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La Gran Caceria de Lindblum

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Mar Ago 14, 2012 6:34 am

Unos caen… otros se alzan
Triunfos y derrotas, sangre y lágrimas
¿Quien será el vencedor?
¿Quién está dispuesto a sacrificar más?
Un juego de luces y gritos
Que tendrán un final inesperado.

Christian Chacana 14 de agosto de 2012

El rey miraba atento y en silencio aquel enorme cristal, ante sus ojos una de las chispas de vida se había extinguido, la cacería ya había cobrado su primera víctima, había reclamado una existencia, una vida que fugazmente había desaparecido en silencio, aquel cazador … quizás había sido demasiado confiado, quizás había subestimado a su presa, pero ahora sus restos se consumían sobre las rocas del camino, esperando desaparecer completamente y no dejar rastros, como si fuera una estrella fugaz, que desaparecía en un parpadear. El primer ministro, también contemplador de la escena se giro hacia el rey y hablando con tono suave le pregunto “Si era necesario avisar de la muerte”, el rey negó, era el riesgo que todos los que se atrevían corrían, en su cuerpo estaban las marcas de varias cacerías y también el del dolor y desesperación que había tenido que soportar para lograr obtener el título, aun así … quedaban competidores, y ni siquiera había pasado una hora de la competencia … por lo que la competencia seguía en pie y sin retrasos … era cruel, pero era verdad …

Quienes hasta ese momento habían sido los que más problemas habían tenido, ahora buscaban una forma de dar vuelta la moneda y remediar su situación, quizás el mejor plan no había sido internarse en aquel estrecho callejón, pero aun cuando eso disminuía su movilidad, también lo haría de aquellos dos monstruos que tantos problemas les habían causado y más de una herida dolorosa dejado para su recuerdo. Los bromistas parecían hablar entre ellos, con risas y movimientos de sus manos, mientras se internaban en búsqueda de sus “juguetes” o mejor dicho presas, mas cuando ya estaban dentro de la callejuela, notaron muy tarde que el monje no se encontraba, su plan de escabullirse por bajo los bromistas había dado resultado, aunque el movimiento le había dado como recompensa una terrible punzadura de dolor, lo que hizo que apretara sus dientes hasta hacerlos crujir, su entrenamiento le había permitido soportar el dolor mejor que muchos participantes de aquella competencia, aun así, no había podido evitar que la herida hecha por su compañera sangrara entre las precarias vendas colocadas … su plan había salido “casi” a la perfección, había silbado y su compañera, Kyra la divium había disparado sus flechas … aunque los bromistas no se habían girado los primeros proyectiles habían impactado en los barriles, atravesando sus cuerpos intangibles y dando en el blanco, tan solo fue un segundo, antes de que a los ojos del monje el bromista se inflaba como un globo y reventaba con una gran explosión, debido a que los muros estaban tan cerca las casas crujieron horriblemente.

Mientras le monje se protegía con un par de cajas restos del barril salieron disparados hacia todos lados, instantes antes de la detonación las otras flechas habían dado en el lugar adecuado, y gracias a la detonación pasada el bromista siguió a su compañero, reventando en un estruendo que hizo que todos los que ahí se encontraban sintieran que los muros temblaban … la explosión fue altamente sonora, como cualquier detonación, aunque para el monje no fue más que una molestia durante un par de segundos, no así para la divium, la cual debido a su ceguera poseía un sentido del oído extremadamente ficho y aquellas dos detonaciones habían magnificado su intensidad varias veces en sus oídos. La divium grito dejando caer el arco al suelo y llevándose las manos a los oídos, para quedar en posición fetal en el suelo. Sin darse cuenta una voz femenina se escucho, pronunciando “Kyra 15 puntos”

El pequeño “morado” como se hacía llamar había tenido un inicio algo dificultoso, especialmente con su primera bestia, al cual a diferencia de muchos, no era en lo absoluto agresivo, sino mas bien fortuito su encuentro, sus primeros ataques únicamente habían logrado que el enorme insecto se molestara y lastimara el costado de sus costillas, pero ahora tenía la oportunidad de sobrevivir a esa batalla y quizás aprender algo de ese “juego” ya que no le había tomado el peso como otros y podría verse en grandes aprietos si no pensaba con la cabeza fría, lo cual era contra su naturaleza. El insecto había hecho un mal cálculo y sus patas habían cedido para impactar contra uno de los edificios, era la oportunidad del pequeño y no la desperdiciaría, ya que tan rápido como le era posible se lanzo contra su presa y usando su filoso kunai cerceno una de las patas delanteras de la bestia, esta chillo con fuerza retorciéndose y tratando de defenderse, pero mientras lo hacía nuevamente blandió el arma, cercenando otra pata y haciendo que esta volara por el cielo dejando un reguero de sangre verdosa, el animal intentaba colocarse en pie aun, pero con únicamente dos patas en ese costado le era casi imposible y solo se balanceaba intentando defenderse, entre tanto forcejeo se escucho como si dos ramas secas se quebraran, no eran otra si no las dos patas que sin poder soportar el esfuerzo se habían quebrado en dos y ahora el enorme insecto mostraba su vientre al descubierto, mientras no dejaba de chillar con desesperación ante el peligro.

El roedor quizás había comenzado con al mejor de las suertes, mas ahora se enfrentaba a un predicamento, ya que era verdad, su fuerza no era igual a la de un humano y aquellas pieles para curtir no eran precisamente fáciles de lanzar, aun así, podía mover algunas y por suerte fue una ventaja su velocidad, las pieles, resbalosas por naturaleza por algo de grasa en su interior evitaba que los hongos avanzaran, no eran demasiados y la ventaja la tenía el roedor, ya que haciendo uso de su gran agilidad, salto desde ese nauseabundo lugar y sujetando sus armas comenzó a corretear alrededor de los hongos, que torpemente intentaban agarrarlo, pero cuando parecía que lo habían hecho se escabullía entre sus pequeñas garras, uno de los hongos fue atacado, con un salto, la rata se lanzo contra él y hundiendo los filos de estos en su esponjosa carne y rajarlos como si fueran sacos usando su peso y la gravedad, los primeros cortes solo sacaron chillidos y gritos de dolor, mientras sus pequeñas manos apuñalaban ese cuerpo monstruoso y trataba de rebanarlo en dos, el hongo aun no moría, aunque literalmente había sido partido en dos casi, pero el último golpe de la rata termino pro extinguir su vida, cuando como si fuera un chorro de tinta negra, el filo de las armas habían cortado uno de los únicos puntos vitales de ese ser, algo parecido a un saco de sangre o sabia, quien sabría con esos seres, de cualquier forma un único chillido se escucho antes de desplomarse y lentamente comenzar a desintegrarse, llenando el ambiente de esporas molestas para la sensible nariz del ratino, y no solo ello … ya que las esporas atraerían a mas hongos si se esperaba el suficiente tiempo, aun quedaban algunos enemigos, y el roedor podría disponer nuevamente de sus cuerpos, nuevamente la voz se escucho, pronunciando un nuevo puntaje para el roedor. La voz femenina se escucho y ahora sus palabras alegrarían aun mas al roedor “Heskit 25 puntos”.

Los elfos no tenían mejor suerte con sus presas, al igual que con el roedor, luchaban contra un grupo de hongos, en un principio sus ataques habían parecido efectivos, pero no demorarían en ver que estaban en aprietos, el elfo, quien había ganado más puntos por esas muertes, se batía en lucha singular contra uno de esos hongos, que literalmente intentaba comerse su cabeza, era normal el dolor cuando aquellos afilados colmillos apretaban su cráneo y rozaban su piel, aun con la protección de su capucha, esto solo evitaba que los colmillos se incrustaran en la carne, entre gritos y dolor el mago levanto su espada y como si fuera un trozo de carne ensarto por entre las piernas al escurridizo hongo, este al sentirse atravesado intento liberarse, chillando y cayendo al suelo retorciéndose entre espasmos dolorosos, sin meditar en tiempo, el mago levanto su bastón y aun cuando no estaba hecho para ese tipo de combate, comenzó a golpear la cabeza de la bestia repetidas veces, mientras su “cráneo” o estructura de la cabeza quedaba reducida a una masa informe, el hongo no demoro en expirar y su cuerpo lentamente se convirtió en un amasijo de esporas que se elevo por el aire, dejando la espada del mago tan solo manchada con una sustancia negra que se secaba rápido, una voz femenina se escucho “Malblung 15 puntos”.

La elfa viendo que sus ataques habían sido inefectivos, se lanzo por el primer hongo que se encontraba retorciéndose en el suelo, su daga rasgaba su blando cuerpo, abriéndolo como si fuera un trozo de carne sin cocer, aunque no salía sangre, si podía escuchar los chillidos y gritos de dolor del hongos, mientras este intentaba arañar el cuerpo de la mujer con sus garras, mas la daga se incrusto profundamente en su pecho y antes de siquiera dar el movimiento para rebanar el cuerpo, un chorro de una sustancia negra salió disparada hacia las manos de la mujer, manchando tanto sus manos como sus ropas, pero el hongo dejo de moverse, y como había pasado con el de su compañero, se disolvió entre esporas, una voz femenina dejo escapar una voz que la elfa escucharía por primera vez “ Lairë 5 puntos”. Mientras sucedía todo, el hongo que poseía la saeta en su boca se la había arrancado y viendo al muerte de sus compañeros intentaba huir de ese lugar.

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Kyra Elyadme el Lun Ago 20, 2012 1:41 am

Kyra oyó el silbido de sus propias flechas en el aire, así como a Fayt desplazándose. Estaba tan tensa como lo había estado su arco, temía por su compañero como no temía por si misma, a la espera de cómo salieran las cosas, aguantando la respiración, oyendo, vigilando.

El suspenso cobra una nueva perspectiva cuando es en la oscuridad. ¿Qué pasa? ¿Por qué sucede? ¿Cómo sucedió?

Cosas que Kyra no podría nunca responder. Lo único que supo fue que algo había salido bien porque alcanzó a oír los pasos de su compañero en movimiento de nuevo cuando un sonido atronador impactó en sus tímpanos.
No pudo evitarlo: gritó y cayó al suelo, soltando el arco en el proceso, llevando sus manos a sus desprotegidas orejas, cubriéndolas, deseando que se detuviera el dolor y la conmoción.
Y también el pánico. Luego del dolor, sobrevinieron unos instantes de sordera, una especie de momento estático que casi la paralizó.

”La Explosión” fue todo lo que pudo pensar Kyra, sintiendo su cabeza dar vueltas. Sabía que debía concentrarse, estaba consciente de su vulnerabilidad, pero no sabía hacía dónde moverse, cómo actuar.
Temblaba como una hoja mecida como el viento. ¿Sorda? ¿También?

Pero pasó. Poco a poco, el dolor fue remitiendo así como los sonidos empezaron a volver, confusos, desordenados, desorientadores. Sintió naúseas, pero se obligó a calmarse y a buscar con dedos temblorosos el arco. Lo encontró y se arrastró, en cualquier dirección, cualquiera que no implicara el breve calor que experimentó cuando –presumía- el barril o barriles explotó o explotaron.

Al moverse, su sentido de orientación falló todavía más. Gimió, esta vez un poco más bajo y se sintió miserable, pero incapaz de detenerse.

Momentos más tarde, sintió un tacto en sus hombros. Se tensó, su mente imaginando horribles monstruos, pero el agarre fue mucho más suave. Fayt – pues de él debía tratarse- la arrastró hacía algo sólido, una cosa que ella registró en cuanto empezó a recuperarse de los estragos de lo sucedido.

Respiró; una y otra vez, hasta que fue capaz de percibirlo y darse una idea de dónde estaba o cómo se encontraba. Luego recordó que su compañero estaba herido y respirando todavía jadeante, dijo al aire:
- Fayt… tu herida… te puedo curar.

Aún temblando, pero obligándose a relajarse, se concentró durante unos momentos, hasta que obtuvo la serenidad suficiente para ahuecar las manos y realizar el hechizo.
- Guíame hacía tu hombro- le dijo la muchacha a su compañero, sintiendo luego como sus manos lo llevaban hacía el punto.
Dejó caer el preciado líquido en la herida, oyendo confusamente un suspiro de alivio de Fayt. Esto la tranquilizó a ella también y se apoyó en lo que fuera que era la estructura dónde estaba apoyada.

-¿Qué hacemos ahora?- preguntó Kyra, ignorante de todo lo que había pasado.
Pero seguiría ignorándolo, porque entonces un ruido la alertó de una presencia extraña y distinta y no precisamente bienvenida.
- ¿Qué es eso?- preguntó con tono de voz muy diferente.
-¡Cucarachas! le llegó la respuesta.

Tocada por la cautela y la alarma, Kyra se puso en pie con el arco de nuevo en las manos. Buscó un proyectil dentro de su morral, pero lo cierto es que estaba un tanto cansada…
Lo único que podía percibir y no con la nitidez de normalmente, era el ruido de patas acercándose hacía ellos, como una condena inevitable que los hacía ponerse en eterna guardia.

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Fayt Reeden el Lun Ago 20, 2012 1:43 am

Aquello había sido una locura, pero al menos, había funcionado. Los dos fantasmas se inflaron como dos globos de feria y reventaron con una explosión verdosa. Fayt dio un grito de júbilo al observar las dos primeras muertes, que bien que le habían costado, pero el sonido estridente había afectado al fino oído de la divium, que ahora se quejaba en el suelo de un tremendo de cabeza. El monje vio a su amiga tirada en el piso. Parecía que se estaba arrastrando hacia dentro del callejón, pero corrió hacia ella para socorrerla, se agachó y tomó aquel cuerpo liviano que tenía y que cargaba con facilidad. Pero al intentar levantarla, un agudo dolor en el hombro le recordó que aún tenía la herida de la flecha.

Dejó que Kyra se apoyara momentáneamente sobre la pared del muro contiguo al callejón, oteó rápidamente la zona, y se aseguró de que no hubieran monstruos alrededor. Por fin tenían un momento de descanso desde que empezaron. Parecía que llevaban una eternidad en la cacería, pero en realidad, apenas no había pasado ni una hora. Pero sobrevivirían, estaba seguro de ello.

Cuando se le pasaron los efectos vibrantes de la explosión, que tardó sólo unos minutos, insistió que debía curarlo. Ella extendió las manos y las juntó, como si fuera a tomar agua de algún lago y a beberla, pero en vez de eso, el agua apareció entre sus manos ahuecadas y le dijo que tenía que impregnarla sobre la herida. Miró un momento confundido a su amiga, y llevó sus manos gentiles hasta la herida.

Parecía agua, pero eso no era todo lo que podía ser, sino que también, al impregnarla sobre la herida, vio maravillado como esta empezaba a cicatrizar rápidamente. Tenía pinta de que fuera algún tipo de hechizo curativo.

Gracias Kyra. Te prometo que no volveré a fallarte.

Dijo, mientras apretaba los puños y empezaba a mover el brazo que quedó herido para calentar sus músculos.
Poco después de un descanso de unos 10 minutos, Kyra llamó la atención al monje. Había escuchado cientos de pasos que se dirigían hacia ellos. Creyó que se trataba de una marabunta de monstruos o algo así, pero en realidad se trataba de tres monstruos que caminaban sobre varias patas. Medían un metro y medio, eran anchos, feos, con púas y mandíbulas en la boca. Fayt solo tuvo tiempo de darse cuenta de que había una nueva página en el compendio, con nuevos monstruos. Y que esos que se acercaban se llamaban...

¡Cucarachas!

No sabía cuántas se acercaban todavía pero estaba preparado para recibirlas, al menos, esperaba que estas no fueran intangibles, porque todavía no había golpeado nada, y sentía un hormigueo en sus extremidades, que no se iría hasta pegarle una buena paliza a esos monstruos, por Kyra.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Heskit Hojasombría el Lun Ago 20, 2012 4:28 am

¡Ñe-jejejejeje! ¡Las pieles han surtido éxito! ¡Hurra, hurra por mí! ¡Ña-jajajajaja! Las pieles eran pesadas, y me costó lanzarlas, ¡pero lo logré! Tras unos cuantos esfuerzos, ¡moví unas cuantas y las interpuse entre mí y las cosas-hongo! Aquello tuvo el efecto deseado, pues los hongos se quedaron detenidos, resbalándose y quedando a mi merced.

Empecé a corretear alrededor de ellos, saltando y girando, clavándoles las cuchillas cuando lo veía adecuado, frustrándolos porque cuando creían que me tenían, yo saltaba y los esquivaba, ¡ñe-jejejejejeje! Finalmente encontré mi oportunidad, y de un salto me coloqué encima de uno de ellos, empezando a acuchillarlo y rajarlo con saña, mientras una amplia sonrisa se dibujaba en mi rostro. ¡Ña-jajajajajaja! ¡Me encanta matar así! ¡Corta, apuñala, destripa, desgarra, desangra! ¡Ataca una y otra vez hasta que estén muertos, bien muertos sí!

Finalmente, tras muchos chillidos y gritos de dolor mientras clavaba mis armas, casi cortando en dos a la criatura, finalmente lancé mi ataque definitivo, clavándolo contra una especie de saco que, al ser apuñalado brutalmente, soltó un chorro de la sangre de la criatura, y tras un último chillido la criatura dejó de moverse, ¡muerta al fin! ¡Ña-jajajajaja! Sin embargo, mi olfato detectó esporas, ¡y ese olor es molesto! Además... Ese rastro de olor podía ser perjudicial. ¡Mataría a los hongos y me iría de allí!

Decidí que no era bueno perder tiempo, así que, quedando ya solo tres de las criaturas, me acerqué a una de las que estaban más apartadas, y poniéndome a su espalda, salté sobre él, derribándolo y empezando a clavarle las cuchillas donde se suponía que quedaba la cosa-saco-corazón. Rápidamente mis cuchillas empezaron a abrirse paso a través de su espalda mientras la criatura chillaba. Tras varios golpes, finalmente logré reventarlo, matando a la segunda criatura. Entonces ya había empezado a pillarle el tranquillo, ¡ñe-jejejejeje!

De nuevo, hice lo mismo contra otro de los hombres hongo, sabiendo esta vez que mis cortes debían ser amplios y profundos para así arrastrar toda la carne posible y hacer más fácil el proceso de destrozarle el corazón a aquella criatura. Varios golpes más, ¡y ñaca! ¡Muerto! ¡Ña-jajajajajaja! Ya solo quedaba una criatura, y parecía tenerme miedo. ¡Sí-sí! ¡Me encanta cuando la gente tiene miedo a esa pequeña ratita que antes habían menospreciado! ¡Eechik parece débil, pero yo soy fuerte, y todos caen en mi engaño! ¡¡¡TODOS!!! ¡¡¡TODOS DEBEN MORIR POR SER TAN IDIOTAS!!! ¡¡¡ÑA-JAJAJAJAJAJA!!!

Pocos segundos después, ya había acabado con el último de los hongos, y mi marcador ya había logrado abultarse lo suyo, ¡lo cual era genial! Sin embargo, ¡debía salir de aquella factoría y buscar una nueva presa, sí-sí! Volví corriendo hacia la chimenea, escalándola de vuelta. Por el camino me topé con Murci, quien se despertó y se posó en mi hombro. Si no fuera porque su único trabajo era cagar y mear para envenenar mis armas, ¡ya le habría matado! Una vez estuve finalmente fuera, entrecerré los ojos y avancé un poco la capucha para que mis pobres ojos no sufrieran por culpa de la cosa-sol, y en ese momento saqué el papelajo que me habían dado. Vi que habían salido nuevas criaturas, y durante diez minutos me detuve a leer y memorizar todas las que pertenecían al barrio industrial. ¡Debía estar prevenido, sí-sí!

Cuando acabé de memorizarlas, empecé a moverme por el tejado, pero no pasó mucho rato hasta que, ocultándome tras una chimenea, pude oler, oir y ver algo. Al asomarme un instante para mirar pude ver que se trataba de la cosa denominada “Nodriza”. ¡Aquello daba 300 puntos! ¡Si lo mataba me aseguraba la victoria! Ñe-jejejejeje. Estaba algo alejada de mí, pero no era nada que no pudiera arreglar con unos cuantos saltos por los tejados. ¡Debía matar a aquella cosa! ¡Era peligrosa, pero si lograba que no me viera podría matarla antes de que sus engendritos me atacaran! ¡Era un día glorioso para mí! ¡Ña-jajajajaja!
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Lun Ago 20, 2012 12:57 pm

El pequeño yordle decidió no cantar victoria antes de tiempo y aunque se alegró de ver al rojillo chillando en el suelo, boca arriba, después de haberle cortado las patas de uno de los lados. El insecto dejó ver por fin su preciado vientre, visiblemente menos blindado que el resto del caparazón. Un jugoso objetivo. Erick blandió con destreza sus dos kunais y los clavó, ayudándose de su escaso peso para penetrar el vientre y una vez en aquella posición tiró hacia si mismo, creando dos surcos que tardaron poco en volverse sanguinolentos mientras el rojillo no cesaba su agudo grito. Pero este grito no duró mucho más, Erick clavó sus kunais de nuevo, formando dos nuevos surcos sanguinolentos y poco a poco el grito fue cesando, convirtiéndose en un gorgoteo hasta, finalmente, quedar del todo apagado.

Erick pensó en el insecto, había sido bastante descuidado a la hora de enfrentarse a aquel monstruito, aunque el encuentro había sido más casual que premeditado. Para los próximos enfrentamientos tendría que tener algo preparado, no podía ir dando palos de ciego, por muy divertido que esto fuera.

El Yordle ascendió de nuevo a los tejados y desde allí vio algo que le podría ser de utilidad. Al acercarse lo pudo observar más claramente, era una estructura de madera que sobresalía apenas uno o dos metros sobre el tejado. En la cima había un trozo horizontal, con una polea a cada lado y con una cuerda pasando por ellas.

Al parecer eran unas casas en construcción y aquel era un sistema para elevar los pesos hasta la parte superior de la vivienda. En el extremo de la cuerda había material de construcción, esperando para ser subido. Erick hizo un intento de levantarlo, pero era algo pesado para él por lo que tuvo que quitar algunas cosas y ahora sí, con algo de esfuerzo, logró subir la carga y asegurar la cuerda para que esta no cayera. Acto seguido abrió el pergamino que el rey Cid les había entregado a todos, pensando cual podría ser el mejor cebo para atraer hasta allí a alguna otra bestia. No tuvo que buscar más, al parecer unos se alimentaban de rocas. Los ladrillos que había tenido que apartar porque no había podido cargarlos podrían suponer un buen atractivo para esos devoradores de rocas. Colocó dichos ladrillos debajo de la carga y miró a su alrededor, solo faltaba una cosa, ¿Dónde ponerse?

Al ser tan pequeño bien podría ponerse en una caja o un barril, un barril iría bien. En un callejón adyacente había unos cuantos, hizo rodar uno de ellos, el que estaba vacío y lo colocó cerca de la cuerda. Para poder cortarla rápidamente si lo necesitaba, que lo necesitaría. Además, podría vigilar fácilmente la zona desde ahí, bien sacando ligeramente la cabeza o bien por entre las rendijas del barril una vez se acercaran demasiado. Ya solo restaba esperar a que esos Come Roca se pasaran por allí.

Erick sacó apenas los ojos por entre la tapadera del barril a la vez que sacaba la mano por la parte opuesta, dispuesto a cortar la cuerda en cualquier momento. Ya podía ver como dos figuras se dirigían hacia el lugar. Una en apariencia ligeramente más corpulenta y otra, que seguía a la primera, algo más pequeña, sin embargo, ambas coincidían en una cosa, parecían cargar con una especie de mochila, una chepa más bien que los hacía ir encorvados hacia delante.


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Malblung Anwarünya el Mar Ago 21, 2012 8:03 pm

Los nervios me azotaban desde las entrañas. Después de girar sobre mí mismo, balancearme y dar saltos para sacar al hongo que me apresaba, logré atravesar (en un intento desesperado) al pobre ser. Mi espada se hendió en ella y soltó mi capucha. Bendita fue la buena costurera que la hizo, que si no mi cabeza hubiera tenido un par de agujeros. Ahora el hongo estaba en el suelo. Esgrimí mi bastón con tremenda fuerza y golpeé sin piedad. Después de repetidos ataques con la punta me pude declarar como vencedor.

Al echar mi vista hacia delante comprobé con satisfacción como Lairë eliminó con éxito a otro de ellos. Los dos que restaban, aterrados, comenzaron su huida.

- ¡No podemos dejarlos huir! - exclamó mi compañera. Elevé el bastón para cogerlo por una mejor altura y cargué. Lairë fue presta también, y juntos pudimos exterminar a nuestros enemigos antes de que atrajeran a una amenaza mayor. Un hongo más para cada uno.

Tras comprobar nuestro estado (enemigos derrotados, ninguna herida destacable) continuamos la expedición andando con cuidado. No mucho más tarde aparecieron nuestros siguientes oponentes. Dos callejas más allá de una plaza relativamente amplia, encontramos a dos brutos de apariencia grotesca. Unas piernas pequeñas pero extremadamente fuertes sostenían sus cuerpos humanoides, que recordaban al de un jorobado amorfo. La parte superior era aún más horrible, un enorme saco con protuberancias que parecía ser un problema para el equilibrio.

Mientras los observábamos detrás de una columna, Lairë me llamó la atención. Tenía el compendium en la mano, y su dedo señalaba una representación fiel de los monstruos: eran come rocas. Asentí y observé el terreno. Estábamos en un cruce relativamente estrecho y con muchos obstáculos. Si nos alcanzaban podrían acabar con nosotros, así que no era el mejor lugar para empezar un combate. Pensé deprisa.

- Acabar con estos nos dará ventaja, pero en este cruce intrincado duraremos poco. Sígame con cuidado, volveremos a la plaza.

Ella pareció estar de acuerdo sin problema. Volvimos a la calle y comenzamos a decidir la estrategia. Mi compañera fue muy brillante sugiriendo que atacáramos subidos a los tejados. Desde arriba, podríamos abatir a nuestros lentos enemigos sin que éstos nos pudieran dar grandes dificultades. Aún así, necesitábamos algo que trajese a nuestras víctimas a la trampa.

- Usted es mucho más veloz, por lo que debería atraer a los comepiedras aquí.
- Sí, pero será inútil una vez esté abajo. No podré subir sin que ellos me hubieran alcanzado, y no pienso usar mis dagas. - Repuso ella.
- ¡Pero yo aún podré hacer menos! - contesté, con énfasis - piense que mi protección es mínima.
- Yo puedo disparar muchas flechas mientras tú sólo lanzas un conjuro. Por eso tengo que estar arriba, apuntando.
- ¡Así no haremos nada! Piense que si estoy abajo corriendo no puedo hacer ni un conjuro. Preciso estar arriba, cubierto. Soy un mago - gruñí. Me estaba cansando de que no escuchara. Lairë suspiraba.
- Espera. ¿Tú no tenías un animal de compañía? - preguntó. Estúpida pregunta, ¿qué tendría que ver mi búho con nuestra batalla?
- Sí, nos observa desde arriba. - Señalé hacia el cielo. Blink, mi búho familiar, oteaba desde las alturas, volando en círculos. Como siempre y es normal, nunca se alejaba mucho de su amo. La miré con incredulidad. Ella hizo un rostro sarcástico a cambio.
- ¡Mandémoslo a él!

Qué estúpido fui. El búho. Claro, el búho. Decidido quedó. Le hice una señal a Blink para que bajara. El señor búho es más cascarrabias que yo, pero al menos es obediente. Lairë buscó una fomra de subir a los tejados mientras yo preparaba una sorpresita mágica y ardiente para nuestros "invitados". Llamé al fuego a mis dedos y marqué una runa en el suelo. Susurré las palabras arcanas necesarias y mi estallido volcánico estaba listo. Cuando los monstruos pisaran la runa, unas terribles llamas saldrían evocadas desde la tierra.

Lairë regresó al cabo de breves momentos. Había encontrado unos peldaños en un edificio mucho más atrás. Nos colocamos sobre unas tejas, considerando una conveniente separación entre los dos. Blink extendió sus alas y se metió por los callejones en búsqueda de los come rocas. Mis ojos eran los suyos.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Lairë Tinúviel el Miér Ago 22, 2012 12:55 am

Me sobrecogió sobremanera que no saliera nada, ni sangre, ni pus, ni polvo, ni nada del hongo, pero eso no iba a pararme: continué golpeando, lanzándole cuchilladas a mala saña por ser inmune a mis espléndidas flechas, hasta que finalmente conseguí que una cosa rara oscura saliera de su cuerpo, que se convirtió en polvito de esporas rápidamente. Había evitado sus garras, y mis primeros cinco puntos en la cacería así me lo hicieron saber. Suspiré, aliviada. No podía ser que el tonto del mago me superara.

Pero no todo estaba así. Había dos más huyendo. Rabiando y pensando que eran bichos feos y aburridos, decidí no darles opción a buscarse nuevos compañeros o a recuperarse. Si les había dado una flecha mía, iban a morir. Me lancé contra el más avanzado, optando por clavar las dagas en su cuerpo, donde un ser normal tendría el torso, y desgarrar desde allí. Pareció funcionar, pues también se convirtió en esporas. Mientras, Malblung se había cobrado, entre bastonazos y espadazos torpes pero visiblemente efectivos, al otro superviviente.

Al terminar, me repasé. Algun pequeño zarpazo me había provocado algun rasguño, mas no había recibido nada más. Malblung, en cambio, parecía estar algo mal de la cabeza, pero presto comprobé que solo por lo ya conocido con anterioridad, pero nada físico.

Suspiré, casi me lo habían matado. Si se moría estando él a mi cargo, ya podía considerarme una proscrita de Erithrnem... Y yo debía volver hecha una gran guerrera y arquera, para demostrar a los elfos que la magia era inútil. Tampoco conseguiría mucho si Malblung me ganaba en este torneo, bien pensado... Pero me sacaba años de ventaja, el ratoncito, así que no pensaba ocupar mi tiempo en ello. Mi meta era mejorar.

En esas andaba yo pensando cuando oi un ruido de piedras chocando y me encontré, ante mi y a una prudentísima distancia, a los dos bichos más feos y repugnantes que había visto en mi "corta" vida. Dos moles, una más alta que la otra, que parecían hechas en piedra, grotesquísimas, deformes y desproporcionadas, con una espalda curvada y jorobada que incluía una especie de tumor demasiado grande. Si me había quejado de los bichitos esos, los honguitos, lo retiré enseguida: eso SÍ era asqueroso.

Escondidos detrás de una columna que por suerte estaba allí, saqué el compendium y comprobé, sin mayor emoción, que efectivamente eran mágicos, pues había aparecido un segundo tomo y, a la cabeza de él, se encontraban los comerocas. Otros que no podían ser perforados, lamenté internamente.

Tuve que llamar la atención del ratoncito, que parecía estar demasiado ocupado estudiando a los feajos como para preocuparse por mi. Instantáneamente el cerebrito decidió que debíamos ir a la placita, mucho más apta para ataques, especialmente para maniobrar. Pero mi cabecita también estaba pensando, y aunque acepté, dispuse una condición: íbamos a subirnos a los tejados.

Pero entonces, Malblung inició una estúpida discusión, pretendiendo que YO, una joven arquera extremadamente útil, tuviese que quedarme en el suelo como cebo. Mientras le exponía mis argumentos para que se quedara él abajo, suspirando, vi que Malblung se frustraba. Si no le daba algo con qué calmarse, el prodigio me pegaría, y no me apetecía tener que luchar contra un ratoncito con una varita. Y entonces, al pensar que el mago debería estar en su torre, rodeado de libros y su búho, me di cuenta que me faltaba el búho. ¿Dónde estaba?

- Espera. ¿Tú no tenías un animal de compañía?

- Sí, nos observa desde arriba- su cara era de "y-tu-eres-tonta-y-me-cambias-de-tema". Pero no pude evitar sonreír por su estupidez. Pobre ratoncito, una simple guerrera menor de edad le acababa de superar intelectualmente. Obviamente, él no estaba hecho para la estrategia.

- ¡Mandémoslo a él!

El ratoncito cambió su cara y empezó a hablar con su búho, que ponía las mismas exasperantes expresiones de testarudez e indignación que su amo. Debía ser un prodigio-búho, o un cerebrito-búho, o un ratoncito-búho... Al final el cascarrabias del búho aceptó, y el cascarrabias del amo sonrió orgulloso de su "obediente" animal.

Acto seguido, mientras yo encontraba un sitio por el que hasta el bibliotecario podría subir, él se dispuso a preparar una trampa de esas que él ponía. Esperé pacientemente a que él terminara y le indiqué por dónde subir y dónde colocarse para que no se cayera y, sobretodo, no me obstaculizara. Encima del tejado, mis flechas iban a ser perfectas para dar contra la única parte sensible de los feajos.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Sáb Ago 25, 2012 10:57 pm

La cacería continúa
Y las presas observan a los cazadores
Pero llegara el momento
En que las presas se vuelvan cazadores
Y los cazadores la presa irremediablemente

Christian Chacana 25 de agosto de 2012

EL rey hasta ese momento había estado contemplando la cacería, a través de aquel enorme cristal, a su lado el primer ministro observaba el avance de los cazadores, si bien no todos eran experimentados y cada uno poseía diferentes cualidades, algunos estaban a la cabeza, ya fuera por mera suerte o por un instinto de matanza natural en ellos, fuera cual fuera la razón, después de aquel pequeño inicio, bastante accidentado pro que no decirlo, los participantes parecían más concentrados y no era pare menos, ya que cada uno había estado cerca de una muerte horrible, por lo menos todos menos el ratino que hasta ese punto parecía el más capacitado para sobrevivir, y era gracias a sus instintos y porque no decirlo, mentalidad inhumana que poseía, rayando la locura y desquiciamiento. Pero el roedor no era la única promesa de victoria, contra todo pronóstico y un accidentado comienzo, la pareja de divium y humano estaban dando frutos y ahora se encontraban, aunque no en perfectas condiciones, con una mentalidad más centrada, ya que habían sido los más dañados en la pequeña refriega anterior, por su parte, la pareja de elfos no se quedaban atrás, la habilidad de una arquera y el poder de un mago no eran una fuerza que se pudiera dejar pasar y si movían sus cartas adecuadamente lo más probable es que pudieran llegar a la cabeza en aquella cacería.

Aunque los participantes tomaban la cacería casi como un juego realmente y esto estaba demostrado por sus actos, el rey estaba algo preocupado por la ultima bestia, constantemente pedía reportes de su estado y las protecciones que se le habían entregado, para evitar su accidental escape, claro que era una bestia peligrosa y aun más terrible que cualquiera de las presentadas con anterioridad en la cacería, esta ultima usualmente destrozaba a sus oponentes o simplemente les devoraba con ansiedad, como si la sangre fresca fuera un manjar para ella, mas el rey debía de estar pendiente de la cacería, no únicamente de aquel monstruo.

La divium y el monje habían curado sus heridas y descansado brevemente, eso era bueno para el cuerpo y el espíritu, especialmente para la de la mujer, el cual estaba algo perturbado por los acontecimientos pasados y especialmente por sus propios actos, los cuales habían llevado al dolor a su compañero, aunque había remediado esto con su magia, curando su herida, la cual durante un tiempo apenas daría molestias y seria como una herida pasada, el monje el cual podía ver realmente en el grupo, pronto vio a su presas, lamentablemente no eran las más fáciles ni tampoco las mejores para las condiciones de los cazadores, las criaturas, aunque aprecian agresivas, eran aun más de lo que podían pensar, sus caparazones duros como el acero les protegían frontalmente y realmente todo su cuerpo parecía un ariete, púas y cuernos eran sus armas, mientras que sus mandíbulas estaban listas para cortar un brazo con la facilidad que uno rompe una vara delgada. Quien estaba a la cabeza de ese trió de bestias era una hembra de gran tamaño, casi dos metros de alto y mucho mas de cien kilos de peso, sus patas se enterraban en la roca mientras gruñía, tras de ella, habían dos más, al parecer eran crías, ya que su caparazón era de un tamaño mucho más claro y sus púas parecían más redondeadas, y claro, parecían tener cierto miedo. El par de cazadores estaban en un nido, donde la hembra altamente agresiva protegería a sus crías de cualquier enemigo y de paso alimentaria con sus cuerpos a sus pequeños, la hembra gruño levantando sus patas traseras y sin dar tiempo cargo contra el grupo, su anchura era considerable, por lo que su cuerpo apenas cabía en la estrecha callejuela, aunque eso no evitaba que fuera una mole de músculos y furia en plena embestida. Mientras todo ello sucedía, las crías se mantenían atrás, protegiéndose entre ellos, ya que si eran atacados, no dudarían en defenderse, pero con un poder mucho menos que el de su madre.

El roedor había tenido suerte con sus presar y ahora su brazalete mostraba “40 puntos” brillantes como gemas, sin saberlo hasta ese momento estaba a la cabeza, aunque sus ansias de presas le llevarían a una presa que era demasiado para él, o quizás era realmente lo que deseaba que pareciera, sobre uno de los tejados una enorme criatura se mantenía flotando, con dos largos apéndices que casi tocaban la superficie metálica de esas casas, su color era blanco con negro y parecía estática en el mismo lugar, únicamente sus tentáculos se movían con lentitud. Nodriza o así se llamaba ese ser, era una bestia que daba gran cantidad de puntos, pero que tenía grandes dificultades para ser asesinada y aun mas por un único individuo, aunque parecía indefensa, pronto el ratino se varia complicado al ver que a su alrededor, otras pequeñas criaturas revoloteaban, como si la enorme bestia fuera un panal de abejas y el resto fuera las obreras y no muy lejos de la verdad. De pronto un sonido gutural se escucho resonar, mientras ante la vista del ratino aparecían algunos, no más de 6 u 8 bestias de un tamaño no más grande que él, llevando entre sus fauces otras bestias, algunos le eran familiar al roedor, ya que se trataban de hombres hongo o cavadores, las bestias llevaban el alimento y la nodriza, agarrándolos con sus tentáculos los llevaba hasta donde supuestamente tenía su boca y los devoraba, dejando que sus vísceras gotearan libremente desde su boca, estos e repitió varias veces mientras el antropomorfo veía como era aquel asunto, de pronto vio que algo pequeño se dirigía hacia él, no era más grande que un perro y parecía que quería impactar directamente contra su cuerpo, su pequeño abdomen estaba hinchado y era de color amarillo palpitante.

Erik el pequeño Yordle había aprendido que no solamente se podía valer de su agilidad y que no era un juego aquella cacería, lo había aprendido con el ligero dolor que ahora quedaba de la punzada en su costado, aun así una sonrisa de alegría surgió cuando una voz femenina decía “10 Puntos Erik”, sus primeros diez puntos, pero no los últimos eso era seguro. Gracias a su gran agilidad trepo a uno de los techos, encontrándose con nada menos que una sección a medio edificar, una grúa manual se encontraba justo a su favor, ya que podría usarla como ayuda para su próxima bestia, después de invertir casi media hora en acomodar todo, espero escondido en un barril cerca de la calle, en esos instantes vio a su presa, no eran ni más ni menos que dos come rocas, bestias algo torpes, pero muy resistentes, su caminar era lento, con un vaivén natural por el peso que cargaban en sus espaldas, una era la hembra, siempre primero y un tercio más grande que el macho, que sumiso la seguía lentamente, sus gruñidos guturales resonaban, como buscando algo que comer y pronto lo hicieron, algunos ladrillos se encontraban en mitad del camino y la hembra gruñéndole al macho se acerco primero, agachándose torpemente agarro uno de los ladrillos y comenzó a triturarlo entre sus fauces, como si fuera un trozo de carne, era el momento de soltar la cuerda, claro que después de ello, el macho que no era tampoco un oponente indefenso, atacaría al Yordle, podía esperar que simplemente pasaran y esperar una nueva presa o arriesgarse para obtener la cabeza en puntaje, ya que de seguro, no todos se enfrentarían a oponentes de la talla que él lo hacía.

La pareja de elfos, aunque decir pareja era algo complicado, había acabado con sus oponentes, los hongos habían terminado no ser un enemigo digno de ellos y cada uno había tenido un nuevo puntaje, el mago elfo contaba con “20 puntos” y la arquera elfa “10 puntos”. Después de recorrer un pequeño tramo se habían encontrado con su nueva presa, un par de come rocas, idénticos a los que el pequeño Yordle se había encontrado. La pareja de come rocas se movían lenta y pesadamente, como si sufrieran por el enorme bulto en su espalda, mas la pequeña plaza donde estaban estaba llena de alimento, lentamente se agacharon, claro que con gran dificultad, agarrando rocas con sus fauces y devorándolas, masticándolas y haciéndolas crujir, el elfo había preparado su trampa, pero no había puesto ningún cebo como para atraerles, y eso era un gran fallo de su parte, la arquera ya se encontraba sobre el techo de una de las edificaciones, su arco estaba tenso, ya que debía de disparar con vista de águila, la piel de la bestia era dura como al roca y pocas partes tenían suaves, pero esas partes eran sus ojos , su boca y extrañamente, aquel enorme bulto en sus espaldas, quizás un tiro certero podría ser una muerte segura … si es que tenia la habilidad y la fortuna le sonreía. El búho del mago comenzó a revolotear alrededor de la pareja, arañando con sus garras la dura coraza de la bestia, y logrando atraer su atención, un gruñido de molestia fue la respuesta, mientras la bestia seguía al búho, levantando sus patas intentando agarrarle, en esos instantes sin darse cuenta su pata golpeo el suelo, donde una extraña marca rojiza brillaba tenuemente, era el momento de actuar, y quizás el daño seria lo suficientemente extenso como para inmovilizar a la bestia y que fuera un blanco fácil.


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Fayt Reeden el Dom Ago 26, 2012 4:11 am

"Tac, tac, tac, tac, tac..." y un espantoso gruñido. Fayt miró anonadado como la cucaracha entraba en el callejón y comenzaba a cargar contra ellos a una velocidad que no podía superar la de un humano corriendo, pero lo bastante veloz como para tenerlo en cuenta. Las probóscides y sus mandíbulas bifurcadas se movían de un lado a otro, cerrándose y abriéndose. Otras dos más pequeñas pero no menos chillonas se quedaron atrás, pero la madre les cerró el paso por el callejón y entonces no pudieron verlas. Saltar detrás de aquella mole iba a ser muy arriesgado, pues dejaría a Kyra a merced de sus púas y garras, y eso sí que no lo iba a permitir.

¡Kyra! ¡Esa cosa se está acercando! —avisó el monje, mientras se adelantaba a la divium, que se encontraba al lado de las cajas. Ahora mismo los sonidos que podía escuchar ella eran los de los zapatos de metal del monje, cada vez que daba un paso, y los más suaves pero continuos de la cucaracha. Para Fayt los monstruos eran feos, pero muy feos, y el caparazón le pareció duro. Rápidamente, se puso el guantelete que le compró a aquel hombre. Sabía que en aún momento necesitaría romper un cráneo bastante resistente, y ahora mismo lo necesitaba para romperle la cara a esa cosa.

¡Tu lanza las flechas cuando yo te avise! —le indicó él.

Se acercaba, poco a poco, de vez en cuando rompía algún balcón que sobresalía. Esperó que las gentes del lugar estuvieran bien, la idea de organizar una cacería en plena ciudad le pareció una completa estupidez, ya que seguramente no podrían asegurar la seguridad lo suficiente como para echar a esos bichos de allí.

El guantelete le sería útil no sólo para aumentar la eficacia de lo que sería un golpe duro y sonoro, sino que le protegería de las púas y los dientes que podría encontrarse, ya que se trataba de parte de una armadura de metal y cadenas. Se colocó el guantelete en la mano derecha y se aseguró de ceñirlo bien a la muñeca, se puso en posición y esperó pacientemente a que el monstruo se acercara lo suficiente. Lo que debía hacer ahora era esquivar aquel mar de púas y dientes, y por supuesto, las patas; y llegar hasta su cabeza, entonces podría lanzarle unos cuantos puñetazos al monstruo en su parte más débil, unos dos o tres golpes consecutivos. No había problema para él, pues era rápido y habilidoso en dar golpes de ese estilo.

Al esquivar, el trataría de pisar siempre fuerte, retrocediendo poco a poco para que las púas del caparazón no terminasen alcanzándole. Pero sobretodo por Kyra, quien al escuchar sus pasos, sabría, más o menos, por el sonido, cuál era su ubicación. Si su plan funcionaba a la perfección, podría asestarle 3 golpes a ese bicho con el guantelete y con la otra mano. Uno con la derecha, otro con la izquierda, y un último golpe con la derecha, esos golpes y el sonido que haría el metal de los guanteletes al chocar entre sí y contra esa cosa sería la señal que Kyra estaba esperando. Retrocedería y avisaría a la divium de que disparase sus flechas, justo antes de agacharse para así esquivar las flechas de su amiga, y no cometer el mismo error de antes.

Pero... ¿Su plan saldría bien? Esperaba que sí, pues, si no, no sabría como vencer a aquel monstruo que los había encerrado allí en el callejón. Ya le quedaban pocos planes para intentar vencer a criaturas tan difíciles y duras como las que se había encontrado hasta ahora en la contienda.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Kyra Elyadme el Dom Ago 26, 2012 4:14 am

No por primera vez Kyra maldijo el ser ciega. Aquellos sonidos tan insistentes, como el correr de un ser humano, sólo que en sonido amplificado, la estaban poniendo muy nerviosa.
¿Cucarachas? ¿Qué era eso? ¿Cómo podía descubrirlo o cómo pedirle a Fayt que se lo describiese con tan poco tiempo?

El miedo y la alarma acabaron por recobrarla. Sí, había sufrido un trauma, pero no era momento de debilidades, nunca lo sería mientras estuviera en la Cacería. Fayt necesitaba apoyo y ella quería sobrevivir, no se iba a distraer cuando todavía tenía aliento y fuerza para hacer las cosas.

Tanteó a su alrededor, había percibido algo sólido cuando Fayt la arrastró al muro. Eran unas cajas, aunque ella no lo sabía, lo único que le importó fue que era un lugar alto donde encaramarse.
Luchó hasta que consiguió posicionarse y luego pensó. Al no poder ver a su adversario, tenía que sacar datos de lo poco que tenía.

Pisadas: la criatura tenía rapidez y pesadez, probablemente, según su experiencia pasada, era más alta la criatura que ella misma, lo que nos llevaba a la solución de las cajas.
Gruñidos, era una cosa agresiva y probablemente poco agradable o indiferente.
Sonidos indistintos: Significaba que había más de una criatura, porque el ritmo difería, lo que significaba que, una de dos, o la criatura se trasladaba irregularmente o había más de una transportándose de manera distinta.
Y según las palabras de Fayt, el plural “Cucarachas” hablaba de la segunda opción.

Pensativa, elevada sobre las cajas, Kyra rebuscó con su tacto los proyectiles de su morral. ¿De qué tipo necesitaba?
Escuchó a Fayt correr. Podía diferenciar sus pisadas de la de los monstruos por la dirección: mientras se alejaban se hacían más difusos, mientras que los de las cucarachas eran más cercanos y perceptibles. Oyó su grito también e intentó recordar qué tan ancho era el lugar donde se encontraba. No debía serlo mucho, si el ruido era tan potente.

Por otro lado, eso podía significar también que la criatura era grande. Ella rebuscó hasta que encontró un proyectil con punta plana y lo posicionó en la cuerda, esperando.
Oyó a Fayt gritar que él le avisaría cuándo disparar. Asintió incluso aunque ni ella ni él podían ver el movimiento.

Su plan personal era el siguiente: sonido de Fayt, cálculo de distancia, apuntar y disparar. Allí donde Fayt pegara, el sonido del impacto significaba un punto débil en el monstruo.
Así, no perdería sus proyectiles en balde.
Un buen plan o el único que tenía. Pero, ¿Funcionaría?

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

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