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Regreso predestinado. (Privada)

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Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Sejen el Lun Abr 18, 2011 10:48 pm

*Flashback*

-Exanimen tur-balan thorn tru si corn e congeltus.-

Esas fueron las últimas palabras que llegue a escuchar, incapaz de contrarrestar la magia de Tullio, me limite a mantener mi posición, podía sentir como el hielo se formaba sobre mi mientras contemplaba desafiante al hechicero, antes de quedar para siempre congelado en mi trono, alcance a vocalizar unas palabras.

-La luz te abandonara Tullio… como hizo conmigo. Yo… jamás seré un recuerdo.-

Esas serian mis últimas palabras tras un breve reinado, antes de quedar completamente inmóvil en mi trono, el lugar que por derecho me correspondía y nuevamente, se veía frustrado.
Tras quedar inmóvil al principio podía notar como el tiempo, se había detenido para mí, no tenia noción del transcurso de este, era incapaz de saber que ocurriría sin mi reinado, finalmente… mi mundo se sumergió en las tinieblas mientras renegaba de ser liberado, conforme pasaban los días, mi fuerza… mi poder… todo se iba desvaneciendo poco a poco, pero entre todos aquellos últimos pensamientos, me pareció tener una premonición, algún día sería liberado de mi hechizo y nuevamente reclamaría mi justo puesto como rey, pues el reinado del rey exánime no caerá en el olvido…

*Fin del Flashback*

-------------------------------

En las montañas del reino Necromántico de Zhakhesh se alza la corona de hielo, un imponente castillo antaño casa del rey de las 12 casas principescas, ahora no es más que un lugar maldito, al que nadie se atreve a ir, en su interior se haya el cuerpo hechizado de Amon, o eso cuentan las leyendas que azotan el reino, actualmente Zhakhesh se encuentra bajo la vigilancia del imperio, patrullas constantes se encargan de recaudar con afán los impuestos cada mes, aquel que no paga es castigado severamente frente a todo el mundo para dar ejemplo, no hay nadie que se escape de estas patrullas o eso se dice, mas una familia de la raza Tenebre, estaba causando estragos, tras el fracaso del imperio por erradicarlos viéndolos como una severa amenaza, los Kohlheim claman venganza contra el imperio y la deuda será saldada con sangre.
Aunque muchos los creen muertos el imperio busca a los sobrevivientes con el fin, de acabar con la amenaza.

Cuando el reino necromántico fue invadido por el imperio, este no pudo presentar defensa alguna pues poco tiempo antes, había habido una guerra civil entre los Tenebre y eso los dejo expuestos ante un ataque, cuando el imperio invadió Zhakhesh los habitantes del reino necromántico se defendieron con valor, con fuerza y empleando su magia más preciada la nigromancia, pero a pesar de su valiente defensa el reino fue invadido.

-------------------------------


*En algún lugar cercano a la corona de hielo*

Una patrulla imperial, se mueve vigilando una amplia zona, sus botas de acero hacen que el suelo se hunda bajo sus pies, dejando sus huellas en el barro, el ruido de los metales de sus armaduras al caminar componen una pequeña sinfonía repetitiva, como un traqueteo, repitiendo el mismo sonido a cada paso, su andar es firme y sus cabezas están alzadas con orgullo, caminan por un camino hasta ahora jamás recorrido, algunos hombres se muestran inquietos, pero el capitán prosigue la marcha y complacientes sus soldados le siguen al mismo ritmo. En un instante el camino se adentra en un frondoso bosque, hacia poco que había nevado y los arboles, teñían sus ramas y sus hojas con una capa blanca de agua congelada, el capitán alza la mano ordenando detenerse, los soldados obedecen, el líder mira hacia el interior del bosque tratando de ver algo, como si de una visión mágica se tratase el camino parece moverse, como si el estuviese yendo hacia adelante, tras pasar el bosque en esa visión, el capitán queda estupefacto pues mas allá de la frondosa vegetación se haya la corona de hielo, a pesar de estar derruida por el tiempo, su aspecto es tan imponente y tenebroso que al capitán por un pequeño instante se le detiene el corazón, cuanto más observa el castillo más avanzada es su visión hasta que, sin ninguna manera física razonable, se encuentra cara a cara con quien aun reside en el castillo…

-¡Capitán!-

Dice uno de los soldados mientras le pone la mano sobre el hombro a su líder, sin poder evitarlo su rostro ha sido empapado de un sudor frio, por el temor que su visión le ha dado, el soldado pregunta a su líder intrigado y preocupado.

-Soldado: ¿Qué le ocurre?-

-Capitán: Nada… ha sido un lapso… veamos a donde nos conduce el sendero.-

La patrulla se adentra en el bosque, portan varias antorchas encendidas para poder orientarse, pero el camino que lleva a través del bosque cada vez se confunde mas con el paisaje, sus hombres algo inquietos recomiendan volver, el capitán mantiene firme su postura y sigue hacia adelante, cuanto más se adentran en el bosque mas se dan cuenta de que no están solos, ojos… ojos vigilantes que los contemplan desde todas partes, puntos en la oscuridad clavados sobre la guardia, los soldados miran hacia los lados temerosos por su situación, poco a poco mas ojos curiosos se sumaban a la observación de los soldados, entonces empezaron a oírse ruidos y a verse formas moviéndose entre la sombra que ofrecían los arboles, la noche se tiño con aullidos de lobos, el corazón de los soldados se estremecía ante la oscuridad, fue entonces cuando uno de los soldados se dio la vuelta para volver por el camino que habían venido pero frente a él encontró un cadáver, un cadáver viviente el cual lo miraba extrañado mientras que uno de los ojos de este caía de su cuenca, el grito del soldado pareció ser como un detonante pues de entre las sombras y con lamentos espectrales empezaron a aparecer cadáveres reanimados, que se abalanzaban sobre ellos, los soldados trataron de luchar, aunque sin éxito, mientras luchaban algunos desaparecían entre las sombras arrastrados por los muertos, dejando como rastro gritos de verdadero terror mientras se podía escuchar como los huesos se rompían y el sonido, de algo masticando la carne, pronto los soldados empezaron a tratar de huir y aquel que se separaba del grupo era víctima de los muertos, ya solo quedaba el capitán con vida, con una espada en su mano derecha y una antorcha en la izquierda corría desorientado por el bosque sin saber a dónde dirigirse, mientras corría miraba hacia los lados para poder ver si seria nuevamente atacado por los cadáveres vivientes, entre la maleza podía ver formas canidas que le seguían, aunque hubiera muertos vivientes los lobos eran oportunistas y se habían acostumbrado a dar caza a aquellos que no morían a manos de los cadáveres, además de comer los restos que dejaban los cadáveres, el capitán desesperado empezó a correr mientras miraba hacia atrás, hacia izquierda y derecha, al mismo tiempo que podía escuchar el aullido de los lobos, los cuales se mezclaban con los gritos agónicos de su tropa.

Llego a atravesar el bosque, sintió un gran alivio, como si hubiera sido salvado por alguna fuerza divina, miro hacia atrás y pudo ver como los lobos no osaban salir de las fronteras del bosque, una sonrisa de victoria se esbozo en su cara y se levanto orgulloso de haberse salvado, tras dirigir unas palabras ofensivas contra los lobos, se dispuso a caminar y regresar para dar parte de lo sucedido esta noche, pero antes de que pudiera dar un paso su cabeza fue cortada por la espada de un cadáver… no solo estaban por el bosque, el cuerpo del capitán cayó al suelo de rodillas mientras que de su seccionado cuello la sangre brotaba como si de una fuente, se tratara, la cabeza rodo en la nieve y quedo contemplando el imponente castillo que había visto antes… la corona de hielo, su cuerpo sin cabeza poco a poco era rodeado por los muertos y pasaría a convertirse en su banquete.

*Fin de la patrulla*

-------------------------------

Cerca de las montañas de la desolación de Zhakhesh, la familia Kohlheim y su leal compañero Dalahak se habían detenido en una taberna a reponer fuerzas y pasar un rato agradable, pero tal vez sus intenciones se verían frustradas, tras ser atendidos una pequeña patrulla de 8 hombres entro en la taberna, eran guardias imperiales con ganas de cómo de costumbre, demostrar que ellos son superiores a los Tenebre, tras apoderarse de una gran espacio en la taberna los guardias pidieron vino, para refrescar sus secas gargantas, lamentablemente para la taberna, la patrulla fue atendida por la hija del dueño una pequeña niña de 16 años, asustada fue a servir a los imperiales, en su mirada se podía ver que tenia pánico por lo que pudieran hacerle, tras servirlos los imperiales decidieron divertirse con ella.

-Guardia: Vamos pequeña quédate con nosotros.- Decía con obscenidad mientras la cogía por la cintura. –Te lo pasaras bien, ya lo veras.- La pobre niña no podía defenderse, en uno de sus intentos por liberarse sin querer dio una bofetada a otro guardia que estaba justo detrás de ella, enfurecido el guardia le dio una fuerte bofetada a la niña y cayó encima de la mesa, al ocurrir esto uno de los vasos de vino fue derramado, el agresor tomo por los cabellos a la chica.

-Lo limpiaras con la boca perra Tenebre.-

Mientras esto sucedía, nadie intervino por miedo a que los imperiales quisieran cobrar la vida, de alguien… ¿que pasaría ahora en la taberna?


--------------------------------------------

Bueno, es un principio sencillito y sin demasiado detalle pero hare mi papel como master y os dare la base de lo que podeis hacer a continuacion, pues no e detallado vuestra situacion ya que pretendo que seais vosotros quien decidais vuestras acciones con totalidad y no dejarlo todo a mi criterio, bien empecemos.

Como podeis ver tais en una taberna entran unos imperiales etc etc, teneis libertad absoluta para hacer con ellos lo que querais, voy a ser bueno y os permito que os dejeis llevar un poquito.

Detalles concretos.

Khaelos: Tu como el capitan de los desgraciados del bosque, vas a tener una vision del castillito y de mi, pero conste que es como una foto, no va a ser una premonicion 100% exacta y detallada, por el resto tienes libertad para hacer lo que te plazca.

El resto y Dalahak, como e dicho hacer lo que os plazca con estos. Quiero que aunque diga que estais en la taberna, me expliqueis un poquito de como habeis llegado para tener mas detalle, bueno gracias por leer el Off y a rolear.



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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Vie Abr 22, 2011 6:09 am

Tras tres días de viaje, llegamos a aquél poblado, cercano a las montañas donde según la nota críptica se hallaba la Corona de Hielo. La residencia del antiguo rey Amon. Hacía tres días que habíamos salido de la capital, viajando el primer día en carruaje tres cuartos del camino, y haciendo el último cuarto a pie en dos día. Fuimos parados por una patrulla de imperiales, quienes tras reconocernos nos atacaron. Afortunadamente dimos buena cuenta de ellos sin daños que lamentar, pues nuestras habilidades superaban por mucho a las suyas. Superado aquél incidente, no tuvimos nada más que lamentar. Nos cruzamos con un par de engendros solitarios, pero fueron lo suficientemente inteligentes como para huir al vernos.

Al principio del viaje, todos los demás me preguntaron qué pasaba, a dónde les llevaba, cuál era el motivo del viaje. Mi mirada decidida y mi sonrisa de aquél que está a punto de encontrar algo que lleva años buscando les fue suficiente para comprender que todo les sería revelado a su justo tiempo. Me conocían bien, así que sabían que ese era mi modus operandi. Decir las cosas a su justo tiempo, nunca demasiado pronto o demasiado tarde.

El grupo que llegó al pueblo estaba compuesto por tres personas. Dalahak, Eressea, y yo. Apolline aceptó a ingresar en la Academia Negra por un período de prueba, pero no así Kariope. Sus motivos, si bien eran desconocidos para mí, seguían siendo sus motivos, y yo los respeté. Ella se quedó en la casa. Lo importante es que éramos los adultos de la familia en búsqueda de la forma de hacer resurgir a nuestra nación.

Nuestra primera parada dentro del pueblo fue, obviamente, la taberna. Estaba regentada por un hombre adulto pero aún fuerte y vigoroso, tenebre de pura cepa, así como su mujer, una chica de una edad cercana a la de su marido, algo bajita pero hermosa igualmente, y también tenebre. Tenían una hija de la misma edad que la edad física de Kariope, pero a diferencia de mi hija, ella tenía los cabellos carmesíes, y los ojos dorados. Al principio el tabernero nos miró con ligera desconfianza, pero al ver que éramos de su misma raza se relajaron y hasta nos trataron con gran simpatía.

Decidimos pasar el día allí, y afortunadamente el primer día pasó con tranquilidad. El poblado era tranquilo, no habían muchos imperiales en él, y los pocos que habían no conocían a los Kohlheim. Aquello facilitaba las cosas considerablemente, pues no estaríamos en búsqueda y captura. Sin embargo, a partir de la noche, las cosas empezaron a ponerse moviditas...

Por la noche, mientras los demás dormían, yo seguía estudiando la nota críptica, tratando de descifrarla desesperadamente. Sólo me quedaba una pequeña parte por descifrar... Y al final logré descifrarla. Según decía la nota, el que quisiera hallar la Corona de Hielo debería tener una visión, un sueño o algo así sobre Amon, y que sólo la tendrían aquellos más cercanos a lograrla. Sonreí para mis adentros. ¡Estaba ya tan cerca! Sin embargo, aún no podía tirar cohetes. Decidí que lo mejor sería ponerse a dormir como los demás, para reponer fuerzas... Y con asombro, desperté con las primeras luces del alba al tener aquella visión...

Pude ver al rey Amon, en su trono, en la Corona de Hielo. No pude verlo muy bien, pues parecían retratos, y no había ninguna imagen en movimiento, pero sin dudarlo, era él. Por fin... Al cabo de un rato, ya estábamos todos reunidos en la sala común, desayunando algo. Fue entonces que, tras unos instantes de silencio general, empecé a hablar, desplegando la nota encima de la mesa con una sonrisa:

-Hermana, camarada... Por fin he logrado descifrar la nota. Según parece, el antiguo rey Amon, se halla en la Corona de Hielo, a uno o dos días de aquí según la nota, rumbo a las montañas del norte. Ayer tuve una visión... Le vi... Vi la Corona de Hielo... Eso demuestra que vamos por el rumbo adecuado. Ese era el objetivo de nuestro viaje. No os lo he dicho hasta ahora para daros la sorpresa, pero creo que era momento que lo supierais. Debemos dirigirnos cuanto antes allí, pero debemos prepararnos. Según la nota, el lugar está protegido por no-muertos, además de magia oscura que envuelve la zona, con lo que deberemos estar preparados. Aquí da una guía aproximada de cómo vencer cada acertijo y las palabras que se necesitan para anular las maldiciones. ¿Qué os...?-

Fuimos interrumpidos cuando ocho patanes imperiales entraron en la taberna, haciendo el imbécil como sólo ellos saben. Tras sentarse en una mesa, siendo observados con miedo por los demás parroquianos, empezaron a meter ruido. Yo ya estaba pensando en levantarme y matarlos a todos cuando uno de ellos cogió a la hija de los posaderos. Los posaderos miraban la escena con terror, y suplicaban que soltaran a la niña, pero los imperiales querían divertirse con ella. No dije nada. Sencillamente guardé la nota y me levanté, desenvainando la espada.

Aprovechando que los demás imperiales estaban ocupados emborrachándose o mirando la escena con obscenidad, me acerqué por detrás a uno de los que estaba inmovilizando a la niña. Ya la había abierto de piernas, y estaba a punto de arrancarle la ropa cuando yo, con rapidez, le puse la mano en la cara al imperial, tirándole la cabeza hacia atrás, y con un rápido movimiento puse la espada al lado de su cuello, deslizándola en un corte limpio, degollando así al cerdo imperial de un solo tajo. La sangre salpicó a todos los miembros de la mesa, al salir a chorro todo el líquido carmesí que contenía la carótida.

Los demás imperiales miraban la escena, aturdidos. Un tenebre se había rebelado contra ellos, y había dado muerte a uno de sus compañeros. No se lo creían. Sonreí con ferocidad, mi rostro a la vista al no tener puesto el casco ni la capucha. La muchacha aún seguía inmovilizada por otro bastardo, así que alzando la mano izquierda dije con tono oscuro, mientras empezaba a canalizar el hechizo de retorcer ligamentos:

-Imperiales... Habéis cometido un grave error al querer mancillar a esta muchacha tenebre, cuya sangre es más pura de lo que será la vuestra alguna vez... No vais a salir de esta taberna... Con vida... Dûrka-tuluk...-

Con mis dos últimas palabras, pronunciadas en lenguaje arcano, el imperial que estaba inmovilizando a la muchacha la soltó y empezó a aullar de dolor, cayendo sobre la mesa, llorando casi al notar como si sus ligamentos estuvieran siendo rotos uno por uno. Mientras yo mantenía el hechizo, los demás imperiales empezaron a reaccionar, desenvainando espadas normales de mano. Yo reí ligeramente, sin dejar de mirar al desdichado que le había tocado sufrir mi ataque, y esperé a que mi familia se pusiera en pie. Tres para dos de nosotros, dos para quien no llegara a tiempo. Un buen número. Iban a morir todos...


Última edición por Khaelos Kohlheim el Dom Mayo 01, 2011 9:02 pm, editado 1 vez
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Khaelos Kohlheim
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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Eressea Kohlheim el Vie Abr 22, 2011 5:41 pm

Tres largos días de camino apenas sin descansar. Tres largos días de camino sin saber cuál era el destino ni cuál era el motivo. Sólo uno de nosotros lo sabía y parecía mantenerlo en secreto: Mi hermano, Khaelos. Por más que le preguntamos hacia dónde nos guiaba sus labios parecían estar sellados. Sólo su sonrisa, cómplice de sí mismo, dejaba entrever algo. Aún así no era gran cosa lo que pude adivinar de aquel gesto suyo, pero conocía a mi hermano lo suficiente como para saber que era algo realmente importante. Fue un viaje largo en cuanto a tiempo, el primero de los días pudimos viajar en carruaje, y los otros dos los hicimos a pie, por lo que no podía resultar excesivamente agotador físicamente. Tampoco puedo decir que hubiese mucha acción en aquel viaje. Sólo una pequeña patrulla de imperiales se nos interpuso en el camino, patrulla que poco nos duró. Realmente fueron tres días de agotamiento mental, por lo aburrido y monótono.


Tras aquellos tres días llegamos a un pueblo donde al fin pudimos descansar un poco y relajarnos. No tardamos mucho en dar con la taberna del lugar y sin apenas demora nos dirigimos hacia ella. El establecimiento estaba dirigido por un hombre que calculé era de mediana edad, al cual aún se le veía enérgico y robusto. La esposa de éste se hallaba a su lado, una mujer también de mediana edad, hermosa y algo pequeña de estatura. La hija de ambos se hallaba cerca de éstos, una muchacha de quizá unos 16 años, llamaba la atención su cabello, de color rojo igual que el mío. Sus ojos también llamaron mi atención, tan dorados como eran los míos. Sonreí para mí al percatarme que casi con toda seguridad eran tenebres dejando a un lado la precaución con la que entré en un principio. Al tabernero pareció sucederle lo mismo, pues su rostro era un poema cuando nos vio entrar y poco después una sonrisa se dibujó en sus labios. Fuimos tratados con amabilidad y respeto, incluso podría decir que con un punto de camaradería.

Decidimos pasar aquel día allí, así podríamos descansar y relajarnos. Yo, al menos, lo necesitaba. Llevaba mucho tiempo sin acción y eso pasa factura. Las horas de luz transcurrieron tranquilas y plácidas y la noche fue aún más tranquila, dormí a pierna suelta y desperté por la mañana temprano como nueva. Cuando me hube vestido fui a la sala común para desayunar algo junto con mi familia y Dalahak. Fue entonces cuando mi hermano, colocando aquella nota que le traía de cabeza sobre la mesa nos contó a qué venía aquel viaje. Desde luego no daba crédito a lo que estaba oyendo, por fin había descifrado la nota que tanto tiempo le había absorbido. Y aquello no era todo, además decía haber tenido una visión del rey Amon. Según mi hermano, en la nota hallaríamos las pistas necesarias para solventar cualquier obstáculo que se nos presentase.

Mi hermano apenas pudo acabar de hablar y a mí apenas me dio tiempo de pronunciar las palabras que por mi mente rondaban. Un grupo de ocho imperiales irrumpieron en el lugar cual tornado que arrasa un poblado entero. Con aquel porte que sólo ellos podían tener, altivos y engreídos se dirigieron a una mesa vacía. De reojo pude ver que mi hermano ya había empezado a ponerse en pié, por lo que al momento mi diestra se posó sobre su brazo para retenerlo, más no duró mucho ahí. Uno de ellos agarró a la hija de los posaderos con intención de violarlas. En mi rostro se compuso una mueca que estaba entre el horror y la repulsión, entonces mi diestra abandonó el brazo de mi hermano, como si de mi consentimiento se tratase, aunque mi hermano poco consentimiento mío necesitaba.

Entre súplicas de los posaderos por su hija, entre los gritos de la niña y las risas de los imperiales, mi hermano se acercó al que pretendía violar a la muchacha. Con un rápido movimiento lo asió del pelo y le hizo un profundo corte en el cuello con su espada. La sangre salpicó al resto de la patrulla. Tras algunas palabras y lo que claramente fue la invocación de alguno de sus hechizos consiguió que otro de los imperiales, el que agarraba a la chica, la soltase. El resto de ellos no tardaron mucho en desenvainar sus armas, a lo cual yo respondí del mismo modo.
Me puse en pié y empuñé mi espada, colgada a mi espalda. En cuestión de un par de segundos y con un ligero movimiento la “desmonté" para usar las dos espadas cortas que formaban la larga y me acerqué a la mesa de los imperiales. Con una sonrisa malévola hice un gesto a uno de ellos con la mano para que se acercase. El imperial se acercó con lentitud entre risas y comentarios del tipo de “¿Quieres jugar? Te harás daño” que provocaron que yo enarcase las cejas. Entonces, de nuevo, le hice el gesto con la mano y respondí a sus comentarios.

-Vamos, ¿no te atreves conmigo o que? – dije entre risas. - ¡Venga! No tengo todo el día.

Entonces el hombre se lanzó con la espada en alto con la intención de hacer un arco de arriba abajo con ella a lo que yo respondí deteniéndola con ambas espadas cruzadas. Empujé un poco hacia delante con mis espadas descruzándolas a la vez para obligarlo a retroceder. Aproveché el espacio que había conseguido entre él y yo para lanzarme a la carrera contra él, cuando ya estaba cerca crucé los brazos para cruzar al mismo tiempo mis espadas y ya frente a él las descrucé en un ligero movimiento a la altura del cuello. Si no fuese porque interpuso su espada hubiese conseguido algo más que hacerle un corte poco profundo. Me miró con ira en los ojos, ira y sorpresa. Desde luego no esperaba eso de mí. De nuevo aproveché la situación. Bajé mi diestra provocando un sonido metálico al mover una espada sobre la otra, mi zurda mantenía la espada del imperial a la altura de su cuello, pues éste intentaba que no avanzase más. Pero mi diestra se movió con rapidez hacia su estómago, clavé mi espada en él, avanzando un paso más para hundirla cuanto pudiese. Pude notar cómo su cuerpo se deslizaba por mi espada ya casi sin vida, con mi pié derecho le propiné una patada para hacerlo caer y esperé a que otro se decidiese a atacar.


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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2011 7:53 pm

Largos días de camino por varias sendas plagadas de problemas. Khaelos no abría la boca por más que le instábamos a ello. Un día en carruaje que no me fue nada agradable dado que yo acostumbraba a viajar a píe o en un caballo en solitario, pero no en un carruaje sentado con más gente. Y los otros dos a píe, algo mucho más cómodo. Puede que por fin Khaelos se hubiera decidido a retomar lo que por justicia le pertenecía y decidiera recuperar su hogar en Zakesh.

Un viaje aburrido sin más distracciones que una pequeña guarnición de imperiales que no tardaron en machar mi armadura con su sucia sangre de usurpadores y trepas como solo ellos lo eran. Habían suplicado por sus vidas… más disfruté arrancando sus cabezas para dejarlas clavadas en las lanzas que ellos mismos habían usado para intentar dañarnos a nosotros. El resto del camino no fue más que un aburrido trecho a píe en el que, por falta de fuerzas o de valor, o porque simplemente no había nada más, nadie se interpuso en nuestro camino.

Al cabo de los tres días de monótono viaje falto de acción, cosa que ya me traía negro y con la adrenalina apunto de matarme por acumulación, llegamos a un pequeño pueblo en las montañas de Zakesh. No era mucho más que un simple caserío conformado por tenebre que vivían, como casi todo el antiguo reino de estos, bajo la férrea mano de los opresores del imperio. Una posada fue el lugar elegido para pasar la noche. Y aunque yo ya iba preparado para repartir mandoblazos a aquel que se interpusiera en mi camino en la posada, tuvimos la suerte de que los posaderos también eran tenebre. Una feliz familia de padre, madre e hija adolescente. Una imagen que me llenaba de alegría al ver que no todos estaban sometidos a los perros imperiales.

La cena fue también aburrida, y la mayoría subieron a dormir pronto, aunque yo me quedé un rato más que el resto. Bebiendo un poco más de la cuenta y charlando con el posadero cuando el lugar estuvo vacío. Por lo visto hacía poco que los imperiales se habían instalado en aquel pueblo, y ahora era normal verlos haciendo rondas, cobrando rentas que no les pertenecían y amenazando con llevarse a sus hijos si no pagaban. Tras escuchar semejante relato de horror terminé mi última copa y le agradecí la información con unas monedas de más que seguro que no le vinieron nada mal al hombre, que me respondió con una sonrisa.

Al llegar a mi habitación me desvestí y me fui a dormir, siendo a la mañana siguiente el primero en estar en vela aunque me mantuve en la cama, pues no se escuchaba nada en el piso de abajo. Cuando alguien tocó a mi habitación apenas tardé unos minutos en ponerme la armadura y colocar las armas en su lugar. Luego de bajar las escaleras saludé con educación al posadero y tomé asiento en una silla, mirando sin mucho apetito mi desayuno que me comí por no ser maleducado. Pero mientras desayunábamos todo Khaelos por fin reveló el motivo del dichoso viaje – Ya veo… - dije sin mucho ímpetu mientras explicaba lo que habría que hacer para liberar al viejo rey Amon – Bueno, no me molesta luchar contra los no-muertos. Esos por lo menos no suplican por su vida como los imperiales – añadí riendo a carcajadas.

Pero el pronunciarlos pareció haberlos invocado, pues una patrulla de ocho entró por la puerta gruñendo como cerdos por su basura. La chiquilla fue la que tuvo que atenderles, y estos parecieron encantados con su joven cuerpo. Respiré hondo. Debía intentar contenerme, contener las ganas de poner la arbalesta en su boca y apretar el gatillo para ver como el virote de cuatro puntas serradas salía por su nuca. Pero el sonido de la cachetada en su mejilla y el insulto que le lanzaron acabaron mi paciencia ¿Qué pretendían violarla en mi presencia? ¿A una niña tenebre? A lo mejor sobre mi cadáver muerto, enterrado y agusanado.

Con un silencio impropio en mí me puse en píe, procurando no llamar mucho la atención. Algunos ya habían iniciado sus combates, la sangre discurría por la posada y dos se dirigían a la puerta de atrás con la niña en volandas, la boca tapada y con intenciones nada buenas. ¿Qué arma usar contra esos perros? Esa era la verdadera duda. Puse mis dos manos sobre sus hombros y apreté con fuerza hasta que se vieron forzados a soltar a la chiquilla, que salió corriendo con sus padres. Continué apretando sus hombros hasta que ambos cayeron de rodillas. Solté a uno, al cual propiné una patada tan fuerte en la espalda que le hice clavar los dientes en el suelo, dejándolos allí como prueba de su incompetencia.

Pero con el segundo no fui tan benévolo. Lo dejé sacar su arma. Una triste espada de una mano sin gavilán de un solo filo curvado. Una miserable katana – No has debido hacer eso, escoria tenebre – me dijo sujetándola con la mano sana. La única respuesta que obtuvo fue una carcajada – Saca tu espada –

Sonreí y obedecí su orden. Saqué a Leibwätcher, mi enorme espada de dos manos ante la cual la suya quedaba especialmente ridícula. Y sin darle tiempo a nada más me abalancé sobre él como un toro furioso, enarbolando la espada cuan alto podía y golpeando la suya, asediándolo con diversión mientras escuchaba el sonido del choque de aceros. El filo de su espada estaba hecho para dar golpes a gentes ni armadura, contra mí poco tenía que hacer. Estaba herido de un brazo por el apretón anterior, y con uno no le quedaría mucho que resistir. Poco a poco lo fui llevando contra una de las paredes de madera a base de golpes.

Atrapé su espada con el primer gavilán de la mía y giré este, arrancando la hoja de juguete de sus manos. Clavé a Leibwätcher en el suelo lo cogí del cuello con la zurda, sonriendo bajo la capucha para que pudiera ver mi lado más demente – Dime con que mano has tocado a esa niña ahora mismo – le dije con un tono cavernoso y oscuro mientras que echaba mano de mi martillo de guerra. El imperial, carcomido por el miedo negó con la cabeza – Te lo estoy pidiendo por las buenas – lo estrellé contra la pared más cercana y cerré más mi mano alrededor de su cuello – No me obligues a ser malo – dije de nuevo. Su tez comenzaba a palidecer por la falta de aire – La… La diestra – dijo casi en un ahogado suspiro. Sonríe y lo solté desde la altura de mi cabeza, más de dos metros. Al caer al suelo se quedó con los brazos en cruz, extendidos y dando grandes bocanadas de aire para recuperarse. Pero un martillazo en su hombro derecho lo hizo soltarlo todo en un grito de dolor - ¿Duele? ¿Crees que lo que le has hecho a esa chiquilla no? ¿eh? – pregunté mientras hacía lo mismo con su pierna derecha - ¿Duele, perro? – dejé de golpearlo con el martillo y me ensañé a patadas con su estómago – Muerte ya. Hijo de puta – al final lo maté a golpes en el cuerpo y la cara. Dejándolo hecho un amasijo de huesos indistinguible.

Saqué la arbalesta y cogí del cuello al otro al que había herido el hombro. Ese pretendía volver a la carga atacando al posadero y su familia. De nuevo usé la pared como tope para que su espalda no acabara en la calle, pero esta vez fui menos compasivo con él. Le metí el cañón del arma en la boca, rompiendo algunos dientes en el proceso – Adiós – fue lo último que ese perro escuchó justo antes de que yo soltara el gatillo.
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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Sejen el Vie Abr 29, 2011 2:46 am

Mientras los hermanos Kohlheim abatían con facilidad a 5 soldados, la taberna pareció revolucionarse de algún modo, al parecer la actuación de la familia, había llegado hasta los corazones de los ciudadanos que estaban en la taberna, hacia un rato asustados por la guardia, pero al parecer este pequeño espectáculo sangriento les había dado valor de alguna manera, los 3 soldados restantes al ver como sus compañeros habían caído, el miedo empezó a apoderarse de ellos, temblaban como si fueran de gelatina, estaban aterrorizados y de pronto soltaron las armas, al caer esta hicieron un fuerte ruido, al soltar sus armas trataron de salir corriendo, pero al darse la vuelta varios pueblerinos se interponían entre la salida y la libertad de los soldados, la pequeña salió corriendo hacia sus padres a quienes se abrazo entre llantos, tras correr hacia su padre y abrazarle, se fue a buscar el consuelo de los brazos de su madre, quienes se arrodillaron en el suelo.

-Tabernero: Muchas gracias amigos.-

Dijo agradecido por el acto de los Kohlheim, los soldados habían quedado atrapados en el territorio enemigo, entonces el tabernero decidió unirse a su familia y agachándose se abrazo a su familia, para consolar a su joven hija entre sus brazos, allí bajo la barra abrazados como una familia unida, aquella imagen parecía clavarse en los ojos de la guardia quienes, empezaron a sentir un leve sentimiento de culpabilidad por su acción, pero no iban a ser perdonados, los soldados no pudieron evitar mirar a sus compañeros muertos y nuevamente trataron de huir pero un pueblerino con valor se armo con una de las sillas del bar y la estrello contra la cabeza del primero que intento correr y acto seguido los pueblerinos siguieron el valor inspirado por la familia Kohlheim, golpearon, pisotearon y mataron a los guardias, haciendo una piña uniéndose por un objetivo común, cuando aquel acto violento hubo terminado, los pueblerinos sacaron los cuerpo del pueblo gracias a que la mayoría eran agricultores y disponían de carros con los que llevar sus mercancías, así pues el crimen pasaría desapercibido.
Cuando habían arreglado los desperfectos de la taberna, la noche había caído, una preciosa luna llena bañaba el pueblo con su tenue e hipnótica luz, los aullidos de los lobos no tardan en ser escuchados por la población, al ser un pueblo de montaña, están rodeados de manadas de animales salvajes y los lobos forman parte de esta fauna, pero la brillante luz no llega a todos…

------------

*En algún lugar de las lindes de la corona de hielo*

-Oye Hank… creo… creo que nos hemos perdido.-

-Hank: ¡Cállate Joe! Yo sé muy bien donde estamos… estamos en…-

-Joe: ¿Lo ves? Estamos perdidos serviremos de cena a los lobos y a los gusanos, esto es horrible.-

-Hank: ¿Quieres calmarte? ¿Acaso prefieres que nos hubiera pillado la guardia?-

-Joe: Si nos hubiera pillado la guardia estaríamos en una celda, comiéndonos una caliente e insípida sopa con un mendrugo de pan, y no aquí a la intemperie congelados de frio.-

La discusión dejo de escucharse cuando unos pasos sobre la nieve hizo, que los hombres empezaran a sentir un irrefrenable miedo que los invadía, ambos se dieron la vuelta y vieron un cadáver caminante, armado con una espada y se dirigía hacia ellos, sus fauces abiertas y babeantes dejaban salir de su garganta, un grotesco sonido de de dolor mezclado con una gran dificultad respiratoria.

-Hank: ¡Corre Joe corre!-

Ambos empezaron a correr despavoridos ante la presencia del cadáver viviente, la nieve dificultaba su carrera pues su profundidad era suficiente para que, sus pies quedasen enterrados completamente bajo el manto de nieve, pero el pánico les hacia seguir, de pronto Joe fue agarrado del pie por una mano que emergía de la blanca capa de agua congelada, sin remedio cayó al suelo mientras aferrado de su pie emergía otro cadáver viviente, con las ansias de sangre, su compañero no se había dado cuenta y seguía corriendo.

-Joe: ¡HANK!... ¡HANK!-

Grito con desesperación, su compañero al oírlo Hank se giro, estaba muy asustado y no sabía qué hacer, mientras que a su alrededor los cadáveres empezaban a emerger de la nieve como si fueran setas, Hank se apresuro y agarro a su compañero de los brazos, mientras que el muerto que lo tenía sujeto le daba un mordisco en la pierna, dejando una más que considerable herida, lamentablemente para su pierna derecha su gemelo había quedado completamente destrozado por el mordisco del cadáver, cuando dejo de morderle el tirón de su compañero fue lo suficiente para que la mano, esquelética del muerto quedara enganchada en su tobillo.

-Hank: ¡Vamos!-

Dijo mientras se cargaba a su compañero a hombros, entre sollozos y lamentos, entonces ambos empezaron a correr hacia cualquier dirección sin saber bien a donde, tan solo querían llegar a un lugar seguro, sin saber cómo ni porque tras una intensa carrera, dejaron atrás a los cadáveres aunque estos los seguían persiguiendo, pero la ventisca que se había formado mientras les hacía imposible ver de dónde venían los cadáveres y viceversa, debido al viento y la nieve el olfato y el oído de los cadáveres animados quedaba inutilizado, pero no se detendrían, Joe suplicaba que lo dejara y se salvase, pero Hank no atendía sus peticiones y decidió seguir adelante, hasta que de pronto frente a ellos a través de la espesa borrasca helada, pudieron vislumbrar una gigantesca sombra, una sombra tan grande que la poca luz de la luna que llegaba a través de la fuerte ventisca, oscureciendo por completo el lugar tras su sombra, los aullidos de los muertos no les permitían detenerse y Hank junto con su compañero se dirigió hacia la sombra esperando encontrar refugio y un lugar seguro, a salvo de los cadáveres animados.

Tras diez minutos agonizantes de carrera contra la muerte, llegaron hasta el objeto que producía aquella sombra, pudieron quedar asombrados un par de segundos, pero debían seguir si no querían ser presa del viento o de los muertos, Hank dejo a su amigo apoyado en la pared, mientras buscaba alguna entrada en aquel imponente muro cubierto por una capa de hielo, pero para cuando Hank se dio cuenta Joe había desaparecido dejando un camino de sangre, los muertos se habían hecho con su cuerpo inconsciente, a causa del dolor y la pérdida de sangre, desesperado el superviviente empezó a golpear la pared esperando que cediera bajo sus golpes para salvarse, pero por muy fuerte que golpeara, el muro no cedía un solo centímetro.

-Hank: Joe tenía razón, debimos haber dejado que nos atrapara la guardia…-

Entonces Hank se arrodillo en la nieve, quedándose a merced de los cadáveres, aunque le mordían y desgarraban la carne, su sub consciente había asimilado de tal manera que iba a morir, que fue incapaz de expresar un simple gesto de dolor, ningún grito, ni ninguna suplica se pudieron escuchar de la boca de Hank, mientras su cuerpo iba siendo devorado por los muertos.

*Nuevamente en el pueblo*

----------------------

La ventisca que había comenzado en las montañas, había alcanzado el pueblo, la temperatura había bajado radicalmente y los vientos, azotaban las ramas de los árboles y hacia que las ventanas fueran golpeadas, mientras esto sucedía, al parecer uno de los pueblerinos era un chivato, alguien contratado por el imperio para tener controlada la población y por desgracia había presenciado la pelea del bar, junto con su caballo bajo el pueblerino soplón se dirigió raudo y veloz, a un asentamiento imperial, comandado por Johan Hellferssburg, un coronel despiadado y con un nivel de racismo contra los Tenebre que raya lo enfermizo.

*Imagen de Johan Hellferssburg*
Spoiler:

Ignorad que es de One Piece, el caso es que tiene cara de cabrón y sí, es un cabrón.

El soplón entro al campamento sin problema, ya le conocían y como espía había aprendido a distinguir los símbolos de las casas nobles Tenebre, tras recorrer el campamento y llegar a la tienda del comandante, nervioso tomo asiento y empezó a relatar lo que sus ojos había presenciado, mientras que el comandante bebía de su copa, escuchaba con atención y tranquilidad, el relato de su chivato, la tranquilidad se desvaneció al nombrar, el apellido de los causantes de tal acción Kohlheim.

-C. Johan H. : ¡Cómo!-

Exclamo furioso el comandante mientras arrojaba con fuerza la copa contra el suelo.

-Johan: Perros Tenebre.-

Dijo furioso, Johan hace ya varios meses que quería acabar con la extirpe Kohlheim, una de las 12 casas nobiliarias que aun se interponía frente al poder del imperio y era algo que no podía tolerar, cuando el soplón se armo de valor y le dijo la ubicación de sus ‘’enemigos’’, el cruel comandante esbozo una risa sádica en su rostro, inmediatamente salió de la tienda.

-Preparar mi caballo y mi guardia, nos vamos de caza.-

Sus ordenes no fueron cuestionadas en apenas medio minuto su montura estaba lista para partir y su fiel guardia, un grupo de 60 soldados de elite preparados para el combate, estaban dispuestos a seguirle hasta el fin.
Las puertas del campamento se abrieron y todos marcharon veloces en dirección al poblado, el soplón, olvido decirle al comandante que no se acercase a la montaña antes de partir, pero eso daba igual tras haber localizado a sus enemigos el soplón ya no le era útil al comandante y fue asesinado, por el simple hecho de que Johan poseía un odio irracional contra los Tenebre y el soplón era uno.

En la taberna las cosas se habían restaurado, la tormenta azotaba con violencia el pueblo, pero el vigía del pueblo desde su atalaya pudo ver las antorchas de los soldados dirigiéndose hacia el pueblo iluminando el camino, al verlo sus ojos se abrieron como platos y sabiendo quienes estaban actualmente en la taberna, bajo rápido de su atalaya para dar la alarma, corrió tanto como pudo para llegar a la puerta de la taberna, cuando llego entro rápidamente y la puerta fue abierta de par en par por el viento gélido de la ventisca, mientras que el vigía caía al suelo pero rápidamente se enderezaba mientras un pueblerino cerraba la puerta. Presa del agotamiento por la carrera y de los nervios las palabras de su boca no eran bien pronunciadas hasta que el tabernero le dirigió unas palabras.

-Tabernero: Calma hijo, respira y tranquilízate. Dinos ¿Qué es lo que ocurre?-

-Vigia: Imperiales, una gran hueste de imperiales se dirigen hacia aquí, serán por lo menos unos 50 o unos 60 tal vez.-

Las palabras del muchacho parecían jarros de agua fría para los pueblerinos, 60 imperiales en su pueblo si una patrulla diaria causaba problemas, pensar en 60 seria la destrucción total del pueblo, pero el tabernero como Tenebre había reconocido el símbolo de la casa Kohlheim e inmediatamente intuyó, que aquella partida de guardias vendría a por ellos, se giro hacia la familia y les advirtió.

-Tabernero: Debéis marcharos.-

Dijo con preocupación.

-Tabernero: Si os encuentran aquí, os mataran y al pueblo con vosotros, debéis iros cuanto antes… pero no os acerquéis a la montaña, Yur se marcho hace un mes y aun no ha vuelto, se dice que esta maldita, pero no podéis quedaros aquí, lo siento mucho de veras, pero mi familia y yo ya lo hemos pasado bastante mal.-

-------------------------------------------------------------

Bueno aquí empiezan las complicaciones, hay 2 opciones 1 os marcháis y tiráis pal monte, o os quedáis y esperáis a que vengan todos a por vosotros, o 3 os lanzáis como locos contra los 60, pero aunque es una partida sin riesgo de muerte, si os lanzáis contra ellos sus voy a tener que matar y no quiero D:

Por lo demás al igual que antes doy libertad, recordad que desde vuestra pelea con los guardias abra pasado como un día mas o menos, podéis narrar lo que queráis sobre lo que habéis hecho durante el día, os recomiendo que cojáis algunas provisiones para el caminito que os espera.

Hablo nuevamente de los cadaveres, para que no os olvideis que toda la montaña practicamente esta infestada y asi no los echais de menos :3.



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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Mar Mayo 03, 2011 11:27 pm

Empecé a reír sádicamente mientras mi hermana y Dalahak daban cuenta de los imperiales contra los que estaban peleando. De mientras, seguía manteniendo el hechizo contra un imperial, el cual lloraba del dolor en el suelo, gritando y aullando. Finalmente, dejé de hacer el hechizo, espada en mano. El hombre seguía llorando, e intentó levantarse, pero cayó al suelo, aún afectado por el hechizo. Era el sargento de la patrulla. Vi como trataba de agarrar su espada, caída en un lado, pero antes de que pudiera le pisé la muñeca, para luego patear la espada.

Nuestros ojos se cruzaron. El hombre me miraba con miedo y lágrimas en los ojos, mientras situaba mi espada en su cuello. Dejé de pisarle la muñeca, y me incliné encima de él. Chasqueé la lengua y negué con la cabeza, mirándole con una sonrisa sádica. De mientras, los pueblerinos mataban a los imperiales que habían sobrevivido, y con el ruido de la masacre le dije al sargento imperial, riendo con burla:

-¿Qué te pensabas, joven sargento? ¿Que los crímenes de tu país, vuestros abusos, vuestra prepotencia, quedarían sin vengar? Mira a tu alrededor... Zhakhesh se alza. Otros reinos también se revueltan. Vuestro Imperio caerá... Y yo seré el artífice de su caída... Aunque quiero saber una cosa... ¿Tienes familia?-

El hombre me miró, extrañado y sorprendido por la pregunta, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos. Tragó saliva, y al cabo de un rato, creyendo que tal vez con eso me apiadaría de él, aunque se le notaba que decía la verdad, me dijo, aterrorizado y tartamudeando:

-S... S... Si... Tengo a mis padres... Dos hermanas... Y mujer... Estamos esperando un hijo...-

Asentí lentamente, sonriendo de forma extraña. Suspiré, sonriendo de forma cálida, para nada representativa de lo que iba a pasar después, y le dije, mirándole a los ojos:

-Yo tengo una hija, y dos hermanas también... Pero vosotros matasteis a mis padres. Y mi mujer murió por vuestras flechas.-

El hombre tragó saliva y dijo, empezando a sentir arrepentimiento:

-Lo siento...-

Reí ligeramente, negando con la cabeza:

-Lo hecho, hecho está... ¿Cómo te consideras? ¿Un esposo inteligente, o un esposo con corazón?-

El hombre me miró extrañado, y pensándoselo y tragando saliva desconcertado me contestó, mirándome a los ojos:

-Pues... Un esposo con corazón...-

Entonces reí ligeramente, mientras mi mano izquierda empezaba a descorrer las cinchas que mantenían unida la placa del pecho del hombre. Cuando tuve su camisa al aire libre, la desgarré con los dedos. El hombre me miraba, demasiado asustado por mi forma de actuar, pero cohibido al ver la espada en su cuello. Los aldeanos me miraban atentamente, al igual que la familia de los taberneros. Miré a un par de aldeanos y les señalé los brazos del imperial. Ellos comprendieron, y en silencio le inmovilizaron los brazos. El imperial miraba con miedo, y entonces empecé.

Desenvainé la daga que pendía en el cinturón del hombre, y puse la punta sobre donde empezaba su pectoral izquierdo. La hundí lentamente hasta tocar el hueso, y entonces empecé a cortar un gran cuadrado de piel y músculo, mientras el imperial gritaba, retorciéndose sin poder hacer nada. Cuando acabé, le arranqué el cuadrado, dejando a la vista sus costillas. Al no haber tocado ningún punto vital, el hombre seguía gritando, al estar vivo.

Con la mano izquierda, que terminaba en forma de garra, la situé entre un par de sus costillas, sabiendo donde quedaba su corazón. Tras eso, abrí la mano, haciendo un hueco entre sus costillas suficientemente grande para que pasara mi mano. El imperial se desmayó por el shock del dolor, pero los aldeanos, tenebres como yo, se mostraban impasibles, al considerar aquél acto una buena venganza. Le susurré entonces al imperial, mientras observaba latir su corazón desbocado, a pesar de que él no me pudiera oír:

-Ojo por ojo, diente por diente... Creo que será un bonito regalo para tu esposa el llevarle tu corazón. Así al menos conservará lo que tú consideras que era lo mejor que tenías. Eso si no es que luego la violo como le querías hacer a la hija de los taberneros, y luego la asesino como los tuyos hicieron con mi esposa. Ojalá ni tú ni ningún imperial alcancéis la paz en el otro mundo. ¡¡¡MUERE!!!-

Mi rostro se había ido transmutando, de la afabilidad a la frialdad, y de la frialdad pasó al odio en estado puro. Con la mano izquierda, agarré su corazón con fuerza, y empecé a tirar de él hasta arrancárselo. El hombre siguió retorciéndose dando espasmos debido a que su cuerpo intentaba lograr sangre sin conseguirlo, pero murió desmayado, rodeado de un charco de su propia sangre. Su corazón latió en mi mano hasta que finalmente se detuvo. Tras eso, lo dejé caer al suelo. Sacudí la mano para quitarme algo de sangre, y luego lamí la garra.

El resto de aldeanos hacían gran algarabía, aunque me miraban con miedo tras aquél acto. Al haber acabado con los soldados, yo sonreí de medio lado, poniéndome en un lugar donde se me viera. Miré a los aldeanos y, antes de que saliera ninguno de la taberna les dije, con voz de mando pero sin inspirar terror:

-Buenas gentes, como todos habéis podido ver, esto es lo que le pasa a los enemigos del reino y a los traidores. En esta ocasión, lo ha pagado este perro imperial. Sé que he hecho algo que os puede parecer horrible, pero así lo dictamina la justicia zhakheshiana, y así lo dictamina nuestro dios Elhías. El enemigo debe pagar con su sangre cada afrenta a nuestro pueblo. Coged sus armas y esconded los cadáveres. Dudo mucho que los imperiales no se pregunten qué le ha pasado a su patrulla, e inculparán a este poblado por el hecho de que no les verían en ningún otro sitio. Así pues, coged las armas y celebrad la victoria, porque lo merecéis, camaradas.-

Poco rato después, los desperfectos que sufrió la taberna fueron reparados por los aldeanos y nuestra ayuda, y tuvimos un día entero que aprovechamos para coger una mochila cada uno y llenarla con provisiones, compuestas básicamente por carne seca y embutido, queso, frutos secos y bastante pan. Además de eso, llevábamos yesca y pedernal, cuerda, un mapa de la zona y ropas de recambio. Yo aproveché para ponerme un abrigo bajo la armadura, para así no sufrir los efectos del frío. También obtuvimos como obsequio tres caballos ideales para nosotros. Al parecer, había un criador de caballos en el pueblo y nos regaló a tres buenos ejemplares, resistentes, veloces y lo suficientemente fuertes como para cargarnos a mí y a Dalahak. No sé si Eressea o mi amigo cogieron cosas extra además de lo anterioremente citado, pero cualquier cosa que pudiera ayudarnos era bienvenida.

Al día siguiente, bajo una fuerte tormenta, nos llegó una noticia que era, cuanto menos, desesperanzadora. El vigía del pueblo nos advirtió a todos de que un regimiento imperial se dirigía hacia nosotros. No había tiempo que perder. El tabernero dijo que debíamos marcharnos cuanto antes, y asentí dándole la razón. Le miré y le dije, apremiándolo y aprovechando que a la patrulla de imperiales le quedaría un rato antes de llegar:

-Si, debemos irnos cuanto antes. Se me está ocurriendo algo... Tabernero, gracias por tu hospitalidad, pero ahora debéis marcharos todos los aldeanos de aquí, ¡inmediatamente! Desalojad el pueblo e iros de aquí. Eso es un regimiento de castigo. Si no nos ven a nosotros, os atacarán a vosotros, y lo que impedimos ayer mis camaradas y yo puede pasar hoy. Abandonad el pueblo, esconderos, ¡algo! ¡No dejéis que os encuentren! Mi hermana, mi guardián y yo les haremos de cebo. Nuestro destino son precisamente las montañas, que según sabemos están infestadas de terribles seres puestos por uno de mis antepasados. Nos mostraremos desde cierta distancia a los imperiales. Nosotros somos el premio mayor, no vosotros. Si ven a los Kohlheim, os dejarán en paz y nos seguirán. Les arrastraremos a las montañas y haremos que luchen contra los seres que abundan en la Corona de Hielo. Pero debéis marcharos y armaros, ¡ya! Llevaros solo lo indispensable, ya volveréis luego, una vez nos deshagamos de los imperiales.-

Le apremiaba, mirándole con urgencia. Luego me giré a Eressea y Dalahak y les dije, nervioso pero emocionado por la acción:

-Muy bien... Hemos de atraer la atención de los imperiales. Coged los caballos, y seguidme. Tengo una idea...-

Tras eso, salí de la taberna rápido, dirigiéndome a uno de los caballos que nos habían proporcionado. El mío era un semental de tamaño grande, aunque era el mediano de los tres, de porte noble y altivo, completamente negro. Tras montar sobre él, esperé a Dalahak y Eressea, para luego dirigirme cabalgando a la entrada del pueblo, donde pudieran verme los imperiales, que se hallaban a menos de una hora de distancia. La columna de soldados se veía bien desde ahí, aunque aún no estaban lo suficientemente cerca como para alcanzarnos a disparos. Quitándome el casco y guardándolo en una alforja, desenvainé la espada con la mano derecha mientras situaba mi mano izquierda a modo de megáfono en mi boca para que pudieran escucharme, y empecé a gritarles con mi poderosa voz, seguro de que me oirían:

-¡Imperiales! ¿¡Buscáis a los Kohlheim!? ¡Aquí estamos! ¿¡Queréis nuestras cabezas!? ¡Venid a por ellas si sois valientes! ¡Solo somos tres! ¿¡Nos tenéis miedo!?-

Alcé la espada en señal de desafío, haciendo que brillara, arremolinándose la nieve en ella. Tras eso, espoleé mi caballo para acercarme a los imperiales, mientras agarraba el escudo con la mano izquierda. Me puse al filo de su alcance, para rápidamente retroceder e ir galopando hasta la Corona de Hielo. Moviendo la espada en círculos, grité para mis camaradas:

-¡Seguidme!-
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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Eressea Kohlheim el Sáb Mayo 14, 2011 1:12 am

Ni siquiera me dio tiempo de atacar a otro soldado imperial más, aquellos compatriotas que había en la taberna parecieron llenarse de valentía al vernos a nosotros atacar a aquellos bastardos. Se lanzaron contra los que quedaban con lo primero que encontraban por delante, ya fuesen sillas, estacas hechas de restos de mesas rotas…cualquier cosa parecía ser una buena arma para atacarlos. Mi reacción fue sencilla, me quedé a un lado observando la escena. Observaba a mi hermano y a Dalahak dar rienda suelta a su violencia, ciertamente aquello me divertía, mientras yo usaba las ropas de un imperial caído para limpiar la sangre de mi espada, odiaba verla manchada con la sangre de aquellos miserables.

Cuando la situación pareció calmarse y los soldados fueron totalmente abatidos, los pueblerinos sacaron los cuerpos sin vida de los que habían caído ayudados por sus carromatos, mientras ayudamos a reparar como pudimos los desperfectos de la taberna. El tabernero agradeció sinceramente nuestra intervención, a lo que mi hermano respondió con un “sermón” que, si no fuese porque estaba muy acostumbrada a ellos, me hubiese hecho llorar de emoción.

Los lugareños, agradecidos también, nos regalaron tres monturas que me parecieron bastante buenas. Estuve a punto de rechazar la que iba a ser para mí, pues yo tenía a Narwë, pero después lo pensé mejor. Narwë me había acompañado a las más brutales batallas, pero…se hacía mayor por más que yo quisiese negarlo. Era cierto que le quedaban aún muchísimos años de vida, pero no quería perderla. Por lo tanto, agradecí el regalo y, liberando a mi yegua de su silla, la coloqué a mi nueva montura. Un purasangre precioso, tenía que admitir que aquellas gentes tenían buenos caballos. Fuerte, vigoroso y aparentemente veloz. Iba a ser estupendo motar a aquella criatura. Aproveché la tranquilidad para pedir algo de abrigo, no tardaron demasiado en ofrecerme una capa de lana gruesa, que ciertamente me vendría de perlas debido a la escasa ropa con la que solía vestir. Comenzaba a hacer frío en aquel lugar.

Al día siguiente una violenta tormenta cayó sobre el pueblo. Pero no fue sólo eso lo que cayó aquel día. La noticia de un ejército de imperiales con orden de busca y captura contra nosotros llegó de boca de uno de los lugareños. Mi hermano alentó al tabernero para que él y todos los que residían en aquel pueblo se armasen y huyesen del lugar, era cierto que, aunque no nos encontrasen allí, los atacarían a ellos para calmar su ira en una mínima medida. Después nos miró a Dalahak y a mí con expresión seria. Conocía ese gesto, lo que dijese en aquel momento era lo que había que hacer sí o sí, no admitiría discusión ni excusas. Monté el purasangre, tal y como había ordenado Khaelos y le seguí esperando que dijese algo más de esa idea que se le había ocurrido. Tan solo esperaba que no fuese una locura de las suyas, no sería la primera vez, aunque debía admitir que todas sus locuras anteriores habían salido bien, pero no me gustaba tentar la suerte.

Nos detuvimos en la entrada del pueblo, desde allí el ejército imperial se veía perfectamente. Alineados y preparados para el ataque. Éramos tres y ellos…mejor ni los contaba. “¡Imperiales! ¿¡Buscáis a los Kohlheim!? ¡Aquí estamos! ¿¡Queréis nuestras cabezas!? ¡Venid a por ellas si sois valientes! ¡Solo somos tres! ¿¡Nos tenéis miedo!?” Gritó mi hermano de buenas a primeras. Mi esperanza se hizo añicos, había ideado exactamente una locura. Yo estaba a su lado, y miraba alternativamente a mi hermano y al ejército.

-¿Estás loco? ¿Tú has visto cuántos son? Hermano, sabes que adoro luchar a tu lado…pero cuando tenemos una mínima posibilidad de salir victoriosos, van a darnos palos hasta en el cielo de la boca. – le dije mirándole sin poder creer aún lo que había hecho.

Pero ahí no acabó la cosa. Desenvainó su espada y espoleó a su montura para acercarse aún más a los imperiales poniéndose prácticamente a tiro. Después sin previo aviso torció y se encaminó hacia Corona de hielo, ordenándonos a Dalahak y a mí que le siguiésemos. Desde luego aquello era más que una locura, era una insensatez, era una estupidez en toda regla. Pero no podía hacer más que acatar cada orden que me diese mi hermano, hacía ya mucho tiempo que hice un juramento silencioso de fidelidad hacia él como líder de nuestra familia, hacía ya mucho que puse mi espada y mi vida a su servicio sin necesidad de palabras.

A este hay que encerrarlo en un manicomio en cuanto volvamos a casa.- dije a Dalahak bromeando justo antes de espolear a mi caballo para seguir a mi hermano.


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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 22, 2011 2:55 am

Apenas me dio tiempo de terminar de machacar a golpes a segundo cuando la gente del pueblo se echó encima de los restantes. Desde luego eran ténebres, los tenían en su sitio. Apalearon a aquellos imperiales hasta dejarlos más muertos que otra cosa. Cuando giré la cabeza pude ver a Khaelos y su “interrogatorio”. Era divertido ver el brillo de terror en sus ojos a medida que mi amigo hablaba. Las perlas de sudor que le resbalaban por la frente hasta sus mejillas, desde donde rodaban hasta el suelo.

Toda la gente estaba en silencio, pero no por miedo, sino por respeto. Pues ahora con la espada fuera se reconocía a la familia de la casa nobiliaria de los Kohlheim. Era un espectáculo digno de ver como partícipe, pero por ahora no se me requería, así que simplemente me di la vuelta y me senté en una de las sillas de los imperiales, apartando de allí con pie el cadáver de uno de esos perros opresores. Mi martillo todavía goteaba sangre del último que había acabado y sacando la daga del cinto de cadáver más cercano rasqué un poco la superficie del metal de este, sumando otra marca al innumerable recuento que había por el acero cuadrado.

La cara derecha del martillo estaba casi llena de cortes de menos de un centímetro. Uno por cada imperial muerto, ya fuese con el martillo o con otra arma, y es que yo mismo me había impuesto un reto. El día que le tuviese que dar fin con mis manos al hijo de puta de su emperador primero pondría mi martillo al rojo vivo y le grabaría en su cuerpo las marcas, para después hacerlo pasear desnudos por las calles de nuestras ciudades y que todos vieran que meterse con un tenebre no implica más que tirarte piedras a tu propio tejado.

La escena cada vez era más sangrienta y dantesca, pero desde luego yo no iba a intervenir, ya que ciertamente estaba disfrutando de lo que escuchaba. La chica, de apenas dieciséis años de edad, a la que casi violan me trajo una cerveza y un plato con algo de carne, como si aquello fuera una obra de teatro y yo un espectador más. Agradecí el servicio con una sonrisa y cuando se iba a ir miré el cadáver que ella tenía casi a los pies. El jodido imperial tenía colgando a un lado del cinto una bolsa de oro de proporciones nada detestables, seguramente esos fueran una patrulla de recaudación y ese hijo de puta el que pedía el dinero.

Me agaché, bueno, más bien estiré el brazo y arranqué de su inerte cuerpo la bolsa con dinero –Toma, considera esto la propina – dije mientras le sonreía. Era una chica agraciada desde luego, ojos bonitos, pómulos rosados, buen cuerpo y tenebre ¿Qué más se podía pedir? Bueno, tal vez la mayoría de edad y un trabajo menos peligroso para mí, pues si algún día tenía esposa quería poder cuidar de ella sin miedo a dejarla viuda, o peor, a dejar a un niño sin padre.

Al final a Khaelos se le fue un poco la cabeza y le sacó el corazón mientras que el hombre “vivía”. Simplemente no había palabras para describir como disfruté de aquella escena con la cerveza y la carne al punto de sal. Me puse en pie tras terminar las cosas y le di unas palmaditas en la espalda a Khaelos cuando este hubo terminado de hablar.

-Cálmate, amigo – dije con tono sedante, pues parecía sé le iba a desbocar el corazón de un momento a otro – Eso ha estado muy bien, pero ahora sería aconsejable dormir unas horas. –

Subí a mi habitación casi arrastrando los pies. Necesitaba dormir un poco o pronto no diferenciaría una rata de un imperial. Bueno, eso era difícil de por sí. Me tumbé en la cama de golpe, haciendo que la madera de esta crujiese bajo mi peso y el de mi armadura. Pero poco me importó eso, ya que a medida que los ojos se me cerraban mi consciencia del mundo real volaba a otro lugar y dejaba paso al mundo de los sueños, a un mundo ideal.

A la mañana siguiente me arrepentí en cierta manera de haber dejado de hacer caso a la madera cuando sonaba gimiente, pues desperté en el suelo, entre un montón de astillas, paja y lana. Menos mal que esa noche no había tenido ni fuerzas para quitarme las placas de la armadura. Bajé, no era tarde pero tampoco es que el solo acabase de salir, y me mojé la calva en un barril de agua fría que había allí. Ayudé en lo que pude a reconstruir los desperfectos, en su mayoría causados por un exceso de fuerza por mi parte, y me enteré de que nos dejaban caballos. Menuda suerte.

Por desgracia también me enteré de que no nos podríamos quedar allí mucho más tiempo, pues un destacamento entero de esos cabrones venía a por nosotros. Los aldeanos debían de abandonar el pueblo, pero nosotros también, y deberíamos hacer de cebo por lo que le escuché decir a Khaelos. Cuando nos dieron las mochilas miré el contenido, no era mucho pero desde luego lo agradecí. Al ver mi caballo, un ejemplar marrón de torso amplio y patas fuertes, sonríe, seguro que no le importaba llevar dos alforjas de nada, así que se las quité a uno de los caballos que los imperiales habían usado la otra noche y vacié la alforja de cuero de sus porquerías.

En cada alforja cargué tres odres de whiskey y ron fuertes, mezclados entre sí. Mi plan no era beberme aquella mezcla flatulenta de alcoholes, pero si teníamos que ir a una montaña mejor sería ir preparado para hacer una muralla de fuego si era necesario. Al menos eso los distraería. Al salir del pueblo me situé junto con Eressea, puesto que aunque mi principal protegido, Khaelos, se estaba lanzando de cabeza contra la horda imperial, lo conocía, tendría algo en mente, no era un suicida como tantos otros. Pronto pude ver lo que tramaba. Ahora los imperiales nos seguirían a nosotros en lugar de a los aldeanos. Eran muchos, más de veinte, pero en las montañas, en un terreno abrupto y que no se prestaba a combates de masas como esas, sino a emboscadas. No tenía mucho que hacer. Cuando Khaelos ya estaba cerca espoleé al caballo mientras reía con lo que dijo Eress – Sí, tal vez haya que llevarlo al sanatorio. Pero yo propongo que antes mandemos a esos hijos de puta al infierno – comenté mientras fustigaba el costilla de mi montura para apremiarlo.
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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Sejen el Jue Jun 16, 2011 2:32 pm

Los soldados dirigidos por Johan Hellferssburg, cabalgaban hacia el pueblo con las antorchas iluminando el camino, el comandante lideraba la hueste, yendo él en primera fila, sus corceles trotaban siguiendo el camino cubierto de nieve que los guiaría hasta el pueblo, apenas estaban a unos 600 metros y a pesar de la ventisca que los había pillado de camino, las luces del pueblo hacían de faro guiándolos entre la intensa nevada, además sus antorchas les permitían tener bastante visibilidad, entonces a los oídos del comandante llego el relinchar de unos caballos, alzo la mano ordenando que se detuviese su batallón y allí los vio, tres valientes o idiotas Tenebres casi a tiro de sus arqueros, sabía que se trataba de Tenebres porque esta zona no estaba 100% controlada por el imperio además, a pesar de la distancia, las armaduras aunque poco visibles desde aquella distancia, mas aun con la ventisca, no parecían para nada de soldados imperiales, Johan odiaba y despreciaba a los Tenebre, pues era un xenófobo reconocido, cruel y sanguinario con aquellos que no pertenezcan al imperio y por alguna extraña razón, los Tenebre son a los que más odia, mas sabiendo que una familia de nobles llamados Kohlheim había evadido sus tropas durante semanas, en su expediente nunca había habido errores y no quería que esta vez fuese diferente, por eso el mismo decidió venir en busca de ellos en persona.
La voz de Khaelos llego a sus oídos, se estaba burlando de él, burlándose de sus tropas, mientras las palabras del conde llegaban a los oídos de Johan, una mueca de rabia se esbozaba en su rostro, apretaba los dientes con fuerza, pero como comandante sabía mantener la calma, miro hacia su izquierda y pregunto a su oficial.

-Johan: ¿Los tenemos a tiro?- Pregunto serio, pero en su voz se notaba aquel rencor y odio.

-No señor, están justo al borde pero nuestras flechas no los alcanzarían.-

A sus oídos llegaron las palabras, ‘’¿¡Nos tenéis miedo!?’’, en ese momento el rostro de Johan se volvió de verdadera rabia, ‘’¿miedo de un perro tenebre? ¿yo? ¿Cómo se atreven?’’ se preguntaba enfurecido, entonces con su mano derecha tomo la empuñadura de su espada y tras desenvainarla la alzo al aire y apunto hacia adelante con ella, todos entendieron su orden.

-Johan: ¡Acabad con ellos!- Exclamo el comandante.

Inmediatamente los jinetes, empezaron a cabalgar para perseguir a la familia, los preparados soldados del imperio podían disparar mientras cabalgaban y no se hicieron esperar, aunque no disparaban con una gran precisión, sus flechas aunque fallando pasaban no demasiado lejos de los fugitivos, pero estos seguían a una distancia segura, las flechas no podrían alcanzarlos, el comandante y tras dirigir su espada hacia el frente grito con fuerza para que todo el resto de su caballería los siguiera incluyéndose el mismo a la persecución, los cascos de los caballos se hundían en la nieve y al contactar con el suelo, el ruido de todos estos animales cabalgando prácticamente al unísono producía un estruendoso y fuerte sonido, como si la misma tormenta estuviese cabalgando con ellos, los aldeanos habían conseguido desalojar el pueblo, al menos aquellos que querían irse se marcharon, aunque para ninguno fue fácil abandonar su hogar, mientras que otros habían dedicado quedarse, esta era su casa y no estaban dispuestos a perder sus hogares.
Los soldados persiguiendo a los Kohlheim se adentraron en el pueblo, no se pararon siquiera a investigar quien o que les había ayudado, las palabras de Khaelos habían enfurecido al comandante, mientras los jinetes avanzaban por la calle mayor persiguiendo a los Kohlheim, las familias que aun quedaban y lo veían desde la ventana se abrazaban a sus seres querido, mientras en sus rostros no se podían ocultar las lagrimas de terror, pues de quedarse los imperiales aquí, podrían perder a sus familias y esa idea aterrorizaba a más de uno, es por ello que aunque los vieron cabalgar por su pueblo nadie abrió las ventanas y nadie dio señales de vida esperando pasar desapercibidos.

En el rostro del comandante se podía apreciar, la rabia que le consumía por las palabras de aquel conde que osaba desafiarle, si lograba atraparlo no tendría piedad de aquel perro, mientras en su cabeza se repetían aquellas palabras, ‘’¿Nos tenéis miedo?’’ eso no hacía nada más que enfurecerlo más, sin darse cuenta habían abandonado el pueblo, siguiendo un camino que se dirigía hacia la montaña, la tormenta conforme avanzaban parecía hacerse más espesa, la temperatura poco a poco iba bajando pues cuanto más alto se sube, menos temperatura hace en una noche invernal, el camino se dirigía directamente hacia el bosque, aun con dificultosa visibilidad se podía apreciar su tétrico aspecto, las ramas secas por el viento helado, las hojas habían desaparecido a causa del frio y su aspecto era mucho más aterrador, siguiendo a los Kohlheim las tropas de Johan se adentraron sin cautela en el bosque, al adentrarse los caballos inmediatamente, los 60 caballos se notaron inquietos, ninguno quería permanecer en este bosque.

-C. Johan: Dejad los caballos.- Ordenó.

Todos los soldados dejaron sus monturas y estas inmediatamente sin pensarlo abandonaron el bosque, los soldados miraban a su alrededor no era normal, que caballos entrenados para la batalla, sintiesen tanto miedo como para abandonar a sus dueños, esto producía una extraña sensación de abandono a los soldados que los hacía tener un irracional miedo en el cuerpo.
El pelotón empezó a caminar lentamente, Johan en el centro de su batallón miraba los alrededores inquisitivamente buscando a sus enemigos espada en mano.

-C. Johan: Separaros en grupos y encontrad a los perros Tenebres.-

Su orden se acato sin ninguna objeción y todo el pelotón empezó a dividirse para empezar a buscar a los Kohlheim.

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Off: Perdonad la manipulacion pero sino seria demasiado aburrido, tambien quiero disculpar mi tardanza pero, tengo una buena explicacion que dare ahora, despues de deciros que podeis hacer.

Como os e manipulado hasta llegar al bosque, ya estais metidos de cabeza. Teneis nuevamente libertad, podeis rolear como espoleabais vuestras caballos y esas cosas, una vez metidos en el bosque, os doy una compensacion por mi tardanza, teneis derecho a manipular a los muertos vivientes, si lo habeis leido bien, como tarde mucho en postear esta es mi recompensa, durante uno o 2 post os doy total libertad para manipular zombies y hacer con ellos lo que querais, las condiciones son, nos os cargueis a todos los soldados y no toqueis a Johan, entre los tres os dejo matar a unos 20 o 25 y os permito ser todo lo sadicos que seais.

Ahora la explicacion de mi ausencia, desde hace poco manteno una relacion sentimental con Kyrah, Khaelos lo sabe bien, durante un tiempo me e dedicado plenamente a ''estar con ella'' pues os expongo mi situacion, estoy sin dinero y ella vive a 1200 km de mi, ademas de eso se aproxima San Juan y e estado ocupado, ademas de que la situacion economica en mi familia me tiene obligado a madrugar para ir a tirar curriculums, de nuevo siento mucho la tardanza, ademas de todo esto los ultimos dias e tenido un pequeño bajon inspirativo, nuevamente me disculpo y espero que perdoneis mi tardanza, gracias por rolear esta partida conmigo.



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Re: Regreso predestinado. (Privada)

Mensaje por Khaelos Kohlheim el Sáb Ago 13, 2011 2:22 pm

Sonreí ferozmente cuando los imperiales empezaron a tirarnos flechas sin lograr alcanzarnos. Escuché las palabras de mi hermana y mi amigo y no pude evitar soltar una carcajada. Sonriendo ferozmente, les respondí, suficientemente alto para que ellos me escucharan y lo suficiente para que no lo hicieran los imperiales:

-¡No sabéis cuánto me amaréis al daros cuenta de mi plan! ¡Los imperiales no son tan listos como para saber qué les espera! ¡Arre!-

Nuestra persecución fue frenética desde el principio. Los imperiales nos disparaban desde sus monturas, pero la distancia era demasiada para el alcance de sus arcos de caballería así que sencillamente escuchábamos los silbidos de sus flechas estrellándose contra la nieve y el suelo. Según pude comprobar, el pueblo parecía desierto. Si quedaba alguien, estaba bien oculto. Eso me dio más ánimos todavía.

Pronto abandonamos el pueblo, pero los imperiales, demasiado cegados por su furia, inflamada por el odio que nos tenían, no se dieron cuenta de ello. Nuestro camino se dirigía hacia la montaña, mientras la tormenta se recrudecía por momentos. La adrenalina circulaba por mis venas desbocada, lo cual me daba fuerzas de sobras para seguir adelante con el plan.

Pronto llegamos al bosque. El lugar era tan tétrico como decía en la nota, y aquello me fue de gran ayuda para saber que mi idea saldría bien. Aún más el hecho de que los caballos empezaran a asustarse. Sin embargo, el hecho de que los espolearan un nigromante y su familia los hizo avanzar más. Aunque sabía de sobras que llegaría el momento en el que los caballos no nos dejarían seguir más. Envainando la espada, cogí mi yelmo que había dejado en la alforja y me lo puse rápidamente. Por suerte, de utilidad en las alforjas del caballo sólo estaba mi mochila con equipamiento.

Finalmente, llegó un punto muerto en el que los caballos frenaron en seco para nosotros también. Rápidamente bajamos de ellos, y yo aproveché para coger la mochila. Una vez estuvimos preparados, sonreí al ver que ya estábamos bien adentro del bosque. Miré entonces a mis compañeros, ya todos desmontados, y rápidamente desenvainé la espada, empezando a hablar con voz divertida:

-Bien bien bien... Las ratas han caído en nuestra trampa... Debemos empezar a movernos rápido hacia el castillo. No está muy lejos por suerte, pero coged inmediatamente las armas. ¿Queríais saber porqué he hecho esto que os ha parecido una temeridad? Pronto empezará la función... E incluso parece que parte de la comitiva de bienvenida nos ha venido a buscar. ¡Seguidme rápido y no os paréis si no es necesario!-

Empecé a andar a paso rápido, con la espada en las manos, mientras de detrás de un árbol que estaba a nuestra espalda salía el ser al que me había referido. Un zombi, medio devorado y gimoteante, surgió de la espesura, tratando de alcanzarnos. A paso rápido, empecé a internarme en la nieve:

-¡No nos quedemos quietos! ¡Son lentos pero son muchos, si nos rodean, estamos perdidos, sobre todo tú hermana, que no llevas armadura! ¡Formación de protección! ¡Yo delante, Eressea en medio, Dalahak a la retaguardia! ¡Vamos!-

Sin que nosotros lo supiéramos, los imperiales empezaron a dispersarse en grupos, inconscientes de lo que les esperaba. No muy lejos de nosotros había un grupo de 10 hombres. Cada pelotón estaba compuesto de 10 soldados, con un número equivalente de arqueros y soldados de cuerpo a cuerpo. A nuestra derecha apareció el primer grupo de diez imperiales, los cuales al vernos trataron de precipitarse sobre nosotros. Sin embargo, una esquelética mano agarró de la pierna al sargento de aquella unidad.

Me detuve un instante para comprobar cómo varios zombis surgían de entre los árboles o se desenterraban a sí mismos de la nieve para atacar al pelotón. Los hombres empezaron a gritar de terror, pero aún así trataron de defenderse. El primero en ser abatido fue el sargento. Después de cortar la mano que le había agarrado la pierna derecha, apareció otro zombi que, alzándose rápidamente con la greba del hombre, le mordió el muslo desprotegido, arrancándole de un mordisco la femoral. El hombre empezó a chillar de dolor, mientras un segundo zombi se abalanzó sobre su cuello, empezando a devorarlo con hambre. Tras el grupo, un zombi agarró del cuello a un imperial, para seguidamente arrancarle media cara de un mordisco. El hombre aún gritaba cuando dos zombis más lograron alzarle la cota de mallas y empezar a arrancarle pedazos de vientre, los cuales fueron engullidos con ansia, para seguidamente empezar a devorarle las entrañas. El arquero sólo pudo chillar antes de morir.

Así, los zombis empezaron a dar buena cuenta de los imperiales, que a pesar de defenderse, caían como moscas. De momento el pelotón que nos quería atacar ya fue aniquilado y estaban siendo devorados sus restos. 10 hombres abatidos sin tener que usar contra ellos ningún tipo de esfuerzo. A mí se me cruzó un zombi, pero debido a que los imperiales resultaban un aperitivo mayor, en su mayoría nos ignoraban a nosotros e iban a por los pelotones. De un movimiento horizontal le seccioné la cabeza al zombi que me cortaba el paso, y antes de que su cuerpo se desplomara lo aparté de un golpe de escudo. Tras eso, seguí corriendo como pude hacia adelante, guiando a mis compañeros hasta la fortaleza. Les grité a los imperiales, riendo maníacamente:

-¡Idiotas! ¡¿Os pensabais que éramos tan temerarios como para desafiaros sin un plan?! ¡Sufrid asquerosos cerdos! ¡Chillad como vuestras madres el día que os engendraron en un burdel! ¡Eressea, Dalahak, seguidme, hay que darse prisa! ¡Os dije que tenía un plan!-
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Khaelos Kohlheim
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