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Fallen Kingdom Capitulo Uno.

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Mensaje por Aleria el Sáb Mayo 12, 2012 5:42 pm

Aleria por fin pudo descanasar aunque fuese un poco, el combate contra el lich como era de esperarse dejo agotados a casi todos los sobrevivientes mas que nada físicamente, aunque el observar un ser tan retorcido y vomitivo no era para nada un espectáculo agradable para la sanidad mental de cualquiera a menos de que ya se hubiese perdido una parte de la cordura. Aleria se limito a ir a una de las esquinas que se mantenía a flote para descansar un buen rato, dormir y recobrar fuerzas, gastando toda una noche durmiendo, tratando de descansar pero no era lo mismo intentar dormir después de un dia normal a entregarse al sueño después de estar cara a cara – literalmente – con la muerte. Aunque pudo recobrar sus fuerzas habían mas preocupaciones y problemas que le concernían a ella y todos los sobrevivientes. Estaba claro que el barco no estaría a flote por demasiado tiempo, aun estaban lejos de Dullahan y era obvio que este no resistiría el viaje de días, de hecho Aleria se daba cuenta que no se estaban moviendo hacia ningún lado, sin ningún modo de navegar, con todos los sistemas para moverse destruidos todo se reduciría a una cuestión de días para que el barco se hundiera no sin antes que la desesperación se apoderara de todos los sobrevivientes y se mataran los unos a los otros por tener unos instantes mas de vida…. Era una situación que a Aleria no le gustaba para nada.

Y sin contar que ahora existía un “autoproclamado” líder del grupo, ese humano que con falsa cordialidad trato de ganarse a todos en el barco con simples palabras, Aleria quien sabia que debía comportarse en aquellos momentos tan solo coloco una expresión de aburrimiento ante su saludo, pero en el fondo sabia que aquel hombre era un hipócrita, tan solo buscaba aliados para llegado el caso de empezar a matar gente, la mayoría estuviese de su lado, todos tenían dobles intensiones y la elfa podia imaginarse las del cazador. Así que siendo cauta y aplicando una lección que aprendió hace poco de esperar hasta cierto momento lo haría, siendo que si debía volverse una aliada del humano por sobrevivir, sería igual de hipócrita que el. Durante algunos días todos en el barco estuvieron colaborando con deshacerse de aquellas piezas y objetos que ya no servían, debían permanecer a flote asi que no necesitarían muchas cosas que se convirtieron en basura, nuevamente se le fue asignado por sus agudos sentidos que se mantuviera como vigilante por si algo se aproximaba o nuevamente algun enviado de la muerte se presentaba como el lich. Aleria no puso demasiado problema al respecto, era una buena tarea y le permitia permanece ratos a solas o sin tener que entrar en estúpidas conversaciones con los demás. Algo bueno para la mujer era que llevaba consigo una buena cantidad de raciones para sobrevivir, por lo que no tuvo problema para la alimentación de ella y su mascota, la cual siempre se mantenía alerta a las circunstancias, tanto el animal como su dueña compartían un mismo sentimiento… sobrevivir de aquella aventura sería algo casi imposible sino es que ya lo era.

Mientras Aleria se tomaba su tiempo para descansar de las labores de vigilancia uno de los humanos que le reemplazaba grito, avisando que un barco se acercaba hacia ellos, la elfa con su superior sentido de la vista examinó la otra embarcación, por las banderas correspondía a Phonterek, era mucho más grande que la espada de Damocles y sin dudarlo las armas estaban siendo preparadas para el momento en que se encontraran con los sobrevivientes. Aleria mostró una severa mirada en su rostro, aquel barco no venia en su ayuda, al contrario se iban a encargar de ellos. Que conveniente para los mercaderes, ellos no tendrían que pagar ninguna recompensa a nadie, ya que todos estarían muertos. Aleria ya se estaba jurando que si tuviese la oportunidad de salir viva de esta, no olvidaría aquella traición y se encargaría de hacerles pagar a aquellos mercaderes. Pero volviendo al momento actual, las opciones de la elfa y de los demás no eran muchas o intentaban pelear o se rendían. La primera era la mas estúpida de todas, aunque una parte de Aleria deseaba atravesar la garganta de aquellos marinos por la traición, sus posibilidades eran demasiado minimas, ellos estaban armados, tenían un barco a flote, definitivamente no atacarían. Pero la segunda opción era mas comprometedora, si se rendían quizá les atacarían de igual forma y terminarían muertos como unos cobardes. Que predicamento y el tiempo no era su aliado.

El capitán de barco se presentó bajo el nombre de Ruhau, inmediatamente una joven humana decidió rendirse, era la mas conveniente hasta el momento. Aleria quien ni siquiera tomo su arco o empuño su arma en actitud defensiva levanto sus brazos mostrando con su actitud que no lucharía contra el grupo de humanos del barco. Bajó la mirada hacia su pantera y le susurró algunas palabras en idioma elfico para que el animal se mantuviese tranquilo y esperara un momento para actuar, pero de que harían algo lo harían. Fue sorprendente para la mujer ver como todo el grupo se rindió sin chistar, incluyendo al enano, el cazador y un extraño mago. Aleria no era tonta y habia seguido las acciones de los individuos que llamaron su atención desde un primer momento, aparte de Daggus y la jovencita. Quizá ellos tenían un plan, es la única forma en que un enano baje su cabeza en una situación asi, donde lo mas común seria que este empuñara su hacha y muriera no sin antes llevarse a unos cuantos marineros consigo. La elfa empezó a analizar la cantidad de marineros que había, forma del barco, ventanas, salidas y demás detalles que se necesitarían en algun momento… estaba claro que no iba a morir asi como así, si era necesario daría la pelea, pero aquellos traicioneros humanos no se saldrían con la suya.
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Mensaje por Zyrxog el Dom Mayo 13, 2012 12:56 am

¿Cuánto es el valor de una vida?
¿Cuánto es el valor de un reino?
¿Cuánto es el valor de un imperio?
¿Estas dispuesto a pagar en carne lo que exija la balanza por tus deseos?

Christian Chacana 12 de mayo de 2012
La guerra golpeaba los gruesos muros de la ciudad capital, una tras otra las olas de enemigos impactaban contra sus rocas, arañándolas con sus huesos, con su carne, era una hueste que no tenía un final, que no tenía un límite, tan solo era un océano de muerte y destrucción, aquellos hombres y mujeres santos luchaban codo a codo con los hombres de armas, con aquellos que entregaban su vida por la protección de los habitantes de esa ciudad, en el palacio el gran rey organizaba las pocas tropas que quedaban a su mando, la extenuación, el cansancio eran el peor enemigo, aun más implacable que el que se encontraba tras los gruesos muros, aunque los sacerdotes y curanderos trabajaban sin descanso, su magia duraba poco tiempo y cada uno de los soldados temía el momento en que su mano temblara ante el enemigo, los sacerdotes elevaban sus plegarias a lo más alto, mientras las puertas del muro exterior resonaba con cada impacto con cada golpe, fuera de ellos, el ejercito parecía un océano embravecido, las flechas de hueso y madera surcaban el cielo, llevando tan solo muerte a quien recibiera su despreciable obsequio, los generales miraban con esperanzas oscuras aquellas tropas que le servían aun mas allá de la vida, como esclavos eternos que solo le servían tanto a ellos como al verdadero amo de los muertos, Ragash con su danza loca ordenaba mas y mas soldados, estos despedazaban sus cuerpos contra los muros, mientras que las arañas escalaban, llevándose a quienes estuvieran a su alcance a sus hambrientos colmillos, más las cosas en el propio ejército de muertos no estaban tan calmas, la ausencia del general Kaisharg molestaba de sobremanera a Leoric, quizás le general más leal al amo de entre los tres, de cualquier manera, la falta de disciplina que mostraba el general era algo que no soportaba el antiguo rey, con voz potente ordeno a uno de sus capitanes su búsqueda y que si era necesario, fuera traído a la fuerza, debía de explicar su ausencia en el conflicto.

Mientras Leoric daba las órdenes, Kaisharg tenia sus propios planes, los creeper se encontraban listos para usarcé, pero aun no era el momento, con voz susurrante sus ordenes fueron traspasadas a sus comandantes, mientras los ejércitos a sus ordenes se movilizaban, lentamente hacia el extremo oriente de esa isla, si debía de aparentar, haría una buena actuación, sus soldados, esqueletos, zombis y demás, se levantaban desde el propio mar, infectando sus aguas con su putridez, un ejército traído desde las profundidades, cadáveres que poseían coral en sus huesos, carne devorada por los peces, mas Kaisharg se mantenía inmóvil, sin necesidad de mover un musculo, ya que sus planes deberían de ser seguidos al pie de la letra si deseaba poder descansar nuevamente y dejar esa detestable no vida lejos.

El joven elfo había caído inconsciente, mas su recuperación estaba resultando rápida, frente a él uno de los padres se encontraba hablando con él, había sido una fortuna que aun estuviera con vida, no podría decirse lo mismo de los jóvenes que le habían acompañado, varios de ellos habían muerto en el último ataque, quizás uno de los mas bestiales que habían sucedido, ya que sin dar tiempo de defenderse, toda la zona oriente del muro exterior, había sido sepultado en afiladas flechas, los cuerpos habían sido removidos, pero por la falta de manos, no habían podido ser sepultados y únicamente habían sido dejados en las catacumbas, si sobrevivían se les daría sacra sepultura, mas ahora el elfo tenia nuevos problemas, mientras hablaba con el padre una voz se escucho tras los muros, una voz grave, proveniente de aquel mar de muertos.

Tras los muros, tras los cadáveres, Leoric miraba con ojos vacios los muros, mientras Ragash sonreía desquiciada mente, debido a algún tipo de maléfico conjuro su voz se había hecho más potente, pudiendo sobrepasar a sus propios ejércitos y llegando aun desde la lejanía hasta la ciudad, sus palabras estaban cargadas de locura, casi tan contagiosa como las enfermedades que pululaban su cuerpo, con voz potente sus palabras resonaban.

-Escúchenme vivos… soy el General Ragash, uno de los tres al servicio del amo, escúchenme… ustedes poseen algo que nosotros deseamos, poseen cierto objeto que buscamos… entréguenlo y les perdonaremos la vida… niéguenoslo y consumiremos cada una de las vidas tras esos muros… tienen hasta el anochecer… para entregárnoslo-

Tras aquellas palabras los muertos vivientes se detuvieron, como si los hilos se hubieran cortado, lentamente se giraron, retrocediendo desde los muros, dejando una tierra de nadie, ahí en la tierra podían verse los profundos surcos en esta, los muros tenían las garras marcadas, e incluso la sangre de los soldados había formado un fango nauseabundo que atraía a las moscas, los muertos se retiraban, lentamente con sus pies rotos, con sus huesos triturados, mas el general solo reía, Leoric le miro inquisitivo de sus actos, mas antes de que pudiera decir algo, Ragash solo sonrió torcidamente, dejando que un susurro abandonara sus resecos y rotos labios.

-Pronto… pronto ellos mismos se mataran, la locura es contagiosa, tanto como el más virulento viento… pronto… pronto no tendremos realmente un oponente.-


Irónicamente sus palabras tenían demasiada razón, como si fuera una peste que se esparcía rápidamente entre soldados y habitantes, estos dejaron sus actividades, un gran número de soldados, los más jóvenes en realidad, dejaron caer sus armas, mientras se dirigían hacia el palacio, los habitantes también, se les había ofrecido una oportunidad de vivir, y no se sacrificarían si el rey quería mantener su fortuna, que mal agradecido son las personas, el rey había escuchado las palabras del liche, y rápidamente había ordenado que buscaran en las cámaras del tesoro, cualquier objeto que fuera aquel que había nombrado el liche, varios capitanes estaban en esa tarea, mientras los generales intentaban controlar a su propia gente, mas estos eran cientos, casi todos los habitantes, en aquel instante el rey salió, con su armadura marcada por los golpes y la sangre negra de sus enemigos, con voz potente hablo a la muchedumbre.

-¡¡¡CALMA!!! Las palabras de los muertos no deben nublar su juicio, recordad a nuestros ancestros, recuerden a los soldados que han perdido sus vidas por defender sus vidas, en estos momentos, capitanes de mi ejercito están buscando en las cámaras del tesoro, aquel objeto que se nos ha nombrado, tened paciencia, tan solo eso les pido, no como rey, si no como un hombre y como padre de una familia, tened algo de paciencia.-

Lamentablemente el miedo muchas veces puede ser aun más poderoso que la razón y los habitantes hacían oídos sordos, no muy lejos, en una pequeña casa tanto el joven sacerdote, como el padre habían escuchado las palabras de el liche, a simple vista parecían tranquilos, pero aquel hombre ya en las puertas de la vejez sabía que era una vil treta, rápidamente salió de ese lugar, dejando al sacerdote descansando algo mas, lo más rápido que podía avanzo hacia las puertas del castillo, donde una multitud rugía con miedo y a la vez con desesperación, abriéndose paso entre esos hombres y mujeres, logro llegar hasta el lado del rey, al cual le susurro algunas palabras, mientras eso sucedía, aquel elfo sacerdote le había seguido, manteniéndose a algo de distancia de la muchedumbre, mas esta última, pensando que la misma iglesia ocultaba aquello que deseaban los muertos, rápidamente intentaron entrar a la fuerza hacia el palacio, el rey tuvo la fortuna de poder retroceder, mas el padre no tuvo tanta suerte, y tropezando con su sotana cayó al suelo, mientras la muchedumbre pasaba por encima de él, pisándolo, tan solo fue un instante antes de que una mujer gritara y se hiciera un pequeño sema circulo entre la muchedumbre, rápidamente el sacerdote se abrió paso entre las personas, para ver el cuerpo del padre cruelmente pisoteado, sus huesos se habían quebrado, y su pecho apenas subía, aun estaba vivo y las orejas elficas pudieron alcanzar a escuchar los últimos balbuceos que esos labios sangrientos habían podido dar “no … se lo … entreguen” para después que el último aliento abandonara su destrozado cuerpo, rápidamente aparecieron desde las puertas aparecieron los generales, los cuales intentaron calmar a la multitud y dispersarla, el rey se acerco al joven sacerdote, y elevo a su lado una plegaria por el alma del padre.

Mas la verdadera historia se creaba no tan lejos dentro del océano, donde las aguas se teñían de la oscura sangre de los caídos, ahí dos barcos se encontraban uno frente al otro, el capitán Ruhau miraba con molestia a los aventureros, especialmente a aquellos que parecían aferrarse aun mas a sus armas, mas sus palabras de rendición eran tan falsas como las monedas de los ladrones y aquello era obvio para el capitán, por un lado había vivido durante años en el océano, había conocido criaturas que solo existían en las fantasías y pesadillas de los más fieros navegantes, había sobrevivido a mil y una batallas y aun mantenía sus piernas y brazos unidos al cuerpo, su mirada era fría, mientras sus manos se aferraban a la barandilla, los cañones aun seguían apuntando hacia el barco, mas no dudaba un instante que si enviaba a alguien a ese lugar terminaría en una gran batalla, lamentablemente Ruhau no era conocido por dejar las cosas a la suerte y girándose dio la orden.

-¡¡¡CAÑONES LATERALES ABRAN FUEGO!!!-

Como si fuera una sentencia de muerte los cañones comenzaron a disparar, uno tras otro, mientras el humo subía y la espada de Damocles era reducida a meras astillas, cada uno de los supervivientes hasta ese momento debieron de lanzarse al agua, incluido el enano, que mas de una maldición enana lanzo al cielo cuando su barba debió de sumergirse en las saladas aguas, mas mientras el Damocles se hundía en su tumba marina, redes fueron lanzadas hacia los hombres y mujeres que andaban por sus vidas, redes especialmente hechas para monstruos, por lo que no seria para nada fácil romperlas, incluso el enano tendría dificultades, como si fueran meros peces fueron arrastrados por el costado del barco y lanzados sobre la cubierta, siendo apuntados con ballestas y arcabuces, a una distancia imposible de esquivar, Ruhau los miro desafiante, mientras le eran quitadas sus armas y como bestias lanzados a un calabozo, tanto Daggus como el enano arremetieron contra los gruesos barrotes, pero estos apenas se movieron y la madera donde estaban anclados únicamente crujió, el capitán Ruhau los miro, mientras sacaba un grueso pudro de entre sus ropas y lo encendía con un mechero, dando una bocanada de humo, y sonriendo de forma desagradable.

-Hasta cierto punto acepte que se rindieran, mas no dije los términos de esta rendición, dentro de dos días llegaremos a las costas de Dullahan y arrasaremos con esos malditos muertos vivientes, después de ello nos encargaremos del rey y toda su escoria … más ustedes … ustedes deberían de estar agradecidos, lo más probable es que se mataran intentando comerse dentro de unos días … *miro a Nili y Aleria un instante* esas mujeres pueden sernos de utilidad … *de una señal un par de marineros los cuales aun apuntando a los prisioneros abrieron la jaula, las mujeres obvio que se intentaban retener, pero dos golpes bien dados en sus nucas las dejaron fuera del combate, no muy lejos, la pantera rugía con furia y arañaba la madera de la jaula intentando abrirla sin mucho resultado, los marineros se llevaron a las mujeres, dejando a los hombres en aquella reducida estancia* como ven, les daremos un buen uso a las mujeres antes de terminar con ellas … *exhalando el humo de sus labios* por otra parte … es mejor que no se pongan cómodos, en cuanto lleguemos a Dullahan serán ejecutados-

El capitán lanzo el puro hacia la jaula, mientras subía las escaleras para la cubierta, el puro aun humeaba, quizás les seria de utilidad el fuego de él si sabían usarlo bien, mientras ellos sucedía, tanto Nili como Aleria habían sido atadas de manos y dejadas en el camarote del capitán, esperando que fueran “usadas” por los marineros, los cuales ya estaban sorteándose el primero en disfrutar de los placeres tanto de la elfa como de la muchachita, mientras los hombres hacían sus negocios, ambas mujeres despertaron, la primero claro esta era la elfa, la cual sintiendo las duras sogas en sus delicadas muñecas sintió el escozor de las rozaduras, rápidamente despertó a Nili, la cual primero se sentó en la cama, bostezo y se quejo del dolor de cabeza, rápidamente vieron su situación, quizás podrían escapar más fácilmente si jugaban bien sus cartas y de paso evitaban ser tocadas por esos cerdos.

Mientras tanto, bajo la cubierta, los hombres podían planear algo para escapar, tenía dos días, no debían de desaprovechar el tiempo, lo primero que deberían de hacer era salir de ese lugar y después recuperar sus armas…. Lo siguiente seria confiar en la suerte… y en la diosa fortuna si así lo deseaban.



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Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie

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I Eat Your Brain Muajaja

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Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Mensaje por Bugnar el Lun Mayo 21, 2012 11:21 pm

Algo no iba bien. Bugnar se dio cuenta de ello en cuanto dio el primer paso hacia la pasarela que conducía al otro barco.

Una orden dáda con un grito autoritario, y el estruendo de un cañón retumbó bajo sus pies. A este, le siguieron más. La madera del Damocles gritaba con agonía, resquebrajándose y partiéndose por la mitad. El mago imaginó como el agua empezaba a adueñarse de cada compartimento inferior. Llenaría todo con su peso y hundiría al Damocles hacía las profundas y oscuras aguas del océano.

Bugnar no se lo pensó dos veces. Cogió un tablón de madera que reposaba sobre la barandilla de caoba que reseguía el perímetro del barco y se lanzo a la mar, antes de que alguna bala desperdigada lo alcanzara. La caída le produjo más impresión de lo que en un principio había calculado. La distancia entre la cubierta y el agua no era poca, y la sensación de vacío en el estómago del mago se hizo insoportable.

Finalmente pero, el invocador se zambulló en la fría y salada mar. Los ojos le escocían y apenas veía más allá de su nariz, pero pudo entrever cómo muchos habían tenido la misma idea que él. Los pocos tripulantes del Damocles se lanzaban sin dudarlo antes de ser acribillados por los cañones.

Bugnar apenas tuvo tiempo de sentir pánico por lo que había hecho. Se encontraba rodeado del agua que tanto temía. No sabía aun de dónde había sacado las fuerzas para tirarse, puesto que el mar le producía pavor. Más aquel susto inicial fue breve. En un instante fueron atrapados por unas gruesas y pesadas redes que hacían el mantenerse a flote un esfuerzo titánico. Si no les hubiesen sacado rápido del agua, de seguro el mago se habría ahogado bajo aquella negra red.

Fueron depositados de mala manera sobre la cubierta del otro barco; aquel que había hundido el Damocles y que poseía una tripulación bastante más temible. No sólo por la experiencia y pericia que habían demostrado con los navios; también parecían guerreros fuertes y curtidos, dispuestos a ensartar aquel insensato que levantara la mano contra ellos.

Como de costumbre, Bugnar, que valoraba su vida en gran medida, no tenía ninguna intención de empezar una refriega en ese instante. Habría sido una forma honorable y estúpida por igual. En vez de eso, bajó la cabeza, cubierta por aquella melena argenta grasienta y una brava serrada de hacía unos días. Ya tendría tiempo luego para encontrar la manera de salir de allí.

Por suerte, no parecía haber habido bajas en la tripulación del Damocles; al menos, todos los que recordaba de vista estaban allí con vida. Jack, aquel aguerrido y poderoso enano, su amigo grandote de piernas recias y espaldas anchas, las dos mujeres del grupo y el resto de mercenarios que quedaban con vida. Era buena señal.

Los registraron de arriba abajo. A Bugnar le sacaron su daga, pero no aquella nueva adquisición de dudosa magia. No, aquel artefacto era realmente misterioso y peligroso por igual. Debería tener cuidado en cómo emplearlo. Aunque de todas formas, aun no sabía qué tipo de magia oscura desprendía. Sólo sabía de él una palabra: “oseus”. Nada más. Otro tema que debía quedar aparcado por el momento, pues tenían problemas más urgentes.

Encerrados y apretujados en una sucia y maloliente celda, todos los prisioneros del Damocles emitían quejas, insultos y gemidos. Si iban a permanecer allí dos días más (tal y cómo había dicho el capitán), podía resultar un auténtico inferno. No sólo por el reducido espacio. Los hombres tenían que cagar y mear, y no había nada por dónde evacuar todo aquello. Rezaba al menos para que ninguno tuviera diarrea.

La sentencia que recaía sobre sus cabezas era un motivo más para buscar un plan que sacase a Bugnar de aquel aprieto. Para colmo, aquellos piratas se habían llevado consigo a las dos únicas mujeres del grupo. De seguro tenían pensado montarse una buena fiesta con ellas. Si podía, el mago intentaría sacarlas del apuro, pero no arriesgaría demasiado su cuello por ello. Ellas sabían lo que se hacían al enrolarse en estas aventuras dónde los hombres parecen más bestias que seres humanos.

La solución a sus quebraderos de cabeza se la dio aquel puro que con desprecio había lanzado el capitán al suelo. Aun estaba humeante. Con aquello de seguro podía hacerse alguna cosa. Estiró el brazo hasta atrapar entre sus dedos aquel puro. Se lo llevó a los labios, y sopló suavemente para que la llama no se apagara.

Mientras, con la otra mano fuera de la celda, empezaba a dibujar el símbolo de invocación de si lilit. Aquellos momentos eran en los que bendecía su suerte por tenerla como aliada. Esa pequeña, sensual, astuta y diabólica demonio le era de mucha utilidad en circunstancias como aquella.

Su plan era arriesgado, burdo y torpe, pero no era absurdo. Tenía una posibilidad entre pocas de que funcionara, pero aquello era mejor que no tener ninguna.

Si no había ningún pirata cerca, primero invocaría a la Lilit fuera de la celda, ya que dibujaba el círculo de invocación por fuera de los barrotes. Le ordenaría que se escondiera y esperara sus órdenes. El siguiente paso era prender fuego. Un fuego controlado; uno que provocara más humo que llama. Su camisa serviría para ello.

Llamaría a los guardias avisando del fuego. Con mucha suerte, vendría alguien que tuviera las llaves de sus celdas, pues necesitaban entrar en la celda para apagar el fuego.
Con tanto preso, les sería difícil ver que lo había provocado.

Ese sería el momento de actuar de la Lilit. De seguro esta podría ser un suculento y tentador manjar para los piratas. Esta les pediría que la montaran allí mismo, pudiendo hurtar las llaves en un descuido
Si los hombres dudaban de sus intenciones o el plan se torcía en algún momento, la Lilit siempre podía utilizar su hechizo que dejaba sin respiración, mientras Bugnar, en un acto desesperado utilizaría el nuevo artefacto contra cualquier otro oponente, gritando la única palabra que le había sido susurrada, esperando que surtiera algún efecto.

Con aquella estrategia plagada de lagunas y múltiples fallos podrían encargarse fácilmente de dos oponentes. O de ninguno si estos no sospechaban nada y simplemente disfrutaban de un revolcón con la Lilit mientras estas les quitaba las llaves.


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Mensaje por Dëminor Ligth el Mar Mayo 22, 2012 12:51 am

Todo se volvió un caos en apenas unos segundos, lo único que pudo ver Dëminor fue a su maestro caer y desaparecer en un mar de personas asustadas y desquiciadas, por lo que se abrió entre ellos a empujones para poder llegar hasta donde estaba el sacerdote a pesar de que él mismo estuvo a punto de desaparecer bajo los furiosos envites de las otras personas, las cuales poseían un mayor poderío físico que el joven elfo y el hecho de estar asustadas provocaban que no midieran su fuerza, sin embargo algunas personas se dieron cuenta de que pisaban “algo” y lo rodearon con un semicírculo, momento que el sacerdote aprovechó para apartar a unos cuantos y arrodillarse frente a su maestro.

Había visto mucha gente con huesos rotos….machacados por arados que se habían caído encima de la pierna de un pobre diablo que tenía la cabeza demasiado hueca como para saber cómo funcionan aquellos aparatos agrícolas, sin embargo aquella visión era simplemente escalofriante, quizás por el hecho de que era su propio maestro…prácticamente su padre, el que estaba allí tumbado en una postura antinatural…con el pecho hundido y varios huesos torcidos a causa de las violentas pisadas y patadas que sufrió.

Apenas unas débiles palabras surgieron de la garganta de aquel hombre entrado en años, apurando del todo el poco aire que sus pulmones, incapaces de poder llenarse, tenían. En aquel momento, los azules ojos del elfo se llenaron de lágrimas que le bloquearon en parte su visión, sostuvo la cabeza del sacerdote, apretándolo ligeramente contra su pecho mientras sollozaba en silencio…notó un vacío enorme dentro de él…¿Así iban a acabar todos, muertos por el pánico y por la locura?, Dëminor conocía bien a la muchos de aquellos aldeanos…uno de ellos, un joven labriego con más músculos que cerebro había tenido un accidente hace unas semanas y Dëminor en persona le atendió con la bondad y la dulzura que le caracterizaban…sin embargo, ese chico había sido uno de los que pisotearon al maestro del elfo…y todos los demás igualmente habían sido ayudados de forma totalmente desinteresada por los sacerdotes…¿Y así es como lo pagaban?.

Dëminor estaba furioso…nunca antes había estado furioso, y no le gustaba nada. Estaba enfadado por la estupidez y las cortas miras de los aldeanos…estaba enfadado consigo mismo por no haber podido ayudar a su maestro…y por encima de todo, estaba enfadado con las fuerzas oscuras que asediaban la ciudad…en esencia, ellas tenían la culpa del fallecimiento no solo del padre Peck, sino de todos los soldados y sacerdotes que habían caído por defender a su reino. El joven elfo creció con la idea prefijada de que la magia profana era sucia y malvada, pero sin lugar a dudas aquellos acontecimientos no hacían sino aumentar el odio y el recelo que el sacerdote tenía sobre aquellas energías.

De repente, escuchó una voz profunda al lado suyo. Alzó los ojos envueltos en lágrimas y pudo ver cómo la muchedumbre había sido dispersada por los generales del Rey, además de notar que el Rey en persona estaba elevando una plegaria por el alma del recién muerto, cosa que Dëminor agradeció profundamente, pues tenía en alta estima al soberano, una estima ganada gracias a la educación recibida y al profundo respeto que aquel hombre inspiraba en el joven elfo.

Tragó saliva a la vez que sorbía unos cuantos mocos de forma ruidosa y se limpiaba las lágrimas con la suave tela de su túnica, dejó la cabeza de su maestro Peck en el suelo y le cerró los ojos con suavidad.

-Mi señor…-Dijo Dëminor sin mirar directamente a los ojos del Rey con un hilo de voz. -¿Cómo podremos detener a estas criaturas impías?, No sucumben al miedo, ni al agotamiento…y nos superan en número…-Por un momento se le llenaron los ojos de lágrimas, pero parpadeó para contenerlas.

-Nos superan por mucho, mi señor…¿De donde viene esta amenaza?, ¿A quienes nos enfrentamos mi señor?- Dijo con voz angustiada a la vez que le temblaba ligeramente el mentón.

-Joven-Dijo mientras suspiraba después de ver el terrible actos de sus propios ciudadanos. -Después de ver la propia muerte de mis hombres ... de buenos amigos y compañeros, te puedo decir ... solo he visto a uno de ellos ... a alguien que fue rey y gobernante, sabio y erudito ... mas ahora solo es una sombra de lo que fue... alguien que olvido con la muerte a quienes servía en vida ... un viejo rey, tan amado por su gente que durante un año se vistió de luto ... Leoric el sabio.-

-Eso es terrible…estáis hablando sin duda de un Lich…un brujo maligno- Dijo el sacerdote mientras repasaba mentalmente el escrito que hablaba sobre tales hechiceros no-muertos.

-Sin embargo, ¿Qué podría hacer que atacase el reino, acaso busca alguna clase de tesoro…? Mi maestro Peck dijo que no se lo diésemos…¿Darle qué, mi señor, acaso es algo tan importante como para condenar todo el reino a una muerte segura?- Notaba como el nudo de su garganta se iba deshaciendo a medida que su mente empezaba a centrarse en las palabras del Rey.

-Tus palabras nacen de la sensatez y la ignorancia a la vez, sacerdote, tus obligaciones se limitan a prestarnos ayuda en la batalla, no a inmiscuirte en asuntos que le quedan demasiado grandes a un niño…necesitamos tus poderes curativos para salvar el reino y sus habitantes…¡Ve
ahora, sacerdote!, ¡Nuestros heridos te necesitan urgentemente!-


Quizás las palabras del Rey fueran duras, pero era lo que se esperaba de un gobernante, no podía mostrar debilidad…y tampoco quería dar demasiados detalles al respecto…y menos a un niño con las orejas picudas.

De inmediato, a Dëminor se le subieron los colores…había hablado directamente con el Rey, y además había sido bastante directo e indiscreto, cualidades no muy abundantes en él, por lo que no dijo nada más…tomó su báculo del suelo y se dispuso a irse cuando el Rey llamó su atención con un silbido.

-Imparte justicia por él- Se limitó a decir cuando el joven se dio la vuelta, además de lanzarle a las manos el báculo que su maestro portaba, el cuál tomó Dëminor por puros reflejos, dejando caer el suyo al suelo con un sonido metálico.

En unos instantes, el rostro del joven se llenó de vigor y esperanzas renovadas…todo por un mero báculo, idéntico al que él había usado hasta ahora, pero mucho más desgastado.

-No temáis mi señor, así lo haré- Comentó con una media sonrisa antes de marcharse de allí en dirección a la zona en la que estaban cuidando de los heridos ya que, a causa de las palabras de aquel…¿hombre, ser?...impío, las fuerzas maléficas retrocedieron al instante…sin embargo, lo que debía de ser un respiro para los soldados y sacerdotes cansados, se convirtió en seguida en una oda al terror y a la desesperación.

Los gritos y lamentos llenaban el lugar en el que los hombres y mujeres descansaban. Mirase donde mirase, el joven sacerdote sólo veía el dolor y los estragos en las personas que allí trataban de descansar. Docenas de guerreros estaban muy malheridos, algunos echaban en falta un miembro o dos y gritaban con fuerza mientras otros compañeros menos heridos les tapaban los muñones ensangrentados con todas las telas que podían y gritaban a pleno pulmón pidiendo un sacerdote que les ayudase a parar la hemorragia. Otros soldados tenían heridas de menos importancia, unos cuantos arañazos o moratones…sin embargo, muchos de ellos eran más supersticiosos que guerreros, por lo que su salud mental estaba pendiente de un hilo al haber luchado contra las criaturas que poblaban sus pesadillas infantiles.

Dëminor se apresuró a realizar unas cuantas curas de urgencia. El primero en ser atendido fue el guerrero que sangraba abundantemente por lo que antes había sido la articulación del codo, ahora se había convertido en un muñón chorreante de sangre que empapaba las manos de la mujer que, con lágrimas en los ojos, intentaba en vano detener la hemorragia con las manos desnudas.

El sacerdote murmuró unas palabras y de su palma comenzó a arder con fuerza la flama de la curación, lo que logró que el hombre dejara de gritar y convulsionarse paulatinamente…no lograría regenerar el miembro perdido con sus poderes, ni mucho menos, pero al menos lograría evitar que aquel hombre se desangrara o quedara medio muerto a causa del dolor.

Unas perlas de sudor recorrían la frente del joven elfo cuando la herida ya empezaba a estar cauterizada del todo…al menos ya no sangraba más y el soldado quedó sumido en un dulce sueño a causa del la extenuación física que tenía y a los efectos del hechizo sagrado, por lo que Dëminor se apresuró a curar a otra persona….o eso habría echo si no fuera porque uno de los guerreros que había estado sentado mirando al cielo con ojos perdidos se levantó como un resorte y cortara el cuello del dormido soldado con un cuchillo de hoja plana.

Con horror, el sacerdote contempló cómo aquel pobre diablo acuchillado habría los ojos inmediatamente y boqueaba de forma inútil mientras su arteria seccionada formaba un oscuro charco de sangre en la cama improvisada al aire libre. Inmediatamente dirigió su mirada al asesino, el cuál sonreía de manera macabra y triste a la vez mientras en sus ojos se podía adivinar la oscura chispa de la locura.

-¡¡Moriremos todos, Jajajajajajaja!! ¡¡Ellos nos matarán tarde o temprano, así que…¡¿Para que sufrir una larga agonía pudiendo acabar con nuestro sufrimiento de una sola estocada?!- Mientras hablaba, unas gruesas lágrimas caían por su rostro, sin dejar de sonreir de aquella forma demencial.

-¡Pero qué haces, insensat…..!- Dëminor bramó esas palabras con angustia, más no pudo acabar la frase, pues un sonido metálico seguido de un par de sonidos secos le acalló. Uno de los soldados veteranos del ejército, no un miliciano reclutado en los últimos momentos, le rebanó la cabeza a aquel hombre con un giro de su poderosa espada, la cuál rodó unos centímetros y quedó mirando hacia el cielo…con la misma expresión que tuvo en vida.

El cuerpo de aquel hombre dio unos espasmos voluntarios luego de que un chorro de sangre caliente saliera de su cercenado cuello, salpicando los bajos de la túnica del joven sacerdote…al final, cayó al suelo como si fuera un árbol roto.

-¿Somos animales que nos matamos a nosotros mismos a la mínima dificultad?- La voz grave y sonora de aquel hombre se levantó por encima de los gritos de desesperación y dolor.

-Ellos están fuera, y seguirán estando fuera mientras a nosotros nos quede un ápice de fuerza en el cuerpo- Escupió al suelo dejando en el mismo una flema sanguinolenta.

-Puede que la muerte nos espere fuera, pero también nos espera la esperanza de luchar para poder ver el amanecer un día más…que vengan…¡¡¡QUE VENGAN!!!, les estaré esperando con mi acero…será lo último que vean antes de que les envíe al averno de una patada en sus descompuestos culos-

Las palabras de aquel hombre en parte animaron a las personas…al menos por un rato, mas Dëminor sabía que eso no iba a durar mucho tiempo…tarde o temprano las defensas de la ciudad caerían…ni todas las palabras de ánimo del mundo podrían cambiar esa realidad…sin embargo, él haría todo lo posible para evitar que aquellas buenas gentes se encontrasen con Malkavior antes de tiempo…era demasiado tarde para Peck…pero ellos aún tenían la oportunidad de vivir…¿La tenían?.

Durante las horas siguientes ocurrió lo que el elfo temía, las palabras de ánimo de aquel veterano se diluyeron como si se vertiera una jarra de leche en el mar. Pronto los gritos de personas desesperadas inundaban el ambiente…era incontrolable, muchos de los aldeanos y los guerreros intentaron escapar, mas ya no era posible, algunos hombres, llevados por el terror de la muerte inminente, trataron de violar a la mujer que más cerca tenían, ignorando en los mejores casos su condición….en los peores, su edad.

Todo se volvió un caos que ni los sacerdotes pudieron resolver, a los gritos de dolor se le sumaban algunos sonidos de violación e incluso de asesinato, Dëminor intentaba en vano curar con su flama sagrada el pecho abierto del soldado veterano que antes había hablado de forma tan valerosa…apuñalado por un simpatizante del hombre que se volvió loco, más la herida alcanzó los pulmones y el corazón…así que no pudo salvarlo.

Y así…entre llantos y dolor…la noche empezaba a cerrarse sobre el reino sitiado, llenando todo de las temidas sombras que tanto atemorizaban a aquella sencilla gente…¿Qué iba a pasar aquella noche? Nadie podría saberlo…aunque Dëminor se esperaba lo peor.
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Mensaje por Franz Krieger el Mar Mayo 22, 2012 11:43 am

El plan saldría a la perfección, Jack ya se podía ver rajando gargantas Phonterekñas y navegando un barco nuevo, ¡Ja! Ya era todo un capitán pirata, tomando nuevos navíos y todas esas cosas que hacían los piratas, casi se pudo oir una risilla por lo bajo, cuando súbitamente, el capitán Ruhau dio la orden, la fatídica orden: "Abran fuego", la madera se desquebrajaba, rompía y cedía bajo sus pies, seguido de una lluvia de plomo que las armas de fuego del otro barco les estaban dando. Jack se cubrió detrás de una barandilla gruesa de madera y escondió la pistola de tres cañones en la bota, luego se remangó las faldillas del pantalón en la susodicha prenda de vestir y se lanzó al mar.
¿Qué el capitán era el último en saltar del barco?
¿Quién había nombrado a Jack capitán?

El agua estaba condenadamente fría, muchos eran los que habían decidido darse un chapuzón, incluso alguno estaba usando un pilón de madera como salvavidas, Jack confiaba en que por pura fortuna, no se le mojara la pólvora de sus pistolas, al menos la que muy seguramente no pasase eso, simplemente estaría humedo el metal. Simplemente debía confiar, y también creer que no le registrasen o matasen desde cubierta. Estaba jodido, si querían matarlos, por qué no les acribillaban desde cubierta... Querían algo de ellos, Jack empezó a dudarlo cuando les lanzaron las redes para que pudiesen subir al navío.
Y así escalaron hasta a aquellos que les habían destrozado el barco y ahora, los habían tomado prisioneros.

Jack miró a Ruhau sonriente, Ruhau le devolvió la mirada. Mientras, una horda de hombres les registraban de arriba a abajo, seis cuchillos y dos pistolas le arrebataron. Aún le quedaba un cuchillo escondido en la muñeca, la pistola seguramente mojada por el agua en la bota derecha y las dos cuchillas escondidas de sus zapatos. Luego, separados de Nili y otra mujer, los conducieron a unas mazmorras que tenían preparadas ya, muy seguramente para ellos. Aunque con tildes de rata, los metieron a todos en una sóla habitación carcelaria, como sardinas en una lata, oiga usted.

Mucha gente, mucho calor y una agobiante humedad. Jack se sentó en una esquina, sacó su pistola de tres cañones y la agitó, quitando un montón de agua de todas sus cabidades, buscó en sus bolsillos más munición, y una vez se aseguro de que estaba más o menos seca, recargó el arma. Muy seguramente no funcionase aún, pero siempre podía confiar en el poder de la fortuna y la suerte.

Para Jack, un albino hombre tardó bastante en arrodillarse frente a los barrotes y empezar a dibujar un pentagrama al otro lado de las puertas. ¿Un invocador? Ya estaban salvados. Soriente Jack se acercó al concentrado hombre y de cuclillas y cercano a él, le susurró:

- Estamos de suerte, te tenemos en nuestras filas ¿Eh? - Soltó chinchante el cazador, al hombre que hace unos días había socorrido a bordo del Damocles, aquel que parecía poseído, y que además tenía poderes, ¿Cómo decirlo? Demoníacos, pensando que su anterior enemigo eran esqueletos y un liche, muy parecida era la labor de aquel hombre cuyo nombre era desconocido para Jack, ¿Sospechoso? Ese sería el nuevo nombre para referirse al albino.
- A ver como te lo montas Sospe - Musitó divertido el engabardinado hombre, haciendo amagos de ignorar el chapoteo de sus botas al andar, "Chop choff chop", además de incómodo le ponía muy nervioso.
Entonces, al otro lado de las rejas una fémina "demonia" apareció, Jack miró para otro lado sabiendo lo que pasaría si clavaba su mirada en las tentativas y seducturas carnes del demonio.
Por algo eran siervos de la lujuria.

No comprendía el plan de Sospe, aún así tenía bastante buena pinta. Jack se puso en pie y desenfundó su mojada pistola esperando que la situación llegase a ellos para que, la magia de las balas hiciera su fruto.
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Mensaje por Björki Gotriksson el Miér Mayo 23, 2012 11:54 pm

Desde el momento en el que uno tras otro habíamos empezado a fingir la rendición que algo me daba mala espina. No nos habían matado, ciertamente, pero... A pesar de que mi actuación sí había sido convincente, las palabras que usaron algunos de los patanes, como aquello de "no lucharemos en vuestro barco", evidenciaban considerablemente que precisamente eso era lo que estábamos deseando hacer. Y el capitán enemigo no parecía tener un pelo de tonto... Y no lo tenía. La primera palabra que salió de los labios de ese tío fue que abrieran fuego, y pronto un espectáculo de pirotecnia, digno de cuando los enanos celebramos la Fiesta Semanal de la Cerveza, se desencadenó frente a nosotros. Fragmentos de madera volando por doquier y explosiones resonando también por todos lados fueron lo siguiente que pudimos apreciar.

Yo intentaba mantenerme en el barco, pero justo en el momento en el que me arrimaba a la borda para tratar de saltar, un cañonazo impactó justo debajo de mí. El fragmento de madera salió volando junto conmigo, y fue gracias a él que yo no sufrí daños. Aunque sí un buen remojón. Entre que volaba y caía, mi boca desprendió una hermosa cantidad de sapos y culebras:

-¡¡¡HIJOS DE UNA TRROOOOOOOOOOOOOLL!!! ¡Os vais a enterrar de quién soy yo cuando os ponga la mano encima, bastardos malnacidos! ¡Me habéis remojado la barba, bestias infectas, os voy a retorcer la garganta con mis prropias manos hasta hacerros escupir la nuez por la boca, cabrrones desgrraciados!-

Noté entonces como una red me envolvió, y pronto empecé a ser izado a la cubierta, no sin gran dificultad. En ningún momento había soltado mi hacha, de modo que empecé a apretarla contra las cuerdas para romperlas. Finalmente se rompieron, pero justo en el momento en el que yo tocaba borda y al menos cuatro ballestas y siete arcabuces apuntaban a mi cabeza. Un fusilamiento... ¿Qué decía de eso el código de honor enano? No muy buenas cosas. Eso no es muerte en batalla ni es ná.

El capitán enemigo nos miró desafiante, y yo le devolví el desafío, mirándole con malevolencia. Uno de los marineros se acercó a mí entonces y me pidió que le diera el hacha. Dándosela, al ver que no tenía otra opción que no fuera una muerte deshonrosa, le dije, mirando al marinero con furia:

-Antes de que lleguemos a la mitad del viaje ese hacha volverrá a ser mía, humano. Y jurro que vuestrras cabezas estarrán clavadas en el mástil. ¡Vais a arrepentirros del día que capturrasteis a un enano!-

Tal fue la furia con la que lo proclamé que los marineros enemigos no se rieron de mí. Al parecer, ellos sí sabían qué es un enano enfadado y sobrio. Más les valía saberlo, aunque eso no fuera a evitar su brutal muerte en cuanto me liberara, cosa que no creía que tardara mucho. Finalmente nos llevaron a un calabozo, a mí teniendo que aturdirme de un golpe de maza. Recuperé los sentidos en el momento en que el capitán enemigo se sacaba un puro y lo encendía, y tanto Daggus como yo nos lanzamos a por los barrotes, tratando de reventarlos. Estaban demasiado bien puestos. Ni siquiera el humano y yo juntos podríamos cargárnoslos, al menos, no sin gastar muchas energías. Fue entonces que el tío habló. De mientras hablaba, cogieron a las mujeres y se las llevaron, y el hombre siguió con su prepotencia. Escupiéndole en la cara, le dije:

-Puede que este barco llegue dentrro de dos días a Dullahan... Perro puedo asegurrarte que tú no vas a hacerlo, desgrraciado. Si hubierras visto a la crriaturra a la que nos hemos enfrrentado, comprrenderrías que nada más llegar a tierra vais a ser masacrrados. Te lo advierto, y crréeme que los enanos nunca advertimos en vano... Sea yo quien te mate, o sean los no-muertos, nunca vas a volver con vida de esta misión. Reza parra que sea yo quien te dé muerte. Los no-muertos no van a contentarse con arrebatarte la vida.-

Finalmente el hombre se fue del lugar, lanzándonos el puro. El primero en actuar fue el albino, el cual sin mediar palabra cogió el puro y empezó a trazar un símbolo raro en el suelo, fuera de la jaula, con la ceniza del tabaco. Mirándole, mientras el hombre del sombrero de ala ancha hablaba, dije, rascándome la cabeza:

-No sé cuál es tu idea, perro si funciona... Los marrinerros van a llevarse la desagrradable sorprresa de que a un enano nunca se le puede desarmar mientrras conserve los puños... Y sobrretodo la cabeza... ¡Crréeme, un cabezazo de enano puede trriturrar un crráneo humano!-

Miré a Daggus, el cual parecía estarse preparando para canalizar un hechizo. Por su mirada, pude ver que de momento sólo lo canalizaría. Si lo disparaba, sería en caso de que el plano del albino fallase y hubiera que reventar la puerta con otros medios más... Sofisticados. Yo por mi parte, hice crujir mis nudillos. Tenía ganas de sangre, y me las cobraría.
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Mensaje por Zyrxog el Dom Mayo 27, 2012 8:46 am

La vida es como un baile
La muerte es la compañera que siempre lleva el paso
Hasta que la música deja de sonar
Y con la última inclinación el frio llega al cuerpo.

Christian Chacana 26 de mayo de 2012

La locura muchas veces es mas contagiosa que la mas terrible enfermedad, no importa la salud ni el vigor de hombre o mujer, cualquiera cae bajo sus encantos, encantos de miedo y desesperación, aquello lo sabia Ragash y más aun con esa sonrisa torcida que poseía su rostro, no solo se le conocía como un gran estratega, sino también como un mago desquiciado, que con tácticas inhumanas había ganado gran poder en vida, tanto que había codiciado la inmortalidad, con nefastas consecuencias tanto para él como para sus sirvientes, ya que no es fácil obtener el poder para vencer a la muerte y mucho menos es gratis, tanto el cómo sus sirvientes habían sido convertidos en criaturas ni vidas ni muertas, simplemente atrapadas en una agonía eterna, lo suficientemente larga como para desquiciar aun más los restos de cordura que aun mantenía, Ragash se regocijaba con aquello que había hecho, era tan fácil manipular la quebrada voluntad de esos hombres y mujeres, era tan fácil sembrar la discordia o el terror … usando la esperanza y fe falsas … los grandes ejércitos se mantenían quietos, tan solo el viento los hacía moverse, mientras el aroma a descomposición manchaban la tierra con su nauseabunda presencia, as lo importante no era lo que sucedía en aquel vasto ejército, que aun cuando ya no se movía, seguía levantando tropas desde los antiguos cementerios, desde las viejas criptas familiares, mas algo se gestaba bajo los pies de los desesperados habitantes de Dullahan … ya que … ¿acaso habían olvidado las viejas catacumbas que recorrían toda la extensión de la ciudad capital? … tras los muros interiores, la locura se apoderaba de muchos, algunos habían dejado de lado su honor, su hombría o sentido común, para dejarse llevar por la barbaridad y la desesperación, hombre y mujer por igual se dejaba llevar por sus instintos, mas aun quedaban hombres y mujeres que intentaban mantener algo el control, lamentablemente la locura era demasiado contagiosa, y solo se necesitaba una risa demencial para que otros la siguieran. En el palacio el rey meditaba, sobre su trono mantenía su mente totalmente ocupada, sus generales se encontraban tratando de mantener el orden y extinguir cualquier foco de barbarie que pudiera surgir, aunque eso era difícil cuando los propios soldados perdían la razón, aun así, varios hombres daban vuelta el tesoro real, buscando cualquier objeto que pudiera ser el mencionado por aquellos cadáveres … realmente esa era la situación más difícil por la que había pasado el rey … incluso la muerte de aquel que había sido su amigo durante años había sido un golpe duro, especialmente por no poderlo haber evitado … aunque la mirada de el joven elfo le había reconfortado algo, ya que era la misma mirada que hacía años el mismo había tenido cuando se enfrentaba a los grandes peligros que acechaban al reino … más pronto una idea cruzo por su mente, como si fuera un golpe en su cabeza abrió sus ojos y se levanto del trono, corriendo hacia las habitaciones donde el tesoro se encontraba, ahí un par de hombros examinaba cada gema o trozo de moneda que existiera en los cofres, mas cuando el rey abrió de par en par las puertas y se interno en esas cámaras, la vista de los hombres lo siguieron, hasta que en la parte mas olvidada, donde cobre y bronce era lo que más se juntaba, un cofre de hierro olvidado desde tiempos inmemorables y carcomido por las eras aguardaba, el macizo candado hacían imposible que pudiera abrirse, pero con un par de golpes de su espada, el candado cayó al suelo, rápidamente el rey lo abrió, en su interior un único objeto esperaba, en una esquina oscura, como oculto a la vista, era un simple anillo … muy artesanal, ya que parecía estar hecho de simples colmillos de gato o algún animal por el estilo … pero aquello … recordaba la primera incursión de Leoric y de cómo después de derrotar a un poderoso nigromante, le había arrebatado aquello de sus frías manos … arrancándole el propio dedo para extraerlo … el rey ahora estaba seguro que era aquello … pero si los muertos se habían levantado desde la tumba y el propio Leoric los comandaba … aquello debía de ser demasiado importante para entregarse …

En la ciudad, Dëminor caminaba algo confuso aun, había visto morir a su maestro hacia pocas horas por las mismas personas que estaban defendiendo, había visto correr la sangre inocente de hombres y mujeres y de cómo la locura se esparcía en aquellos que hasta hacia instantes eran individuos respetados y honorables de la sociedad, sus ropas estaban manchadas de la sangre de aquellos que había intentado salvar, de aquellos que aun mantenían la esperanza o la fe en su dios y en poder sobrevivir … mas habían sido traicionados por los mismos a quienes habían jurado defender … quizás era mejor que todos fueran consumidos por los cadáveres …. Tan solo se había necesitado unas simples palabras y el caos había reinado nuevamente, mientras el sacerdote caminaba sus pasos lo llevaron a una vieja iglesia, sus puertas estaban abiertas de par en par y no se escuchaba nada en su interior, había sido abandonada hacia mucho por los feligreses e incluso el mismo padre había dejado sus hábitos sobre el altar mientras las ilustraciones de su dios permanecían inmóviles, con paso solemne el joven entro y se arrodillo frente al altar, elevando una plegaria, pidiendo fuerza para poder seguir con su trabajo, fuerzas para seguir creyendo en la humanidad y paz para poder tener su corazón tranquilo con tanto sufrimiento que había visto, mas mientras sus palabras se elevaban hacia los cristales pintados, algo lo hizo detenerse … era un sonido rítmico … era el sonido de la roca y el metal, pero no provenía del exterior de la iglesia, si no de su propio interior, quizás la curiosidad fue mayor o quizás fue el hecho de que ese era un lugar sagrado y no debía de ser manchado por lo impío, abriendo una puerta llego a las escaleras que llevaban hacia las catacumbas rápidamente bajo las escaleras de roca, hasta llegar a lo que eran unos barrotes, firmemente cerrados por un grueso candado, el sonido provenía desde el interior, mientras que podía distinguir sonido parecidos a voces y pisadas, el elfo elevo su voz hacia el interior, buscando alguna señal de los que se ocultaban entre las sombras, mas el ruido no se detenía y subiendo nuevamente las escaleras, busco una antorcha, bajando e intentando iluminar el interior de ese lugar … mas solo sombras se podían ver, y metiendo el brazo entre los barrotes con la antorcha encendida, mas lo que vio lo horrorizo, y debió de dejar caer la antorcha al suelo para retroceder lo más rápido posible antes de que atraparan su carne, entre los barrotes más de una docena de brazos, algunos completamente carentes de carne y otras con la piel gris y en pedazos intentaban agarrarlo, sus rostros golpeaban los barrotes, con hambre y desesperación, las llamas de la antorcha dejaban ver el origen de esos sonidos, eran los propios muertos que usando sus ataúdes o nichos golpeaban la pared de roca … los muertos estaban en la ciudad … y nadie se había percatado … mas antes de que pudiera reaccionar, un grito femenino resonó hasta aquel lugar, un grito que fue seguido por otros de hombre y soldados.

A un día de viaje en barco, en medio de las olas, un barco navegaba lo más rápido que podía, su tripulación, hombres aguerridos y curtidos en mil batallas esperaban llegar a la isla donde los cadáveres se levantaban para devorar a los vivos y destrozar algunos cientos de esqueletos y cadáveres, mas algo hacia que ese trayecto fuera menos duro de lo que inicialmente había sido en un principio, la captura de esos simples aventureros en la espada, había sido una de las misiones entregadas por los nobles a Ruhau, mas las mujeres habían despertado los instintos más básicos de los marineros y ahora ambas mujeres, la hermosa elfa y la muchacha estaban atadas de manos en el camarote del capitán, esperando ser “usadas” … mientras los hombres encerrados en una pequeña celda ya comenzaban a trazar sus planes, el invocador había trazado un plan en su mente y aun cuando el cazador y el enano conocían podo de este, ya lo apoyaban, mientras Daggus mantenía silencio concentrando uno de sus conjuros, claro que podría ser arriesgado utilizar una bomba de vacío, ya que si erraba el tiro, podría terminar hundiendo el barco, mas le plan del invocador podría ser de factible … si no fuera por Ruhau … en su camarote la acción ya había comenzado, la muchachita Nili había sido dejada de lado, sería el “postre” ya que aun cuando sus curvas eran atrayentes, que mejor que tomar el cuerpo de una elfa … aunque claro, esta tendría más edad que sus madres juntas, no demoraron en arrancarle sus ropas, dejando sus pecho y sexo a la vista, la elfa ya había escupido e intentado morder a quienes se le acercaban, por lo que una tela fuertemente amarrada en su boca había sido más que suficiente para callarla, uno de los marineros rápidamente se bajo los pantalones, dejando ver un miembro entre una mata de pelos ensortijados, antes de que la elfa pudiera gritar sintió que la penetraban violentamente, abriendo sus carnes sin piedad y sintiendo un punzante dolor, claro que el hombre bramaba como poseso mientras sin piedad sujetaba con firmeza las piernas de la elfa que intentaba liberarse de esa violación y con rabia la penetraba una y otra vez, enterrando su miembro en el delicado cuerpo de la mujer … cuantos minutos fueron necesarios para que el hombre descargara su semen en su interior … quien sabe, pero cuando acabo, fue el turno de otro, el cuerpo de la elfa sería su diversión y su desahogo, un hombre tras otro avanzaba, la elfa miraba con odio a cada uno de los hombres, mientras su honor, su respeto eran destrozados como su propio cuerpo, el cual ahora solamente dejaba escurrir desde su sexo sangre y semen, una embestida, después otra, un bramido y sentía aquella desagradable sustancia entrar en ella, las risas de los hombres, la alegría que daba, más de uno se lanzo a sus pechos, lamiéndolos y mordiéndolos, tan fuerte que estos dejaban marcados sus dientes y la sangre escurría por los cortes de su piel oscura, hasta ese momento ya habían pasado más de veinte por sus piernas, las cuales apenas sentía, pero si lograba tener la sensación de dolor, cuando uno de los marineros mas grandes se bajo los pantalones, la elfa que ya tenía sus ojos llorosos se horrorizo, aquello no podía ser cierto, y menos cuando entro de golpe en su interior, si hasta ese momento el dolor había sido punzante, ahora sentía como su carne era desgarrada por ese animal y lo que ocultaba entre sus piernas, la elfa se retorció, intentando escapar, para molestia del hombre, el cual la agarro por el cuello apretando con sus manos mientras la penetraba con mas furia y fuerza, haciendo que la sangre salpicara con cada embestida, los ojos de la mujer comenzaron a apagarse cuando el dolor y la falta de aire la superaban, el hombre seguía apretando y cuando sintió que llegaba al orgasmo, apretó aun mas sin controlarse, bramando y gimiendo como poseso, cuando salió del interior de la elfa, dejando que desde sus piernas chorreara abundante semen y sangre, se dieron cuenta que estaba muerta … esto hizo que más de un regaño por parte de los que faltaban se ganara, mas este se excuso que había sido demasiado y que aun estaba la chiquilla … la cual había visto el espectáculo y estaba más que horrorizada.

Mientras sucedía todo esto, la alarma de fuego ya había sido dada … varios hombres en cubierta estaban por bajar para ver que sucedía, pero Ruhau los detuvo y tan solo le ordeno a dos que bajaran y que el resto se preparara ante cualquier cosa, no le agradaba el fuego y aun menos saliendo precisamente desde donde los prisioneros estaban, quizás las precauciones que tomaba el capitán eran demasiadas, pero tomando en cuenta que había un enano enfurecido y molesto en el grupo era mejor no subestimar anda, hasta que no fueran ejecutados en Dullahan … incluso el propio Ruhau había cargado su arma, una que parecía muy tosca, pero especialmente hecha para esos problemas, mientras todo esto sucedía, bajo la cubierta los dos hombres se abrían paso hasta donde estaba el origen del humo, no humo mucha extrañeza cuando uno de ellos, con los ojos irritados y tosiendo a más no poder se agacho para tomar are y vio a esa mujer con alas de murciélago mirándole, sin poderlo evitar cayo sentado ene l suelo, mientras ella gateaba felinamente hacia él, su otro compañero ajeno a esto, intentaba hacer que el humo se despejara, mas con la poca visibilidad tropezó con algo, que no era más que la cola de la súcubo la cual se había enroscado en su pierna y la cabeza del marinero dio contra los barrotes de la celda, haciendo un sonido hueco cuando su cráneo impacto, semejante al de partirse un coco, lamentablemente el marinero más cercano no poseía la llave y quizás el otro tampoco, mas había sucedido algo que el enano, por estar más cerca del piso pudo notar, y claro que podría hacerlo saber a sus compañeros, justamente el barrote que había impactado el marinero había mostrado que la tabla que lo mantenía estaba podrida, ya que el barrote se movió notoriamente y ya no estaba alineado, un par de golpes podría no solo darles la libertad, si no que la oportunidad de salir y vengarse o si lo preferían salvar a “las” mujeres … aunque claro, todo esto quedaba sus deseos … aun así … el cazador podía escuchar notoriamente las risillas de la súcubo y el marinero y algunos tintineos metálicos, mas que conocidos para el ya que eran los mismos cuando los pantalones se desabrochaban, aun así … él era quien estaba aun más armado, su pistola de seguro podría disparar mas no recargarse antes del combate y sus dagas ocultas serian útiles si querían recuperar sus armas de la armería, no muy lejos de la propia celda, si no más bien en un cuarto a un par de metros.


Fallen Kingdom Capitulo Uno. - Página 4 Mgj2

Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie

Fallen Kingdom Capitulo Uno. - Página 4 Illithid
I Eat Your Brain Muajaja

Fallen Kingdom Capitulo Uno. - Página 4 Glare_by_HomicidalManda

Fallen Kingdom Capitulo Uno. - Página 4 Index

Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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Mensaje por Björki Gotriksson el Jue Mayo 31, 2012 5:11 am

El plan del humano invocador salió a pedir de boca. De hecho, ¡fue perfecto para la situación! A medida que se formaba el humo por el lugar, se podía escuchar el correteo cada vez más nervioso de los guardias. Al cabo de un rato, cuando ya no se veía ni a un elfo en un desierto, llegaron un par de guardias. Por las risitas y otros sonidos, pude adivinar que el hombre había caído ante los encantos de la diablilla, y un segundo sonido que sonó como la dulce campana de la libertad fue escuchado por mis oídos. ¡El otro guardia se la había pegado de cabeza contra un barrote! Lo mejor fue que al ver dónde se había descolodrillado, me percaté que el barrote contra el que se había dado el lechazo estaba sobre madera podrida. Agarré ese barrote, y tras unos cuantos tirones, un crujido se escuchó. Lo siguiente que vi fue el barrote arrancado y en mi mano. Sonreí macabramente. Aparté un par de barrotes más con la ayuda de Daggus, quien dejó de canalizar su conjuro, y tras salir y darle un fuerte golpe de barrote en la cabeza al guardia que estaba tirado en el suelo para rematarlo, agarré del cuello al otro, el que estaba jugueteando con la súcubo. Con no mucha delicadeza, empecé:

-Perdona que te quite al juguete sexual perro esto es de la máxima importancia. ¡Ser indigno! ¡Dime dónde demonios habéis guardado nuestrras armas!-

El hombre estaba tan fuertemente agarrado por el cuello que no pudo decir nada, sólo señalar con dedo tembloroso hacia la puerta que había tras las escaleras. Asintiendo con la cabeza en señal de agradecimiento, lo siguiente que se escuchó fue un golpe de barrote al abrirle la cabeza de un sólo golpe. Tras darle un beso al metal, dije, sonriendo:

-Crreo que deberría conseguirme un garrote. ¡Esto de reventar crráneos es divertido! ¡Tú, el de la pistola! ¡Llévate al mago albino y al elfo y salva a las chicas! ¡Los demás, venid conmigo! ¡Tengo un plan! ¡Hay que capturrar a diez de los marrinerros enemigos, y es esencial que sobrrevivan el timonel y el navegante! ¡Antes de matar a alguien, debéis asegurraros! Estos dos prringaos está clarro que no lo erran, a dos tíos importantes de la trripulación no los mandan a apagar fuegos. Si veis alguien condecorrado o algo por el estilo, ¡esos son el navegante y el timonel! Si querremos llegar a tiempo a Dullahan, deberremos usar a los expertos de la navegación parra llegar sanos y salvos. ¡Bien señorres, vamos allá!-

Empecé a correr con Daggus justo detrás de mí, y en el momento en el que llegamos a la sala donde supuestamente estaban nuestras armas, salió un marinero con cara de malas pulgas, que al vernos la cambió por una expresión de terror. Antes de que pudiera dar el grito de alarma, un fuerte golpe metálico se escuchó al golpearle en toda la cara con el barrote, dejándolo tumbado en el suelo con todos sus dientes desparramados por ahí. Una vez dentro, vi que los guardias empezaban a moverse, completamente descolocados al darse cuenta que los prisioneros se habían liberado. Por las paredes y algunas mesas habían varias armas, entre las que pude reconocer a mi hacha. En ese momento reparé en un marinero que alzaba su ballesta, dispuesto a apuntarme. Sin perder tiempo, le lancé la barra de hierro, la cual recorrió la estancia como una jabalina para finalmente clavarse en su ojo, quedando su cráneo atravesado por el barrote. Daggus, por su parte, estaba peleando a puño desnudo contra otros dos guardias, esquivando al primero para seguidamente atacarle con la combinación de puño, codo y rodilla. En caso de acertar, el tipo se quedaría en el suelo vomitando el almuerzo. Por lo que vi, si lograba tumbar al primero, al segundo le arrearía una buena patada alta, porque ya se estaba poniendo en postura.

Yo, por mi parte, nada más ponerle la mano encima a mi hacha, vi como algunos marineros me apuntaban con sus armas, y justo antes de que las dispararan, tumbé una mesa tras la cual me cubrí, pudiendo escuchar el sonido de los proyectiles impactar contra la barricada improvisada. Sonreía ferozmente. Yo ya me había llevado a cuatro por delante y había recuperado mi hacha. Ahora los humanos tenían un problema con barba suelto. Un problema muuuuy gordo. Mi siguiente acción, nada más recibir los proyectiles en la mesa, fue lanzarla con una mano contra los marineros, tratando de reventarla contra ellos para aturdirlos y que así fueran más fáciles de capturar. Si el plan salía bien, en menos de media hora el barco sería nuestro.
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Mensaje por Franz Krieger el Dom Jun 03, 2012 9:43 pm

Jack sin mucho que pintar en aquella situación, dejó que el invocador albino y los forzudos enano y gigantón hicieran el resto, arrancar barrotes de celda como si de muelas se tratasen. Con mucha fuerza y neura.
Aunque todo estaba saliendo extrañamente, bastante bien. Había empezado a salir una humareda negruzca que algún que otro tosido daba, bajaron dos guardias, la súcubo sedució a uno, en cuanto salieron enano y gigantón, a palos se liaron.

Escuchó el plan del crestudo pelirrojo patascortas y le provocó una más que amplía sonrisa al verse nombrado como "Err de las pistolarrr", con ese forzado acento errudo que tenía el pequeñín.
Pero tenía razón, debían salvar a Nili y a la elfa. Desenfundando su pistola tricañón, y encaminó la marcha, sin siquiera importarle si le seguían el albino o el elfo.
Nada más salir de la celda vio al moribundo y casi insconsciente marinero con un bonito gorro triala, que fue robado a manos del cazador de vampiros, que escondió su gorro en el zurrón, con mucha maña y fuerza metido a presión, y luego robó la chaqueta azulada con cientos de galardones Phonterekños, y se la puso por encima.
Acto seguido corrió a cubierta y nada más salir, a viva voz anunció, destacando quizás, cierto espíritu traidoresco, pero nada más que el facilitar las cosas hacía Jack.

- ¡Los prisionerros se escapan! - Gritó Jack, forzando un acento del este y denotando las erres, para que se olvidasen de la voz que antes había intentado hacer creer que se rendía.
Unos cuantos marineros de cubierta bajaron rápidamente, otros tantos casi se olvidaron de que existía Jack, así que no le prestaron atención.
Y con mucha parsimonía y arma en mano, tan descaradamente, Jack cruzó sonriente la cubierta del navío y subio las escaleras que daban a un segundo piso de cubierta, donde estaba la habitación personal del capitán Ruhau, o como se llamase aquel perro sarnoso. De cualquier manera, si las prisioneras no estaban en cubierta, siendo violadas por todo el mundo, estarían a merced del propio capitán en su camarote, y más teniendo en cuenta de que eran una joven hermosura y una elfa, ¿Qué capitán no se las reservaría?

Lo más lógico es que estuvieran en su camarote, vamos. Así que, colocandose en la puerta que daba a su camarote, tocó dos veces con sus nudillos en la madera brillante y nogalina. Luego, intentó abrir la puerta girando el pomo, pero no se abrió. El capitán quería intimidad, seguro que se lo había hecho notar con algo tal que así: "¡Y no me molesteís mientras las violo!", quizás más educada o sutilmente. A Jack no le importó mucho por aquel entonces los modales de Ruhau, así que, apuntó con su pistola tricañón al pomo y ¡Bang!, un disparó voló la cerradura, luego con el dedo índice empujó levemente, abriendola.

Entró descaradamente y casi sin ver lo que había dentro, pronunció con una fozada educación bastante falsa. - ¿Se puede? -
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Mensaje por Bugnar el Dom Jun 03, 2012 10:38 pm

Su plan había salido bien. No como esperaba, pero efectivo al fin y al cabo. Aquel fornido enano supo aprovechar la oportunidad, y mientras Bugnar apagaba el fuego para que no acabasen todos asfixiados por el humo, este desmanteló los barrotes que habían quedado sueltos en un periquete. De un golpe, derribó a uno de los marineros, que cayó desplomado al suelo. Definitivamente era una buena compañía. Tenerlo de su lado era todo un alivio.
Los prisioneros salieron de la celda en silencio, aun inconscientes de la suerte que habían tenido. Aunque lo peor aún estaba por llegar. Si bien era cierto que habían conseguido escapar de aquellos barrotes, aun tenían que lidiar con toda una tripulación experimentada. Salir de aquel lio no sería nada fácil.

Su súcubo parecía satisfecha con su reciente presa. Hacía días que no pisaba el plano material y estaba deseosa de deleitarse con los mortales. Bien por ella; aunque Bugnar se mantendría lejos de su invocación por si acaso. De momento la mantendría, pues se sentía bastante vulnerable sin ella y podría serle de utilidad en los siguientes minutos. La demonio le sonreía con una sonrisa de oreja a oreja, pasándose la lengua por los labios, mientras que agitaba su peculiar cola en el aire.

El mago desvió la mirada para comprobar en que estado se encontraba el grupo. La mayoría parecían abatidos y desesperados. Sólo el enano y un hombre de gran envergadura, así como Jack, parecían estar calmados. El primero empezó a dar las órdenes pertinentes para salir de aquella con la cabeza entre los hombros. No era un mal plan, salvo que Bugnar no tenía ninguna intención de hacerse el héroe intentando salvar a mujeres que no conocía. Ahora no tenía unos barrotes que le separaban de una escapatoria. No iba a desperdiciar esa oportunidad lanzándose de frente a la boca del lobo. Quizás el enano y Jack eran diestros guerreros, pero él no, y aunque así hubiera sido, no tenía por qué echar su vida a suertes.

Mientras los demás tomaban un camino u otro, Bugnar se escabulló, intentando buscar un lugar dónde esconderse y pasar el resto de días que quedaban hasta llegar a tierra. Si podía, intentaría llegar hasta la bodega, dónde podría esconderse y robar algo de comida. Aunque sería complicado, ya que no conocía ese barco, y era lo suficientemente grande como para perderse entre sus pasadizos. Su demonio le seguiría y le ayudaría a sortear los guardias.
Evitaría dentro de lo posible cualquier confrontamiento, y tendría desenfundada la daga en todo momento por si surgiese algún imprevisto.


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