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Operación: Hexplosivos

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Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Lun Abr 09, 2012 5:48 pm

En algún lugar fronterizo de Theezeroth con algún pantano menos peligroso que al anterior, pero cuyo nombre no conocía nadie, un pequeño Goblin, un pieles verdes alzaba la voz con la ayuda mecánica de un improvisado megáfono, obviamente creado si no era por los goblins, por algún Gnomo o Yordle, y bien era conocido que los patascortas y no exactamente los enanos, eran los mayores creadores de cosas en todo Noreth. Pero esa no es nuestra historia exactamente. Con palabras y un tono de voz indicados para motivar a su gente, a sus hermanos, a sus lacayos y súbditos.

- ¡Hace diez años nos echaron de Gnomegeran! ¡Hace diez años tuvimos que marchar de nuestro hogar y asentarnos en un pantano! ¡Hace diez años nuestros propios hermanos nos quitaron nuestra vida, nos mataron y nos dejaron aquí tirados! ¡Pero eso ya ha acabado, ya no sufriremos más, justo ahora es el momento de actuar! ¡Esos malditos Gnomos nos devolvaran todo lo que nos deben! - Su voz, como ya había dicho antes, hacía chirriar los huesos de sus oyentes, motivaba a sus fieles seguidores y los hacía estar listos para la guerra. - Nos devolverán aquello que nos deben, ¡La vida! - Finalizó su discurso, haciendo que todos los pieles verdes alzasen sus puños y gritasen el grito de guerra goblin: "¡Tuercas y hojalata!" repetidas veces, una más alto que otra. Sin duda estos goblins estaban bien motivados para la guerra y aunque ellos no lo sabían, no irían a la guerra.

Minutos después, el nombrado por su pueblo Rey Goblin, cuyo nombre era Ziggs Tuercas, había reunido a sus más allegados hombres, o como se considerasen a sí mismos los Pieles Verdes y los ajuntó en una tienda de campaña militar personal de Ziggs. Allí, sus dos generales y amigos suyos alrededor de una mesa junto a su Rey, discutían sobre la ínfima situación que se encontraban. Habían declarado ya la guerra a los residentes de Gnomegeran, ahora, debían conseguir un ejército y no estaban dispuestos a mandar a sus Goblins a la muerte, no eran guerreros, sólo inventores, y en contrario a sus antiguos hermanos Gnomos, los Goblins tienen preferencias por las explosiones, no a los robots, ni contrucciones útiles. Necesitaban mercenarios, aguerridos héroes que lucharan una guerra que no era suya. Por un módico precio lo sería, obviamente.
- ¡Haced carteles, reclutad guerreros, arqueros, magos y fulanos, haced lo que sea, pero reclutad un maldito ejército para conquistar Gnomegeran! - Y ahora, Ziggs sonaba más tiránico que antes, aunque sus órdenes eran claras sus objetivos distaban de aquella heterogenidad, ¿Conquistar Gnomegeran? Para los patascortas inventores era el paraíso, el mayor fuerte más inexpugnable de la historia, un ejército no podría entrar ahí. Necesitarían algo más discreto para la ocasión, una fuerza de élite capaz de adentrarse ahí, neutralizar todas las trampas y, acabar con el Rey de las Tuercas, el gran Ringo Trinkete, el líder de los Gnomos. Estaba claro que cuando ese pequeñín muriese a manos de un forastero, los Gnomos se rendirían y los Goblins podrían volver a entrar con todas sus fuerzas y recuperar lo que, hipoteticamente era suyo.

La más sangrienta de las guerras comenzaría pronto y se llamaría a sí misma. "La guerra de los patascortas."

Pocos días después de la reunión de Ziggs con sus lugartenientes cientos de Goblins montados en Garrapatos se repartieron por todo Noreth, repartiendo carteles impresos con un dibujo del Rey Ziggs en ella, que además contaba con un texto de floreciente alevosía: "Ziggs Tuercas te necesita. Si quieres grandes recompensas reúnete con él en el puesto avanzado "Hojalateros goblins" en el umbral con los bosques de Theezzeroth. Aventureros requeridos." . Tanto en Phonterek como en Malik Thalis, pasando por cualquier asentamiento de Theezeroth, incluso llegando algún cartelillo a las nubes, ¡Incluso Zhakesh se veía invadida por los exuberantes carteles de los goblins Thezzerothianos!

El cartel no especificaba a qué día, o que hora había que llegar, así que según iban llegando los intrépidos héroes llegaban al campamento de los Hojalateros se les acomodaba una cama y se les obligaba, literalmente, a ingerir el potaje de patatas. Aunque no con pena de muerte, era tal la insistencia de los Goblins a los guerreros que, si no comían su brebaje de patata no eran aptos para luchar por el dinero que se les otorgaría, además de los objetos, fama, fortuna y experiencia. Y esto no era broma, les obligaron a comer patatas.
Luego, cuando ya hubo una cantidad de héroes indicada para la invasión, les reunieron en el descampado que había en el campamento, que por cierto, tenía forma circular visto desde arriba, alrededor de un círculo se construían los edificios importantes, barracas, laboratorio, comedor, enfermería, como si de un campamento militar se tratase. Pero a lo que ibamos, cuando había más o menos una veintena de hombres, mujeres y otras bestias no especificadas el Rey Goblin, Ziggs, se puso delante de ellos y alzó la voz, acallando a todos.

- ¡Ya no teneís vuelta atrás! ¡Habeís aceptado esta misión, y si alguno tiene alguna pregunta que la haga ya! - La chillona voz que tenía era peculiar, y sí, aquel enanito que ahora os gritaba era el mismo que antes habías visto (Si podiaís ver) que era el mismo pielverde que había en el cartel, sólo que esta vez no os apuntaba con el dedo intimidante.

Eddie no se encontraba con el resto de mercenarios, él hacía el papel de ayudante de Ziggs, estando al lado suyo mientras el Goblin gritaba. Días antes el Yordle y el piel verde habían llegado al acuerdo de que ahí abajo, en lo que un día fue el hogar de los Goblins, el Yordle supervisase la expedición militar, en sus sentidos más amplios. Obviamente el Goblin no tenía unos objetivos tan puros como creía ni Eddie ni siquiera los Héroes que se disponían a guerrear debajo de tierra por dinero, fama o gloria. Muchas cosas pasarían y, a lo mejor alguno no volvía.



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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Ilea Parcel el Miér Abr 11, 2012 8:50 am

El viaje a Theezeroth había sido largo, uno de los más largos podría decirse. Ilea estaba absorta en sus pensamientos, mapa tras mapa, trazo tras trazo, el movimiento de la brújula a veces la sofocaba… pero ¿Qué podía hacer? Al fin y al cabo ella era por ahora la capitana de esa nave, La Isabella. En ese momento Ilea se encontraba con la cabeza recostada lateralmente sobre la mesa de trazo, miraba el lento movimiento del agua dentro de un vaso de cristal hasta que algo llamó su atención… la presión de su cuerpo se hacía más pesada, frunció el ceño levantándose de la silla y sintió que “bajaba”, de inmediato salió de su camarote dirigiéndose a la proa del barco.
-¿Qué diablos sucede? ¿Quién ordenó que bajáramos la altura?- El joven contramaestre de lacios y despeinados cabellos llegaba desde la parte babor de la nave completamente agitado, Ilea lo miraba con recelo u suspicacia de manera amenazante. –No maniobraron el aire como se debía ¿verdad? Os dije perfectamente que uno de ustedes debía estar arriba y…-

Pero sus palabras fueron interrumpidas de manera rápida por el contramaestre-

-Mi capitana, lo sabemos y fue un error nuestro, no nos dimos cuenta pero durante el último combate contra el ejército aéreo de Loc Lac las velas mayores de la nave fueron dañadas… y la vela timón también fue profanada…-

-Pero el hubiera no existe, Lionel…- Al instante la rabia de Ilea se hizo presente, no toleraba ser ella la capitana pues los deberes del barco se le hacían una lala completa, con un ademán de fastidio pidió al contramestre que se le acercara. -Vayan bajando lentamente, creo que estamos a tiempo de arribar normal y no forzadamente, por ahora estamos cerca de Theezeroth, cuestión de buscar un lugar en los ríos cercanos, batallaremos un poco pero por lo demás no habrá problema, buscaremos refugio en alguna aldea cercana mientras arreglamos esto-

Sin pensarlo dos veces y asintiendo a cada palabra Lionel, el contramaestre dio la orden al maestre y este a su vez a cada uno de los tripulantes.

-Bajad las velas, alistaos para el modo marítimo, arribaremos en las costas del río más cercano ¡Apuraos grupo de empedernidos soquetes!- Ese era el Maestre, siempre tan duro y prepotente, echando un escupitajo a la cubierta guiñó un ojo a la femina capitana. –Mi lady, probablemente esta cosa se lleve más de un mes en arreglar, si nos hubiésemos percatado antes no habría tanto problema, pero la erosión del material y el viento…- Ilea lo miraba un tanto aburrida, un ojo parpadeaba después que el otro y su pose era algo desinteresada.

-Ah… bueno, nos quedaremos un mes aquí, no hay problema, me avisan cuando arribemos-

Dicho esto todos la miraron estupefactos, era obvio que extrañaban a su capitán original, Edward, el hermano mayor de Ilea sin embargo a pesar de la pereza de la chica, había algo en ella que también les gustaba… la tranquilidad y libertad. Una vez Ilea dentro de su camerino abrió las puertas mayores que dejaban ver el horizonte y el entornado paisaje, suspiró para sus adentros y sonrió.
-Un mes en Theezeroth, bueno Taboo, tendremos mucho que explorar Te parece?-

La perra alzó las orejas moviendo la cola para dirigirse a donde su ama y contemplar de la misma manera el lugar…


Una vez arribado el barco, cada uno de los tripulantes bajó de la nave, Ilea junto al contramaestre, maestre y unos cuantos mecánicos del barco observaban las enormes erosiones que las velas/alas del Isabella habían sufrido.

-Capitana ¿Qué haremos en este mes? Es decir, usted sabe… nosotros tenemos necesidades y mucho tiempo ahí arriba volando, o flotando en el mar y…-

-Hagan lo que quieran a mi no me importa mientras regresen al barco en un mes-

Intuyó sin decir nada más Ilea, los hombres del barco se miraron los unos a los otros con complacientes sonrisas de complicidad, la joven sabía a lo que se referían: mujeres, burdeles, casas de citas etc. Mientras los hombres hacían su fiesta para sí mismos Ilea comenzó a explorar cada parte cercana de la ciudad junto a Taboo, quien no paraba de olfatear los rincones, piedras, adoquines y flores del lugar, hasta que “algo” captó su atención, era una criatura bajita que corría por la calle con un morral atado y varios pergaminos volaban de aquel montón, uno de los pergaminos llegó a las manos de Ilea por medio del viento, se había posado en sus píes y ella no tardó en recogerlo, momento en el que la canida compañera de la humana gruñía observando a aquella criaturita moverse. Ilea leyó con detenimiento el cartel, sonrió al ver la imagen de un goblin dibujada, a punto estuvo de preguntar al curioso compañero cuando Taboo corrió al ataque, era un goblin, el peludo patascortas dio un asombroso respingo al escuchar el estridente ladrido de la enorme perra y la humana en un intento tomó al animal de la cola, pero la fuerza de esta era tanta que Ilea había terminado por caer de panza a la calle.

-¡Ven aquí bendita perra de todos los dioses!-

Intuyó Ilea mientras corría tras ella, el alocado goblin chilló corriendo agitadamente y los pergaminos con esa misma imagen volaban por toda aquella pequeña ciudad de Theezeroth, Ilea pronunció una vez más el nombre de la perra, pero ésta hizo caso omiso y continuó corriendo tras el pequeño goblin, pasaron por una panadería, por pasillos, corrales, carnicerías, Taboo con la lengua de fuera no paraba de correr, finalmente tomándolo por el morral la perra había conseguido su cometido, el pobre goblin dio un respingo al sentir el tirón ahorcándose momentáneamente con la correa del bolso, el impulso lo había hecho retroceder y caer directamente a las patas de Taboo, el húmedo hocico hacía que gotas de saliva cayeran directo a la cabeza del peludo goblin, la criatura miró a la perra y soltó un grito intolerante, momento en el que Ilea hizo acto de presencia, si no hubiese sido por que ella apareció frente a Taboo el goblin hubiese salido despavorido, pero en vez de ello se había topado de frente con sus piernas, inclinándose a la altura de él Ilea sonrío traviesamente.

-Hola… amiguito…- Un ademán circular indicaba la cuestión del nombre del goblin- Podrías decirme ¿A qué se refiere esto?- Preguntó mostrando el cartel, por alguna razón el goblin había sonreído de oreja a oreja.

-Oh, me llamo Resee, veo que le ha interesado nuestra búsqueda señorita, le diría más si no fuera por que su “amiga” me está… ejem… si me entiende- Ilea ladeó la cabeza, Taboo sostenía al curioso goblin por el cuello de su ropa, por lo que con un ademán y unas cuantas caricias la perra se limitó a olfatear a la criatura. –Buscamos un ejército… tú no eres de aquí ¿Verdad? Hueles a “seco”-

-Así es, vengo de la ciudad de Loc Lac, soy la capitana de una nave aérea, pero está en reparaciones y…- Apenas ella terminaría de hablar cuando el goblin la tomó por la diestra y comenzó a correr.

-¡No digas más humana y sígueme!-

Ilea no se preocupó por avisar a su tripulación, tal como estaba, tan sólo con su arcabuz y su sable Taboo detrás de ella le seguía. Seska, la lechuza se mantenía al vuelo, a lo alto siguiendo a su ama desde una determinada altura. Comenzaba a preguntarse si ese goblin no estaría jugando con ella, pensamiento que se desvaneció al internarse al bosque y escuchar susurros, de pronto, Ilea sea vio rodeada de esas peludas y curiosas criaturas, infantilmente sintió las ganas de agarrar a uno y llevárselo eufóricamente al pecho para abrazarlo, pero mantuvo la cordura, algunos de ellos se le quedaban mirando de pies a cabeza, otros tantos se codeaban, mientras era llevada a una especie de literas, el goblin que la había llevado de inmediato le dio un tazón con algo aparentemente caliente.

-Bébelo, es necesario, no digas que no… es potaje de patatas, anda bébelo-

-Ah, bueno. –Ilea nunca había sido quisquillosa con la comida, estaba acostumbrada, lo que en ese momento la sacó de “consulta” fue la temperatura de aquel potaje, apartó de inmediato los labios quemados sacando la lengua en una mueca de dolor, soplo el tazón y continuó bebiendo.

Pasaron quizás algunos días, quizás sólo una noche, era difícil saberlo por la bruma de los árboles, en ese espacio de tiempo Ilea se había dado a lugar para contar unas cuantas historias de los aires, hasta que llegó el momento en el que sería llamada junto con otros tantos a una “reunión”. Fuera quien fuese el anfitrión, probablemente tenía un alto cargo, Ilea no podía notarlo, pero escuchó sus palabras con atención, una disimulada sonrisa se le hizo presente y alzando la mano pregunto.

-Y… ¿Exactamente cuál es la misión…? Dispensarás, ahh- Titubeó para recordar… -Ziggs, oh si, el Gran Ziggs, pero ¿Cuál es nuestro trabajo?-

Ilea estaba decidida, extasiada… pero más que nada entretenida y divertida…

Ropa que Ilea porta en ese momento
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Catch me if you can...
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Aleria el Lun Abr 16, 2012 9:19 pm

Ya eran varios días de caminata que Aleria y su felino compañero llevaban a lo largo de los bosques de Theerezoth, a su lado una hermosa pantera de pelaje negro y penetrantes ojos amarillentos le acompañaba en su viaje. Desde hace un par de semanas que aquellos bosques se convirtieron en su refugio, evitando eso si, encontrarse con alguno que otra tribu elfa propia del lugar o con simples extraños. Hazaña que para la elfa era relativamente fácil por sus instintos de supervivencia y caza, sabiendo diferenciar pistas de donde se encontraban asentamientos cercanos o que la vida diferente a la normal del bosque tenía lugar. Pero dada su condición de nómadas ella y su felino compañero no podían pasar tanto tiempo en un lugar y como siempre después de una larga temporada de descanso y viajes tranquilos, el dinero se convertía en una nueva necesidad.

La elfa, la cual siempre llevaba puesta una larga capa que cubría su cuerpo provista de una capucha que ocultaba su rostro para evitar líos con viajeros impertinentes al darse cuenta de su condición de elfa, arribo a un pequeño poblado cercano a los bosques. Lugar que siempre era uno de los mejores sitios para buscar trabajo en pequeñas aventuras que requerían de hábiles guerreros, magos, cazadores y demás seres que se dedicaran a realizar misiones de diferente índole por algún dinero. Un singular cartel llamaba la atención entre los que se encontraban en búsqueda de reclutas, un grupo de goblins de un asentamiento no muy lejano buscaba ayuda. La elfa quien había tenido poco trato con los goblins pero si había escuchado rumores acerca de estos meditaba sobre la idea de participar. Era bien sabido que aquellos seres de piel verde poseían grandes conocimientos en torno a la Ingeniería, además de tener prósperos comercios y avances en la alquimia y que según mucho viajeros estos preferían morir a deberle algo a alguno de estos. Las deudas a los goblins eran demasiado temidas y los tratos con ellos según lo astuto que se fuera podrían llegar a ser muy provechosos. Al final la elfa decidió aceptar aquella misión, si quedaba en buenas relaciones con los goblins en un futuro no muy lejano podrían convertirse en una fuente de información demasiado valiosa.

Aleria arribó al campamento de los hojalateros, era un sitio singular, lleno de mucha “basura” a los ojos de la elfa, piezas de artefactos por aquí y por allá, arrumes de tuercas y tornillos, varias piezas de herramientas. El ajetreo de los goblins quienes estaban ocupados atendiendo a los aventureros que respondían a su llamado, en fin todo era ruido y un constante movimiento. La elfa fue recibida por una pequeña goblin de ojos saltones, peinada con una coleta, maquillada de una forma exagerada y que llevaba consigo una pequeña mascota mecánica. Fue conducida a una de las posadas destinadas para el descanso y la espera mientras aquella expedición comenzaba. Cada uno de los aventureros era recibido un con un enorme plato de sopa de patatas, sin ser descortés la mujer consumió aquel alimento, pidiendo una porción para su felino amigo.

El tiempo de espera para la elfa no fue demasiado, un par de horas después de su arribo, todo el grupo fue llamado a una reunión con el líder de los goblins, la mujer observaba a su alrededor, el grupo era nutrido y distinto, algo interesante para aquella llamativa aventura.


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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Abr 16, 2012 11:30 pm

Dioses... Desde luego, el tener unos días de descanso siempre viene bien. Llevaba una semana en Zhak'Thrûgond, pasando unos días con mi familia. Desde que habíamos ido en aquella fatídica misión mi hija y yo, nuestro vínculo se había hecho muy fuerte, y al igual que yo me había curtido, ella había madurado bastante en apenas unos días, lo cual me hacía sentirme más orgulloso de ella. Sin embargo, seguía siendo un espíritu libre, lo que hizo que la perdiera de vista, pero a diferencia de las otras veces, al menos en aquella ocasión sí me dijo dónde iría, y le alegró el hecho de que la dejara ir por libre sin que eso me molestara. Por su parte, Eressea me dijo que también estaría unos días fuera, así que decidí que lo mejor sería buscar algo en lo que poder mantenerme ocupado. No tardé mucho en hallarlo.

Ziggs Tuercas te necesita... Recompensa... Hojalateros goblins... Vaya... Aquello sonaba interesante. Me llevé una mano a la barbilla mientras sopesaba qué podía hacer si me metía en aquella misión. Por una parte, ganaría una recompensa que iría bastante bien para mis arcas... Por la otra, podía ganarme un buen aliado con aquella misión, lo cual me iría bastante bien en mi guerra contra el Imperio... Sí, definitivamente valía la pena ir.

Dos días después, estaba ya llegando al campamento de los goblins. Montaba en un caballo que me había regalado un viejo amigo que tenía en la división de caballería zhakheshiana, el cual me aseguró que aquél caballo era capaz de galopar velozmente durante horas llevando a un caballero sobre sus lomos sin apenas cansarse, y por lo que pude comprobar, no mentía. No hice muchas pausas durante el viaje, y aún así el animal distaba mucho de estar exhausto. Quién sabe... A lo mejor podría quedármelo por más tiempo, a pesar de que no fuera de mi agrado el combatir sobre una montura. Al menos dispondría de un transporte rápido.

Nada más llegar al campamento y empezar a desmontar, un par de goblins se me acercaron. El primero, que parecía más viejo, sonreía ampliamente e incluso me hizo una reverencia, mientras que el segundo, mucho más joven y con cara de asombro, se dedicaba más a observar y ya está. El goblin anciano empezó a hablar a una velocidad que hizo que me sorprendiera el hecho de que no se ahogara con su propia lengua, con un tono animoso y emocionado:

-¡Vaya vaya, están llegando guerreros muy fuertes a esta misión! ¡Oxidio! ¡Encárgate del caballo del humano! Perdonad milord, ¿por donde iba...? ¡Ah sí! ¡Bienvenido al campamento de los Hojalateros! ¡Mi nombre es Martillen McClaven! ¡Seguidme, seguidme! ¡Se os preparará una cama inmediatamente!-

El goblin joven se marchó de inmediato con el caballo, mientras yo seguía al excéntrico goblin, que por lo que pude ver llevaba un martillo en el cinto y unas gafas atadas a la frente, además de unos ropajes gastados y llenos de hollín y grasa. Parecía una especie de ingeniero. Nada más llegar al sitio que se me había asignado, el goblin desapareció, y en menos de unos instantes volvió con un brebaje hecho con patatas. Alcé una ceja, y tras oler la comida, consideré que aquello debía estar bueno. Además, qué demonios, ¡tenía hambre!

Al acabar de comer, decidí echar una siesta, pues estaba cansado, y con la barriga llena me entró algo de modorra, así que aproveché. No tardé mucho rato en despertarme, cargado de energía para lo que se necesitara, pues al cabo de un par de horas se nos llamó a todos al descampado del campamento, en el cual el rey goblin se puso frente a nosotros y empezó a hablar con una voz algo chillona acerca de la misión.

Bueno, no tardó mucho en acabar de hablar de la misión, pues sólo nos dijo que si teníamos alguna pregunta, la hiciéramos inmediatamente. La primera en hablar fue una mujer que, a juzgar por su apariencia, parecía provenir del mar. La mujer en cuestión hizo la pregunta que muy posiblemente todos los presentes nos estuviéramos haciendo en aquél momento, y yo decidí sumar a sus palabras las mías. Aprovechando que estaba en primera fila, hice una reverencia al estilo zhakheshiano, inclinando levemente la cabeza y llevándome la mano derecha al corazón, para seguidamente decirle al goblin, mientras me cruzaba de brazos:

-Lord Ziggs, como bien ha dicho ella, ¿en qué consiste nuestra misión? ¿Tenéis algún plan para llevarla a cabo, o debemos ser nosotros quienes improvisemos sobre la marcha? Y sobretodo... ¿Cuáles son las características de esta misión? Me refiero a riesgos, posibles contratiempos, duración aproximada, momento en el que partiremos... Ese tipo de detalles.-
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Mar Abr 17, 2012 4:26 pm

A parte de los tres intrépidos héroes y el apuesto Eddie, había otros cinco guerreros más, dos mujeres y tres hombres. Sus nombres, su apariencia o su vida importaba lo más mínimo, el destino había seleccionado ya y los afortunados tendrían que aventurarse dentro de Gnogemegeran, donde quizás la más emocionante no fuese, pero la más divertida de las aventuras a lo mejor si podía llegar a ser.
En cualquier caso, el destino estaba por escribirse y estos cuatro hombres, mujeres y Yordle tendrían que luchar por sobrevivir, o mejor dicho, intentar no morir de algún golpe en la cabeza.

- ¡A callar! - Gritó Ziggs, una vez se hizo el silencio le trajeron un taburete, donde Ziggs se alzó y más o menos a una estatura humana, se carraspeó la voz. - ¡No me interesan vuestras preguntas! ¡Soy un Gnomo, mi trabajo no es responderlas! Aún así, os responderé para nada gustoso. - Se iba explicando el Trasgo. - ¡Tú primero, la pelirroja! Vuestra misión es entrar en la ciudad-subterranea de Gnomegeran, a partir de ahora simplemente Gnome. Será más facil decir eso que su nombre completo, la verdad es qué es un nombre díficil, ¡Pero eso, vuestra misión es..! Teneís que entrar en Gnomelandia, llegar al fondo del asunto y entonces, neutralizarla. ¡El enano peludo os explicará como hacerlo! - Explicó a grandes rasgos la misión, haciendo referencia a Eddie, que se sonrojó y tuvo que alardear de reputación poniéndose a pies puntillas y tirando del cuello de su camisa.

- ¡Ahora tú, grandullón! Vuestra misión es entrar ahí y matar a todos los pequeñines que podías, nuestro plan sois vosotros y maldita sea, ¡Improvisad, improvisad! No puedo aseguraros los riesgos, esos gnomos tienen buenos inventos. Nada que vosotros no podaís solventar. Ahora, venga, venga, ¡Id y haced que Ziggs esté orgulloso de vosotros!- Ziggs finalizó su discurso y chasqueó los dedos bien visibles. Acto seguido, Eddie dio unos pasos al frente y vaciló unos instantes enfrente del grupo de aventureros que había.

- Bueno, eh... Me llamo Ed..Edd...Eduardo, digo Eddie. Es mi primera vez al mando de algo, así que bueno... espero hacerlo bien, esto... ¡Leches, venga, a fila de a uno dirección Gnomolandia! - Eddie habló, muy nervioso. Luego, después de decir sus motivadoras palabras les dedicó una amplia sonrisa, enseñando todos sus dientes. - ¡ES BROMA, es broma! ¡La última vez murieron todos! Así que adelante, os guiaré hasta esa ciudad. Ah, y una última cosa antes de partir, el que lo ve se lo queda. Ahí abajo seguro que os gusta algo y os lo quereís llevar de Souvenir. Si sobrevivís claro.- Se explicó sonriente, para acto seguido comenzar la marcha a pie, saliendo del puesto avanzado de los hojalateros por su salida suroeste. Dos Goblins les abrieron las puertas de chatarra y les dedicaron una honrosa salida conforme se iban yendo sus salvadores.

Conforme se iban acercando a su destino, el pantano dejaba de ser tan engorroso, el fango daba lugar a una espesa nieve. Curioso cambio climático, pero así era; Nieve en Thezzeroth.

Poco tardaron en llegar a las puertas de Gnogemeran, un arco gigantesco hecho a escala con una tuerca. Localizada en un montículo de nieve, cosa curiosa pues estaban en Thezzeroth, donde precisamente, no abundaba la nieve, en estas había unas salidas de gases de colores, verdes, morados, grises. La verdad es que ni Eddie conocía la utilidad de estas salidas.
A uno de los lados de la entrada había una extraña máquina de guerra inutilizada, con una espesa capa de nieve sobre ella, y aunque vosotros excepto Eddie no sabiaís su nombre: era un Tanque de vapor.
Eddie se paró enfrente de las puertas de Gnomolandia, allí, vaciló unos instantes, no quería entrar aunque las puertas estaban abiertas de par en par y se podía ver un tunel que descendía, las luces estaban encendidas y tal.
Tendría que haber algo que se lo impidiese, así se lo había explicado Ziggs, aunque también podían entrar sin más pero... ¿Donde estaría la emoción si no había un combate o algo para entrar en calor?

- ¡Gurrupa, gurrupa! - Chistó Eddie gritando muy alto. Pero no pasó nada, ningún robot gigante salió de la nieve y empezó el combate. Así que dado por vencido, el Yordle lideró el paso adentrándose en Gnomegeran.
Antes de nada, había que admitir que el ambiente estaba muy bien: Era un túnel del tamaño considerable como para que el grupo de nueve personas, contando a los cuatro más importantes y protagonistas de esta historia, lo cruzasen sin tener que amontonarse ni golpearse los hombros unos con otros. Era una bóveda interminable, compuesta por mecanismos diversos, engranajes y bombillas siempre funcionando. Había un constante ruido de fábrica que os empezaba a molestar.
Al final del túnel no veiaís nada más que una continuación en forma de pasillo, que desembocaba en una bifurcación de más túneles.

- Pues qué raro, aún no ha muerto nadie... normalmente ya habrían muer... - Eddie se vió interrumpido por un cese instantaneo de los mecanismos y los engranajes. Detrás de vosotros las puertas de Gnomegeran se cerraron abruptamente, como si la cortina metálica de un negocio cualquiera. Por más que lo intentaseís, si lo haciaís, no podriaís salir. Era hierro reforzado por tecnología patascorta.

Las luces blancas que os iluminaban para que vieseis se tornaron rojas y móviles, como si fuese un estado de alerta también empezo a sonar una alarma.
Algo silbó el aire, a vuestros lados, en las paredes, unos agujeros se abrieron mostrando unas ballestas automáticas, que empezaron a disparar, matando a vuestros cinco amigos, compañeros o simplemente, esas personas que ni conociaís ni os importaba conocer.
Una vez estos cinco murieron y vosotros seguiaís intactos, estos agujeros volvieron a cerrarse mostrando la pared tal y como debía ser, al final del túnel descendente pudisteis ver una figura, algo humanoide con cierto aspecto metalizado que tras unos instantes de silencio, empezó a correr a vosotros gritando algo en un extraño idioma, idioma gnómico más precisamente.

- Torni-clavo, martillen, ¡MARTILLEN! - Alzó ambos "brazos" metálicos, mostrando ganas de "abrazaros".

Detrás de vosotros se abrieron unas compuertas de las paredes y salieron dos gnomos armados con espadas en forma de llaves inglesas y escudos con forma de tuerca. Cuando aquella cosa que se os acercaba corriendo, una vez estuvo lo bastante cerca pudisteís contemplar bien que era, un pequeño Gnomo peludo montado en un robot mecánico a forma de montura. Con mandos, un asiento y piernas mecánicas, cosas que por primera vez veiaís. A lo mejor Aleria, la elfa, pudo verlo bien antes que el resto del grupo sobreviviente.
Pero eso ya daba igual, cinco metros detrás vuestro dos gnomos armados pero no muy hostiles al parecer, y delante vuestra, a 10 metros más o menos, aquel robótico pequeñín parecia decelerar el paso.

¿Qué hariaís?






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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Aleria el Lun Abr 23, 2012 4:41 pm

Al parecer las preguntas de los que se presentaban al llamado de log goblins irritaron al líder de estos, el cual mando a callar a quienes preguntaron y resolvió las dudas de una manera ruda y tosca. La idea era sencilla, convertirse en un grupo de asalto que recuperara aquella ciudad de nombre raro, que en las cuerdas vocales de Aleria se atascaba con el solo intento de pronunciarle, pero algo le llego a preocupar a la mujer, el hecho de que los goblins al parecer no tuviesen un buen plan hecho, cuando es reconocido que son astutos y hábiles en sus cosas. Bajó su mirada hacia su pantera, su compañero se mostraba un poco inquieto, eso era porque la chillona voz de los goblins le fastidiaba un poco, con un leve gesto de la palma de su mano e indico que pronto se marcharían. Aparte del líder goblin un pequeño humanoide peludo con apariencia de gato o de ardilla, o mejor una combinación de los dos eran las apreciaciones de Aleria. Lo que si tenía seguro, por la manera en que este hablaba era que poseía un pésimo sentido del humor llegando a ser levemente ridículo, menudo guía le había tocado para esta ocasión, pero lo mejor era estar atenta a lo que dijera.

El grupo comenzó la marcha dejando el campamento y adentrándose a Thezzeroth, la mujer caminaba en la parte de atrás acompañada siempre de Bangalash. Como uno de los hechos que encierran a al mundo de Noreth y las sorpresas que este encierra el frio se apoderó del ambiente y la nieve apareció en el paisaje, Aleria no esperaba encontrarse con un ambiente así, su pantera estaba ligeramente animada por el cambio de clima, le gustaba la caída de los copos de nieve jugando a alcanzarlos, pero ante una mirada reprobadora de su ama se detuvo, la marcha por el banco paisaje no demoró mucho hasta llegar a la entrada de la ciudad goblin. La chatarra tirada sobre la nieve y apilada al lado de la entrada acompañaba la extraña puerta en forma de tuerca, la cual tenía las puertas abiertas y luces artificiales salían de esta. Al adentrarse, el eco de los pasos sobre la superficie metálica acompañaban el crujir de lo que eran maquinas que sonaban en la parte más profunda del lugar. La elfa no dudo en sacar su arco y preparar una flecha, nunca se sabía lo que pudiese suceder y como siempre la pantera se mantenía alerta y pendiente por si algo sucedía.

La voz del guía mitad gato mitad ardilla interrumpió el silencio que reinaba en los caminantes, pero antes de terminar su frase el sonido de las alarmas hizo que Aleria y su felino compañero se movieran más hacia el frente, ella tensando su arco y el animal preparando sus garras, hecho que les alejo de la puerta que se cerró abruptamente y sobretodo de la mortal trampa de ballestas que mato a la mitad del grupo. En ese instante algo salió de una compuerta, se movía a una buena velocidad hacia ellos, Aleria fue la primera en notar que parecía un Gnomo sobre una extraña maquina mecánica, la cual era un poco más alta que los miembros del grupo, pero no solo era eso la pantera rugió para alertar a su dueña que detrás de ellos aparecieron dos pequeños gnomos armados que no permitirían una huida, estaban atrapado, teniendo que enfrentar a dos enemigos por dos flancos distintos.

Aleria tan solo recordó las palabras del líder goblin, si aquella misión implicaba entrar y tomar el control de la ciudad no había lugar para un trato diplomático o algo por el estilo, todo lo que estaba allí presente sin dudarlo intentaría matarlos. Así que la mujer señalándole a su Pantera uno de los gnomos, a modo de orden le mando que le atacase, este era un animal que podía devorarse a aquellas diminutas criaturas en un solo intento. Así, que sin mas Bangalash, se lanzó al ataque, siendo cuidadoso de recibir alguna herida o ser demasiado impulsivo en su ataque. Por su parte la elfa se movió a un costado para tener un mejor punto de visión sobre aquel gnomo que montaba aquel extraño aparato mecánico, y aprovechando que existía una parte desprotegida de este, donde podía apuntarle, una rápida y feroz lluvia de disparos calló sobre el gnomo de la montura.
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Abr 24, 2012 1:22 am

El gran goblin nos mandó a callar de una manera, cuanto menos, grosera, diciendo que no era su trabajo responder a nuestras preguntas. Sentí ganas de atravesarle con la espada sólo para ver cómo se le pasaba la arrogancia, pero me controlé. No podía irme haciendo enemigos tan pronto. El orondo goblin empezó a darnos explicaciones, diciendo que debíamos entrar en la ciudad de Gnome y neutralizarla. Sin embargo, las informaciones que nos dio el goblin no fueron muy específicas. En ese momento me hice una promesa. Si salía vivo de aquella misión y no lograba una alianza y una recompensa, la sangre del goblin sería la siguiente en manchar mi acero.

Tras acabar de dar sus explicaciones, Ziggs mandó a su sirviente, o consejero, o lo que fuera, a hablar con nosotros. Se presentó como Eddie, y por educación correspondí con una leve inclinación de cabeza. El hombrecito peludo hizo una especie de broma, aunque por lo que pude ver, en esos momentos su nerviosismo no le dejaba dar rienda suelta a toda su... Chispa. Si es que la tenía. Lo que dijo de llevarnos souvenirs me causó especial interés... Una ciudad altamente tecnificada... Sin duda aquello sería bueno para la causa zhakheshiana.

Pronto nos pusimos en marcha, y yo en aquél momento me situé delante de los demás, desenvainando la espada nada más salir del campamento de los goblins. El principio del lugar era un pantano, pero a medida que nos acercábamos al destino, empezó a nevar. En ese momento me vi obligado a romper el silencio, advirtiendo a los presentes:

-Tened cuidado con Theezeroth... Ya he estado una vez, aunque no bajo tierra, si no entre los árboles. Aquí todo es peligroso... Hasta el mismo viento está en contra de los no corruptos. Esperemos que bajo tierra no llegue la magia del bosque... Yo puedo resistirla bien... Pero no sé si vosotros también podréis.-

Finalmente llegamos a las puertas de la ciudad de los gnomos, las cuales eran, como poco, pintorescas y con una forma que denotaba su pasión por la ingeniería. No tardamos mucho en entrar, dejando atrás una montaña de chatarra perteneciente a una rara máquina de guerra. Cuando llegamos, Eddie vaciló y yo me quedé situado a su lado. El ser chistó, pero según parecía, no pasó nada de nada.

Pronto estábamos caminando por el ancho túnel, por el cual se escuchaba el ruido de varios mecanismos que, poco a poco, parecían martillear mi cerebro. Agradecí no haber bebido en las horas anteriores. Eddie empezó a hablar sin dar muchas esperanzas, aunque nada más abrir la boca se cerraron las puertas de la ciudad, mientras las luces del pasadizo se volvían rojas y empezaba a sonar un ruido algo molesto. Tras eso, empezaron a disparar unas ballestas automáticas, momento en el que me giré hacia un lado y bloqueé con el escudo la zona de mis ojos. Noté como varios virotes impactaban contra mi armadura de mithril reforzado rúnicamente y contra mi escudo de adamantio, rebotando todos los disparos sin siquiera dejar marcas en mis protecciones.

Me levanté, alzando una ceja, y dije, observando a los cadáveres de los que no habían tenido tanta suerte:

-Eddie, espero que la activación de la trampa y que te haya pillado a media explicación no sea más que pura casualidad... Pobres diablos. Esto sí que ha sido una muerte rápida. ¿Los que no os habéis convertido en coladores estáis bien?-

En ese momento al final del túnel pude ver a una cosa mecánica cabalgada por un pequeño ser peludo acercándose hacia nosotros, gritando en un extraño idioma. Empecé a canalizar mi esencia hacia mi espada para que, si el ser se acercaba a menos de cinco metros, lanzarle el hechizo de retorcer ligamentos a su jinete, o piloto, o lo que fuera.

A nuestra espalda, un par de gnomos de aspecto no muy hostil la verdad nos cerraban el paso, mientras el ser robótico se acercaba cada vez más lentamente a nosotros. Aquello me daba la impresión de que no iban a atacarnos tan repentinamente, y empecé con voz fuerte:

-¡Alto, deja de avanzar! ¿Quién sois y por qué...?-

No tuve tiempo de decir nada más antes de que la elfa superviviente empezara a atacar junto a su mascota, momento en el que no pude evitar decir:

-¡Detente! ¡Es posible que podamos dialogar, maldición!-

Y luego dicen de nosotros, los nigromantes...
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Mar Abr 24, 2012 4:33 pm

Eddie iba a saludar a Rumble, su colega montado en el robot. Era un paraplejico Yordle, como él, conocidos de sus pueblos natales. Incluso llegaron a ser colegas, Eddie sabía que el azulado Yordle rondaba estos lares aunque no sabía que había tomado baza en el bando gnómico. En cualquier caso los Yordles no eran criaturas guerreras, hostiles o agresivas. Dio un paso hacia delante y saludó con la mano al robótico amigo, cuando uno de los humanos alzó la voz, Khaelos asustó a los gnomos que estaban detrás del grupo semi aniquilado y Rumble se extrañó por la agresividad de sus palabras.

La elfa, Aleria ordenó a su felina mascota abalanzarse a por uno de los pequeños y aunque bien parecían armas, cargado con herramientas de ingienería, el felino poco tardó en lanzar un bramido y con un par de tajos, mordiscos y demás cosas grotescas, hacer que uno de los brazos del pequeño ser, volara hasta los mecánicos pies del Yordle azulado, Rumble. Perplejo ante la situación, llegó a esquivar con un ágil movimiento de cabeza una poco certera flecha de la elfa Aleria. Abrió la boca de par en par, y sin saludar a Eddie o despedirse de él, dio media vuelta y salió corriendo túnel-abajo.

Tanto a la pirata Ilea como al rojizo Eddie no les dió tiempo a actuar, Khaelos tomó una sabia aunque inútil decisión defensiva, pues ya que la elfa había tomado baza y había elegido por el resto del grupo, el camino díficil, emocionante... suicida.
El gnomo sobreviviente al ataque felino corrió hacia los pequeños túneles de servicio por donde había entrado en situación.

Ahora, solos como antes os encontrabaís en el túnel. Un despedazado cadáver os acompañaba. Eddie se acercó a él, sin ninguna sonrisa en su rostro. Intentó ignorar la ausencia de brazos y todas las marcas de garras y mordiscos que había dejado Bangalash. Metió la mano en su bolsillo y encontró una nota escrita en un Yordle mal escrito, era la letra de Rumble, Eddie lo conocía por sus años de convivencia con él.

El Yordle optó por leerla en voz alta.

-Guamedo y Felopón, meteros por los túneles de servicio y con una bolsa de pastelitos, dadles la bienvenida a los invitados. Un viejo amigo va con ellos, darles un susto o algo así, pero no os paseís, bien sabemos como de locos están los patas largas, aunque Eddie seguro que los tendrá bajo control. En fin, decidle a Hornita que prepare unos aperitivos y eso. ¡Ah, se me olvidaba! Decidle a Mantenimientón que arregle las ballestas de la entrada, son defectuosas y a lo mejor, es una posiblidad, que disparen y a lo mejor alguien acabe herido.
Suerte.-
La voz de Eddie denotaba cierto asco hacia Aleria, a la cual de vez en cuando alzaba la vista y la miraba con una cara de: “Me das asco, espero que lo sepas. Y si no pues mejor, por que soy malvado.”

Una vez había leído la nota, la plegó y la guardó en uno de sus numerosos bolsillos del cinturón, después renegó y con un avanzado olfato animal, notó algo extraño en el ambiente. Aleria también pudo notarlo, era un olor dulzón, como a dulce, y pronto todo el grupo pudo ver como desde el suelo, unas rejillas metálicas, empezaba a salir un gas verdoso, espeso y que de momento os llegaba a los talones, a Eddie hasta las rodillas, y Bangalash por el estilo, aunque el animal tendría que alzar la mirada para que ese misterioso gas no le llegase a la nariz, cosa muy importante.

- ¡Corred, corred! - Gritó Eddie, emprendiendo la marcha tunel abajo, allá donde el gas empezaba a ser inexistente, aunque pronto también inundaría todo el túnel. Tendrían que avanzar para no sucumbir a ese gas verdoso. - ¡Tenemos que seguir, es un mecanismo de defensa para que estemos en movimiento, es letal, LETAL!! - Gritó cada vez más histérico el Yordle, aunque en realidad nadie podía fiarse de él, si os quedabaís quietos unos segundos cuando ese gas empezaba a ser notable, os sentiríais mareados, estúpidos, con poca coordinación, en unos minutos allí quietos, si alguien quería probarlo, la única respuesta sería la muerte. Aunque todos estabaís invitados a tragar cuanto quisieraís el venenoso gas.

Así mientras avanzabaís por los túneles de Gnomolandia, empezasteís a escuchar una voz, nada de magia, unos megafónos en las paredes la transmitían por todo el entramado de pasillos interiores, y bien, así decía:

“Los invasores serán tratados con justicia, la diplomacia ahora no es posible. La muerte será la única salida de esta, vuestra tumba.”

El mensaje se repetía una y otra vez, una y otra vez, empezasteís a grabarlo en vuestras mentes mientras corriaís o no, por aquellos pasillos de aspecto metálico, naranjados y verdes, una curva cerrada, una recta inmensa, otra curva, esta vez hacia la izquierda, en fin, un tramo gigantesco del cual Eddie y seguramente alguno más, bueno, la seguridad no estaba clara, acabó agotado, pero aquel exhaustivo recorrido, amenazados por un gas mortífero, dio su pequeña recompensa a los atletas natos, a los invasores de gnomolandia.

El túnel se acababa, ahora, con una especie puerta futurista cerrada a cal y canto, una puerta que daría a una sala contigua o algo parecido, ninguno de los presentes había estado antes en aquel lugar y ahora, un acertijo se presentaba a los aventureros.
La puerta era grande, con forma de medio punto alargado, suficientemente ancha como para que todo el grupo cruzase sin tener que tocarse los unos a los otros. A ambos lados había cuatro orificios, de suficiente tamaño como para que los cuatro pudieran meter los brazos, cada de estos huecos ponía una cosa en un escrito cercano.
Estos cuatro decían, individualmente:

Muerte, Tecnología, Pureza y Inocencia

Eddie se acercó a uno de los lados de la curiosa puerta y incrustó su brazo en el orificio de “Tecnología”

¿Qué harían los demás? Teniendo en cuenta de que la nube de gas verdoso se acercaba, tenían poco tiempo.


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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Abr 25, 2012 12:46 am

Tarde. El felino de la elfa destrozó a uno de los gnomos, y para más inri, empezó a disparar contra el canijo que iba montado en el robot, el cual rápidamente dio media vuelta y se fue a toda mecha por el túnel. Miré a la elfa, y mientras Eddie se acercaba al cadáver de un gnomo que estaba totalmente destrozado en el suelo, yo le espeté, con la misma voz que un sargento instructor usa para reñir a un recluta:

-¡¿Es que acaso no sabes reconocer cuándo alguien viene en son de paz y cuándo alguien tiene claras intenciones ofensivas, estúpida inconsciente?! ¡Maldición! ¡Y luego se dice que los elfos tienen una inteligencia superior a la humana! No soy el ser más compasivo del mundo, ¡pero maldición, no empiezo a atacar inconscientemente a todo lo que veo! Por Elhías y la Parca que espero que aún se pueda solucionar todo este follón en el que nos has metido...-

Solté un profundo suspiro, tratando de tranquilizarme, mientras reabsorbía mi esencia desde la espada, la cual estaba rodeada por un halo negro que poco a poco iba filtrándose por mi armadura hasta desaparecer totalmente. En ese momento, Eddie empezó a leer en voz alta, y a medida que las palabras iban saliendo de su boca, notaba un ardor cada vez mayor en mi pecho, buen indicador de que me estaba enfadando bastante... Podríamos haber llegado a la ciudad de forma pacífica y tranquila, y gracias a los impulsos psicópatas de una elfa deberíamos atravesar sus defensas a base de acero y sangre. Miré al grupo y dije, con un tono de voz que, si bien era mucho más calmado que el anterior, era mucho más frío y estaba cargado de peligro:

-A la próxima que la elfa meta la pata, la entregamos a ella y a su gato.-

En ese momento, Eddie se puso a olisquear, y al cabo de no mucho, nada más mirar al suelo, vi como unas rejillas metálicas desprendían una especie de gas o niebla de un color que no me inspiraba confianza para nada. Agradecí ser el más alto del grupo. Si intentaban asfixiarnos, sería el último en morir. Aunque no moriría ese día.

Nada más el ser bajito gritó que corriéramos y empezó a correr por el túnel, yo me situé a su lado, corriendo también con largas zancadas, con el escudo por delante y la espada en ristre, por si alguien aparecía delante nuestro poder sacárnoslo de encima rápido. Mientras avanzábamos, una especie de ingenio mecánico iba transmitiendo un mensaje que me hizo susurrar, más para mí mismo que para los demás:

-Genial... Ya empiezan los contratiempos...-

Tras un buen rato corriendo, en el que yo hice gala de mi forma física de soldado de élite, llegamos a una puerta que estaba totalmente cerrada, y por lo que pude ver, para abrirla había que resolver un acertijo. No era muy difícil de resolver, la verdad. A ambos lados de la puerta había cuatro orificios con el tamaño suficiente para meter un brazo. En cada orificio había una cosa escrita. Muerte, Tecnología, Pureza e Inocencia. Eddie metió el brazo donde ponía "Tecnología", así que no me fue muy difícil deducir que cada uno debería meter el brazo en el sitio que le representara. Yo envainé mi espada y puse el brazo donde estaba escrito "Muerte". Mientras lo hacía, les decía a las dos chicas del grupo:

-¡Elfa, si eres virgen, pon la mano en "Pureza", porque inocente no eres después de habernos metido en este follón!-

Esperaba que lo lográramos resolver a tiempo...
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Ilea Parcel el Jue Abr 26, 2012 10:32 am

Las cosas habían ocurrido muy rápido, Ilea tuvo ganas de gritar al “Gran Goblin” cuando la calló, de inmediato se mordió los labios en un puchero combinado con una mirada de suspicacia y fastidio, hacía sus adentros pensaba y formulaba ideas, le agradaba la compañía de esos yordles y goblin debido a la maquinaria que manejaban, era algo que fadcinaba mucho a la pirata del desierto.

Una vez en el camino, Ilea no pudo evitar hacer varios comentarios con respecto al Goblin…
-“No es mi responsabilidad” bla bla bla… bleh, tonterías. – Resongaba divertida imitando la voz de aquel ser sin inmutarse ante la presencia de Eddie.

Al llegar a aquel enorme recinto la pirata soltó un silbido de asombro prestando atención a cada rincón, tuerca, engrane, a toda la fachada y alzada del plano presente. Tuvo la necesidad de acercarse sin embargo se mantuvo estable por las palabras del peludo Eddie, al parecer él esperaba algo, pero nada pasó… Eddie volvió a llamar, y nada pasó, finalmente éste accedió a que pasaran. Ilea no podía dejar de observar cada detalle, incluso preguntaba ¿Qué material era? ¿Cómo estaba tallado? ¿Era vapor de agua? ¿Era otro químico? ¿Era carbón? ¿A caso era aceite? ¿Qué era? Pero muchas de sus preguntas quedaron en blanco justo en el momento en el que las paredes “se abrieron”, Ilea giró el rostro de inmediato y de reojo alcanzó a observar como los acompañantes desconocidos que iban con ellos caían fulminados, Taboo había corrido de inmediato a los brazos de su dueña asustada y un tanto ansiosa, gemía y adraba en tonos bajos hacia el pasillo, algo corría por ahí, era un ruido metálico, pesado, fuerte…

Ilea se vio en la necesidad de llevar su mano a su sable a modo de preparación, como pirata que era a pesar de ser cartógrafa, tenía sus mañas y entre esas mañas era la de “esperar” un pirata nunca daba el primer golpe… no, siempre había “otras” maneras. Algo la sacó de su duda al observar lo que venía por el pasillo, ese algo agitaba los brazos, a Ilea le pareció un ser muy curioso, sacudió la cabeza y regresó a la realidad después de desvanecer aquella traviesa sonrisa, un paso hacia atrás fue lo único que logro dar poco antes de que la elfa atacara, Ilea sintió las ganas de decir algo sin embargo la voz le falseó por el momento, carraspeó y segundos después la sujetó del brazo. -¡Oye espera! Si vas a atacar así no se hace… Son más pequeños que nosotros y esas cosas son… diablos…- Ilea miró al otro hombre que las acompañaba, miró hacia atrás, tan sólo Taboo estaba ahí presente. -¿Tú crees que podíamos haber llegado a un acuerdo? –Pensó por un momento viendo de nuevo los cadáveres de sus “compañeros”. –Bueno, a decir verdad no eran nada nuestro.- Se encogió de hombros escuchando el palabrerío que el hombre le sermoneaba a la elfa y negó con una mueca de fastidio.

-Oye, lo hecho, hecho está, ya no hay vuelta atrás, ya lo hizo, ahora debemos afrontar lo que viene ¿Cómo y qué? Pues no sé, así que ahórrate tus sermones y esas cosas para después… bien ¿Adónde vamos ahora?- Ilea denotó una sutil sonrisa inmutándose en lo que había pasado, aún y después de escuchar la nota leída en voz alta, la humana sólo negó con chasqueo de lengua muy sutil para después continuar, pero toda esa “calma” no perduraría mucho tiempo… Instantes después un extraño gas comenzaba a inundar el lugar, Taboo levantaba el hocico “tosiendo” y “estornudando” perrunamente, Ilea se llevó las manos a la boca para colocarse el paño que traía sobre el cuello, sin pensarlo dos veces también bajó sus googles hasta los ojos, el humo comenzaba a calar, pero Ilea estaba acostumbrada a éste tipo de cosas de cierta manera por las averías del barco, Tabóo la siguió, Ilea seguía al yordle Eddie.

-¡Eddie! ¿A dónde vamos? ¿Nos internaremos más? ¿Este gas, a caso piensan llenar el lugar con él?-

Las preguntas parecían un eco en la banalidad debido a sus labios cubiertos por aquel paño. Momentos después de correr casi desesperada por las palabras del yordle y por aquellas que surgían de los megáfonos Ilea se detuvo a la par de Eddie, contempló con ansias pero abatida el diseño del lugar, quiso volver a silbar, pero el pañuelo no se lo permitía, observó la puerta y todo cuanto a su alrededor, intuyó las acciones de los demás algo desconcertada, pues quien parecía medio tomar el “orden” ahí” era aquel alto humano “nigromante” pues Ilea le había prestado mucha atención ante lo sucedido con anterioridad, ese hombre jugaba con la muerte… ¡Claro! Ahora comprendía el por qué de las “acciones” el bichejo peludo de Eddie había colocado su brazo en “tecnología”, Khaelos en “muerte” pero… ahora venía la duda “pureza” e “inocencia”, Ilea miró a la elfa y observó a los otros dos…

-Oigan, yo de inocente no… por los dioses, he robado y saqueado casas, países, aldeas, otros barcos… ¿Esperan a que yo meta mi mano ahí adentro?- Sin embargo los elfos eran sinónimo de pureza… e Ilea a pesar de ser lo que era nunca había estado tan “presente” en los botines, no era ella la que mataba, ni la que peleaba, ella sólo fijaba el curso y tan tan… ¿Qué había por perder más de la vida…? Soltó un suspiro muy largo observando a Taboo y cerrando los ojos introdujo el brazo en el hueco que decía “inocencia”.-Pues a ver qué...-




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