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Mensaje por Franz Krieger el Vie Jun 15, 2012 8:39 pm


Todo pasó excesivamente rápido. Por acto reflejo, una vez Ruhau disparó y la bala atravesó a Nili y hirió en el hombro, una herida bastante externa pero dolorosa, Jack soltó un grito de dolor, que rápidamente ahogó, soltando a Nili y dejando que cayese, para luego sin lamentarse un sólo segundo, sin vacilar siquiera, lanzarse como un portero se lanzaba a por la pelota.
Aterrizó con el pecho en la mareda, soltó un gruñido por el golpetazo, pero no le prestó mucha importancia: La adrenalina invadía todo su cuerpo.

Con su mano agarró la pistola, rápidamente se giró y desde el suelo, apretó el gatillo dos veces. Dos balas impactaron en uno de sus brazos y la otra en la pierna del capitán, que dolorido clavó sus rodillas en la madera. Jack disparó un tercer tiro, que dispuesto a impactar en la cabeza de Ruhau, fue evitado con el sable de este último.
Jack no esbozó media sonrisa. Se puso en pie con tranquilidad, guardó su pistola y se acercó a una baranda del barco, donde una fregona se encontraba metida en un cubo lleno de agua limpia.
El cazador no se molestó en escurrir la fregona, sólo se acerco al moribundo capitán, pero uno nunca se podía fiar de un cabrón de tal magnitud como aquel.

Nada más estar a metro y medio, Ruhau soltó un alarido y con la fuerza de un rinoceronte se puso en pie y cargó contra Jack, pero él ya se lo olía y simplemente se apartó y una vez estuvo en la espalda de su rival, le golpeó con todas sus fuerzas con el palo de la fregona al cuello del capitán, que soltando un bramido, se giró y lanzó un tajo horizontal a Jack, que simplemente girandose un poco lo esquivó sin problema.
Ruhau era un buen guerrero, de los mejores que Jack había visto. Pero ahora estaba desesperado, no temía a la muerte, pero sí a la derrota, a la humillación. Le aterraba que alguien como Jack, un cazarecompensas le ganase.
Lanzaba ataques con temeridad y fuerza incomparables, pero muy predecibles. Jack ya los había esquivado incluso antes de que fuesen lanzados, y por cada golpe que Ruhau lanzaba, Jack le golpeaba con la fregona, el único arma que tenía.

Al final, Ruhau agotado recibió un golpe en el brazo, que muy seguramente se quebró al oirse un "Crack", después, del dolor soltó el sable.
Jack le propinó otro golpe en el estómago que lo llevó un par de pasos atrás, después otro en la espalda que lo hundió en la madera del suelo. Había caído cercano a la descargada pistola que desgarró trozo de carne de su dolorido hombro, que por instantes le dolía más y más, y con la fregona la apartó un par de metros del alcance de Ruhau.
Jack soltó la fregona y agarró el sable de su contrincante. Nada más cogerlo algo le dijo que no era un sable normal, los pelos se le erizaron pero no le dio demasiada importancia.

Con el sable, Jack se acercó a Ruhau, que sonriente y con la boca ensangrentada miró a Jack.

- ¡Eres un maldito perro, eso eres y eso serás! ¡Nada te cambiará, me das asco, perro sarnoso! ¡No tienes huevos para matarme, sucio cabr...! - Ruhau soltó todas sus fuerzas por la boca. Jack no le dedicó unas últimas palabras, una sonrisa o un pensamiento sagaz, simplemente cortó sus palabras por la mitad, con un simple tajo de arriba a abajo que separó la cabeza de sus hombros.
La cabeza de aquel cabrón ahora rodaba por la cubierta, manchando todo de sangre.
Pero Jack no soltó nada gracioso. Inexpresivo y de ceño fruncido guardó el sable en una de sus fundas y lo adoptó como suyo, luego fue a recoger su révolver tricañón y lo guardó donde debía estar.
Luego volvió donde estaba Nili, la agarró del regazo y se dejó caer cercano a ella, luego posó su cabeza en sus piernas. Observó su rostro inexpresivo, su tez pálida y sus ojos cerrados.
Recordaba sus últimas palabras, miró a Ruhau, después volvio a mirar a Nili.

Había muerto por su culpa. La temeridad y estúpidez llevaron la muerta a aquella joven que más bien nada le debía a Jack. Llevandose las manos al rostro secó una lágrima que recorría su mejilla, apoyó a Nili de espaldas al mástil, le echó una última mirada, y luego pudo oír como el enano y compañía salían de abordo.
Habían ganado el barco, ahora era suyo. Poco después sintió la regordeta mano del enano en su hombro y luego oyó sus palabras.
No se las devolvió. Se puso en pie y fue a hacer caso al consejo del patas cortas, debía encontrar sus armas y recomponerse.

Llevandose la mano al hombro, bajó por las escaleras bastante apresurado. Siguiendo un rastro de cadáveres y sangre, llegó a la armería, donde con poco buscar encontró todo su equipamiento. Sus estacas, su crucifijo, sus dos pistolas, sus espadas y sus tantos cuchillos. Un par de minutos después ya estaba totalmente equipado y buscó aquello que se hacía llamar enfermería.
Una vez la encontró, buscó alcohol etílico, se echó bastante en la herida abierta y luego la vendó con las vendas que tenía en su zurrón, y se guardó el alcohol en lo ya mencionado.
Sacó un trozo de cecina y se la comió, pensando en la nada. Simplemente en lo ocurrido, una vez acabó, bastante después, subió a cubierta donde, las costas de su objetivo ya se podían ver.

¿Era eso? ¿Aquello que había cambiado a Jack, matado a casi un centenar de personas y herido a otras tantas? ¿Era aquello que llamaban Dullahan?
Pues si era cierto, y antes incluso de llegar lo habían pasado tan mal, no quería saber lo que les esperaba en tierra firme. Que los dioses antiguos los guiasen contra aquello que los esperara ahí a lo lejos.
Necesitarían esa ayuda y más.
Franz Krieger
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Mensaje por Bugnar el Miér Jun 20, 2012 12:07 am

Ajeno a la batalla campal que se había producido afuera, en la cubierta, el joven aunque canoso mago de piel pálida y mirada perdida no se acababa de creer lo que tenía entre manos. Un artefacto al más puro estilo macabro, que le había salvado la vida por alguna inexplicable razón. Aunque no iba a discutir que estaba tremendamente aliviado de permanecer entre los vivos, aquel hecho lo había preocupado profundamente. ¿Hasta que punto estaba metido en algo de lo que luego se arrepentiría? Pregunta sin respuesta, pues la vara, aunque mágica, no hablaba; y de haberlo hecho, de seguro se hubiera burlado de la desdicha del mago. No, era mejor así, las varas parlantes (conocía alguna) eran un auténtico dolor de cabeza.

Poco le importaba al mago que bando se proclamaría vencedor. Le sabía mal por aquellos dos compañeros con los que había trabajado aquellos días de calma chicha en la Espada de Democles, pero fue borrada rápidamente. Apenas los conocía, y tampoco es que le hubiesen tratado de maravilla. En fin, que estaba totalmente solo, sin saber nada del exterior; y ahora sí, con un leve mareo, que por el cúmulo de emociones apenas había sentido.
Por quien en realidad estaba preocupado era por su demonio, que con su habitual temperamento había conseguido que la hiriesen. Esperaba que se recuperara pronto, pues aunque los dos mantenían una relación complicada de respeto y odio, Bugnar no podía dejar de sentir el vínculo que los unía. Sentía que había actuado precipitadamente, y que en consecuencia, su invocación había pagado por ello. Esperaba no volver a cometer el mismo error.
Decidido ya a proseguir con su tarea, y ya sin nadie que le molestase Bugnar emprendió un sigiloso trayecto hasta la bodega; donde a pesar de la humedad y el continuo crujir de la madera, estaría más seguro que afuera, al aire libre y con el mar en el horizonte. El mar… dejó ir un soplido con solo de pensar en aquella masa inmensa de agua que tantos vómitos le había procurado. Era una reacción innecesaria, pero allí estaba. No podía controlarse, y eso hacía agotar la paciencia del mago.

Su búsqueda fue correspondida con rapidez. Tras una oscura esquina, una puerta sin cerradura se postró ante el taumaturgo. Levantó el paño poco a poco, procurando hacer crujir las bisagras lo menos posible… cosa que consiguió a medias. Se introdujo rápidamente en la estancia y cerró la puerta tras de sí. En ese instante se quedó en silencio, intentando escuchar alguna respiración oculta entre la absoluta oscuridad. No había antorcha alguna que iluminara la estancia, ni faros; ni velas, nada. Resignado a aquel hecho, Bugnar intentó caminar con los brazos extendidos, intentando no tropezar con nada peligroso. Tras unos minutos de angustia, en los cuales la vista fue acostumbrándose a la penumbra, Bugnar consiguió encontrar un lugar lo suficientemente cómodo. Ese sería su sitio a partir de ahora y hasta que sintiera que tocaran tierra.

Se acomodó lo mejor que pudo, apartando con la espalda una incómoda red de pescador. Se llevó una hogaza de pan a la boca y empezó a contemplar el techo de aquella pequeña y oscura estancia. Iba a ser un viaje muy largo…


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Mensaje por Zyrxog el Miér Jun 20, 2012 4:01 am

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Y las aves cantaron al amanecer, cuando su trinar fue callado por los cuervos
Devoraban estos la carne de los cadáveres que se apilaban al lado del camino
Su graznido hizo que los muertos abrieran sus ojos y con hambruna los tomaron en vuelo
Para devorar sus entrañas con desesperación y locura.

Christian Chacana 20 de junio de 2012
Aquellas nubes sobre la ciudad no presagiaban nada bueno, eran como los últimos suspiros de las montañas lejanas, como las almas de aquellos que esa noche abandonarían el mundo entre gritos y desesperación, cada uno de los actores ya había empezado sus movimientos, cada una de las facciones parecía estar lista para la batalla, pero al balanza se inclinaría abrumadoramente hacia uno de los gobernantes, aquel que gobernaba con honor y valor, un rey entre hombres y mujeres, quien había mantenido al paz durante décadas, el rey, su majestad … y por otro lado, aquel que tan solo en pocos meses, había contaminado cada una de las rocas de ese lugar, había marchitado las cosechas y llenado de muerte cada rincón de la tierra, aquel que había levantado un ejército desde las cenizas, desde las negras tierras y olvidadas tumbas, aquel que hasta ese momento nadie conocía y quizás nadie lo lograría hacer … un nigromante, un heraldo de la muerte, un portador de plagas y enfermedades … la abominación y el horror inhumano.

Tras los gruesos muros, tras las fortificaciones y soldados que aun quedaban en pie después de la locura, el rey pensaba cual sería su nuevo movimiento, sus tropas habían mermado después de las palabras de aquella monstruosidad, la moral de los hombres era baja y tan solo los generales, mantenían algo de moral aun, incluso el propio rey parecía ver que aquella situación era como luchar contra las olas de una tormenta, mas mientras el rey mantenía sus ojos cerrados, buscando una solución para aquel destino que golpeaba sus muros, una mano amiga se apoyo en su hombro, el rey abrió los ojos y miro a uno de sus generales, el más anciano de ellos, un hombre que lo superaba en edad y lo había visto crecer, aun tras su yelmo gastado por los años, aun tras aquellos ojos pálidos y grises que poseía y esa larga barba, nívea como si fuera invierno, había alguien en quien confiaba completamente.

-Solamente debemos de mantenernos firmes, la ayuda pronto llegara y con ella una nueva esperanza para nuestra gente, debemos de permanecer en pie y defender nuestras tierra mi señor, ya que este es el legado que nos dejaron nuestros ancestros y el cual dejaremos a nuestros hijos-

-Tienes razón viejo general *hablo el rey* no debemos de perder las esperanzas, General Rugbis ¿Cuál es el estado de las tropas?-

Después de que uno de los generales diera un largo informe sobre las tropas restantes y de aquellos que se habían unido a la defensa de la ciudad, entre ellos gran cantidad de mujeres y jóvenes, termino su informe, se notaba aquel hombre preocupado, ya que la mayoría de los propios soldados ya habían perecido y aquello que se había convertido en una batalla por desgaste, estaba siendo perdida, pero el viejo general solo rio, ya que aun podían soportar los embistes de los enemigos, la defensa fue formada, se ordeno que los muros exteriores se mantuvieran custodiados, y que las catapultas no dejaran de disparar, incluso cuando el ejército enemigo pareciera inerte, mas pronto verían que tan solo eran ilusiones, mentiras de aquellos que eran sus enemigos, un gran contingente de soldados armados se apostado en las puertas, las cuales eran aun más protegidas con gruesos troncos y leños, los clavos de hierro fueron puestos, rocas y escombros, las puertas no se abrirían ante nadie.

Leoric había vuelto de su charla con su amo y señor, los ejércitos se veían dormidos, muertos como lo eran, los cadáveres se pudrían mientras el sol lentamente descendía y se comenzaba a ocultar en el horizonte, durante unos instantes nos e escucho más que el graznido del cuervo y el del viento levantando la fetidez de la descomposición, pero Leoric se mantenía inmóvil, mirando los muros de esa ciudad, los muros que sus antepasados habían hecho construir cuando por primera vez en esas tierras los muertos habían caminado, muchas generaciones antes que el mismo subiera al trono, mas ahora eran recuerdos que debían de caer, como las fichas de el domino, caerían y desaparecerían sin importar nada, ni la oposición de los vivos, ni tampoco la defensa de generales o reyes, lentamente aquellos que serian su carta de victoria llegaban, cada uno de los creeper, encadenados con grilletes de acero y magia antigua caminaba tras un pastor cadavérico, este se inclino haciendo una reverencia ante ambos generales, Kaisharg no se encontraba ahí, aun se mantenía a la costa con sus tropas, para desagrado y molestia de Leoric, quien no confiaba en aquel viejo liche, de todas maneras el sol estaba poniéndose y cuando el último de sus rayos desapareció en el horizonte dio la señal, con su enorme masa golpeo el suelo, y los creeper fueron liberados, estos como si fueran corceles se dirigieron hacia los pesados muros de La ciudad capital, mientras estas criaturas avanzaban los muertos se volvían a levantar, reanimados por la magia que volvía a fluir por sus cadavéricos cuerpos, los soldados apostados en los muros dieron la señal, para que una lluvia de flechas cayera sobre los creeper, muchos de estos cayeron muertos, como si fueran erizos con sus cuerpos atravesados de lado a lado por los afilados proyectiles, más muchos no lo hicieron y llegando hasta los muros sucedió aquello el primer creeper solo hizo que el muro crujiera, el segundo creó una grieta tan gruesa que podría meterse un puño en ella … mas el tercer creo el silencio … la calma antes de la tormenta y después … la hecatombe, los gruesos muros volaron, como si gran cantidad de explosivos hubieran detonado, las rocas salieron disparadas hacia todas direcciones, los generales debieron de cubrirse para no morir por las rocas, estas caían como si fueran proyectiles, el muro exterior había caído, no solamente caído, si no que la protección de la ciudad había desaparecido, entre el humo de polvo y rocas, una figura avanzo, sobre los cuerpos mutilados de los soldados de la ciudad, la figura sonrió, mientras su maza lo ayudaba a apoyarse, Leoric había vuelto a pisar la ciudad que antiguamente había sido de su propiedad, tras de el las tropas aguardaban, los generales que no habían muerto ahora veían a quien sería su verdugo, con voz grave, de ultratumba se escucho …

-¡¡¡ARRASAD CON TODO… QUE NO QUEDE NADA VIVO!!! -

Como si fueran ratas rabiosas los muertos avanzaron, por aquellos agujeros de los muros, con sus armas manchadas de sangre seca, melladas por las batallas, hachas y espadas, lanzas y arcos, era tiempo de matanza, era tiempo de comer, los gritos, la desesperación, aquellos que estaban en los muros interiores no podían hacer nada, más que trancar las puertas, antes de que la ola de muertos llegara a ella, los gritos rompían el silencio, las armas de asedios apostadas en los muros exteriores lentamente giraron, no hacia las tropas enemigas, si no hacia la propia capital, las antiguas armas que alguna vez habían protegido la ciudad ahora lo atacaban y con una orden de un comandante, las armas comenzaron a lanzar trozos del muro, hacia casa y residencias, hacia templos y el palacio, la muerte golpeaba las puertas de esa ciudad y torpemente no habían logrado mantenerla lejos, era la caída de Dullahan, era la caída del reino del hombre, la hora de que los muertos tomaran lo que les pertenecía.

En el barco aquel día había pasado con tranquilidad, el enano no era buen marinero era verdad, su raza alejada de aquella bestia azul no conocía como controlarla, pero después de amenazar y volar un par de dientes, los marineros estuvieron más que dispuestos a ayudarle a conducir aquel enorme barco, por su lado Daggus lamentaba la muerta de la chica, al igual que el elfo, el cual había tenido la mala fortuna de encontrarse con un par de marineros y recibir un golpe en la nuca dejándolo inconsciente, este mismo también lamentaba la muerte de la elfa de una forma tan deshonrosa para su raza y para el propio género femenino, de cualquier manera no había tiempo para llorar, los cuerpos fueron arrojados al mar, junto con lo de los marineros y el propio Ruhau, una tumba acuática, para aquellos que habían vivido en altamar, el cazador ahora estaba silencioso, como si la muerte de Nili hubiera significado aun mas para el que para cualquiera, quizás sí, ya que había muerto tratando de salvarle, tratando de ayudar, había muerto en sus brazos y su nombre había sido lo último que había pronunciado, como si una daga se incrustara en el corazón del cazador y no se moviera, tan solo haciéndolo sufrir, el horizonte calmaba su mente, mientras no se apartaba de la espada de Ruhau, extrañamente se había vuelto algo de él, aun cuando había sido el arma para acabar con Nili, mas mientras más la mantenía cerca suyo, algo le sucedía, como si el tiempo pasara más lento, como si una voz en su mente le hablara constantemente sobre poder y riquezas, sobre conocimiento y habilidades, mas todo lo que escuchaba era “sangre” que la sangre tenia la respuesta a todo … a todo …

EL invocador … el invocador había escuchado las palabras de la vara, la había alimentado y después silencio, nada mas … por suerte para él, ya que no era bueno escuchar a los objetos susurrar palabras en la mente, tarde o temprano sus portadores perdían la razón, volviéndose dementes … o quizás algo peor, en aquella pequeña bodega había pasado casi todo el resto del viaje, tan solo saliendo para buscar agua fresca o alimentos diferentes, había sido una suerte no encontrarse con el enano y su hacha … ya que con facilidad esta hubiera brillado con la vara, ya que a fin de cuentas … ¿Acaso no era un trozo de maldad pura?... quien sabe … muchas cosas en aquel mundo era curiosas y extrañas, mas para el invocador algo alivio su corazón, algo volvió a darle firmeza a sus piernas , alguien grito “Tierra a la vista”, por fin el invocador estaría con los pies en tierra firme, aunque rodeado por cadáveres, pero si hasta ese momento había sobrevivido, quizás alguna estrella moribunda le sonreía aun.

Mas poco después de que esas palabras se escucharan, cuando la costa de Dullahan se veía con claridad y su castillo parecía recortado en el ocaso a la lejanía… algo fue gritado con miedo y terror “¡¡¡MAELSTROM!!!”, uno de los fenómenos más terribles del océano y quizás tan aterrador para los marineros que las criaturas marinas, el barco comenzó a sacudirse de forma violenta, mientras el poderoso remolino comenzaba a arrastrar al barco, el enano trataba de girar el timón con sus poderosos brazos pero un crack se pudo escuchar, el timón se había roto, las velas se enredaban entra las cuerdas, los marineros intentaban mantener el barco en curso, la fuerza imponente del mar se hacía presente, el barco era tragado por el remolino, hacia las fauces del océano, pronto el barco podía verse dentro del agua, los marineros se encomendaban a sus dioses cuando uno de ellos grito “DIOSES SALVENNOS” y el mar se cerró sobre ellos.



FIN CAPITULO UNO






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Patetico  Invitado no eres mas que un inferior ... una alimaña que deberia de pisar con mi pie

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I Eat Your Brain Muajaja

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Llevo varios cadaveres a mis espaldas: Rue, Elena, Aleria, Jack Cross, Erik, Fayt Reeden, Malblung Anwarünya, Lairë Tinúviel, Naerys, Björki Gotriksson, Sheoldred, Silence, Ferenec, Iosif, Tuxy, Light Yagami, Vanegan, Jarko, Hans Stoker ... quizas el proximo seas tu Invitado
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