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Cuentos de Noreth
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carтaѕ del deѕтιno l

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Mensaje por Charlotte De Rais el Vie Mayo 18, 2012 5:47 pm

“Erase una vez en Thonomer ” Hubiera sido un buen comienzo, pero no sería apropiado para este cuento de Noreth, de tal modo que comencemos de nuevo…
Malik-Thalish, capital de Thonomer, la ciudad oscura, tan oscura como la consciencia del nombre de su Rey, pues Malik no es lugar para un cuento de hadas, ni éste lo es.
Cuidad fortaleza rodeada en muros de piedra, sudor y sangre, mucha sangre, allí comienza nuestro relato, en concreto en la posada “Whattar, el enano”, ese antro de no tan mala muerte que, efectivamente, es un lugar donde poder dormir con servicios de taberna, más famoso por ésto último, y también por su barata cerveza elaborada por el mismo Whattar.
Este hombre de no muy avanzada edad, pelo negro largo hasta la cintura y trenzado, barriga envidiable, dos ojos verdes pequeños en comparación con sus grandes y pobladas cejas negras, nariz no demasiado ancha aunque algo gruesa y gran voz ronca.
Los que la acompañarán deberían buscar a Fergus, un divium un tanto peculiar. No rebasaba del metro de altura, de tez violeta y unos ojos desorbitadamente saltones y ambarinos cual astro rey, una melena hecha cresta de un color rojizo. Una mandíbula inferior cuasi desencajada. Y poco cerebro, o al menos eso parecía por su forma de expresarse y hablar, la cual es babosamente irritable.

Aquellos ilusos que deseaban ser recompensados deben saber que el pequeño diablo estaría aguardando por ellos hasta la media noche, ni un minuto más ni un minuto menos.
¿Que cómo lo reconocerían? Sería el único divium de ese color que esperaría semioculto apoyado en las vigas. Los interesados solo debían mirar sobre sus cabezas.
Y Charlotte de Rais ya estaba ahí en aquel recóndito lugar de Thonomer, era extraño, pues, la posada y la estancia era reposada, tranquila y sosegada. La bella humana estaba rodeada de seres de Noreth que disfrutaba bebiendo, divirtiéndose y cantando sin armar jaleo. No era el típico lugar donde los hombres colmados de alcohol se “lucen”. Era un sitio apacible.
De Rais se mostraba atenta al pequeño Fergus, con cierto repudio y asco a como era capaz ese… esa criatura a girar la cabeza (por ejemplo) hasta posarla entre sus omóplatos, como babeaba, como cada ojo de aquel divium se dirigía hacia un punto distinto. Ni miedo ni terror, asco.
¡Perdón por todo!
Y por lo escueto del post, prefiero ir poco a poco, tenemos tiempo.
Comencemos a reunir al grupo, por “H” o por “B” habeis escuchado que se buscan mercenarios. Aún queda para la medianoche.
Ya sabéis, cualquier cosa, estoy a un MP.



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Re: carтaѕ del deѕтιno l

Mensaje por Megabyte el Vie Mayo 25, 2012 6:49 pm

Los giros del destino son curiosos y misteriosos
Pueden hacer caer al más poderoso y elevar al más miserable
Pueden convertir fértiles valles en áridos desiertos
U océanos llenos de vida en islas arenosas…
El destino es misterioso… especialmente para aquellos que luchan contra él.

Christian Chacana 25 de mayo de 2012

El tiempo es relativo, un segundo puede parecer una hora cuando el filo del acero corta la carne, el último suspiro puede ser tan solo la eternidad, cuando uno no desea dejar escapar la vida de su cuerpo, de cualquier forma, las cosas no eran ni mejores ni peores para el Conde, desterrado de sus propias tierras, perseguido por soldados y asesinos a los cuales sus amos habían ordenado acabar con su vida, mas el Conde poca importancia le daba, en esa pequeña habitación, la cual había sido su refugio durante un largo mes en Malik-Thalish, se encontraba admirando el cielo desde la ventana, a su lado una taza de té humeante y unas rodajas de limón, claro que era un pequeño lujo que disfrutaba, una buena taza de té con tranquilidad, claro que el enano Whattar era conocido por su cerveza, mas aquel cliente era algo peculiar y después de ver que simplemente le pagaba una bolsa de oro por su estadía, el enano no hizo más que sonreír y ofrecer una de sus habitaciones de media comodidad, aunque el Conde había podido cambiar ello con suma facilidad, ahora habían otros asuntos en su mente, sus garras acariciaron la liza superficie del cristal, mientras sus recuerdos se acumulaban en alguna parte de su mente, con suma tranquilidad tomo entre sus garras la taza de té y le dio un sorbo, calentando su frio interior con aquel liquido semi-acido, un suspiro escapo de sus finos y casi inexistentes labios, era tiempo, con la calma que tan solo podía tener quien poseía todo el tiempo del mundo tomo su capa y cubriendo tanto su cuerpo como su rostro abandono la habitación, sus pasos no eran tan comunes, dos pequeños golpes con cada una de sus pisadas mientras descendía por la escalera de madera, el tabernero en aquel momento reconoció los pasos del que hasta ese momento había sido su mejor cliente y con una sonrisa como solo los enanos podían poseer, le saludo, el cual fue respondido por el conde tan solo con una inclinación de su cabeza.

Los ojos negros del conde miraron sobre las cabezas de aquellos clientes, al parecer era una noche tranquila, ya que a diferencia del exterior, se respiraba cierta “calma” ya que una no habían comenzado las luchas y discusiones, ya que el hacha del enano era suficiente medio disuasivo para aquellos torpes con ganas de sangre o golpes, el conde miro desde un lado a otro, realmente no había nada de interés, mas mientras caminaba hacia un punto desconocido dentro de la taberna, por torpeza o quizás por el mismo descuido del otro rozo una jarra de cerveza, la cual termino derramando su ínfimo contenido sobre las tablas que hacían de piso, rápidamente el hombre, en un estado de ebriedad ligero encaro al conde, que hasta ese momento no había dicho una sola palabra. Uno puede imaginarse el aliento de un borracho, dientes a medio podrir, cerveza barata que aun no terminaba de fermentar y que lograba que el estomago produjera algunos gases de fragancia desagradable, aquello fue el primer aroma que llego hasta el conde que con claro desagrado arrugo la nariz, rápidamente el hombre borracho, en su juerga meramente de ebrio comenzó a exigirle al conde que restituyera le honor de la cerveza derramada, y que se inclinara ante su respetuosa persona … o bueno, realmente hubiera deseado eso, aunque solo vomito frente al conde, el cual por fortuna había retrocedido un paso, el borracho escupió y balbuceando pronuncio “Págame la cerveza imbécil” el conde para evitar problemas dejo una simple moneda de plata sobre la mesa, a la cual el borracho como si fuera un tesoro se lanzo a protegerla de algunos ojos un tanto codiciosos, mas el conde abandono pronto aquella zona caminando hasta una de las vigas, extrañamente se encontró con quien intuía que era a quien buscaba, una criatura que parecía ser un diviums, aunque su apariencia simulaba mas a la de un diablillo, constantemente babeaba y parecía que lo hacía con agrado, ya que cuando la baba cubría su boca la limpiaba con su brazo, el conde le miro unos instantes hasta que bajando la mirada para encontrarse con “uno” de los ojos de ese ser, ya que el otro parecía estar clavado en otra dirección.

-Debo de intuir que usted es el Señor Fergus… aunque no estoy aun convencido si lo de señor es correcto…-
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Megabyte

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Re: carтaѕ del deѕтιno l

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Dom Mayo 27, 2012 4:48 pm

Tras varios días de viaje a caballo, finalmente Eressea y yo llegamos a la Ciudad Negra, Malik-Thalish. Días atrás, una carta había llegado a nuestras manos, en la que un gremio de comerciantes solicitaba nuestra ayuda. Al parecer, el Gremio Militar de Comerciantes (una organización ya extendida por varios países de Noreth, especializados en la venta de armamento y mercenarios) estaba siendo hostigado por el gremio local, y debido a que no podían arriesgarse a una guerra abierta en la Ciudad Negra, debían obrar con cuidado. Nuestro objetivo, al parecer, era capturar a uno de los miembros del gremio local y llevarlo a un cuartel del Gremio Militar, donde se le mantendría captivo para sonsacarle valiosas informaciones. Decidimos aceptar, pues la ayuda de aquél gremio nos sería esencial para aumentar nuestro poderío y así fastidiar a los imperiales.

Una vez en la ciudad, tuvimos que vernos con el informador del gremio, el cual nos dio los horarios del comerciante que debía ser capturado y nos explicó con detalle qué deberíamos hacer. Afortunadamente, era una misión sencilla. Según parecía, el hombre era un mujeriego, y gustaba de divertirse en la cama con las damas. Aquello nos daba una baza muy importante, pues mi hermana Eressea es una mujer muy bella, y con un sencillo plan podríamos aprovechar aquello para capturarlo. Así pues, decidimos ir a la taberna que frecuentaba el hombre antes de irse a cazar mozas por los burdeles. El plan era sencillo, pues el tabernero estaba untado, y contábamos con el apoyo de cuatro agentes del Gremio. Yo estaría en una mesa con dos de los agentes, todos tapados por mantos como si fuéramos clérigos, mientras que los otros dos agentes aguardarían ocultos en una habitación. Eressea, ataviada al estilo Akhdariano (sensual, a pesar de sólo mostrar los ojos y algo de cabello, lo cual evitaría reconocimientos futuros), usaría sus encantos para seducir al comerciante, y una vez se levantara, lo llevaría a la habitación trampa, donde los dos agentes lo noquearían y lo sacarían de la taberna por la puerta de atrás. El tabernero, por su parte, echaría somníferos en las bebidas de los dos guardaespaldas del noble, para que así tardaran demasiado en darse cuenta de la ausencia de su señor. Además, para cuando se descubriera el secuestro, sería ya demasiado tarde, y uno de los camareros (que había sido un reo) sería el inculpado. Nadie sabría qué ha pasado.

Horas más tarde, Eressea y yo nos hallábamos de nuevo en las calles, sonriendo y con nuestras bolsas de oro algo más pesadas, además de la palabra del Gremio de que "nunca olvidarían lo que la familia Kohlheim había hecho por ellos". También nos recomendaron el visitar una posada de un tal Whattar, un enano. Si esa posada era regentada por un enano, sin duda la cerveza sería buena. Se nos dijo además que a la medianoche del día siguiente un tal Fergus, un divium considerablemente desfigurado, acabaría su período de reclutamiento para una misión que, si bien ni siquiera ellos tenían muchos detalles sobre la misma, parecía ser lucrativa. Decidimos que aquello era bueno para nosotros, y sin más dilación nos dirigimos al local.

Cuando llegamos al lugar, pedimos una habitación cómoda y limpia, y al parecer, el hecho de pagarle una buena cantidad de dinero le hizo mostrarse muy servicial, pues a diferencia de las miradas fulminantes que les dirigía a los borrachos que llevaban poco dinero, a nosotros hasta nos sonrió de forma agradable y nos ofreció, como regalo de la casa, su cerveza buena. Finalmente subimos a descansar a la habitación, la cual poseía una cómoda cama de plumas para dos personas, de modo que compartimos lecho como muchas otras veces. Nos levantamos a la hora de la comida, en la cual Whattar demostró que los enanos saben de veras cómo cocinar la carne, y tras eso decidimos quedarnos Eressea y yo hablando en las mesas, pidiendo cerveza cuando notábamos secas nuestras gargantas.

Finalmente llegó la noche, y a diferencia de otras posadas, en aquél lugar se demostró que un enano con un hacha era algo que disuadía a los borrachos de meterse en problemas, lo cual era un alivio. No tenía ganas de zurrarle a algún idiota porque se creía el Rey de Phonterek y empezaba a exigir que le rindieran pleitesía. Y juro que me he topado con borrachos así. Cuando llegó la noche y los borrachos aumentaron, pudimos ver una escena en la que un hombre que, a pesar de su feroz aspecto, denotaba un porte noble, lograba apaciguar a un borracho sin tener que hacerlo a base de la típica diplomacia tabernaria de puño, lo cual me hizo alzar una ceja. También reparé en ese momento en que había visto una cara conocida. Charlotte, la mujer con la que me había topado en aquél maldito viaje a las Islas Malditas, valga la redundancia. El ser de porte noble también se dirigió al mismo lugar que la dama, y con un movimiento de cabeza le indiqué a mi hermana que me siguiera. Acercándonos, primero saludé al hombre que parecía hecho de acero, con una inclinación respetuosa pero breve de cabeza, y seguidamente saludé a la dama, haciéndole una ligera reverencia cortés y diciéndole, sonriendo de medio lado:

-Milady De Rais, me alegra ver que sigues viva y entera. Qué casualidad encontrarte por aquí. Eressea, te presento a Charlotte. La conocí en aquél viaje que logré contar por poco. Charlotte, esta es mi hermana, Eressea.-

Tras eso me giré hacia la criatura, a la cual me negaba a llamar divium por sus extremas deformidades, las cuales me hacían intuir que el tal Fergus había tenido un contacto demasiado prolongado con magia pura, y alzando una ceja, dije, cruzándome de brazos y hablando en un tono discreto para que sólo los interesados pudiéramos oírlo:

-Y usted debe de ser... Fergus, ¿verdad? ¿Qué es exactamente lo que hemos de hacer por usted?-
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Khaelos Kohlheim
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Re: carтaѕ del deѕтιno l

Mensaje por Eressea Kohlheim el Lun Mayo 28, 2012 11:33 pm

Nos encontrábamos en Malik-Thalish. Mi hermano había decidido tres días antes que viajaríamos allí para prestar nuestra ayuda a unos comerciantes que, afanosamente, le habían pedido dicho favor. Por lo general y en temas políticos y bélicos, yo solía ser muy complaciente y obediente con mi hermano. Si él decidía u ordenaba, yo sólo iba tras él o cumplía con la orden. En lo referente a la familia y lo personal, ya era otra historia, pero aquel favor era más bien político, o así lo veía yo. Si aceptábamos prestar nuestra ayuda al gremio de comerciantes, podríamos tener la posibilidad de unos aliados, que realmente no nos venían mal, en nuestra intensa y larga lucha contra los imperiales.

Así pues, tras llegar a la Ciudad Negra pusimos en práctica el plan de mi hermano, él juntos con algunos otros se habían disfrazado cual clérigos y esperaban en unas mesas cercanas a aquel de quien debíamos ocuparnos. Yo por mi parte, me tocaba la parte en la que seducía al sujeto en cuestión, con el rostro semioculto y dejando poco a la imaginación para llamar la atención del hombre. No debía ser difícil hacerlo caer en la trampa, pues ya me habían informado que era un mujeriego y que si bien gustaba de bellezas, mientras alguna pobre desgraciada se le pusiese a tiro, no se andaba por las ramas.
No me tomó mucho tiempo embaucarlo de tal modo que casi a ciegas me siguió hacia una habitación donde algunos aliados me esperaban para dejar fuera de combate al hombre. Poco antes, el dueño de la taberna, también de nuestra parte, había drogado a los guardaespaldas para que no se percatasen de la larga ausencia de su señor.


Una misión demasiado fácil, aunque también se agradecía, después de lo que habíamos pasado en el castillo maldito, y maldito doblemente, se sentía bien tener un trabajo tan fácil. Una vez acabado y de nuevo con pensamientos de volver a casa mi hermano me guió hacia una taberna famosa en el lugar. Por supuesto, Khaelos no podía irse de allí sin tomar un buen trago de cerveza, ni siquiera me sorprendí cuando me comentó de descansar allí y de camino probar la cerveza de la cual tan maravillosamente habían hablado. La taberna la regentaba un enano, así que esperábamos que dicha bebida fuese no solo maravillosa, más bien casi néctar de los dioses. Además, a mi hermano y a mí nos llamó algo más la atención de aquel lugar. Un divium del que no recordaba el nombre por falta de atención cuando lo mencionaron, terminaría de reclutar voluntarios para alguna misión a la medianoche del día siguiente. Ya estaba imaginando que mi hermano quería más información al respecto, por si podíamos participar en ella. Suspirando mientras pensaba en estas cosas le seguí sin queja alguna, total, no tenía nada mejor que hacer que meterme en otro lio más, al menos así mi vida sería un poco entretenida.

Gracias a nuestra generosidad monetaria, conseguimos una excelente habitación, amplia, cómoda y pulcra, a la vez que nuestras monturas tuvieron un espacio “especial” en las cuadras. Tras un par de cervezas de inmejorable calidad, realmente tenían toda la razón cuando dijeron que era la mejor del lugar, decidimos descansar un poco tras aquel día de viaje y ayuda al gremio de comerciantes. La habitación que nos habían ofrecido sólo tenía una cama, si bien ésta era amplia y cómoda, sin lugar a dudas tanto Khaelos como yo cabíamos más que de sobra en ella sin tener que estar incómodos o apretujados. No hubiese sido la primera vez que pasábamos la noche en la misma cama, ni para dormir ni para otros menesteres un poco más…íntimos. Lo veíamos de una manera muy natural, lo extraño era no darnos siquiera de vez en cuando un beso, y no uno filial precisamente. Entre hablar, compartir opiniones sobre algunos temas y otras cosas que no vienen a cuento nos quedamos dormidos bastante tarde, por lo que al dia siguiente despertamos al mediodía, justo para la hora del almuerzo.

Aunque yo no era de comer mucho, mi cuerpo era pequeño comparado con el de mi hermano y mucho menos voluminoso, no pude más que hacer un esfuerzo para acabar mi plato de carne, aquel enano realmente sabía cocinar estupendamente. Tras la comida, mi hermano y yo nos quedamos en el lugar tomando alguna cerveza que otra mientras conversábamos, mil veces he dado gracias a los dioses por tener un hermano como él. Alguien en quien confiar, alguien a quien contarle todo, alguien con quien poder hablar y no aburrirse. No había nada que yo pudiese ocultarle a mi hermano, y si lo hubiese, no pasaría demasiado tiempo antes de que se lo dijese, incluso me sentía culpable cuando le guardaba un secreto.

Llegó la noche, y con ella los borrachos aumentaron en número en el local. No les eché mas cuenta de la necesaria, pero llegado un momento mi hermano se puso en pie y se acercó a una mujer mientras me hacía un gesto para que le siguiese. Cuando oí mi nombre me acerqué más a mi hermano, colocándome a su lado y saludando a la mujer, Charlotte, cuando mi hermano me la presentó.

-Mucho gusto. – dije simplemente, inclinando ligeramente la cabeza como supuestamente un noble de nuestra posición debía hacerlo, todavía hoy día me siento extraña cuando me comporto así, de forma tan pedante, imitando los modales nobles de los que debía hacer gala cuando la situación lo requería.
Después, mi hermano centró su atención en el ser que debía ser el supuesto divium. Supuesto porque realmente se suponía que los diviums solían gozar de una belleza mínima, y ése…ser…estaba muy lejos de ser escasamente bello. De hecho era todo lo contrario. Mi hermano, se interesó por lo que éste ofrecía, estaba claro que nos habíamos quedado allí por la misión de la que habíamos oído hablar. Pacientemente y oyendo atenta, esperé la explicación del….”divium”


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Eressea Kohlheim

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Re: carтaѕ del deѕтιno l

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