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Las puertas de Ghazrüll

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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Miér Ago 15, 2012 2:32 pm

Mi mente trabajaba a plena capacidad para tratar de asimilar qué demonios estaba pasando ahí. El silencio, los espíritus, la oscuridad, el paladín poseído, la oscuridad total... Cuando el espectro intentó atacar a Naerys, se topó con mi armadura, la cual le rechazó, o al menos eso creía. Escuché las palabras de Eressea preguntándome considerablemente nerviosa qué demonios estaba pasando, y yo no pude evitar soltar un suspiro:

-Necesito pensar, tratar de vislumbrar qué demonios está pasando aquí... Si alguno de vosotros tiene algo en mente, que me lo diga, porque yo ahora mismo estoy en blanco...-

En ese momento delante de mí se materializó uno de los espectros. Me quedé absorto mirándolo, viendo que si bien poseía rasgos de persona, tenía una gran cantidad de deformidades. Aquello era un alma torturada. Me quedé quieto, observándolo, mientras los engranajes de mi mente por fin habían encontrado un eje sobre el que girar. No dudé mucho para golpearlo, de todos modos, pues aunque no logré hacerle ni el más mínimo daño, al menos logré que se marchara y dejara a Naerys en paz.

Si había algo que me molestaba poderosamente era el hecho de que no le había hecho nada de daño, lo cual me hacía temer que si aquellos seres atacaban, el único motivo por el que yo difícilmente iba a morir era por poseer una armadura encantada, no por otra cosa, pero no podría defender a mis camaradas.

En ese momento Jack hizo algo que me sorprendió, y empezó a disparar contra el techo, una, dos, tres, cuatro veces, descargando toda su munición. En ese momento pudimos ver el aire nocturno. La sensación del cielo transmitía sensaciones amargas, y la neblina que había en el exterior se movía de forma circular, lo cual denotaba que realmente eran espectros, muchos espectros. Aquello era algo que nunca había visto en mi vida. Entonces mi mente siguió funcionando...

¡Claro! ¡Aquellos espíritus no eran agresivos! No del todo, o al menos, no daban esa sensación. Algo les atraía aquí, pero parecía como si no quisieran hacer ni el bien ni el mal, solo... ¿Existir? ¿Transmitir su aflicción? De hecho, tal y como estaban aquellas criaturas, era posible que ni siquiera supieran que estábamos ahí. De momento lo que por fin tuve claro fue que era el paladín quien les atraía hasta ese lugar, pues la marca de las energías de ambos era la misma. Además, otra cosa vino a mi mente, y es que todo lo que presenciábamos sólo podía deberse a dos cosas. Un ritual, o una posesión. Mi mente empezó a tramar un plan, y finalmente, tras haber permanecido algunos minutos en silencio, hablé:

-Naerys, Eressea, Jack, reventad la pared, bordead al paladín, no lo suficientemente cerca como para que su aura os rechace, pero sí lo suficiente como para que os ilumine. Salid de la taberna cuanto antes. Tarde o temprano puede pasar algo peligroso, y esto es el ojo del huracán. Yo me quedaré aquí e intentaré disipar lo que le está pasando al paladín. No es seguro que lo logre. Eressea, al ser hechicera, intenta mantener alejados a los espíritus si ves a alguno que trata de atacaros. Si caigo y soy poseído, o resulto muerto, que sepáis que os quiero, mis niñas. Es la primera vez que intento esto pero debo hacerlo. ¡Vamos, moveros!-

Envainé mi espada y puse mi escudo a mi espalda. Cerré los ojos mientras concentraba mi esencia en ambas manos. Iba a intentar extender hacia él mi esencia y entrar en comunión con aquél fenómeno mágico para tratar de liberar al paladín de lo que fuera que le estaba pasando. Mientras zarcillos de esencia empezaban a salir de mis manos y se acercaban a Axelier y el aura que le rodeaba, empecé a susurrar unas palabras:

-Elhías, concédeme tu favor para tratar de disipar lo que aflige a esta persona, no me dejes sucumbir al mismo mal que le tiene preso y protégeme de cualquier adversidad que pueda atacarme durante esta purga.-

Noté como los zarcillos de esencia que había lanzado ya estaban empezando a tocar al paladín y la energía que le rodeaba. Tenía la mente en blanco, centrándome sólo en conectar con aquél hombre para tratar de librarle de lo que le afligía. Era la primera vez que intentaba algo así. Había leído sobre ello, pero nunca lo había practicado. Deseaba con todas mis fuerzas lograrlo. Había que salir de ahí cuanto antes.
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Jue Ago 16, 2012 5:14 pm

Apuntar a todos lados, en realidad, no servía de nada pero quería sentir como que en realidad yo tenía un papel en aquella taberna, o lo que era lo mismo, aquel agujero que se parecía cada vez más a las fauces de un lobo hambriento. El único foco de luz que nos permitía ver algo más allá de nuestras narices era la energía que desprendía el paladín ahora poseído.

Khaelos me protegió de un espectro que yo no pude percibir, parecía que quería arrastrarme hacia la oscuridad pero… ¿Por qué? ¿Por qué a mí de entre todos los que éramos?

Entonces, mi cuñada pronunció lo que yo no iba a preguntar en voz alta, preguntándole a su hermano qué era lo que estaba ocurriendo en aquel sitio. Quería respuestas y las quería en ese mismo instante a juzgar por el tono con el que le estaba interrogando. La respuesta de él no hizo más que aumentar la tensión que se había apoderado de mi cuerpo. Si él estaba en blanco… Entonces, ¿qué pasaría…?

Me quedé abstraída por completo durante unos instantes. A pesar de que, en muchas ocasiones yo era dueña de mí misma y lideraba mis propios actos, esta vez me sentía completamente inservible, inútil. Todo el tema esotérico, de los espíritus y las almas flotantes me era casi desconocido. No era buena interceptando a dichos seres ni era capaz de percibir nada extrasensorial. Mis flechas, mis armas… No servían de nada contra aquellos… ¿Enemigos? Tampoco estaba segura de que fueran eso, de hecho, no sabía absolutamente nada.

Cuando ya tenía la moral muy baja por culpa de que notaba como que allí no estaba pintando nada, oí unos tiros. Pum, pum, pum. Me giré estrepitosamente y vi a Jack, el hombre del sombrero, con sus dos armas levantadas y apuntando al techo de la estancia con sendos cañones. Tras los tiros, en el techo se abrió un agujero lo suficientemente grande como para que pudiésemos observar con bastante claridad el cielo nocturno fuera de aquella habitación. Había una niebla blancuzca bastante espesa, en realidad. Tras estar observando durante unos instantes aquella nube densa pude ver que daba vueltas en círculo alrededor de donde estábamos, de donde estaba Axelier. Sin dejar de mirar el hueco y la reciente danza de energía que giraba por encima de nuestras cabezas, más allá del techo de la habitación, no pude evitar preguntar:

- ¿Qué es esto…?

No me pude callar más, había demasiadas preguntas en mi mente y, por presión, alguna tenía que salir.


De pronto, tras minutos de silencio y aparente reflexión, el zhakheshiano nos ordenó que fuésemos a destrozar la pared de la habitación del paladín y que le bordeásemos para que la luz que irradiaba su cuerpo nos iluminase pero que, en cambio, abandonásemos la sala lo antes posible, pues no era un sitio seguro en absoluto. Después de eso, adquirió un tono más dramático, diciéndonos tanto a mi cuñada Eressea como a mí que si le pasase alguna desgracia, que nos quería. Sacudí la cabeza y fruncí el ceño, sin querer escuchar más, y le respondí, casi a gritos:

- ¡No digas gilipolleces, Khaelos, a ti no te va a pasar nada!

Sin embargo, no le quise desobedecer y, tragándome más palabras y con ellas algo de saliva, me acerqué a él y le agarré de la mano y entrelacé mis dedos con los suyos durante unos instantes, demostrándole mi cariño y diciendo un “hasta luego” de manera silenciosa, de la única forma en la que sabía hacerlo en un momento de tal tensión.

Con un último apretón de mis dedos, le solté y me alejé de él, dirigiéndome a una de las paredes que la luz de Axelier pudiese alcanzar para no adentrarme en las sombras. Así pues, examiné mínimamente la superficie antes de darle una patada con todas las fuerzas que me permitía mi extremidad, esperando que no tuviese que insistir mucho para, por lo menos, hacer caer un pedazo de madera.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Dom Ago 19, 2012 8:16 pm

La oscuridad, delimitada por la luz que el paladín de Luminaris irradiaba, aumentada imperceptible mente mientras la duda y la indecisión tomaban cabida en las mentes de los humanos quienes no sabían que pensar sobre aquella situación sobrenatural. Algunos pensaban en sí mismos, otros veían la forma de ser útiles y encontrar alguna salida de aquella situación. Mas sin embargo ninguno de ellos tenía la certeza de que fuera de aquella habitación la situación sería más favorable. De hecho no sabían si estaban más seguros ahí dentro que afuera, a pesar de las apariencias.

Axelier permanecía inmóvil en aquella posición tortuosa mientras que los espíritus de un millón de condenados comenzaban a moverse de forma más veloz en su dirección giratoria. Aquello no hizo más que encender las alarmas del seguidor de Elhías, quien sin mayor dudas en su mente decidió tomar acción e intentar sacar de aquel trance a su similar seguidor de la luz.

Sin embargo, sus intenciones no eran sencillas de lograr. El conde nigromante intentaría entrar en comunión con el paladín haciendo uso de su propia esencia implorando a su dios por una protección en contra del mal que aquejaba al guerrero de luz. Una acción valiente, aunque poco sensata.

El contacto se iniciaba mientras pequeñas bolas de energía comenzaban a hacer comunión con la luz radiante del paladín. Fue difícil al principio, pero su determinación era mayor pues tenía no solo el objetivo de terminar con lo que aquejaba el alma del guerrero si no que también intentaba salvar sus familiares y amigos. Pero nada lo hubiese preparado para lo que venía, pues apenas transcurridos unos segundos desde su intento de contacto, las almas que circundaban en el cielo giraron de forma violenta generando una fuerte ventisca. El vendaval que ahí se hizo presente arrojó sillas y mesas por los aires, levantó la cama para estrellarla en la pared más cercana y prácticamente echó abalo las paredes de aquella habitación, ahorrándole el trabajo a una desconcertada Naerys la cual no pudo más que cubrirse el rostro mientras salía volando más de diez metros de distancia para caer en las pútridas aguas del fangoso pantano.

Por otra parte, Eressea había logrado mantenerse en pie gracias a su resistencia y su entrenamiento. Pero tal era la fuerza que impactó inclemente aquella habitación que su esfuerzo se vio mermado con facilidad haciéndola caer a través del piso de la habitación. La sensación había sido como la de un pie aplastando a una hormiga. Poco y nada pudo hacer para evitar tal choque y al terreno fangoso fue a dar con un hombro dislocado y una herida en la cabeza que cegaba a la aturdida mujer con el hilo de sangre que de ella desbordaba.

La fortuna del cazador de demonios no había sido mejor que la de su compañera, pues al verse sorprendido ante tal potencia espiritual no pudo más que intentar sostenerse del marco de la puerta mientras intentaba salvar su sombrero el cual había sido arrancado por el viento para perderse de vista en la oscuridad de la noche. El poder que había impactado a Eressea había hecho lo mismo con el pistolero, pero a este lo arrojó de bruces a una parte más rígida del piso rompiéndole la nariz en el acto mientras que una avalancha de despojos de madera caía sobre él proveniente del destrozado techo de la posada, dejándolo completamente cubierto por los restos de madera.

Kahelos no podía si no observar como sus acompañantes caían tras de él mientras la potencia del tornado de almas se incrementaba y desgarraba la piel de su cara con algunos cortes provocados por el aire condensado a su alrededor. Sin embargo su concentración permaneció intacta mientras intentaba lograr aquel contacto espiritual con lo que fuese que poseía al paladín y así terminar aquel espectáculo de almas. Intención que no tardó mucho en concretar.

La mente del nigromante había logrado penetrar en la esencia del paladín y de pronto su visión se volvió oscura, como si las sombras le hubiesen alcanzado. No sabía si estaba consciente o no, solo veía sombra y eso lo tenía intranquilo.

De pronto, un destello de luz invadió la visión de Khaelos. Era la espalda del paladín, el cual permanecía de pie frente a él irradiando una intensa luz. Sin dudar un momento, el nigromante sintió que aquella era el alma de Axelier e intentó alcanzarla para sacarlo de su tortuoso trance. Pero justo antes de lograr alcanzar a tocar su hombro, una poderosa presencia lo arrojó de vuelta por onde había llegado sacándolo de concentración y finalizando así su intento de comunión espiritual.

Al abrir sus ojos, la habitación tenía un aspecto extraño. Estaba destruida hasta sus cimientos. No habían rastros de sus compañeros por ninguna parte. Los muebles y escombros que ahí habían flotaban en el aire como si algún telépata los estuviese manteniendo a flote. Pero lo que más desconcertó al humano era la calma aparente. El mar de almas se había ido y a su lado yacía inconsciente el paladín, aunque parecía carente de vida. El brillo que irradiaba había desaparecido junto con as intensas sombras que dominaban el lugar, dejando que la luz natural de la noche y las estrellas iluminaran el sitio.

Todo parecía haber terminado. Pero había ahí algunas presencias que lo mantenían intranquilo mientras intentaba ponerse de pie. No pudo identificar de donde provenían hasta que una de ellas se manifestó frente a él. Un espíritu que emitía una agresividad pura. Estaban siendo atacados.



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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Lun Ago 20, 2012 10:15 pm

Cuando Naerys habló y vino a despedirse de mí, pudo ver a través de mis ojos que le dedicaba una sonrisa triste. Ella quería mostrarse fuerte, pero en el fondo tenía miedo, pues sabía que yo nunca decía aquello sin motivo. Era comprensible. En mi corazón el miedo era algo que no estaba presente, pues sabía que si debía sacrificarme por ellas lo haría. Finalmente, me dispuse a probar suerte con el paladín.

Mi esencia empezó a extenderse hacia el paladín, mientras rezaba una plegaria a Elhías para que me protegiera. Lo que estaba haciendo no era prudente, pero era la única opción que se me ocurría tras haberlo meditado durante un rato que me temía hubiera sido demasiado largo. A situaciones desesperadas... Medidas desesperadas.

El contacto empezó a producirse, y si logré empezar a penetrar en la barrera con éxito fue por el sencillo hecho de que mi determinación y mi voluntad eran muy fuertes en aquél momento. Debía salvar a Eressea, a Naerys, a Jack de todo aquello. El paladín aún no había hecho nada para caerme bien, pero... Él estaba aún más metido que nosotros en ese fregado, y poca gente se merece convertirse en un poseído. Al menos él no había hecho nada que me demostrara que sí se merecía el destino que le deparaba. Además, era la clave para salir de allí. No le dejaría caer.

Sin embargo, repentinamente pasó algo que me desconcertó y que no imaginaba que iba a pasar. Pero no era la primera vez que los eventos me sorprendían. En mis manos quedaba adaptarse y luchar. Se generó una fuerte ventolera que empezó a arrancar maderos, sillas y mesas y lanzarlos por los aires. Cerré los ojos para no desconcentrarme, aunque tardé lo suficiente para ver como Naerys salía volando. Escuchar un chapoteo me alivió, pues Naerys sabía nadar, y si había caído en el agua no correría riesgo. Afortunadamente, su armadura es ligera.

Sin embargo, Jack y Eressea me preocupaban, pues mi hermana había caído por un agujero de la plataforma de madera y Jack había quedado cubierto de maderos. Maldición... ¡Khaelos, concéntrate! Notaba como el aire hacía cortes en mi cara, pero ignoré el dolor y logré mantener mi concentración sin problemas, pues estaba acostumbrado ya a situaciones jodidas. Esa situación no era precisamente común, pero sabía que mantenerme concentrado podía significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Finalmente se hizo la oscuridad mientras el contacto espiritual finalmente se producía. Al principio solo veía sombras, lo cual me puso algo nervioso, pero empecé a respirar profundamente, alenteciendo los latidos de mi corazón y calmando mis nervios. Pareció funcionar. En ese momento apareció una luz muy intensa, y pude ver al paladín de espaldas a mí, irradiando luz. Era su alma. Traté de tocarla, pero una presencia extraña me lanzó de vuelta a la realidad, acabando con el intento de liberación.

Abrí los ojos y empecé a ponerme de pie mientras observaba la habitación. Mis compañeros habían desaparecido, mientras lo que antaño fueron partes de la taberna volaban por el aire por obra de magia. Sin embargo, lo peor era la calma. Demasiada calma. Mientras acababa de levantarme y emitía un gruñido, empecé a desenvainar la espada. A mi lado estaba el paladín, y parecía estar inconsciente o... ¿Muerto? Decidí darle una patada en el costado. No demasiado fuerte, no quería romperle una costilla. Solo quería que le doliera. El dolor es una buena manera de despertar a la gente, lo sabía porque en las guardias que hice durante una incursión en las marismas de la Desolación, para no caer dormido tenía que apoyar la frente en una daga. Si empezaba a adormilarme, me pinchaba, y el dolor me hacía despertarme y despejarme. Esperaba que esa patada lograra el mismo efecto. No era momento de delicadezas.

En ese momento empecé a notar el por qué mi sensación de nerviosismo no había desaparecido. El aturdimiento me había hecho tardar en darme cuenta de que aún quedaban presencias cercanas, y el sentimiento que destilaban no era precisamente de amistad. No venían a por abrazos. En ese momento empezó a materializarse un espectro delante de mí, y sin dudarlo me puse en posición defensiva, con el escudo por delante y la espada por encima en horizontal, en la famosa posición del escorpión. Me puse delante del paladín y aguardé a que la criatura atacara primero. Al ser mi estilo de combate bastante defensivo, debía aguardar a que el espectro lanzara la primera pulla para que así, nada más ponerse a mi alcance, descargar sobre él una rápida estocada. Ese era el plan de batalla.
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Mar Ago 21, 2012 8:25 pm

Lo tenía todo preparado para dar la patada: había examinado la superficie e intentaba calcular la fuerza que necesitaría para poder romper la pared. Ojalá sólo fuese una patada, aunque quizás necesitaría dos. Levanté la pierna e, ipso facto, prácticamente todas las paredes de la habitación se cayeron al suelo. Mi confusión era considerable. Pero si no la he toc… Antes, incluso, de poder terminar mi pensamiento, se levantó una gran ventisca que me empujó, levantándome los pies del suelo.

Me cubrí la cara con el antebrazo mientras sobrevolaba unos, más o menos, diez metros de distancia. Aterricé sobre las aguas del pantano, haciendo que me hundiese ligeramente por culpa del impulso del viento. Por suerte, yo sabía nadar desde que tenía uso de razón y mi armadura no era excesivamente pesada, con lo que pude salir del agua sin mucha dificultad. Sin embargo, lo peor fue cuando conseguí salir del agua. Había conseguido tragar un poco de agua, aquella agua pútrida e infecta. El hedor no tardó mucho en impregnar mis fosas nasales, con lo que las náuseas fueron demasiado grandes.

Aguanté la respiración hasta que pude salir del agua y, una vez fuera, me arrastré con las rodillas y las palmas de mis manos en el suelo como si fuese un animal. Cuando volví a respirar, aquel olor no se había disipado, peor aún, no podía dejar de respirarlo, de olerlo. Estaba en mi pelo, mi ropa, en mis papilas gustativas… Era insoportable. Llegué, incluso, a estar un poco mareada y noté cómo ascendía de mi estómago algo de bilis. Sin poder evitarlo, expulsé la poca agua del pantano que me había tragado y, tras ella, algo de hiel.

Poco después de ese pequeño incidente, me levanté. Por suerte para mí, una vez hube expulsado aquel líquido, dejé de sentirme tan mal, aunque el olor todavía me molestaba considerablemente. Mientras me apoyaba en ambas manos, apoyé las plantas de los pies en el suelo y me di algo de impulso para volver a tener mi postura en vertical. La luz de la luna me permitía una mínima visibilidad, dentro de lo que cabía, en aquella noche oscura. Miré durante unos instantes al cielo mientras respiraba profundamente por la boca, evitando sentir el olor del pantano.

De pronto, empecé a oír pasos y chapoteos. Me alejé unas zancadas del agua del que acababa de salir y desenvainé mis armas. Al girarme observé unos cuerpos que salían del agua. Cuando el agua les alcanzaba a la altura del abdomen, pude distinguir a dos cuerpos. Sus movimientos eran firmes y fijos, claramente se estaban dirigiendo hacia mí. Otros sonidos captaron mi atención. Éstos eran pasos que provenían de los árboles que rodeaban aquel pantano. Esta vez eran cuatro figuras más, iguales a las dos que acababa de ver. Me fui alejando de ellos todo lo que pude, pero, en un momento dado, me empezaron a rodear hasta que estaban formando un círculo a mi alrededor, impidiendo que me pudiese zafar de su técnica de acorrale.

Les observé durante unos instantes hasta que descubrí qué tipo de seres eran. Me había enfrentado a unos no-muertos antes, a demasiados. La Isla de Tortage me había brindado un buen entrenamiento para acabar con seres de esa calaña. No obstante, estos parecían mucho más fuertes y hábiles que unos míseros y estúpidos zombies. Sus garras parecían letales y, hallándome rodeada por seis de ellos, no duraría ni cinco minutos si flaquease en alguno de mis movimientos.

Flexioné ligeramente las piernas, extendiendo una más que la otra para permitirme un equilibrio y movilidad suficientes como para observarles sólo girando la cabeza a un lado u otro. Lo mismo hice con los brazos, tratando de mantener las hojas apuntando hacia ellos, no iba a ser cosa que uno de ellos se me acercase y me mutilase con mi propia arma. De pronto me di cuenta de que tenía que salir de ese círculo lo antes posible. Tenía que abrirme paso.

Corrí hacia ellos, con mi espada por delante. Cuando me acerqué lo suficiente, le clavé la daga en la garganta a uno y, a otro, le hundí la espada en un costado, procurándole un corte bastante profundo entre dos de sus costillas. Sabía que con esos movimientos no les daría muerte, pero, al menos, los mantendría a raya. El necrófago al que le hundí la daga me arañó el brazo con una de sus uñas, ante lo que solté un quejido y desclavé la daga. Me dejé impulsar por la fuerza de mi brazo y la inercia de la espada y le corté la cabeza, provocando que cayera al suelo ésta y, después, el cuerpo inerte. Rápidamente, me dirigí hacia el que había procurado el corte en el costado, que se acercaba a mí furioso, con sus manos por delante para capturarme y devolverme el mismo daño. Sonreí de medio lado, de forma sádica, y cuando se acercó a mí me hice a un lado y le corté ambas manos para que no pudiese agarrarme. Mi hoja alcanzó sus antebrazos, más o menos por la mitad de estos, cortándole su carne pútrida. Gruñó, no supe bien de dolor o impotencia al no haberme alcanzado, ante lo que seguí sonriendo. No me entretuve más y le corté la cabeza a éste también. No había tiempo para florituras ni virguerías.

Me había abierto paso y podría salir de aquel círculo, cosa que hice sin dudar. Corrí como alma que lleva al diablo, no pensaba esperar ni un segundo más a que se me abalanzasen. Habían visto cómo había exterminado a dos de ellos y sabían perfectamente que no iba en misión de paz. Una vez fuera de él, me giré hacia ellos, tampoco pensaba cometer la estupidez de no vigilar mis espaldas habiendo cuatro no-muertos dispuestos a atacarme.

Adopté una postura de defensa y esperé a que me atacasen. La fiesta acababa de empezar.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Sáb Ago 25, 2012 4:33 pm

Una violenta tormenta pareció desatarse dentro de aquella maltrecha taberna. Pensaría que en ese momento no estaba pensando con claridad al ver una tormenta dentro de allí si no fuese porque en mi corta vida había visto ya cosas que parecían imposibles en un principio.

En un primer momento fui capaz de mantenerme en pie, pero la buena racha no dura para siempre. Tuve la sensación de que el vendaval se hacía más y más intenso, siéndome imposible soportar su violencia. Sin poder oponer resistencia, la tormenta me golpeó como lo haría yo misma a una diminuta mosca. Me lanzó a través de las maderas de la taberna, haciéndome golpear con cada obstáculo que encontraba a mi paso. Al fin, dejé de caer tras un violento golpe contra, pensé, que sería el suelo.

Tardé un poco en poder reaccionar, tras golpearme una y otra vez tenía el cuerpo dolorido, algunas partes de éste con un dolor más intenso que en otros, poco tardé en darme cuenta porqué me dolía más o menos. Traté de incorporarme usando ambas manos, mas todo lo que conseguí fue caer de nuevo tras sentir un intenso dolor en el brazo izquierdo. El dolor se centraba en el hombro y recorría todo el brazo hasta cada uno de mis dedos. Aquello no era nada bueno, cuando traté de abrir los ojos para ver desde el suelo donde me encontraba exactamente mis ojos se nublaban a causa de algún líquido. Al principio pensé que había caído al agua, pero la tierra debajo de mí estaba seca, al llevarme la mano sana a la cabeza un intenso dolor me atravesó el cráneo y me obligó a sisear, la sangre provenía de una herida en la cabeza que, seguramente a causa del dolor en el brazo no me había dado cuenta que tenía. Mi situación iba de mal en peor. De nuevo traté de ponerme en pie, esta vez usando sólo el brazo bueno y lo que ví frente a mí alimentó aún más la ansiedad que ya comenzaba a sentir. Tres criatura salidas del mismo infierno se acercaban arrastrándose hacia mí, puedo decir que he visto muchas cosas en mi vida, pero criaturas tan horripilantes como esas, jamás.

No tenía idea de cómo iba a hacerles frente teniendo el brazo izquierdo inservible por el momento. Pero, así de pronto, sólo se me ocurría un par de cosas, y la primera de ellas era recolocarme el brazo. Yo sola no podía con una sola mano así que levantandome tan rápido como me fue posible ayudada únicamente por un brazo y con tal mareo que incluso me revolvió el estómago busqué con la mirada, aún nublada por la sangre que caía sobre mis pestañas, algo con lo que poder golpearme.
Un pilar de la taberna me serviría. Probablemente estaba bajo la taberna, la tormenta me habría llevado hacia abajo, atravesando tantos suelos como tuviese aquel lugar. Me acerqué al pilar de madera sin dejar de echar la mirada atrás de vez en cuando, para cerciorarme que aún me quedaba tiempo suficiente antes de que alguna de aquellas tres cosas me alcanzase.

Cuando estuve frente al pilar, inspiré hondo, cerré los ojos y, con toda la fuerza de voluntad que fui capaz de acumular, lancé mi hombro izquierdo contra la madera para devolverlo a su lugar. Un violento grito salió de mi garganta, tan intenso que incluso tuve la sensación de que me rasgaba la garganta. Las uñas de mi mano sana arañaban la madera del pilar mientras el dolor era intenso, dolor que tardaría aún en remitir, pero al menos, no iría a peor…el hombro debería estar en su lugar.

Ahora tenía que ocuparme de otra cosa. Al mirar hacia las criaturas me di cuenta que había perdido demasiado tiempo gritando para no obtener nada de ello, sólo una sensación irreal de que el dolor remitía. Las criaturas se acercaban y no quedaba mucha distancia entre ellos y yo. Tenía que hacer algo para ganar tiempo y poder buscar alguna manera de volver a entrar en la taberna. Rápidamente busqué el agujero por el que yo debería haber caído, era imposible subir por ahí, demasiado alto y demasiado cerca de las criaturas. Bien, sólo me quedaba probar una cosa para ganar tiempo, con toda la esperanza de funcionase el tiempo justo para buscar otro camino por el que volver con mis compañeros. Nuevamente inspiré hondo, iba a necesitar todo el poder dentro de mí para lanzar el hechizo, el cual iba a ser la primera vez que ponía en práctica en batalla, antes sólo lo había “entrenado” sin lanzarlo contra nadie en concreto.

Pronuncié unas palabras en una lengua que pocos conocerían, una lengua única para los zhakheshianos. Esas palabras iban a poner en marcha un hechizo que algunos llamaban “Afligir a los diablos”.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Axelier Dragonos el Dom Ago 26, 2012 7:07 pm

Las sombras y el caos se apoderaban de la pequeña y devastada aldea de Zachnest mientras los viajeros, en busca de cumplir los designios soberbios de sus dioses, enfrentaban cara a cara la muerte que había aniquilado toda la vida y la luz de esa región del pantano Swash.

Haciendo uso de toda su agilidad innata, Naerys Wer'delynn logró incorporarse tras el inexorable impacto de la ráfaga de viento y energía y buscó la forma de abandonar lo más rápido posible aquel lago putrefacto que invadía su cuerpo y su mente. Sin embargo aquella pestilencia no sería el peor de sus problemas, pues un grupo de necrófagos hambrientos de carne fresca ahora la rodeaba como una jauría de lobos a su presa.

La semi elfa lograría ponerse a la delantera, y tras un breve enfrentamiento lograría eliminar a dos de sus atacantes para así abrirse camino a través del pantano en busca de volver a la seguridad que solo su amante le podía brindar. Pero aquello no sería una tarea fácil, pues debía atravesar por lo menos diez metros de aguas fangosas y hierba elevada; y encima lidiar con los veloces necrófagos a sus espaldas.

Inteligente mente volvería su mirada para tratar de vislumbrar los movimientos de sus perseguidores. No sabía mucho sobre los muertos vivientes, pero ya había tenido experiencia en combate contra estas aberraciones a la vida. Pensó que estaría lista para lo que pudiesen intentar, pero sus especulaciones estaban fuera de proporción. Si bien los necrófagos siguen siendo tan endebles como los zombies normales, estos son venenosos y más inteligentes y veloces. Naerys logró ver a dos de estos necrofagos abalanzándose en su contra con las manos extendidas y las fauces abiertas desesperadas por morder la calida carne de la mujer, pero no lograba vislumbrar a los dos necrofagos restantes. No sabía si se habían quedado atrás o si la habían perseguido por otra dirección pues las largas y altas hierbas le impedían la visión a su alrededor. Se quedaba sin tiempo pues el ataque de los dos necrófagos frente a ella era inminente pero... ¿debía preocuparse por seguir peleando o intentaaría huir sin mayor interés en sus enemigos?... era una pregunta que ya inundaba la mente de la mujer mientras trataba de descifrar el mejor plan de acción o, al menos, el que le sacara de ahí con la menor cantidad de daño.

Para Eressea no era menos complicado. Las heridas que había recibido tras el fuerte impacto de energía la habían diezmado. Sin embargo, a pesar de que dichas heridas hubiesen inutilizado a un hombre ordinario, su resistencia física y su fortaleza mental le habían permitido soportar el dolor que infería en ella su hombro dislocado y su herida superior. Pero el dolor no era si no el menor de sus problemas. Las tres viles y horrendas criaturas provenientes de la mente más sádica que pudiese imaginar se acercaban hasta su posición arrastrándose de una forma tan atroz que estuvo a punto de gritar por el miedo y la incertidumbre. Eressea jamás había visto esta clase de criaturas. Eran más vestigios de las cruentas torturas demoniacas en los humanos que simples seres del otro mundo. Gritaban, gemían y daban alaridos de dolor con su cantidad variable de bocas mientras se arrastraban de forma errática hasta la humana.

Eressea no tenía muchas opciones, y volver por donde había caído estaba fuera de sus límites, por lo que ferozmente hizo uso de toda su concentración para intentar invocar un hechizo que nunca había usado antes. Tenía la esperanza de que dicho conjuro fuese capaz de afligir al menos a uno de los tres demonios y así aspirar a una opción de huida. Esperanzas que se esfumarían al fallar su concentración mágica gracias a la contundente herida en su cabeza. El dolor le hizo imposible concentrarse lo mejor que hubiese querido y, sin muchas más opciones, lanzó su efecto sobre el que estaba más próximo a ella. No esperaba que fuese efectivo, pero para su sorpresa la mera sensación de magia hizo que el horrendo ser de carne humana se estremeciese y se apartara de la dirección del conjuro para después desaparecer entre las sombras del terreno.

Eressea no había dado en el blanco, pero había logrado abrirse un camino hasta el exterior. Un camino que la llevaría directo a la orilla del pantano.

Khaelos estaba preocupado. Parecía que era el único de pie en aquella terrible situación. No habían rastros de Eressea ni Jack, y su amada Naerys había salido de su rango de visión minutos atrás y ya comenzaba a temer por ella. Pero lo que mas le tenía impasible era el paladín inconsciente a su costado. Muy dentro de sí maldecía el momento en que se había cruzado con el seguidor de la luz pero, a pesar de que le era muy sencillo culpar al paladín, él sabia bien que era su responsabilidad si algo le pasaba a sus acompañantes. No lo admitiría, pero nunca se perdonaría si algo le pasase a algún miembro de su familia pues esta campaña se la había encomendado Elhías a él y a nadie mas.

Golpeaba al paladín en un intento infructuoso por despertarlo mientras buscaba con su mirada a sus alrededores. Las presencias malignas abundaban y no sabía por donde le atacarían hasta que sus sospechas fueron respondidas por un engendro espectral que se había materializado a escasos metros de distancia. Se trataba de un temible aullador mortal, un espectro que se alimentaba del miedo y las almas de los muertos que sufrieron penas indecibles antes de su muerte.

El nigromante sabía bien de la peligrosidad que suponía este enemigo pero confiaba en sus habilidades y su equipo rúnico. Khaelos esperaba con su escudo interpuesto entre su enemigo y él mientras baldía su espada en forma agresiva y defensiva a la vez, una postura bastante eficiente en las lineas frontales de combate pero que aún no había sido puesta a prueba por espectros de esta clase.

El humano esperaba con ansias el indiscutible ataque del espectro, pero su plan estuvo a punto de irse al averno tras el intenso impacto sonoro que emitió el espectro con uno de sus aullidos de dolor y sufrimiento que le caracterizaban. El impacto logró hacer retroceder un metro al nigromante el cual sostenía su escudo intentando eludir la fuerza frontal de aquellas ondas sonoras mientras que la madera suelta y los escombros que flotaban pasibles a su lado salían volando por el impulso de dicho grito. El aullido era peor de lo que había escuchado hablar sobre él. Sus oídos dolían y comenzaban a sangrar, pero su postura defensiva y su gran resistencia lograron impedir que tales ondas sonoras le aturdieran o incluso le asesinaran.

Tras el alarido de muerte, el espectro se abalanzó rápidamente hasta su objetivo actual elevando su extremidad diestra con la intención de cortar la carne y el alma del nigromante el cual suponía había quedado aturdido ante su escalofriante poder.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Ago 31, 2012 8:54 pm

Maldición, odio cuando todo empieza a salir mal... Había perdido de vista a todos los demás, y la única persona a la que tenía al lado era el paladín, que en aquél momento como mucho podría ser empleado como escudo, o si me atacaba alguna criatura antropófaga podría usarlo como cebo para entretenerlo. Pero mi honor me impedía lo primero, y las circunstancias no parecían demostrar que tuviera que hacer lo segundo. En aquellos momentos lo que más quería era que Naerys, Eressea y Jack salieran de donde cojones quiera que estuvieran, y que el paladín despertase de una jodida vez.

Debía admitir que un paladín en situaciones como estas puede ser muy útil, el problema es que para serlo debe estar consciente... Maldición. Me tocaba coger las riendas de la situación otra vez y encontrar vivas tanto a Naerys y a Eressea. ¡No debería haber dejado que vinieran conmigo! Las misiones de los dioses son siempre complicadas, y a pesar de que mi amada y mi hermana eran personas excepcionales, superiores al grueso de las razas pensantes en cuanto a capacidades de combate, no estaban aún preparadas para una misión divina. Naerys no poseía magia, lo que la dejaba en clara desventaja contra los espíritus, y el poder de Eressea aún no estaba desatado a diferencia del mío, con lo que su resistencia a los ataques demoníacos y espirituales no era tan elevada como la mía... Dioses... No iba a dejar que les pasara nada.

En ese momento, una presencia se materializó frente a mí, un espectro aullador, si mal no recordaba el nombre. Maldición... Entreabrí la boca, pues sabía que si aullaba y no hacía todo lo posible para amortiguar el sonido de su grito me reventaría los tímpanos, dejándome sordo y haciéndome caer inconsciente, con todas las connotaciones negativas que eso conlleva. Y no sabía si mi resistencia, tanto física como mágica, era suficiente para aguantar su grito.

Una vez en posición defensiva, aguardé a que el espectro me atacara, pero el muy bastardo decidió emitir un aullido de dolor y sufrimiento. Solté un grito de dolor mientras retrocedía un largo paso, y en ningún momento cerré la boca. En la Academia Oscura se me había enseñado anatomía suficiente como para saber que si el ruido intenso entra tanto por la boca como por los oídos, se compensa la presión que sufren los tímpanos al recibir las ondas por ambos lados, en lugar de recibir presión solo por uno. Supuse que tuvo su parte de efecto, pues no estaba inconsciente ni muerto.

En aquellos momentos temí haberme quedado sordo, pues todo lo que podía oír era un intenso pitido que retumbaba en mi cabeza. Solté un gruñido que no pude escuchar, mientras notaba un intenso dolor en las orejas y algo tibio y líquido surgiendo de ellas... Sangre... Dioses, no. ¡No puedo quedarme sordo! Me mantuve en aquella posición por el momento, haciéndole creer que estaba aturdido por el grito y que estaba más preocupado por el dolor de mis orejas que por cargarme a ese hijo de puta.

Cuando se lanzó a por mí, alzó la garra derecha, tratando de lanzarme un corte. Pero yo no iba a dejar que ese bastardo lo lograra. Aprovechando que tenía la pierna derecha atrasada, pivoté sobre esta misma para cambiar el lado en el que mi cuerpo estaba tan rápido como me fuera posible. No era un movimiento ágil, pero requería reflejos, y afortunadamente lo segundo lo poseía. Aprovechando el movimiento, alcé la espada cuando estuvo cerca de mí. Si todo salía bien, habría esquivado el ataque y podría descargar mi espada sobre su brazo, y de haber suerte, cercenárselo. Mi siguiente movimiento sería un tajo ascendente en diagonal para tratar de cercenarle la cabeza o, al menos, partirle por la mitad. Solo esperaba que su aullido fuera un ataque mágico, pues de ser así, debería tardar un tiempo para poder lanzar otro, y si le cortaba extremidades y al menos lo debilitaba perdería potencia, lo cual ya me iría bien. Si no lograba matarlo con aquél combo de dos golpes, que como mínimo no pudiera chillar. Les tenía demasiado aprecio a mis oídos, los cuales aún pitaban y dolían, como para perderlos.
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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Naerys el Sáb Sep 01, 2012 10:23 pm

Afortunadamente, las aguas de aquel pantano no me habían nublado el juicio tanto como el olfato, pues pude zafarme de la emboscada que me tendieron aquellos seres pútridos y corruptos. Antes de que todos los demás se me abalanzasen, pude eliminar a dos, lo que me permitió salir de aquel círculo mortífero para poder medir mejor sus movimientos.

Avancé con toda la velocidad que aquel terreno fangoso me permitió, abriéndome paso por las altas hierbas que me superaban considerablemente en altura. Si levantaba la cabeza sólo podía ver aquella maleza que me rodeaba y, más arriba, la oscura noche iluminada por la luna, tan bella como letal.

Me di media vuelta y, estando en posición de defensa, pude ver cómo dos de aquellos seres se me abalanzaban. Por suerte, el terreno era tan dificultoso para ellos como lo era para mí, por lo que su velocidad, aunque era elevada, se veía ligeramente mermada por el lodo del pantano. Mientras los veía avanzar y me preparaba, pensé por un instante en los otros dos restantes. ¿Dónde se habrán metido…? El silencio nocturno y mi fino oído hicieron que la respuesta a mi pregunta llegase con mucha rapidez. Los dos necrófagos estaban avanzando estrepitosamente por mi derecha y por mi izquierda. A medida que se iban acercando, mi pulso y mi respiración fueron aumentando levemente. El tiempo parecía ralentizarse y, por un momento, sólo pude oír mi respiración, concentrándome para atacar de nuevo.

En el momento en el que se hubieron acercado peligrosamente hacia mí, empecé a moverme en diagonal hacia mi derecha. Mi objetivo era sencillo: iba a matar a dos de ellos, eligiendo a uno de los laterales y otro de enfrente. Después de dar unas zancadas hacia la derecha, extendí el brazo derecho, que era donde tenía la espada, y di una vuelta sobre mí misma cercenándole la cabeza en la trayectoria de la hoja de mi arma. Su cabeza se deslizó sobre el cuello cortado, haciendo un sonido sordo al caer sobre aquel suelo encharcado. Aprovechando mi movimiento, frené para encontrarme con los tres restantes de frente, que parecían estar loquitos por mis huesos. O por la sustancia que ellos albergan en su interior. El que estaba más cerca, que era el segundo individuo que formaba parte de mi plan de exterminio, extendió sus brazos para agarrarme y convertirme en su cena. Cosa que no permití. Lancé un tajo hacia delante, cortándole el brazo por la altura del antebrazo. Sus dos extremidades superiores cayeron al suelo, impidiéndole poder asirme. Por último, levanté mi espada lanzando una estocada a la altura de la barbilla del monstruo con tanta precisión que se introdujo justo por detrás de ésta, atravesó su lengua y encontró la salida en la coronilla. Cuando saqué la hoja, el ser cayó de bruces contra el suelo.

Muerto éste, di unos pasos hacia atrás, sin darles la espalda en ningún momento, para así estar prevenida ante sus ataques. Coloqué la daga de forma paralela a mi antebrazo, adelantando un poco éste y adopté la postura zhakheshiana de combate conocida como “El escorpión”, en el que, el brazo que sostenía la espada, se situaba por encima de mi cabeza, emulando el aguijón de este insecto, preparado para dejarlo caer sobre mi próximo atacante.




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Re: Las puertas de Ghazrüll

Mensaje por Eressea Kohlheim el Dom Sep 02, 2012 1:11 am

El dolor en el hombro y en la cabeza, cuya herida no dejaba de sangrar, aún era lo suficiente intenso como para nublarme un tanto la conciencia, por decirlo así. El conjuro que lancé no pareció ser lo suficientemente fuerte o no lo conjuré correctamente, pues no tuvo el efecto esperado.
Aún así, de algo sí que me sirvió. La criatura que me cortaba la única vía de escape que veía posible se vio afectada por el hechizo que había conjurado. No parecía haberle dañado, pero sí que pareció asustarle lo suficiente como para que me dejase un tiempo de vía libre en dirección a la orilla del pantano.

Con la mano sana apretando el hombro que había sido dañado a causa de la caída, como si eso ayudase a mitigar un poco el dolor, comencé a caminar hacia la orilla del pantano lo más rápido que pude pero sin llegar a correr. Ya que un simple trote provocaba que el brazo me doliese aún más y la herida en la cabeza me palpitaba como si el corazón mismo estuviese tras ella.
Con pasos decididos caminé acercándome cada vez más a la orilla del pantano, ya la veía cerca, apenas unos metros me separaban del agua fangosa y turbia. Miraba hacia tantas direcciones como me era posible, tratando de verificar la posición de las dos criaturas a las cuales el hechizo no había afectado de ninguna manera.
Podría volver a conjurar el hechizo, pero ello provocaría que incluso me desvaneciese en el acto. Un desmayo en aquel momento a causa del agotamiento por el hechizo, el malestar general por la pesadilla -que aún no había desaparecido del todo- y por los golpes y heridas tras caer hasta el suelo desde semejante altura, no era lo que necesitaba. Tendría que esperar un poco de tiempo hasta que al fin pudiese volver a intentar lanzar el conjuro y que éste surtiese algún tipo de efecto, ya que la criatura que había resultado un poco asustada a causa de él, con seguridad volvería en no mucho tiempo, a fin de cuentas, sólo estaba asustada, o eso parecía.

A medida que me acercaba a la orilla del pantano me dí cuenta que si lograba llegar hasta ella saldría totalmente de debajo de la maltrecha taberna, lo cual me dejaría al aire libre y con más espacio para poner distancia entre las criaturas y yo, cosa que necesitaba mientras pensaba en algo para poder defenderme aún con el dolor en el brazo, el cual me impedía aún tomar mi espada con esa mano sin que mi hombro sufriese aún más. No estaba dispuesta a destrozarlo completamente, una vez que saliese de aquella situación viva tenía toda la intención de seguir empuñando mis armas como siempre.

Cuando al fin llegué a la orilla me metí en la fangosa agua sin pensarlo. Ahí había dos posibilidades: una era que las criaturas no me siguiesen por el agua, lo que me daba un respiro mientras buscaba ese bendito plan que tanto necesitaba. Y otro era totalmente lo contrario, que aún habiendo agua de por medio las criaturas continuasen avanzando hacia mí. Pero eso sí, también tenía la posibilidad de gritar por ayuda y claro estaba eso hice…

-¿Alguien me oye? ¿Khelos? ¿Naerys? – grité tan alto como pude. Necesitaba la ayuda de cualquiera de ellos, aunque cabía la posibilidad de que tampoco ellos estuviesen en condiciones de ofrecerme su ayuda, a fin de cuentas para cuando caí bajo la taberna ellos también estaban en ciertos problemas, pero tenía que intentarlo, en mi situación yo sola no podía contra las dos criaturas, no al menos hasta que se me pasase el dolor en el hombro y que me curase de alguna manera la herida sangrante de la cabeza, y para eso aún parecía quedar un buen rato.


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Re: Las puertas de Ghazrüll

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