botas de punta de acero. La inconsciencia fue instantánea.

Pronto se lanzaron otros dos a por mí, a los cuales despaché de forma rápida, pues ambos intentaron darme un puñetazo, pero antes de que lo lograran, les agarré las manos, para seguidamente hacerles moverse bruscamente hacia adelante, chocando las cabezas de ambos de forma estrepitosa, cayendo también al suelo, inconscientes. Miré entonces al último, el cual por su estado etílico aún no comprendía muy bien que acababa de tumbar a sus cuatro compañeros como si fueran muñecos. Se lanzó corriendo a por mí sin mucha táctica, y yo decidí hacer lo mismo, poniendo el hombro por delante. Cuando estuve más cerca, di un salto, cayendo sobre su vientre con todo el peso de mi cuerpo, lo cual le hizo soltar todo el aire de una sola bocanada. Quedé encima suyo, momento en el cual le agarré de las sienes y, levantándole un poco la cabeza, descargué un golpe con mi frente contra su cara. Sus dientes saltando por doquier y su nariz rota fueron el resultado de aquella acción.

Poco después terminó la jornada. Los cinco matones en aquél momento estaban tirados sobre un montón de estiércol que había al lado de la taberna, regados además por mi orín, pues, al fin y al cabo, después de beber tanta cerveza, tenía ganas de mear, y para no ensuciar las comunas, pues... Aproveché aquél montón de basura móvil. Tras eso, ya sí, pude irme a dormir. Al día siguiente, no me despertó el tabernero, si no los gritos de un mozuelo humano que decía no sé qué de un reino llamado "Dullahan". Sólo atendí a tres partes: "No-muertos", "se buscan guerreros" y "Espada de Damocles", o algo así. Miré a mi camarada de la taberna y él asintió. Sabía que encontraría un buen sustituto para mí. A mí me llamaba la aventura. Así pues, cogí mi hacha y mi mochila de viaje y salí a la calle.

Al cabo de unos minutos ya había llegado al puerto. Sin embargo, había algo que no me gustaba nada... Desde que había llegado al puerto que mi hacha se había puesto a brillar con una luz muy intensa, tanto que casi parecía haberse vuelto blanca, y cuando la apuntaba hacia el barco destrozado que había en el puerto, el brillo se hacía, si podía ser, más intenso que de costumbre. Muchos me miraban extrañados, y mientras me acercaba al Espada de Damocles, no pude evitar decir en voz alta, lo suficiente para que me escucharan todos los que se acercaban al barco preparado para partir:

-Hay un gran mal en el barco semihundido... Un mal que emponzoña todo el puerto... Joder... Odio los barcos... Odio el mar... Perro por encima... ¡Odio la puta magia maligna!-

Decidí que lo mejor sería subirse al Espada de Damocles, aunque por si las moscas, ya desde entonces estaría empuñando con ambas manos el hacha. Me fijé que varios aventureros aferraban sus armas, sin desenvainarlas, pero teniendo ya las manos en las empuñaduras, alertados por mis palabras. Mejor. No me gusta hacer de niñera de nadie.
Björki Gotriksson
Björki Gotriksson

Mensajes : 86
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Bugnar el Sáb Abr 07, 2012 8:38 pm

Un fuerte hedor a pescado impregnaba el puerto. Las gaviotas y cormoranes hacían guardia desde el cielo, para descender en picado cuando un nuevo pesquero descargaba su mercancía. Era temprano por la mañana; el alba creaba un cielo irreal, de color púrpura. Una fría brisa marina soplaba de poniente, trayendo consigo la salitre del mar. La mar estaba encrespada aquel día. Las olas se ajetreaban, dejando tras de si un rastro espumoso. Cada vez eran más los pesqueros que llegaban. Era día de mercado, y los pescadores habían pasado una semana fuera, mar adentro, en busca del atún. Los tenderetes del mercado, preparados ya desde la noche anterior, empezaban a mostrar sus productos al público. A lo lejos se oía el gritar de las subastas en la lonja. Eran meses de vacas flacas, y los precios estaban por las nubes. De vez en cuando empezaba a oírse las melifluas y serviciales ofertas que propagaban los mercaderes. A pesar de que aun era oscuro, el bullicio había empezado. En apenas unos minutos las tabernas de toda la ciudad habían enviado a sus encargados a comprar el pescado más fresco y barato. Aparte del pescado, y beneficiándose del gentío, otros mercaderes intentaban ganarse clientela con sus encandiladores argumentos. Telas, arroz, pergaminos, libros, fruta, algodón… todo lo que un buen día de mercado debía tener estaba allí. Las prostitutas se habían acercado para pescar a algún hombre dispuesto a hacer ejercicio tan temprano… seguramente algún pescador cansado de estar rodeado de hombres durante una semana entera. Y entre los gritos de la gente y las aves que rondaban en los cielos, Bugnar tenía un horrible dolor de cabeza.
Una terrible resaca arrasaba con su sien sin compasión. Era un mal bebedor, y había tenido la osadía de sentarse junto a un enano y entablar una conversación. Aquella pérfida criatura lo había tentado con sus locas historias, todas ellas inventadas sin duda, y había conseguido emborracharlo de mala manera. Y ahora, por la mañana, hacía apenas una hora, se había despertado sin un centavo y tirado en medio de un callejón, con un tremendo dolor de cabeza. No sabía si había sido el enano, si este sólo era un compinche del ladrón o tan sólo era un gran bebedor sin relación alguna con la desaparición de su dinero. Se encontraba realmente en una pésima situación, de la cual no acababa de ver la luz. La vida en la ciudad sin dinero era realmente cruel. Tanto tiempo vagando por los bosques y montañas de Noreth había convertido a Bugnar en un ermitaño, su experiencia en sociedad se había oxidado de mala manera. Antaño, ni se hubiera planteado beber tanto con un desconocido… soltó un suspiro de resignación. Por lo menos conservaba la daga y las tizas de invocación. Con eso podría ganarse el pan.

Había bajado al puerto para que la brisa le aclarara las ideas, pero no había calculado ese bullicio. Se alejó del gentío a grandes zancadas, dejando atrás la parte transcurrida del puerto. Fue allí donde vio por primera vez a La Espada de Damocles y su tripulación. Lo primero que llamó la atención al mago fue el estado en que se encontraba la embarcación. Era una carabela pequeña, pero compacta y bien diseñada. Sin duda estaba preparada para los asaltos piratas. Pero la proa estaba en un estado lamentable. La estatua que presidia el barco estaba hecha trizas. La vela mayor, que en esos momentos estaba siendo retirada, estaba rajada por varios sitios. La cubierta tampoco se había salvado del ataque pirata… quemaduras por todos sitios y alguna brecha, haciendo sobresalir los tablones de madera de forma grotesca. A pesar de ello, la tripulación estaba en frenético movimiento. Parecía que querían marchar pronto y tenerlo todo listo para ese mismo día. Llamó la atención a Bugnar un pergamino escrito en grandes y negras letras. La caligrafía era horrible y la ortografía aun peor, pero el mensaje era claro. El barco necesitaba mercenarios para combatir a una plaga de no-muertos en sus tierras. Muy descuidados por su parte. De haber sido más listos habrían puesto que necesitaban ayuda con unos bandidos. Con ese cartel lo único que conseguirían sería ahuyentar a la clientela. Bugnar era, como otros pocos, una excepción. Las maldiciones eran siempre una gran tentación para el mago. No sólo a nivel monetario; como mago, y especialmente como invocador, Bugnar tenía una atracción fatal hacia esa clase de sucesos.

Dio media vuelta y se marchó por donde había venido. Si quería aventurarse a completar aquella aventura, debía prepararse bien. De seguro habría algún ocultista en la ciudad que le vendiera algún libro a cerca de maldiciones…

- No puede vendérmelo…- repitió Bugnar al librero.
- A ver si te cabe en esa cabeza blanca que tienes viejales satánico, no tengo ningún libro con esas características, así que vete. Me estas empezando a llenar el local de un hedor terrible y me asustas la clientela.

Le hizo unos gestos con las manos para que el mago se fuera de la tienda. Bugnar, resignado, se marcho de aquel lugar con olor a incienso. Sabía que el vendedor mentía. Y lo sabía porque había sobornado a su ayudante. Bien, más que sobornar lo había encandilado. Su súcubo, Vanshaz, podía ser muy persuasiva cuando se lo proponía.

La negativa del librero se debía probablemente a la influencia de los Iluminati en la zona. Aquella secta de burgueses anti magia se la había jugado en más de una ocasión. Unos locos cerrados de mente sin más motivación que la represión y la persecución de unos ideales absurdos. Los Iluminati prohibían la venta de aquel tipo de libros… y eso complicaba las cosas a Bugnar. Pero aquello sólo retardaba lo inevitable, ese libro sería suyo, fuera cual fuera el precio. Por suerte, para esos casos contaba con la inestimable ayuda de Vanshaz. Pasados dos días, cuando supo dónde vivía el librero y cuáles eran sus hábitos, Bugnar decidió mover ficha.

La noche restaba tranquila, y las antorchas iluminaban las calles con un toque siniestro. Un calor insoportable que asfixiaba a los pocos transeúntes que por aquellas paseaban restaba en el ambiente.

Bugnar estaba en un callejón en frente de la casa de Nathan, el librero. Su mujer trabajaba de noche en un telero, por lo que nadie salvo sus dos hijos pequeños y Nathan estaban en la pequeña casa de madera. El mago contempló cómo de la ventana del piso superior, la última vela que restaba encendida era apagada por el librero. Se habían ido a dormir. El mago realizó un circulo de invocación en el suelo. No necesitaba luz para hacerlo, lo había dibujado tantas veces que con los ojos cerrados era capaz. Pronunció las palabras del ritual de invocación y se produjo un destello de luz púrpura.

Bugnar dio un paso atrás. La súcubo apareció de la nada, con las alas replegadas y una mirada profunda y malvada. Por un momento, el aire se cargó de azufre. Eso hizo toser a Bugnar, que aun no se acostumbraba a aquel pestilente hedor. Antes de que la demonio pudiera decir nada, Bugnar, a través de su conexión mental, le ordenó:
“Hay una persona en esa casa de la que quiero que te ocupes. Mantenlo entretenido hasta que yo te diga”
La súcubo esbozó una sonrisa nada agradable. Se acercó a Bugnar, que se tensó al momento. A pesar de mantener el control sobre la invocación, Vanshaz siempre era peligrosa. Le rodeó con sus brazos y alas, mientras le lamia la oreja con fruición. Bugnar hubiera hecho una mueca y la hubiera apartado de un empujón si no supiera que eso la divertía aun más. Se dejó hacer, como una estatua, imperturbable, sin cambiar el rostro ni un momento. El asco que sentía por aquel ser era superior a él, pero mantuvo la compostura. Tras unos segundos de ronroneos e insinuaciones, la súcubo se cansó de jugar.

“No te pongas así mi vida… se te ve tenso” le espetó la demonio con un tono jovial.

Ante la mirada del mago, la demonio emprendió el vuelo hacia la casa. Esta abrió la ventana y se coló en la habitación. Antes de que Bugnar entrara por la puerta principal, aun alcanzó a oir un grito ahogado del librero

- Pero qué demonios…- alcanzó a decir, antes de que la demonio se le abalanzara.

Pero el mago tenía cosas más importantes que hacer. Forzó la puerta de entrada con una palanca que había llevado para la ocasión. La madera cedió rápidamente. Un librero y una costurera no podían permitirse demasiados lujos.
Una vez dentro, empezó a registrar toda la casa, de arriba abajo. Pasada media hora, aun no había encontrado lo que buscaba. Pero tampoco había mirado en la habitación del Librero… subió las escaleras poco a poco, intentando evitar el crujir de la madera. A medida que se acercaba a la habitación, que tenía la puerta entreabierta, comenzó a sentir unas fuertes respiraciones, acompañadas de unos inconfundibles gemidos. Empujó la puerta muy lentamente. La habitación estaba a oscuras y apenas se veía nada, pero podía ver claramente dos cuerpos revolviéndose entre la cama. El librero embestía con fuerza a Vanshaz, que emitía unos gemidos bastante creíbles. La escena era realmente perturbadora. El hombre estaba completamente fuera de sí, embistiendo cada vez más fuerte a la súcubo, que lo abrazaba con los brazos y pies, sin dejarlo escapar. Durante un momento, las miradas de Bugnar y la súcubo se encontraron. El mago, perturbado por la sonrisa del demonio, apartó la vista. No quería ver aquello, le daba asco.

Sin hacer ruido y con una calma pasmosa, empezó a buscar concienzudamente lo que buscaba. Y su metódico método dio resultado. El libro, de un tomo grueso de cuero, reposaba en la estantería de roble que se apoyaba en una pared. En silencio, Bugnar salió de la habitación.

Bajó de nuevo las escaleras y se dispuso a marchar por la puerta principal cuando vio a una patrulla rondar la zona. Eran cinco guardias armados hasta los dientes y con fuertes armaduras. Bugnar, sin pensárselo dos veces, volvió a entrar en la casa. Pero cuando se giró, vio algo que le heló la sangre. Un niño de apenas siete años lo estaba mirando desde el recibidor. Lo observaba con unos ojos abiertos de sorpresa y espanto. Bugnar sabía que estaba a punto de chillar. El niño iba a abrir la boca para soltar un grito… pero nunca llegó a pronunciarlo. Bugnar fue más rápido. De dos zancadas rápidas, Bugnar se situó en frente del niño y con un rápido movimiento, desenfundó la daga y le cortó el cuello, mientras que con la otra mano, le tapaba la boca. Debió sentir bastante dolor, porque mientras Bugnar lo sujetaba para que no cayese desplomado, el niño dejó ir un torrente de lágrimas. La vida se le escapaba, y Bugnar había sido el responsable. Pero no sentía nada. El hecho de no haber tenido remordimientos fue quizás más duro para Bugnar que el propio hecho de haber matado a un niño. Si no lo hubiera hecho, lo hubieran descubierto los guardias, que alarmados por el grito se hubieran presentado en la casa en pocos segundos. Bugnar salió en silencio de la casa, mientras un charco de sangre manchaba los tablones de madera del suelo.

No se podía creer que estuviera en un barco. Al final, el hambre, la recompensa y la prespectiva de no-muertos había empujado a Bugnar a subir a la embarcación. Le daba pánico el agua, y mucho más un trasto que circulaba por ella, balanceándose de arriba abajo. Pero estaba sin un céntimo, y el asesinato que había cometido anoche se esparciría como la pólvora. De un modo u otro, debía salir de la ciudad, y rápido.
La brisa fresca del mar auguraba un viaje movido y de constantes mareos para Bugnar…



Fallen Kingdom Capitulo Uno. FirmaB2
Bugnar
Bugnar

Mensajes : 92
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Zyrxog el Sáb Abr 07, 2012 10:29 pm

“Levántense guerreros míos, levántense de sus cálidos lechos, es tiempo de que vuelvan a contemplar la luna, es tiempo de que sacien su hambre, el mundo les ha rechazado, el mundo les ha negado, olvidando sus existencias y caminando sobre sus cuerpos, despierten, porque es hora de que vuelvan a caminar sobre la tierra que les olvido”

Las olas lentamente mecían aquel barco, mientras poco a poco los guerreros llegaban, hombres curtidos en batalla, ladrones y bribones, hechiceras de pronunciadas curvas, sacerdotes castos que con sus símbolos sacros trataban de dar aliento a quienes no lo necesitaban, era un grupo muy variopinto, humanos y elfos, antropomorfos y enanos, cien razas, sien rostros, aunque no todos podrían participar en esta batalla, mientras la muchedumbre se agolpaba en el muelle, varios hombres, la mayoría mercaderes se abrían paso entre esta, muchos de canosas barbas, amplios vientres, otros más delgados, con cristales sobre sus narices afiladas, la Cofradía de Mercaderes, claro que aquella misión era para salvar al reino de Dullahan, o eso pensaría cualquiera, mas como todo, habían dobles intenciones, el gremio no hubiera dado ni una moneda para esa misión, si no pensaran que el reino de Dullahan podría ser un buen negocio, sus verdes tierras, claro después de ser limpiadas de los no muertos, serian una gran riqueza para los mercaderes y un tratado de comercio daría grandes ganancias a los ya adinerados hombres.

Los mercaderes caminaron hasta quedarse en la pasarela de la Espada, era un barco bueno, aunque igualmente dañado por el tiempo, mas soportaría el viaje tan acelerado que habían montado, el enviado de Dullahan agradecía la cordialidad de los mercaderes y prometía hablar de ella con su rey, el barco no era un buque de guerra, por lo que no todos podrían pasar hasta él, como si fuera una formalidad una mesa se instalo en la pasarela del barco y mientras los mercaderes se sentaban, los aventureros se acercaban, muchos de ellos eran rechazados, algunos únicamente por su corta edad o otros por la avanzada edad de estos, de todas formas el grupo que subía al barco, lentamente aumentaba, cabe destacar que el hecho de que los mercaderes estuvieran ahí no era al azar, si no que velaban por sus intereses, no les hubiera agradado que algún guerrero de los nobles intentara sabotear aquella misión, y como si fuera extra, habían traído a sus propios guerreros entre los demás, mientras uno a uno subían, el enviado estaba nervioso, caminaba de un lado a otro jugando con sus dedos con clara desesperación de la situación, aun así, un mercader lo tranquilizo, diciendo que en una hora el barco ya estaría rumbo a Dullahan, el enviado solo esperaba que el reino aun existiera cuando llegaran.

Mientras el enviado era tranquilizado, en la cubierta, una bella elfa se mantenía a la espera de zarpar, su tez oscura podría ser confundida con los drow, pero su origen era mucho más misterioso, ya que pertenecía a aquellos elfos que tenían a la luna como su diosa y bajo su luz vivían en armonía con la naturaleza, una alfa nocturna, su arco siempre preparado y su capucha cubriendo su figura, a su lado un enorme felino se mantenía impaciente, ya que el agua no es lugar para animales como esos, especialmente cuando el viaje puede ser movido, la mujer tenía suerte de que cubriera su apariencia, no por su color de piel si no por su sexo, entre la tripulación solo habían dos mujeres abordo y siendo todos los demás hombres, podrían suceder situaciones claramente incomodas, especialmente si alguno de esos hombres intentaba sobrepasarse con la bella elfa, mientras ella se mantenía sumida en sus pensamientos, entre los rudos hombres alguien se le acerco, haciendo una reverencia muy suave, su pantera levanto las orejas y miro al extraño, sus ropas de metal y tela, su cabello tan dorado como los rayos del sol y una piel tan clara como la leche más fresca, una sonrisa era dirigida hacia la mujer, mientras con suave voz se presento.

-Mis disculpas “My Lady” por este atrevimiento *mientras volvía a erguirse* no pude notar la magia que irradia, mi nombre es Ferris, humilde invocador de los bosques de Silvide, y como usted, soy voluntario para limpiar las tierras de Dullahan, si mi presencia le molesta dama, con gusto me retirare, aunque ¿seria mucha la osadía si pregunto? ¿Que le ha llamado a esta noble misión? –

La elfa claramente podía rechazar la compañía de aquel elfo, claro que sus modales eran de los más nobles, pero en aquel lugar no podía confiar en muchos y menos cuando acarrear con los demás podría costarle la vida, de todas formas a su felino compañero parecía no molestarle su compañía, y aquello significaba que no habría peligro en el… pero ¿hasta qué punto los sentidos son confiables?

Mientras ambos elfos se encontraban juntos, un cazador subió a bordo, claro que su apariencia no daba muy buena espina, pero demostraba que no era un simple cazador de mala muerte, tanto espada como armas se encontraban siempre a mano y sobre su hombro una criatura que a más de uno aterraría, la mezcla entre tantas especies y sus enormes ojos parecían tratar de buscar el mejor momento para apuñalar el corazón con su aguijón, aun así como era común ene l, se dirigió hacia el lugar más apartado que podía encontrar, por suerte un pequeño banco se encontraba libre y tomando asiendo en el comenzó a charlar con la que sería su ave, mas antes de que realmente pudiera sentirse cómodo alguien le hablo desde arriba, levantando su cabeza se encontró con una mujer que le miraba fijamente con una sonrisa.

-Así que el famosísimo Jack Cross a decidido ingresar a esta aventura, que felicidad… podre ver por fin a un verdadero cazador de monstruos y no esos débiles de ocho cuartos-

De un salto dio una pirueta ene l aire y cayó frente al cazador que le miraba seriamente, que conociera su nombre podía significar que su fama se había extendido o que algunos le buscaban, de cualquier manera la chica no aprecia una gran amenaza, pero las apariencias pueden ser traicioneras, con un vistazo se podrían ver las largas dagas que estaban amarradas a sus piernas por gruesas correas de cuero, su ropa no era para protegerse si no para tener movilidad, además su capucha cubría parte de su rostro antes de quitársela, atando cabos, uno podría pensar que la chica era una ladrona o una asesina, cualquiera de las dos opciones no era muy recomendable, de edad no aprecia demasiado mayor, aunque sus atributos eran más que notorios, largas piernas con botas apretadas, un pequeño pantaloncillo que apenas cubría su piel y un busto que de seguro crecería mas con los años, de simple vista la chica era muy bella, especialmente cuando comenzó a comportarse como niña pequeña al hablarle al cazador.

-Mi nombre es Nili ...¿Es tu ave? ¿La cazaste? Me habían contado que eras mucho más joven pero eres jovencito, sinceramente esperaba a un canoso barbón, no a ti ¿y tus armas están baladas en plata? ¿Has matado a muchos licántropos y vampiros?-


La chica parecía una niña cuando preguntaba, pero se notaba que de cierta manera admiraba a Jack, ya que en ningún minuto dejo de sonreírle mientras apuntaba cada cosa que nombraba, el cazador tenia ante el alguien con potencial o alguien de quien preocuparse, su decisión afectaría lo que pasaría más adelante, ya que aun cuando iban a un lugar desconocido, el ir solo podría ser una sentencia de muerte, de cualquier manera todo estaba en las manos del cazador, quizás su experiencia podría ayudarle a decidir o quizás aquella voz de sabiduría … la de su querido compañero alado.

El enano entro abriéndose paso entre los patas largas, aparte de quejarse por lo obvio, parecía refunfuñar con cada movimiento del barco, ya que era claro … los enanos no están hechos para el mar y menos cuando falta la cerveza en los viajes, aun así se coloco cerca del mástil, únicamente porque era el lugar menos movido y más solido, después de sus palabras de muerte y oscuridad, el nerviosismo se apodero de muchos, algunos claramente con menos temple que el maestro enano, quien sin importar el enemigo le enfrentaría sin problemas, y sin mostrar cobardía o desesperación, mientras el enano hablaba refunfuñando, un hombre se le acerco, no se parecía a los demás, ni tampoco a los que hubiera visto, aunque claro, siempre había una primera vez para todo, el hombre en si parecía ser curtido en batallas y así lo demostraban las cicatrices en su rostro, junto al parche en su ojo derecho, vestía ropas ligeras y cómodas, nada de pesadas armaduras, únicamente se podía ver que tenia blindados los brazos y piernas, carecía de armas, por lo que podría considerársele un guerrero cuerpo a cuerpo, súbitamente el hombre que portaba dos pesados barriles en sus hombres los dejo caer cerca del enano, mirándolo de reojo.

-Veo que a los enanos les agrada el agua … siempre pensé que eran como los gatos, erizándose si tenían que ver el mar *hablándole al enano un instante, estirando su mano en forma de saludo* Daggus E. Lorca, cazador de monstruos y tengo el agrado de hablar con … *Daggus espero que el enano dijera su nombre y quizás respondiera el saludo* bueno maese enano, creo que compartiremos esta aventura juntos como todos aquí … aunque le aseguro que no muchos llegaremos a la isla, por lo que me entere … últimamente se han visto monstruos marinos en esa área y la niebla cubre demasiado terreno como para ver los arrecifes … de cualquier manera no importa hablar de los peligros si no enfrentarlos y hablando de ello … le invito una cerveza, que traigo dos barriles para el camino … aunque es probable que si hubiera sabido que vendría un enano hubiera traído el doble Jajaja-

Por su lado alguien mucho más oscuro había subido al barco, quien conocía podo de sentimientos y si mucho de metas trazadas, el invocador no saludo ni se acerco a nadie, simplemente se dirigió hacia una esquina viendo como los demás comenzaban a subir, no tenía intenciones de hacer amistades ni compañerismos, su misión era el dinero y obtenerlo no sería anda fácil, menos si habían varias docenas pensando como él, los últimos aventureros subieron y en menos de lo que uno podría imaginar, los vientos comenzaron a soplar, siendo favorables para la espada, lentamente comenzó a ganar velocidad, mientras un hombre salía del camarote del capitán, su apariencia ruda y tosca lo hacían de temer, un pañuelo en su cabeza y varias cicatrices en su rostro, con desprecio miro a cada uno de los presentes, y tomando aire comenzó a hablar con voz autoritaria.

-Escúchenme perros de agua dulce, me importa pocos si son hijos de prostitutas o tienen más dinero que un rey, aquí mando yo, es mi barco, soy el capitán y si no respetan mis normas, con gusto los arrojare por la borda *haciéndose notar su autoridad* ahora nos dirigimos a Dullahan, una tierra maldita por los no muertos, si quieres ir a llorar con sus madres ahora deben aprovechar, porque una vez entremos a mar abierto, simplemente serán alimentos para los peces, tengo tres simples reglas en MI BARCO *haciéndolo notar* primero, no quiero ver ninguna pelea estúpida, cualquiera que piense que puede luchar sin castigo terminara como comida de peces, lo segundo es que todos trabajaran, no hay escusas, esto no es un viaje de diversión señoritas y entre menos tiempo tengan libre mejor para ustedes y tercero, si se me ocurre otra regla se me callan y la obedecen… *mirando nuevamente al grupo* Bienvenidos a la Espada de Damocles, el último viaje que muchos harán-

El capitán se marcho nuevamente a la cabina, mientras un murmullo general se escucho, claro que muchos hombres estaban en desacuerdo con aquello de seguir sus ordenes, pero bajo la amenaza del capitán, era más que notorio la molestia, aun así, muchos debieron de acatar en los siguientes dos días, al enano lo enviaron a limpiar de la cubierta, cosa que claramente le desagrado, pero bajo la amenaza de ir a tomar un baño y perder su dotación de cerveza no le quedo más remedio que aceptar, igualmente paso a la mujer, quien debió de separarse de su felino amigo, el cual termino encerrado en una de las habitaciones y ella en el palo mayor como vigía, el cazador termino como guardia en la noche, y el invocador sin poderlo evitar, ya que cuando intento usar a su súcubo con el capitán esta termino con los brazos cruzados al ser rechazada por un espíritu superior a lo que ella esperaba, este ultimo termino pelando patatas en la cocina del barco, mientras este avanzaba sin detenerse, en Dullahan las cosas no iban mucho mejor, los muertos vivientes asediaban las puertas día y noche, siempre comandados por Leoric quien como el general que había sido en el pasado, manejaba las tropas como si fueran piezas de ajedrez, asombrosamente las puertas resistían los embistes de los muertos vivientes, pero por cada uno de ellos que caía, otro soldado del reino lo hacía, las flechas pronto se acabarían y cuando eso sucediera, solamente quedaría aguantar con espada en mano, el rey estaba más que impaciente, los días avanzaban y con ello su expectativa de sobrevivir disminuían a pasos agigantados, aunque lo peor estaba por venir.

En la zona más alejada de Dullahan, en un pequeño pantano, una figura delgada caminaba mientras los muertos se levantaban, una figura que desprendía el aroma a muerte y descomposición, mientras levantaba la mano el aleteo de algo inmenso se podía escuchar, algo gigantesco que surcaba los cielos, la figura pronuncio palabras indescriptibles y tan blasfemas que hasta los propios muertos aullaron de dolor por ellas, con esto el aleteo ceso, mientras se dirigía en dirección al océano, en el barco las cosas se colocaban tensas, grupos de hombres pensaban que aquella misión era una sentencia de muerte, otros habían perdido el valor que lentamente desaparecía con cada hora, mientras la elfa visitaba a su compañero, los demás estaban en la cubierta, el aroma a sal era penetrante, como también el del sudor, de todas formas no se podían quejar, el viaje estaba con buen tiempo y en menos de cinco días estarían en Dullahan, luchando contra muertos vivientes … lamentablemente eso tendría que esperar, uno de los vigías, reemplazando a la elfa grito que algo se acercaba, el capitán dejo el timón y grito “Todos a sus armas” una mancha oscura se podía ver contra el cielo, recortándose contra las nubes, mientras una espesa neblina se acercaba a ellos, aquello no era bueno, en lo absoluto, antes de poderse dar cuenta, una enorme sombra les cubrió, junto con la niebla, un grito agudo rompió el tenso silencio y el sonido de varios pies cayendo hasta la cubierta hizo que todos buscaran ese origen, sobre las tablas de madera, esqueletos se levantaban, habían caído desde el cielo, algo imposible pero así era, los esqueletos sin demorar comenzaron a atacar a los que tenían mas adelante, de seguro serian más de veinte, los cuales con espadas melladas y rotas atacaban a los más lentos, un par de estos hombres cayeron, mientras instantes después se levantaban como zombis, algo estaba muy mal ahí, ya que la sombra seguía aleteando y chillando como si fuera una banshee, un par de hombres pudieron derrotar a un esqueleto, partiendo sus cuerpos con garrotes, pero antes de poder celebrar, desde el cielo cayeron dos nuevos, los cuales inmediatamente comenzaron a luchar.


Fallen Kingdom Capitulo Uno. Mgj2

Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Illithid
I Eat Your Brain Muajaja

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Glare_by_HomicidalManda

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Index

Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
Zyrxog
Zyrxog
Señor de la Muerte y Putrefacción

Mensajes : 523
Edad : 32
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Franz Krieger el Dom Abr 08, 2012 4:33 am

Una femenina voz mencionó su nombre, Jack alzó la vista curioso, viendo a una mujer que acto seguido daba una pirueta en el aire, haciendo un tirabuzón y aterrizando con gracia felina delante del cazador. Su apariencia denotaba una prematura edad, de rasgos suaves y finas curvas. La carencia de ropa dejaba poco a la imaginación, y una vez apartó el pañuelo de su cara mostró una tez pálida. No tendría más de diecisiete años, sin duda era una niña aún, aun por su apariencia tan lujuriosa a la mirada de Jack, pensar lascivamente era considerado pedofília. ¿Sus padres sabían que estaba ahí? No, en esos casos normalmente los chavales se quedaban huérfanos y vagaban por ahí como ladronzuelos, simples pícaros. Si esa niña, Nili, era tal y como pensaba Jack eran parecidos, pues la infancia de Jack fue tal y como había dicho antes.
El cazador se levantó y chistó a Horus para que volase libremente, pero que estuviese cerca. Ya habían hablado sobre posibles ligues, si Horus traía una pájara Jack estaba obligado a irse y darles intimidad, de la misma manera que Horus le daría intimidad a Jack si la necesitaba o la quería. Ya que tendrían que convivir esas cosas tenían que hablarse.
Y así, el águila voló en círculos unos instantes y se posó cerca de Nili y Jack, en una distancia óptima para escuchar lo que hablasen el cazador y aquella bribona.

- ¡Pero tiratela ya! - Graznó Horus, Jack lo entendió perfectamente y sólo esbozo media sonrisa, en cambio Nili oyó un graznido, Horus lo sabía, Jack le había contado todo eso de que los humanos no entendían a los animales y ahora el muy cabrón se aprovechaba de eso. - Paso a paso Nili, ¿Cuántos años tienes? - Preguntó Jack, acallando el interrogatorio de Nili, la verdad es que era la primera fan que encontraba en Noreth. Con acallada voz la mujercita respondió: - Tengo dieciseis, pero soy toda una... - Jack no permitió que hablara más, agarrándola del brazo con fuerza y llevándola fuera del navío, pero unos hombres soltaron el amarre y le bloquearon el paso con un empujón. “Nadie se va de aquí ahora”, le respondieran impertinentes, Jack agarró del cuello al hombre y lo apartó violentamente, pero el barco ya estaba en movimiento y el puerto quedaba lejos. - ¡No me iré de aquí! - Alzó la voz la muchacha, revolviéndose de Jack y parando el conflicto que se avecinaba entre Jack y ambos marineros. Horus observaba la escena desde el fondo, preparado para saltar sobre la cabeza de alguno de los piratillas pues Jack y él eran colegas de guerra y había que defenderse mutuamente. Apenado por que al final no hubo guerra se resigno y se cabreó, pues su sed de sangre no se había saciado.

Nili se alejó de Jack refunfuñando, mientras, Horus soltaba una carcajada en forma de graznidos, viendo como su compañero era todo un “casablanca” como las damas. - No vales ni como pedófilo, pringado - Bromeaba Horus de fondo, alicentando las ganas de matar de Jack, pero en cambio sólo, sonsacándole una sonrisa en su interior. Y es que la maldita rata voladora tenía su gracia, qué pena que sólo lo entendiese él.
Nili estaba cabreada con Jack y ahora lo último que quería era hablar con él, seguramente se había sentido sola mucho tiempo y ahora si una persona totalmente desconocida actuaba de una manera sobreprotectora sobre ella no era del todo afable, era más bien comprensible. Aunque no tenía mayoría de edad, era incapaz de elegir sobre sí misma, pero aún así, Jack no era quien para decidir por ella.
Y por ello, el cazador se acercó y le puso una mano en el hombro, sin agarrar, sólo dándole calidez a la situación.

- Perdona, no dudo sobre... bueno en realidad, sí dudaba que pudieses defenderte a tí misma, ya sabes, esta misión está bien remarcada en peligrosidad - Se disculpó Jack, totalmente creíble. Casi tan veloz como un rayo Nili le puso una daga en el cuello. Esto hizo que Jack alzase la vista y la mirase de reojo, tragando saliva y mostrándose afectado, ya se sabe, asustado. Aunque en realidad no la veía capaz de rajarle el cuello a alguien así por que sí, era más de ese tipo de personas que mataban por necesidad, una felina asustada.

- Eres buena con las armas, pero no una asesina... Aún así te falta práctica - Dijo Jack, arqueando una ceja y señalando un cuchillo que rozaba el cuero que protegía el corazón de Nili, pues Jack era hábil y había conseguido llevarlo hasta allí sin que ella se enterase. Y él fue el primero en guardar el arma, seguido por ella.
- No permitiría que matasen a una jovenzuela delante de mí si yo pudiera permitirlo. - Musitó Jack, mirando al horizonte de la mañana. Nili esbozó una sonrisa. - Tranquilo, no dejaré que te maten - Dijo bromeando, o a lo mejor no. El caso es que luego le arreó unos golpecitos a Jack en el hombro y luego, como una ráfaga de viento se fue volando de allí, perdiéndose en los pasillos del interior del navío.
Jack clavó su mirada en Horus y le esbozó media sonrisa.
- Pagafantas... -

Mientras avanzaba el día y la tropa aún estaba desorganizada en cubierta, el capitán salió y empezó a otorgar trabajos a la gente, a Nili le tocó ayudar en la cocina, junto a los que pelaban patatas y todo eso. Parecía que los más débiles y todos esos eran destinados a labores más ínfimas y degradatorias como la cocina. Jack personalmente no era machista, pero había sido inculcado en ciertos valores que ridiculizaban a muchos grupos sociales, era de lengua suelta y a veces sin pensarlo los chistes se le iban de las manos.
Personalmente, le tocó hacer vigilancia nocturna con otros dos individuos, un tuerto y un vikingo del norte cuya melena ondeaba con las ráfagas de aire nocturnas.
A Horus le gustaba perderse de noche, era ciertamente, un animal nocturno, así que en sus vigilancias nocturnas Horus se iba por ahí, cerca del navío, y graznaba a veces charlando con Jack mientras daba vueltas en círculos alrededor del La espada de Damocles. A veces también charlaba con sus compañeros el tuerto y el vikingo, traducido mediante Jack, que hacía de interlocutor entre Horus y ambos tipos.
Esas dos noches fueron bastante extrañas, divertidas y a la vez aburridas, y es que Jack era un tipo extraño.
También, cuando no le tocaba limpiar puerros ni otros vegetales, Nili charlaba con un agotado Jack que acababa su turno nocturno, hablaban sobre un parecido pasado, formaban un estrecho vínculo. Y es que Jack había adoptado cierta relación de protección sobre Nili, la veía como una especie de hija que nunca tuvo, tan parecida a él, con ganas de aventura, odiaba la compañía que la veía inferior pero aún así, necesitaba la figura de Jack en su vida, y aunque le costase tragarlo, le gustaba charlar con él, y aunque a Jack le diese pereza hacerlo nada más estar toda la noche despierto, también lo hacía y en verdad, no estaba obligado a hacerlo.

Para Horus las cosas no eran tan fáciles, con tanta gente en el barco y algún que otro psicópata, por no decir todos los malditos mercenarios del barco, alguno quería hacerse una almohada con plumas de híbrido, y por eso Jack tuvo que emplear amenazas, por fortuna las cosas no llegaron a más. Por el día tanto Horus como Jack dormían en la misma habitación, y una cosa graciosa que Jack nunca pensó posible es que, sí, las aves roncaban, y como viejos además, aquel maldito pajarraco le quitaba el sueño por las noches, y cuando no eran los ronquidos eran las incesables charlas por qué “El pajarito no podía dormir y necesitaba coger sueño hablando con su mejor amigo.” Últimamente Jack se veía como la niñera de muchos, y sin quererlo ni verlo, lo aceptaba con una forzada sonrisa. Así era la vida de Jack, la dulce vida de un cazador de vampiros. Debía de hacer un libro, y qué demonios, lo haría. Cuando volviese de su aventura contraría un par de chupa tintas y haría que le escribiesen un libro de su vida. Uno de épicas aventuras, donde se ligaba a todas las damas en apuros y todo eso.
A lo mejor hasta los magos le hacían fantapeliculones de esos, que hacían últimamente, sí, no eran muy famosos pero os fantapeliculones mágicos eran representaciones gráficas de aventuras, sí, sí, como libros y todo eso pero con imágenes. En vez de hacer su novela de aventuras haría eso, extorsionar a un mago para que le hiciese una.

Al tercer día se despertó agotado, había dormido bastante, eran más de las doce según la posición del Sol, Jack se desperezó gustosamente en su camastro y vio como Horus seguía durmiendo, roncando como un feliz pajarito. Silencioso como un ninja, Jack se levantó de la cama y reptó hasta alcanzar a Horus por la espalda, que aún seguía dormido plácidamente, como si se tratase del monstruo en el clímax de la película, Jack fue alzando los brazos lentamente hasta que, en un súbito movimiento agitó rápida pero no muy violentamente a Horus, despertandolo de una manera soberbia y bestial.

- ¡Me cago en...! - Graznó bien alto el pájaro, revoloteando sus alas. Cuando se percató de que era Jack el causante de todo eso, se posó sobre la cama donde había dormido y se relamió el pico de águila que tenía. - Como Judas eh, te gusta por detrás. ¡Pues toma susto de mierda! - Dijo el ave, defecando sobre la cama del cazador, que molesto fue a por el pájaro, que a su vez se revolvió y esquivó las garras humanas de su amo. Y así estuvieron durante unos minutos, al gato y el ratón en aquella triste habitación de barco.
NOTA PERSONAL: Las habitaciones de barco son pequeñas y reducidas de tamaño, así que la situación mencionada anteriormente gozaba de una estupidez suprema, digna de mención si se quería humillar a alguno de sus participantes.

Cuando resolvieron su problema personal y Jack obligó a Horus a coger la cagarruta de pájaro que había hecho con el pico y llevarla a borda, donde la tiraría al mar y luego le pediría perdón, Jack se vistió y acompañó a su fiel compañero en su promesa, llevándolo a borda y asegurándose de que cumplía con lo debido. Y como lo hizo bastante bien, le aplaudió y bajó acompañado de Horus a las cocinas, donde pidió a algún cocinero o algo que le diese algún trozo de manjar que les sobrase, y así un hombre fortachón sin pelo y de anchas espaldas le dio un trozo de pastel a Jack, que a su vez se lo dio a Horus para que lo disfrutase. Así eran las enseñanzas de Jack, si hacías algo mal tenías una recompensa, y luego se quejaba si las mujeres no tenían tener hijos con él.

(…)

Un grito desgarrador sonó en borda: “TODOS A SUS ARMAS”, Jack corrió por los pasillos del interior del navío, acompañado por la mayoría de marineros que no estaban en borda, una vez llegaron al exterior una densa neblina cubría todo el navío y sus alrededores, apenas se podía ver nada más que la superficie del barco y un metro más allá del barco, vamos, siendo la Espada de Damocles un pequeño barco como era que hubiese tanta niebla era poco aventajador, y además algo oscuro sobrevolaba los cielos. Jack no lo veía con claridad y ni de coña mandaría a Horus para que investigase. El ave empezó a agitar sus alas para mantener el vuelo, dejando que Jack tuviese total libertad de movimiento para lo que se avecinaba, que sin duda sería una pelea o lucha con algo desconocido.
Y así, cuando menos preparados estaban ninguno de los guerreros vivos de abordo, el primer esqueleto cayó del cielo sobre la madera del barco, un corrillo se hizo alrededor de él y luego, el combate ya había comenzado. Como si de una lluvia se tratase, esqueletos caían del cielo, inundando toda la borda entre fuertes guerreros, bribones o magos y esqueletos no-muertos. Así como cada uno que moría, otros dos más caían del cielo, hambrientos de guerra, de sufrimiento o de diossabequé.
Horus era un ave de guerra, aún Jack no quería perderla le ordenó una simple tarea:

- ¡Ve, maldita rata voladora y encuentra a Nili! ¡Y te lo digo muy en serio! - Espetó seriamente el cazador. - ¡Por supuesto! - Y el ave voló a donde tenía que volar, evitando a los esqueletos que caían del cielo y también a esa cosa que volaba, buscando en la borda y en el interior del barco a aquella muchacha a la que Jack había jurado defender.

Por su lado, el cazador ahora se las veía con un enemigo que básicamente no le importaba cuantas balas le disparase, ni cuantos cuchillos les lanzase, eran esqueletos y como tal, carecían de carne donde clavar nada, bueno, algunos aún tenían restos marchitos de carne colgando, pero vamos, la mayoría estaban más limpios que una patena.
Aún con toda la que se había montado en cubierta no se podía oír nada, Jack era incapaz de ver más allá de un palmo de su nariz, había tanta gente en la borda que parecía un concierto de “Los Bardos of Hell”, apenas había sitio para maniobrar con las espadas, ni siquiera para pensar agusto, pero aún así, un maldito esqueleto le plantó cara, como caído del cielo (Literalmente), se había levantado y recogido una vértebra que se le había caido y ahora, trataba de volver a poner antes de entablar combate. Muy ensismado con lo suyo, no vio a Jack que se abalanzó sobre él.
Al pobre esqueleto se le cayeron la espada y el escudo que portaba de la fuerza con la que Jack le embistió.
El cazador intentó arrearle con la espada en la calavera, pero no daba resultado, clavarle un cuchillo en el cráneo tampoco lo dio y lógicamente, no iba a probar a dispararle con la pistola. Era un maldito esqueleto, a lo mejor ni sufría de dolor.

Con un poco de fuerza y maña, desenroscó el cráneo del esqueleto y lo agarró para ponerlo delante de los morros de Jack. El cráneo parecía intentar morderle a distancia y hacía un característico sonido con el traqueteo de las mandíbulas: “ñaq ñaq ñaq”
Jack esbozó media sonrisa picaresca, la verdad es que tenía su punto de gracia si le echabas imaginación, y como no se le ocurría nada que hacer, lanzó violentamente la calavera al suelo del navío. Esta se hizo añicos y soltó una polvareda blanquecina, pero cuando Jack alzó la vista, otros dos esqueletos más caían del cielo.

Por cada uno que matabas otros dos caían del cielo. Bien, una cosa le había quedado clara, no se podían matar como tal. Había que neutralizarlos pacíficamente. ¿Podrían retenerlos en unos calabozos? No, no contaban con unos calabozos preparados para esqueletos en el barco, pero... tenían la mejor prisión del mundo para no-muertos. ¡Todo el mundo sabía que los no muertos no sabían nadar! Sí... creo que ya vaís pillandolo.

De un salto se puso en pie y blandió su espada, al primer esqueleto que vio le hizo un juego de pasos y con un fuerte golpe destinado a su oxidada espada de esqueleto, le desarmó y luego volvió a enfundar su propia espada, le arrancó de las manos el escudo y agarró de la columna vertebral al esqueleto, este al ser sólo un saco de huesos se intentó resistir con sus brazos, cosa que Jack se revolvió rápidamente y acto seguido, lo lanzó al mar. Alzó la vista y esperó unos segundos por sí caía alguno más.
Pero fue la negativa, la idea era simplemente marvelosa, tremenda, buenísima.

- ¡No los mateís, lanzadlos al mar y así no saldrán más! - Alzó la voz tanto como sus pulmones se lo permitieron. - ¡Si los matáis aparecerán más, lanzadlos al maldito mar, joder! - Siguió gritando, esta vez más fuerte.

Pero por desgracia, no todos habían tenido la suerte de sobrevivir ante un esqueleto, y los que morían eran alzados como no-muertos redivivos, hambrientos de sangre. Una vez Jack se percató de que estaba rodeado de muerte, no estaba sólo y en verdad, estaba en una maldita refriega, agarró su espada y participó abiertamente en la lucha. Primero, lanzó un tajo contra el cuello de un zombi, agarró la pistola con la mano libre y le disparó en la cabeza, luego clavó su afilada espada en el pecho de otro, y le arreó una patada para sacar la espada, que se había quedado atrapada en las entrañas del cadáver. Desarmó a otro esqueleto, le rompió las articulaciones y se molestó en tirarlo en trocitos al mar, incluso permitiéndose darle rienda suelta a su imaginación y pensar en la dulce situación de un niño paseando por una tranquila playa, recogiendo conchas (Lo típico), cuando, con una ola de las aguas del mar, una calavera aparece, el niño la coge extrañado pues su dulce inocencia aún desconoce que eso es una calavera humana real, y entonces, el maldito cráneo viviente abre la mandíbula y se "come" al niño.
Pero no se dedicó mucho tiempo a pensar y siguió luchando, ayudando a aquellos que necesitaban su ayuda en combate contra los esqueletos, y es que muchos no pensaban en desarmar, cogerlos y lanzarlos al mar, si no en batirse en un duelo con ellos, intentando clavarles la espada en unas carnes inexistentes. Lo único que se podía hacer con un esqueleto era usarlo de xilofón con sus vertebras o coleccionar calaveras vivientes. Cosa que muchos intentaban hacer, y es que ante todo, había variedad de personas luchando.
Franz Krieger
Franz Krieger

Mensajes : 421
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Bugnar el Dom Abr 08, 2012 12:43 pm

Al final resultó que las horas en la cocina salvaron a Bugnar de sus mareos. Al principio, pensó que la brisa marina le beneficiaria, y que mirar hacia un punto lejano le ayudaría a no marearse y vomitar, más fue totalmente al contrario. El salitre y el oleaje le producían vértigo. No sentía las piernas al andar, parecían hechas de una sopa espesa que iba y venía. Pero cuando al confundirlo con un borracho lo habían enviado a la cocina, Bugnar respiró aliviado. La mayoría de la gente se mareaba más en el interior del barco; Bugnar era completamente lo opuesto. Mantenerse entre dos paredes le mantenía la cabeza lejos del agua. Sólo con ver las olas o el color azul del agua, este se mareaba de nuevo.

Ya había aceptado en la tripulación de milagro. Cuando quiso alistarse, lo tomaron por un vagabundo. Apestaba y su ropa estaba hecha unos zorros: descosidos y girones que se complementaban con un cabello blanco que le hacía parecer mucho más viejo de lo que en realidad era. Tardó rato en convencer a la tripulación de que era un hombre capaz y sano. Le inspeccionaron de arriba abajo, sin contemplaciones y desnudo, delante de los otros tripulantes. Le comprobaron la mandíbula, cual caballo y le palparon la musculatura, tal ganado. Y Bugnar no se inmutaba. Permanecía impasible como siempre, bajo las miradas de los transeúntes que pasaban por allí. Finalmente y tras debatirlo con el capitán, le dejaron alistarse.

A pesar de ello, durante la primera noche, se decidieron las labores de cada uno de los integrantes de la tripulación. Por suerte para Bugnar, su comportamiento y aspecto durante el primer día le proporcionó una tarea sencilla. Nadie quería que un borracho se apostara en la mayor para hacer de vigía o patrullase la cubierta de noche. Pelar patatas era una manera poco sutil de decirle que servía poco más que un pinche de cocina. Seguramente pensaban que Bugnar sería la perfecta carnaza para los no muertos una vez estuvieran en la isla. De hecho, pensaba Bugnar, todos lo eran. En la cocina, uno puede enterarse de muchas cosas. Chismorreos, mentidas, historias y canciones picantes; era un conglomerado de conversaciones cruzadas, en las cuales Bugnar no estaba invitado, pero que escuchaba con fruición. Nadie tomaba en serio a un viejo vagabundo que se pasaba el día pelando patatas. Allí dentro, encerrado, escuchando la gente y despellejando autómata mente verduras, las horas pasaban sin un orden. Allí dentro, encerrado, Bugnar no sabía si era de día o de noche. Él sólo pelaba y pelaba, sin preguntar, sin rechistar… y sobretodo, alerta. Sus enemigos no sólo eran los muertos vivientes. En aquel barco, se formaban y deformaban alianzas tan rápidamente como Bugnar pelaba una patata. Al fin y al cabo, eran todos una panda de mercenarios; el honor y la justicia quedaban aparte. Eran sus vidas las que estaban en juego por un saco de dinero, y querían asegurarse de que sus cabezas siguieran en sus hombros cuando aquella misión hubiera acabado. Entre murmullos, se decidia quien sería enviado en primera línea, como carnaza, quien sobreviviría, y a quien le robarían el dinero una vez finalizada la aventura. La Espada de Damocles no era un crucero del amor; era una guerra. Una guerra formada por tramas y traiciones, de las cuales Bugnar quería salir ileso.

Durante el segundo día se enteró de lo que realmente se estaba cociendo. ¿Por qué si nadie había acudido en ayuda de aquel reino desesperado, una compañía mercante había sufragado aquella expedición? La respuesta era clara aun antes de alistarse. Los chismorreos no hicieron más que confirmar la teoría del mago.

Su papel como borracho veterano le granjeaba algún que otro comentario de desprecio. En la cocina era la persona más apartada del resto. Nadie le hacía caso, nadie quería saber de él. Era un auténtico paria. Y el mago tampoco hacía nada para convencerlos de lo contrario. De entre sus compañeros de trabajo, sólo había una persona que valiera la pena. Una joven, que no debía pasar la veintena, que tenía una mirada penetrante y viva. Nunca habló con ella durante el trayecto, ni tampoco se le acercó, pero sabía que aquella chica, de las pocas en la tripulación, escondía algo. Muchos intentaban toquetearla cuando ella pasaba con andar decidido, más ella no se dejaba amedrentar en lo más mínimo. Era de entre todos aquellos mercenarios, la única que valia la pena tener en cuenta. Se relacionaba con un estrafalario hombre, que llevaba consigo una extraña ave que emitía desagradables graznidos. Si Bugnar no recordaba mal, se encargaba de hacer vigilancias nocturnas. Parecía un mercenario competente, y por alguna razón, tenía un vínculo con la chica. Lo había visto a veces bajar para hablar con ella, y los observaba de lejos, sin que ellos lo vieran. Hacían buenas migas.

Por las noches, Bugnar encendía una vela y estirado en la hamaca que se balanceaba con el vaivén del barco, devoraba el libro que con sangre había conseguido. A veces su imaginación volvía a estar en aquella oscura casa, con aquel pobre niño que se había cruzado en el recibidor. El chico había tenido mala suerte, eso es todo. A veces, le entraba al mago un sentido de culpabilidad, pero tan rápido cómo había venido, desaparecía. Así eran las noches del mago, tranquilas y con una buena lectura en las manos. Cómo su trabajo era tranquilo, poco cansado y él no daba problemas, podía quedarse hasta tarde leyendo aquel magnífico libro sobre maldiciones. Sólo los gritos de “Apaga la luz de una puta vez, viejo” hacían que Bugnar se conciliase con el sueño.

La mañana del ataque, Bugnar estaba, como de costumbre, pelando patatas. Se había convertido en una acción casi automática, de la cabeza a la base, sin pestañear, conseguía pelarla de un tirón, sin que la piel se partiera. Tampoco se llevaba demasiada carne; la piel que se desprendía era casi transparente, dejando la carne de la patata intacta y sin desperfectos. Se había acabado encariñando con aquel trabajo.

De repente, un grito ininteligible y el crujido de la madera al ser pisada por los acelerados pies de la tripulación. La gente de la cocina dejó de hacer lo que tenía entre manos y fueron a por sus armas. Se notaba que tenían experiencia con aquellas situaciones. Bugnar, por el contrario, no tenía ni idea de que sucedía. Por primera vez en ochenta y dos horas, se atrevió a mirar por la ventana del barco. Abrió los porticones de golpe y de nuevo, cómo el primer día, el mareo volvió. Sólo con ver el azul turquesa del mar, unos retortijones inundaban el estómago del mago. Era el mediodía, y el sol se erigía en todo lo alto. Pero estaba distinto. Una espesa niebla cubría sus rayos de luz, atenuando la luminosidad en el barco. Arriba, en la cubierta, estaba pasando algo. Se oía el chocar del acero contra cero… las mazas surcando el aire para impactar contra su objetivo y los gritos de la tripulación. No había duda, estaban siendo abordados.

Bugnar cerró la ventana de golpe. Tenía la daga en el camarote… sin perder más tiempo, se dirigió hacia allí. Por el camino, se encontraba algún pinche rezagado o que simplemente no quería entablar combate. No les dijo nada. No infravaloraba los que no luchaban, tenían todo el derecho. Y nadie les pagaría por morir.

Llegó hacia el pasillo que conducía a su habitación, pero al girar la esquina vio algo que no se esperaba. Un mercenario que había tenido la misma idea que Bugnar, se dirigía hacia el camarote cuando una figura humana se le abalanzó encima. Gracias a la luz de las antorchas que quemaban en las paredes del barco, el mago pudo ver el rostro del atacante. Era sin duda un no muerto. Quizás un necrófago. No sabía de qué tipo. El muerto viviente le arrancó la nariz de un mordisco, mientras el mercenario intentaba sacárselo de encima. Bugnar volvió por dónde había venido, escondiéndose en la esquina, desde dónde podía ver la escena. Desde allí se oía el ruido amortiguado de la lucha en la cubierta. La situación no parecía para nada controlada.

Volvió a observar la refriega entre el mercenario y el necrófago. El primero, ya muerto e inerte en el suelo, estaba siendo devorado por el segundo. Masticaba con fruición su carne de la cara. Era realmente un espectáculo desagradable. Al masticar, el no muerto emitía unos sonidos guturales realmente exasperantes.

El mago estaba desarmado. Tan sólo llevaba consigo el cuchillo de pelar verduras. Lo miró con desasosiego. No le serviría contra esa mandíbula repleta de dientes. De repente vió una posible solución. Estaba justo delante del desván. Entró sin vacilar. La luz del exterior iluminaba tenuemente la pequeña sala. Y encontró lo que estaba buscando… un arpón y una red…

El necrófago continuaba con su tarea. Los ridos cada vez eran más exagerados, pero eso permitía a Bugnar acercarse sin ser visto. Iba, paso tras paso, acercándose, sin que él no muerto se fijara en él. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le lanzó la red encima. El descerebrado se resistió en el acto. Era demasiado idiota para darse cuenta de que cuanto más se resistía, más se enredaba con la red. Aquello no duró mucho. Bugnar clavó el arpón de dos puntas en el estómago de aquel ser, empalándolo contra la pared. Había quedado bien ensartado. No podía moverse de la pared. A pesar de ello, no paraba de gemir y remover los brazos en el aire. Bugnar se los apartaba de un manotazo cuando intentaban agarrarlo.

Miró a lado y lado, esperando no encontrarse con nadie y empezó lo que había querido hacer desde que había visto al necrófago. Examinarlo. Quería saber a qué demonios se enfrentaba. Aquel ser era mágico. Los no muertos no se levantaban espontáneamente y sin ayuda. Allí había el brazo de un hechizo. Neutralizado el hechizo, el necrófago no sería más que un saco inerte de podredumbre. Debía encontrar el origen de la magia y contrarrestarlo. Los horrorosos gemidos de aquel grotesco ser no le ayudaban en absoluto. Esperaba que el libro que había estado leyendo le sirviera de alguna ayuda.


Fallen Kingdom Capitulo Uno. FirmaB2
Bugnar
Bugnar

Mensajes : 92
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Aleria el Sáb Abr 14, 2012 5:06 pm

Para la paciencia de Aleria, la espera no se alargo demasiado, casi todos los hombres estaban listos para partir, aunque algo que le fastidiaba hasta el momento era el espacio reducido en el barco, su fiel mascota se sentía igual, pegada a su ama, levemente estresada sin contar con el hecho de que el mar “le ponía los nervios aun mas de punta”, el animal chillaba levemente y con continuidad levantaba la mirada a su ama, siendo esta una señal de que si las cosas no empezaban bien, tampoco terminarían bien. La mujer observaba a su acompañante y mostraba un gesto de desaprobación, hasta susurrarle al animal para que entendiese el porqué se sentía levemente decepcionada de este. – Bangalash, hemos pasado por peores situaciones donde nuestras vidas se han visto terriblemente en peligro ¿Y ahora mueres de nervios por un viaje en barco? – paso su mano sobre el rostro del animal y le regalo una sonrisa con la que esperaba calmar a su compañero, acción que tuvo un resultado positivo, ya que el animal se dedico más bien a cerrar los ojos y quizá en pensar en un bonito lugar para calmar todo el malestar que sentía. Aleria, quien se había ubicado en una de las esquinas del barco observaba el mar, analizando los movimientos tan anormales de este y basándose en sus propios instintos quizá le daba la razón al animal de su estado, en el fondo algo le decía que las cosas no estaban bien, por el contrario estaban terriblemente mal y aquel viaje a aquella misteriosa isla de Dullaham no sería de placer por ir a matar a un montón de esqueletos andantes como muchos de sus compañeros pensaban, sino que quizá sería una lucha por salvar sus propias vidas. Pero, a pesar de todos esos malos presagios y advertencias, la elfa no era una mujer que se arrepintiera de sus decisiones o dejara a un lado las aventuras en las que ya se había metido, si estaba ahí debía enfrentarlo ya que el tiempo de regresar a casa y esconderse bajo la cama había terminado.

Sumergida en sus pensamientos, la elfa no notó que un extraño se había acercado a ella y su compañero, un elfo de tez blanca y cabellos rubios caballerosamente se presentaba frente a la cazadora, al parecer entre el grupo de barbaros, maleantes y ralea de dudosa reputación se había embarcado también un similar al menos de raza, ya que los elfos podían a ser demasiado distintos dependiendo de su cuna de nacimiento. Aleria volteo levemente la mirada con falta de interés, inspecciono al elfo y le escuchó hablar.
-Mis disculpas “My Lady” por este atrevimiento *mientras volvía a erguirse* no pude notar la magia que irradia, mi nombre es Ferris, humilde invocador de los bosques de Silvide, y como usted, soy voluntario para limpiar las tierras de Dullahan, si mi presencia le molesta dama, con gusto me retirare, aunque ¿sería mucha la osadía si pregunto? ¿Qué le ha llamado a esta noble misión? –

Luego de una inspección de arriba abajo sin el mínimo disimulo, la joven volteo la mirada y volteo la vista al mar, a pesar de que fuese un elfo, las elfas nocturnas fueron enseñadas desde sus primeros años de vida a ser recelosas con las demás razas inclusive si fuesen razas hermanas. La pantera de la mujer luego de observare de reojo volvió a cerrar sus ojos y retomar su descanso.

- No me molesta… por el momento. Mis razones para estar en este lugar son las mismas que a usted le impulsaron a venir aquí, así que vuestra pregunta está resuelta. – respondió tajante la mujer, los interrogatorios no le gustaban, o así le llamaba al hecho de socializar con un extraño.

El elfo sonrió amablemente, era bien conocido el temperamento de las nacidas en los bosques, por lo que tratar con una era una verdadera proeza.
– Bueno, entonces el ánimo de viajar y vivir una vida diferente a la que limitan los bosques es lo que le ha traído a un lugar y a emprender una misión como esta. Pensaba que me encontraría solo en este barco con esta clase de personas, pero es un alivio que al menos alguien… - pensando bien sus palabras para no ofender a la elfa - … que podría considerar conocido se encuentra en este lugar, aunque nuestra forma de educación sea levemente distinta, si así se puede catalogar. Por cierto, vuestro compañero se encuentra un poco estresado, los viajes en barco no es que le agraden demasiado ¿Verdad? Aunque supongo que eso ya lo sabe. – El elfo se ubico al lado de la mujer observando el mar al igual que ella. – Me gustaría conocer su nombre, personalmente no me gustaría tratarle de usted. –

La elfa quien a lo largo de sus viajes conoció varios elfos de características similares recordaba que muchos de ellos fueron de alguna u otra forma útiles, por lo que entablar conversación y quizá una alianza con el elfo no era una idea descartable, aunque claro siempre existía la desconfianza, nunca nadie hablaba con la verdad y siempre la verdad tenía una ligera mentira, era una conclusión a la que llegó durante estos años de viaje. La elfa, aun con la mirada sobre el mar, observo de reojo a quien al parecer por este viaje seria su compañero. – Vareesa, mi nombre es Vareesa-. La mentira en ciertas ocasiones era necesaria, mucho más cuando estabas en un barco rodeado de personas “dudosas”.

Luego de que aquel viaje empezara y como parte de la tripulación del barco, todos los aventureros fueron asignados a una serie de tareas simples y que permitirían que sus cabezas estuviesen entretenidas un buen rato, en lugar de que la demencia o la discordia se manifestara pronto. Aleria, por sus capacidades fue asignada a ser vigía del barco, labor que en el fondo no le desagrado, ya que podía permanecer por ratos sola y sin la constante compañía del elfo quien se convirtió durante las semanas de viaje en una sombra para Aleria, ya que a cada oportunidad iba en búsqueda de la elfa, como si necesitase socializar con alguien y que la única persona que estaba a la altura para hacerlo era la elfa. Por otro lado Aleria tuvo que verse separada de su fiel compañero, a pesar de que el malestar que causaba el viaje en barco en Bangalash había disminuido una criatura de tal tamaño y tal “peligrosidad” debía permanecer encerrada por el bien del animal y de los viajeros. Por eso Balgalash se mostraba un poco mas enojado e irritable ya que tenia que permanecer casi todo el día en la habitación de la elfa, la cual no es que fuese demasiado grande, la elfa cada que podía trataba de calmar a su animal amigo y en las noches, cuando ya era muy tarde, la mujer sacaba al animal a un paseo a cubierta, donde los que los veían terminaban intimidados bajo la amenaza de una terrible muerte si llegaban a abrir sus bocas y le contaban algo al capitán. Fue allí donde la recién amistad con el elfo dio un fruto provechoso, ya que este se gano levemente la confianza de Bangalash y el elfo en sus ratos libres, cuando Aleria se encontraba ocupada visitaba al animal y hacia más leve la ausencia de sus ama por algún par de horas.

Era un día de extraña calma, Aleria, quien aparte de ser vigía y estar pendiente de la situación en el mar se había dedicado a observarle y estudiarle tratando de encontrar alguna anomalía que sobresaliera en un panorama tan extraño e inquietante, durante los días de viaje, siempre sentía que algo no andaba para nada bien, como si el mar fuese controlado por algo aun más pesado y oscuro y que aquel vinculo que este poseía con el ambiente se hubiese roto, en otras palabras que estuviese muerto o fuese un ente totalmente distinto, esa era la apreciación que la elfa tenía hasta el momento. Pero en aquel día había una extraña calma, un sentimiento que sobrepasaba el temor, esa voz que durante todo el viaje decía “todo está mal” se calló por que ya era demasiado tarde. Aleria se sentía muy alerta, algo inmenso estaba a punto de suceder pero no sabía ni cómo o en cuestión de minutos u horas inclusive días se presentaría. Todo era extraño, además en el barco se podía sentir esa tensión que incluso embargaba a sus tripulantes. La elfa fue llamada con urgencia por su compañero a su camarote, al parecer no era la única que podía sentir aquello con más fuerza, ya que el elfo y Bangalash estaban igual.

- Hoy, Bangalash ha estado más inquieto de lo normal… y puedo decir que me siento igual – exclamo Ferris.

- Si, es cierto. Parece que hoy ocurrirá algo grande, esta calma, no lo sé pero no me gusta para nada. – respondió Aleria acariciando entre las orejas a la pantera la cual estaba un poco tensa.

Justo en ese instante se escucharon los gritos desde cubierta, el ruido de las pisadas corriendo de acá para allá, el ajetreo de la batalla, los dos elfos se observaron y tomaron sus armas con determinación: estaban en lo cierto la calma terminaba y comenzaba la tempestad. La oscuridad cubrió a todo el barco, desde la ventana de la habitación de Aleria se observo que el sol ya no iluminaba y que una extraña y densa nube se apoderó del lugar. La mujer indico a su felino compañero que le siguiera, empuñando su arco y manteniendo una flecha lista, esta corrió por los pasillos de los camarotes hasta llegar a una de las escaleras que subían a la cubierta encontrando una terrible batalla entre vivos y muertos.

Una densa nube negra rodeaba el barco y poco a poco esqueletos aparecían “caídos del cielo” y sin dudarlo se abalanzaban sobre los aventureros de barco, a medida que estos eran repelidos otros más aparecían, los esfuerzos de los hombres eran menguados, varios ya habían caídos, siendo devorados por los esqueletos, charcos de sangre y viseras cubrían la cubierta y cuando se creía que tal era su fin, los caídos se levantaban para atacar a los vivos. La elfa con gran puntería atacaba a los esqueletos, conocía de experiencias pasadas que aquellos seres que eran levantados de la muerte debían ser neutralizados con daño directo a sus cabezas, por lo que sus flechas siempre apuntaban los cráneos de los no vivos. Así mismo su pantera atacaba con fuerza a aquellos montones de huesos, despedazándolos con sus enormes fauces y garras, pero cuando dejaba a uno sin medio cuerpo este se seguía moviendo y así mismo dos más aparecían para atacarles. La elfa disparaba por aquí y por allá, parecía que terminaba de limpiar una dirección cuando aparecían más de la otra, se daba cuenta que era imposible terminar con ellos, si se les mataba duplicaban en número a los caídos. ¿Qué hacer?

Hasta que escucho el grito de uno de los aventureros. Quizá no era una idea demasiado descabellada, deshacerse de los cadáveres sin matarlos podía ser una solución al problema. Su compañero observo a la elfa y esta, como si no tuviese necesidad de hablarle comprendió lo que tenían que hacer, Aleria guardó su arco y desenfundo sus dos espadas, una larga que empuñaba en mano derecha y una corta. Ella y el animal, empezaron a empujar a los esqueletos por la borda del barco, uno de los muertos vivientes estaba a punto de alcanzar a la mujer, pero el animal alcanzo a abalanzarse y tumbarlo sobre el suelo de la cubierta, mientras que la elfa luchaba contra otro que le estaba ganando en fuerza. La pantera volvió hacia su ama quien necesitaba ayuda, ubicándose tras el muerto viviente, mando sus zarpas sobre las piernas de este y lo mando al suelo, al menos les daría tiempo para respirar y retomar el ataque.

-¡Bangalash! – grito la mujer, a la pantera, indicándole que tenía una idea. Aleria le indico al animal, el cual con una embestida podía tumbar con más facilidad a aquellos cadáveres, por lo que esta robaría su atención, mientras la pantera se encargaría de mandarles volar por la borda. Al parecer el plan era efectivo, pero el problema era cuanto tiempo podían seguir con la batalla.

Aleria
Aleria

Mensajes : 29
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Björki Gotriksson el Lun Abr 16, 2012 12:51 am

Andando y apartando sin mucha delicadeza a varios humanos, que iban a reclamar hasta el momento en el que veían el tamaño de mis brazos y, sobretodo, el de mi hacha, me dirigí hasta el mástil de la nave, pues según pude notar, era la zona más estable del barco, y aquello hizo que se me pasara ligeramente la molestia por el movimiento del barco... Malditos humanos, ¡no saben construir barcos de metal! ¡Un barco enano de metal, eso sí que es estable? El agua no lo bambolea con tanta facilidad como la mierda de barquitos estos. Si no fuera porque prometían matanza...

Cuando hablé, muchos de los humanos se pusieron nerviosos, a diferencia de mí, que a mí el que hubiera maldad cerca ya me estaba bien... Así mi hacha tendría trabajo. Seguí refunfuñando, murmurando cosas acerca de que quería cerveza y de que los barcos y el agua son una mierda. De pronto, un humano se acercó hacia mí, el cual no llevaba arma ni armadura, sólo los brazos y piernas blindadas, aunque sus cicatrices demostraban que no era un novato precisamente en eso de la guerra. Seguramente usaba solamente brazos y piernas para combatir, así que es normal que se protegiera las extremidades. Sin embargo, me llamó especialmente la atención que dejara en el suelo un par de barriles.

El humano empezó a hablarme y me tendió la mano, momento en el que yo extendí también la mía y le di un apretón de manos, riendo ligeramente por su broma acerca del agua y los enanos. Me cayó bien enseguida, y cuando él se presentó, yo hice lo mismo, sonriendo de medio lado, algo más contento porque conocía a uno de los pocos humanos que pueden caerle bien a un enano sin resultarle pesados, y así no me aburriría tanto durante el viaje. Además, joder, ¡me ofrecía cerveza!

-Mi nombrre es Björki Gotriksson, maese Daggus. A los enanos no nos gusta mucho el agua, ciertamente, ¡no es agrradable la sensación de estar mojado! Prreferrimos la sólida roca, ¡y a la horra de beber el agua jamás superrarrá a la cerveza! No sé cuántos llegarremos, perro si de verras nos topamos con monstrruos marrinos, ¡te puedo asegurrar que sus cabezas reposarrán en el fondo marrino! Por Karzun humano, ¿me ofrreces cerveza? Si necesitas a un enano cabrreado con una grran hacha que te cubrra las espaldas, ¡no deberrás siquierra pedíremlo!-

El humano y yo, sin embargo, decidimos que sería mejor beber la cerveza de forma más privada, y no, no penséis mal, es sencillamente que con tanta gente en ese sitio, alguno nos pediría cerveza, e imaginaba que en ese barco por pelearse te echaban, cosa que no me hacía mucha ilusión. Mierda de normas... Hubiera sido divertido tirar imbéciles por la borda.

Un humano de aspecto fuerte entonces surgió de su camarote, y se puso a dar órdenes demostrando así que era el jefe del barco. Apoyé el hacha contra mi hombro y, alzando la ceja del ojo sano, me dediqué a escuchar con curiosidad las palabras del capitán, el cual no era alguien muy educado precisamente. Tras volverse a su camarote, la gente empezó a hablar de las palabras del capitán, aunque yo por mi parte me encogí de hombros y decidí aguardar a... Lo que fuera. Y menuda mierda me aguardaba. ¡Fregar la cubierta! De no ser porque corría el riesgo de perder la cerveza, posiblemente les habría dado de hostias, pero bueno... Había que pensar en que la verdadera batalla estaría en Dullahan.

El tiempo transcurría tranquilo, durante el día me dedicaba a fregar la cubierta, y por la noche me dedicaba a beber algo de cerveza con Daggus mientras nos contábamos viejas historias de batallas en las que habíamos estado, sorprendiéndonos mútuamente al comprobar que ambos habíamos estado ya metidos en montones de batallas que parecían perdidas y al final se ganaron a base de estar cubiertos de sangre hasta la cintura.

Sin embargo, hubo un momento en el cual, mientras estaba fregando, pude observar que mi hacha se puso a brillar de forma intermitente, a la vez que el capitán daba el grito de alarma. Apenas necesité unos instantes para ponerme en situación de combate, mientras una sombra lo cubría todo además de la niebla, y seguidamente un chillido y un grupo de no-muertos hicieron acto de presencia. Rápidamente se entró en combate, momento en el cual yo me arrojé de los primeros, llevándome por delante de un solo hachazo a un par de esqueletos, pero seguidamente cayeron cuatro delante mío, cosa que me hizo fruncir el ceño. Un zombi intentó atacarme, pero lo partí por la mitad de un hachazo, y cuando se acercaron a mí los esqueletos, les di un golpe con la empuñadura del hacha, haciendo retroceder a unos cuatro o así.

Me di unos instantes para pensar y rascarme el mentón. ¿Cómo mataba a esos hijos de puta sin que cayeran más? Si seguía así, pronto acabaría siendo de los pocos que quedarían en el barco, y no era plan el hacer que mataran a inocentes sólo porque no se nos ocurrió pensar en la manera adecuada para acabar con los no-muertos. Alguien pareció encontrarla, pues hubo un joven que dio el grito de que la forma de matarlos era tirarlos al mar. En ese momento, tras retroceder unos pasos, grité con mi voz, que resonó por todo el barco:

-¡Compañerros! ¡Formad una línea con los que sean más fuertes delante y empujad tan fuerte como podáis! ¡Si aunamos fuerzas, podrremos tirrarlos a todos por la borda a la vez!-

Un par de guerreros que habían a mi lado, uno con espada y escudo, y el otro con una espada a dos manos me miraron y asintieron, y entre los tres empezamos a empujar con toda la fuerza de la que éramos capaces, manteniendo las armas a la altura del final de las costillas, de modo que la longitud de nuestras armas les impidiera levantar los brazos. Los esqueletos que nosotros estábamos empujando empezaron a retroceder, mientras mis compañeros y yo bufábamos por el esfuerzo. El hombre de la espada y el escudo gritó, con una voz igual de grave que la mía:

-¡Vamos, joder! ¡Venid a ayudarnos, que nosotros solos no podremos tirar por la borda a estos sacos de huesos!-
Björki Gotriksson
Björki Gotriksson

Mensajes : 86
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Fallen Kingdom Capitulo Uno. Empty Re: Fallen Kingdom Capitulo Uno.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 6. 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.