Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» -A quien le pueda llegar a interesar.-
Hoy a las 8:00 pm por Eudes

» Strindgaard se ha hecho invisible.
Hoy a las 5:47 pm por Runesha

» Anhouk, la forjafora
Vie Oct 20, 2017 10:04 pm por Anhouk

» Ingeniería Rúnica
Jue Oct 19, 2017 2:30 am por Staff de Noreth

» El cordero
Jue Oct 19, 2017 12:08 am por La Aberración

» Rakaash
Miér Oct 18, 2017 2:06 pm por Señorita X

» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
Miér Oct 18, 2017 10:12 am por Celeste Shaw

» Llegando a ciudad esmeralda [El Gremio de la Pureza]
Mar Oct 17, 2017 4:57 pm por Veronika

» Malleus Maleficarum [Campaña +18]
Mar Oct 17, 2017 4:59 am por Lujuria

» Visión del primer paso...
Lun Oct 16, 2017 1:03 pm por Alegorn

» La Incertidumbre de la Magia [CAMPAÑA]
Vie Oct 13, 2017 4:00 am por Aulenor

» [Historia de Asterion] El clan "Cuerno de Hierro"
Jue Oct 12, 2017 10:01 pm por Minos

» Índice de Personajes No Jugadores o NPC
Miér Oct 11, 2017 11:56 am por Minos

» Aracnofobia [Campaña]
Mar Oct 10, 2017 2:06 am por Almena

» La fuga (solitaria) [Phonterek]
Lun Oct 09, 2017 1:29 pm por Lilith, la sombría




Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Malditos Bastardos

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Malditos Bastardos

Mensaje por Aleida el Lun Jul 09, 2012 8:25 pm

Aleida era feliz en aquel momento. Corría hacia su casa atravesando la entrada de un bosque luminoso. Respiró profundamente el aire puro del lugar en el que se crió, sentía la hierba verde y fresca debajo de sus pequeños pies descalzos.

Corrió hacia una pequeña casita. No era muy grande, pero era resistente, de buenos cimientos. Una mujer alta, hermosa y rubia, quien probablemente había escuchado sus pasos, abrió la puerta y la recibió con una radiante sonrisa.

Aleida corrió a echarse en los brazos de su madre.

De repente tres golpetazos sumieron aquella escena en la oscuridad, seguido de alguien dándole unos toques en el hombro.

Aleida abrió los ojos. Ahora veía el rostro de una mujer morena y muy blanca. Llevaba los ojos muy maquillados con sombra negra y sus labios lucían un brillante tono carmesí.

-Despierta, niña -Erzebeth le apartó el pelo de la cara y la incorporó sobre la cama- ¿O quieres que entren a levantarte?

Otros tres golpetazos sobresaltaron a la jovencísima Aleida.

-¡Venga ya! -una arisca voz las apresuraba a salir.

Aleida se levantó de la cama con desidia y se acercó al tocador a mojarse la cara. Se empezó a vestir lentamente, recordando aquel sueño del que acababa de salir. Se sentía como si hubiera viajado del cielo al infierno.

Erzebeth cogió uno de los corsets que estaban encima del mueble a los pies de la cama de Aleida y se lo encasquetó exasperada.

-¡Vamos, Madeleine! -la apresuró ella también, mientras le apretaba las cintas con fuerza.

Aleida giró la cabeza entornando los ojos hacia ella. Odiaba ese nombre que le habían puesto al llegar a aquel espantoso lugar. Y Erzebeth lo sabía. Todas odiaban su nuevo nombre.

-No protestes y date prisa -dijo al ver su mirada mientras le desenredaba el pelo- ¡Aún tienes que maquillarte!
Aleida soltó una irónica carcajada.

-¡¿Para qué?!
-¡Ssshhh! -Erzebeth empezó a sombrearle los ojos sin hacerle caso- Con un poco de suerte esto bastará...

La puerta se abrió de un fuerte golpe, pues uno de los guardianes, el que se hacía llamar Ethan, se había cansado de esperar. Era alto robusto y tosco. Tenía una larga melena rizada y castaña. Y múltiples tatuajes por el cuerpo. Seguramente un aspirante a vampiro o licántropo.
Agarró a Aleida por el brazo y miró a Erzebeth.

-Date prisa, Anabelle. Te están esperando -dicho esto salió de la habitación,
llevándosela consigo a rastras.

En el pasillo y las escaleras habían múltiples pinturas, las cuales Aleida no había tenido ocasión ni de mirar, pues esa era la manera habitual de pasar por ése pasillo. A rastras, tropezando con sus propios pasos por la rapidez con la que caminaba el guardián que la llevara en aquella ocasión.

Cuando bajaron la escalera de caracol llegaron a otro pasillo más amplio.

Caminaron hacia una puerta en la que Ethan se paró bruscamente. Aleida levantó la mirada. Acababan de encontrarse con otro guardián, acompañado por una chica traída también a rastras.

-¿Que te cuentas Dereck? -Ethan tenía aquella sonrisa de psicópata que a sus colegas les parecía tan simpática.

Dereck rió entre dientes y le hizo a su compañero de trabajo un gesto con la cabeza. Se parecían. Ambos tenían una larga melena e iban armados hasta los dientes. Y la misma mirada.

Dereck accionó el pomo de la puerta y empujó a la chica pelirroja que traía consigo dentro de la sala.

Era una sala de aspecto lujoso. El suelo y la barra, ocupada por muchos clientes y tres camareras, eran de mármol negro. Habían muchas mesas de patas doradas, con la superficie también de mármol negro azabache ocupadas por vampiros, hombres con pinta de brujos, algunos con pinta de licántropos, o almenos eso se imaginó Aleida al ver sus uñas largas y fuertes como garras y demás detalles de su aspecto.
Algunas cosas como partes de las paredes y las butacas y los cómodos sofás estaban forrados con tela de color granate.

La chica entró mirando hacia el suelo, su guardián le azotó descaradamente una nalga y ambos rieron ariscamente. Un par de lágrimas recorrieron el rostro de la chica a la vez que desviaba la mirada hacia el hombre que la esperaba.

Aleida se vio forzada a apartar la mirada, pues Ethan aún no la había soltado. Atravesaron la sala. Ethan miró a su alrededor aún sin soltarla.

Un tipo pálido como la cera, con una larga melena negra que le cubría los hombros, con varios tatuajes simbólicos en el torso, rodeado de mujeres del harén, se levantó y le hizo una señal al guardián.

Aleida sintió escalofríos sólo de ver a aquel hombre. Cerró los ojos deseando oír decir a Ethan que ya la estaban esperando, pero en lugar de eso sintió como el aspirante a bestia le soltaba el brazo.

Abrió los ojos. Su cliente le sonrió maquiavélicamente, enseñándole sus largos colmillos. Las mujeres que hasta hacía un momento estaban a su alrededor, aprovecharon para irse con algún cliente que por lo menos fuese un humano.

El vampiro pasó un brazo helado por su cintura y la atrajo hacia sí con mucha fuerza, lo que le cortó la respiración un momento. Pues aparte de la fuerza del inmortal, incluso a través de las ropas pudo sentir el frío que desprendía su cuerpo (...)
avatar
Aleida

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Malditos Bastardos

Mensaje por Aleida el Mar Jul 10, 2012 2:14 am

El vampiro se agarró a sus muslos con una sonrisa ponzoñosa. Como ella no le miraba, le agarró suavemente la barbilla para ver mejor su rostro. Su macabra sonrisa se acentuó. Como viejo zorro que era, detectó enseguida la ingenuidad de su juventud y su tensión.

-¿Cuántos años tenéis, Madeleine, querida? -le preguntó clavando su mirada muerta en la cara entonces aniñada de la joven Aleida.

Aleida miraba al vampiro con un profundo asco disfrazado de sonrisa vaga.

-Dudo que eso importe mucho ahora ¿no creéis, señor? -¿Qué demonios le importaba su edad a aquel chupa-sangres morboso?¿Acaso iba eso a persuadir sus intenciones?

El vampiro rió entre dientes, la soltó, dejándola tomar asiento y se sentó junto a ella.

Una atractiva camarera trajo una botella de vino y sirvió dos copas. El vampiro le echó una mirada igual a esa con la que miraba a Aleida. La camarera aceleró el paso hacia la barra y le dedicó a la joven miradas nerviosas.

Aleida bebió la su copa rápidamente. El fuerte sabor del vino disipó un poco su tensión, aunque siguiera sintiéndose en el mismo infierno.

-Os acompañaré durante este día... -si es que era de día, pues tanto las largas y gruesas cortinas de terciopelo negro de aquella sala como las de los pasillos y habitaciones del Ala Este de la casa permanecían echadas, ya que el sol era nocivo para los vampiros que se refugiaban allí durante el día, y la luna llena lo era para los licántropos- Y los que deseéis -repitió lo que debía decir a cualquier cliente al que le diera por hacer preguntas sobre ella.

El vampiro apartó el pelo de su cuello y empezó a darle pequeños mordiscos. Aleida sentía su respiración acelerada en su oído. Detestaba aquello. Le apetecía reventar esa botella contra el mármol de la mesa y...

Acercó la mano a la botella para rellenar su copa, cosa que el vampiro interrumpió con un gesto de la mano. Aleida apartó la suya brusca e inconscientemente. A lo que el vampiro respondió esbozando su sonrisa de serpiente, y le hizo el favor de rellenarle la copa.

Aleida la cogió con las manos ligeramente temblorosas y empezó a dar grandes sorbos.

El vampiro manoseaba lujuriosamente sus piernas y sus pechos. En cuanto se percataba de que la copa de la joven prostituta estaba vacía, la rellenaba al instante.

Cuando llevaba la cuarta, o quizás la quinta, el vampiro la agarró bruscamente contra el sofá. Le agarró la copa de las manos y derramó el resto que contenía sobre su boca haciendo que se derramaran unas cuantas gotas por su cuello y su exagerado escote. El vampiro lamió aquellas gotas, haciendo que Aleida se estremeciera del asco. Se levantó y volvió a rellenar su copa.

En la cabeza de la apenas quinceañera, todo daba vueltas y sucedía demasiado rápido. Se sentía ligera como una pluma, como si flotara. Sin embargo, no le costó ningún esfuerzo incorporarse para coger la copa a rebosar de vino que el vampiro le ofrecía.

Apenas había dado un sorbo cuando una mano helada agarró la suya y la levantó con firmeza.

-Llámame Lorian, querida -le dijo al oído mientras la tomaba con fuerza de la cintura y la guiaba hacia los pasillos que conducían al Ala Este.

Aleida se dejó llevar por los pasillos y las escaleras hasta llegar a la lujosa habitación en la que Lorian se hospedaba.

La puerta se cerró tras el vampiro, quién ya estaba vaciando lo que quedaba de vino en la botella en la copa de Aleida.

Aleida la vació de un trago mientras el vampiro desataba frenético las cuerdas de su corset.
El resto de sus ropas cayó al suelo junto con la copa, que se hizo añicos. Lorian la lanzó con brusquedad sobre la cama y se colocó sobre ella.

Aleida gemía de dolor, pues aunque el vampiro se abstuviese de dejarla seca, no tuvo ningún reparo en morder la carne suave y fresca de sus pechos y su cuello.
De repente le dio la vuelta con brusquedad.
Aleida estaba demasiado borracha para gritar o hacer algún esfuerzo.

Se aferró a las sábanas. El vampiro la penetraba sin piedad alguna. Aleida sentía un dolor ardiente. La mantenía sujeta contra la cama con el peso de su cuerpo.

Su fuerza era tremenda, y su sed de sangre, cosa de la cual se desahogaba, era aún peor. Su respiración sonaba como feroces gruñidos que asustaban a la joven Aleida.

Las lágrimas y el sudor impregnaban las sábanas rojas de la habitación.
Aleida empezó a gemir de dolor, pues el vampiro la penetraba cada vez con más crueldad y en ocasiones la agarraba con fuerza del cabello para inspirar el olor de la sangre que corría por el interior de su cuello.

El vampiro entraba en ella haciéndole cada vez más daño, aunque sus lágrimas fuesen silenciosas.

Con un gruñido, empujó con fuerza haciendo que Aleida, aún semiinconsciente, diera un grito inaudible más allá de las paredes de la habitación.
Lorian se dejó caer sobre ella. Secó sus lágrimas y cerró sus ojos.

Aleida no comprendió aquel gesto. ¿Iría a desangrarla en cuanto se durmiera?
Fuere como fuere, la chica no tenía fuerzas ni para pensar en esa posibilidad (...)



Última edición por Aleida el Miér Jul 11, 2012 1:25 pm, editado 1 vez
avatar
Aleida

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Malditos Bastardos

Mensaje por Aleida el Miér Jul 11, 2012 12:04 am

Aleida despertó a las tres horas por el movimiento del colchón al levantarse el vampiro.

Se quedó inmóvil sobre la cama, boca abajo, en la misma posición en la que se había dormido.
El vampiro, aún vistiéndose y sin darse la vuelta, le dio las buenas tardes.

''Tardes...'' -pensó. Debía de estar anocheciendo.

Se levantó, aguantando el dolor punzante en los riñones y la matriz debido a las embestidas de Lorian.

Se sentía mareada y le dolía la cabeza a causa del vino. Se puso la ropa y el corset sin atárselo y se frotó los ojos, pensando en el malestar que sentía por la resaca.

Lorian se le acercó sonriendo por detrás y le apretó las cintas. Enterró la cara en su cabello, le puso una mano sobre la frente, echándole la cabeza hacia atrás.

-Pienso volver por ti... -le susurró al oído, algo nada alentador para ella.

Aunque alomejor el presuntuoso vampiro pensaba que aquello ilusionaría a la prostituta adolescente a la que acababa de comprar antes de su habitual caza nocturna. Lo que hizo que Aleida esbozara una sonrisa burlona que a simple vista parecía una efímera y coqueta sonrisa.

''El único que espera impaciente vuestro regreso, señor, es el bolsillo de Arien.'' -pensó a la vez que se dirigía a Lorian.

-Ya sabéis donde encontrarme... Lorian -volvió a repetir uno de los tópicos que siempre decían las mujeres que vivían en aquel lugar.

El vampiro volvió a besarla bruscamente y salió de la habitación sin dejar de mirarla.

Cuando cruzó el umbral, Aleida se pasó una mano temblorosa por los labios y bajó la mirada, nerviosa y mareada.
Quería dormir, sólo eso.
Levantó la mirada y se topó con el ornamentado espejo de la habitación.

Miró su rostro aniñado. ¿Cómo había podido caer en la tela de araña de Arien? Su ingenuidad le había costado la vida.
Las lágrimas brotaron de sus ojos sin esfuerzo alguno. Le quemaban el rostro. La cabeza le pesaba.

-Eh, tú -Ethan acababa de volver a aparecer.

Aleida atravesó rápidamente el umbral y empezó a caminar por los pasillos hacia las escaleras que conducían a la sala. El guardián la agarró de la cintura con fuerza al llegar al pie de la escalera de caracol.

-No corras, criatura -dijo sonriendo burlonamente-. No tenemos ninguna prisa -la agarró del cuello para impedir que gritara y la estampó contra la pared.

A la joven le fallaron las piernas y cayó al suelo, pero aún pudo llegar a ver como Ethan empezaba a aflojar la hebilla de plata de su cinturón.

Aquello la hizo paralizarse, pues no sería la primera vez que se llevaría una paliza con aquel contundente cinturón de cuero en caso de que optara por resistirse.

Por si fuera poco, estuvo a punto de echar el corazón por la boca cuando un grito desgarrador sobresaltó hasta al mismo Ethan, quien miraba nervioso hacia los lados.

-Vamos -agarró a la chica por el pelo y la levantó. Después volvió a llevarla a rastras, por el mismo camino que recorrían cada día.

Pasaron por el pasillo de la Sala, bajaron la otra escalera de caracol que llevaba al pasillo de las habitaciones de las prostitutas.

Las mujeres estaban revueltas, se escuchaban gritos nerviosos y llantos aterrados.

El guardián soltó a Aleida y fue hacia la habitación que rodeaban las mujeres, apartándolas a empujones de su camino.

-¿¡Qué demonios está pasando!?¡Dejadme pasar!¡Aparta!

Aleida corrió hacia la habitación, abriéndose paso como podía entre las mujeres, pues la mayoría eran más altas que ella.
Desde el pasillo, pudo ver el suelo ensangrentado de la habitación contigua a la que dormía. Con el corazón en un puño, Aleida entró en la habitación.

La escena era devastadora.

El espejo hecho añicos sobre el suelo y las lujosas alfombras empapados en sangre, igual que las sábanas de la cama en la que se encontraba una de las mujeres. En sus muñecas habían dos cortes enormes que dejaban ver el interior de la piel, los tendones y hasta una pequeña parte de los escasos músculos de la muñeca. Sus ojos castaños estaban vidriosos, y su piel estaba azulada y algo transparente, pues Aleida pudo ver las venas de su rostro.

Sintió como todo el vino rebotaba enérgicamente de su estómago hacia su esófago.

Se llevó una mano a la boca y salió corriendo de la habitación. Entró a la suya, cerrando tras sí la puerta, y ya no pudo aguantar más.

Se dejó caer de rodillas y devolvió todo el vino que había ingerido unas horas antes. La amargura y la acidez, sumadas a la fuerza de las contracciones de su esófago le abrasaban la tráquea.

Alguien se inclinó sobre ella y le recogió el pelo hacia atrás con las manos.

-No te preocupes, Aleida, sigue -Erzebeth intentaba tranquilizarla.

Aleida terminó de vomitar y apoyó la espalda contra la pared, abrazándose a Erzebeth. Temblaba de una manera descontrolada.
Definitivamente, aquel lugar era el infierno.

-Vamos, niña -Erzebeth la ayudó a levantarse y la llevó a la cama-. No te preocupes por el desastre.

Al avanzar sollozando hacia la cama, descubrió algo que la hizo parar sólo un momento.

En la cama que había estado vacía hasta entonces, se encontraba una chica más o menos de la misma edad de Aleida. Abrazaba su almohada, con las piernas encogidas y la espalda apoyada en la cabecera de la cama.
Tenía el cabello rubio y unos grandes ojos verdes, bastante enrojecidos e hinchados, igual que su labio inferior.
Otra víctima de Arien, seguramente.

Aleida se tumbó en su cama y se cubrió con las sábanas.

-Aleida... -dijo mientras se acomodaba.

La chica no la miró a ella ni a Erzebeth, simplemente siguió abrazada a su almohada.

-Greta -dijo con un hilo de voz.

* * * *

Aleida se dió la vuelta. Las cortinas en sus habitaciones no eran tan gruesas, por lo que pudo ver el cielo nocturno, que ya no era negro ni añil, más bien empezaba a aclararse, pero se seguían viendo las estrellas.

Pronto amanecería y se haría de día, y quien sabe que clase de alimañas vendrían a buscarlas.
Quizá Lorian, quizá alguien aún peor...

Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos azules. Pensó en la mujer que se había suicidado el día anterior.
Puede que aquella fuese la única escapatoria después de todo.
Se incorporó sobre la cama, pensativa (...)
avatar
Aleida

Mensajes : 27
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: Malditos Bastardos

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.