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Cuentos de Noreth
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¡Cerebros a la fuga!

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¡Cerebros a la fuga!

Mensaje por Ragnar el Dom Jul 15, 2012 1:18 am

Otro día. Siempre lo mismo. ¿Cuánto llevaba allí? Años. Y siempre realizaban la misma maldita rutina. Todos los días.

Los presos condenados a la mina pasaban allí el resto de sus días. Los primeros día se les veía patalear e intentar escapar inútilmente de allí golpeando con los puños sus ataduras, sin embargo, cuando empezaba a pasar el tiempo podías verlos marchitarse y resignarse. La comida que les daban era suficiente para subsistir, pero no te daba las energías suficientes como para luchar por tu libertad.

La galería, también habían optado por alguna razón “El Hoyo” y era totalmente subterráneo. Este constaba de un eje central escavado en la tierra, allí toda la pared e incluso las columnas era de roca, este eje central tenía varios pisos en los cuales había sendos pasillos escavados en la roca y era precisamente ahí donde, a cada lado del pasillo se hallaban las celdas de los presos. Retenidos por los barrotes.
Ragnar tenía en frente, al otro lado del pasillo a un tipo que se le parecía bastante a él mismo y aunque los dos habían resultado ser hombres de pocas palabras, habían llegado a congeniar bastante bien. Al igual que él mismo aquel hombre usaba un alias, se hacia llamar: Vikingo, nunca le había preguntado su verdadero nombre y tampoco tenía intención de hacerlo. Cuando alguien esconde su nombre, es por algo. A su derecha había al parecer un pícaro, el terror de las cerraduras y los cofres, se había autoproclamado desde que llegó, un hombre bastante enclenque. Y a su izquierda un grandullón que había sido asaltador.
El aire por allí estaba viciado y calentujo, por lo que al menos Ragnar tenía siempre una impresión de ahogo inevitable, aquel aire de caverna no saciaba sus pulmones.

Más pronto que tarde los guardias, metidos en sus respectivas latas de sardinas y armados con espadas fueron haciendo su ronda. Sacaban a los prisioneros de sus celdas y los ataban con cadenas entre sí. Después se los llevaban de “El Hoyo” y los llevaban a las zonas de la mina que estaban siendo trabajadas en ese momento.
Ragnar no se resistió cuando abrieron su celda y lo ataron a las cadenas, junto a más de sus compañeros. Sabía lo malo que era resistirse, los castigos iban desde una paliza, pasando por la tortura (los gritos de dolor son especialmente buenos para aplacar los fuegos de la rebelión) y llegando hasta la muerte. Solían ser los más nuevos los que se metían en esos líos, a fin de cuentas a ellos aún les sobraban fuerza durante los primeros días.

La jornada fue dura, como siempre. El pequeño grupo fue llevado, junto a otros a una de las zonas más recientes de la mina, aquellas eran las peores, estaban más hondas, hacía más calor y normalmente había más peligro de derrumbamiento. Mientras trabajaban, apartando el mineral que picaban y picando (claro), el único sonido que se escuchaba era el rítmico golpeteo de los picos contra la roca y la agitada respiración de los reos, ninguno de ellos tenía la suficiente fuerza como para hablar e incluso en el caso de hacerlo solían azotar por cualquier nimiedad.

Esto se repetía otra vez en lo que los presos suponían que era “la tarde”, era difícil saber la hora del día si no podías ver el Sol, y después de cada turno les llevaban otra vez a sus celdas donde les echaban comida, que a pesar de no ser lo mejor del mundo era lo único que tenían para comer. Y así lo hizo Ragnar, como lo hacía otros tantos, muchos eran los que habían dejado de comer y habían acabado con su vida de aquella manera, pero esa no era la forma de verlo del bárbaro, mientras pudiese moverse no perdería su esperanza en salir de allí. Morir era la manera fácil y cobarde, pero si aquel vikingo moría de alguna manera sería en el intento de salir de allí.


Se podía notar que estos últimos días los guardias estaban más tensos que de costumbre, más nerviosos. Eso solo podía significar una cosa, dentro de un par de días llegaría “carne fresca”.
Con la carne fresca allí los presos tendían a hacer planes de huida, bien aprovechando a los que aún estaban frescos o aprovechando el alboroto que muchas veces causaban.

Y cuánta razón tenían al preocuparse.


Última edición por Ragnar el Lun Jul 16, 2012 11:32 am, editado 1 vez
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Re: ¡Cerebros a la fuga!

Mensaje por Vikingo el Dom Jul 15, 2012 6:18 pm

Y ahí estaba Vikingo, sentado en una roca de aquella "celda" de reclusos de aquella mina.
Lleva en Arkona desde hacia más o menos tres o cuatro años. El tiempo pasaba de distinta forma en aquel lugar, no había manera para saber cuando era de día y cuando era de noche. No había ciencia exacta en Arkona, aquella maldita mina de presos Imperiales. Y Vikingo era uno de esos desgraciados, así como Ragnar, el vikingo pelirrojo, Welrod, el pícaro y elhombresinnombre, aquel asaltador de caminos.

El día transcurrió como siempre se hacía, los cerdos Imperiales se acercaban, abrían la celda, enganchaban a todos y los conducían al "Hoyo", la galería subterranea minera. La mina en sí no era espectacular, era estrecha, húmeda, oscura y tenebrosa. Siempre se podían escuchar lamentos y quejidos en la lejanía, de obviamente, aquellos que se intentaban resistir al yugo Imperial.
Pero Vikingo no era de esos, no tenía nada que perder, habían matado a su familia y lo habían sometido, pero intentando oponerse sólo moriría. Debía buscar el momento adecuado y entonces actuar. No era estúpido, ni mucho menos.

Y empezaron a trabajar, era duro, pero era la rutina. Ya se habían acostumbrado. Los tiempos siempre variaban más o menos, aunque casi siempre para más.
Aquello era un campo de concentración, tarde o temprano morirían y nadie lo impediría. Excepto ellos mismos. Si tenían una oportunidad para escapar era aquel día, según había oído, hoy llegaría el cargamento de nuevos, una tribu rebelde, seguramente liarían una gorda al entrar en Arkona.
Y en eso estaba pensando Vikingo mientras le daba al pico. Hoy era el día en el que se escaparían. Oh, sí. Eso le gustaba oir.

Cuando acabaron y volvieron a las celdas, fueron otra vez "liberados" en sus celdas. Vikingo se dejó caer en una roca cualquiera y suspiro ampliamente. Recobró la compostura y observó a Ragnar, asegurandose de que no había guardas cercanos para escucharles.

- Aprovecharemos el disturbio que montará la carne fresca. Welrod, tu abrirás la puerta en cuanto la sangre empiece a correr. - Empezó a hablar Vikingo, para luego mirar a aquel hombre de pocas palabras, según Vikingo: Elhombresinnombre. - Tú, Ragnar y yo saldremos cuando las puertas esten abiertas y cubriremos a Welrod mientras abre más celdas. Montaremos una buena. - Finalizó, acercandose hacia donde estaba Welrod, Wellie para los amigos. - ¿Sigues teniendo aquella ganzúa, no? - Preguntó el esclavo, recibiendo un asentimiento con la cabeza como respuesta. Eso estaba muy bien. Si todo salía según lo previsto, sólo tendrían que esperar hasta que la carne fresca estuviese cruzando la galería de celdas en la que estaban ellos, siempre, siempre se montaban buenas broncas en aquellas ocasiones, pero esta vez sería distinto.
Todo estaba planeado a gran escala, muchas celdas harían lo que iban a hacer en aquella mugrienta y rocosa. Estaban desarmados y desnutridos, pero estaban ya cansados de ser tratados como a esclavos, no tenían nada que perder y compartían un sentimiento que los llevaría a la victoria asegurada: El odio hacia aquellos malditos perros Imperiales.
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Re: ¡Cerebros a la fuga!

Mensaje por Ragnar el Miér Jul 18, 2012 4:46 pm

Ragnar asintió, satisfecho con el plan que había escuchado de la boca de Vikingo y al parecer ninguno de ellos estaba en desacuerdo. Todos querían salir de allí, la vida era un precio razonable si con ello los demás alcanzaban el éxito.

Si bien es cierto que había gente que no se merecía salir de allí, en el momento de la verdad no podrían hacer discriminación a la hora de soltar gente, cuantas más manos hubiese derribando a aquellos soldados imperiales, mejor. Al final solo quedaría un bando y aunque los soldados iban armados ellos contaban con tres cosas que ellos no, sorpresa, superioridad numérica y el deseo de salir de aquel maldito lugar.

Ragnar concilió un ligero sueño esa noche, o lo que ellos suponían que era la noche, claro. Sin embargo, al despertar, se podía escuchar más jaleo que el habitual, mucho más. Todos provenían del eje central del que salían aquellas galerías en las que se encontraban. Los sonidos iban desde cadenas que los nuevos presos agitaban, pasando por ritmos de aquellos que, en sus celdas, golpeaban el suelo bajo sus pies y llegando a las voces que se escuchaban gritar e insultar a los soldados, así como gritos de dolor de aquellos que se lanzaban contra ellos y caían bajo sus espadas.

Welrod comenzó a abrir su propia celda y no le tomo demasiado tiempo, pero una vez en el pasillo fue detectado por uno de los guardias que empezó a andar hacia él haciendo que uno de sus subordinados vigilara la cola de carne fresca que guiaba para ser encerrados. Sin embargo, el ladrón no perdió el tiempo y antes de que llegara el soldado ya había abierto la celda de Ragnar.

Cuando la celda de Ragnar se abrió fue como si liberasen a una bestia, el bárbaro salió al pasillo donde se encontraba su celda y su cara era la perfecta representación de la cólera. El hombre gritó, pero no fue un simple grito. Fueron años de mala leche proyectados desde sus grandes pulmones, como si la tierra misma gritara con él. Los soldados retrocedieron, apretando bien las empuñaduras de sus espadas y sus dientes. Y era normal que retrocedieran, toda aquella furia, aquella ira, iba dirigida hacia ellos.
Se habían saltado una de las normas más fundamentales de todo Noreth.
No cabrees al vikingo.

El soldado que se hallaba más cerca de Ragnar fue el primero en caer. El vikingo agarró con fuerza la muñeca con la que el hombre blandía la espada y empujando con su hombro logró derribarle sin mayor esfuerzo. Entre tanto Welrod siguió liberando a los demás, pero Ragnar ya no le prestaba atención. Había entrado en combate, había robado un arma con un sencillo empujón y ahora quería más, se lanzó contra otro de los soldados que hostigaba a la carne fresca. Llevaba allí metido demasiado tiempo como para dejar pasar la ocasión de machacar unos cuantos cráneos imperiales.
Se controló, sin embargo, un poco. No quería olvidar el verdadero motivo de aquello. El motivo no era la masacre o algo por el estilo, el objetivo era escapar de allí y debían hacerlo antes de que tomaran decisiones drásticas como bloquear la entrada de la mina con todos dentro o vete tú a saber de qué cosas serían capaces de hacer.

Escaparía.
Sea como fuere, lo haría. Vaya que sí.
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Re: ¡Cerebros a la fuga!

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