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La Gran Caceria de Lindblum

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La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Tox el Jue Jul 05, 2012 10:06 pm

Todo cazador tiene un miedo, aun en lo más profundo de su corazón
No es perder la presa, ni perder el trofeo…
Si no dejar de ser el cazador y ser cazado por las bestias.

Christian Chacana 05 de julio de 2012


En cada rincón de Noreth, como si fuera una plaga de pergaminos y tinta, grandes anuncios eran instalados en tablones y posadas, en tabernas, gremios de guerreros y asesinos, pergaminos hechos de los más exquisitos materiales, resistentes para soportar al inclemencia del tiempo, y de las manos grasientas, en gruesas letras doradas, aparecía una noticia, en idioma elfico, humano y enano, palabras que hacían brillar la codicia en los ojos de hombres y mujeres, de seres abominables y de bestias con inteligencia, las palabras escritas no solo prometían riquezas, si no poder, mucho del cual era deseado por infinidad de seres.

¡¡¡YA HA COMENZADO!!!

ATENCIÓN a todos los cazadores y guerreros de Noreth, la Gran cacería ya ha comenzado, después de diez años el evento vuelve a realizarse en la ciudad de Lindblum, tan solo los más grandes cazadores serán recibidos, los mejores guerreros y magos de todos los cuatro puntos, los participantes lucharan contra bestias desconocidas, probaran sus habilidades y fortalezas, y el ganador recibirá el tan afamado título de “EL MEJOR CAZADOR DE NORETH”, con lo que podrá tener acceso no solo a las tiendas de Lindblum, si no que podrá obtener uno de los propios tesoros de la ciudad, entregados de la propia mano de el rey Cid VIII, también recibirán recompensa el segundo y tercer lugar, aunque de menor valor.

¡¡¡ATENCIÓN!!!

No deje pasar esta oportunidad de ganar diamantes, fama, prestigio y por sobre todo, distinción entre cazadores y guerreros.

LA GRAN CACERÍA YA ESTA A PUNTO DE COMENZAR.


Como si fueran objetos preciados, muchos carteles fueron arrancados, algunos guardado celosamente, otros quemados, luchas y peleas en tabernas y gremios sucedieron por que alguno de los presentes había retirado el pergamino o simplemente la codicia había superado su honor o camarería, aunque en los cuatro rincones de Noreth se habían instalado aquellos pergaminos, pocos sabían que era Lindblum, o donde se encontraba, nadie había escuchado de ello, y como si fuera la búsqueda de un tesoro, muchos aventureros se internaron en posadas, en bibliotecas, consultaron sabios, hasta que una luz limpio la oscuridad y como un raudal de agua pura que limpia la inmundicia, se dejo ver la historia.

Lindblum.

En el lejano archipiélago de la niebla, una tierra curiosa, donde monstruos y bestias jamás antes vistas en Noreth se encuentran, uno de los tres reinos que gobiernan esas tierra es llamado Lindblum, quizás uno de los más pequeños pero no menos ricos, su gran ciudad estado es una fortaleza, construida en un imponente rocoso que sobresale por mucho de la niebla que reina ese lugar, dedicados a la industrialización y manufacturación de recursos mineros y otros, Lindblum es una ciudad poderosa, sus gruesas puertas superan el ancho de un hombre y su ejército rivaliza con lo de otros, especialmente sus maquinas, llamadas gigantes de niebla. Desde el inicio de la fundación de la ciudad los reyes han tomado el nombre del primero de estos siendo el actual Cid VIII, regente y alto señor de todo Lindblum, muchas de las costumbres de Lindblum podrían resultar extrañas a los habitantes de Noreth, pero las tierras de la niebla son considerados reinos totalmente apartes y no están bajo ningún tratado con las ciudades de Thonomer, por lo que se debe de entrar por uno de las “aduanas” construidas en los limites de los archipiélagos.

Una vez en Lindblum, el visitante puede visitar uno de los cinco distritos de la ciudad, el sector residencial, que es la parte mas baja de Lindblum el cual es un laberinto de calles y callejuelas, siendo la avenida de las luces el punto central, la cual como una serpiente serpentea todo el distrito para llegar a su propio inicio, subiendo se encuentra el distrito comercial, donde los más diversos elementos se pueden encontrar, desde extraños minerales, hasta pieles y escamas de monstruos, también los herreros y forjadores se encuentran en esta zona, subiendo y más alejado se encuentra el distrito industrial, donde las industrias más importantes procesan materiales para la importación, coronando todo se encuentra el palacio, una imponente fortaleza que vigila los límites de la ciudad. Para terminar existe un embarcadero donde naves de guerra pueden atracar o mercantes, este embarcadero esta directamente conectado con la zona comercial y la zona residencial.

Según las tradiciones de Lindblum, una vez cada diez años se celebra lo que ellos llaman la gran cacería donde los mejores cazadores del reino de la niebla se prueban para definir quién es el mejor cazador de todos.


Esta era la información que muchos habían podido obtener, por lo que una gran cantidad de aventureros, cazadores y porque no decirlo, magos y asesinos se comenzaron a movilizar hasta el archipiélago de la niebla, no fue difícil de encontrar para muchos, mas la frontera estaba cerrada y fuertemente custodiada para que nadie lo suficientemente … estúpido intentara entrar sin autorización, aun así algunos lo hicieron, pero fueron capturados y encerrado en los calabozos después de tres días esperando, las enormes puertas de la frontera se abrieron, dejando ver una fila de soldados fuertemente armados custodiando, en primera instancia se pidió orden y que uno a uno los aventureros pasaran, claro que con esto hubo problemas hasta que los soldados actuaron, después de ellos uno a uno los aventureros eran examinados, tan solo a algunos pocos se le permitirían tomar la prueba para saber si estaban certificados, ya que tener a mil extraños dentro de la ciudad no era recomendable y menos si llegaban armados y listos para matar, durante casi una semana se comenzó a examinar a los participantes, muchos eran rechazados por qué no poseían algunos rasgos, como el siquiera saber cazar o tener alguna habilidad de combate, por lo que de los mil que inicialmente eran, tan solo un puñado paso, aun con el claro descontento de los demás, algunos insultos y mas encarcelados.

El puñado de aventureros debía de pasar una última prueba, como era natural se medirían sus cualidades para poder casar, se les ofreció un refugio en una edificación completamente preparada para su estadía, a la mañana siguiente el propio primer ministro apareció, un hombre ya entrado en años con abundante barba, y un traje violeta, aclarándose la garganta miro a la veintena de participantes que quedaban y con una reverencia les saludo.

-Bienvenidos al primer paso de la gran cacería, siéntanse afortunados por que han sido merecedores de quizás uno de los pocos eventos que llegan mas allá de la frontera, mas aun no pueden participar completamente, ya que aun falta una última prueba y no desesperen, tan solo es una prueba de cacería simple, para ver quienes realmente están aptos para enfrentarse a los riesgos que entraña este evento, en nombre de Cid VIII les doy la bienvenida y si me siguen, conocerán la última prueba antes de estar tan solo a un paso del título del Mejor Cazador de todo Noreth-

El primer ministro hizo que le siguieran todos los seleccionados hasta lo que parecía ser un gran laberinto, este estaba hecho de roca y era muy similar a lo que un gran arquitecto pudiera construir, sus muros superaban los tres metros de altura y en la parte superior, pinchos afilados evitaban que alguien pudiera trepar por ellos sin que sufriera graves heridas, el primer ministro sonrió, mientras los soldados traían varias jaulas, con extraños animales en su interior, parecían asustados, otros altamente agresivos, pero todos compartían una característica, eran extremadamente agiles y veloces.

-Esta es la última prueba, una simple prueba de cacería, cada uno de los participantes o si lo prefieren en pareja, tendrá la misión de cazar un animal previamente soltado dentro del laberinto, tengan en cuenta que no solamente está el hecho de que deben de cazar al animal al interior de este lugar, sino que también deberán de traer una prueba de ello, una cornamenta, una pata, su piel o su cuerpo, y aun así, la dificultad no solo es cazarlo, si no que deben de volver a este lugar nuevamente en menos de una hora, los animales soltados en su mayoría son tranquilos, aunque puede que haya excepciones, aun así son hábiles y rápidos y un mal cálculo puede hacer que pierdan totalmente su oportunidad y deban de esperar nuevamente diez años-

Uno de los animales fue soltado y rápidamente se perdió en el laberinto, era la primera prueba, la primera cacería y la primera sangre derramada que caería en las tierras de Lindblum, uno a uno o en parejas los participantes deberían de hacerlo y mostrar sus dotes de cazador, de guerreros o asesinos, ya que esto tan solo era el calentamiento, tras los muros de Lindblum criaturas jamás vistas estaban siendo preparadas, bestias que podrían causar miedo a los corazones mas valerosos, o incluso … traer la propia destrucción de la ciudad.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Roy Wellington el Jue Jul 05, 2012 11:35 pm

Aquella taberna era cálida, eran permisivos y tenían buena cerveza. Roy estaba bien cómodo, recostado en su silla y con los pies sobre la mesa, mascando regaliz y jugueteando con su pistola con las manos.
La taberna era amplia, de forma simple, tenía cuatro paredes, una larga barra y muchas mesas desperdigadas. En aquella ocasión, estaba más vacía de lo normal, bueno, y se decía "de lo normal", ninguna taberna se podía llamar así misma de tal manera cuando, sólo había un cliente y además, no había hecho ninguna consumición. Y tampoco podían echar a Roy, por que joder, si lo echaban ya pisoteaban todo el poco ambiente que generaba el cazador.

Roy no tenía casa propia, era un vagabundo, un mendigo, o cómo el se llamaba, un trota-mundos. ¿Para qué quería pagarse un techo dormir? Él nunca permanecía más de dos noches en un sitio como para comprarse una casa. Era lógico, comprensible. En cualquier caso, aquella noche dormiría en un lecho cálido de aquella taberna, si tenían camas, si no, bien se quedaría en esa silla, aunque para no hacer ascos, pediría un hidromiel por las molestias.
En cualquier caso, se estaba quedando dormido cuando, la puerta se abrió con un golpetazo. Del exterior entraron tres tíos gritando y coreándose mutuamente, parecían contentos, y muy puestos para la ocasión.
Uno de ellos llevaba en sus manos un cartel de papel sucio y oscurecido, Roy veía bien en la distancia, pero no consiguió descifrar aquella sopa de letras desde tan lejos. Aunque parecía estar escrito en lengua común, llegó a leer "La gran cacería".

Eso le alegró, él cazaba cosas, gente, dependiendo de la situación. Mientras hubiese dinero de por medio. Se estiró y se puso en pie, guardó la pistola y se acercó al trío de borrachuzos que asaltaron al tabernero pidiéndole cervezas. Roy se apoyó en la barra, cercano a ellos y carraspeó un poco, haciéndose de rogar.
Uno de ellos le miró sonriente y le dio unas palmaditas en el hombro. A Roy no le gustaban esa clase de roces, bien podría haberle rajado el cuello, pero no lo hizo, esbozó una falsa sonrisa y lo miró algo descarado.
- ¿Puedo ver ese cartel que traeís? - Preguntó bien amable Roy, recibiendo un "Por supuesto" entre carcajadas, con algo de tacto y maña todo se podía conseguir sin violencia. Irónico que lo dijese Roy, pero así era. Se lo pasaron arrastrándolo por la sucia y húmeda barra, pero una vez lo tuvo en sus manos y pudo leerlo, no le importaron los medios habiendo conseguido su fin.
Y el cartel, así decía en un lenguaje humano bastante común:

¡¡¡YA HA COMENZADO!!!

ATENCIÓN a todos los cazadores y guerreros de Noreth, la Gran cacería ya ha comenzado, después de diez años el evento vuelve a realizarse en la ciudad de Lindblum, tan solo los más grandes cazadores serán recibidos, los mejores guerreros y magos de todos los cuatro puntos, los participantes lucharan contra bestias desconocidas, probaran sus habilidades y fortalezas, y el ganador recibirá el tan afamado título de “EL MEJOR CAZADOR DE NORETH”, con lo que podrá tener acceso no solo a las tiendas de Lindblum, si no que podrá obtener uno de los propios tesoros de la ciudad, entregados de la propia mano de el rey Cid VIII, también recibirán recompensa el segundo y tercer lugar, aunque de menor valor.

¡¡¡ATENCIÓN!!!

No deje pasar esta oportunidad de ganar diamantes, fama, prestigio y por sobre todo, distinción entre cazadores y guerreros.

LA GRAN CACERÍA YA ESTA A PUNTO DE COMENZAR.


A Roy aquello del torneo de Lindblum cada diez años le sonaba a chino, no lo había oído en su vida. Ni tampoco del ganador de la cacería anterior, pero esa distinción... "El mejor cazador de noreth", sonaba bastante bien. Era música para sus oídos, y sin contar el premio en metálico, vivir bien era su sueño. Él cazaba como nadie, aunque si el cartel había llegado a manos de hasta tres borrachos, seguramente habría llegado a manos de cualquiera. Mucha gente se presentaría a la cacería, pero... ¿Qué perdía por probar? ¿La vida? ¿Qué era una vida exenta de riesgos ni gloria? Debía ir allí, presentarse y por supuesto, ganar. En diez años ya sería un carcamal, debía ganar esa cacería, debía hacerlo por la gloria, por el dinero, por ser el maldito mejor cazador de todo Noreth y poder vivir para contarlo.
Esbozó una sincera sonrisa de oreja a oreja, acto seguido alzó la vista y miró a aquel trío que le había dado la oportunidad de su vida. Los tres le miraban boquiabiertos y los ojos como platos, esperando algún comentario.
Y lo recibieron.

- ¿Sabeís donde queda Lindblum? - Preguntó Roy, por un instante se hizo el completo y total silencio, luego, una carcajada inundó el local. Una múltiple.

A LA NOCHE SIGUIENTE.

Y resultó que esos tres sí sabían donde estaba Lindblum, resultaba, que además iban a ir en un carromato hacía allí, y siendo almas solidarias, ofrecieron a Roy la oportunidad de acompañarles durante el camino. Al parecer, lo vieron como una amenaza inexisente, es más, incluso comentaron que le hacían el favor de llevarlo pero apenados estaban, por que no ganaría el premio ni el galardón. A Roy le sudaba la gota gorda lo que esos tres pensaran, estaba agradecido con ellos, sin duda, pero su opinión era tan vanal como la ducha para un rátido.
Jé, si es que era un genio con los juegos de palabras. Había veces en las que se partía la caja sólo por un chiste que se había autocontado en su cabeza. Así de loco estaba Roy.

En fin, el viaje en carromato duraría algo menos de una semana, al parecer, según uno de ellos, que trabajó como arqueólogo o algo así, Lindblum era un archipiélago de islas, una pequeña nación con su propio Rey, muy aria en el sentido de las restricciones con el mundo exterior, tenían frontera y un ejército para salvaguardala. Eso daba que pensar, eran autosuficientes, no les gustaban los extranjeros en grandes cantidades pero aún así, estaban dispuestos a celebrar un torneo de cacería de animales salvajes. Pensando retorcidamente, era un buen método para eliminar la superpoblación de animales peligrosos, los extranjeros vienen, te matan un par de pájaros y encima, les das algo de dinero a varios de ellos y están contentos.
Menudo negocio tenían montado esos de Lindblum, pero bueno, Roy iba para quedarse con el primer puesto. Aspiraba a eso y nada más.

UNA SEMANA, MÁS O MENOS, DESPUÉS.

Y ahí estaba Roy, en una inmensa cola para pasar la aduana. Se sentía como una sardina ansiosa por entrar en su lata. Las colas, como ya había dicho, eran gigantescas, dantescas en aquella ocasión, y tenían un fin, cruzar un control para poder entrar en Lindblum de manera legal. Malas lenguas decían que los no-legales eran ejecutados, o encerrados en sus cárceles, los que tenían más suerte eran simplemente expulsados con una oreja o dos menos.
Se supone que estaban seleccionando candidatos válidos para la cacería, eran rigurosos como ellos sólos, los no válidos se les marcaba y se les echaba fuera de Lindblum, si en el control veían esa marca te enviaban a la cárcel. Era sencillo, comprensible. Ningún rey quiere a tantos forasteros armados en sus propiedades, por su seguridad y por la de sus ciudadanos, aunque éstos tampoco deberían pasarlo tan mal, con tantos extranjeros sus negocios verían un gran auge temporal, las tabernas estarían a rebosar y las tiendas de suministros siempre agotadas. Se lo podía imaginar sin siquiera ver a Lindblum con sus propios ojos, y es que las murallas eran gigantescas. Demasiado altas para su gusto.

Y horas después, finalmente llegó su turno. Le sacaron sangre, le obligaron mostrar todo su armamento y decir su nombre, apellidos o apodo en voz alta. Una breve explicación de sus habilidades y si era posible y recomendable, mostrarlas. Y eso es lo que hizo: Gruñó cuando le pincharon con una aguja rellena con su sangre, estuvo obligado a enseñar su pistola, su rifle, sus cuchillos y incluso sus músculos. Recitó en voz alta: - Roy Wellington. Roy -. Y después simplemente señaló una lata colocada a algo menos de 100 metros de distancia, apuntó y disparó con su arcabuz, dando de lleno en la lata.
Fue admitido al instante. No pudo evitar esbozar una sonrisa. Estaba dentro del torneo, ahora sólo había que currarselo un poco y ¿Sabías qué, verdad? Sería rico.

Lo conducieron hasta unos barracones preparados para los seleccionados, allí, le dieron cobijo hasta que el plazo de inscripción de integrantes de la cacería por fin cesó, en su caso, fue de los últimos en llegar. Allí les daban comida, lecho y un salón para entrenar sus habilidades, así como munición y afiladores para sus armas blancas.
Una mañana cualquiera, un hombre adulto, entrado ya en canas y con una ligera panza escondida tras una túnica violeta, se presentó en sus aposentos. Empezó a hablar sobre Lindblum, su rey y cosas tan inútiles que Roy borró después de escuchar, después, dándoles unos minutos para prepararse, fueron todos conducidos a una habitación de piedra con una entrada a lo que parecía ser un laberinto, típicamente de minotauro. Unos cuantos soldados iban trayendo jaulas tapadas con lonas.
No sabiendo cómo, Roy se encontraba el primero de una fila india que al parecer, definiría los turnos para hacer una pequeña cacería en aquel laberinto.

Ignorando un poco las palabras del aparente primer ministro, Roy se dedicó a sacar la cuerda que tenía en el zurrón, se la ató a la cintura, dejando una cola que se arrastraba unos metros por el suelo, y luego, sacó la cantimplora llena de agua y abrió el tapón. Después, vendó la abertura y la colgó al cinturón de cuerda, cada tres segundos una gota se deslizaba por la cuerda y se dejaba caer en el suelo. ¿Qué quería decir esto? Quería decir que iría dejando un reguero de agua para saber volver, que era lo primordial, pues según el "primer ministro" sólo tenían una hora para cazar al animal y volver, obviando que tenían que traer alguna prueba de que estaba muerto. Y lo más importante era que las jaulas estaban tapadas con una lona. A saber que clase de animal les estaban dando para que cazasen.

Cuando el ministro acabó de hablar, un soldado abrió la jaula y dejó que un felino saliese saltando y se perdiese entre los pasillos. - El tiempo corre - Instó el ministro sonriente, Roy le miró igual de feliz y estuvo a punto de soltarle que "Le estaba dando ventaja" o "Estoy esperando que tú madre crie alas para volar", pero simplemente le dedicó una sonrisa y saltó al laberinto.

Roy sabía rastrear pisadas, así que encontrar a su presa no era muy difícil, simplemente debía seguir el camino que su amigo felino le había dibujado. Aquel suelo de piedra no era muy hablador en ese sentido, no era de tierra ni de arena, había que currarselo bastante más, fijarse en detalles, como pelos, instinto o arañazos en la piedra.
Armado con su arcabuz intentó asomarse sutilmente en cada esquina, esperando que aquel tigre no estuviese ahí esperandole y lo hiciese lonchas. También estaba siendo muy escrupuloso con su cantimplora, se estaba asegurando de que el rastro de agua era visible, y hasta el momento, así era.

Además de tener un rastro líquido, estaba recordando mentalmente los giros que estaba dando: "Izquierda, izquierda, derecha, izquierda, derecha y derecha". Lo iba repitiendo mentalmente de una manera rítmica, como si se tratase de una canción militar. Pero nunca, nunca se olvidó de lo que estaba haciendo ahí dentro: Cazar.
Iba con pies de plomo, tan silencioso como podía y su respiración no estaba agitada, estaba tranquilo, era un cazador, había hecho esto otras veces.

Y al final, ahí estaba el tigre, nada más verlo agazapado y dando vueltas sobre sí mismo, Roy se escondió detrás de la esquina y soltó un suspiro, relajó su respiración y agarró el arcabuz con fiereza. Sólo tenía un disparo. Debía aprovecharlo.
Saltó de su cobertura, clavó una rodilla en el suelo y apuntó tan relajado como pudo al tigre. Y ahí seguía, sólo que esta vez lo había visto, veía como Roy, su cazador, estaba apunto de apretar el gatillo para matarlo, acabar con su vida sin dejarle opción de defenderse.
Soltó un gruñido animal, Roy apretó el gatillo.

BANG!!!

El arcabuz hizo bastante ruido, las paredes del laberinto hicieron eco, por lo que creyó escuchar el mismo disparo unas siete veces. Un rezumado sabor a pólvora se pegó a su lengua y toda su boca, así como a su nariz. Le gustaba ese olor, agridulce, era un olor oscuro, indefinible. Mortal. Jé, sí, esa era la palabra indicada. Era un olor tan muerto como aquel tigre que ahora tenía una bala en su cráneo. No le gustó matar a ese animal, tampoco le había hecho nada. Sólo eran negocios, todo en esta vida eran negocios.
Aunque tampoco le importo arrancarle tres dientes y una oreja con uno de sus cuchillos de lanzar. No fue muy díficil, asqueroso sí, difícil, no.
No se molestó en recargar el arcabuz, pensó que no habría más tigres en la mazmorra. No estaba equivocado, fue una decisión estúpida, pero no equivocada.

Se limitó a seguir el rastro de agua, de mientras que cantaba al revés la canción que había compuesto. De alguna manera, los giros se correspondían con el rastro de agua que había dejado, era gracioso, por primera vez en su vida, todo había salido a la perfección milimétrica.
Tardó otros diez minutos en volver. El laberinto era gigantesco, lleno de cruces y bifurcaciones, seguramente sería subterraneo, aunque no se sabía, en tierras extranjeras TODO era posible.
En total, tardó veinte minutos en ir y volver y otros diez en matar y recoger su trofeo. Treinta minutos fue lo que tardó exactamente. Subió a la habitación de piedra, donde el ministro estaba esperando, así como los otros participantes. Alzó una mano, dejando ver la oreja de tigre.

- El tiempo deja de correr - Susurró para si mismo Roy, sonriente.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Vie Jul 06, 2012 11:04 am

Erick amaba las tabernas, sin embargo, algunas eran un pelmazo. ¿Y las broncas y las peleas? Caminaba entre las mesas intentando encontrar alguna conversación interesante y se iba desanimando a cada mesa que pasaba. ¿Dónde quedaban las aventuras? Aquello debería de ser un hervidero de gente pidiendo mercenarios para algo. Erick se paró en una mesa que llamó su atención, ya había un corro de gente a su alrededor así que para acercarse tuvo que abrirse paso por los pies de aquellos humano, apartándolos con las manos y gritando como un descosido, no tardaron en quitarse de su camino y no pudo evitar reírse abiertamente de ellos al ver sus caras, si ellos se las hubieran visto también reirían.

Al parecer tenían allí un anuncio que olía a aventura, ¡apestaba a aventura! Sus ojos pasaron como relámpagos por el papel buscando una lengua conocida.
-¡¿Qué pasa con el Yordle?! ¡¿No tenemos derecho a leerlo?! –por suerte para él también podía leer el humano, pero aún así debían de haberlos tenido en cuenta. Una cacería estaría bien para ir calentando motores. Aquello era lo que había estado esperando, una oportunidad de mostrar sus dones y a la vez una forma de entrenamiento, no era el dinero lo que llamaba al ninja, era la fama y el reconocimiento. Aunque no era fama de cazador lo que quería, pero tendría que empezar por algo, además siempre estaba dispuesto para una aventura, al fin encontraba una bastante interesante.

Sin embargo, aún estaba en una taberna y lo disfrutaría por el momento. Cogió una jarra con vete tú a saber qué, el caso es que era embriagador y eso relajaba su habitual nerviosismo. Allí solo le faltaba alguna moza yordle, pero aquello sí que era un imposible, por escasear, escaseaban hasta las féminas humanas. Cuando consideró que era la hora cogió una llave, le dio unas monedas al posadero y se fue a su habitación para descansar, el día siguiente sería movidito.

Erick salió corriendo y saltando de aquella taberna, dejando tirada la llave de su habitación en la barra, mientras profería su particular grito de guerra una especie de “¡Yaaaaaaaaaaah!” y se lanzó a la calle corriendo directamente hacia Lindblum… Aunque claro, pensándolo bien, él no sabía dónde estaba Lindblum. Tuvo que obligarse a parar su alocada carrera y recapacitar sobre como iría hasta el sitio de la cacería, tendría que preguntar por ahí.

Fue a la entrada de la ciudad, preguntando a la gente por “Lindblum” y finalmente alguien fue capaz de decírselo. Bueno, no alguien, muchos “alguienes” era una pequeña caravana con personas que habían decidido ir hacia allí también, para probar suerte. Además de decírselo estaban dispuestos a llevarlo con ellos. Los días de viaje fueron aburridos y lentos, la caravana avanzaba con un ritmo exasperante para el pequeño yordle, pero era mejor que perderse en el camino.

Todos ellos iban por el dinero, lo que más le hizo gracia a Erick era que muchos de ellos ni siquiera sabían combatir, simplemente iban allí para ver si podía pillar algo. Curiosamente todos pensaban que Erick entraba en ese grupo, debido a su extravagante forma de ser, de sus gritos y de su baja estatura lo confundían erróneamente con un niño y el pequeño ninja no hizo nada por desmentirlo, de todas formas no cambiaría nada.
Por otro lado había unos cuantos que realmente iban para intentar competir y parecían mirar por encima del hombro a los demás, en el caso de Erick eso no era demasiado difícil, y siempre hablaban entre ellos sobre la caza, aunque el yordle sospechaba que cada uno guardaba para sí sus métodos de caza, en el fondo sabían que debían competir entre ellos.

Cuando por fin llegaron la lentitud de las colas para entrar a la ciudad casi enfurecían a Erick, pero intentó no montar alboroto, ya había visto que no solían acabar bien parados los que montaban follón por allí. Se dedico a admirar la majestuosidad de la ciudad, más bien de sus murallas, mientras hacía algún que otro calentamiento en la fila. También observaba a todos aquellos humanos ( y no tan humanos), muchos de ellos no resaltaban especialmente eran personas que habían ido a probar suerte, sin embargo, había otros que por alguna razón resaltaban, como si fueran más importantes… más… curtidos por decirlo de alguna forma, pues a estos miraba Erick, intentando imaginarse qué habilidades tendrían, era una forma de mantener la mente ocupada mientras la fila avanzaba.

En lo que a Erick le parecían mil años por fin pudo llegar al control para entrar en la ciudad, se puede decir que hasta se desnudo, quizás no tanto, pero sí que estudiaron todas sus armas y lo miraron con ojo crítico para determinar su especie.
-Erick…-respondió cuando se lo preguntaron –Corazón de la Tormenta. –Añadió. Cuando todo eso estuvo en orden le hicieron mostrar sus habilidades. Erick eligió una especie de espantapájaros, entero de madera, y se colocó a unos metros de él. Sus piernas se movieron como centellas, dando una vuelta alrededor del maniquí con movimientos acompasados y fluidos.

Sus pies levantaron una fina capa de tierra al frenar que quedó acompañado por el crujir de dedos de Erick, que estaba satisfecho con el trabajo realizado. El maniquí tenía clavados en su superficie un puñado de shurikens casi como si de un cinturón se trataran, aunque estaba a la altura del pecho. Recogió los shurikens y no hubo más problemas en el control, lo dejaron pasar rápidamente para seguir con el próximo candidato. Se le escapaba como puede ser que uno de esos guardias aguante hacer ese control a tanta persona, era demasiado repetitivo y vista la cantidad de gente que había, tendrían que hacerlo muuuuchas veces.

Lo dirigieron hacia donde, al parecer, estaban llevando a todos los que había conseguido pasar el escrutinio de los guardias de la entrada de la cuidad. Erick aprovechó su estancia allí para poner a punto sus habilidades y comprobar que el equipo estuviera en buenas condiciones para la caza.
Cuando la admisión de candidatos hubo terminado se presentó allí un humano que tenía pinta de ser uno de los mandamases de por allí.

-Viva el morado. –cuchicheó Erick mientras levantaba los brazos y señalaba con los pulgares hacia sí mismo, señalando su ropa, que era de un color semejante al del hombre de la conferencia. El hombre venía a decir que bienvenidos, básicamente. Después todo el mundo le siguió hasta una sala de piedra, un laberinto en el que dejarían suelto un animal y ellos tendrían que cazar en no más de una hora.
Como delante de él había un humano, que era el primero, se sentó para ir preparando algo así como una estrategia. Al ver lo que hacía el humano con la cuerda y la cantimplora intentó imitarlo, pero ni de lejos obtuvo el mismo resultado.
Para esta prueba tendría que confiar en su velocidad, no podía perder el tiempo al principio, como había hecho el primer candidato, en cuanto le dieran la salida tendría que tirarse como un loco al laberinto y perseguir a su presa.

Cuando el tipo que había entrado estuvo fuera del laberinto mostró la prueba de que había cazado a su presa y ahora le tocaba a Erick, quien desenfundó hábilmente sus kunais. Después de ver como un animal se introducía en el laberinto el pequeño yordle echó a correr detrás de él, girando por donde la presa iba girando, viendo siempre la patas cuando terminaba de girar, con el tiempo justo para llegar a la otra esquina y verle de nuevo las patas. Mientras giraba, Erick iba golpeando las esquinas con los kunais, haciendo unas muescas para asegurarse así la vuelta. La presa era rápida, pero Erick no se daba por vencido, correr se le daba bien, aquello era una carrera sin cuartel que no pensaba perder. Después de haber llegado hasta allí no podía permitírselo.

En una recta pudo divisar por completo a su presa que había empezado a perder velocidad, dio un pequeño salto y lanzó uno de sus kunais hacia su presa, haciendo que el animal cayese al suelo. Era una especie de ave con las alas muy pequeñas y con las patas y el cuello algo más largos. Le lanzó en otro kunai para asegurarse y cuando se puso a su altura sacó ambas armas y las utilizó para cortarle el cuello, llevándose consigo la cabeza del animal, que a pesar de ser de cuello largo era pequeña. Una vez la tuvo en la mano le recordó a un gusano o algo por el estilo. Era asqueroso ver sangrar el cuello cercenado de aquella ave y lo demostró haciendo muecas de asco profundo, más que asqueroso era desagradable, en otras ocasiones la hubiera desnucado y se la hubiera comido tal cual después de hacerla en el fuego, pero no había tiempo para eso ahora.

Se dio la vuelta, dispuesto a correr y fue entonces cuando se dio cuenta de lo cansado que estaba debido a aquel sprint. Estaba acostumbrado a correr y no se agotaba con facilidad, esta vez era una excepción.
El resto fue fácil, volver siguiendo las marcas. Comenzó a correr de manera progresiva, esperando primero que se le calmaran las pulsaciones y después fue aumentando la velocidad mientras seguía las marcas que había ido dejando en las esquinas, estando estas a unos 40cm del suelo.

-¡Yaaaaaah! –sonó su grito de guerra unos segundos antes de que apareciese el yordle, recién salido del laberinto.

Cuando volvió mostró el trofeo que había sacado de la presa y después lo dejó por ahí, no lo quería.
No sabía cuánto tiempo le había llevado completar la prueba, pero por las caras de los demás participantes, que parecían aburridos, supuso que si llega a tardar un poco más no la hubiera pasado la prueba, por suerte para él nadie deshizo sus suposiciones y el primer ministro solo se dedicó a asentir. Respiró bastante más aliviado sabiendo que estaría ahí para asistir a la gran cacería, en la que quizás no llegara a ganar nada, pero estar ya era más de los que muchos nunca conseguirían.

Dio vueltas en círculos, andando pausadamente y acto seguido se dejó caer al suelo, estaría como nuevo con un poco de descanso y a juzgar por la cola que aún quedaba por pasar aquel trámite, lo tendría.

Definitivamente, cazar en Theezzeroth era algo más fácil, allí hubiera podido encontrar a la presa sin la necesidad de correr como lo había hecho, incluso esperando tranquilamente en un sitio acaba por aparecer algún animal al que poder cazar.


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Heskit Hojasombría el Vie Jul 06, 2012 6:37 pm

Cosas-humanas hacen mucho ruido y no me dejan dormir. ¡Heskit furioso, maldición! Me encontraba yo en la bodega de una taberna, habiéndome colado sigilosamente para poder comer y beber gratis, y por fin había encontrado un sitio perfecto para dormir, ¡sitio cómodo y bien oculto en aquella bodega! Aquello me permitiría dormir hasta que saliera la cosa-luminosa en el cielo y acabara con mi querida noche. Sin embargo, parecía que no iba a poder ser. En la sala común los humanos estaban haciendo más ruido de lo normal, lo cual significaba que sucedía algo gordo. Profiriendo un chillido de molestia, decidí salir de aquél sótano por donde había entrado y seguidamente colarme por la puerta principal sin ser visto.

Una vez dentro de la taberna de nuevo, el espectáculo era tal que hasta hacía daño a mis delicados oídos. ¡Mis preciosos oídos! Plegué las orejas para disminuir el impacto del sonido y me acerqué hacia lo que parecía el punto de interés principal. Encaramándome a la espalda de un humano alto y grandote, me asomé para ver que en medio de todos ellos había una especie de cartel o algo así. ¿Qué era? Empecé a leer, y pronto me quedé sorprendido. ¡Una cacería! Ñe-jejejejeje, aquello sería una buena forma de ganar dinero y renombre. ¡Sí-sí! ¡Aquello podría ser lo que me catapultaría a la fama! El humano al que me encaramé pareció darse cuenta y yo le dije con temor, cuando vi que empezaba a mover el puño:

-¡No golpees a Eechik, por favor! ¡Yo sólo quería leer ese papel!-

El humano bajó el puño, bastante sorprendido de que una criatura como yo supiera leer, y supongo que aún más sorprendido quedó cuando le hablé con un tono tan lastimero. Sin embargo, rápidamente se olvidó de mi presencia cuando todos empezaron a decir que irían a cosa-Lindblum para participar en aquella cacería. Todos empezaron a decir que iban a ganar y esas estupideces que dicen los humanos. ¡Se venden la piel del orco antes de haberlo cazado! Ña. Yo lo primero que hice fue decir para que todos me escucharan:

-¿Y dónde está Lindblum? Eechik nunca haber oído hablar de ese lugar.-

Tras unos segundos en los que todas las miradas estuvieron centradas en mí, pronto empezaron los murmullos. Al parecer, ellos estaban tan perdidos como yo. ¡Imbéciles-estúpidos-despreciables! ¡Sólo sirven para llenar la siempre hambrienta tripa de Heskit! Sin embargo, un encapuchado empezó a hablar, revelando dónde se encontraba esa cosa llamada Lindblum. ¡Perfecto! El humano en el que me había encaramado se acordó entonces de mí, y al mirarme, le dije:

-¿Eechik puede venir contigo? ¡Te aseguro que soy muy bueno! ¡Puedo ayudarte y no te molestaré!-

El humano se lo pensó un rato y finalmente aceptó. Creo que el motivo de que aceptara fue que vio como le acababa de robar la cartera a un tipo sin que se enterara y ahora se la ofrecía a él. Humanos... ¡Tan fáciles de comprar! ¡Ña-jajajaja! El humano, junto con sus colegas, se dirigió hacia un carromato y yo fui con él, encaramado a su hombro. En ese momento me acordé de Murci, el cual volvió volando a mi hombro con las primeras luces del alba, relamiéndose los colmillos. Pequeño pilluelo... Seguramente acababa de cenarse a un gato callejero. A Heskit no gustan gatos... Demasiado pelo. ¡El pelo se me atraganta y me da arcadas! No-no-no. No me gustan los gatos... ¡Aunque es divertido demostrarle a esos bichejos que las ratas ya no son sus presas! ¡Ñe-jejejejejeje!

Tras unos días de viaje, llegamos finalmente a un sitio con puerto, en el cual había un barco que precisamente se dirigía a Lindblum. ¡Agua no gusta a Heskit! ¡El agua me limpia! ¡Me quita mi dulce aroma! Pero debía meterme en aquella cáscara de nuez. Sin embargo, cuando iba a hacerlo, uno de los encargados del barco me dijo que no se aceptaban ratas. ¡Sucio humano! Pero no me convenía meterme en líos. No pude convencerlo, así que tuve que recurrir a otras tácticas más... Discretas. Sólo diré que me tiré todo el trayecto cómodamente metido en la bodega del barco, paseándome entre las cajas de carne en conserva y las de agua potable, ñe-jejejeje...

Finalmente llegué al lugar, bajándome con el mismo sigilo con el que había entrado en el barco, y me dirigí hacia la cola. El tiempo que nos hicieron esperar fue bastante largo, pero a mí no me molestó. Me dediqué a imaginar cómo sería el matar y torturar a todos y cada uno de los seres que habían haciendo cola, y gracias a eso se me pasó bastante rápido el tiempo, ¡sí-sí! ¡Imaginación de Heskit nunca es aburrida, no-no! Finalmente llegó el turno en el que debía demostrar mis habilidades. Primero de todo me preguntaron mi nombre, a lo cual respondí con mi pseudónimo:

-Mi nombre es Eechik, buen señor.-

Tras eso, el humano me hizo enseñarle mis armas, cosa que vio cuando agarré los pliegues de mi capa con capucha y la abrí, revelando la gran cantidad de cuchillos que poseía, las cuchillas de ratópata, cada una en un costado, y sobresaliendo de mi costado derecho, la daga. Por la cara del humano me di cuenta de que no se esperaba encontrar tantas cosas bajo mis ropas. Sonriéndole ampliamente con inocencia, me dirigí hacia los muñecos de entrenamiento. Empecé a correr a velocidad vertiginosa, arrojando un par de cuchillos hacia uno de los muñecos de entrenamiento, los cuales se clavaron justo donde tendría sus ojos. Tras eso, saqué la daga y di un gran salto, rajándole lo que sería el cuello. Guardándola antes de caer dando una voltereta, saqué ambas cuchillas, y clavando una en el torso de uno de los muñecos me impulsé para saltar y apuñalar lo que vendría a ser el corazón. En apenas unos instantes más, desclavé ambas cuchillas y me impulsé con los pies, colgándome del cuello del tercer muñeco con la cola, mientras mis cuchillas se clavaban una y otra vez en lo que vendría a ser el vientre. Tras eso, me descolgué, recuperé mis cuchillos arrojadizos y me acerqué al humano. Este, balbuceando, me dijo que podía pasar. Sonreí ampliamente y le dije:

-Eechik es más de lo que aparenta. ¡Ser pequeño tiene sus ventajas! ¡Sí-sí!-

Nada más pasar, llegué a un sitio donde había un puñado de cosas-humanoides, y digo humanoides porque no sólo habían humanos. Entonces apareció una cosa-humana-barbuda vestida de una forma que los humanos llamarían "elegante", y tras hacer una reverencia, empezó a hablar y decirnos que sólo nos faltaba por completar una última prueba. Tras eso, nos pidió que le siguiéramos, y así lo hicimos.

En todo momento Murci se había mantenido en mi cola, emprendiendo el vuelo cuando yo me había movido para hacer la demostración y nada más. En aquél momento se había vuelto a quedar dormido colgando cabeza abajo. Como yo llevaba la cola en alto, podía hacerlo sin golpearse. Finalmente llegamos a una especie de laberinto al cual los soldados llevaban una especie de jaulas en las cuales habían criaturas que supuse que nos tocaría cazar. Según el hombre, debíamos lograrlo en menos de una hora. El primero en entrar fue un tipo pintoresco con un fusil que ideó un sistema para no perderse, y el siguiente fue un ser cabezón que volvío justo a tiempo. Tras él, me tocó a mí. Nada más darme la indicación de que podía empezar, me puse a cuatro patas, saqué mi daga, me hice un pequeño corte en la cola, suficiente para que fuera soltando gotas de sangre constantemente, y le dije a Murci que fuera lamiéndolo constantemente para que siguiera sangrando. Tras eso, empecé a correr a cuatro patas, manteniendo estática la cola para que mi mascota no se cayera.

El corte respondía a un doble efecto. Por una parte, al caer gotas constantemente, iba dejando un rastro que más que visual, era oloroso. Además, si la criatura que habían soltado era agresiva, al oler la sangre vendría a por mí. ¡Heskit inteligente! ¡Ñe-jejejeje! Fue en eso que, tras estar unos minutos corriendo, escuché un gruñido y rápidamente frené en seco, dando una voltereta hacia atrás. ¡Justo a tiempo! Esquivé un ataque que me había lanzado la criatura. ¡Nada más y nada menos que un dientes de sable! Murci emprendió el vuelo, y yo saqué mis cuchillas de asesino. Tras un par de volteretas más, observé a la criatura. Era grande y ancha, pero al igual que yo, confiaba más en su agilidad. Sonreí, y esperé a que me atacara. No tardó mucho, pero aprovechándome de mis reflejos y mi velocidad, me eché hacia un lado, clavándole en el costado una de las cuchillas, y rápidamente me di impulso, saltando y quedando sobre el lomo de la criatura. Una vez ahí fue cuestión de empezar a apuñalarla hasta que finalmente cayó al suelo, muerta. ¡Bien muerta-muerta! ¡Ñe-jejejejeje! Tras eso decidí comerme un poco de sus tripas, y seguidamente le arranqué los colmillos largos. Sin embargo, me guardé uno, llevando sólo el otro a la vista. Ñe-jejejeje, me haría una espada corta con el otro diente. Empecé a corretear, siguiendo el rastro de sangre que había dejado, y no tardé mucho en volver a llegar hasta el principio. Había tardado apenas unos cuarenta minutos. Ñe-jejeje... ¡No por nada soy rápido! ¡Soy rátido! ¡Ña-jajajaja! Mis chistes son geniales...

Cuando llegué, dejé caer uno de los colmillos, mientras el otro estaba bien oculto gracias a mi capa y una de las correas de cuero que aguantaban mi armadura ligera. Me senté en un rincón entonces y me dediqué a lamerme la herida de la cola, mientras Murci se ponía a dormir cabeza abajo de un árbol, esperando a que todo acabara para poder empezar la cacería de verdad. ¡Aquello parecía interesante!
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Fayt Reeden el Sáb Jul 07, 2012 1:54 am

Todo empezó una mañana tranquila en Polenta. El cielo estaba despejado, de color azul. El sol brillaba un poco más allá de las montañas y el bosque de Silvide debajo, descansando sobre múltiples pies rocosos. Nada más asomar los primeros rayos de sol, el pueblo fue cobrando vida poco a poco, llenándose de sus personajes habituales y de las conversaciones más usuales. Dentro de la habitación de una posada, Fayt aún no había terminado de desperezarse.
Un portazo fue lo que le saludó esa mañana. El posadero era un hombre bonachón y entrado ya en años, años que no le habían perdonado. Su panza cervecera no dejaba de agitarse mientras caminaba y su rostro regordete siempre destilaba amabilidad. Sin embargo, aquella mañana se había vestido con un semblante serio y preocupado. Se acercó a la ventana y retiró los postigos de madera que protegían la habitación del inclemente sol. Fayt se arrebujó entre las sábanas con un quejido somnoliento, la luz le había entrado por el rabillo del ojo y le había deslumbrado, pero el posadero había logrado lo que quería, despertarlo.

Es hora de levantarse, Fayt. Hoy tengo algunos compradores, y ya sabes lo bueno que es el vino para mi negocio.

Fayt soltó un bufido y se sentó en el borde de la cama. Hoy tocaba hacerle de esclavo a aquel hombre, pero no se quejaba. A cambio de cargar y de ordenar las provisiones de la taberna, dejaba a Fayt quedarse gratis en uno de las habitaciones. Hacía semanas que ya debería haberse ido pero se había acostumbrado a aquel pueblo. Justo antes de entrar en él se había topado con dos maleantes y salvado a una prostituta de ser violada. Al saber sobre su pequeña hazaña, el dueño lo aceptó de buen grado para agradecerle la ayuda a una amiga suya y de su hija, pero a cambio de que siguiera trabajando para ellos. El monje no puso ninguna objeción.

No sabía que tu trabajo consistía en emborrachar a tus clientes —objetó Fayt.

El tabernero hizo oídos sordos al comentario y le instó para que bajase a la sala principal. El joven obedeció, y bajó las escaleras, todavía medio adormilado. El salón principal de la taberna tenía ordenadas las mesas a la izquierda, mientras que a la derecha se levantaba una pequeña barra desde dónde se recibían a los clientes. En ella se encontraba la hija del posadero, una niña risueña e hiperactiva de cabellos rojos y recogidos en dos graciosas coletas. Tenía los ojos verdes, una boca acostumbrada a reír y los pómulos salpicados por pecas. Cuando vio bajar a Fayt se levantó de un salto de la barra y comenzó a correr hacia él.

¡Fayt! ¡Fayt!

Quieta.

Como si el monje ejerciera algún tipo de poder sobre ella, la muchacha frenó en seco justo antes de que pudiera abalanzarse sobre él, como siempre hacía. La confianza asfixiante que le profesaba llegaba a molestar, pero con el tiempo, había aprendido a tratarla.

¡Fayt! ¡Mira lo que hemos encontrado! ¡Mira!

El hecho que hubiera conseguido pararla no significaba que la hubiera hecho callar. La niña agitaba un papel enrollado en su mano, como si se tratase de un mapa del tesoro, o algo por el estilo. Lo apoyó en la primera mesa que encontró y lo desenrolló. Esto era lo que se podía leer en él:

¡¡¡YA HA COMENZADO!!!

ATENCIÓN a todos los cazadores y guerreros de Noreth, la Gran cacería ya ha comenzado, después de diez años el evento vuelve a realizarse en la ciudad de Lindblum, tan solo los más grandes cazadores serán recibidos, los mejores guerreros y magos de todos los cuatro puntos, los participantes lucharan contra bestias desconocidas, probaran sus habilidades y fortalezas, y el ganador recibirá el tan afamado título de “EL MEJOR CAZADOR DE NORETH”, con lo que podrá tener acceso no solo a las tiendas de Lindblum, si no que podrá obtener uno de los propios tesoros de la ciudad, entregados de la propia mano de el rey Cid VIII, también recibirán recompensa el segundo y tercer lugar, aunque de menor valor.

¡¡¡ATENCIÓN!!!

No deje pasar esta oportunidad de ganar diamantes, fama, prestigio y por sobre todo, distinción entre cazadores y guerreros.


Fayt volvió a enrollar el papel, mirando a la niña con incredulidad.

¿Vas a participar en esto? —le preguntó.

Claro que no, tonto. Mi padre y yo vamos a viajar para verlo. Si quieres puedes venir con nosotros.

¿Yo...? —titubeó por un buen rato.

Fayt no tenía nada que ver con aquella familia, y sin embargo, en solo una semana, ya les inspiraba la suficiente confianza como para que la niña le pidiese acompañarla en un viaje. El tabernero no tardó en bajar para explicarlo todo. Al parecer, iba a dejar la taberna en manos de un amigo y requería a Fayt para hacer de guardaespaldas durante el viaje.

Y quién sabe, a lo mejor puedes probar suerte. Tú sabes pelear ¿no?

Sí. Pero no soy un cazador —replicó el monje naranja.

Finalmente, había decidido acompañarlos. No conocía la ciudad dónde se celebraba aquella competición, pero debía reconocer que todo lo que prometía no sonaba tan malo, no tanto el prestigio de ser "el mejor cazador de toda Noreth", sino por diamantes. Puede que vendiéndolos pudiese solucionar muchas cosas, y una de ellas, el dinero que necesitaba para su viaje por todo Noreth.

Preparar el carromato para el viaje hacia la costa de los archipiélagos tardó toda la mañana y buena parte del mediodía. Los tres almorzaron encima de una de las mesas de la taberna cerrada, y partieron finalmente cuando el sustituto del tabernero llegó para despedirlos.

Era un grupo un tanto peculiar. Fayt abría la marcha montado encima de su yegua, y detrás lo seguía de cerca el carromato de Deren, el tabernero al que protegía. A su hija le tocaba guardar las provisiones, pero no se mantenía quieta durante mucho tiempo. Cuando se despistaban, podían verla correteando por los campos de flores que atravesaba el camino, otras veces, se divertía espantando conejos y pequeños zorros de las praderas.

Tras 5 días de viaje dónde Fayt no se vio obligado a utilizar su fuerza, llegaron a un puerto. Era uno de los muchos que descansaban sobre las orillas de la bahía circular tan característica de aquella región, llamados por muchos, la bahía de la luna llena, más que nada por la forma de la gran masa de agua que se había ido metiendo en el continente.
Allí cogieron uno de los barcos, una tarea que no fue para nada fácil, debido a la gran masificación que se había transformado aquel puerto, antaño tranquilo. Linblum, una ciudad que hasta ahora había sido desconocida por el momento, había conseguido publicitarse muy bien por todo Noreth, y ahora, cazadores de todas las regiones y habitantes querían tanto presenciar como participar en la cacería.

El viaje por barco fue, cuanto menos, emocionante. Era la primera que Fayt viajaba sobre el mar, algo que se había cobrado por lo menos el desayuno, 2 almuerzo y alguna que otra cena, echándolas todas hacia el mar, por la borda. Y claro, luego estaban las burlas de la hija de Deren.

No tardaron en llegar al continente de la niebla. Era un lugar desconocido y totalmente diferente de Noreth. Una isla descomunal, pero un tanto más pequeña que Noreth, o al menos eso le había asegurado Deren. Estaba cubierta por un manto de niebla grueso e inmenso, que al parecer no tenía nada que ver con el clima, sino más bien con algo mágico. Llegaron a la ciudad junto a otro grupo de gente más numerosa, escoltados por soldados. El carromato se desvió hacia la entrada de la ciudad reservada para los visitantes, mientras que los aventureros se iban agolpando por otra entrada, una frontera dónde hacían múltiples filas.

Fayt se despidió de la pequeña familia.

¡Mucha suerte, Fayt! —le gritó la muchacha desde el carromato— ¡Tú puedes hacerlo!

Fayt levantó la mano y se dirigió caminando hacia la frontera. Había dejado a "Hada" bajo el cuidado de Deren, y esperaba que la tratase bien. Miró hacia delante. Sólo podía ver numerosos puestos de guardias, y un poco más alejado la muralla más descomunal que había visto jamás. De hecho, era así de grande gracias a que se sostenía por una gran elevación de terreno, por encima del banco de niebla.

Cuando le llegó el turno a Fayt, le invitaron con rudeza a que entrara en uno de los campamentos que tenían montado allí. Bajo la carpa habían dos guardias, estaban ataviados con una armadura que a Fayt le pareció ridícula hasta decir basta. Uno de ellos estaba sentado sobre una mesa dónde reposaba un pergamino con una lista casi interminable de nombres, la mayoría de ellos, tachados. El hombre, que aunque vestía la armadura, no llevaba aquel gorro de lino blanco, largo y puntiagudo.

Le preguntaron el nombre, y otros datos más que le parecieron irrelevantes. Le obligaron a desnudarse, para la desgracia de Fayt, y estuvieron largo rato mirando su cuerpo y los músculos de los brazos. Cuando les fue suficiente, el del pergamino le preguntó:

¿Nos enseñas tu arma?

¿Que arma? —Fayt se adelantó, ya otra vez vestido con su ropa habitual, extendió su mano y la puso sobre la mesa— ¿esta?

¿Te burlas de nosotros, chico? Anda. ¡Fuera de aquí!

Fayt se hubiera ido, todo aquello le parecía, por ahora, una tontería. ¿Todo aquel tiempo esperando para tratar con unos idiotas? Contuvo las ganas de romperle la cara al guardia para suspirar, y responderle al susodicho:

No necesito ningún arma.

Entonces demuéstrelo —sugirió, apoyando sus codos sobre la mesa de caoba, y entrelazando tranquilamente sus dedos.

Vale —repuso Fayt. Levantó la mano derecha por encima del guardia, que por un instante reaccionaron con los ojos abiertos, pero Fayt la dejó caer sobre la mesa, resquebrajándola al instante y partiéndola en dos. El guardia perdió el equilibrio y se cayó de bruces sobre la madera astillada y rota, pero Fayt lo ayudó a levantarse. Estaba confundido, pero lo que había hecho el joven era una gran prueba de fuerza, y lo aceptó bajo la incredulidad de los otros dos. Fayt salió de la carpa, y con el salvoconducto que le dieron, pudo entrar en la esplendorosa ciudad. Había salido airoso, al menos por ahora.

Antes de que entrara por las puertas que delimitaban la urbe, un caballo, aparentemente desbocado, galopaba hacia él, sin cambiar de dirección. Fayt dio un salto hacia un lado para que no lo embistiera, pero cuando pudo girar la cabeza y ver al animal asustado, lo reconoció al instante. Se trataba de "Hada", pero... ¿No le había dicho al estúpido de Deren que se hiciese cargo de él? A lo mejor ya estaba demasiado ocupado tratando de cuidar al uro que tiraba de su carruaje.

Fayt comenzó una carrera por detrás de la yegua, y acabó encontrándola a pesar que la había perdido desde un principio. Pero no estaba sola, de hecho, la acompañaba el que, quizá sea, el ser más extraño que haya visto Fayt nunca. Pero no era de sorprender, pues apenas el monje había salido a conocer mundo después de su largo encierro en el templo de Ehrinias. No había tenido la oportunidad de conocer el fantástico físico de los Diviums. Seres alados, en cuya espalda le brotaban sendas alas.

La divium estaba consolando a su animal, y lo acariciaba con suma delicadeza en el hocico con unos dedos finos y largos. La joven tenía un cuerpo aparentemente pequeño, melena anaranjada y recogida en una trenza, piel delicada y suave, de color azulado a los ojos de Fayt. Las facciones y las curvas de su rostro eran lisas, y seguro que agradables al tacto. Al principio no tuvo reparo en sonrojarse ante su belleza, pero "Hada" era su yegua, había pasado mucho tiempo con ella y no iba a dejar que se la robaran así como así, aunque fuera una especie de ángel. Parecía como si le estuviese hablando con el caballo.

No se le lava la mente a los animales —Fayt chasqueó varias veces la lengua, como si estuviera reprendiendo a la Divium.

¿Crees que eso es lo que pretendo? Es un hermoso animal y parece perdido. ¿Tú quién eres de todos modos, para hablarme de esa manera?

Pues podría ser tu padre, o tu abuelita. Pero resulto ser el dueño de ese caballo al que estas manoseando —replicó Fayt con un puchero mal fingido, haciendo uso de su más vulgar sarcasmo.

La divium alzó la cabeza y pareció guiarse por el sonido de su voz, más que por la mirada. Quizá era porque la chica no mantenía su mirada, y muchas veces cerraba los ojos cuando los necesitaba abiertos, pero había algo extraño en aquella Divium que no le terminaba de encajar.

Ah sí? pues para ser su dueño pareces bastante descuidado. Y arrogante. ¿Quién deja su caballo tan a la deriva? Si yo tuviera algo tan preciado lo cuidaría mejor...

Fayt frunció el ceño en un gesto de furia. No había sido su culpa, sino la de aquel bobo tabernero.

Yo la cuido muy bien —aseguró Fayt. Acercándose al jamelgo empujó a la divium hacia un lado y comenzó a acariciarla en el hocico. Cerró los ojos intentando imitar a la supuesta ladrona, como concentrándose. Seguro que intentaba seducir a la pobre "Hada" metiéndole tonterías en su cabeza de caballo. Pero "Hada" en vez de responder a su llamada, bufó con fuerza, escapándosele la babilla al animal e impactando en el semblante del monje. Se alejó de él trotando para volver con la divium.

¡Vaya! Con que así me lo agradeces... ¡YO TE COMPRABA LA ALFALFA TODOS LOS DÍAS! —bramó el chico, perdiendo por un momento la compostura.

Para la sorpresa de Fayt, la divium exhaló una sonora y tierna carcajada. Fayt arqueó la ceja. Parece que la conversación estaba a punto de tomar un cáliz muy diferente del como había empezado. La chica alada le explicó que no quería robarle el caballo, que su encuentro fue totalmente casual, para su segunda sorpresa, la joven preguntó por él. Tenía la sensación de que no lo miraba a los ojos, e intentaba buscarlo entre la oscuridad. ¿Acaso era ciega?

Vaya, parece que si es tu caballo. ¿Lo habías perdido? Lamento si parece que intentaba robarlo. Es solo que hacía mucho tiempo que no convivía con uno y me gustan tanto...

No te preocupes por eso —Fayt se acercó a ella, más tranquilo, estaba a la distancia perfecta para que Kyra pudiera tocarlo, y escuchó como su voz se acercaba cada vez más a ella, sin ningún tipo de hostilidad— perdóname a mí, a veces no puedo controlar mi ira.

Mi nombre es Kyra Rainbow. ¿Y tú, desconocido? ¿Cómo te llamas?

Era una manera muy curiosa de llamarle. "Desconocido", esperaba que fuera la última vez que lo llamase así. La joven había extendido la mano en el aire para que Fayt fuera a buscar la suya, y así lo hizo. La mano de la divium era cálida, suave y acogedora, sentía que si la apretaba un poco más se rompería en mil pedazos, como si estuviese hecha de cristal.

Fayt Reeden— el joven se acercó al animal para tomar las riendas que sujetaban el bozal del hocico— "Hada" tenemos que irnos, quiero visitar la ciudad antes de que empiece la cacería.

¿Entonces te postulas para el puesto de mejor cazador? Vaya, eso pensaba hacer yo, sólo que no conozco el camino...

Fayt se volteó hacia Kyra. Entonces si era verdad, la joven era ciega. Porque si no, no le habría preguntado algo como aquello. Aunque, valoraba ante todo la osadía de presentarse a pesar de ese gran defecto. No sabía si lo que sintió fue compasión o algún otro sentimiento lo que le hizo decir lo siguiente:

Puedes montar a "Hada", yo te llevaré a la ciudad.

Fayt condujo a la divium de nuevo a la carpa, durante el camino, le explicó que en la frontera de la ciudad era dónde se aceptaban o rechazaban a los guerreros y cazadores para entrar en el torneo. Al principio se pavonearon de ella, los guardias afirmaron que no podía participar si estaba ciega, pero sólo hizo falta una pequeña demostración de lo que podía hacer la Divium para que aquellos insensatos se lo pensaran mejor.

Al principio parecía no importarle, pero se alegró de que la aceptaran. Ella volvió a subir en "Hada", que por lo visto, se había acostumbrado a llevarla encima. Al ser aceptados los dejaron pasar a la ciudad, y de ahí, directamente a un edificio enorme donde pasaron la noche unos días antes de la selección final.

Cuando llegó el día esperado, los llevaron a una sala. Era espaciosa, y guardaba dentro un laberinto descomunal de paredes anchas y altas. A un lado de la sala habían cientos de sirvientes trajinando con lo que parecía ser bestias de todo tipos y tamaños que reposaban en jaulas descomunales. A ellos se acercó un hombre de elegante porte y un traje caro de color violeta. Parecía un erudito con su inmensa barba blanca, pero resultó ser el tal Cid que gobernaba la ciudad.

En todo lo que duró la charla, Fayt estuvo contemplando la belleza de Kyra, desde lejos. No sabía porque a ratos apartaba la mirada cuando parecía que giraba la cabeza hacia él, pues no tenía manera de saber si estaba o no mirándola. Cuando todo el mundo pareció moverse Fayt ayudó a la divium, y le tocó el codo para llamar su atención, pero no tuvo problemas en seguir los pasos de la gente hacia la entrada del laberinto.

"¿Más pruebas? Si seguimos así no quedará nadie para participar..." pensó Fayt justo cuando el primero entraba dentro del laberinto para cazar la primera presa. El mecanismo era simple, pero complejo de llevar. Básicamente había que cazar al animal dentro del laberinto y luego volver sobre tus pasos, cosa obviamente difícil, ya que te podías perder ahí dentro. Por si lo dicho fuera poco, había que hacerlo en el breve plazo de una hora.

El primero, un zagal totalmente seguro de sí mismo entró, y completó la prueba sin despeinarse, alzando ante los demás un trozo de oreja de la desgraciada bestia a la que dio muerte.

El segundo participante se trataba de un ninja enano, o niño, de todos modos era bastante pequeño pero muy rápido. Llevaba la cara cubierta totalmente por un pasamontañas ajustado a su ovalada cabeza. En el momento en el que empezó a correr el tiempo, corrió hacia el laberinto como una exhalación y por allí desapareció.

Fayt estaba muy nervioso, pero pronto vino Kyra a hablarle.

Fayt Redeen, ¿Querrías que cazáramos juntos?

Fayt no tuvo reparos en buscar la mano de Kyra y sopesarla entre las suyas. Quizá así se sintiera un poco más
protegida en su mundo lleno de oscuridad.

Sí, si dejas de dirigirte a mí por mi nombre completo.

Muy bien, Fayt. ¿Cómo cazaremos un animal en un laberinto? Yo lo puedo localizar pero no sabría cómo regresar.

Tú eres la cazadora, yo seré tus pies, te subiste a mi caballo y ahora lo harás a mi espalda.

La idea de formar pareja con Kyra no le molestaba, de hecho, era la mejor decisión que había tomado después de que aquel viejo lo nombrara. Suponía que Cid quería ver también algo de trabajo en equipo, a pesar que el ganador solo podía ser uno.

Era el turno de ambos. Uno de los sirvientes dejó suelto a un jabalí verrugoso con aspecto de ser muy agresivo y lo atizó hasta que salió corriendo por una de las vías, perdiéndose en el entramado de muros, chillando y resoplando. Fayt cargó a Kyra en su espalda como tenía pensado hacer, pero antes de poner un pie sobre la entrada del laberinto.

Cuando avances por el laberinto, Fayt, arráncame una pluma y tírala al suelo. De ese modo sabremos cómo regresar. Y recuerda, cuando yo te diga que encontré al animal, quédate muy quieto o no podré disparar.

¿Estas... segura? Bueno, aún así, tú guíame hacia dónde tengo que ir. A las piernas hace falta guiarlas.

Sí. Ahora, corre como si se te fuera la vida en ello— respondió la divium.

A sus órdenes. ¡Iiiiiihh! — Fayt hizo el amago de imitar el relincho de un caballo, cosa que le salió mal, por no decir horrible.

Era todo cuanto necesitaba saber. Cargo la divium en su espalda, y apenas pudo sentir su peso. Fayt hizo uso de su gran capacidad atlética y emprendió por los intrincados pasillos que formaba el infernal laberinto. Por cada esquina que cruzaba, cada bifurcación entre dos o tres, le arrancaba una pluma a la divium, brillante y bonita, cada una de un diferente color, y lo tiraba al suelo. Eso serviría para marcar el camino de vuelta.

La divium no tardó de encontrar al animal, nada más girar una esquina, allí estaba, rezongando e intentando encontrar el camino de vuelta. El animal hozaba de cansancio y parecía perdido, pero cuando los vio acercarse, comenzó a huir.

Kyra no lo iba a permitir, su olfato y sus oídos estaban bien entrenados, se imaginaba a aquel cerdo corriendo delante de ellos por el ruido de las pisadas sobre la piedra y los agudos chillidos que exhalaba. Fayt se mantuvo quiero, y supo que Kyra había disparado por el silbido que provocó la flecha al emprender su vuelo. Poco después, el animal caía de bruces contra el suelo en un espantoso gruñido de dolor. El monje ya jadeaba, pero su resistencia era notable, y no iba a rendirse fácilmente. Dejó que la divium saltara desde sus hombros y se abalanzó contra el desgraciado animal, que pugnaba por seguir corriendo a pesar de tener una pata herida.

Su presa, mi estimado compañero.- dijo y se quedó quieta, arco preparado y oído atento, pero sin disparar, sólo esperando.

Fayt lo intentó estrangular, pero el jabalí tenía el cuello demasiado grueso y todavía le quedaban fuerzas para defenderse. Se zafó del agarre de Fayt y fue a golpearle con el hocico, pero el monje lo esquivó retrocediendo.

Entiendo, quieres hacer esto por las malas... —murmuró, girando y estirando su pierna para acabar con el jabalí de un tremendo puntapié. Al parecer le había roto el hocico con la patada, pues el animal se derrumbó, soltando sangre por la boca. Fayt estaba aliviado la pensar que Kyra no vería tal atrocidad, y la que haría a continuación.

El monje agarró uno de los colmillos laterales y comenzó a forzarlo. Su rostro se frunció y las venas de su cuello se dilataron momentáneamente, pero finalmente, en un crujido, el diente cedió, y tras un breve reguero de sangre que logró mancharle la chaqueta anaranjada, le sacó el diente al jabalí.

Nada más conseguirlo, Fayt puso el colmillo en su boca, sujetándolo con los dientes, y recogió a la divium en sus brazos. Sus manos tocaron en ese instante los instante los suaves y tersos muslos de la joven, pero el tiempo corría y no tenía tiempo de pensar en esas cosas.

Vamoj, prinjcesa, yo la jalvaré y la jacaré de este jastillo —dijo con la boca ocupada con el colmillo.

Fayt volvió sobre sus pasos, y no fue difícil hacerlo, pues las plumas que había dejado en el suelo le guiaban hacia la entrada. Corrió y corrió como pudo, pues no sabía cuánto tiempo habían tardado en encontrar al animal. Gracias a la agilidad de Fayt, la carrera de vuelta sólo duró unos 10 minutos de bifurcación en bifurcación, siguiendo el camino de las plumas de colores.

Cuando solo faltaba un pequeño trecho para la salida estaba ya casi al borde de la extenuación. Unos cuantos pasos más, y emergieron finalmente del laberinto.

Fayt escupió el colmillo, que rebotó con un sonido hueco en el suelo. Llevaba a la divium aún entre sus brazos.

Bien, ahí está el estúpido trofeo. ¿Podemos participar ya?

Uno de los sirvientes que ayudaban a organizar la prueba lo corroboró, habían llegado en los últimos 5 segundos antes de que pudieran haber contado una hora desde que emprendieron la caza.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Kyra Elyadme el Sáb Jul 07, 2012 2:10 am

Entre las muchas cosas que Kyra lamentaba haberse quedado sin apreciar en su extensión era el mar. Conocía los ríos, las cascadas, los riachuelos, los lagos. En Dhuneden abundaban y se había divertido a sus orillas, incluso había jugueteado un par de veces junto a elfos en sus pequeñas embarcaciones. La cultura con la que había crecido opinaba que el curso del agua era un canto en sí mismo y escucharlo era el placer de los pacíficos, vibrantes elfos inmóviles.

Pero durante todos los años que Kyra pasó, sana y casi feliz, entre aquellos seres delicados, nunca admiró el mar. No sabía cómo era, aunque, como todo, había oído poéticas explicaciones, incluso algunas canciones. Todos hablaban de su inmensidad, de su intenso color azul, de su engañosa personalidad. Su aria era potente, mística, atrayente, peligrosa, mientras se alejaban las olas se alejaba tu corazón y también los cuerpos mismos. Se podía morir en el agua salada y también respirar su inmensidad.

Aún así, Kyra no tenía otra opción que cruzarla para llegar a los Archipiélagos. Desde que se había separado de Sanny, la hörige que conoció en Akhdar, había errado sin mucho éxito en los caminos aledaños, intentando ser útil en el comercio que allí se realizaba pero peligrando mucho por ser un objeto llamativo que podría ser vendido de conseguir ser cazado. Ella no quería quedarse allí y ya estaba planeando marcharse cuando Sanny, quien no quiso probar suerte lejos de su hogar, le leyó un pergamino que circulaba por todos los rincones de Noreth, según se rumoraba en los negocios y en cada conversación de los edificios de la zona.

¡¡¡YA HA COMENZADO!!!

ATENCIÓN a todos los cazadores y guerreros de Noreth, la Gran Cacería ya ha comenzado, después de diez años el evento vuelve a realizarse en la ciudad de Lindblum, tan solo los más grandes cazadores serán recibidos, los mejores guerreros y magos de todos los cuatro puntos, los participantes lucharan contra bestias desconocidas, probaran sus habilidades y fortalezas, y el ganador recibirá el tan afamado título de “EL MEJOR CAZADOR DE NORETH”, con lo que podrá tener acceso no solo a las tiendas de Lindblum, si no que podrá obtener uno de los propios tesoros de la ciudad, entregados de la propia mano de el rey Cid VIII, también recibirán recompensa el segundo y tercer lugar, aunque de menor valor.

¡¡¡ATENCIÓN!!!

No deje pasar esta oportunidad de ganar diamantes, fama, prestigio y por sobre todo, distinción entre cazadores y guerreros.


Kyra escuchó, como era su costumbre y no comentó nada. Su locuaz compañera, en cambio, le habló de lo genial que sería conseguir un premio como ese y cuán entretenido podría llegar a ser, a pesar del peligro. Sin duda, aunque fuera como espectador, lograr estar en semejante acontecimiento debía ser, sin duda, divertido. Kyra sonrió tristemente para su amiga y no comentó que ella no sería capaz de advertirlo, estuviera o no estuviera allí.
Pero de pronto la hörige dijo algo que la dejó pensando y que hizo que ya no encontrara paz ni razones para quedarse en Akhdar un día más:

"- ¿Sabes? Para variar, sería mejor ser cazador que cazado. Seguro que una chica pájaro como tú lo entiende.
Eran sólo palabras pero eso fue todo lo que obtuvo después de la maldición que cambió su vida. Así que Kyra, después de manifestar su acuerdo, no dijo nada en todo el rato. Fue a un lugar fresco a aliviarse del calor del desierto y, despeinada, reflexiva, se puso a pensar en qué tan buena idea sería intentar competir por un lugar para lograr ser una de las mejores cazadoras de Noreth.
Por supuesto, no era necesario que le dijeran sus limitaciones. Las conocía, todas y cada una de ellas. Nunca vería a sus presas, guiarse entre un lugar nuevo resultaba difícil cada vez, los otros aspirantes sin duda estarían mejor preparados que ella. SI no conocía a las criaturas que cazaba tal vez podría errar tiros y acabar en el estómago de alguna bestia feroz e incluso podía ser emboscada por algún otro asesino o guerrero.
Pero también tenía recursos y la divium las sopesó en silencio, sentada y aferrándose a su bastón como un recuerdo de su propia realidad.

Era una excelente arquera, mejor que muchos teniendo en cuenta su condición. Había cazado algunos animales cuando necesitaba carne y también había aprendido como adaptarse a su medio. Ella aún tenía alas e incluso con sus dificultades el oído, el olfato y el tacto se habían agudizado lo suficiente para compensar sus deficiencias.
También estaban las ventajas si existía la más mínima posibilidad de ganar u ocupar un puesto prominente. Los diamantes los necesitaba desesperadamente, el prestigio podría ayudarle a disminuir su propia vulnerabilidad aunque fuera por rumores de fama…
Y además, ¿No era eso lo que necesitaba? ¿Un desafío, un nuevo reto, algo que la ayudara a recordar que no estaba incapacitada ni era un estorbo ni alguien miserable que diera lástima?
Como decía Sanny, era mejor, para variar, resultar un cazador a seguir siendo cazada.
Kyra estaba harta de resultar una presa.
Y con esa conclusión, Alas Arcoiris tomó una decisión…

Despedirse de su amiga le costó más de lo que pensó. A pesar del poco tiempo que llevaban de conocerse, ella había apreciado los momentos que pasó junto a ella y estaba segura que querría verla de nuevo. Pero necesitaba alejarse del desierto y el esclavismo. Por sobre todas las cosas, necesitaba redescubrir quién era ella, forjarse una nueva identidad o morir en el intento. Por eso, recorrió los mercados de Akhdar y adquirió cuero y telas más suaves para hacerse un traje especial ceñido al cuerpo. Usó tiras de un material muy blando cuyo nombre no conocía para improvisarse unos zapatos con los que envolvió sus pies y adquirió una banda con la que, por primera vez en años, desenredó y trenzó la larga cabellera anaranjada. Adquirió también veinte proyectiles más de los cuarenta que le quedaban y una vez que los tuvo listos, anudó su bolsa de cuero a la cintura, tomó su bastón, se acomodó el preciado arco, consiguió con ayuda de Sanny un pasaje en un barco mercante para los Archipiélagos y se despidió
de su pasado así como de las dudas que aún le restaban.

Y así, mientras Kyra pasaba el tiempo en la cubierta del barco, sintiendo la fría brisa marina, el sabor a sal en su boca y el movimiento oscilante de la embarcación bajo su cuerpo, se la pasó pensando, calmando su alma y su mente, planeando, investigando.
Para su sorpresa, al capitán pareció caerle bien. Él no comprendía como una chica ciega y joven querría entrometerse en tan enrevesada empresa cuando podía hacer tantas otras cosas pero no le preguntó sus motivos ni la molestó. Le dio en cambio, información y charló con ella cuando se lo permitieron sus otras ocupaciones.
Le habló de la mejor entrada al Archipiélago de la Niebla, el lugar donde Kyra quería ir, que era algo parecido a una aduana y le describió con claridad las puertas de Lindblum, que sólo había visitado un par de veces. El capitán le dijo que solía ser un lugar tranquilo pero que no esperara una gran bienvenida al desembarcar. Todo había cambiado, constataba, la chica podía ser sacrificada en aras de otro con mucho más ambición.
Pero nada de lo que pudo decirle a Kyra la disuadió. Ella le dio las gracias cuando le permitió desembarcar en el puerto correcto, donde la ciudad permitía la entrada a los visitantes y le indicó la dirección hacía donde debía ir. Kyra no podía decir mucho, ciertamente.
Hacía frío y sentía como si agua la rodeara. Aquello era como una ilusión y se preguntó qué aspecto tendría el lugar donde estaba.

La divium prestó atención a los sonidos a su alrededor, muchos, variados, ricos y confusos.
Estaba el sonido de las olas al estrellarse contra la tierra a su espalda, ese canto imperioso y melancólico al que se acostumbró durante el viaje. Distinguía también el sonido de los barcos al encallar o deslizarse por las mismas salvajes, espumosas olas.
Luego estaba el sonido de ruedas a su alrededor y pisadas y la sensación del suelo, irregular, indistinto, cargado de un ambiente de tensión con el que Kyra sentía ganas de ponerse en guardia y apuntar a todos lados con el arco que llevaba al hombro.
No hizo nada de ello, sin embargo. Adaptó sus cuatro sentidos tomando nota de la temperatura, del espacio, de la tierra y de las breves conversaciones que llegaban a sus oídos atentos. Olió la sal, el barro, y otros aromas desconocidos en cualquier otra tierra que hubiese visitado jamás y se preguntó entonces qué haría inmediatamente.
El sonido de cascos y un suave relincho la hicieron distraerse de sus pensamientos y registros internos. Tanteó el suelo a su alrededor con curiosidad, establecida medianamente su orientación y se preguntó si lo que había escuchado podría llegar a ser un caballo.
Ella nunca había montado uno pero los animales le encantaban. El mismo humano que la había entrenado en los últimos días de su estancia en Dhuneden tenía una yegua de pelaje aterciopelado que la conducía a sus prácticas de tiro y con la que dormía cuando el jinete se lo permitía. Kyra amaba al animal y descubrió muy pronto que le gustaban las manzanas y que le cantara en élfico, cosa que le gustaba hacer a menudo.
Su gratitud con la gentil bestia y aquel recuerdo la hicieron seguir el origen del sonido cuando la criatura que en aquel momento se hallaba cerca piafó y se oyó su casco contra la tierra.

Conforme se acercaba, sentía la presencia de algo enfrente suyo, un cuerpo sólido y más bajo pero más ancho que ella. Alargó los dedos, curiosa, y las yemas sintieron pelaje y calidez.
Extendió la palma, oyendo de nuevo ese sonido característico. Sonrió casi para sí cuando algo le tocó la mano y apoyó la mano de manera que sintió la textura del belfo del corcel y lo contorneó en una caricia.
- Hola, belleza- le dijo con voz dulce mientras sus dedos seguían explorando aquella cabeza. Sintió la inquietud del corcel, como si no estuviese acostumbrado a semejante tacto y la caricia se hizo más determinada pero menos inquietante.
- Tranquilo, sólo quiero saber cómo eres- volvió a decir, no sabiendo si el animal era hembra o macho- Hace tanto tiempo que no me encontraba con una sensación tan bonita.
Se río un poco de sí misma y acarició una de las orejas del corcel, canturreando tal y como había hecho hace tiempo, en otro lugar, una situación menos similar.
Era extraño, pensaba ella, como se invertían las situaciones. La primera vez que “Vio” a un caballo con las manos, estaba tan nerviosa y fue el caballo el que la guió, el que aceptó sus vacilantes dedos sobre la testuz.
En cambio, ahora, era ella la que pedía permiso con su tacto y exploraba por voluntad propia, tan sólo para tener contacto con otro ser vivo.
Río de nuevo y oyó un relincho en respuesta.
- ¿De dónde vendrás y por qué alguien te habría dejado aquí?- le preguntó al animal a pesar de saber que éste no podía responderle.
Le susurró un par de frases en élfico a la criatura mientras sentía como el caballo se iba relajando entre sus dedos y entonces oyó pasos más cercanos que los que había oído hasta ahora.
-No se le lava la mente a los animales- una voz que parecía dirigirse a ella hizo un sonido reprobatorio. Ella trató de localizar el sonido y contestó en su dirección, sin soltar al jamelgo.
- ¿Crees que eso es lo que pretendo? Es un hermoso animal y parece perdido. ¿Tú quién eres de todos modos, para hablarme de esa manera?-
— Pues podría ser tu padre, o tu abuelita. Pero resulto ser el dueño de ese caballo al que estas manoseando — respondió la voz, haciendo que Kyra enrojeciera entre la vergüenza y la confusión al ser interpelada de semejante modo. Quizá era natural de parte del dueño al encontrarla en semejante situación pero a Kyra se le ocurrió que ella no podía saber que el que hablaba era en efecto, el dueño de la espléndida criatura que
sostenía.

— ¿Ah sí? pues para ser su dueño pareces bastante descuidado. Y arrogante. ¿Quién deja su caballo tan a la deriva? Si yo tuviera algo tan preciado lo cuidaría mejor...- contestó a su vez, devolviendo el reproche que sintiera en la voz del desconocido y no gustándole que la reprimieran por lo que había sido, sobre todo, una casualidad.
— Yo la cuido muy bien — aseguró entonces la voz, que para entonces, Kyra ya había identificado como varonil pero límpida, no demasiado grave ni ronca.
Pensó en qué decir pero no tuvo tiempo al notar como unas manos la apartaban del caballo. Reprimió el impulso de protestar, al recordar que, incluso aunque el corcel no fuera del dueño de la voz, a ella tampoco le pertenecía. Empezó a caminar hacía su verdadera meta, sin decir nada más, cuando escuchó un pequeño relincho, el trote de cascos y sintió en su brazo, aquel que empuñaba el bastón, el toque de un hocico.

— ¡Vaya! Con que así me lo agradeces... ¡YO TE COMPRABA LA ALFALFA TODOS LOS DÍAS! — oyó la voz masculina detrás de ella y comprendió que el animal la había seguido a ella.
Volviéndose y tanteando el cuello y lomo del caballo, Kyra encontró la silla de montar, lo que hizo que entendiera que, probablemente, la voz tenía razón, aquel hombre era dueño de un caballo que la prefería a ella. Sonaba tan gracioso que Kyra se echó a reír y acarició de nuevo al alazán.
- Paciencia, belleza, parece que a tu dueño si le importas después de todo le susurró al animal y orientó su bastón hacía donde el bramido del airado propietario parecía tener origen.
- Vaya, parece que si es tu caballo. ¿Lo habías perdido? Lamento si parece que intentaba robarlo. Es solo que hacía mucho tiempo que no convivía con uno y me gustan tanto...-
— No te preocupes por eso — el tono de su interlocutor parecía haberse relajado tan rápido como se había alterado- perdóname a mí, a veces no puedo controlar mi ira.

Eso de perder el control de las emociones, Kyra lo podía entender. Recordaba cómo era cuando ella se descontrolaba, lo fácil que era hacer cosas que no querías realmente.
- Mi nombre es Kyra Rainbow. – decidió presentarse, al menos para dar a entender que no había de qué preocuparse y extendió la mano hacía el vacío para que él la estrechara, una costumbre que Sanny le había enseñado al presentarse ante alguien más - ¿Y tú, desconocido? ¿Cómo te llamas?-
-Fayt Reeden- respondió el ya no tan desconocido, que también le habló a su corcel- Hada" tenemos que irnos, quiero visitar la ciudad antes de que empiece la cacería.-

Aquella frase tan sencilla despertó muchas emociones en la divium. Una, diversión por el nombre tan peculiar para un caballo. Dos, interés, expectación y extrañeza por encontrar a alguien que parecía encaminarse al mismo desafío que ella. Y tres, una extraña empatía con alguien del que acababa de saber el nombre por la conexión de un recuerdo amable de su pasado…
— ¿Entonces te postulas para el puesto de mejor cazador? Vaya, eso pensaba hacer yo, sólo que no conozco el camino...-
Lo dijo sin pensar, revelando más de lo que hubiese querido en otro momento. Se quedó tan sorprendida al pronunciar aquellas palabras que casi se arrepintió de decirlas y no dijo nada más.
Pero Fayt habló por ella. Y lo que dijo la dejó tan asombrada como sus propias palabras.
- — Puedes montar a "Hada", yo te llevaré a la ciudad.

En cualquier momento, ella hubiera puesto peros. “¿De verdad?” “Pero si apenas nos conocemos”
“No, gracias, prefiero ir yo sola” O quizá hubiera dicho orgullosamente: “No necesito tu ayuda”
Pero la voz sonaba amable y en el fondo Kyra ardía en deseos de compartir más con “Hada”.
Así que tanteó a la yegua (ahora al menos sabía que era hembra) hasta que encontró el estribo y, ajustándose el bastón a la cuerda que sujetaba su saco de cuero en la cintura, montó, ágil a pesar de su inexperiencia.
Luego se quedó quieta y con las alas plegadas, con miedo y excitación a partes iguales, deslizando sus dedos hasta que encontró las riendas y acariciando a la yegua tanto para tranquilizar tanto a Hada como a sí misma, sintió como se ponían en marcha.

Puso mucha atención a lo que la rodeaba, tanta, que no dijo nada más hasta que llegaron, cuando ella se deslizó del caballo y se orientó hacía la fila de aspirantes que esperaban su turno de demostrar su valía.
Por alguna razón, el jinete y su montura la acompañaron. Ella supuso que era para inscribirse al tiempo y en su lugar se concentró en los que organizaban el torneo.
Ella en realidad no sabía muy bien como estaban las cosas. Fue Fayt quien le explicó un poco antes cómo estaba dispuesto todo, haciéndola comprender no sólo eso, sino también que él se percató de su deficiencia visual. Kyra asintió sin comentar nada y una vez frente a los guardias, esperó que le pidieran algo, tuviera que rendir cuentas de sus propias habilidades.
Éstos, cuando la vieron con el bastón y la mirada perdida, se rieron de ella. Le preguntaron lo mismo que el capitán del barco, que cómo podía imaginar entrar en el Torneo si era ciega.

Como siempre que la subestimaban, ella se enfadó, tomó su arco y sacó uno de sus preciosos dardos. Enfocó su respiración, escuchó las risas y las voces, ubicó espacialmente a aquellos jactanciosos hombres y apuntó y disparó en un movimiento simultáneo, horadando la manga del que se reía más fuerte.
- Se puede ver con algo más que los ojos- les dijo ella secamente entonces y ellos dejaron de reírse, aceptándola sin más obstáculos.
Era el momento oportuno para que Redeen se inscribiera también pero no lo hizo y cuando ella avanzó junto a los demás que habían sido aceptados, escuchó sus pasos y a su caballo a su lado, pero ningún comentario.
Caminaron y luego se detuvieron. Un gran silencio reinó en el recinto o el lugar en el que se suponía que estaban y que Kyra no tenía modo de describir hasta que alguien más les dirigió unas palabras:

-Bienvenidos al primer paso de la gran cacería, siéntanse afortunados por que han sido merecedores de quizás uno de los pocos eventos que llegan mas allá de la frontera, más aun no pueden participar completamente, ya que aun falta una última prueba y no desesperen, tan solo es una prueba de cacería simple, para ver quienes realmente están aptos para enfrentarse a los riesgos que entraña este evento, en nombre de Cid VIII les doy la bienvenida y si me siguen, conocerán la última prueba antes de estar tan solo a un paso del título del Mejor Cazador de todo Noreth-

Ella sintió como una mano se posaba en su codo, como instándola a moverse cuando ese pequeño discurso acabó y se puso de nuevo en movimiento, oyendo a su alrededor a otros más hacer lo mismo. Más pasos, de nuevo inmovilidad.
Más palabras.
-Esta es la última prueba, una simple prueba de cacería, cada uno de los participantes o si lo prefieren en pareja, tendrá la misión de cazar un animal previamente soltado dentro del laberinto, tengan en cuenta que no solamente está el hecho de que deben de cazar al animal al interior de este lugar, sino que también deberán de traer una prueba de ello, una cornamenta, una pata, su piel o su cuerpo, y aun así, la dificultad no solo es cazarlo, si no que deben de volver a este lugar nuevamente en menos de una hora, los animales soltados en su mayoría son tranquilos, aunque puede que haya excepciones, aun así son hábiles y rápidos y un mal cálculo puede hacer que pierdan totalmente su oportunidad y deban de esperar nuevamente diez años-

Una hora. Un Laberinto. De pronto, fue como si la divium se diera cuenta del reto que tenía por delante, de lo difícil que sería para ella. Y las palabras “o si lo prefieren, entrar en pareja” sonaron mágicas.
En toda aquella maraña de información, mientras esperaba su turno, sólo se le ocurrió para solventar su deficiencia, una idea de superviviente, de ambicioso que quiere conseguir lo que desea: había alguien a su lado que podía entrar con ella.

- Fayt Redeen, ¿Querrías que cazáramos juntos?- ofreció mientras tres de sus sentidos tanteaban lo que podían de su alrededor y su corazón latía fuertemente en su pecho como la esperanza que, desbocada, crecía y decrecía según la emoción que circulaba por las venas de Kyra en aquellos tensos minutos. Todo aquello se convirtió en una extraña y hasta ahora desconocida sensación en el pecho cuando sintió por segunda vez la mano de Fayt entre la suya, como una llave en una cerradura, encajando perfectamente.
- — Sí, si dejas de dirigirte a mí por mi nombre completo.- dijo él y la alegría se extendió por todo el semblante de la muchacha.
[b]- Muy bien, Fayt, ¿Cómo cazaremos un animal en un laberinto? Yo lo puedo localizar pero no sabría cómo regresar.-
reflexionó entonces la divium, centrándose en el objetivo.
- Tú eres la cazadora, yo seré tus pies. Te subiste a mi caballo, ahora lo harás a mi espalda

Kyra pensó que eso hubiera sido divertido si tan sólo lo hubiera podido ver. Pero como no podía, sonrió y, soltando momentáneamente la mano de su compañero, se movió a su alrededor, sus dedos tanteando a la altura de su espalda. En cuanto pudo ubicarse, se equilibró, ascendiendo sobre Fayt y aterrizando sobre sus hombros tan suavemente como pudo. Sus piernas quedaron a ambos lados del monje y ella tuvo cuidado de no lastimarlo ni con las alas ni con el arco, que fue lo que más le costó acomodar. A él le entregó su bastón, que en esa posición no podía transportar.

Una vez lista, desplegó sus alas lo más que pudo sin llegar a ponerlas en posición de volar y susurró a Reeden:
-Cuando avances por el laberinto, Fayt, arráncame una pluma y tírala al suelo. De ese modo sabremos cómo regresar. Y recuerda, cuando yo te diga que encontré al animal, quédate muy quieto o no podré disparar-
Bajo su tacto, la mujer alada percibió como aquella persona titubeaba, dudaba.
- - ¿Estas... segura? Bueno, aún así, tú guíame hacia dónde tengo que ir. A las piernas hace falta guiarlas.-
Kyra se apartó el cabello de la cara.
- Sí. Ahora, corre como si se te fuera la vida en ello- respondió.
- - a sus órdenes iiiiih – oyó que el otro le decía, haciéndola reír hasta que él echó a correr tan rápidamente que ella sintió como el viento azotaba su rostro y sus alas temblaban.

Por ello, apenas sintió cuando Fayt iba despojándola de las plumas de la parte baja de sus alas, concentrada tan sólo en los sonidos más allá de las veloces piernas de su aliado.
No era la primera vez que cazaba animales, aunque aquella vez era un poco atípica. Nunca la habían apremiado con el tiempo ni eran otros los pies que la guiaban pero era increíble lo fácil que resultaba oír la marabunta de sonidos y olores sentada en los hombros de alguien más.
Dudó durante algunos minutos, percibiendo criaturas pero no queriendo una criatura demasiado pequeña o no terrestre.

Pero pronto sus oídos percibieron algo que le pareció maravilloso: el sonido del rápido correr de una bestia escapando de aquellos pies ágiles que se iban acercando poco a poco. Ella no sabía qué era, sólo podía suponer que era pesado y posiblemente grande.
- ¡A tu izquierda!- señaló Kyra a Fayt- Gira donde puedas hacía la izquierda, la criatura está muy cerca.

Sintió el cambio de dirección de su compañero y oyó la potencia de un recorrido, de una huida.
- Derecha- murmuró, los oídos más atentos que nunca. – Izquierda… ¡Allí, puedo olerlo! Corre Fayt, corre...
Ella sintió el aumento de velocidad y también cómo ascendía de intensidad el sonido de las patas del animal al acercarse ambos. Ella tomó su arco con su mano libre, por encima de la cabeza de Fayt, el dardo listo.
Se acomodó al correr de su compañero, a la sensación del aire, que era perfecto para indicar la dirección de su disparo y a la propia adrenalina que circulaba por sus venas mientras corrían.

Sintió su brazo, el arco, el proyectil, la cuerda. Disparó y oyó la “voz” del animal y un sonido potente, quizá una caída o un tropiezo, no estaba segura.

Se posicionó mejor en los hombros de Fayt y, arco todavía en mano, saltó hacía atrás, liberándolo de su carga, permitiéndolo hacer lo propio con el animal que cazaban, sabiendo que no podía volver a disparar por temor a herir al propio hombre.
- “Su presa, mi estimado compañero”.- dijo y se quedó quieta, arco preparado y oído atento, pero sin disparar, sólo esperando.
Su oído oyó a su compañero y al animal forcejeando y luego un ruido que parecía un impacto así como el chillido de la bestia que había sido derrotada. Cuando, por todos aquellos sonidos y el olor a muerte Kyra estuvo segura de que todo había salido bien, aflojó su postura de arquera, colgó su arma y guardó su dardo. Iba a decir algo pero no tuvo tiempo.

Sintió como dos poderosos brazos la alzaban antes de que pudiera decir algo en contra y percibió la voz masculina hablando como obstruida mientras Fayt echaba a correr de regreso con ella en brazos.

— Vamoj, prinjcesa, yo la jalvaré y la jacaré de este jastillo — Kyra no contestó a esto, estaba tratando de acostumbrarse ante la idea de ser sostenida de esa manera por primera vez en su vida.
Nunca, ni siquiera en su posición, alguien la había cargado para llevarla en volandas. Resultaba…
Kyra simplemente cerró los ojos, que aunque no le servían para nada, hacían que las pestañas largas le molestaran por el viento chocando contra ellos con la velocidad y trató de relajarse – sin mucho éxito- mientras Fayt corría y corría.

Supo cuando llegaron a su destino no sólo porque Fayt se detuviera sino por un sonido extraño muy cerca de su cabeza y una frase, ya inteligible, del cazador:
- — Bien, ahí está el estúpido trofeo. ¿Podemos participar ya?
La muchacha no dijo nada hasta que estuvo segura que aceptaron la prueba. Entonces, con una voz ligeramente más ronca y tímida, dijo con cierto nerviosismo:
- Esto ha sido estupendo, Fayt, pero, ¿Podrías bajarme ya?
Era incómodo estar tan cerca de alguien cuando tenía los oídos tan aguzados y la piel de tacto tan sensible…
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Lairë Tinúviel el Miér Jul 11, 2012 9:17 am

Salir de Erithrnem había terminado siendo una casi-aventura. Con mis 20 flechas y un mechón cortado a cada lado para compensar el corte de la maldita furcia esa, anduve por el borde, consciente de que me podían esperar más peligros que ayudas, hasta que milagrosamente divisé, a lo lejos, un carromato. Me paré en medio de su camino y esperé a que se acercara lo suficiente para hacer señas. En seguida se pararon y el conductor avisó dentro, de donde salió un hombre ya mayor, para ser humano, probablemente con la mitad de mi edad, que me preguntó qué deseaba.

- Disculpen por la molestia -empecé, inclinándome un poco, yo solo soy una niña, para ellos-, pero ¿podrían ayudarme a llegar a algun sitio con población, por favor?

- Claro que no, claro que no -y empezó a reírse, separando un poco las lonas.

- Muchas gracias.

Al entrar, había alguien más, escondido tras su capucha, que estaba allí. No entendía por qué se rieron, pero supuse que era algún tipo de broma interna. La respuesta la tendría algunos días más tarde, durante los cuales el encapuchado siguió tan misterioso y los humanos se adaptaron a tener a una chica a bordo.

No fue hasta el tercer día que sucedió algo inesperado. Yo estaba intentando tallar un trozo de madera, tal como había visto hacer a algunos de los nuestros que habían convivido con los salvajes, cuando de repente el carro se paró y se oyeron ruidos y, más preocupante, relinchos.

- ¡Pare el carro! ¿Llevan algo de valor? -oí que decía una voz, y mis instintos se dispararon. Nos asaltaban.

- No se preocupen, yo me encargo -susurró el humano, saliendo-. Queridos compañeros, lamento mucho negar tal hecho, solo somos pobres hombres que perdimos todo lo que poseíamos salvo este viejo carromato, y que nos dirijimos a probar fortuna en nuevas tierras.

- Eso no se lo cree nadie -se oyó un ruido sordo y seco, que identifiqué con una bofetada-. ¿Qué proteges, viejo necio?

- Nada, se lo juro, nada...

- ¡No te creo! ¡Registrad el carromato!

Tras esas palabras mágicas el encapuchado se irguió, pero yo estaba demasiado ocupada dejando las dagas sujetas a mis brazos con las tiras de cuero que le había robado a la Drow y sacando una flecha como para prestarle atención. Mi vida era lo más importante. Si no se sabía defender, era su problema, no mío.

Oí pasos a mi lado y vi un movimiento entre las telas, justo a tiempo para echarme un paso hacia atrás y dispararle al asaltante justo entre los ojos.

- ¡Un elfo! Maldito bastardo, ¿creías que podrías engañarnos? ¡No mereces vivir! Atacad el carromato, ¡que no escape nadie!

- Humanos...

Me acerqué, quizás imprudentemente, al borde de la tela, para poder observar por la rendija como dos sabandijas intentaban atacar por el otro lado para tomarme desprevenida mientras uno, más cerca, más fuerte y espada en mano, venía directo hacia mi, de cara. Le disparé una flecha que le dio en el brazo derecho, pero cambió la espada de mano y atacó contra las telas, sin molestarse a apartarlas. Oí detrás mío un sonido extraño y de reojo pude ver como el desconocido abría las telas, sorprendiendo a los atacantes.

Solté, con un movimiento que los días de ociosidad me habían ayudado a practicar, las dagas de mis brazos, lanzándolas juntas, una detrás de la otra, de modo que al apartar la primera con la espada, quedó al descubierto para que la segunda se le clavara en la garganta, desprotegida. Salté al mismo tiempo que oía gritos de agonía y un penetrante olor a carne quemada impregnó mis fosas nasales. Pues no será tan inútil el desconocido, después de todo... Aunque un guerrero seguro que sería mejor.

- Vaya, vaya, vaya... Así que estos dos humanos escondían a una joven guerrera elfa y a un mago... Podría venderos a buen precio...

- Eres idiota si crees que tras matar a tus esbirros podrás siquiera con uno de nosotros.

- Exactamente. Si yo fuera tú, carroñero reptante, esperaría a que las llamas de la muerte te abracen, porque no durarás ni un segundo -tras una pausa, prosiguió con una voz no tan agresiva-. Me place estar de acuerdo con usted, dama. -Oh no. Oh no. OH NO. No mires, Lairë, debe haber sido tu imaginación... No mires, no puede serlo. No puede ser él. Mi mente bullía, pero la ignoré.

- Pensándolo mejor, no quiero oler a carne quemada. ¿Le place, señorita, atacar usted a tan despreciable e inmundo ser?

No lo es. No lo es, no lo es... Di un salto hacia atrás colocando una flecha en el arco y disparo, fallando al dar contra su espada, pero mi puntería es demasiado buena, y la segunda sí que le dio. Oí unas palabras, élfico. No es él... Y un rayo amatista salió de su mano, estampándose contra tan rastrero ser. Aproveché para, sin prisas, recoger mis dos dagas y acercarme a él.

- Nunca más volverás a atacar a nadie, sucia sabandija -y le desgarré el cuello. Empezaba a tomarle el gusto a ello... Y había quedado un poco mejor que la primera vez, quizás porque había usado las dos a la vez, una desde cada lado...

- Buena lucha, señorita.

- Tengo un nombre. Me llamo Lairë Tinúviel, soy... -pero su voz, justo un tono más grave de lo que la recordaba, melodiosa usando el élfico, dialecto lunar, me cortó.

- Oh, he oído y leído algo sobre usted, señorita Tinúviel. Soy Malblung, Malblung Awarunya -respondió, y mis esperanzas se fueron al garete. ¿Porqué tenía que encontrarme, precisamente yo, al joven mago más prometedor, al niño prodigio, al gran señor que ya estaba en el círculo? ¿Porqué precisamente yo, que huía de la magia y de los elfos lunares?

- Oh, vaya... Qué casualidad.

- Si me lo permite, voy a disponer de las pertenencias de estas sucias ratas rastreras para dilucidar qué motivo podría impulsarles a atacar a gente de paz como nosotros.

- Yo creo que fue porque somos viajeros y nos creían indefensos...

Pero mis palabras fueron ignoradas por el joven prodigio. Claro, un ratoncito de biblioteca como él no debería estar acostumbrado a escuchar a nadie, y menos a una menor de edad... Aunque... ¿Él sabría eso?

- Lamento mucho no haber conseguido ninguna pista, señorita. Pero quizás le interese saber que dichos maleantes sin ningún tipo de honor ni calidad contaban en su posesión con cierto documento de gran interés para un estudioso como yo, y posiblemente también para una joven ávida en conocimientos como es usted -ignorando mi cara de incredulidad, me presentó el papel, de rezaba:

¡¡¡YA HA COMENZADO!!!

ATENCIÓN a todos los cazadores y guerreros de Noreth, la Gran Cacería ya ha comenzado, después de diez años el evento vuelve a realizarse en la ciudad de Lindblum, tan solo los más grandes cazadores serán recibidos, los mejores guerreros y magos de todos los cuatro puntos, los participantes lucharan contra bestias desconocidas, probaran sus habilidades y fortalezas, y el ganador recibirá el tan afamado título de “EL MEJOR CAZADOR DE NORETH”, con lo que podrá tener acceso no solo a las tiendas de Lindblum, si no que podrá obtener uno de los propios tesoros de la ciudad, entregados de la propia mano de el rey Cid VIII, también recibirán recompensa el segundo y tercer lugar, aunque de menor valor.

¡¡¡ATENCIÓN!!!

No deje pasar esta oportunidad de ganar diamantes, fama, prestigio y por sobre todo, distinción entre cazadores y guerreros.

- Pues tendrás razón y todo... Me interesa bastante... Pero nunca he oído hablar de Lindblum. -aunque eso sólo incrementaba la aventura.

- Yo... -se paró un momento- La ciudad de la niebla. Me acuerdo, me acuerdo... Un sitio muy interesante, sin lugar a dudas, leí sobre él, pocos humanos saben del tema, solo abren sus puertas cada mucho, pero claro, ¿qué son diez o veinte años para elfos como nosotros? -la diferencia entre ser mayor de edad o no... pero no lo dije, obviamente.

- ¿Entonces sabes llegar? -al menos los ratoncitos de biblioteca servían para algo...

- La mayoría de mapas que indican la dirección a Lindblum fallan al posicionar la isla, pero las estrellas son guías estupendas. No habrá problema -y dale, maldito prodigio...

Finalmente enterramos los cuerpos, más por no causarnos problemas en el futuro, y seguimos con el carro. Tristemente, la vida de los humanos es tan efímera... No eché de menos a nuestro anteriormente anfitrión, ni al cochero. Malblung estaba más callado, y por mucho que me pesara, nos llevó directos a un puerto del que, efectivamente, partían varios barcos en dirección a Lindblum.

Fue una suerte, porque sinceramente, no me apetecía mucho ser guiada en una cáscara de nuez, o algún otro invento aún menos seguro, y encima por el maldito señorito-del-Círculo. El caso es que logramos llegar, aún no tengo muy claro cómo, a través del inmenso y precioso mar, surcando las olas en un atestado barco. Y entonces... Colas.

- Ésa de ahí, la estrecha, es la de los aventureros -nos indicó un joven humano, que daba la impresión de estar intentando calcular mi edad, aunque fuera más vieja que su abuela, con toda seguridad- y la otra de allí, con carromatos y ruidos de animales y gritos, es la de los visitantes.

- Oh, perfecto -le sonreí ampliamente y me dirigí al maldito prodigio-. Bueno, ahí está la entrada para curiosos y "altas mentes privilegiadas" como tú. Yo me voy a vivir la vida y a disfrutar de las armas. Agradezco tu ayuda hasta ahora -y me zambullí en la marea de gente bajando del barco, alejándome rápidamente del prodigio y, obviamente, del niño, el humano.

Me tocó esperar, mucho, demasiado, tanto que hasta una elfa como yo empezó a opinar que estaban tardando. Y justo cuando empezaba a molestarme, me encontré de frente con una tienda en la que me tomaron nombre y datos, para pasar a enseñar las armas y luego una demostración. Los muñecos de madera eran toscos e inmóviles, y al principio me esperé algún tipo de truco, por lo que me quedé parada, pero luego resolví que no había trampas: bastaba con disparar dos flechas a los más alejados y lanzarle una daga al de delante. Las dos flechas se clavaron perfectamente, limpias, en el ataque más sencillo, entre los ojos, y la daga desgarró la barriga en lo que vendría a ser un ataque no mortal pero muy peliagudo y paralizante. No era lo mejor, pero tampoco me preocupé.

- Bueno, señorita, una arquera elfa siempre es bienvenida, tome su salvoconducto -me comentó el oficiante, el pasante, o, en el nombre técnico para alguien que hace un trabajo tan aburrido, el funcionario.

Salí de la "oficina" sin preocuparme en exceso por mis alrededores, aunque observaba, sabía que lo más interesante debía estar en los barracones, aunque todo podía ser posible en tierras nuevas. No podía evitar maravillarme y asombrarme por donde quiera que pasara: tantos humanos, con frágiles vidas, dedicados a oficios absurdos y repetitivos... No lo entendía. Al menos los seres que se encontraban en el barracón tenían idea de qué era bueno para hacer en la vida, aunque mirándolos, ninguno parecía mucha cosa.

Definitivamente, ninguno parecía nada. Me quedé cerca de una pequeña hoguera, el olor a madera quemada me hacía pensar, mucho, especialmente en lo corta que era la vida para la mayoría de las criaturas. Miré a mi alrededor y la mayoría no debían de llegar a mi edad. Sin embargo, en términos relativos, era la más joven. Los humanos, especialmente, tanta opulencia para tanta inferioridad...

De repente, mi vista, que vagabundeaba errática entre esa combinación tan extraña, reconoció por el rabillo del ojo a una figura mayor que yo en todos los aspectos. No pude creerlo. Mi mente se negó. Él no era un guerrero, venía a estudiar. Entonces, ¿qué hacía entrando en nuestro barracón? Y estaba claro en su mirada que no se había perdido... Noté que me observaba y mis instintos de noble surgieron: sonreí y me dirigí a saludarle, cortés.

Automáticamente inició un proceso que un ratón de biblioteca como él consideraría extremadamente diplomático y educado, pero que tenía la finura de un orco tocando el laúd, en realidad. Si se ponía siempre tan plasta y le daba por perseguirme "por mi propia seguridad" tendría que enseñarle a tratar con la gente y a ser educado... Justo como estaba siendo yo al aceptar que me siguiera cual perrito faldero.

Finalmente llegó un humano, que se autopresentó como el primer ministro, no podía venir el propio Cid VIII, no debíamos ser tan importantes... Aún. Nos indicó unas reglas sencillas: entrar a un laberinto al que nos condujo, matar a algún inocente animal que no habría hecho nada malo y volver al punto de origen en menos de una hora. La parte de encargarse del animal parecía fácil, pero lo de volver en menos de una hora me preocupaba. Yo entendía de bosques, no de constructos totalmente artificiales hechos en piedra. En eso pensaba, cuando una voz demasiado conocida me comentó:

- Señorita Tinúviel, déjeme el trabajo de reconocer el terreno. Haré un mapa rápido del lugar. Estos lugares suelen tener una estructura definida. La cuestión es averiguarla, el resto seguir un patrón que se repite –reconocí la pluma y el papel, recuerdos de nuestra tierra, y finalmente acepté sus palabras, aunque no estaba segura.

– ¿Un mapa? ¿En tan poco tiempo?

– Algo sencillo. Confíe en algo que llevo haciendo años… -y eso lo sabía, le había visto por las calles, cuando él era una eminencia y yo una niña obediente... Pero seguía sin fiarme.

– Vale, pero no pienso esperarte si te retrasas -solté, sabiendo que era un farol, pero sin ser capaz de relajar mi forma de ser. No pensaba permitir que el prodigio se sintiera más superior de lo que ya se sentía.

Empezó a seguirme, con su pluma volando y de vez en cuando cuchicheándole cosas, aunque se suponía que no era necesario. Parecía un maniático. Me limité a seguir la dirección que había tomado la bestia, el ratoncito de biblioteca solo me había permitido ver su pelaje, pero estaba decidida a encontrarla y matarla, ese pelaje... Era precioso. Mi atención se centraba en mis oídos, y de repente... El ruido de unas zarpas contra el suelo.

- Para -cuchichee, y milagrosamente obedeció. No solo eso, el prodigio sabía cómo seguía el laberinto y por dónde llegar. Efectivamente, sus indicaciones fueron correctas. Con el arco tenso, una flecha preparada y el oído agudizado, pude observar ante mi al animal más bonito que había visto nunca, con un pelaje espeso y precioso, plateado. Sus ojos rojos centelleaban vívidamente y sus colmillos destacaban. Me habría detenido a mirar su hermosura, pero su posición de ataque y sus aún suaves gruñidos me obligaron a convertirlo en mi presa. Que no se meta el ratoncito, por favor...

- Ah, un huargo. Señorita, encárguese de él. A mí me gustaría terminar mi mapa, y no puedo desconcentrarme con nimiedades. Siga usted, siga. - discrepaba de su concepto de nimiedades, pero no podía quejarme de su decisión: mejor si no tenía a una presa fácil en medio.

Esperé a que levantara sus patas delanteras, a que saltara, y justo entonces levanté la flecha a la misma altura que la bestia y disparé. Su cuerpo estaba preparado para recibir, casi parecía que se me había ofrecido adrede. Un suave movimiento y todo su peso cayó, y allí, en el suelo, muerto, su suave pelaje era tan hermoso, lanzando destellos de color...

– Tiene un pelaje brillante y limpio… -suspiré, quería usar esa enorme piel para algo, qué preciosidad.

– Es de una hermosura singular. Creo que usted ha pensado como yo. ¿Nos quedamos con su piel? -no pude evitar sonreír, aunque poco. Por una vez, el prodigio pensaba como yo. Quizás, y solo quizás, no habría tenido tan mala suerte al encontrarle. Quizás.

Siguiendo el mapa del prodigio, que él mismo leía y comprendía, porque dudaba de ser capaz de hacerlo yo misma, volvimos tirando de tan bella bestia hasta afuera. Su peso era considerable, mas el prodigio me ayudó y conseguimos llegar, pese a mis dudas, a tiempo. De hecho, justísimos, pero... Un elfo nunca llega justo, sino que siempre llega a tiempo.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Malblung Anwarünya el Jue Jul 12, 2012 9:03 pm

Había llegado el momento de partir y dejar el Círculo como uno de esos escalones de la escalera de la vida, que queda abajo y a veces uno recuerda lo alto que nos impulsaron en los viejos días. Dije a los ancianos que partiría justo el día 24, pero mi intención era partir el 23, ya que odio las despedidas.
Mi plan salió a la perfección. Mis enseres llevaban varios días preparados. El carro me esperaba. Un sitio para mí y nadie más. Adelante.

Apenas abandonábamos Erithrnem, una dama detuvo nuestra marcha. Se trataba de Lairë Tinúviel, de buena cuna y conocida por su desobediencia. Pensaba disfrutar de un viaje solo, pero hice una seña para que el señor del carro detuviera las ruedas. Ella sería mi compañera a partir de entonces. Se sentó dentro, y yo me dediqué a hacer lo que hago cuando conozco alguien nuevo que me saca interés: permanecer callado y ver qué pasa. La noté nerviosa, pero conservaba los gestos refinados de la nobleza. De fondo sonaban algunas risas de infame burla por parte de los transportistas. Bah, sin importancia. Transcurrieron tres días en los que no osé decirle nada. En este tercer día, detuvimos la marcha sin motivo alguno. Algo ocurría.

- ¡Pare el carro! ¿Llevan algo de valor? – era una voz lastimosa y corroída por una vida dura.

- No se preocupen, yo me encargo – nos dijo el cochero antes de dirigirse fuera - Queridos compañeros, lamento mucho negar tal hecho, solo somos pobres hombres que perdimos todo lo que poseíamos salvo este viejo carromato, y que nos dirijimos a probar fortuna en nuevas tierras. – Según mi opinión unos refinamientos innecesarios seguidos de una mentira que escondía miedo. Miedo atroz.

- Eso no se lo cree nadie – dijo el maleante a la vez que golpeó a nuestro pobre cochero -. ¿Qué proteges, viejo necio?

- Nada, se lo juro, nada...

- ¡No te creo! ¡Registrad el carromato!

Sucios y molestos insensatos. Estaba intentando no pensar en lo que iba a pasar, pero ya se hacía inevitable. No me confundáis, no es que tuviera miedo. Es mucha molestia para mí dejar un apacible asiento para empezar una pelea en la que posiblemente ensuciaría mis manos.

Mi joven compañera me aligeró el trabajo, y en un movimiento que cualquiera habría considerado aparatoso, sacó su arco y disparó una certera flecha que acabó con la vida de uno de los asaltantes.

- ¡Un elfo! Maldito bastardo, ¿creías que podrías engañarnos? ¡No mereces vivir! Atacad el carromato, ¡que no escape nadie!

- Humanos... – la oí susurrar. Creo que en aquel momento dejé escapar una sonrisa. Interesante, francamente interesante.

Vinieron más a intentar asaltar los interiores de un carromato que acababa de demostrar algo: que no era sensato entrar. Sin embargo lo intentaron. Primero apareció un espadachín entre las telas a mi izquierda. Mi compañera se encargó de él sin excesivas dificultades. Instantes después, una mujer sucia y maloliente asomó con un mazo peligroso como un tigre. A su lado, había otro que extendió la mano para intentar tocar mi capucha. No me distraje mucho. Con tranquilidad, desperté al fuego arcano, y un rayo de llamas armoniosas eliminó a mis molestos enemigos. Ahora sólo quedaba el charlatán.

- Vaya, vaya, vaya... Así que estos dos humanos escondían a una joven guerrera elfa y a un mago... Podría venderos a buen precio...

- Eres idiota si crees que tras matar a tus esbirros podrás siquiera con uno de nosotros. – Dijo Tinúviel, empuñando unas dagas que ya tenían sangre.

- Exactamente. Si yo fuera tú, carroñero reptante, esperaría a que las llamas de la muerte te abracen, porque no durarás ni un segundo - advertí mientras salía al aire libre -. Me place estar de acuerdo con usted, dama.

En el último segundo dudé, y cedí el turno de ataque a mi compañera. Ese oponente pretencioso no valía la pena. Disparó dos flechas con celeridad, aunque sólo una le impactó. Ya estaba harto de tantas interrupciones, por lo que decidí que la magia sombría acabaría con el asunto de una vez por todas. Un rayo amatista lo echó a perder, justo para que después la joven terminara el trabajo con un degollamiento. Tan dramático.

- Nunca más volverás a atacar a nadie, sucia sabandija

- Buena lucha, señorita.

- Tengo un nombre. Me llamo Lairë Tinúviel, soy...

- Oh, he oído y leído algo sobre usted, señorita Tinúviel – Ya sabía mucho sobre esa mujer, así que no me entretuve - Soy Malblung, Malblung Awarunya – Al oír estas palabras, su rostro cambió de forma como si se tratara de gelatina. Supuse que también sabía algo de mí.

- Oh, vaya... Qué casualidad.

- Si me lo permite, voy a disponer de las pertenencias de estas sucias ratas rastreras para dilucidar qué motivo podría impulsarles a atacar a gente de paz como nosotros.

- Yo creo que fue porque somos viajeros y nos creían indefensos...

Tenía muchas posibilidades en la mano, como si fueran cartas. Tras un escamoteo leve, saqué del bandido charlatán una nota. Una nota que anunciaba una gran cacería nueva en Lindblum. En ese instante despertó en mí el interés, ya que dicha ciudad sólo abre sus puertas a extranjeros en eventos especiales como ése. Quizás a la señorita Tinúviel, de destino incierto, le interesaría la cacería.

- Lamento mucho no haber conseguido ninguna pista, señorita. Pero quizás le interese saber que dichos maleantes sin ningún tipo de honor ni calidad contaban en su posesión con cierto documento de gran interés para un estudioso como yo, y posiblemente también para una joven ávida en conocimientos como es usted

Sus ojos pasaron velocísimos por las líneas de papel gastado.

- Pues tendrás razón y todo... Me interesa bastante... Pero nunca he oído hablar de Lindblum.

- Yo... – susurré, quitando el humo de mi mente - La ciudad de la niebla. Me acuerdo, me acuerdo... Un sitio muy interesante, sin lugar a dudas, leí sobre él, pocos humanos saben del tema, solo abren sus puertas cada mucho, pero claro, ¿qué son diez o veinte años para elfos como nosotros?

- ¿Entonces sabes llegar? -al menos los ratoncitos de biblioteca servían para algo...

Claro que sabía llegar - La mayoría de mapas que indican la dirección a Lindblum fallan al posicionar la isla, pero las estrellas son guías estupendas. No habrá problema – le dije, demostrando mi infinita amabilidad.

Los cadáveres fueron enterrados, y cambiamos nuestro rumbo. Hacía mucho tiempo que no viajaba en barco. No sabría ocurrir si ocurrió algo de interés en el resto de nuestro curso de navegación: Me lo pasé leyendo. Con calma, nuestro barco terminó atracando en los insólitos puertos de Lindblum.
Ante nosotros se extendieron dos grandes colas camino hacia las entradas que atravesaban las primeras murallas de la ciudad. Me quedé observando la gran turba. Asquerosas multitudes. Mientras tanto, mi compañera fue a curiosear y volvió.

Bueno, ahí está la entrada para curiosos y "altas mentes privilegiadas" como tú. Yo me voy a vivir la vida y a disfrutar de las armas. Agradezco tu ayuda hasta ahora

Observé como Lairë se alejaba a pasos de gigante hacia aquella cola de hombres mugrientos que avanzaba entre maldiciones. La gran multitud causaba en mí, como siempre, un estado profundo de nerviosismo… por la Luna, era tal que comencé a caminar en círculos sin darme cuenta. Además, la joven me preocupaba. Sin duda sabía lo que se hacía, pero ví en sus ojos la inseguridad de aquellos que no han acostumbrado sus ojos a la muerte. La idea de los juegos no me hizo mucha gracia, pero alguien debía representar el poder del Círculo. Sin pensarlo mucho más y intentando ignorar la masa de carne viva que se arremolinaba ante mí, me puse a la cola.
La paciencia es un don escaso en los de vida corta, y se entiende. ¡Pero no es mi culpa! En fin. Llegué al cabo de largo rato a una sala donde me hicieron unas pruebas y registraron mis pertenencias. Dada la alta cantidad de bárbaros indecentes, la exhaustividad me pareció normal. Cuando les demostré lo que sabía hacer con mi magia, no dudaron en dejarme pasar.

El rey Cid y sus antecesores habían hecho un gran trabajo en la ciudad. Las puertas se abren cada muy poco, y eso hace que la cultura que se amasa aquí sea de un carácter único. Así me lo decían sus inmensos y exquisitos edificios, en los cuales me podría pasar horas intentando desentrañar las influencias de su arquitectura. No pude detenerme mucho, pues nos dirigíamos sin distracción a lo que sería nuestro hogar a partir de entonces.
El hedor de los barracones hacía que uno quisiera rebanarse la cabeza. Había muchos sucios y malolientes guerreros salvajes que habitaban provisionalmente allí, pero también muchas personas de un estatus más elevado. De planta más noble o al menos, decente. Claramente, éstas personas requieren unos habitáculos personales, mejor cuidados y donde uno pueda concentrarse en calma y tranquilidad.

Pues no, aquello era un hervidero de escoria mugiente como las vacas que parecía dar asco hasta a mi compañera. La encontré cerca de una hoguera de leña, despistada, observando al personal. Cuando notó mi presencia, se sorprendió mucho al verme, y tras fingir una sonrisa de alivio, se acercó a hablarme. Debía ocuparme de aquella elfa inmadura que además era noble en mi tierra natal, por cuestiones de honor. Así que usé mi más fina diplomacia para convencerla de que a partir de entonces iríamos juntos. Más que mi discurso, pareció más convencerla el contexto: Miró hacia los lados y tras ver a los demás mercenarios malolientes, decidió que incluso el testarudo y cascarrabias de mí era mejor que la compañía de un orco revientagranos.

Al rato apareció el guía que nos enviaría a nuestra primera prueba. Sin mucho ánimo pero mucha ambición en su rostro, nos dijo que debíamos entrar en un laberinto donde soltarían a una bestia. Se esperaba de nosotros el cazarla, obtener una prueba de muerte y salir del sitio en una hora. Curioso, pero eficaz. Así se quitan de encima a los tontos. Me pregunté si habría público. En llegar el momento, nos llevaron a ambos juntos a las puertas del laberinto. Era de piedra, un poco tosca pero resistente, y tampoco se podía trepar por la presencia de estacas afiladas en los bordes superiores. Decidí practicar entonces una de mis aficiones más abandonadas. Hacer cartografía. ¡Y en menos de una hora!

- Señorita Tinúviel, déjeme el trabajo de reconocer el terreno. Haré un mapa rápido del lugar. Estos lugares suelen tener una estructura definida. La cuestión es averiguarla, el resto seguir un patrón que se repite –le dije, mientras sacaba una pluma de mi bolsa. Hice que esta se pusiera a flotar, lista para recibir órdenes, y preparé una hoja de papel de nuestra tierra, elaborado exquisitamente por elfos de la Luna.

– ¿Un mapa? ¿En tan poco tiempo? – dijo, y me lanzó una mirada con cierta amenaza.

– Algo sencillo. Confíe en algo que llevo haciendo años…

– Vale, pero no pienso esperarte si te retrasas.

Un terrible error. Si se separara de mí acabaría perdida por horas. Asentí y nos introducimos en el lugar. La estructura del laberinto me recordaba a las viejas civilizaciones goblins, cuyas mazmorras tenían poco que envidiar a los mausoleos guardados por los minotauros. Sin embargo le pillé el truco rápido, y todo esto caminando a paso apresurado. Lairë no confiaba en mi método y me lo hizo saber por su nerviosismo, pero la ciencia es paciencia. Era extremadamente divertido.

Me ordenó pararme un momento. Estaba tan concentrado que no oí el sonido de las patas de un vicioso animal raspar el suelo, no muy lejos.

– Dos esquinas a la derecha y después recto. Vaya delante y esté alerta.

Ella asintió y preparó una flecha en su arco. Era taimada, y estaba muy tranquila. Dejé que deslizara sus pies unos pasos mientras la pluma seguía rasgando el papel según mis instrucciones mentales.

El huargo ya estaba ante nosotros. Un gran lobo, de espeso pelaje plateado, ojos rojizos, brillantes y unos terribles colmillos. Un animal maligno, pero noble y sabio. Sería una pena que mi mapa acabara destrozado por las zarpas. Me estaba quedando muy bien. Tenía las patas estiradas y esperaba al momento idóneo para lanzarse sobre nosotros. Pero una punta afilada de flecha estaba entre nosotros y él. Lairë estaba totalmente capacitada para salir airosa del encuentro. Y mi mapa tenía que vivir.

- Ah, un huargo. Señorita, encárguese de él. A mí me gustaría terminar mi mapa, y no puedo desconcentrarme con nimiedades. Siga usted, siga.

Mi joven compañera soltó un bufido de incredulidad ante mi reacción. A veces parece que nadie me entiende. Como fuera, mis predicciones eran acertadas. El lobo decidió terminar con todo aquello y abalanzó su gran peso sobre Lairë. Ella, con la destreza de un gato y la delicadeza de una ninfa, flexionó sus piernas y soltó la cuerda de su arma. La flecha atravesó la dura piel y fue directa al corazón. Una muerte limpia.

– Tiene un pelaje brillante y limpio…

– Es de una hermosura singular. Creo que usted ha pensado como yo. ¿Nos quedamos con su piel?

Estuvo de acuerdo conmigo, sin duda. Nos quedaba algún tiempo, y la zona estaba cartografiada. Tocó hacer el esfuerzo de llevar el animal a rastras de vuelta, ya que no íbamos a desollarlo allí. Un día un mago dijo que los magos llegamos siempre cuando queremos, y así fue. Llegamos fuera un minuto antes de que el reloj de arena acabara su último grano, con las caras de incredulidad de todos. Otra marca de la excelencia élfica.




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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Tox el Sáb Jul 14, 2012 7:55 pm

Las presas se han soltado
Los cazadores se han armado
El rey mira con mirada gris
A aquellos que anhelan el titulo
Que les dará fama y fortuna
Y quizás… un nombre en la historia.

Christian Chacana 14 de julio de 2012

El primer ministro tomaba nota de cada uno de los participantes, el reloj de arena dejaba caer sus granos a medida que el tiempo pasaba, se notaba en el rostro de muchos que estaban impacientes, otros simplemente querían que ya comenzara el “famoso” evento, aunque el primer ministro no se inmutaba por sus actitudes, el primero en pasar fue el cazador humano, no demoro demasiado y trajo la muestra de su cacería, aun cuando sería el más rápido sin saberlo, también había sido vigilado sin que se diera cuenta, de todas maneras el primer ministro lo anoto con paciencia, el segundo fue el pequeño ser, casi parecía un niño, aunque sus modales eran las de un adulto joven, su tiempo fue largo, ya que con solo unos minutos de ventaja logro llegar antes de que el tiempo se acabara, al cabeza del animal fue más que suficiente como prueba, el siguiente fue el roedor o ratino, demoro más que el cazador, pero menos que el anterior guerrero, su muestra fue satisfactoria y como tal fue anotado su nombre, aquella lista comenzaba a llenarse, el monje y la arquera, la elfa y el mago, cada uno de ellos era anotado en un orden diferente, aquella prueba no era únicamente para ver que tan “buenos” cazadores eran, si no para saber cuál era su perseverancia, ya que antes muchos cazadores lo habían intentado y habían perdido el rumbo en el laberinto desesperándose, después de poco menos de siete horas para aquella prueba todo estaba listo, la tarde ya había llegado y la alta niebla tomaba tonos mas cálidos, rojos y naranjos, celestes y verdes, el primer ministro cerro su libro y tosió para llamar la atención de los participantes, que naturalmente ya se encontraban aburridos de esperar.

-Felicidades a los aventureros, todos han pasado con satisfacción la prueba, todos son dignos de participar en este evento, mas ahora nos dirigiremos a la ciudad, se han dispuesto carruajes para ello y como es natural, nos dirigiremos hacia el palacio, donde nuestro rey Cid VIII explicara las reglas, ya que mañana comenzara la gran cacería al amanecer, por favor síganme participantes-

El primer ministro, seguido por los participantes, camino hasta lo que eran unos establos, a su lado había tres carruajes listos, los caballos relinchaban, en cada uno de ellos podían entrar cuatro personas cómodamente, aunque de seguro el ratino preferiría viajar solo, al igual que los demás en un carruaje lejos de él, no era por su forma de reírse o su peste, si no por que usualmente los de su raza no eran completamente confiables, cuando cada uno de los participantes estuvo listo, los carruajes comenzaron el trayecto, no era necesariamente largo, aunque los campos de cultivo de Lindblum eran imponentes, molinos impulsados por el viento cada cierto tiempo, mientras las espigas de trigo eran gruesas, árboles frutales, animales pastando tranquilamente, pronto se pudo ver el “castillo” o mejor dicho ciudad, ya que el imponente monolito se recortaba contra el firmamento, como un antiguo gigante dormido.

La ciudad de Lindblum era en si una enorme fortaleza, sus muros eran mucho más grande que varios castillos juntos, mientras que sus muros permitirían que tres o cuatro carruajes uno al lado del otro recorrerlo cómodamente, mientras los carruajes entraban por una pequeña entrada en la base, en el cielo se pudieron ver varios barcos voladores entrar por una de las aberturas superiores, en aquel minuto la voz del primer ministro resonó en cada uno de los carruajes, con un curioso dispositivo podía hablar hacia cada uno de los carruajes.

-Lindblum es una antigua fortaleza desde mucho tiempo antes de que los hombres llegaran a los archipiélagos, desconocemos la razón de su existir, pero ha sido reacondicionada por los siglos como una ciudad, los barcos voladores que pueden apreciar son barcos mercantes de Anemos y de otras islas lejanas, la ciudad está dividida en cuatro “zonas” las cuales veremos, ya que ahí se realizara la cacería.-

Mientras avanzaban, el carruaje paso por la zona residencial, un complejo conjunto de casas de techo metálico, casi un laberinto, se podían ver iglesias, y pequeñas posadas, la mayoría de las casas tenían protección metálica en sus ventanas o puertas, capaces de soportar los embistes de grandes bestias, mientras seguían subiendo, la zona comercial se presento, negocios de toda índole, herreros y orfebres, mercaderes de telas y joyas, frutas y animales, curiosos objetos traídos de distantes tierras mas allá de los limites de Noreth, aquella zona era mucho más ordenada, con calles rectas y bifurcaciones, podía incluso pensarse que era un pequeño pueblo dentro de la ciudad, el aroma a los alimentos era penetrante, dulce y a la vez acido, Kyra, la divium ciega sentiría esos aromas con más intensidad, mas tan solo fue un instante ya que aun faltaba mucho de aquel lugar, mientras subían un espiral de calles, se podían ver como algunos edificios pendían de fuertes puentes y soportes, la zona industrial era una amalgama de fabricas, de fundiciones y herrerías de grandes proporciones, ahí se refinaban los minerales y materias primas que poseía Lindblum, para comerciar con las naciones exteriores, después de unos minutos entre un ambiente mucho mas cálido, entre vapores por las fabricas y el constante golpetear de yunques, llegaron al palacio, realmente imponente, ya que para llegar a su entrada, un largo puente que pendía sobre la ciudad era necesario cruzas, el puente de roca y metal soportaba sin problema el paso de los cuatro carruajes, mientras el primer ministro arreglaba unos papeles en el primer carruaje, las enormes hojas de las puertas se abrieron para recibir a los participantes, dos líneas de soldados aguardaban a ambos lados de una larga alfombra, el primer ministro fue el primero en bajar, mientras hacía que le siguieran, el palacio estaba ricamente adornado e incluso en un salón antes de llegar a la sala del trono había una fuente con peces de colores nadando en ella, el primer ministro se detuvo y miro a los participantes.

-Por favor, esperen unos minutos, avisare de nuestra llegada al rey y les recibirá en breve-

El primer ministro desapareció, en cada puerta habían soldados armados, guardianes del palacio, al cabo de unos minutos el primer ministro volvió con los aventureros abriendo una hoja doble, y dando paso al gran salón del trono, los aventureros podrían mirar por la ventanas y ver que se encontraban a varios metros de altura, sobre una plataforma, sobre la ciudad, el salón del trono no era como el resto del palacio, ya que no se veía riqueza ahí, si no sencillez, aunque si se podía decir algo, habían trofeos en sus paredes, osamentas de bestias y monstruos, adornaban las paredes, dispuestos de la forma en que alguien pudiera recordar viejos tiempos, al final del salón un trono, de madera tallada y simple, pero cubierta de pieles de animales esperaba, sobre este estaba un hombre, ya anciano, pero de un físico imponente, su larga barba cubría su amplio pecho, marcado por cicatrices y marcas, gruesos brazos con brazaletes de hierro y hueso, parte de una vieja armadura, sobre su cabeza una corona doraba, y a su lado una enorme espada, ya mellada y rota por el tiempo, el primer ministro se acerco al hombre y miro a los aventureros.

-Es para mí un gran honor presentarles a nuestro rey Cid Farbule VIII, amo y señor de Lindblum, ganador de tres Gran Cacerías, consecutivas, y gobernante del archipiélago de la niebla-

El rey se levanto de su asiento, aun con su larga barba canosa y sus largos cabellos podía notarse que en el pasado había sido alguien imponente y contra todo pronóstico aun lo era, ya que su musculatura lo más probable era que fácilmente sobrepasaba la del monje, sus habidos ojos observaron en silencio a los participantes, analizándolos con ojo crítico a cada uno, no parecían debiluchos, pero tampoco los veía ganando la gran cacería, aun así cada uno había demostrado sus habilidades según el primer ministro, con voz imponente y grave aclaro su garganta y se dirigió hacia los participantes.

-Les doy la bienvenida a los participantes de esta ocasión, agradezco que extranjeros se interesen en nuestras tradiciones, mas tengan en cuenta que esto no es un juego, si no que arriesgaran sus vidas, e incluso sus almas en esta competencia, el titulo no se les dará a los débiles de espíritu o a quienes duden un instante, ya que ello puede causar que pierdan todo*el rey hizo una pausa volviéndose a sentar en su trono* la gran cacería es una de nuestras más antiguas tradiciones, donde en un inicio se decidía con ella al nuevo gobernante, mas ahora se ha vuelto una competencia de destreza y perseverancia, así que deben de seguirse algunas reglas para molestia de algunos y alivio de otros.-

El primer ministro saco varios pergaminos y a cada uno de los participantes se les entrego uno de estos, mientras los desenrollaban se podía ver un mapa dividido en cuatro partes, nombradas “Zonas”, esto tenía que ver con la gran cacería, el rey miro el rostro de los participantes antes de sonreír.

-Lo que tienen en sus manos es el mapa de esta ciudad, y sus zonas, el centro es este castillo, en cada zona hay diferentes bestias, algunos son de pequeño tamaño, otros enormes, algunos atacaran en solitario y otros en manada, antes de comenzar mañana al amanecer se les dará un listado con unas pocas bestias, el resto estará a su destreza y habilidades, la gran cacería tiene una duración desde el amanecer hasta el atardecer y dos horas antes de que el sol se oculte se soltaran las bestias más peligrosas *mientras hablaba, el primer ministro el entrego un brazalete a cada uno de los participantes para que se los colocaran* estos brazaletes están imbuidos en magia muy antigua, ayudaran a saber la cantidad de puntos que cada uno tendrá, ya que como toda competencia debe de tener una forma de validar, cada bestia tiene más o menos puntaje y el que posea más puntos antes de que el sol caiga será el ganador, cada una de las bestias tendrá una pulsera o collar similar, el que dé el último golpe será el ganador, tengan en cuenta de que cualquiera podrá robar el puntaje de otro, así que tengan cuidado *el rey guardo unos instantes silencio y miro a los participantes nuevamente* solo les daré un concejo jóvenes, aunque desconozco al edad de los elfos … no subestimen a las bestias, y tengan el oído atento, ya que pueden ser atacados en cualquier momento, ahora pueden recorrer el castillo si lo desean, hemos preparado habitaciones para los participantes, al amanecer se les dará el ultimo pergamino y la gran cacería comenzara, mucha suerte a todos … la necesitaran-

El primer ministro llevo a los aventureros hasta sus habitaciones, individuales o dobles si lo preferían, despidiéndose el primer ministro miro a los aventureros, suspirando un instante y dándoles unas últimas palabras.

-La gran cacería no se había efectuado desde hace diez años, y en aquella nadie fue ganador… no sobrevivió nadie, ni siquiera el hijo del rey, por lo que esta es una oportunidad para retomar las tradiciones y darle un último honor al joven príncipe, aun quedan un par de horas de día, si gustan pueden pasar por alguna de las zonas a inspeccionar, les serviría para la gran cacería-

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Tox

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Lun Jul 16, 2012 12:22 am

La espera fue bastante larga, los participantes se fueron sucediendo en su entrada al laberinto. Debían de estar todos muy nerviosos, aunque Erick pensaba que era más por el hecho de no poder salir del laberinto que por el no poder cazar a la presa en sí.
Eran presas fáciles en mayor o menor medida, si aquella gente realmente eran cazadores no tendrían demasiados problemas para darles muerte a las criaturas que soltarían allí.

Cuando todos hubieron terminado exitosamente la prueba, el hombre que vestía de morado comenzó a hablar. El mensaje para el pequeño Yordle se podría resumir en “Felicidades, os llevaré a palacio a que conozcáis al rey”. Aunque aquel hombre adornó las palabras, como ya había hecho antes, para hacerlas pareces algo más bonitas. Serían cosas de la alta nobleza, la etiqueta y esas cosas, pensaba Erick. Seguro que el rey era alguien fofo de tanto comer animales cazados. Como en la aldea Yordle toda aquella parafernalia no existía siempre le resultaban algo raras cuando se hallaba en, por decirlo de alguna manera, “el mundo humano”.

Después de eso, guió a todos hasta un establo donde se encontraban tres carruajes, Erick no sabía si allí tenían cada uno un asiento asignado o algo por el estilo, asique se tiró de cabeza al segundo carruaje. Mientras seguía al señor morado el Yordle andaba con las manos en cruz haciendo zigzag y moviéndolas de arriba abajo, como si de un avión se tratara. ¿Por qué demonios no tenía él un aparato como el de Eddie?
Llegó rápidamente al carruaje y subió de un salto, sin preocuparse de quién se sentaría allí o dejaba de sentarse.

Erick miró con curiosidad los molinos, pero tampoco les dio más importancia puesto que poco después pudo ver el castillo que coronaba la cima y junto con los colores del atardecer le daban a aquella estampa un tinte mágico. Todos los pensamientos que el Yordle tenía ahora en la cabeza trataban sobre dragones, valientes caballeros y cosas por el estilo. Poco a poco se fueron acercando a la propia ciudad. El pequeño ninja quedó asombrado al ver un barco surcando el cielo. ¿Pero quién era él para obligar a los barcos a ir por el mar? Que fuesen por donde ellos quisieran.

Mientras cruzaban la puerta de la gran ciudad Erick dio un pequeño salto en su sitio al escuchar la voz del primer ministro como desde dentro del carro. La sorpresa le duró unos instantes, pero fue suficiente para escuchar que ahora iban a ver las cuatro zonas en las que se dividía la ciudad y que allí se realizaría la “Gran Cacería de Lindblum”.
¿Qué clase de locos hacían una cacería dentro de la propia ciudad? Ni siquiera los Yordles eran tan tontos. ¿Qué iban a hacer con los ciudadanos que vivían allí? Erick estaba seguro de que más de una bestia sería capaz de derribar una puerta y entrar a atacar a los ciudadanos. El caso era que Erick no estaba allí para cuestionar las palabras y tradiciones del señor de lila, si lo hacían así, allá ellos.

Entonces sí, los distintos distritos de la ciudad se fueron sucediendo y eran bastante diferentes entre sí.

El primero era como muy desordenado, con casas metálicas y con barrotes en puertas y ventanas. Aquellas eran las medidas que tenían para que los monstruitos que soltarían no entraran en las casas, ahora todo tenía más sentido. Claro que habían protegido a sus ciudadanos y no como había pensado Erick en un primer momento.

El siguiente distrito era más ordenado, con un montón de tiendas por todas partes y de todas las clases. Y al hocico del yordle pudo llegar el olor a comida, no sería medio animal si no pudiese oler la comida. Bastó eso para hacer rugir las tripas del pequeño ser, después de la pasada de correr que se había dado en el laberinto.

La siguiente distrito era aún más interesante a los ojos del ninja y es que había edificios colgando de puentes. ¿Pero qué…? En cambio el ambiente era algo más sucio y para colmo hacía calor.

Lo próximo era llegar al castillo, que estaban encima de la colina que llevaban ya un rato subiendo. Casi desde que empezaron. Estaban ahora sobre un puente de piedra y metal y Erick bajó para seguir al señor que los había estado guiando hasta ahora. Al abrirse las puertas se pudo ver una alfombra con dos hileras de soldados, una a cada lado.
No había hecho nada y ya le estaban dando una bienvenida de héroe, aquello le gustaba más por momentos a Erick, se sentía en su salsa mientras cruzaba el puente, haciendo gestos con los brazos mientras una gran multitud que solo existía en su mente comenzaba a vitorearle. Se podría acostumbrar a ello, para ser un ninja no tenía unos sueños muy… “discretos”.

Se detuvieron en una especie de sala de espera donde lo que más llamó la atención al Yordle al entrar fueron los peces de colores que se hallaban en la fuente. Se asomó a la fuente y miró a izquierda y derecha, asegurándose de que nadie le prestaba una especial atención y hundió rápidamente la mano en el agua, esperando atrapar a uno de los peces, sería un buen tentempié para empezar. Sin embargo, el pez se le resbaló de entre los dedos y todos los demás se movieron como una tormenta de colores, apartándose del brazo que Erick había metido en el agua.

No pudo hacer un nuevo intento ya que el primer ministro abrió las puertas y los invitó a entrar.

En comparación al resto del castillo que había visto el salón del trono le pareció algo “menos serio” el resto era como muy formal, con todo muy bien decorado. Sin embargo, allí la decoración brillaba por su ausencia, si bien es cierto que no estaba exento de ella. Por la pared había cientos de cabezas de diferentes criaturas, ninguna igual que la anterior.

Cuando su vista se dirigió finalmente al trono recubierto de pieles, descubrió que allí sentado estaba el rey Cid Farbule VIII, según andaba diciendo el primer ministro. Lejos de lo que había imaginado Erick en un primer momento. Aquel hombre no era fofo, era viejo, sí, pero era todo fibra, parecía conservar aún bastantes fuerzas de su juventud. Aunque estaba claro que él no participaría, se le veía lo suficientemente viejo como para tener “los achaques de la edad”.

A pesar de todo el hombre habló alto y claro, dándoles la bienvenida a los aventureros y haciendo referencia a que tendrían que usar todas sus habilidades y destrezas si querían poder ganar aquella competición.

El yordle agitó la mano en el aire cuando Cid les dio la bienvenida, saludando al rey.

Le fue entregado un mapa que tuvo que mirar y girar en sus manos muy atentamente para comprenderlo, no se le daban muy bien los mapas, pero podría apañárselas. Lo siguiente que le dieron fue un brazalete que se acopló a su brazo bastante bien.

-¿Podré quedármelo cuando terminemos la competición? –preguntó en voz bajita al primer ministro mientras este se lo entregaba.

El rey terminó sus palabras con uno consejo que seguro que les serviría. Estar atentos.
No hacía falta ser un lumbreras para saber eso, sin embargo, era un buen consejo. ¿A cuántos incautos habían cogido desprevenidos las bestias? Era una cifra incalculable, pero alta sin duda.

Erick se despidió con el mismo gesto que había realizado para saludar al rey.

Finalmente el tipo de morado los llevó hasta las habitaciones Erick se adelantó a todos y se metió en uno de los cuartos justo después de escuchar las que suponía serían las últimas palabras que aquel hombre les dirigiría en ese día. Iba a dejar allí las cosas, pero no terminaba de fiarse de dejarlas allí. Por lo que finalmente salió corriendo de su habitación, siguiendo el camino por el que lo habían llevado hasta allí a la inversa.

Sus pasos lo llevaron hasta la zona comercial donde pudo hacer una compra. Sí, fue comida, ya la había olido al llegar y ahora que lo pensaba no sabía si durante la cacería habría animales comestibles. Así perdería menos tiempo, pudiendo comer entre caza y caza.
La comida constaba de unos tres cuadrados de diez por diez centímetros que al parecer estaban hechos de pan. Los tres estaban envueltos en unas hojas verdes y frescas. Nada más comprarlas se las echó a la mochila. Le habían asegurado que llenaban bastante, ese tendría que comprobarlo.

Sin tiempo para mucho más, volvió al castillo, vagando por los pasillos durante largo rato antes de ir a su habitación, incluso logró capturar uno de los peces de colores, miró a su alrededor, comprobando que no había nadie y se lo echó a la boca, pues no eran ningún manjar para tenerlos allí, pero al menos saciaban ligeramente el hambre. No lo había pensado hasta ese momento, pero seguro que allí tenían una cocina con una buena despensa. Seguro que podía cogerles algo.

El Yordle paseó hasta dar con la cocina, aún había gente allí, una o dos personas que andaban limpiando la habitación. El pequeño ninja hizo gala de sus más avanzadas técnicas de sigilo, andando con las puntillas haciendo el menos ruido posible se dirigió hasta la despensa donde cargó con… con lo que pudo y acto seguido salió de allí igual que llegó.

Pensó en sus rivales mientras andaba hacia su cuarto, algunos iban por parejas. Por un momento pensó que buscarse una pareja sería buena idea, pero los que quedaban libres no parecían gente que trabajara en equipo. Además, habría que repartir los puntos, seguro que más de uno no estaría de acuerdo con eso.

Llegó a su cuarto y dejó caer todo sobre la cama, comió hasta hartarse y lo que sobró lo tiró al suelo al levantar la sábana. Acto seguido se acostó, durmiéndose en el acto.

A la mañana siguiente no tuvo problemas para levantarse, se levantó lleno de energía después de aquel sueño tan reparador. Y sin más preámbulos se dirigió al gran salón, lleno de la energía que le daba el nuevo día se sentía capaz de cualquier cosa en ese momento. Ya le podían empezar a echar bestias.

Mientras esperaba a los demás en el salón le dio otro repaso al mapa para hacer algo de tiempo. ¿Tendrían quizás una última cosa que decirles? ¿O simplemente iban a dar la salida?


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Charles Preston

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

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