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Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Ago 15, 2012 3:42 pm

Cuando por fin estuvimos todos fuera, el Libertador conocido como Ode empezó a hablar, explicándonos qué era la Mano Negra y quién era el tal Rodric. Al parecer, estaba en aquél mismo castillo, y por desgracia para él, no había tomado las precauciones que hay que tener cuando encarcelas a gente como nosotros. Sobretodo porque yo iba a matarle.

Cuando acabó, Jack empezó a preguntar algo pero se detuvo cuando el sable que barraba la puerta cayó al suelo. Se hizo el silencio, solo roto por el sonido de mi espada siendo desenvainada. Ante sus palabras, mientras las criaturas empezaban a salir de la celda, respondí, con algo de furia:

-La madre que los parió, ¡hoy os pondréis a dieta de espada, monstruos!-

El olor a pólvora empezó a llenar el ambiente mientras Jack y Rochard disparaban contra las criaturas como si no hubiera mañana, mientras Ode mataba a un par de criaturas. Yo decidí hacerlo rápido y fácil, de modo que cubriéndome con el escudo y dejando la espada apoyada horizontalmente sobre él, la deslicé cada vez que se acercaba un monstruo. Cada vez que la espada se movía, la garganta de uno de los monstruos resultaba cercenada.

Una vez mis cuatro criaturas hubieron muerto, me giré a ver cómo estaba el resto de la pelea, y sonreí al ver que todos habían podido con los suyos sin grandes dificultades. Naerys había decapitado a los suyos, mientras Jack y Rochard habían destrozado cráneos a balazos. Rápido y limpio, sí señor.

Empezamos a movernos por los pasillos hasta llegar a una bifurcación iluminada por antorchas. Todo estaba hecho de piedra, dándole un toque poco piratesco a aquella mazmorra, más digna de gente de la nobleza como yo que de un jefe pirata o lo que fuera Rodric. En ese momento Ode habló de nuevo, empezando a explicarnos cuál sería el plan de batalla. Cuando acabó, Naerys fue la primera en hablar, diciendo que acompañaría a Jack. Asintiendo, yo me avancé, acercándome a Ode y respondí:

-Entretener a Rodric es cosa mía. Vosotros le duraríais dos segundos. Yo al menos le duraré tres. Además, si para cuando le hayáis quitado la máscara yo sigo vivo, tengo un asunto personal que resolver con ese bastardo.-

Oh sí... Sí que tenía un asunto personal que resolver con ese maldito hijo de perra.
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Mensaje por Lander el Jue Ago 16, 2012 12:23 am

Escuché la explicación que empezaron a dar los dos hombres, no sabría decir si era Ode o Rochard, pero no había dicho nada nuevo, nada que no supiera antes, nada que pudiera usar ahora. Excepto quizás, lo de la máscara, eso era un comienzo. El poder de la máscara no parecía poco, a juzgar por cómo derribó Rodric a Jack y a Khaelos, apenas una par de gestos con los brazos y ya estaban ambos en el suelo. Sin duda un objeto que merecía la pena codiciar, pero ¿vale la pena estar bajo su yugo a cambio del poder que ofrece? Era, sin duda, una pregunta interesante y que habría que responder pronto…

No había tiempo de más, un estruendo metálico recorrió la galería e hizo a Dehvi volver la cabeza. El silenció se apoderó de aquella estancia, la calma que precede a la tempestad, los caníbales abrieron la celda y segundos después ya estaban corriendo hacia nosotros. El joven sostuvo el arcabuz en alto y disparó en cuanto tuvo un tiro seguro, abatiendo a uno de ellos. Sin detenerse a pensar blandió el sable que había comprado horas antes en el mercado, lo sostuvo en lo alto y lo bajo cuando una de aquellas inconscientes criaturas estuvo a su alcance. El acero atravesó una parte cercana al hombro hasta tocar el hueso. Desclavó el metal y volvió a hundirlo en un corte horizontal en el cuello. El humano, que ahora más bien era una bestia, gritó como si no hubiera un mañana y finalmente cayó al suelo, quedando la cabeza en una extraña posición junto con una terrorífica mueca que provocó las arcadas del joven.
Afortunadamente se contuvo, como ya hiciera otras veces, al ver semejante carnicería, pues no solo eran aquellos dos cadáveres que él mismo había asesinado si no que sus compañeros había hecho los mismo con otros tantos, dejando en el suelo un cuadro de sangre y mutilaciones difícil de olvidar, como tantas otras cosas que había visto en la isla.

Más pronto que tarde la pequeña comitiva se lanzó a recorrer los pétreos pasillos de lo que al parecer era un castillo. No había ventanas por la que dejar pasar los rayos del Sol, las galerías eran solo iluminadas por la cambiante luz de las antorchas, que no hacía otra cosa que acrecentar el aire ligeramente tétrico del castillo. Al llegar a una encrucijada se detuvieron para dirigirnos unas palabras con las diferentes tareas a llevar a cabo.
¿Enfrentarse a Rodric? No, gracias. Si había puesto de rodillas a Khaelos la primera vez que se vieron las caras ¿qué podría el joven Dehvi contra él? ¿tirarle piedras? Antes de que pudiera pensar nada más Naerys ya se había propuesto para ir con Jack y, evidentemente, Khaelos se había agenciado a Rodric, era lo más sensato a decir verdad. Para Dehvi, pues, solo quedaba ir a liberar a los presos de la Mano Blanca. Ojalá aquella estúpida misión no acabara con él, aunque si cuanto más lo pensaba, más llegaba a la conclusión de que era eso o morir. Porque, admitámoslo, ¿cuánto duraría Dehvi por sí solo en las garras de la jungla?

Esperó para ver con quién le tocaba hacer pareja para que este decidiera el camino a tomar. Otra de sus muchas desventajas, como no poseer una máscara que hiciera el trabajo por ellos, era sin duda que jugaban en terreno enemigo. Solo esperaba no caer en una sala con trampas o algo por el estilo.

El joven miró a los integrantes del grupo, preguntándose una vez más qué hacía él mismo allí, a fin de cuentas, él no era un guerrero. La máscara, esa era la razón, siempre lo había sido.
Dehvi, a pesar de que no era muy religioso, si que lanzó una plegaria silenciosa, por si alguien le podía oír.

Lander

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Mensaje por Franz Krieger el Jue Ago 16, 2012 11:28 pm

Así mismo, Naerys decidió acompañar a Jack de una manera sentenciante. El mencionado esbozó una sonrisa y miró al horizonte, satisfecho.
Khaelos eligió ir a por Rodric, de una manera más o menos directa para lo que solía hablar, tampoco estuvo un par de minutos hablando, eso estaba bien. Estaba mejorando.
Y de manera simple, Dehvi que se había estado esperando al final, tuvo que ir a liberar a los presos de las mazmorras, puesto que no quedaba otra.

- Bien, entonces Jack irá con Naerys. Ireís por ahí, no tiene pérdida, ir con cuidado, Jack sabe el camino. - Dijo, señalando con el dedo índice una de las bifurcaciones de aquel cruce. - Yo iré contigo, Khaelos, ¿No? Por aquí - Como antes había hecho, habló indicando uno de los caminos. - Y yo contigo, Dehvi - Dijo Rochard.

Acto seguido, todos se pusieron en marcha y cada pareja tenía una misión de vital importancia que decidiría el destino de Randuin, de Tortage y... de Noreth.

El robo de la máscara

Jack avanzó por el pasillo que Ode había indicado, pero por supuesto, Jack ya sabía por donde tenía que ir y cómo hacerlo.
Naerys le seguía, o debía seguirle con paso silencioso, al menos por el momento no. Estaban en las mazmorras de aquel castillo, tan monótomas y estúpidas, pero libres de guardias. El trío de libera-presos había hecho un buen trabajo, pulcro y silencioso matando guardias... quizás pulcro y silencioso no, pero bueno, cadáveres había a montones, pero guardias molestos y paseando no tantos.
Finalmente, llegaron a unas escaleras que daban a un piso superior, Jack con ambos revólveres en mano ascendió por ellas con sumo cuidado.

Llegando finalmente a un piso superior, donde sólo había un pasillo hecho en mármol y iluminado con lámparas de aceite, no había puertas ni ventanas, tampoco un solo ruido. Al final sólo había una pared, pero parecía haber dos caminos. Jack avanzó, confiando en que Naerys le estuviese siguiendo, no estaba perdiendo el tiempo girando la cabeza para comprobarlo, estaba atento con todos sus sentidos a que nada le pillase por sorpresa.

Finalmente llegaron al cruce, ninguno de los dos caminos parecía tener salida... Había una lampara que apagada se movía a un ritmo uniforme, como si algo la hubiese golpeado hace poco. Jack se acercó y estiró con fuerza de la lámpara, la arrancó de la pared, abriendo un boquete en la pared.

- Según el mapa por aquí sigue nuestro camino - Comentó Jack, tirando abajo las piedras que obstruían el camino. - Es una antigua gruta cavernosa de la montaña sobre la que se ha construido este lugar. Se supone que no está deshabitada, pero ya sabes como son estas cosas... - Comentó el pistolero, mientras se acercaba a una lámpara de aceite que aún seguía funcionando y la arrancó de la pared, para luego usarla de iluminación cuando se adentró en la gruta. Que por cierto, no era tan estrecha como podiaís imaginaros, era amplia, alta y muy oscura, silenciosa y había un murmullo de aire que no era del todo tranquilizador. - Esto da a la sala donde está el tesoro - Explicó, refiriéndose a la máscara.

No tardó mucho rato hasta que, algo gruñó en la oscuridad, Jack se giró mientras desenfundaba el revólver, pero algo encurtido en una improvisada armadura mal hecha de roca se abalanzó sobre él. Era peludo, malholiente y del tamaño de un humano corriente, pero no era un necromorfo como los de antes, era más primitivo y salvaje. Desarmado por el golpetazo, Jack intentó zafarse de mala manera de aquello, pero fue en vano. El monstruo deslizó sus manos hasta el cuello de Jack, donde empezó a ahogarle mientras acercaba su boca, su sucia boca para intentar arrancarle de cuajo la oreja.

- ¡Quítamelo! - Intentó gritar Jack, ahogandose por culpa de aquel bicho. A su alrededor y sobre todo de Naerys se estaba congregando una multitud de aquellos cabrones, pero, no se podía ver con claridad... la lámpara cada vez se ahogaba más y más, Jack no estaba en disposición de zafarse y Naerys... todo estaba en manos de Naerys...

La distracción de La Mano

Ode a diferencia de Rochard o Jack, no iba rápido a su destino, no era emocionante llegar antes a una misión suicida. Silbaba una canción cualquiera, de trobadores que en sus tiempos mozos tocaban en Tortage, cuando era una ciudad mercader sin tantos problemas, legal.
De vez en cuando Ode miraba a Khaelos, escudriñandolo. Después de lo que Jack le había contado de él, quería saber si era de verdad... quería verlo combatir, resistir contra Rodric, mejor dicho, combatir junto a él contra Rodric.

Ode era en cierta forma parecido, al igual que Rochard, a Jack. El primero era la faceta callada, reservada y líder del cazador, mientras que el segundo era todo lo contrario, el bromista, pistolero y mujeriego.
A Ode no le gustaban los prepotentes y los egocéntricos, y hasta donde sabía, Khaelos era una versión adulterada de esto, pero... también era un buen guerrero, alguien en quien confiar, no era un mentiroso, pero... bueno. Tampoco le conocía en demasía. Y quería hacerlo, de verás. Si ibas a morir hombro con hombro junto a alguien, lo mínimo era saber si le gustaban las pelirrojas o no.

- Intenta hacer tiempo. No puedes matarle, no hasta que la máscara esté en nuestro poder. Es invencible, juega defensivo. No te preocupes por hablar ahora mismo, siendo Rodric... Randuin. Como es, no mandará guardias a por nosotros, le gusta arreglar el mismo sus propios problemas. - Comentó Ode, no se refería a Rochard ni a Jack, mucho menos quería decir que Naerys, tan cercana a Khaelos estuviese en peligro. Sólo decía que si iban a jugar a peleas con Rodric, el se dejará. Le gustaba jugar.

Finalmente, tras ascender por unas escaleras, llegaron a un pasillo, mucho más cuidado visualmente que los de los pisos inferiores. No había antorchas, ni lámparas. La iluminación era mágica al parecer, era como si fuese de día sin Sol alguno. Era una sala rectangular, en uno de los extremos estaba Rodric sentado en un trono hecho de piedra caliza y en el otro, Khaelos y Ode que acababan de subir.
Ni un sólo guardia acompañaba la estancia, estaban solos. Completamente solos.

- Qué rápido habeís llegado. Os ofrecería té, pero creo que no venís por eso - Comentó el imponente Rodric, levantandose y descendiendo de las escaleras pedregosas de su trono. Se puso a vuestra altura, aún siendo él una mole gigantesca... ¿Sería gracias a Randuin o ya estaba así?
- ¿No quereís matarme, adelante? - Vaciló el hombre, sonriente, dando un paso tras otro hasta la pareja, Ode se alejó de Khae, andando de forma paralela a La Mano. Había que hacer tiempo.

La liberación de los libertadores

Rochard iba con paso rápido cruzando los pasillos y sorteando cadáveres que había de antiguos guardias de las mazmorras. Rochard era alguien vivaz, graciosete y hablador. No le gustaba estar quieto en ningún lado, y eso también incluía que fuese a un paso muy rápido, casi corriendo. Pero sin hacer ruido, era silencioso excepto cuando disparaba a sus pequeñajas, desde que conocía a Jack, en historias y leyendas, le gustaban las pistolas. Viviendo en una ciudad pirata no era difícil conseguirlas, eran el arma más preciada de un pirata, además era un buen manitas pero, le gustaba la parafernalia de recargarlas a menudo.
Rochard fue quien construyó los revólveres de Jack, fue su regalo, su obsequio para recordarle de que había gente que confiaba en él, que era una leyenda, que siguiese luchando por todo aquello en lo que creía, por los demás.
Por Noreth.

Roch sabía muy bien el camino que tenían que seguir, se lo había estudiado mil veces, como Ode. Habían estado planeando este momento desde que Rodric ascendió al poder, aunque obviamente, no contaban con Jack Cross ni con tantas bajas en su bando, era un simple "las gallinas que entran por las que van saliendo", aunque iban a liberar a sus camaradas en lo bueno y lo malo...
¿Y si les había pasado lo mismo que a los marineros Imperiales? Entonces, estarían muy jodidos... ¿Podría volver atrás el proceso?

Debían comprobar si estaban en lo cierto o no, no había otra alternativa. Además las celdas a las que iban estaban más arriba y alejadas que las cuales habían asaltado, podría ser mejor o peor... quizás igual. Había muchas variables que intervenían en aquella situación, pero había que confiar en que todo saliese bien, ¿Si no por qué luchaban cada día?

Finalmente llegaron a una esquina, después de haber estado medio corriendo unos cuantos minutos, habían cruzado como diez esquinas, pero en aquella Rochard se había parado y asomado. Al final del pasillo había una puerta de madera, en la cual dos guardias hacian guardia. Parecían estar hablando de la situación actual de Tortage, de una manera altiva y chanante, pasando un poco de su trabajo de guardias.

- Cúbreme, vamos a ponernos bestias - Comentó, para después salir casi instanteneamente de su cobertura y escondite, desenfundó ambas pistolas de arzón y se acercó a la puerta, apuntando con ambas armas a la cabeza de los guardias, que al verle desenfundaron armas y dieron voz de alarma al interior de la habitación. Los disparos sonaron dos veces, sus sesos volaron y se desparramaron por el suelo mientras, la puerta se abría y salían otros tres guardias que al ver todo, alzaron sus espadas o sables y corrieron a por Roch, que recargando retrocedió mirando a Deh. - ¡Tu turno! - Vociferó, sonriente.
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Mensaje por Naerys el Vie Ago 17, 2012 1:22 am

Cuando decidí acompañar a Jack en realidad esperaba que alguien discutiese mi decisión, al fin y al cabo mi mente no era una máquina perfecta y a veces mis estrategias podían dejar bastante que desear a no ser que se tratase de una situación en caliente, en medio de una pelea. En ese tipo de situaciones solía pensar con bastante claridad y, por qué no admitirlo, eficacia.

Después de que todos los demás se mostrasen de acuerdo con la decisión que, irremediablemente, yo había limitado en cierto modo, Ode confirmó la sentencia. Nos señaló el camino que debíamos tomar tanto al hombre del sombrero como a mí, ante lo que asentí con la cabeza. Poco después, cada pequeño grupo de dos se dirigió hacia el que sería su misión, su destino. Miré a Khaelos y le hice un pequeño gesto con la cabeza, una pequeña reverencia en forma de despido. Luego miré a Dehvi y le despedí con una ligera sonrisa. No era la despedida más calurosa, pero era la que yo sabía hacer.

Anduve siguiendo los pasos de Jack de la forma más cautelosa posible. Cuando nos adentramos en el pasillo yo ya había desenvainado mis armas, al menos, las de filo. Supuse que estarían limpios de guardias pero no me quise fiar completamente. El hombre del sombrero no se giró ni un solo momento. En ocasiones nos encontrábamos con algún que otro cadáver tirado en el suelo. Inconfundiblemente eran guardias a los que el trío de pistoleros habían dado muerte antes de venir a por nosotros.

Todo el camino fue silencioso, muy silencioso. Por lo que había podido comprobar, aquel hombre no era muy hablador. Yo tampoco lo era, por lo que no me sentí incómoda envuelta de aquel silencio. Además, así podía prestar más atención a mis sentidos. Sin embargo, lo único que pude oír era el leve rumor del viento chocar contra aquellas paredes de piedra.
Por fin llegamos a unas escaleras ascendentes. Antes de dar un paso más, me quedé quieta durante unos instantes y las analicé vagamente hasta que vi que el hombre del sombrero empezó a subirlas y yo le seguí cautelosamente.

Una vez llegamos al piso de arriba, pude observar que por fin el material había cambiado. Ahora ya no había piedra, sino mármol, y las antorchas habían sido sustituidas por lámparas de aceite. Sin mediar palabra alguna, continué la marcha detrás de Jack. Llegamos hasta el final de aquel nuevo pasillo donde había un cruce. No obstante, no había salida. Fruncí el ceño y miré a ambos lados. ¿Cómo era eso posible? Entonces Jack se acercó a una lámpara que había en la pared y la arrancó, haciendo un agujero en la misma y, mientras retiraba las piedras me fue explicando que, según el mapa, nuestro camino proseguía en esa dirección. Asentí a todo lo que me dijo a continuación y me reí ligeramente. Luego volvió a hacer alarde de su hombría, arrancó la otra lámpara para utilizarla como foco de luz y se adentró, explicándome que ese pasillo nos conduciría hacia la máscara.

Entré algo desconfiada en aquel sitio. No era estrecho, es más, era bastante cómodo, pues no había que ir excesivamente pegado ni tampoco agachado. El problema era que, si bien anteriormente pude escuchar un pequeño soplido del viento, ahí dentro se incrementó aquel sonido y se mezcló con una cierta fragancia a humedad que impregnaba mis fosas nasales. Arrugué la nariz y resoplé, tratando de dejar de pensar en aquel hedor.

De pronto, oí un gruñido que provenía de la oscuridad. Entonces, el arma de Jack y la lámpara cayeron al suelo. Por la poca luz que seguía encendida vi que mi compañero tenía un ser humanoide encima, como si hiciese mucho tiempo que no viese a su primo del pueblo y le quisiera dar un abrazo de reencuentro. Jack me pidió que se lo quitase de encima y, a juzgar por el tono de voz que había adquirido, le estaba ahogando. Por suerte, durante todo el camino había llevado las armas desenfundadas, por lo que me acerqué a aquel ser y le clavé la daga en un costado. Dio un grito que retumbó por todas las paredes de la gruta. Soltó las manos del cuello de Jack y aproveché para pegarle una patada y apartarlo del hombre del sombrero.

No sabía qué demonios era eso, lo único que sabía es que olía mal y lo peor es que no estaba solo.



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Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Ago 17, 2012 2:12 am

Ode empezó a hablar, y cuando me mencionó asentí. Luego Rochard intervino brevemente. Naerys se despidió de mí con una ligera reverencia de cabeza, y yo hice lo mismo. Esperaba volverla a ver, porque la chica me caía bien.

En unos minutos ya íbamos el libertador y yo andando por los pasillos del lugar. Andábamos a paso calmado, y el hombre silbaba una canción. Yo iba en silencio, con las manos apretando firmemente mi armamento. Era posible que no volviera de aquella misión, pero alguien debía hacerla o todo el plan sería en vano. De vez en cuando notaba la mirada de Ode sobre mí, pero mis ojos estaban fijos hacia adelante, cargados de resolución.

Finalmente el hombre decidió romper el silencio, empezando a explicarme la situación de la batalla. Asentí ligeramente y le respondí, con un tono neutro y algo bajo, por si habían oídos indiscretos, que solo Ode me escuchara:

-Mejor entonces, solo tendremos que lidiar con él, aunque... Algunos guardias mientras él mira no estarían mal. Al menos así podríamos pelear con algo matable e igualmente distraer al tirano. De todos modos, antes de empezar a luchar, déjame intentar algo... No lo matará, no lo herirá, pero a lo mejor lo distrae...-

Al cabo de unos minutos ascendimos por unas escaleras y llegamos a un pasillo más bonito, con una iluminación mágica, pues no había ninguna fuente de luz pero sin embargo parecía que estuviéramos a pleno día. Finalmente, llegamos a una sala rectangular. En un lugar, estábamos Ode y yo. En el otro extremo, estaba Rodric, sentado en un trono de piedra caliza. Y estábamos solos. No sabía si aquello era bueno o era malo. Empezó a hablar, sonriendo y levantándose de su trono. El hombre era enorme, y no sabía si había crecido desde el encuentro en la taberna o si realmente era su altura y me había parecido más pequeño. Dudaba que aquél tamaño fuera natural.

Cuando acabó sus palabras, reí ligeramente y le respondí, poniéndome en posición defensiva pero dejando que Ode se alejara de mí, moviéndome de igual forma. Empecé a hablar y le respondí, con unos modales impropios de alguien que quisiera matarle. Más bien era como si estuviera hablando con un miembro de la nobleza como yo:

-La verdad es que no te despreciaría algo de beber, el servicio de habitaciones de tus mazmorras no es el mejor del mundo. Sí, hemos venido a matarte, aunque después del encontronazo en la taberna, tengo bastantes dudas de que lo logremos. Así pues, como es posible que muramos, me gustaría que me concedieras un último deseo antes de morir... ¿Accederás a mi petición o dejo de gastar saliva?-

Quería evitar el enfrentamiento directo con aquél tipo a toda costa durante el máximo tiempo posible, pues sabía que en el momento en que me pillara no me daría tiempo ni a decir “mierda de troll” antes de que me reventara la cabeza sin tener que quitarme el casco. Y decidí que la mejor manera sería tratar de hablar con él para que Jack y Naerys tuvieran tiempo a coger la máscara mientras Rodric gastaba saliva conmigo, y si todo iba bien, a lo mejor incluso me daría para aprender algunas cositas sobre cómo se había montado el negocio en aquella isla, o sobre las criaturas que habíamos visto en las mazmorras. Si me lo montaba bien puede que incluso acabara por saber cuál era su plato favorito.
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Mensaje por Lander el Lun Ago 20, 2012 3:16 am

Al parecer ya no quedaba más que añadir. Ode concluyó aclarando con quién iba a ir cada cual y Dehvi asintió a Rochard al dirigirse a él. Dehvi estaba nervioso, estaba nervioso desde que despertó en aquel poste en la jungla, pero ahora más, si cabe. No acababa de convencerle la idea de separarse, si uno de los grupos tenía problemas los demás podrían pasarlo mal, especialmente Khaelos, que se iba a lanzar a la boca del lobo. Si había otra manera de hacer aquello, no había tiempo ya para pensarlo, pues todos se dirigían ya hacia su objetivo. Tuvo el tiempo justo como para despedirse con un gesto de mano y de devolverle la sonrisa a Naerys.

A los segundos ya estaba corriendo detrás de Rochard ¿o ese era Ode? No, no, casi seguro que se llamaba Rochard, pues Rochard, iba a un paso ligero y seguía una ruta que parecía estudiada con anterioridad, sin duda habían estado a la espera de esta oportunidad durante algún tiempo. Por alguna razón esto llevó a Dehvi a preguntarse cuántos de los suyos estarían encerrados en aquellas mazmorras, quizás fueran los suficientes como para darle la vuelta al asunto, pero en realidad todo recaía sobre Jack y Naerys, si no le quitaban el poder de la máscara a Rodric sería imparable, por muchos que fueran.

Al fin Rochard paró y se asomó por el pasillo y segundos después ya estaba andando por él, antes de que pudiera seguirle resonaron dos disparos por aquellos pasillos pétreos. Al asomarme pude ver a dos guardias sangrando y tirados en el suelo como fardos. Aquello no dejaba mucho al sigilo, ¿cómo alguien puede ser sigiloso con una pistola en cada mano? Acto seguido empezaron a salir guardias, tres al parecer, y comenzaron a avanzar por el pasillo mientras Rochard retrocedía, según él, era el turno de Dehvi.

-Lo intentaré. –respondió el joven mientras se disponía a encarar a los guardias. Sin poder hacer otra cosa desenfundo el arcabuz y lo disparó hacia uno de los guardias con la intención de derribarlo.

Dehvi, sabiéndose derrotado si se enfrentaba con ellos a espada, dejó en el suelo su armadura, que como de costumbre no impuso mucho respeto a aquellos guardias, que bien podrían pensar que se trataba de una broma. La marioneta se lanzó, como ya había hecho en la taberna, contra las partes nobles de aquellos guardias. Dehvi empuñó en una mano el sable y con la otra se encargo de dirigir la armadura. Con los guardias concentrados en la armadura siempre sería más fácil lanzarles alguna estocada a traición mientras no estuvieran pendientes de él mismo.

En cualquier caso, no hacía falta arriesgar demasiado en aquella maniobra, con mantenerlos a raya mientras que Rochard recargaba sería suficiente.

Lander

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