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Las puertas de Ghazrüll

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Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Sáb Jul 07, 2012 9:42 pm

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

La masacre infernal

Hace 200 años, en las cercanías de la comunidad de Zachnest, existió un enorme monasterio al que acudían personas de todas las razas y de todas las regiones de Noreth con el único objetivo de ser acogidos por los monjes sabios del Alba Roja y su misteriosa deidad y exclusiva.

Poco se sabía sobre estos monjes y sus creencias, pues al ser aceptado dentro de su círculo sacro debías hacer un voto de silencio bajo expulsión y muerte. Todo lo que la gente del exterior contaba sobre los monjes era que, a pesar de ser virtualmente mudos, sus actos de bondad y sus enseñanzas superiores los hacían personas iluminadas y respetadas por las comunidades colindantes a su monasterio.

La vida en el pantano era tranquila gracias a los monjes y sus pupilos y todo el mundo vivía en armonía tratando de seguir sus enseñanzas a pesar de no pertenecer al séquito. Pero un día, todo esto cambió abrupta mente.

Cuenta la historia que una noche, sin ninguna relevancia especial, una nube de intenso humo negro salió expulsada desde el interior del monasterio del alba roja y de él surgieron todos los males que la propia imaginación podría concebir. Demonios, diablos, criaturas del averno y muchos horrores sin nombre ni antecedentes aparecieron y llevaron consigo la muerte y la pestilencia a lo largo del pantano y sus pacíficas comunidades. Nadie lo sabe bien pues pocos sobrevivieron a lo que esa noche aconteció y los que sobrevivieron quedaron tan traumatizados por aquellos horrores del infierno que ni siquiera fueron capaces de entablar una conversación coherente de nuevo.

La masacre infernal, así le llamaron los reinos exteriores y los héroes que intentaron por todos los medios de eliminar aquellos males interminables. Sin éxito, pues el gran amo de esas fuerzas infernales debía ser erradicado de la faz de la tierra y esa si era una misión imposible de lograr.

Ghazrüll, que significa "Brindador de caos" en los dialectos inferiores, era el nombre que le otorgaron los magos de la época aunque nadie nunca supo su verdadero nombre. O quizá murió sin poder compartir el descubrimiento.

Las esperanzas estaban perdidas tras una contienda de más de tres meses en el exterior y el interior más profundo del gran monasterio del alba roja hasta que un día, antes del inicio del nuevo año, un grupo de poderosos hechiceros apareció tras una poderosa y deslumbrante estela de luz blanca que calcinó a todos los seres malignos del exterior del monasterio que osaron mirar directamente esa luz. Poco se supo de este evento, pues no parecía que existiese alguien capaz de acabar así con una fuerza demoníaca tan extensa. El Círculo de las Mil Estrellas era el nombre del grupo al que aquellos magos pertenecían, aunque no habían precedentes de la existencia de tal organización hasta ese momento.

De alguna manera, aquellos magos lograrían sellar la maldad de Ghazrüll en el interior del monasterio del alba roja exterminando a su vez todas sus fuerzas diabólicas y sacrificando sus propias vidas en el proceso, brindando la paz nuevamente a aquella zona que ahora era más un páramo de muerte que una comunidad en crecimiento.

El mal contenido en aquel monasterio maldito permanecería sellado por el resto de la eternidad y las fuerzas de Ghazrüll no volverían a escapar de su cautiverio por lo que restara de sus patéticas existencias, o al menos eso fue lo que se dijo al terminar aquella pesadilla terrenal.

Recopilación de mitos y leyendas olvidadas Vol. IV
~ K.P.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Día XVI de Zuìè Susiro Año 1000
Diario de Axelier Dragonos.
Primera entrada.

Maldigo mi fortuna... ¿Como es posible que un guerrero bendecido por la luz de Luminaris guíe sus pasos siguiendo una presencia maligna? Inconcebible...

Habían pasado casi diez días desde que comencé mi viaje hacia el sur. La presencia de las sombras me incita a continuar, aunque no logro distinguir que maldad se esconde tras esta sensación en mi pecho. No concibo la idea de que estoy siendo manipulado, debo creer que no es así. Sin embargo cada vez se me hace más difícil recordar quien soy y de donde vengo. Me siento como un títere manipulado por cuerdas invisibles desde las sombras. Pero solo puedo, no... debo creer que mas allá de estas sombras malditas se encuentra mi amada Daanira. Debo creer que mas allá de las pesadillas que me acechan podré encontrar la forma de rescatarla de cualquier mal que la tenga bajo su yugo. Y si el Creador ha decidido llevarla a un lugar fuera de mi alcance, espero encontrar vestigios de aquel amor que se vio interrumpido por el mal pero que perdurará siempre que que mi mente no flaquee y mi alma persista.

No se a donde me dirijo con exactitud, pero frente a mí yace lo que alguna vez fue una ciudad. Más bien un pueblo no tan grande como para ser llamado ciudad. Sus ruinas, son perturbantes. A pesar de que estas ruinas llevan aquí siglos enteros, por lo que puedo ver, existe una presencia maligna en las rocas y los cimientos de estas casas olvidadas. El mal estuvo aquí y mi corazón se excita por el hecho e que reconoce esta presencia maligna y por el peligro que sabe deberá encarar al ser mi corazón de quien se trata.

No queda nada aquí. Es muy difícil caminar a través de tanta maleza y agua lodosa. Ni siquiera un equino podría transitar por estas rutas olvidadas. De hecho nadie debería hacerlo, pero heme aquí, siguiendo una sombra en la oscuridad.

Después de horas de camino logro al fin divisar un pequeño vestigio de vida civilizada, o quizá solo vida pensante, en todo caso parece mi única alternativa de descanso e información.

"Zachnest [NE]
Rullvar [N]
Monasterio [NO]
Gulivdell [SO]"

Una antigua señal de madera incrustada en el fango es todo lo que mis ojos necesitan para ubicar el camino por el que vengo y el camino al que deberé seguir. Al sur oeste se encuentra Gulivdell aunque, por lo que pude apreciar, aquella ciudad pereció hace tantas lunas que ni el propio pantano podría identificar algún descendiente actual de quienes ahí perecieron. Al norte Rullvar y al noreste Zachnest, sin embargo mis ojos buscan luz a través de la oscuridad de esta noche hacia el norte pero solo encuentran más oscuridad y soledad. No así al noreste, donde mis pupilas se enfocan en aquel resplandor de luz cálida proveniente de las flamas de las antorchas. Mi camino esta claro, por así decirlo, y ahora solo debo seguir algunos minutos más a pesar de que cada vez se me llenan de suciedad las botas de mi armadura por dentro y el peso extra del lodo intenta doblegar mi resistencia, pero no lo logrará.

Sin embargo, hacia el noroeste puedo sentir escalofríos incitados por una maldad tan antigua y aún así tan temible que podría perder la razón si fuese de mente más débil. El anuncio decía que en esa dirección hay un monasterio, aunque no puedo percibir nada más que la muerte esperando a sus presas como una serpiente escondida en aguas poco profundas esperando a cualquier ciervo desprevenido en busca de algo de beber. Mi alma exige una explicación para esa oscuridad pero mi cuerpo no soportaría más actividad si no descansa antes en algún lugar.



Zachnest

Tal parece que aquí no vive mucha gente. Desde que mis pies tocaron este suelo firme aunque igual de fangoso que el del exterior del pantano pude cerciorarme de la maldad que había dejado huella en la tierra, las plantas y las viejas construcciones de piedra y madera en deterioro. El mal también había posado sus asquerosas fauces sobre este poblado pero no pudo terminar con su existencia. A pesar de esto, desconozco si en este lugar carente de armonía con la naturaleza existen vestigios de gente civilizada o si por el contrario tendré que lidiar con personas temerosas y violentas como en tantos poblados azotados por el mal.

Axelier: ......

Al entrar al único edificio con luz en el interior supe de inmediato que se trataba de una taberna sin nombre. Elevada por encima de aguas pantanosas donde ya no hay peces que no puedan comerse al pescador se encontraba edificada aquella choza de madera y techo de pajar. Una fogata rodeada por rocas adornaba el centro de la posada mientras que la barra de bebidas milagrosamente se mantenía erguida a pesar de las innumerables fracturas y surcos en la madera de la que estaba hecha. Así mismo, la poca clientela que ocupaba por lo menos tres de las siete mesas disponibles combinaban tan bien con el lugar que por un momento no supe donde comenzaba el hombre y terminaba la madera derruida y andrajosa de la silla. Al menos mi luz no los sacó de sus cabales, por lo que pensé que estaría bien pasar un momento en ese lugar he informarme sobre la zona.

Axelier: Disculpe señora. Soy un viajero en busca de comida y un lugar donde pasar la noche fría de este pantano ¿Sería tan amable de brindarme hospedaje por una noche?

Recuerdo con cierta tristeza el rostro de la obesa mujer. Era claro que no había tenido la oportunidad de disfrutar de la risa y la alegría ni una sola vez en su vida. Su expresión era tan rígida y agrietada como la madera de su taberna.

Sin mucho entusiasmo la mujer me ofreció un trozo de carne de jabalí y una refrescante, aunque poco apetitosa, bebida natural. Dijo que se trataba de una limonada pero para mí aquello parecía más agua del pantano con gajos de limón. Y lamentablemente eso era.

Axelier: Disculpe señora pero ¿que ha pasado en este lugar?

Sigo sin entender como pude ser tan desconsiderado. Apenas mencione una de las tantas preguntas que acosaban mi mente cuando el ambiente, ya de por sí pesado del lugar, se torno ciertamente agresivo hacia mí. Los clientes andrajosos locales abandonaron el sitio como si se hubiesen sentido mal por un al aroma mientras que la tabernera solo me dio la espalda y desapareció de mi vista dejando una nota sobre la barra que indicaba el número de mi habitación.

Solo en ese momento logré percatarme de que no era el único viajero que había llegado a aquella desolada villa en medio de aquel pantano maldito. Sin duda sus rostros estaban más iluminados por la vida que estas criaturas sin fe ni esperanza. Esperaba que estas personas me fuesen de ayuda y supieran más de lo que allí acontecía o tendría que pasar mi noche con más preguntas que respuestas y un mal estomacal ocasionado por agua contaminada...

Axelier: Saludos viajeros. Mi nombre es Axelier Dragonos, paladín de Luminaris y vengo a estas partes del mundo guiado por un mal capaz de hacerme estremecer...

Spoiler:

Saludos.

Como pueden ver, narraré mi historia en primera persona como si de un diario se tratara. Cabe decir que mis diálogos y todo texto en en blanco son palabras y frases que dice mi personaje en tiempo real. Todo lo demás está escrito en mis diarios en forma de narración.

En este primer post cada uno tendrá que explicar sus motivos y circunstancias que los han llevado hasta esa taberna en la villa de Zachnest y está en libertad de responder a mi presentación formal o no.

Sin excepción todos debemos estar en esa taberna esa misma noche para poder reunirnos y encarar lo que viene.

No hay orden de posteo para este turno así que pueden comenzar su historia cuando quieran. Tienen hasta el día Sábado 14 de junio para contestar y recuerden pasar a leer el tema OFFROL [http://www.cuentosdenoreth.net/t2853-las-puertas-de-ghazrull-offrol#29789] donde explico algunas cosas a tener en consideración durante esta aventura.

Sin más, espero que esta historia sea de su agrado y pasen un buen rol conmigo.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Jul 09, 2012 1:55 am

-Saludos de nuevo, mortal.-

-¿Elhías?-

-Así es, Khaelos. Escúchame bien, Heraldo de la Muerte, pues no poseo mucho tiempo para hablar contigo. Ya sabes que los demás dioses y yo no congeniamos precisamente bien, y si me encuentran bajando hasta los sueños de un mortal, bien pueden acusarme de alguna estupidez, y también entre los dioses ha de existir cierto equilibrio.-

-¿Qué quieres que haga, mi señor?-

-Mucho me temo que algo oscuro está pasando en el pantano Swash. Debes dirigirte a Zachnest de inmediato y prepararte para lo que pueda suceder, mortal. Algo me dice que tus habilidades serán muy necesarias para lo que se avecina... Llévate a quien desees, pues aunque te toparás con aliados inesperados y viejos conocidos, dudo mucho que tu hermana o tu querida estén dispuestas a separarse de ti. Y por mi parte, prefiero que no vayas solo. No puedo arriesgarme a que te pase nada por un mal presentimiento mío. Sé que harás lo correcto una vez estés ahí. ¿Has entendido?-

-Así se hará, milord.-

Noté como un rayo de sol acariciaba mi rostro, haciéndome fruncir ligeramente los ojos, aún cerrados. Tardé unos instantes en decidirme a abrirlos, mientras recordaba aquella conversación que había tenido con Elhías. Zachnest, en el pantano Swash... ¿Para qué demonios habría que ir? No lo sabía, pero... Todo hay que decirlo, realmente a Elhías es el único dios al que le debo algo, y no porque sea el dios de mi nación, si no porque en dos ocasiones me sacó de embrollos que de otro modo me habrían resultado letales. Así pues, me pondría en camino. Quién sabe... A lo mejor los designios de Elhías volvían a brindarme poder.

Finalmente me decidí a abrir los ojos, y mirando hacia mi derecho pude ver como Naerys dormía plácidamente. Sonreí. Pocas veces la veía tan relajada como cuando estaba durmiendo. Decidí quedarme mirándola y acariciándole el hombro ligeramente, con cuidado de no despertarla. Al cabo de un rato, finalmente ella abrió los ojos, y yo la recibí con una sonrisa y un beso.

Poco rato después, ya vestidos y desayunando, les comuniqué a todos aquella misión. Kariope, desde que habíamos vivido juntos aquella aventura que por poco nos costó el pellejo dijo que se encargaría de mantener el mando en la casa. No pude evitar sentirme tremendamente orgulloso de ella, pues el grado de madurez que había alcanzado en poco tiempo era bastante alto, y la relación padre-hija se había fortalecido. Por su parte, Eressea se ofreció casi instantáneamente a participar, y lo mismo iba a hacer Naerys. A pesar de que no las había visto hablar mucho, parecía que no se llevaban mal.

Partimos después de comer, montados Naerys y yo en caballos de los establos de un viejo amigo de la familia, el cual siempre solía brindarnos buenas monturas para desplazarnos a donde quisiéramos. Supongo que aún se siente en deuda con los Kohlheim después de que mi padre evitara su muerte a manos de un engendro en una batalla. En todo caso, era un buen hombre. En cuanto a Eressea, no me fijé si ella también escogió un caballo del establo o si decidió usar a su yegua.

Tardamos aproximadamente unos tres días en llegar al pantano Swash, siguiendo un trote constante, evitando forzar demasiado a los animales y preparándonos para el sitio al que deberíamos llegar. El día antes de adentrarnos en el pantano de hecho hice que tanto Naerys como Eressea se pusieran botas impermeables bajo la armadura, y lo mismo hice yo. Aparte de eso, conseguimos provisiones suficientes y algo de abrigo, pues en los pantanos suele hacer frío, aunque tampoco es un frío como el que se nota en las montañas ni de lejos.

Pronto nos adentramos en la zona pantanosa. Tratábamos de seguir los pocos senderos que había en el lugar para evitar hundirnos en el fango y así poder avanzar más rápidamente, aunque en más de una ocasión, alguno de nosotros metía los pies en el fango, y para mi desgracia yo era el que más solía hacerlo. Eressea y Naerys, al ser más ágiles, lograban evitar más veces el poner el pie en un sitio incorrecto, y si lo hacían no se metían tan hasta el fondo como yo, aunque al menos mi fuerza me permitía salir rápidamente del barro. Tras unas horas de caminata, en las cuales pasamos por las ruinas de un antiguo pueblo, finalmente llegamos a una encrucijada. Ahí indicaba varias direcciones. Al noreste se hallaba Zachnest, nuestro destino. Intuí que Gulivdell era el lugar destruido por el que habíamos pasado, y hacia el norte se hallaba otra localidad llamada Rullvar, de la cual desconocía su estado. Por último, hacia el noroeste se hallaba un monasterio. La sensación que provenía de ahí... No era para nada agradable. Tanto Eressea como yo podríamos percibirla por nuestros talentos mágicos, y entonces imaginé por qué Elhías me había encargado ir a Zachnest. Si algo malo debía suceder, desde luego caería cerca. En un susurro, antes de proseguir la marcha, dije:

-¿Serán ciertas las historias que corren acerca de este pantano...?-

No tardamos mucho en llegar finalmente a nuestro destino. Zachnest. Una desgracia de aldea. Apenas tenía unas pocas chozas, aunque por lo que pude ver al menos tenía taberna. ¿Cómo demonios lograrían dinero los habitantes de aquél lugar para poder permitirse gastarla en un lugar como ese? Decidimos ir a la taberna, habiendo envainado nuestras armas previamente. Nada más entrar, pudimos ver que a la gente parecía estar cubierta por un aura de tristeza y apatía. Dioses, parecía que estuvieran más muertos que vivos. Nada de risas, nada de música, nada de conversaciones animadas... Estaba seguro que si sacaba la espada y los empezaba a matar a todos, lejos de gritar de terror, sólo bostezarían y esperarían a que les llegara el turno.

Nada más sentarnos en una mesa libre, la tabernera se acercó a nosotros y con voz neutra nos preguntó qué queríamos. Yo pedí algo de carne para mí y tres cervezas, mientras me quitaba el casco. Una vez la señora hubo tomado nota de nuestros pedidos, les dije a mis acompañantes en un susurro para que solo ellas me escucharan:

-Si hemos de beber algo, que sea sólo cerveza... El agua de este lugar tiene pinta de ser de todo menos potable...-

Tras estar un rato conversando lo más animadamente que se podía en un lugar tan lúgubre como aquél, escuchamos como la puerta se abría. El que entró era un hombre ataviado como un paladín, y no pude evitar fijarme en él durante un buen rato, notando su aura mágica. Miré a Eressea y a Naerys y les susurré, prefiriendo anticiparme a cualquier acto violento:

-Si os fijáis bien, aunque sea un paladín, no es imperial... Tiene pinta de ser de Luminaris, a juzgar por los símbolos que posee. Son más "discretos"... Intentemos no hacer nada raro... Ya sabéis que paladines y templarios suelen ser animales de manada...-

Me dediqué a observar a aquél hombre, el cual parecía muy perdido en medio de un ambiente tan lóbrego. Sobretodo cuando le preguntó a la tabernera de una forma demasiado educada acerca de qué demonios pasaba en el lugar. Los locales se marcharon, mostrándose algo hostiles hacia el hombre. La posadera, por su parte, decidió sencillamente ignorarle. Finalmente el hombre decidió hablarnos a los pocos que ahí quedábamos. Le respondí con una pregunta, inclinándome ligeramente sobre la mesa:

-¿Y cuál es ese mal, paladín?-

Quería saber si yo era ese mal al que el hombre andaba buscando, o si se refería más concretamente a aquél aura que provenía de forma clara desde el norte, donde las señales que antes nos habíamos topado indicaban a un monasterio. En caso de que el mal fuéramos mi hermana y yo, me aventuraría a decir que aquél sería el último viaje del paladín. En caso contrario... Bueno, a Elhías no le importa de quién se acompañen sus siervos siempre que sus designios se cumplan.
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Mar Jul 10, 2012 5:18 pm

Cuando me desperté, sentí el tacto de Khaelos en mi hombro. Abrí los ojos y allí estaba, sonriéndome. Le devolví la sonrisa y, con la voz ronca, le di los buenos días para, segundos después, corresponderle el beso. Me gustaba mucho estar con él en su casa aunque, aun habiendo pasado unos cuantos días allí en calidad de su pareja, me continuaba sintiendo rara. No había experimentado nunca esa sensación.

Llegó la hora del desayuno. En el comedor familiar éramos más mujeres que hombres, pues en la mesa también estaban sentadas Kariope y Eressea. Me sentía muy cómoda con ambas, aunque me sentía algo intimidada por la primera, al tratarse de su hija. Con Eressea era un trato más natural, por mi parte. Me sentía cómoda cuando hablábamos, aunque no hubiesen sido muchas veces. Veía en ella algo más que una familiar, como quien dice, forzada. Esperaba poder entablar con ella una relación más cercana.

Mientras desayunábamos los cuatro, Khaelos nos comunicó que se le había encomendado una misión que le llevaría hasta Zachnest, en el pantano Swash. Le miré seriamente y le puse una mano sobre la suya, apretándosela ligeramente y, advirtiéndole que no le iba a ser fácil desprenderse de mi presencia. Reí ligeramente, sabía que yo para él no era una carga.

Tomada la decisión, tardamos unas horas en prepararnos y, poco después del mediodía, cuando terminamos de comer, partimos. En el establo, se me ofreció un caballo y, según me dijo Khaelos, era uno muy bueno. Yo aún no entendía muy bien de caballos, ya que hacía poco tiempo que él me había enseñado a montar. Antes de eso, sólo había ido a caballo un par de veces durante unos minutos, pues poco tardaba en caerme al suelo. Era un desastre. Durante esos tres días en los que tardamos a llegar a aquél pantano, puse en práctica mis clases de equitación y creo que lo hice bastante bien, pues Khaelos me miraba de reojo de vez en cuando y, al ver que seguía en la silla de montar, me sonreía. Yo bastante atareada estaba con mantener mi culo sentado en aquella cosa.

La zona pantanosa… Si tenía que pisar aquel suelo fangoso, lo pisaría, pues yo no era una mujer precisamente muy delicada, pero no podía evitar detestar la sensación de notarme los pies ligeramente pegados al suelo. Por suerte, mi cuerpo liviano evitaba que me pudiese hundir mucho en ese barro y las botas que llevaba hacían que no me ensuciase a penas. No me fijé mucho, pero por lo que pude ver de reojo, al igual que yo, supuse que Eressea no tendría muchos problemas, pero Khaelos… Se hundía como un peso muerto. A mí me hacía gracia cuando lo veía hundirse a cámara lenta y alguna que otra carcajada solté.

Estuvimos andando durante horas, en las que vimos paisajes varios, entre ellos, los restos de lo que parecía un pueblo ya abandonado que, por lo que vi después, parecía llamarse Gulivdell. Después de haber pasado ese pueblo, llegamos a un cruce de caminos donde nos detuvimos unos instantes para observar las direcciones que allí estaban escritas. Observé como los dos hermanos se quedaban algo serios pero yo no entendía qué ocurría. Tras eso, él susurró algo que yo oí, gracias a mi sentido del oído algo más desarrollado, a lo que le miré perpleja.

- ¿Qué historias son esas? – no pude evitar preguntarle, la curiosidad me podía.

Por fin habíamos llegado a Zachnest. Maldita sea. Tanto andar para ver finalmente aquella aldeúcha triste y deprimente. Necesitaba un trago y si era cerveza, mejor. “Ajá, allá estás esperándome” pensé al ver la taberna, en el medio de aquél lúgubre lugar. Cuando entramos, vi que no sólo ese pueblo era deprimente por fuera, también lo era por dentro. Me dieron pena por un momento, pero luego recordé la sed que tenía y me importaron tres pimientos aquellos desgraciados. Nos sentamos en una mesa y, antes de que me pusiese a pedir cerveza a gritos como si de una mujer enana me tratase, Khaelos se me adelantó, pidiéndola por mí. Medio sonreí y suspiré levemente, cómo me conocía ese hombre. Cuando la camarera se marchó, el hombre de los ojos inquietantes nos susurró que sólo pidiésemos cerveza, que el agua no parecía del todo potable. Fruncí el ceño y le respondí, también en susurros:

- ¿Para qué quiero agua teniendo cerveza? – claramente, ese día me había dado fuerte por la rubia.

Llegaron las cervezas y yo me llevé una de las jarras hacia mí y le di un trago largo, a lo que luego solté un bufido de satisfacción. No era ni de lejos la mejor cerveza que había probado en mi vida, pero me había aliviado el antojo. Giré calmadamente la cabeza para ver quién sería la próxima alma de la fiesta en la taberna del jolgorio. Era un paladín. ¿Qué hacía un paladín allí? Entonces, Khaelos habló y yo asentí, tras lo que seguí bebiendo mi cerveza, tratando de ignorar a aquél hombre. No lo pude hacer por mucho tiempo, de hecho, ya que se nos acercó para hablarnos y se nos presentó. Antes de que ninguna de nosotras pudiese hablar, mi amante le contestó de una manera ligeramente áspera, al juzgar por la postura que adquirió para pronunciar aquello. Le puse una mano en la rodilla, para intentar calmarle. Aquél hombre no parecía tener malas intenciones.

Mi reacción no fue otra que quedarme estática con un gesto solemne. Le di otro trago a mi cerveza, sosteniéndola con la mano que me quedaba libre y manteniendo la otra en la rodilla de mi compañero. Observaba de soslayo al paladín, para ver cuál era su reacción. De mi boca no salió ninguna palabra, preferí esperar a que el hombre respondiese a la pregunta que le acababan de formular. Confiaba en que mi sensación no fuese errónea y en que no sería necesario llegar a las manos.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Mar Jul 10, 2012 6:54 pm

Una enorme sonrisa se dibujó en mis labios, Amon estaba frente a mí, alargando el brazo para acariciarme la mejilla con su mano…pero nunca llegó la caricia. Aún con los ojos cerrados, vi a través de mis párpados cómo el dormitorio se llenaba de luz al tiempo que oía el sonido de las pesadas cortinas descorriéndose. Fruncí el ceño, y mantuve mis ojos cerrados, apretándolos en un inútil intento de volver a dormir y volver al mismo sueño. Quería dormir, quería volver a tener a Amon tan cerca, quería…quería…

-¡¡¡Maldita sea!!! – grité al tiempo que me sentaba en la cama. Giré la cabeza hacia la derecha cuando capté movimiento desde ese lado. Una de las criadas salía a toda prisa de mi habitación. – Cada igual, cada día lo mismo…esto tiene que acabar.

Últimamente las criadas venían demasiado temprano a abrir las cortinas y clarear las habitaciones. Pero, ¿porqué a mí? ¿Porqué yo? Quería dormir…hacía….no sé cuanto tiempo que no veía a Amon y sólo podía tenerlo cuando dormía, cuando veía su imagen en sueños. Me traía sin cuidado la hora que fuese, sólo quería dormir y soñar.
Emitiendo un largo, muy largo, suspiro me levanté de la cama, me aseé y me vestí con mi acostumbrada escasa ropa. Liviana y cómoda, fresca y flexible al máximo. No había nada mejor, por más quejas que tuviese mi hermano. Tras vestirme bajé al comedor familiar para desayunar junto a mi familia como de costumbre.

Mientras desayunábamos, Khaelos nos contó que había tenido una revelación de Elhías, no sería la primera y seguramente tampoco la última. En dicha revelación nuestro Dios deseaba que mi hermano fuese al pantano Swash, más concretamente a Zachnest. No entendí del todo qué quería Elhías esta vez de nosotros, ni qué teníamos que hacer en su nombre en aquel lugar, pero apenas un segundo tardé en ofrecerme voluntaria en acompañar a mi hermano.

-Hermano, esta vez iré contigo, esta vez no te libras de mí. – comenté con una leve sonrisa antes de levantarme de la mesa del desayuno. Si iba a partir con mi hermano tenía que preparar algunas cosas, además de colocarme mi armadura, y con tan poca soltura con ella necesitaba tiempo para acomodarla a mi cuerpo lo suficiente como para que no me molestase. Cosas de la falta de costumbre en llevar armaduras.
Una vez lista, saqué a Narwë del establo y coloqué en su grupa lo que necesitaba llevarme, aunque realmente no era demasiado. Mi hermano no tardó demasiado en unirse a mí, junto a Naerys, mi nueva cuñada. Sonreí al verlos juntos, me alegraba mucho ver a mi hermano tan feliz y ella, bueno ella parecía una buena persona, me caía bien. Realmente mi hermano sabía elegir a su compañera. Kariope decidió quedarse en casa, al mando de ésta, cosa que me alegró más aún, pues aún la veía demasiado joven e inexperta.

Tras tres días de viaje al trote llegamos al fin a los pantanos, una vez que nos adentramos en él tuvimos que bajar de las monturas y seguir a pie. Las aguas fangosas nos hacían hundirnos por nuestro peso. Para Naerys y para mí no era demasiado grave, ninguna de las dos pesábamos demasiado y podíamos salir del fango sin mucho problema. Pero para mi hermano era diferente, él en sí pesaba algo más que nosotras y su armadura tampoco ayudaba mucho. Khaelos se hundía mucho más lo que me provocaba risa, al igual que a su compañera. Quizá aquel lugar fuera triste y oscuro, pero nosotros solos sabíamos buscar ese punto divertido que hacía de los viajes buenos viajes.
Horas después, llegamos a un cruce de caminos, donde unos carteles en no muy buen estado indicaban la dirección de varios lugares. Nuestro destino se hallaba al noreste, los otros tres caminos no me habrían llamado la atención si no fuese por uno de ellos en concreto, aquel que conducía hacia el noroeste, según la madera que indicaba la dirección, hacia un monasterio. Durante unos minutos estuve mirando el camino y ladeando la cabeza ligeramente al tiempo que entrecerraba los ojos. Había algo extraño en aquel lugar, desde mi posición podía sentirlo, no sabía exactamente qué era, pero había algo.

-¿Sientes eso? – pregunté sin apartar la mirada del camino a mi hermano. Era una pregunta para asegurarme que no era yo sola quien lo notaba, quería saber que no lo estaba imaginando.

Al fin proseguimos la marcha, aunque durante el tiempo que nos tomó llegar a Zachnest no pude desprenderme de lo que sentí en el cruce de caminos. No hasta que llegamos al pueblo en cuestión, una vez allí todo pareció olvidarse. ¿Qué diablos había pasado ahí?

-No creo que esto pueda llamarse “pueblo” precisamente, apenas hay dos casas en pie y ni siquiera están enteras – comenté mientras seguía a mi hermano y mi cuñada a través del derruido pueblo. Decidimos entrar en la taberna del lugar, el camino había sido largo y al parecer a todos nos apetecía un buen trago de cerveza. Seguí a mis compañeros hasta una mesa libre mientras miraba a mi alrededor y me quitaba el yelmo. Era la primera vez que no oía más que silencio o, como mucho, susurros y murmullos en una taberna. Era la primera vez que una taberna parecía más un funeral que un lugar para divertirse y beber. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras me sentaba, tenía la sensación de que eran zombies, ¡por Elhías! Zombies otra vez no…había llegado a cogerles un poquito, bastante, de interés.

Mi hermano nos susurró que evitásemos el agua y pidiésemos únicamente cerveza. Al mirar las bebidas de los presentes hice una mueca con los labios. Jamás se me ocurriría pedir agua en aquel lugar, aquello no era agua…era puro barro. Seguramente tendría un buen dolor de estómago durante días si bebía aquella cosa, o quizá mutaría a algo extraño. Ni hablar.
Durante un rato estuvimos bebiendo y charlando, aunque para ser sincera me sentía un tanto intimidada. Yo solía alzar la voz sin darme cuenta al hablar y en aquel lugar quizá hablar en voz alta fuese delito, a juzgar por el comportamiento de los presentes.
No fue si no hasta que mi hermano nos advirtió de otro extranjero que me fijé en él. De repente los clientes salieron del lugar sin decir nada. Que cosa más extraña. En aquel momento el paladín, según lo había descrito mi hermano, se acercó a nosotros. Un paladín, era interesante. Cualquiera diría que alguien que lucha por la vida y otros que adoran la muerte pudiesen estar juntos en el mismo lugar.

El paladín se presentó haciéndonos saber su nombre y confirmando que realmente era un paladín. Además nos comunicó que había venido al lugar guiado por un mal. Fue en ese momento que recordé lo que sentí en el cruce de caminos, en dirección al monasterio. Mi hermano hizo la pregunta que yo tenía en mente, pero no era la única.

-Y ese mal del que hablas, paladín, ¿proviene quizá del monasterio? – pregunté, en un nuevo intento de confirmarme a mí misma que no había imaginado nada en relación con aquel lugar.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Franz Krieger el Miér Jul 11, 2012 8:46 pm

Jack se desperezó en su alcoba, soltó un suspiro largo y tendido. Se quedo pensativo, mirando el techo de madera. No sabía donde estaba, ni qué hacía ahí, pero sonreía como un tonto.
Descendió la mirada y pudo ver a una damisela semidesnuda mirandole en la distancia.
No pudo evitar sonreir aún más.
No podía distinguirle muy bien la cara, en verdad, todo estaba más o menos borroso, pero eso le daba igual. Empezó a bailar, y una extrama música empezó a sonar. De la nada, Jack empezó a flotar.
Había una extraña parsimonía en el ambiente, algo que no le permitía moverse, pero no le daba importancia, básicamente, tenía a una dama bailando frente a sus morros, ¿Qué más importaba que eso?

Entonces el reloj tomó forma de hombre y empezó a hablar: - ¡Hola, soy un reloj y te voy a comer las tripas! ¡Y lo disfrutaré mucho! - Tenía una extraña sonrisa en su rostro de reloj. Una extrañamente familiar. De la nada se formó una espada en su mano y se abalanzó sobre Jack, que rodó y se cayó al suelo, evitando un tajo vertical que partió la cama en dos. - ¡Vaya, eso no me lo esperaba! - Vociferó el reloj, sonriente. Jack desenfundó su cañón de plasma y abatió a su enemigo de un sólo plumazo.
Se puso en pie y después escupió una bola de tabaco de mascar que tenía en la boca. Miró a la mujer y disparó su cañón de plasma futurista. - ¡UN OJO EN EL SUELO! ¡OJO EN EL SUELO! - Soltó, acompañandolo con una carcajada demoníaca.
Se asomó por la ventana y vió un ejército de relojes demoníacos.
Y se mojó completamente, cayó en un charco de agua.

Abrió los ojos y vio una jarra de cerveza en una mesa de madera. Estaba totalmente empapado por agua, agua sucia y malholiente, pero refrescante de todos modos. - ¡Maldito vago, despierta de una vez! Llevas toda la noche durmiendo y no has consumido nada. Te he puesto una cerveza, págamela - Una voz chillona sonó, una mujerzuela habló y le puso la mano para que le pagara. Jack estaba demasiado aturdido como para enterarse de nada. - ¿Eh? - Preguntó retoricamente el cazador. Ya sabeís, en un suspiro.

Se metió la mano en el bolsillo y sacó un par de monedas, que entregó a la mujer. Qué desperdicio, ni siquiera había visto los pechos de la mujer y encima tenía que darle dinero. En verdad, estaba recostado en la silla de una taberna de Zachnest, con el gorro tapándole la cara y en una esquina oscura, apenas se le veía, en verdad. Zachnest Un tugurio pantanoso de mala muerte.
¿Qué hacía allí? Pues no es una larga historia:

Jack era un mercenario, un pistolero a sueldo. Sus trabajos eran variados, normalmente Jack era tildado de cazador de monstruos exclusivamente, pero no era del todo cierto, también hacía trabajos de guardaespaldas, investigador o arquitecto. Aunque ésto último sólo lo hizo una vez, y acabó bastante mal. En esta ocasión estaba financiado por un señor religioso de Luminaris, bastante extraño en verdad.
El caso es que debía investigar una iglesia o algo así, tampoco le informaron mucho, su misión era investigar un santuario y erradicar todo el mal que pueda haber. Lo típico vamos, para algo se llevaba cruces.
¡Mierda!
Sabía que le faltaba algo, el agua bendita. A lo mejor se la había bebido en un ataque de sed repentino. Aunque en una iglesia el agua bendita abundaba, o debería vamos.

Y ahí estaba, con una cereveza que ni siquiera había bebido... ¿Qué demonios? Ni siquiera bebía. Echó el contenido de la jarra al suelo y volvió a llenarla con agua de su propia cantimplora. Agua limpia, de verdad.
Le echó un trago y se levantó el ala del sombrero para ver la gente que había en la taberna aquella de mala muerte.
En una mesa en particular vio a... no podía ser cierto. Naerys, Khaelos y una pelirroja que no le sonaba de nada. ¿En serio?
Ni que le estuviesen siguiendo o algo. Malditos acosadores. No pudo evitar soltar una pequeña carcajada bastante sutil.

Entonces un paladín salió de la nada y empezó a hablar, pidiendo ayuda a las gentes de la taberna. Anda mira tu por donde era un miembro de la secta orden de Luminaris, cómo Jack. Aunque a él mañana se le pasaba.
Con una sonrisa se acercó al paladín y se colocó a su lado, sin llegar a rozarse ni nada, que los Paladines tenían muy malas pulgas y eran como los lobos, siempre iban en manada.

- Anda mira tú por donde, yo también soy un paladín de esos de Luminaris. ¿A qué no lo parezco? - Bromeó Jack refiriendose a Axeriel Dragonosecuantas. Después miró a Khaelos, Naerys y la otra tipa pelirroja, les saludó con la mano y les dedicó una sonrisa. - Noreth es un pañuelo - Soltó, en una carcajada.
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Jue Jul 12, 2012 6:57 am

Pág. 2


Siempre buscando vida donde la muerte abunda y, sin embargo, no esperaba encontrar tales señales de vida provenientes de personas en aquel pantano nauseabundo.

Aún no me recuperaba de aquella sensación de rechazo que sentí al ahuyentar a la poca clientela habitual de aquella taberna [aún ahora sigo sin entender mi falta de tacto] cuando mi mirada se cruzó con un grupo bastante vivaz al fondo de la choza derruida. En ese momento pensé "¡Valla, gracias a la Luz y sus bendiciones!", sin embargo pasmado había quedado tras la respuesta tan heladora proveniente del hombre tan generosamente acompañado por dos bellas damas.

Axelier: De donde yo vengo, los hombres de honor ofrecen su nombre antes de exigir respuestas.

Altanero. Fue la primera palabra que vino a mi mente tras la agresiva postura del guerrero en armaduras. Si bien recuerdo que en ese momento me había molestado por tal irreverencia, también recuerdo esa sensación inquietante proveniente de él y su muy llamativa acompañante de cabello rojizo. Aunque, pensándolo con más tranquilidad ahora que estoy en mi habitación ¿acaso sería tan extraño encontrar esa clase de presencias en un lugar como aquel?... Solo agradezco que en aquel momento lograra contener mi mano pues estoy seguro que mas de uno hubieran lamentado una disputa violenta en tan desgraciado lugar.

Recuerdo que la mujer de cabello castaño pareció ciertamente preocupada por mi reacción o la de su acompañante, sin embargo debo decir que su mirada fue más relajante que cualquiera que hubiese sentido en varias semanas ya. Que extraña es la vida cuando siendo yo una persona capaz de brindar la luz a miles de personas son aquellos con más vileza los que terminan acompañados por hermosas mujeres... valla, he profanado las páginas de este diario con pensamientos impuros [mas tarde purificaré mi mente señor mío, recuerde que aún sigo siendo un humano inexperto]

Axelier: Siento tu hostilidad y tu desconfianza, pero yo no soy ningún enemigo tuyo en lo que a mi concierne... a pesar de esta extraña sensación provenientes de ti y tu bella acompañante.

Pocas veces me había visto ofuscado por mujeres distintas a mi querida Daanira, pero tal parecía que en ese momento mi cuerpo estaba muy débil como para controlar las emociones humanas ordinarias. En todo caso, si algo me había enseñado bien mi honorable padre fue a tratar bien a las damas. "Sé un caballero y debes halagarlas sin hacerlas enfadar o acabarás como yo" ... Palabras que nunca comprendí, mi madre y él parecían llevarse muy bien. Al menos el siempre hacía todo lo que ella le pedía...

La pregunta de la pelirroja acompañaba las palabras del hombre y recalcaba el hecho de que no había sido el único que se había percatado de lo que ocurría en el monasterio. Pensé que eran buenas noticias, para variar.

Axelier: ¿Será acaso que ustedes han venido aquí atraídos por ese mal tan extraño al igual que yo?...

Aunque mayor sería mi sorpresa al escuchar las palabras de un vago borracho que se acercó con demasiada familiaridad hasta mi posición. Se presentó como un paladin de nuestro señor Luminaris al igual que yo aunque no me parecían ropas lo suficientemente apropiadas como para tal título. Tal vez hay veces en que los ideales son mas grandes que nuestros propios ingresos, pero seguramente podría costear algo más digno de un paladin si logra costear tal cantidad de armas extrañas para mí.

Al parecer se conocían todos estos extraños, por lo que deduje que sería sencillo encausarlos por la dirección correcta. Valla, y yo soy el que piensa que la mala fortuna me persigue.

Axelier: No conozco paladines como tú, estimado compañero pasado de bebidas. Pero tienes razón joven mujer, el mal que persigo proviene del Monasterio al noroeste de aquí. Deseaba aclarar mis dudas con respecto a ese lugar cuanto antes, sin embargo como pueden ver mi armadura esta demasiado sucia y mi cuerpo muy agotado por el viaje tan largo.

Axelier: Planeo partir temprano por la mañana a ese lugar. Si aún buscan una razón para estar en una villa perdida de todo ojo humano espero se unan en mi búsqueda de respuestas y sacien sus propias dudas por ustedes mismos.

Parecían demasiado cercanos por lo que no dudaba que a donde fuese uno irían los demás. Solo esperaba que mis palabras fuesen lo suficientemente convincentes como para conseguir la ayuda de uno, o más.

Es hora de descansar al fin, aunque en esta cama tan podrida no se como conciliaré el sueño, y la cantidad de mosquitos que ahora me abruman es tal que si me quedase profundamente dormido seguro moriría tras ser drenado de toda mi preciosa sangre. Por lo menos hay una vasija con agua lo suficientemente limpia como para tomar un baño rápido y sacar la suciedad de mi armadura antes de partir por la mañana.

Solo Luminaris sabe que es lo que me espera en ese monasterio. Tan solo espero no tener que ir ahí solo... pudiese darse la posibilidad de encontrar algo fuera de mi alcance y la ayuda de viajeros capaces de pelear siempre es bienvenida para mí..


Spoiler:


Bien, es un turno sencillo nuevamente. Un poco de trasfondo y algo de presentaciones para terminar la noche.

Solo les pido que no terminen la noche por el momento pues aún quedan cosas por hacer...

Gracias a su rapidez de posteo yo adelante este mastereo, sin mbargo el tiempo límite seguirá siendo los sábados para mantenerlo legal.

Siguiente mastereo: Sábado 21 .. Lo mismo que ahora, si se adelantan todos seguiré adelantando las cosas.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jul 13, 2012 2:19 am

Tanto Eressea como Naerys parecieron llegar a la misma conclusión que yo acerca del agua, aceptando las cervezas sin hacerle ascos. Nuestra conversación había oscilado entre las historias del lugar, de las cuales les conté la leyenda de que hubo una batalla entre monjes, magos y demonios, y que posiblemente la presencia del mal en aquél monasterio era precisamente lo que Elhías nos había encomendado eliminar.

La llegada del paladín supuso una tensión inmediata por parte doble. Primero, por la indiferencia de las gentes del pueblo, y luego por el recibimiento más bien gélido que le brindé. El hombre, primero de todo habló mencionando el honor. Dándole un trago a mi cerveza, le respondí:

-Y también así es de donde yo vengo. Sin embargo, la vida me ha enseñado que a veces es mejor anteponer la prudencia al honor. Mi nombre es Khaelos, Khaelos Kohlheim, conde y capitán zhakheshiano. En cuanto a ellas, si también desean presentarse, lo harán.-

Tras eso el hombre habló, diciendo que no era ningún enemigo mío a pesar de la sensación que tanto Eressea como yo le transmitíamos. Ante aquello no pude evitar reír ligeramente y le respondí, alzando una ceja:

-Tal vez tú no seas un enemigo, pero créeme que los de tu clase suelen ser enemigos de la nuestra. Si tras percibir nuestra sensación aún no has echado mano de la espada, supongo que contigo puedo dialogar.-

En ese momento Eressea habló, acompañando mis palabras. El hombre volvió a hablar, preguntándonos si realmente habíamos ido hacia allí también atraídos por el mal del monasterio. Asentí y le respondí, relajándome de una forma bastante visible, y eliminando la dureza de mis palabras:

-Así es, paladín. A pesar de que nosotros seamos siervos de Elhías, parece que tanto tu dios como el nuestro hoy han descubierto que poseen un objetivo común. Se nos mandó a este lugar por orden divina, pues en sueños, Elhías me habló, y dijo que viniéramos a Zachnest a vigilar. Recuerdo sus palabras... “Te toparás con aliados inesperados”. Supongo que tú eres ese aliado inesperado del que habló. Y teniendo en cuenta la sensación que mi hermana y yo hemos sentido que provenía del templo... Mucho me temo que ese es el objetivo.-

En ese momento sin embargo, apareció precisamente la persona que menos esperaba encontrarme en un lugar de mala muerte como aquél. ¿¡Jack!? ¡Por las llamas del infierno! De todos los viejos conocidos que podría haberme topado en aquella misión, me topé precisamente con ese. No pude evitar reír ligeramente ante lo que dijo y ante cómo se comportó, respondiéndole finalmente:

-De todas las personas de Noreth, tú eres el último al que esperaba encontrarme por aquí. ¿De veras te has metido en la orden de Luminaris? ¿Tú, que se puede deducir en qué ciudades has estado con sólo mirar las enfermedades que aquejan tu pene? ¿O por fin Erenimir te ha hecho sentar la cabeza? De todos modos, me sorprendería bastante si fuera verdad que has ingresado en los Luminaris. Nunca te he visto como un hombre de fe. Me alegro de verte camarada.-

Volví a reír, y poco después el paladín empezó a hablar, dándole la razón a Eressea acerca del mal, y dijo que aunque deseaba aclarar sus dudas acerca del lugar, primero querría descansar. Por lo demás, dijo que por la mañana partiría hacia el monasterio. Mirándole a los ojos, le dije:

-Iremos contigo, paladín. Sin embargo, antes de formar equipo, hay dos condiciones que se deberán cumplir para la convivencia. La primera es que nosotros creemos en Elhías y tú crees en Luminaris, y así seguirá durante el resto de los tiempos, de modo que las discusiones religiosas las dejaremos para otro día. La segunda es que nuestros métodos no son como los tuyos, pero como perseguimos un mismo fin, aplicaremos la filosofía de “el fin justifica los medios”. ¿Estás de acuedo con estas condiciones?-

Le tendí la mano, esperando su respuesta. Esperaba que aceptara, porque como le diera la vena fanática, esa noche correría la sangre y no sería precisamente la mía la que lo hiciera. Al cabo de un rato el paladín se fue a dormir, y cuando lo hizo yo me quedé con el resto. Una vez el santurrón estuvo fuera, miré a mis acompañantes y les dije:

-¿A vosotras os parece de fiar ese tipo? ¿O creéis que es como la mayoría de paladines, que tienen tan cargados de hombría los huevos por su autorrepresión y la liberan matando a los “infieles”?-
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Vie Jul 13, 2012 3:38 am

No me gustaba ni un pelo cómo había empezado aquello. Cierto es que Khaelos siempre optaba por la vía pragmática, le gustaba tener las cosas claras desde un primer momento y, por razones obvias, no sentía especial afecto por los paladines. Las primeras impresiones son las que crean las situaciones incómodas y así fue esa. El iluminado contestó con la misma acritud a las palabras de mi compañero. Yo apreté con mi mano su rodilla, de nuevo, manteniendo una mirada relajada y mis labios en la jarra. Entonces, cuando mi amante terminó su forzada presentación, miré primero al hombre de los ojos carmesíes:

- Así es, deseo presentarme, para algo estoy aquí, pues no soy un simple monigote – desvié mi mirada hacia la del paladín y procedí a presentarme–. Mi nombre es Naerys, Axelier.

Al terminar mi frase, me quedé mirándole unos instantes, con semblante serio para, acto seguido, desviar mi mirada y seguir hidratándome. De pronto, casi me atraganté. ¿Una extraña sensación que desprenden, quiénes? ¿Khaelos y Eressea? Me quedé extrañada, mirando el fondo de la jarra que aún tenía inclinada en el aire. La apoyé en la mesa y miré a los dos tertulianos y, efectivamente, mis preguntas tuvieron respuestas. La sensación provenía de mis dos compañeros de viaje. Allí estaban otra vez… Cada palabra que se cruzaban el nigromante y el paladín, llovían las dagas voladoras, por suerte, tanto Eressea como yo parecíamos bastante imparciales en ese juego de lanzarse cuchillos.

De nuevo, hablaron de sensaciones. Volví a ponerme seria, esta vez, frunciendo el ceño. Me sentía fuera de lugar, pues yo no tuve aquellas experiencias sensoriales de las que no paraban de hablar. Me sentía muy simple. Bueno, qué más daba yo en ese momento. Se nos había encomendado una misión y aquella, por las palabras de los tres, incluía un monasterio de “no muy buenas sensaciones”, me repetí en mi cabeza.

Repentinamente, vi una sobra en nuestra mesa de una figura que se acercaba. Me pareció gracioso ver un sombrero en ella, me recordaba extrañamente a alguien conocido. Alguien conocido… Por un momento casi me atraganto –de nuevo– con la poca cerveza que me quedaba. “No es posible”, dije en un tono casi inaudible. Su voz… No, no era posible. Giré mi cabeza hacia él, atónita. Saludándonos tímidamente, nos dijo “Noreth es un pañuelo”. Sin parpadear un “¡Maldita sea!” se escapó de entre mis labios. No pude retener las palabras en mi boca durante más tiempo. Khaelos no pareció sorprenderse tanto, actuó de forma menos asombrada y más natural, incluso se permitió el lujo de dedicarle un improperio acerca de su órgano sexual ante lo que no pude evitar reírme a carcajada limpia. Mi risa se oyó por toda la taberna, aunque no era difícil, pues éramos los que más bullicio ocasionábamos en aquél lugar.

Relajé mi risotada repentina soltando un suspiro profundo para volver a centrarme en el paladín. Éste nos ofreció que le acompañásemos, ya que teníamos un objetivo común, pero que debía ser al día siguiente, que ahora necesitaba descansar. Mi compatriota le confirmó que iríamos con él, a lo que añadí, tras asentir la cabeza, un “Así es”. Entonces, Khaelos volvió a la carga. Me ahorré los comentarios y me dediqué a mirar la mesa y suspirar. No, no íbamos a tener una plática libre de tensiones. Respiré un poco más aliviada cuando decidió tenderle la mano, lo que significaba un alto el fuego.

El paladín se fue a dormir, dejándonos tal y como estábamos antes: los dos Kohlheim y yo, la que parecía ser el nuevo miembro del clan y, como tal, lo hablábamos todo entre todos, como un consenso. Así, nuestro líder –pues así parecía por la manera en la que las cosas habían tomado rumbo– nos pidió opinión sobre el hombre que se acababa de marchar. Volví a suspirar, chasqueé la lengua y clavé mi mirada en la del zhakheshiano, levantando una ceja, con el gesto de una madre cuando regaña a su cachorro:

- Yo opino, querido, que deberías aflojar un poco la cuerda. Sí, tienes razón, los paladines son como una manada, pero éste está solo. En el caso de que nos la quisiese colar llevándonos a aquél monasterio para, allí, recibirnos con más compañeros paladines suyos… –chasqueé mis nudillos– Será lo último que haga, tanto él como todos los demás. Aún así, no tenemos nada que perder por el momento, así que, tal y como le has dicho anteriormente, mañana le acompañaremos a aquél lugar. Vamos, eso es lo que yo opino.

Terminé la frase y me incliné un poco en mi silla, terminándome el trago que decoraba el fondo de mi jarra de cerveza, aunque, más que cerveza, ya era sólo espuma.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Vie Jul 13, 2012 6:34 pm

Al parecer, al paladín no le sentó muy bien el tono que usó mi hermano para dirigirse a él. Y a mí lo que no me sentó bien fueron las palabras del seguidor de Luminaris. No sé exactamente qué fue lo que no me gustó, pero el simple hecho de que pareciese que le buscaba las cosquillas a Khaelos…me dio mala espina. De todos modos, si el paladín se tomaba tiempo para conocer a mi hermano se daría cuenta que sus palabras no eran otra cosa que un método de defensa, por decirlo así, igual que las mías. Al menos yo usaba ese tono cuando la desconfianza era evidente, el tono amistoso lo guardaba para quien era merecedor de mi confianza y si mi hermano se parecía tanto a mí como decían, él hacía lo mismo.
Entre tanta batalla verbal entre los dos, mi hermano optó por presentarse tras conocer el nombre del paladín, asegurando que si mi cuñada y yo lo deseábamos también nos presentaríamos. Mi cuñada lo hizo finalmente, pero yo esperé un poco más. No había razón alguna para la espera, pero no me gustaba darme a conocer a la ligera y, en un principio, mi nombre no le hacía falta para nada.

El paladín aseguró que no era enemigo nuestro, realmente no lo había creído así en ningún momento, al menos aún no. No tardé mucho en atar cabos, era un paladín seguidor de la luz y en aquel monasterio, dijesen lo que dijesen, algo no estaba bien y un aura de maldad lo rodeaba. Nosotros habíamos venido guiados por Elhías y el había llegado allí guiado por el mal que gobernaba en el monasterio. Tanto él como nosotros teníamos el mismo cometido, sólo que guiados por distintas fuentes.

A mi pregunta, el paladín usó otra pregunta más para responderla, pero antes de que pudiese dar yo misma mi respuesta mi hermano se adelantó. No me importó demasiado, ya que los detalles de nuestra excusa los tenía él. Era Khaelos quien era capaz de oír a Elhías, yo sabía que estaba ahí, pero jamás había tenido el honor de oírle, de sentirlo y aún menos de verlo.
Mi hermano suavizó su tono para con el paladín al responder a su pregunta, incluso ya parecía que lo aceptaba ligeramente. Al parecer, Elhías le había prevenido que encontraría apoyo para la batalla en Zachnest, y realmente mi hermano parecía creer que así era. El apoyo era el paladín. Cosas más raras se habían visto, desde luego. No iba a ser yo quien cuestionase la voluntad de nuestro Dios.

De repente, un borracho se acercó a nosotros, hablando con total familiaridad a mi hermano y mi cuñada. Se presentó como otro “Caballero de Luminaris”. Enarqué una ceja incrédula, ¿en serio pensaba que iba a tragarme ese cuento? Por la reacción del borracho al ver a mis compañeros y las palabras de Khaelos y Naerys pude intuir que ya se conocían de algo.

-¿Qué…es…eso…? – pregunté mirando a mi hermano y señalando al borracho al mismo tiempo. Deseaba preguntarle de qué lo conocía, pero realmente no sabía si quería saberlo. No sabía si quería oír las circunstancias que habían hecho que sus vidas se cruzasen.

Tras la aparición del borracho o “paladín de Luminaris” - ¡Já! - al fin el paladín – el real – me respondió directamente a mí la pregunta que hice hacía un momento. Me aseguraba que él también había sentido que algo no iba bien en el monasterio. Según dijo, deseaba ir cuanto antes al monasterio, pero le era más urgente descansar y asearse un poco. No vi problema alguno en ello y, como me habló a mí directamente en un principio, le respondí mirándolo.

-Me parece bien, lo mejor que podemos hacer es descansar. No sabemos qué puede haber en ese lugar, pero estoy segura que no puede ser nada bueno. Además, si Elhías nos ha enviado aquí, una razón debe haber. Por cierto, mi nombre es Eressea. – Después de todo, decidí presentarme, qué menos que dar mi nombre cuando él lo había dado.

Mi hermano manifestó su decisión de acompañarlo al lugar, estaba claro que tanto Naerys como yo lo acompañaríamos. No habíamos hecho un camino tan largo para quedarnos en una taberna de madera casi podrida y con clientela más muerta que viva.
Cuando el paladín se retiró y nos quedamos de nuevo solos, mi hermano nos preguntó qué pensábamos del paladín. Yo no solía juzgar a la gente cuando la conocía tan poco, aún así, tenía clara una opinión.

-No veo yo que tenga los huevos muy cargados de hombría, ese tipo parecía tener la testosterona por los suelos. Pero piensa que igual que la cama, las batallas hacen extraños compañeros. – Reí por la respuesta de mi cuñada, realmente era peleona. – Naerys tiene razón, él está solo y creo que tenemos demostrado que estando la familia unida, pocos pueden hacernos frente. – Apuré mi cerveza casi de un trago, apenas era media jarra lo que quedaba, mientras esperaba respuesta de mis acompañantes. No tardaría mucho en irme a dormir, pero aquella conversación sobre el paladín me parecía interesante, siempre era bueno saber qué opinaba mi familia sobre aquellos que nos rodeaban.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Franz Krieger el Mar Jul 17, 2012 11:26 pm

Primeró habló el paladín, con ese tono que de algún modo u otro, conseguía ofender a Jack, y mucho más llámandolo borracho. Ni siquiera había bebido un trago de alcohol en meses, si estuviese borracho la cosa se hubiese puesto interesante en aquella taberna de mala muerte, pero no. Sólo había bebido agua y por fortuna, le pareció en cierta medida gracioso que le tildaran de borracho.

Luego habló Khaelos, ¿A qué venía eso de las enfermedades sexuales? Ni que fuese un putero empedernido. Esbozó una falsa media sonrisa y se contuvo las ganas de desenfundar la tricañón y darle un tiro en la cabeza. Y eso de ser un hombre de fé era bastante obvio, tenía cruces por todo su cuerpo, mataba vampiros, cazaba licántropos, tenía agua bendita y estacas de madera santa. En cierto momento incluso trabajó como para alguna orden Templaria para cazar monstruos, pero lo dejó. En aquella ocasión, había vuelto a las andadas.

- Pues, resulta que no estoy borracho. Estoy bebiendo agua, y sí, podría decirse que en cierto modo, soy Paladín de Luminaris. Al fin y al cabo, me han contratado para hacer su trabajo. - Empezó a hablar el borracho, sonriente, agarrando la jarra de agua que tenía en sus manos y dándole un trago. - Nunca creí en ningún Dios, pero al parecer aquellos monstruos que cazo sí, y las cruces que tengo les afectan, así como el agua bendita por Luminaris. Creo que sobra enseñar las cruces. - Dejó de hablar, dejando su la bebida en la barra y cayendo en la cuenta de con que agresividad había hablado.
- Yo también me alegro de verte, mi buen amigo comunista. - Finalizó por fin, con una sonrisa verdadera dibujada en su rostro. Obviamente se refería a Khaelos, pues a Naerys no se refería de esa manera y los otros dos, ni siquiera los conocía y no le importaba mucho saber sus nombre. Corregía, sabía el nombre de aquel paladín Luminario. Axelier. Pero como había dicho, le era indiferente.

Khaelos y Axelier estaban hablando sobre sus diferencias. Eso era lo bueno de ser un vil y rastrero pistolero a sueldo, cazador de monstruos por vocación y mercenario al mejor postor. Todas esas cosas y a la vez ninguna.
Parecía que no correría la sangre aquella noche pues Khaelos tendió su mano. Bandera blanca al parecer, era bastante raro pues, los nigromantes y los paladines no se solían llevar muy bien. En caso de enfrentamiento Jack no gastaría ni una sola bala, no ayudaría a ninguno. ¿Para qué? No le había hecho nada Axelier y moralmente, estaba más de acuerdo con la teoría de los Paladines; "Proteger a los débiles e inocentes y librar al mundo de maldad." Básicamente eso es lo que hacía Jack, pero claro, ni tenía una armadura brillante ni el pelo tan sedoso y mucho menos aquel espadón en sus manos.
Pero tenía un gorro, pistolas y pintas de borracho de mala muerte. Las apariencias engañan, al parecer.

Las cosas se calmaron, y entonces Axelier se marchó por la puerta no sin antes avisar de que si aún estaban dispuestos y todo eso, que le avisaran. Las cosas típicas de reclutador para una aventura peligrosa, Jack ya había vivido aquello otras veces, era un veterano en aquella clase de aventuras, podría decirse.
Entonces Naerys, Khaelos y aquella pelirroja empezaron a hablar, Jack afinó el oído, pero claro, no quería ser cotilla, sólo escuchó todo lo que decían.

¿Debían confiar en un paladín? No debían confiar ni en su propia sombra, pero si no tenían nada mejor que hacer, al menos el chaval no parecía mala gente. Era educado, cortés... No debían confiar en el, ¿Quién reclutaba a férreos guerreros en tabernas como esa? ¿A nigromantes? ¿Y un borracho? Algo no iba bien con aquel Axelier, llamad paranoico a Jack, pero empezó a dudar si se llamara así. Si fuese un tío como aquel, no hubiese hecho migas con gente como ellos.

Se sentó en un taburete y empezó a revisar sus pistolas, en verdad, no sabía que decir, pues no tenía nada que decir. Así que simplemente hizo tiempo hasta que llegase la hora de descansar, además, si estaban hablando sobre aquel hombre, le importaba a Jack. Al fin y al cabo, era una maruja y nunca estaba de más saber las opiniones del grupo respecto a otros "miembros", y está entrecomillado pues, aún no tenía nada claro de que lo había pasado allí.

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Re: Las puertas de Ghazrüll

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