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Operación: Hexplosivos

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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Mayo 18, 2012 5:08 pm

Ante las palabras que soltó la pelirroja acerca de que era capitana y que ofrecían grandes recompensas por ella no pude evitar reír, aunque no en tono de burla, si no más bien algo cercano a la comprensión. Ella no era la única por la que ofrecían una jugosa recompensa, la diferencia es que a ella la buscaban por actos de piratería, lo cual le hacía correr peligro allá donde fuera. A mí me buscaban por intereses más militares. Le respondí, mirándola:

-No, no eres la única. Ya que nos hemos puesto a nombrar los títulos, soy Lord Khaelos Kohlheim, Conde zhakheshiano y señor del linaje Kohlheim, héroe de Zhakhesh, azote del Imperio y capitán de los Cuchillas Carmesíes, regimiento penal y tropa de élite. Créeme que si me cayeras mal no tendría problema en cobrarme la recompensa, Capitana Parcel... Aunque sobre mi cabeza también pende una recompensa, no tan visible, pero bastante jugosa ciertamente. Creo que la última vez que maté a un asesino de la Inquisición Imperial mi cabeza ya rondaba los cinco mil millones.-

Tras eso escuché a la elfa y solté un bufido de diversión, divertido de encontrar a una elfa que no fuera tan arrogante como para sucumbir a la rabia ante el primer comentario despectivo y que además, me lo quiso devolver. Le faltaba experiencia, había que decirlo, pues mi lengua era mucho más afilada que la suya gracias a mi condición de noble competente. Le respondí, mirándola a los ojos y alzando una ceja:

-Vaya, de los dos yo soy el grandote que pega golpes en primera línea y tú la elfa que dispara desde las sombras con precisión letal, y sin embargo el que se comporta civilizadamente soy yo y en cambio tú le das predominancia a la violencia en lugar de a la diplomacia, como suelen hacer los bersérkers bárbaros. Me encantan las ironías de la vida.-

Tras eso, y tras el enorme estruendo que a la mayoría nos hizo daño y a la elfa la hizo caer al suelo de dolor, finalmente apareció la amenaza enemiga. A pesar de que los miembros del grupo estábamos en constante guerra de ver quién quedaba por encima de los demás con las palabras, demostramos una gran coordinación. La pirata, demostrando conocimientos de ingeniería, le preguntó a Eddie donde estaba el mecanismo que hacía funcionar a aquellas criaturas mecánicas mientras abría fuego con el arcabuz, mientras que su mascota se lanzaba imprudentemente contra las arañas. No pude evitar soltar una imprecación. La mujer elfa también habló mientras corría a ponerse en posición y preparaba su arco, a lo que le dije, usando una frase que solían usar los de su raza:

-¡Que la sangre de los bosques guíe tu flecha!-

Yo por mi parte, empecé a mover los hilos de la magia con la maestría de un hijo de la muerte, y pronto uno de los gnomos que había invocado bajo mi mando logró impactar en el torso de uno de los jinetes. A la vez, unos hilos de humo negro bastante visibles volaron de forma rauda contra el mismo gnomo, el cual empezó a gritar de dolor, descontrolándose de forma peligrosa. De mientras, las dos mujeres se coordinaban para golpear a la otra araña, y el perro de la pirata resultó malparado al rompérsele dos piernas por culpa de un pisotón infligido por el jinete de araña.

De mientras, el gnomo al que yo había atacado finalmente murió por la mezcla de herida de bala y shock nervioso inducido por la extrema cantidad de dolor que le había infligido. Aunque las dos mujeres fallaron, el descontrol del gnomo al que yo había matado finalmente produjo una reacción en cadena, estampándose contra el lateral de la otra araña, y tras eso, se produjo una explosión considerablemente potente, soltando metralla por el área, ante lo cual yo me protegí con el escudo, protegiendo a su vez a Eddie mientras gritaba:

-¡Maldición, cubríos!-

Cuando acabó yo estaba jadeando, recuperándome un poco del gasto mágico que había supuesto el retorcer ligamentos. Tras eso, hice que los gnomos a los que había revivido recargaran sus armas mientras se acercaban a mí. Con expresión neutra y piel pálida, una vez acabaron de recargar se pusieron cada uno a un lado mío, con los arcabuces en posición de descanso. Envainando la espada, me acerqué a las chicas del grupo y les dije:

-¿Estáis bien?-

Tras eso escuché los gimoteos de la perra, la cual estaba bajo una chapa. Posiblemente aquello la había salvado de volar en pedazos. Apartando la chapa sin mucho esfuerzo, levanté en brazos y con cuidado al animal, entregándoselo a su dueña. Mirándola a los ojos le dije:

-Se ha roto un par de piernas. Se puede curar, pero aquí abajo será difícil lograrlo. No sé mucho sobre huesos rotos, sólo sé que, si están descolocados hay que ponerlos en su sitio y encajarlos, y hay que mantenerlos bien sujetos para que sanen adecuadamente. El problema es que ahora que no puede andar resultará una carga. ¿Tienes sitio para llevar al animal?-

Tras dejar a la perra con su dueña, pudimos escuchar al jefe de los gnomos hablando otra vez, y cuando llegó a las últimas partes de su monólogo rabioso no pude empezar evitar a reírme. Demonios, ¿estos gnomos no saben lo que es la seriedad ni la competencia? ¡Ahora nos estaban abriendo las puertas para seguir avanzando! Por los dioses, que al final acabaría dándole las gracias a la elfa por habernos metido en el fregado. Vi que Eddie se metió en la puerta que acababa de abrirse, y yo hice lo mismo, ordenando a mis siervos que me siguieran. Me situé en la otra esquina, mientras ambos gnomos se embutían como podían a mi lado, con las manos agarrando sus arcabuces por el cañón, evitando el tener los dedos cerca del gatillo. Mientras una canción sonaba, me fijé en los botones que había en un lado de la puerta. Alcé una ceja, con curiosidad. Cada uno tenía signos grabados que parecían indicar direcciones. Las dos que más me llamaban la atención eran la del martillo y la espada cruzados y la de la corona. Seguramente uno era la sala del trono y el otro era la armería. Me dirigí al grupo, tras llegar a una conclusión:

-Según creo entender este chisme nos llevará hacia las direcciones aquí marcadas, entre otras, la sala del trono. Mi consejo es que vayamos primero a la armería. Para empezar, ahí podremos encontrar nuevos armamentos que podrían ser útiles. Después, hay que tener en cuenta que muy posiblemente la mayoría de los defensores de la ciudad estarán actualmente guardando la sala del trono, dejando desprotegidas el resto de áreas. Fuera de la armería y la sala del trono, los demás iconos no parecen representar salas de mucha importancia, pero si atacamos la armería, los gnomos posiblemente dividirán a sus tropas entre las distintas áreas al no saber cuál será la próxima en recibir un ataque. Es la ventaja de que seamos tan pocos. Podemos infligir mucho daño en poco tiempo y escapar antes de que nos atrapen. Además... Si la armería está desprotegida, aparte de conseguir nuevo equipo todos, de paso yo podré reponer un poco mis energías. Tengo la impresión de que necesitaré más zombis. Así pues... ¿A la armería?-

Esperé a la respuesta de las dos chicas del grupo, pues Eddie parecía no estar muy por la labor. ¿Estarían de acuerdo con mis palabras? Seguramente sí, era lo más lógico que se podía hacer en esos momentos.
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Ilea Parcel el Dom Mayo 20, 2012 8:03 am

Por un momento Ilea pensó que había hablado de más al mencionar algo acerca de su “reputación” había faltado ella misma al juramento de su tripulación, quiso retroceder el tiempo, más sin embargo era imposible, al escuchar las palabras del nigromante alzó una ceja acto seguido soltó un largo silbido mientras decía…

-Vaya, y nuestras víctimas que se quejan sólo porque les robamos un poco de diamantes…-

Una risilla se apoderó de ella entonces. Las cosas estaban saliendo bien en un principio… sólo en un principio, la elfa había apuntado bien, ella también y a pesar de que pocas palabras habían cruzado una con la otra que no fueran gracias a “Sir Khaelos” era obvio que no se conocían. Sin embargo todo se había venido abajo en el momento en el que Taboo desobedeció a su dueña, Ilea intentó tomarla por la cola, pero el animal se le había escapado de las manos, corrió tras ella… y corrió, y en un momento la imagen que ante sus ojos se depositaba cobró uno de los miedos más grandes que Ilea podría tener en toda su vida, de pronto todo se nubló, hubo un silencio y lo único presente fue el cuerpo de Taboo quedando atrapado bajo una de las patas de aquellas arañas, la pirata pudo ver como las “frágiles” patas de su amiga se quebraban ante aquel precipitante y eufórico golpe. Ilea se detuvo por un momento quedando absorta, tan solo un par de segundos más un alarido salió de sus labios pronunciando aclamadamente el nombre de “Taboo”

-¡Taboo… Taboo! ¡Mi niña!-

Pero ahí no terminaba la cosa, un estallido dio lugar poco después de la caída del primer robot, dicha caía había hecho explotar el segundo animal mecánico, ante la explosión Ilea intentó apresurar el paso, finalmente tuvo que ceder agachándose ante las intensas llamaradas del evento. Apartó de su camino todo pensamiento… excepto a Taboo, tenía laceraciones en el brazo debido a una que otras brazas de fuego, buscaba a su amiga desesperadamente, fue en ese momento que Khaelos se había acercado, el mismo había dicho que se cubrieran, temiendo lo peor Ilea no pudo evitar el llanto, hasta el momento en el que el nigromante sacó a la perra de entre los escombros, Ilea se guiaba por su gemido…
Al verla ahí tendida con las patas completamente desgarradas y desquebrajadas la humana tomó al animal entre sus brazos, sabía que no podría cargarla durante mucho rato, pues la perra tenía casi un peso similar al de Ilea…

-¿Por qué lo hiciste Taboo…? ¿Por qué perra tonta…?-

Miró las heridas del animal y observó hacía todos lados buscando algo que pudiese ayudarle… instantes después observó al nigromante.

-Necesito que me ayudes, debo colocarle los huesos como los tenía para poder entablillárselos, sola no podre- Miró en dirección del verdoso gas con los ojos humedecidos en lágrimas, y después en dirección contraria. –Tratemos de apartarnos del lugar.- Dio un respingo ante la pregunta, era cierto… Taboo no resultaría nada más que una carga, por más feo que sonara, era verdad, Ilea se mordió el labio inferior y de pronto miró a la elfa… -Escucha…- Citó poniéndose frente a ella. –No estoy acostumbrada a tener pleitos con los demás, mi nombre es Ilea Parcel, capitana del Isabella, a partir de éste momento yo te digo que puedes contar conmigo y con mi tripulación de la manera que necesitas… si lo llegas a necesitar claro está, pero ahora soy yo la que te pide un favor.- Tras bajar la mirada brevemente y darle la mano de la forma más formal y diplomática posible, Ilea volteó a ver l acompañante felino de la elfa. –Necesito que… ¿Podría tu pantera llevar en su lomo a Taboo? Te estaré completamente agradecida… si me ayudas-

Esperó pues la respuesta de la elfa, Khaelos había captado mi atención entonces, al parecer quería que lo siguiéramos, él y Eddie se habían metido a una especie de caja metálica, escudriñé el derredor de la caja y miré a la elfa.

-Creo que no nos queda otra opción más que seguirlos, por ahora lo mejor es que nos mantengamos juntos, tú y yo somos buenas a larga distancia, el tío aquel parece darlo todo en combate cuerpo a cuerpo, así que seamos socias por el momento, para salvar nuestro pellejo, y el de éstos animales también-

Ilea observó de nuevo a la pantera, pues supuso que así como la humana misma amaba en cierto modo a la perra, la elfa debería tener un cariño afable por su pantera, pero todo estaba en decisión de la elfa, y no de Ilea, así pues esperó de nuevo para dirigirse a donde Khaelos y Eddie, en el momento en el que ella cruzó la puerta ya se encontraba escuchando las ideas del nigromante, por lo que también ella se dedicó a observar las figuras grabadas en aquellos extraños botones.

-Tu teoría parece más que obvia, pero más que una armería figura a algo relativo a la forja, si es una forja como la que yo creo… no estaremos solos y es seguro que haya una notable cantidad de “ellos”-

Ilea aún permanecía con los ojos húmedos, la simple idea de estar a punto de perder a Taboo le sobrellevaba y no le permitía pensar del todo…

-Sin embargo no nos podemos dirigir así como así a la sala del trono… a menos que tuviésemos un plan, una especie de emboscada, me pregunto ¿Cuántas flechas le quedarán a la elfa…?-Hizo una pausa llevándose la mano diestra la cabeza –Supongo que ir a la “armería” no es del todo una mala idea, pero debemos estar preparados de antemano…-

Dicho eso observó compasiva a Taboo, mientras cerraba los ojos sintiéndose con una enorme culpa en el pecho…




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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Dom Mayo 27, 2012 12:36 am

Todos ya dentro del ascensor, Khaelos, Ilea Parcel y sus mascotas, pero faltaba Aleria y su felino se quedaron atrás.
Quien sabe cómo ni por qué, Aleria se quedó atrás. Fue a entrar en el ascensor, un paso dentro y otra fuera, entonces, ¡Crasch! Las puertas se cerraron de repente, Aleria, inmóvil y sin habla se quedó estatica mientras que las metálicas puertas habían atravesado sus carnes.
Como los filos del mismisimo infierno, habían partido a Aleria por la mitad, y no me refería desde la cadera, si no atravesando ambos oídos, de arriba a abajo.

Segundos después, cuando un hilillo de sangre empezó a recorrer las mejillas de la elfa, saliendo de sus ojos ensangrentados, entonces sus carnes se empezaron a despegar de las puertas, y ¡Plas! una loncha élfica cayó al suelo, a vuestros pies, pudienedo ver su interior, y me refiero literalmente, sus huesos por dentro, su intestino, su masa encefálica.

- ¡AHHHHHHHHH! - Eddie soltó un grito de niña, bastante raquitíco, asustadizo y tétrico.
Agarrado a la pierna de Ilea Parcel y con la boca tan abierta como la de una zorrupia.

En la sala de calderas, el venenoso gas verdoso empezaba a inundarla. El felino de Aleria, aún cercano a la mitad del cadáver de su dueña soltó una lágrima, gimió en soledad antes de que el veneno se colase en su sistema, encharcando sus pulmones, soltando su último aliento, cayó rendida a los pies de lo que quedaba de Aleria...

El ascensor, inundado de aroma a muerte y con el cadáver de Aleria a carne fresca, no era del todo un lugar comfortable para estar. Eddie, asustadizo y con una respiración agitada agarraba la pierna de Ilea sin poder ni querer soltarla.

Al final, el traqueteo descendente del elevador, cesó. Un momento de total tranquilidad, luego las puertas se abrieron y os mostraron un largo pasillo sin puertas. Por miedo o por el motivo que sea, Eddie no se quedó precisamente en el ascensor. Una vez en el pasillo, poco tardaron en cerrarse las puertas del ascensor.
Acto seguido, una puerta se abrió en la otra punta del pasillo, mostrando una gigantesca sala rectangular llena de armas, armaduras y suministros.
¿Parecía demasiado fácil? ¿Sería cierto?

"van a caer en la trampa, estos pringados seguro que caen. Willy, si caen me deberás una ronda. Ya verás, se las van a dar de bruces. Johoho..." La voz del megafóno sonaba confiada, hablando con otros al otro lado del micrófono. "Jefe, seguro que el micro está apagado". Se hizo un silencio durante unos instantes. "¡Maldita sea, estas cosas se me deben decir! ¡Da igual, ninjas al ataque!" Ordenó la misma voz de siempre.

Acto seguido, el techo se quebró y un gnomo pequeño y encurtido en un traje de seda negro, similar al de un ninja, aterrizo sobre Eddie, cayendo ambos seguidamente al suelo. En un forcejeo brutal se enzarzaron en una pelea cuerpo a cuerpo llena de golpes, atizos y demás cosas que se hacen los patascortas.
De nuevo, el techo se quebró y dos ninjas cayeron sobre Khaelos, sobre sus hombros, dándole patadas al casco y insultandole en idioma gnómico: "Maldito pataslargas, muere, sufre, ¡JAJAJA!".
Y por último, un último ninja saltó del techo, supuestamente para placar a Ilea, pero por un fallo de cálculo, cayó rendido en el suelo, dandose de bruces contra el frío y duro piso.
Soltó un quejido acallado, un simple "Ayy..." Y luego soltó pierna y ahí se quedó, tan ancho y pancho que dejó a Ilea libre de acción. O al menos eso creía.

Desde la armería, Rumble, el Yordle mecanizado que antes iba a recibir al grupo en la entrada, de aspecto azulado y sonrisa parecida a la de Eddie, salió armado con un lanzallamas en pleno funcionamiento, corriendo y corriendo con sus patas mecanizadas con un sólo objetivo; la muerte de los intrusos.
Bueno, en verdad su objetivo era Ilea, y si no se apartaba rápidamente, moriría aplastada por una mole robótica.


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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Mayo 29, 2012 12:54 am

Ante las palabras de la piratesa sobre lo de su animal asentí, aunque primero, mientras envainaba mis armas, le respondía en tono tranquilizador:

-No te preocupes, en cuanto estemos en el ascensor o en algún sitio más cómodo te ayudaré a curar a tu amiga, pero primero necesitamos alejarnos de aquí.-

Una vez nos metimos en el cachivache ese, vi como la elfa se quedaba rezagada. Alcé una ceja, esperándola para apretar el botón, cuando justo en el momento en el que ella estaba mitad dentro y mitad fuera, las puertas se cerraron a una velocidad asombrosa. Y la elfa estaba en media. Miré hacia abajo, viendo que la puerta tenía cierto rastro de sangre, dije, suspirando:

-Descansa en paz, elfa. Empezabas a caerme bien.-

Al cabo de unos segundos, la mitad de la elfa que estaba en el interior empezó a despegarse, cayendo al suelo con un sonido húmedo que no me era desconocido. Me recordaba a cuando destripaba a algún enemigo. Cuando se vio su interior, todos los órganos partidos mayoritariamente por la mitad, su cerebro al descubierto, y otras cosas que no me molestaré en relatar al serme tan normales a mí y tan desagradables a la mayoría de personas, Eddie soltó un chillido semejante al de una niña pequeña y se agarró a la pierna de Ilea. Miré entonces a Eddie alzando una ceja y le dije:

-Teniendo en cuenta que usas explosivos, ¿no estás acostumbrado aún a ver cuerpos desmembrados y eviscerados?-

En ese momento apreté al botón de la armería, y recordando a las palabras de Ilea, a las cuales no había respondido por el simple hecho de que cuando iba a hacerlo la elfa se había convertido en lonchas, finalmente le respondí:

-Precisamente por eso iremos a la armería. Allí hallaremos equipo para nosotros con el que podremos diezmar más fácilmente a los gnomos, aunque... Teniendo en cuenta hasta el momento cómo han ido las cosas... Creo que con preocuparnos de las trampas bastará. Los gnomos no son gran cosa.-

Mientras bajábamos, el olor a muerte se hacía cada vez más penetrante. Para mí no era ninguna molestia, a base de costumbre había acabado por desarrollar incluso un cierto gusto por aquél olor. Mentalmente, ordené a los gnomos que se pusieran a mi lado a medida que llegábamos hasta el lugar destinado, y nada más llegar el primero en salir del ascensor fue Eddie. Seguidamente salí yo, con los gnomos zombi a un par de pasos por detrás de mí. Delante nuestro estaba abierta una puerta en la que se veía la armería. Parecía fácil, pero pronto descubrimos que había trampa. La voz del megáfono hablaba diciendo que íbamos a caer en una trampa, sin darse cuenta de que nos estábamos enterando. En ese momento solté una risotada ante la inutilidad del líder gnomo, y cuando la voz ordenó el ataque, no pude evitar reírme aún más.

El techo se quebró y dos figuras en traje de seda negro cayeron sobre mis hombros, mientras me gritaban cosas incomprensibles creyendo que me estaban matando, pero sólo me pateaban el casco. Volví a reírme, doblándome hacia adelante, y los gnomos cayeron de cara contra el suelo. En ese momento, mentalmente ordené a los dos gnomos zombi que se acercaran y les dispararan. En el momento en que se giraron los dos gnomos, quejándose de dolor, los dos zombis les pusieron a cada uno el arcabuz en la boca. Un par de detonaciones, y los dos gnomos murieron, quedando tirados en el suelo con sendos charcos de sangre surgiendo por sus nucas.

Mientras les ordenaba a los dos gnomos que se alejaran de mí y recargaran, escuché los pasos metálicos de algo, y al girarme vi que se trataba ni más ni menos que del ser aquél que habíamos visto en la entrada. Maldecí por lo bajo y fui corriendo hacia Ilea, tratando de apartarla pero vigilando de que ninguno de los dos saliera heridos. No tenía ganas de que muriera otra persona del grupo, pero tampoco tenía ganas de morir por otra persona a la que apenas conocía. Esperaba llegar con suficiente margen de tiempo.
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Ilea Parcel el Mar Mayo 29, 2012 6:18 am

Ilea apenas esperaba la respuesta de la elfa mientras se colocaba a Taboo en la espalda, la perra estaba a punto de desmayarse por el dolor, estaba tranquilla, gemía, pero estaba tranquila a pesar de todo, la pirata soltó un suspiro mirando de reojo al nigromante.

-Gracias, te estoy muy agradecida, por el momento sólo necesito que se duerma ¿Podrías hacer algo con ello?-


Fue en ese preciso momento que giré el rostro hacía la elfa, un extraño sentimiento me inundó desde el estómago hasta la garganta, como una especie de corazonada, apenas iba a soltar una palabra cuando de repente… “Sigh” las metálicas puertas del elevador se cerraron, eso no había estado mal… si no hubiera sido por que la elfa se encontraba a mitad del camino, un hilillo se sangre recorrió el liso y platinado metal, por un momento pensé que había sido el nigromante quien las había cerrado y a punto estuve de aventarme hacía sus hombros para decirle “¿Qué has hecho hijo de perra?”… pero no había sido él, las puertas se habían cerrado solas.

Tragué saliva dejando soltar un gemido más que de susto de asco, seguido por un corto grito desconcertante, Eddie se aferraba a mi pierna y su peso me había hecho trastabillar, al principio intente alejarlo de mi, pero conforme lo sentí más y más aferrado no me quedó de otra más que inclinarme y rodearlo con mis brazos abrazando a la vez mi pierna, fue ahí donde lla mitad del cuerpo de lo que antes había sido una elfa cayó a mis pies, un segundo gemido de asco se me hizo presente, tuve que cubrirme la boca para no vomitar… si, yo estaba acostumbrada a la muerte, pero no al olor a muerte, había visto morir a parte de mi tripulación, fuera a manos de otros hombre, o bestias de la naturaleza… pero debo admitir que ésta era la primera vez que veía una muerte “así”, cerré los ojos alejando la mirada, y no pude evitar esconder mi rostro detrás del hombro del nigromante, me disculpé con un ademán.

-Es… el olor de la sangre a lo que no logro acostumbrarme todavía…-

Volví a cubrirme la boca y maleducadamente dejé escapar un grotesco ruido, sentí el fluido correr en mi garganta y no pude hacer más que tragarlo mientras respiraba profundo, Taboo se había desvanecido ya, y yo no había soltado a Eddie hasta que él se separó de mí. Durante todo el tiempo permanecí con la cabeza casi recargada en el hombro del nigromante, no dejaba de respirar sin quitarme la tela de la nariz, pero el olor de la sangre había inundado ya el pequeño cubo, sentí que Khaelos se movía y entonces sentí que aquel mecanismo se detenía.

De inmediato Eddie había dejado elevador, Ilea hizo lo mismo, viendo de reojo la marca rojiza y sanguinolenta que había quedado en el metal, hizo un esfuerzo por no tocar si quiera el medio cadáver de la elfa, terminó por hacerlo a un lado con un punta pie. Justo en ese momento aquella voz volvía a salir de los megáfonos, Ilea frunció ambas cejas en tono desconcertante y miro tanto a Khaelos como a Eddie.

-¿Trampa? ¿Qué…?-

El ruido la sacó de sus cabales, en ese momento una especie de “Ninja gnomo” cayó desde el techo, era seguro que atacaría a Ilea, la pelirroja estaba a punto de patearle la cabeza, pero un segundo estruendo le hizo girar la cabeza, tan sólo alcanzó a ver una llamarada que corría a favor de un lanzallamas, Ilea se quedó estupefacta pensando ¿Cómo funcionaba ese mecanismo? Pero no era momento de pensar eso… por lo que sacudiendo la cabeza evadió como pudo al robot, aún llevaba a Taboo en la espalda, trastabilló por un momento manteniendo el equilibrio con las manos, había atado las dos patas sanas de Taboo a su pecho, de manera que la perra no se le fuera a caer por un leve descuido.

Al darse la media vuelta y toparse con aquella criaturita que manejaba el robot, Ilea sintió que el corazón se le partía, instantes antes, esa “cosa” quería un abrazo… pero ahora de deshacerse de ella o no dependía su vida, la de Taboo, y la de otras dos personas más, a quienes no conocía, pero de una u otra manera no estaría tranquila… Tomo su mosquete y apuntando mirando por un momento de reojo a Eddie y entonces disparó en seco… no estaba segura de a donde había dado la bala, si había herido o matado a esa criatura… pero ahora ya no era cuestión de compasión, si no de sobrevivencia…




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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Dom Jun 03, 2012 8:56 pm

Rápida aunque de dudosa sutilidad, Khaelos se deshizo de ambos gnomos ninja asesinos, estampados en el suelo y luego, disparados a bocarajo en la boca. ¿El resultado? Una bonita estampa, sanguino y muy violenta.
En fin, tan y tanto poderoso que era éste gigantesco caballero de armadura poco luminosa.

Rumble, el pequeño Yordle montado en una armadura robotizada, que cargaba a toda velocidad contra una muchacha de cabellos rojizos que, sin dudarlo demasiado y aún mirando a Eddie, apretó el gatillo y dejó volar la bola de hierro candente, impulsada por pólvora y fuego.
Qué, cabía decir que impactó de lleno en el brazo peludo y azulado de Rumble el ingeniero robótico, que soltando un chillido de dolor, apartó su rumbo y se encaminó contra un indefenso Eddie.

Khaelos había saltado para apartar a Ilea del camino de la mole mecánica, que ahora, ya no iba a por la pirata. Si no a por Eddie, ¡Bien! ¿Qué es lo que iba a pasar?
Eddie intentó buscar una salida, una solución fácil para evadir a su acosador y antiguo amigo semi-robótico, que ahora usaba esa prótesis de hierro y engranajes para solventar su minusvalía, pero no quedaba más que recurrir a la madre fortuna, pues recordemos: Estaba en un pasillo de una sóla salida, y en medio de ella estaba Rumble, cargando contra él.

Tenía poco tiempo y pocos metros lo separaban de Rumble, así que desabrochó de su bandolera un hexplosivo básico, y con fiereza lo soltó a una distancia calculada a ojo con poca precisión, acto seguido y sin esperar a que explotase nada, se tiró al suelo y rodó hacia Rumble.
En pocas milésimas la bomba explotó, Rumble dio un salto sin quererlo, causado por el hexplosivo, que hizo sortear al pequeño Eduardo por encima, Eddie, mientras rodaba y veía como Rumble pasaba por encima suyo, tenía una gran sonrisa dibujada en su rostro.

Rumble se dio con todas la fuerza cinética que llevaba, de bruces contra la pared. Y el pequeño Rumble no llevaba cinturón de seguridad. Salió despedido contra la metálica pared y su cráneo se hizo papilla.
El robot cayó hacia atrás, ya que su piloto soltó los mandos, quedó totalmente inutilizado, tanto Rumble como su cacharro.

Eddie, se puso en pie de un salto y colocó ambos brazos en su cadera. Se volteó minimamente para ver el destrozo causado, y luego volvió a mirar a Ilea y Khaelos.

- ¡Soy un genio! - Se autoproclamó, vaciló unos instantes y desenfundó su llave inglesa, acercandose al moribundo Rumble, que en sus últimos alientos de vida sólo murmurullaba maldiciones por lo bajo, su rostro deformado apenas recordaba lo que hasta hace unos minutos fue.
Eddie lo agarró del cuello y lo puso en pie.
- Y pensar que te llegué a querer, hermano - Espetó, mientras alzaba la llave inglesa, acto seguido, Rumble le escupió en sus bigotes. Eddie, dejó caer con todas sus fuerzas la llave sobre el moribundo Rumble, que sin ganas de vivir, aceptó su muerte a manos de Eddie. Su hermano.

El peliazulado cayó definitivamente muerto al suelo. Eddie no le dedicó ni siquiera unos minutos de silencio, sin mucha más dilación se acercó a su antiguo robot y con la llave inglesa estuvo un buen rato soltando tuercas y tornillos. Primero se soltó un pequeño Jet-pack que tenía en la espalda, ligero y cómodo, incluso venía con bandoleras para colocarselo a la espalda. Rumble lo tenía todo pensado. Eso era para Eddie.
Lo segundo que se soltó era un lanza-tásers, un arma del tamaño de un arcabuz, era eléctrica y no pesaría más que el ya mencionado arma, su mecanismo era tecnología punta para la época, le serviría bastante bien a Ilea, que le gustaban las armas de esa índole.

- ¡Esto para tí, pelirroja! - Dijo bien alto, lanzandoselo a la pirata, asegurandose de que lo agarraba en el aire.
Acto seguido, soltó lo más importante de la armadura de su fallecido hermano, el lanzallamas de mano. Para el brazo de Eddie, bastante grande y tosco, por eso le vendría mejor al gigantón humano, que seguro le gustaría agregar a su armadura negruzca. - Carlos, o como te llames, esto es para tí, seguro que te gustará. Cuando quieras dame tu brazalete de Mithril y te lo acloparé en la armadura. - Le llamó la atención, lanzandoselo como a la mujer, también seguro de que lo cogería al vuelo.

Satisfecho, se hecho el cinto de hexplosivos a un lado, a su lomo y se colocó su nueva mochila propulsora en la espalda. Ansioso de probarla, debía esperar pues era bien conocedor de la tecnología de su hermano, útil y eficaz, pero no muy prolongada ni extensa en tiempos de uso.

- ¿Alguna duda? - Preguntó preguntas el pequeño Yordle, bien sonriente.


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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Jun 06, 2012 2:03 am

Rápida aunque de dudosa sutilidad, Khaelos se deshizo de ambos gnomos ninja asesinos, estampados en el suelo y luego, disparados a bocarajo en la boca. ¿El resultado? Una bonita estampa, sanguino y muy violenta.
En fin, tan y tanto poderoso que era éste gigantesco caballero de armadura poco luminosa.

En el ascensor, Ilea me preguntó si podría hacer que su animal se durmiera. Negué con la cabeza, pues entre mis conjuros no poseía ninguno de dormir a seres vivos ni poseía nada que me sirviera para ese propósito. Tras eso, cuando la elfa quedó partida por la mitad y la mujer escondió su cara tras mi hombro, disculpándose, yo le respondí:

-Es normal... No es un olor al que mucha gente esté acostumbrada, y esta forma de morir... No es la más común de ver. Yo he visto demasiado ya como para impresionarme con este tipo de cosas, y no es algo de lo que me sienta precisamente afortunado.-

Tras llegar abajo del ascensor, el combate empezó. Con rapidez, empezamos a despachar a los enemigos que en aquella sala habían aparecido. Sin embargo, el premio gordo se acercó en aquél momento, cargando contra Ilea. Justo después de que ella disparara, yo la aparté del camino del ser mecánico, pero gracias al disparo de la mujer, que había impactado en el brazo del peludo conductor, cambió el rumbo. Así pues, la pirata y yo no pudimos hacer otra cosa que observar como ahora el constructo avanzaba frenéticamente hacia Eddie. Yo trataba de exortar a mis zombis a que recargaran más tarde, pero para cuando habían logrado por fin cargar el proyectil, ya se había producido el desenlace.

Demostrando que en su alocada cabeza poseía un gran ingenio, hizo una ágil maniobra mientras lanzaba uno de sus explosivos, lo cual resultó en aquél ser estampándose de cara contra la pared. Tras eso, se acercó al que antaño fue su amigo, y de un golpe de llave inglesa le abrió la cabeza, rematándolo. Finalmente, la muchacha y yo no pudimos hacer más que empezar a mirar lo que hacía Eddie con el ser mecanizado que antaño su amigo había pilotado. Empezó a desarmarlo, sacando primero una cosa que llevaba el constructo en la espalda. Luego extrajo una especie de arcabuz que le dio a Ilea, y del cual me pregunté qué haría. Por último, sacó el lanzallamas que había usado anteriormente aquél ser mecanizado y me dijo que aquello era para mí, y que me lo acoplaría en la armadura.

Agarrando el artilugio al vuelo, me acerqué al chiquitín, y tras ofrecerle mi brazal derecho, pude observar como pronto empezaba a hacer los arreglos pertinentes. Al cabo de poco rato, disminuyó el tamaño del artefacto y lo acopló en la parte de abajo, colocándole un botón en el dedo índice del guantelete que estaba conectado por una especie de cable metálico al resto del arma. Ocupaba todo mi antebrazo, acabando justo antes de la muñeca y empezando justo después del codo, permitiéndome una buena movilidad del brazo. Gracias a mi fuerza, poco rato tardé en acostumbrarme al peso adicional cuando me volví a poner la pieza de armadura.

Tras observar el trabajo que se había hecho, asentí ligeramente, y ante la pregunta de Eddie negué con la cabeza, y desenvainando la espada me situé en la cabeza del grupo de nuevo, dirigiéndome hacia la armería, mientras decía en voz alta:

-Eddie, imagino que el botón este que hay en mi dedo índice es el de accionar la nueva arma. Ahora, dama y caballero, ¿os parece si nos dirigimos a la armería a ver si sacamos algo de provecho?-

Mentalmente, ordené a mis dos zombis que nos siguieran, situándose cada uno a un flanco mío, otorgándome así fuego de cobertura si volvíamos a ser atacados.
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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Ilea Parcel el Lun Jun 11, 2012 7:24 am

Ilea quedó algo estupefacta a consecuencia del golpe. Cuando Khaelos la apartó del camino le dio las gracias mirándolo mientras sudaba frío. De sus labios escapó en un ligero grito el nombre de “Eddie” al observar que Rumble iba contra él, sin embargo sólo pudo quedase observando… y vaya, ese amiguito peludo sí que tenía varios aces bajo la manga. Le dolían los hombros por haber cargado a Taboo, la dejó breves momentos en el suelo y aprovechó entonces para acomodar bien las tablillas que le había puesto por mientras.

Prestó atención a los explosivos de Eddie, Ilea se moría de ganas por saber cual era la base de su funcionamiento, eran algo diferentes a las bombas molotov que solía usar su tripulación. Tampoco pudo evitar una mueca de asco al ver como el enano yordle se daba de bruces contra la pared, un ligero “¡auch!” salió de su boca, momento en el que tragaba saliva. Por alguna razón comenzaba a admirar a ese pequeño ser peludo… si, era eso, tan pequeño, pero tan audaz.

-“Tan pequeño y tan audaz”- Repitió en voz alta sin percatarse de que Khaelos la escuchaba. Pensó un rato y como despreocupada a pesar de lo que había sucedido suspiró mirando a su compañera canina. –Oye… - Desplegó en tono bajo hacía Khaelos, muy sutilmente. –Si sales vivo de esta ¿Qué harás? Es decir… si, eres buscado y todo eso y bla bla, pero en si ¿Qué harás?-

No terminó de hablar, ni de preguntar todo lo que quería saber, pues Eddie había terminado con la vida de Rumble, al escucharlo decir “Soy un genio” Ilea no pudo evitar soltar una ligera risilla juguetona, pues la pose que Eddie había tomado le provocaba gracia y mucha, desvió la mirada, entonces se acercó a él para colocarse en cuclillas, quiso preguntar “¿Qué haces?” pero prefirió observarlo, aquí y allá, su mirada seguía atenta las ágiles manos de Eddie, eso también le hizo gracia a la pelirroja, pues le recordó varios de sus trabajos antes de ser capitana del Isabella.

-¿Era tu hermano de sangre, o sólo de palabra?-

Preguntó Ilea a Eddie, sin dejar de ver sus manos, esperó la respuesta un tanto melancólica y sonrío algo “cariñosa”, apenas terminó la mueca el yordle le lanzó algo a las manos, ella lo tomó algo sorprendida y lo observó, de inmediato abrió los ojos tan grandes como pudo, un silbido se le escapó acompañado de un “¡Wow!”, miró el arma de arriba abajo, de derecha a izquierda, observó la mira, el calibre, la cuchilla, cada uno de los tubos metálicos, pistones, engranajes, Ilea estaba sorprendida con ese “juguete nuevo”, al tocar el filo de la cuchilla un ligero as de piel cortada le veló el dedo, sintió un ardor seguido de un “ssss”, pero sonrió para consigo misma.

-Diosa… esto es un arma de dioses sin duda alguna, bueno… ¡genial!-

Observó también con atención la de Khaelos, hizo lo mismo, observó, se grabó cada uno de los botones, engranajes, placas metálicas etc., sintió que de tan sólo recordar las imágenes podría dibujarlas en un lienzo y era lo que buscaba hacer, grabarse cada detalle. Al escuchar la voz de Eddie, seguida de la propuesta de Khaelos Ilea pensó por un momento…

-Mmmm… Si cogemos más armas llevaremos más peso, yo realmente no podré con un arma más además de Taboo, sin embargo necesito pólvora, se me está agotando y no creo que dure muchas cargas más… fuera de eso, después de la armería imagino que nuestro objetivo principal entonces será… -Divagó, se le había olvidado la palabra. –Bueno, la sala principal o esa cosa… aun que, ¿Cómo saber que no hay más trampas? Es obvio que nos tienen muchas sorpresas esperándonos…-

Sin más, esperó a la respuesta de Eddie para seguirlos mientras tomaba de nuevo a Taboo en hombros.




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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Eddie Garrapato el Miér Jun 13, 2012 5:47 pm

Fue Eddie el primero en saltar del pasillo a la armería, llave inglesa en mano.
Y lo que vio fue la más absoluta, preciosa, dantesca, estupenda, preciosa, especial y a la vez simple, nada. No había nada, sólo hileras y más hileras de estanterías blancas vacías, algunas flechas sueltas, una pequeña bolsita con pólvora de mala calidad, aceite desengrasante y un periódico de Gnomolandia, escrito en lengua gnómica. Esa extraña y ambigua lengua que usaban los patascortas, derivado, por supuesto, del Yordle.
Eddie agarró el aceite y el periódico y leyó éste último.

- A día cuatrigésimo octavo quinto décimo sexto, Salchichonio prelunar de azúcar glaseado, de tuercas y martillos, se anuncia que: Se recibirá gustosamente a los invitados que aún siendo engatusados por los antiguos hermanos góblinicos, serán bien recibidos. Ah, y también se anuncia que el salón del supremo Rey de Gnomeg...Gnomolandia, será trasladado a una puerta adyacente de la armería. - Eddie dejó el periódico en la estantería donde estaba, miró a Ilea y a Khaelos y luego a una puerta metalizada de donde provenía una risilla típicamente gnoma.

¿Otra trampa?
Demasiado estúpido, pero creíble.

Eddie señaló la mencionada puerta. - Lo veo viable. Además, así estrenaremos nuestros nuevos juguetitos. - Musitó Eddie tan sonriente como siempre. Eddie se acercó a la puerta y colocando su espalda contra la pared cercana a la puerta, agarró el pomo y lo giró lentamente, luego, de un estirón abrió la puerta, esperando algún tronco o trampas similares. Pero cuando Eddie se asomó por la recién abierta puerta no vio nada excesivamente peligroso, era lo que un gnomo denominaba salón del trono. Una sala llena de pantallas eléctricas, micrófonos y un único gnomo, pelirrojo, pequeño y frágil como cualquier otro.
Nada más ver la puerta abrirse, y sin escapatoria se asustó en demasía, sin saber a donde ir, empezó a dar vueltas y vueltas sobre el eje del sillón con ruedas donde estaba y en postura fetal, cómo si eso le evadiese de sus problemas.

Hizo el amago de entrar, metió un pie y luego lo paso. Esperando alguna guillotina o algo, pero tampoco. ¿Se habían acabado ya las trampas? Por fin. Entró a la oscura habitación, únicamente iluminada por el resplandor de las pantallas encendidas que ocupaban toda una pared. El asustadizo gnomo pelirrojo por fin se calmó, arqueó una ceja y procuró sonreír a sus posibles verdugos.

- Esperad, eeeeesperaaad... ¡No podeís matarme! - Habló él, cuyo nombre no sabía nadie. Era el hacedor, el señor de Gnomolandia. El portero, limpiador y señor de mantenimiento de su ciudad, era el conserje. Así se llamaba él, un nombre carecedor de épica, rima o rimbombancia. Simplemente el conserje. - Si me mataís, nunca averiguareís de que se trata... ¡OS LO DIRÉ! Vale, los goblins, los trasgos verdosos os echaron explosivos en el caldo de patatas, es típico de ellos. Patatas explosivas las llaman, conozco una manera de ayudaros. ¡Sois unos malditos psicópatas, pero no me mateís, puedo salvaros! Debeís tomaros esto, si me prometeís que nos dejareís en paz os puedo abrir las puertas al exterior, donde podreís vengaros de ellos... ¡Dejadme en paz! ¡Tengo miedo! Eh... ¡Pirata, cama, pared!- El asustado conserje empezó a hablar como si le pagaron por ello. ¿Cómo sabían si sus palabras eran verdad? Sólo podían confiar en él, de todos modos, un hombre a punto de morir sólo podía mentir mucho o ser extremadamente verídico. Sólo podían confiar en lo segundo, por que, ¿y si era verdad? Acabarían explotando, ¿Y si era un veneno? Quién sabía, aunque, llegando ya hasta allí, y con la sed que tenía Eddie, agarró la botella que les pasó el conserje, la abrió y le echó un trago.
Luego se la pasó al que más cerca tenía.

Poco tardó en darse cuenta de lo que era, llamado por la madre naturaleza, Eddie salió corriendo de la habitación, escondiendose entre las estanterías de la armería. ¿Diarrea? No, sólo el efecto laxante de la bebida que les había pasado su salvador.

Cuando volvió, par de minutos después. Eddie volvió a la sala, donde el conserje, asustadizo y agotado de hablar, simplemente tocó un botón y atrás, en la armería, las paredes se abrieron y otro ascensor apareció donde antes había un bonito póster de una gnoma luciendo lencería. Y asustado por lo de antes con la elfa, poco tardó en meterse en el elevador.

Eso sí, no se olvidó de despedirse del conserje.



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Re: Operación: Hexplosivos

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Jun 13, 2012 7:46 pm

Después de salvarla, pude escuchar las palabras de Ilea, la cual me preguntaba qué haría si salía vivo de aquella situación. Si me miraba a los ojos, podría darse cuenta de que sonreí, y le respondí, alzando una ceja:

-Seguir reuniendo a un ejército y aumentar mi poder personal, ayudarme de ciertos camaradas, tanto vivos como muertos, a restaurar al trono de mi nación a quien de veras le corresponde, y por último, exterminar por completo a los imperiales y destruir su patria. Aparte de eso, en mis ratos de ocio me dedicaré a hacer lo que siempre hago... Disfrutar de la vida y tratar de encandilar a bellas damas como tú.-

Tras ayudarla a ponerse en pie, Eddie mató a su ex-camarada y nos ayudó a equiparnos con las nuevas armas que habíamos hallado al saquear el cuerpo del constructo del ser peliazul. Una vez equipados, escuché las palabras de Ilea y le respondí, riendo ligeramente:

-No te preocupes, soy suficientemente fuerte para hacer de mula de carga. Acerca de las trampas... Como suelo decir, es mejor que vaya delante un tipo cubierto con una armadura pesada completa a que vaya cualquier otro miembro del grupo. Por lo que hemos podido ver, no hay trampa que pueda matar a alguien así.-

Cuando llegamos a la armería, pudimos ver con decepción que estaba vacía. Sólo quedaban algunas flechas y algo de pólvora, la cual agarré y le di a la pirata. Eddie halló un periódico escrito en gnómico. Tras leerlo en voz alta, definitivamente pudimos darnos cuenta de que, en efecto, lo que antes había hecho la elfa había sido meternos en un lío innecesario y matar a seres inocentes. Aunque eso de "engatusados" por los goblins... ¿A qué se referiría? Por el bien de los goblins, más les valía que jamás supiera de qué se trataba...

Tras ver la puerta metálica a la que señalaba Eddie y de la que procedían ciertas risillas que se me hacían conocidas, asentí con la cabeza. Tras hacer una serie de comprobaciones, pudimos comprobar que no había trampa alguna ahí. Una vez dentro, vimos a un gnomo pelirrojo considerablemente asustado. Yo llevaba la espada en la mano, y me empecé a acercar lentamente, listo para infligirle una muerte no muy piadosa.

Finalmente, pero, el gnomo pareció recobrar parte del sentido y empezó a hablar. A medida que iba hablando, mi mano se crispaba sobre el mango de la espada. ¡Explosivos en las patatas! Eso significaba que en cualquier momento, uno de los tres podría convertirse en una bomba andante. Ante las palabras del gnomo, yo le respondí:

-Cálmate, maldición. No te vamos a matar. Aunque sé a quienes sí vamos a matar de una forma no muy agradable...-

Eddie cogió la botella que nos ofrecía el hombre, y tras darle un trago, me la pasó. En ese momento pudimos ver como el pequeñajo salía corriendo de la sala hasta la armería, y tras escucharse unos ruidos que daban fe de la naturaleza de la urgencia, finalmente volvió, con una cara de alivio sólo relacionable a cierta situación. En ese momento, antes de tomar la botella, me quité la parte de armadura que iba a necesitar para librarme de las bombas, dejando a la vista los pantalones de cuero que siempre solía llevar. Fue entonces que me bebí un tercio botella, se la pasé a Ilea y me dirigí hacia la armería. No diré mucho acerca de lo que sucedió ahí, en un lugar donde pude tener un poco de intimidad. Sólo diré que después de eso, algunas páginas desaparecieron del periódico que anteriormente Eddie había hallado. Una vez liberado de los explosivos y adecuadamente aseado, volví a la habitación, donde me coloqué rápidamente el resto de la armadura.

Una vez hubimos acabado, el gnomo abrió una puerta que parecía que nos llevaría a la salida. Me situé al lado, esperando a que la pirata y mis arcabuceros zombi entraran, y una vez lo hubieran hecho, entraría justo después, apretando al botón que nos fuera a llevar a la salida. Ambos pudieron escucharme susurrar:

-Creo que Ziggs será la primera persona con la que estrenaré mi nuevo juguetito...-
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Re: Operación: Hexplosivos

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