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Mensaje por Zyrxog el Lun Nov 19, 2012 3:26 am

Paciencia es lo necesario
Paciencia para ver el día esperado
Cuando todo acabe y el rojo amanecer
Traiga consigo los sonidos del vacío y la oscuridad
Cuando la tierra resuene por su tesoro guardado
Tesoro de huesos y carne seca, en tumbas y nichos
Paciencia es lo requerido… para ver el final de este mundo.

Christian Chacana 18 de noviembre de 2012

Como un castillo de niebla y vapor se alzara en el cementerio, aquella criatura se mantenía sentada en las piedras, un trono sin nombre y desgastado por la lluvia y el tiempo que el servía, lentamente acariciaba el cráneo desnudo de un miserable inferior, que en épocas pasadas se le había opuesto y que ahora vagaba entre la vida y la muerte como un alma torturada por el simple placer de escuchar sus lamentos, sus gritos y suplicas por piedad. Los tentáculos se movían lentamente, mientras las venas se marcaban en aquellos delgados brazos, su mirada era fija y gris, carente de sentimientos o de alguna emoción “cálida” era un monstruo, una bestia, algo traído de las pesadillas que habitaba el mundo… ¿Le temes a la oscuridad? … no… tú no le temes a la oscuridad, tú le temes a lo que habita en ella. Desde las rocas que el servían de asiento, hilos negros parecían gotear con lentitud, su propia esencia, su magia en el estado más puro y mancillado por su voluntad … el no controlaba un ejército … no en lo absoluto, era algo imposible para sí, aun no poseía esa cualidad, aunque estaba cerca de ello … no el solamente había levantado a tres poderosos liches, y eran estos los que mantenían con una suerte de “vida” en los cadáveres putrefactos que ahora conquistaban la ciudad … pero a pesar de ello, a pesar del poder y su voluntad, sus energías estaban al límite, hacía ya tiempo que había superado su límite mágico, y en su cuerpo podía verse como su propia esencia comenzaba a producir profundas llagas, y a pesar de ello … se mantenía firme … pero … ¿Por cuánto tiempo más? ¿Tanta era su ambición para aceptar ese precio? … preguntas que nadie en ese mundo podría contestar, ni siquiera aquellos que se jactan de ser dioses… tan solo el… aquel que sin piedad arrasaba a una ciudad, a un imperio y reino por sus deseos y porque no decirlo… “esperanzas”.

La ciudad estaba en silencio, no había gritos de mujeres, llantos de niños o el crujir de las espadas chocando, no había nada de ello, solo el vacio de la muerte. El muro había caído, el rey había sido asesinado, uno de los aventureros muerto y un ejército vencido, tan solo quedaban los muertos y un enano… un simple enano, hijo de la montaña y la roca, con valor y honor, ¿Pero que podría hacer un solitario enano? Sus compañeros estaban ausentes o muertos, las deidades parecían haberle dado la espalda e incluso la muerte dudaba si debía darle aquella muerte tan gloriosa que los de su clan aspiraban… su enemigo no era alguien terrenal, si no alguien traído de los propios salones de la muerte, donde su espíritu había sido arrancado de los brazos y garras de aquella diosa esquelética y arrojados a los restos que habían sido su cuerpo. El liche miraba al enano, no era un enemigo poderoso, era simplemente un insecto, una alimaña que correteaba su mesa y a la cual con su huesudo pulgar podía reventar, pero… la emoción de la muerte, la emoción de la lucha parecían nublar su juicio ¿destruir todo y buscar entre sus restos? ¿Acaban con todo rápidamente y seguir avanzando? Demasiado simple, demasiado aburrido , todo aquello había sido un simple juego, casi una entretención, desde el primer instante los muros pudieron ser derribados, sus habitantes consumidos y en menos de un día, su señor haber tenido en sus manos el objeto de su ambición … pero hasta ese momento, Ragash había detenido todo aquello, había movido las fichas sin que su amo lo notara … o por lo menos era aquello lo que pensaba, se había divertido y ahora tenía un juguete interesante y el cual podía entretenerle mucho más que aquel insignificante humano poseído por el monstruo …

La lucha había comenzado y porque no decirlo, iniciada por el enano, su hacha brillaba como si estuviera con el blanco de la forja, pero Ragash no se inmuto, de un salto el enano grito dejándose caer sobre el pecho del liche, pero este con una velocidad inusitada para los ojos, detuvo aquel golpe con el filo de una simple daga curva. Un hacha… tan poderosa que había asesinado a un enorme liche en el océano, ahora era detenida por una insignificante daga… el liche sonrió, resquebrajando aun más la reseca piel de su rostro y con un ligero movimiento logro que el enano saltara hacia atrás, aterrizando a pocos metros… el enano cada vez estaba más molesto y no demoraría en que la furia le dominara…. Pero el liche no se movía inútilmente y simplemente dejaba que su enemigo atacase, un nuevo embiste del pequeño pero robusto guerrero, el hacha fue nuevamente detenida, casi como si fuera una burla, pero aquella poderosa arma no era a lo único que había que temer, sin poderlo evitar, el duro puño del enano, como si fuera un mazo de herrero impacto el rostro del no muerto, haciéndolo retroceder un paso e inclinarse hacia un lado, una risa lúgubre se escucho, mientras el nigromante se erguía, llevándose una mano hacia su quijada, la cual colgaba únicamente de la piel de uno de sus costados, y como si no fuera nada, volvió a encajarla en su lugar con un crack más que sonoro.

-Hacia mucho tiempo que alguien no podía un dedo sobre mí… esto será más que divertido vivo… -

En un parpadear el liche recorrió la distancia que le separaba del enano y con un rápido movimiento de su esquelético brazo dio un corte a su oponente, el enano sintió un fuerte y punzante dolor en su nariz y retrocediendo unos pasos se llevo la mano a esta, la daga apenas le había rozado, pero no solo había logrado hacer un profundo corte en su piel … sino que incluso lo había hecho en sus huesos y ahora abundante sangre corría por la herida, no era una herida mortal, ni tampoco de gravedad a menos que no fuera tratada, pero si había sido algo que podría crear temor, ya que el liche apenas se había esforzado en aquel corte y la daga incluso había cortado parte del hueso de la nariz … aun quedaba mucha lucha por delante.

La lucha se extendió durante un tiempo más, cada enemigo mostraba sus dotes, pero hasta ese momento e instante el liche solo había luchado físicamente, no había utilizado ningún conjuro y parecía entretenerse con aquella batalla … pero como todo ser que se cree superior, aquella confianza fue su perdición, en un instante de descuido el hacha del enano atravesó la defensa del liche y dio de lleno en el medallón, que se encontraba en su pecho, como si fuera una explosión, una onda expansiva hizo que el enano cayera de espaldas, y los tres esqueletos que le acompañaban se destrozaran, mientras el liche gritaba con todas sus fuerzas sosteniendo el medallón entre sus manos, una luz blanca surgió del corte, envolviendo al liche en llamas rojas y azules, consumiéndolo rápidamente hasta reducir en cenizas su cuerpo … junto con la muerte del liche, el enano, cansado y agotado vio como los cadáveres y esqueletos que servían al nigromante, caían al suelo sin vida, todos los esqueletos a la vista caían hechos trizas, los zombis se desplomaban y las arañas chillaban a la vez que sus cuerpos eran reducidos a simples charcos de limo putrefacto. En aquel instante el enano lo comprendió… los generales eran los verdaderos nigromantes y quienes realmente mantenían el ejercito… no su “amo”.

A mercenaria había avanzado ya bastante, en dirección al castillo, seguida de los soldados supervivientes… mas sin poderlo evitar, algo la arrojo al suelo, como una fuerza desconocida, una mano invisible, la onda del liche, aunque no fue más que un instante, el cuerpo de la mercenaria sufrió el dolor de la caída, a pesar de ello se levanto y siguió corriendo hacia el palacio, minutos después se encontraba cruzando las enormes puertas. El interior del palacio era un caos, los cristales de los ventanales se habían hecho añicos y muchos soldados habían caído por aquella onda expansiva, una voz potente hizo que se girara cuando entro al gran salón, el general Paizo se encontraba dirigiendo a los supervivientes, su cuerpo estaba vendado y claramente sus heridas se habían abierto, pero había rechazado las curaciones, su voz sobrepasaba los gritos de mujeres u hombres abatidos por el miedo, tratando de controlar la situación y mirando a la recién llegada.

-¿Mujer? … ¿Dónde se encuentra Su Majestad? –

Las palabras de la mujer hicieron palidecer al general que como si fuera un golpe de calor, varias gotas de frio sudor recorrieron su frente hasta su cuello … el rey estaba muerto y por las palabras de aquella muer … la ciudad parecía estar acabada … tan solo quedaba la retirada, con viva voz comenzó a ordenar que los ciudadanos refugiados y los soldados se dirigieran a los muelles interiores, ubicados en lo más bajo del castillo y que abordaran el navío real … la ciudad podría caer, el reino podría arder, pero mientras ciudadanos aun vivieran, podría ser reconstruido. Las órdenes eran muy simples… ayudar al traslado de los ciudadanos… ya que si las alcantarillas estaban infestadas de muertos, los pasillos inferiores podían estarlo igual.


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Mensaje por Zyrxog el Mar Ene 22, 2013 10:32 pm

La crueldad se puede demostrar de muchas formas
Algunas más sutiles que otras, pero siempre igual
No importa lo puro que sea un corazón
Siempre existirá la crueldad que puede infligir
Ya sea consciente o inconscientemente.

Christian Chacana 22 de enero de 2013


La parca miraba con desconcierto los actos de los mortales, desde su trono entre la oscuridad contaba con su ábaco las almas que habían sido segadas por sus manos, con curiosidad contemplaba como los muertos se alzaban sin almas ni espíritus y como simples marionetas a las que les habían cortado los hilos, ahora caían inmóviles, para ser consumidos por el olvido, la parca miraba … y también decidía el destino de aquellos que desafiaban a la propia muerte, sus óseos dedos, inquietos desde hacía días, resonaban al sonar contra su trono … es la impaciencia de quien desea ver el final del espectáculo, es la impaciencia del niño que cumpliendo lo encomendado, anhela expectante la recompensa prometida. La parca contemplaba todo… ya que el cultivo está maduro y es tiempo de cosechar.


Con la muerte de Ragash, los cadáveres a su servicio se extinguieron, ardiendo como la mala hierba, un vitoreo se escucho, mientras ante los ojos de los vivos, los cadáveres caían sin vida al suelo y pronto ardían con rojo fuego, lamentablemente aquello no era todo, sin darse cuenta, la magia que Ragash poseía y con la cual había sido alzado, ahora volvía a su dueño, hilos negros y violetas recorrían la tierra a una velocidad abrumadora, recorrieron los bosques y las llanuras hasta llegar a aquel viejo cementerio, como si fuera un golpe en su pecho, aquel portador de muerte grito de dolor, mientras la magia penetraba su gris piel y volvía a sus músculos y sangre, con pesadez pero fuerzas renovadas la figura se levanto del cual había sido su trono en aquel desolado lugar, su túnica lentamente se movía, mientras les tentáculos en su rostro se retorcían de forma grotesca e inhumana, en sus ojos solo había crueldad y ahora un odio profundo, había previsto que los cadáveres fueran eliminados en masa … pero la caída de uno de sus sirvientes era algo que no estaba en sus planes, con paso lento comenzó a avanzar por entre las tumbas, aquello había demorado demasiado y era hora de que tomara el asunto en sus propias manos.

En la ciudad los soldados alzaban sus armas en forma de victoria, la alegría era inmensa, pero esta se tiño de un velo oscuro cuando la noticia llego a oídos de ellos, el rey había caído y por ello ahora la ciudad no contaba con su más poderoso defensor, a pesar de que una gran parte del ejército había sido destruido, quedaba aun mas de un centenar de tropas que permanecían en pie, con sus huesos blancos esperando la señal, lentamente las tropas comenzaron a retroceder, debían de marcharse de alguna forma de aquel lugar, llevándose consigo a los supervivientes de la ciudad, rápidamente el enano y la mujer subieron las escaleras del palacio, mientras que a lo lejos resonaba un cuerno de batalla, junto con el inconfundible tremor de cientos y cientos de pies marchando, el ejército enemigo volvía a ponerse en marcha.

Dentro del palacio, Paizo trataba de encontrar una salida para salvar a los supervivientes, uno de los esqueletos avanzo un par de pasos hacia él, aun estaba aquel trió de guerreros cadavéricos, al servicio de Kaisharg, presentes frente al general, el movimiento de aquel despojo óseo fue recibido con espadas y alabardas, no confiarían jamás en un par de cadáveres repugnantes, aun menos tomando en cuenta de lo que le habían hecho a su tierra, de cualquier manera el cadáver comenzó a hablar, al parecer su amo estaba dispuesto a ofrecer un trato, a cambio de que los ciudadanos pudieran abordar un barco en uno de los muelles, exigía que se eliminara al segundo general, el viejo Leoric, si este desaparecía, dejaría el camino libre para que escaparan. Paizo guardo silencio, no había otra solución más que confiar en aquellos cadáveres, a pesar de ser ellos los mismos responsables de aquella matanza, en esos instantes el enano entraba al salón, escuchando el ofrecimiento de Kaisharg, si bien, tampoco confiaba en el liche, no les había dañado mientras estaban en su poder, eso no demostraba que era bondadoso, si no que vivos les eran mas útiles. El enano se ofreció para luchar contra Leoric, a pesar del cansancio y las heridas sufridas por la mano de Ragash, el enano no se rendía ni se dejaba vencer, en esos instantes, el sonido del cuerpo fue aun más profundo, mientras un soldado gritaba que los cadáveres se habían detenido a pocos metros de la escalera del palacio.

- Humanos y demás razas que se nos han enfrentado, soy Leoric, poderoso general del gran señor, escuchadme, rendiros y les prometo una muerte sin sufrimiento, enfréntense a mí y les prometo sobre sus ancestros, que su agonía será en extremo dolorosa y suplicaran morir-

Las puertas del palacio se abrieron, pero de su interior no surgieron los soldados para dejar sus armas, si no el ano que retaba a duelo a Leoric, el viejo rey acepto, mientras que los tres esqueletos guiaban a los supervivientes por medio de las alcantarillas, por las zonas donde no había enemigos y las tropas de Kaisharg vigilaban.

En la superficie la lucha había comenzado, el enano, cansado era un oponente quizás indigno para el poderoso general, su maza destrozaba el suelo con cada impacto, mientras el enano luchaba y daba certeros hachazos en el cuerpo del cadáver, los demás esqueletos se habían retirado, tan solo para contemplar la batalla, en un instante la maza de Leoric rozo la frente del enano, produciéndole un profundo tajo que comenzó a sangrar, manchando sus ojos de sangre, el enano estaba perdiendo, fue en ese momento que daría el todo, lanzándose contra Leoric, con furia berseker y su hacha brillando cual estrella, pero la enorme maza de su oponente impacto contra su arma, destrozándola en mil pedazos e impactando en todo el cuerpo del enano, rompiéndole las costillas y produciéndole profundas heridas en su cuerpo, el enano por la fuerza del golpe salió disparado un par de metros hasta chocar contra los restos de una estatua, lentamente Leoric se acerco, para mirar al moribundo enano, este reía, mientras hablaba de que había luchado con honor y terminaría sus días de esa misma forma … Leoric negó, mientras con su mano le mostraba una larga lanza y con voz lúgubre le respondía.

-Luchaste con honor… pero… tengo órdenes-

El poderoso general levanto su maza, dejándola caer una y otra vez sobre el cuerpo del enano, que lentamente se volvía una masa sanguinolenta de carne y huesos, el enano había expirado, pero su cuerpo seria simplemente una mancha en la tierra, al cabo de unos golpes, el enano había sido destrozado, la piel y carne se encontraban en el suelo, en las rocas circundantes y en las púas de la maza, sobre las rocas solamente un trozo del cuerpo había sobrevivido, una cabeza, con su barba manchada de sangre y el rictus de infinito dolor, Leoric avanzo, tomando la cabeza desde su moica y con potente voz dando la señal, para que los esqueletos y cadáveres se abalanzaran contra las escaleras en un frenesí de muerte y sangre.

En los túneles, mujeres, hombres, niños y ancianos corrían, los esqueletos guiaban junto con algunos comandantes y aquella mercenaria, Paizo iba atrás, protegiendo la retaguardia, mientras se escuchaban los gritos de muerte de los soldados que habían quedado al final y eran masacrados por las tropas de Leoric, al mismo tiempo que grupos de esqueletos buscaban en cada habitación y cada rincón aquello que su amo deseaba con desesperación.

Los ciudadanos corrían con desesperación, mientras los esqueletos abrían paso, a lo lejos podía sentirse el aroma a sal, a diferencia del desagradable de las alcantarillas, solo faltaban unos pocos metros, cuando una sombra bloqueo la salida de ese lugar, una figura cubierta por una túnica les miraba, con ojos desalmados, y con sus tentáculos retorciéndose amenazadoramente, el amo había llegado, con un simple movimiento de uno de sus tentáculos, los tres esqueletos fueron destrozados, dejando nada más que trozos óseos en los muros y suelo, así era su poder, así era su ira y su furia.

-Miserables y detestables inferiores… me han hecho perder un valioso tiempo con sus malditas fuerzas… ni siquiera merecen formar parte de mi ejercito… simplemente son alimento para las bestias, deshazte de ellos mi mascota-


La figura salió de la salida de aquel túnel… pero la visión que quedo hizo que los ciudadanos trataran de retroceder como ratas en un barco que se hunde, con tal desesperación, la mercenaria fue arrojada a un túnel contiguo, mientras se escuchaba un potente rugido y después los ojos de la mujer veía como un chorro verde salía disparado hacia las personas, disolviéndolos violentamente, era acido… y aquel sonido el rugido de un dragón. Los vapores comenzaron a asfixiar a la mujer, que no demoro en desplomarse en el suelo fétido de las cloacas, ahora mescladas con carne y acido.

Al cabo de una hora la mujer despertó por un fuerte golpe en su rostro, lo suficientemente fuerte como para sentir como los huesos de este se quebraban y dejaba escapar un grito de dolor. Frente a ella, se encontraba todo el ejército de no muertos, a su lado una mancha que en el pasado había sido el enano, y aquella criatura, que parecía impaciente y muy malhumorada, ni siquiera el grito de dolor de la mercenaria le había interrumpido en su rictus. Pronto el sonido de un mazo golpeando algo resonó el castillo, en su interior, Leoric destrozaba el trono que había pertenecido hacia siglos a su propia persona, entre los trozos de oro y madera, una caja de metal fue hallada y con cuidado recogida para llevarla hacia su señor, ya frente a el, y rompiendo la cerradura, dejo ver dos estatuas, de forma grotescas, simulando ser el torso reducido de un hombre, sin brazos y con su rostro cruelmente torturado, la criatura toco ambos objetos y como si hubieran despertado, se levantaron de la caja, para levitar cerca de esa monstruosidad, en aquellos momentos la mujer lo noto, en la cintura de la bestia había algo colgando y cuando se giro, pudo ver el rostro del enano mirándola, era su cabeza, tomada como trofeo. Un escalofrió recorrió la espalda de la mujer cuando la bestia apunto con su mano y pronuncio aquellas palabras “Su corazón”, como un grupo de salvajes, varios esqueletos se lanzaron contra la mujer, arrancándole la ropa e incrustando sus huesudos dedos en sus pechos y carne, la agonía duro minutos y minutos, pareciendo eterna para la mujer, que sintió como le abrían las costillas para morir por el shock de dolor, uno de los esqueletos arranco sin cuidado el corazón de la mujer, corriendo hasta su amo y arrodillándose ante él para ofrecérselo.

Y así termino la historia del reino de Dullahan y sus defensores. Así termino el primer reino humano en caer bajo la mano de la muerte. Tan solo un paso, un pequeño grano de arena… pero que sería la razón por la cual caerían todas las naciones.

FIN

FALLEN KINGDOM.



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