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La Gran Caceria de Lindblum

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Malblung Anwarünya el Miér Ago 01, 2012 4:38 pm

Fuimos llamados a buena mañana por el maestro que seguía tutelando todas nuestras acciones. A pies del trono, estaba el rey, luciendo un nuevo atuendo aún más rebosante de pieles, y de nuevo de un gusto exquisito. Escuché atentamente su leve discurso, algo que describiría como amenazadoramente rutinario. Tras lo dicho nos entregaron unas hojas de papel con información sobre las criaturas a las que nos íbamos a enfrentar. En breves instantes, asimilé los datos que aparecían, junto con las imágenes. Había leído antes mucho sobre ellas, incluso del insólito dragón limón. Esbocé una suave sonrisa y le ofrecí la hoja a Lairë. Ésta me devolvió una mirada de sorpresa, como si dudara del éxito de mi asimilación. Entonces, el rey nos observó con gesto desafiante: Las campanas estaban sonando y no esperé un segundo. Empecé a correr por uno de los largos pasillos que acababan de desbloquearse. Lairë, obviamente, tampoco se quedó patidifusa, y se lanzó a grandes zancadas mientras sostenía con fuerza el papel.

No suavizamos la marcha hasta que estuvimos en el corazón del distrito de viviendas. Aquel día, los únicos transeúntes serían las curiosas criaturas que se escuchaban en la distancia. Chirridos, siseos y conversaciones en una lengua que sonaba como piedras rozándose. Lairë sacó su arco y preparó una flecha, fijándose en cada callejón, cada irregularidad, cada recoveco. Yo me quedé en su retaguardia, mientras sacaba mi bastón y desenvainaba mi espada. Uno en cada mano, para poder combinar protección y eficaz lanzamiento de conjuros. Nuestra destreza innata nos permitió deslizarnos como felinos.

Avistamos algunas criaturas, de carácter menor, agrupadas y preparándose para la batalla. Continuamos el camino, en búsqueda de un desafío adecuado y un buen emplazamiento. No hubo palabras entre nosotros aquella vez. Estábamos concentrados y sabíamos lo que había que hacer. Fue en aquel momento cuando nos acercamos a aquél callejón estrecho.

Pudimos escuchar con claridad una muchedumbre de gritos salvajes, como si tuvieran madera por cuerdas vocales. Venían de un cruce muy pequeño más adelante en el callejón. Nos pusimos en guardia mientras observamos la bizarra escena de las criaturas amontonándose y apretujándose en la poco extensa salida del cruce. ¿Qué clase de diarrea de mediano habían bebido? La muchedumbre de criaturitas acabó por fluir, haciendo un riudo similar a una botella de vino abriéndeose, sólo para caer amontonados en el suelo. Hice un paso adelante con el bastón, mientras Lairë se agachó a mi lado, lista para disparar mortales flechas. Los hongos (¡Sí! ¡Eran hongos con patas y garras!) rebotaron sobre sí mismos y empezaron a cargar , de forma irregular y pegados el uno al otro. Era el momento perfecto para destrozarlos con una llamarada. Apretujados en el callejón, se habían buscado su propia trampa.

Alcé el bastón y me preparé para lanzar lo más rápido posible mi Rayo de calor. Con suerte, podría impactar sobre los seis…

- Una conducta totalmente inapelable. ¡Os habéis buscado las puertas del infierno!

Lairë también lanzó su grito de guerra. Mi báculo impactó contra el suelo, las flechas volaron. Los hongos, gritaron. Todo debía salir como esperaba…
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Miér Ago 01, 2012 5:47 pm

El primer ministro les hizo pasar, ser primer ministro no parecía un trabajo demasiado gratificante, más bien podía llamarle… guía turístico, por ejemplo. Aquel gran salón con la cabeza de las bestias colgando de las paredes seguía llamando la atención del yordle, aquel rey no parecía alguien muy dado a las riquezas… a pesar de poseer un palacio, vamos.

El rey comenzó a hablar, haciendo que los demás se callaran por inercia, explicándoles que era lo que ahora tenían entre las manos, algo útil, según iba comentando. Erick lo manoseó entre sus dedos antes de comenzar a leer, despacio, toda la información que contenía. Leer le costaba algo más que hablar aquel extenso idioma, por lo que se quedó algo rezagado mientras los demás empezaban a correr hacia donde ellos consideraban más oportuno.

Erick tenía sus dudas sobre el mejor lugar en el que podría ir a cazar, todos le habían parecido buenos, ¿qué diferencia iba a haber entre unos y otros? Cazaría lo que tuviera que cazar, o al menos, lo que pudiera. Si bien sabía cazar tampoco era un maestro ni nada por el estilo y no podía saber cuan habilidosos eran sus oponentes ya que no los había visto en acción, solo sabía que eran capaces de entrar en el laberinto, cazar y salir, pero el mismo había podido hacerlo. Con un método no muy eficaz, pero lo había hecho al fin y al cabo.

Corrió por los caminos de la ciudad, buscando cualquier oportunidad para saltar hasta los tejados, por allí se movería mucho mejor, desplazándose en línea resta hasta allí donde creyese oportuno, sin atender a las leyes que las calles imponían al resto de viandantes. La rapidez era su mejor baza. Quizás no pudiera cazar a las bestias con mayores puntos, pero esperaba poder cazar dos o tres de semejante valor mientras los demás se entretenían con las grandes. Quizás pudiera echar mano de sus habilidades mágicas para acabar con una bestia fuerte, pero eso todavía estaba por ver.

En eso andaba pensado cuando maldijo la hora en que lo hacía, un resbalón acabó con su privilegiada posición en las alturas, no estaba pendiente de donde ponía los pies, sino de donde estarían las bestias y aquel error de novato le costaría tiempo, quizás sus compañeros ya habían encontrado sus presas. Intentó agarrarse al árbol hacia el cual salió despedido por la inercia de la carrera que llevaba, pero algo le dificultó el agarre y la gravedad hizo su trabajo, impasible ante qué o quién era lo que caía. Cayó de culo contra el suelo e intentó ponerse en pie lo antes posible para continuar corriendo. Un Erick que no corre es un Erick inútil.

Se frotó la zona dolorida por la torpe caída y ya se disponía a correr cuando vio aquello que no le había permitido quedarse encima del árbol. Había allí una criatura. El joven Yordle sonrió, después de todo, la caída había servido para algo. Erick hizo memoria sobre el papiro que había leído apenas un par de minutos antes. Contrastando mentalmente la criatura que tenía en frente con lo que había leído en el papel. Era… un Rojillo Chupador. Según lo que había leído su punto débil estaba en su vientre.

Sus habilidades mágicas quizás fueran suficientes para atravesar aquella armadura natural, pero quién sabe.

Erick armó sus manos con los dos kunais que solía llevar en la cintura, no sabía como podía reaccionar la bestia, el documento decía que no solían perseguir a sus presas, pero… ¿se lanzaría sobre Erick si se quedaba en el sitio? No lo sabía, pero tampoco quería darle la iniciativa a la criatura y se apresuró él mismo ha salvar cierta distancia entre ellos con un par de zancadas.

La “estrategia” que había diseñado, si se podía llamar así, consistía en aprovechar la altura que el Rojillo tenía en la altura del árbol para lanzar uno de sus kunais hacia su vientre. Si por casualidad se movía del sitio intentando esquivar el primer kunai, lanzaría un segundo kunai mientras emprendía el vuelo o su caía sobre Erick. De esta forma prentendía alcanzar el punto débil de la criatura a toda costa.

Incluso si solo lograba alcanzar con uno de sus kunais al insecto tenía pensado echarse encima de él, aplastando el arma entre el vientre y el suelo para causar a un más daño.
Como lo último no lo tenía tan claro, pensó que si su peso no era suficiente para doblegar las patas del insecto, podría removerle las tripas si él mimo movía el cuchillo una vez estuviera encima del Rojillo.

Erick tensó los músculos, nuevamente su eficiencia para acabar con su enemigo se reducía a ser rápido y preciso. Preparando vista y cuerpo para intentar responder rápidamente a los movimientos del insecto, preparado para apartarse si decidía tirarse sobre él, por ejemplo.

En principio sería una maniobra rápida. Habría que ver en que deriva la situación.


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Lairë Tinúviel el Miér Ago 01, 2012 6:29 pm

El discurso del rey fue escueto: solo explicarnos qué era el papel y desearnos buena suerte. Malblung lo cogió y rápidamente me lo devolvió. No lo podía creer, ¿tan rápido memorizaba cosas el ratoncito? Probablemente, el prodigio sería capaz de ello... Lo tomé e hice una mueca. Primer mostruo, Cavador Compincho: piel dura. Nota mental: disparar a los ojos. Suerte que tenía puntería... Pensé que tendría que ir con cuidado con Malblung, seguro que una explosión o un aplastamiento lo mataban o herían, y luego sería mi culpa...

Estaba preocupándome por la falta de información sobre el Dragón Limón cuando se oyó la señal de inicio de la cacería. Mierda, no me ha dado tiempo a leer el útimo... Una rápida lectura para pensar que necesitábamos fuego o atacar partes blandas y salí corriendo tras Malblung, con el papel aún en la mano.

Mientras llegábamos al distrito, lo doblé y lo guardé entre los pliegues de mi capa. Ya en el distrito, su ausencia de bullicio me sorprendió y alegró. Los habitantes estaban escondidos. Aguzando el oído, podían oírse algunas conversaciones ínfimas. Pero me concentré en lo que nos ocupaba: ruidos de animales. Ruidos de todo tipo. Malblung iba delante, ratoncito de biblioteca explorando la ciudad, sería cómico de no ser porque nos jugábamos la vida.

Fue entonces cuando, entrando en un callejón, media docena de los últimos monstruos, algo sobre hongos se llamaban (nombre bastante acertado porque les veía setas) salieron de un callejón estrechísimo, a tropel y haciendo ruidos extraños. Cogí el arco y una flecha y la tensé. A mi lado, oí a Malblung, aún estaban saliendo, pero había leído algo sobre velocidad. Debíamos adelantarnos a su velocidad. Probablemente irían a rodearnos...

- Malditos bichos... Bichos... -resoplé, disparando al del extremo izquierdo, donde me encontraba yo.

Una flecha disparada a uno de sus múltiples ojos, al mayor. Y justo soltar la flecha, sin darle tiempo a impactar, coger otra y prepararla. Esperaría un segundo a ver la reacción de la primera. Si consiguiera parar al monstruo, mi atención se dirigiría a repetir el proceso con otro. Si fallara... Y aún tuviera oportunidad, volvería a intentarlo.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Sáb Ago 04, 2012 10:41 am

Cada acto tiene su consecuencia
Y cada consecuencia tiene su resultado
Ya sea este bueno o malo
Siempre será algo que no ha de estar planeado.

Christian Chacana 04 de

El rey miraba con paciencia aquellos cristales, que como ilusiones y reflejos mostraban a los participantes, cada uno en diferentes aprietos, cada uno jugándose la vida, no por vocación ni por supervivencia, si no por codicia y egoísmo, como el también lo había hecho la primera vez hasta comprender el verdadero significado de aquella cacería, el primer ministro en silencio miraba también las imágenes, en su mente pensaba quien tendría más posibilidades de salir con vida, pero como en un juego de azar, las primeras cartas se habían entregado y aun faltaba mucho para que el juego terminara, muchas horas debían de pasar antes de clamar victoria, pero la derrota y el fin estaban al final de sus armas, como pronto lo sabrían, porque una vez dentro de la cacería, solamente podrían salir si sobrevivían a aquellas largas horas.

La primera imagen era borrosa, pero como un cristal empañado lentamente se pudo ver la figura de un joven, un hombre curtido en fuerza y resistencia, el monje… aquel que con sus puños profesaba la fe que poseía, aquel que no temía al dolor o al fuego, mas como pronto sabría en aquel juego no había que dar nada por seguro, aun teniendo todas las herramientas a su disposición. Los monstruos habían rodeado a la divium y al monje, en sus garras se formaban pequeñas bolas de fuego ardiente que quemarían la carne de aquellos que fueran sus enemigos, el rey contemplo como el monje revisaba el pergamino y una sonrisa se formo en sus viejos labios, el monje era resistente, conocía las batallas y como debían de ser enfrentados los enemigos, pero no había que confiarse en ese lugar, aun con la información en el fragor de la batalla muchas veces los detalles se olvidan, dando un salto el monje intento dar un golpe en la cabeza a esa criatura, esta ya había lanzado sus bolas de fuego hacia la divium, pero el monje confiaba en su fuerza y en sus habilidades … confianza que le daría su primer bocado de realidad, la patada hubiera noqueado a cualquiera que la hubiera recibido, pero no al bromista, el cual quieto se quedo, mas el pie de hierro del monje le atravesó, como si el cuerpo del monstruo no fuera más que humo y polvo, debido a la confianza Fayt no se percato a tiempo que golpeaba tan solo aire y cayó mal al suelo, rodando por este para colocarse a salvo. Por su parte al divium había elevado el vuelo torpemente y con el sonido de las esferas detonando contra el suelo, su primera flecha había herrado … pero no como había creído, ya que aun cuando había sido desviada y terminado extraviada en un callejón cercano, volvió a disparar, aun con su ceguera sus demás sentidos eran más finos y escuchando un ligero movimiento disparo hacia esa dirección, la voz de Fayt fue segura cuando le grito, ya que los bromistas habían lanzado nuevamente su ataque, mas mientras la divium se alejaba, no pudo escuchar el grito ahogado del monje, su flecha había dado en el blanco, pero había errado el tiro en realidad, ya que ahora un proyectil se había incrustado en el hombro del monje, atravesándolo limpiamente, aunque claro … tan solo había sido carne, ya que si hubiera tocado alguna arteria o atravesado el hueso, la historia hubiera sido diferente. Los bromistas miraron a sus presas, la divium se dirigió hacia donde el grito del monje había surgido, intentando elevarlo … torpemente, ya que su fuerza no podía con su cuerpo, en aquel instante sintió algo viscoso y caliente en su manos, y aun sin verla supo que era sangre, su mano se movió un poco y fue en ese instante en que lo sintió, su propia flecha atravesando la carne de su compañero, pero no había tiempo para preocuparse por ello, ya que los bromistas volvían a formar sus esferas y esta vez era mucho más difícil, porque les rodeaban, dejándole únicamente un camino, el callejón … pero quien sabría lo que se ocultaba en aquel lugar …

El ratino, aquel de dos caras, como si fueran dos monedas totalmente contrarias en la misma bolsa roñosa y sucia, como bien lo parecía, su actuar era como la de sus hermanos menos evolucionados y quizás menos contaminados con la inmundicia del mundo, se encontraba enfrentando a varios hombre hongo, bestias sin mucho cerebro es verdad, pero aun más tenaces que el más aguerrido guerrero, como si se tratara de un delicioso bocado lleno de pulgas y piojos, se lanzaron contra el ratino, el cual en el momento preciso dio un salto trepando por un firme tubo de metal, bajo el podía ver como los hongos luchaban contra otras bestias, estos usando sus colmillos y garras mordían fieramente, mientras recibían zarpados de sus oponentes. El ratino vio la oportunidad de tomar ventaja sobre sus oponentes, un pesado caldero colgaba de varias cuerdas, el ratino tomo sus cuchillas y las comenzó a lanzar contra las cuerdas para cortarlas y así eliminar a sus oponentes, la primera duchilla dio en el blanco, dejando que aquel enorme peso colgara de una delgada hebra de cuerda, el segundo lanzamiento fue exitoso y con ello el pesado caldero se precipito hacia los monstruos, estos estaban bastante entretenidos o mejor dicho luchando por sus vidas para que se dieran cuenta de lo que estaba punto de pasar o por lo menos eso parecía, un grito fue lanzado por uno de los hombre hongos más lejanos y de los reunidos tres saltaron antes de ser aplastados por el caldero, sus cuerpos sonaron cuando el metal rompió sus huesos y estructuras, el ratino reía ante su victoria, cuando una voz femenina se escucho “ 20 puntos Eechik”, la voz provenía del brazalete y lentamente las líneas del numero “diez” se formaron en su superficie. El ratino aun se mantenía sujeto a aquel tubo cuando sucedió lo lamentable, el contrapeso con el cual el caldero se mantenía en alto al no tener este cayó en picada contra varias barras de hierro apiladas y como si fueran proyectiles varios salieron disparados, contra el tubo donde estaba el ratino, rompiendo la base y logrando que el antropomorfo cayera cerca de las fraguas, a un taller de curtiduría aterrizando en algunas pieles aun sin curtir y de nauseabundo olor. Pero el ratino no tenía tiempo de disfrutar el agradable ambiente, por que los cuatro monstruos restantes, con cabeza de hongo le habían visto y enfurecidos por la muerte de sus compañeros se lanzaban hacia él.

EL pequeño Yordle había caído al suelo y se enfrentaba a un extraño insecto de grandes proporciones, mucho más grande que el mismo y con poca paciencia, ya que el pequeño antropomorfo le había hecho perder su comida y le había causado dolor con la caída, pero aquello no le impediría en “defender” su comida, ya que no era fácil encontrar una sabia tan dulce y pegajosa. El morado había sacado su arma, listo para defenderse, aunque aquel diminuto cuchillo de poco le serviría contra la dura coraza del rojillo, este ultimo chillo agudamente y se lanzo contra su enemigo, para atraparlo con sus mandíbulas, el Yordle se lanzo hacia un lado con su sorprendente agilidad, aunque por poco no fue atrapado por el rojillo, en un acto casi reflejo por si entrenamiento, blandió si cuchillos, incrustándolo en una de las articulaciones de las patas, haciendo que el monstruo chillara con fuerza, pero únicamente logrando que se enfadara mas y mientras el ninja se levantaba, sintió un golpe en su costado, que lo lanzo lejos, el dolor no era demasiado fuerte, aunque si era molesto, el rojillo chillo para lanzarse nuevamente contra el Yordle, este rodo por el suelo evitando ser aplastado por aquella enorme masa pero perdiendo la oportunidad de atacar su vientre, ya que era un suicidio con su tamaño, porque con un golpe así seria probable que aunque pudiera matar al rojillo, terminaría asfixiado por su enorme peso. El rojillo de pronto se apoyo en la pata lastimada y perdió el equilibrio, golpeando uno de los muros de una edificación cercana, podría ser la oportunidad del golpe de gracia… si es que actuaba rápido y con cabeza fría.

Los elfos, aquella pareja tan curiosa, el erudito sabio, junto con la altiva cazadora, quizás no eran una buena combinación, quizás sus formas de ser eran completamente contrarias, como el agua y el aceite, pero como ellos mismos habían decidido, estarían juntos en aquella batalla y no solo eso … si no que si uno caía lo más probable es que también lo haría el otro, frente a ellos, con garras y colmillos estaban sus enemigos, pequeñas criaturas belicosas, seres que jamás quizás habían visto o tan solo los habían escuchado nombrar, pero ahora estaban frente a ellos, corriendo hacia su alimento, hacia su festín, el primero en atacar fue el erudito, que demostraba sus dotes de mago, con sus palabras cargadas de esencia, conjuro un chorro de calor que impacto contra los dos primeros de aquellos hongos, en un inicio no paso nada, ya que los monstruos seguían avanzando, pero no demoro mucho cuando aquel par comenzó a chillar y girar en círculos, hasta prenderse en llamas y convertirse en una antorcha viviente, aunque aun ardían se lanzaron contra el mago que era el que estaba más cerca, este blandió su espada, pero tan solo era una distracción, ya que saltando sobre sus compañeros un trió de esas criaturas pensaban caer sobre el desprevenido mago. Una saeta surco el cielo, impactando a uno de los hongos en su ojo mayor y haciéndolo caer, no muerto, ya que con una flecha no morirían con facilidad, pero si chillando y obligándolo a retorcerse ene l piso, una nueva flecha salió disparada, esta vez contra el hongo rezagado que ocultándose se dirigía hacia la mujer, esta vez la flecha impacto contra su boca, logrando el mismo resultado que con el anterior, cayendo al piso chillando de dolor, no sería fácil derrotar a aquellos monstruos si no tenían corazón ni cerebro, simplemente eran hongos y como tal debía de usarcé otro medio, pero nos olvidamos del último hongo sin daños, este se había lanzado contra el mago, golpeando su cabeza con su cuerpo y mordiéndosela con sus afilados colmillos, la capucha de cuero soportaba que los colmillos no atravesaran la piel, pero eso no evitaba el dolor de los apretones o de las garras sujetándose firmemente de su cabeza, evitando ser sacado de ahí no sin lastimar el rostro del elfo. Mientras la lucha del elfo seguía, una extraña voz femenina dijo “10 puntos Malblung”

El cazador había disparado su arcabuz, pero el dragón limón lo evito con tanta facilidad como un hombre lo haría contra un insecto, mas antes de que pudiera evitarlo, aquella bestia se lanzo contra el campanario, el cazador se agacho rápidamente para evitar perder la cabeza, pero el dragón poseía tanta fuerza, que impactando el campanario, había hecho un boquete en los ladrillos rojos, el cazador comenzó a cargar su arma, pero era muy tarde, otro embiste del dragón contra la torre hizo que esta crujiera mientras se venía abajo con el cazador en su punta, este intento saltar, pero como si el dragón amorfo hubiera tomado al hombre como presa lo impacto en su vientre, haciéndolo volar por los cielos, mientras el humano caía, el dragón le miro y de su boca un chorro color verde limón fue disparado, impactando de golpe al cazador y de paso, disolviéndolo, antes de caer al suelo, del cuerpo del cazador solo quedaba una masa sanguinolenta con huesos triturados.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Kyra Elyadme el Dom Ago 05, 2012 9:00 pm

Ella no se quemó pero en cuanto sus manos alcanzaron los hombros de Fayt para alzarlo de manera torpe (después de todo, no contaba ni el peso ni la fuerza suficiente para hacer otra cosa más que arrastrarlo) se dio cuenta de que la flecha había dado en un blanco equivocado.

Un halo de rabia y el brillo de las lágrimas sin derramar cubrió la película de sus ciegos ojos, al comprender que lo que más había temido sucedió: había herido a su compañero de aventuras y aquello la frustró tanto que tuvo que concentrarse para no morderse el labio hasta sangrarse y lanzar un grito de cólera.

No había tiempo para ello, la situación era muy grave. Momentáneamente, consiguió poner a Fayt medianamente a salvo de la sustancia ardorosa, pero la flecha debía estarle doliendo y las criaturas no habían sido aún acabadas.
Por lo que le había oído decir a Fayt, las bolas de fuego eran mágicas así que sin duda los bromistas podían lanzar más, así que lo necesitaba todavía para acabar con sus enemigos.

Lo más rápido que pudo, al soltar el poco peso que de Fayt había podido cargar, tanteó el borde de la flecha y la partió para sacarla de la punzante herida del monje y apretó con su mano la herida, para detener momentáneamente la hemorragia. Luego rebuscó en su bolsa de cuero y sus dedos buscaron hasta que sintieron una de las tiras de cuero que habían sobrado de sus zapatos. Con ella improvisó una venda lo mejor que pudo, teniendo en cuenta que no veía lo que estaba haciendo.

- ¡Fayt, lo siento tanto!- En la voz de la divium podía advertirse su honda angustia - Debemos sin embargo seguir adelante y te necesito, porque no puedes destruir el barril por ti solo… ¡La explosión te herirá! Necesito que los distraigas de nuevo… pero esta vez no los ataques… salta, salta detrás de ellos y sílbame en cuanto estés, para que sepa hacía donde desviar mis proyectiles... tendrás que esquivar fuego y mis flechas !Lo siento!

La muchacha realmente lo lamentaba, la sola idea de herir a Fayt nuevamente la aterraba, pero no tenían más opciones que seguir actuando hasta acabar con esas cosas. Apenas empezaba la cacería y ya tenían problemas, pero si así era ahora, ¿Cómo sería después?

No tenían tiempo ni oportunidad de ser débiles. Apretando los dientes, Kyra esperó a que su compañero se pusiera en movimiento otra vez. Quería ayudarlo mejor con esa herida, si podía, pero eso tendría que esperar a que estuvieran a salvo.

Estaba cansada, pero aún así, se mantuvo en el aire a la misma distancia, escuchando, concentrándose lo más que podía. Ya había errado dos tiros, uno más no podía ser, así que, con todo el dolor de su alma, volvió a tomar tres de los proyectiles suyos, aquellos más pequeños que los que había comprado y que llevaban sus plumas.
Los posicionó en el arco, tensó la cuerda y esperó la señal para disparar.

Así, estaría, disparando, rogando por alcanzar al enemigo y que Fayt pudiera con su agilidad deshacerse tanto de sus flechas como de las bolas de fuego, hasta que alcanzara, si podía, los barriles, o tuviera que pensar en otra estrategia.

- ¡Cuidado con mis flechas!- repitió tan sólo a su amigo y lo oyó desplazarse hacía la trampa mortal que, sin embargo, era el único camino.

Silbido, disparo de tres. Silbido, disparo de dos flechas. Ojalá, ojalá, dieran en el blanco.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Fayt Reeden el Dom Ago 05, 2012 9:41 pm

Todo no había salido como esperaban, Fayt había intentado que su patada acertara en uno de los bromistas, pero para su sorpresa, la pierna no tocó el cuerpo del monstruo y acabó perdiendo su objetivo, y su equilibrio. Cayó irremediablemente al suelo donde rodó durante varios centímetros. ¿Cómo era posible? Los cuerpos eran intangibles, pero al parecer sus ropajes también lo eran. Al menos todo menos el dichoso barril. Fayt dio un puñetazo en el suelo de pura rabia y se dispuso a levantarse, pero había olvidado por un momento que Kyra había disparado varias de sus flechas, y al levantarse, una le impactó en un hombro.

¡AAGH!

Fayt ahogó un grito. Sintió al principio un pinchazo enorme, y luego un dolor quemante y molesto, que le impedía mover el brazo. Al girar la cabeza se dio cuenta de que Kyra había errado el tiro y le había dado a él en vez de a los dos monstruos. En ese momento, la divium lo recogió y lo intentó alejar de los bromistas, que se reían de ellos y los perseguían de cerca. Esta gimió de arrepentimiento e intentó hacerle una curación rápida. Pero no tenían mucho tiempo, partió la flecha con ojos llorosos y se la sacó de la carne, que al ser desgarrada, Fayt volvió a gemir.

¡Oye! ¡Eso duele! —se quejó Fayt, casi como un niño.— No te disculpes, no es culpa tuya —para su sorpresa, y para la situación tan desesperante en la que estaban, el chico sonrió— el dolor hace que me enfade, y que sea más rápido y fuerte. Es una cosa que me enseñaron en el templo —luego volvió a encarar a los bromistas, que les volvían a rodear, esta vez contra un callejón que tenían detrás, pero estaba seguro de que no se irían sin antes devolverle a aquellos bastardos lo que le habían hecho.

Kyra le contó el plan que llevarían a cabo, esta vez no intentaría golpear a los monstruos, sino que llamaría su atención, ese sería el punto clave para que Kyra pudiera dispararles a su punto débil.

¡Bastardos, venid a por mí! —el joven se adelantó y llamó la atención de los dos monstruos.

Mantuvo el dolorido brazo cerca de su cuerpo y rígido, flexionado sobre su pecho, para que no diera más problemas de los que ya daba, intentó concentrarse, intentó que el dolor no le importase, estaba acostumbrado al dolor, y al fuego, era un monje de Ehrinias, y lo iba a demostrar.

Esprintó lo más rápido que pudo hacia ellos dos, y justo cuando estos pudieron lanzar sus bolas de fuego, pataleó el suelo e impulsó su cuerpo hacia el aire, en lo que sería una simple acrobacia para sorprenderlos, e intentar colocarse detrás de ellos. Lo que sucediera a continuación lo decidiría la madre fortuna, pero lo ideal sería que los dos monstruos se giraran hacia el monje, para lanzarle las bolas de fuego, estando de espaldas a Kyra, aún elevándose sobre el suelo.

Detrás de uno, colocó dos dedos en la boca y silbó con fuerza, intentó esquivar lo que viniese y con aquel movimiento, se puso detrás del otro y silbó de nuevo, esta vez, saltaría hacia la pared de la casa más cercana y la utilizaría para propulsarse con otro salto hacia la entrada al callejón y volver con su compañera.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Lun Ago 06, 2012 9:37 pm

La situación no se desenvolvió tal y como él había planeado, pero aquello acababa de empezar y haría falta más que un golpe y una caída para torcer la voluntad de Erick.
Por suerte había estado rápido a la hora a la hora de esquivar al insecto, si hubiera caído sobre él ahora la cabeza de Erick sería papilla, que con tanta bestia suelta, no tardarían en comerse.
Aquello no había hecho más que empezar. Encaró a la criatura que tantos problemas le estaba dando, dispuesto a acabar con aquello lo antes posible y empezar con otra criatura, el día sería largo, pero no podía demorarse más en aquello.

Enarboló sus cuchillos y se lanzó a por la criatura. Al parecer la maniobra anterior no había sido del todo infructuosa y aunque ahora aquejaba el dolor del golpe en el costado al correr, el rojillo se tambaleó debido a sus propias heridas, golpeando el metal que recubría las casas. En ese momento el pequeño atacó, aprovechando que el rojillo intentaba estabilizarse, para intentar lanzar dos tajos a las dos patas del lado más separado de la pared con la intención de que no volviera a saltar y, en menor medida, andar. Podría ser ese el momento del golpe de gracia. Si veía una posible oportunidad, aprovecharía para clavar los kunais en la panza del insecto, pero no quería recibir ningún golpe más, así que iría con cuidado.

Si no podía terminar aquello ahí mismo, lo próximo sería intentar hacerle volcar con una patada, dudaba que pudiera ya defenderse, nunca se sabe. Si la patada salía bien sería cuestión únicamente de rematarlo una vez estuviera del revés. Por otro lado aquello podía torcerse y lo más sensato sería intentar atacar el resto de patas y, de nuevo, volcarlo para atacar el vientre.
Sin duda aquel gesto de la patada le haría aquejar el dolor del costado, pero era mejor que hacerlo con las manos, aún le quedaban patas y parecía más seguro atacar con la pierna.

No era un plan demasiado elaborado, quizás ni siquiera saldría bien, pero Erick tenía prisa por acabar con aquello. Una duda asaltó la mente del Yordle, si insectos como aquel se le resistían, ¿cómo serían los demás? Sin duda alguna aquel no era más que el comienzo de un desfile de peligrosas bestias.


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Heskit Hojasombría el Vie Ago 10, 2012 8:21 pm

Solté una carcajada al ver como, tras lanzar la segunda cuchilla, el enorme caldero finalmente caía encima de la escaramuza. Algunos de los hombres hongo se dieron cuenta a tiempo, y chillando, se apartaron como pudieron, aunque dos de ellos resultaron desparramados por el suelo, además de las tres criaturas que estaban peleando con ellos. ¡Magnífico!

En ese momento escuché una voz de hembra humana que decía que tenía veinte puntos. ¡Ñe-jejejejejeje! ¡Buen movimiento, sí-sí! Sin embargo, en ese momento pasó algo no previsto, ¡ñaaaaargh! El tubo se rompió cuando unas barras de hierro lo golpearon, haciéndome soltar un chillido mientras caía, pero tuve suerte y caí sobre unas pieles. Sin embargo, al girarme vi que los cuatro cosa-hongo me habían visto.

Mi mente tramó un plan, y envainando las cuchillas, empecé a agarrar las pieles sobre las que había caído para lanzárselas como pude a las cosas-hongo, ñe-jejejejeje... ¡Si lograba cegarlos y atraparlos me sería más fácil! Una vez hube lanzado suficientes pieles, desenvainé de nuevo mis armas y empecé a correr hacia ellos. Mi idea era empezar a apuñalarlos, cortarlos y rajarlos mientras saltaba y correteaba a su alrededor, tratando de esquivar sus ataques. ¡Ñe-jejejejeje! ¡La velocidad de los rátidos nos hace superiores! ¡Ña-jajajajaja!
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Malblung Anwarünya el Sáb Ago 11, 2012 5:44 pm

Con gozosa puntería, el rayo de calor alcanzó a dos de los desdichados hongos. Lejos de darse cuenta de su terrible destino, siguieron corriendo, hasta que las llamas los prendieron. Las flechas de Lairë fueron certeras y profundas, pero algo iba mal. Los hongos no morían, sólo estaban aturdidos. ¿Cómo podía ser? ¡Claro! ¿Cómo no lo había pensado antes? Los hongos, son lo que son, hongos. No tienen órganos vitales, así que las flechas sólo podrían herirles. Me giré levemente para informar a mi compañera.

- ¡Lairë! Las flechas no pueden dañarlos, al ser hongos no poseen órg…

Pero justo entonces un enemigo, el único ileso, cayó sobre mi cabeza. El hongo fue veloz y yo fui un estúpido al olvidar su presencia. Noté sus garras y sus colmillos sobre mi cabeza… Dolor, mucho dolor. Grité mientras retrocedía y movía mi cuerpo en vaivén, para ver si caía. Su presa era fuerte, y eso no funcionaría, pero al menos con unos pasos más me habría alejado lo suficiente de la batalla para poder lanzar un conjuro. El dolor era agudo e intenso, pero aferré bien mi espada y el bastón, y me dispuse a destruir a la sarnosa criatura mientras me tenía cogido. Con suerte podría matarla, o por lo menos tirarla al suelo. No debía distraerme. Debía ser más rápido.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Lairë Tinúviel el Sáb Ago 11, 2012 5:53 pm

Seres de piel impenetrable y que no se morían por mis flechas. Pude observar (y oír) como Malblung sí acertaba, así que no podía ser menos. Su intento de decir algo me dejó algo alucinada, pero si las flechas no funcionaban, entonces sacaría, muy a pesar porque solo eran bichos inútiles, mis dagas. Las descolgué y las empuñé, y mientras me acercaba, algo en mi interior recordó: los hongos no tienen órg...anos vitales. Habría que mancharse, con lo poco que me gustaba a mi... Todo fuese por mejorar, todo fuese por mejorar...

Me acerqué al primero, flecha en el ojo, pero tenía tantos más que solo chillaba y se retorcía. No parecían afectados, sino más bien como cuando a un niño le haces un corte en el dedo, que se traumatiza por nada. Suspiré y me abalancé sobre él, para rajarlo de lado a lado hasta que dejara de moverse. Y mientras tanto, rezar para que los otros no se liberaran.
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