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La Era de los Orcos.

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La Era de los Orcos.

Mensaje por Kaaurk el Lun Abr 30, 2012 7:14 pm

Hubo solo silencio a partir del anochecer, los animales y bestias que rondaban por los páramos del bosque se mantenían callados como si nunca hubiesen existido, ni siquiera la suave brisa que bajaba de las montañas se dejaba sentir en la penumbra, moviendo las ramas de los árboles, tal parecía que todo se había silenciado, cual preámbulo de aquello que habría de venir. Un Orco gruñe en la oscuridad, ansioso por la cacería que se avecina, ávido de sangre como solo un guerrero criado para no conocer nada más allá de la guerra puede estarlo. Su armadura es tan negra como la noche que le rodea, el brillo había desaparecido mucho tiempo atrás, siendo sustituido por un horrible color oxido, y su yelmo cubre su rostro por completo, ni siquiera dejando entrever sus ojos. En sus toscas manos sostiene dos pedazos de pedernal, ideales para soltar la chispa que inicie una fogata, pero nada más.

Sin embargo el propósito para aquellos minerales es distinto, aunque el principio sea el mismo, soltar una chispa. Esta solo en las penumbras, pero ni el miedo ni la melancolía le invaden, su clan se encuentra lejos y lo que se avecina es algo que solo le pertenece a él. Aquella tarde durante una de sus tantas cacerías había divisado a lo lejos una caravana humana que cruzaba su territorio de caza mas nuevo, o más bien el terreno que momentáneamente habitaba con su clan, y no podía permitirse perderla, no cuando la recompensa podía ser enorme, llevaría demasiado tiempo organizar a los suyos, por lo que había actuado como los Orcos siempre actuaban. Por Impulso. Aunque a su manera, porque Kaaurk, líder del clan Raakhuga, era un Orco excepcional y si bien su inteligencia era apenas superior al promedio de entre su raza era suficiente como para plantear los horrores que iban a desarrollarse esa noche.

Divisa primero las luces de las antorchas a la distancia y lo siguiente que escucha es el sonido de trote de los animales de carga que arrastran a los carromatos, un gruñido de satisfacción proviene de la garganta del Orco, se encuentra a cubierto, detrás de un árbol y en una colina que da de frente al camino que cruza por el bosque, creando en él un perfecto punto de ataque. Y nada de eso es una coincidencia. Los carromatos se aproximan y la sonrisa de Kaaurk se vuelve más amplia, el Orco mira de reojo el enorme barril que está a su lado. Esta lleno hasta arriba de uno de los compuestos explosivos más poderosos que le fue enseñado, una mezcla de pólvora y catalizadores especiales que se obtenían de ciertos frutos, y una sola mecha sobre salía del tambor que constituía la parte superior del barril. Cualquier otro Orco se abalanzaría a la primera aproximación de la caravana humana y esperaría pelear hasta asesinar a todos sus ocupantes, cualquiera menos Kaaurk.

La luz de las antorchas es su guía, puede ver como el primer carromato ya ha atravesado el frente de su posición y estima que son un total de cuatro carros, solo tiene que esperar un poco más para el ataque. Y sin embargo se da prisa, comienza a estrellar las piedras de pedernal entre sí, hasta que surge la tan esperada chispa que prende fuego a la mecha. El Orco se pone de pie, alcanzando a ver como el segundo carromato ya está pasando por el camino, levanta la pierna derecha y patea el barril que rueda cuesta abajo por la colina con la mecha consumiéndose rápidamente. Los caballos del tercer carromato relinchan, asustados por el fuego proveniente de la mecha, y hay un momento de confusión antes de la explosión. El poder del explosivo es tal que el segundo y tercer carromato revientan en millones de astillas y los dos restantes terminan volcados sobre el camino, los caballos mueren aplastados por los vehículos o perecen en una vorágine de fuego y carne quemada, los conductores pierden la vida por la fuerza de la detonación del barril o son consumidos por las llamas entre los escombros de los carromatos.

Cual figura de pesadilla Kaaurk comienza a descender por la colina con su ballesta preparada, camina en la oscuridad únicamente guiado por el incendio que consume los restos de la caravana, los gritos de desesperación y dolor entre los supervivientes llenan la noche en alaridos infernales. Las tres lunas que reinan en su triángulo perfecto sobre el firmamento nocturno son testigos de cómo varios de los ocupantes del primer carromato logran salir de su vehículo derribado y aún aturdidos por la explosión buscan ver el origen del ataque. El Orco gruñe en la oscuridad y levanta la ballesta, apuntando al más cercano al fuego del incendio, y por ende el que mejor puede vislumbrar en la penumbra, para después disparar el virote de acero en su dirección. Un silbido se escucha un segundo antes de que el letal proyectil se incruste en el pecho del hombre, derribándolo y sentenciándolo a la muerte. El terror vuelve a reinar entre los hombres, que desesperadamente escapan de la escena o buscan protegerse entre los carromatos volteados.

Kaaurk coloca su ballesta en la correa de su armadura y desenvaina su enorme espada de la funda que porta en la espalda, el irregular filo terminado en un color negro como el que reina en los abismos tiene un aspecto aún más siniestro bajo el brillo de las flamas cuando alcanza el camino. Uno de los hombres sale al encuentro del Orco, preparado para combatirlo con una espada corta, pero el combate apenas dura unos instantes, la destreza como espadachín de Kaaurk se hace presente, solo hacen falta dos choques de filos entre las espadas para desarmar a su oponente humano que cae al suelo, abrumado por la tremenda fuerza física del Orco.

-La era de los Orcos ha llegado...- La grave voz de Kaaurk es aún más terrorífica en los oídos del hombre a su merced.-...Y todas las Tierras conocerán nuestro poder.-

La mano izquierda del Orco se aferra del cuello del humano y lo eleva por encima de sus tres metros de estatura, estrangulándolo, los gritos de terror y pánico vuelven a resonar en el bosque, cuando el filo negro de la espada de Kaaurk atraviesa el cuello del hombre, provocando que el cuerpo caiga al suelo con un sonido sordo, dejando la cabeza en mano del Orco. Kaaurk arroja la cabeza sin vida a las flamas que consumen el segundo carromato y pasea la mirada por el sendero de destrucción en todo el camino. Todos los que pudieron ponerse de pie habían huido de la escena, dejando atrás los cuerpos de los muertos, los supervivientes incapaces de moverse y el botín. Los ojos rojos del Orco se centran en los cofres tirados a un lado de los carromatos y luego pasan a las indefensas víctimas de la explosión, repartidas por todo el sendero, heridas o quemadas. Para cualquier otro guerrero serían excelentes rehenes o esclavos, pero él no tomaba prisioneros.

No esa Noche.
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Kaaurk

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Re: La Era de los Orcos.

Mensaje por Crash Bandicoot el Mar Mayo 01, 2012 3:57 pm

De por sí los orcos me encantan, y he disfrutado enormemente leyendo un Hirja tan bueno. ¡Aprobado! Generando color
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Crash Bandicoot

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