Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» *dances the seaweed dance* (〜 ̄△ ̄)〜
Hoy a las 2:01 pm por Balka

» Aracnofobia [Campaña]
Ayer a las 9:56 pm por Almena

» - Apocalipsis now -
Ayer a las 7:42 pm por Abdel Azim

» 5 días bajo la nieve [Grupo 1][Campaña][Kasumi, Arete, Pereza, Eudes, Niris, Suwan]
Ayer a las 7:07 pm por Arete

» El cordero
Ayer a las 9:46 am por Bizcocho

» Ficha Varok del Clan Martillo de Trueno
Miér Nov 15, 2017 5:48 pm por Bizcocho

» Apocalipsis now
Miér Nov 15, 2017 10:39 am por Abdel Azim

» Varok viene a saludaros
Miér Nov 15, 2017 9:14 am por Bizcocho

» Maleficarum [Solitaria +18]
Miér Nov 15, 2017 6:36 am por Lujuria

» Cassandra vs Aulenor
Mar Nov 14, 2017 3:09 am por Aulenor

» Demonología: Adulterium [+18]
Lun Nov 13, 2017 5:46 pm por Lujuria

» Deal with the Devil [Solitaria]
Dom Nov 12, 2017 7:40 pm por Casandra Von Schuyler

» Anhouk, la forjadora
Sáb Nov 11, 2017 1:26 pm por Bizcocho

» Índice de Personajes No Jugadores o NPC
Vie Nov 10, 2017 9:47 pm por Lujuria

» Peccata Carnalia
Vie Nov 10, 2017 9:26 pm por Lujuria




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Las puertas de Ghazrüll

Página 2 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Miér Jul 18, 2012 5:11 am

Pág. 3

... a pesar de tratarse de viajeros tan extraños como estos que vine a encontrar en este villorrio putrefacto. Bueno, la verdad es que no debería juzgarlos por su apariencia pues está claro que para haber llegado a este sitio perdido muchas penurias debieron haber pasado, al igual que yo.

Estaba claro que había una razón superior que había reunido a aquel grupo variopinto, incluyéndome, y yo no soy nadie para juzgar los designios de los dioses. Incluso el cazador de demonios, por lo que pude comprender de él, a primera vista me pareció un simple mercenario harapiento pero estaba completamente equivocado pues sentí fuerte su espíritu y sus palabras. Sin duda sería un poderoso aliado en mi cruzada contra las sombras, al igual que un temible enemigo si tuviese la mala fortuna de ofenderle [Por la mañana le ofreceré una disculpa si ese fue el caso]

Por otro lado, las mujeres me parecieron muy interesantes. Ambas compartían cierta relación con el caballero, aunque distintos eran sus lazos ¿Familiares o amantes? ... supongo que incluso ambos podría ser posible. Pero no debo, ni puedo, confiar en el siervo de Elhías. Si bien las mujeres parecen tener la misma devoción, el conde Khaelos Kohlheim irradia una energía proveniente del siniestro contacto con la muerte. En cualquier otra situación, incluso hablar con el hubiese sido imposible sin el uso de mi espada y mi luz... pero cosas más grandes se gestan en este sitio, lo puedo sentir. Y si Elhías mandó a su siervo por algún oscuro propósito yo no puedo simplemente quedarme a ver en el nombre de Luminaris.

No estoy muy seguro de lo que ocurra, pero estoy seguro que explorar ese lugar será mejor si no voy s......

[El escrito se interrumpe dejando una marca de tinta esparcida por toda la parte inferior de la hoja]

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Entrada la media noche en Zachnest, Axelier se encontraba en su habitación introduciendo nuevas entradas a su diario, el cual le servía como instrumento para recordar detalles de sus viajes que de otra manera olvidaría por el mal que le acosa. Mientras que, en las mesas deformes de aquella taberna sin nombre, el grupo conformado por Khaelos, Naerys, Eressea y Jack discutían sobre lo acontecido y sus opciones sobre la mañana siguiente. Estaba claro que si habían ido hasta ahí no se irían sin mayor razón pero dudaban de las intenciones del paladín de Luminaris pues no sabían nada de él.

La noche era pesada al exterior de la choza. La bruma ácida proveniente de las aguas ponzoñosas del pantano emanaban vapores dañinos que anteriormente no habían sido percibidos por los viajeros. Los insectos callaron su sinfonía de ruidos y chicharras mientras que el fuego de las antorchas bajaba en intensidad.

El silencio reinó en el lugar, siendo sus propias voces las únicas señales de vida que se pudiesen rastrear en cientos de metros a la redonda. Naerys logró detectar el extraño aroma en el ambiente gracias a su buen olfato, pero era demasiado tarde como para reaccionar.

Primero, un fuerte impacto en la habitación trasera fue escuchado por el grupo que aún bebía cerca de la fogata. Se trataba del cuerpo de Axelier, cayendo sobre sí mismo completamente inconsciente. Enseguida, Eressea y Jack acompañaron al paladín en el repentino letargo. Por último, Khaelos y Naerys cayeron fulminados por la implacable fuerza del sueño que les invadió repentinamente nublando su visión y sus sentidos, hasta caer en la más profunda oscuridad.

Cinco entidades completamente diferentes, algunas con lazos de sangre y amistad y otras con propósitos guiados por seres superiores, habían caído en un sueño profundo en el cual nada se podía divisar. Nada a excepción de la cortina de humo y fuego que implacablemente surgió para incendiar el horizonte.

Arrastrados por una fuerza desconocida, dentro de sus propios sueños, los cinco fueron testigos de imágenes escalofriantes. Diablos y demonios de distinta casta masacraban sin descanso a los hombres desnudos a sus pies. Engendros deformes desgarraban la piel de mujeres y niños sin misericordia alguna, dejando sus tejidos y sus órganos internos expuestos a las inclemencias del fuego abundante y los aceros al ojo vivo de esqueletos y bestias gozando en una orgía siniestra de un sádico masoquismo y un deseo incontenible de sangre y sufrimiento ajeno.

Una vez más, la fuerte presión que les había arrastrado hasta el fuego los levó bruscamente hasta los cielos invadidos por el humo negro y las cenizas. El monasterio se podía divisar a sus pies. Parecía una visión de lo que ahí había ocurrido cientos de años atrás, pero por alguna razón se sentía tan real para los cinco videntes que no podían simplemente ignorar el sufrimiento y la maldad que se sentía. Sus cuerpos ardían físicamente. En varias ocasiones llegaron a sentir que la piel se separaba de sus huesos y sus pulmones ardían con cada bocanada de aire que intentaban inhalar a través de tanto humo y perversión. Y cuando por fin el sentimiento de sofoco llegó a su punto más extremo de intolerancia, la misma fuerza que los había transportado hasta ese terrible lugar los volvió a succionar. Sintieron como si algo intentase absorber sus entrañas utilizando algún artefacto de succión a la altura del vientre y una vez más se transportaron de forma errática e incontrolable.

Agotados por tan tortuoso paseo, los cinco humanos se encontraron unidos en lo más alto de una torre prácticamente en ruinas en lo más alto del monasterio. A sus pies lograban divisar, a través de las innumerables grietas del suelo, la tortura interminable de los hombres y mujeres en desgracia. Personas quemadas y cercenadas vivas una y otra vez hasta el cansancio. Pero el cruento espectáculo de los cinco viajeros se vio interrumpido ante la solemne e inexorable presencia de un gran demonio, el cual tomó la forma de una enorme sombra humanoide con rasgos demoníacos e intensos ojos inundados de sangre y sufrimiento. Los cinco humanos cayeron al suelo de rodillas ante tal presencia y sin poder objetar nada escucharon la aguardientosa voz del ser sombrío...


"Vaal'calussssh ... Vaëlcrusssst zzzzur Canorn ...
... essstúpidos... humanossss...
... aquí ... no hay ... luzzzz ...
... aquí ... la muerte ... essss mi essssssclava ...
... aquí ... reino sssssolo yo...
... aquí ... usssstedesssss ... caen ..."

Una potente llamarada de fuego fue expulsada de la tenebrosa risa que acompañó las palabras de la aparición calcinando por completo al grupo de humanos que habían presenciado tal barbarie. El fuego desintegró cada centímetro de ropa y armadura, carbonizó con relativa facilidad la piel y los tejidos de cada uno y culminó cada una de sus existencias en un intenso alarido de dolor causado por tales llamas infernales para, finalmente, despertar de vuelta en aquella taberna de mala muerte...

A primera instancia aquello pareció una pesadilla, pero el corazón latía sin cesar a una rapidez desorbitante, el sudor inundaba las ropas de cada uno de los humanos y aún se podía percibir el aroma a quemado proveniente de sus propios atuendos, los cuales tenían pequeñas quemaduras que aún expulsaban una pequeña humareda.

¿Aquello habría sido real? No lo podrían adivinar quedándose más tiempo en ese lugar....


Spoiler:

Revisar el tema OFFROL -- AQUÍ -- para mayor información sobre el turno siguiente y los posteriores.


avatar
Axelier Dragonos
El Paladín Caído

Mensajes : 404
Edad : 33
Link a Ficha y Cronología : Axelier

Nivel : 6
Experiencia : 1000 / 3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Jul 20, 2012 3:28 am

Nada más desaparecer el paladín, me centré en conversar con los que habíamos quedado. Jack, como siempre, se abstuvo de decir algo, pues él era alguien cuyo sentido de la prudencia le dictaba no meterse en más líos de los que ya se metía. Por lo demás, había capeado bien el que le llamáramos borracho, y ante eso, no pude evitar decirle:

-Lo siento Jack, pero como bien sabes, las apariencias engañan, y a pesar de que tú seas más de limonada que de cerveza y de que si tu pisas un burdel es más para buscar vampiros en él que para entretenerte con sus señoritas, no me negarás que esa es la primera impresión que muchos tienen. Al menos agradece que a ti cuando te ven no te tilden automáticamente de monstruo de acero que de ser humano. Hermana, Naerys y yo ya le conocemos, aunque para que te hagas una idea sobre él, vale más de lo que a simple vista parece. ¡Además, es un maldito arsenal andante!-

Tras eso, reí ligeramente y le sonreí al cazador con la misma sinceridad con la que él me sonrió a mí. Finalmente pasamos a asuntos más serios, y esperé a que Naerys y Eressea respondieran a la pregunta que les había formulado. Primero habló Naerys, quien puso algo de sentido común y relajó el ambiente, haciéndome sonreír. Tras eso, Eressea habló, respaldándola, y sonreí más ampliamente. Asentí y les dije:

-Cierto es, si quisiera tendernos una trampa, él y sus compañeros acabarían muertos, aunque sabéis que no me gusta exponerme a riesgos innecesarios. De todos modos, teniendo en cuenta lo que proviene del monasterio, y créeme Naerys que aunque tú no poseas magia lo notarás cuando nos acerquemos, dudo mucho que ahí nos espere una emboscada... La presencia demoníaca es muy fuerte. De todos modos, estoy muy seguro que igual que yo desconfío del santurrón, él lo hace de mí. E incluso estoy seguro de que cuando acabemos la misión, intentará matarme o algo por el estilo. No lo logrará, pero sería un desperdicio. Muy pocos conocemos la historia de la dualidad, y menos aún la conocen los Luminaris. Si la supiera realmente, no desconfiaría... Tanto.-

Antes de que pudiéramos proseguir nuestra conversación, por desgracia, sucedió algo que nos dejó a todos marcados aquella noche. Primero escuchamos un pesado golpe en la habitación de atrás. Seguidamente, observé como Eressea y Jack caían también al suelo. Apenas me dio tiempo a levantarme y desenvainar la espada, exclamando:

-¿¡Pero qué...!?-

Y tras eso... Oscuridad. Caí al suelo, profundamente dormido. ¿Magia? Seguramente... Aquello empeoraba por momentos. Una vez dentro del sueño, empecé a ver humo y fuego que rápidamente incendiaba todo lo que mi vista abarcaba. Traté de normalizar mi respiración. Aquello no era más que un sueño... Aunque era uno muy real. Solo esperaba que al menos pudiera despertar indemne. Pronto, nuevas imágenes asomaron ante mis ojos cerrados, viendo a una serie de demonios, engendros, bestias, cadáveres, todos torturando y desgarrando a hombres, mujeres y niños que chillaban de dolor y desesperación. Había visto imágenes semejantes, aunque no pude evitar estremecerme por el tipo de maldad que esas criaturas profesaban. En esos momentos varias preguntas me asaltaron. ¿Aquello sería lo que pasó en ese monasterio? ¿O era una visión de lo que pasaría si los demonios tomaban Noreth? ¿O a lo mejor era sencillamente una visión mandada para tratar de enloquecerme? Si era lo primero... Pobre gente. Si era lo segundo... Había que pararlo. Si era lo tercero... Le deseaba mucha suerte. Poca cordura queda ya en mi mente.

No pude seguir pensando antes de ser arrastrado hacia un cielo, negro por la ceniza. A mis pies, se hallaba un monasterio. ¿Sería aquél en el que la presencia del mal se había hecho tan fuerte? Era bastante posible, y en ese caso bien podría tratarse de la historia del mismo. Lo peor es que aquél sueño era tan real que no pude evitar que la rabia recorriera mi cuerpo. ¿Así que aquellas eran las motivaciones de esas criaturas? ¿Destruir y torturar eternamente a los de mi raza? Si lo hicieran solo con el Imperio, me parecería hasta divertido... Pero no con esas gentes que posiblemente ni siquiera hubieran empuñado una espada en su vida. Lo peor era que el dolor en ese sueño era muy real. Cada vez que notaba mi cuerpo arder, mi piel siendo arrancada, el humo ardiente en mis pulmones...

Intenté relajar la mente, respirar profundamente para hacer más llevadera aquella pesadilla torturadora. Lo peor era que no podía respirar profundamente, pues el ahogo que notaba en aquellos momentos era tan real... Traté de calmar mi mente al menos. Los sueños rara vez afectan físicamente, por reales que sean, y aquello no era más que una visión inducida por algo maligno. Al menos, los síntomas eran los que me describieron en mi entrenamiento. ¡Debía ser fuerte! En ese momento agradecí ser transportado a otro sitio, aunque el trayecto llegó a provocarme náuseas por lo violento, y por la sensación en mi vientre. Dioses, sentía como si quisieran absorber mis intestinos sin abrir mi torso.

Finalmente, aparecí junto a los demás, jadeando. Me sentía cansado, como tras haber estado mucho rato combatiendo. Si la intención del sueño era agotarnos físicamente, lo estaba logrando. Al menos conmigo. Mientras volvía a tomar aire, pude observar a mis lados a los demás, y a mis pies, bajo la torre destruida, a la gente siendo torturada por los siglos de los siglos. El suelo estaba agrietado. Sin embargo, en ese momento tuve que alzar la vista. Frente a mí, uno de los grandes demonios... A eso deberíamos enfrentarnos... Maldición. Elhías, dame fuerzas porque esos bastardos son fuertes.

Me vi obligado a arrodillarme ante la presencia del demonio, aunque no fue por voluntad propia. Mientras él hablaba, en mi garganta las palabras se agolpaban, pero mi boca permanecía cerrada. El demonio dijo que solo él reinaba ahí. Finalmente, y tras una carcajada en la que lanzó una llamarada de fuego hacia nosotros, calcinándonos, dos palabras pudieron escaparse de mi garganta:

-¡Te mataré!-

Y entre gritos de dolor y furia, la muerte pareció cernirse sobre mí. Por segunda vez. Sin embargo, el sueño, sueño había sido. Para mi suerte, no había muerto y vuelto a la vida por segunda vez, o eso parecía. Fui el primero en despertar, y me senté. Notaba como mi corazón martilleaba como si fuera una forja enana. Mi cuerpo estaba empapado en sudor, mientras notaba un olorcillo a quemado que asaltaba mi nariz. Miré mis ropas y vi que algo de humo salía de ellas. Me llevé una mano a la cabeza y solté un gruñido:

-Maldición... He tenido muchas malas experiencias con magia demoníaca, pero esta se lleva la palma... Vamos Khaelos, serénate y trata de aclarar tu mente... En peores cosas he estado... Bueno... En peores sueños no... Debo despertar a los demás.-

Vi que mi espada estaba tirada en el suelo, y como Jack, Eressea y Naerys parecían estar ya despertando. Rápidamente me acerqué a mi hermana y a mi amada, abrazándolas. Si, estaban despertando y sus corazones latían. Eso era bueno. Suspiré y les dije, tras sacudirlas un poco para que se despejaran:

-Naerys, Eressea... No os preguntaré si estáis bien porque ni siquiera yo lo estoy, pero por favor, al menos espero que reaccionéis...-

Tras ayudarlas a levantarse, el siguiente al que me acerqué fue Jack. Tendiéndole la mano mientras recuperaba la conciencia, empecé a decir, tratando de dar órdenes claras y coherentes, a pesar de que en ese momento mi mente aún estaba algo trastocada:

-Naerys, Jack, coged vuestras armas y cubridme. Muchas veces, este tipo de pesadillas se ven acompañadas por un bello comité de bienvenida compuesto por demonios. O por cultistas. O por ambas. Y ahora mismo estamos solos en la taberna. Recordad, esperaros lo mejor, preparaos para lo peor. Eressea, vamos a por el paladín. Tengo la sensación de que el golpe que hemos escuchado tiene algo que ver con él.-

Agarrando la espada, me dirigí hacia las habitaciones, buscando cuál era la del paladín. Sacudí la cabeza y moví los hombros mientras trataba de recuperarme un poco. Me encontraba bastante hecho mierda, y posiblemente, de no ser por mis capacidades físicas y por mi entrenamiento, en esos momentos ni siquiera podría moverme. Sólo esperaba que Naerys, Eressea y Jack se encontraran en mejores condiciones que yo. Me dolía todo el cuerpo, notaba como si el cerebro me hirviera, y me notaba como si hubiera estado defendiendo una fortaleza durante un maldito asedio. Esa noche había que descansar, pero... No me fiaba para nada de volver a cerrar los ojos.
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Lun Jul 23, 2012 10:07 pm

Durante un buen rato estuvimos hablando, como tema principal teníamos al paladín que ya se había retirado a descansar, las dudas que teníamos sobre él y hablamos sobre el mal que, sobre todo mi hermano y yo, sentíamos que provenía del monasterio.
El borracho – sí, quizá debería dejar de llamarlo así, se había presentado y se llamaba Jack. Si mi hermano lo conocía y no había amenazado su vida, significaba que se podía confiar un mínimo en él. – también tuvo su momento de protagonismo en nuestra conversación y fue en ese punto cuando pude saber, por boca de mi hermano, que éste mismo tenía cierta confianza en Jack. Bueno, si mi hermano confiaba en él, yo no tenía motivos para ser desconfiada, hasta cierto punto. Siempre dije que había nacido desconfiada, y hasta ahora, no me había ido mal siendo así.
Ni siquiera podía imaginar qué hora era, pero estaba segura que ya era bien entrada la noche a juzgar por el rato que llevábamos en aquella taberna de mala muerte, creo que nunca mejor dicho. Aquel lugar seguía tan muerto como cuando llegamos, en un momento dado incluso únicamente nuestras voces eran las que se oían en el lugar.

Mientras hablábamos un golpe sordo sonó en algún lugar cercano, como si algo golpease contra el raído suelo de la taberna. Nada más oí el golpe me puse en pie casi de un salto preguntando qué era eso. Pero creo que ni siquiera esas pocas palabras lograron salir de mi garganta. Un repentino sueño se adueñó de mi cuerpo. De repente me sentía extremadamente cansada y antes de que me diese cuenta caí al suelo con un profundo sueño.

Todo se hizo oscuro, creí estar soñando – últimamente soñaba mucho, o al menos recordaba a menudo los sueños – pero todo era oscuridad, no lograba ver nada aunque parecía ser consciente en todo momento que estaba inmersa en un sueño. A lo lejos, como en un horizonte comencé a ver algo, parecía fuego, un fuego que bañaba de luz algún lugar a lo lejos. Demonios y diablos comenzaron a tomar forma ante mis ojos haciéndose visible un panorama de lo más escalofriante. Aquellos seres torturaban, asesinaban y desgarraban a incontables humanos. Hombres, mujeres, incluso niños caían bajo las garras de aquellos monstruosos seres. Era horrible, estaba presa de una pesadilla y quería despertar, pero no podía. Sentí que no era dueña de mí misma en aquel momento. Quizá si solo fuesen adultos podría haberlo soportado, pero que torturasen y desgarrasen la piel de aquellos niños, aquello no podía soportarlo, niños indefensos, niños que con seguridad no habían cometido crimen alguno, niños inocentes. Sus gritos me atravesaban el alma como afilados cuchillos. Se me hizo un nudo en la garganta al tratar de contener un llanto, un llanto que no podría contener por más tiempo si no lograba despertar.

De repente fui arrastrada como por una mano invisible que me elevó hasta el oscurecido cielo por la ceniza del fuego. El monasterio cobró forma a mis pies, aunque el fuego no cesó. Era una pesadilla, ¿pero era todo producto de mi imaginación? ¿podría ser que justamente eso hubiese sucedido en algún tiempo pasado? Y si era así, ¿porqué razón estaba yo viendo aquellas imágenes? A pesar de ser una pesadilla, creí sentir el dolor de aquellas gentes siendo devoradas por aquellos demonios, sentía el fuego abrasandome la piel a pesar de llevar puesta mi armadura. Con cada oleada del calor del fuego mi cuerpo ardía, abrasándome cada milímetro de piel, me dolía hasta límites que no conocía hasta entonces. Estaba allí, cuando aquello sucedió. Mis pulmones se llenaban de ardiente humo cuando trataba de respirar, comencé a sentir picazón en la garganta que después tornó a dolor cuando el mismo humo la quemó cuando intenté tomar algo de aire. Una profunda tos por causa del humo inhalado me desgarraba aún más mi ya malherida garganta. No podía soportarlo más.

El llanto que intenté contener cuando vi las imágenes de los niños masacrados, decidió que era hora de salir. Espesas y saladas lágrimas recorrían sin descanso mis mejillas. Por más que me había preparado para la muerte, por más que había crecido casi adorándola, no quería morir, así no. Siempre pensé que moriría luchando, no en una maldita pesadilla que parecía muy real. Cómo podía sentir todo aquello cuando no era más que un sueño. Justo cuando ya pensaba que no saldría de allí fui impulsada de nuevo por algo que no podía ver, de nuevo fui transportada contra mi voluntad hacia otro lugar al tiempo que colocaba mis brazos rodeándome el vientre, como si algo intentase sacar mis entrañas sin primero abrir mi piel y mi carne. Cerré los ojos con fuerza sin dejar de abrazarme a mí misma, ya sí, quería despertar.

Para cuando volví a abrir los ojos estaba acompañada de todos los demás. Mi hermano y mi cuñada estaban conmigo, incluso Jack y el santurrón. Habíamos aparecido juntos en lo más alto de una torre en el monasterio. Por debajo de nosotros de nuevo los demonios torturaban sin descanso a esas pobres almas en desgracia. Mi respiración era entrecortada, pero rápida y violenta, trataba aún de coger tanto aire como me permitiesen mis pulmones, aún con la sensación de que lo único que respiraba era humo. Mis ojos, bien abiertos, miraban sin poder evitarlo la imagen a mis pies, aquella horrible imagen.

De repente todos caímos al suelo de rodillas ante una enorme sombra con forma de demonio, quien nos habló de una forma extraña. Lo único que fui capaz de entender fue que allí no había luz, algo sobre la muerte y que sólo él reinaba en aquel lugar. Quién era y porqué estaba allí no lo sabía y ni siquiera podría llegar a entenderlo, al menos en aquel momento no, pero sí era algo que tendría que descubrir, pues bien claro tenía que aquello tenía algo que ver con el mal que había sentido al llegar al pueblucho cuando pasamos tan cerca del monasterio.

Tras sus palabras, el fuego nos consumió a todos, un fuego que parecía proceder de aquella misma sombra. Sentí mi armadura desintegrarse, mi piel abrasándose y separándose de mis huesos mientras un insoportable dolor me consumía. Un grito desesperado escapó de mi garganta, las lágrimas apenas derramadas se evaporaban con el fuego con que mi cuerpo ardía. Ahora sí, estaba muerta, había muerto. Que manera más horrible de morir, pensaba.

“Pensaba”, estaba muerta pero pensaba. Lentamente abrí los ojos, parpadeando algunas veces primero, abriéndolos totalmente después. Estaba en el suelo de la taberna donde habíamos estado hablando.

-¿Qué ha pasado? – Pregunté con un hilo de voz mientras trataba de levantarme. Me era difícil ponerme en pie, todo el cuerpo me dolía como si hubiese estado luchando en una batalla durante días y días sin descanso. La cabeza me daba vueltas y la garganta me dolía como si hubiese tragado agua hirviendo. Mi corazón parecía querer salir disparado de mi pecho, sus palpitaciones parecían golpear mis oídos sin descanso y con alevosía.
Vi a mi hermano acercarse a mí y ayudarme a levantarme mientras mi mirada iba directa a mi armadura, la cual parecía emitir humo como si la hubiese arrojado directamente a la hoguera que ardía cerca de nosotros.

-¿Qué ha pasado? – pregunté de nuevo con la voz aún rota por el dolor, esta vez la pregunta iba dirigida a mi hermano. Oí la voz de Khaelos dando órdenes, pero por algún motivo la oía un poco lejana, como si mis oídos aún martilleasen tras una noche de cerveza tras cerveza y estuviese en medio de una resaca de proporciones cataclísmicas. Traté de despejarme para poder cumplir la orden de mi hermano, siguiéndole de muy cerca hacia donde el paladín había desaparecido hacía ya…no sé, mucho tiempo, poco…realmente no lo sabía. Pero tal y como yo pensaba, mi hermano también creía que el golpe que sonó antes de caer “redonda” sobre el suelo de la taberna había sido el santurrón.
Conforme mi hermano echaba abajo puerta tras puerta buscando la habitación del paladín, yo iba tras él sacudiendo de vez en cuando la cabeza, en un desesperado intento por aclarar de una vez por todas mi nublada mente.


avatar
Eressea Kohlheim

Mensajes : 127
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Mar Jul 24, 2012 4:16 pm

El momento en el que el paladín se marchó a su habitación fue el más propicio para que la conversación girase entorno a él. Khaelos se mostraba desconfiado y quiso que le diésemos su opinión, cosa que yo hice de la forma más directa, según creí. Mi cuñada correspondió a mis palabras. Observé que a hombre de la armadura negra se le pintaba una amplia sonrisa en su rostro y le correspondí con la misma moneda. Jack… Bueno, él siempre se limitaba a cuidar a sus pistolitas, haciendo caso omiso de lo que los demás cuchicheaban si esto no le incumbía directamente.

No obstante, no pudimos alargarnos mucho con nuestra charla, pues, de repente, noté cómo un olor extraño se adentraba en mis fosas nasales. No sabía muy bien de qué se trataba. En el momento en el que lo percibí pronuncié media palabra de advertencia.

- Escuch…

Fue lo único que se pudo escapar de entre mis labios. No me dio tiempo a nada más. De pronto, todo fue cuestión de milésimas de segundo. Sonó un golpe seco, acompañado de dos más. Éstos últimos eran los cuerpos de Jack y Eressea que habían caído al suelo. Me intenté girar, asustada, para mirar a Khaelos pero... Todo se hizo negro.

Sentía mi cuerpo flotar en el espacio. Sin duda, estoy soñando, esta sensación la conozco muy bien… Sin embargo, algo me arrancó de esa esfera, de ese espacio de vacío en el que vagaba libremente, ligera como una pluma.

Poco duró la tranquilidad, ya que de la oscuridad empezaron a emanar figuras salidas del mismo infierno. Llevaban a cabo torturas atroces: desollaban a mujeres y a niños como estuviesen pelando una fruta madura, pero, a diferencia de éstas, ellos gritaban y lloraban. Los seres del inframundo parecían estar gozando con dichos actos. Apreté los dientes y giré la cabeza hacia otro lado, no podía soportar un segundo más viendo aquello.

Sentí cómo me arrastraban de aquél lugar hacia otro que, si bien no era completamente distinto: el cielo era negro, del color de la ceniza resultante de las calcinaciones del averno, y tras aquella cortina de humo vislumbré un edificio que me resultaba familiar. Eso… ¡Eso es el monasterio del que tanto estaban hablando! Pero… No está tan deteriorado… Poco después de reconocerlo, empecé a sentir como si todos los fluidos de mi cuerpo se hubiesen sustituido con lava y como si con cada respiración el aire inhalado fuese la chispa que avivaba dicho fuego. Además, mi piel parecía derretirse y separarse de mis huesos, acompañándose de un dolor que nunca había experimentado a la altura de mi vientre. Me retorcí, gimiendo de dolor. No podía aguantar más. Notaba mi garganta desgarrada de tanto griterío y que se me escapaban las lágrimas con tanto apretar los ojos.

Cuando volví a abrir los ojos, estaba a lo alto de los restos de una torre del mismo monasterio. A los lados, junto a mí, estaba mi amado Khaelos, mi cuñada Eressea, Jack y también el paladín, Axelier. A nuestros pies, un amasijo de personas, tanto hombres como mujeres, estaban siendo atormentados hasta la saciedad. Aunque, poco duró esa visión, pues, rápidamente se formó ante nosotros una figura opaca que se asemejaba a un hombre pero su rostro reflejaba características diabólicas: sus ojos estaban encarnizados, eran maléficos y sanguinarios. Su sola presencia hizo que cayésemos repentinamente al suelo, haciendo chocar nuestras rodillas contra el mismo. Pronunció unas palabras en un idioma que no pude alcanzar a comprender, seguido de unas palabras en lengua común. Su pronunciación arrastraba las eses, era siseante, como si fuese una serpiente de cascabel. Lo último que salió de su boca fue una carcajada y una llamarada que se precipitó hacia todos nosotros. Me sentí como si estuviese muriendo de manera literal. Cada centímetro de armadura, ropa, carne, hueso… Estaba siendo desintegrada por aquel fuego. Noté cómo se desgarraba mi garganta por mis alaridos de dolor y por la llama. Luego, ya no sentía nada…

Sentí el suelo frío en mi cara y un leve rumor de fondo que, por lo que pude distinguir, era la voz de Khaelos. Mi respiración estaba agitada y mi corazón latía fuertemente, mas no podía levantarme del suelo. Sentía como que había sido pisada por un escuadrón de trolls, la presión que hacía el suelo sobre mí era demasiado fuerte. Olía a quemado y tenía el cuerpo magullado, ¿por qué había sido tan real ese sueño? Luego noté cómo me elevaba del suelo, me estaban levantando como si fuese un trapo. Tras una leve sacudida, mi compañero nos habló tanto a Eressea como a mí, aunque sólo ella respondió con un “¿Qué ha pasado?”. Yo no dije nada, prefería concentrarme en abrir los ojos y dejar que mi aliento se estabilizase de algún modo.

Una vez ya de pie, me lleve las manos a la cabeza. Qué dolor… Notaba una presión en las sienes y unos pinchazos en los ojos, como si fuese la peor de las resacas. Como pude, pronuncié unas palabras con voz ronca, del mismo modo que lo hacía tras haber pasado una mala noche:

- ¿Se puede saber qué cojones ha pasado…?

Me sentía completamente desorientada y algo mareada, ese gas que había olido antes… Era algo tóxico, seguro. No podía ser que esto saliese de la nada. Aún en ese estado, Khaelos tuvo las fuerzas de dirigirnos unas órdenes que, a pesar de que todavía notaba cómo mi oído no estaba del todo recuperado, pude entender perfectamente. Intenté asentir con la cabeza, pero noté un ligero mareo, de nuevo, y entonces me limité a parpadear con bastante frecuencia y frotarme el rostro mientras que, con la otra mano, agarraba mi arco y caminaba tras Khaelos y Eressea, cubriéndoles las espaldas tal y como me había sido encomendado.

Tragué saliva e intenté despejarme dando suspiros profundos para oxigenar bien mis pulmones. Debía estar preparada por si algo se acercaba.

- Esto... Ha sido muy extraño… - dije entre susurros mientras miraba a un lado y a otro mientras los zhakheshianos iban en busca del paladín.




avatar
Naerys

Mensajes : 159
Edad : 25
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Dom Jul 29, 2012 6:43 pm

Las sombras que habían consumido los pensamientos del paladín le envolvían tan intensas como una mancha de brea imposible de arrancar de su piel y sus vestimentas. No se podía ver a sí mismo, era como si no tuviese un cuerpo físico en esa visión y sin embargo sentía todas sus extremidades. Lo único que podía ver, era nada.

Las sombras parecían menos intensas mientras una luz aparecía en el horizonte. Era imposible moverse a voluntad. El miedo y la incertidumbre invadieron al paladín mientras su cuerpo invisible se acercaba a la fuente de luz de forma involuntaria. Gritos y gemidos de dolor hacían eco en la oscuridad. Sonidos que después vinieron acompañados de vívidas imágenes de horror.

Muerte y depravación. Demonios del infierno torturando a las almas de los inocentes y los malignos sin ninguna discriminación. Axelier sufría en su inmovilidad y su impotencia. Deseaba hacer algo por toda aquella gente aún si eso significaba aumentar la cantidad de almas en desgracia incluyendo la suya en la hoguera. Pero ninguna fuerza podía soltarlo de sus grilletes sombríos. Lo único que le quedaba era mirar y sufrir por el dolor ajeno.

Su cuerpo fue enviado a los cielos en un instante como si hubiese sido impulsado por una potente ráfaga de aire. La perversión de aquella construcción en llamas quedaba cada vez más lejos mientras que su cuerpo se elevaba de forma vertical hasta la capa de humo más intensa que jamás había tenido la desgracia de sentir en el rostro. Respirar quemaba sus pulmones. Sus ojos ardían sin remedio. La tos era incontenible. La tortura de estar y no estar le agotaba, pero tenía que soportar esta prueba, pues sabía que sería necesaria su intervención y si para eso era necesario sufrir lo que tanta gente estaba viviendo en carne propia entonces lo haría. Por honor y muerte.

Sentía que la muerte le acechaba entre la interminable columna de humo y fulgor candente cuando de pronto una fuerte succión parecía estar intentando arrancar las entrañas del humano sin tener la decencia de cortar la piel. El dolor fue insoportable por largos segundos hasta que la misma fuerza que le había elevado ahora lo arrojaba violentamente hacía el edificio en ruinas a sus pies. Nuevamente se sintió invadido por la pena y la impotencia. No sabía quien jugaba con su cuerpo ni la razón de aquella tortura, pero debía soportarlo en nombre de la luz de su Dios.

Al fin lograba divisar sus pies. Sus manos y su cuerpo estaban completos pero manchados con el hollín y la sangre que flotaba en el ambiente. A su alrededor aparecieron los individuos que había conocido aquella noche en la taberna de Zachnest. Una visión que le dejó sin palabras pues si antes pensaba que esto se trataba de una simple visión, o pesadilla, ahora sabía que era más real de lo que sus sentidos le permitían tolerar. Todos visiblemente igual de agotados que él, tanto física como mentalmente. No sabía que pensar ya. Sin embargo esta incertidumbre no duró demasiado, pues ante ellos una nube de humo negro y cenizas tomaba forma mientras todos los presentes no pudieron si no simplemente caer de rodillas ante la poderosa presencia de esta entidad. Piernas, brazos y una cabeza poco definidos se divisaban en el humo. Una forma humanoide pero de proporciones mayores a la escala.

La sensación de miedo y peligro se incrementaría una vez que palabras salían se aquella entidad con ojos de fuego. Sus palabras eran seseantes, como si de una especie de reptil se tratase. Palabras sobre la luz y la muerte que no dejaron más que incertidumbre en el paladín, pues no hay criaturas más amantes de las intrigas y las mentiras que los demonios. Axelier sabía que había mucho más detrás de esas palabras, pero de nada le serviría si en ese sitio habría de morir.

Una ráfaga de fuego infernal fue lo que finalizó aquel monólogo. Un fuego tan intenso que calcinaría a todos los presentes les fulminó ahogando los gritos de dolor incontrolable y terminando aquella desagradable experiencia.

El grupo de viajeros que había despertado con una fuerte sensación de cansancio mental y físico en medio de la taberna ahora se mantendría más alerta. Khaelos tenía una sospecha bien fundamentada, pues es muy común que esta clase de magia demoniaca que experimentaron estaba acompañada de invocadores malignos y criaturas del infierno. No podían bajar la guardia ni un solo segundo a pesar del claro cansancio que sentían como seres mortales que son.

Las mujeres siguieron sin objeciones las órdenes de Khaelos a sabiendas que él sería el más indicado para indicar sus siguientes acciones. Todos avanzaron siguiendo al guerrero manteniendo sus sentidos alertas ante cualquier evento extraño siendo Jack el que cubría la retaguardia de los demás.
Se encaminaban hacia la habitación del paladín con la esperanza de encontrarlo vivo y, posiblemente, en condiciones similares a las de ellos. Incluso quizá sabría algo más sobre lo que ahí vivieron, por lo que sería importante conseguir otra reunión con el seguidor de la luz cuanto antes.
El silencio reinaba en el exterior de la construcción de madera. No había insectos ni animales. El viento había cesado. El extraño aroma que había detectado Naerys había desaparecido sin dejar rastros. Todo estaba extrañamente calmado, y eso no era un buen presagio.

De pronto, un fuerte impulso de energía destrozó la derruida puerta de madera de la habitación de Axelier justo en el momento en que Khaelos se disponía a abrirla, lanzándole al suelo sin mayor problema. La energía tenía un misterioso brillo blanquecino, más gris que blanco, y emitía un sentimiento de desesperación y agonía que inmediatamente arrancó las lágrimas de ambas mujeres quienes no pudieron explicar la razón de aquel torrente proveniente de sus ojos. No les dolía nada, pero la tristeza y la desesperación les invadió inexorablemente.

Axelier se encontraba de rodillas en el suelo de aquella habitación, aunque no se encontraba del todo consciente. Sus brazos estaban tensos y estirados hacía atrás como si le estuviesen halando con cuerdas mientras que su rostro miraba hacia el techo de la habitación. Su boca abierta casi al punto de una dislocación de quijada y sus ojos blancos sin pupilas eran perturbadores. El paladín no emitía ningún sonido de dolor y sin embargo era evidente que sus músculos y sus huesos crujían con una presión y una fuerza indescriptible. La energía que le rodeaba no era natural. No parecía magia de ningún tipo ni brujerías demoniacas. Era una energía más parecida a la presencia divina.

Tras un pulso de energía proveniente del paladín la oscuridad devoró toda la luz de aquella taberna. Ninguno de los presentes podía ver más allá de sus narices fuera de esa habitación iluminada por el propio paladín. Era como si estuviesen en otra dimensión. Una sensación similar a la sentida durante aquella pesadilla. Ninguno de ellos se podía ver entre sí a menos que la luz de esa energía les iluminara. Tan intensa era aquella oscuridad.

Acercarse al paladín era inútil. Sentían como si una barrera invisible les impidiera el paso hasta él y la desesperación comenzaba a surgir en las almas de los humanos desconcertados ante tal situación. Khaelos, Naerys, Eressea. Los tres presentes en el lugar se miraban tratando de averiguar qué pasaba en ese lugar inhóspito en medio de la nada, pero solo sus sentidos y su sentido de supervivencia sería capaz de darles respuestas a preguntas aún no formuladas…


Spoiler:
:O ¿Y este que se ha fumado?...


avatar
Axelier Dragonos
El Paladín Caído

Mensajes : 404
Edad : 33
Link a Ficha y Cronología : Axelier

Nivel : 6
Experiencia : 1000 / 3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Ago 01, 2012 12:25 am

Eressea y Naerys más o menos parecieron recomponerse, al igual que el pistolero. Si bien estábamos en una situación que parecía más y más jodida por momentos, al menos yo estaba recuperando mis facultades mentales. Aunque estaba agotado, mi instinto no parecía estarme fallando, de modo que lo dejé trabajar mientras vaciaba la mente para poder relajarla todo lo posible y tratar de volver a la normalidad mental, o al menos, recuperar lo suficiente mis capacidades como para poder ser el temible oponente que suelo ser.

Mientras iba abriendo puerta tras puerta, noté algo que me desconcertó y me hizo estar aún más alarmado. Silencio. Silencio total. Eso no me gustaba nada... Parecía la calma que se avecina a una tempestad. Finalmente, logré encontrar al paladín, aunque al abrir la puerta fui derribado por una oleada de energía. Afortunadamente, solo caí al suelo, y fuera del dolor de la caída, no me había pasado nada más. Levantándome entre gruñidos, observé la escena.

El paladín estaba en una extraña posición, como si le estuvieran tratando de romper a la vez los brazos y la mandíbula. Naerys y Eressea, por su parte, empezaron a llorar, y teniendo en cuenta el impulso de magia, que poseía un brillo de tono grisáceo. Noté que aquella ola emitía desesperación y agonía, y aquello era malo. Muy malo. ¿Podría ser un demonio? Maldición... Las posesiones nunca fueron mi mayor fuerte. O al menos, no he tenido que practicar muchas.

Mientras escuchaba los crujidos de los huesos del hombre, por el cual si no hacía algo rápidamente posiblemente acabaría muerto o malherido. En ese momento, noté que aquella magia tenía un toque distinto... No era demoníaca como había pensado en un primer momento, ni parecía magia común... Me recordaba al toque divino. Sin embargo... ¿Qué maldito dios hace esas cosas? Luminaris... Lo dudo mucho. Elhías... No, no lo creía. Para empezar, él no genera una energía de ese color. Entonces... ¿Quién demonios podría ser? Podría intentar despertarle del trance, tratar de sacarle a lo que fuera de dentro, pero... ¿Me llegarían las fuerzas? No sabía si debía arriesgarme. A lo mejor si lo intentaba yo resultaba herido de rebote y seríamos dos los peliblancos de armadura tirados en el suelo y siendo atacados de esa manera.

Repentinamente, otro pulso de energía recorrió el lugar y provocó una oscuridad total. Solo la habitación iluminada por el paladín ofrecía un mínimo de visibilidad. Acercándome a la habitación, ordené, con voz firme:

-¡Todos, acercaros a la luz! ¡No os quedéis en las sombras!-

Sin embargo, no pudimos ponernos junto a él. Alrededor del paladín había una especie de barrera, que si bien nos dejaba acercarnos suficente a la luz, no nos dejaba entrar en contacto con el paladín. Maldición, ¡aquello empezaba a ser desesperante! Lo peor fue que en aquél momento empecé a notar como alrededor de la taberna un número presencias cada vez mayor se iban aglomerando. Lo peor era que notaba a espectros y espíritus en las sombras... Aquello iba a peor por momentos. De nuevo, con voz firme, y denotando incluso que la situación me estaba enfadando, ordené de nuevo:

-¡Naerys, detrás de mí! ¡Eressea, Jack, a mis flancos! Si alguno de vosotros conoce alguna oración, que la vaya entonando...-

Primero de todo, decidí que sería bueno tantear al paladín de forma mágica, tratar de descubrir qué demonios le estaba pasando, tratar de expandir mis sentidos mágicos e ir viendo qué le pasaba sin establecer contacto directo para disminuir tanto como me fuera posible las posibilidades de que lo que fuera que le estaba pasando al paladín se me contagiara a mí. De mientras, empecé a susurrar:

-Elhías, si de veras soy uno de tus favoritos, te imploro que me brindes ayuda y guía en estos momentos en que mi destino y el de mis compañeros es incierto... Que el fuego de tu furia elimine la oscuridad que en estos momentos se extiende frente a nosotros. Por favor, concédenos fuerzas para derrotar al enemigo en esta hora de necesidad. No nos dejes caer. No hoy. Bríndame parte de tu conocimiento para saber cómo demonios salimos de este lío...-

En ese momento me percaté de como un espectro negro empezaba a materializarse, apuntando las garras hacia Naerys. Solté una imprecación y me puse entre mi querida y el espectro, mientras vociferaba más palabras:

-¡Naerys, cuidado! ¡Eressea, necesito que me ayudes! ¡Hemos de intentar adivinar qué demonios le está pasando al paladín y también hemos de resistir el ataque! ¡Lo primordial es sobrevivir todos! ¡De momento solo veo a un espectro, pero no dudes que hay más! ¡Son criaturas de la oscuridad, si logramos resistir hasta el amanecer posiblemente estemos a salvo!-

Un último susurro, más para mí mismo que para los demás escapó de mis labios:

-Y si el amanecer no los detiene, que la Parca nos vaya preparando cama en el inframundo...-

Lancé una estocada contra el espectro sin moverme del sitio, manteniéndome como baluarte para proteger a Eressea y a Naerys, y tras eso volví a expandir mis sentidos mágicos para tratar de determinar qué demonios estaba pasándole al paladín. Lo bueno de hacer un tanteo sin contacto físico es que el riesgo de represalias es menor. Maldición, ¡no puedo hacer esto solo! Esperaba que Naerys y Eressea supieran qué hacer, porque en aquél momento podía decirlo alto y claro: Estábamos jodidos, y lo peor es que yo no sabía qué otra cosa hacer que lo que ya estaba haciendo. Solo esperaba que mi armadura, mi espada y mi voluntad de hierro pudieran disuadir a los espectros de atacar.
avatar
Khaelos Kohlheim
El Conde Nigromante

Mensajes : 761
Edad : 23
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Jue Ago 02, 2012 12:45 am

Poco a poco fui reduciendo el ritmo de mi respiración, ya que por fin empezaba a recobrar el aliento y la cordura aunque lo hacía a un ritmo más bien lento. Intenté agudizar mis sentidos al máximo, después de aquel sueño extraño mi sensación de peligro había alcanzado su cénit.

Seguí a Khaelos con el arco en alto y sin dejar de observar a un lado y a otro. Mientras no estaba mirando con los ojos por un lado, intentaba escuchar si del contrario provenía algún tipo de sonido extraño. En cuanto al olor… Lo que había percibido momentos antes del sueño se había esfumado. Saqué un poco la mandíbula hacia fuera mientras apretaba los dientes en señal de impotencia. Puerta tras puerta, mi compañero no lograba dar con la correcta.

Finalmente, mientras el zhakheshiano intentaba abrir otra puerta más, una oleada de energía lo tumbó al suelo. A mí no me tumbó, porque estaba más atrás, pero, de repente, noté que aquel foco de luz se me calaba por cada poro de mi piel, causándome que, irremediablemente, rompiese a llorar invadida por una tristeza y una desesperación repentinas. Agarré el arco más fuerte y la otra mano me la llevé a la cara para taparme las lágrimas. Odio que me vean llorar. Me sentía frustrada, no entendía a qué venía semejante llorera así, por las buenas.

Tras esa puerta, Axelier estaba sufriendo una especie de ataque: sus miembros estaban rígidos, tenía una postura antinatural y los crujidos de sus huesos y músculos parecían bastante dolorosos. Hice una mueca de dolor al oír aquellos sonidos, a diferencia del paladín, del que no provenía ningún tipo de sonido, ni agónico, ni de socorro. Nada. Yo era una inculta en todos aquellos temas divinos y mágicos, pocas veces los había presenciado a lo largo de mi vida, por lo menos, de tan cerca, y me sentía confundida y asustada. Me quité las lágrimas con el dorso de la mano, tratando de disimular mis llantos aunque ya me había visto todo el mundo.

De pronto, el cuerpo del paladín despidió otro impulso de energía. Éste inundó de oscuridad toda la estancia. Mi pulsación se aceleró, por una parte por la adrenalina, por otra por el poco entendimiento de la situación. Khaelos nos ordenó con voz firme que nos acercásemos a la luz. En ese momento tuve ganas de abrazarle, seguía sin entender qué estaba pasando, pero también sabía que no podía limitarme a esconderme bajo sus brazos como una chiquilla asustadiza. Debía estar alerta por si pasaba cualquier cosa.

Axelier desprendía el único foco de luz de toda la taberna. Sin embargo, era como una barrera, una burbuja en la que ninguno de nosotros podíamos entrar para sacarle de ahí e intentar hacerle recuperar la conscienta. Khaelos volvió a dar órdenes, esta vez, me pidió expresamente a mí que me situase detrás de él. Cuando dijo lo de la oración, me quedé helada y le dije, con un hilillo de voz:

- ¿U-Una oración, Khae…?

Me asusté aún más. ¿Que entonemos una oración? ¿Qué está pasando…? Me separé de la espalda del conde para mirarle a la cara, quería ver la expresión exacta que reflejaban sus ojos. Pude oírle susurrar una oración a Elhías y tragué saliva. Entonces, se giró hacia mí y maldijo para, justo después, interponerse entre el foco de luz y yo pues una garra negra intentaba asirme. Por un momento volví a llorar, pero esta vez de impotencia, y me repetía que era una estúpida y una imprudente, ya que se me había ordenado situarme detrás y no lo hice.

Di un salto hacia atrás y apunté con mi arco hacia los flancos, esperando que algo apareciese para llenarle de flechas. No iba a volver a meter la pata.




avatar
Naerys

Mensajes : 159
Edad : 25
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Franz Krieger el Vie Ago 03, 2012 1:57 am

Se oyó un estruendo, desde luego, Jack no era un ávido usual en el arte de escuchar las conversaciones de los demás, por que sin duda, se le daba de pena. Así que, lo único que conseguió sacar en claro que algo se rompía y caía al suelo, y el trío familiar no estaba hablando de aquello.
La pelirroja se puso en pie muy alterada, Jack simplemente desenfundó la tricañón y entonces vio como la mujer se caía desmayada al suelo, Jack la siguió en aquel trance, dándose de boca con la húmeda barra.

Jack no era soñador, ¿Qué quería decir con eso? Sencillo: Nunca había soñado nada, pero nada de nada. Pero aquella vez fue muy distinto, aunque la tradición marcaba ciertos patrones, no se enteró muy bien de la situación, lo veía todo de una manera asombrosamente borrosa y apenas entendía lo que decían, si es que hablaban en un idioma comprensible. Se veía medrado de fuerzas, sentía un cansancio supremo, un ardor en sus entrañas incontrolable y estar suspendido en al aire de algún infierno, le mareó bastante.

Y entonces acabó. Estaba tirado en la barra como un borracho de verdad, delante de sus morros tenía un vaso con limonada que, misteriosamente parecía cerveza. Estaba mareado, exhausto con ardores... cualquiera diría que estaba resacoso. Agarró el vaso de limonada que tenía enfrente y se giró, con todas las acrobacias que tuvo que hacer para seguir sentado en aquella silla sin caerse.

- Esta es la última limonada que me bebo, lo juro - Declaró el pistolero, estirándose con una estúpida sonrisa dibujada en su rostro. Entonces, Khaelos empezó a dar órdenes y a desplegar a su "tropa" como si fuese un general de batalla. Así mismo, ambos hermanos se fueron a buscar al Paladín ordenando que Jack y Naerys les cubriesen.
Ni que Jack estuviese en condiciones de negarse, básicamente, no había pensado en un plan mejor, aún no había pensado en nada.

Saltó del taburete y se acercó a Naerys, entonces recordó, que la pistola se le había caído antes de desmayarse, así que volvió a la barra, se agachó y la recogió con despreocupación. Actuaba con una parsimonía que tildaba de pasotismo, pero así era Jack. Agarrando la tricañón por un lado y otra de arzón con la otra mano, estaba preparado así como Naerys tenía la cuerda del arco también agarrada.
Apuntaba a todos los lados, no quería poner a prueba la puntería, reflejos ni visión de Naerys, pero dudaba de que ella interceptase antes cualquier cosa que pudiese pasar... más que nada, quería ponerse a prueba. ¿Dispararía antes que una semi-elfa?
Eso le hacía gracia, por que elfa era algo muy parecido a... bueno ya sabeís. Elfa...

Soltó una carcajada leve, que tuvo que parar haciendo molinos con ambas manos. Soltó un alargado "Ayyy..." seguido de un fuerte suspiro, entonces se tornó más serio. Era como si de verdad estuviese borracho, ¡Pero él no bebía! Seguro que le habían puesto alcohol en la limonada, la gente de Zachnest seguro que era así de perversa. O a lo mejor había vuelto a la bebida y ni siquiera se había enterado.
- Perdona - Se disculpó a Naerys, medio sonriente.

Cuando ella empezó a avanzar hacia el otro dúo, Jack la siguió de espaldas, cubriendo la retaguardia con ambas pistolas. Por fortuna no pasó nada y llegaron a una especie de pasillo en el cual, Khaelos estaba derrumbando puertas para ver, en cual de aquellas habitaciones podría estar en el paladín, una tras otra, demostró que aquel mastodonte era de verdad un tío duro. Aunque para Jack no hubiese costado mucho más esfuerzo, un tiro en el pomo y arreglado. Pero bueno, el nigromante quería hacerlo al estilo salvaje, seguramente por que tenía que desmostrar algo delante de Naerys y su hermana, que era fuerte como para defenderlas. O quien sabe, quizás no se le había ocurrido una forma más civilizada, como no sé, intentar abrir la puerta como las personas normales.

Y entonces, llegó esa puerta que tras derribarla, fue lanzado un par de metros más allá, cayendo estrepitosamente al suelo. Jack no veía lo que había dentro, pero Naerys y Eressea lo habían visto, y no parecía algo muy bonito. Dio un par de zancadas y vio a Axelier de una manera... dígamos poco cómoda. No era la primera vez que veía algo tan violento en alguien vivo. No estaba moralmente afligido, no le causó mucha impresión. No lloró, ni esbozó una mueca de asco, fue muy neutral.
Echó un vistazo alrededor, asegurandose de que nada les rodease. Entonces, otra oleada de energía azotó a todos esta vez, las luces se apagaron de forma paranormal y sólo Axelier iluminó aquella taberna. Antes incluso de que Khaelos dijese nada, Jack ya se había acercado a aquella sala donde estaba Axelier.

Entonces, todo empezó a volverse... extraño. Jack cazaba monstruos, vampiros, nigromantes, brujas... no fantasmas. No era un caza-fantasmas, no entendía muy bien qué o cuantos de esas cosas los estaban rodeando... Khaelos actuó, Naerys también... pero Jack. ¿Qué podía hacer él? Un agnóstico pistolero sin noción alguna de matar espíritus... Sólo tenía una idea.
Apuntó hacia el techo ambas pistolas y disparó una y otra vez.

¿Por qué hizo eso? Ni idea, simplemente confiaba en que aquellos espíritus odiasen las armas de fuego y se fuesen a su plano astral de hippies anti-armas de fuego, o eso o que no soportasen el estruendo de las armas de fuego. En cualquier caso... había disparado la tricañón y había descargado otra de arzón...

¿Y si llegase a funcionar?
avatar
Franz Krieger

Mensajes : 421
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Lun Ago 06, 2012 8:22 pm

Caminaba siguiendo a mi hermano casi arrastrando los pies. Tenía el cuerpo tan dolorido como si me hubiesen dado una enorme paliza, jamás me había sentido tan cansada, tenía la sensación de no haber dormido durante días a pesar de haber despertado hacía apenas unos minutos de aquel sueño, o pesadilla más bien. Incluso mi mente parecía cansada, apenas si podía pensar con claridad, como si una espesa niebla ocupase mi mente y no dejase fluir con normalidad las ideas, los pensamientos, las decisiones…nada.
Aún así, hice verdaderos esfuerzos por volver a la normalidad, y casi lo conseguí. Me obligué a mí misma a despertarme, a desentumecer mi dolorido cuerpo y a seguir las órdenes de mi hermano, viendo cómo éste habría puerta tras puerta buscando al paladín de la luz. Conforme mi mente se iba despertando del sopor al que se vio sometido por obligación, diría yo, comencé a darme cuenta de algo muy extraño en aquel lugar. Únicamente podía oír nuestras propias pisadas. La taberna estaba desierta desde hacía mucho, a excepción de nosotros, pero aún así debería oírse algo, aunque fuese el crujir de las maderas con la que estaba construido el lugar asentándose, aunque fuese algún lejano sonido de insectos o el chapoteo del agua, puesto que estábamos en un pantano. Pero nada, no se oía nada. Sacudí la cabeza a uno y otro lado para descartar cualquier pensamiento negativo que se me pudiese ocurrir al respecto, lo último que necesitaba era más pensamientos negativos, ya teníamos suficiente con lo que nos había pasado hasta ahora y con lo que estaría por llegar.

De repente, una intensa oleada de energía nos sacudió enviándonos al suelo justo cuando mi hermano se disponía a abrir otra puerta, como tantas otras que había abierto antes que esa en busca del paladín.
Sin saber exactamente porqué comencé a sentir tal pena y desesperación que las lágrimas brotaban de mis ojos como fuentes. No podía detenerlo y aún me desesperaba más al ver que no podía dejar de llorar. Odiaba llorar, yo siempre había sido fuerte, nunca lloraba, de echo podía contar con los dedos de una sola mano las veces que había llorado. Y fue justo en aquel momento cuando recordé esas pocas veces, lo que hizo que la tristeza que sentí tras la oleada que nos lanzó al suelo como una enorme mano invisible se incrementase enormemente.
Recordé la muerte de mis padres, de mi cuñada, recordé aquel fatídico día en el que casi lo perdimos todo, en el que nuestra familia se rompió completamente, dejando nuestras vidas asoladas. Las lágrimas brotaron con más violencia, empapando mis mejillas.
Recordé la muerte de Dalahak, recordé la rabia que sentí al verlo allí, su cuerpo inerte, sin vida. Recordé lo que sentí cuando al fin acepté que lo habíamos perdido, que ya no estaría más en nuestra vida. Rabia, dolor, impotencia…tantos sentimientos a la vez que apenas si sabía realmente cómo me sentía. De nuevo las lágrimas parecieron brotar de mis ojos con más violencia aún. Dos veces en mi vida había llorado, y ésta era la tercera. Sólo que esta vez no sabía porqué lloraba, porqué sentía tal pena y desolación.

Cuando al fin las lágrimas me permitieron ver algo a través de mis pestañas empapadas vi al paladín en una extraña posición dentro de la habitación de la cual había surgido aquella explosión de luz.
Estaba de rodillas, aunque no parecía estar consciente del todo, parecía fuera de sí mismo, como si hubiesen tomado posesión de su cuerpo y su alma y mente se hallasen muy lejos de aquel lugar. Sus brazos estirados parecían al punto de romperse de tanta tensión en la que se encontraban, su mandíbula casi parecía desencajada y sus ojos, blancos, carentes de toda expresión de vida. Aquella era la situación más extraña que había visto en mi vida.
Olvidando por completo que llevaba puesta armadura, aún apenas acostumbrada a llevarla, enjugué mis lágrimas con el dorso de mi mano, sintiendo el frío tacto del metal contra mi mejilla. Intenté ponerme en pie, pero justo entonces la oscuridad se adueñó de todo cuanto mi vista abarcaba, apenas si veía más allá de la punta de mi nariz. Con un nudo en la garganta como consecuencia de la pena que aún no había remitido llamé a mi hermano, pero yo misma me di cuenta que apenas era un hilo de voz lo que había surgido de mi garganta, apenas un susurro entrecortado.

De entre la oscuridad oí la voz de mi hermano, ordenándome que me colocase a un lado suyo, al igual que a Jack, en cambio a Naerys le ordenó que se mantuviese tras él. Conocía muy bien a mi hermano y por la urgencia en su voz supe que algo no iba del todo bien. Pero lo que me dejó totalmente desconcertada fue que sugirió que rezásemos a nuestro dios.

-¿Qué diablos está pasando, Khaelos? ¡¡Dímelo!!- Mi voz sonaba exigente y yo lo sabía, aunque no desease que sonase de ese modo, sí necesitaba que lo hiciese. Necesitaba saber lo que estaba pasando, necesitaba saber qué sabía mi hermano y yo no. De nuevo la voz de mi hermano me llegó a través de la oscuridad, esta vez aún más urgente. Allí había algo que mi hermano sabía o veía y yo no podía y aquello comenzaba a ponerme de muy mal humor. Mi hermano gritaba que necesitaba mi ayuda, pero para qué, esa era la cuestión. – Khaelos, dime qué está pasando, qué necesitas de mí – dije con los dientes apretados, de tal impotencia que sentía al no saber exactamente qué quería mi hermano de mí. Hasta ahora nunca había sucedido esto, hasta ahora siempre supe cómo, cuando y dónde ayudar a mi hermano si que él tuviese que decirme apenas un par de palabras y a veces con tan sólo una mirada, pero esta vez era diferente, esta situación rompía todos y cada uno de mis esquemas. Esperé la respuesta de mi hermano, pero sólo esperaría unos segundos y si no respondía o la respuesta no era lo que necesitaba ya empezaba a tener una ligera idea de qué era lo que tenía que hacer, ya incluso iba preparándome, dando forma a las palabras que me hacían falta para lanzar un hechizo en concreto y que, tenía la esperanza, sirviese para algo.


avatar
Eressea Kohlheim

Mensajes : 127
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Vie Ago 10, 2012 5:41 am

En cualquier otra situación o circunstancias, la escena de incertidumbre y confusión que ahora experimentaban los únicos cuatro humanos presentes en la taberna perdida de Zachnest hubiese mostrado signos de histeria, horror, preocupación. Gritos desesperados de víctimas acechadas por peligros inimaginables ocultos tras el manto negro de la noche y la oscuridad. Sin embargo no había desesperación tangible ni sonidos que alertaran los sentidos de ninguno de los que ahí estaban reunidos. Ni siquiera sabían que o quien les acechaba ni el porqué. No había ninguna razón para lo que presenciaban, y eso era lo que más les preocupaba y les mantenía al borde del colapso mental.

Ideas, reflejos, opciones. Cada quien trataba de dar forma a alguna solución o respuesta al sin fin de preguntas que abordaban en sus mentes y que algunos lograban encontrar las fuerzas para hacerlas escuchar a los demás. Pero de todo eso, nada les brindaba ninguna tranquilidad o certeza. Nada en absoluto les abría preparado para lo que ahí vivirían esa noche.

Los más confundidos trataban de confiar en sus propios instintos de supervivencia. Otros optaban por confiar en la figura de un líder que les guiara en las horas aciagas que atestiguaban. Otros, otros simplemente confiaban en que aquello no podría ir peor, pues si así fuera simplemente estarían perdidos.

Parecía como si las sombras se hubiesen tragado por completo aquella cabaña derruida. De no ser por la extraña energía que irradiaba el paladín de Luminaris los demás no podrían ver nada de lo que ahí se congregaba. Ni siquiera hubiesen podido percibirlo, tal y como hizo el nigromante de Zhakhesh, el cual hábilmente logró interponer su cuerpo entre su mujer y la extraña presencia sombría en la habitación. Un espectro amenazaba con atacar a su amante, cosa que ni siquiera los agudos sentidos de la mujer lograron percibir. Y con razón, pues ella no sería nunca capaz de sentir la muerte cernirse sobre sus hombros, no así un nigromante acostumbrado a vivir con ella.

Escasos segundos transcurrieron para que su hermana, de igual linaje y talentos similares, se percatara de esta y de las demás presencias que ahora aglomeraban el sitio ocultas en las sombras de los rincones los que la luz del paladín no llegaba. Estaban rodeados, pero no por unos cuantos para desgracia de la mujer y sus acompañantes.


Horrorosa fue la imagen del espectro que ahí se materializó. Frente al nigromante, la figura de una horrenda criatura del otro mundo tomó una forma casi tangible. Tenía rasgos humanoides aunque deformidades propias de las almas en constante tortura. Una abominación que bien podría ser tanto odiada como admirada.

Sin meditarlo demasiado lanzó una poderosa estocada al torso de la criatura, o lo que parecía serlo. Sin embargo aquel potente ataque, que bien hubiese podido derribar a un aguerrido enano en armaduras, había penetrado a través del ser fantasmal como si se hubiese tratado de una espesa neblina. Era como tratar de cortar el aire. No tuvo ningún efecto, y en cuestión de una fracción de segundo dicho espectro había desaparecido dejando tras de sí la silueta de su aura tatuada en la oscuridad que le precedía.

Anonadados habían quedado ante la incapacidad de hacer algo en contra del ser fantasmal, pero fue mayor su sorpresa cuando aquella presencia se volviese a materializar unos centímetros más adelante del lugar que había ocupado antes. Era como si su aura palpitara intermitente mente mientras avanzaba imperceptiblemente hacía adelante.

En un desesperado, y hasta cierto punto inconsciente acto de impotencia, el cazador de demonios elevó sus armas al techo de la habitación. Estaba claro que lidiar con espíritus no era su fuerte y lo sabía muy bien, pero nunca había se permitido sentir la impotencia de no saber que hacer y no empezaría esa noche.

Disparó sin siquiera meditarlo. Disparó sin premeditación. Disparó en silencio absoluto. Él simplemente disparó, y al suelo cayeron los trozos de la vivienda que pocas razones buscaba para caerse en pedazos.

El cielo nocturno tenía cierto aire de amargura. Parecía que la neblina del exterior se había intensificado a primera instancia, pero los movimientos circulares de dicha nuble blanquecina delató la verdadera naturaleza de aquella neblina. Y es que, no se trataba de una intensa neblina, si no más bien de una aglomeración de espectros de distintos tamaños y formas. Aquel espectáculo de almas era digno de una fuerte investigación arcana o espiritual. Incluso se le podría adjudicar a los más eruditos maestros de la nigromancia, de los cuales se decía que podrían invocar a miles de espíritus con un simple ritual. Pero, a diferencia de lo que cualquiera hubiese pensado, estos espíritus no emitían una sensación de agresividad. No emitían ninguna clase de intención, ni buena ni mala. No parecía que tuviesen alguna intención de atacar a los presentes, pero estaba más que claro que había algo que los llamaba o los hacía aglomerarse en ese lugar de la ciénaga... ¿pero que?...



avatar
Axelier Dragonos
El Paladín Caído

Mensajes : 404
Edad : 33
Link a Ficha y Cronología : Axelier

Nivel : 6
Experiencia : 1000 / 3000

Volver arriba Ir abajo

Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.