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Anti-Héroe.

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Anti-Héroe.

Mensaje por Franz Krieger el Lun Abr 23, 2012 2:09 pm

Con la mirada clavada en la pared de piedra, cientos de ideas recorrían su mente. Recordaba el pasado, su pasado.
¿Cuántas veces habría pensado en ello? Muchas, no las suficientes. Jack era un hombre preocupado, apenas tenía tiempo para pensar en el pasado, su padre, su madre, su familia. Todos ellos asesinados, si no por ello ahora era un cazador. Un cazador de vampiros, de licántropos y de cualquier cosa que pueda hacer daño a otra familia, a un chaval cualquiera, feliz, despreocupado, alguien como lo fue Jack.

Ahora no era más que alguien que había vendido su alma a un Dios inexistente para cazar aquello que no pudo arreglar él. Un simple peón en un juego mayor, alguien que se tenía que preocupar de una humanidad decayente, un salvador... Un héroe para algunos, Jack nunca quiso ser un héroe, pero lo era.
Y así como durante toda su vida fue un guerrero de la paz, alguien que se encargaba de los desechos de los que no podían encargarse los demás, ahora habían decidido que él también era un desecho, alguien peligroso.
Traicionado por su propio pueblo, traicionado por aquellos a los que defendió, su Héroe y su salvador, ahora, era simplemente un recluso más de una celda húmeda, oscura y de piedra oscura.

Estaba sentado al borde de un camastro roído, una cara malhumorada explicaba bastante bien sus sentimientos actuales. Se puso en pie de un salto, con los pies de plomo se acercó a las rejas de su celda y las agarró con toda la fuerza que tenía, las vapuleó, golpeó y gritó en repetidas ocasiones tan alto como sus pulmones humanos le permitían.
Con sus puños cerrados dio el último golpe a las varas metálicas, luego, cayó rendido de rodillas al húmedo suelo.

Poco tardó en llegar el primer guardia, riendo se puso a la altura del agazapado Jack, que sin fuerzas estaba sentado apoyado de espaldas a las rejas. El guardia le propinó una patada en la espalda, cayendo de morros en el frío suelo de piedra, se golpeó la cabeza rudamente y cayó insconciente, sin conocimiento.

(*)

Y ahí estaba Jack, plantado enfrente de un hombre-lobo transformado que rezumaba un olor a perro mojado bastante notable.
Ambos estaban quietos, observando el uno al otro, Jack tanteaba con sus dedos ambas pistolas, el licántropo esperaba para lanzarse a por el cazador. La pregunta residía en: ¿Quién sería más rápido?

Así como el licano hizo el ademán de ponerse a cuatro patas, Jack agarró ambas pistolas de pedernal, las alzó y apretó ambos gatillos.
El gusto sabor a polvora rezumó el ambiente rápidamente, el ensornecedor sonido del disparo se pasó rápido, pero la humareda se elevó a lo alto del cielo, perdiéndose entre las nubes de aquella nublosa noche de luna llena en Phonterek.

Jack hizo las virguerias con sus pistolas y las recogió en sus fundas, echó una mirada al licántropo, que tirado en el suelo, escupiendo sangre, lentamente se transformaba en el Humano que en un principio era.
Cuando se acercó al metamorfósico licano, con estaca de plata en mano, puso un pie en el cuello de la bestia y se dispuso a clavar la estaca bien hondo en su pechera, cuando se percató de que no era un licántropo normal.

Primero, se quedo perplejo y atónito.

Era el hijo mediano del actual gobernante de Phonterek. Jack pensó que seguramente su familia sabría la maldición de su hijo y hermano, aún siendo un hombre lobo como cualquier otro, algo le impedía matarlo, clavarle la estaca en el corazón.

Y más que nada fueron los gritos de la guardia, que armados y con antorchas se acercaban corriendo a Jack.
“Asesino, mata-reyes...” Y demás cosas era lo que gritaban, Jack no huyó. Sabía que en asuntos como ese huir sólo le atraería agravantes y demostraría que fuese culpable de algo, que era su maldito trabajo hacer.

-¡Es un hombre lobo!- Gritó Jack, refiriéndose al chaval que apenas rozaría los dieci-ocho años y que pronto sucumbiría ante la muerte, ahogado en su propia sangre.

Pero ellos no atendieron a razones, nada más acercarse a Jack le golpearon con sus armas en la cabeza, obviamente no lo mataron pero, cayó insconciente. Luego, lo apresaron y lo metieron en los calabozos de Phonterek, los juicios en estos casos era algo que no solían hacerse.

La pena siempre era el ahorcamiento.

(*)

Despertó con la cara pegada al suelo, una gotera le daba de lleno en la mandíbula. Una chillona y rasposa voz sonaba fuera de la celda, al principio tardó en asimilar todo, después del golpe era raro que siguiese con vida.
En la celda estaba el sólo, era individual, así que supuso que era algún guardia.

Se giró, aún tumbado y vio como el mismo guardia de la patada ahora le señalaba con el dedo y cara de pocos amigos.

-Sal de ahí, no me obligues a sacarte... ¡Sal de ahí, matareyes! Van a darte tú merecido- Espetó, con una carcajada.

Si Jack afinaba el oído podría oír el murmullo que se arremolinaba en la plazoleta principal de la ciudad de Phonterek, su más amada y querida ciudad ahora quería ver a su propio héroe ahorcado, por mucho que intentase rebelarse, intentar huir, no tenía escapatoria. Su fin estaba a la vuelta de la esquina, y aunque era injusto, tendría que aceptarlo por su propio bien.

Jack se puso en pie, se desperezó y escupió al suelo. Echó una mirada al guardia, que con una sonrisa pícara lo miraba.

-Démosles sangre, ¿Eh?- Gruñó Jack con media sonrisa forzada. El guardia asintió con una carcajada.

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Franz Krieger

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Re: Anti-Héroe.

Mensaje por Franz Krieger el Lun Abr 23, 2012 6:12 pm


Jack tuvo que salir por su propio pie, las rejas de la celda estaban abiertas y aquel perro de la guardia se jactaba de Jack, que aún sabiendo lo que le esperaba y lo había aceptado en la forma de lo posible, seguía siendo la burla y mofa de aquel guardia. El gordinflón le obligó a poner las manos a la par y cercanas para que le pudiese encajar las bufas, la verdad es que Jack no tenía ni ganas de rebelarse, matar a aquel guardia y escaparse de la mazmorra llena de guardias.
El gordo le amarró bien fuerte las cadenas y hizo que andara por delante de él, Jack sentía el frío tacto del filo de una espada en su espalda, apenas abrigada por un saco de patatas roído.
Sus pies eran arrastrados por las humedas rocas del suelo, apenas habían avanzado unos metros por aquel laberinto que se hacían llamar “Los calabozos de Phonterek”

Cabizbajo y con la boca reseca, ando con los ojos cerrados, pensando en las tantas cosas que podría haber hecho y no pudo hacer. Su triste infancia, su única vida cuyo objetivo era matar. Era una triste ponzoña que pronto, vería su ansiado final.
No tenía nada a lo que aferrarse, su vida se derrumbaba y por fin, el punto maestro sucumbiría aquel día, sacrificado frente a aquellos que protegió, defendió en nombre de la justicia, la libertad y la felicidad. Ahora, para que esos valores se cumplieran tenía que convertirse en un mártir, sacrificarse por el sentido común, convertirse en un héroe.
Un mito del pasado, una leyenda. Pero como podía imaginarse, los chavales no desearían convertirse en él en un futuro, seguramente tendrían super-héroes, guerreros que salvan princesas, ¿Por qué querrían ser un cazador de vampiros que ni siquiera tenía una amada?

Pero entonces todo cobró razón.
Jack no era un héroe, no era ningún ejemplo a seguir. Era el hombre que defendía los ideales de lo justo, era aquel que defendía a su pueblo aunque este lo tomase como un asesino, escoria. Él... él era un anti-héroe, y no estaría dispuesto morir ahí.
Los dioses le habían brindado una nueva vida, su objetivo no era cazar por dinero ni fama, gloria o honor, él cazaba monstruos y asesinos, él era un defensor.
Aquel defensor que todos odiaban y querían ver muerto.

Se paró en seco, tenía que actuar ahí y ahora. No podía esperar más, tenía que acabar con el primer agresor de aquello que Jack defendía, aquel guardia injusto y claramente, con unos kilos de más.
Iba a hacer el ademán de golpear al guardia, que aún notandolo y dispuesto a golpear al recluso, no se golpearon ni acabó nadie herido, ambos escucharon, absortos en algo que ciertamente, no era normal:
Allí en los túneles de los calabozos había sonado un disparo y después un grito, un golpe y el silencio.
El guardia, malhumorado golpeó a Jack en la pierna, obligando al cazador, al anti-héroe a arrodillarse de dolor en el suelo.

El gordinflón avanzó sólo por el pasillo, espada en mano. Llegó al cruce, donde se giró hacia donde provenían los gritos.
Cuando se dio cuenta de lo que había en aquel pasillo, se colocó en postura de combate y afianzó terreno espada en mano. Asustado, o al menos eso parecía a ojos de un moribundo Jack, arrodillado ante la nada, sin conocer la situación, podía conjeturarse mil y una cosas, cientos de teorias sobre su salvación o perdición.

-¡Alto ahí,!- Gritó el guardia, bien alto y sonoro. -¡Alto ahí he dicho!- Repitió el hombre, que asustado, optó por lanzarse espada en mano allá donde Jack no alcanzaba a ver desde su punto de vista.
Pudo oír como el guardia lanzó un grito de guerra, pero esto sólo duro unos instantes. Después, y acallando al gordinflón, un disparo. No un disparo como aquellos que hacían las pistolas de Jack, si no uno mucho más potente y sonoro.
El guardia voló y cayó en el suelo, muerto.
Jack se asustó, se puso en pie e intentó correr en dirección contraria, pero sus cadenas se lo impedieron, así que intentó mantener la compostura, algo de la dignidad que pudiese tener, antes de que aquello que mató al guardia lo viese.

Se giró, y en pie de una manera rígida observó el final del pasillo, donde el cadáver del gordinflón aún yacía.

Y lo que vió asomarse por la esquina fue lo que menos se esperaba, bien podía ser un hombre-lobo, un vampiro, un maldito robot o incluso alguien que le tuviese asco a Jack, pero aquello que ahora, plantado de una forma despreocupada lo miraba, era lo que menos se esperó: Un viejo, con sus rizos canosos que ondulaban bien largos hasta los hombros, una mirada cansada y un rostro lleno de arrugas, aún así parecía conservar toda la juventud en su cuerpo, nada arqueado y bien derecho, su forma de vestir era, bastante parecida a la de un Jack bien vestido, no de recluso como iba ahora, tenía un guardapolvos negro, botas altas oscuras, camisa beige y en sus manos, y atentos por que esto era lo más impactante; En sus manos tenía un rifle, un trabuco, pero uno bastante más avanzado, uno más oscuro, de aspecto más cómodo, ligero y potente, tenía dos cañones. Ya había visto eso antes en manos del doctor Ivo Robotnik, era una escopeta.

-Cuanto tiempo, Jack- Pronunció el hombre con una amplia sonrisa en su cara, dando un par de pasos hacia adelante, arma aún en mano.
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