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La Gran Caceria de Lindblum

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Mar Oct 09, 2012 5:18 am

Muchos dejan a la suerte sus actos
Otros los calculan meticulosamente
Algunos se divierten con el destino
Otros con la simple fortuna
Pero no importa si eres uno u otro
Al final, siempre quien gobernara tus pasos
Sera el capricho de tus metas.

Christian Chacana 08 de octubre de 2012

¿Esfuerzo? ¿Habilidad? Pueden ser las llaves del éxito, de llegar hasta la cumbre, donde los de abajo se inclinaran ante uno y sabrán que a pesar de las dificultades, has seguido el rumbo y has podido llegar a lo más alto, siendo superior a los demás … ¿pero realmente funciona?, puede ser, no hay que negar que muchos de los mas grandes héroes están en los más altos pedestales únicamente porque nos e han dado por vencido, contra todo pronóstico … pero otros solamente lo han logrado gracias a sus creencias, a que han sacrificado a inocentes para obtener el éxito, otros por simple suerte o la fortuna. ¿Seria este el caso? Al parecer… por cada héroe que este sobre un podio, este se apoya en cientos o miles que han sacrificado sus vidas por que otros puedan ser adorados. Héroes silenciosos, que nadie recordara, ya que sus nombres son opacados por los más grandes y pronto olvidados, sumándose a los “Otros” que jamás “existieron”.

EL rey contemplaba desde su trono cada una de las caras de aquel enorme cristal, que como un espejo mostraba a cada uno de los participantes sin que estos se dieran cuenta, su ceño fruncido no era buena señal, el actuar de algunos participantes, literalmente temerarios le traían malos recuerdos, aun recordaba los gritos de los jóvenes y los veteranos en su mente, como si los viviera nuevamente. Qué extraño destino le esperaba, ya que reviviría aquellos momentos nuevamente, pero esta vez, lejos y sin poder actuar.

El pequeño Yordle, aquel Horige con actitud de niño aventurero, con una amplia sonrisa llena de dientes blandos e idénticos, si bien bajo aquella tela no podía distinguirse un rostro de emoción francamente anti natural para el se podía distinguir, su arma apuñalaba una y otra vez a la bestia, al cual con el primer golpe había sentido aquel dolor. Eran seres pensantes y que sentían y aun así, como bestias inútiles eran asesinadas para demostrar valor o poder, sangre oscura y gris comenzaba a deslizarse por la rocosa piel. Gemidos de dolor y miedo… ¿Por qué no lo tendría? Toda bestia debe de sentirlos… pero decir bestias está mal… todo animal y criatura merece tener miedo y a veces este tan solo se demuestra cuando la vida está a punto de finalizar, un gemido de miedo tras otro de dolor, el Yordle reconocería esos gemidos, aun cuando no los comprendería entendería “Ayuda”, “Auxilio”, “Miedo”, gemidos que en sus oídos se convertían en palabras, gemidos que resonaban entre los muros que parecían más grises de lo que eran en realidad. Pero mientras el Horige luchaba para acabar con la vida de esa criatura sintió un fuerte golpe que lo hizo rodar por el suelo chamuscado, por suerte sus reflejos y destreza hizo que pudiera volver a colocarse en pie, con nada menos que sus ropas oliendo a cenizas y sin ninguna herida. Sus ojos ahora veían por que había rodado por el suelo, la hembra caía al suelo, mientras la sangre brotaba de las profundas heridas, a su lado el macho le acompañaba, con pequeños gruñidos parecía hablarle, mientras la hembra respiraba con dificultad. Con suavidad el macho movía la cabeza contra la hembra, como reconfortándola, e intentando ayudarle a levantarse, pero esta lentamente cerraba sus ojos, como dejándose ir, alejándose del dolor y el sufrimiento. El macho comenzó a gruñir a dar gruñidos altos y cargados de dolor. La hembra había muerto, mientras que de su saco una masa gris caía unida por un largo cordón, una diminuta cría, tan pequeña que entre las manos del Yordle hubiera estado perfecto. Eran bestias… pero también eran familia. El macho siguió gruñendo al lado de su hembra y su no nata cría, gruñendo de dolor y soledad. El brazalete brillo y una voz femenina pronuncio “110 Puntos”, el Yordle comprendía, la cría también había sido contada… aunque… quizás para el y su inocente forma de ser, aquellos 50 puntos tenían un mal sabor… uno muy amargo.

Tanto elfo como elfa tenían sus choques por carácter, aunque la elfa era dominante e impulsiva, el elfo era calmo y meticuloso, quizás por esa falta de movimiento recurrente en los elfos guerreros había terminado casi al borde de caer en las fauces del come rocas, pero había tenido una buena fortuna y después de escalar dificultosamente, se encontraba corriendo por el tejado y lanzándose contra una casa cercana, extraña forma de probar al destino y al fortuna, quizás le sonreían en aquel momento, ya que fue seguro su aterrizaje, aunque algunas de las tejas de arcilla cayeron a la calle, haciendo que el come rocas mirara hacia el tejado y viendo al elfo, el come rocas esta enfurecido, no solo por el daño hacia la hembra, si no hacia su propio ser, mientras retrocedía balanceándose, las flechas de la elfa se incrustaban mas y mas en su carne, apuñalando con sus puntas sus órganos, no le quedaban demasiados minutos, pero antes de retroceder, la elfa volvió a disparar. Dos proyectiles surcaron el cielo, atravesando la delicada piel de la bestia y atravesando tanto su hígado como pulmones, la bestia se tambaleo retrocediendo, desde sus fauces cayo algo de sangre, pero se mantenía en pie. Cada respirar era un suplicio, cada latido una tortura, sus piernas temblaban, su visión se nublaba, mientras dentro de su cuerpo, la sangre fluía fuera de sus órganos, sus minutos estaban contados, pero aun podía luchar, con furia se lanzo contra uno de los muros de la casa bajo el elfo, el cual en un último instante salto del techo hacia el que antes había sido su refugio, el come rocas impacto contra el muro, logrando que gruesas grietas se crearan en su superficie y pocos instantes después, el muro se venía abajo, sepultando a la bestia o en parte, ya que sus patas aun se movían violentamente, pero segundo a segundo este movimiento se hacía más lento, hasta que en un instante se detuvo y un gruñido sofocado se apagaba entre los escombros, la pulsera de la elfa brillaría y la conocida voz resonaría nuevamente “60 puntos”. Si bien el hecho de que el macho hubiera muerto por un lado era una ventaja, ahora quedaba la hembra, que si bien estaba herida de gravedad, estaría furiosa en cuanto pudiera levantarse, ya que las llamas se habían extinguido, dejando quemaduras en todo su cuerpo, pero dejando a salvo los ojos.

Fayt… el monje, quizás había dejado su orden, pero sus preceptos no habían sido abandonados, furia y fuerza, ingenio y destreza, difíciles de encontrar todos en un mismo ser, pero ahí estaba, solo necesitaba un golpe de su mano y todo terminaría, con guadaña en mano, una que hasta hace poco le hubiera rebanado las piernas como si fueran pan fresco, recién salido del horno, pero ahora en sus manos, un arma para derrotar a su enemigo. Su plan era arriesgado, mas del que podría permitírsele, pero lo haría, apostaría todo en un tiro de la moneda, si tenía suerte daría un golpe mortal a su oponente, si fallaba era probable que perdería la vida. El monje se lanzo en carrera contra su oponente, dando un salto en el preciso momento que la bestia se lanzaba contra él, solo fue un instante, y centímetros lo que le permitieron sobrevivir. El golpe que recibió la bestia en su cabeza fue más que considerable tomando en cuenta la gravedad y el peso del monje, pero el verdadero daño fue cuando la hoz de su propia carne se incrusto en esta, un gruñido más que notorio salió de sus fauces, mientras la bestia golpeaba contra un muro u otro, pero no había terminado, estaba herida de muerte era verdad… pero ni eso le dejaría de lado la protección de sus crías. Si bien no podía girar realmente en aquel estrecho callejón, la bestia salió recta, para llegar a la calle principal, aunque eso le costó bastante, ya que la herida se había hecho más grande y ahora sangraba copiosamente. Fayt ahora tenía una madre moribunda y furiosa, y dos crías que llamaban a su progenitora con gritos infantiles y gruñidos apagados.

De la divium … esta simplemente abandono el callejón, con una mano herida, que fácil era hacer que abandonara a su compañero a la muerte, que fácil era quebrar su voluntad, su fuerza y volverla una criatura miserable y sin utilidad, si bien el camino al palacio podría ser fácil … ¿Quién podría asegurar que una bestia no le viera como una presa ahora que había dejado de ser cazadora?, era solo cosa de saltar y agarrarla con las fauces, podría volver, derrotada, miserable … volvería como lo que era, algo sin valor y sin utilidad, ya que la simple punta de una de sus propias flechas le había demostrado que aun era una criatura demasiado frágil, tanto que incluso sus propias armas podrían volverse contra ella.

De la rata … bueno había escogido mal su presa y ahora esta se volvería contra ella, los zánganos le habían encontrado y como era su naturaleza, le atacaban, había esquivado con facilidad al primero, pero los demás le atacaban por todos los puntos, con “valentía” o tanta como podría uno de los de su raza demostrar, intento huir, pero uno de los zánganos le había agarrado por la cola y ahora se elevaba, como levitando, siendo llevado hacia la nodriza, rápidamente le ratino tomo uno de sus cuchillos y con la agilidad que demostraba, una y otra vez incrusto el filo en la dura carne de la bestia, pero este simplemente mordía mas fuerte su cola, el dolor aumento hasta que sintió que ya no había presión, literalmente su cola había sido cortada en tres zonas, por las fauces del zángano, con furia singular Heskit intento asesinar a esa criatura, pero sin darse cuenta, dos pequeños obreros se lanzaron contra él, empapándolo en aquella sustancia amarillenta, lo demás fue una orgia de sangre y colmillos, los zánganos intentaban llevarse cada uno la presa, terminando por destrozar le cuerpo del ratino. La nodriza se alimentaria de carne de rata, no muy suculenta pero de mucho valor.

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Charles Preston el Lun Oct 22, 2012 10:53 pm

Erick intentó apurar la muerte de la criatura infringiéndole daños en el saco que llevaba en la espalda, seguramente, su punto más débil. Sin embargo, la escena se fue volviendo grotesca para el pobre hörige, sangre y más diversos líquidos comenzaron a derramarse desde la herida, encharcando el suelo. Los gritos de angustia de la bestia perforaban los oídos del Yordle como si de dardos ponzoñosos se tratasen, gritaba, suplicaba por su vida, algo de lo que Erick le estaba privando. La parte más animal del ninja no podía evitar sentir empatía por la bestia, él mismo podía haber estado en su lugar, si no fuera porque él, a diferencia de su presa, había sido creado con el don de la consciencia.

Un golpe, como si de un empujón se tratase hizo que Erick cayera y resbalara por el suelo, pero no le fue demasiado difícil ponerse en pie de nuevo. Y en qué mal momento lo hizo, porque la escena no hizo sino romperle su pequeño corazoncito. El macho, que antes había logrado dejar inconsciente, había despertado para reunirse con lo que Erick sabría ahora, era su compañera, su familia, e intentaba acompañarla en su lecho de muerte, tranquilizarla mientras daba sus últimos pasos hacia el más allá.

De entre la chepa de la fallecida resbaló hasta el suelo un bulto seguido de un cordón, algo sanguinolento que si bien al principio provocó el asco de Erick, se horrorizó en cuanto cayó en la cuenta y pudo discernir qué era aquello. No era otra cosa sino un feto, una vida que no había llegado a vivir. Un espectáculo grotesco para los ojos del Yordle, a quien se le había formado un nudo en la garganta, había sido él y no otro el que había segado aquellas dos vidas que ahora le pesaban en el alma.

A pesar de todo ahora se le presentaba un dilema, y es que tenía que hacer algo, no podía quedarse allí parado. Y en aquel mismo instante solo tenía dos opciones, al menos visibles para él, quedarse y luchar con el Come Rocas padre o huir y pensar en el próximo movimiento. No pudo evitar sentir cierta empatía con el animal a la hora de decidir qué hacer, estaba seguro de que en su situación él mismo buscaría venganza, asique por muy violenta que le resultase la escena decidió no huir como un cobarde y darle al Come Rocas la oportunidad de cobrarse la venganza.

Erick se preparó para la pelea. El animal no tardó demasiado en empezar a prestarle atención, volviéndose hacia él con un rugido furioso y avanzando hacia el Yordle tan rápido como el deforme cuerpo de la bestia le permitía. Aprovechando la furia de la bestia, esperó que esta no viera los abrojos que esparcía a sus pies mientras retrocedía un tanto. El plan que la cabecita del Yordle había elucubrado era sencillo, ya había comprobado antes que las plantas de los pies de los Come Rocas eran sensibles, por lo que decidió usarlo a su favor. Lo siguiente sería intentar llegar hasta la chepa, hubiese funcionado o no lo de los abrojos, que era más que nada una forma de entretenerlo, trataría de saltar sobre su lomo y una vez ahí tendría que acabar con el macho lo más rápidamente posible al acuchillarlo.

Solo pensar en que tendría que volver a repetir la escena le daba grima, pero había decidido quedarse y luchar, después de todo eso era lo que había decidido. Aunque a partir de ahí intentaría hacer las cosas más rápidas y limpias, después de todo el acostumbraba a cazar en Theezeroth, pero no se sentía bien haciendo sufrir más de lo necesario a los animales… y trataría de no elegir embarazadas… sobretodo eso último…


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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Fayt Reeden el Miér Oct 24, 2012 5:25 pm

Gracias a su nueva arma, logró hacerle una raja lo suficientemente grande como para hacerle sangrar al bicho. Se había subido encima del caparazón, y evitó las demás púas y guadañas que tenía alrededor de la boca. Una gran fisura apareció en su caparazón, y empezó a chillar, intentando sacudirse de encima al monje. Consiguió hacerlo, empezando a retirarse lentamente, caminando con sus patas hacia atrás, como si se tratara de un cangrejo de mar. El joven observó la acción bastante sorprendido, y escucho los gemidos detrás de su pesado cuerpo.

La divium se había marchado con una mano herida, no tenía más fuerzas y más voluntad para seguir con la contienda, pero Fayt seguiría, al menos para volver a buscarla. No obstante, estaba bastante irritado, no había matado ningún monstruo desde que había empezado la cacería, y ya era hora. Corrió detrás de la madre cucaracha, que llego hasta la calle principal.

Probablemente allí tendría más espacio para moverse, pero ese no era el único problema, sino que estaban allí también las hijas. Fayt no debía dejar de que la madre volviera con ellas, ya que juntas sería una amenaza mucho mayor para el monje.

¡No te escapes! — gritó Fayt mientras corría detrás de la cucaracha, dando la marcha atrás. La parte lateral de su caparazón se rozaba con la piedra de los edificios que formaban la callejuela, apenas protegida las puertas con largos paneles de aluminio y de metal. Fayt salió del callejón asegurándose de que sus dos hijos no le emboscaban, y se lanzó hacia la cucaracha con la guadaña por delante.

Parecía un berserker la forma con la que cargaba contra el animal, era como si estuviese persiguiendo a su presa. Antes les había seguido como si fueran comida, y ahora, su mente, ahora ahogada por la rabia y por la adrenalina que secretaba su cuerpo. En el templo le habían enseñado a ajusticiar a sus enemigos con el fuego de su dios, y ahora ajusticiaría al bicho por haberle hecho daño a su amiga divium. Sus puños todavía no fulguraban con el fuego con el que solían brillar los expertos guerreros de Ehrinias, pero al menos, sus ojos si brillaban con el ardor de la llama de su Dios.

Su objetivo era rematar a la madre con la guadaña, en el mismo punto donde le había golpeado y sangraba. Estaba seguro de que el dolor le ralentizaría mucho los movimientos. Estaba casi seguro de que sería lo suficientemente rápido para rematar a la madre sin que las crías defendieran a la madre. Con eso en mente, dio dos o tres zancadas, trató de esquivar algún ataque defensivo que podría lanzarle la madre, y saltó sujetando la guadaña con las dos manos, y encima de su cabeza.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Malblung Anwarünya el Miér Oct 24, 2012 7:10 pm

Entonces aterricé con dura fuerza sobre el tejado. Mis piernas se doblaron dolorosamente y saltaron algunas tejas de mala construcción. Mis manos temblorosas se apoyaron en la superficie, garantizando un movimento exitoso. Volví mi mirada atrás, hacia la batalla.

La criatura 2, enfurecida por el fallo de su ataque, corrigió su trayectoria nuevamente hacia mí. Justo entonces, dos flechas cortaron el aire y penetraron en la bolsa. El come rocas, avanzaba y retrocedía, como una gran y noble bestia en los últimos momentos de su vida. Incluso en su estado moribundo, no se dio por vencido. Sacando fuerzas de la furia destructiva provocada por el sufrimiento y la desesperación, cargó por última vez.

Recobrando el aire, flexioné mis músculos para hacer otro salto hacia otro tejado, no muy lejano. Mi posición era de nuevo segura cuando noté que la roca se sacudía violentamente. El comepiedras enfurecido acababa de estrellarse contra la pared, que rápidamente se agrietó. Esto provocó que, incrédulamente, la fachada entera del edificio se viniera abajo, sobre la criatura misma. En ese momento, estaba sepultada debajo de una montaña de su propia comida. Cínico, ¿no?

Ya estaba preparado para declararme vencedor de la pelea, pero entonces observé como las llamas de la criatura 1 se habían extinguido por completo. Su cuerpo estaba todo oscuro y quemado, excepto sus ojos, que relucían intactos. Lairë estaba bien, de pie en su baluarte. Pero mi ilustre ser no podía permitir una nueva oportunidad para el que se suponía que era mi oponente. Mi orgullo de mago quedó marcado por que esta hembra había sobrevivido a mi poderoso ataque. Era el momento de lanzar otro conjuro.

Hice girar el bastón con las manos, murmurando las palabras exactas. Si el fuego no había acabado con ella lo harían mis poderes esotéricos. Preparado el Rayo amatista, apunté con mi foco, forzando mi destreza por la distancia, a la hembra come rocas. Un destello violeta surgió.

No me había dado tiempo a ver si este rayo había impactado sobre mi presa cuando oí unos fuertes gruñidos detrás de mí, en dirección a la calle. Hasta entonces no me había fijado, pero en la pared de la calle que iba hacia la plaza había tres pequeñas larvas de Zerling. Estáticas, pero ávidas de comida, habían comenzado a gritar. Entonces, llamados para la ocasión, aparecieron dos horrendos monstruos de numerosas extremidades y armas naturales, hechas de hueso. Eran papá y mamá Zerling. Desde las alturas serían un suculento bocado, aunque había leído por alguna parte que eran muy rápidos.

Tras lanzar el rayo amatista, me dispondría a armarme de rocas quebradas y tejas, para atacar a los nuevos enemigos. No quería ser cazado y alimento de larvas. Quería ser cazador, y aquello requería iniciativa.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Lairë Tinúviel el Miér Oct 24, 2012 11:02 pm

Aterrizaje seguro, pirueta ágil, flechas certeras. La adrenalina corriendo por mis venas. Vi a Malblung ser atacado, pero mis flechas le impactaron. Era la primera vez que veía los estertores de la muerte, una muerte palpable, algo que implicaba una agonía anterior a la muerte, y entonces... Murió, y fue como las muertes anteriores.

Algo en mi se intentó remover, pero no tuve tiempo. El tiempo apremiaba, el feajo moribundo había estado a punto de llevarse a Malblung por delante al mismo tiempo y había terminado sepultado por una casa. Afortunadamente, no había civiles en ella. Suspiré internamente, esperaba que no pasara lo mismo alrededor de la ciudad, o los gastos no compensarían los supuestos beneficios que ésta recibía. Una suave voz me sacó de mis pensamientos. 60 puntos. No iba tan mal, supuse.

Pero no había terminado todo. La feaja había dejado de arder, y ahora parecía bastante mal, pero sobretodo, bastante cabreada. Eso no era bueno. Vi al ratoncito preparándose para atacar, contento de haber sobrevivido, y decidí atacar yo también, mientras tuviese una posición tan adecuada. Cogí otra flecha, dispuesta a matarlo, pero un movimiento y un sonido provocaron que mirara en otra dirección, dejándole a la feaja al ratoncito que me acompañaba.

Observé los nuevos bichos, tuve que comprobar el compendium (guardando la fecha en el proceso) y suspiré. Además de feos y asquerosos, parecía que eran gelatinosos y suaves. No decían tener puntos débiles, solo se debía evitar dar a la cabeza, algo que mirando como era el monstruo, tampoco debía ser demasiado difícil. Los otros que acompañaban parecían más complicados, pero todo era cuestión de probar y ser metódicos. Observando las posibilidades, decidí probar, mientras aún estaban lejos y debajo, si mis flechas surtían efecto en los asquerosos pequeñitos. No quería que volviese a pasarme lo de los bichos, así que mejor saber de antemano cómo hacerles el mayor daño posible en el menor tiempo requerido. Había que apostar por la eficiencia.

Volví a sacar la flecha de mi carcaj y la disparé contra el cuerpo del Larvae más pequeño, concentrándome al máximo que podía al no dejar de estar pendiente de la feaja. Esperaba que el ratoncito se encargara de ella, y yo no tuviese necesidad de salvarme de nada. Pero por si acaso, mantuve mis sentidos aguzados mientras disparaba a los miniasquerosos. Sobretodo, efectividad, rezaba mi mente.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Vie Nov 23, 2012 4:15 pm

Las bestias duermen… hasta que son despertadas por la ignorancia y la estupidez
Las bestias duermen… pero no lo harán eternamente y cuando despierten hambre tendrán
Las bestias duermen… y cada día despiertan, se ven a un espejo… y se hacen llamar humanos.

Christian Chacana 23 de noviembre de 2012
Como si fuera el amo y señor de todo lo que veía, el rey contemplaba el cristal, en su pulida superficie podían verse las lágrimas de sangre que incontables generaciones habían derramado por aquella competición, por aquellos verdaderos deseos de la cacería… pero… ¿Por qué? … la cacería ahora era una competencia, simplemente una forma de encontrar al mejor cazador… pero la verdad era otra, antes de que Lindblum existiera siquiera, antes de que la gran cacería tuviera ese nombre, aquel acto de cazar a la presa tenía otro significado… más simple, pero mucho más profundo. El rey suspiro, mientras miraba con atención, la muerte ya había cobrado sus primeros trofeos y tan solo esperaba porque su plato estuviera repleto antes de probar el primer bocado. El primer ministro apenas había hablado, igual o aun más que el rey, se mantenía preocupado, mirando otro cristal, en este se veía una puerta de hierro, fuertemente encadenada y con vigas de metal como bloqueo… pero esa puerta se movía, era arañada y con furia golpeada…. La bestia había sentido el aroma a sangre y su sed de esta había aumentado hasta la locura.

-Mi señor… ¿Debo de enviar más guardias a la zona de contención?-

El rey guardo unos instantes silencio, mirando fijamente a las caras de aquel enorme cristal, podía ver al monje luchando, al pequeño Horige el cual su corazón le impulsaba a seguir adelante, al mago y arquera que como dos hojas, se alejaban de lo que era la cooperación, el rey suspiro y miro al primer ministro.

-No, que los guardias se retiren de la zona, que reforcen la prisión y se marchen, si esa bestia se libera, no pienso sacrificar a ninguno de mis soldados para contenerla… ese será trabajo de los cazadores y su última prueba… solo esperemos que estén en condiciones de sobrevivir-

Las palabras del rey tenían razón, detener a esa bestia una vez que fuera liberada era simplemente mandar a soldados a la muerte, los cazadores serian los responsables de su fin… o quizás esta del de ellos.

El monje había perdido a su compañera, si en un principio habrían podido crear un lazo, este se había deshecho en miles de pedazos únicamente por la cobardía y debilidad de una mujer ciega, ahora el monje debía de sobrevivir y quizás aun poder ganar… aunque ahora sus posibilidades disminuían drásticamente. La cucaracha estaba herida, lo que le daba una leve ventaja al guerrero, pero como cualquier cazador sabía y tal vez el monje no, una bestia herida es aun más peligroso que una inmaculada. La bestia había intentado cambiar la situación, corriendo por aquella estrecha callejuela a la calle principal, aunque en el proceso había dejado sin protección a sus crías, era necesario. El monje había visto la oportunidad de terminar con aquella batalla, aunque sería temerario y quizás no sobreviviría a su arriesgada maniobra… en pocas palabras se lanzaría casi a su muerte. Dando largas zancadas redujo la distancia que le separaba de su presa y esquivando algunos ataques torpes de la cucaracha, esto debido a la estreches del callejón, se había lanzado con aquella guadaña desde lo alto, la cucaracha no tuvo tiempo de detenerse, cuando su propia guadaña atravesó su agrietado caparazón y se incrusto en su carne, un chillido agudo salió de sus fauces, mientras se levantaba casi en un espasmo en sus patas traseras, el monje aun agarrado de la guadaña ahora estaba colgando a poco más de un metro del suelo, cuando sintió que aquella bestia caía de espaldas, con un rápido salto y rodada por el suelo se salvó de ser aplastado por aquel pesado cuerpo, la cucaracha no había muerto, pero ahora estaba imposibilitada para hacer algo, Con fuerza movía sus patas y guadañas, gruñendo y chillando con desesperación, no había muerto y podría estar ahí durante días a menos que fuera apuñalado su corazón, mas el monje ahora tenía una oportunidad de oro, ya que el vientre sin protección estaba al descubierto y era cosa de apuñalar hasta que su vida expirara.

El pequeño Yordle había hecho algo terrible, si bien el hecho de cazar esas bestias no era malo… si lo era acabar con una madre preñada y su criatura, aun había inocencia y ternura en aquel corazón que palpitaba en su pecho, emociones dulces y tiernas que terminarían por desaparecer en cuanto las épocas pasaran y el tiempo cambiara, mas ahora tenía otros problemas, y estos eran el macho enfurecido que se lanzaba contra él. Su primer acto fue dejar a su paso aquellos abrojos… pero… ¿Qué puede hacer el dolor ante la furia y la pérdida de lo amado? El come rocas piso aquellos objetos puntiagudos y el metal se incrusto en sus patas, pero a pesar del dolor y de que con cada paso dejaba manchas de sangre, el antropomorfo salto en el preciso instante, como si hubiera calculado milimétricamente aquellos movimientos y había aterrizado en el lomo de la bestia, esta ruñaba y antes de ser apuñalada por primera vez, se lanzo hacia un lado, intentando quitarse al asesino de su hembra, el Yordle salto en aquel segundo, salvándose de que el peso de la bestia le rompiera las piernas, quizás la bestia estaba más agotada y furiosa de lo que podía soportarse, ya que a pesar de la sangre que brotaba de sus patas, intentaba volverse a colocar de pie, con esfuerzo lo logro, mirando al cazador directamente a sus ojos y gruñéndole, a la vez que rugiendo con voz grave y cavernosa, quizás hablaba el idioma entre su especie, pero el Yordle sentía que con cada gruñido le gritaba “Asesino”, de cualquier manera, las piernas del come rocas no le pudieron soportar demasiado y después de unos segundos cayo arrodillado, fatigado y sangrando, de seguro esperando su fin … o quizás guardando las ultimas energías para embestir a su enemigo.

¿Se puede decir que uno posee suerte? ¿O simplemente es capricho del destino? El mago, poderoso elfo erudito que durante generaciones humanas había devorado libros y leyendas, había practicado sus dotes mágicas hasta ser un maestro con sus conjuros, ahora como un mundano cazador se enfrentaba a una bestia herida, con la piel adolorida y quemada, donde pústulas y llagas se formarían si viviera lo suficiente. Como el gran mago que era o quizás pensaba que era, dejo fluir su magia en uno de sus conjuros, la muerte de aquella hembra estaba cerca … ¿pero realmente seria así?, como un destello violeta un rayo surgió desde el mago, uniéndolo con la bestia moribunda, aquel color amatista era un conjuro oscuro, que drenaba la vida de una bestia y se la entregaba a otra … lamentablemente, quizás el mago por la presión de la cacería o porque un sonido y visión de gusanos y monstruos habían llegado a sus ojos, que el conjuro se rompió, aquel enlace se quebró en mil pedazos, ya que debía de mantenerse si se quería obtener un buen resultado, la bestia después de un instante donde cada vez se sentía más débil sacudió su cabeza, aun el quedaban fuerzas, pero su enemigo estaba tan alto y su pareja había muerto en un vago intento de alcanzarlo … con ira y furia la bestia se lanzo hacia la casa ahora abierta, y comenzar a golpear los muros … con la intención de echar abajo aquella edificación y si lograba destruir las vigas y pilares, era muy probable que lo lograra.

EL mago había visto a otras presas y sin tomarle importancia o desconociendo los planes de la bestia, se había armado con tejas y rocas, armas burdas pero en abundancia en aquel techo, con precisión comenzó a lanzarlas hacia las larvas, pero estas parecían molestarse más que sentirse heridas. Los trozos de tejas comenzaron a romperse en sus cabezas y las larvas a la vez chillaban más, quizás por hambre o tal vez llamando a los padres.

Pero no fue sino a causa de la elfa que el verdadero horror se desato, su flecha impacto el cuerpo de una de las larvas que suaves en gran parte de su cuerpo, no pudo defenderse de aquel proyectil, sus gritos agudos y desesperados era similar a los de un bebe asustado y con miedo, maña señal para los oídos elficos, ya que entre los gritos el sonido de algo acercándose era más que notorio, en instantes ambos padres se vieron entre las callejuelas, los zerling , que habían estado cazando ahora volvían por los gritos de sus crías … y cuál era la sorpresa al ver a dos criaturas atacándoles. Los zerling rápidos como eran saltaban contra los muros para subir, pero sus garras eran incapaces de poder escalar… había que buscar otra forma y el ruido de la hembra come rocas le llamo la atención… podrían subir por las escaleras de aquella casa y llegar al techo… mala noticia para el elfo.

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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Jue Dic 27, 2012 3:15 am

No importa las palabras, si no los actos
Y aun cuando sea una bestia la causa
Las manos del hombre estarán manchadas
Cuando la vida llegue a su fin
El alma será pesada y la sangre en las manos
Serán los crímenes y pecados realizados.

Christian Chacana 26 de diciembre de 2012
Los dioses son impacientes, y a pesar de que tienen toda la eternidad, muchas veces aceleran las cosas, obteniendo efectos nefastos por sus deseos vanidosos y egoístas. Como si se tratara de un juego de naipes, los participantes habían tenido buenas manos, mientras el diablo se lamentaba de su fortuna y las montañas de oro que se alzaban en medio de la mesa, pero la muerte, imparcial siempre, había dado una nueva mano, y esta vez, la fortuna, cruel e inhumana había sonreído a quien menos lo merecía. El demonio sonrió, dando carcajadas, mientras mostraba su mano, el destino de todos, el futuro de muchos más, muerte y sufrimiento, alegría y lujuria. La carcajada resonaba en los tímpanos de aquellos miserables, aquellos que habían tenido un glorioso futuro en sus manos y que por sus actos inconscientes, se desmoronaba, como castillos de arena contra las olas del mar.

El primero en ver su futuro truncado seria el pequeño Yordle, quizás aun existía inocencia en su diminuto … y miserable corazón, pero esa inocencia había sido teñida por la sangre que hasta ese momento había derramado, animales inocentes, mucho más que su cazador, mucho más que esa desagradable ciudad. El come rocas estaba derrotado, moribundo, sus minutos estaban contados y la arena de su reloj rápidamente se agotaba, sus gritos y gruñidos de odio parecían no ser entendidos por quien acabaría con su vida, pero… aun cuando su fin era inminente… le quedaba una carta en su manga. El pequeño Yordle había sacado uno de sus kunai, tan solo era un movimiento, pero el destino tenia nuevos caminos para el pequeño antropomorfo. Rápidamente la daga oriental se dejo caer contra el cuello de la bestia, pero esta, haciendo un esfuerzo ajeno a sus fuerzas, se avánzalo contra su verdugo, sus fauces abiertas atraparon el diminuto brazo, y apretaron… y apretaron, el Yordle dio un grito cuando sus huesos literalmente eran partidos en dos y su brazo era intentado ser arrancado. Erick sintió que su cuerpo se elevaba con fuerza del suelo y como era zarandeado con furia entre aquellas mandíbulas que comenzaban a incrustarse en su carne, pero como un último acto de ira, la bestia lanzo al antropomorfo contra un árbol, antes de desplomarse sin vida en el suelo. Mientras sus ojos se apagaban, y su espíritu abandonaba este mundo, contemplo al verdugo de su existencia, al asesino de su hembra, al cruel cazador, que había cegado la aun corta vida de su cría no nata.

Erick en el momento en que había golpeado, el árbol, todo se volvió negro para él, pero el agudo dolor le hizo reaccionar pronto, aun agudo y punzante dolor invadía su cuerpo, especialmente su brazo derecho, sus enormes ojos se fijaron en este, pero lo que vio le dejaría horrorizado el resto de su vida, su brazo estaba casi desgarrado, los colmillos se habían incrustado en la carne y como dagas habían cortado esta para dejar profundos agujeros por donde la sangre brotaba, pero lo que realmente era horrible, era la forma en que estaba su brazo, roto en dos partes, se encontraba retorcido sobre sí mismo, dejando su mano en sentido contrario al natural. Su mano tembló cuando intento girar su propio brazo y tan solo tocándolo, no pudo evitar dar un grito agudo de dolor, que como respuesta tuvo a la lejanía el de una bestia… debía de moverse, debía de volver al castillo… si es que llegaba, ahí podrían atender su brazo, la cacería había terminado para él, pero no para las bestias, que desde los rincones de la ciudad, ahora veían al cazador como presa… una diminuta y herida presa.

El demonio se regocijaba, aquel juego ahora parecía más interesante de lo que había pensado en un inicio, mas ahora tocaba el turno del monje solitario, que abandonado por su compañera, ahora se enfrentaba a una bestia que no tenía nada que perder.

La madre cucaracha estaba de espaldas, totalmente indefensa ante el monje, este con la guadaña en su mano podría acabar con su vida, tan solo debía de apuñalar su corazón y obtendría una buena cantidad de puntos, probablemente estaría a la cabeza de aquella cacería, aunque … ¿ahora cual era la razón de esta?, si demostrar que era más hábil en el combate, o que sus técnicas eran superiores o quizás que la fortuna le sonreía, fuera cual fuera, mataría a una madre por unos simples puntos … y de seguro a sus crías inocentes, que no hacían más que vivir como su naturaleza les dictaba, como las depredadoras que eran. Sujetando con fuerza la guadaña, se lanzo para apuñalar el corazón de aquella monstruosidad, pero antes de poderlo lograr, algo pesado le golpeo el costado, haciendo que chocara contra el muro y lanzando lejos la guadaña, fuera de su vista. El golpe no le había aturdido, sino que simplemente se sacudió la cabeza y busco el responsable, cuál fue su sorpresa cuando vio a las dos crías, gruñéndole y mostrando sus colmillos, ambas, pequeñas quizás, pero más fuertes de lo que uno podría imaginar, habían visto como su madre luchaba y en su desesperación se habían lanzado contra el monje. Este lentamente se levanto, mientras las pequeñas le gruñían con ira, siendo más pequeñas, podían moverse mejor en aquella callejuela, y fue aquello lo que les dio ventaja, una de ellas se lanzo con rapidez contra el monje, siendo recibida con un puñetazo del monje, que había retrocedido un paso para colocarse en posición, su hermana siguió el ejemplo de su hermano, lanzándose igualmente, y siendo recibido de la misma forma, una y otra vez las pequeñas cucarachas se lanzaban contra el monje, que sin siquiera fijarse retrocedía paso a paso, no fue hasta muy tarde que comprendió la razón de esto. La madre había permanecido con vida, y esperando tras el monje, aguardo… hasta que una de sus piernas estuvo a su alcance, el monje solo sintió el dolor, cuando las mandíbulas de la cucaracha se cerraron de golpe, como un par de tijeras afiladas, el pie del monje cayo, separado de su cuerpo al suelo, mientras la sangre brotaba abundantemente de la herida recién hecha, y el monje caía al piso, listo para ser asesinado por las cucarachas.

Como una torre de naipes, la efigie del monje cayo hecha escombros, el demonio reía a carcajadas, aquel que se había cubierto de laminas de hierro veía como se oxidaban lentamente, y no quedaban más que recuerdos informes y de poco valor, pero con una sonrisa, el demonio vio a aquellos dos, elfos que podían vivir un milenio, que podían ver reinos alzarse y caer… pero que ahora, todo su mundo se derrumbaría y nada crecería en este otra vez.

Tan fuertes que pueden aparentar, tan resistentes con un espíritu vanidoso y ególatra … quizás sería esa la razón de su final, pero en aquellos momentos, había sido la fortuna, el come rocas había intentado subir por las escaleras, con la ilusa idea de poder llegar hasta el mago, sus planes fueron trucados cuando los zerlings subieron por las escaleras encontrándose, en esos instantes una lucha comenzó a realizarse dentro de la semi destruida casa, los tabiques crujían y los pilares igualmente, cuando los cuerpos de las bestias chocaban en una cruel batalla. La ya enclenque casa no resistió cuando el come rocas fue empujado contra uno de los pilares, rompiéndolo, los acontecimientos que sucedieron, fueron una cadena irrefrenable, las vigas crujieron cuando se partieron en dos y largas grietas recorrieron todo el alto de la casa, en pocos instantes, esta comenzaba a balancearse hacia un lado, el mago sobre esta, debió de saltar en un instante, mientras la casa chocaba contra la del lado y ambas comenzaban a derrumbarse por el peso, la elfa de pronto perdió el equilibrio, cuando las tejas, como fichas de domino, comenzaron a caer hacia el suelo, varios metros más abajo de sus pies. Ambos elfos, sin poderlo evitar, fueron arrastrados por los escombros hacia el suelo, entre escombros y nubes de polvo aparecieron a los minutos. La pareja estaba enterrada hasta la cintura, entre tejas y maderos, ambas casas se habían caído y había sido una fortuna que no murieran, mas ahora estaban atrapados, y si intentaban tratar de salir, terminarían con las piernas muy lastimadas, esto debido a varios trozos de madera que se incrustaban en sus piernas, mas ahora tenían un grave problema, ya que ambas larvas habían sobrevivido al derrumbe y se encontraban arrastrándose hacia los elfos.
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

Mensaje por Iron el Mar Ene 08, 2013 6:06 pm

No existe nada más que la muerte y el olvido
Para aquellos que han incumplido los pactos
La palabra dada no solo es la promesa dada
Si no que también es la cadena que les ata
Ahora aquellos que han jugado con su destino
Sufrirán el olvido, la muerte y la furia de quien es el amo y señor.

Christian Chacana 08 de enero de 2013


El diablo reía a carcajadas, mientras los aventureros llorarían y gritarían en las torturas que les esperaban. Hasta ese instante el destino había sido truncado, pero la diosa fortuna es caprichosa y cruel, aun más que los demonios y dioses. Era tiempo de que aquel juego terminara, los naipes cayeran y cada uno enfrentara el destino que les aguardaba… no eran ellos los culpables, si no los dioses que les habían abandonado en aquellas garras metálicas del maestro, de un demonio vestido de hombre, que sonreía con labios torcidos y se regocijaba al relatar cada una de sus muertes.

ME HE CANSADO DE AGUARDAR… HAN INCUMPLIDO CON SUS PACTOS, SUS ALMAS ME PERTENECEN, SUS MUERTES ESTÁN EN MIS PALABRAS Y SU DESTINO CEGADO DE RAÍZ…


Comencemos con la primera de aquellas muertes. Si bien el pequeño Yordle había jugado aquel juego bien, había probado de primera mano el dolor y el agrio sabor de acabar con una vida inocente, aquella cacería había comenzado casi como un juego para aquel pequeño antropomorfo, ahora reconocía que sus manos no solamente estaban manchadas de sangre inocente, si no que ahora sus minutos estaban contados. El dolor en su brazo únicamente ahora podía compararse con el miedo que tenia, si bien su táctica de permaneces en los techos le habían salvado den enfrentarse a oponentes no deseados, ahora su suerte estaba echada. Sonidos y gruñidos provenían de las callejuelas cercanas, con esfuerzo se levanto pero como si fuera un puñal entre sus costillas, su brazo aprecia desgarrarse y caerse a pedazos, no muy lejos de la realidad, especialmente porque ahora la carne de su brazo estaba demasiada dañada.

El tiempo paso y una sombra surgió de entre las callejuelas, una figura claramente reconocible para el pequeño Yordle, los come rocas … criaturas que conocía a la perfección, pero estos parecían ser más que una simple pareja, pronto sus gruñidos resonaron, apareciendo otros más a la lejanía, pronto el grupo, liderado por una hembra de enorme tamaño se acerco a los cadáveres de sus compañeros muertos y después de olfatear un poco, se acerco a el Yordle, claro que este había sacado su shuriken y kunai esperando luchar en su estado, aunque antes de poder hacer algo, cada uno de sus miembros fue atrapado por los colmillos de aquellas bestias y como si fuera una venganza por sus actos, las bestias comenzaron a tirar en direcciones contrarias, solo fue un parpadeo, cuando el cuerpo del pequeño antropomorfo fue desmembrado sin piedad, acabando con su vida de forma brutal, tal como había acabado con la vida de sus presas.

Con aquello el primero de los cuatros había caído, en el palacio el rey se mantenía serio viendo el enorme cristal … y con fuerza sujetando la empuñadura de su espada ya gastada, si bien estaba acostumbrado a las muertes … arrugaba el entrecejo, la situación no era la mejor ni la deseada … el primer ministro, siempre a su lado miraba nervioso otro cristal, donde se podían ver dos enormes puertas de grueso acero ser atravesado por garras como si fueran tela, tras los arañazos podían verse un par de ojos amarillentos, llenos de odio y maldad.

EL monje no tenia su fortuna comprada y ni adivinas ni profetas podrían haber conocido aquel desenlace, sus viajes habían terminado y su cuerpo se pudriría al sol, pero en aquellos instantes estaba luchando por su vida. Las cucarachas habían dado un fuerte golpe al monje, que en esos instantes sufría del dolor de haber sido mutilado, su pie, y de estar atrapado en la misma trampa que había preparado sin saberlo, la madre cucaracha no se podría mover y sus días estaban contados, mientras sus órganos internos se aplastaban en aquella posición y le era cada vez más difícil respirar, pero sus crías, aquellas que habían tenido miedo, lo habían superado y sin perder tiempo, se lanzaron contra el monje. El hombre no tuvo demasiadas oportunidades, como única arma sus puños, estos fueron destrozados por las mandíbulas de los insectos y antes de poderse dar cuenta, las mandíbulas, afiladas, de la madre cucaracha le cercenaron su brazo derecho, el monje intento dar un grito de dolor, pero una de las crías se lanzo a su cuello, desgarrándolo, sin poderlo evitar y sin más fuerzas, el monje se desplomo en aquella calle… mientras las cucarachas se daban un festín con la carne de su cuerpo.

En el palacio un grito de rabio resonó por los pasillos, mientras el rey furioso se levantaba de su trono con la espada en su mano, su barba ondulo de un lado a otro, mientras que en sus viejos y cansados ojos, ira y rabia eran reflejados … los cazadores caían uno a uno … y con ellos, aquella tradición. El primer ministro vio a su rey, la única vez que le había visto de esa forma, había sido hacia dos temporadas de cacería… y con ello, también la muerte que quedo marcando las calles de la ciudad, manchada de sangre de hombres y bestias.

El demonio reía a carcajadas, mientras las estatuas de los aventureros se desmoronaban en simple arena, aquellos que se protegían por armaduras y rectitud, verían como se oxidaban y caían a pedazos, dejándolos con la carne desnuda en un mundo de frio y soledad. Con gran regocijo, aquella oscura figura sonrió, mientras su garra acariciaba la mesa y dejaba profundos surcos que sangraban en la madera, era tiempo de terminar y que todo aquello que habían hecho los aventureros desaparecieran de la faz de ese mundo.

Los elfos se encontraban en un aprieto, sus delicados y finos cuerpos estaban atascados entre los escombros, sus piernas lastimadas por la madera y rocas de esas casas, sus armas lejos y totalmente indefensos, incluso el mago había sufrido graves heridas y de seguro dentro de su cuerpo la sangre se filtraba entre sus órganos, la elfa no estaba en mejores condiciones, una larga astilla de madera le atravesaba el pecho derecho, incrustándose cada vez mas y mas en su carne. Era una realidad… sus minutos estaban contados. No habría una vejez bajo los árboles, no habría más saber en los libros, solo muerte y dolor. Las larvas se acercaban, sobrevivientes de aquel derrumbe, a diferencia de los zerlings y el come rocas, se arrastraban dejando un camino de baba a su paso, los minutos se hicieron eternos cuando los metros se reducían, en aquel instante la pareja había agarrado escombros y eran lanzados contra las bestias, pero con cada movimiento sufrían horribles dolores en sus cuerpos y no lograban nada, gracias a las corazas de esas bestias. Cuando faltaba menos de un metro para que las larvas se encontraran con los aventureros, estos se detuvieron, y desde sus bocas comenzaron a escrutar una sustancia pegajosa hacia los elfos, pronto una ligera comezón recorrió sus cuerpos, mientras mas y mas de esa sustancia caía en su cuerpo, pronto notaron que más que una comezón, era un leve dolor, y que su piel parecía más suave … no demoraron hasta que la sangre comenzó a brotar desde donde se rascaban y la carne comenzaba a caer desde sus miembros, aquello era acido digestivo. Cuentan los habitantes de Lindblum que durante casi media hora se escucharon los gritos de ambos elfos, mientras sus cuerpos eran lentamente disueltos, y la carne de sus rostros se caía a trozos.

El rey estaba furioso, completamente, no solo los participantes habían muerto estúpidamente, si no que ni siquiera se había a cercado a un final digno. Dejándose caer medito, mientras el ministro contemplaba el cristal de la prisión de bestias y casi podía escuchar el sonido de los golpes contra las puertas, en un instante, las pesadas hojas reventaron y las bisagras no pudieron soportar los golpes, dejando que el metal cayera al suelo y aquella bestia quedara en libertad… la verdadera cacería había comenzado y ninguno de los participantes había sobrevivido para contemplarla. El primer ministro estaba a punto de hablar con su majestad, cuando un silbido se escucho y después la detonación no muy lejos, pronto una y otra vez se escuchaban aquellos sonidos, el rey se levanto rápidamente y miro por los altos ventanales, desde el océano y a través de la niebla tan común, navíos de guerra se podían ver, con la bandera de Alexandria ondeando en sus mástiles… instantes después de que la primera oleada de balas fuera disparada por los cañones, y hecho temblar el palacio, un soldado abrió las puertas del gran salón, gritando “LA ARMADA DE ALEXANDRIA ATACA LA BAHÍA Y UN GRAN EJERCITO SE ENCUENTRA EN LAS PUERTAS”, el rey apretó sus dientes, la maldita reina Brahne, había utilizado la gran cacería para atacarles … el rey estaba por dar una orden cuando una bala de cañón golpeo la base de la torre y esta comenzó a derrumbarse…


FIN DE LA GRAN CACERÍA DE LINDBLUM
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Re: La Gran Caceria de Lindblum

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